If you can’t dance, it’s not my algorithm, relato sci-fi sobre ciudades futuras

Un amigo me pidió un escenario sci-fi sobre ciudades del futuro y poder/gobierno algorítmico. El relato debía ser en positivo, propositivo – y se enfrenta uno al abusivamente citado comienzo de Anna Karenina: “todas las familias felices lo son de la misma manera…” Resulta curioso que sea difícil escribir algo interesante en lo que todo va bien y todo el mundo es feliz… Aquí un primer intento. Me tomé la libertad de incluir cariñosamente nombres de algunos amigos y conocidos, medio en broma… Y salió algo un poco gaditano; curioso…


Imagen: Wim Wenders, 1981, Der Stand der Dinge. Fuente: http://www.wim-wenders.com

If you can’t dance, it’s not my algorithm

José Pérez de Lama

Para Flavia P.

Desde algún universo (4+x)dimensional pueden verse todos los tiempos de forma simultánea. Desde allí, Ada García-Sim recuerda aquellas décadas felices de los 40 y 50. En realidad, para much*s, la niñez es siempre un espacio-tiempo feliz, el paraíso perdido que decía el poeta roteño… Dancing to the algorithms of life! Pero ahora, en el recuerdo bastardillo del cuerpo y lo aprendido a posteriori, intuye que aquellos años habían sido un tiempo de mejor-vivir también para los adultos. Quizás. Hasta que dejaron de funcionar los algoritmos de Bateson

De aquellos años recuerda hoy a Tomasita La Niña de los Algo-ritmos. Tomasita la de la Tomasa, que, como su madre, llamaba la atención por su ritmo y su gracia. Gracia como en machines of loving grace, __ porque se decía que Antoñita era hija de Tomasa y de algún espíritu santo, pero tipo constructo de software. Se decía, pero no se le daba demasiada importancia. Había mucho cyborg-hippy en aquellos años… Luego de adultos fueron como los acid-heads del siglo XX: gente pacífica, bondadosa, soñadora, algo artista… la gente de Bateson, que durante un tiempo organizaron el mundo para hacerlo más habitable y amable. Aunque como todas las cosas humanas, aquello duró lo que duró, unas par de décadas.

Los algoritmos de Keynes-Bateson, por su nombre completo, fueron una solución temporal a la crisis del Antropoceno; que se detuvo durante algún tiempo: ya se sabe, el cambio de la composición química de la atmósfera, la acidificación de los océanos, la cuarta era de extinción masiva de la vida en el planeta, etc., de principios del siglo 21; _ producto de la civilización capitalista, – por poner alguna etiqueta; también lo llamaban Capitoloceno. Los algoritmos acabaron durante aquellos años con lo que en su día McKenzie Wark había descrito como el escándalo de la escasez: en el planeta y en nuestro estado de desarrollo tecno-científico había más que suficiente para que todos sus habitantes, – humanos y no humanos -, pudieran get-along together, y disfrutar de una buena vida, al menos en lo material, pero la cosa no funcionaba así. Algunos ajustes en la circulación global de capital, y el balance entre producción y reproducción social, la transición casi-total a nuevas formas de energía – renovables y fusión atómica -, la evolución hacia prácticas de mayor autogobierno local y cooperación en federaciones de múltiples niveles, y, claro, los ciclos vitales-históricos que enterraron a la generación obsesionada con el poder y el dinero… Poco más. Cierto es que hubo determinadas personas de gran influencia, como Susana Martín-Belmonte, Brett Scott, Yanis Varoufakis, David Cuartielles, Guiomar Rovira, Javier Toret, Teresa Duarte, Roy StringFigures o Ada Colau, por mencionar sólo a algunas, que ocuparon sitios de responsabilidad en instituciones globales relevantes, – políticas, financieras y tecnológicas, – después de la II Guerra de Corea. También las comunidades del software libre y FLOS-CE hicieron un trabajo de worlding, en plan hormiga, o bacteria, que no fue tan llamativo aunque resultase fundamental. Pero el capitalismo de principios del siglo XXI se acabó, sobre todo, porque había conseguido aburrir a la mayoría de la población mundial.

La abundancia de aquellos años, aunque fuera más bien austera, hizo que todo fuera bien. Ya se sabe: cuando todo el mundo puede vivir razonablemente bien, los conflictos se suavizan, la gente es libre para disfrutar de sus propias vidas: el amor, – los jóvenes y los románticos -, ocuparse de la vida cotidiana y los hijos, arreglar sus ciudades y casas, sembrar jardines o huertos, estudiar, aprender e investigar algunos, mantener y cuidar el mundo delicado, – en eso tenían todos la obligación de ocuparse… Uno de los grandes avances que permitió Keynes-Bateson, al menos para muchos – fue que, para cubrir las necesidades de la vida y del buen funcionamiento social, sólo había que trabajar 3 o 4 horas al día en el sentido más tradicional, bíblico, del término: lo del sudor de la frente. El otro feature de aquellos años fue que la burocracia desapareció radicalmente. Eso no se sabe bien cómo se logró, la verdad. También la TV; ocurrió como con el capitalismo; la gente tenía mejores cosas que hacer y simplemente, dejó de usarse. Ada García recuerda también muchas cooperativas y muchos espacios-recursos que se gestionaban como commons, procomunes y cosas así. En realidad, aquello era lo que más tiempo ocupaba; organizar las cosas, algo que se hacía entre tod*s, en plan asambleas, grupos de trabajo con cargos temporales – como una especie de mix entre el 15M y las comunidades de vecinos -, y aunque en cada lugar se probaban soluciones tecnológicas en las que se depositaban muchas esperanzas, al final siempre había que dedicarle tiempo, hablar mucho, pensar, negociar, convencer, ceder en algunas cosas, confiar, probar diferentes alternativas… Todo era, desde luego, un poco lento, y no siempre salía bien. Quizás por ahí fue una de las vías por la que se acabaron aquellos años de mejor-vivir.

También contribuiría, claro, la tendencia natural al laissez faire – al dejar hacer, – a otros -, al dejarse llevar. Y bueno, la leyenda que propaga WikiLeaks – aquello de Assange que continúa como fuente de referencia casi un siglo después – es que la black-black hacker guard de la Universidad de Chicago y de la Trump-Putin University de Silicon Valley nunca dejó de atacar Keynes-Bateson. Hasta que consiguieron introducir mutaciones que, al principio imperceptiblemente, y más adelante de manera evidente, subvirtieron de forma rotunda el funcionamiento de la red. Es lo que tienen las redes vivas de algoritmos; no son estables. Otro campo de batalla más. Algo así como lo que pasó con el Estado de Bienestar de mediados del siglo 20 en los países occidentales. O en las historias de Kropotkin sobre el final de las sociedades cooperativas medievales. Durante aquellos años de mejor-vivir, los más descontentos, muchos de los que ocupaban las posiciones de poder durante el final del primer Antropoceno, y sus herederos, habían estado maquinando en sus guaridas, y de pronto, de nuevo, habían recuperado el poder: la abundancia era aburrida, la vida carecía de épica, el supuesto homo sapiens había renunciado a dominar la Naturaleza, el mérito no tenía suficiente recompensa, los niveles de vida se había estancado, and so on… Lograron convencer a la gente de eso, a la vez que infiltraban los algoritmos con black-code.

Tener que hacer poemas de la puta nada, como decía el otro gaditano, no es tarea fácil. Inventarse la vida. Es más sencillo que los objetivos y los medios nos vengan dados: la carrera, el pago de la hipoteca, conseguir el contrato-pelotazo, los hijos-inversión-objetos-de-consumo, comprarse el pen-último coche, hacer el viaje más exótico… Los años de jubileo se acabaron. Pero quedaron los lipstick traces, y otra generación volverá a empezar. Aunque tenga que ser en otro planeta. En fin, siempre habrá wins to world.

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Sobre la belleza (un poco rebelde). Palabras en la graduación de Arquitectura 2017


Vista del acto de graduación de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, 2017, en el auditorio de FIBES, con Noelia Núñez y Rafael Luque, estudiantes que se graduaban como Arquitecta(o) y que hicieron la presentación.

Palabras para los estudiantes en la graduación de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla 2017

José Pérez de Lama [06/05/2017 | revisado 12/05/2017]

Queridas y queridos estudiantes que muy pronto seréis arquitectas y arquitectos,
familias y amigos,
compañeros profesores y universitarios:

Los agradecimientos

Es un honor especial para mí el que me hayáis invitado a decir unas palabras en este acto. Los estudiantes siempre habéis sido la parte de la Universidad que más he querido. Por esta razón estoy profundamente contento de estar aquí hoy. Os agradezco mucho la invitación.

Lo primero es daros la enhorabuena por haber completado – o casi completado – vuestra carrera. Siempre es una satisfacción lograr lo que uno se propone, y esto de acabar la carrera es un importante rito de paso en la vida, un paso importante para empezar vuestra vida profesional o de trabajo; __ para la que os deseo lo mejor:

Que os podáis ganar la vida con dignidad con vuestro trabajo, que podáis contribuir a construir una sociedad mejor, – que lo necesitamos bastante -, y, ojalá, que tengáis éxito como Arquitectos/as. Aunque esto del éxito, es algo que se puede ver de muchas maneras. Y el éxito principal será tener una vida buena. Confiemos en que haber estudiado en la Universidad, y en particular esta carrera de Arquitectura, os pueda ayudar; espero que sí.

En nombre de la Escuela os doy las gracias, también, por todos estos años de trabajo. La Escuela de Arquitectura y la Universidad la construimos entre todos (y todas), somos todos, como suelo decir, __ y vuestro trabajo, vuestras ideas, vuestra dedicación, vuestro entusiasmo en ocasiones, han sido muy importantes durante estos cinco años. Sin ese trabajo y sin vuestra presencia no habría Universidad.

Seguro que cada cual habrá contribuido de muchas maneras, pero quiero saludar en particular a los que habéis sido representantes de los estudiantes en estos años difíciles: con vuestra perseverancia y con vuestra rebeldía habéis ayudado a mejorar, o por lo menos a defender, la educación pública y la Universidad.

Por este haber sido parte de su construcción, y por los años de juventud que habéis pasado aquí/allí, espero que a pesar de tantas cosas que nos pasan a unas y otros, todos sigáis considerando siempre la Escuela de Arquitectura de Sevilla como vuestra casa.

Algunas responsabilidades

Haber estudiado en la Universidad, y en especial una carrera humanista como la nuestra, nos da, entre otras muchas, la responsabilidad de vivir como intelectuales: esto es, la responsabilidad de pensar, de no dejar de pensar. Parece que en la vida tenemos la necesidad de adaptarnos a muchas de las cosas que nos tocan, nuestro tiempo antes que nada, pero espero que como generación seáis capaces de mantener las ganas de cambiar las cosas, con alegría a ser posible, con dedicación y con perseverancia. Como todos sabemos hay muchas cosas por hacer y mejorar, y ahora os tocará a vosotros. Yo espero con interés y confianza poder ver cómo lo hacéis.

Aunque todos nos sintamos hoy ciudadanos del mundo, y no me cabe duda de que viajar y adquirir experiencia en otros sitios es bueno, – hoy en día casi necesario -, también creo que es importante recordar que el futuro de los lugares donde vivimos, Andalucía, Extremadura y el de otros lugares de donde seáis, dependerá de lo que hagamos todos, y en especial de vosotros los jóvenes. Os necesitamos. No os dejéis convencer por el pesimismo, el derrotismo y las leyendas negras. A mí no me cabe duda de que somos uno de los mejores países del mundo, __ pero también es cierto que cada generación tiene que renovar, interpretar y enriquecer la herencia recibida. Y ahora os tocará a vosotros, como decía antes, __ empezar seguramente por “enderezar tuertos, enmendar sinrazones y mejorar abusos” como se propuso hacer el gran Don Quijote, y de camino, o a continuación, inventar nuevos mundos.

No me siento muy cómodo dando consejos o recomendaciones, por lo que se acaban aquí.

Sobre la belleza __ (un poco de problematización)

Pero como me habéis invitado a mi a decir estas palabras, supongo que esperáis que diga algo “un poco filosófico”, – aunque sea entre comillas -, o más modestamente, teórico.

Voy a concluir, entonces, proponiéndoos unas reflexiones sobre la belleza en Arquitectura – la Arquitectura, que para nosotros, también incluye la ciudad. La belleza es algo que nos preocupa a los arquitectos, y si somos capaces de aportar eso a la sociedad, a nuestras ciudades, será ya una contribución extraordinaria.

