Fernando Broncano sobre el Movimiento de Vida Independiente

Exoesqueletos Atoun (Japón) para ayudar con carga. En algunos casos aún experimentales se han diseñado para ayudar a los ancianos a moverse con autonomía. Fuente: https://atoun.co.jp/en/products/atoun-model-y/

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Fernando Broncano sobre el Movimiento de Vida Independiente

Selección y comentario de José Pérez de Lama

Las citas largas que siguen corresponden a dos textos de Fernando Broncano, el filósofo y profesor, de su blog El laberinto de la identidad, de una entrada de 2018 titulada ¿Cansado del transhumanismo? otra tecnología es posible, y de un libro reciente, Puntos ciegos. Ignorancia pública y conocimiento privado (2019). El texto del libro extiende un algo el del blog.

Aunque el libro se centra en cuestiones relativas al conocimiento, con algunas secciones de gran interés sobre las fake news, por ejemplo — de los mejores textos que he leído sobre el asunto –, en aun momento trata del Movimiento de Vida Independiente, sobre el que ya había leído hace tiempo, pero que tal como las presenta Broncano aquí, me parecieron de enorme pertinencia para proponérselas a los estudiantes de Arquitectura, tanto para pensar como proyectar inclusivamente para personas con diversidad funcional como específicamente para personas mayores y ancianas.

La idea que plantean Broncano y el MVI es que las capacidades e incapacidades son, más que realidades en sí mismas, construcciones entre lo social, lo material, lo espacial y lo tecnológico. Es decir que son los diseños de los espacios y equipamientos y de los dispositivos que utilizamos, así como ciertas expectativas sociales, los que determinan que alguien sea considerado como capacitado o se vea discapacitado. Más abajo se matizará el asunto con más finura.

Algo de esto, sin embargo, lo he podido experimentar personalmente durante los últimos meses, viendo como los espacios a los que estamos acostumbrados como personas que nos consideramos «normales», se convierten en incapacitadores de las personas que de pronto se ven afectadas por una diferente condición de movilidad: suelos llenos de escalones, irregularidades y obstáculos, recorridos estrechos y tortuosos, asientos excesivamente bajos o altos, etc.

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Os dejo el texto a continuación, en el que he entrelazado partes del blog y del libro, tratando de destacar las cuestiones que me han parecido de mayor relevancia para jóvenes arquitectos/as. En cualquier caso recomiendo la lectura completa de una y otra fuente. En el blog se presentan varios ejemplos que aclaran bastante algunas de las ideas, y que a la vez resultan muy emotivos.

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Fernando Broncano, 2018 & 2019: notas seleccionadas sobre el Movimiento de Vida Independiente

No se ha reparado lo suficiente en la cultura común en la importancia que tienen algunos movimientos sociales en la lucha contra el determinismo tecnológico, contra la idea de que las trayectorias de la innovación ya están escritas y que lo único que nos queda es adaptarnos a ellas.

Sin embargo, varios estudiosos han dado el nombre de undone science (ciencia inacabada) al fenómeno de cómo las presiones de algunos movimientos sociales han cambiado la ciencia y la tecnología hacia objetivos que no habrían sido establecidos en otro caso. Hay muchos ejemplos, uno de ellos ha sido el activismo de los padres de niños con Síndrome de Asperger y autismo, que a lo largo de décadas han logrado que la neurología, psicología y pedagogía se interesen por esta condición. Gracias a ellos, la psicología cognitiva experimentó una revolución en los años ochenta, cuando se comenzó a estudiar lo que se denominó “teoría de la mente” o capacidad de entender a otras mentes. […]

El propósito de estas líneas es destacar cómo un movimiento en apariencia modesto y humilde, reivindicativo de una minoría, ha significado y está significando una resistencia cultural, filosófica, social a la ideología transhumanista, que, al menos en sus formulaciones popularizadas no es sino un humanismo para élites. Me refiero al Movimiento de Vida Independiente, un movimento nacido en los años 60-70 en Estados Unidos y extendido por todo el mundo. Es un movimiento de las personas que se niegan a decir que sufren una incapacidad sino que aspiran a llevar una vida humana, independiente y plena y plantean una transformación socio-técnica para hacer un mundo habitable para las personas en situación más frágil. Querría expresar lo filosóficamente revolucionarios que son sus principios y lo políticamente avanzados de sus planteamientos [y cómo su modestia es, sin embargo, una audaz propuesta de transformación general del entorno tecnológico].

El carácter revolucionario es muy fácil de comprobar: cuando le he contado a colegas, incluso colegas con una altísima sensibilidad moral, las demandas de este movimiento, o cuando he observado cómo han escuchado a activistas del movimiento expresarse, noto cómo, cuando ya no están en un contexto políticamente correcto mueven la cabeza y dicen “sí, claro,… pero vaya putada sufrir en la vida esta discapacidad”. Bueno, pues sí. Este es el problema que nace en una construcción culturalmente definida de lo que es la persona normativamente constituida por sus capacidades mentales y fisiológicas. [La ideología del transhumanismo no es diferente ni lejana a esta concepción de las capacidades como algo que se posee internamente, no como un espacio social y material que las hace posibles. Es precisamente esta concepción que descentra de lo corporal y lo personal las capacidades y señala nuestros hábitats y nichos tecnológicos como capacitadores o incapacitadores, llenos de barreras invisible que impiden las posibilidades de vida otra, lo que, insisto, hace de este un movimientos revolucionario también en lo cognitivo y epistémico.]

[…]

[2019: 238] Sostiene el movimiento que no hay capacidades intrínsecas humanas, sino sociedades capacitadoras o incapacitadoras. […] Es una transformación metafísica profunda: no hay planes cósmicos sino planicies de capacitación de las que toda la sociedad es responsable en sus diseños políticos, institucionales, tecnológicos. Se trata de convertir el mundo en un mundo en el que todos, los más débiles y frágiles primero, puedan llevar a cabo planes de vida independientes sin ser «dependientes» del «cuidado» de los más adaptados y mejores. Mucha de la filosofía del «cuidado», nacida con las mejores voluntades del mundo está impregnada de una filosofía asimétrica de la dependencia. Como si los cuidadores no dependieran de los cuidados. En la filosofía transgresora del Movimiento de Vida Independiente, todos dependemos de todos y todos buscamos crear independencias y autonomías para nuestros prójimos.

También tecnológicamente. La ideología dominante es la de la creación de continuas dependencias tecnológicas. Seguimos pensando en los discapacitados como seres frágiles que dependen de otros, de la tecnología y de sus cacharros cuando lo cierto es que el entorno técnico que se impone de forma determinista nos convierte a todos cada vez más en discapacitados, dependientes de la última versión de nuestro gadget favorito.

Lo que plantea el Movimiento de Vida Independiente es que las capacidades o incapacidades han de ser referidas a una interacción continua entre el cuerpo, la sociedad y el contexto material técnico y social.

Planteado en términos tan simples, no parecería más que una de tantas demandas de minorías, pero la audacia de su planteamiento inmediatamente activa la presencia de las metacegueras sobre las múltiples modalidades de barreras con las que se construyen los hábitats humanos. Es como si la ciudad [o incluso la propia casa], que antes sentíamos como un espacio de habitación común, se descubriese de pronto como un campo de vallas a la coexistencia, de imposibilidades sistémicas de acceso que podrían ser corregidas si las trayectorias tecnológicas se centrasen en derribarlas y abrir caminos a los planes de vida de todos. Me arrepiento de mi expresión: no se tratar de «derribar» vallas arquitectónicas, sino de añadir arquitecturas para la diversidad de la vida, lo que no se limitará a corregir nuestros entornos degradados, sino que implicará poner en marcha trayectorias cognitivas, técnicas y sociales que transformen estas arquitecturas en capacitadoras de los planes de vida de todos.

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Referencias

Fernando Broncano, 2019, Puntos ciegos. Ignorancia pública y conocimiento privado, Lengua de Trapo, Madrid; pp. 236-239

Blog de Fernando Broncano, 7 de octubre de 2018, ¿Cansado del transhumanismo? otra tecnología es posible, en: https://laberintodelaidentidad.blogspot.com/2018/10/cansado-del-transhumanismo-otra.html [accedido 08/11/2020]

William James: “A difference that makes a difference.”

William James, 1898, Philosophical Conceptions and Practical Results – University Chronicle, Volume 1 September 1898 No. 4 — An address delivered before the Philosophical Union, at Berkeley, August 26, 1898, by William James, M.D., LL.D., Professor of Psychology in Harvard University [24 págs]. Fuente: https://classes.matthewjbrown.net/teaching-files/american/James-PhilosophicalConceptions.pdf

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William James: “A difference that makes a difference.” [Una diferencia que determina una diferencia]

Selección y comentarios de José Pérez de Lama

[0] Desde hace un par de años intentando aprender sobre el pragmatismo filosófico clásico — Peirce, James & Dewey. Recojo aquí una cuestión relativamente anecdótica, — ¿o quizás no?

