Archivo de la categoría: Sociedad

Comentario Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización


Escena bobo con libro.

________

Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización

José Pérez de Lama, versión beta

Comentario de: Christophe Guilluy, 2019, No society. El fin de la clase media occidental, Taurus, Barcelona

Leí estos días No society, el libro de Guilluy, geógrafo (aunque también me parece sociólogo) francés que viene recibiendo una cierta atención en los medios por las tesis o hipótesis que se presentan en este volumen y en otro anterior. Éste, me ha parecido en efecto bastante interesante; aunque más en el análisis que propiamente en las conclusiones y propuestas.

El interés por Guilluy viene de lo que viene planteando para explicar el movimiento de los gilets jaunes en Francia y más en general lo que pueden llamarse populismos de derecha (Le Pen en Francia; que en este nuevo libro extiende a nuevos ámbitos: Trump en EEUU, el Brexit en RU, y algún comentario más puntual sobre Italia, Grecia, España o Cataluña).

Señalaré a continuación tres o cuatro ideas que me llamaron más la atención. Sigue leyendo Comentario Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización

Imaginando el futuro tras la catástrofe climática – William Gibson en “Peripheral”

Imagen: ¿No Future? Pegatina / sticker de 1977; diseño de james Reid / Sex Pistols; fuente: https://www.beatbooks.com/pages/books/37921/the-sex-pistols/no-future-maximum-penalty-5-sex-pistols-gummed-sticker-c-january-1977

“Ya le he contado del malestar y la confusión que producen el viajar en el tiempo.” H.G. Wells; epígrafe que encabeza la novela de W. Gibson.

Introducción y traducción de José Pérez de Lama

El próximo viernes 27 de septiembre hay convocatoria global – incluida Sevilla – para llamar la atención sobre el cambio climático. Con ese motivo, y también, porque me ha gustado mucho el libro, traduzco un capítulo de Peripheral, creo que la última novela de William Gibson (2014), en que se presenta un interesante y a mi juicio bastante verosímil escenario de catástrofe climática y de cómo podría ser mundo, más bien distópico, que surgiera después.

La novela, y trato de no hacer spoiler, va de viajes en el tiempo entre unas fechas próximas a las actuales y finales del siglo XXI; la acción se va configurando poco a poco hasta irse centrando en cómo los personajes del futuro tratan e evitar su propio presente… en fin… y más en particular en sus aspectos eco-tecno-sociales… El final… no cuento más, es más interesante que en los armagedones típicos de otras novelas del género…

En la escena que sigue están hablando dos de los personajes principales, por un lado Flynne Fisher, habitante de nuestro presente, más o menos, y Wilf Netherton, nativo del futuro, pero que está tele-tempo-presente en su pasado. Wilf está explicando a Flynne lo que llaman el Jackpot, la catástrofe climática. Jackpot, significa algo así como “cuponazo” o premio gordo de la lotería… típicamente en Gibson sugiere el espíritu de casino que parece qie nos está llevando por el camino del cambio climático.

Quizás sea lioso el tema del tiempo en el texto que traduzco: hay fundamentalmente tres momentos que se deben tener en cuenta: el presente de Flynne, más o menos 2020 o 2025, el presente de Wilf (posterior al Jackpot, hacia 2090 o 2100, y el tiempo del Jackpot, la etapa más crítica de la catástrofe climática, que estimaría sobre 2050-60).

Referencia: William Gibson, 2014, Peripheral, Penguin; pp. 319-22

________

El Jackpot

[…] Y entonces empezó a explicarle lo que llamaba el Jackpot.

Y lo primero de todo es que no había sido una sola cosa. Que fue algo multicausal, sin un comienzo en particular y sin un final. Más un clima que un acontecimiento, no como en las típicas historias apocalípticas en las que hay una gran catástrofe, después de la cual todo el mundo sale con armas […] o tras la que son devorados vivos por algo causado por la catástrofe. Nada parecido.