Ya sabemos que hay muchas ideas de belleza, y os propondré algunas que me vienen pre-ocupando desde hace unos años, – que he trabajado con algunos de vosotros en clase – y que no pretendo imponer a nadie, sino que consideréis como sugerencias. Os aviso que quizás haya alguna trampa en el discurso.

Las enuncio como seis proposiciones, que se pueden entender, seguramente, como preguntas o problematizaciones:

(1) Bien-verdad-belleza. En primer lugar, diría que tengo una aproximación más bien clásica, y seguramente para algunos anticuada, en la que Bien, Verdad y Belleza, – ¿bien, verdad y belleza? -, lo bueno, lo verdadero y lo bello, están entrelazados. Algunos como mi amigo Félix Guattari llaman a esto – con una expresión más bien fea – un paradigma ético-estético.

(2) Oficio. La práctica de la Arquitectura, como el vivir, es, como se diría en inglés, art & craft  __ que traduciré aquí como arte y oficio. Una arquitectura bella para mí, empezaría por estar bien hecha; la belleza de las cosas bien hechas, ____ algo que hará posible el oficio del arquitecto; __ por lo que ir dominando el oficio es algo de fundamental importancia. De esto trata en buena medida la carrera que habéis hecho, pero ahora deberéis continuar por el camino iniciado, que durará tal vez toda la vida ___ un oficio que iréis consiguiendo con la práctica, la dedicación, y en mi opinión por medio de la colaboración en equipos de gente experta en diferentes campos, que se complemente entre sí.

(3) Mundos habitables. Razonablemente dominado el oficio, para mí el arte hoy tiene que ver con la creación de nuevos mundos, de nuevas formas de vida. No ya, sólo, con hacer fachadas o formas y texturas bonitas, sino con crear mundos nuevos, que sean más habitables que nos permitan un buen-vivir o más modestamente, un-mejor-vivir. Habitable, aquí tendría que ver – no sólo con las condiciones más o menos objetivas, geométricas, resistentes, ambientales, etc – sino además con la práctica del habitar. Es decir, estas arquitecturas bellas que trato de evocar deberían ayudar a que lo que con frecuencia llamamos usuarios, puedan constituirse en habitantes, creadores de sus propios mundos, de manera libre, creativa, sensual, segura, tal vez…

(4) Proporción. Hoy, para mí, la proporción tiene que ver con la adaptación armoniosa, lo más sabia posible, al medio en que construimos, – o en el que diseñamos las ciudades -, un medio que es una parte pequeña de nuestra casa más amplia que es el planeta: una adecuada integración en los flujos – los metabolismos, decimos algunos – que constituyen la vida, también la urbana: desde la economía – la circulación de capital -, a la producción y el uso de las energías – renovables -, el agua, los materiales saludables para las personas y el planeta, los procesos de construcción, and so on. Edificios como árboles, que se integran en su medio de manera compleja, enriqueciéndolo, y ciudades como bosques, – que hemos dicho alguna vez en clase, citando a McDonough y Braungart.

(5) Procesos. Si recordamos la depredación inmobiliaria que contribuyó a la precipitación de la crisis, en la que los arquitectos, como colectivo – aunque con sus excepciones -, “participamos” con una actitud de no-pensamiento, parece necesario que los procesos a través de los que producimos la ciudad y la arquitectura también formen parte de su belleza. Diría que deberían ser procesos en los que participe la comunidad o la sociedad y que sean capaces de generar ciclos virtuosos. No pretendo afirmar que todos tengamos que ser santiagos-cirujeda o el Ayuntamiento de Marinaleda con su programa de vivienda, pero sí que sus prácticas y las de otros muchos son una buena referencia para pensar nuestra acción – como también lo son las de las cooperativas, por por poner otro ejemplo. No considerar la arquitectura como proceso, sino como un objeto aislado de cómo se produce y de lo que a su vez genera, es lo que llamo, también en las clases, fetichismo de la Arquitectura. Y aunque seguramente todos tendremos nuestros fetiches arquitectónicos, y puede ser incluso algo necesario, considero que es una actitud que nos conviene mantener acotada.

(6) Cuidados. Por último en esta relación de elementos de la belleza arquitectónica, estaría la condición de situarse en el mundo y para con sus habitantes considerándolos como objetos-sujetos de nuestros cuidados, esto es, de cosas que debemos cuidar. Es bello en Arquitectura, siempre para mí, aquello que contribuye a cuidar del mundo, el actual, el pasado y el porvenir. En este sentido, algunos describimos esta aproximación como la de una arquitectura que se inspira en los feminismos.

Este ideal de belleza que os planteo, es sin duda ambicioso, y probablemente idealista. Entiendo que cada cual tendréis el vuestro propio y eso es bueno. (Si es así, será señal de que se ha dado un buen proceso de aprendizaje.) Pero igual, lo que he propuesto os pueda ser de alguna inspiración.

Conclusión
Por otra parte, pensaréis algunas que ¡os lo pongo difícil! Digamos que lo planteo como un horizonte, y digamos también que tenéis la ventaja de haberos formado en una de las culturas arquitectónicas mejores del mundo y en una de las Escuelas de Arquitectura también a esa altura. Estoy convencido de esto. Decidid vosotros si es una broma o no.

Para acabar, ¡os deseo mucha suerte en todo y que paséis hoy un estupendo día de fiesta!

Muchas gracias.

Mujeres pensando y escribiendo: Zadie Smith y Donna Haraway

Imagen: Portadas de Swing Time, de Zadie Smith y Staying with the Trouble, de Donna Haraway, ambos publicados en 2016.

José Pérez de Lama

Estas y otras notas las escribo por varias razones; __ una de ellas: mi mala memoria: con la edad y con Internet cada vez va peor, y con estos posts me queda algún recuerdo. También por compartir cosas que me han gustado, y tratar de animar a los/as que pasen por el blog a leer y pensar juntos, aunque sea en la (des)conexión de las redes.

Entonces: estos días he podido leer Swing Time de Zadie Smith y estoy leyendo Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene de Donna Haraway. Seguramente no haya demasiada relación entre ambas lecturas, salvo que ambas me han gustado bastante, mucho. Relacionarlas es hacer oddkin (extraños parentescos), quizás, como escribe Haraway.

Mujeres y barrios populares en el Londres global

Empiezo por Zadie Smith. Sus novelas me atraen con intensidad, aunque a la vez me generan una vaga tristeza; seguramente no tan vaga. Smith escribe por lo general en un tono que parece bastante autobiográfico, por lo menos en sentido generacional-geográfico. Como será conocido por muchos, es una mujer de unos 40 años, mestiza jamaicana-anglo, y escribe sobre la vida de las minorías en los barrios populares de Londres. White Teeth, The Autograph Man… quizás sean sus novelas preferidas para mí. Sus personajes suelen ser afro-británicos, pero también de otros colores, jóvenes, perdidos en el mundo contemporáneo, en la vida precaria. También suelen paracer padres, y sobre todo madres. Vidas más bien vulgares, pocas ilusiones, conflictos de identidad inter-generacionales; y bastantes mujeres. Muy poco amor romántico. Más bien amistades, vida cotidiana. Todo suele acabar regular, o no acabar propiamente. Así descrito reconozco que suena bastante aburrido, costumbrismo, con una cierta perspectiva femenina y tal vez decolonial. Y sin embargo me engancho siempre, y me afectan bastante.

Una de las atracciones evidentes para mí es un cierta sensación de voyeurismo: el poder observar más o menos discretamente la vida de las clases populares no blancas en Londres, una de las grandes metrópolis globales; y más aún, el poder observar lo que sienten, piensan, como actúan estas mujeres para mi exóticas y misteriosamente atractivas: una especie de neo-orientalismo metropolitano, ¡qué le vamos a hacer! No parece un interés en principio demasiado literario-artístico…

Entonces ¿por qué me parecen literatura?

Entiendo que su obra se considera literatura, yo al menos así la considero. Y la pregunta que me hago es ¿por qué es literatura y no simple escritura? Aparte de mi experiencia como lector, – que debería ser lo más importante -, mi principal referencia en estas cuestiones es Vladimir Nabokov, quien decía que el arte trata de la vida, el amor y la muerte – creo que era así. También afinando un poco más, decía que los escritores(as) eran narradores, maestros o magos – y claro, a él lo que le gustaban eran los magos. Y esa magia tenía para él que ver con lo que llamaba sensuous thought – pensamiento sensual tal vez. Y viendo sus lecciones sobre literatura se deduce que este sensuous thought se produce de maneras y con recursos muy diferentes, siendo el argumento uno de las más secundarios, un recursos que sería más propio del narrador, un literato menor para Nabokov –- como el maestro. El estilo, la estructura o arquitectura de lo que se cuenta, las imágenes, las recurrencias, las palabras y sonidos, los juegos de sensaciones e ideas, las conexiones dentro y fuera del texto… ese tipo de cosas son las que Nabokov valora… Yo también, aunque a la vez también aprecie lo narrativo. Y lo didáctico.

La textura de la vida (precaria)

Zadie Smith tiene una gran capacidad narrativa, no me cabe duda, aunque lo paradójico es que pasen más bien pocas cosas en sus historias. Cosas más bien banales. Cosas que alguien podría contar como épicas y dramáticas, pero que ella cuenta en sus historias como banales, vacías. De lo que escribe para mí, más allá de las historias, es de la textura de la vida contemporánea. Con detalle casi entomológico describe lo que a mi me parecen paisajes de tristeza. Pero quizás lo que destaque sea la compasión con que lo hace. Soledad, falta de sentido, precariedad, vulnerabilidad, exclusión, felicidades efímeras, dudas, desengaños… y la vida que sigue a pesar de todo… un fondo de nihilismo. Me resulta difícil explicar por qué me atrae tanto, y por eso escribía estas líneas. Supongo que porque a pesar del relativo exotismo, escribe sobre la vida de todos(as). Y le hace a uno imaginar que más allá de la vida convencional podría haber algo más auténtico, aunque de eso no de muchas pistas. Un poco como Foucault, que algunos dicen que de lo que de verdad escribía sólo se encuentra en sus libros por omisión…

Las novelas tienen algo de arte en sí mismas, que no tienen otro tipo de libro. El esfuerzo por producir mundos, de hacer worlding como diría Haraway; – supongo que parte de lo que encuentra la gente en las hoy más populares series.

Una conferencia que Zadie Smith dio en la apertura del curso de la New School de Nueva York me hizo apreciarla aún más [0]. Una mujer y una artista especial.

Staying with the Trouble

El libro de Donna Haraway es bastante diferente: Staying with the Trouble podría decirse que trata también sobre la vida contemporánea, pero lo hace desde la perspectiva de la filosofía, la ecología, las tecnologías, la política, al arte y el feminismo. Uno de los nexos en común sería su preocupación con como vivir en un mundo precarizado y herido; recuperación, resistencia, staying with the trouble – en lugar de dedicarse a pensar utopías futuras -, making kin, becoming-with – componerse afectivamente con el mundo, con las máquinas, con otros seres vivos… – serían algunas de las pistas que nos propone…

De momento citaré un par de párrafos, para sugerir el mundo de pensamiento que nos plantea Haraway. Espero hacer más adelante otras reseñas o escritos más largos sobre el tema.

String figures

String figures es una de las metáforas principales que usa Haraway para describir los trabajos de relación que plantea. String figures serían las figuras que se hacen con hilos jugando con las manos, que según explica constituyen una práctica común en muchas culturas tradicionales. En la cultura angloamericana se llaman también cat’s cradle, el título de una de las mejores novelas de Kurt Vonnegut curiosamente. En español castellano parece que recibe diferentes nombres como jugar a las cunitas, la hamaca, al hilo, al cordel (http://www.cuadernointercultural.com/string-figures/). De momento lo dejo sin traducir.

