Fines, medios, procesos y cerdos asados según John Dewey

El tercer cerdito del cuento de Los tres cerditos construyendo su casa de ladrillo; ilustración de Leslie Brown, s/f; fuente: https://www.cuentosinfantiles.net/los-tres-cerditos-version-original/

Fines, medios, procesos y cerdos asados según John Dewey

José Pérez de Lama

Everyone is busy following the cookbook. Seymour Papert, 1993

En el estupendo libro de Steven Fesmire sobre Dewey, el autor recuerda la siguiente historia, con la que Dewey invitaba a reflexionar sobre la relación entre fines y medios, y la necesidad de pensar con inteligencia sobre la relación entre estos y aquellos, – ¡en cosas así creía Dewey!

“La historia […] es que el asado de cerdo fue disfrutado por primera vez cuando accidentalmente se incendió una casa en la que estaban encerrados unos animales. Buscando entre las ruinas, los dueños de la casa se quemaron los dedos al tocar los cerdos que se habían quemado en el incendio. Cuando impulsivamente se chuparon los dedos para aliviar las quemaduras, descubrieron el nuevo sabor. Habiéndoles gustado, desde entonces, se pusieron a construir casas, a meter cerdos dentro y a quemarlas…” [1]

Según explica Fesmire, Dewey recurre a esta “tonta pero memorable” parábola en su obra Teoría de la valoración (Theory of Valuation, 1939) para reflexionar sobre la relación entre lo que llama ends in view (fines a la vista) y las consecuencias no tan evidentes que suponen el logro de estos fines. “Lo visible se sitúa en medio de lo invisible”, otra de sus citas preferidas por mí; lo visible serían los fines a lograr, mientras que lo invisible las implicaciones y consecuencias menos patentes.

Como me había hecho mucha gracia, no me pude resistir a evocar la historia de los cerdos asados en un tribunal de tesis doctoral en el que estuve recientemente. Cuando leemos la historia, pensamos en primera instancia, “¡qué brutos los tíos estos que queman casas para asar cerdos!” Pero cuando pensamos un poco más podemos ver que la cosa no está tan alejada de algunas que a veces hacemos. Mi ejemplo en aquella ocasión de las tesis doctoral tenía que ver con cómo los arquitectos participamos en la producción de la ciudad y la vivienda. Uno supone que el fin a la vista de la mayoría de los arquitectos cuando hacen viviendas es, además de ganarse la vida, construir buenos edificios, o incluso edificios bellos, si no originales. Los arquitectos se realizan, como se decía antes, haciendo Arquitectura. Muchos, incluso, también tienen entre sus fines el contribuir a hacer una vida mejor para sus conciudadanos. Se da la paradoja, sin embargo, de que en este hacer sin pensar en los medios y lo invisible en que se sitúan estos procesos, en las últimas décadas hemos estado participando con esta actividad, de fines aparentemente sencillos y directos,  tanto en la creación de un sistema absurdo de acceso a la vivienda, o quizás de no-acceso a la vivienda, como en el deterioro del planeta y calentamiento global vinculados directamente al crecimiento económico como estrategia de presunta persecución de la prosperidad social.

En aquella tesis, de la hoy doctora, Marina Lora [3], lo que se planteaban eran diversos sistemas alternativos de acceso a la vivienda, fundamentalmente en torno a la tenencia cooperativa y en cesión de uso, y un diseño más sostenible posibilitado por este otro marco en el que el beneficio no es factor determinante. Y de camino, se planteaba otro papel para los arquitectos (y arquitectas), que no se limite al diseño y la construcción de objetos habitables bellos y eficientes, – sin cuestionar el cookbook de la gestión convencional de la construcción y promoción -, sino que se amplíe al diseño y la gestión de procesos más conscientes de los ecosistemas o ecologías en que se insertan-  y que contribuyen a producir -, capaces de poner en juego otros medios y de promover otras consecuencias más allá de los ends in view más obvios y convencionales.

Tengo mis dudas sobre la consistencia de esta aplicación que hago de la historieta de Dewey. Seguro que se os ocurren algunas variantes, u otras aplicaciones tal vez más apropiadas.

(*) Lo del cerdito del cuento construyendo la casa en que la que lo podrían quemar ha sido una asociación libre algo… ¿perversa? El inconsciente, hmmm.

#notas

[1] Esta cita es de Seymour Papert, 1993, Mindstorms. Children, Computers and Powerful Ideas. Aquí quizás quede algo descontextualizada, pero el libro en general, que trata sobre ordenadores y aprendizaje, creo que conecta bastante con muchos de los temas planteados por Dewey sobre conocimiento revisable, fines y medios…

[2] John Dewey, citando a Charles Lamb, según escribe Steven Fesmire, en su libro Dewey, (2015), Routledge, Nueva York, p. 108

[3] Marina Lora Chapela, 2017, Cooperativas de vivienda de tenencia colectiva. Análisis de experiencias para el fomento de modelos alternativos de acceso a la vivienda en Andalucía, tesis doctoral Universidad de Sevilla. Otra tesis doctoral en una línea similar en cuyo tribunal tuve la fortuna de participar es la de Irene Machuca de la Rosa (2017), Producción y gestión social de la energía. Participando en la transición energética; ambas tesis llevadas a cabo en el marco del grupo de investigación de la Universidad de Sevilla Aula digital de la ciudad, cuyos trabajos giran en torno a la producción y gestión social del hábitat, y que está dirigido por Esteban de Manuel. Las dos tesis doctorales deben estar disponibles para su consulta en el repositorio correspondiente de la Universidad de Sevilla.

 

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Por qué un colegio no puede llamarse Calvo Sotelo

Pepa Domínguez (2017), “Niños y niñas del colegio contra la violencia machista”, Fuente: Página de Facebook del AMPA del Colegio, https://www.facebook.com/AmpaCalvoSoteloSevilla/photos/a.147226489083820.1073741827.146385709167898/158088251330977/?type=3&theater

 

David Patiño Rodríguez

El día 30 de octubre tuvimos un tenso debate en el Consejo Escolar del Colegio Calvo Sotelo de Sevilla a raíz de una propuesta del AMPA para cambia el nombre por la posible ilegalidad del actual. En concreto, según al AMPA atenta contra la Ley de Memoria Histórica y la Ley de Memoria Democrática de Andalucía y por tanto, se debe cambiar cuanto antes para ajustarse a estas dos disposiciones. El Consejo Escolar rechazó a través de una votación secreta y sin dar un solo argumento dicha propuesta, sin valorar siquiera las razones planteadas por el AMPA y que se indican en el presente post por su interés, no solo para las personas relacionadas con el colegio.

