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Cartografiando controversias (urbanas), unas notas sobre la práctica latouriana


Imagen: Iconoclasistas, 2014, imagen del proceso de mapeo colectivo con La Tribu, radio y proyecto cultural comunitarios, Buenos Aires. Fuente: http://www.iconoclasistas.net/barrio-y-comunidad/

Cartografiando controversias (urbanas), unas notas sobre la práctica latouriana

José Pérez de Lama

* Notas un poco rápidas por necesidades docentes… pero que aún así aprovecho para compartir aquí.

Tengo algunos estudiantes (proto)investigando para sus Trabajos Fin de Grado (también en doctorado) sobre temas polémicos ciudadanos, entre otros la polémica sobre el proyecto de “rascacielos” en el puerto de Málaga. Hemos comentado sobre el método de cartografía de la controversia (mapping controversy) de Bruno Latour y colegas. Pongo unas breves notas que he repasado sobre el asunto.

Latour, originalmente en el campo de los Estudios de la Ciencias y la Tecnología (STS en inglés) planteó que el estudio de los procesos de controversia previos a la consolidación de lo que luego nos aparecen como hechos/verdades cuasi-irrefutables nos permitía entender cómo estos no era tanto verdades, hechos, matters of fact, como matters of concern (objetos de controversia podríamos decir un poco libremente), acerca de los cuales se había alcanzado un acuerdo provisional, más o menos consensuado, más o menos fruto de las relaciones de fuerzas puestas en juego para su definición (esta segunda parte quizás sea más mía que de Latour).

El espacio en que tienen lugar y en el que se resuelven (settle) estas controversias es el de una red o conjunto de redes de actores (que dan nombre a la escuela de la que Latour es miembro destacado, ANT: Actor-Network Theory, que a la vez significa hormiga…). Una red que, por mencionar sólo algunos cuestiones destacadas, 1) es más bien un espacio socio-técnico que convencionalmente político; 2) cuyos actores “no son sólo humanos o grupos de humanos sino también elementos naturales y biológicos, productos artísticos y tecnológicos, instituciones económicas y de otros tipo, artefactos científicos y técnicos, etc.” (Venturini, 2010), todo aquello que hace que las relaciones entre unos y otros y aquello que se produce, sean diferentes a como lo serían si no existieran; 3) los actores son a la vez todos aquellos que están concernidos y están afectados por la controversia y participan en ésta de diferentes modos; 4) finalmente, unas redes que no son estructuras superiores o preexistentes sino que se configuran en el despliegue de la propia controversia y/o los efectos de los objetos de ésta (Latour, 2007).

Centrada inicialmente en el campo de los STS, como decía, el interés de este método hizo que se extendiera a otros campos como por ejemplo el de los estudios urbanos.

De manera simplificada, la cartografía de las controversias supone el estudio detallado del objeto de controversia en sí mismo, de los actores implicados en la controversia – de sus argumentos, posturas, alianzas y de los medios que ponen en juego; la evolución en el tiempo de las controversias, y en la versión más propositiva de Latour, el diseño de herramientas – parlamentos – para su abordaje con mejores elementos de conocimiento, racionalidad y democracia. (ver: Latour, 2012, https://www.youtube.com/watch?v=qnDFCtvPxL0).

Albena Yaneva (Manchester School of Architecture) es una de las investigadores que ha usado el método en el ámbito de las controversias urbanas. “Podemos preguntarnos como deberíamos representar las múltiples y diferentes exigencias y opiciones de los múltiples y diferentes afectados/concernidos (stakeholders) por/con nuestros proyectos ya sean usuarios, comunidades de vecinos, conservacionistas, clientes o representantes gubernamentales o autoridades municipales […] Las técnicas de cartografía de la controversia se vinculan a la idea de que las “cosas” (things) generan espacios objeto de disputa (contested spaces), en los que un artefacto es producido como consecuencia de una plétora de consideraciones materiales y subjetivas. Los edificios son “cosas”, en cuanto que aparecen como resultado de un prolongado proceso que implica múltiples intereses y preocupaciones (concerns) […] Un edificio será entendido como una “navegación a través de un paisaje de datos (datascape) controversial, una colección animada de trayectorias entrecruzadas de inestables definiciones y conocimientos expertos.” (http://www.msa.ac.uk/mac/Main/HistoryOfTheConcept).

Cómo estudiar las controversias arquitectónicas

Además de lo explicado por el propio Latour en el vídeo antes citado, me parecen de interés para el caso más específico de lo urbano las recomendaciones del equipo de la web de la Escuela de Manchester (http://www.msa.ac.uk/mac/Main/HowToStudyArchitecturalControversies):

“Cómo estudiar las controversias arquitectónicas”

“Seguir una controversia requiere se capaz de trazar las dinámicas de la controversia en el tiempo (línea de tiempo): los actores (individuales, grupos o instituciones), sus argumentos, las diferentes posiciones y cómo cambian y avanzan a lo largo del tiempo, los espacios en los que tienen lugar, las muchas maneras de cerrar y reabrir los debates, el grado de implicación y participación pública en el proceso.”