“Las string figures son como historias; proponen y actualizan patrones para que los participantes los habiten, de alguna manera, en una tierra vulnerable y herida. Mis narraciones multiespecie tratan sobre la recuperación, en complejas historias que están llenas de murientes y vivientes (dying and living), que están tan llenas de finales, incluso de genocidios, como de principios. A la vista del históricamente implacable excedente (surplus) de sufrimiento  que padecen los anudamientos de especies compañeras (companion species), no estoy tan interesada en la reconciliación o en la restauración, sino que estoy profundamente comprometida con las más modestas posibilidades de la recuperación parcial y el poder sobrevivir juntos. Llamémoslo staying with the trouble (permanecer en las turbulencias, sobrevivir con los problemas [1]). Y así, busco historias reales que son también fabulaciones especulativas y realismos especulativos. Son historias en las que participantes de múltiples especies, enredados en traducciones parciales y fallidas a través de la diferencia, rehacen formas de vivir y morir adaptadas a florecimientos finitos aún posibles, a recuperaciones aún posibles.” [2016, p. 10]

Hay que decir que la prosa de Haraway es más bien rebuscada, o por lo menos, bastante idiosincrásica, __ especialmente si se compara con la de Smith de una sencillez admirable. No resulta fácil traducir lo que escribe. Ocurre con Haraway como por ejemplo con Deleuze y Guattari: aprender a leerla-comprenderla es casi como aprender a leer y escribir en un nuevo lenguaje de programación: sus palabras son especiales, muchas de ellas inventadas, incluso su sintaxis es diferente. Muchas de sus palabras son necesariamente nuevas porque presentan conceptos o metáforas nuevas o usadas de una manera diferente. Anna Tsing, colega de Haraway, llamaba la atención en una conferencia reciente, sobre la imaginación con que la profesora Haraway usa las palabras, para producir otros mundos y otras formas de conocimiento [2]. La autora caracteriza su propio trabajo de escritura como sf, que es acrónimo de science fiction (ciencia ficción), pero también de speculative fabulations, speculative feminism, string figures, y algunas cosas más. A mi personalmente, en ocasiones su lenguaje me resulta muy sugerente, haciéndome pensar efectivamente de una manera diferente; en otras, sin embargo, no me parece que funcione tan bien. Con el tiempo tal vez, algunas de sus expresiones y modismos se hagan más normales, como en parte ha ocurrido con Deleuze y Guattari o a Foucault, por mencionar a algunos autores preferidos.

Chthuluceno

“Chthuluceno es una palabra simple [3]. Es un compuesto de dos raíces griegas (khthon y kainos) que juntas dan nombre a un tipo de tiempo-lugar para permanecer en las dificultades de vivir y morir en responsa-abilidad en un planeta dañado. Kainos significa ahora, un tiempo de comienzos, un tiempo actual (ongoing), para la frescura. Nada en kainos tiene que significar pasados, presentes o futuros convencionales. No hay nada en los comienzos de los tiempos que insista en borrar lo que vino antes, o, incluso, en borrar lo que venga después. Kainos puede estar lleno de herencias, de recuerdos, y lleno de cosas venideras, de cuidar lo que aún pueda ser. Escucho kainos en el sentido de una presencia actual y densa, con ramificaciones que infunden todo tipo de temporalidades y materialidades.”

“Los chthónicos (así los esribe Haraway, aunque probablemente en castellano debiera escribirse ctónicos) son seres de la tierra, antiguos y del último minuto. Imagino a los chthónicos como repletos de tentáculos, sensores, dedos, colas, patas de araña y pelo rebelde. Los chthónicos juegan y retozan en el humus multibicho (multicritter; _ critter que traduzco por bicho es otra de las palabras clave de Haraway en este libro) pero no tienen relaciones con el Homo que mira al cielo [4]. Los chthónicos son monstruos en el mejor sentido; demuestran, y ponen en práctica el sentido material de los procesos de la tierra y los bichos. También demuestra y ponen en práctica consecuencias. Los chthónicos no son seguros, no tienen relación con los ideólogos; no pertenecen a nadie; se retuercen y se deleitan de múltiples formas y con múltiples nombres en los aires, las aguas y lugares de la tierra. Hacen y deshacen; son hechos y deshechos. Son los que son. No es de extrañar que los grandes monoteísmos del mundo en sus formas religiosas y seculares hayan intentado una y otra vez exterminar a los chthónicos. Los escándalos de los tiempos llamados el Antropoceno y el Capitoloceno son las últimas y más peligrosas de estas extraordinarias fuerzas. Vivir-unos-con-otros y morir-unos-con-otros potentemente en el Chthuluceno puede ser una fiera respuesta a los dictados tanto del Anthropos como del Capital.” (2016: 2)

Thougthlessness / el no-pensamiento

“En esta renuncia al pensamiento reside el tipo particular de banalidad del mal que podría hacer real el desastre del Antropoceno, con sus genocidios y especicidios masivos. El desenlace, sin embargo, está aún en juego; ¡pensemos que tenemos (que hacerlo); tenemos que pensar! (think we must; we must think [5]) […] Arendt insistía en que el pensamiento era profundamente diferente de lo que podemos llamar conocimiento disciplinar o ciencia basada en la evidencia, o de la clasificación de verdad y creencia, hecho y opinión, bueno y malo. Pensar, en el sentido de Arendt, no es un proceso de evaluación de información y argumentos, de establecer si tenemos razón o estamos equivocados para juzgarnos a nosotros mismos o a otros como detentadores de la verdad o sujetos a error. Todo eso es importante, pero no era lo que Arendt tenía que decir sobre el mal del no-pensamiento – de la inconsciencia (thoughtlessness) –, que yo quiero cuestionar en relación con la conjunción geohistórica que se viene llamando Antropoceno.”

Arendt fue testigo en la persona de Eichmann no de un monstruo incomprensible, sino de algo mucho más pavoroso – lo que vio fue la inconsciencia, la falta de pensamiento (thoughlessness) más normal y corriente. Esto es, allí había un ser humano incapaz de hacerse presente a sí mismo aquello que estaba ausente, lo que no era él mismo, aquello que es el mundo es en su puro no-ser-uno-mismo y lo que pide estar presente de aquello que no es uno mismo. Allí había alguien que no podía ser un caminante (wayfarer), que no podía enredarse, que no podía seguir los rastros de los vivientes y murientes, que no podía cultivar la responsa-abilidad, que no podía hacer presente a sí mismo lo que estaba haciendo, no podía vivir en consecuencia o con consecuencia, que no podía compostarse. Importaba la función, importaba el deber, pero el mundo no importaba a Eichmann. El mundo no importa en el no-pensamiento ordinario. Los espacios vaciados se rellenan por completo con información y evaluaciones, determinando amigos y enemigos, atareándose sin parar con actvidades; la negatividad, el vaciado de esta positividad, desaparece, un asombroso abandono del pensamiento. Esta cualidad no era una falta o defecto emocional, una falta de compasión, aunque seguro que esto también era cierto en Eichmann, sino una más profunda rendición a lo que llamaría inmaterialidad, inconsecuencialidad, o, en el idioma de Arendt y también el mío, no-pensamiento. Eichmann estaba astralizado, exiliado del desorden, de la confusión (muddle) del pensamiento, estaba en la práctica del business as usual se tartara de lo que se tratara. Para Eichman y sus herederos – ¿nosotros? – no había manera de que el mundo pudiera convertise en un asunto de cuidados (a matter of care). El resultado fue la participación activa en un genocidio.” (2016: 36)

Simpoiesis

No comento nada sobre lo anterior; ne me parece que necesite de demasiada glosa. Para cerrar sólo plantear el concepto harawayano de simpoiesis, que de manera sencilla significa hacer con otros – en cierto modo como el DIWO / Do It With Others que se ha usado en otras ocasiones. Simpoiesis, sin embargo, concepto deudor de la bióloga Lynn Margulis, – también autora de la teoría de Gaia -, se enuncia específicamente en contraste con la famosa autopoiesis de Maturana y Varela (2016: 58). Lo que Haraway se propone poner en valor es la idea, o la realidad, de que ningún ente se produce a sí mismo solo, __ sino que siempre lo hace componiéndose con otros, junto con otros, en devenires-con (becoming-with), en procesos de worlding-with, haciendo-mundos-con, – en marcos-entornos que no están nunca cerrados ni limitados. Algo parecido a lo que decían Deleuze y Guattari; Haraway no está distante de ellos. Simpoiesis y el concepto hermano de simbiogénesis se contrastan con y cuestionan también el modelo presuntamente avanzado del individuo y su entorno de la cibernética batesoniana, la ecología y quizás incluso el urbanismo que podríamos llamar lefebvrista… Aquí lo dejo. Vale.

#notas

[0] Zadie Smith, New School Commencement Speech 2014, https://vimeo.com/96806361

[1] Mi colega Pablo de Soto en su tesis doctoral que tiene a Haraway como uno de sus referentes principales traduce staying with the trouble como viviendo con el problema, que es parte del título de la mencionada tesis: Antropoceno, Capitolceno, Chthulueno. Viviendo con el problema en Fukushima… Aunque habíamos estudiados muchos a la Haraway del Manifiesto Cyborg (1991), debo a Pablo mi interés renovado por esta nueva etapa del trabajo de la profesora de UC Santa Cruz.

[2] Anna Tsing, 2014, presentación de la conferencia de Donna Haraway, Anthropocene, Capitalocene, Chthulucene: Making String Figures with Biologies, Arts, Activisms, Aarhuis: https://www.youtube.com/watch?v=CHwZA9NGWg0

[3] Escucho en el vídeo de arriba que el empaquetamiento de consonantes chth se pronuncia más o menos como una z en castellano: https://youtu.be/CHwZA9NGWg0?t=10m39s

[4] Aunque no estoy seguro de que esté en la etimología, desde la Antigüedad grecolatina se describe al hombre en tanto que anthropos como el animal que mira al cielo. Esta es una de las metáforas centrales de Haraway en este libro, reivindicar en su lugar los critters, los bichos – entre los que incluye a los humanos -, las cosas, que miran y viven en la tierra – que suele escribir así, con minúsculas.

[5] La expresión think we must, must we think, que Haraway repite en el libro, recuerda el lema latino usado por Negri y Hardt hace unos años, sapere aude, aude sapere, esto es, atreverse a saber, saber atreverse.

#referencias

Zadie Smith, 2016, Swing Time, Hamish Hamilton – Penguin

Donna Haraway, 2016, Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene, Duke University Press, Durham

Vladimir Nabokov, 1982, Lectures on Literature, Harcourt, San Diego

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Contabilizar la Responsabilidad

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Imagen: Kalho, Frida. (1945). Sin esperanza [Pintura]. Ciudad de México, Museo Dolores Olmedo
Fuente: https://www.google.com/culturalinstitute/beta/asset/-/rgHBxF7ESC2qmQ?utm_source=google&utm_medium=kp&hl=es

David Patiño

Cuando los golpistas del 36 planificaban lo que hicieron eran conscientes de que tenían que lavarlo y se pusieron manos a la obra para justificar el golpe y la extrema violencia que emplearon como estrategia para hacer que triunfara. Tras el fracaso parcial del golpe y el estallido de la guerra las cosas se les fueron de las manos y entonces fueron mucho más conscientes de que era prioritario terminar con todo vestigio del estado democrático, incluido cualquier recuerdo de él, junto con todo lo que habían hecho. El resultado de décadas y décadas de intoxicación en colegios, noticiarios, prensa, literatura y cualquier medio ha sido que tres generaciones, incluyendo la actual, de españoles han estado con el cerebro totalmente lavado hasta el punto de que una novela, llevada a la televisión en forma de miniserie de éxito, frivoliza con un auténtico monstruo como Serrano Suñer al que no le tembló la mano de dejar morir a tantos miles de españoles en manos de sus admirados nazis.

Estas generaciones de españoles casi no han oído hablar de la II República ni del franquismo y lo único que han aprendido es que la Guerra Civil fue terrible porque las guerras civiles eran las más trágicas y porque “ambos bandos” fueron terribles y vengativos. Estos escasos conocimientos están en una nebulosa borrosa que mete todo en un totum revolutum de personajes muy malos y violentos y un régimen político fracasado cuyo final no podía ser otro que el que tuvo, olvidando el golpe, los enormes beneficios económicos que obtuvieron sus protagonistas y sobre todo diluyendo la responsabilidad de lo que pasó entre esos dos terribles bandos cuyos integrantes tenían escritos en los genes que tenían que matarse con saña entre ellos.

