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Sennett: reseña de “Building & Dwelling,” ¿una ética hacker para la ciudad?

Unas notas sobre Building and Dwelling (Construir y habitar) de Richard Sennett

José Pérez de Lama

R. Sennett, 2018, Building and Dwelling. Ethics for the City, Allen Lane Penguin

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Completa este Construir y habitar la trilogía sobre craftsmanship y pragmatismo de Richard Sennet (previamente The Craftsman – El artesano – y Together. The Rituals, Pleasures and Politics of Cooperation). En el plan de la trilogía anunciado en el primer volumen, éste, siempre dedicado a la ciudad, iba a llamarse El extraño o El extranjero: The Stranger.

En su línea pragmatista Sennet continúa desarrollando su idea de construcción del mundo y las sociedades desde una perspectiva práctica, del hacer, aunque siempre acompañado del pensar sobre lo que se va haciendo. También de la construcción de la ciudad – material y social – como algo que se aprende practicándolo – en contraste con las teorías separadas de la realidad ya sean políticas o disciplinares.

El libro se lee con agrado e interés, aunque como los últimos de Sennett, a mi personalmente me resulta algo difuso o disperso. Sin duda está lleno de cosas muy interesantes, estupendas historias – por ejemplo, las anécdotas-reflexiones a partir de sus relaciones académico-profesionales con Jane Jacobs o Lewis Mumford, entre otros – y se reconocen algunos argumentos y preguntas centrales bien construidas, pero a veces me resulta que no acaba de abordar cuestiones críticas, en este caso sobre la producción de la ciudad, como puedan ser las relaciones de poder o las dinámicas capitalistas. Leyendo a Sennett uno pensaría que los problemas de las ciudades son más bien problemas de las prácticas, técnicos, aunque sean de técnica democrática y de convivencia, además de arquitectónico-urbanísticos y tecnológico-materiales, y no de conflictos de intereses, dominaciones y explotaciones de unos grupos sociales por parte de otros. Aún así, he aprendido mucho, y las preguntas que quedan en el aire me parecen de lo más pertinentes y actuales. Sennett, diría, puede calificarse como un liberal progresista, y seguramente haya mucho que aprender de estos planteamientos.

Quizás la cosa es que le faltan épica a drama a estos libros, o grandes certezas, como podrían ofrecer quizás los de Sassen, Harvey o Haraway, por citar algunas lecturas recientes. Pero tal vez sea ésta también parte de la aproximación a la realidad que propone Sennett… lo cual tampoco está mal.

Crooked, abierta y modesta

La introducción, como ocurre en los anteriores volúmenes, es excelente; en torno a tres términos con los que caracteriza la producción urbana que le interesa, (y a lo humano en general, entiendo): “crooked” (imperfecta, aunque literalmente signifique torcida), “abierta” y “modesta.” Se intuye fácilmente que frente a las grandes soluciones idealistas o ideológicas, defiende una mayor modestia y un carácter abierto a lo no previsto; aunque esto tendrán su matices, que ilustra, por ejemplo, con el debate entre las ideas y prácticas urbanísticas promovidas por Jacobs y Mumford.

Ville & cité

Si la idea de ciudad abierta (que incluiría en mi interpretación lo crooked-imperfecto y lo modesto) es la principal del libro, ésta se desarrolla en dos categorías, ville y cité, que otros llamarían urbs y civitas, la ciudad física de la edificación, los espacios públicos y las infraestructuras, y la ciudad en tanto que sus habitantes, formas de vida, instituciones, etc. Por un lado ambos, ville & cité se influencian mutuamente, aunque los desajustes o desfases entre ambos son lo que constituyen el argumento principal de Sennett, diría uno. Las relaciones entre una y otra no son lineales ni deterministas. En una parte bonita del libro el autor comenta el trabajo de sus tres urbanistas preferidos de mediados del siglo XIX: Hausmann (París), Cerdá (Barcelona) y Olmsted (Nueva York; Central Park) y expone cómo el urbanismo menos intencionalmente ciudadano entre éstos (en el sentido de cité y ville), el de Hausmann, dio lugar sin embargo, accidentalmente, por la manera en que los espacios fueron apropiados, a los lugares más vivos: las aceras y cafés del París decimonónico.

Ciudadanos urbanos competentes: ¿heteroglosia urbana?

Aunque el esquema no sea completamente literal, esta aproximación entre ville y cité se va alternando en el discurso de Sennett a lo largo del libro. Siguiendo con la lógica del craftsman, la propuesta más general es que ser un ciudadano o urbanita competente, habitando (y construyendo) la ciudad, se trata de algo que también tiene que ver con la práctica más que no la teoría, el saber o conocimiento encarnado (embodied knowledge), el conocimiento de los contextos y que se iría adquiriendo en el propio hacer y en el pensar sobre lo que se hace.

Los chavales en un barrio de Medellín y un vendedor en un mercadillo electrónico informal de Dehli son calificados por Sennet como street-smart, gente que sabe moverse en la calle, y se presentan como uno de los tipos o modelos de urbanitas competentes, al menos en ámbitos locales. Saben leer las señales del espacio urbano y los habitantes que son invisibles para turistas o foráneos, son capaces de interactuar con y gestionar a su favor la ambigüedad y lo imprevisible que caracterizan su mundo cotidiano.