“Para documentar una controversia: recopilar diferentes materiales y compilarlos en un dossier de investigación que incluya recortes de prensa, imágenes, entrevistas con arquitectos, clientes, inversos, organismos públicos, ciudadanos implicados y usuarios; incluir materiales y extractos de publicaciones relacionados con otros edificios similares; buscar información de documentos oficiales y archivos; examinar y compilar planimetría, imágenes y diagramas arquitectónicos (o urbanos).”

Para cartografiar/mapear (analizar y visualizar): presentar el desarrollo cronológico de la disputa que rodea un edificio, proyecto o plan urbanístico, pero también representarlo visualmente; aprehender la dinámica, visualizar la línea de tiempo, la cronología de las controversias, el peso de los diferentes actores. Ofrecer una visualización de cómo sus posiciones divergen o convergen, y de cómo un posicionamiento personal pudiera modificar toda la configuración o discusión, y el despliegue en el tiempo y el espacio de estos argumentos. Así, cartografiar significa ser capaz de visualizar y analizar un espacio argumentativo, un espacio orientado en torno a un objeto de debate, desencadenado por el objeto arquitectónico controversial que puede ser un edificio, artefacto, propuesta de diseño, máster plan o red urbana…”

¿Instrumentos para sociedades pluralistas?

Volviendo a Latour. Parte de lo que revelan estas cartografías, según Latour, es que (casi) nunca hay un sí y un no perfectamente claros y distintos, ni tampoco dos bandos perfectamente homogéneos. Existen siempre múltiples argumentos y posiciones que son interesantes desvelar para comprender mejor las situaciones y sus posibles soluciones. En este sentido, algunos críticos de Latour y de su escuela, achacan a Latour una cierta falta de compromiso político: describiendo los procesos, como él mismo dice, en plan hormiga (ANT), sus elementos, procesos, relaciones desde una perspectiva interior, local, concreta, pueden perderse otras perspectivas como las de las relaciones de poder más tradicionales, o los contextos más generales en que suceden los acontecimientos… Algo así como una distancia entre el investigador y el objeto de estudio que otras aproximaciones consideran que lleva a no cuestionar en demasía el statu quo, o a la producción de un conocimiento poco transformador. Sí parece favorecer a mi juicio un espíritu pluralista en el sentido deweyano (John Dewey) del término: reconocimiento de la multiplicidad de interpretaciones, un cierto cuestionamiento de las visiones propias, un cierto respeto por las ajenas, apertura a la aún por conocer y a la experimentación. En cualquier caso, la cartografía de controversias y la interpretación de la vida pública en tanto que controversias que se van estabilizando encontrando estados más o menos de equilibrio en un campo social me parece relevante. Aunque también me gusten los estudios más militantes, la investigación-acción o los panfletos…

Lo interesante de este método de la cartografía de las controversias es que muchos de los problemas que nos planteamos encajan bastante bien en el concepto latouriano. Somos capaces de ver, que en casi todos las problemáticas urbanas actuales – más generales como la turistificación o la gentrificación, por ejemplo – o más concretas, como en el caso del proyecto de “rascacielos” de Málaga, que existen múltiples actores implicados y afectados, que ponen en juego diferentes intereses, preocupaciones y recursos, y que el resultado del proceso dependerá de las estrategias, tácticas, alianzas, dispositivos, potencia… que unos y otros pongan en juego. Estas cartografías – en un sentido amplio – podríamos entenderlas como instrumentos democráticas, que nos sirvan como herramientas de comunicación y difusión frente a lecturas/interpretaciones simplificadoras o esquemáticas.

#referencias

Bruno Latour, 2012, Qué es una controversia (vídeo introduciendo la metodología cartográfica), en: https://www.youtube.com/watch?v=qnDFCtvPxL0 | accedido 24/05/2018

____, 2007 [primera edición en inglés de 2005], Reassembling the Social. An Introduction to the Actor-Network Theory, Ofxord University Press, Oxford – Nueva York

Tommasso Venturini, 2010, Diving in magma: how to explore controversies with
actor-network theory, en: http://spk.michael-flower.com/resources/DivingInMagma.pdf | accedido: 24/05/2018

Manchester School of Architecture (Albena Yaneva et al), sf (2009-13), Mapping Architectural Controversies, en: http://www.msa.ac.uk/mac/Main/MappingArchitecturalControversies | accedido 24/05/2018

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The Stack de Benjamin Bratton, una reseña

Diagrama del Stack, con las 6 capas (layers) en que se organiza el sistema de computación planetario según Bratton, 2015, p. 66. Fuente:  http://www.desertunit.org/wp-content/uploads/2016/06/stack_diagram_final-01-113.jpg

José Pérez de Lama

Nota previa: en la segunda mita del post hay varios fragmentos traducidos del libro que igual puede ser más interesantes de leer que mi comentario…

¿Un gurú digital emergente?

Me interesé por The Stack, de subtítulo On Software and Sovereignty, en el bog de McKenzie Wark, donde hace un par de años escribió una serie de reseñas de autores y libros para él relevantes en la cultura crítica (digital) contemporánea. Wark suele dar excelentes pistas, por lo que tras mirar un poco por ahí me animé a encargarlo y a continuación a leerlo, lo cual supone una pequeña hazaña…

Bratton ha dado clases en SCI-Arc y ahora es profesor en la Universidad de California en San Diego, uno de los sitios en los EEUU que reúne a gente muy cool del mundo digital. Por lo que se ve en Internet es un personaje que está presente en muchos sitios. El Stack está editado por la MIT Press… En fin, además de por lo que contaba Wark, parecía apropiado estudiarlo para estar un poco al tanto de por donde va la intelligentsia teórico-crítica norteamericana, porque ese es el contexto que trataba de situar.