Esta visión sigue aceptándose de manera general y es repetida por cientos de cuñados, por los políticos de derechas e incluso por algunos sectores “progresistas”. La tesis de la maldad genética de los españoles de los años 30 ha diluido la responsabilidad del desastre e impedido que la sociedad española entienda que nuestra guerra civil no fue más que la primera etapa de la II Guerra Mundial en la que las democracias liberales se enfrentaron al fascismo. La misma operación transformó el fascismo español en una dictablanda instaurada para luchar contra el “comunismo” y sigue presente en una interpretación generalizada. La nebulosa difusa en la que se ha metido la época se ha comido el golpe de estado contra la democracia perpetrado por sectores minoritarios de ultraderecha por no asumir los resultados electorales de febrero del 36. Y todo se hizo empleando una estrategia que se mantiene como atestigua el hecho de que TVE haya enterrado una temporada entera de una serie ambientada en la II República y que trataba de mostrar la normalidad en la que vivía esa sociedad, ¿cómo van a vivir vidas cotidianas fieros guerreros deseosos de sangre? Parece que sigue siendo importante enterrar esa normalidad en la nebulosa imprecisa de violencia social y cotidiana. El sistema educativo de la democracia no ha sido capaz de trasladar a la sociedad las bases de lo que pasó: Que la II República era un régimen democrático, que se celebraron unas elecciones que la derecha antiliberal daba por ganadas, aspirando incluso a obtener la mayoría absoluta, pero que perdió y además sobradamente, y que un sector ultra, muy minoritario, no aceptó los resultados. Está demostrado que buena parte de la derecha, incluso la antiliberal, sí que los aceptó, a pesar del shock que le supuso por esperarlos y que incluso inició movimientos para integrarse en la democracia burguesa. El sector ultra que promovió el golpe no solo estaba en el ejército, pero se plegó totalmente a los militares traidores a los que cedió el liderazgo. La consideración de que los militares que se apropiaron del Ejército y lo emplearon para matar a españoles fueron unos traidores a su patria, es otro aspecto básico de lo que pasó que no se ha conseguido transmitir. Los militares rebeldes asesinaron a miles de españoles, la mayoría de ellos totalmente desarmados y muchos de ellos únicamente por ser funcionarios que en lugar de rebelarse, se dedicaron a cumplir sus obligaciones. La responsabilidad de este hecho, que a todas luces es un acto de traición sin paliativos, se ha conseguido diluir a pesar de que los escritos del “director” Mola muestran, sin duda alguna, que el empleo de la máxima violencia para generar terror en la población era la estrategia que habían elegido los militares golpistas para conseguir el triunfo

Es necesario crear una atmósfera de terror, hay que dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todo el que no piense como nosotros. Tenemos que causar una gran impresión, todo aquel que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado.[1]

La responsabilidad ha sido especialmente mal asignada respecto de los muertos que causó el golpe y el conflicto que por su consecuencia se desencadenó. Esta matanza también se difuminó a través de la desaparición de información intencionada y se convirtió en el millón de muertos del tópico al que se sigue refiriendo el conocimiento popular. El millón de muertos ha sido uno de los mayores logros de la idea de sociedad feroz en la que todos pensaban únicamente en estar matándose de manera continuada, como actividad cotidiana. Los historiadores han precisado la cifra. Preston en su Holocausto español[2], título valiente y ajustado a la realidad, cuantifica el resultado en 150.000 víctimas causadas por la banda de rebeldes (por favor dejemos lo de los bandos) y 50.000 muertos en la zona fiel a la República. Si bien estas cifras esclarecen suficientemente el tamaño de la matanza, en el fondo transmiten una idea errónea de las cifras reales que fueron mucho más desproporcionadas. Estas cifras equiparan erróneamente zona geográfica con responsabilidad y distorsionan las consecuencias de las acciones de los golpistas.

Para hacer un cálculo adecuado que permita medir con precisión el tamaño de la barbarie ocasionada hay que tener en cuenta el colapso que ocasionó el golpe en todo el país. En la zona en la que triunfó el golpe, se puso a funcionar a pleno rendimiento la maquinaria de violencia contra el enemigo, integrado básicamente por todo el que no apoyaba a los golpistas de un modo activo y especialmente los que se habían señalado como protagonistas en el régimen democrático. Los asesinatos y violaciones se convirtieron en instrumentos principales de actuación y se alcanzaron cotas de crueldad totalmente inéditas antes e incluso después. En Galicia, Canarias o Castilla la Vieja la represión fue feroz durante años aunque especialmente durante el terrible verano del 36 con frecuencias de asesinatos de 70-80 cada noche durante varios meses en sitios como Sevilla capital. Cuando el ejército africano consigue pasar a la Península, las matanzas se sucedieron en las zonas que iban tomando provocando enormes matanzas como las de Badajoz o la desbandá malagueña, auténticos infiernos, pero que se repitieron a escala en todos y cada uno de los pueblos de Huelva, Badajoz, Cádiz, la provincia de Sevilla, o los barrios obreros de la capital durante los primeros días, etc. En todas esas localidades en realidad no había guerra alguna. En esos sitios el ejército de élite español muy bien pertrechado con artillería, carros de combate y metralletas practicaba matanzas de jornaleros o braceros “armados”, en su mejor caso, de escopetas de caza, y en la mayoría de los casos con aperos de labranza.

La situación fue muy distinta en la zona en la que el golpe fracasó. La rebelión no triunfó porque la mitad del ejército se mantuvo fiel pero causó el colapso del Estado en buena parte del territorio en el que no triunfó y prácticamente desapareció. Buena parte de la Guardia Civil y de los jueces desertaron y se sumaron a la sublevación. Será muy difícil averiguar el porcentaje que lo hizo por convencimiento, presumiblemente la mayor parte, y el que lo hizo desbordado por los acontecimientos, en cualquier caso, el resultado fue que en buena parte de la zona en la que no triunfó el golpe desapareció todo Estado y toda autoridad instaurándose una auténtica anarquía, en el peor sentido del término, durante muchos meses. En ese wild west no había autoridad alguna que mantuviera el orden en los pueblos, las cárceles se quedaron sin vigilancia que impidiera salir a los presos de todo tipo y supongo que se implantó en muchos sitios algún tipo de organización social similar al descrito en walking dead pero sin zombies. En ese caos se debió generalizar el saqueo, los asesinatos y todo tipo de delitos desarrollados por personajes de la peor calaña. Fueron asesinados cientos de sacerdotes, monjas y caciques y muchas otras personas por una combinación de rapiña de riquezas acompañada del acelerador del incendio que suponía el odio social hacia los sectores de poder tradicional. Sin quitar la responsabilidad a los autores materiales de esos acontecimientos, es obvio que tales tragedias no se habrían producido si un grupo de militares traidores financiados por una trama civil de presumibles perjudicados con las políticas que triunfaron en las urnas no se hubiera sublevado. Si la asonada militar no se hubiera producido las fuerzas del orden y la justicia no habrían hecho dejación de sus funciones y no habrían desertado de sus puestos, habrían seguido realizando su trabajo y no se habrían producido los desmanes que se produjeron. Es indudable que los sublevados fueron, por tanto, los responsables últimos de estas muertes que no se habrían producido sin su traición a la legalidad que habían jurado defender.

No tiene sentido responsabilizar de esas muertes al gobierno del país, únicamente porque se produjeron en zonas geográficas en las que no había triunfado la rebelión militar. El Estado había desaparecido en toda esa parte y tardó casi un año en volver a ser capaz de ponerse en funcionamiento. Meses después consiguió empezar a normalizar la situación y cortó de raíz todas esas actuaciones. De hecho, cuando el Estado empezó a funcionar de nuevo el poder judicial empezó a perseguir judicialmente a los autores de esos delitos que en muchas ocasiones fueron condenados por ello. De nuevo la cuestión de la responsabilidad. No tiene sentido, ni es justo, atribuir la responsabilidad de la mayor parte de esos asesinatos al Gobierno de la Nación.

Las situaciones no son comparables, ni por asomo, a pesar del esfuerzo que la propaganda franquista ha hecho, y sigue haciendo, por equipararlas. Frente a la barbarie de la zona sublevada y las que iban conquistando los traidores, el intento, y cuando se pudo, la consecución, de la normalidad democrática. Es verdad que en el seno del Estado también se produjeron actuaciones ilegales. Entre ellas destaca los sucesos de Paracuellos del Jarama de los que hay indicios que estuvieran involucrados altos cargos de la Administración y en concreto Carrillo. Este acontecimiento es por supuesto, reprobable pero no hay indicio de que formara parte de una estrategia política del gobierno y más bien parece una extralimitación de personas aisladas. Como indicamos, cuando la administración republicana estuvo a pleno rendimiento se normalizó la justicia democrática como prueba que se celebraran multitud de juicios en los que se absolvieron a quintacolumnistas sobradamente conocidos pero a los que no se les consiguió probar sus actividades subversivas o de espionaje.

Los asesinatos de Paracuellos han sido ampliamente empleados para justificar el golpe y la represión franquista, tratando de equiparar la actuación del Estado con la de la zona rebelde. Se estima que en Paracuellos se ejecutaron a unos 2.500 presos de la Modelo Madrileña. Es evidente que en ese clima terrible se producirían más sucesos de ese tipo, pero no debieron ser muchos dado que, de lo contrario, la propaganda franquista también los habría publicitado con la misma intensidad con la que denunció estos asesinatos. De hecho, ha tenido que llegar a utilizar el asesinato extrajudicial del marxista Andrés Nin, supongo que por falta de otro material.

Por tanto, y dando por buenas las estimaciones de Preston, responsabilizar de los 50.000 muertos al Gobierno implica cometer un error que falsea lo verdaderamente importante que es la responsabilidad de lo ocurrido porque lo equipara con lo sucedido en la zona dominada por los rebeldes en las que las directrices de Mola se pusieron en práctica hasta sus últimas consecuencias. La violencia que desarrolló el ejército rebelde llegó a extremos como el famoso 10% del Comandante Castejón, que exigía el fusilamiento de ese porcentaje de población en cada uno de los pueblos que tomaba. La única medida “humanitaria” que el “gobierno” de Burgos adoptó consistió en prohibir, meses después de iniciada la contienda, la práctica de los soldados marroquíes de colgarse los testículos de los enemigos muertos alrededor del cuello anudados en una ristra y eso solamente después de que tales prácticas hubieran generado un fuerte escándalo en la prensa europea. Y tampoco se puede emplear un razonamiento similar al que hemos empleado con la violencia en la zona que no se sublevó. En la zona sublevada fueron frecuentes las partidas de terratenientes y de su personal de confianza descritas por Chaves Nogales en su A sangre y fuego[3] o de grupos de paramilitares que cometieron todo tipo de asesinatos. A diferencia de lo sucedido en la otra zona, en la rebelde estas acciones lejos de ser obstaculizadas fueron alentadas, en todo caso, por la “autoridad” y siempre recibieron la cobertura del ejército. Además, el “gobierno” de Burgos se negó sistemáticamente a ningún tipo de acuerdo de tipo humanitario, a pesar de los múltiples ofrecimientos que el Gobierno de la República hizo en foros internacionales para intentar reducir la sangría humana.

Tenemos por delante una tarea importante para que la sociedad tenga una idea clara de la magnitud del desastre humanitario que causaron los golpistas. Los historiadores deberán depurar los datos para cuantificar el resultado final de la contienda en base a la responsabilidad de las muertes que se produjeron. La única forma de combatir la propaganda revisionista y justificadora consiste en arrojar luz que disuelva la nebulosa que ha producido tantas décadas de información falsa. Y no va a ser fácil como prueba el hecho de que el mandato de que estos hechos sean objeto de estudio en el sistema educativo haya sido la parte de la Ley de Memoria Democrática de Andalucía que más rechazo ha generado por parte de la derecha, si bien es justo reconocer que, finalmente, no se ha opuesto a la ley, lo cual supone un avance importante que genera un halo de esperanza.

[1] Instrucciones reservadas del General Mola, nº1, base 5ª (25 de abril de 1936).

[2] Preston, Paul (2011), El holocausto español, Debate, Madrid.

[3] Chaves Nogales, M. (2009), A sangre y fuego, Espasa Calpe, Madrid.