[1] Leí por primera vez, hacia 2003 o 2004, y utilicé con frecuencia la expresión que William Mitchell usaba en su libro Me++. The Cyborg Self and the Networked City: A bit is a difference that makes a difference — un bit es una diferencia que determina una diferencia; o una diferencia que produce una diferencia. Usaba Mitchell esta expresión para argumentar en aquellos años que lo que entonces se venía llamando virtual, era algo material y concreto, que no se limitaba a una dimensión imaginaria o simbólica como se tendía a pensar entonces. Un bit 1/0 determina que se realice una operación real, que se vea un pixel blanco o negro, se abra una puerta, se lance un torpedo, etc.

[2] Algo después, me pareció descubrir la procedencia de esta idea sobre la diferencia en Gregory Bateson, en su modelo de circuito cibernético, en el que la percepción era siempre cuestión de una diferencia: el organismo que percibe recibe y reconoce una diferencia de las señales que le llegan de su entorno. esta diferencia será la que active la emisión de posibles respuestas y en segunda instancia, cuando el ciclo mental se repita sucesivas veces, el aprendizaje, que sería equivalente a la creación de patrones mentales y hábitos de conducta en el modelo batesoniano [ver enlace al final]. Mitchell cita efectivamente a Bateson como una de sus principales referencia.

Tendría que ver cómo aparece la idea de diferencia en Claude Shannon, que fue quien conceptualizó propiamente la cuestión de los bits como diferencia, abierto-cerrado, uno-cero.

[3] Leo hace un par de años, que esta expresión, A difference that makes a difference, se la debemos en realidad a los pragmatistas, a Charles Peirce, primero, si no lo he entendido mal, y William James que la elabora y la sitúan como idea fundamental del pragmatismo. Lo leí hace tiempo, pero hace un par de semanas, di con la conferencia en la que James parece que lo empieza a difundir, — una conferencia de 1898 en Berkeley, California, adonde viajó en el verano de aquel año, — sin duda en los trenes transcontinentales entonces de relativamente reciente construcción.

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Transcribo a continuación, entonces, unos párrafos del excelente Dewey de Steven Fesmire; — de la introducción en la que sitúa la figura de John Dewey en su tiempo. Y después, reproduzco una parte de la conferencia de James de 1898, con su expresivo título, Philosophical Conceptions and Practical Results, — el pdf completo enlazado al final. Esta transcripción de momento en inglés; la iré traduciendo en los próximas semanas. O eso espero.

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Fesmire, 2015, pp. 2-3 [traducción de J. Pérez de Lama]

Los pragmatistas clásicos estadounidenses desestabilizaron la percepción popular de que, parafraseando a Henry David Thoreau, los filósofos son constructores de lujosos castillos conceptuales que en ningún punto llegar a tocar la Tierra. El lógico Peirce, interesado en los laboratorios inicio el pragmatismo 1878 como un medio para clarificar el significado general de los conceptos, trazando las consecuencias experimentales que los diferentes conceptos implicaban.

El humanista e individualista [William] James reinterpretó el principio de Peirce para clarificar los conceptos, extendiéndolo al término “verdad,” lanzando el movimiento pragmatista con su ensayo de 1898 Philosophical Conceptions and Practical Results.[*]

El objetivo principal de James era el destacar la importancia práctica concreta de las diferentes creencias filosóficas. No estaba acotando el territorio [staking out, expresión que utiliza en el ensayo] de una posición familiares  o que devendría antecedente de los problemas para la la filosofía del lenguaje o la filosofía de la mente del siglo XX, como podrían ser problemas lingüísticos o cognitivos significativos [esto parece un comentario para los filósofos analíticos que a mí no me dice nada.] Insistía en que las preguntas filosóficas importantes son aquellas que suponen una diferencia en nuestras vidas, y por implicación que algunas preguntas característicamente filosóficas carecen de importancia.

En 1907 escribió en Pragmatism: “No puede haber una diferencia en un sitio que no determine una diferencia en otro sitio.” [There can be no difference anywhere that doesn’t make a difference elsewhere.”] — una diferencia en una verdad abstracta que no exprese en sí misma una diferencia en un hecho concreto y en la conducta consecuente de ese hecho, impuesta sobre alguien, de alguna manera, en algún lugar, en algún momento.”

[Comentario: veremos a continuación que esta misma cita la hace James en el texto de 1898 — según parece.]

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William James, 1898, Philosophical Conceptions and Practical Results, pp. 290-292 [con algún comentario]

I refer to Mr Charles S. Peirce, with whose very existence as a philosopher i dare say many of you are unaquainted. He is one of the most original of contemporary thinkers; – and the principle of practicalism – or pragmatism –, as he called it, when i first heard him enunciate it in Cambridge in the early ’70’s – is the clue or compass i by following which i find myself more and more confirmed in believing we may keep our feet upen the proper trail.

Peirce’s principle, as we may call it, maybe expressed in a variety of ways, all of them very simple. In the Popular Science Monthly, for January, 1878, he introduces it as follows: The soul and meaning of thought, he says, can never be made to direct itself towards anything but the production of belief, belief being the demicadence which closes a musical phrase in the symphony of our intellectual life.

[Comentario 1: esto del belief o creencia conecta con el empirismo inglés y en concreto con Hume, que pensaba que todo conocimiento tiene un cierto carácter de incertidumbre y provisionalidad y por eso lo llamaba creencia, aunque con un sentido científico-empirista del término].

[Comentario 2: demicadence: imagen o metáfora algo crítptica para mí; literalmente: (Mus.) An imperfect or half cadence, falling on the dominant instead of on the key note. – Podría ser como una conclusión provisional… vinculado al ritornelo, podría ser…].

[Comentario 3: No me resulta claro cuándo se cierra la cita de Peirce; si se cierra aquí o continúa.]

Thought in movement has thus for its only possible motive the attainment of thought at rest. But when our thought about an object has found its rest in belief, then our action on the subject can firmly and safely begin.

Beliefs, in short, are really rules for action, and the whole function of thinking is but one step in the production of habits of thought.

[Comentario: los patterns de Bateson; puede que también algo similar en Dewey.]

If there were any part of thought that made no difference in the thought’s practical consequences, then that part would be no proper element of the thought’s significance. Thus the same thought may be clad in different words: but if the different words suggest no different conduct, there are mere outer accretions, and have no part in the thought’s meaning. If, however, they determine conduct differently, they are essential elements of the significance. “Please open the door,” and “Veuillez ouvrir la porte,” in French, mean just the same thing; but “D–––n you, open the door,” although in English, means something very different. Thus to develop a thought’s meaning [291] we need only to determine what conduct is fitted to produce; that conduct it is fitted to produce; that conduct is for us its sole significance. And the tangible fact at the root of our thought-distinctions, however subtle, is that there is no one of them son fine as to consist in anything but a possible difference of practice. To attain perfect clearness in out thoughts of an object, then, we need only consider what effects of a conceivably practical kind the object may involve – what sensations we are to expect from it, and what reactions we must prepare. Our conceptions of these effects, then, is for us the whole of our conception of the object, so far as that conception has positive significance at all.

This is the principle of Peirce, the principle of pragmatism. I think myself that it should be expressed more broadly than Mr. Peirce expresses it. The ultimate test for us of what truth means is indeed the conduct that it dictates or inspires. But is inspires that conduct because it first foretells some particular turn to our experience which shall call for just that conduct from us. And I should prefer for our purposes this evening to express Peirce’s principle by saying that the effective meaning of any philosophic proposition can always brought down to some particular consequence, in our future practical experience, whether active or passive; the point lying rather in the fact that the experience must be particular, that in the fact that it must be active.

[Comentario: esto de que la experiencia tiene que ser particular me llama la atención, aunque aún no se bien qué significa exactamente; tiene que ver sin duda con el empirisimo y la experiencia, valga la redundancia.]

To take in the importance of this principle, one must get accustomed to apply it to concrete cases. Such use as I am able to make of it convinces me that to be mindful of it in philosophical disputations tends wonderfully to smooth out misunderstandings and to bring peace. If it did nothing else, then, it would yield a valuable rule of method of discussion. So I shall devote the rest of this precious hour with you to its elucidation, because I sincerely think that if you once grasp it, it will shut your steps out from many an old flase opening, and head you in the true direction of the trail.

[Comentario: nueva alusión a la bonita metáfora del trail-blazing en la selva con que inicia la conferencia.]