Fue algo androgénico, dijo, y ella sabía de [los programas de] Ciencia Loca y del National Geographic que significaba causado por la gente. No es que hubieran sabido lo que estaban haciendo, que lo hubieran hecho a posta, que hubieran querido crear los problemas, pero los causaron de todas maneras. Y fue en efecto el propio clima, el tiempo, debido a que había demasiado carbono, lo que impulsó muchas de las cosas. El que siempre fuera a peor y nunca a mejor, y que se considerase normal que fuera así, – algo que estaba pasando. Porque la gente en el pasado, que no tenía ni idea de cómo aquello funcionaba, se lo cargó todo, no fueron capaces de organizar cómo hacer algo, incluso cuando ya sabían que estaba pasando, y luego, ya, pues era demasiado tarde.

Así ahora, en su propio tiempo, dijo, se dirigían hacia algo desastrosamente malo —- androgénico, sistémico, complejo, más o menos lo que ella ya sabía, y se imaginaba que todo el mundo sabía, salvo la gente que aún decía que no estaba pasando, – una gente que de todas formas lo que estaba esperando era la Segunda Venida. Miró a través del césped plateado, que León había segado con la cortadora manual, la que tenía el marco de hierro fundido sujeto con una cable, las sombras de la luna, más allá de las tablas y el resto de un baño de pájaros hecho en hormigón que solían pretender que era el castillo del dragón, mientras que Wilf le contaba que aquello mató al 80 por ciento de todos los humanos, a lo largo de unos cuarenta años.

Y mientras lo escuchaba, se preguntaba a sí misma si tenía algún sentido, verdaderamente, que te contaran algo así. Algo que estaba en su pasado y en tu futuro.

¿Que hicieron, le preguntó, su primera pregunta desde que Wilf había empezado la historia, con todos los cuerpos?

Lo típico, dijo, porque no fue todo a la vez. Después, durante un tiempo, nada, y más más tarde los ensambladores. Los ensambladores, nanobots, llegaron más tarde. Los ensambladores hicieron además cosas como excavar y limpiar los ríos de Londres que se habían cegado, una vez que terminaron de limpiar los muertos tirados por todas partes. Habían hecho todo lo que ella había visto en su camino a Cheapside [n. del t: una excursión por el Londres del futuro que sucede previamente en la novela]. Habían construido la torre donde había visto a la mujer prepararse para la fiesta y luego ser asesinada, habían construido todas las otras torres de la retícula de lo que él llamaba los shards, y habían cuidado de todo aquello, en su propio tiempo – el de Wilf – tras el Jackpot.

Sentía que a Wilf le hacía daño hablar de aquello, pero adivinaba que ni él mismo sabía cuánto o cómo le dolía. Se daba cuenta de que no solía contar demasiado la historia, quizás nunca la había contado. Él dijo que gente como Ash habían convertido aquello en el centro de su vida. Se vestían de negro y llenaban sus cuerpos de marcas, pero era más por las otras especies, la otra gran extinción, que por el 80 por ciento [n. del t.: Ash, otro de los personajes de la novela, lleva tatuajes por todo el cuerpo con muchas de las especies desaparecidas en la última gran extinción].

No hubo cometas chocando con la Tierra, nada que se pudiera realmente llamar una guerra nuclear. Solamente todo lo demás, enredado en el cambio climático: sequías, escasez de agua, cosechas perdidas, la desaparición de las abejas como ya casi ocurre hoy, el colapso de otras especies clave, hasta el último predador alfa desaparecido, los antibióticos haciendo incluso menos de la que ya hacían, enfermedades que nunca llegaron a ser la gran pandemia pero suficientemente grandes para ser acontecimientos históricos en sí mismas. Y todo aquello alrededor de la gente: cómo era la gente, cuánta gente había, cómo cambiaba las cosas simplemente estando allí.

Las sombras sobre el césped eran agujeros negros, sin fondo, o como si se hubiesen sido cubiertas con terciopelo, perfectamente lisas.

