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Sobre el oficio y el hacer-pensar, “The Craftsman” de Richard Sennet

Imagen: Matthias Pliessnig, actual, banco paramétrico de madera conformada. Fuente: http://www.matthias-studio.com/

Sobre el Craftsman de Richard Sennet

José Pérez de Lama

Mi amigo – y bastante maestro – FJ me recomendaba hace un tiempo leer a Sennet con mayor atención. En particular la trilogía que empieza con el Craftsman, sigue con Together y se cierra con Building and Dwelling – que se acaba de traducir recientemente al esp.
Me puse pues este verano a releer con cierto detenimiento el Craftsman. Luego me enredé con otras cosas y ahora escribo estas notas de memoria.

La primera vez lo leí “porque tocaba,” para estar al día, un poco deprisa, y desde la perspectiva de los makers y fabbers (los que animan y usan los fab labs) porque era en aquel entorno donde se estaba comentando. Me pareció interesante y sugerente pero algo vago (en el sentido de poco concreto). Esta segunda vez, ya no lo hice desde el prejuicio o perspectiva maker, sino desde una perspectiva más general. Y he descubierto muchas cosas interesantes.

Aunque breve, no es un libro fácil de resumir. Desarrolla varios hilos más o menos entretejidos, y no ofrece conclusiones demasiado claras. Aunque creo que entendí que eso es parte de la forma de pensar del autor, pragmatista (filosófico) según se reclama a sí mismo el autor. Según esta perspectiva, las verdades, al menos respecto de lo humano y lo social, son más bien precarias, se construyen socialmente, – en el diálogo entre los expertos y afectados – por ejemplo, cuando aparecen nuevos hechos de los que no pueden dar cuenta, cuando emergen nuevos afectados…

Pandora (y Hefesto): el potencial destructivo de lo tecno-científico

El primer tema que plantea Sennet en The Craftsman es lo que podríamos llamar el dilema o la dualidad Pandora-Hefesto de las tecnologías y las ciencias. Tremendamente actual en mi opinión en los escenarios digitales de control, robotización-automatización, inteligencia artificial, etc. Esto lo desarrolla principalmente en la introducción y en el capítulo final. Una de sus referencias es Hanna Arendt, que fue su profesora hacia los 60, y con respecto de la cual marca algunas diferencias. Pandora representaría el poder de destrucción de las ciencias y las tecnologías: los científicos que terminan construyendo la bomba atómica, – y algunos se arrepienten de haberlo hecho. Hoy, quizás, el caso de los nerds de Silicon Valley fascinados por sus plataformas y capacidad de captar y manipular datos, que están produciendo un mundo bien diferente del que soñaban ciertos pioneros idealistas de los 60. Frente a Pandora, Hefesto representaría al artesano, o al trabajador(a) que conoce bien su oficio, y que produce cosas que la gente necesita, trata de hacerlas bien, y deriva de eso un cierto sentido de la vida y una cierta felicidad. Hefesto, sin embargo, carece de la fascinación de Pandora: en la mitología es cojo y no tiene la gracia o la brillantez de otros dioses.

Para Arendt, al menos según lo explica Sennet, el hacer y el pensar serían dos momentos diferentes, que quizás corresponden a dos instancias sociales diferentes: los científicos inventan, o los técnicos hacen su trabajo y la sociedad en su dimensión política piensa, valora, establece limitaciones. De ahí que pudiera describir lo de Eichmann y los campos de concentración como banalidad del mal.

Sennet, propone sin embargo la figura del craftsman, y más particularmente su forma de trabajo y producción, su condición, craftsmanship, como una manera de ser-estar-hacer en la que acción-producción y pensamiento-juicio no están separados. Los capítulos centrales del libro, efectivamente, están destinados a estudiar el trabajo este personaje que denomina craftsman. La producción lenta del craftsman daría lugar, según Sennet, a un proceso en el que el hacer y el pensar sobre lo que se hace – que decía Dewey –no son momentos claramente diferenciados. También, la práctica del craftsman, al menos en su sentido tradicional, tiene una condición más social: un conocimiento más enraizado en las necesidades concretas y cotidianas, y una producción de este conocimiento más lenta y más colectiva, quizás. Estas circunstancias, en especial la no separación entre hacer materialmente y pensar posibilita para Sennet un juicio más responsable, y así una mayor posibilidad de limitar muchos de los posibles perjuicios derivados de lo producido, no fuera del proceso, en una instancia diferente, sino como parte del propio hacer. Desde luego, estimo que no lo plantea como una solución definitiva, sino casi como una conjetura que, no obstante, considero que resulta interesante.

