Algunos comentarios sobre Staying with the Trouble / Seguir con el problema de Donna Haraway

Imagen: “prortada” del vídeo en YT de la conversación del 27/05/20 de Donna Haraway con Helen Torres sobre su libro Staying with the Trouble. Making Kin in the Cththulucene [https://www.youtube.com/watch?v=DR_4zWBtRW0]

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Recupero una reseña de 2017 que creo que no se leyó demasiado, y que formaba parte de un post más largo, sobre el libro de Donna Haraway que se ha traducido recientemente al español / castellano. Ayer vi una estupenda conversación on line de la autora con Helen Torres, organizada por consonni, la editorial que ha publicado la traducción, y que me hizo recordar este texto.

José Pérez de Lama

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Staying with the Trouble

El libro de Donna Haraway […] Staying with the Trouble podría decirse que trata también sobre la vida contemporánea, pero lo hace desde la perspectiva de la filosofía, la ecología, las tecnologías, la política, al arte y el feminismo. Uno de los nexos en común sería su preocupación con como vivir en un mundo precarizado y herido; recuperación, resistencia, staying with the trouble – en lugar de dedicarse a pensar utopías futuras -, making kin, becoming-with – componerse afectivamente con el mundo, con las máquinas, con otros seres vivos… – serían algunas de las pistas que nos propone…

De momento citaré un par de párrafos, para sugerir el mundo de pensamiento que nos plantea Haraway. Espero hacer más adelante otras reseñas o escritos más largos sobre el tema.

String figures

String figures es una de las metáforas principales que usa Haraway para describir los trabajos de relación que plantea. String figures serían las figuras que se hacen con hilos jugando con las manos, que según explica constituyen una práctica común en muchas culturas tradicionales. En la cultura angloamericana se llaman también cat’s cradle, el título de una de las mejores novelas de Kurt Vonnegut curiosamente. En español castellano parece que recibe diferentes nombres como jugar a las cunitas, la hamaca, al hilo, al cordel (http://www.cuadernointercultural.com/string-figures/). De momento lo dejo sin traducir.

“Las string figures son como historias; proponen y actualizan patrones para que los participantes los habiten, de alguna manera, en una tierra vulnerable y herida. Mis narraciones multiespecie tratan sobre la recuperación, en complejas historias que están llenas de murientes y vivientes (dying and living), que están tan llenas de finales, incluso de genocidios, como de principios. A la vista del históricamente implacable excedente (surplus) de sufrimiento  que padecen los anudamientos de especies compañeras (companion species), no estoy tan interesada en la reconciliación o en la restauración, sino que estoy profundamente comprometida con las más modestas posibilidades de la recuperación parcial y el poder sobrevivir juntos. Llamémoslo staying with the trouble (permanecer en las turbulencias, sobrevivir con los problemas [1]). Y así, busco historias reales que son también fabulaciones especulativas y realismos especulativos. Son historias en las que participantes de múltiples especies, enredados en traducciones parciales y fallidas a través de la diferencia, rehacen formas de vivir y morir adaptadas a florecimientos finitos aún posibles, a recuperaciones aún posibles.” [2016, p. 10]

Hay que decir que la prosa de Haraway es más bien rebuscada, o por lo menos, bastante idiosincrásica, __ especialmente si se compara con la de Smith de una sencillez admirable. No resulta fácil traducir lo que escribe. Ocurre con Haraway como por ejemplo con Deleuze y Guattari: aprender a leerla-comprenderla es casi como aprender a leer y escribir en un nuevo lenguaje de programación: sus palabras son especiales, muchas de ellas inventadas, incluso su sintaxis es diferente. Muchas de sus palabras son necesariamente nuevas porque presentan conceptos o metáforas nuevas o usadas de una manera diferente. Anna Tsing, colega de Haraway, llamaba la atención en una conferencia reciente, sobre la imaginación con que la profesora Haraway usa las palabras, para producir otros mundos y otras formas de conocimiento [2]. La autora caracteriza su propio trabajo de escritura como sf, que es acrónimo de science fiction (ciencia ficción), pero también de speculative fabulations, speculative feminism, string figures, y algunas cosas más. A mi personalmente, en ocasiones su lenguaje me resulta muy sugerente, haciéndome pensar efectivamente de una manera diferente; en otras, sin embargo, no me parece que funcione tan bien. Con el tiempo tal vez, algunas de sus expresiones y modismos se hagan más normales, como en parte ha ocurrido con Deleuze y Guattari o a Foucault, por mencionar a algunos autores preferidos.

Chthuluceno

“Chthuluceno es una palabra simple [3]. Es un compuesto de dos raíces griegas (khthon y kainos) que juntas dan nombre a un tipo de tiempo-lugar para permanecer en las dificultades de vivir y morir en responsa-abilidad en un planeta dañado. Kainos significa ahora, un tiempo de comienzos, un tiempo actual (ongoing), para la frescura. Nada en kainos tiene que significar pasados, presentes o futuros convencionales. No hay nada en los comienzos de los tiempos que insista en borrar lo que vino antes, o, incluso, en borrar lo que venga después. Kainos puede estar lleno de herencias, de recuerdos, y lleno de cosas venideras, de cuidar lo que aún pueda ser. Escucho kainos en el sentido de una presencia actual y densa, con ramificaciones que infunden todo tipo de temporalidades y materialidades.”

“Los chthónicos (así los esribe Haraway, aunque probablemente en castellano debiera escribirse ctónicos) son seres de la tierra, antiguos y del último minuto. Imagino a los chthónicos como repletos de tentáculos, sensores, dedos, colas, patas de araña y pelo rebelde. Los chthónicos juegan y retozan en el humus multibicho (multicritter; _ critter que traduzco por bicho es otra de las palabras clave de Haraway en este libro) pero no tienen relaciones con el Homo que mira al cielo [4]. Los chthónicos son monstruos en el mejor sentido; demuestran, y ponen en práctica el sentido material de los procesos de la tierra y los bichos. También demuestra y ponen en práctica consecuencias. Los chthónicos no son seguros, no tienen relación con los ideólogos; no pertenecen a nadie; se retuercen y se deleitan de múltiples formas y con múltiples nombres en los aires, las aguas y lugares de la tierra. Hacen y deshacen; son hechos y deshechos. Son los que son. No es de extrañar que los grandes monoteísmos del mundo en sus formas religiosas y seculares hayan intentado una y otra vez exterminar a los chthónicos. Los escándalos de los tiempos llamados el Antropoceno y el Capitoloceno son las últimas y más peligrosas de estas extraordinarias fuerzas. Vivir-unos-con-otros y morir-unos-con-otros potentemente en el Chthuluceno puede ser una fiera respuesta a los dictados tanto del Anthropos como del Capital.” (2016: 2)

Thougthlessness / el no-pensamiento

“En esta renuncia al pensamiento reside el tipo particular de banalidad del mal que podría hacer real el desastre del Antropoceno, con sus genocidios y especicidios masivos. El desenlace, sin embargo, está aún en juego; ¡pensemos que tenemos (que hacerlo); tenemos que pensar! (think we must; we must think [5]) […] Arendt insistía en que el pensamiento era profundamente diferente de lo que podemos llamar conocimiento disciplinar o ciencia basada en la evidencia, o de la clasificación de verdad y creencia, hecho y opinión, bueno y malo. Pensar, en el sentido de Arendt, no es un proceso de evaluación de información y argumentos, de establecer si tenemos razón o estamos equivocados para juzgarnos a nosotros mismos o a otros como detentadores de la verdad o sujetos a error. Todo eso es importante, pero no era lo que Arendt tenía que decir sobre el mal del no-pensamiento – de la inconsciencia (thoughtlessness) –, que yo quiero cuestionar en relación con la conjunción geohistórica que se viene llamando Antropoceno.”