Pero la ciencia, dijo, había sido la carta imprevista, el giro. Con todo hundiéndose en una foso de mierda cada vez más profundo, la historia misma convertida en un matadero, la ciencia empezó a surgir aquí y allá. No de una sola vez, no como una única cosa heroica, pero empezaron a usarse fuentes de energía más limpias y baratas, maneras más eficaces de retirar el carbono del aire, nuevos fármacos que hacían lo que los antibióticos habían hecho anteriormente, nanotecnología que era algo más que pintura de coche que se auto-reparaba o patrones de camuflaje que se movían en una gorra. Formas de imprimir comida que para empezar desperdiciaban mucho menos comida real. Así que todo, aunque en general estuviera en un estado profundamente catastrófico, iba siendo iluminado progresivamente por lo nuevo, por cosas que llamaban la atención de la gente, a la vez que el resto seguía empeorando, en el foso cada vez más profundo. Un progreso acompañado por constante violencia, dijo, por inimaginables sufrimientos. Notó como pasaba por encima de este tiempo, saltando al futuro en que él mismo vivía, rápido, evitando describir lo peor de lo sucedido, de lo por suceder.

Flynne miró la Luna. Habría tenido ese mismo aspecto, imaginó, a lo largo de las décadas que Wilf le había esbozado.

Todo aquello, dijo, no había sido necesariamente tan malo para los muy ricos. Los más ricos se habían hecho aún más ricos, quedando menos para poseer lo que fuera que hubiese. Las constantes crisis habían supuesto constantes oportunidades. En el momento de catástrofe más profunda, con la población radicalmente reducida, los supervivientes se beneficiaron de menos carbono vertido en el sistema, y el que aún se producía era comido por esas torres que construyeron, que esa era la otra cosa que hacían las torres que Flynne había patrullado [n. del t.: episodio con el que comienza la novela, y en el que se inician los viajes en el tiempo], no sólo eran donde vivían los ricos. Y esto, para ellos, los supervivientes, fue como esquivar la bala.

“¿La bala era el ochenta por ciento, los que murieron?”

Asintió simplemente […] y siguió, con como Londres, que desde hacía tiempo ya era el hogar de todos los que eran amos del mundo y que no vivían en China, fue la primera en resurgir, sin haber llegado a caer nunca del todo.

“¿Y qué pasó entonces con China?”

[…] “Fueron los primeros en empezar,” dijo.

“¿En empezar con qué?”

“En empezar con cómo iba a funcionar el mundo tras el Jackpot. Esto es todavía, por lo menos en apariencia, una democracia. La mayoría de los supervivientes con poder, considerando el Jackpot, y sin duda su propia posición, no querían nada de esto. Es más, le echaban la culpa.”

“¿Quien manda entonces?”

“Oligarcas, corporaciones, neomonárquicos. Las monarquías hereditarias ofrecían unas convenientes estructuras familiares. Esencialmente feudales, de acuerdo con sus críticos. Tal como son.”

“¿El rey de Inglaterra?”

“La City de Londres,” dijo. “Las confederaciones de la City. En alianza con gente como el padre de Lev. Con la ayuda de gente como Lowbeer” (n. del t: el padre de Lev: oligarca-cleptócrata de origen ruso; Lowbeer: una jefa del Scotland Yard ultratecnológico del futuro).

“¡El mundo está funny!” Se acordó de Lowbeer usando aquella expresión.

“Los klept,” dijo él sin entender a Flynne, “¡no tienen maldita la gracia!”