Sobre la tecnopolítica del dinero o el dinero como tecnología

A raíz de la tertulia #arquiContable con Juan Torres… conectando las reflexiones sobre tecnopolítica y sobre el dinero que trato de hacer desde hace algún tiempo… No es una pieza redonda, más bien unas notas de trabajo con algunas preocupaciones e intuiciones… La idea es que el dinero, como otras tecnologías, no es lo que solemos entender como algo “técnico-neutral”, sino que su diseño técnico da lugar a determinaciones/distribuciones concretas de las cosas, y que como “producción técnica o artefacto” podría ser de otra manera…


Imagen: Las Agencias, 2001, “Dinero gratis”; gráfica de la campaña para pensar la función social del dinero que llevó a cabo el mítico colectivo artístico de Barcelona en el contexto del entonces llamado movimiento antiglobalización, (posteriormente alter-globalización). Fuente: http://leodecerca.net/dinerogratis/

Tecnopolítica del dinero o el dinero como tecnología

José Pérez de Lama

La hipótesis tecnopolítica amplia

La hipótesis tecnopolítica amplia consiste en afirmar que aspectos de gran relevancia de las relaciones de poder que caracterizan las sociedades contemporáneas se producen a través de los sistemas tecnológicos, o más precisamente sociotécnicos. Bajo su apariencia de eficiencia, neutralidad o necesidad puramente técnica, las tecnologías, y más específicamente las maneras en que son implementadas socialmente, constituyen unas de las principales fuerzas que organizan la vida y la sociedad contemporáneas.

Y es precisamente la pretendida apariencia de necesidad más o menos inevitable, que interpretamos más como resultado de una evolución – como en la evolución natural – que como proyecto estratégico o intencionado, – o seguramente producto de decisiones táctico-estratégicas sucesivas – la que hace que su eficacia organizando las sociedades y produciendo subjetividades, sea mayor y más profunda que la de estrategias más tradicionales y obvias del poder, como puedan ser la legislación, el ejercicio del poder político en su sentido más convencional o las diferentes formas de coerción por medio de las relaciones laborales y económicas.

Citaré hoy a Langdon Winner [1989, p. ix-x] a este respecto – pueden encontrarse desde luego muchos otros referentes:

“Si uno observa cuan profundamente nuestras vidas están modeladas por los sistemas interconectados de las tecnologías modernas, cuan intensamente sentimos sus influencias, respetamos su autoridad y participamos en su funcionamiento, uno empieza a entender que, nos guste o no, nos hemos convertido en miembros de un nuevo orden de la historia humana […] Observando las estructuras y procesos de estos vastos sistemas, uno empieza a comprender una nueva forma de poder distintamente moderna, los cimientos de una cultura tecnopolitana.  […] Lo que parecen ser sólo instrumentos útiles, constituyen, desde otro punto de vista, duraderos armazones (enduring frameworks) para la acción social y política.”

Conviene matizar la idea de poder matizarla según la interpretación foucaultiana, que traté de evocar aquí hace algunos meses. El ejercicio del poder sería la capacidad de influir sobre otra persona haga algo que nosotros queremos; algo que, según Foucault, se ejerce mediante estrategias y técnicas. Cuando un conjunto de relaciones de poder se hacen estables, reforzándose unas a otras, haciéndose difíciles de transformar, se da lugar a lo que habitualmente interpretamos como situaciones de poder, o simplemente poder. Cualquiera que haya experimentado un poco alguna modalidad de e-burocracia podrá interpretarla sin problema como una técnica para obligarnos a hacer las cosas de una cierta manera, por poner un ejemplo.

Más adelante en el texto citado Winner describe las tecnologías como formas de vida [1989: 3-18]. Esta formulación puede relacionarse con la tradicional metáfora que presenta la cultura o la civilización como segunda naturaleza. Tendemos a percibir los entornos tecnológicos que nos rodean de una manera que casi podríamos comparar con el aire que respiramos, el tiempo o la lluvia, como algo dado cuya existencia no cuestionamos, y a la que tenemos que adaptarnos velis nolis, queramos o no, como las antiguas lentejas. Poca gente, por ejemplo, se cuestiona hoy la conveniencia de usar Google; que constituye un excelente ejemplo de como una tecnología se convierte en forma de vida; – en el plazo de poco más de una década.

Desde otro punto de vista, por ejemplo el del diseño de infraestructuras o sistemas, los ingenieros o técnicos, al menos en la tradición de la Modernidad, se han convencido de considerarse a sí mismos como agentes neutrales, que se limitan a dar las soluciones más eficientes y/o económicas a problemas objetivos: trazar una carretera o diseñar un protocolo de comunicación seguro, por ejemplo. Esta actitud de parte de los técnicos y de parte de los ciudadanos-consumidores que también los perciben así, es lo que define lo que podríamos llamar orden tecnocrático, __ alimentado por el mito – aún vigente a pesar de sus debilidades evidentes – del progreso estrechamente ligado al desarrollo tecno-científico, los excesos de la especialización y la complejidad, a veces intencionada, de los sistemas.

Personalmente me preocupa la falta de interés – y probablemente de conocimiento – que muestran nuestros políticos por estas cuestiones, dedicados antes que nada a lo que pienso que son formas que cabría denominar arcaicas del ejercicio del poder: los debates parlamentarios, lo discursivo y cosas así. El caso de la Grecia de Tsipras o incluso el de Obama en los EU, tristemente, han demostrado con claridad la insuficiencia de estos planteamientos frente a las máquinas tecno-algorítmicas, destacadamente, las financieras.

Con tecnologías, convendrá subrayar, me refiero, como hacen por ejemplo Deleuze y Guattari o Bruno Latour, a cualquier conjunto de producciones humanas, en las que participan artefactos de diversa índole, que dan lugar al establecimiento de procesos repetitivos: acciones, relaciones, flujos, distribuciones de lo real… Por ilustrar el asunto: Latour presenta los formularios como dispositivos tecnológicos característicos (2007).

El dinero como tecnología, o la tecnopolítica del dinero

Un tema que me ocupa desde hace un tiempo es el de la progresiva comprensión del dinero en su forma actual como una de las tecnologías más problemáticas del presente.

Hasta la crisis, nunca me había preocupado demasiado del dinero. Mis veleidades artísticas y anarquistas – una típica acción del anarquismo histórico era la de quemar el dinero de los bancos – me habían hecho tratar de pensar en éste lo menos posible: tener dinero suficiente para vivir con dignidad, y poco más. Con la crisis, como ya he contado alguna vez, me decidí a estudiar economía, empezando, fuerte, por El capital. Marx, como no, dedica muy pronto bastantes páginas al dinero, que en primera instancia me parecieron aburridas. Y aún así, no dejaron de ser interesantes. Una de las cosas más fascinantes aunque poco comentadas de El capital, es que nos hace recordar constantemente La metamorfosis de Ovidio: las cosas se metamorfosean constantemente unas en otras cuando fluyen a través de los ciclos que son en realidad los que las constituyen. Marx habla en alguna ocasión de metabolismo (Stoffwechsel, en alemán, literalmente, cambio de sustancia o materia). El dinero, de pronto, se convertía en un ente de múltiples sustancias y susceptible de múltiples metamorfosis: equivalente general (para establecer el valor de las cosas), medio de intercambio (para agilizar la compra-venta), medio de acumulación (más práctico que acumular jamones o edificios), capital (cuando se usa en el proceso de producción para incrementarlo generando plusvalor), mercancía (cuando se usa como crédito-deuda a cambio de un interés)… Las banales monedas y billetitos se convertían gracias a Marx en algo mucho más intrigante…

Crear dinero de la nada (como hacen los bancos)

Fue, no obstante, en una conferencia de Juan Torres impartida en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, cuando de verdad me empecé a interesar por el dinero como tecnología. En aquella ocasión Juan Torres explicó algo que para mi fue una revelación extraordinaria: la mayor parte del dinero no es creada por el Estado o por los bancos centrales, sino por la banca en general que lo hace cuando concede un préstamo. Siempre, ingenuamente y supongo que como tanta gente, había pensado que los bancos prestaban a otros el dinero que sus clientes depositaban en sus cuentas. Pero esto no es así. Quizás lo fue hace mucho tiempo. Actualmente, los bancos sólo necesitan respaldar sus créditos con un 1 o 2% de dinero en sus depósitos, lo que se llama la reserva fraccionaria. Esto es, si alguien deposita 100 euros en el banco, esto permite al banco otorgar un crédito de 98 euros, – en números redondos -, mientras que los 100 euros del depósito siguen existiendo. La cantidad inicial de 100 euros se habrá convertido en 198 euros, aunque este incremento exista propiamente en ningún lado – al menos para una mente positivista como era la mía hasta aquella conferencia. Y resulta que en torno al 97% del dinero en circulación es de este tipo (Torres, 2017: 169). Y resulta que la banca – privada en su inmensa mayoría en España, por más señas – tiene este extraordinario privilegio. A cambio del cual se supone que tiene alguna responsabilidad, una función social que lo justifica, la de engrasar la economía del país y beneficiar a la sociedad en su conjunto. Esto me hizo pensar entonces: “¡Bueno, esto de crear dinero de la cuasi-nada es la súper-tecnología, una tecnología cuasi-alquímica!” En aquel entonces, en plena crisis de las hipotecas, me fascinaba la idea de que un banco creara el dinero de la nada para conceder una hipoteca, y que luego pudiera reclamar este dinero, que en realidad nunca había existido salvo en la ficción más o menos compartida de su contabilidad, incluso después de haberse quedado con el inmueble que el hipotecado era incapaz de pagar; – la cuestión de la dación en pago.

Un tema relacionado con el anterior resulta que es el del crecimiento. Si el 97% del dinero que existe debe generar un interés del 4, 9 o 12% anual, resulta que ésta es una de las circunstancias que hace obligatorio el crecimiento. Y ya sabemos que el crecimiento como religión, al menos mientras esté así planteado, es una de las razones fundamentales del deterioro ecológico del planeta. No puedo profundizar más en este asunto aquí; lo dejaré para otra ocasión.

Extraer valor por medio de la deuda pública

El segundo aspecto del dinero como tecnología que Juan Torres nos desveló en aquella conferencia fue el de la financiación de la deuda pública, un asunto aún más tecnológico-delirante, – siempre en mi modesta opinión. Resulta que el Banco Central Europeo (BCE), la autoridad financiero-monetaria de la Unión Europea no puede por ley financiar directamente a los estados. Lo que hace es lo siguiente – y discúlpenme los/as lectores/as si es algo obvio: el BCE presta a intereses muy bajos a la banca privada (esto es, crea dinero que cede a la banca privada), para que ésta financie a un interés 2, 3, 4 o 5 puntos porcentuales más elevados a los estados, por ejemplo, comprando deuda pública, resultando así en un mecanismo de enriquecimiento extraordinario para la banca privada; – o visto de otra manera, en un fantástico dispositivo de extracción de los recursos de los estados – los impuestos que pagan los ciudadanos fundamentalmente – que se canalizan o desvían para beneficio de la banca. De manera que como señala Torres en un libro reciente, si los estados hubieran financiado su déficit durante esta última década directamente del BCE – como ocurre en los países con soberanía monetaria – la deuda pública europea  -y la española – se situaría en torno al 15%, en lugar de en torno al 90% o más como ocurre hoy. Las razones para que esto sea así, se me escapan; creo que tienen que ver con la intención e controlar y racionalizar la gestión del déficit público de los diferentes estados europeos o algo así, pero resulta, por lo menos, algo bastante paradójico. De nuevo, volviendo a la tecnopolítica, me pregunto, si esto no debería conceptualizarse como una cierta tecnología de circulación y gestión del dinero/capital que tiene como resultado una cierta distribución de lo real a través de lo ficticio. Un distribución sumamente eficiente para algunos, y muy poco para los demás, claro.

Extraer valor del trabajo de las futuras generaciones

Como soy un amateur, no puedo desarrollar mucho más este asunto, aunque haré un último apunte. En los  ejemplos anteriores se observa que lo que podríamos llamar tecnologías del dinero y tecnologías financieras están íntimamente ligadas. Un último caso, entonces, en que se profundiza en esta relación. Puede ocurrir, y ocurre con la mayor frecuencia, que los créditos emitidos por el BCE o por la banca privada se inviertan no ya en financiar el gasto público, la actividad productiva o el consumo, sino que se empleen en generar más dinero ficticio, esto es, que el dinero creado de la nada por la banca se invierta en comprar productos financieros más o menos derivados: dinero ficticio que se usa para generar más dinero ficticio. Y la paradoja es que el volumen de la economía financiera, en su mayor parte alimentada por este dinero meta-ficticio, supone hoy en día un volumen 3.7 veces mayor (como mínimo) que el de la economía que algunos llaman real, aquella cuyo dinero estaría respaldado directamente por bienes y servicios realmente existentes: como cuando alguien compra con cash tela, hilo, máquinas de coser y horas de trabajo porque está haciendo y vendiendo trajes que la gente compra con el dinero que cobró como salario – esto de los trajes es por poner un típico ejemplo de Marx. [0]

Entiendo que esta realidad del dinero/capital de metaficción, tendrá múltiples explicaciones concurrentes, pero a mí me convence bastante la del economista griego Costas Lapavitsas (2013), que reduciendo todos las tecnologías financieras a dos grandes categorías, las participaciones en empresas (equity) y el crédito/deuda (debt), argumenta que ambas consisten fundamentalmente en el descuento, más o menos prolijo y burbujeante, de futuros beneficios que se derivarán de las actividades productivas futuras sobre las que se basa la producción – ¿real?, ¿concreta? – de riqueza. El mundo financiero actual – como sugiere la deuda global extraordinaria – se basaría según Lapavitsas en la extracción del valor que se creará en el futuro. Un planteamiento similar al de la sostenbilidad y la solidaridad intergeneracional, pero al revés (véase también The Laboratory Planet, núm. 5).