Arendt fue testigo en la persona de Eichmann no de un monstruo incomprensible, sino de algo mucho más pavoroso – lo que vio fue la inconsciencia, la falta de pensamiento (thoughlessness) más normal y corriente. Esto es, allí había un ser humano incapaz de hacerse presente a sí mismo aquello que estaba ausente, lo que no era él mismo, aquello que es el mundo es en su puro no-ser-uno-mismo y lo que pide estar presente de aquello que no es uno mismo. Allí había alguien que no podía ser un caminante (wayfarer), que no podía enredarse, que no podía seguir los rastros de los vivientes y murientes, que no podía cultivar la responsa-abilidad, que no podía hacer presente a sí mismo lo que estaba haciendo, no podía vivir en consecuencia o con consecuencia, que no podía compostarse. Importaba la función, importaba el deber, pero el mundo no importaba a Eichmann. El mundo no importa en el no-pensamiento ordinario. Los espacios vaciados se rellenan por completo con información y evaluaciones, determinando amigos y enemigos, atareándose sin parar con actvidades; la negatividad, el vaciado de esta positividad, desaparece, un asombroso abandono del pensamiento. Esta cualidad no era una falta o defecto emocional, una falta de compasión, aunque seguro que esto también era cierto en Eichmann, sino una más profunda rendición a lo que llamaría inmaterialidad, inconsecuencialidad, o, en el idioma de Arendt y también el mío, no-pensamiento. Eichmann estaba astralizado, exiliado del desorden, de la confusión (muddle) del pensamiento, estaba en la práctica del business as usual se tartara de lo que se tratara. Para Eichman y sus herederos – ¿nosotros? – no había manera de que el mundo pudiera convertise en un asunto de cuidados (a matter of care). El resultado fue la participación activa en un genocidio.” (2016: 36)

Simpoiesis

No comento nada sobre lo anterior; ne me parece que necesite de demasiada glosa. Para cerrar sólo plantear el concepto harawayano de simpoiesis, que de manera sencilla significa hacer con otros – en cierto modo como el DIWO / Do It With Others que se ha usado en otras ocasiones. Simpoiesis, sin embargo, concepto deudor de la bióloga Lynn Margulis, – también autora de la teoría de Gaia -, se enuncia específicamente en contraste con la famosa autopoiesis de Maturana y Varela (2016: 58). Lo que Haraway se propone poner en valor es la idea, o la realidad, de que ningún ente se produce a sí mismo solo, __ sino que siempre lo hace componiéndose con otros, junto con otros, en devenires-con (becoming-with), en procesos de worlding-with, haciendo-mundos-con, – en marcos-entornos que no están nunca cerrados ni limitados. Algo parecido a lo que decían Deleuze y Guattari; Haraway no está distante de ellos. Simpoiesis y el concepto hermano de simbiogénesis se contrastan con y cuestionan también el modelo presuntamente avanzado del individuo y su entorno de la cibernética batesoniana, la ecología y quizás incluso el urbanismo que podríamos llamar lefebvrista… Aquí lo dejo. Vale.

#notas

[1] Mi colega Pablo de Soto en su tesis doctoral que tiene a Haraway como uno de sus referentes principales traduce staying with the trouble como viviendo con el problema, que es parte del título de la mencionada tesis: Antropoceno, Capitolceno, Chthulueno. Viviendo con el problema en Fukushima… Aunque habíamos estudiados muchos a la Haraway del Manifiesto Cyborg (1991), debo a Pablo mi interés renovado por esta nueva etapa del trabajo de la profesora de UC Santa Cruz.

[2] Anna Tsing, 2014, presentación de la conferencia de Donna Haraway, Anthropocene, Capitalocene, Chthulucene: Making String Figures with Biologies, Arts, Activisms, Aarhuis: https://www.youtube.com/watch?v=CHwZA9NGWg0

[3] Escucho en el vídeo de arriba que el empaquetamiento de consonantes chth se pronuncia más o menos como una z en castellano: https://youtu.be/CHwZA9NGWg0?t=10m39s

[4] Aunque no estoy seguro de que esté en la etimología, desde la Antigüedad grecolatina se describe al hombre en tanto que anthropos como el animal que mira al cielo. Esta es una de las metáforas centrales de Haraway en este libro, reivindicar en su lugar los critters, los bichos – entre los que incluye a los humanos -, las cosas, que miran y viven en la tierra – que suele escribir así, con minúsculas.

[5] La expresión think we must, must we think, que Haraway repite en el libro, recuerda el lema latino usado por Negri y Hardt hace unos años, sapere aude, aude sapere, esto es, atreverse a saber, saber atreverse.

#referencias

Donna Haraway, 2016, Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene, Duke University Press, Durham

Otro post en este blog sobre Staying with the Trouble y la actualización de la idea de cyborg que la autora hacer allí:
https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/07/29/haraway-cyborg-reload/

Este mismo post formaba parte de otro más amplio en el que se reunía con una reseña de Zadie Smith:
https://arquitecturacontable.wordpress.com/2017/05/03/mujeres-pensando-y-escribiendo-zadie-smith-y-donna-haraway/

 

Pararse a pensar___ pero es que no tenemos tiempo…


Imagen: techo de una de las salas de la torre en que se retiró Michel de Montaigne durante 10 años, — para leer, pensar y escribir sobre la vida y sobre los tiempos turbulentos que le tocaron vivir. En las vigas mandó inscribir máximas clásicas preferidas, con lo que el espacio era como una especie de cuaderno de ejercicios o de meditación por el que se podía deambular físicamente. Aunque supongo que si andas demasiado tiempo mirando al techo ¡te puedes caer fácilmente! Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Librairie_Montaigne2.jpg

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Pararse a pensar. Sobre la conveniencia de algo así como un «tiempo muerto» global

José Pérez de Lama

Para los que más o menos nos creemos lo del cambio climático y que creemos también, más en general, que el capitalismo nos lleva a todos – o a casi todos – por un camino de precarización de la vida y de violencia sobre tantas personas y cosas, la idea de «volver con urgencia a la normalidad» nos produce más espanto que entusiasmo.

Personalmente, estoy muy convencido de que lo que necesitaríamos más bien sería parar. Parar para tratar de pensar tranquilamente, para pensar y organizar cómo hacer que todo esto funcione de otra manera. O formulado de otra manera: si con los medios y recursos que tenemos como civilización podríamos estar haciéndolo mucho mejor ¿no deberíamos hacer algo diferente que seguir corriendo y corriendo, sin tempo para ninguna otra cosa?

Algo parecido a estos del COVID-19, pero que durase 7 o 10 años; saliendo a la calle y encontrándonos, eso sí. Como un «tiempo muerto» de algunos deportes, un time-out.

Una cita atribuida a Adorno que me gusta últimamente:

That something should be done is a belief held by everyone nowadays; what is found to be ‘problematic’ is when someone decides not to do anything for once, but to retreat from the dominant realm of practical activity in order to think about something essential.

Mencionada en Twitter por @samantharhill 9/1/2020 __ Diría en español, aproximadamente: «Que algo debe ser hecho es algo que creemos todos hoy en día [y lo escribiría en la década de 1960 quizás…]; lo que se suele considerar problemático es que alguien decida por una vez no hacer nada, y retirarse del ambiente dominante de la actividad práctica para pensar sobre algo esencial».

El célebre Michel de Montaigne, como es bastante conocido, se retiró a una torre de su castillo en donde estuvo estudiando y escribiendo durante unos diez años. Eran tiempos de violentas guerras de religión en Francia, y el prefirió apartarse de aquella. Dejó el parlamento en París donde tenía algún cargo y se refugió en su castillo alejado de la capital. Pensaba en aquel momento que iba a ser algo definitivo pero a los diez años volvió al mundo, incluso a la corte en París. Durante estos años escribió sus Ensayos, por los cuales pasó a la historia del pensamiento y de la literatura, como personalidad renacentista, entre el estoicismo y el epicureísmo…

Decía Montaigne, me contaba un amigo de por aquí, que [en la vida] «la cuestión no es quién llegará a la meta, sino quién efectuará las más bellas carreras». ¡Ese tipo de cosas se le debieron ocurrir al buen hombre encerrado en la torre tantos años!

