Haraway: Cyborg Reload (Staying with the Trouble, 2016)


Captura de vídeo, demo de string games / string figures / cat’s cradle – en esp parece ser que se llaman de diversas maneras, una de ellas, cunitas; fuente: https://youtu.be/HTSxcN9Ih5M

Haraway: Cyborg Reload (2016)

José Pérez de Lama _ dedicado a mi colega y amigo David Patiño Rodríguez

Cyborgs of the World, Untie! There’s a Win to World!

Donna Haraway fue, si no me equivoco, la primera persona que introdujo el concepto de cyborg y quizás también de devenir-cyborg en el pensamiento crítico. En su famoso Cyborg Manfiesto de 1991 (1983), en ocasiones también llamado Manifesto for Cyborgs (Wark, 2015). Aquel texto fue de enorme influencia; se enunciaba desde el feminsimo socialista, y, al menos para mí, conectaba con el mundo de Deleuze-Guattari (devenires, agenciamientos, rostridad…), sin duda que entre otros muchos. Se hacía además en el contexto de la crítica posmoderna a la identidad, la pureza, lo unitario y de los dualismos característicos de la modernidad y los racionalismos: hombre-mujer, blanco-de color, cultura-naturaleza, etc. El cyborg harawayano proponía la capacidad de componernos y recomponernos de múltiples maneras, de forma táctica según las situaciones – anticipando el discurso queer que promovería más tarde P.B. Preciado, el cíber-feminismo… -; dando ocasión a la producción de múltiples singularidades… También era clave en aquel concepto de cyborg la idea de reparación, regeneración, cuidado… de personas y situaciones vulnerables, heridas… en contraposición a las ideas de vuelta al origen, renacimiento y similares.

Para “mi nosotros” de hace quince o veinte años, – hackitectura.net, esta nueva visión de lo cyborg fue de gran importancia en nuestro propio trabajo; tratamos de desarrollar a partir de aquello la idea de una arquitectura cyborg – o cíborg. [0]

Estos días estoy estudiando un libro reciente de Haraway (Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene, 2016), y recojo aquí un párrafo en que la autora re-elabora, -¿significativamente? -, la idea de cyborg. Lo traduzco y comento. Algunas cuestiones previas.

Más que como una exposición tradicionalmente científica, leo a Haraway como una meditación filosófico-literaria. Supongo que esta forma de pensar y hacernos pensar es parte de su planteamiento. Ella habla de SF: speculative fabulation, science fiction, speculative feminism, science facts, string figures, so far[1] Sigue leyendo Haraway: Cyborg Reload (Staying with the Trouble, 2016)

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Arte y oficio de vivir. Éticas: ¿Qué hacer?


Imagen: Un ovni sobre la aldea gala de Astérix y Obélix, de la aventura ¡El cielo se nos cae encima!, fuente: http://diccionarioasterix.blogspot.com/2010/02/o.html

Arte y oficio de vivir. Éticas: ¿Qué hacer?

José Pérez de Lama

Iba deprisa-deprisa y se ve que se me pasó la crisis de los 50. Pero de pronto la crisis me ha caído encima, como si fuera lo del cielo de Obélix. (Aclaración para los que sois de otra generación: Obélix – el gran amigo Astérix, que se había caído de pequeñito en el caldero de poción mágica -, no tenía miedo a los romanos ni al César ni a nadie; sólo tenía miedo a que el cielo se le desplomara un día sobre la cabeza.)