Sennet caracteriza este fijarse en el hacer, en cómo hacemos las cosas, más que en las ideas como si fueran algo separado, como una perspectiva pragmatista – filosófica. esta mirada otorga entonces importancia a las herramientas que nos damos, infraestructuras, formas de organización, instituciones… Sennet lo explica así: “Escribo como parte de una larga tradición, precisamente la del pragmatismo norteamericano […] El pragmatismo ha tratado de unir la filosofía a las prácticas concretas de las artes y las ciencias, a la economía política […]; su carácter distintivo es el buscar las cuestiones filosóficas embebidas en la vida cotidiana. El estudio del oficio y la técnica es simplemente la continuación lógica de esta historia que se despliega.” (2008: 14)

Una aproximación que, por lo menos a mí, me resuena con lo que muchos venimos llamando perspectiva tecnopolítica.

Craftsman: conocimiento, habilidad, compromiso, placer en el hacer… libertad

El segundo tema, diría, es la caracterización misma del craftsman. En español-castellano se tradujo por artesano. Pero el propio autor, indica que no es una traducción fácil, ofreciendo los casos de los sinónimos francés y alemán que como el español no denotan lo mismo que el inglés. El craftsman (hombre o mujer) sería para Sennet aquel personaje que domina un oficio y que se complace en hacer aquello que produce, se complace en hacerlo bien, contribuyendo este trabajo a dar un cierto sentido a la vida del que lo hace y una cierta felicidad. En este tipo de trabajo existe una cierta dimensión de libertad: algunos de los ejemplos de Sennet son el artesano-artista o el músico. Pero no se limita a estos: puede ser un artesano más o menos tradicional, una científica, un hacker, un viticultor, un cuidador, un médico, un músico, un fabber, una profesora, una arquitecta… En mi vida cotidiana veo a mucha gente que hace su trabajo con oficio y aparente satisfacción, especialmente cuando sienten que son útiles a otros, lo dominan y saben que lo hacen bien: pienso en la última vez que fui a comprarme ropa,  que en principio parecería algo alejado de la idea de artesano. Sennet analiza el personaje en diferentes períodos históricos y expone como existen muchos condicionantes y limitaciones para esta forma de abordar el trabajo: la sumisión a estructuras productivas varias, las prisas, la rentabilidad o el mercado, la organización de su formación… En tiempos más recientes tendríamos incluso otra problemática quizás nueva como es la del uso de lo que Remedios Zafra ha llamado el entusiasmo para precarizar y explotar este trabajo dedicado, vocacional… Por otro lado, lo que Graeber ha llamado la proliferación de bullshit jobs…

(En realidad, un obstáculo fundamental al craftsmanship es el presentado hace ya tanto tiempo por Marx en su análisis de la construcción del proletariado y el papel de las máquinas: trabajadores que cada vez tienen que ser menos expertos artesanos y cada vez más nos convertimos en apéndices de las máquinas más o menos alienados: de la división radical del trabajo de Smith a los chain-workers de la posmodernidad… Lo que hoy también se llama deskilling.)

Sennet dedica algunas de sus mejores páginas en este libro a los procesos de aprendizaje, basados en el hacer, y como decía, en el pensar permanentemente sobre lo que se hace: cómo se hace, cómo puede hacerse mejor, – para quién y para qué se hace, quizás también. Un aprendizaje que se hace cuerpo, podría decirse, como en el caso del violinista, o el deportista, que exige por tanto de tiempo: en torno a las 10.000 horas es un número que se menciona habitualmente para llegar a ser un oficial, un buen músico o carpintero… o arquitecto; los 5-6-7 años que antiguamente había que dedicar a aprender un oficio, y hoy a hacer una carrera hasta el grado actual de máster. Un aprendizaje en el que los ciclos de prueba y error son fundamentales…

Otro tema que me llamó la atención, quizás por motivos personales, es el del papel de la obsesión. Un cierto grado de obsesión caracteriza según Sennet al buen craftsman: el deseo de dominar las técnicas, la pasión por lo que se hace… Pero a al vez la obsesión puede ser un gran enemigo: la pulsión irrefrenable por hacerlo cada vez mejor, por lograr la perfección, la incapacidad de parar… Estas dedicadas a la obsesión son otras páginas muy buenas del libro.