En unas de mis novelas de ciencia ficción preferidas, River of Gods, de Ian McDonald (2004), el padre del protagonista que había levantado una de las principales empresas de energía (renovables) en India, decide hacia 2047 retirarse del mundo – según una práctica de la filosofía hindú. Leo para recordar en Wikipedia: «Sannyasa es una forma de ascetismo que está marcada por la renuncia a los deseos materiales, representada por un estado de desinterés y desapego de la vida material, y que tiene como propósito dedicarse a la vida espiritual, pacífica e inspirada por el amor».

En la novela, Vishram Ray, el hijo, cuya vida hasta entonces había transcurrido como aspirante a artista y vividor en Londres, tiene que volver a Mumbai para dirigir una de las mayores empresas del país, en un momento de revoluciones sociales, en el que se va desvelando que una IA más o menos encarnada en un programa de televisión tipo Ana Rosa o Juan Imedio está intentando hacerse con el poder en el país – muy actual todo, sí. Pero lo del padre que se retiraba a los 60 o 70 años para dedicarse a meditar, es algo que me vuelve a la mente una y otra vez. Ya decía Pessoa, que los libros suelen ser mucho más reales que la vida misma; o igual lo que decía era que lo eran para él. Lo que por lo menos podemos decir nosotros es que muchas veces se suele aprender más del mundo en los libros – incluso los de ficción – que estando todo el día en la calle de aquí para allá. En fin, uno que es algo escéptico de tanto dato; – aunque eso tendrá que quedar para otro día.
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Los decrecentistas – o los defensores del pos-crecimiento si queremos usar otro término – tienen – o tenemos claro – que es necesario dejar de producir, de correr, de aumentar la velocidad, si queremos que la catástrofe climática no llegue en las próximas décadas. Tendríamos que ir parando.

Y sin embargo, el truco del propio sistema es que todos o la mayoría parece que dependemos de que no pare, incluso de que cada vez vaya más rápido que en eso consiste en buena parte lo de aumentar la producción / productividad.

Resulta de lo más verosímil que haciendo lo que estamos haciendo nos estamos cargando nuestro propio medio, sin el cual no podríamos existir. Y sin embargo, no podemos parar, porque nos quedamos parados, dejamos de tener ingresos, dejaríamos de poder tener techo, comida, etc.
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Zugzwang se llama algo así en ajedrez: vemos que si movemos nos perjudicará sin la menor duda, pero no tenemos más remedio que hacerlo porque es nuestro turno.

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La última entrada de esta divagación. Me acordé, me acuerdo bastante, de dos libros – ¡otra vez! Uno es La Muerte de Iván Ilich de León Tolstói, el otro El final del día de Kazúo Ishiguro. En ambos se plantea la cuestión de personas que han dedicado su vida a cumplir con sus obligaciones según la sociedad se las había hecho entender – en Tolstói de manera un poco banal, en Ishiguro con gran compromiso y devoción. Pero en ambos al final de sus días sus protagonistas, un alto funcionario y un mayordomo, como sabrán muchos, tienen bastantes razones para pensar que se han equivocado; que todo aquel correr, ser responsables, no dejar de cumplir con la tareas que creían que tenían que hacer – tal vez había sido una enorme equivocación. A estos caracteres de novela, nos dan a entender sus autores, más les habría valido pararse, preguntarse antes, pensar, probar otras cosas, cambiar de rumbo quizás. Aunque seguramente nunca tuvieron tiempo ni oportunidad. Los lectores no sentimos inquina contra ellos, sino quizás, supongo que dependerá de los casos, una cierta comprensión triste o incluso algo de simpatía. Porque está claro también que los personajes que cité, los novelescos, cada cual a su manera, Montaigne y Ray, se pudieron permitir ese lujo, que está al alcance de pocos.

Vale, pues eso — ¡todos a correr hacia la nueva normalidad! ¡Salud y aire!

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Ps/ Lo de pararse, por supuesto, tiene que ver con no ser cómplice de la máquina que reproduce y amplía lo que tenemos. Aunque a la vez exista la contradicción de que haya que consumir para que el capital siga circulando, y la economía siga funcionando, o que haya que seguir manteniendo los servicios públicos, que aún nos salvan de una situación que podría ser mucho peor como estamos viendo estos días; o en fin, porque hay que comer, alimentar a las familias y demás, seguir viviendo — porque lo que nos importa más es ahora y en los próximos años: en el largo plazo, como decía el bueno de Keynes, todos estaremos muertos. Benditos y bienaventurados los que no se enteran de nada de esto, que me parece que son la mayoría.

Este parar podría ser – no solo para pensar, que nunca se sabe si se nos ocurrirá algo valioso y viable o si nos pondremos medio de acuerdo — sino también para dedicarse a otras cosas que no contribuyan a la reproducción del sistema sino al contrario: quizás a construir mayor autonomía y sostenibilidad local, a cuidar de la familia, los amigos, de uno mismo o también el entorno…

Se me ocurre que el sentimiento  debe ser muy parecido si no el mismo del que inspira las decenas de semanas de huelga por el planeta de los adolescentes de todo el mundo — lo de Greta Thunberg de quien hablábamos todo el tiempo hace unos meses, pero cuya moda ¿parece que pasó? Igual también nos haría falta menos modas y veleidades apasionadas y una dedicación más rutinaria y aburrida a las tres o cuatro cosas importantes…

A mi me quedarán 15 o 30 años de vida. Me da curiosidad, hasta cierto punto ver qué pueda pasar. Esto de haber visto pasar el tiempo es una de las pocas cosas buenas de ser mayorcito… Aunque en principio la nota dominante de mi estado de ánimo – y no tanto por lo del COVID-19 que ya irá pasando, si no ahora, en unos pocos años -, sino por todo lo demás es más bien oscura y empañada — esto de empañado he aprendido últimamente que es un adjetivo bastante pessoano.

¿Universidad on line? ¿Sin infraestructuras públicas y democráticas?


Imagen: Hardware de una servidora autónoma y feminista. Fuente: https://labekka.red/servidoras-feministas/
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¿Universidad on line? ¿Sin infraestructuras públicas y democráticas?

José Pérez de Lama

Con esto de la pandemia y el confinamiento se han reactivado diversos debates como son el de la digitalización de la vida, el trabajo… incluida su pretendida contrapartida de la creciente vigilancia permanente y ubicua. Y también el debate más particular de la enseñanza y el aprendizaje on line (en cuanto a éste me referiré aquí exclusivamente al ámbito universitario porque es en el que trabajo habitualmente).

Esto que empecé como una nota rápida se ha convertido en una cosa algo más larga. Está compuesta de dos partes; la primera sobre el capitalismo digital y las alternativas de colaborar con mayor o menos entusiasmo o de resistirse; la segunda, sobre la digitalización de la Universidad y las clases on line (al hilo de ciertas propuestas del ministro Castells), y la necesidad de construcción de infraestructuras de comunicación y gestión de la información públicas y democráticas

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1a parte: Todos vigilados y cuidados por «machines of loving grace»

Sobre el primero de los debates, el de la digitalización de la vida y del trabajo y de todo, Naomi Klein [ver referencia más abajo] escribía recientemente que durante estas semanas de pandemia las grandes tecnológicas han logrado revertir la percepción social que se venía haciendo cada vez más crítica – con casos como el de Cambridge Analytica, o el deterioro catastrófico de la esfera pública con las fake news, la crispación, etc, etc. Durante estas semanas han logrado presentarse como las salvadoras de la continuidad de la vida – con las videoconferencias para que hablen abuelas y nietos, la posibilidad de continuar – aunque precariamente dirán algunos – con las clases de las escuelas y con el teletrabajo, – y para muchos, también, con la posibilidad de seguir consumiendo vía Amazon y similares.