El colegio se empezó a construir en el año 1935, en la II República licitándose bajo el nombre de Grupo Escolar Huerta de los Granados, porque comprendía dos edificios que se correspondían con los colegios de niños y niñas que se planificaron. El colegio se inauguró a principios del año 1937 con su actual nombre en honor al Protomártir de la Cruzada. Calvo Sotelo había sido asesinado días antes del golpe de estado y los golpistas fueron conscientes desde el principio que tenían que justificar su comportamiento y los juicios y asesinatos a los funcionarios y militares que se habían mantenido fieles a la legalidad y que habían cumplido sus cometidos. El asesinato de Calvo Sotelo se convirtió en la principal excusa para justificar su alzamiento contra la legalidad republicana y fue empleada extensamente durante la guerra.

El aprovechamiento propagandístico fue muy intensivo a lo largo de todo el régimen y especialmente al principio. En prácticamente todas las ciudades se rotularon plazas, calles e instituciones con honores a la figura del protomártir empleada para exaltar el régimen dictatorial. La hemeroteca de ABC permite hacernos una idea de la intensidad de este aprovechamiento. Por ejemplo, durante todo el año 1935, último completo en el que la República estuvo en paz y Calvo Sotelo era un destacado líder político, la búsqueda del término “Calvo Sotelo” genera 134 resultados. Por el contrario, la misma búsqueda produce 217 resultados para el año 1937, en el que ya había fallecido. Es decir, Calvo Sotelo muerto generaba muchas más noticias que vivo. La totalidad de estas noticas se corresponde con crónicas de las decenas de actos de homenaje que se realizaron los cuales tenían todos en común que la República era la que había asesinado directamente al político. Estos homenajes se sucedieron desde el principio de la sublevación como prueba que el 7 de agosto de 1936, el Ayuntamiento de Sevilla denominara plaza Calvo Sotelo la actual Puerta de Jerez “en memoria de un mártir de la Patria”. Entre las distinciones abundaron los cambios de nombres a colegios, como el reseñado el 9 de julio de 1938, “para la exaltación de las grandes figuras de nuestro glorioso Movimiento Nacional”. Para hacernos una idea clara de qué tipo de ceremonias se realizaron es representativa la que tuvo lugar en la Academia de Infantería de San Roque el 24 de mayo de 1938. En dicho acto, tal como indica literalmente ABC, tras la misa de rigor “se descubrieron grandes fotografías con la efigie de los generales Orgaz, Queipo de Llano y Mola, de José Antonio Primo de Rivera, Calvo Sotelo, Hitler y Mussolini”.

Si a esto unimos que José Calvo Sotelo no tenía relación directa alguna con Sevilla podemos llegar a la conclusión de que el colegio sevillano se llamó en honor a él únicamente como exaltación y justificación del golpe de estado y del régimen franquista que se estaba formando. Si no hubiera habido golpe de estado no se habría honrado a Calvo Sotelo con un colegio en Sevilla, ni por su actividad política ni por su asesinato, únicamente se hizo como acto de propaganda franquista.

Pero es que además, la actividad que desarrolló José Calvo Sotelo durante los últimos meses de su vida también es destacada y en concreto una parte de ella que ha sido descubierta recientemente. Calvo Sotelo era el líder del partido Renovación Española que defendía la restauración de la monarquía Alfonsina bajo un ideario ultraderechista contrario a la democracia liberal. Para entender los hechos, es necesario encuadrar históricamente los meses anteriores al golpe de estado y su asesinato. En febrero de 1936 se celebraron elecciones generales, y a pesar de que la derecha antiliberal[1] llegó con la expectativa de ganarlas e incluso hizo campaña por la mayoría absoluta, las perdió de manera clara, resultado vencedora una coalición de partidos burgueses progresistas y partidos obreros que se denominó Frente Popular. En esas circunstancias José Calvo Sotelo había terminado siendo líder oficioso de la oposición gracias a unos discursos incendiarios en los que llamaba a que el ejército se sublevara contra el régimen establecido[2].

En esa coyuntura política, los últimos descubrimientos de Ángel Viñas[3], nos han revelado que la actuación de Calvo Sotelo no se limitó a su actividad parlamentaria y por el contrario, fue un actor destacado de la conspiración, hasta su asesinato. Según el citado descubrimiento, Pedro Sainz Rodríguez que posteriormente sería ministro con Franco, siendo el número tres de Renovación Española, firmó 4 contratos el 1 de julio de 1936 en Roma con SIAI, una empresa aeronáutica italiana. En dicho acto se contrataba el suministro de 42 aviones de guerra, más de 10.000 bombas de 2 kilos, 2.000 bombas de 50 kilos, carburante, lubricante y metralletas, todo ello por un valor que en euros de hoy ascendió a 340 millones. Estos suministros tenían que ser entregados en el mes de julio, y de hecho, le llegaron a Franco al principio de la contienda. Quedan pocas dudas de que la operación había sido controlada por José Calvo Sotelo, que era el líder del partido. Tampoco se duda de que la operación contara con el asesoramiento de militares, dado el desconocimiento del material de guerra por parte de civiles. Los especialistas apuntan a Mola con el apoyo de Kindelán y el aval financiero de Juan March. Dado que el golpe militar fue el 18 de julio, los historiadores, en una línea de investigación que aún está más que abierta, han concluido que la fecha estuvo determinada por la llegada de los aviones que se le habían adquirido a Mussolini. Por otro lado, el tamaño de la operación hace pensar que estos contratos estuvieron negociándose durante semanas o incluso meses, por lo que muy posiblemente, el golpe de estado empezó a planearse recién confirmados los resultados electorales. Desde luego, la compra de 42 aviones, junto con otros documentos relacionados con la planificación del golpe, revela claramente que los conspiradores estaban planeando un conflicto armado. Tampoco parece que se estuviera planeando una guerra que durara casi tres años, como la que acabó sucediendo, pero desde luego, parece claro que el objetivo de la compra de esa cantidad de aviones último modelo y de armamento era generar, como indicaba Mola en sus planes originales, una “violencia extrema”. Y desde luego, estos hechos parecen dejar claro que el asesinato de Calvo Sotelo no precipitó unos acontecimientos que ya estaban más que acordados. Tampoco se puede decir que Calvo Sotelo no tuviera nada que ver con la sublevación y con la Guerra, pues parece claro que fue uno de los principales organizadores, a partir de una trama civil que se debería seguir investigando.