Mi opinión recién terminado el libro es que se un mal libro bueno, o quizás un buen libro malo – este es el tipo de retórica de Bratton aunque con palabras y conceptos más sofisticados y bastante más oscurillos, __ aunque sí que me llama la atención, la sugerente recursividad (cibernética) que incorpora en todo su discurso – que, sin embargo, como puede imaginarse, no ayuda demasiado a producir una prosa fluida ni nada parecido.

Pongo más abajo una selección de pasajes que ayudarán a aproximarse un poco al contenido del libro, pero hago algunos comentarios introductorios. Sigue leyendo The Stack de Benjamin Bratton, una reseña

El “General Intellect” de Marx explicado por Paul Mason, con algún comentario

Diagramas del proceso de producción según el Capital de Marx (izq) – e hipótesis según las matizaciones del General Intellect del Fragmento sobre las máquinas que aquí se comenta (dcha)

El “General Intellect” de Marx explicado por Paul Mason _ con algún comentario

Traducción del inglés y comentarios de José Pérez de Lama

Hace unos años se puso de moda hablar del General Intellect – bueno entre los post-operaístas o “negristas” como los llamaban algunos. Éste era un concepto propuesto por Marx en unas notas de trabajo – los célebres – de nuevo para algunos – Grundrisse – en las que hipotetizaba sobre la relevancia de las tecnologías y del conocimiento social en un capitalismo futuro que estuviera dominado por la automatización… La verdad es que nunca lo había comprendido del todo hasta leerme la explicación de Paul Mason. El texto original de Marx es bastante oscuro… Y las lecturas de estos últimos meses, sobre la idea de Mente según Bateson y sobre el Stack – la megamáquina-estructura de lo digital – según la describe Benjamin Bratton, pues me recordó el asunto, y volví a leerlo y aquí os lo pongo traducido. Está traducido, por supuesto, y me dice mi padre que la edición del libro en español/castellano está bien _ pero es que es una  de mis maneras de estudiar las cosas. Añado algunos comentarios sobre la interpretación de Mason al final (ver también el diagrama). Sigue la traducción del pasaje largo de Postcapitalism. A Guide to our Future de Paul Mason (2015; pp. 133-138) donde como digo hace en mi opinión una excelente introducción al asunto.

El General Intellect

Paul Mason, 2015

La escena es Kentish Town, Londres en febrero de 1858, en algún momento en torno a las 4 de la mañana. Marx es aún un hombre buscado por la policía en Alemania y desde hace diez años cada vez más es más pesimista respecto de la posibilidad de la revolución. Pero ahora ha sucedido un crash en Wall Street, los bancos están cayendo por toda Europa y él sigue luchando para acabar un libro sobre economía para el que se ha comprometido desde hace mucho tiempo. “Estoy trabajando como un poseso durante toda la noche”, confiesa, “para ver si puedo poner en claro al menos un esbozo antes de que caiga el diluvio”.

Marx cuenta con pocos recursos. Tiene una pase para la British Library que le da acceso a los últimos datos. Durante el día escribe artículos en inglés para el New York Tribune. Durante la noche viene rellenando 8 cuadernos con garabatos casi ilegibles en alemán: comentarios sueltos, pensamientos experimentales y notas para él mismo. Sigue leyendo El “General Intellect” de Marx explicado por Paul Mason, con algún comentario

Mi querida España… maneras de querer tu propia tierra

Joaquín Sorolla, 1918 & A. González-Alba, 2009, (montaje de este autor), alberca en Sevilla. Fuente: https://www.flickr.com/photos/gonzalez-alba/3382648408/

Mi modesta, y me temo que no demasiado clara, contribución al debate nacionalista. España, Esp, Spain, el nombre que queramos usar, es lo que somos en buena parte muchos de nosotros, porque es el mundo que hemos participado en construir. No somos, por suerte o por desgracia entes encerrados en nosotros mismos, sino que en nuestro vivir transformamos y hacemos el mundo que nos rodea. Renegar de nuestra tierra es como renegar de nosotros mismos, y me resulta raro… Otra cosa es que algunos traten de hacernos extraños en nuestro propio país, y que lo estén logrando… Como siempre, más preguntas que respuestas.

Mi querida España

José Pérez de Lama

Mi querida España / esta España mía / esta España nuestra… canción de Cecilia de los 70. Me quedo hoy con este verso… Dulce tu promesa… Pensando por qué siento míos estos versos, me acordaba de cuando viajaba por todo el mundo, desde niño y hasta hace muy poco, – y aunque me emocionaba, y especulaba con que me quedaría a vivir en casi todos los sitios a los que iba -, al estar de vuelta, bajando en tren desde Madrid, sentía una gran alegría de volver a casa cuando veía los campos secos de La Mancha, y luego las dehesas rocosas pasando Despeñaperros, y finalmente las tierras amplias del Valle del Guadalquivir. Sigo pensando que son los paisajes más bellos, lo que más me dicen. Más que las aguas azules del Caribe o los campos verdes de Francia y cosas así de postal. Sin duda, es porque de alguna forma pertenezco a estos paisajes, y a la vez me pertenecen, de esa forma peculiar en que nos pertenece lo común, lo que hacemos y compartimos entre muchos.