Muchas de estas cosas son formidables, por supuesto, pero para valorarlas sin que sea de una manera demasiado ingenua conviene contemplar la trayectoria de las últimas décadas de las empresas que nos prestan o venden estos servicios, el tipo de sociedades que generan, los agentes implicados, las relaciones de poder y económicas que están produciendo, y la vida en general que están contribuyendo a producir. Personalmente, cuando pienso que los que organizan estas máquinas de loving grace que supuestamente nos cuidan a la vez que nos vigilan, a los que nos entregamos entre el entusiasmo y la docilidad, son personajes que se mueven como Pedro por su casa entre el Pentágono, Wall Street y la Casa Blanca [ver los escritos de Klein, Morozov o Assange, por ejemplo], la cosa me da bastante «yuyu»… Algunas recomendaciones más adelante para profundizar en el asunto que aquí he enunciado tan superficialmente. Sigamos.

La tecnofilia bobita (¿o será más bien que los bobos somos nosotros?)

Uno de las controversias más encendidas – al menos para mí – es la que se centra en el desarrollo de una aplicación para teléfonos móviles que haga contact tracing – que se suele decir en inglés porque «rastreo de contactos» suena terrible – y que según sus promotores supondría una contribución definitiva para acabar con la pandemia. Las campañas en medios de comunicación y los argumentos precocinados repetidos por los afines han dado la impresión de que se lo tomaban muy en serio. A mí la cosa casi me ha costado la buena relación con un par de viejos amigos. El principal argumento es que así lo han hecho en China, Corea o Singapur y les ha funcionado, (aunque cuando se escarba sólo un poco se ve que las cosas no son exactamente así). El gobierno en particular, en primera instancia, lo promovía como la gran solución moderna – no nos acordamos de que la Modernidad era algo del siglo pasado, que se iba a hacer como parte de un consorcio europeo – ¡ah, Europa! – con un cierto liderazgo de Alemania y Suiza – ¡oh Alemania – oh Suiza! Esa gente seria — en ciertas versiones con la participación de una ingeniera española – de la que todos hablamos, Carmela Troncoso, como si fuera un personaje que todos conocíamos desde siempre – en otras versiones con la participación, que un día parece beatífica y otras infernal, de Apple y Guguel. No está de más recordar que Android (Guguel – 70.68% del mercado) y iOS (Apple – 28,79%) son los mega-oligopolistas globales de los sistemas operativos de la telefonía móvil, con 3.500 millones estimados de clientes distribuidos por todo el plantea.

En contra de la idea y del proyecto, que se tilda de COVID1984app, hay un cierto abanico de posiciones, que va desde los defensores más o menos liberales de la privacidad, más específicamente centrados en la app, a los que mantenemos una posición crítica más amplia frente al excesivo dominino del capitalismo digital. Algunas de las principales líneas críticas podrían ser las siguientes:

* lo que Evgeny Morozov viene llamando el solucionismo tecnológico,
* lo que Shoshana Zuboff llama capitalismo de la vigilancia,
* lo que Franco Berardi Bifo llama semiocapitalismo,
* las críticas hechas por Mariana Mazzucato de la captura masiva de fondos públicos de los EEUU sobre la que se ha construido el poder de las big tech, (junto con otros grades agentes económicos como la finanzas o el sector médico-farmacéutico).

Por mi parte, y creo que por parte de todos estos autores citados, no se trataría de una posición tecnófoba – que algunos calificarían de neo-ludita — como de una posición tecnocrítica que cuestiona la excesiva dependencia del trabajo y la vida respecto de estas corporaciones capitalistas, y que defiende una mayor autonomía o soberanía tecnológica, tanto como país o sociedad, como a nivel personal. La idea es que podemos pensar más y tendríamos que hacerlo mucho mejor.

Una célebre frase de Kurt Vonnegut – célebre entre los vonnegutianos, claro – dice que «sólo porque sepamos leer y escribir y hacer un poco de matemáticas no significa que debamos conquistar el mundo». Pues algo así sería la idea con la big tech: sólo porque tengan magníficos productos y nos den excelentes servicios, no quiere decir que deban vigilarnos o dominar la política y la vida.

Nota adicional: El que una de las iniciativas más publicitadas por parte de nuestro presidente del gobierno, en lo que considera una de las líneas políticas prioritarias de su gobierno, la llamada «Transición Digital», haya sido el establecimiento de acuerdos con Amazon para alojar los datos públicos – «cloud service» lo llaman, eso sí –, denota, en el mejor de los casos, una preocupante «falta de norte». El que las responsabilidad de esta «Transición digital» esté adscrita a la Vicepresidencia Económica del gobierno que ostenta la Sra. Calviño, a quien se suele calificar de representante de la ortodoxia económica – es decir del social-neoliberalismo –, quizás sea más de preocupar, porque sugiere que cosas como la de Amazon no son desorientación sino todo lo contrario. Al final, como casi siempre, parece que los bobitos somos nosotros, y los listos ellos, pero por otras razones de las que se explican y quizás se suela creer.
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#referencias

Para componer una perspectiva crítica del asunto, para aquellos que os gusten los argumentos algo más elaborados, en los enlaces a continuación presento algunos de los artículos e intervenciones públicas que más me han interesado estos días. Aunque la clave para mí sea que no se trata de medir la eficacia relativa de una y otra posibilidad, o de hacer una cuenta de costes y beneficios, ni tampoco sobre ese concepto nuevo de la privacidad – sino que se trata de un debate que calificaría de filosofía política, que tendría que centrarse sobre la dignidad de lo humano, por ejemplo.

Naomi Klein, 08/05/2020, Screen New Deal, The Intercept: https://theintercept.com/2020/05/08/andrew-cuomo-eric-schmidt-coronavirus-tech-shock-doctrine/

Klein nos cuenta la situación desde Nueva York, donde el gobernador Cuomo parace que ha llegado a acuerdos con Eric Schmidt (ex-Guguel), Bill Gates y Michael Bloomberg para relanzar la economía sobre el capitalismo de la vigilancia (la killer app en uno de los los documentos internos del grupo) y con la justificación de la supremacía de los EEUU en la lucha con China por el control global.
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Shoshana Zuboff [vídeo, entrevista con Renata Ávila en Diem25 TV], 18/04/2020, COVID-1984 – Surveillance Capitalism, https://youtu.be/OoJ-yqO9A9Y

Zuboff presenta de manera rápida su teoría del capitalismo de la vigilancia y el giro de la economía digital tras el año 2001 – hasta entonces casi no existían los actuales gigantes. Pedir a un data-capitalista que no vigile es como pedir a una jirafa que tenga el cuello corto: algo contra-natura – es una de sus célebres frases.
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E. Morozov, 14/04/2020, The Guardian, The tech ‘solutions’ for coronavirus take the surveillance state to the next level, https://www.theguardian.com/commentisfree/2020/apr/15/tech-coronavirus-surveilance-state-digital-disrupt

Morozov elabora aquí su idea de solucionismo tecnológico aplicado a las Covid-1984-app. Llama así a la creencia interesada – y equivocada según él – de que todos los problemas sociales pueden resolverse con una app o similar; vg, en lugar de reforzar los sistemas epidemilógicos y santitarios nacionales, hagamos una app de contact tracing…
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Marta Peirano, 23/03/2020, Contra la seductora lógica del totalitarismo, https://www.eldiario.es/zonacritica/seductora-logica-totalitarismo_6_1009009141.html

Peirano plantea una de las primeras intervenciones del debate en Esp, analizando el caso chino, y su narración interesada y sesgada, en la que se basó inicialmente la promoción de la idea de las apps de seguimiento en España y Europa. Reconocida la brutalidad del estado policial digital chino, los promotores del asunto pasarona promover los desarrollos digitales de Corea y Singapur, incorporando otros sesgos diferentes para evitar la dificultad de comparación entre situaciones muy diferentes.
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Ignacio Ramonet, 25/04/2020, La Jornada México, La pandemia y el sistema mundo: https://www.jornada.com.mx/ultimas/mundo/2020/04/25/ante-lo-desconocido-la-pandemia-y-el-sistema-mundo-7878.html

El prestigioso Ramonet hace un análisis bastante extenso y de amplio alcance, del que recomendamos la sección que dedica el tema digital, donde analiza en mayor detalle de lo habitual lo que significaría un tipo de control social digital similar al de China, y la verdad es que a mí al menos me deja espantado. (Sería muy específicamente la sección titulada «Cibervigilancia sanitaria», aunque para situar mejor el contexto quizás convenga leer los secciones previas y la que la sigue, «El jabón y la máquina de coser», esta última en la que plantea que han sido más bien estas tecnologías tradicionales, junto con el confinamiento, también antiguo, las que están logrando parar la pandemia en Asia y aquí.