Por todas estas razones Calvo Sotelo no puede dar nombre a un colegio. No puede porque incumple dos leyes democráticas y en vigor. Tal como escuchamos tanto estos días, las leyes están para cumplirse y el colegio se denominó así para hacer apología de la dictadura franquista y para justificar el golpe de estado del 18 de julio de 1936, aprovechando su asesinato, por lo que incumple dicha normativa. Solo eso sería suficiente, pero es que además, Calvo Sotelo fue un destacado actor de aquel drama e intervino activamente en su planificación. Por todo ello, un colegio no puede llevar un nombre que está asociado a la guerra. Si se aceptan estas tesis, me imagino que los sectores más inmovilistas tendrán la tentación de salvar la situación llamando al colegio, por ejemplo, Presidente Calvo Sotelo, aprovechando al familiar. Este nombre cumpliría formalmente la ley, pero estaríamos ante un claro fraude de ley porque es evidente que si se el colegio se inaugurara ahora, la probabilidad de que se denominara de ese modo sería nula. De hacerse así, la única razón sería poder seguir denominando al colegio “Calvo Sotelo” y por tanto, Queipo de Llano continuaría siendo el que lo habría nombrado. En realidad, el legislador andaluz indicó su clara voluntad de que los andaluces sepamos la verdad de lo que pasó al establecer la novedosa obligación de que el golpe y la dictadura se estudie en los colegios. Es necesario que el colegio cambie de nombre de verdad para que los estudiantes les pregunten a sus maestros por qué se ha cambiado el nombre de su colegio o para que los padres y madres le hagan al director esa misma pregunta. En el caso del colegio Calvo Sotelo de Sevilla lo tenemos muy fácil, podemos recuperar el nombre que planeó la democracia de entonces y que la dictadura franquista nunca llegó a permitir.

Notas:

[1] Esta etiqueta me parece la más acertada porque, a pesar de lo que siempre nos han dicho, existía una derecha republicana que aceptaba la II República y las reglas democráticas que había impuesto.

[2] Fuente: Diario de Sesiones del Congreso, 16 de junio de 1936 (p. 1385); citada en Preston (1972; p.113).

[3] Viñas, Ángel (2013): “La connivencia fascista con la conspiración y otros éxitos de la trama civil” en Sánchez Pérez, Francisco (editor), Los mitos del 18 de julio, Crítica, Barcelona.

Referencias:

Preston, Paul (1972): “Alfonsist Monarchism and the Coming of the Spanish Civil War”, Journal of Contemporary History, 7 (3-4), pp.89-114.

Viñas, Ángel (2013): “La connivencia fascista con la conspiración y otros éxitos de la trama civil” en Sánchez Pérez, Francisco (editor), Los mitos del 18 de julio, Crítica, Barcelona.

Mi querida España… maneras de querer tu propia tierra

Joaquín Sorolla, 1918 & A. González-Alba, 2009, (montaje de este autor), alberca en Sevilla. Fuente: https://www.flickr.com/photos/gonzalez-alba/3382648408/

Mi modesta, y me temo que no demasiado clara, contribución al debate nacionalista. España, Esp, Spain, el nombre que queramos usar, es lo que somos en buena parte muchos de nosotros, porque es el mundo que hemos participado en construir. No somos, por suerte o por desgracia entes encerrados en nosotros mismos, sino que en nuestro vivir transformamos y hacemos el mundo que nos rodea. Renegar de nuestra tierra es como renegar de nosotros mismos, y me resulta raro… Otra cosa es que algunos traten de hacernos extraños en nuestro propio país, y que lo estén logrando… Como siempre, más preguntas que respuestas.

Mi querida España

José Pérez de Lama

Mi querida España / esta España mía / esta España nuestra… canción de Cecilia de los 70. Me quedo hoy con este verso… Dulce tu promesa… Pensando por qué siento míos estos versos, me acordaba de cuando viajaba por todo el mundo, desde niño y hasta hace muy poco, – y aunque me emocionaba, y especulaba con que me quedaría a vivir en casi todos los sitios a los que iba -, al estar de vuelta, bajando en tren desde Madrid, sentía una gran alegría de volver a casa cuando veía los campos secos de La Mancha, y luego las dehesas rocosas pasando Despeñaperros, y finalmente las tierras amplias del Valle del Guadalquivir. Sigo pensando que son los paisajes más bellos, lo que más me dicen. Más que las aguas azules del Caribe o los campos verdes de Francia y cosas así de postal. Sin duda, es porque de alguna forma pertenezco a estos paisajes, y a la vez me pertenecen, de esa forma peculiar en que nos pertenece lo común, lo que hacemos y compartimos entre muchos.

De joven leía el libro de Fromm, El arte de amar, que por lo que recuerdo contaba que amar no era algo dado, sino un arte que había que cultivar: interés por el otro, conocimiento, interés por el otro, dedicación, realismo, indulgencia y cosas así. Pero recordaba estos días que la primera condición según Fromm era la de amarse a uno mismo, más o menos con las mismas premisas: conocerse a sí mismo and so on.

Extendiéndolo, un poco, para mí ser patriota – palabra difícil estos días – es eso de amarse a uno mismo, cuando ese mismo es un nosotros mismos: a los que te rodean, donde vives. Pues entiendo que nuestras sociedades no son cosas externas a nosotros, sino que son lo que hacemos/somos nosotr*s mism*s, entre tod*s, sobre lo que hicieron anteriormente nuestros padres y madres y antes nuestros abuelos y nuestras abuelas.

Recordaba estos días también lo de Kennedy, cuando decía a sus conciudadanos, “No se trata de lo que América pueda hacer por ti, sino lo que tú puedas hacer por América”. Y otro dicho con muchas versiones que reza más o menos así: “Hacemos nuestro mundo y luego éste nos hace a nosotros – en ciclo permanentemente recurrentes” – esta coletilla es de linaje más cíber, o al menos proto-cíber (Bateson, Mitchell…).