De joven leía el libro de Fromm, El arte de amar, que por lo que recuerdo contaba que amar no era algo dado, sino un arte que había que cultivar: interés por el otro, conocimiento, interés por el otro, dedicación, realismo, indulgencia y cosas así. Pero recordaba estos días que la primera condición según Fromm era la de amarse a uno mismo, más o menos con las mismas premisas: conocerse a sí mismo and so on.

Extendiéndolo, un poco, para mí ser patriota – palabra difícil estos días – es eso de amarse a uno mismo, cuando ese mismo es un nosotros mismos: a los que te rodean, donde vives. Pues entiendo que nuestras sociedades no son cosas externas a nosotros, sino que son lo que hacemos/somos nosotr*s mism*s, entre tod*s, sobre lo que hicieron anteriormente nuestros padres y madres y antes nuestros abuelos y nuestras abuelas.

Recordaba estos días también lo de Kennedy, cuando decía a sus conciudadanos, “No se trata de lo que América pueda hacer por ti, sino lo que tú puedas hacer por América”. Y otro dicho con muchas versiones que reza más o menos así: “Hacemos nuestro mundo y luego éste nos hace a nosotros – en ciclo permanentemente recurrentes” – esta coletilla es de linaje más cíber, o al menos proto-cíber (Bateson, Mitchell…).

Y es por eso, que yo particularmente, me siento responsable y trato de sentirme orgulloso de donde vivo, porque es el mundo de cuya construcción participo. Aunque ciertamente, muchas veces, demasiadas, nos sintamos excluidos de este poder participar en el hacer el mundo en que vivimos. No tratar de querernos a nosotros mismos lo veo como un extraño masoquismo. Lo que no quita ser realista y crítico, o ultracrítico si hace falta. Entiendo que podamos tener resentimientos hacia parte de nuestra historia, porque nos duela lo que nuestros antepasados más o menos lejanos hayan hecho: guerras, matanzas, injusticias, explotación, etc. Pero cuando se estudia algo de Historia y se conocen otros países más allá del turismo superficial, se ve que todos los estados – especialmente los más desarrollados y los más o menos poderosos -, tienen sus pasados oscuros: genocidios, colonialismo, imperialismo, explotación, clasismo, necedad, egoísmo… Pero odiar o despreciar a tu propio país-tierra para mí, entonces, es como no amarse a sí mismo; bien por no reconocer que somos nosotros mismos quienes lo hacemos cada día, bien porque renunciamos a hacerlo: nuestra patria, al fin y al cabo, como decían estos días empieza por la propia casa, la familia, el barrio, el trabajo, los amigos y entornos por los que nos movemos… Y lo fácil es echarle la culpa a los otros y no ver ninguna responsabilidad en nosotros mismos…

Pero, bueno, algo de indulgencia con uno mismo y los amigos: este rendirnos impotentes no cabe duda que es parte de las estrategias de poder contemporáneas: las megaorganizaciones y burocracias, los partidos políticos, las tecnologías, los llamados mercados… Aunque claro, tu propio país, tu propia tierra, aunque hoy pudiera parecer que fuera así, no es, o no debería ser al menos, como un centro comercial o un restaurante en el que soy un cliente-usuario, que juzgo desde una posición completamente externa, y al que si no me gusta no vuelvo a ir… No todo el mundo quiere o puede migrar. Y al fin y al cabo, ¿adónde ir? ¿A Estados Unidos, a Alemania, a Suiza? Brrrr. Pero en eso nos están convirtiendo, en población-súbdita-usuaria, y habría que resistirse. Yo, desde luego, me resisto. No me rindo, – aunque muchas veces lo piense.

Para acabar esta divagación: un pariente lejano, el poeta cercano a la Generación del 27 Fernando Villalón, decía célebremente, – célebremente al menos para sus lectores -, que el mundo se dividía en dos partes: Sevilla y Cádiz. Se debe mencionar que era un poeta surrealista y aunque tremendamente andaluz, a la vez bastante cosmopolita. Por lo que esta afirmación, que no cabe duda que me hace gracia como bajo-andaluz, la suelo interpretar en un sentido cósmico-mítico. Sevilla y Cádiz son el valle y la costa, el campo y el mar. Sevilla-Cádiz es nuestra cosmogonía particular del mundo. Y este amar lo próximo – prójimo en lenguaje más arcaico, de connotaciones cristianas – es la forma en que cada cual ama el mundo y a sus habitantes, nuestros prójimos humanos y no-humanos. Este encontrar la belleza y la emoción en lo próximo, – el paisaje, la tierra, las gentes, el arte, las formas de vida -, es la manera de querer la vida, el mundo en que vivimos y de querernos a nosotros mismos. Para mi, paradójicamente, esta sería también la manera de ser universalista, incluso internacionalista. Algo así como el tal vez gastado eslogan del piensa global y actúa local. No debe ser ni bueno querer a los pueblos abstractos. Uno imagina que si Villalón hubiera sido catalán, que quizás resulte difícil imaginar por otra parte, habría dicho Barcelona y el Ampurdán en vez de Cádiz y Sevilla – por decir algo -, y si hubiera sido australiano, pues habría encontrado otros lugares.