[292] One of its first consequences is this. Suppose there are two different philosophical definitions, or propositions, or maxims, or what not, which seem to contradict each other, and about which men dispute. If, by supposing the truth of the one, you can forsee no conceivable practical consequence to anybody at any time or place, which is different from what you would foresee of you supposed the truth of the other, why then the difference between the two propositions is no difrerence, – it is only specious and verbal difference, unworthy of further contention. Both formulas mean radically the same thing, although they may say it in such different words. It is astonishing to see how many philosophical disputes collapse into insignificance the moment you subject them to this simple test.

There can be no difference which doesn’t make a difference – no difference of concrete fact, and of conduct consequent upon the fact, imposed on somebody, somehow, somewhere, and somewhen.

It is true that a certain shrinkage of values often seems to occur in our general formulas when we measure their meaning in this prosaic and practical way. They diminish. But the vastness that is merely based on vagueness is a false appearance of importance, and not a vastness worth retaining. The x‘s, y‘s, and z‘s always do shrivel, as I have heard a learned friend say, whenever at the end of our algebraic computation they change into so many plain a‘s, b‘s, and c‘s; – but the whole function of algebra is, after al, to get them into that more definite shape; and the whole function of philosophy ought to be to find out what definite difference it will make to you and me, at definite instants of our life, if this world-formula or that world-formula be the one which is true.

[Esta última sería una buena aproximación al objetivo que se plantea el pragmatismo filosófico: ayudarnos en la vida real, concreta – en lugar de construir los castillos conceptuales que tratan de explicar el ser, el mundo, etc. en términos asbtractos que con frecuencia acaban teniendo poca relación con las vidas reales de cada cual; o en el peor de los casos una relación perniciosa por su excesiva desconexión o idealismo.]

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Referencias

William James, 1898, Philosophical Conceptions and Practical Results – University Chronicle, Volume 1 September 1898 No. 4 — An address delivered before the Philosophical Union, at Berkeley, August 26, 1898, by William James, M.D., LL.D., Professor of Psychology in Harvard University [24 págs]. Fuente: https://classes.matthewjbrown.net/teaching-files/american/James-PhilosophicalConceptions.pdf

Steven Fesmire, 2015, Dewey, Routledge, Nueva York

Mitchell J. Mictell, 2003, Me++. The Cyborg Self and the Networked City, The MIT Press, Cambridge

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Sobre Gregory Bateson en este blog: JPL; 2018, Traducción de Forma, sustancia y diferencia, texto de Gregory Bateson sobre la ecología de la mente: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/01/01/forma-sustancia-y-diferencia-gregory-bateson/

Sobre Claude Shannon en este blog: JPL, 2018, Unas notas sobre Shannon, fundador de la era de la Información: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/11/30/shannon-fundador-era-de-la-informacion/

Sobre la muerte: unos comentarios epicúreos

Imagen: Lámina botánica del pimiento — que tengo en mi huerto casero. Leo en Tuiter, de donde procede la imagen, que en el calendario de la Revolución Francesa hoy sería 27 de Vendimiario, día del pimiento. Fuente: https://twitter.com/Ererepublicaine/status/1317601312876359680 Igual la imagen no es la más adecuada; tal vez la cambie más adelante…

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Notas de José Pérez de Lama

Estos últimos meses, seguramente años, pensando bastante sobre la muerte: muchos personas de la familia cada vez más ancianos, algunos  que se han ido muriendo, — uno mismo cada vez más viejo –, y por supuesto la pandemia global. Hace un par de días tuvimos una de nuestras regulares conversaciones con Antonio Sáseta; — la dedicamos al tema de la muerte; resultó especialmente bonita e intensa.

Dos citas de las más preferidas de este período. Una de Maite Larrauri explicando la relación con la muerte de los epicúreos — a la muerte nos has de temer, es una de las máximas que componen el llamado tetrafarmakon epicúreo.

Escribe Larrauri:

«Sea cuando sea el momento de su muerte, la mayoría querría vivir algo más, como dicen casi todos, para poder hacer o culminar lo que todavía no han realizado. La filosofía, en cambio, nos enseña que las vidas, como los jardines, nunca pueden darse por acabadas y perfectas. Eso es lo que querían expresar las sabias palabras de un epicúreo como Montaigne: “que la muerte me encuentre plantando coles, pero no preocupándome de ella y aún menos de la imperfección de mi jardín”. El tiempo se terminará para todos nosotros, habremos quitado hierbas y habremos podado y plantado hasta donde hayan llegado nuestras fuerzas, la belleza de lo que habremos hecho se encontrará ya realizada y, aunque imperfecta, no aumentará con otra primavera.

»Si la naturaleza pudiera tomar la palabra — dice Lucrecio — nos diría que aun cuando viviéramos miles de años ella no podría añadir ningún nuevo placer a los que ya conocemos, y por lo tanto, lo único que podríamos obtener es una repetición de lo mismo. Por eso es importante no comportarnos como una vasija agujereada. Así siempre podremos sacar de dentro los bienes que no hemos dejado escapar, como hace Epicuro el día de su muerte. En la carta que dirige a Idomeneo, Epicuro le dice que en ese día en el que está agonizando puede echar mano del goce que le procura el recuerdo de las conversaciones filosóficas que mantuvieron ellos dos.»

Con lo que dice en el segundo de los párrafos estoy algo menos de acuerdo, aunque sí que me parece un buen motivo de meditación para la vejez, y para tratar de prepararnos para la vejez.

La segunda de las citas, es un poco más cínica. Viene de Turgenev vía Nabokov, y en realidad se atribuye a un «nihlista». Pero creo que podemos también considerarla, en cierto aspecto, como un pensamiento epicúreo. El que lo dice es uno de los protagonistas de la novela Padres e hijos. El personaje en cuestión, un joven médico, ha contraído una enfermedad contagiosa, y es consciente que va a morir en breve. Dice — en en la traducción al inglés de Nabokov, que me parece deslumbrante, y luego en mi intento de traducción:

«Death is an old trick, yet it strikes everyone as something new».

La muerte es un viejo truco, y sin embargo nos sorprende a todos como si fuera algo nuevo.

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Las citas son de:

Maite Larrauri & Max, 2007, La amistad según Epicuro, Tándem edicions, Valencia; pp: 47-48.

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Vladimir Nabokov, 1981, Lectures on Russian Literature, Harcourt, Orlando; p. 93

 

 

Natalia Ginzburg vs Pessoa: las pequeñas y grandes virtudes

Natalia Ginzburg; fuente de la  imagen: &https://forward.com/culture/426691/the-unbearable-happiness-of-natalia-ginzburg/

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Selección y notas de José Pérez de Lama

Esto de Natalia Ginzburg:

«Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la precaución sino el valor y el desprecio del peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor a la verdad; no la diplomacia sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo de éxito sino el deseo de ser y saber».

Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes, 1960 (Acantilado, Barcelona: 2002)

Y esto otro de Bernardo Soares / Fernando Pessoa:

«En la vida de hoy […] el derecho a vivir y a triunfar se conquista […] con los mismos procedimientos con que se conquista el internamiento en un manicomio: la incapacidad de pensar, la amoralidad y la hiperexcitación».

Fernando Pessoa, fecha indeterminada entre 1912 y 1935, El libro del desasosiego de Bernardo Soares, edición y traducción de Ángel Crespo, Seix Barral, Barcelona: 1984/2011 – capítulo 3 1st Article,  p. 24

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El extraordinario contraste entre uno y otro modelo humano. El de Ginzburg me parece una mezcla de valores judeo-cristianos clásicos, mundo humanista-caballeresco tipo Don Quijote e Ilustración. Más o menos la educación que me dio a mi mi madre, con la que a veces parece uno un corderito al que han dejado en medio de la jungla, si se lo toma uno al pie de la letra, como un tema de honor, o cosas así — a menos, quizás, que tengas las espaldas bien cubiertas…

El contraste también me recuerda al Thorstein Veblen, de la teoría de la leisure class — la clase ociosa. Escribía allí sobre una clase depredadora, heredera del mundo guerrero feudal, aunque fuera heredera espiritual; y otra clase, trabajadora y tranquila, que era sometida por la primera. Creo que se puede pensar que en parte son clases sociales y en parte clases de personas.

Uno se sigue quedando con Ginzburg, aunque intenta no hacerlo con demasiada ingenuidad.

Pues eso… Vale.

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ps/ En realidad tendríamos tres figuras o éticas en estas notas: la de las grandes virtudes humanistas o ilustradas, la de las pequeñas virtudes burguesas-de-clase-media, y la de la psicopatía según Soares; pero bueno, se entenderán seguro la oposición y las incertidumbres que trataba de plantear.

Unas notas sobre Ellen Janson, cliente del arquitecto RM Schindler

Imagen: Ellen Janson en la casa, durante el proceso de construcción. Fuente de la imagen: https://kostisvelonis.blogspot.com/2012/07/ellen-janson-at-her-house-during.html | R.M. Schindler Archive, University of California Santa Barbara.