Conclusión provisional: configurar el sistema monetario como bien común

Llegando a la conclusión, bastante provisional como exigirían los pragmatistas, lo que pretendía argumentar es que el dinero no es algo natural y neutral, un sistema surgido para optimizar los intercambios respecto del trueque como parece ser que se lee en los manuales ortodoxos de economía, sino una construcción sociotécnica, – un sistema tecnológico en la nomenclatura que aquí propongo -, más o menos deliberada, con efectos bastante concretos, entre los que actualmente destaca la extracción de valor del trabajo y las relaciones económicas de la vida cotidiana, y de los estados, en beneficio de las minorías que ejercen el control sobre el llamado mundo de las finanzas. La segunda parte de la conclusión es que este sistema tecnológico debe ser mejor conocido por todos, y que podría ser transformado, en tanto que tecnopolítica, para que sus efectos fueran otros. Algunos autores hablan de la posibilidad de configurar el sistema monetario y financiero como un bien común – por ejemplo, David Bollier o Ann Pettifor – cuyo último libro tengo sobre la mesa pendiente de leer. Cómo todas las cosas en que hay mucho en juego, no será de ninguna manera fácil, y lo primero será ser consciente de la necesidad de transformación. En cuanto a las posibles medidas de transformación, se proponen muchas: banca pública, monedas complementarias, separación de banca comercial y de inversión, regulación de los mercados financieros, control de capitales, tasa a las transacciones financieras, eliminación de paraísos fiscales, etc. – pero no puedo presentarlas aquí, – entre otras razones porque esto se hace largo, y sobre todo porque hay que seguir estudiando. Seguramente no habrá ninguna solución mágica, aunque no me cabe duda de que sí que existen muchas posibilidades de ajuste y mejora.[1]

Para terminar una historia que nos contó Juan Torres en la última tertulia de #ArquitecturaContable, que podría llamarse la parábola de los cien euros, que considero que ilustra muy bien el carácter especial, arbitrario, del dinero:

“Una viajera llega a un hotel en una pequeña localidad. Pide una habitación al hotelero, pero le dice que le gustaría verla antes. El hotelero le responde que le parece estupendo, pero que tiene la costumbre de solicitar un depósito que luego le devolvería si decidiera no quedarse. La viajera se muestra de acuerdo y le deja cien euros y sube a ver la habitación. El hotelero entonces, sale corriendo y va a ver al tendero de la esquina al que le paga con los cien euros una deuda pendiente. El tendero a su vez va a la farmacia, y también salda una deuda de cien euros con la boticaria, que a su vez va al hotel y le paga una noche de habitación que debía de la visita de un familiar. En este momento, la viajera baja, y le dice al hotelero que aunque le gusta la habitación ha decidido no quedarse, seguirá su viaje hasta el próximo pueblo antes del anochecer. El hotelero le devuelve los cien euros, que han permitido saldar las deudas en la comunidad por los servicios que unos y otros se habían prestado mutuamente.”

Coda: Me parece como una historia para una meditación zen. ¿Es que la viajera era banquera o qué? ¿Cómo supo el tiempo que tenía que tardar en ver la habitación? ¿O es que era – mi amiga – Susana Martín Belmonte promoviendo algún proyecto de moneda social complementaria? Ah, y también recuerda lo del dinero gratis de Las Agencias…

#notas

[0] Las comparaciones no me resultan del todo claras, entre otras cuestiones, porque se comparan cosas no estrictamente equivalentes; también porque la cuantificación de la economía financiera es difícil de realizar. Torres cita, entre otros, datos para 2015: el volumen de las transacciones financieras globales ascendería a 9.750 billones (europeos) de dólares año; – el PIB global se situó en torno a los 74 billones -; el gasto anual de todos los gobiernos del mundo ascendió a unos 20 billones; de aquí deduce que todo el gasto de los estados a nivel mundial podría pagarse con una tasa del 0.2% sobre las transacciones financieras (Torres, 2017: 166, 380). Según datos del Banco Mundial, en 2011 el volumen de la economía financiera fue 3.7 veces mayor que el PIB global – 255.9 vs 70 billones de dólares USA. (http://databank.worldbank.org/data/download/GDP.pdf, http://economiapuntes.blogspot.com.es/2013/11/economia-real-y-financiera-o-el-punto-y.html)

[1] Leyendo estos días la historia de la economía de Galbraith me llama la atención que estos debates sobre el dinero fueron extraordinariamente intensos durante el siglo XIX en Norteamérica, incluyendo numerosos experimentos reales y movimientos políticos de importantes dimensiones, así como su afirmación de que las principales revoluciones del XIX, la francesa y la estadounidense entre otras, se financiaron mediante la creación de dinero por parte de los grupos revolucionarios implicados (1989: 144); también la Guerra Civil de los Estados Unidos.

#bibliografíaReferencias

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The Laboratory Planet 5, Xenopolitics of the Anthropocene. Alien Capitalism, https://laboratoryplanet.org/en/

Costas Lapavitsas, 2013, Profiting Without Producing. How Finance Exploits Us All, Verso, Londres

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Karl Marx, 2007 (edición original de 1867), El Capital. Libro I – Tomo I, Akal, Madrid

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J. Pérez de Lama, 2015, Deleuze / Foucault y el poder: incitar, suscitar, combinar…, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2015/05/06/deleuze-foucault-y-el-poder-incitar-suscitar-combinar/

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Ann Pettifor, 2017, The Production of Money. How to Break the Power of Banks, Verso, Londres

Brett Scott, 2013, The Heretic’s Guide to Global Finance. Hacking the Future of Money, Pluto Press, Londres

Juan Torres, 2017, Economía para no dejarse engañar por los economistas, Deusto, Barcelona

Yanis Varoufakis, 2012 [primera edición, revisada, 2010], El Minotauro global. Estados Unidos, Europa y el futuro de la economía mundial, Capitán Swing, Madrid

Langdon Winner, 1989, The Whale and the Reactor. A Search for Limits in an Age of High Technology, The University of Chicago Press, Chicago

Mary Paley Marshall (Ufford-Inglaterra, 1850-1944)*

Mary Paley Marshall

Mary Paley Marshall con 77 años cuando recibió su doctorado honorario de la Universidad de Bristol en 1927 (https://sheroesofhistory.wordpress.com/2016/10/20/mary-paley-marshall/)

Teresa Duarte

Mary Paley es uno de tantos casos de mujeres de gran valía profesional, en este caso como economista, cuya carrera no solo quedó a medio camino sino prácticamente invisibilizada por la sombra de su marido, Alfred Marshall, quizá el más famoso de los economistas neoclásicos.

Mary nació en 1850 en Ufford, una villa próxima a Stamford, en Lincolnshire, a unas cuarenta millas al noroeste de Cambridge. Creció en una familia muy religiosa pues su padre, Thomas Paley, era clérigo evangélico y simeonita, es decir, de la rama más estricta y radical de esa iglesia, aunque algo singular: ya que la formó y animó para que fuera estudiante en Cambridge, algo completamente inusual y avanzado en su época. Con él y con su madre, Ann Judit Wormald, permaneció hasta los dieciocho años, cuando aprobó los exámenes superiores locales de Cambridge (Cambridge Higher Local Examinations for Women over Eighteen) con calificaciones excelentes. Gracias a ello, se le ofreció una beca para incorporarse a la Universidad de Cambridge bajo la tutela de Miss Clough, y en 1871 formó parte del grupo de las cinco primeras mujeres que entraron en esa prestigiosa institución y más concretamente en el Newnham College.

Mary superó sus estudios superiores en Cambridge con distinción (matrícula de honor) en 1874 y ella y Amy Bulley fueron las primeras mujeres que se presentaron al Tripos de Ciencias Morales[1]. Rita M. Tullberg (2000) señaló que los resultados de Mary Paley fueron asombrosos, incluso comparándolos con los obtenidos por estudiantes masculinos, algo que entonces no era del todo común pues en aquella época las mujeres y los hombres solían desarrollar currículos diferenciados y más livianos en el caso de las mujeres.

En 1875, Mary volvió al Newnham College, pero ya para enseñar economía bajo la tutela del Profesor Marshall, convirtiéndose así en la primera mujer profesora de la universidad de Cambridge. El profesor Stuart le propuso entonces escribir un manual sencillo y económico para sus alumnas que le ayudara a la hora de impartir sus clases magistrales y de ahí nació el que más tarde, en 1879, se convirtió en The economics of industry. Una obra de gran éxito y con varias reimpresiones pero de cuya autoría desapareció Mary cuando Alfred editó una segunda edición en 1892 bastante cambiada[2].

En 1876, Mary se comprometió con Alfred Marshall, un año más tarde contrajeron matrimonio y, al casarse, Marshall tuvo que abandonar su Fellowship en el St. John’s College de Cambridg, pues dejaba de cumplir la entonces exigida condición de soltería. El matrimonio se instaló entonces en Bristol. Allí, Alfred fue nombrado director del College de la Universidad de Bristol y director de la Cátedra de Economía Política. Y Mary, por su parte, se encargó de las tareas educativas del primer College mixto, algo totalmente inusual en aquella época victoriana, cuando las mujeres casadas no trabajaban ni siquiera dentro del grupo selecto de mujeres con formación. Pero Mary tenía un concepto del matrimonio y del papel de la mujer en la vida diferente al predominante y siempre defendió el derecho de las mujeres a participar en la vida pública y a desarrollar carreras profesionales. De hecho, en la etapa de Bristol, Mary dio más clases avanzadas que Alfred y fue reconocida por ello años después.

En 1883 el matrimonio se trasladó a la universidad de Oxford. Alfred se incorporó a la cátedra de economía política en el Balliol College y Mary también llegó a ser una profesora de economía muy reputada. Sin embargo, cuando en 1884 fallece Henry Fawcett y Alfred ocupa su cátedra de Economía Política en Cambridge, Mary se limitará a ocupar un segundo plano como docente, impartiendo tan solo algunas clases de economía en Newnham College, para dedicarse mucho más de lleno a asistir como secretaria, correctora y ayudante de investigación en los libros de su marido.

Durante los años en Cambridge, Mary formó parte de algunas sociedades femeninas y organizaciones de caridad, como la Ethical Society y la Charity Organizaton Society, y del grupo fundador de la British Economic Association, más conocida como la Royal Economic Society. En la revista de la asociación, Ecomomic Journal, publicó tres reseñas sobre economía laboral y sobre las condiciones de vida de las mujeres trabajadoras. En 1895 una del libro de Von Minna Wettstein Adelt sobre las condiciones laborales de las mujeres trabajadoras en fábricas textiles alemanas; en 1896, sobre la Conferencia de Mujeres Trabajadoras que se celebró en 1895; y en 1902 la más extensa sobre el libro de Clara Collet. En ella expresaba su acuerdo con Collet, sobre todo, con su idea de que la educación superior debía darse tanto a las hijas como a los hijos con el fin de que las mujeres pudieran tener independencia económica. Mary decía que “un carácter elevado precisa dignidad y es imposible para una mujer tener gran respeto por sí misma si ella debe casarse para poder vivir”[3].

Desafortunadamente se desconoce con exactitud el papel que Mary desempeñó en la producción de los libros de Alfred, ya que ella destruyó gran parte de la documentación privada relativa a su relación sentimental y profesional con su marido. No obstante, la mayoría de los economistas e historiadores que han escrito sobre la vida de Marshall manifiestan que la intervención de Mary fue imprescindible y, en los últimos años de vida de Marshall[4], decisiva para que sus libros vieran la luz (Mendez, 2007).