Hasta ahora me había hecho sentir bien estar en mi querida Barcelona, como un lugar próximo y con el que me siento emparentado en tantas cosas, sentirme en casa también allí; – como por otra parte también me he sentido en Los Ángeles, bien lejos de aquí, durante bastantes años; y en algunos otros lugares.

Otra cosa diferente a las patrias del corazón, son las cosas de los políticos, los estados y las ideologías más o menos nacionalistas y las estrategias de poder entre grupos más o menos de interés. Al final, no creo que vaya a ser una gran diferencia para el españolito o el catalancito de a pie si Cataluña se independiza o no. Aunque yo preferiría que no sucediera. Y lo que sí preferiría sería un país en el que todos pudiéramos sentirnos más responsables de poder construirlo junt*s. Y, por último, eso sí, – o eso no -; estoy muy en contra del “155” y del españolismo rajoyano. Y aunque me llamen equidistante, tampoco tengo simpatía por el independentismo zorrocotroco catalán, aunque entienda que tienen, sin duda, sus razones. Pero es que no hay solo dos razones; es que hay muchas.

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Internet…en todas las cosas

Fuente: Francisco Farias Jr / Jesucristo del Nuevo Milenio / PublicDomainPictures.net / CC0 Public Domain


David Patiño

 

En 2007 Ray Algar acuñó el término consumo colaborativo[1] creando una etiqueta y un mantra que se emplea en los discursos de cualquier político que se precie y que quiera aportar una nota de modernidad a su discurso. Igualmente se escriben multitud de informes y descripciones que diseccionan el fenómeno y lo abordan desde el punto de vista laboral, fiscal o medioambiental y desde luego desde el punto de vista tecnológico. Nuevas palabras y expresiones se han agregado a nuestro vocabulario cotidiano como tuitear, guglear o prosumidor para etiquetar multitud de fenómenos relacionados con internet o las nuevas tecnologías, expresión que sigue siendo empleada  con generalidad, a pesar de las décadas transcurridas desde la invención de  internet o los ordenadores personales. Este post pretende reflexionar sobre el significado del fenómeno tratando de describir sus principales implicaciones.

Lo primero que se debe destacar es que es un fenómeno ligado al desarrollo de las tecnologías de la información y sobre todo a internet. Estas innovaciones tecnológicas han producido al menos dos novedades: comunicaciones globales en tiempo real, entendiendo globales desde el punto de vista geográfico pero también desde una perspectiva social, y un abaratamiento en dinero pero también en tiempo, del procesado de cantidades de datos que tienden al infinito, lo cual ha propiciado un acceso generalizado al mismo. A esto podemos añadir aspectos concretos relacionados con los anteriores como la geolocalización, la impresión 3D, el internet de las cosas,…. El resultado ha sido un cambio profundo en la sociedad y en la economía  transformándola en la tan cacareada sociedad de la información. Es decir, el elemento clave de nuestro tiempo es una sociedad que únicamente crea e intercambia información a la que únicamente es necesario  añadir una proporción de materia prima para conseguir cualquier cosa. La producción y la transmisión de información lo es todo en nuestro mundo. Pero a la vez está mediatizada por las características peculiares de la información como mercancía intercambiada en mercados en los que existen los denominados “fallos del mercado”.

En esta nueva sociedad destaca el papel que tiene la confianza. La confianza siempre ha hecho que vayamos a comprar a un puesto de verduras en lugar de a otros y se lograba tras un tiempo de actividad productiva, posibilitando el éxito empresarial. En la sociedad de la información el acceso a la confianza es global y es posible acceder a la valoración de muchas más personas. Se ha abierto la puerta a poner en valor elementos que antes casi no eran comercializables. Esto es una realidad en sectores como la vivienda para alquilar, el transporte, las chapuzas, … Pero como Rachel Bootsman indica[2] ya existen foros digitales de profesionales especializados en los que la confianza reportada en internet tiene más valor que los diplomas de instituciones universitarias de élite.

Internet también está poniendo las bases para la creación de una sociedad de servicios que sustituya a nuestra actual sociedad de posesiones, al provocar una relación diferente con los bienes. Si somos propietarios podemos incrementar el uso de nuestros bienes permitiendo que los usen terceras personas durante el tiempo que tradicionalmente los dejábamos ociosos. También lo vendemos de manera general, cuando ya no nos hace falta a través de wallapop. Pero en realidad, alquilar el uso de un bien colectivo en lugar de adquirir su propiedad no es algo que no se hiciera ya. Básicamente es la situación que se produce cuando nos apuntamos a un gimnasio en lugar de comprar máquinas de hacer abdominales. Está por ver si la próxima generación dejará de comprar bienes duraderos, como los coches, de manera similar a como ya se hace en muchas grandes ciudades. Sundararajan apunta a que la novedad está en la extensión de la confianza a otros ámbitos en los que tradicionalmente no se hacía.

