Del fetichismo de la mercancía al fetichismo de la arquitectura

Imagen: Pasaje de París, hacia 1900; — Walter Benjamin escribió sobre estos pasajes en relación con el fetichismo de la mercancía. Fuente: http://passagesetgaleries.fr/histoire-des-passages/
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Del fetichismo de la mercancía al fetichismo de la arquitectura

José Pérez de Lama / unas notas de trabajo

Si cualquier persona que quiere hacerse una casa o cualquier alcalde que quiere construir algo en su ciudad tiene entre sus primeras preocupaciones tiene la de saber cuánto podría costarle y cómo lo financiaría, ¿cómo es posible que en los carreras de arquitectura, pero también en los libros y revistas preferidos por los arquitectos, estas cuestiones aparezcan como algo más bien secundario; o como algo de lo que se ocupa «alguien» que no se sabe del todo bien quien pueda ser, pero que no es el Arquitecto. Estoy seguro que esto parecerá bastante raro a los no-arquitectos…

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El Proyecto Fin de Carrera presentado durante los años de la crisis en la Escuela de Arquitectura de Sevilla por el hoy arquitecto José Luis Carcela [1] abordaba este asunto. El tema propuesto por los profesores de aquel tribunal, ajenos quizás a estas cuestiones mundanas de los presupuestos y la viabilidad económico-financiera, consistía en el proyecto de una nueva Escuela de Arquitectura en Sevilla. La propuesta de Carcela, que sí era consciente de la burbuja y la pre-crisis porque tenía que ponerse a buscar encargos una vez que aprobara, fue la de dedicar el 80-90 por ciento de su trabajo al diseño de una plan económico-comercial para hacer real su proyecto; un plan que pasaba por vender el solar de la actual escuela ubicada en un lugar relativamente céntrico, montar una industria ganadera – de jamones ibéricos para más señas – en Zalamea la Real (Sierra de Huelva), su pueblo natal, con cuyos beneficios, finalmente, alquilar y acondicionar unos locales disponibles en el mercado, o quizás un barco amarrado en el muelle, — parte final del proyecto a la que dedicaba el 10 por ciento restante del trabajo. Por oposición al realismo cínico de Carcela cabría definir el «fetichismo de la arquitectura»; por analogía, obviamente, con la célebre idea del fetichismo de la mercancía propuesta por Marx.

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En primera aproximación este fetichismo de la arquitectura podría definirse como la actitud de considerarla, la arquitectura, como un producto entre lo artístico y lo técnico, con una fuerte componente intelectual, y claramente separado de los aspectos concretos, sociales y económicas de su producción. En ocasiones la actitud puede rayar en un cierto misticismo, incluso.

Marx originalmente proponía su idea del fetichismo para explicar la mistificación que se produce en las sociedades capitalistas en torno a la mercancía. El fetichismo era un término de moda en su época, relacionado con las religiones primitivas. En su caso, denotaba la fascinación que sentirían los habitantes de París o Londres de mediados del siglo XIX ante la multiplicación de mercancías en los pasajes «benjaminianos» y en los grandes almacenes y que velaba o escondía otros aspectos tal vez más críticos o más relevantes de la mercancía. [2] Sería una fascinación muy parecida a la que podemos seguir sintiendo por el último modelo de teléfono móvil, la nueva oferta de vacaciones o el  servicio recién lanzado por Amazon.

Lo que para Marx quedaba velado por esta fascinación, oculto, difícilmente visible, era la condición de relación social o de «relación entre personas», — el carácter de producto de una ciertas relaciones de producción, de la explotación del trabajo por parte del capital, en definitiva. En su lenguaje en ocasiones críptico, decía que el fetichismo nos hace creer que se trata de una relación entre cosas lo que en realidad es una relación entre personas. Y aún así conviene recordar, como explica con brillantez David Harvey, la idea marxiana no afirma que el poder fetichista de la mercancía sea algo infundado o sin sentido, sino que lo que afirma es algo que funciona como un velo que dificulta ver una realidad o un proceso con mayor profundidad o discernimiento. El poder del fetichismo es que en cierta medida responde a algo que es verdadero. [3]

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La analogía con la arquitectura resulta bastante inmediata: la fascinación que produce su presencia para los espectadores y la complejidad y el esfuerzo de su producción técnica, material y artística para sus constructores vela o esconde otros aspectos de su propio proceso de producción; Marx dixit, su condición de (producto de una) relación social, entre personas, entre capital y trabajo – (y quizás también recursos varios no tan inmediatamente reductibles ya a los dos principales).