Y es por eso, que yo particularmente, me siento responsable y trato de sentirme orgulloso de donde vivo, porque es el mundo de cuya construcción participo. Aunque ciertamente, muchas veces, demasiadas, nos sintamos excluidos de este poder participar en el hacer el mundo en que vivimos. No tratar de querernos a nosotros mismos lo veo como un extraño masoquismo. Lo que no quita ser realista y crítico, o ultracrítico si hace falta. Entiendo que podamos tener resentimientos hacia parte de nuestra historia, porque nos duela lo que nuestros antepasados más o menos lejanos hayan hecho: guerras, matanzas, injusticias, explotación, etc. Pero cuando se estudia algo de Historia y se conocen otros países más allá del turismo superficial, se ve que todos los estados – especialmente los más desarrollados y los más o menos poderosos -, tienen sus pasados oscuros: genocidios, colonialismo, imperialismo, explotación, clasismo, necedad, egoísmo… Pero odiar o despreciar a tu propio país-tierra para mí, entonces, es como no amarse a sí mismo; bien por no reconocer que somos nosotros mismos quienes lo hacemos cada día, bien porque renunciamos a hacerlo: nuestra patria, al fin y al cabo, como decían estos días empieza por la propia casa, la familia, el barrio, el trabajo, los amigos y entornos por los que nos movemos… Y lo fácil es echarle la culpa a los otros y no ver ninguna responsabilidad en nosotros mismos…

Pero, bueno, algo de indulgencia con uno mismo y los amigos: este rendirnos impotentes no cabe duda que es parte de las estrategias de poder contemporáneas: las megaorganizaciones y burocracias, los partidos políticos, las tecnologías, los llamados mercados… Aunque claro, tu propio país, tu propia tierra, aunque hoy pudiera parecer que fuera así, no es, o no debería ser al menos, como un centro comercial o un restaurante en el que soy un cliente-usuario, que juzgo desde una posición completamente externa, y al que si no me gusta no vuelvo a ir… No todo el mundo quiere o puede migrar. Y al fin y al cabo, ¿adónde ir? ¿A Estados Unidos, a Alemania, a Suiza? Brrrr. Pero en eso nos están convirtiendo, en población-súbdita-usuaria, y habría que resistirse. Yo, desde luego, me resisto. No me rindo, – aunque muchas veces lo piense.

Para acabar esta divagación: un pariente lejano, el poeta cercano a la Generación del 27 Fernando Villalón, decía célebremente, – célebremente al menos para sus lectores -, que el mundo se dividía en dos partes: Sevilla y Cádiz. Se debe mencionar que era un poeta surrealista y aunque tremendamente andaluz, a la vez bastante cosmopolita. Por lo que esta afirmación, que no cabe duda que me hace gracia como bajo-andaluz, la suelo interpretar en un sentido cósmico-mítico. Sevilla y Cádiz son el valle y la costa, el campo y el mar. Sevilla-Cádiz es nuestra cosmogonía particular del mundo. Y este amar lo próximo – prójimo en lenguaje más arcaico, de connotaciones cristianas – es la forma en que cada cual ama el mundo y a sus habitantes, nuestros prójimos humanos y no-humanos. Este encontrar la belleza y la emoción en lo próximo, – el paisaje, la tierra, las gentes, el arte, las formas de vida -, es la manera de querer la vida, el mundo en que vivimos y de querernos a nosotros mismos. Para mi, paradójicamente, esta sería también la manera de ser universalista, incluso internacionalista. Algo así como el tal vez gastado eslogan del piensa global y actúa local. No debe ser ni bueno querer a los pueblos abstractos. Uno imagina que si Villalón hubiera sido catalán, que quizás resulte difícil imaginar por otra parte, habría dicho Barcelona y el Ampurdán en vez de Cádiz y Sevilla – por decir algo -, y si hubiera sido australiano, pues habría encontrado otros lugares.

Hasta ahora me había hecho sentir bien estar en mi querida Barcelona, como un lugar próximo y con el que me siento emparentado en tantas cosas, sentirme en casa también allí; – como por otra parte también me he sentido en Los Ángeles, bien lejos de aquí, durante bastantes años; y en algunos otros lugares.

Otra cosa diferente a las patrias del corazón, son las cosas de los políticos, los estados y las ideologías más o menos nacionalistas y las estrategias de poder entre grupos más o menos de interés. Al final, no creo que vaya a ser una gran diferencia para el españolito o el catalancito de a pie si Cataluña se independiza o no. Aunque yo preferiría que no sucediera. Y lo que sí preferiría sería un país en el que todos pudiéramos sentirnos más responsables de poder construirlo junt*s. Y, por último, eso sí, – o eso no -; estoy muy en contra del “155” y del españolismo rajoyano. Y aunque me llamen equidistante, tampoco tengo simpatía por el independentismo zorrocotroco catalán, aunque entienda que tienen, sin duda, sus razones. Pero es que no hay solo dos razones; es que hay muchas.

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Ishiguro: sobre lo fácil que es desperdiciar la propia vida

2 de las múltiples portadas de The Remains of the Day (Kazuo Ishiguro, 1989)

José Pérez de Lama

Leí en tuiter, – o quizás lo soñé porque ahora no lo encuentro – , una declaración de Kazúo Ishiguro con motivo de su premio Nobel en que decía algo así como que había escrito sobre lo fácil que es desperdiciar la propia vida. Y en parte intrigado por aquel tuit me releí su libro creo que más conocido, The Remains of the Day, que en mi primera lectura, hace un par de años, me había gustado, incluso conmovido.

Como muchos sabrán, la novela, más bien breve, tratar de un mayordomo de una gran casa inglesa en el período previo y posterior a la Segunda Guerra Mundial. Este buen señor, Mr Stevens, – creo que no se llega a conocer su nombre de pila -, recuerda su vida a lo largo de un viaje en coche durante los años 50. Ya es mayor y reflexiona, sin que sea algo completamente explícito por su parte, sobre si tuvo una buena vida o no. El nudo de la reflexión para mí son sus cavilaciones sobre la dignidad, que, para él, sería la principal característica que definiría a un buen mayordomo; – como tal que es como se entiende a sí mismo. Lo del mayordomo, la primera vez que empecé a leerlo, me echó un poco para atrás, pero poco a poco se puede ir entendiendo que se trata de una persona como otra cualquiera, o como muchas otras: una persona que se identifica con su trabajo, un trabajo que supone ocupar una posición subalterna dentro de una empresa o institución que lo trasciende, y que quiere hacer este trabajo lo mejor posible, cumplir con esa responsabilidad dentro de la sociedad, que consagra su vida a eso. Como el que dice, soy arquitecto, soy profesor o soy militante de esto o lo otro. Todo esto se cuenta a través de descripciones de la vida cotidiana, de sus relaciones con los diferentes personas de este entorno, de sus conversaciones y sentimientos, y de las reflexiones retrospectivas sobro todo aquello. Se nos presenta como una vida, y eso posiblemente sea el valor literario de la obra. The Remains of the Day, lo que quedaba del día, era lo que hacía tras cumplir con su deber. ¿Por desgracia? eso sí que creo que lo conocemos much*s.