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Notas de José Pérez de Lama

Aunque viví en Los Ángeles en varias etapas, y siempre estuve interesado en Schindler, e incluso estuve de residente en uno de sus edificios gracias al programa del MAK Schindler Center, –todo esto entre el final de la década de 1980 y principios de siglo –, sólo más recientemente descubrí y quede bastante fascinado por la casa Janson — que construyó RM Schindler  en 1949 para la poeta Ellen Margaret Janson.

Se lee en Internet que Janson (¿1899-1984?) fue la pareja de Schindler (1887-1953) durante los últimos años de la vida del arquitetco. También que éste pasó los últimos meses antes de morir de cáncer en esta casa que construyeron juntos, — supone uno que al cuidado de Janson. La casa la habían construido sólo 4 años antes de que muriera Schindler. [Ver al final del post las principales referencias usadas, sobre la casa y los personajes.]

Expresándolo en términos deleuziano-guattarianos, se podría imaginar que la casa fue, incluso su proceso de construcción – si atendemos a las fotos más conocidas -,  un medio para un «devenir común» del arquitecto y la poeta.

En términos solterdijkianos — de una vez que estuve en una conferencia suya en Sevilla — la casa podría pensarse como medio para, o componente de, una «poligamia ontológica», que posibilitó que ocurrieran cosas diferentes de las que habrían ocurrido sin su existencia.

También nos sugiere pensar en el clásico «construir/cuidar-habitar-pensar».

Esta idea romántica de la casa, una «fabulación especulativa», tal vez sólo retrospectiva, se basa en algunos, pocos, materiales sueltos que se encuentran en la red, incluyendo algunos comentarios de la propia Janson sobre la casa. También, las fotos más conocidas. Y la observación de la propia casa.

Parece que Janson contó o escribió en algún momento lo siguiente acerca de la casa (Scheine 1995, p245 [1] — tendría que buscar esta referencia):

I had always wanted to live in the sky. Then I came to know a space architect.
The architect asked me, “how would you like a house made of cobwebs?”
“Yes, I should love it, for they wouldn’t shut away the sky at all. But how would you hang up the cobwebs?”
“On sky-hooks”, he said’

Traducción a continuación, aunque suena notablemente mejor en inglés.

Siempre quise vivir en el cielo. Y entonces conocí a un arquitecto espacial. El arquitecto me preguntó, — «¿Qué le parecería una casa hecha de telas de araña?» __ «Sí, me encantaría, porque dejarían el cielo completamente al descubierto. ¿Pero como piensa colgar las telas de araña?»

«Con ganchos del cielo,» me dijo.

* En inglés me parece que suena mucho mejor, por la sencillez y belleza de las palabras y expresiones, cobwebs, skyhooks, que quizás en español/castellano puedan quedar, en 2020, algo kitsch…

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En una página web de Kostis Velonis, se presenta un proyecto sobre la casa Janson que entiendo que desarrolló en una residencia como la que yo hice en el Mak [Schindler] Center de Los Ángeles. Entre otras cosas dice sobre Ellen Margaret – o Margaret-Ellen – Janson:

“Margaret- Ellen […] had an excellent thing […], a soft and low voice. Stillness accompanied her, outer and inner stillness; and when she stood or walked she seemed to rest so lightly on the earth that, though she was tall like her Norwegian forbears, one expected her to float skyward”

[…] In 1948 -1949 R.M.Schindler has built Ellen Janson’s house in Hollywood hills. Between his last period of hospitalization (he was diagnosed with cancer) Schindler was staying at his girlfriend’s house . In 1953 R.M.Schindler died “in the Sky “, in a place “made of cobwebs” and ‘skyhooks” at Janson’s residence site.

Traducción:

Margaret-Ellen tenía una cosa excelente […], voz suave y baja. La tranquilidad la acompañaba, una tranquilidad exterior e interior; y cuando estaba de pie o andaba parecía apoyarse tan ligeramente sobre la tierra que, aunque era alta como sus antepasados noruegos, uno esperaba que pudiera salir flotando hacia el cielo.

[…] en 1948-1949 R.M. Schindler había construido una casa a Ellen Janson en las colinas de Hollywood. Entre sus últimos períodos de hospitalización (le habían diagnosticado un cáncer) Schindler se quedaba en casa de su pareja. En 1953 R.M. Schindler murió .«en el cielo», en un lugar «hecho de telas de araña» y .«ganchos aéreos», en la casa de Janson.

Otra imagen de la casa en construcción; fuente: Rudolph Schindler, architect, “Rudolph Schindler: Janson house (Los Angeles, Calif.),” UCSB ADC Omeka, accessed October 11, 2020, http://www.adc-exhibits.museum.ucsb.edu/items/show/504.

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Me gustó descubrir esta historia, porque conecta curiosamente, literariamente tal vez, con la mucho más conocida de su primera casa propia, la célebre de Kings Road, que se construyó con la participación también muy activa de su primera mujer-compañera en devenires artístico-culturales, Pauline Gibling. [2]

Me resulta curioso también cómo pasan de una casa a otra — 1921 a 1949 — casi treinta años, en los que se desarrolla la carrera bastante excepcional del arquitecto — y que coinciden, ¿no?, con el tiempo que hay que cotizar en la Seguridad Social en España, últimamente, para poder jubilarse, o algo así.

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Encontré algunos poemas de Ellen Janson – que era descrita como una poeta modernista o moderna en los años 20 en Los Ángeles. Este tipo de artistas eran los que frecuentaban a la pareja Schindler en la casa de Kings Road. Creo haber leído en algún lugar que las dos mujeres, Pauline Gibling y Ellen Janson, eran amigas. Tendría que confirmalo, pero parece verosímil, si no seguro, que al menos se conocieran.

Transcribo algunos poemas en inglés.

Japanese Night-Song (1921)

The shadow of a heron’s wing is on the water,
And the pines have drawn slim fingers
Across the moon.
Hush—
Breathe lightly, wind in the plum tree!
Scatter your dreams
Like petals over her heart.

Fuente: http://themargins.net/anth/1920-1929/janson.html

heron : garza
scatter : dispersa, echa al aire…

Dice en esta fuente:

Ellen Janson publicó poemas en oscuras revistas norteamericaas entre 1920 y 1949,  así com [el libro] Poems (Hollywood: E. Janson) en 1952. Japanese Night-Song apareció en Measure: A Journal of Poetry 2, p. 13 (1921)

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Think of Me as a Passer-by

Think of me as a passer-by  who brought
A snatch of melody along the street;
Who sang her own soul, and had not thought
That you would hear–that you would find it sweet.
Think of me as a gipsy-girl whose name
You did not know and did not seek to find,
Content that out of nothingness she came,
And sang, and –singing– passed, and left behind
Only a snatch of music that grew still.
After a while the want of her will die.
And if she saw your eyes across the sill
Is of small count. The world will not ask why
Her song is changed–since still, since still she sings
To her own soul, a song of passing things.

 

We Shall Be Buried Far Apart

We shall be buried far apart.
Perhaps the wild rose on yor grave
Or dripping jasmine boughs will wave
And bloom above your quiet heart.

But I–I shall be buried deep
Under the green hush of the sea,
And ships between the moon and me
Will pass like shadows in my sleep.

We who now lie so close that there
Could be no breath to sever us–
Earth’s hills and waters luminous
Will lie between, and we not care.

Publicados originalmente en: Poetry: A Magazine of Verse, 1923: Fuente: https://www.poetryfoundation.org/poetrymagazine/browse?volume=22&issue=3&page=12

Más poemas de Ellen Janson en: https://www.bartleby.com/300/2485.html

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Notas

[1] Judith Scheine, citada en Robert E. Mace, http://thermschindlerlist.blogspot.com/p/la-1940s.html

[2] Sobre la participación de Pauline Gibling en el proyecto de la casa y su relación más en general con Schindler y el tipo de vida que se hacía en la casa, al menos durante los primeros años, hay múltiples fuentes. Como introducción quizás pueda verse un enlace a un texto mío que está al final de este post.

Referencias y enlaces

Ryan T. Ralston, 2012, Janson House: Reconstructed (excelente reconstrucción gráfica y con maqueta de la casa): https://www.ryantralston.com/janson

Kostis Velonis, 2012, A Little House of Your Own, https://kostisvelonis.blogspot.com/2012/07/ellen-janson-at-her-house-during.html

Rudolph Schindler, architect, “Rudolph Schindler: Janson house (Los Angeles, Calif.),” UCSB ADC Omeka, accessed October 11, 2020, http://www.adc-exhibits.museum.ucsb.edu/items/show/504.