Un interesante tema a este respecto es el que trae Sennett (p. 190): de la mano de Bakhtin y sus conceptos de lo dialógico y de heteroglosia:

Dialógica fue el término que [Bakhtin] acuñó en la década de 1930 para explicar las maneras en que el lenguaje está lleno de “contradicciones socio-ideológicas entre el presente y el pasado, entre diferentes épocas del pasado, entre diferentes grupos socio-ideológicos en el presente, entre tendencias, escuelas, círculos…”; cada voz está enmarcada por las otras voces a la vez que es consciente de ellas. A esta condición Bakhtin la llamó heteroglosia. Como la gente no es copia exacta una de otra, el habla está llena de malentendidos, ambigüedades, sugerencias no pretendidas y deseos no expresados; en términos de Kant, el lenguaje es imperfecto (crooked), particularmente entre extraños que no comparten las mismas referencias locales, el mismo conocimiento local. […]

Dialógica era una palabra complicada para alguien escribiendo en el Moscú de Stalin en los años 30, cuando la mínima señal de inconformismo ideológico podía llevar directo al gulag. La dialógica fue un desafío a esta dictadura del pensamiento en su contraste con la dialéctica, por lo menos con el razonamiento dialéctico santificado por la policía del pensamiento como materialismo dialéctico. La idea oficial sobre el lenguaje en la sociedad era que por vía del juego entre tesis y antítesis se llegaba a la síntesis que unificaba pensamiento y sentimiento; en este marco, todo el mundo está “en la misma página” – en una página que puede ser vigilada. En contraste [con la dialéctica estaliniana], las técnicas dialógicas de desplazamiento (displacement), perturbación (disruption) o inconclusión (inconclusiveness) establecen una comunidad de habla muy diferente – una en que la gente habla como vecinos en el sentido de Levinas [se conocen y respetan pero mantienen distancias y diferencias], nunca exactamente estando “en la misma página.” Una comunidad de habla que no puede ser vigilada o controlada. ___Hasta aquí la cita.

Esta actitud o capacidad de actuar en un medio dialógico, heteroglósico [?] en el que se hablan muchas “lenguas,” y en el que la ambigüedad, la diferencia y la apertura y convivencia de múltiples posibles son esenciales al medio es lo que Sennett parece defender en su idea de ciudad abierta. Lo opuesto sería un espacio sin ambigüedad, estrictamente ordenado, siempre previsible y en cierto modo terminado.

En un breve capítulo, titulado Tocqueville in Technopolis (pp.144 y sigs.), Sennet ejemplifica el caso con algunas ideas sobre la smart city. Un modelo, el dominante, sería aquel en el que todo está bajo control, en que los posibles comportamientos están codificados y teóricamente optimizados. Para Sennet este tipo de smart city tiene que ver con las interfaces user friendly y equívocamente llamadas transparentes de los smart phones; y estarían en contraste con la manera en que suelen funcionar el software o el hardware libre, que necesitan de una implicación mucho más activa y crítica de sus usuarios. El modelo alternativo que defiende Sennet sería otro en el que los datos, plataformas e infraestructuras faciliten la coordinación entre ciudadanos, la multiplicación de sus actividades y formas de vida; _ su autonomía conectada, diría uno. Sennett dedica otras páginas al GooglePlex – las oficinas de Google en Nueva York – como un ejemplo de ciudad cerrada, con una gran analogía al espacio de sus dispositivos. (Google, efectivamente, parece ser una de las bestias negras de Sennet, y eso me hace leerlo con simpatía.)

Como contrapunto a los nuevos espacios de Google, Sennett rememora el legendario Medialab de MIT (y a unos de sus directores y amigo suyo, William Mitchell, por cierto uno de mis pensadores tecnológico-urbanos preferidos nota). Las páginas que dedica al Medialab como modelo de ciudad abierta, en tanto cité & ville, son de las más sugerentes del libro para mí, a pesar de que se trate de un tema conocido. Recuerda, como el libro en general, a los escritos de Stewart Brand (1994) sobre el asunto.

Volveremos al final sobre los ciudadanos competentes. Pasemos ahora por algunas de las ideas que el autor desarrolla sobre la ville.

5 formas abiertas

Resulta que Sennett – no lo sabía – no sólo es un reputado sociólogo sino que también ha ejercido como urban planner (urbanista, cabría decir en castellano, aunque más implicado en proyectos de diseño urbano a diferentes escalas y como asesor, que desarrollando planeamiento en el sentido más convencional del término en nuestro entorno).

El ideario, o más bien la caja de herramientas de Sennett, retoma conceptos y prácticas de viejos conocidos, de Aldo van Eyck, con sus célebres micro-parques urbanos en el Amsterdam de la posguerra, a un Rossi – que creo que no se menciona explícitamente, en cuanto a la dialéctica o dialógica de permanencia y continua transformación de la ciudad, pasando por Jacobs, Mumford, Kevin Lynch o el mencionado Stewart Brand – cuyo libro sobre arquitectura se llama apropiadamente – según sus planteamientos eco-evolutivo-cibernético-vernáculos, Cómo aprenden los edificios. Y que ocurre después de que son construidos. Otros autores/situaciones recurrentes en su discurso sobre la forma urbana son las intervenciones en Medellín con el alcalde Fajardo (décadas 2000-2010) o Jan Gehl – de quien me hablan mis estudiantes y algunos compañeros, pero a quien aún no tuve ocasión de estudiar. La cosa también resuena bastante al urbanismo de Barcelona de los últimos años – se menciona el experimento de la súper-manzanas del actual Ayuntamiento – que a su vez se inspiraba en los trabajos previos de Rueda y su Agencia de Ecología Urbana.

En esta reseña me limitaré a mencionar una parte más próxima a las recetas o estrategias que propone Sennett y que describe como 5 formas abiertas – 5 formas urbanas que promoverían la ciudad (sociedad) abierta. El asunto, por cierto, de la sociedad abierta conecta directamente con Popper según lo explica el autor. Aunque sea un poco reiterativo, la ciudad abierta estaría caracterizada por lo “complejo, ambiguo , incierto,” frente a modelos excesivamente “claros, y cerrados.”