El(la) craftsman(woman) como modelo de ciudadano(a)

El tercer tema, el más complejo para mí, es la del craftsman como modelo de ciudadano. Aquí los argumentos son tal vez mucho menos evidentes. Y tal como lo recuerdo tendrían una doble vertiente. La primera tendría que ver con las facultades medias de la población y la excelencia. La gran mayoría de la población tiene la capacidad de desempeñar su oficio correctamente, como un craftsman, dadas la formación y las condiciones adecuadas; ya seamos profesores, investigadores, empleados de correos, cuidadores, carpinteros o músicos. A partir de la crítica de la idea de los test de IQ (Coeficiente Intelectual de moda en algún momento no demasiado lejano en los EEUU; o tal vez aún), Sennet señala que los que son superdotados en las cosas que mide este coeficiente, como los que son menos dotados, son una minoría muy exigua, – la famosa distribución normal -, y que las capacidades extraordinarias son de aplicación en situaciones muy singulares. Señala además, citando diferentes fuentes, que estas parametrizaciones no miden las capacidades relacionadas con el hacer, las capacidades que caracterizarían al craftsman, el hacer y valorar, entre otras, que construirían el mundo cotidiano, que determinan la experiencia, en mucho mayor grado las más abstractas que mide el IQ. El mundo, – las universidades, por ejemplo – propone se debería plantear entonces más centrado en estas capacidades y en su desarrollo. Para Sennet, el énfasis en la excelencia, al menos en algún aspecto, no sería sino una justificación del elitismo extendido a todos los ámbitos de lo social. En este sentido, la reivindicación del craftsman, del hombre y la mujer que hacen en virtud de la experiencia, sería una reivindicación del hombre y la mujer normales, frente a aquellos que dominan y se centran en el mundo de la inteligencia más abstracta.

En la segunda vertiente es en la que propone más concretamente al craftsman (y craftswoman) como modelo de ciudadano. De partida, argumenta Sennet el hombre (y la mujer) serían hacedores de ellos/as mismos, y este hacerse a uno mismo sería de nuevo una tarea más parecida a la del craftsman que a la del pensamiento abstracto radicalmente separado de la acción.

Extendiendo la idea, Sennet plantea que las instituciones y la convivencia se construirían efectivamente como se hace un producto artesano o como nos hacemos a nosotro/as mismo/as: haciendo y pensando sobre lo que se hace, con lentitud, aprendiendo también despacio, mediante procesos de prueba y error, jugando con (y en lo posible aprovechando de) la resistencia de la materia y los contextos, conjugando tradición e innovación, dialogando,… En breve acometeré la relectura del segundo volumen de la trilogía, Together, que si no he entendido mal se centra en estas cuestiones del hacer juntos y la colaboración.

Sennet lo expresa así: “Argumento, nada más y nada menos, que las capacidades que tienen nuestros cuerpos para dar forma a las cosas son las mismas capacidades que empleamos en nuestras relaciones sociales […] Una de las principales características del movimiento pragmatista ha sido el suponer la existencia de un continuo entre lo orgánico y lo social.  Mientras que algunos sociobiólogos han planteado que la genética dicta el comportamiento, pragmatistas como Hans Joas mantienen que la propia riqueza del propio cuerpo ofrece los materiales para una amplia posibilidad de acción creativa. El craftsmanship muestra el continuo entre lo orgánico y lo social puesto en acción.” (2008: 290). Siendo así, Sennet defiende un la construcción de lo común o político una artesanía o un oficio de la experiencia social, con “sus virtudes de la repetición y la revisiones lentas.” (p. 291)

*

¿Qué pienso yo mismo de estos argumentos? Aún no lo se. Como dice mi padre, los he leído con gran interés y efectivamente me han dado que pensar.

La parte que se centra más específicamente en el craftsman, su forma de aprender y de hacer, y de sentir placer por lo que se hace, me resulta la más verosímil y atractiva. La pregunta y el argumento sobre Pandora y Hefesto me parece que aportan interesantes reflexiones, pero no me parece que proponga una solución demasiado clara ni parcticable; – los planteamientos del proyecto digital del ayuntamiento de Barcelona y las propuestas económicas de Mazzucato me interesan en este sentido; se centran, pienso, en un papel activo de lo público hacia las ciencias y tecnologías, pero que no son incompatibles sino todo lo contrario con las hipótesis del craftsman. En cuanto a la identificación craftsman-ciudadano, me parece inspiradora aunque difícil; quizás para experimentar o seguir experimentado con ella en entornos pequeños. Se me ocurre que sugiere una especie de tecnocracia (por lo del hacer y el poner en primer plano ciertas técnicas), filosófica, democrática-dialogante y reflexiva… Pienso que Antonio Lafuente, por ejemplo, plantea cuestiones relacionadas cuando escribe sobre laboratorios ciudadanos en los que intervienen y colaboran expertos, afectados y otros. Se ven también experimentos interesantes en este sentido, aunque estén bastante tapados por el barullo mediático y de las luchas partidistas y las excesivamente marcadas por lo ideológico.

En fin, como siempre, para aquell*s que os interese el tema la lectura del libro será mucho mejor y más provechosa que estas notas.