Su idea de dignidad en el cumplimiento de los deberes de su trabajo le supone renunciar a muchas cosas a las que mujeres y hombres suelen dar importancia: el amor, la expresión de los sentimientos, el tiempo libre, el tener unos fines personales propios más allá de los que se asuman como parte del papel de cada cual en la sociedad. El virtuosismo, discreto, en el ejercicio de su trabajo es también parte fundamental de la idea de dignidad Mr Stevens. Y aunque a veces duda de cosas que ocurren en la casa y de formas de hacer de su empleador, su relación con su Lord Darlington es ante todo de confianza, quizás no tanto en él mismo como persona, sino sobre todo en cuanto que encarnación de un cierto orden social y unos valores (eso sí, conservadores). Y en las ocasiones en que piensa que Darlington se equivoca o que sus cálculos a pesar de la buena voluntad no salieron bien, sus sentimientos siguen siendo de lealtad, una cierta indulgencia – cuasi-filial – y compasión. Una compasión que se va revelando también como compasión por sí mismo.

Posiblemente, todos estos sentimientos y emociones así imaginadas nos resulten hoy muy ajenos: desde la dignidad, a la confianza o la indulgencia. Y sin embargo, a la vez, la pregunta sobre qué significaría desperdiciar la vida que nos pueden sugerir, no deja de ser actual. Al menos a mí, me interpela de manera poderosa: tratar de hacer bien tu trabajo, participar con lealtad de las formaciones sociales e instituciones que nos habitan y habitamos, tratar de vivir con dignidad, – experimentando sobre qué pudiera esto significar -, encontrar equilibrios entre la existencia social y la existencia personal, llegar a saber si somos mayordomos o señores… o qué somos. Todo un arte tratar de responder a estas cosas; el arte de vivir.

Quizás… de momento convenga pensar, no ya, si uno está desperdiciando la vida, sino si está desperdiciando algo tan modesto como este sábado de otoño.

Vale.

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Dolores Hayden: feministas materiales; tomar el poder sobre la reproducción social: casa, barrio, ciudad

Carta de Melusina Fay Peirce, 1876, una de las más destacadas material feminists; la carta me llamó la atención como caligrama; fuente: http://www.unav.es/gep/Richmond25.06.1876.html

Traducción beta de: Dolores Hayden, 1982, The Grand Domestic Revolution: A History of Feminist Designs for American Homes, Neighborhoods, and Cities, The MIT Press, Cambridge; pp. 3-6

Materiales para mis clases. Piensa uno que se lee poco a Dolores Hayden. Aquí introduce su libro The Grand Domestic Revolution donde cuenta la historia perdida – al menos hasta que ella la reescribe – de las que llama material feminists, un amplio movimiento que se despliega entre 1860 y 1930 en los Estados Unidos en el que las mujeres se aplicaron a tratar de tomar el poder sobre su propio trabajo y sus propios espacios: casa, barrio, ciudades… Y expresado de otra manera a tratar de tomar el control y hacer valorar el trabajo de reproducción social.

Traducción de José Pérez de Lama. Para TD y PD

Una tradición feminista perdida

Hacer la comida, cuidar a los niños y limpiar la casa, tareas pensadas a veces como “trabajo de mujeres”, que se hacen sin recibir dinero a cambio, en entornos domésticos, han sido siempre una parte principal del trabajo necesario que se hace en todo el mundo. Sin embargo, ninguna sociedad industrial ha resuelto nunca el problema que la división sexual de este trabajo crea a las mujeres. Tampoco ninguna sociedad ha superado los problemas que crea la localización doméstica de estos trabajos, para las amas de casa y para las mujeres empleadas que vuelven de las fábricas y oficinas a un segundo trabajo en la casa. Este libro trata sobre las primeras feministas [1] en los Estados Unidos que identificaron la explotación económica del trabajo doméstico por parte de los hombres como la causa más básica de la desigualdad de las mujeres. Las llamo feministas materiales porque se atrevieron a definir una gran revolución doméstica de las condiciones materiales de las mujeres. Exigieron remuneración económica por el trabajo doméstico no pagado. Sigue leyendo Dolores Hayden: feministas materiales; tomar el poder sobre la reproducción social: casa, barrio, ciudad

Internet…en todas las cosas

Fuente: Francisco Farias Jr / Jesucristo del Nuevo Milenio / PublicDomainPictures.net / CC0 Public Domain


David Patiño

 

En 2007 Ray Algar acuñó el término consumo colaborativo[1] creando una etiqueta y un mantra que se emplea en los discursos de cualquier político que se precie y que quiera aportar una nota de modernidad a su discurso. Igualmente se escriben multitud de informes y descripciones que diseccionan el fenómeno y lo abordan desde el punto de vista laboral, fiscal o medioambiental y desde luego desde el punto de vista tecnológico. Nuevas palabras y expresiones se han agregado a nuestro vocabulario cotidiano como tuitear, guglear o prosumidor para etiquetar multitud de fenómenos relacionados con internet o las nuevas tecnologías, expresión que sigue siendo empleada  con generalidad, a pesar de las décadas transcurridas desde la invención de  internet o los ordenadores personales. Este post pretende reflexionar sobre el significado del fenómeno tratando de describir sus principales implicaciones.

Lo primero que se debe destacar es que es un fenómeno ligado al desarrollo de las tecnologías de la información y sobre todo a internet. Estas innovaciones tecnológicas han producido al menos dos novedades: comunicaciones globales en tiempo real, entendiendo globales desde el punto de vista geográfico pero también desde una perspectiva social, y un abaratamiento en dinero pero también en tiempo, del procesado de cantidades de datos que tienden al infinito, lo cual ha propiciado un acceso generalizado al mismo. A esto podemos añadir aspectos concretos relacionados con los anteriores como la geolocalización, la impresión 3D, el internet de las cosas,…. El resultado ha sido un cambio profundo en la sociedad y en la economía  transformándola en la tan cacareada sociedad de la información. Es decir, el elemento clave de nuestro tiempo es una sociedad que únicamente crea e intercambia información a la que únicamente es necesario  añadir una proporción de materia prima para conseguir cualquier cosa. La producción y la transmisión de información lo es todo en nuestro mundo. Pero a la vez está mediatizada por las características peculiares de la información como mercancía intercambiada en mercados en los que existen los denominados “fallos del mercado”.