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Las siguientes artículos se centran en los aspectos más técnicos y más en particular en la cuestionable viabilidad y eficacia técnicas de las aplicaciones para redes de teléfonos celulares que se vienen debatiendo

Ross Anderson [University of Cambridge], 12/04/2020, Contact Tracing in the Real World: https://www.lightbluetouchpaper.org/2020/04/12/contact-tracing-in-the-real-world/
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Javier Sánchez / La paradoja de Jevons, 05/2020, El Salto, Riesgos e incertidumbres en las aplicaciones para el rastreo de contagios (partes I y II), https://www.elsaltodiario.com/paradoja-jevons-ciencia-poder/aplicaciones-de-rastreo-de-contagios-demasiados-riesgos-y-muchas-incertidumbres-sobre-su-efectividad-(parte-1-de-2) [en el momento de enlazarlo no funcionaba el enlace]
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Nadim Kobeissi @kapoera, 17/04/2020 con múltiples updates posteriores, An investigation Into PEPP-PT, https://nadim.computer/posts/2020-04-17-pepppt.html
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Sobre los requerimientos que debería cumplir una app como las que se viene proponiendo, de la respetada y relativamente liberal American Civil Liberties Union, y de uno de los colectivos de hackers más veteranos el Chaos Computer Club; son bastante parecidos. Las recomendaciones están muy bien, pero aposté con un par de amigos a que no habían agencia pública ni gran corporación que fuera a hacer un desarrollo así; como dice Zuboff, serían como girafas sin cuello…

ACLU White Paper – Principles for Technology Assisted Contact-Tracing [By Daniel Kahn GillmorApril 16, 2020] https://www.aclu.org/report/aclu-white-paper-principles-technology-assisted-contact-tracing

Chaos Computer Club, 06/04/2020, 10 requirements for the evaluation of “Contact Tracing” apps, https://www.ccc.de/en/updates/2020/contact-tracing-requirements

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Datos sobre market share de Android & iOS para 2020: https://gs.statcounter.com/os-market-share/mobile/worldwide

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2a parte: La universidad vaciada

El segundo de los debates al que aludo aquí es el de «la digitalización de la docencia universitaria». Como sabrá casi todo el mundo, el confinamiento obligó a que prácticamente de la noche a la mañana las clases tuvieran que pasarse a Internet. No es que antes lo digital no atravesase casi todas las actividades universitarias: correos, apuntes y materiales, calificaciones, uso de ordenadores y software, etc., etc. – yo mismo fui co-fundador y director del primer fab lab / laboratorio de fabricación digital en un centro universitario público español y entre mis muchas actividades digitales organicé e impartí una asignatura durante casi toda la década de 2000, muy singular si no única por su temática en el panorama universitario de los estudios de Arquitectura en España, titulada El yo cíborg y la ciudad red. Pero sin duda lo que que hayamos tenido la obligación de dejar de estar presentes con nuestros cuerpos y de compartir los mismos lugares… es una novedad importante. Y si hacer o recibir en streaming – organizado autónomamente – era algo emocionante en el año 2003 o 2004, tener hoy la obligación de asistir a una reunión de hang-out o blackboard-collaborate como parte de nuestro trabajo en una institución pública me parece una forma de sumisión bastante intolerable a la vez que un disparate.

Estos días el debate se ha animado aún más por unas declaraciones del ministro Castells en que ha dicho que todo esto es una buena noticia y que tendríamos que irnos acostumbrando a que las universidades en tiempos normales – sea lo que sea eso – preguntémosle a JG Ballard, DEP – cada vez más funcionen así. Castells, a quien he leído con interés, enunció ya en 1996-97 su diagnóstico del paso de casi todo lo relevante en nuestros tiempos – el poder, la economía, la cultura, las relaciones sociales… — de los antiguos espacios de los lugares a los – entonces nuevos — espacios de los flujos. Debe señalarse, no obstante, que ha llovido mucho desde entonces, y que no todo lo digital y fluido ha resultado ser tan bueno ni tan deseable como pensábamos que lo iba a ser hace casi 25 años – aunque por supuesto tampoco todo lo digital sea malo.

Estas declaraciones del ministro han tenido respuestas preocupadas y otras airadas como la del profesor de Filosofía de la Complutense, Carlos Fernández Liria. Liria, que titula su artículo «La Universidad vaciada», expresa a mi juicio muy bien el amplio descontento en las universidades públicas con la sustitución de lo que el autor llama la «universidad humboldtiana» por el modelo de las actuales universidades anglo-norteamericanas más conocidas, cada vez más mercantilizada. En la evocación de Fernández Liria, algunos dirían que algo hiperbólica o idealizada, mientras que la primera se centraría en «la búsqueda de la verdad» y más modestamente en la creación de unas condiciones más adecuadas para un cierto pensamiento y la (auto)formación como personas y ciudadanos, el segundo modelo representaría, cada vez más, un medio para la reproducción y ampliación del capitalismo, en su nueva variedad cognitiva, biopolítica, global, etc. Tengo que reconocer que siento mucha afinidad con la crítica de Fernández Liria en su artículo. Como también la tengo con lo que cuenta Isabelle Stengers en su librito Otra Ciencia es posible. Manifiesto por una desaceleración de las ciencias, en cierto modo próximos a los de Fernández Liria.

Sobre el tema de la digitalización, así más específicamente, mi opinión no es tan radical como la de Fernández Liria. Yo siempre he usado múltiples herramientas digitales, – aunque creo que haciéndolo sin demasiados aspavientos ni exageraciones. Y creo que mis colegas y yo las hemos usado porque considerábamos, no sólo que podía ser útiles en ciertas circunstancias, sino porque su conocimiento y hasta cierto punto su diseño y control constituían un aspecto fundamental del diseño y la construcción del mundo contemporáneo. Y ese es el mismo debate que se plantea ahora.

Y es por esta razón por la que veo preocupante, como ya señalaba hace una semanas en este blog, que la transición que propone Castells se haga a base de convertir las universidades públicas españolas, – con todos sus defectos, una de las más extraordinarias instituciones con las que aún contamos –, en una especie de extensión o apéndice de las corporaciones multinacionales tecnológicas.

Si para dar las clases y desarrollar los servicios propios de las universidades, para producir, guardar y distribuir el conocimiento y la investigación, para la producción y gestión del General Intellect que dicen algunos, pasamos a depender críticamente de plataformas digitales propiedad de empresas multinacionales sería algo así como encargar la seguridad militar o la gestión económica el país a una empresa privada. Y aunque no me cabe duda de que habrá gente a favor de este tipo de políticas, por mi parte estoy convencido de que son políticas que van en contra del carácter público y democrático de nuestras instituciones y en contra del interés y las necesidades a medio plazo de la ciudadanía en general. Es algo similar a la privatización de la sanidad o de ciertos aspectos de ésta, un debate bien de actualidad con esto de la pandemia.

Así, lo que me parece es que, si quisiéramos efectivamente hacer una transición digital en las universidades y también sería algo a pensar mucho más y mejor, nos encontraríamos en la obligación de construir y desarrollar infraestructuras propias, que sean públicas y democráticas. Y piensa uno ingenuamente que con el prestigio de Castells sería un proyecto que podría plantearse, paso a paso, a escala nacional y europea. Y en el que se tendría que movilizar el talento de las propias universidades, con centros como fuera en su día el CSIC y cosas así. En estas cosas son en la que piensa uno también cuando se habla de nuevos modelos productivos – no en poner centros de datos o de distribución de Amazon.

Infraestructuras y redes para la autonomía universitaria [tecnológica]

Benkler, autor del influyente libro titulado The Wealth of Networks (2006), proponía una eficaz clasificación de las infraestructuras digitales, que en su caso planteaba sería deseable que fueran de gestión y propiedad entre lo público y lo común: capa física (redes, hardware), capa lógica (software) y capa de contenidos. Me sigue pareciendo un buen esquema para pensar que necesitaría una sociedad para disponer de una autonomía tecnológica razonable.