Robert E. Mace, http://thermschindlerlist.blogspot.com/p/la-1940s.html

También, extenso archivo con sus obras maestras y otras más comerciales: https://usmodernist.org/schindler.htm

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Mi propia aproximación a la casa de Schindler en Kings Road, ca. 2006, http://www.hackitectura.net/osfavelados/2006_elretorno/03_01_intro_schindler_web_06.pdf

 

Haraway / Arendt sobre el no-pensamiento

Imagen: Edith Vonnegut, 2019, Oil Spill — serie sobre el cambio climático. Más de la autora en: http://www.edithvonnegut.com/

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Un fragmento de Donna Haraway comentando cosas de Hannah Arendt de Staying with the Trouble, 2016: 36; sobre la necesidad de pensar, y el no-pensar de los que tratan de seguir con el business as usual. Ya lo había citado antes en el blog, más sucintamente, pero aquí sigue la cita más completa, que estaba consultando y traduciendo para el principio de las clases. El inglés original, para los que prefieran y para contrastar lo que pueda no resultar demasiado claro, al final del post.

Varias de las expresiones usadas — respons-ability, compostar, caminante [wayfarer], astralizado y alguna más– son creaciones conceptuales de la propia Haraway, o de su red de pensadoras — matters of care –. Los que no estéis familiarizados con el lenguaje de Haraway tendréis que hacer un esfuerzo de imaginación para suponer qué significan, aunque creo que son cosas relativamente intuitivas, que más o menos se entienden.

Selección y traducción, José Pérez de Lama

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Fragmento sobre el no-pensamiento

Donna Haraway

Según me enseñó Valerie Hartouni, recurro al análisis que hizo Hannah Arendt sobre la incapacidad de pensar del criminal de guerra nazi, Adolf Eichmann. Es en este abandono del pensar donde reside «la banalidad del mal» – del tipo particular que podría hacer que llegara a verificarse el desastre del «Antropoceno», con sus acelerados genocidios y especicidios. El resultado de todo estos, sin embargo, aún no está determinado; ¡tenemos que hacerlo; tenemos que pensar!

En la interpretación de Hartouni, Arendt insistía en que el pensamiento era algo profundamente diferente de lo que podríamos llamar conocimiento disciplinar, o ciencia basada en la evidencia, o la clasificación de verdades y creencias o hechos y opiniones o bueno y malo. Pensar, en el sentido de Arendt, no es un proceso para evaluar informaciones y argumentos, en tanto que verdaderos o falsos, para juzgarnos a nosotros mismos y a otros como errados o en posesión de la verdad. Todo esto es importante, pero no es lo que Arendt tenía que decir sobre la maldad del no-pensamiento y que yo quiero traer a colación en relación con la coyuntura geohistórica que se viene denominando el Antropoceno.

Arendt no veía a Eichmann como un monstruo incomprensible, sino que veía algo mucho más terrorífico – lo que vio fue la situación mucho más ordinaria de alguien que no piensa. Esto es, allí había un ser humano que era incapaz de hacerse presente a sí mismo aquello que estaba ausente, aquello que no era él mismo; lo que es el mundo en su más sencillo aspecto de no-ser-uno-mismo, y las aspiraciones-a-ser de aquello diferente de nosotros.

Allí había alguien que no podía ser un caminante [a wayfarer], que no podía enredarse con otros y con el mundo [could not tangle], que no podía cultivar respons-[h]-abilidad, que no podía hacerse a sí mismo presente lo que estaba haciendo, que no podía vivir en consecuencia, no podía compostar.

Cumplir la función encomendada importaba, el deber importaba, pero el mundo no importaba para Eichmann. El mundo no importa en el no-pensamiento ordinario. Las casillas vacías se rellenan con las evaluaciones correspondientes, determinando amigos y enemigos, siempre ocupados con el trabajo; el cuestionamiento de toda esta actividad, es algo que no aparece, un asombroso abandono del pensamiento.

Esta condición no era falta de sentimientos, falta de compasión, aunque seguro que esto también ocurría con Eichmann, sino una entrega profunda a lo que yo llamaría inmaterialidad, inconsecuencialidad, o en el idioma de Atrendt y en el mío, no-pensamiento.

Eichmann estaba astralizado [mirando al cielo en lugar de a la tierra y a su alrededor, idea a la que da vueltas Haraway en este libro en relación con la noción de Chthuluceno], fuera del enredo confuso del pensamiento, entregado, en su lugar, al hábito de que el negocio siga como de costumbre [business as usual], pase lo que pase. Para Eichmannn y sus herederos – ¿nosotros? – no había manera de que el mundo pudiera convertirse en un asunto de cuidados [a matter of care]. El resultado de aquello fue la participación activa en un genocidio.

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Original en inglés:

Instructed by Valerie Hartouni, I turn to Hannah Arendt’s analysis of the Nazi war criminal Adolf Eichmann’s inability to think. In that surrender of thinking lay the “banality of evil” of the particular sort that could make a disaster of the Anthropocene, with its ramped-up genocides and speciescides, come true. This outcome is still at stake; think we must; we must think! In Hartouni’s reading, Arendt insisted that thought was profoundly different from what we might call disciplinary knowledge or science rooted in evidence, or the sorting of truth and belief or fact and opinion or good and bad. Thinking, in Arendt’s sense, is not a process for evaluating information and argument, for being right or wrong, for judging oneself or others to be in truth or error. All of that is important, but not what Aendt had to say about the evil of thoughtlessness that I want to bring into the question of the geohistorical conjuncture being called the Anthropocene.

Arendt witnessed in Eichmann not an incomprehensible monster, but something much more terrifying – she saw commonplace thoughtlessness.

That is, here was a human being unable to make present to himself what was absent, what was not himself, what the world in its sheer not-one-selfness is and what claims-to-be inhere in not-oneself [this is not very clear…].

Here was someone who could not be a wayfarer, could not entangle, could not track the lines of living and dying, could not cultivate response-ability, could not make present to itself what it is doing [?], could not live in consequence, could not compost.

Function mattered, duty mattered, but the world did not matter for Eichmann. The world does not matter in ordinary thoughtlessness. The hollowed-out spaces are filled with assessing information, determining friends and enemies, and doing busy jobs; negativity [??], the hollowing out of such positivity, is missed, and astonishing abandonment of thinking.

This quality was not emotional lack, a lack of compassion, although surely that was true for Eichmann, but a deeper surrender to what I would call immateriality, inconsequentiality [very Dewey again], or, in Arendt’s and also my idiom, thoughtlessness.

Eichmann was astralized right out of the muddle of thinking into the practice of business as usual no matter what. There was no way the world would become for Eichmann and his heirs – us? – a “matter of care.” The result was active participation in genocide.

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Referencia completa:

Donna Haraway, 2016, Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucen (notas sobre “Thoughtlessness” – a partir de Hannah Arendt), capítulo 2, Tentacular Thinking, p. 36 — Duke University Press, Durham.

Octavia Butler: Algunas reglas para predecir el futuro

Imagen: portadas de Parables, novelas de Octavia E. Butler de la década de 1990.
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Notas introductorias

Un ensayo de la autora de ciencia ficción Octavia E. Butler; publicado originalmente en la revista Essence [2000] / y reproducido por los editores de exittheapple.com en abril de 2007. Traducción de (((o))) Acoustic Mirror @espejoacustico  & José Pérez de Lama (2020); el original en inglés, a continuación de la versión en español/castellano.

El texto en inglés procede de la Internet Archive /WayBack machine __ https://web.archive.org/web/20150219020855/http://exittheapple.com/a-few-rules-for-predicting-the-future/ — en arquitecturaContable lo pudimos leer gracias al amigo tuitero @espejoacustico que lo recordaba estos días. Tras intercambiar algunos tuits hemos colaborado con él en esta traducción que sigue a continuación.

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Algunas reglas para predecir el futuro

Octavia E. Butler

 

«ENTONCES, ¿CREE USTED REALMENTE que en el futuro vamos a tener el tipo de problemas sobre los que escribe en sus libros?» — me preguntó un estudiante cuando estaba firmando libros al final de una conferencia. El joven se refería al tipo de problemas que yo había descrito en Parábola del sembrador y en Parable of the Talents, novelas que suceden en un futuro próximo en el que proliferan la adicción a las drogas y el analfabetismo, caracterizado por el éxito de las prisiones y el fracaso de las escuelas públicas, la enorme y creciente separación entre los ricos y todos los demás, y toda la desagradable familia de problemas vinculados al calentamiento global.

«No fui yo la que se inventó estos problemas,» le dije. «Lo que hice fue mirar alrededor y fijarme en los problemas que estamos tratando de dejar a un lado ahora mismo, y darles 30 años para que se conviertan en completos desastres.»

«Okay» — me dijo el muchacho desafiante — «Entonces, ¿cuál es la solución?»