Cuando su marido falleció en 1924, Mary ayudó a establecer la Biblioteca Marshall de Economía en Cambridge y se dedicó a ella en cuerpo y alma hasta que el médico insistió en que debía dejarla a los 87 años de edad. En 1927 fue galardonada con un doctorado honorario por la Universidad de Bristol en reconocimiento por su trabajo y tesón para romper prejuicios en torno a la educación superior de las mujeres.

Mary, fue una precursora y defensora del derecho a la educación superior, al trabajo y a la dignidad de la mujer pero los años en Bristol y más tarde una estancia de un año en Palermo (Sicilia)[5], además -muy posiblemente- de su afán por complacer a un marido que a medida que maduraba se sentía más incómodo con sus ideas avanzadas[6], fueron cambiando su vida, hasta el punto de que terminó renunciando a su carrera profesional y a desarrollar su propia obra científica para dedicarse por completo a la de su marido (Méndez, 2007). Como escribió con razón Giacomo Becattini (1990), Alfred Marshall “durante 47 años tuvo a su lado en el trabajo y protegiéndole de la turbación del mundo exterior a Mary Marshall (Paley de soltera), una mujer fuerte e inteligente, que quizá se habría convertido en la primera mujer economista moderna de no haber sacrificado tanto de sí misma a la asistencia de su gran marido”.

Referencias

[1] El Tripos de Ciencias Morales consistía en la superación de exámenes que conferían el grado de Bachelor e incluía ejercicios de Economía Política. En Cambridge aún no existía un Tripos de Economía Política independiente de Ciencias Morales. La economía era una disciplina joven y poco conocida, salvo en grupos limitados de estudioso. Las primeras universidades en incluirla como disciplina científica en sus programas fueron Oxford en 1797 y la Universidad de Londres en 1827. En Cambridge se logró establecer el Tripos de Economía en 1903.

[2] Aunque la primera edición del libro de Mary Paley Marshall y Alfred Marshall fue muy exitosa, Keynes consideró que “era un libro excelente, no se produjo nada más útil para su propósito durante muchos años, si es que llegó a hacerse” (Keynes, 1944: 239), fue retirado de circulación por voluntad de Alfred Marshall bajo argumentos de base doctrinal, aunque según Groenewegen (1995: 25) Mary no estuvo de acuerdo con el criterio de su marido.

[3] Marshall, Mary P. (1902).

[4] Los últimos libros publicados por Alfred Marshall en 1929, 1921 y 1923 se produjo cuando su salud ya era decadente y su capacidad mental estaba notablemente mermada (Méndez, 2007).

[5] Mary Paley Marshall y Alfred Marshall disfrutaron de una estancia de un año debido a las dolencias de Alfred. Según Mary y Alfred este período fue de perfecta dicha y felicidad más prolongado de sus vidas (Keynes, 1944: 240-241)

[6] Alfred Marshall luchó contra los intereses femeninos: emancipación de la mujer y su acceso a los grados superiores de la licenciatura. En este último asunto, Alfred incitó a Herbert S. Foxwell para que tomara una actitud activamente en contra porque la posición de su mujer en la formación de las estudiantes en Newnham y Girton se lo impedía a él (Groenewegen, 1995).

Bibliografía

Becattini, G., 1990. Alfred Marshall: vida y pensamiento, Revista de economía, Consejo General de Colegios de Economistas, 6 (3), reproducido en Economistas, 2013, 16(6):32-41.

Gallego Abaroa, E., 2010. La incorporación de las mujeres a la Economía Política en los albores del siglo XIX: Jane Marcet, Harriet Martineau, Millicent Garrett Fawcett y Harriet Taylor Mill, Boletín Económico de Información Comercial Española, 852: 13-25.

Groenewegen, P., 1995. A Soaring Eagle: Alfred Marshall 1842-1924. Edward Elgar: Aldershot.

Keynes, J.M., 1944. Mary Paley Marshall, en The Collected Writings of John Maynard Keynes. Essays in Biography, vol. X: 232-250. Macmillan for the Royal Economic Society, London.

Marshall, M. P., 1902. Educated Working Women by Clara Collet, Review, Economic Journal, 12 (46): 252-257.

McWilliams Tullberg, R., 2000. Mary Paley Marshall (1950-1944), en Robert W. Dimand, Mary Ann Dimand y Evelyn L. Forget (eds.), A Biographical Dictionary of Woman Economists, Cheltenham, Edward Elgar Publishers.

Méndez Ibisate, F., 2007. Mary Paley Marshall, en Perdices de Blas, L. y Elena Gallego Abaroa (coord.): Mujeres Economistas. Editorial del economista. Madrid.

Sheroes of History by Ann Kennedy Smith. Mary Paley Marshall. https://sheroesofhistory.wordpress.com/2016/10/20/mary-paley-marshall/ consultado el 8/04/2017.

(*) Este texto ha sido elaborado para el Proyecto “La economía no es solo cosa de hombres”, abril, 2017, Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Universidad de Sevilla.

Comentarios a la propuesta de Modelo de Financiación de las Universidades Públicas Andaluzas 2017-2021

Eduardo Arroyo. La maja (1964). Colección particular.
Fuente imagen: http://artodyssey1.blogspot.com.es/2012/09/eduardo-arroyo.html

Teresa Duarte y David Patiño

El modelo de Financiación de las Universidades Públicas Andaluzas 2017-2021 (MF 17-21), que es la continuidad del MF 2007-2016, está actualmente en proceso de revisión y aprobación y hemos realizado unos breves comentarios a modo de análisis del mismo.

El modelo tiene algunas virtudes pero adolece de grandes problemas que debieran ser subsanados antes de su aprobación. Una de las carencias más destacables es que no define el tipo de universidad pública que pretende establecer y cómo hacerlo. ¿Cómo valorar un modelo de financiación si no se ha definido qué proyecto se quiere financiar o cuáles son los objetivos a alcanzar en materia de educación superior?

En comparación al modelo anterior, la propuesta, a la espera de concretarse, supone una gran simplificación. El modelo previo era excesivamente complejo lo que ha llevado a que se haya incumplido a lo largo de todo el período. Para diseñar un modelo de financiación se puede optar por determinar de un modo preciso lo que se quiere medir, sean inputs y/o resultados, a través de diferentes indicadores. El coste de la mayor precisión es la complejidad, que se agrava en la medida en que además necesita una regla de evolución dinámica y la evolución de los indicadores genera incertidumbre. Por el contrario, se puede establecer una regla sencilla en la que basar la financiación. Esta puede ser el número de estudiantes, o de profesores o similar. Esta estrategia tiene el coste de la falta de precisión pero gana a cambio en sencillez y transparencia. El modelo anterior, correspondía al primer tipo, en el que los múltiples porcentajes que empleaba no se habían determinado previamente y nunca se llegó a hacer, resultando una financiación ad hoc muy poco transparente y numerosas tensiones entre las universidades. El modelo que se presenta, se parece más, en la parte principal, la determinada por la operativa, al segundo tipo, lo cual supone una importante mejora. No obstante, esta virtud se pierde con varias decisiones menos acertadas. La primera de ellas es emplear como indicador principal al gasto histórico en los capítulos 1 y 2 y a la vez reducir la importancia de la financiación operativa. Para el resto se establecen una serie de normas que no se definen y que, nos presagian una falta de transparencia y una vuelta al reparto de buena parte de la tarta por criterios políticos y no objetivos, lo que, caso de confirmarse, no sería nada conveniente ni adecuado y se debería evitar.

Y de manera destacada, dos problemas que son imprescindibles acometer pero que acaban convertidos en meros brindis al sol y mucho nos tememos que cuando finalice el periodo de vigencia del modelo seguirán estando presentes.

Por un lado, el modelo que estamos analizando es la continuidad del MF 2007-2011 varias veces prorrogado, que no ha sido evaluado, es decir, que la situación del sistema público de universidad andaluzas no ha sido analizado exhaustivamente tras el último modelo y tampoco los daños que ha causado en las universidades la crisis. La Junta de Andalucía no ha hecho un ejercicio de control del logro de objetivos en materia de universidades ni de transparencia y, por tanto, desconocemos la situación real de las universidades públicas andaluzas antes y después de la crisis; partiendo de este escenario desconocido, el nuevo modelo pierde credibilidad porque todos los pasos que intentemos dar serán en falso.

De manera parecida, el modelo repite los buenos deseos del anterior cuando pide una “corrección que evite titulaciones duplicadas cuando el escaso número de alumnos no lo requiera, adoptando métodos y criterios que garanticen la no incidencia de intereses particulares, corporativos o localistas”. La falta de concreción de un verdadero plan de análisis de cuáles son esas titulaciones y de las medidas que se van a implantar hace presumir que, de nuevo en esta nueva etapa, estos ajustes se vayan a quedar sin realizar. En cualquier caso, si la Consejería se precisara a realizar un informe de este tipo, sería necesario dejar claro que la financiación no se reduciría, o lo que es lo mismo, que esto no supusiera “recortes” para el sistema, sino una reorganización eficiente del presupuesto asignado; – únicamente bajo esas premisas se podrá acometer esta reorganización que mejore la eficiencia del sistema y a la vez lo haga más equitativo.

Por último, se echa de menos articular un sistema de incentivos adecuado para que se consoliden grupos docentes y grupos de investigación y redes entre los mismos, redes interdisciplinares e interuniversitarias que permitan aprovechar economías de escala. En ningún caso se articula una verdadera apuesta por su creación, desarrollo y consolidación y desde luego no se establece un plan, que consideramos imprescindible, para detectar problemas, analizar sus causas y establecer posibles soluciones.

 

Composición de la financiación pública

Tras valorar algunos de los aspectos generales de la propuesta procedemos a describir el modelo en detalle. La financiación del sistema universitario público se regula en la Ley Orgánica de Universidades y en la Ley Andaluza de Universidades (LAU). Esta última, establece que la financiación de la Junta de Andalucía a las Universidades andaluzas se compone de dos grupos:

2.1. Financiación básica, que es aquella necesaria para que la universidad pueda “abrir sus puertas”, es decir, pueda enseñar e investigar con un nivel de calidad “suficiente” y homogénea. El modelo garantiza que alcance el 85%-90% de la financiación total aportada por la Junta de Andalucía (en adelante JA). La propia JA establece como objetivo que las universidades alcancen un nivel de financiación del 1,5% del PIB andaluz, del que se compromete a aportar el 1,05%. La novedad con relación a estas necesidades de financiación es que la JA ha incluido como gastos básicos, además de la inversión en plantilla y los gastos corrientes para prestar los servicios de enseñanza e investigación, aquellos destinados a inversiones (conservación de edificios). En primer lugar, supone que la JA considera que las universidades han realizado grandes planes de inversiones en edificios y a partir de ahora solo será necesario conservarlos. En segundo lugar, el modelo de financiación anterior, que no se ha llevado a la práctica, no consideraba las inversiones en edificios como básica y su financiación se realizaba, fundamentalmente, mediante fondos europeos, lo cual suponía el cumplimiento, no siempre logrado, de unas condiciones de cofinanciación y además, ha provocado que las universidades hayan abordado grandes inversiones, que en ocasiones han sido innecesarias, con un coste de mantenimiento elevado generando una asignación ineficiente de los recursos. Con este cambio de concepto, se simplifica tanto la inversión en edificios como su financiación que se realizará a través de fondos directos de la JA.

No obstante, tendemos a pensar que la financiación necesaria para “abrir las puertas” de la universidad no solo debe ser suficiente para prestar un servicio de calidad sino que debe ser incondicionada. El la propuesta de modelo únicamente la parte considerada financiación básica operativa tiene este carácter, es decir, las nóminas del personal de la universidad y los gastos corrientes que se incluyen en los capítulos I y II de los presupuestos de las universidades. El resto, la financiación básica de la investigación y de la inversión estará condicionada al cumplimiento de una serie de indicadores que la propuesta NO determina y que se definirán en los contratos programas. Esto quiere decir que cada una de las universidades y la JA firmarán acuerdos bilaterales en los que se establezcan los objetivos a cumplir en materia de investigación  e inversión para obtener esta financiación. Tampoco consideramos que la financiación básica operativa sea suficiente para prestar un servicio de calidad. Esta financiación se es la suma de los capítulos I y II multiplicada por la regla de gasto* y detrayendo la aportación privada vía tasas académicas. Su definición implica considerar que el gasto histórico en ambos capítulos es adecuado para prestar un servicio de calidad. Los costes históricos de cada una de las universidades andaluzas constituirían un punto de partida adecuado si fueran eficaces, eficientes y equitativos pero existe el consenso de que el sistema tiene numerosos desequilibrios. Por tanto, emplearlos como base para el reparto de la financiación es algo parecido al uso del incrementalismo presupuestario en el reparto de fondos entre las universidades. Para agravar la situación, la financiación de las universidades se ha caracterizado por su oscurantismo intencionado que ha generado un ambiente de conflicto permanente entre las instituciones. Para empezar a solucionar esta situación se debería empezar con la publicación de indicadores estándares que midan los aspectos principales. Es cierto que para establecer un verdadero sistema de información se necesita implantar, de forma efectiva, un sistema de contabilidad de costes que permita conocer esta información. Pero el retraso en la implantación del sistema contable no puede ser una excusa para no publicar datos que permitan evaluar la situación del sistema y que permitan proponer medidas para su mejora. Si queremos universidades que presten un servicio de calidad debemos utilizar costes estándares y establecer objetivos a medio y largo plazo claros para acercarlas al tipo de universidad al que aspiramos.