Ética(s)

De pequeño, el autor de estas líneas, estudiaba en el colegio Filosofía -no me acabo de enterar si se sigue haciendo (aprovecho para enviar recuerdos a mi profesor el padre Arrenberg). Además de las clases, de las que no recuerdo salvo que siempre sacaba sobresaliente, leía las cosas de los adolescentes y pos-adolescentes de entonces: Ortega, Nietzsche, Proust, los nihilistas japoneses, el Ajoblanco… y más tarde Deleuze y Guattari, (la generación Beat, los situacionistas, cyberpunk de los 80-90, al subcomandante Marcos), y cosas así. También tuve una educación católica… Lo de la Ética, así con mayúsculas, como una parte de la Filosofía, siempre me parecía algo más bien rollo: el Bien y Mal, aunque en términos muy abstractos, de lo que se derivaban más o menos principios y reglas sobre la conducta y qué estaba bien y mal hacer. Sigue leyendo Arte y oficio de vivir. Éticas: ¿Qué hacer?

Comentario sobre El Estado Emprendedor de Mariana Mazzucato

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Cartelera original de la película de Charlie Chaplin de 1936 Modern Times. Fuente: DesconocidoMore or Less Bunk website, Dominio público, Enlace

David Patiño

He estado leyendo este libro, uno de los más comentados en los últimos años en el ámbito económico, y sin duda alguna su contenido merece tanta expectación. La tesis de Mazzucato es rompedora, valiente, pero a la vez coherente y documentada, lo cual lo hace de lectura imprescindible. De hecho, Mazzucato aporta ideas destacadas para armar ideológicamente a la izquierda tan huérfana de planteamientos de política económica que sus propuestas han acabado diluyéndose en el liberalismo thatcherista. La evolución de los partidos socialdemócratas les ha llevado a recetar el mismo menú de medidas liberalizadoras, tan crueles como inútiles, con la única diferencia de hacerlo con formas dulcificadas o empleando en ocasiones, expresiones de lamento al admitir su renuncia a controlar al capitalismo. Mazzucato nos enseña que las cosas son radicalmente diferentes y establece directrices para la actuación gubernamental. La fuerza de su planteamiento consiste en dar la vuelta el argumentario convencional superando la visión progresista según la cual el estado debe ser un apoyo para la iniciativa privada. En el Estado Emprendedor, el sector público se transforma en el elemento esencial que dinamiza la economía y es la verdadera fuente de la innovación tecnológica.

Mazzucato rompe en su libro con la mayoría de los estereotipos sobre la génesis de la innovación y la tecnología. En especial, acaba con la idea de que la iniciativa privada es la generadora de la innovación y el estado es una máquina burocrática y pesada que obstaculiza el desarrollo económico. La literatura económica, incluida la progresista, insta al estado a retirarse par favorecer que la iniciativa privada pueda desarrollarse. Según el pensamiento convencional, la iniciativa privada es capaz de conseguir un mayor desarrollo y por consiguiente una mayor prosperidad para todos y su capacidad para conseguirlo será mayor cuanto más libre esté de cortapisas, regulaciones e impuestos. La única función que tiene el estado, según este relato, es la de establecer las bases para que la iniciativa privada pueda desarrollar su actividad e intervenir, exclusivamente, en las situaciones en las que existan fallos de mercado que dificulten la innovación por parte de las empresas.

Frente a ese relato, la conclusión de El Estado Emprendedor es clara: el Estado lejos de ser un lastre para la innovación es su principal motor. Al contrario de lo que nos han publicitado hasta la saciedad, el Estado es el agente que asume los riesgos y el que ha dirigido el desarrollo de las principales tecnologías actuales. Los países que han desarrollado un sector público que ha asumido el papel de líder han conseguido crear las tecnologías que han revolucionado el mundo actual. Paradójicamente, EEUU que es el paladín del liberalismo, es el principal ejemplo de país poseedor de un sector público que ha sido el verdadero emprendedor, innovador y valiente, y ha desarrollado alguna de las principales tecnologías actuales, en concreto las de la información.