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*      *

#referencias

Richard Sennet, 2008, The Craftsman, Penguin, Londres

____, 2013, Together. The Rituals, Pleasures & Politics of Cooperation, Penguin, Londres

____, 2018, Building and Dwelling. Ethics for the City, Allen Lane Penguin, Londres

Otras:

David Graeber, 2015, The Utopia of Rules. On Technology, STupidity, and the Secrte Joys of Bureaucracy, Melville House, Brooklyn

Antonio Lafuente & Andoni Alonso, 2014, Taller de prototipado. La hospitalidad como cultura y como tecnología, en: J. Pérez de Lama et al (eds.), 2017, Machines Loving Grace. Fabricación digital, arquitectura y buen vivir, Lugadero, Sevilla; pp. 32-37

Mariana Mazzucato, 2018, The Entrepreneurial State. Debunking Public vs Private Sector Myths, Penguin, Londres

Sobre el planteamiento de la Barcelona digital del “cambio”:
Evgeny Morozov & Francesca Bria, 2018, Rethinking the Smart CIty, Rosa Luxemburg Stifftung New York Office, disponible en: http://www.rosalux-nyc.org/wp-content/files_mf/morozovandbria_eng_final55.pdf

Remedios Zafra, 2017, El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital, Anagrama, Barcelona

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¿Por qué las empresas no contribuyen a la sociedad de acuerdo con sus capacidades económicas?(*)

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Lumpen (https://milapiz.es/viñeta/hacienda-somos-todos-vosotros)

 

Teresa Duarte

En el ámbito económico y político, y tomando fuerza tras el cambio de gobierno, existe una gran polémica en torno al impuesto de sociedades. Mientras que el actual ejecutivo aboga por un cambio de la Ley de Impuesto sobre Sociedades (LIS), inspirándose en el artículo 31 de la CE “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica” y estableciendo un tipo mínimo en torno al 15%, la CEOE sostiene que la subida “lastraría la competitividad de las empresas” [1]. Para que las y los ciudadanos de a pie nos formemos una idea informada sobre si las empresas pagan impuestos sobre sociedades de acuerdo con sus capacidades económicas, es necesario analizar cuál ha sido la evolución histórica reciente de la recaudación de este impuesto.

En marzo de 2018 el Financial Times publicó un artículo de investigación donde Rochelle Toplensky [2] mostraba que las cuotas efectivas medias del impuesto sobre los beneficios de las grandes empresas tecnológicas e industriales cayeron en los países de OCDE un 13% durante la crisis y que en el período post crisis la tendencia a la baja de las cuotas continuó, mientras que los gravámenes sobre el consumo y las rentas del trabajo aumentaron.

Veamos qué ha sucedido con la recaudación tributaria procedente del impuesto de sociedades en España desde 2000 hasta 2017.

Gráfico 1. Evolución de la recaudación del IS en millones de euros (2000-2017)

 Captura de pantalla 2018-08-20 a las 12.13.37

Fuente: AEAT, 2000-2017.

La representación gráfica de la recaudación del impuesto de sociedades nos muestra una tendencia creciente hasta el ejercicio 2007 cuando alcanzó su punto máximo ascendiendo a 45.000 millones de euros aproximadamente (véase la tabla 1). En el ejercicio 2008, la crisis financiera y económica afectó profundamente a la recaudación cayendo un 64% y manteniéndose la tendencia decreciente hasta el ejercicio 2010. A partir de 2011 y hasta 2014 su evolución fue desigual, comenzando la senda de crecimiento en el año 2015 hasta la actualidad. En 2017 la recaudación ha experimentado un leve crecimiento con respecto a ejercicios anteriores, alcanzando los 23.000 millones de euros, que supone la mitad de la recaudación máxima histórica lograda en 2007.

Tabla 1.  Recaudación del IS en millones de euros y porcentaje sobre la recaudación tributaria total

AÑO

Recaudación tributaria total (millones de euros) Recaudación tributaria sin IS (millones de euros) Recaudación IS (millones de euros)

% (IS/ Recaudación tributaria total)

2000

103.118 85.911 17.207 16,68

2001

109.308 92.093 17.215 15,74

2002

124.912 103.475 21.437

17,16

2003

130.176

108.256 21.920

16,83

2004

140.854

114.834 26.020

18,47

2005

160.705

128.210 32.495

20,22

2006

179.380

142.172 37.208

20,74

2007

200.676

155.853 44.823

22,33

2008

173.453

146.152 27.301

15,73

2009

144.023

123.835 20.188

14,02

2010

159.536

143.338 16.198

10,15

2011

161.760 145.149 16.611

10,26

2012

168.567

147.132 21.435

12,71

2013

168.847

148.902 19.945 11,81

2014

174.987

156.274 18.713

10,69

2015

182.009

161.360 20.649

11,35

2016

186.249

164.571 21.678

11,64

2017

193.951

170.808 23.143

11,93

Fuente: AEAT, 2000-2017.