2.2. Financiación afecta a resultados, en concreto a través de contratos programa, como planes de excelencia, coordinación y apoyo (PECA– 3%-4%), los programas de financiación universitaria condicionada (PAIDI– 8%-10%) y calidad y gestión (1%-1,5%).

Estos instrumentos de financiación se caracterizan por estar afectados, de una forma y otra a resultados. El cobro de estos fondos está condicionado a la consecución de los objetivos establecidos en los contratos programas, a convocatorias competitivas y a la disponibilidad de recursos por parte de la Junta de Andalucía. A estos efectos, es relevante indicar que en los últimos 3 años no se ha dotado el PAIDI lo que significa que la Junta de Andalucía no ha financiado la investigación de las universidades a través de la principal vía para ello. Estamos de acuerdo en que es necesario establecer sistemas de incentivos que permitan constituir grupos docentes e investigadores que generen avances en el conocimiento, creando sinergias interdisciplinares y construyendo redes y entornos que guíen hacia el desarrollo de una sociedad más avanzada. Sin embargo, el modelo vuelve a limitarse a diseñar incentivos ineficientes pues únicamente fomenta el individualismo, la competitividad mal entendida y la producción de una ciencia alejada de las necesidades de la sociedad pero acorde con criterios absurdos bajo el control de grandes empresas internacionales con intereses privados…

Igualmente, estos instrumentos tratan con laxitud la calidad de la gestión. Las universidades públicas andaluzas son administraciones que dependen de la JA y aunque poseen autonomía, no están exentas de rendir cuentas a la ciudadanía. Pensamos que las universidades deben ser un ejemplo de transparencia en su gestión. La transparencia debe permitir que la sociedad conozca el nivel de cumplimiento de los objetivos estratégicos de cada universidad, los indicadores de eficiencia y sus políticas de contratación. Pero la gestión eficiente debe abarcar también de satisfacción de la comunidad universitaria, el personal docente e investigador, el personal de administración y servicios, usuarios pero también de la sociedad en general y debe incluir la total erradicación de cualquier discriminación por razones de género… para que esto sea una realidad no solo es necesario implantar el modelo de Contabilidad Analítica (CANOA) sino que se precisan el establecimiento de mecanismos control de la gestión de los equipos de gobiernos que realmente sean efectivos.

 

Objetivos estratégicos del MF 2017/21

La propuesta de modelo de financiación, define el sistema universitario como el factor clave para el desarrollo económico a través de la formación de los ciudadanos (educación) y que el documento denomina capital humano, etiqueta utilizada por la ortodoxia neoclásica, de la creación del conocimiento (I+D+i) y su divulgación y uso (transferencia). Los aspectos que destacamos de la propuesta son los siguientes:

  • Formación: impulso de la “eficiencia interna y externa”, entendiéndola como mejoras en logros educativos entre los que incluye la empleabilidad de los egresados y sus niveles retributivos. Para conseguir estos objetivos se establece como necesidad evitar duplicidades en titulaciones y eliminar desajustes entre oferta y demanda. En este sentido, se llama a las universidades a cooperar entre ellas lo que se entiende como una llamada a que realicen acciones colaborativas que optimicen los recursos públicos. Se incide en la especialización de la oferta educativa y su adecuación al entorno social y productivo y se establece como obligación explicitar las tasas de empleabilidad de los grados. Estos indicadores son muy controvertidos como para que sea necesario establecer, de modo preciso, los valores que serán exigidos. Por un lado, dependen de los condicionantes del mercado como el modelo económico regional, principales sectores de desarrollo y contexto económico (tasas de paro, crecimiento económico, políticas de inserción laboral…) y por otro lado, no podemos olvidar que la universidad pública no puede, ni debe, tener como único objetivo la empleabilidad de sus egresados.

Se apuesta por fomentar el uso de las “nuevas tecnologías de la docencia y aprendizaje”, la mentalidad emprendedora y se indican “incentivos” al personal docente mejor evaluado. En este último caso, la indicación se hace sin señalar cuál es la vía para hacer dicha evaluación ni sus criterios, pero tampoco se establece referencia alguna a la evaluación de equipos docentes, con lo que parece que la norma atiende exclusivamente a evaluaciones de tipo individual y únicamente contempla la colaboración entre instituciones y no entre grupos de trabajo. Otro tanto parece reflejar la alusión a la formación de los profesores.

La propuesta de MF2017/21 reflexiona también sobre el papel de los usuarios en la financiación del sistema público universitario. En este sentido, identifica subvenciones con becas, afirmando que todo el alumnado está “becado”. En este sentido, el MF considera que la subvención impide a los usuarios percibir de manera adecuada el valor del servicio, alertando de la posibilidad de que pueda provocar una demanda excesiva potencialmente “despilfarradora”. Desde nuestro punto de vista, el documento ignora que los servicios pueden ser financiados vía precios o vía impuestos. La Universidad pública, se financia principalmente por la segunda vía, como muchos otros servicios públicos como la justicia, la policía o la defensa nacional. Estos servicios no generan dudas ni reticencias en cuanto a la valoración que hacen los usuarios de los mismos. En cualquier caso, hay una sobrada justificación de la financiación mayoritaria vía impuestos de la universidad, de hecho, es la opción elegida en la inmensa mayoría de los países de nuestro entorno, y nuestro país destaca en el elevado porcentaje financiado vía precios públicos, financiación privada que contrasta con países, como Alemania, en los que la financiación se realiza a través de impuestos en su totalidad. Consideramos que es un comentario que subyace de una idea de universidad que es errónea y muy alejada de nuestra visión de la educación superior como una necesidad incuestionable o de la parte en la que el propio documento la considera un factor clave para el desarrollo económico de Andalucía. Dicha visión se basa en un modelo que no conduce a una universidad más eficiente ni más equitativa.

  • Investigación: entendemos que el MF pretende la consecución de objetivos que son contradictorios, al menos con los indicadores de medición de su calidad que propone. Las únicas referencias que hace el documento a la medición de la calidad de la investigación son los artículos en revistas indexadas en el JCRs de 1er cuartil. Este tipo de clasificaciones realizan su valoración en términos de las citas que reciben las revistas en otros artículos. En ocasiones, también se indican los sexenios de investigación, complementos retributivos cuya consecución viene determinada, de nuevo, por los artículos en esas revistas. Sin quitar validez a estas medidas, consideramos que no pueden constituir la forma exclusiva de medir la calidad investigadora. De hecho, hacerlo así es contradictorio con el resto de objetivos que el modelo pretende conseguir. En concreto, esta medida de la calidad de la investigación generará como resultado el filtrado de un personal investigador con unas características determinadas que, en algunas áreas más que en otras, no sean compatibles con la “transferencia de tecnología y conocimiento al tejido empresarial”. Esto es especialmente probable en el caso de las ciencias sociales. Posiblemente tampoco permita orientar la investigación “hacia unas prioridades institucionales de investigación” y especialmente para “orientar la I+D+i hacia los retos sociales andaluces” que es muy probable que se encuentren muy alejados de los intereses de las revistas de alto impacto.

Desde otra perspectiva, se echa de menos un impulso decidido hacia los grupos de investigación. Al igual que en lo referido a la docencia, la investigación de calidad se realiza en grupo. Cargar, de manera exclusiva sobre los individuos, como hace el proyecto, es totalmente ineficiente y no representa la guía adecuada que, a nuestro juicio, debería consistir en fomentar de manera inequívoca que docencia e investigación se realicen a través de equipos. El modelo establece como objetivo “superar la atomización en pequeñas unidades de investigación” pero no recoge ningún tipo de medida ni de incentivo a su consecución.

Esto se debería articular a través de la creación de oficinas contempladas en los planes propios de docencia y de investigación con presupuestos adecuados que pudieran realizar tareas de análisis y de asesoramiento. Es preciso articular un mapa de grupos, docentes y de investigación, así como de sus resultados. Para ello habría que analizar la situación existente en la actualidad, que ya existe en los grupos de investigación aunque es totalmente inexistente en el caso de grupos docentes. En el caso de ambos habría que analizar sus resultados y compararlos con los estándares que se consideren adecuados. En el caso de que no se alcancen sería necesario dotar de asesoramiento para determinar las causas y estudiar vías para conseguir mejoras en los resultados. En ese sentido, sería conveniente que los propios grupos (docentes e investigadores) fueran los que propusieran sus propios planes de mejora acompañados de la oficina correspondiente que analizaran los correspondientes casos….

Esta lógica también debería dominar las políticas de fichajes o de incorporación de seniors, en las que uno de los principales criterios debería ser la aportación a la creación, desarrollo y consolidación de grupos, docentes o investigadores, intrauniversitarios o interuniversitarios.

Algo similar sucede con el objetivo de la “divulgación de la cultura y el conocimiento”. Este aspecto es un elemento esencial para conseguir financiación para proyectos de investigación en otros países y ha sido permanentemente olvidado en el nuestro. El MF 2017/21 tampoco hace una apuesta decidida por incentivar el proceso de difusión de la investigación limitándose a realizar esa mención renunciando a incentivos valientes como por ejemplo “asociándolo a la retribución”, por citar alguna otra pincelada del propio modelo.

  • Gestión: Destaca el énfasis con que la propuesta identifica la buena gestión con no incurrir en déficit presupuestario y la consecución de la sostenibilidad financiera, Por el contrario, no se hace referencia a aspectos como la ejecución efectiva de los presupuestos. La propuesta olvida que el presupuesto es un documento de obligado cumplimiento y que si no se ejecuta, práctica muy generalizada, se está incumplimiento la programación planteada al no desarrollar los programas propuestos. La principal novedad en este ámbito lo constituye una alusión al “uso de instrumentos que detecten y posibiliten la corrección de las disfunciones e ineficiencias” en los recursos y la necesidad de establecer un marco presupuestario “mínimo” de 3 años. Respecto de la primera propuesta, parece, a la luz del resto del documento, que la vincula a la implantación efectiva del sistema de contabilidad analítica conocido como CANOA y a la información que aporte. La contabilidad analítica ya constituía un objetivo en el modelo anterior pero a día de hoy no se ofrecen datos de en qué situación se encuentra su implantación. Respecto de establecer un marco presupuestario de medio plazo, nos parece una medida acertada, si bien tememos que no acabe teniendo una implantación efectiva y se limite a establecer la necesidad de elaborar documentos que nadie crea. Si la planificación anual no se desarrolla con generalidad, difícilmente se va a realizar una planteada con un carácter trianual. Asimismo, echamos en falta algunos indicadores para evaluar la eficacia de la gobernanza como la encuesta de satisfacción de los empleados de las universidades.

Además de estos objetivos en cuanto al desempeño de la actividad, la propuesta de MF también establece como objetivo general en cuanto a financiación y aporte de recursos seguir manteniendo el objetivo no conseguido del 1.5% del PIB, aunque de modo inmediato lo matiza y transforma en una horquilla abierta entre el 1.3% (gasto español) y el 1.6% (gasto de la UE). No nos parece adecuada esta horquilla en la cuantificación total de los recursos que, posiblemente, es el principal aspecto del modelo. Creemos que la Junta debería afinar este objetivo en la cifra europea, pero sobre todo, y al contrario que con el modelo anterior, esta cifra debe ser de obligado cumplimiento y alcanzarse de modo efectivo. En este sentido, sería mucho más razonable establecer un horizonte presupuestario realista que nos lleve, en un tiempo razonable, a la consecución del mismo.

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