«No hay una solución» — le dije.

«¿No hay solución? ¿Quiere decir que estamos condenados?» – Sonrió como si pensara que aquello pudiera ser una broma.

«No,» — le contesté. — «Lo que quiero decir es que no hay una única respuesta que vaya a resolver todos nuestros problemas futuros. No hay una bala mágica. Lo que hay son miles de respuestas – por lo menos. Tú puedes ser una de estas respuestas si eliges serlo.»

Algunos días después, por correo, recibí una copia del artículo de aquel joven, publicado en el periódico de su universidad. Mencionaba mi charla, listaba algunos de mis libros y los futuros problemas sobre los que trataba. Y después citaba su propia pregunta: «¿Cuál es la solución?» El artículo terminaba con las primeras tres palabras de mi contestación, equívocamente aisladas de lo que había seguido: «No hay solución.»

Resulta triste lo fácil que es subvertir el significado, o más precisamente, contar una mentira, usando una cita exacta pero incompleta. En este caso, era frustrante porque algo que ni yo ni mis principales personajes nunca hacemos es abandonar la esperanza cuando contemplamos el futuro. De hecho, el propio acto de tratar de visualizar el futuro, discernir posibilidades y ofrecer advertencias es en sí mismo un acto de esperanza.

Aprende del pasado
Claro que escribir novelas acerca del futuro no me da ninguna habilidad especial a la hora de predecirlo. Pero sí me anima a usar nuestros comportamientos pasados y presentes como guías para la clase de mundo que parece que estamos creando. Por ejemplo, el pasado está lleno de ciclos repetitivos de fuerza y debilidad, sabiduría y estupidez, imperio y cenizas. Estudiar la Historia es estudiar a la Humanidad. E intentar predecir el futuro sin estudiar la Historia es como intentar aprender a leer sin molestarse en aprender el abecedario.

Cuando me estaba preparando para escribir Parable of the Talents, necesitaba pensar en cómo un país podría caer en el fascismo (algo que Estados Unidos hace en los Talents). Así que releí Auge y caída del Tercer Reich [1] y otros libros sobre la Alemania Nazi. No estaba tan interesada en el combate en la Segunda Guerra Mundial como en la historia de preguerra de cómo cambió Alemania mientras sufría problemas sociales y económicos, mientras Hitler amenazaba y seducía, mientras los alemanes respondían a las amenazas y la seducción y a su propia Historia, y mientras Hitler utilizaba esa Historia para manipularlos. Quería comprender cómo la gente necesita auto-engañarse mientras ve, en silencio o con deleite, cómo sus vecinos son extraídos, secuestrados, asesinados. Diferentes versiones de este horror han tenido lugar una y otra vez a lo largo de la Historia. Siguen ocurriendo en lugares como Ruanda, Bosnia, Kosovo y Timor Oriental, en cuanto un grupo de personas permite que sus líderes le convenzan de que, para su propia protección, para la seguridad de sus familias y de su país, deben atacar a sus enemigos, a estos otros alienígenas que hasta ahora habían sido sus vecinos.

Es relativamente fácil reconocer este horror cuando ocurre en otra parte del mundo o en otro momento en el tiempo. Pero, para reconocerlo aquí, en casa, para reconocerlo antes de que pueda crecer e ir a peor, tenemos que prestar atención a la Historia. Me di cuenta de esto hace algunos años, cuando vivía enfrente de una niña de 15 cuyo abuelo me había pedido que le ayudara con los deberes escolares. La niña estaba haciendo un trabajo sobre un hombre que había huido de Europa en los años 30, porque unas personas llamadas (titubeó y pronunció una palabra claramente desconocida para ella) «¿los natsis?». Tardé un momento en darme cuenta de que se refería a los Nazis, y que no sabía absolutamente nada de ellos. Corremos peligro cuando olvidamos la Historia.

Respeta la Ley de Consecuencias
Hace muy poco me quejé a mi médico de que lo que me prescribía tenía un efecto secundario muy molesto.

«Le puedo dar algo que lo contrarreste», dijo mi médico.

«¿Un medicamento que contrarreste los efectos de otro medicamento?», pregunté.

Asintió. «Le será más cómodo».

Empecé a echarme atrás. Odio tomar medicamentos. «El problema no es para tanto.», dije. «Puedo con ello.»

«No tiene que preocuparse.», dijo mi médico. «Este segundo medicamento funciona y no hay efectos secundarios».

Eso hizo que me detuviera en seco. Me hizo ver, con toda certeza, que no quería este segundo medicamento. Me di cuenta de que no creía en los medicamentos que no tuvieran efectos secundarios. De hecho, no creo que podamos hacer nada sin efectos secundarios — también conocidos como consecuencias no deseadas —. Estas consecuencias pueden ser beneficiosas o dañinas. Pueden ser demasiado leves para tener en cuenta o pueden merecer la pena porque los efectos beneficiosos son fantásticos, pero las consecuencias siempre están ahí. En Parábola del sembrador [2] mi personaje lo explica así:

Todo lo que tocas / lo cambias
Todo lo que cambias / Te cambia
La única verdad duradera / Es el cambio
Dios / Es cambio

Sé consciente de tu perspectiva
¿Cuántas combinaciones de consecuencias no deseadas y reacciones de los humanos ante ellas se necesitan para desviarnos hacia un futuro que parece desafiar cualquier tendencia obvia? No muchas. Por eso es tan difícil predecir el futuro con precisión. De entre los errores más graves de predicción que he visto están los de tipo lineal — son los que ignoran lo inevitable de las consecuencias no deseadas, ignoran nuestras típicamente poco lógicas maneras de responder a ellas, y simplemente dicen: «En el futuro, tendremos más y más de lo que focaliza nuestra atención ahora mismo». Si estamos en un momento de prosperidad, entonces, en el futuro, prosperidad es lo que tendremos. Si estamos en período de recesión, en el futuro estamos condenados a más angustia. Claro que predecir un estado imposible de permanente prosperidad bien podría ser un acto de miedo y de esperanza supersticiosa, más que un acto de pensamiento lineal poco imaginativo. Y predecir una fatalidad en tiempos difíciles bien podría tener más que ver con el dolor y la depresión del momento que con una verdadera comprensión de las posibilidades futuras. La superstición, la depresión y el miedo juegan un papel importante en nuestros intentos de predicción.

También es cierto que dónde nos situamos determina qué podemos ver. Desde luego, el lugar donde yo me situaba cuando empecé a prestar atención a los viajes espaciales influyó mucho en lo que veía. Seguí la carrera espacial de finales de los 50 y los 60 no porque era una carrera, sino porque nos llevaba lejos de la Tierra, lejos de casa, lejos, para poder investigar los misterios del Universo y, pensaba yo, para encontrar un nuevo hogar para la Humanidad ahí fuera. Esto me resultaba atractivo, al menos en parte, porque era una adolescente y empezaba a pensar en dejar la casa de mi madre y en investigar los misterios de mi mayoría de edad.

Apolo 11 alcanzó la Luna en julio de 1969. Para entonces, yo ya me había ido de casa, y creía que también estaba viendo a la Humanidad irse de casa. Asumí que íbamos a establecer colonias lunares y que, en algún momento, enviaríamos humanos a Marte. Probablemente lleguemos a hacer esto algún día, pero nunca imaginé que tardaríamos tanto. Moraleja: la mera ilusión es tan poco útil a la hora de predecir el futuro como el miedo, la superstición o la depresión.

Cuenta con sorpresas
Hace no tanto me encontraba hablando a un grupo de estudiantes universitarios, y mencioné el miedo que en su momento habíamos tenido de una guerra nuclear con la Unión Soviética. Los jóvenes a los que me dirigía habían nacido alrededor de 1980, y una de ellos intervino para decir que nunca había tenido una preocupación por la guerra nuclear. Nunca había creído que algo así pudiera llegar a ocurrir — le parecía que toda esa idea era un disparate.

Ella no podía imaginar que durante los días de la Guerra Fría de los sesenta, los setenta, y los ochenta, nadie se hubiera atrevido a predecir una resolución pacífica en los 90. Yo recordaba las simulaciones de ataque aéreo de cuando estaba en primaria, cómo nos acurrucábamos, con las cabezas apretadas contra las paredes de los pasillos y las manos desnudas aparentemente protegiendo nuestros cuellos despejados, con la esperanza de que, si la guerra nuclear llegase a ocurrir, Los Ángeles se libraría. Pero la amenaza de una guerra nuclear ha desaparecido, al menos por el presente, porque para nuestra sorpresa nuestro principal rival, la Unión Soviética, se disolvió. Da igual cuánto nos esforcemos en ver el futuro, siempre están estas sorpresas. La única predicción segura es que siempre estarán.