Las cinco formas que Sennett explica con ejemplos y matizaciones serían:

  • Sincronicidad, espacios/lugares como los centros tradicionales, que sirven de soporte a múltiples actividades diferentes.
  • Puntuación, espacios/lugares que están marcados por hitos reconocibles, monumentales o mundanos, que confieren un cierto orden a la experiencia urbana y sirven de referencia – esto lo situaría bastante entre Lynch y Rossi… autores característicos de mis tiempos de estudiante. Hace aquí una divertida y explicativa analogía con los signos del lenguaje escrito: signo de exclamación; punto y coma, comillas.
  • Membranas porosas; que contrastarían con las fronteras cerradas, y que evocan ciertos límites en los ecosistemas.
  • Carácter incompleto: el contenedor (shell) y la forma tipo (type form). Aquí resuenan las ideas de Rossi por un lado, y su versión pop-norteamericana de Brand, de nuevo; en el tema shell ¿quizás incluso Venturi?  La idea de shell (literalmente concha o cáscara) sugiere contenedores cuyo uso interior está poco especificado, a la vez que quizás poco acabado, haciendo, alusión a la indiferencia al uso de Rossi que posibilita la adaptación en el tiempo de los edificios, o al loose-fit y los raw spaces de Brand, entre otras cuestiones. También podría pensarse en algunos temas de Koolhaas en su Delirious. La type form, es sin duda un tema rossiano, el uso del par tipología arquitectónica / morfología urbana que se sitúa entre la repetición y la diferencia, creando identidad o quizás conectando con las culturas locales, a la vez que posibilitan una cierta variabilidad, e invitan a la adaptación-transformación en un tiempo de velocidad media. Aunque no se menciona también nos recuerda a los patterns de mediana escala de Christopher Alexander, igualmente de las décadas de 1960-70.
  • Multiplicidad; dice Sennett que una cité compleja es más una mezcla que un compuesto. No hay un único modelo para la open city… se trataría de coordinar diferentes complejidades que se transforman más que reducirlas a una único estándar de eficiencia. El autor asocia a esta cuestión el concepto de seed-planning (planificación con semillas), que compara con el crecimiento de un jardín o huerto, en el que el agricultor u hortelano, planta cosas, pero está abierto, o más aún interesado, en que crezcan de maneras que no puede prever por completo.

Podría decirse, o a mí así me lo parece, que se trata de cosas sencillas, algo viejas, e incluso ingenuas. Pero quizás esa sea también su virtud. Sennett no trata tanto de ser original, como de reunir cosas que le parecen más que razonables y que es posible compartir con gente no especialista, por ejemplo, los ciudadanos normales que van a habitar y desarrollar las ciudades a partir de las semillas plantadas por los urbanistas o promotores urbanos varios.

También me han parecido estas cinco estrategias – con algunas otras consideraciones propuestas por el autor en este mismo volumen – como un interesante manual para plantear un taller de proyectos de los que se hacen en mi Escuela, concretamente los que se dedican a la ciudad o el barrio.

¿Cosmopolitismo vs comunitarismo?

Los aspectos de corte más sociológico del libro de Sennett me resultan menos claros. Sin duda, porque si en los temas urbano-arquitectónicos me siento con gran familiaridad en los sociológicos me faltan bastantes referencias.

Aún así, me parece apreciar que de nuevo Sennett trabaja con la ambigüedad. En general aprecio un cierto escepticismo respecto de lo que podría llamarse “comunitarismo.” Su admiración y aprecio personal por Jacobs, por ejemplo, no impide que repetidamente señale las limitaciones de una aproximación en exceso “barriológica.” Desde esta perspectiva de acción y reflexión local y de escala reducida, para Sennett, es difícil acometer cambios que afecten a la sociedad en su conjunto, como puedan ser grandes intervenciones infraestructurales (una estrategia que que asocia a Mumford por oposición a Jacobs en su ilustración del asunto). Según su modelo “dialógico,” se tratará, interpreto, de combinar diferentes tipos de actuación: bottom-up, top-down, y posiblemente, middle-middle… o algo así; o micropolítica, macropolítica y mesopolítica, como leo últimamente.

El escepticismo que le atribuyo respecto del comunitarismo – en el que quizás incluiría el reciente interés por los urban commons, que cita sólo de pasada – es compatible con la multitud de referencias judías a las que recurre. Su experiencia con judío en ciudades como Chicago y en Nueva York a lo largo del siglo XX y principios del XXI supongo que tiene mucho que ver con su mirada urbana.

El título que planeaba dar al libro, The Stranger, creo que ayuda a entender esta cuestión. Sennet, según explicaba, quería dar este título a su obra sobre la ciudad, haciendo del extranjero/extraño el modelo ideal de urbanita contemporáneo. El stranger que con frecuencia es migrante, que observa con especial atención su nuevo medio, y actúa con una cierta discreción o prudencia, tratando de aprender todo el tiempo; está en casa después de un cierto tiempo, a la vez que sigue estando en un lugar que no es exactamente su casa: también lleva consigo una memoria propia a la que no renuncia o a la que no puede renunciar completamente para disolverse en la nueva sociedad.

Un ejemplo curioso, al que recurre en más de una ocasión como modelo de convivencia urbana, es el de una panadería en su barrio de Chicago (o Nueva York) a la que solía ir. Tras sucesivas encarnaciones, – negocio familiar, gran empresa automatizada -, finalmente deviene un negocio de escala media en el que diversos grupos étnicos colaboran con razonable armonía, pero sin llegar a fundirse como amigos o abstractamente iguales. A veces, estos diferentes grupos coincidían con el autor tras las jornada de trabajo en un bar próximo, donde compartían el espacio, alguna cerveza y quizás un partido de fútbol o baseball en la televisión, pero luego se separaban cada cual para volver a sus vidas privadas, presumiblemente bastante diferentes unas de otras. Como había desarrollado en el libro anterior, Together, lo que los unía principalmente era el bond of making, el lazo del hacer (juntos). En Together, sugería Sennett que con frecuencia es mucho más fácil construir un mundo en común haciendo juntos cosas concretas que discutiendo sobre principios o ideologías.

Interpreto que Sennett defiende un cierto cosmopolitismo frío [?]. Propone algunas cosas como indiferencia a la diferencia, y recuerda la máxima kantiana de no desear para otros lo que no se desea para uno mismo, – explicando algo que no sabía, que se trata de una máxima que se encuentra en diversas culturas mucho más antiguas. Pensando estos días, se me ocurría, primero, que esa máxima se puede construir en positivo, especialmente cuando alguien es más bien privilegiado: desear para los otros, lo que uno tiene o de lo que disfruta y le parece bueno – por ejemplo la educación, la vivienda, el bienestar, el poder trabajar en cosas razonablemente gratificantes, el reconocimiento…; por otro, que se trata de un lema bastante contradictorio con la actual ética capitalista de la competición y el tratar de tener más o ser más importante que los demás – la invidious comparison que ya Veblen (1899!) señalaba como uno de los motores de nuestra civilización más reciente.