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Sin duda resulta comprensible, dado el esfuerzo y el conocimiento y la práctica necesarios para el proyecto y la construcción de un edificio, cuando no de una parte de la ciudad, que los arquitectos digan, «Yo soy un técnico, o un artesano o un artista, que no debería meterse en política, – y que se mete en temas económicos lo justo y necesario para poder ejercer su profesión».

Por supuesto que es cierto que una sociedad necesita de buenos profesionales, con oficio y experiencia, centrados y satisfechos con el ejercicio de su profesión; que son extraordinariamente importantes. Pero también es cierto, como me parece que dicen en los juicios, – allí creo que dicen en ocasiones algo así como «¿no es más cierto?» – que no querer preguntarse más allá , como podríamos pensar que ocurrió con muchos profesionales durante el «tsunami urbanizador» (véase por ejemplo, Fernández Durán 2006), la burbuja inmobiliaria por otro nombre, significa ser cómplice, en cierta medida, de que ciertas cosas funcionen tal como lo hacen. Parece legítimo, en cualquier caso, que algunos arquitectos, en tanto que agentes que participan en la producción de la ciudad, traten de conocer mejor el sistema o la máquina de la que forman parte; y que traten incluso de transformarla.

Quizás cabría desear lo siguiente: no dejar de ser fetichistas, pero ser capaces, simultáneamente, según lo demande la ocasión, de ver y de situarnos más allá o más acá del fetichismo.

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En ciertas ocasiones he probado la siguiente imagen: ver más allá o a través del fetichismo se asemeja a mirar el mundo con rayos X; – a veces es del mayor interés, otras, la mayoría, resulta incómodo y desasosegante; salvo por el placer de conocer mejor el mundo; y quizás de pensar en cómo enderezar algún que otro entuerto;—-encontrar el enfoque adecuado para cada situación y la justa medida de nuestras miradas, será, como tantas cosas, cuestión de una sabia composición de-oficio-y-de-arte.

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A uno también le gusta pensar, que como decía el viejo Iggy Pop – Oh baby, what a place to be / In the service of the bourgeoisie … – aún habrá jóvenes y menos jóvenes a los que ponerse al servicio de la burguesía no les parezca la alternativa de futuro o de presente más emocionante. Esta es la estrofa completa:

Oh baby, what a place to be
In the service of the bourgeoisie
Where can my believers be
I want to jump into the endless sea.

Iggy Pop, 1979, The Endless Sea (New Values)

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Salud.

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#notas

[1] José Luis Carcela fue un estudiante muy popular y querido durante sus años de  en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, años 90 y principios de 2000, siendo también conocido durante aquella época por el sobrenombre del Habitante del Afuera, o más sencillamente El Habitante. La interpretación de aquel proyecto suyo que se hace aquí podría ser un poco libre pues se hace de memoria en tanto que «leyenda urbana».

[2] Marx da suficiente importancia a esta idea como para que aparezca en el primer capítulo del Capital, en el que se introduce su concepto de mercancía: Libro I, capítulo 1, sección D), apartado 4: El carácter fetichista de la mercancía y su secreto (en la edición de Akal de 2007) __ otro día igual lo reproduzco aquí completo.

[3] Harvey comenta en detalle las anteriores páginas de Marx en su estudio sobre El Capital (A Companion to Marx’s Capital, 2010, pp 38-47), pero vuelve sobre el asunto diría que con una cierta frecuencia, como lo hace en  la introducción de Seventeen Contradictions, 2014, pp. 4-7, aportando interesantes nuevos matices. Reproduzco aqui algunas líneas (con mi propia traducción): «Con fetichismo se refería Marx a las diversas máscaras, disfraces y distorsiones de lo que sucede realmente en torno a nosotros. “Si todo fuera tal como aparece en la superficie,” escribía Marx, “no habría necesidad de ciencia.” Necesitamos ir más allá de las apariencias superficiales si queremos actuar en el mundo coherentemente. Si no, actuar en respuesta a los signos superficiales equívocos  típicamente produce resultados desastrosos […]», etc.

#referencias

Karl Marx, 2007 [1867], El Capital. Crítica de la economía política. LIbro I, Akal, Madrid

David Harvey, 2010, A Companion to Marx’s Capital, Verso, Londres

____, 2014, Seventeen Contradictions and the End of Capitalism, Profile Books, Londres

Lo del fetichismo de la arquitectura es algo que vengo discutiendo en clase desde hace unos años…

El texto que cito del añorado Ramón Fernández Durán (2006): El tsunami urbanizador español y mundial, disponible en: https://www.nodo50.org/ramonfd/tsunami_urbanizador.pdf

La referencia a Walter Benjamin es a su libro obra inconclusa que se suele llamar los Pasajes, en inglés editada recientemente como The Arcades Project.