Entonces ¿por qué intentar predecir el futuro si es tan difícil, si es casi imposible? Porque hacer predicciones es una manera de aviso cuando nos vemos a la deriva en direcciones peligrosas. Porque la predicción es una forma útil de señalar caminos más seguros, más sabios. Sobre todo, porque nuestro mañana es hija de nuestro hoy. En pensamiento y acto ejercemos una gran influencia sobre esta niña, incluso cuando no podemos controlarla del todo. Pero es mejor pensar en ella. Es mejor intentar darle buena forma. Es mejor hacer esto para cualquier niña.


El pasado enero, cuando la Casa Blanca le pidió a Octavia Butler, de 52 años, escribir una nota para el Presidente en el que trazara su visión del futuro, la autora eligió como tema la educación. «Yo era pobre, negra, la hija de un limpiabotas y una sirvienta,», explica Butler. «Cuando decía que quería ser escritora, en el mejor de los casos, se me trataba con una suave condescendencia. Ahora me gano la vida escribiendo. Sin la excelente y gratuita educación pública que pude aprovechar, hubiese encontrado otras cosas que hacer con mis sueños aplazados y ambiciones trucadas». En lugar de ello, ella llegó a hacerse con los honores más altos de la Ciencia Ficción: los premios Hugo y Nebula.

Butler, nacida en Pasadena, California, es autora de 11 novelas de gran éxito de crítica. Sus seguidores vuelven una y otra vez en títulos como Patternmaster, Imago, Parentesco y, más recientemente, Parábola del sembrador, una inquietante novela de carretera feminista, y su más optimista secuela, Parable of the Talents. Ganadora del MacArthur Fellowship de 1995 por su ficción, Butler ahora trabaja y vive en Seattle.
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Notas

[1] (N. del t.) Se trata de The Rise and Fall of the Third Reich: A History of Nazi Germany de William L. Shirer (Simon & Schuster, 1960). Se ha editado en castellano en dos tomos como Auge y caída del Tercer Reich (Planeta, 2013).

[2] (N. del t.) Octavia E. Butler, «Parábola del sembrador», Overol, Chile, 2019. Edición en castellano de su “Parable of the Sower” (1994).

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Imagen: Octavia E. Butler, outline and handwritten notes for Parable of the Sower (1994). Fuente: @espejoacustico.

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A Few Rules For Predicting The Future

An essay by science-fiction author Octavia E. Butler; originally published in Essence magazine in 2000 [“posted from the editors” at exittheapple.com: Apr 19 2007]

“SO DO YOU REALLY believe that in the future we’re going to have the kind of trouble you write about in your books?” a student asked me as I was signing books after a talk. The young man was referring to the troubles I’d described in Parable of the Sower and Parable of the Talents, novels that take place in a near future of increasing drug addiction and illiteracy, marked by the popularity of prisons and the unpopularity of public schools, the vast and growing gap between the rich and everyone else, and the whole nasty family of problems brought on by global warming.

“I didn’t make up the problems,” I pointed out. ‘All I did was look around at the problems we’re neglecting now and give them about 30 years to grow into full-fledged disasters.’

“Okay,” the young man challenged. “So what’s the answer?”

“There isn’t one,” I told him.

“No answer? You mean we’re just doomed?” He smiled as though he thought this might be a joke.

“No,” I said. “I mean there’s no single answer that will solve all of our future problems. There’s no magic bullet. Instead there are thousands of answers–at least. You can be one of them if you choose to be.”

Several days later, by mail, I received a copy of the young man’s story in his college newspaper. He mentioned my talk, listed some of my books and the future problems they dealt with. Then he quoted his own question: “What’s the answer?” The article ended with the first three words of my reply, wrongly left standing alone: “There isn’t one.”

It’s sadly easy to reverse meaning, in fact, to tell a lie, by offering an accurate but incomplete quote. In this case, it was frustrating because the one thing that I and my main characters never do when contemplating the future is give up hope. In fact, the very act of trying to look ahead to discern possibilities and offer warnings is in itself an act of hope.

Learn From the Past
Of course, writing novels about the future doesn’t give me any special ability to foretell the future. But it does encourage me to use our past and present behaviors as guides to the kind of world we seem to be creating. The past, for example, is filled with repeating cycles of strength and weakness, wisdom and stupidity, empire and ashes. To study history is to study humanity. And to try to foretell the future without studying history is like trying to learn to read without bothering to learn the alphabet.

When I was preparing to write Parable of the Talents, I needed to think about how a country might slide into fascism–something that America does in Talents. So I reread The Rise and Fall of the Third Reich and other books on Nazi Germany. I was less interested in the fighting of World War II than in the prewar story of how Germany changed as it suffered social and economic problems, as Hitler and others bludgeoned and seduced, as the Germans responded to the bludgeoning and the seduction and to their own history, and as Hitler used that history to manipulate them. I wanted to understand the lies that people have to tell themselves when they either quietly or joyfully watch their neighbors mined, spirited away, killed. Different versions of this horror have happened again and again in history. They’re still happening in places like Rwanda, Bosnia, Kosovo and East Timor, wherever one group of people permits its leaders to convince them that for their own protection, for the safety of their families and the security of their country, they must get their enemies, those alien others who until now were their neighbors.

It’s easy enough to spot this horror when it happens elsewhere in the world or elsewhere in time. But if we are to spot it here at home, to spot it before it can grow and do its worst, we must pay more attention to history. This came home to me a few years ago, when I lived across the street from a 15-year-old girl whose grandfather asked me to help her with homework. The girl was doing a report on a man who had fled Europe during the 1930′s because of some people called–she hesitated and then pronounced a word that was clearly unfamiliar to her–”the Nayzees?” It took me a moment to realize that she meant the Nazis, and that she knew absolutely nothing about them. We forget history at our peril.

Respect the Law of Consequences
Just recently I complained to my doctor that the medicine he prescribed had a very annoying side effect.

“I can give you something to counteract that,” my doctor said.

“A medicine to counteract the effects of another medicine?” I asked.

He nodded. “It will be more comfortable for you.”

I began to backpedal. I hate to take medicine. “The problem isn’t that bad.” I said. “I can deal with it.”

“You don’t have to worry,” my doctor said. “This second medication works and there are no side effects.”

That stopped me. It made me absolutely certain that I didn’t want the second medicine. I realized that I didn’t believe there were any medications that had no side effects. In fact, I don’t believe we can do anything at all without side effects–also known as unintended consequences. Those consequences may be beneficial or harmful. They may be too slight to matter or they may be worth the risk because the potential benefits are great, but the consequences are always there. In Parable of the Sower, my character put it this way:

All that you touch / You Change
All that you Change / Changes you
The only lasting truth / Is Change
God / Is Change

Be Aware of Your Perspective
How many combinations of unintended consequences and human reactions to them does it take to detour us into a future that seems to defy any obvious trend? Not many. That’s why predicting the future accurately is so difficult. Some of the most mistaken predictions I’ve seen are of the straight-line variety–that’s the kind that ignores the inevitability of unintended consequences, ignores our often less-than-logical reactions to them, and says simply, “In the future, we will have more and more of whatever’s holding our attention right now.” If we’re in a period of prosperity, then in the future, prosperity it will be. If we’re in a period of recession, we’re doomed to even greater distress. Of course, predicting an impossible state of permanent prosperity may well be an act of fear and superstitious hope rather than an act of unimaginative, straight-line thinking. And predicting doom in difficult times may have more to do with the sorrow and depression of the moment than with any real insight into future possibilities. Superstition, depression and fear play major roles in our efforts at prediction.

It’s also true that where we stand determines what we’re able to see. Where I stood when I began to pay attention to space travel certainly influenced what I saw. I followed the space race of the late 1950′s and the 1960′s not because it was a race, but because it was taking us away from Earth, away from home, away to investigate the mysteries of the universe and, I thought, to find new homes for humanity out there. This appealed to me, at least in part, because I was in my teens and beginning to think of leaving my mother’s house and investigating the mysteries of my own adulthood.

Apollo 11 reached the moon in July 1969. I had already left home by then, and I believed I was watching humanity leave home. I assumed that we would go on to establish lunar colonies and eventually send people to Mars. We probably will do those things someday, but I never imagined that it would take as long as it has. Moral: Wishful thinking is no more help in predicting the future than fear, superstition or depression.

Count On the Surprises
I was speaking to a group of college students not long ago, and I mentioned the fear we’d once had of nuclear war with the Soviet Union. The kids I was talking to were born around 1980, and one of them spoke up to say that she had never worried about nuclear war. She had never believed that such a thing could possibly happen–she thought the whole idea was nonsense.