El consumo colaborativo abunda en las ciudades porque la gente quiere compartir estos usos[3]. Internet ha posibilitado extender el consumo comunitario a otros bienes. Las antenas de televisión se compartían tradicionalmente, pero se puede extender a generadores de energía eléctrica y a modernas copisterías que permitan el uso de impresoras 3D para hacerse muebles con materiales locales y baratos, principalmente desechos, a través de una serie de diseños colaborativos como hacen ya los fablabs[4]… Rifkin (2016) predice la muerte del capitalismo por su éxito. Según el autor, la base del capitalismo era la explotación de la eficiencia productiva. La actual sociedad ha podido alcanzar la perfecta eficiencia productiva perfecta y en esa situación es imposible conseguir mejoras tecnológicas que permitan reducir costes que es, según el autor, la base del capitalismo. Llegados a este punto se alcanza una situación de coste marginal nulo incompatible con la subsistencia de este sistema económico.

Esto ha propiciado importantes cambios en el resto de sectores que han afectado a las cosas que se hacen y la forma cómo se hacen. Por un lado, el término economía colaborativa se emplea de modo creciente para etiquetar lo que, en otros ámbitos se denomina economía de plataforma. Engloba transacciones, principalmente entre particulares, que se realizan a través de una plataforma digital que pone en contacto a oferentes y demandantes. Este tipo de intercambios ha existido siempre, pero el cambio en el ámbito en el que opera el intermediario ha cambiado de modo radical. La generalización del acceso a internet ha posibilitado que ofertas de particulares lleguen a potenciales interesados de cualquier parte del mundo. La desaparición del límite geográfico ha ampliado al infinito la demanda potencial que ahora sólo está limitada por el alcance de la plataforma.

No obstante, muchas de estas plataformas etiquetan su actuación de intermediación para esconder su verdadera naturaleza de prestadoras de servicios y así eludir la normativa. Tampoco en este caso nos encontramos con algo novedoso que no hayan hecho, por ejemplo, algunas empresas a través de subcontratas para eludir las condiciones establecidas por convenios colectivos o la administración externalizando servicios,  para hacer lo propio con las regulaciones administrativas. Cabify, Uber o Deliveroo representan ejemplos de este tipo de actuaciones y tendrán que ser los juzgados los que establezcan la frontera.

Otro aspecto que se ha destacado de la economía colaborativa ha sido su carácter de altruista y su capacidad para construir  las bases para una nueva forma de organizar la sociedad y la economía. De este modo, se han generalizado plataformas en las que la contraparte del intercambio no se produce en dinero, sino que adopta la forma de amistad o de intercambio cultural. Plataformas como CouchSurfing o las que organizan trueques o donaciones representan buenos ejemplos. Este tipo de plataformas constituyen una forma de voluntariado, similar, por ejemplo, a los tradicionales intercambios para aprender idiomas, pero introduciendo de nuevo, la novedad de la dimensión potencial que permite lograr internet. Si bien, en el ejemplo concreto de CouchSurfing, la dimensión que adquirió les llevó a abandonar la gratuidad, o por lo menos a intentarlo porque el malestar de sus usuarios no se lo está poniendo fácil.

En general, internet ha modificado toda actividad basada en la intermediación al posibilitar un contacto directo entre personas a gran escala. Este contacto directo ha permitido, en muchos casos, eliminar la necesidad de que exista intermediación de ningún tipo. Pero ha introducido también un aspecto novedoso, en el sentido de que ha permitido que ahora todo pueda ser entendido como una relación entre partes que precisa intermediación. Negocios como las agencias de viajes, los bancos de inversión, discográficas o editoriales entran dentro de la primera categoría. El periodismo es el mejor ejemplo para entender la situación llegando a la situación en la que los medios han sido sustituidos por twitter para seguir un acontecimiento en tiempo real a través de la información creada colaborativamente.

El big data es otro de los fenómenos que está modificando radicalmente nuestra sociedad y que también se basa en el desarrollo de las tecnologías de la información, pues constituye la base del resto de fenómenos comentados que descansan en la creación y procesado de unos cuantos miles de millones de datos. Sin embargo, el bigdata tampoco es totalmente nuevo pues las compañías de seguros ya comercializaban los datos de sus clientes en el siglo XIX. Las innovaciones en el procesado de datos han extendido el uso de enormes bases de datos que ahora son accesibles a casi cualquier institución, e incluso a particulares, que además disponen de equipos y software capaz de gestionarlos. No obstante, la posibilidad potencial está limitada en la práctica al acceso a dichos datos. Frente a eso, las corporaciones GAFA[5] acceden a miles de millones de datos de sus usuarios y creando bases inmensas que constituyen su principal activo. El negocio consiste en obtener y explotar datos de nuestro comportamiento que se consiguen a través de diversas y novedosas vías. Estas grandes corporaciones se han aprovechado de economías de red casi ilimitadas y ahora lo dominan todo al proporcionar el marco en el que se produce buena parte de la comunicación actual. El resultado ha sido la elaboración de bases de muy difícil valoración, entre otras cosas por la falta de transparencia que envuelve la actividad de estas enormes corporaciones. El modelo de negocio genera inquietud dada la ausencia de regulación que no clarifica aspectos básicos como la jurisdicción responsable para realizar reclamaciones, la obligación de tributar, las posibilidades de mercadear con nuestros datos, los peligros para la privacidad o la apropiación de ese valor por parte de estas corporaciones. Actualmente se debate sobre los derechos de propiedad de estos datos e incluso Telefónica considerado que los GAFA se están apropiando de valor creado por otros actores y que el propietario de la infraestructura que posibilita el intercambio de información también debería tener participación, lo que recuerda a la necesidad de que tanto transportistas como usuarios de carreteras paguen impuestos para construirlas. La total deslocalización de un producto de masa totalmente inmaterial constituye un fenómeno completamente nuevo y una necesidad imperiosa de calificarlo jurídicamente como paso previo a ser regulado poniendo límites a algunos de los aspectos considerados. Además, el modelo de negocio adquiere una complejidad creciente. Podemos emplear la industria de extracción de petróleo como paralelismo para entenderlo. El petróleo era muy fácil de extraer a principio del siglo XX en Texas. La intensificación de la extracción ha llevado a que actualmente es necesario hacer prospecciones y excavaciones enormes. Del mismo modo, al principio era relativamente fácil adquirir datos de nuestro comportamiento, poco a poco las GAFA fueron acaparando la mayoría de los mismos y se creó la necesidad de buscar otras vías. Se crearon aplicaciones que nos engancharan al móvil el máximo tiempo posible como los Candy crash, las redes sociales,… En la actualidad, Amazon se plantea obtener datos de nuestra vida offline para lo que ha adquirido una cadena de supermercados con la pretensión de obtener nuestros hábitos de compra de todo tipo o los datos que envían sus drones de envío de paquetes[6]. De igual forma, el internet de las cosas que ya es una vía intensiva para generar multitud de datos. El debate está servido porque el poder de estas compañías les está permitiendo modificar los derechos de propiedad para apropiarse de esta información a costa de nuestra privacidad como muestra la polémica de la aspiradora robótica que mapea y vende los datos de la casa de los usuarios.