Nietos de Keynes. Buenas y malas noticias sobre la economía de la abundancia

Imagen: J.M. Keynes con la bailarina rusa Lydia Lopokova. Foto: Cortesía de Wiedenfeld & Nicolson. Fuente: Bloomberg Business

 

José Pérez de Lama / publicado en LABlog 01/06/2015

Las buenas noticias

En su último libro, The Zero Marginal Cost Society, Jeremy Rifkin, recuerda un texto escrito por J.M. Keynes en 1930 en el que preveía que, hacia el año 2030, si se daban unas ciertas condiciones en el desarrollo de la civilización, la generación de sus nietos no tendría ya que trabajar. El problema económico se habría acabado, habríamos entrado en lo que se viene llamando una economía de la abundancia; los asuntos económicos serían resuelto de manera profesional y rutinaria como si fuese la tarea de un dentista. El desarrollo técnico o tecnológico sería la clave principal para este logro. A pesar de que el trabajo no sería realmente necesario, Keynes planteaba que la mayoría de la población trabajase 3 horas al día / 15 a la semana para satisfacer la necesidad cultural, acunada durante siglos, de hacer cosas como forma de sentirnos útiles y valiosos – aquello del homo faber; también por las dificultades que imaginaba que tendríamos para saber llenar el tiempo sin el trabajo al que estamos tan acostumbrados.

El planteamiento de Keynes creo que no es demasiado extraño o raro. Paul Lafargue, uno de los yernos de Marx, que por cierto pasó algunos años de su vida en Madrid, ya había escrito un libro sobre este asunto del final del trabajo, publicado en 1880, y titulado El derecho a la pereza. Lo que a mi me resulta llamativo es que fuera Keynes el que lo plantease, probablemente el que fuera el economista más importante del siglo XX, un hombre estrechamente implicado en las realidades políticas y económicas de su tiempo, un hombre sin duda idealista, pero también muy pragmático.

El reciente debate sobre la renta básica universal (RBU) volvió a poner de actualidad este asunto de la relación entre ingresos y trabajo, aunque en la opinión pública el énfasis se situó más en la cuestión de la justicia social y la redistribución de la riqueza, que en la de la innovación tecnológica o el cambio civilizatorio tal como planteaba Keynes. Franco Berardi Bifo, esta misma semana en Sevilla, recordaba también al Rifkin de mediados de los 90 cuando éste empezaba a escribir sobre el final del trabajo (The End of Work, 1995). Para Bifo lo que Rifkin señalaba es que existía y existe la posibilidad de que efectivamente se acabe la necesidad de trabajar para ganarse la vida, para la mayor parte de la población. Aportaba el dato reciente de una entrevista, – 2014 -, con Larry Page y Sergey Brin, los patrones de Google, en la que éstos estimaban que su empresa sería capaz, actualmente, de automatizar el 45% del trabajo global. Bifo señalaba como principal obstáculo, sin embargo, que tenemos grabado en nuestro sistema neurológico, en nuestro firmware, la relación salarial como medio para obtener el dinero para poder vivir. Como sociedad no somos capaces de imaginarnos el que seamos capaces de organizarnos y sobrevivir más allá de la existencia de esta relación. Sigue leyendo Nietos de Keynes. Buenas y malas noticias sobre la economía de la abundancia

La administración del miedo; Virilio, Polanyi


Imagen: Bunker en la costa atlántica francesa, fotografía de Paul Virilio. Fuente: https://www.uberkreative.com/blog/war-architecturebunkers-paul-virilio-monuments-or-icons

José Pérez de Lama

La administración del miedoThe Administration of Fear – es el título de una larga entrevista a Paul Virilio publicada en la mítica – al menos para mí – editorial Semiotext(e). La entrevista, junto con una estupenda introducción, se la hace Bertrand Richard; es tremendamente inquietante a la vez que fascinante, como es propio de Virilio. Trata del miedo, efectivamente, de la guerra, de las tecnologías y la aceleración, algunos de sus temas preferidos. Me centraré aquí en el tema del miedo, de la administración del miedo, que da título al pequeño volumen gris oscuro.

Según cuenta Virilio nada más empezar, el título se lo de debe a Graham Greene y su novelita The Ministry of Fear, que trataba de un grupo de quintacolumnistas, (espías/infiltrados), alemanes en el Londres de la Segunda Guerra Mundial. (Me gusta mucho esa novela a mí también).