En esta nueva sociedad destaca el papel que tiene la confianza. La confianza siempre ha hecho que vayamos a comprar a un puesto de verduras en lugar de a otros y se lograba tras un tiempo de actividad productiva, posibilitando el éxito empresarial. En la sociedad de la información el acceso a la confianza es global y es posible acceder a la valoración de muchas más personas. Se ha abierto la puerta a poner en valor elementos que antes casi no eran comercializables. Esto es una realidad en sectores como la vivienda para alquilar, el transporte, las chapuzas, … Pero como Rachel Bootsman indica[2] ya existen foros digitales de profesionales especializados en los que la confianza reportada en internet tiene más valor que los diplomas de instituciones universitarias de élite.

Internet también está poniendo las bases para la creación de una sociedad de servicios que sustituya a nuestra actual sociedad de posesiones, al provocar una relación diferente con los bienes. Si somos propietarios podemos incrementar el uso de nuestros bienes permitiendo que los usen terceras personas durante el tiempo que tradicionalmente los dejábamos ociosos. También lo vendemos de manera general, cuando ya no nos hace falta a través de wallapop. Pero en realidad, alquilar el uso de un bien colectivo en lugar de adquirir su propiedad no es algo que no se hiciera ya. Básicamente es la situación que se produce cuando nos apuntamos a un gimnasio en lugar de comprar máquinas de hacer abdominales. Está por ver si la próxima generación dejará de comprar bienes duraderos, como los coches, de manera similar a como ya se hace en muchas grandes ciudades. Sundararajan apunta a que la novedad está en la extensión de la confianza a otros ámbitos en los que tradicionalmente no se hacía.

El consumo colaborativo abunda en las ciudades porque la gente quiere compartir estos usos[3]. Internet ha posibilitado extender el consumo comunitario a otros bienes. Las antenas de televisión se compartían tradicionalmente, pero se puede extender a generadores de energía eléctrica y a modernas copisterías que permitan el uso de impresoras 3D para hacerse muebles con materiales locales y baratos, principalmente desechos, a través de una serie de diseños colaborativos como hacen ya los fablabs[4]… Rifkin (2016) predice la muerte del capitalismo por su éxito. Según el autor, la base del capitalismo era la explotación de la eficiencia productiva. La actual sociedad ha podido alcanzar la perfecta eficiencia productiva perfecta y en esa situación es imposible conseguir mejoras tecnológicas que permitan reducir costes que es, según el autor, la base del capitalismo. Llegados a este punto se alcanza una situación de coste marginal nulo incompatible con la subsistencia de este sistema económico.

Esto ha propiciado importantes cambios en el resto de sectores que han afectado a las cosas que se hacen y la forma cómo se hacen. Por un lado, el término economía colaborativa se emplea de modo creciente para etiquetar lo que, en otros ámbitos se denomina economía de plataforma. Engloba transacciones, principalmente entre particulares, que se realizan a través de una plataforma digital que pone en contacto a oferentes y demandantes. Este tipo de intercambios ha existido siempre, pero el cambio en el ámbito en el que opera el intermediario ha cambiado de modo radical. La generalización del acceso a internet ha posibilitado que ofertas de particulares lleguen a potenciales interesados de cualquier parte del mundo. La desaparición del límite geográfico ha ampliado al infinito la demanda potencial que ahora sólo está limitada por el alcance de la plataforma.

No obstante, muchas de estas plataformas etiquetan su actuación de intermediación para esconder su verdadera naturaleza de prestadoras de servicios y así eludir la normativa. Tampoco en este caso nos encontramos con algo novedoso que no hayan hecho, por ejemplo, algunas empresas a través de subcontratas para eludir las condiciones establecidas por convenios colectivos o la administración externalizando servicios,  para hacer lo propio con las regulaciones administrativas. Cabify, Uber o Deliveroo representan ejemplos de este tipo de actuaciones y tendrán que ser los juzgados los que establezcan la frontera.

Otro aspecto que se ha destacado de la economía colaborativa ha sido su carácter de altruista y su capacidad para construir  las bases para una nueva forma de organizar la sociedad y la economía. De este modo, se han generalizado plataformas en las que la contraparte del intercambio no se produce en dinero, sino que adopta la forma de amistad o de intercambio cultural. Plataformas como CouchSurfing o las que organizan trueques o donaciones representan buenos ejemplos. Este tipo de plataformas constituyen una forma de voluntariado, similar, por ejemplo, a los tradicionales intercambios para aprender idiomas, pero introduciendo de nuevo, la novedad de la dimensión potencial que permite lograr internet. Si bien, en el ejemplo concreto de CouchSurfing, la dimensión que adquirió les llevó a abandonar la gratuidad, o por lo menos a intentarlo porque el malestar de sus usuarios no se lo está poniendo fácil.

En general, internet ha modificado toda actividad basada en la intermediación al posibilitar un contacto directo entre personas a gran escala. Este contacto directo ha permitido, en muchos casos, eliminar la necesidad de que exista intermediación de ningún tipo. Pero ha introducido también un aspecto novedoso, en el sentido de que ha permitido que ahora todo pueda ser entendido como una relación entre partes que precisa intermediación. Negocios como las agencias de viajes, los bancos de inversión, discográficas o editoriales entran dentro de la primera categoría. El periodismo es el mejor ejemplo para entender la situación llegando a la situación en la que los medios han sido sustituidos por twitter para seguir un acontecimiento en tiempo real a través de la información creada colaborativamente.