También recordaba un trabajo de Jencks (1996) de hace unos años, en los que elaboraba la idea de heterópolis – en aquel caso referida a Los Ángeles (California) -, que proponía como una ciudad cuyo aspecto definidor era el de la diferencia – en múltiples aspectos: ecológicos, de grupos sociales y culturales, formas de vida, sectores económicos… -, y en la que éstas – las diferencias – eran tanto uno de los motores principales de su riqueza como motivo de disfrute y orgullo por parte de sus habitantes. La versión clásica de Aristóteles que conviene recordar de vez en cuando es que “la ciudad está hecha de hombres diferentes.”

Otro de los ejemplos de ciudad abierta y cosmopolitismo frío propuestos por Sennett es, significativamente, la Kantstrasse de Berlín donde también vivió durante algún tiempo, mientras estaba convaleciente de un infarto y tenía que andar con la ayuda de muletas. En aquella calle comercial-residencial, relativamente modesta a la vez que variada en su fábrica y sus habitantes y su actividad, podía andar y sentarse solo en un café, quizás saludarse con algún vecino y conocido de vista sin necesidad de tener que pararse a charlar – a la vez que se sentía cómodo y seguro, casi como en casa.

Sociality, creo que es el término que Sennet propone para definir esta equilibrio entre convivir y hacer juntos, y mantener una ciertas distancias, y la imposibilidad de que todos los ciudadan*s sean buenos amigos en las metrópolis superpobladas, o simplemente grandes ciudades, de la actualidad (pp. 259-261). Esta forma de sociabilidad sería la necesaria en aquellas situaciones en las que la gente tiene que vivir juntos, en la misma ciudad, y en cierto modo cooperar, a pesar de que muchos de “sus intereses no puedan ser reconciliados,” que no pueda existir un consenso general. Recuperando el ejemplo de la panadería, éste “muestra una sociabilidad contenida que permite a la gente implicarse unos con otros, disponiéndolos a trabajar bien juntos, a pesar de que esta experiencia no los una de una manera más íntima. Se sienten orgullosos de su trabajo, lo que hace que tengan respeto por los otros trabajadores.”

Siguiendo con la cita: “Sociality denomina un sentimiento de fraternidad limitada con los otros que se basa en compartir una tarea impersonal. Esta fraternidad limitada surge cuando la gente está haciendo cosas juntos, más que estando juntos […] En la cité, la sociality es un contrapunto emocional a la impersonalidad [¿la anomia?]. La sociality no aparecía en el análisis de la vida metropolitana de Simmel, porque él estaba considerando a la gente estando un público, andando por la calle, sin tener relación productiva alguna los unos con los otros. La sociality aparece cuando los extraños están haciendo algo productivo, juntos…”

Ética urbana hacker…

Un comentario final. Otras de las mejores páginas del libro son las que el autor dedica al ángel de la historia de Benjamin / Klee (trataré de dedicar un post específico a estas notas; pp. 117-120). La interpretación de Sennett del texto que Benjamin escribió en Moscú durante los primeros años pos-revolucionarios tiene que ver con el dilema entre el progreso como máquina de destrucción de lo precedente y la nostalgia del mundo que queda arrasado.

Este dilema, o quizás paradoja, sirve a Sennett para avanzar hacia la conclusión de su libro discutiendo tres formas de intervención en las ciudades existentes, las tres bajo el título de la reparación (el horizonte del cambio climático y la resiliencia como zeitgeist del presente y el futuro urbano bastante presentes en el libro). – Esta centralidad de la reparación creo que puede ponerse en diálogo con uno de los textos sobre arquitectura/urbanismo que más me ha interesado este año, Maintenance and Care (Mantenimiento y cuidado) de Shannon Mattern (ver referencias). – Las tres formas planteadas por Sennett serían: restauración, remediación y reconfiguración – la última de las cuales me sirven para conectar su ética para la ciudad con la ética hacker (pp. 287-291).

La restauración sería la conservación o recuperación de formas antiguas tratando de que sean iguales a las originales. La analogía con la cultura (urbana y más allá) es la de la nostalgia e intento de recuperación de tiempos pasados. La remediación sería su reparación, con medios y materiales contemporáneos que no se tratan de ocultar, para mantener los usos o funcionalidades más o menos originales. En el caso del cambio climático, se trataría por ejemplo de construir muros y otros dispositivos para protegerse de la subida del nivel del mar en la ciudades. La reconfiguración, finalmente, sería la reparación en la que “el hecho de que un objeto se haya roto sirve como oportunidad para hacer un objeto diferente del original, diferente en cuanto a su forma y a su función.” Ésta última alternativa, que en el caso de la ciudad se basaría en reconfigurar el mundo existente, cité y ville a partir de la recomposición de sus fragmentos es la que Sennett considera más valiosa para abordar las grandes problemáticas sociales y ecológicas del futuro inmediato. A mí, esta idea de tomar los fragmentos de todo tipo de las ciudades rotas para reconfigurarlas, recomponerlas, de una manera nueva, – al estilo de las metamorfosis latinas -, me hizo pensar en lo que desde hace años, – Himanen, 2002, por ejemplo, lo contaba bien -, se viene llamando ética y práctica hacker. Al fin y al cabo, unas éticas y prácticas primas-hermanas del Pragmatismo.#

#principales_referencias

Stewart Brand, 2018, Pace Layering: How Complex Systems Learn and Keep Learning, en: https://jods.mitpress.mit.edu/pub/issue3-brand

____, 1994, How Buildings Learn. What Happens After They’re Built, Penguin Nueva York

Jane Jacobs, 1961, The Death and Life of Great American Cities

Charles Jencks, 1996, Hetero-architecture and the Los Angeles School, en: Allen Scott & Edward Soja [editores], 1996, The City. Los Angeles and Urban Theory at the End of the Twentieth Century,University of California Berkeley, Los Angeles