Por su parte Negri y Hardt, en su libro de 2009, Commonwealth, planteaban un panorama que si bien se puede considerar en exceso ambicioso si que me parece que constituye una buena referencia para pensar. Lo llamaban programa político para una construcción radical de los comunes, y aunque no estemos probablemente para programas radicales, sí que estimo que nos puede servir como una referencia para la reflexión sobre la necesidad de infraestructuras, equipamientos y recursos públicos y del común como alternativa o contrapeso al dominio por parte del capitalismo cognitivo y la de la vigilancia. Decían (extracto):

Infraestructuras necesarias para la construcción de lo común, para ampliar la productividad de la cooperación social, para la producción de [otras] formas de vida y subjetividad…

[1] Acceso a infraestructuras físicas: agua, energía… comunicación, información…

[2] Infraestructura social intelectual: educación – herramientas lingüísticas, herramientas afectivas para construir relaciones, herramientas para pensar…

[3] Infraestructuras abiertas de información y cultura: capa física abierta, capa lógica abierta, capa de contenidos abiertos (aquí usa la clasificación de Benkler).

[4] Financiación de la investigación y de las infraestructuras correspondientes.

[5] Libertad de movimiento

[6] Libertad de tiempo

[7] Libertad de construir relaciones sociales e instituciones sociales autónomas

[8] Participación en el gobierno a todos los niveles como práctica y pedagogía para el autogobierno o la autonomía.

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Conclusión provisional

A pesar de lo que aquí escrito, uno sigue creyendo bastante en Castells, Pisarello (presidiendo la comisión correspondiente del Congreso) y equipo y tiene claro que las cosas son difíciles. También que es necesario no dejar de pensar; también que este campo que venimos llamando de las tecnopolíticas es un campo crítico para la definición del tiempo actual.

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#másEnlaces

El Tuit del ministro Castells enlazando su polémicas entrevistas (12/05/2020):

Carlos Fernández Liria, 15/05/2020, La Universida vaciada, https://www.cuartopoder.es/ideas/2020/05/15/la-universidad-vaciada-carlos-fernandez-liria/

La noticia del acuerdo del gobierno con Amazon para alojamiento de datos ha desaparecido de los buscadores o es muy difícil de encontrar. Aquí algunos enlaces sobre el tema:

https://www.publico.es/sociedad/libertades-publicas-subir-nube-servicio-publico-pone-datos-criticos-alcance-donald-trump.html

Uno de los tuits del presidente Sánchez sobre el asunto:

Pessoa: No hay poniente tan bello que no pudiese serlo más

Una de las imágenes características de FP, quizás sobre los años 30, con traje, gabardina (en esta ocasión al brazo) y sombrero, andando por las calles de Lisboa. Tengo que buscar el autor…

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Fernando Pessoa, 1913-1935, El libro del desasosiego de Bernardo Soares; traducción y edición de Ángel Crespo [1984… 2017 decimocuarta impresión], Seix Barral, Barcelona

Nota introductoria y selección de JPL

Durante años me resistí a leer este libro: bastante tiene uno con sus propios líos para leerse un libro sobre los desasosiegos de un poeta. Pero no hace tanto lo vi en una librería cerca de casa y lo compré y leí algunas decenas de páginas que me gustaron; y ahora lo he vuelto a retomar. Este es uno de los primeros capítulos en la edición de Ángel Crespo — que según explica sitúan un poco al personaje, a este Bernardo Soares, que parece que sería «el autor» del libro, medio heterónimo de Pessoa, un hombre solitario de unos 30 y tantos, que cena sólo cada día en un modesto restaurante en un entresuelo en la — famosa para los pessoanos — calle de los Douradores… que tiene un trabajo como agente comercial, como el propio Pessoa, y que «solía gastar las noches, en su cuatro alquilado, escribiendo».

Cuando leí hace un par de días estos párrafos que a continuación reproduzco solté unas cuantas carcajadas sonoras. Me pareció una especie de parodia — ¡Qué se puede esperar de alguien que inventa múltiples heterónimos y que escribe «el poeta es un fingidor, finge tanto, que finge etc». Ahora, al copiarlos, me entraron más dudas.

La parte sobre la escritura me gusta mucho en cualquier caso. Espero que una y otra parte os diviertan y os gusten también a los que lo leáis por aquí. Salud y aire.

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2 (Trecho inicial) — fragmento del Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa; p. 21 y siguientes de la edición arriba indicada

He nacido en un tiempo en que la mayoría de los jóvenes habían perdido la creencia en Dios, por la misma razón que su mayores la habían tenido: sin saber por qué. Y entonces, porque el espíritu humano tiende naturalmente a criticar porque siente, y no porque piensa, la mayoría de los jóvenes ha escogido a la Humanidad como sucedáneo de Dios. Pertenezco, sin embargo, a la especie de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son, sino también sino también los grandes espacios que hay al lado. Por eso no he abandonado a Dios tan ampliamente como ellos ni he aceptado nunca la Humanidad. He considerado que Dios, siendo improbable, podría ser; pudiendo, pues, ser adorado; pero que la Humanidad, siendo una mera idea biológica, y significando nada más que la especie animal humana, no era más digna de adoración que cualquier otra especie animal. Este culto de la Humanidad, con sus ritos de la Libertad y la Igualdad, me ha parecido siempre una resurrección de los cultos antiguos, en que los animales eran como dioses, o los dioses tenían cabezas de animales.

Así, no sabiendo creer en Dios, y no pudiendo creer en la suma de animales, me he quedado, como otros de la orillas de las gentes, en esa distancia de todo a que comúnmente se llama la Decadencia. La Decadencia es la pérdida total de la inconsciencia: porque la inconsciencia es el fundamente de la vida. El corazón, si pudiese pensar, se pararía.

A quien como yo, así, viviendo no sabe tener vida, qué le queda sino, como a mis pocos pares, la renuncia por modo y la contemplación por destino? No sabiendo lo que es la vida religiosa, ni pudiendo saberlo, porque no se tiene fe con la razón; no pudiendo tener fe en la abstracción del hombre, ni sabiendo siquiera qué hacer de ella ante nosotros, nos quedaba, como motivo de tener alma, la contemplación estética de la vida. Y, así, ajenos a la solemnidad de todos los mundos, indiferentes a lo divino y despreciadores de lo humano, nos entregamos fútilmente a la sensación sin propósito, cultivada con un epicureísmo sutilizado, como conviene a nuestros nervios cerebrales.

Reteniendo, de la ciencia, solamente aquel precepto suyo central de que todo está sujeto a leyes fatales, contra las cuales no se reacciona independientemente, porque reaccionar es haber hecho ellas que reaccionásemos; y comprobando que ese precepto se ajusta al otro más antiguo de la divina fatalidad de las cosas, abdicamos el esfuerzo como los débiles del entretenimiento de los atletas, y nos inclinamos sobre el libro de las sensaciones con un gran escrúpulo de erudición sentida.

No tomando nada en serio, ni considerando que nos fuese dada, por cierta, otra realidad que nuestras sensaciones, en ellas nos refugiamos, y a ellas exploramos como a grandes países desconocidos. Y, si nos empleamos asiduamente, no sólo en la contemplación estética, sino también en la expresión de sus modos y resultados, es que la prosa o el verso que escribimos, destituidos de voluntad de querer convencer al ajeno entendimiento o mover la ajena voluntad, es apenas como el hablar en voz alta de quien lee, como para dar objetividad al placer subjetivo de la lectura.

Sabemos bien que toda obra tiene que ser imperfecta, y que la menos segura de nuestras contemplaciones estéticas será la de aquello que escribimos. Pero, imperfecto y todo, no hay poniente tan bello que no pudiese serlo más, o brisa leve que nos de sueño que no pudiese darnos un sueño todavía más tranquilo. Y así, contempladores iguales de las montañas y de las estatuas, disfrutando de los días como de los libros, soñándolo todo, sobre todo para convertirlo en nuestra íntima sustancia, haremos también descripciones y análisis que, una vez hechos, pasarán a ser cosas ajenas que podamos disfrutar como si viniesen en la tarde.