Internet también ha modificado el papel de los intermediarios es en el ámbito político y social. Ha facilitado la acción política directa y el debate, pero no ha eliminado la democracia representativa que no parece estar debilitada. No obstante, se ha reducido el coste de que los grupos latentes se transformen en grupos políticos activos, en términos de Olson, propiciando la aparición de movimientos de protesta e incluso revoluciones como la primavera árabe o el 15M. Si bien, se han producido dinámicas que no eran predecibles. Por un lado, buena parte de esa fuerte actividad pública y de protesta se ha desarrollado en un ámbito controlado por un actor privado, principalmente twitter, que puede suspender la actividad de sus usuarios o ser fácilmente controlado por la actividad gubernamental secuestrando o controlando, de manera férrea, los contenidos a los que se puede acceder, como hace China.

El proceso también ha propiciado que la política se vuelque, en modo creciente, hacia las redes sociales y está transformando a los medios tradicionales, prensa escrita y sobre todo televisión, en vías de información de sectores de población que no han sido capaces de acceder al mundo tecnológico. Además, se plantean dudas sobre los efectos que está teniendo el cambio en las relaciones sociales, la información y la política. Parece que los algoritmos en los que se basan los buscadores o youtube podrían primar el radicalismo y dirigir a páginas y blogs radicales cualquier tema en solo dos o tres clicks[7]. También tuvo mucha repercusión la rápida evolución de la inteligencia artificial de Microsoft que se volvió nazi y racista en un día[8], a partir de la simulación de los comportamientos humanos aprendidos en la red, o el papel que las RRSS tuvieron en la victoria de Trump, la amplia difusión de información mentirosa, etc.

La mayor innovación del desarrollo de la tecnología de la información es su incremento. Esa ingente creación de información puede ser un bien comunal que por otro lado, no es un bien público porque no es costoso producirla, dado que el proceso de crearla genera utilidad que puede servir de remuneración e incentivo. Es decir, el proceso genera un bien común con pocos costes de acceso y tendencia a que sean nulos. Wikipedia constituye un buen ejemplo de lo que queremos indicar. La satisfacción de aportar representa incentivo y remuneración suficiente. Linux también representa otro ejemplo. En ambos el coste de acceder a la información se limita a poseer los conocimientos suficientes que permitan usar tales recursos, pero incluso éstos, es posible que se reduzcan en el tiempo, a partir de aportaciones colaborativas que los hagan más accesibles y fáciles. Pero también es la información relevante para el buen funcionamiento de los mercados. En la sociedad de la información se dificulta que un restaurante estafe porque hay mucha más información que es aportada de modo voluntario por la gente, que se remunera por la satisfacción de reportar una crítica. De nuevo el límite (y la alarma) las aporta el marco en el que se hagan estas valoraciones que cuando se realizan en TripAdvisor se encuentran dentro un marco controlado por una empresa privada y, hasta ahora, casi sin regulación.

La última relación que quiero destacar son los efectos que la sociedad de la información pueda tener en el funcionamiento de los mercados. Los sectores más liberales creen que internet puede abrir las puertas a la autorregulación de los mercados pero la evolución de los mercados financieros no lleva a compartir este optimismo, pese a que había muchísima información. Es verdad que en estos mercados se intercambiaban productos muy difíciles de entender, pero es cierto también que por muy complicado que fuera el producto, el mercado podría haber generado información más que suficiente y no lo hizo. De hecho, existe literatura que explica por qué no lo ha hecho[9]. Troncoso indica que en realidad, la información no sólo ha generado consumidores más informados sino que ha propiciado que lo sea también la oferta. El uso del bigdata permite que las empresas tiendan a discriminar de manera perfecta los precios, al conocer características personales de los demandantes que les posibilitan dividir el mercado hasta niveles que antes era únicamente posible desde un punto de vista teórico. Sin embargo, puede ser que se esté generalizando una competencia monopolística extrema caracterizada por unos productos adaptados a las preferencias individuales de los demandantes y en la que la variedad de precios recogería estos monopolios individuales. Por último también se ha apuntado la posibilidad de que las empresas empleen algoritmos que les permitan colusionar de manera automática[10]. La UE alarmó sobre la posibilidad de que los algoritmos permitan vincular automáticamente los precios de las empresas a los de los competidores. El resultado serían situaciones en las que los mercados se comportan como monopolios, incluso en los que existiera un número destacado de oferentes.