En términos de porcentaje con relación a la recaudación tributaria total, el ejercicio que arroja el mayor porcentaje de recaudación procedente del impuesto sobre sociedades es también el de 2007 con un 22,3%, cayendo hasta el 10,2% en 2010.

Si analizamos la serie histórica (véase gráfico 2), llama la atención la recuperación de la recaudación total gracias al esfuerzo fiscal realizados por las familias (IRPF, IVA e impuestos especiales), llegando a alcanzar una recaudación récord en el ejercicio 2017 (línea verde), en cambio el esfuerzo fiscal de las empresas ha sido muy discreto, situándose en este último ejercicio en tan solo un 11,9% (línea morada).

Gráfico 2. Evolución de la recaudación tributaria segmentada por figuras tributarias  (2000-2017)

Captura de pantalla 2018-08-21 a las 17.34.03

Fuente: AEAT, 2000-2017.

Se podría creer que la caída y falta de recuperación de la recaudación se debe exclusivamente a los efectos de la crisis pero no es exactamente así. Hay otras razones. La primera es que, con la excusa de la crisis, se realizaron reformas para aliviar las cargas fiscales empresariales. En 2008 se iniciaron las reformas continuadas, coincidiendo con el estallido de la crisis, y suponiendo un total de 195 cambios en este impuesto. Al margen de la inseguridad jurídica que generó y la complejidad añadida, durante los años 2015, 2016 y 2017, las modificaciones legales han incidido de forma negativa en la recaudación de este impuesto.

La propia Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (2018) [3] ha puesto de relieve que la recaudación tributaria en porcentaje del PIB procedente del IS sin reformas fiscales hubiera sido significativamente mayor que la recaudación efectivamente obtenida tras las reformas llevadas a cabo por el Gobierno durante el período 2015-2017.

Tabla 2. Comparativa de la recaudación del IS con y sin reformas fiscales (2013-2017) en % PIB.

IS CON REFORMAS FISCALES (%PIB) IS SIN REFORMAS FISCALES (%PIB)
2013 1,9 1,9
2014 1,8 1,9
2015 1,9 2,4
2016 1,9 2,3
2017 2,3 2,5

  Fuente: AIReF

Gráfico 2. Representación de recaudación del IS con y sin reformas fiscales en % del PIB

Captura de pantalla 2018-08-20 a las 12.14.00

Fuente: AIReF

Los datos muestran, sin lugar a dudas, que las distintas reformas de la LIS llevadas a cabo durante el período más dramático de la crisis y post-crisis han tenido un efecto negativo sobre la recaudación tributaria, provocando que el hundimiento de dicha recaudación fuera mayor del esperado como consecuencia de crisis.

La segunda causa que explica el comportamiento de la recaudación del IS según los datos de la AEAT y que comparte De la Torre (2015) [4], es la evasión y elusión fiscal. Los grandes grupos empresariales han pasado a obtener sus beneficios en el extranjero a través de sus filiales, de tal modo que estas filiales pagan el IS en otros países (paraísos o guaridas fiscales) y cuando reparten dividendos a las matrices españolas, éstos quedan exentos en el IS. De esta forma legal y de otras no legales (a través de los precios de transferencia, por ejemplo) logran reducir significativamente sus cargas fiscales.

Mientras que el resto del sistema tributario español ha contribuido a la recuperación de la recaudación de forma constante y por tanto, su esfuerzo fiscal sostiene, fundamentalmente, el estado del bienestar español, el IS no lo ha hecho. La AEAT [5] concluye que en 2017 a pesar de la recuperación de los beneficios empresariales a niveles previos a la crisis, todavía queda muy lejos la cuantía de impuestos devengados.

Gráfico 3. Evolución de beneficios, base imponible e impuesto devengado empresarial.

Captura de pantalla 2018-08-21 a las 16.22.07

Fuente: AEAT, 2017.

La conclusión parece evidente. Mientras que el resto de los sujetos económicos han hecho un esfuerzo considerable durante la crisis y una vez que mejoró la situación económica, las empresas en general y las grandes compañías en particular, que son las que más beneficios obtienen, han reducido su contribución a las arcas públicas. Para ellas, la crisis es otra cosa diferente. El sacrificio compartido y la contribución en función de la capacidad de cada uno a mantener los bienes y servicios públicos de los que también se benefician no parece que sea asunto que les concierna. ¿Hasta cuándo?