Deseo de parecerse a David Hume

Imagen: Plano de proyecto de la New Town de Edimburgo, James Craig, 1768. Alli, en la calle St, David, se hizo una casa David Hume, en la que vivió durante la última etapa de su vida. Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/New_Town,_Edinburgh _ Para arquitectxs: entre los amigos de Hume se contaba el arquitecto neoclásico Robert Adam, a quien también se considera miembro de la Ilustración Escocesa.

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Deseo de parecerse a David Hume…

Let no Quarter be given, but to those of sound Understandings and delicate Affections; and these Characters, ‘tis to be presum’d, we shall always find inseparable. David Hume, 1742, Of Essay-Writing —-(No demos cuartel, sino a aquellos de buen entendimiento y delicados afectos; y estos caracteres, tenemos que presumir, siempre habremos de encontrarlos juntos).

José Pérez de Lama

Leí algunas cosas sobre David Hume (1711-1776), de su obra, su vida y su muerte, y comencé a pensarlo como un gran modelo humano al que aspirar a parecerse —- o parecerme, más que nada como ideal u horizonte: inteligente, dedicado al pensamiento y la literatura, amable y en apariencia, según unos y otros, moderadamente contento con su vida.

Por situar un poco más la figura: estos días, empiezo a leer con entusiasmo – a ver cuánto dura – una introducción a la filosofía de David Hume (Garrett, 2015, Hume). En la introducción el autor afirma que Hume suele ser considerado como el más importante filósofo en lengua inglesa, y también, en ocasiones, como uno de los cuatro principales filósofos de la historia, – con Platón, Aristóteles y Kant. Supongo que en cuanto a esto habrá múltiples opiniones, claro, pero a mi me sirve de una cierta referencia acerca de su importancia.

Continuando con la intro del Garrett, ésta atribuye parte de la importancia de Hume a ser uno de los filósofos que participa en la elaboración de las bases de las siguientes orientaciones filosóficas:

* Empirismo —- el intento de permitir que la observación dicte el contenido de la teorización, en lugar de permitir que la teorización previa dicte la interpretación de las observaciones (empirismo metodológico) y de trazar el significado de todos los conceptos a un origen en la experiencia (empirismo de los conceptos).

* Naturalismo —- la búsqueda de explicaciones sin invocar entidades (tales como deidades, o entidades universales o abstractas), propiedades (tales como valores o significados básicos explicatorios) o acontecimientos (tales como milagros o actos incausados de libre voluntad) que estén fuera del alcance de las leyes naturales o de la investigación científica de la naturaleza.

* Escepticismo —- duda o disminución de la creencia; la recomendación de la duda o disminución de la creencia; o negar o minimizar el mérito epistémico de la creencia (esto es, del valor derivado de la verdad o la probabilidad de verdad procedente de la creencia).

Las definiciones son las del libro que cito traducidas para la ocasión.

Deleuze también tiene un libro sobre Hume (Empirismo y subjetividad), lo que para mí, es una buena señal. Por lo poco que se aún, encuentro muchos rasgos de Hume en Deleuze, a quien conozco mejor. Cabe recordar que hasta los 50 años o así, Deleuze fundamentalmente escribió libros con su interpretación de los filósofos y pensadores que contribuyeron a construir su pensamiento (más o menos por este orden cronológico: el propio Hume, Nietsche, Kant, Proust, Bergson, Spinoza… más tarde, Kafka, Francis Bacon… Foucault, Leibniz…)

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Mi atracción hacia Hume, en cualquier caso, viene de diversas lecturas anteriores. Primero de un libro titulado Gente peligrosa (Blom, 2012), que cuenta la historia de lo que su autor llama la Ilustración radical, fundamentalmente en París, pero es que por allí apareció durante algunos años Hume, siendo muy querido y admirado por Diderot y compañía. La otra lectura es un libro del que ya comenté en este blog, que narra la amistad intelectual entre Hume y Adam Smith, que fueron los dos personajes más destacados de lo que se llama la Ilustración Escocesa (Rasumussen, 2017, The Infidel and the Professor…). El hecho de que una ciudad, o región poco central y relativamente pequeña, – Edimburgo y Glasgow – se constituyera en un foco de gran importancia en la civilización por venir no deja de maravillarme y complacer mi escepticismo acerca de las súper-metrópolis. Es otra de las razones de mi admiración y cariño por Hume, ¡claro! En este segundo libro fue donde leí por primera vez la carta que Adam Smith escribe al editor de Hume inmediatamente tras su muerte, carta en la que describe a su amigo. Es esta descripción, más que la obra de Hume que aún conozco muy poco o casi nada, la que me hace pensar en que se trataba de una persona digna de ser tomada como modelo…

Otro gran personaje de la tribu epicúrea tal vez pudiera decirse…

Reproduzco aquí algunos fragmentos, de los que como trato de hacer mi propia traducción. La versión original en inglés es especialmente bonita; se adjunta al final junto con las diversas referencias usadas. Smith concluye la carta en que habla de su amigo diciendo que siempre había considerado que Hume se aproximaba a la idea de hombre sabio y virtuoso tanto como la fragilidad de lo humano pudiera llegar a permitir… ¡Un buen amigo!