Shannon Mattern, 2018, Maintenance and Care. A working guide to the repair of rust, dust, cracks, and corrupted code in our cities, our homes, and our social relations, en: https://placesjournal.org/article/maintenance-and-care/

Mitchell, 2003, Me++. The Cyborg Self and the Networked City, The MIT Press, Cambridge

Lewis Mumford, 2012 (edición original de 1934), Technics & Civilization, University of Chicago Press, Chicago …

Aldo Rossi, 1966, La arquitectura de la ciudad

Richard Sennett, 2018, Building and Dwelling. Ethics for the City, Allen Lane Penguin, Londres

____, 2013, Together. The Rituals, Pleasures & Politics of Cooperation, Penguin, Londres

____, 2008, The Craftsman, Penguin, Londres

Reseña del Craftsman en este mismo blog, José Pérez de Lama, 2018, Sobre el oficio y el hacer-pensar, “The Craftsman” de Richard Sennett, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/11/11/the-craftsman-sennet/

Pekka Himanen, (prólogo de Linus Torvalds; epílogo de Manuel Castells), 2002, La ética del hacker y el espíritu de la era de la información, Destino, Barcelona

Thorstein Veblen, 1994 (edición original de 1899) The Theory of the Leisure Class, Penguin, Londres

 

 

 

 

 

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Can’t get no satisfaction: notas sobre el “burnout”

Imagen: Victor Vasarely, 1970, Kroa A. Fuente: https://www.masterworksfineart.com/artists/victor-vasarely/sculpture/kroa-a-1970/id/w-2053

Unas notas sobre el burnout

José Pérez de Lama

El texto que sigue se basa en varios artículos de Internet (gracias a los autores, ver referencias en el texto y al final), así como en algunas experiencias personales. Las citas largas (traducidas) aparecen en azul.

Aunque la memoria de aquel período de mi vida es muy borroso, recuerdo con claridad el momento en que supe que había algo que estaba profundamente mal – que no me quedaba motivación ninguna para el trabajo, y que todo estaba fuera de control.  https://kierantie.com/burnout/

¿Qué es el burnout?

De la Wikipedia (en: https://en.wikipedia.org/wiki/Occupational_burnout):

Se considera que el burnout ocupacional (profesional a veces en español-castellano) resulta del estrés laboral vivido a largo plazo y no resoluble. En 1974, Herbert Freudenberger se convirtió en el primer investigador en usar el término burnout en un artículo publicado en un revista relacionada con la Psicología. El artículo se basaba en su observación del equipo de trabajadores voluntarios (incluido él mismo) de una clínica de drogadicción. Freudenberger caracterizó el burnout con una serie de síntomas que incluían el agotamiento resultante de las demandas excesivas del trabajo así como síntomas físicos tales como dolor de cabeza e insomnio, irritabilidad y obsesión (closed thinking). Observó que el trabajador quemado (burned-out worker) “tiene aspecto de, actúa y parece deprimido.” […] la expresión ‘burn-out’ había sido parte del título de una novela de 1961 de Graham Greene, A Burn-Out Case, que trataba de un médico que trabajaba en el Congo Belga con pacientes leprosos […] Sigue leyendo Can’t get no satisfaction: notas sobre el “burnout”

Sobre el oficio y el hacer-pensar, “The Craftsman” de Richard Sennett

Imagen: Matthias Pliessnig, actual, banco paramétrico de madera conformada. Fuente: http://www.matthias-studio.com/

Sobre el Craftsman de Richard Sennett

José Pérez de Lama

Mi amigo – y bastante maestro – FJ me recomendaba hace un tiempo leer a Sennett con mayor atención. En particular la trilogía que empieza con el Craftsman, sigue con Together y se cierra con Building and Dwelling – que se acaba de traducir recientemente al esp.
Me puse pues este verano a releer con cierto detenimiento el Craftsman. Luego me enredé con otras cosas y ahora escribo estas notas de memoria.

La primera vez lo leí “porque tocaba,” para estar al día, un poco deprisa, y desde la perspectiva de los makers y fabbers (los que animan y usan los fab labs) porque era en aquel entorno donde se estaba comentando. Me pareció interesante y sugerente pero algo vago (en el sentido de poco concreto). Esta segunda vez, ya no lo hice desde el prejuicio o perspectiva maker, sino desde una perspectiva más general. Y he descubierto muchas cosas interesantes.

Aunque breve, no es un libro fácil de resumir. Desarrolla varios hilos más o menos entretejidos, y no ofrece conclusiones demasiado claras. Aunque creo que entendí que eso es parte de la forma de pensar del autor, pragmatista (filosófico) según se reclama a sí mismo el autor. Según esta perspectiva, las verdades, al menos respecto de lo humano y lo social, son más bien precarias, se construyen socialmente, – en el diálogo entre los expertos y afectados – por ejemplo, cuando aparecen nuevos hechos de los que no pueden dar cuenta, cuando emergen nuevos afectados…

Pandora (y Hefesto): el potencial destructivo de lo tecno-científico

El primer tema que plantea Sennett en The Craftsman es lo que podríamos llamar el dilema o la dualidad Pandora-Hefesto de las tecnologías y las ciencias. Tremendamente actual en mi opinión en los escenarios digitales de control, robotización-automatización, inteligencia artificial, etc. Esto lo desarrolla principalmente en la introducción y en el capítulo final. Una de sus referencias es Hanna Arendt, que fue su profesora hacia los 60, y con respecto de la cual marca algunas diferencias. Pandora representaría el poder de destrucción de las ciencias y las tecnologías: los científicos que terminan construyendo la bomba atómica, – y algunos se arrepienten de haberlo hecho. Hoy, quizás, el caso de los nerds de Silicon Valley fascinados por sus plataformas y capacidad de captar y manipular datos, que están produciendo un mundo bien diferente del que soñaban ciertos pioneros idealistas de los 60. Frente a Pandora, Hefesto representaría al artesano, o al trabajador(a) que conoce bien su oficio, y que produce cosas que la gente necesita, trata de hacerlas bien, y deriva de eso un cierto sentido de la vida y una cierta felicidad. Hefesto, sin embargo, carece de la fascinación de Pandora: en la mitología es cojo y no tiene la gracia o la brillantez de otros dioses. Sigue leyendo Sobre el oficio y el hacer-pensar, “The Craftsman” de Richard Sennett