 

Referencias

[1] http://www.expansion.com/economia/2018/07/17/5b4dca5de5fdea253f8b46b6.html

[2] https://www.cronista.com/financialtimes/Las-multinacionales-pagan-menos-impuestos-que-hace-una-decada-20180313-0009.html

[3] Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (2018): “Presentación ante la Comisión de Hacienda”. http://www.airef.es/documents/42901/768420/2018+05+09+Congreso+Memoria+y+plan+estrat%C3%A9gico+FINAL/19f7ad81-f106-48a0-9b8f-c6ce2de59803

[4] De la Torre Díaz, Francisco. (2015). “¿Hacienda somos todos?”. Editorial: Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.U, Barcelona.

[5] Agencia Tributaria (2017). “Informe Anual de Recaudación Tributaria. Año 2017”https://www.agenciatributaria.es/static_files/AEAT/Estudios/Estadisticas/Informes_Estadisticos/Informes_Anuales_de_Recaudacion_Tributaria/Ejercicio_2017/IART17.pdf

 

Nota

(*) Durante este año académico una estudiante del doble grado de ADE y Derecho, Granada Cordero Aguza, ha realizado su TFG en torno a la recaudación del impuesto de sociedades. Su resultado ha sido muy satisfactorio, sobresaliente. A raíz de este estudio surge la idea de escribir un post con carácter divulgativo en torno al IS pero cualquier responsabilidad sobre lo escrito es de la autora del post.

¿Es Invisible la Ideología Hegemónica?

Captura de pantalla 2018-08-14 a las 23.39.35

Created for ‘The Trouble With Women’ by UK cartoonist Jacky Fleming

Teresa Duarte

Hace unos días mi colega y amigo David Patiño me enlazaba en tuiter un artículo sobre el sector turísticos y los impuestos. Ambos comenzamos a analizar desde un punto de vista económico la importancia del sector turístico en la Economía Española, los salarios precarios, las jornadas maratonianas con horas extras no pagadas… y si la bajada de impuestos supondría un aumento de la competitividad del sector.

En uno de los mensajes yo decía (debemos tener en cuenta la limitación de caracteres en tuiter): “¿Con quién compites? Durante el periodo de conflicto en Turquía, Egipto… obviamente nosotrxs, con nuestros salarios precarios, podríamos competir pero esto no durará. No podremos ofrecer turismo de calidad … quizás sí turismo a secas y nunca suficientemente competitivos”

A lo que un tuitero en el hilo me contestó: “Debí darme cuenta cuando leí nosotrxs de que aquí hay más ideología que análisis económico. Que pasen una buena noche”

No entré en polémica porque ya estoy cansada de ser atacada vilmente en tuiter por ser mujer y sospecho que no será la última, pero no voy a dejar de explicar por qué el tuitero se equivoca rotundamente cuando insinuaba que realizar un análisis económico teniendo una u otra ideología invalida dicho análisis:

  1. Todo análisis económico sobre una empresa, sector o economía de un país tiene una carga de subjetividad. El análisis lo hacen personas expertas o académicxs formadxs en una ciencia multidisplinar: economía, sociología, filosofía… y cada unx de nosotrxs hacemos nuestros unos principios que caracterizan nuestro pensamiento y bajo los que analizamos cualquier situación. Podríamos decir que la ideología es como el filtro que usamos para analizar todo lo que nos rodea, por tanto, toda persona reflexiva y pensadora tendrá una ideología y ello, no invalidaría sus análisis.
  2. Los intelectuales no podemos desinhibirnos de la realidad social, el contexto social es una variable clave en cualquier análisis y en el económico especialmente. Una teoría puede ser demostrada matemáticamente de forma irrebatible y defendida por unxs, pero si otrxs observan que sus efectos son dañinos para el bienestar de la sociedad, no deben reverenciarla, deberíamos admitir que no poseemos la verdad y que los análisis llevados a cabo desde perspectivas (ideologías) diferentes enriquecen el conocimiento y así establecemos la verdad como un horizonte.
  3. Por último, cuando una mujer o un hombre es feminista, cree y lucha por la igualdad efectiva de derechos y deberes, ¿por qué ser feminista invalidaría cualquier análisis económico?. En mi caso, que soy doctora, profesora e investigadora en la Universidad y feminista, mis análisis económicos son tan válidos, o no, como los de cualquier otra persona con similar formación. Este señor quiere que su ideología siga siendo hegemónica y por ello desprecia cualquier otro punto de vista.

Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones


Iván Illich con Paule Freire en Perú, década de 1972. Fuente: http://backpalm.blogspot.com/

Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones

Publicado en LABlog 26/10/2015

José Pérez de Lama

Este medio tocayo de Lenin y casi homónimo del personaje de Tolstói es una singular figura de la segunda mitad del siglo 20 cuyas reflexiones reaparecen una y otra vez en conversaciones y textos más o menos alternativos sobre tecnologías, urbanismo y críticas a la idea de desarrollo. Según cuentan sus biógrafos, nació en 1926 en Viena, aunque su familia, de origen judío, vivía en una isla de Dalmacia (posteriormente Yugoslavia, y actualmente Croacia), adonde fue trasladado el mismo año de su nacimiento. Los avatares de la guerra europea lo llevaron a estudiar primero ciencias y después teología en Italia, y a continuación a ordenarse como sacerdote católico. Tras hacerse defensor de la feligresía portorriqueña de Nueva York y dirigir una institución en Puerto Rico, se convirtió en un severo disidente de las políticas estadounidenses en Latinoamérica, dejó la Iglesia, y estableció un centro de estudios críticos de la teoría y las políticas del desarrollo en Cuernavaca, México (CIDOC). Consecuente con su propia crítica de las instituciones, disolvió este centro a los diez años de su creación (1976), repartiendo sus recursos entre grupos y entidades locales.

El pasado verano, en un doble movimiento serendípico, tras coincidir en un almuerzo con Ada Colau y su equipo en un pequeño restaurante cerca de la plaza de San Jaume en Barcelona, me encontré en una librería con una reedición del libro de Illich, La convivencialidad, – sobre el que ahora haré unos comentarios.

El propio Illich define el libro como un manifiesto o panfleto, haciendo apología del género (Hornedo, 2014: 18). El texto es algo desordenado y quizás reiterativo, y hoy, unos 40 años después de que fuera publicado, se lee como si estuviera escrito desde un lugar extraño – comparando la alquimia con la educación, preguntándose por la utilidad social de la medicina institucionalizada, cuestionando los automóviles y la movilidad, reflexionando sobre los tiempos en los que la energía disponible para los humanos era principalmente la generada por su propio cuerpo… Aún así, o precisamente por eso, los asuntos que plantea son tremendamente actuales. Los definiría como tecnopolítica, esa palabra tan de moda, que interpreto, no como el uso de twitter, facebook, google y herramientas varias para el activismo, como se tiende a hacer últimamente, sino en un sentido más general, como es el de las políticas tecnológicas y las implicaciones políticas de las tecnologías y de su implementación.
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Cartografiando controversias (urbanas), unas notas sobre la práctica latouriana


Imagen: Iconoclasistas, 2014, imagen del proceso de mapeo colectivo con La Tribu, radio y proyecto cultural comunitarios, Buenos Aires. Fuente: http://www.iconoclasistas.net/barrio-y-comunidad/

Cartografiando controversias (urbanas), unas notas sobre la práctica latouriana

José Pérez de Lama

* Notas un poco rápidas por necesidades docentes… pero que aún así aprovecho para compartir aquí.

Tengo algunos estudiantes (proto)investigando para sus Trabajos Fin de Grado (también en doctorado) sobre temas polémicos ciudadanos, entre otros la polémica sobre el proyecto de “rascacielos” en el puerto de Málaga. Hemos comentado sobre el método de cartografía de la controversia (mapping controversy) de Bruno Latour y colegas. Pongo unas breves notas que he repasado sobre el asunto.

Latour, originalmente en el campo de los Estudios de la Ciencias y la Tecnología (STS en inglés) planteó que el estudio de los procesos de controversia previos a la consolidación de lo que luego nos aparecen como hechos/verdades cuasi-irrefutables nos permitía entender cómo estos no era tanto verdades, hechos, matters of fact, como matters of concern (objetos de controversia podríamos decir un poco libremente), acerca de los cuales se había alcanzado un acuerdo provisional, más o menos consensuado, más o menos fruto de las relaciones de fuerzas puestas en juego para su definición (esta segunda parte quizás sea más mía que de Latour).

El espacio en que tienen lugar y en el que se resuelven (settle) estas controversias es el de una red o conjunto de redes de actores (que dan nombre a la escuela de la que Latour es miembro destacado, ANT: Actor-Network Theory, que a la vez significa hormiga…). Una red que, por mencionar sólo algunos cuestiones destacadas, 1) es más bien un espacio socio-técnico que convencionalmente político; 2) cuyos actores “no son sólo humanos o grupos de humanos sino también elementos naturales y biológicos, productos artísticos y tecnológicos, instituciones económicas y de otros tipo, artefactos científicos y técnicos, etc.” (Venturini, 2010), todo aquello que hace que las relaciones entre unos y otros y aquello que se produce, sean diferentes a como lo serían si no existieran; 3) los actores son a la vez todos aquellos que están concernidos y están afectados por la controversia y participan en ésta de diferentes modos; 4) finalmente, unas redes que no son estructuras superiores o preexistentes sino que se configuran en el despliegue de la propia controversia y/o los efectos de los objetos de ésta (Latour, 2007). Sigue leyendo Cartografiando controversias (urbanas), unas notas sobre la práctica latouriana

The Stack de Benjamin Bratton, una reseña

Diagrama del Stack, con las 6 capas (layers) en que se organiza el sistema de computación planetario según Bratton, 2015, p. 66. Fuente:  http://www.desertunit.org/wp-content/uploads/2016/06/stack_diagram_final-01-113.jpg

José Pérez de Lama

Nota previa: en la segunda mita del post hay varios fragmentos traducidos del libro que igual puede ser más interesantes de leer que mi comentario…

¿Un gurú digital emergente?