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CARTA DE ADAM SMITH, LL.D.
A WILLIAM STRAHAN, ESQ.
Kirkaldy, Fifeshire, 9 de nov. de 1776

Estimado Señor:

Con gran placer, aunque verdaderamente melancólico, me siento para darle cuenta del comportamiento de nuestro excelente amigo, Mr Hume, durante su enfermedad final. […]

Aunque Mr Hume hablara con jovialidad de la disolución a la que se aproximaba, nunca afectó hacer una exhibición de su magnanimidad. Nunca mencionaba el tema salvo cuando la conversación naturalmente llevaba a ello, y nunca se extendió sobre la cuestión más de lo que la conversación hiciera necesario: era un asunto que en efecto salía con bastante frecuencia, como consecuencia de las preguntas que sus amigos, que venían a verle, hacían naturalmente a cuenta de su estado de salud. […]

Así murió nuestro más excelente amigo a quien nunca olvidaremos: acerca de sus opiniones filosóficas, los hombres, no cabe duda, juzgarán de manera diversa, cada cual alabándolas o condenándolas, según puedan coincidir o diferir de las suyas; acerca de su carácter y su conducta, sin embargo, habrá muy escasas diferencias de opinión. Su temperamento, en efecto, parecía el más felizmente equilibrado, si se me permite la expresión, de entre todos los hombres que uno haya nunca conocido.

Incluso en los más desafortunados momentos de su vida, su gran y esencial frugalidad nunca le impidieron ejercer, en las ocasiones apropiadas, actos de caridad y generosidad. Era una frugalidad que no se basaba en la avaricia sino en el amor por la independencia. La extrema gentileza de su naturaleza nunca debilitó ni la firmeza de su mente ni la solidez de sus resoluciones. Su constante amabilidad era la genuina efusión de la bondad y el buen humor, atemperada por la delicadeza y la modestia, y sin el menor rastro de malignidad, que con tanta frecuencia es la desagradable fuente de lo que suele llamarse ingeniosidad en otros hombres. Sus bromas nunca pretendían mortificar; y así, lejos de ofender, raramente dejaban de agradar y divertir, incluso a aquellos que eran objeto de ellas.

Para sus amigos, que eran frecuentemente el objeto de sus bromas, no había quizás ninguna otra de sus grandes y amistosas cualidades que contribuyera a hacer más querida su conversación. Y esa alegre animación de su carácter, tan agradable en sociedad, pero que tan a menudo está acompañada de cualidades frívolas y superficiales, en él se encontraba asistida por la más sobria corrección, el más extenso conocimiento, la mayor profundidad de pensamiento y una gran capacidad en todos los sentidos.

En resumen, siempre he considerado que Mr Hume, tanto durante su vida como después su muerte, se aproximaba a la idea de un hombre perfectamente sabio y virtuoso, tanto, quizás, como la fragilidad de la naturaleza humana pueda llegar a permitir.

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Nota: Cabe añadir como detalle informativo, que en un tiempo aún muy religioso Hume ejerció activamente durante su vida como ateo o agnóstico y que existía una gran curiosidad entre sus críticos por saber cómo se enfrentaría a la muerte. Según cuentan sus biógrafos, la carta de su amigo Adam Smith trataba, entre otras cosas, de responder a esta curiosidad. Sigue la versión original en inglés.

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LETTER FROM ADAM SMITH, LL.D.
TO WILLIAM STRAHAN, ESQ.
Kirkaldy, Fifeshire, Nov. 9. 1776

Dear Sir,

It is with a real, though a very melancholy, pleasure that l sit down to give you some account of the behaviour of our late excellent friend, Mr. Hume, during his last illness. […]

But, though Mr. Hume always talked of his approaching dissolution with great cheerfulness, he never affected to make any parade of his magnanimity. He never mentioned the subject but when the conversation naturally led to it, and never dwelt longer upon it than the course of the conversation happened to require: it was a subject indeed which occurred pretty frequently, in consequence of the inquiries which his friends, who came to see him, naturally made concerning the state of his health. […]

Thus died our most excellent, and never to be forgotten friend; concerning whose philosophical opinions men will, no doubt, judge variously, every one approving, or condemning them, according as they happen to coincide or disagree with his own; but concerning whose character and conduct there can scarce be a difference of opinion. His temper, indeed, seemed to be more happily balanced, if I may be allowed such an expression, than that perhaps of any other man I have ever known.