Pero antes de tratar de lo que propone Virilio comentaré algo que leí hace unos años en Polanyi, en su célebre The Great Transformation, y de lo que me acuerdo mucho últimamente. Señalaba Polanyi que el gran dilema de las sociedades occidentales modernas habría sido el que se da entre libertad y seguridad. En su día me llamó la atención porque no era el que yo había acostumbrado a pensar, que era el dilema entre libertad e igualdad. Pensando sobre el asunto me di cuenta de que éste último había sido propuesto por (el liberal) Karl Popper, atribuyendo la libertad (individual sobre todo) al liberalismo, y la igualdad – que el autor pensaba como opuesta a la libertad – al socialismo. En virtud de su análisis de esta oposición Popper, – La sociedad abierta… -, concluía que era preferible el liberalismo frente al socialismo.

Polanyi con su oposición “libertad-seguridad” lo ve de otra manera. Asocia “la libertad” al capitalismo – libertades individuales, de propiedad, empresas, etc -, que se opone para él a la seguridad de la población en general, que tendría que ver con la supervivencia, el empleo, la vivienda, el poder tener una vida digna… En estos términos y en nuestras sociedades esta seguridad la podríamos oponer a la precariedad – y a la pobreza – en cuanto inseguridad o incertidumbre vital. Para Polanyi la intervención del estado – con sus leyes, su cierta acción redistributiva, los servicios públicos, etc. – representaría el impulso social hacia la seguridad. Polanyi, que como se suele recordar se consideraba un socialista no marxista, planteaba el estado como el principio que compensaba y moderaba las libertades del capitalismo – que incluía según el autor la dudosa transformación de trabajo, tierra y dinero en mercancías. La seguridad de Polanyi era fundamentalmente contra el avasallamiento de la vida por parte del capitalismo. Quizás como en “seguridad social.” También es bastante conocida la crítica que Polanyi hacía de “las libertades del capitalismo” – las libertades de explotar, de apropiarse de la riqueza producida socialmente, de destruir el medio ambiente, etc. Sigue leyendo La administración del miedo; Virilio, Polanyi

Fab labs y makers: cultivar otras subjetividades


Imagen: “Stakeholders” del ecosistema de la fabricación digital colaborativa. Pérez de Lama, 2019, revisión de otro diagrama (con Alejandro González) de 2010-2013. Pinchar en la imagen para verla ampliada.

¿Por qué alguien querría hacerse fabber o maker?

José Pérez de Lama

Nota previa: Lo que sigue es un apartado de un capítulo dedicado a la fabricación digital y la economía colaborativa que publiqué recientemente en el libro “Economía colaborativa… ¿De verdad?, editado por David Patiño, Charo Gómez-Álvarez y Juan J. Plaza . Este apartado presentaba una relación de los tipos de subjetividades que estimo se cultivan en los fab labs y maker spaces y que constituyen buena parte de su interés y atractivo. Piensa uno que estos rasgos subjetivos contrastan, aunque no siempre sea así, con los rasgos actualmente dominantes del individualismo, la competitividad, el consumismo, la recepción acrítica de las tecnologías, etc. __ Aprovecho para dedicarlo a mis compañer*s del Fab Lab Sevilla y la red global. __ El artículo original está firmado con César García Sáez, de MakerSpace Madrid, con quien tuve diversas conversaciones durante su preparación, que se sumaron a las que veníamos teniendo desde hace ya bastantes años. __ En el libro el texto va acompañado de imágenes y notas que no se han incorporado aquí. JPL

*

Life wastes itself while we are preparing to live. (La vida se pierde mientras nos preparamos para vivir). Ralph Waldo Emerson

Entonces, si decimos que actualmente es más barato, – y lógicamente más cómodo -, comprar un mueble en Ikea que hacérselo uno mismo en el fab lab, ¿cuál es el interés del asunto? ¿Y por qué hay gente que prefiere hacer este tipo de cosas en un fab lab en vez de comprarlas ya hechas y más baratas? Lógicamente, cada uno de los fabbers o makers tendrá sus razones, pero podemos señalar algunas de las más destacadas y comunes, aunque en cada caso particular se tratará probablemente de una trama compleja de intereses diferentes. Ocurriendo, incluso, que los diferentes intereses de unos y otros no estén necesariamente alineados.