 

Notas

[1] http://www.oxygen-consulting.co.uk/insights/collaborative-consumption/

[2]https://www.ted.com/talks/rachel_botsman_the_currency_of_the_new_economy_is_trust?language=es

[3] http://www.observatorio-empresas.vodafone.es/articulos/la-economia-colaborativa-tambien-es-util-para-la-administracion-publica/

[4] Imposible no acordarse del fantástico Fablab de la Universidad de Sevilla cuyo director es José Pérez de Lama (http://fablabsevilla.us.es/).

[5] Acrónimo de Google, Apple, Facebook y Amazon.

[6] http://www.eldiario.es/theguardian/Silicon-Valley-informacion-petroleo-llegar_0_679632156.html

[7] http://www.eldiario.es/theguardian/James-Damore-Google-radicalizacion-YouTube_0_675782932.html

[8] http://www.lavanguardia.com/tecnologia/internet/20160325/40672722377/inteligencia-artificial-microsoft-nazi.html

[9] http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=377134

[10] https://www.wsj.com/articles/eus-antitrust-chief-sounds-alarm-over-risk-of-automated-online-price-collusion-1489662298

Referencias

Rifkin, Jeremy (2016), La sociedad de coste marginal cero, Paidós, Barcelona. (Obra original publicada en 2014).

Sobre aire acondicionado, calor en las aulas y cambio climático


Hassan Fathy, década 1950, sección de edificio con sistema de ventilación natural, enfriamiento evaporativo (agua),  masa térmica y protección solar para el clima árido de Egipto.

Sobre aire acondicionado, calor en las aulas y cambio climático

José Pérez de Lama

Estos días, ante el calor extraordinario que está haciendo en el mes de junio en Sevilla (España), se ha montado una – en principio, bien intencionada – campaña para reivindicar que se tomen medidas para reducir el calor en las aulas de los colegios. Lo malo es, que como dice el refranero, el infierno está lleno de buenas intenciones – y conviene pensar un poco más sobre este asunto – como sobre tantos otros. Y sí, sí, este calor es un poco infernal…

La primera paradoja es que este extraordinario calor de junio podría estar relacionado con el calentamiento global y el cambio climático, y que uno de los principales agentes que lo producen es el C02 derivado del consumo energético basado en energías fósiles, y que el propio aire acondicionado convencional, – el normal, el típico del último tercio del siglo 20 -, supone en torno a un 25 y un 35% de este consumo a nivel global. (En la Universidad de Sevilla, por ejemplo, según hemos estudiado recientemente la climatización supone más del 70% del consumo total de energía – incluso estando casi cerrada durante el mes de agosto, el más caluroso del año; __ y el consumo energético a nivel planetario asociado a la edificación se sitúa en torno al 50-60% del total consumido en el planeta).

Entonces, sí que resulta paradójico y problemático, que usemos un “razonamiento” que recuerda a los de nuestro amado líder Mariano Rajoy: que como hace más calor debido al cambio climático, nos vamos a proteger de este calor poniendo más aire acondicionado, que a su vez hará que haga más calor, y que así tengamos que poner más aire acondicionado… amplificando el círculo nada virtuoso – feedback positivo creo que se llama la cosa – de deterioro del planeta… Homo sapiens que dicen que somos…
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Aproximación a una definición de tecnopolíticas


Imagen: José Pérez de Lama, 2017, diagrama de trabajo, proyecto BarcelonaFutura

La hipótesis tecnopolítica amplia

José Pérez de Lama

Esta reflexión se enmarca en el proyecto BarcelonaFutura. Algoritmos para el Bien Común. Diagramando las ciudades para nuestras nietas, producido por La T Laboratorio de Tecnopolíticas para el Bien Común, Barcelona, y es elaboración de un post precedente del autor.

La hipótesis tecnopolítica amplia consiste en afirmar que aspectos de gran relevancia de las relaciones de poder que caracterizan las sociedades contemporáneas se producen por medio de los sistemas tecnológicos, o más precisamente sociotécnicos. Bajo una pretendida apariencia de eficiencia, neutralidad o necesidad puramente técnica, las tecnologías, y más específicamente las maneras en que son implementadas socialmente, constituyen unas de las principales fuerzas que organizan la vida y la sociedad contemporáneas.

Es precisamente esta pretendida apariencia de necesidad, la interpretación que hacemos de las tecnologías como un proceso de evolución – como en la evolución natural – la que hace que su eficacia organizando sociedades y produciendo subjetividades, sea mayor y más profunda que la de estrategias más tradicionales y obvias del poder, como puedan ser la legislación, la político en su sentido más convencional o las diferentes formas de coerción por medio de las relaciones laborales y económicas.
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