La condición para que se creen tecnologías innovadoras pasa por un Estado que adopte un papel activo pues la iniciativa privada no las desarrolla. El capital riesgo, en realidad, no asume riesgos. Las empresas de capital riesgo se limitan a entrar en las industrias cuando han superado las peores etapas, los famosos valles de la muerte, y esto solo es posible con el apoyo decidido y el liderazgo del estado. También se desmonta a los innovadores de garaje descritos como un mero cliché inventado, precisamente, para justificar el papel que adopta el sector privado en el proceso. La ideología del valor del accionista ha extendido la idea de que asumía el riesgo al no tener garantizado un beneficio, dando por hecho que el resto de agentes que participaban en el proceso innovador, contribuyentes y trabajadores, lo tenían garantizado. Paradójicamente, el protagonista de la innovación y del desarrollo de las industrias más productivas ha sido expulsado por la visión extendida de su falta de acierto a la hora de tomar decisiones y de invertir.

Para ilustrar su visión, Mazzucato dedica la mayor parte de su libro a describir el origen y desarrollo de los actuales sectores más dinámicos: tecnología de la información, industria farmacéutica y energías renovables. Todos ellos tienen en común el papel fundamental que ha jugado el estado en su desarrollo (o en la ausencia del mismo). Mazzucato estudia el caso de Apple, y en concreto, del iPhone y cómo todas las tecnologías que emplea fueron desarrolladas por diversas agencias gubernamentales norteamericanas. No se trata de negar el acierto de Apple para ponerlas en común, agruparlas y vender un producto que ha revolucionado el mundo con su diseño. El libro no trata de negar su acierto como empresa, sino mostrar que este producto no se habría realizado sin los desarrollos tecnológicos nacidos de la iniciativa pública. El sector público es el que apostó, de manera revolucionaria, por iniciativas que generaron las pantallas táctiles o la aplicación siri. Aunque no es únicamente Apple, empresas como Google y su famoso algoritmo se desarrollaron originalmente desde lo público que posibilitó su despegue.

Del mismo modo se analiza la industria farmacéutica en la que el sector público es el único agente que desarrolla principios activos innovadores. Por el contrario, la industria se enfoca en el desarrollo de variantes de los fármacos más populares. La experiencia de esta industria permite a Mazzucato explicar que los procesos tecnológicos no son lineales, y no pueden ser explicados únicamente desde la inversión en I+D. El comportamiento de la industria farmacéutica constituye un claro ejemplo de por qué no es así. Lo que habitualmente se contabiliza como gasto en I+D se corresponde, en su mayor parte, en variaciones comercializables de productos ya existentes y comprende gastos en marketing y comercialización, casi en su totalidad. Los procesos tecnológicos exitosos se generan en redes complejas, entramados en los que aparecen múltiples protagonistas, caracterizados generalmente, por estar liderados por el sector público, especialmente en las fases incipientes que no son nunca emprendidas por la iniciativa privadas. La innovación ocurre como parte de un proceso global, no como un proceso individual o incluso organizativo y precisa la construcción de ecosistemas colaborativos. El tipo de gobernanza empresarial lleva a las empresas a invertir desmesuradamente en desarrollos con retornos rápidos, totalmente incompatibles con el desarrollo lento y pausado de tecnologías rompedoras. Por el contrario, las agencias gubernamentales más osadas son las que desarrollan apuestas verdaderamente innovadoras y son capaces, por ejemplo, de poner en funcionamiento a empresas que no habrían tenido la demanda suficiente para desarrollar sus productos si no la hubiera creado el sector público o de crear mercados inexistentes y que no se habrían generado sin su iniciativa.

El Estado Emprendedor también analiza la revolución de la energía verde, eólica y solar, y las razones por las que ha fracasado en algunos países y ha triunfado en otros, sobre todo en Alemania y China. En esta parte aparece fugazmente alguna mención a nuestro país, como ejemplo de los pobres resultados que han generado la política errática acometida de empezar-detener que no ha sido capaz de consolidar su industria. Esta situación también se ha producido en EEUU, país que retiró subsidios a la industria eólica y recortó el presupuesto de I+D, generando un estancamiento de la industria que emigró a Europa, y en especial a Alemania. Alemania y China han optado por realizar una apuesta decidida, a corto y largo plazo, por el sector de la energía solar y eólica y actualmente son los líderes tecnológicos indiscutibles. En concreto, en el caso de China, su banco de inversiones ha regado financieramente a las empresas del sector lo que ha propiciado una verdadera revolución tecnológica en muy pocos años.