Me interesé por The Stack, de subtítulo On Software and Sovereignty, en el bog de McKenzie Wark, donde hace un par de años escribió una serie de reseñas de autores y libros para él relevantes en la cultura crítica (digital) contemporánea. Wark suele dar excelentes pistas, por lo que tras mirar un poco por ahí me animé a encargarlo y a continuación a leerlo, lo cual supone una pequeña hazaña…

Bratton ha dado clases en SCI-Arc y ahora es profesor en la Universidad de California en San Diego, uno de los sitios en los EEUU que reúne a gente muy cool del mundo digital. Por lo que se ve en Internet es un personaje que está presente en muchos sitios. El Stack está editado por la MIT Press… En fin, además de por lo que contaba Wark, parecía apropiado estudiarlo para estar un poco al tanto de por donde va la intelligentsia teórico-crítica norteamericana, porque ese es el contexto que trataba de situar.

Mi opinión recién terminado el libro es que se un mal libro bueno, o quizás un buen libro malo – este es el tipo de retórica de Bratton aunque con palabras y conceptos más sofisticados y bastante más oscurillos, __ aunque sí que me llama la atención, la sugerente recursividad (cibernética) que incorpora en todo su discurso – que, sin embargo, como puede imaginarse, no ayuda demasiado a producir una prosa fluida ni nada parecido.

Pongo más abajo una selección de pasajes que ayudarán a aproximarse un poco al contenido del libro, pero hago algunos comentarios introductorios. Sigue leyendo The Stack de Benjamin Bratton, una reseña

El “General Intellect” de Marx explicado por Paul Mason, con algún comentario

Diagramas del proceso de producción según el Capital de Marx (izq) – e hipótesis según las matizaciones del General Intellect del Fragmento sobre las máquinas que aquí se comenta (dcha)

El “General Intellect” de Marx explicado por Paul Mason _ con algún comentario

Traducción del inglés y comentarios de José Pérez de Lama

Hace unos años se puso de moda hablar del General Intellect – bueno entre los post-operaístas o “negristas” como los llamaban algunos. Éste era un concepto propuesto por Marx en unas notas de trabajo – los célebres – de nuevo para algunos – Grundrisse – en las que hipotetizaba sobre la relevancia de las tecnologías y del conocimiento social en un capitalismo futuro que estuviera dominado por la automatización… La verdad es que nunca lo había comprendido del todo hasta leerme la explicación de Paul Mason. El texto original de Marx es bastante oscuro… Y las lecturas de estos últimos meses, sobre la idea de Mente según Bateson y sobre el Stack – la megamáquina-estructura de lo digital – según la describe Benjamin Bratton, pues me recordó el asunto, y volví a leerlo y aquí os lo pongo traducido. Está traducido, por supuesto, y me dice mi padre que la edición del libro en español/castellano está bien _ pero es que es una  de mis maneras de estudiar las cosas. Añado algunos comentarios sobre la interpretación de Mason al final (ver también el diagrama). Sigue la traducción del pasaje largo de Postcapitalism. A Guide to our Future de Paul Mason (2015; pp. 133-138) donde como digo hace en mi opinión una excelente introducción al asunto.

El General Intellect

Paul Mason, 2015

La escena es Kentish Town, Londres en febrero de 1858, en algún momento en torno a las 4 de la mañana. Marx es aún un hombre buscado por la policía en Alemania y desde hace diez años cada vez más es más pesimista respecto de la posibilidad de la revolución. Pero ahora ha sucedido un crash en Wall Street, los bancos están cayendo por toda Europa y él sigue luchando para acabar un libro sobre economía para el que se ha comprometido desde hace mucho tiempo. “Estoy trabajando como un poseso durante toda la noche”, confiesa, “para ver si puedo poner en claro al menos un esbozo antes de que caiga el diluvio”.

Marx cuenta con pocos recursos. Tiene una pase para la British Library que le da acceso a los últimos datos. Durante el día escribe artículos en inglés para el New York Tribune. Durante la noche viene rellenando 8 cuadernos con garabatos casi ilegibles en alemán: comentarios sueltos, pensamientos experimentales y notas para él mismo. Sigue leyendo El “General Intellect” de Marx explicado por Paul Mason, con algún comentario