El placer de hacer
Una de las principales razones sería la del gusto o el placer de hacer, de hacer cosas materiales, – algo que Richard Sennet, por ejemplo, estudia en su libro The Craftsman (2008). En un mundo en el que el trabajo es cada vez más abstracto y nuestro relación con lo material cada vez más artificiosa la posibilidad de hacer cosas por uno mismo, cosas concretas y físicas, de aprender a hacerlas cada vez mejor, es algo que para muchas personas constituye una fuente de placer. Este es un sentimiento que no será extraño a artistas y artesanos, arquitectos, ingenieros, hackers, bricoleurs, etc. Sigue leyendo Fab labs y makers: cultivar otras subjetividades

Sennett: reseña de “Building & Dwelling,” ¿una ética hacker para la ciudad?

Unas notas sobre Building and Dwelling (Construir y habitar) de Richard Sennett

José Pérez de Lama

R. Sennett, 2018, Building and Dwelling. Ethics for the City, Allen Lane Penguin

*

Completa este Construir y habitar la trilogía sobre craftsmanship y pragmatismo de Richard Sennet (previamente The Craftsman – El artesano – y Together. The Rituals, Pleasures and Politics of Cooperation). En el plan de la trilogía anunciado en el primer volumen, éste, siempre dedicado a la ciudad, iba a llamarse El extraño o El extranjero: The Stranger.

En su línea pragmatista Sennet continúa desarrollando su idea de construcción del mundo y las sociedades desde una perspectiva práctica, del hacer, aunque siempre acompañado del pensar sobre lo que se va haciendo. También de la construcción de la ciudad – material y social – como algo que se aprende practicándolo – en contraste con las teorías separadas de la realidad ya sean políticas o disciplinares. Sigue leyendo Sennett: reseña de “Building & Dwelling,” ¿una ética hacker para la ciudad?

Can’t get no satisfaction: notas sobre el “burnout”

Imagen: Victor Vasarely, 1970, Kroa A. Fuente: https://www.masterworksfineart.com/artists/victor-vasarely/sculpture/kroa-a-1970/id/w-2053

Unas notas sobre el burnout

José Pérez de Lama

El texto que sigue se basa en varios artículos de Internet (gracias a los autores, ver referencias en el texto y al final), así como en algunas experiencias personales. Las citas largas (traducidas) aparecen en azul.

Aunque la memoria de aquel período de mi vida es muy borroso, recuerdo con claridad el momento en que supe que había algo que estaba profundamente mal – que no me quedaba motivación ninguna para el trabajo, y que todo estaba fuera de control.  https://kierantie.com/burnout/

¿Qué es el burnout?

De la Wikipedia (en: https://en.wikipedia.org/wiki/Occupational_burnout):

Se considera que el burnout ocupacional (profesional a veces en español-castellano) resulta del estrés laboral vivido a largo plazo y no resoluble. En 1974, Herbert Freudenberger se convirtió en el primer investigador en usar el término burnout en un artículo publicado en un revista relacionada con la Psicología. El artículo se basaba en su observación del equipo de trabajadores voluntarios (incluido él mismo) de una clínica de drogadicción. Freudenberger caracterizó el burnout con una serie de síntomas que incluían el agotamiento resultante de las demandas excesivas del trabajo así como síntomas físicos tales como dolor de cabeza e insomnio, irritabilidad y obsesión (closed thinking). Observó que el trabajador quemado (burned-out worker) “tiene aspecto de, actúa y parece deprimido.” […] la expresión ‘burn-out’ había sido parte del título de una novela de 1961 de Graham Greene, A Burn-Out Case, que trataba de un médico que trabajaba en el Congo Belga con pacientes leprosos […] Sigue leyendo Can’t get no satisfaction: notas sobre el “burnout”