El big data es otro de los fenómenos que está modificando radicalmente nuestra sociedad y que también se basa en el desarrollo de las tecnologías de la información, pues constituye la base del resto de fenómenos comentados que descansan en la creación y procesado de unos cuantos miles de millones de datos. Sin embargo, el bigdata tampoco es totalmente nuevo pues las compañías de seguros ya comercializaban los datos de sus clientes en el siglo XIX. Las innovaciones en el procesado de datos han extendido el uso de enormes bases de datos que ahora son accesibles a casi cualquier institución, e incluso a particulares, que además disponen de equipos y software capaz de gestionarlos. No obstante, la posibilidad potencial está limitada en la práctica al acceso a dichos datos. Frente a eso, las corporaciones GAFA[5] acceden a miles de millones de datos de sus usuarios y creando bases inmensas que constituyen su principal activo. El negocio consiste en obtener y explotar datos de nuestro comportamiento que se consiguen a través de diversas y novedosas vías. Estas grandes corporaciones se han aprovechado de economías de red casi ilimitadas y ahora lo dominan todo al proporcionar el marco en el que se produce buena parte de la comunicación actual. El resultado ha sido la elaboración de bases de muy difícil valoración, entre otras cosas por la falta de transparencia que envuelve la actividad de estas enormes corporaciones. El modelo de negocio genera inquietud dada la ausencia de regulación que no clarifica aspectos básicos como la jurisdicción responsable para realizar reclamaciones, la obligación de tributar, las posibilidades de mercadear con nuestros datos, los peligros para la privacidad o la apropiación de ese valor por parte de estas corporaciones. Actualmente se debate sobre los derechos de propiedad de estos datos e incluso Telefónica considerado que los GAFA se están apropiando de valor creado por otros actores y que el propietario de la infraestructura que posibilita el intercambio de información también debería tener participación, lo que recuerda a la necesidad de que tanto transportistas como usuarios de carreteras paguen impuestos para construirlas. La total deslocalización de un producto de masa totalmente inmaterial constituye un fenómeno completamente nuevo y una necesidad imperiosa de calificarlo jurídicamente como paso previo a ser regulado poniendo límites a algunos de los aspectos considerados. Además, el modelo de negocio adquiere una complejidad creciente. Podemos emplear la industria de extracción de petróleo como paralelismo para entenderlo. El petróleo era muy fácil de extraer a principio del siglo XX en Texas. La intensificación de la extracción ha llevado a que actualmente es necesario hacer prospecciones y excavaciones enormes. Del mismo modo, al principio era relativamente fácil adquirir datos de nuestro comportamiento, poco a poco las GAFA fueron acaparando la mayoría de los mismos y se creó la necesidad de buscar otras vías. Se crearon aplicaciones que nos engancharan al móvil el máximo tiempo posible como los Candy crash, las redes sociales,… En la actualidad, Amazon se plantea obtener datos de nuestra vida offline para lo que ha adquirido una cadena de supermercados con la pretensión de obtener nuestros hábitos de compra de todo tipo o los datos que envían sus drones de envío de paquetes[6]. De igual forma, el internet de las cosas que ya es una vía intensiva para generar multitud de datos. El debate está servido porque el poder de estas compañías les está permitiendo modificar los derechos de propiedad para apropiarse de esta información a costa de nuestra privacidad como muestra la polémica de la aspiradora robótica que mapea y vende los datos de la casa de los usuarios.

Internet también ha modificado el papel de los intermediarios es en el ámbito político y social. Ha facilitado la acción política directa y el debate, pero no ha eliminado la democracia representativa que no parece estar debilitada. No obstante, se ha reducido el coste de que los grupos latentes se transformen en grupos políticos activos, en términos de Olson, propiciando la aparición de movimientos de protesta e incluso revoluciones como la primavera árabe o el 15M. Si bien, se han producido dinámicas que no eran predecibles. Por un lado, buena parte de esa fuerte actividad pública y de protesta se ha desarrollado en un ámbito controlado por un actor privado, principalmente twitter, que puede suspender la actividad de sus usuarios o ser fácilmente controlado por la actividad gubernamental secuestrando o controlando, de manera férrea, los contenidos a los que se puede acceder, como hace China.

El proceso también ha propiciado que la política se vuelque, en modo creciente, hacia las redes sociales y está transformando a los medios tradicionales, prensa escrita y sobre todo televisión, en vías de información de sectores de población que no han sido capaces de acceder al mundo tecnológico. Además, se plantean dudas sobre los efectos que está teniendo el cambio en las relaciones sociales, la información y la política. Parece que los algoritmos en los que se basan los buscadores o youtube podrían primar el radicalismo y dirigir a páginas y blogs radicales cualquier tema en solo dos o tres clicks[7]. También tuvo mucha repercusión la rápida evolución de la inteligencia artificial de Microsoft que se volvió nazi y racista en un día[8], a partir de la simulación de los comportamientos humanos aprendidos en la red, o el papel que las RRSS tuvieron en la victoria de Trump, la amplia difusión de información mentirosa, etc.

La mayor innovación del desarrollo de la tecnología de la información es su incremento. Esa ingente creación de información puede ser un bien comunal que por otro lado, no es un bien público porque no es costoso producirla, dado que el proceso de crearla genera utilidad que puede servir de remuneración e incentivo. Es decir, el proceso genera un bien común con pocos costes de acceso y tendencia a que sean nulos. Wikipedia constituye un buen ejemplo de lo que queremos indicar. La satisfacción de aportar representa incentivo y remuneración suficiente. Linux también representa otro ejemplo. En ambos el coste de acceder a la información se limita a poseer los conocimientos suficientes que permitan usar tales recursos, pero incluso éstos, es posible que se reduzcan en el tiempo, a partir de aportaciones colaborativas que los hagan más accesibles y fáciles. Pero también es la información relevante para el buen funcionamiento de los mercados. En la sociedad de la información se dificulta que un restaurante estafe porque hay mucha más información que es aportada de modo voluntario por la gente, que se remunera por la satisfacción de reportar una crítica. De nuevo el límite (y la alarma) las aporta el marco en el que se hagan estas valoraciones que cuando se realizan en TripAdvisor se encuentran dentro un marco controlado por una empresa privada y, hasta ahora, casi sin regulación.

La última relación que quiero destacar son los efectos que la sociedad de la información pueda tener en el funcionamiento de los mercados. Los sectores más liberales creen que internet puede abrir las puertas a la autorregulación de los mercados pero la evolución de los mercados financieros no lleva a compartir este optimismo, pese a que había muchísima información. Es verdad que en estos mercados se intercambiaban productos muy difíciles de entender, pero es cierto también que por muy complicado que fuera el producto, el mercado podría haber generado información más que suficiente y no lo hizo. De hecho, existe literatura que explica por qué no lo ha hecho[9]. Troncoso indica que en realidad, la información no sólo ha generado consumidores más informados sino que ha propiciado que lo sea también la oferta. El uso del bigdata permite que las empresas tiendan a discriminar de manera perfecta los precios, al conocer características personales de los demandantes que les posibilitan dividir el mercado hasta niveles que antes era únicamente posible desde un punto de vista teórico. Sin embargo, puede ser que se esté generalizando una competencia monopolística extrema caracterizada por unos productos adaptados a las preferencias individuales de los demandantes y en la que la variedad de precios recogería estos monopolios individuales. Por último también se ha apuntado la posibilidad de que las empresas empleen algoritmos que les permitan colusionar de manera automática[10]. La UE alarmó sobre la posibilidad de que los algoritmos permitan vincular automáticamente los precios de las empresas a los de los competidores. El resultado serían situaciones en las que los mercados se comportan como monopolios, incluso en los que existiera un número destacado de oferentes.