Even in the lowest state of his fortune, his great and necessary frugality never hindered him from exercising, upon proper occasions, acts both of charity and generosity. It was a frugality founded, not upon avarice, but upon the love of independency. The extreme gentleness of his nature never weakened either the firmness of his mind, or the steadiness of his resolutions. His constant pleasantry was the genuine effusion of good-nature and good humour, tempered with delicacy and modesty, and without even the slightest tincture of malignity, so frequently the disagreeable source of what is called wit in other men. It never was the meaning of his raillery to mortify; and therefore, far from offending, it seldom failed to please and delight, even those who were the objects of it.

To his friends, who were frequently the objects of it, there was not perhaps any one of all his great and amiable qualities, which contributed more to endear his conversation. And that gaiety of temper, so agreeable in society, but which is so often accompanied with frivolous and superficial qualities, was in him certainly attended with the most severe application, the most extensive learning, the greatest depth of thought, and a capacity in every respect the most comprehensive.

Upon the whole, I have always considered him, both in his lifetime and since his death, as approaching as nearly to the idea of a perfectly wise and virtuous man, as perhaps the nature of human frailty will permit.

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#referencias

Inglés, David Hume, 1777 (publicación póstuma), My Own Life:
https://davidhume.org/texts/mol/

Inglés, carta completa de Adam Smith, 1776:
https://delong.typepad.com/sdj/2013/10/adam-smith-on-the-death-of-david-hume-wednesday-hoisted-from-other-peoples-archives-weblogging.html

Texto de Hume, My Own Life. y carta de Smith, traducidas en otra versión:
http://www.elboomeran.com/upload/ficheros/noticias/claves179tfierro2.pdf

Philipp Blom, 2012, Gente peligrosa. El radicalismo olvidado de la Ilustración europea, Anagrama, Barcelona

Denis C. Rasmussen, 2017, The Infidel and the Professor. David Hume, Adam Smith, and the Friendship that Shaped Modern Thought, Princeton University Press, Princeton

El fragmento seleccionado es el presentado aquí:

Garret, 2015, Hume, Routledge (serie Routledge Philosophers), Abingdon & Nueva York

Sobre la brevedad en el hablar y el escribir (notas de Toni Morrison y Montaigne)

Imagen: La carga de la caballería roja es un cuadro del pintor Kazimir Malévich, realizado entre 1928 y 1932. Fuente: Wikipedia.

José Pérez de Lama

Desde hace un tiempo pensando sobre escribir de manera más breve y directa. Los amigos y lectores de este blog igual se sonreirán… Aquí algunas reflexiones sobre el asunto espigadas recientemente entre mis lecturas. Resulta curiosa la coincidencia en ciertas cosas de autores aparentemente tan alejados la una del otro: Toni Morrison, la escritora estadounidense afroamericana, premio Nobel, que murió recientemente; y Michel de Montaigne citando a clásicos varios.

* Sirva también de práctica de inglés al ir traducciones al español/castellano junto con mis fuentes en inglés (en azul).

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Toni Morrison, de la entrevista en la Paris Review, de la serie The Art of Fiction (núm, 134, 1993)
https://www.theparisreview.org/interviews/1888/toni-morrison-the-art-of-fiction-no-134-toni-morrison

En Jazz (una de sus novelas), quería transmitir la sensación que transmite un músico —- que tiene más pero que no te lo va a dar. Es un ejercicio de contención, de retenerse —- no porque no esté ahí, o porque una lo haya agotado, sino por la riqueza, y porque puede hacerse otra vez. Este sentimiento de saber cuándo parar es algo aprendido y no siempre lo tuve. No fue, probablemente, hasta después de escribir Song of Solomon que llegué a sentir la suficiente seguridad como para experimentar lo que significaba ser frugal, ahorrativa, con las imágenes y las palabras y lo demás. Cuando escribía Jazz era muy consciente de que estaba tratando de fundir aquello que es planificado y artificial con la improvisación. Sigue leyendo Sobre la brevedad en el hablar y el escribir (notas de Toni Morrison y Montaigne)

Comentario Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización


Escena bobo con libro.

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Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización

José Pérez de Lama, versión beta

Comentario de: Christophe Guilluy, 2019, No society. El fin de la clase media occidental, Taurus, Barcelona

Leí estos días No society, el libro de Guilluy, geógrafo (aunque también me parece sociólogo) francés que viene recibiendo una cierta atención en los medios por las tesis o hipótesis que se presentan en este volumen y en otro anterior. Éste, me ha parecido en efecto bastante interesante; aunque más en el análisis que propiamente en las conclusiones y propuestas.