No es éste el concepto de los pesimistas, como aquel de Vigny, para quien la vida es una cárcel, en la que él tejía para distraerse. Ser pesimista es tomar algo por trágico, y esa actitud es una exageración y una incomodidad. No tenemos, es cierto, un concepto de valía que apliquemos a la obra que producimos. La producimos, es cierto, para distraernos, pero no como el preso que teje la paja para distraerse del Destino, sino como la joven que borda almohadones para distraerse, sin nada más.

Considero la vida como una posada en la que tengo que quedarme hasta que llegue la diligencia del abismo. No se adónde me llevará, porque no se nada. Podría considerar esta posada una prisión, porque estoy compelido a aguardar en ella; podría considerarla un lugar de sociabilidad, porque aquí me encuentro con otros. No soy, sin embargo, ni impaciente ni vulgar. Dejo a lo que son a los que se encierran en el cuarto, echados indolentes en la cama donde esperan sin sueño; dejo a lo que hacen a los que conversan en las salas, desde donde las músicas y las voces llegan cómodas hasta mí. Me siento a la puerta y embebo mis ojos en los colores y en los sonidos del paisaje, y canto lento, para mí solo, vagos cantos que compongo mientras espero.

Para todos nosotros caerá la noche y llegará la diligencia. Disfruto la vida que me conceden y el alma que me han dado para disfrutarla, y no me interrogo más ni busco. Si lo que deje escrito en el libro de los viajeros pudiera, releído un día por otros, entretenerlos también durante el pasaje, estará bien. Si no lo leyeran, ni se entretuvieran, también estará bien.

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Una buena película es una película libre. Sobre capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

Imagen: John Cassavetes explicando cómo hacer una buena película; captura del vídeo Faire un bon film selon John Cassavetes de 1965. Curiosamente, sólo soy capaz de encontrarlo en la red social fb.

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«Una buena película es una película libre». Sobre el capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

José Pérez de Lama

Estos días ando entre preocupado y enfadado por el debate – que algún periodista dice que ya no existe – sobre si queremos o no una aplicación de móviles que nos rastree cuando nos movemos por la ciudad, que recoja si nos hubiésemos contagiado o si ya nos hubiéramos curado, y que rastree con quién nos encontramos o nos cruzamos en el transporte público o el trabajo, intercambiando información automáticamente con otros usuarios, y quizás, en ocasiones dicen, también con alguna instancia centralizada del sistema, etc. – de momento en relación con el Coronavirus y la epidemia. Pero, ¿quién sabe para qué pensarán que sería razonable usar algo así en el futuro…? Sigue leyendo Una buena película es una película libre. Sobre capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

Covid-1984: un extracto de la conversación entre Shoshana Zuboff y Renata Ávila sobre el capitalismo de la vigilancia

Imágenes de Shoshana Zuboff durante su conversación con Renata Ávila el pasado 18 de abril de 2020 en Diem25 Tv

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Selección y traducción José Pérez de Lama

El pasado sábado 18 de abril (2020) organizada por Diem25 TV tuvo lugar una interesante conversación entre Shoshana Zuboff (profesora de Economía de Harvard y autora del libro The Age of Surveillance Capitalism, 2019) y Renata Ávila, activista global por los derechos digitales, también parte de la red de apoyo a Julian Assange, conversación en que la trataron sobre el capitalismo digital en tiempos del Coronavirus, y más indirectamente sobre los proyectos de apps para el seguimiento de ciudadanos en relación con los contagios. La conversación fue de un gran interés y la recomiendo entera; con una marcada visión crítica, pero también propositiva (enlace al vídeo completo al final del post).

Pero como ando bastante enfadado con los defensores de la Covid-surveillance-app y la supuesta ineluctabilidad de la vigilancia cuasi total en nuestro futuro inmediato – ¡oh, la servidumbre voluntaria! – pues me animé a traducir y reproducir aquí los primeros minutos de la intervención de Zuboff que me dejaron muy admirado por la claridad y rotundidad de su punto de vista, con el que me identifico mucho.

La transcripción empieza en el minuto 38 del vídeo que se encuentra actualmente online — ahora mismo hay media hora sin acción, seguida de la presentación de Renata Ávila; seguida por la primera intervención de Shoshana Zuboff que se reproduce a continuación:

[min 38:18]
Quiero empezar con Orwell, si puede ser…
Una de las títulos de esta sesión es Covid-1984…
¡Qué titulo más brillante!

Entonces, Orwell está aquí con nosotros,
está por todos lados en nuestras mentes…

Pero quiero empezar con Orwell de una manera diferente,
no con 1984.
Sabéis que cuando escribió 1984
no era porque esperaba que 1984, aquella pesadilla
fuera a producirse… [*]
Era porque estaba dispuesto, literalmente, a sacrificar su propia vida…
— saben que pasó aquellos últimos años, cuando estaba escribiendo 1984
en las isla Hébridas
en una pequeña casa que no tenía calefacción
y tenía tuberculosis
y estaba cada vez peor
y tenía otros trabajos que entregar —
y literalmente sacrificó su vida para acabar este trabajo.
¿Por qué lo hizo?
Porque quería lanzar una llamada de atención…
al mundo, a Inglaterra, a Europea, a todo el mundo,
una llamada de advertencia,
diciendo, “Esto es lo que puede pasar,
si dejamos de prestar atención,
si no estamos movilizados.”
Era en un cierto sentido el negativo
de la foto del futuro
que el deseaba.

En otros ensayos que Orwell escribió —
era un escritor prolífico,
así era como se ganaba la vida –.
Mi texto favorito de entre todos los suyos
Era una poco disimulada reseña de un libro
titulado The Managerial Revolution (La revolución de la gestión o la organización),
escrito por un individuo llamado James Burnham.
[40:23] Este libro, entonces, había sido originalmente escrito en 1940…
Y aquí encontramos a Orwell en uno de sus mejores momentos
Despellejando a James Burnham.
Puro desprecio…
por el despreciable autor y sus despreciables conclusiones.
¿Por qué?
Porque Jame Bunrham se fijó en el Tercer Reich
y quedó impresionado con las capacidades administrativas del Tercer Reich …
al fin y al cabo estaban administrando el asesinato
dentro de sus propias fronteras …
como más adelante lo haría por toda Europa.
James Burnham estaba tan impresionado con sus capacidades organizativas (managerial)
que predijo, “¡Por supuesto, los alemanes van a ganar esta guerra!”
Porque tenían capacidades organizativas superiores.

Pero luego, unos cuantos años después,
publicó una nueva edición.
Y en la nueva edición los Aliados
habían empezado a mostrar su fuerza …
Y entonces, ¿qué pensáis que hizo Burnham?
Pues cambio su interpretación completamente.
Ahora decía que los Aliados eran los que probablemente ganarían.

[41:40] Bueno, Orwell vio esto y dijo,
“James Burnham es mi definición de cobardía.”
Es un cobarde.
Y lo que lo hace un cobarde es que agacha la cabeza (bows down)
ante cualquiera que sean las fuerzas que estén dominando en el momento,
y se rinde exageradamente a estas fuerzas [And he exceeds to those forces]
y traza una línea recta
del presente al futuro,
como si el futuro estuviera ya determinado
por quien quiera que sea el más fuerte en el momento,
o el que le parece que sea el más fuerte en el momento.
Esto es cobardía.
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Entonces, os planteo esta noche,
que estáis leyendo textos, editoriales, artículos de prensa …
todos los días …
que son cobardes.