¿Por qué las empresas no contribuyen a la sociedad de acuerdo con sus capacidades económicas?(*)

lumpen_hacienda_somos_todos_vosotros

Lumpen (https://milapiz.es/viñeta/hacienda-somos-todos-vosotros)

 

Teresa Duarte

En el ámbito económico y político, y tomando fuerza tras el cambio de gobierno, existe una gran polémica en torno al impuesto de sociedades. Mientras que el actual ejecutivo aboga por un cambio de la Ley de Impuesto sobre Sociedades (LIS), inspirándose en el artículo 31 de la CE “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica” y estableciendo un tipo mínimo en torno al 15%, la CEOE sostiene que la subida “lastraría la competitividad de las empresas” [1]. Para que las y los ciudadanos de a pie nos formemos una idea informada sobre si las empresas pagan impuestos sobre sociedades de acuerdo con sus capacidades económicas, es necesario analizar cuál ha sido la evolución histórica reciente de la recaudación de este impuesto.

En marzo de 2018 el Financial Times publicó un artículo de investigación donde Rochelle Toplensky [2] mostraba que las cuotas efectivas medias del impuesto sobre los beneficios de las grandes empresas tecnológicas e industriales cayeron en los países de OCDE un 13% durante la crisis y que en el período post crisis la tendencia a la baja de las cuotas continuó, mientras que los gravámenes sobre el consumo y las rentas del trabajo aumentaron.

Veamos qué ha sucedido con la recaudación tributaria procedente del impuesto de sociedades en España desde 2000 hasta 2017.

Gráfico 1. Evolución de la recaudación del IS en millones de euros (2000-2017)

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Fuente: AEAT, 2000-2017.

La representación gráfica de la recaudación del impuesto de sociedades nos muestra una tendencia creciente hasta el ejercicio 2007 cuando alcanzó su punto máximo ascendiendo a 45.000 millones de euros aproximadamente (véase la tabla 1). En el ejercicio 2008, la crisis financiera y económica afectó profundamente a la recaudación cayendo un 64% y manteniéndose la tendencia decreciente hasta el ejercicio 2010. A partir de 2011 y hasta 2014 su evolución fue desigual, comenzando la senda de crecimiento en el año 2015 hasta la actualidad. En 2017 la recaudación ha experimentado un leve crecimiento con respecto a ejercicios anteriores, alcanzando los 23.000 millones de euros, que supone la mitad de la recaudación máxima histórica lograda en 2007.

Tabla 1.  Recaudación del IS en millones de euros y porcentaje sobre la recaudación tributaria total

AÑO

Recaudación tributaria total (millones de euros) Recaudación tributaria sin IS (millones de euros) Recaudación IS (millones de euros)

% (IS/ Recaudación tributaria total)

2000

103.118 85.911 17.207 16,68

2001

109.308 92.093 17.215 15,74

2002

124.912 103.475 21.437

17,16

2003

130.176

108.256 21.920

16,83

2004

140.854

114.834 26.020

18,47

2005

160.705

128.210 32.495

20,22

2006

179.380

142.172 37.208

20,74

2007

200.676

155.853 44.823

22,33

2008

173.453

146.152 27.301

15,73

2009

144.023

123.835 20.188

14,02

2010

159.536

143.338 16.198

10,15

2011

161.760 145.149 16.611

10,26

2012

168.567

147.132 21.435

12,71

2013

168.847

148.902 19.945 11,81

2014

174.987

156.274 18.713

10,69

2015

182.009

161.360 20.649

11,35

2016

186.249

164.571 21.678

11,64

2017

193.951

170.808 23.143

11,93

Fuente: AEAT, 2000-2017.

En términos de porcentaje con relación a la recaudación tributaria total, el ejercicio que arroja el mayor porcentaje de recaudación procedente del impuesto sobre sociedades es también el de 2007 con un 22,3%, cayendo hasta el 10,2% en 2010.

Si analizamos la serie histórica (véase gráfico 2), llama la atención la recuperación de la recaudación total gracias al esfuerzo fiscal realizados por las familias (IRPF, IVA e impuestos especiales), llegando a alcanzar una recaudación récord en el ejercicio 2017 (línea verde), en cambio el esfuerzo fiscal de las empresas ha sido muy discreto, situándose en este último ejercicio en tan solo un 11,9% (línea morada).

Gráfico 2. Evolución de la recaudación tributaria segmentada por figuras tributarias  (2000-2017)

Captura de pantalla 2018-08-21 a las 17.34.03

Fuente: AEAT, 2000-2017.

Se podría creer que la caída y falta de recuperación de la recaudación se debe exclusivamente a los efectos de la crisis pero no es exactamente así. Hay otras razones. La primera es que, con la excusa de la crisis, se realizaron reformas para aliviar las cargas fiscales empresariales. En 2008 se iniciaron las reformas continuadas, coincidiendo con el estallido de la crisis, y suponiendo un total de 195 cambios en este impuesto. Al margen de la inseguridad jurídica que generó y la complejidad añadida, durante los años 2015, 2016 y 2017, las modificaciones legales han incidido de forma negativa en la recaudación de este impuesto.

La propia Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (2018) [3] ha puesto de relieve que la recaudación tributaria en porcentaje del PIB procedente del IS sin reformas fiscales hubiera sido significativamente mayor que la recaudación efectivamente obtenida tras las reformas llevadas a cabo por el Gobierno durante el período 2015-2017.

Tabla 2. Comparativa de la recaudación del IS con y sin reformas fiscales (2013-2017) en % PIB.