El interés por Guilluy viene de lo que viene planteando para explicar el movimiento de los gilets jaunes en Francia y más en general lo que pueden llamarse populismos de derecha (Le Pen en Francia; que en este nuevo libro extiende a nuevos ámbitos: Trump en EEUU, el Brexit en RU, y algún comentario más puntual sobre Italia, Grecia, España o Cataluña).

Señalaré a continuación tres o cuatro ideas que me llamaron más la atención. Sigue leyendo Comentario Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización

El tema de las pasiones alegres en los movimientos sociales pre-15M (y alguna cosa más)

Retrato de Baruch Spinoza de autor desconocido, hacia 1665. Fuente: Wikipedia.

 

José Pérez de Lama _ versión beta

Me pide un buen colega y amigo que le recuerde un poco sobre esto de las pasiones alegres. Ésta era una idea frecuente en los movimientos sociales de la primera década del siglo – y sí, aunque algunos no lo sepan, había potentes movimientos en aquellos años, que plantearon o reelaboraron la mayor parte de los temas que hoy son mainstream: de la precariedad a los conflictos de la digitalización, al feminismo al derecho a la ciudad a las migraciones a la globalización… En fin, batallitas aparte, esto de las pasiones alegres, recuerdo y serían quizás más personas, a Javier Toret hablando del asunto, entonces uno de los impulsores del Centro de Iniciativas 1.5 de Málaga, posteriormente Casa Invisible. El concepto o la idea de origen spinoziana, se enunciaba como que era necesario construir el movimiento y nuestras propias relaciones dentro de éste en torno a pasiones alegres, — y no a pasiones tristes como había llegado a ser propio de los movimientos y sobre todo de las organizaciones activistas y políticas precedentes. Sigue leyendo El tema de las pasiones alegres en los movimientos sociales pre-15M (y alguna cosa más)

¿Y usted nunca quiso ser catedrático? No, yo siempre fui camarero…

Reseña (más personal que académica, y con algo de guasa, pero espero que con cariño) del libro Arquitectura y crítica, de Josep María Montaner (Gustavo Gili, 2014 — tercera edición revisada; primera edición de 1999).

Por José Pérez de Lama

Chiste viejo: Escena de barra de bar clásico, noche avanzada; ya sólo quedan el barman y un cliente, elegante pero desgastado. El cliente le pregunta al camarero con tono melancólico y confidencial, «Pepe, ¿usted se enamoró alguna vez?» Y Pepe le contesta, «No, don Manuel, yo siempre fui camarero».

El otro medio chiste o broma del que me acordé tras leer el libro, – el libro en cualquier caso me gustó mucho -, es uno, creo que se atribuye a Mark Twain, aunque repetido con variaciones en diversas ocasiones: I have never let my schooling interfere with my education. Una variante de George Bernard Shaw: From a very early age, I’ve had to interrupt my education to go to school. Y la de Einstein, que parece usar educación en el sentido opuesto al usado por Twain y Bernard Shaw: The only thing that interferes with my learning is my education.

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El libro, Arquitectura y crítica, de Josep María Montaner, es estupendo, lo dejo claro para empezar. Es un libro para arquitect*s y relacionados, eso sí; — aunque los comentarios que haré mas adelante serán más generales, sobre los cánones de conocimiento y sobre qué imagino que sea ser catedrático. En fin que como siempre he mezclado un poco varias cosas. Sigue leyendo ¿Y usted nunca quiso ser catedrático? No, yo siempre fui camarero…

Imaginando el futuro tras la catástrofe climática – William Gibson en “Peripheral”

Imagen: ¿No Future? Pegatina / sticker de 1977; diseño de james Reid / Sex Pistols; fuente: https://www.beatbooks.com/pages/books/37921/the-sex-pistols/no-future-maximum-penalty-5-sex-pistols-gummed-sticker-c-january-1977

“Ya le he contado del malestar y la confusión que producen el viajar en el tiempo.” H.G. Wells; epígrafe que encabeza la novela de W. Gibson.

Introducción y traducción de José Pérez de Lama

El próximo viernes 27 de septiembre hay convocatoria global – incluida Sevilla – para llamar la atención sobre el cambio climático. Con ese motivo, y también, porque me ha gustado mucho el libro, traduzco un capítulo de Peripheral, creo que la última novela de William Gibson (2014), en que se presenta un interesante y a mi juicio bastante verosímil escenario de catástrofe climática y de cómo podría ser mundo, más bien distópico, que surgiera después.