El libro termina con una reflexión sobre la distribución de la renta generada por la innovación y cómo está desequilibrada totalmente a favor de las empresas. La situación está propiciada por el desequilibrio que existe entre riesgo y beneficio en la innovación. El riesgo se ha asumido de manera colectiva mientras que los beneficios se han distribuido de manera mucho menos colectiva. Las características del proceso innovador, en el que prima la verdadera incertidumbre, unos costes hundidos inevitables y una elevada intensidad de capital hacen que el sector privado huya de este tipo de actividad. El sector innovador se ha comportado de manera similar al financiero socializando riesgos y privatizando beneficios. Ello ha permitido a empresas como Apple han sido capaces de acaparar una proporción desmesuradamente grande del valor añadido por la tecnología que están explotando. El sector público no recibe buena parte de los frutos que ha propiciado ni de manera directa ni a través del sistema fiscal, diseñado para el capitalismo industrial e incapaz de gravar a las empresas del nuevo sistema productivo. Por tanto, se produce la paradoja de que el verdadero motor de la innovación sea el sector público, que los países que han hecho una verdadera apuesta por la innovación liderada por sus agencias gubernamentales han sido los motores del desarrollo tecnológico, pero a la vez, el conjunto de ideas que constituye la sabiduría convencional dificultan su actuación hasta el extremo de haberla cesado por completo en ocasiones. El resultado es la falta de sostenibilidad de un sistema de innovación que se basa en el gobierno, pero que no permite que éste reciba un sistema de recompensas adecuado. La reducción de la capacidad del estado para recaudar impuestos y para recibir una parte adecuada de los beneficios que propicia dificulta su capacidad para asumir riesgos adicionales.

La sostenibilidad del sistema de innovación precisa del desarrollo de mecanismos que posibiliten la rentabilización del riesgo asumido por el estado y que las empresas que están beneficiándose desmesuradamente de los desarrollos tecnológicos producidos por el sector público retornen una proporción razonable de los ingresos que están obteniendo. Ello implica un cambio radical de las políticas de innovación que no pueden seguir basándose en desgravaciones fiscales al I+D. Las décadas de inversión gubernamental para crear la base científica que ha propiciado el desarrollo de las TIC no ha generado un crecimiento “equitativo”. Es necesario diseñar formas que permitan distribuir los enormes beneficios que está generando este sector. Diseñar instituciones para que todos los agentes que asumen el riesgo del proceso innovador reciban una parte equilibrada del beneficio generado y revertir un sistema actual que es generador de desigualdad. Un primer paso debería ser incrementar la transparencia de la inversión del gobierno propiciando, por ejemplo, una participación privilegiada en las patentes generadas. Los préstamos o ayudas a la innovación deberían ser devueltos, en algún grado. Mazzucato aboga por emplear un esquema similar al de los préstamos a los estudiantes en el que se devuelve una vez que la empresa haya alcanzado un umbral mínimo de ingresos. El gobierno debería mantener la propiedad de parte de las empresas a las que apoya. Los bancos de inversión no se deberían limitar a financiar las inversiones que el sector privado no financia por su aversión al riesgo sino crear oportunidades para los productores. Por ejemplo, el banco de inversión chino financió con 3000 millones de dólares el mayor proyecto de energía eólica en Argentina, que utiliza turbinas chinas. Por último, se debe asegurar que se innova en cosas que necesitamos. En definitiva, estamos ante una guía imprescindible para diseñar un programa de política económica actual desde un enfoque progresista.

Mazzucato, M. (2014), El Estado Emprendedor, Mitos del sector público frente al privado, RBA, Barcelona.