IS CON REFORMAS FISCALES (%PIB) IS SIN REFORMAS FISCALES (%PIB)
2013 1,9 1,9
2014 1,8 1,9
2015 1,9 2,4
2016 1,9 2,3
2017 2,3 2,5

  Fuente: AIReF

Gráfico 2. Representación de recaudación del IS con y sin reformas fiscales en % del PIB

Captura de pantalla 2018-08-20 a las 12.14.00

Fuente: AIReF

Los datos muestran, sin lugar a dudas, que las distintas reformas de la LIS llevadas a cabo durante el período más dramático de la crisis y post-crisis han tenido un efecto negativo sobre la recaudación tributaria, provocando que el hundimiento de dicha recaudación fuera mayor del esperado como consecuencia de crisis.

La segunda causa que explica el comportamiento de la recaudación del IS según los datos de la AEAT y que comparte De la Torre (2015) [4], es la evasión y elusión fiscal. Los grandes grupos empresariales han pasado a obtener sus beneficios en el extranjero a través de sus filiales, de tal modo que estas filiales pagan el IS en otros países (paraísos o guaridas fiscales) y cuando reparten dividendos a las matrices españolas, éstos quedan exentos en el IS. De esta forma legal y de otras no legales (a través de los precios de transferencia, por ejemplo) logran reducir significativamente sus cargas fiscales.

Mientras que el resto del sistema tributario español ha contribuido a la recuperación de la recaudación de forma constante y por tanto, su esfuerzo fiscal sostiene, fundamentalmente, el estado del bienestar español, el IS no lo ha hecho. La AEAT [5] concluye que en 2017 a pesar de la recuperación de los beneficios empresariales a niveles previos a la crisis, todavía queda muy lejos la cuantía de impuestos devengados.

Gráfico 3. Evolución de beneficios, base imponible e impuesto devengado empresarial.

Captura de pantalla 2018-08-21 a las 16.22.07

Fuente: AEAT, 2017.

La conclusión parece evidente. Mientras que el resto de los sujetos económicos han hecho un esfuerzo considerable durante la crisis y una vez que mejoró la situación económica, las empresas en general y las grandes compañías en particular, que son las que más beneficios obtienen, han reducido su contribución a las arcas públicas. Para ellas, la crisis es otra cosa diferente. El sacrificio compartido y la contribución en función de la capacidad de cada uno a mantener los bienes y servicios públicos de los que también se benefician no parece que sea asunto que les concierna. ¿Hasta cuándo?

 

Referencias

[1] http://www.expansion.com/economia/2018/07/17/5b4dca5de5fdea253f8b46b6.html

[2] https://www.cronista.com/financialtimes/Las-multinacionales-pagan-menos-impuestos-que-hace-una-decada-20180313-0009.html

[3] Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (2018): “Presentación ante la Comisión de Hacienda”. http://www.airef.es/documents/42901/768420/2018+05+09+Congreso+Memoria+y+plan+estrat%C3%A9gico+FINAL/19f7ad81-f106-48a0-9b8f-c6ce2de59803

[4] De la Torre Díaz, Francisco. (2015). “¿Hacienda somos todos?”. Editorial: Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.U, Barcelona.

[5] Agencia Tributaria (2017). “Informe Anual de Recaudación Tributaria. Año 2017”https://www.agenciatributaria.es/static_files/AEAT/Estudios/Estadisticas/Informes_Estadisticos/Informes_Anuales_de_Recaudacion_Tributaria/Ejercicio_2017/IART17.pdf

 

Nota

(*) Durante este año académico una estudiante del doble grado de ADE y Derecho, Granada Cordero Aguza, ha realizado su TFG en torno a la recaudación del impuesto de sociedades. Su resultado ha sido muy satisfactorio, sobresaliente. A raíz de este estudio surge la idea de escribir un post con carácter divulgativo en torno al IS pero cualquier responsabilidad sobre lo escrito es de la autora del post.

¿Es Invisible la Ideología Hegemónica?

Captura de pantalla 2018-08-14 a las 23.39.35

Created for ‘The Trouble With Women’ by UK cartoonist Jacky Fleming

Teresa Duarte

Hace unos días mi colega y amigo David Patiño me enlazaba en tuiter un artículo sobre el sector turísticos y los impuestos. Ambos comenzamos a analizar desde un punto de vista económico la importancia del sector turístico en la Economía Española, los salarios precarios, las jornadas maratonianas con horas extras no pagadas… y si la bajada de impuestos supondría un aumento de la competitividad del sector.

En uno de los mensajes yo decía (debemos tener en cuenta la limitación de caracteres en tuiter): “¿Con quién compites? Durante el periodo de conflicto en Turquía, Egipto… obviamente nosotrxs, con nuestros salarios precarios, podríamos competir pero esto no durará. No podremos ofrecer turismo de calidad … quizás sí turismo a secas y nunca suficientemente competitivos”

A lo que un tuitero en el hilo me contestó: “Debí darme cuenta cuando leí nosotrxs de que aquí hay más ideología que análisis económico. Que pasen una buena noche”

No entré en polémica porque ya estoy cansada de ser atacada vilmente en tuiter por ser mujer y sospecho que no será la última, pero no voy a dejar de explicar por qué el tuitero se equivoca rotundamente cuando insinuaba que realizar un análisis económico teniendo una u otra ideología invalida dicho análisis:

  1. Todo análisis económico sobre una empresa, sector o economía de un país tiene una carga de subjetividad. El análisis lo hacen personas expertas o académicxs formadxs en una ciencia multidisplinar: economía, sociología, filosofía… y cada unx de nosotrxs hacemos nuestros unos principios que caracterizan nuestro pensamiento y bajo los que analizamos cualquier situación. Podríamos decir que la ideología es como el filtro que usamos para analizar todo lo que nos rodea, por tanto, toda persona reflexiva y pensadora tendrá una ideología y ello, no invalidaría sus análisis.
  2. Los intelectuales no podemos desinhibirnos de la realidad social, el contexto social es una variable clave en cualquier análisis y en el económico especialmente. Una teoría puede ser demostrada matemáticamente de forma irrebatible y defendida por unxs, pero si otrxs observan que sus efectos son dañinos para el bienestar de la sociedad, no deben reverenciarla, deberíamos admitir que no poseemos la verdad y que los análisis llevados a cabo desde perspectivas (ideologías) diferentes enriquecen el conocimiento y así establecemos la verdad como un horizonte.
  3. Por último, cuando una mujer o un hombre es feminista, cree y lucha por la igualdad efectiva de derechos y deberes, ¿por qué ser feminista invalidaría cualquier análisis económico?. En mi caso, que soy doctora, profesora e investigadora en la Universidad y feminista, mis análisis económicos son tan válidos, o no, como los de cualquier otra persona con similar formación. Este señor quiere que su ideología siga siendo hegemónica y por ello desprecia cualquier otro punto de vista.

Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones


Iván Illich con Paule Freire en Perú, década de 1972. Fuente: http://backpalm.blogspot.com/

Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones

Publicado en LABlog 26/10/2015

José Pérez de Lama

Este medio tocayo de Lenin y casi homónimo del personaje de Tolstói es una singular figura de la segunda mitad del siglo 20 cuyas reflexiones reaparecen una y otra vez en conversaciones y textos más o menos alternativos sobre tecnologías, urbanismo y críticas a la idea de desarrollo. Según cuentan sus biógrafos, nació en 1926 en Viena, aunque su familia, de origen judío, vivía en una isla de Dalmacia (posteriormente Yugoslavia, y actualmente Croacia), adonde fue trasladado el mismo año de su nacimiento. Los avatares de la guerra europea lo llevaron a estudiar primero ciencias y después teología en Italia, y a continuación a ordenarse como sacerdote católico. Tras hacerse defensor de la feligresía portorriqueña de Nueva York y dirigir una institución en Puerto Rico, se convirtió en un severo disidente de las políticas estadounidenses en Latinoamérica, dejó la Iglesia, y estableció un centro de estudios críticos de la teoría y las políticas del desarrollo en Cuernavaca, México (CIDOC). Consecuente con su propia crítica de las instituciones, disolvió este centro a los diez años de su creación (1976), repartiendo sus recursos entre grupos y entidades locales.

El pasado verano, en un doble movimiento serendípico, tras coincidir en un almuerzo con Ada Colau y su equipo en un pequeño restaurante cerca de la plaza de San Jaume en Barcelona, me encontré en una librería con una reedición del libro de Illich, La convivencialidad, – sobre el que ahora haré unos comentarios.

El propio Illich define el libro como un manifiesto o panfleto, haciendo apología del género (Hornedo, 2014: 18). El texto es algo desordenado y quizás reiterativo, y hoy, unos 40 años después de que fuera publicado, se lee como si estuviera escrito desde un lugar extraño – comparando la alquimia con la educación, preguntándose por la utilidad social de la medicina institucionalizada, cuestionando los automóviles y la movilidad, reflexionando sobre los tiempos en los que la energía disponible para los humanos era principalmente la generada por su propio cuerpo… Aún así, o precisamente por eso, los asuntos que plantea son tremendamente actuales. Los definiría como tecnopolítica, esa palabra tan de moda, que interpreto, no como el uso de twitter, facebook, google y herramientas varias para el activismo, como se tiende a hacer últimamente, sino en un sentido más general, como es el de las políticas tecnológicas y las implicaciones políticas de las tecnologías y de su implementación.
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Cartografiando controversias (urbanas), unas notas sobre la práctica latouriana


Imagen: Iconoclasistas, 2014, imagen del proceso de mapeo colectivo con La Tribu, radio y proyecto cultural comunitarios, Buenos Aires. Fuente: http://www.iconoclasistas.net/barrio-y-comunidad/

Cartografiando controversias (urbanas), unas notas sobre la práctica latouriana

José Pérez de Lama

* Notas un poco rápidas por necesidades docentes… pero que aún así aprovecho para compartir aquí.

Tengo algunos estudiantes (proto)investigando para sus Trabajos Fin de Grado (también en doctorado) sobre temas polémicos ciudadanos, entre otros la polémica sobre el proyecto de “rascacielos” en el puerto de Málaga. Hemos comentado sobre el método de cartografía de la controversia (mapping controversy) de Bruno Latour y colegas. Pongo unas breves notas que he repasado sobre el asunto.

Latour, originalmente en el campo de los Estudios de la Ciencias y la Tecnología (STS en inglés) planteó que el estudio de los procesos de controversia previos a la consolidación de lo que luego nos aparecen como hechos/verdades cuasi-irrefutables nos permitía entender cómo estos no era tanto verdades, hechos, matters of fact, como matters of concern (objetos de controversia podríamos decir un poco libremente), acerca de los cuales se había alcanzado un acuerdo provisional, más o menos consensuado, más o menos fruto de las relaciones de fuerzas puestas en juego para su definición (esta segunda parte quizás sea más mía que de Latour).

El espacio en que tienen lugar y en el que se resuelven (settle) estas controversias es el de una red o conjunto de redes de actores (que dan nombre a la escuela de la que Latour es miembro destacado, ANT: Actor-Network Theory, que a la vez significa hormiga…). Una red que, por mencionar sólo algunos cuestiones destacadas, 1) es más bien un espacio socio-técnico que convencionalmente político; 2) cuyos actores “no son sólo humanos o grupos de humanos sino también elementos naturales y biológicos, productos artísticos y tecnológicos, instituciones económicas y de otros tipo, artefactos científicos y técnicos, etc.” (Venturini, 2010), todo aquello que hace que las relaciones entre unos y otros y aquello que se produce, sean diferentes a como lo serían si no existieran; 3) los actores son a la vez todos aquellos que están concernidos y están afectados por la controversia y participan en ésta de diferentes modos; 4) finalmente, unas redes que no son estructuras superiores o preexistentes sino que se configuran en el despliegue de la propia controversia y/o los efectos de los objetos de ésta (Latour, 2007). Sigue leyendo Cartografiando controversias (urbanas), unas notas sobre la práctica latouriana