La novela, y trato de no hacer spoiler, va de viajes en el tiempo entre unas fechas próximas a las actuales y finales del siglo XXI; la acción se va configurando poco a poco hasta irse centrando en cómo los personajes del futuro tratan e evitar su propio presente… en fin… y más en particular en sus aspectos eco-tecno-sociales… El final… no cuento más, es más interesante que en los armagedones típicos de otras novelas del género…

En la escena que sigue están hablando dos de los personajes principales, por un lado Flynne Fisher, habitante de nuestro presente, más o menos, y Wilf Netherton, nativo del futuro, pero que está tele-tempo-presente en su pasado. Wilf está explicando a Flynne lo que llaman el Jackpot, la catástrofe climática. Jackpot, significa algo así como “cuponazo” o premio gordo de la lotería… típicamente en Gibson sugiere el espíritu de casino que parece qie nos está llevando por el camino del cambio climático.

Quizás sea lioso el tema del tiempo en el texto que traduzco: hay fundamentalmente tres momentos que se deben tener en cuenta: el presente de Flynne, más o menos 2020 o 2025, el presente de Wilf (posterior al Jackpot, hacia 2090 o 2100, y el tiempo del Jackpot, la etapa más crítica de la catástrofe climática, que estimaría sobre 2050-60).

Referencia: William Gibson, 2014, Peripheral, Penguin; pp. 319-22

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El Jackpot

[…] Y entonces empezó a explicarle lo que llamaba el Jackpot.

Y lo primero de todo es que no había sido una sola cosa. Que fue algo multicausal, sin un comienzo en particular y sin un final. Más un clima que un acontecimiento, no como en las típicas historias apocalípticas en las que hay una gran catástrofe, después de la cual todo el mundo sale con armas […] o tras la que son devorados vivos por algo causado por la catástrofe. Nada parecido.

Fue algo androgénico, dijo, y ella sabía de [los programas de] Ciencia Loca y del National Geographic que significaba causado por la gente. No es que hubieran sabido lo que estaban haciendo, que lo hubieran hecho a posta, que hubieran querido crear los problemas, pero los causaron de todas maneras. Y fue en efecto el propio clima, el tiempo, debido a que había demasiado carbono, lo que impulsó muchas de las cosas. El que siempre fuera a peor y nunca a mejor, y que se considerase normal que fuera así, – algo que estaba pasando. Porque la gente en el pasado, que no tenía ni idea de cómo aquello funcionaba, se lo cargó todo, no fueron capaces de organizar cómo hacer algo, incluso cuando ya sabían que estaba pasando, y luego, ya, pues era demasiado tarde.

Así ahora, en su propio tiempo, dijo, se dirigían hacia algo desastrosamente malo —- androgénico, sistémico, complejo, más o menos lo que ella ya sabía, y se imaginaba que todo el mundo sabía, salvo la gente que aún decía que no estaba pasando, – una gente que de todas formas lo que estaba esperando era la Segunda Venida. Miró a través del césped plateado, que León había segado con la cortadora manual, la que tenía el marco de hierro fundido sujeto con una cable, las sombras de la luna, más allá de las tablas y el resto de un baño de pájaros hecho en hormigón que solían pretender que era el castillo del dragón, mientras que Wilf le contaba que aquello mató al 80 por ciento de todos los humanos, a lo largo de unos cuarenta años.

Y mientras lo escuchaba, se preguntaba a sí misma si tenía algún sentido, verdaderamente, que te contaran algo así. Algo que estaba en su pasado y en tu futuro.

¿Que hicieron, le preguntó, su primera pregunta desde que Wilf había empezado la historia, con todos los cuerpos?

Lo típico, dijo, porque no fue todo a la vez. Después, durante un tiempo, nada, y más más tarde los ensambladores. Los ensambladores, nanobots, llegaron más tarde. Los ensambladores hicieron además cosas como excavar y limpiar los ríos de Londres que se habían cegado, una vez que terminaron de limpiar los muertos tirados por todas partes. Habían hecho todo lo que ella había visto en su camino a Cheapside [n. del t: una excursión por el Londres del futuro que sucede previamente en la novela]. Habían construido la torre donde había visto a la mujer prepararse para la fiesta y luego ser asesinada, habían construido todas las otras torres de la retícula de lo que él llamaba los shards, y habían cuidado de todo aquello, en su propio tiempo – el de Wilf – tras el Jackpot.