[42:21] Porque lo que están haciendo es observar
el poder de la empresas tecnológicas,
el poder del imperio del capitalismo de la vigilancia,
cada vez más, oportunistamente, aliados,
no sólo con gobiernos autoritarios
sino también con los velados anhelos autoritarios
de gobiernos elegidos democráticamente.
Y vemos a escritores y observadores
mirando a estos grandes poderes
y rindiéndoles pleitesía,
diciendo “Esto va a ser el futuro …
esto va ser el futuro después del COVID-19 …
después del COVID-19 todo va a ser diferente.
Va a haber bio-vigilancia,
vigilancia completa,
todos nos habremos entregado
para ser objetos de seguimiento permanente y total …
y todo lo demás.

Yo digo
que eso es ser cobardes.
Por la misma razón que Orwell lo decía.

Porque no podemos conocer el futuro.

Pero si que podemos saber esto:
hay un factor decisivo que determina el futuro.
¿Sabéis cuál es?
Es cada uno de vosotros que nos está escuchando ahora mismo;
y es toda la gente que nos estará escuchando más adelante.
Y son todas las conversaciones que vais a tener con vuestros amigos.
Y los grupos de discusión que vamos a poner en marcha en vuestras comunidades.
Y son las cosas que vais a escribir; son los blogs y los posts y los vídeos que vais a hacer
y las conversaciones que vais a tener en la esfera pública y en vuestra esfera local.
!Eso! Lo que vosotros hagáis, lo que nosotros hagamos, si nos movilizamos o no, — eso es lo que determinará el futuro.
Y hasta que no sepamos esa historia, nadie puede saber lo que va a pasar en el futuro.
Depende de nosotros.
Así es como quiero empezar [esta conversación].
[45:02]

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[*] Aquí creo que hay diferentes interpretaciones, y siendo una dvertencia contra los totalitarismos en general, no es difícil identificar en la historia rasgos del comunismo de la URSS con Stalin con el que Orwell había tenido algunas experiencias en la guerra española. Sobre esto, acabo de encontrar un texto de Thomas Pynchon que siempre será curioso… https://elpais.com/diario/2003/06/21/babelia/1056152350_850215.html

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Vídeo:

20 años desde la fundación de Indymedia y no vamos ganando…

Indymedia: 1 – GAFAM: 42. (1999-2020)
20 años desde la fundación de Indymedia y no vamos ganando…

José Pérez de Lama, aka osfa

Anda estos días Tim Berners-Lee promoviendo lo que llama un nuevo contrato [social] para la Web. ¿Qué está pasando para que al «inventor de la Web» se le ocurra ahora plantear un asunto así? Pues ocurre algo que, aunque a Millennials, Generación Z, quincemayistas, pedros-sánchez y jóvenes varios pueda «sonarle a chino», muchos y muchas de los que participamos en la construcción de los primeros diez o quince años de la Web sí que entenderemos.

Tal vez, una de las (pocas) cosas buenas de tener ahora más de cuarenta años de edad, – y habiendo estado atento al mundo de la cultura digital durante las últimas décadas –, es la de haber conocido de primera mano un proceso de cambio tecnológico bastante radical, comparable al que pudo haber sido la aparición de la máquina de vapor a finales del XVIII y principios del XIX. Durante aquellos años de la emergencia de la Web parecía que había un mundo nuevo lleno de nuevas posibilidades y oportunidades. Aunque más adelante también pudimos ir viendo cómo se hacían realidad algunas de las opciones, hasta llegar a convertirse en «monstruosas», y cómo otras se quedaban en nada, como si hubieran sido abortadas. Todo aquello que observábamos y que en parte nos pasaba se parecía un poco a cuando se lee un libro de historia o una novela de ciencia ficción, pero estando ahí en medio de todo, aunque fuera como protagonistas secundarios – o, a lo peor, como figurantes… o como espectadores de gallinero.

Pudimos ver cómo el período culminó hacia mediados de la década de 2000 con el triunfo de las lógicas capitalistas que hicieron suyas todas las virtualidades y oportunidades que habíamos podido vislumbrar; usándolas, incluso, como medio para volver a insuflar los decaídos espíritus animales del capitalismo a un nuevo ciclo aún más intenso; que eso parece ser lo que ahora vivimos; – o, más bien, padecemos.

Indymedia, –estos días recién hicieron veinte años de su aparición fulgurante (diciembre de 1999 en Seattle) y de ahí la presente reflexión–, representaba algunos aspectos de aquella Web (1.0 la llamaron en algún momento) que muchos de aquella generación imaginamos: ¿abierta?, ¿descentralizada?, ¿democrática?, ¿liberadora?, ¿emancipadora? Algunos o algunos lo recordaremos, y otros, la mayoría, no tendrán idea de qué fue aquello; 20 años son muchos años… e incluso a los que estuvimos allí creo que a veces nos parece más un espejismo que algo «real». De forma muy sintética, Indymedia era una red de redes – se decía así también de Internet entonces –, distribuidas globalmente para producir información independiente, bottom-up, etc. pero que en su proceso de desarrollo o de «emergencia» se constituyó también en una red de lo que algunos llamábamos «producción biopolítica», esto es, de producción de otras formas de vida, relaciones sociales y de poder, subjetividades y esas cosas… Cabe señalar algo más que hoy resulta bastante sorprendente: que Indymedia en aquel momento era de las cosas más avanzadas, la vanguardia conceptual y tecnológica de Internet. Durante algunos, pocos años, el software libre, la proliferación de la cooperación y lo que se llamó la «ética hacker», las «contracumbres» y los foros sociales mundiales, la globalización de la comunicación y las luchas, la prosperidad pre-crisis… a muchos nos parecía que algo de verdad diferente estaba (casi) a punto de ocurrir…

20 años después, tristemente, el escenario es bien diferente. La crisis, la austeridad y el disciplinamiento asociado, por un lado, y el éxito arrasador del capitalismo digital, por el otro, hacen que lo de aquellos años nos parezca hoy más un sueño, o un espejismo, como decíamos, que otra cosa. Entre las muchas descripciones de la situación actual, la del Stack de Benjamin Bratton (2015), me parece que es una de las más acertadas: una nueva hegemonía planetaria que tiene entre sus pilares fundamentales los grandes proyectos tecnológicos de control social y de extracción del valor de la cooperación. El subtítulo del libro de Bratton es precisamente «software y soberanía». El equipo que representarían los Berners-Lee, Stallman, Swartz, Indymedia, Wikipedia y tantos otros sufrimos una derrota estrepitosa… Y aún cabe preguntarse, incluso, si los activistas del software libre, la cooperación sin mando y las redes descentralizadas, en realidad, sólo estábamos «haciendo la cama» al capitalismo digital. O si, por el contrario, aquello constituía verdaderamente una alternativa truncada, malograda, que fue capturada o comprada, o lo que fuera, por los que ahora tienen la sartén por el mango (de la nube).

Esta es la pregunta que planteaba Franco Berardi Bifo, tan buen amigo de Indymedia, en su libro Futurabilidad (2017): en cualquier presente existen múltiples futuros posibles; la potencia sería la energía subjetiva que despliega las diferentes posibilidades y hace que sucedan unas u otras, lo que convertiría lo posible-virtual en actual; el poder serían “las selecciones (y las exclusiones) que están implícitas en la estructura del presente, la selección y la ejecución de una de las posibilidades, y simultáneamente la invisibilización (y la exclusión) de las otras muchas posibilidades”.

Llegados al 2020, podría decirse que en este juego tecnopolítico de las tres «Ps», – posibilidad, potencia y poder –, el equipo GAFAM, o como lo prefiramos llamar, está arrasando al equipo de Berners-Lee, Indymedia y «hippies» varios. A ver cómo se da la década que ahora comienza. ¡Salud y convivencialidad!

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* GAFAM, para los no familiarizados, es el acrónimo por el que se refiere en ocasiones al cuasi-monopolio de las 5 grandes tecnológicas.

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Franco Berardi Bifo, Futurability. The Age of Impotence and the Horizon of Possibility, Verso, Londres Nueva York

Tim Berners-Lee et al, 2020, Contract for the Web. A global plan of action to make our online world safe and empowering for everyone, https://contractfortheweb.org/

Benjamin Bratton, 2015, The Stack. On Software and Sovereignty, The MIT Press. Software Studies Series, Cambridge