She could not imagine that during the Cold War days of the sixties, seventies and eighties, no one would have dared to predict a peaceful resolution in the nineties. I remembered air-raid drills when I was in elementary school, how we knelt, heads down against corridor walls with our bare hands supposedly protecting our bare necks, hoping that if nuclear war ever happened, Los Angeles would be spared. But the threat of nuclear war is gone, at least for the present, because to our surprise our main rival, the Soviet Union, dissolved itself. No matter how hard we try to foresee the future, there are always these surprises. The only safe prediction is that there always will be.

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So why try to predict the future at all if it’s so difficult, so nearly impossible? Because making predictions is one way to give warning when we see ourselves drifting in dangerous directions. Because prediction is a useful way of pointing out safer, wiser courses. Because, most of all, our tomorrow is the child of our today. Through thought and deed, we exert a great deal of influence over this child, even though we can’t control it absolutely. Best to think about it, though. Best to try to shape it into something good. Best to do that for any child.

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Last January [2000], when the White House asked Octavia Butler, 52, to write a memorandum to the President outlining her vision of the future, the author chose education as her subject. “I was poor, Black, the daughter of a shoeshine man and a maid,” Butler explains. “At best I was treated with gentle condescension when I said I wanted to be a writer. Now I write for a living. Without the excellent, free public education that I was able to take advantage of, I might have found other things to do with my deferred dreams and stunted ambitions.” Instead she went on to garner science fiction’s highest honors, the Hugo and Nebula awards.

Butler, a native of Pasadena, California, is the author of 11 critically acclaimed novels. Her loyalists return again and again to the worlds created in such titles as Patternmaster, Imago, Kindred and, most recently, Parable of the Sower, a haunting coming-of-age, feminist road novel, and its more hopeful sequel, Parable of the Talents. Winner of a 1995 MacArthur Fellowship for her fiction, Butler now lives and works in the Seattle area.

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Derechos originales: 2000 Essence Communications, Inc. & 2000 Gale Group

Margarita Padilla: Soberanía tecnológica ¿De qué estamos hablando?

Imagen: mujer con telar, grabado de  F. Damé 1898, modificado por teixidora.net. Fuente: https://www.teixidora.net/wiki/Fitxer:Teixidora_R%C4%95zboiul_sa%C5%AD_stativele_1898_COLOR.svg

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Nota presentación: Reproducimos aquí este texto introductorio a la soberanía tecnológica – sobre la que venimos tratando de escribir en el blog, seguramente con poca fortuna hasta la fecha. El texto es de Margarita Padilla, activista del software libre y más cosas desde finales de los 80, en Madrid, además de persona excepcional. La cuestión de la soberanía tecnológica nos parece hoy especialmente importante, ante el nuevo impulso para la digitalización de escuelas y universidades en la situación de pandemia. Creemos que esta importancia, que nosotros también consideramos crítica para el desarrollo y la autonomía cultural y económica, se explica especialmente bien en el texto que sigue.

El texto lo hemos encontrado en un volumen colectivo publicado en 2017 que trata diversos aspectos del asunto (referencia y enlace para descarga al final del post). Estando distribuido con una licencia libre nos hemos animado a reproducirlo. Enhorabuena y muchas gracias a la autora y a las editoras del volumen. Salud & aire. ____ JPL

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Soberanía tecnológica ¿De qué estamos hablando?

Margarita Padilla

Qué es

Querido lector/a, queremos conversar sobre la soberaníatecnológica, un concepto que quizás, todavía, no te diga nada.

Dice la Wikipedia que la «soberanía» es el poder políticosupremo y que es soberano quien tiene el poder de decisión,el poder de dar las leyes sin recibirlas de otro. También diceque es imposible adentrarse en este concepto sin tener en cuen-ta las luchas por el poder. Y que la historia va dibujando el de-venir del sujeto de la soberanía. ¿Quién, en cada momento, es soberano?

Trasladando la cuestión de la soberanía a las tecnologías, lapregunta sobre la que queremos conversar es quién tiene poder de decisión sobre ellas, sobre su desarrollo y su uso, sobre su acceso y su distribución, sobre su oferta y su consumo, so-bre su prestigio y su capacidad de fascinación… Sigue leyendo Margarita Padilla: Soberanía tecnológica ¿De qué estamos hablando?

Donna Haraway, Staying with the Trouble: análisis de la introducción


Imagen: the Hyperbolic Crochet Coral Reef — created by Margaret and Christine Wertheim of the Institute For Figuring, 2010; fuente img.: https://ocean.si.edu/human-connections/books-film-arts/hyperbolic-crochet-coral-reef
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Análisis del capítulo de introducción de Donna Haraway, 2016, Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene, Duke University Press, Durham. Traducción al español en proceso (puede verse, por supuesto, la traducción de Helen Torres para Consonni, 2019; aquí copia no comercial de la intro de esta edición: https://www.consonni.org/sites/default/files/Seguir%20con%20el%20problema_Haraway_capi1.pdf ).

José Pérez de Lama, con la colaboración de Jose Sánchez-Laulhé y Pablo DeSoto

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Staying with the trouble. Making Kin in the Chthulucene

Introduction, with comments
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[pg. 1]

Section 1: Trouble, staying with the trouble

Trouble is an interesting word. It derives from a thirteenth-century French verb meaning “to stir up,” “to make cloudy,” “to disturb.” (*)

We – all of us on Terra – live in disturbing times, mixed-up times, troubling and turbid times.

The task is to become capable, with each other in all of our bumptious kinds (**), of response.

Mixed-up times are overflowing with both pain and joy [?] – with vastly unjust patterns of pain and joy, with unnecessary killing of ongoingness but also with necessary resurgence [? hmm].

The task is to make kin in lines of inventive connection as a practice of learning to live and die well with each other in a thick present.

Our task is to make trouble, to stir up potent response to devastating events, as well as to settle troubled waters and rebuild quiet places. Sigue leyendo Donna Haraway, Staying with the Trouble: análisis de la introducción

Recordando a David Graeber: ¿es la actitud moralista en relación con el trabajo la que está acabando con el planeta?

Imagen: captura de un tuit de David Graeber del pasado mes de julio de 2020
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José Pérez de Lama

*** Modesto homenaje de arquitecturaContable a David Graeber

[1] Trabajo, — ya sabemos –, como casi todos los términos interesantes significa cosas contradictoriamente polisémicas. Por un lado, significa lo que hacemos para transformar el mundo y adaptarlo a nuestras necesidades, para hacerlo más habitable,  para obtener los recursos necesarios para la vida. Por otra, en nuestro sistema social, en tanto que empleo, constituye una forma de sujeción y quizás explotación — desde Marx es difícil abandonar la sospecha de esto último. Casi todos necesitamos tener un trabajo porque constituye la forma en que la mayoría nos ganamos la vida, pero a la vez,  mucho de las cosas que tenemos que hacer en nuestros trabajos, por decirlo sin entrar en excesivas complejidades, no son las que haríamos si pudiéramos elegir libremente.

El mes pasado, con su característica brillantez, David Graeber, que murió pocos días después, ponía un par de tuits divertidos sobre este asunto del trabajo, sobre el que sus seguidores saben perfectamente que venía escribiendo durante los últimos años — muchos sabréis que su último libro publicado se tituló Bullshit jobs. A TheoryBullshit jobs es el nombre que inventó para describir la proliferación durante las últimas décadas de trabajos sin sentido, absurdos y poco útiles.

En este par de tuits que recordaba Graeber nos hacía sonreír con su inteligencia burlona y provocadora, haciéndonos dudar de la virtud del trabajar duro, que por temporadas algunos hemos llegado a considerar algo casi sagrado…

Decía así, entonces, el pasado 14 de julio (captura al principio del post del tuit original):

Serie Propuestas inmodestas en Radio 4: el trabajo está destruyendo el planeta. Para salvarnos a nosotros mism*s podemos empezar por

1. eliminar los trabajos inútiles (bullshit jobs)
2. parar de construir sin sentido (batshit construction)
3. terminar con la obsolescencia planificada.

[twitter.com/davidgraeber/status/1283053313735495692]

Y continuaba en el mismo hilo:

esto es,

la cuestión clave: "no es nuestro hedonismo el que está destruyendo el planeta, es nuestro puritanismo," el hecho de que sintamos que todo el mundo debe estar constantemente trabajando, independientemente de que se necesite que algo sea hecho, para justificar nuestros placeres de consumidores.

Por supuesto Graeber relacionaba esto con el debate sobre los trabajos que estos meses atrás, más que nunca, se habían demostrado como «esenciales» — y por contraste los que se revelaron como menos, o como prescindibles, los quizás bullshit jobs, como muchos de los nuestros que andamos leyendo y escribiendo blogs y tuits y cosas así… 🙂 (véanse las entrevistas enlazadas al final). Sigue leyendo Recordando a David Graeber: ¿es la actitud moralista en relación con el trabajo la que está acabando con el planeta?