Sentía que a Wilf le hacía daño hablar de aquello, pero adivinaba que ni él mismo sabía cuánto o cómo le dolía. Se daba cuenta de que no solía contar demasiado la historia, quizás nunca la había contado. Él dijo que gente como Ash habían convertido aquello en el centro de su vida. Se vestían de negro y llenaban sus cuerpos de marcas, pero era más por las otras especies, la otra gran extinción, que por el 80 por ciento [n. del t.: Ash, otro de los personajes de la novela, lleva tatuajes por todo el cuerpo con muchas de las especies desaparecidas en la última gran extinción].

No hubo cometas chocando con la Tierra, nada que se pudiera realmente llamar una guerra nuclear. Solamente todo lo demás, enredado en el cambio climático: sequías, escasez de agua, cosechas perdidas, la desaparición de las abejas como ya casi ocurre hoy, el colapso de otras especies clave, hasta el último predador alfa desaparecido, los antibióticos haciendo incluso menos de la que ya hacían, enfermedades que nunca llegaron a ser la gran pandemia pero suficientemente grandes para ser acontecimientos históricos en sí mismas. Y todo aquello alrededor de la gente: cómo era la gente, cuánta gente había, cómo cambiaba las cosas simplemente estando allí.

Las sombras sobre el césped eran agujeros negros, sin fondo, o como si se hubiesen sido cubiertas con terciopelo, perfectamente lisas.

Pero la ciencia, dijo, había sido la carta imprevista, el giro. Con todo hundiéndose en una foso de mierda cada vez más profundo, la historia misma convertida en un matadero, la ciencia empezó a surgir aquí y allá. No de una sola vez, no como una única cosa heroica, pero empezaron a usarse fuentes de energía más limpias y baratas, maneras más eficaces de retirar el carbono del aire, nuevos fármacos que hacían lo que los antibióticos habían hecho anteriormente, nanotecnología que era algo más que pintura de coche que se auto-reparaba o patrones de camuflaje que se movían en una gorra. Formas de imprimir comida que para empezar desperdiciaban mucho menos comida real. Así que todo, aunque en general estuviera en un estado profundamente catastrófico, iba siendo iluminado progresivamente por lo nuevo, por cosas que llamaban la atención de la gente, a la vez que el resto seguía empeorando, en el foso cada vez más profundo. Un progreso acompañado por constante violencia, dijo, por inimaginables sufrimientos. Notó como pasaba por encima de este tiempo, saltando al futuro en que él mismo vivía, rápido, evitando describir lo peor de lo sucedido, de lo por suceder.

Flynne miró la Luna. Habría tenido ese mismo aspecto, imaginó, a lo largo de las décadas que Wilf le había esbozado.

Todo aquello, dijo, no había sido necesariamente tan malo para los muy ricos. Los más ricos se habían hecho aún más ricos, quedando menos para poseer lo que fuera que hubiese. Las constantes crisis habían supuesto constantes oportunidades. En el momento de catástrofe más profunda, con la población radicalmente reducida, los supervivientes se beneficiaron de menos carbono vertido en el sistema, y el que aún se producía era comido por esas torres que construyeron, que esa era la otra cosa que hacían las torres que Flynne había patrullado [n. del t.: episodio con el que comienza la novela, y en el que se inician los viajes en el tiempo], no sólo eran donde vivían los ricos. Y esto, para ellos, los supervivientes, fue como esquivar la bala.

“¿La bala era el ochenta por ciento, los que murieron?”

Asintió simplemente […] y siguió, con como Londres, que desde hacía tiempo ya era el hogar de todos los que eran amos del mundo y que no vivían en China, fue la primera en resurgir, sin haber llegado a caer nunca del todo.

“¿Y qué pasó entonces con China?”

[…] “Fueron los primeros en empezar,” dijo.

“¿En empezar con qué?”

“En empezar con cómo iba a funcionar el mundo tras el Jackpot. Esto es todavía, por lo menos en apariencia, una democracia. La mayoría de los supervivientes con poder, considerando el Jackpot, y sin duda su propia posición, no querían nada de esto. Es más, le echaban la culpa.”

“¿Quien manda entonces?”

“Oligarcas, corporaciones, neomonárquicos. Las monarquías hereditarias ofrecían unas convenientes estructuras familiares. Esencialmente feudales, de acuerdo con sus críticos. Tal como son.”

“¿El rey de Inglaterra?”

“La City de Londres,” dijo. “Las confederaciones de la City. En alianza con gente como el padre de Lev. Con la ayuda de gente como Lowbeer” (n. del t: el padre de Lev: oligarca-cleptócrata de origen ruso; Lowbeer: una jefa del Scotland Yard ultratecnológico del futuro).

“¡El mundo está funny!” Se acordó de Lowbeer usando aquella expresión.

“Los klept,” dijo él sin entender a Flynne, “¡no tienen maldita la gracia!”