 

Notas

[1] http://www.oxygen-consulting.co.uk/insights/collaborative-consumption/

[2]https://www.ted.com/talks/rachel_botsman_the_currency_of_the_new_economy_is_trust?language=es

[3] http://www.observatorio-empresas.vodafone.es/articulos/la-economia-colaborativa-tambien-es-util-para-la-administracion-publica/

[4] Imposible no acordarse del fantástico Fablab de la Universidad de Sevilla cuyo director es José Pérez de Lama (http://fablabsevilla.us.es/).

[5] Acrónimo de Google, Apple, Facebook y Amazon.

[6] http://www.eldiario.es/theguardian/Silicon-Valley-informacion-petroleo-llegar_0_679632156.html

[7] http://www.eldiario.es/theguardian/James-Damore-Google-radicalizacion-YouTube_0_675782932.html

[8] http://www.lavanguardia.com/tecnologia/internet/20160325/40672722377/inteligencia-artificial-microsoft-nazi.html

[9] http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=377134

[10] https://www.wsj.com/articles/eus-antitrust-chief-sounds-alarm-over-risk-of-automated-online-price-collusion-1489662298

Referencias

Rifkin, Jeremy (2016), La sociedad de coste marginal cero, Paidós, Barcelona. (Obra original publicada en 2014).

Un discurso de Lincoln recogido por Kurt Vonnegut & Kilgore Trout


Imagen: Lápida, dibujo de Kurt Vonnegut, quizás de Breafast for Champions, aunque ahora no lo encuentro…

José Pérez de Lama

Estos días leí otra novela más de Kurt Vonnegut, Timequake, que se ha convertido en una de mis preferidas. Vonnegut es/fue, además de literato extraordinario, socialista norteamericano del Mid West (el prólogo de su novela Jailbird, en el que cuenta la masacre de Cuyahoga, la historia de una huelga en Cleveland en 1894, es uno de los textos políticos que más me hayan impresionado nunca). Nacido en los años 20 y muerto en 2007, siempre implicado críticamente, a la vez que con compasión, en lo que ocurría a su alrededor y en el mundo. En Timequake, ya septuagenario hace una especie de balance de su vida, muy bonito. En otra de sus rocambolescas tramas, una de las historias de Timequake es la de su encuentro con su alterego, – heterónimo diríamos si fuera Pessoa -, Kilgore Trout – un escritor (ficticio) de culto para los vonnegutianos. Trout es un desastre de hombre íntegro a la vez que algo furibundo, que escribe sobre todo ciencia ficción, en la onda pulp, cuando no tira a la basura sus escritos recién acabados… Timequake termina con una obra de teatro de Trout, en la que aparecen, entre los teatreros y el público, muchos de los personajes de la vida literaria de Vonnegut… Bastante curioso, como si fuera el sueño de un moribundo a quien vienen a la mente las principales personas e historias de su vida tratándolas de ordenar de alguna manera – aunque como imaginarán los aficionados a Vonnegut, por supuesto, con bastante guasa…

En la obra de teatro aparece Abraham Lincoln, el histórico, otro demócrata del Mid West, dando un discurso que efectivamente dio en su momento, que es el que aquí traduzco. Supongo que Vonnegut lo vería relevante para el año 97-98 que es cuando publica Timequake, y a mi me parece hoy igual de oportuno – y, por otro parte, bello y elocuente como señala Trout, o quizás fuera Vonnegut. Es el discurso de Lincoln cuando sale de Illinois para asumir la presidencia de los EU para la que acaba de ser elegido por primera vez. 1861, por tanto. Dice así:

Nadie que no esté en mi propia situación podrá apreciar mis sentimientos de tristeza en esta despedida. A este lugar, y a la amabilidad de ustedes, lo debo todo. He vivido aquí durante un cuarto de siglo, y he pasado de joven a hombre viejo. Aquí han nacido mis hijos y uno de ellos está aquí enterrado. Me voy ahora, sin saber cuándo o si alguna vez volveré.

He sido llamado a asumir la Presidencia en un tiempo en el que once de nuestros estados soberanos han anunciado su intención de separarse de la Unión, en el que las amenazas de guerra aumentan cada día su ferocidad.

Es un grave deber al que ahora me enfrento. Para prepararme, he tratado de preguntar: ¿qué gran principio o ideal es el que ha mantenido esta Unión durante tanto tiempo? Y creo que no sólo fue una cuestión de la separación de las colonias de la metrópoli, sino aquel sentimiento en la Declaración de Independencia que dio libertad al pueblo de este país y esperanza al mundo. Este sentimiento fue la satisfacción de un antiguo sueño, que los hombres han sostenido a través del tiempo: que algún día podrían sacudirse sus cadenas y encontrar la libertad en la hermandad de la vida. Ganamos la democracia, y ahora está la cuestión de si tendrá la capacidad de sobrevivir.

Tal vez haya llegado el terrible día del despertar, y el sueño se haya terminado. Si fuera así, me temo que se habrá terminado para siempre. No puedo creer que los hombres vayan a tener otra vez la oportunidad que nosotros hemos tenido. Tal vez lo debamos admitir, y conceder que nuestros ideales de libertad e igualdad están en decadencia y condenados. He oído de un monarca del Este que encargó una vez a sus hombres sabios que le inventaran una frase que fuera cierta y apropiada en todo tiempo y situación. Le presentaron las palabras, “Y todo esto también habrá de pasar”.

Este es un pensamiento consolador en tiempos de aflicción – “Y todo esto también habrá de pasar”. Y sin embargo – ¡creamos que no es cierto! Vivamos para probar que podemos cultivar el mundo natural que nos rodea, y el mundo intelectual y moral dentro de nosotros, de forma que podamos asegurar la prosperidad individual, social y política, cuyo curso vaya adelante, y que, mientras que la tierra perdure, no termine nunca… […]

Adiós, mis amigos y vecinos.

Hasta aquí; Kurt Vonnegut, 1998, Timequake, Vintage, Londres, pp. 201-202

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