“Sí, nos podemos permitir todo lo que seamos capaces de hacer” – sobre la economía del dinero-bancario según Pettifor & Keynes


Anne Pettifor en conversación con J.M. Keynes, collage. Fuente de las imágenes: AP, https://www.annpettifor.com/ autora: Elena Moses; JMK: http://www.almamagazine.com/john-maynard-keynes-el-padre-de-la-criatura-10145

“Sí, nos podemos permitir todo lo que seamos capaces de hacer” – sobre la economía del dinero-bancario según Pettifor & Keynes

No se si sería hacia 2010 o 2012 en un momento en que la crisis pasaba en Esp por su momentos más duros, cuando me preguntaba – sentado en un bar con un colega – cómo era posible, si éramos las mismas personas, con los mismos conocimientos, incluso existiendo las mismas máquinas y equipos que hacía sólo un par de años, y por otra parte, estando allí la gente que tenía obviamente que comer, vivir, etc., cómo era posible que de pronto hubiésemos pasado de la euforia hiperactiva de la burbuja a estar en una situación en la que parecía que nada se podía hacer, en la que no había trabajo para los jóvenes y no tan jóvenes, las empresas cerraban a porrillo, no ya el futuro, sino que el presente parecía haberse clausurado…

Las explicaciones estaban ahí buscando un poco: la gente no podía o no se atrevía a gastar (aquello de la demanda agregada), las empresas habían dejado de invertir… En el caso del urbanismo y la arquitectura, mi gremio, con lo de la creación de la burbuja inmobiliaria artificiosa, – las hipotecas subprime – y su posterior explosión la cosa era más evidente. Pero ¿y lo demás? Aquello no dejaba de sorprenderme, ¿no seguimos teniendo las mismas manos y las mismas cabezas para trabajar?, ¿por qué de pronto ya no podemos seguir produciendo cosas para luego consumirlas como antes? ¿Por qué la economía no continuaba funcionando más o menos “normalmente”, aunque fuera con un 2 o un 5% menos de volumen/intensidad? Cualquiera puede vivir un 5% menos bien y no le pasa nada… me preguntaba…

Para tratar de comprender aquello estudié muchas cosas, y aprendí mucho – Marx, Harvey, Krugman, Galbraith, Varoufakis, Arrighi, Navarro, Torres, Sassen, Veblen, Lapavitsas… Felber, Bollier, Laval & Dardot, Graber… así como unas cuantas historias de la Economía… Aunque la llamada dismal science – la ciencia lúgubre o deprimente, la economía –, la heterodoxa incluso, lo del aparente poder omnímodo del capitalismo y su vocación de ocupar todos los ámbitos de la vida, no es algo que le haga a uno sentir demasiado bien (a menos, supongo, que tengas vocación de broker, empresario-de-uno-mismo o emprendedor-tiburón ultracompetitivo… – ¡que hay gente para todo!)

Y una década después de pronto me encuentro con Ann Pettifor, que enuncia, citando a Keynes, algo muy parecido a la pregunta aquella que yo me hacía: “Sí, nos podemos permitir, todo aquello que seamos capaces de hacer”. Y además, la argumentación de lo enunciado me parece del mayor interés. Y se centra en algo que diversos autores y personajes – Juan Torres, Christian Felber, Moreno Yagüe… – me habían invitado a sospechar desde hace tiempo: tiene que ver con el dinero como tecnología… Aquello de la tecnopolítica… Paso a tratar de explicarlo. Sigue leyendo “Sí, nos podemos permitir todo lo que seamos capaces de hacer” – sobre la economía del dinero-bancario según Pettifor & Keynes

Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones


Iván Illich con Paule Freire en Perú, década de 1972. Fuente: http://backpalm.blogspot.com/

Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones

Publicado en LABlog 26/10/2015

José Pérez de Lama

Este medio tocayo de Lenin y casi homónimo del personaje de Tolstói es una singular figura de la segunda mitad del siglo 20 cuyas reflexiones reaparecen una y otra vez en conversaciones y textos más o menos alternativos sobre tecnologías, urbanismo y críticas a la idea de desarrollo. Según cuentan sus biógrafos, nació en 1926 en Viena, aunque su familia, de origen judío, vivía en una isla de Dalmacia (posteriormente Yugoslavia, y actualmente Croacia), adonde fue trasladado el mismo año de su nacimiento. Los avatares de la guerra europea lo llevaron a estudiar primero ciencias y después teología en Italia, y a continuación a ordenarse como sacerdote católico. Tras hacerse defensor de la feligresía portorriqueña de Nueva York y dirigir una institución en Puerto Rico, se convirtió en un severo disidente de las políticas estadounidenses en Latinoamérica, dejó la Iglesia, y estableció un centro de estudios críticos de la teoría y las políticas del desarrollo en Cuernavaca, México (CIDOC). Consecuente con su propia crítica de las instituciones, disolvió este centro a los diez años de su creación (1976), repartiendo sus recursos entre grupos y entidades locales.

El pasado verano, en un doble movimiento serendípico, tras coincidir en un almuerzo con Ada Colau y su equipo en un pequeño restaurante cerca de la plaza de San Jaume en Barcelona, me encontré en una librería con una reedición del libro de Illich, La convivencialidad, – sobre el que ahora haré unos comentarios.

El propio Illich define el libro como un manifiesto o panfleto, haciendo apología del género (Hornedo, 2014: 18). El texto es algo desordenado y quizás reiterativo, y hoy, unos 40 años después de que fuera publicado, se lee como si estuviera escrito desde un lugar extraño – comparando la alquimia con la educación, preguntándose por la utilidad social de la medicina institucionalizada, cuestionando los automóviles y la movilidad, reflexionando sobre los tiempos en los que la energía disponible para los humanos era principalmente la generada por su propio cuerpo… Aún así, o precisamente por eso, los asuntos que plantea son tremendamente actuales. Los definiría como tecnopolítica, esa palabra tan de moda, que interpreto, no como el uso de twitter, facebook, google y herramientas varias para el activismo, como se tiende a hacer últimamente, sino en un sentido más general, como es el de las políticas tecnológicas y las implicaciones políticas de las tecnologías y de su implementación.
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La demanda efectiva según Keynes (texto original, traducción anotada)


Imagen: Edición original de la General Theory of Employment, Interest and Money de J.M Keynes (1936): Fuente: http://www.peterharrington.co.uk/the-general-theory-of-employment-interest-and-money.html

Traducción y comentario de José Pérez de Lama

Mucha gente habla de Keynes, pero pocos parecen haberlo leído, en especial su obra principal, La Teoría general del empleo, el interés y el dinero. Por pura curiosidad ante una obra presuntamente tan importante, planteada como respuesta a la crisis de 1929, y que contribuyó a reformular la economía de la posguerra mundial, generadora de uno de los períodos más prósperos de la Historia (en Occidente), traté hace tiempo de leer algunas partes, sin entender casi nada. Más recientemente, la lectura de The Production of Money de Ann Pettifor, que se plantea como una reivindicación bastante didáctica del pensamiento de Keynes, me animó a volver a hacerlo. Y esta vez entendí bastante más.

Todo lo que podamos crear, nos lo podemos permitir

“What we can create, we can afford”

El libro de Pettifor me parece interesantísimo y espero poder comentarlo específicamente en próximos posts. Plantea que muy pocos comprendieron y aún menos comprenden actualmente lo que proponía Keynes: en su interpretación que en una economía en la que el dinero es creado por los bancos – economía bancaria que llama ella – “podemos permitirnos todo aquello que podamos hacer” – al parece palabras del propio Keynes. La clave estaría en la gestión del crédito según los criterios del bien general, y no su gestión en beneficio de las élites bancarias, financieras y políticas. El crédito, o dinero bancario así gestionado, debería dedicarse a inversiones que generen empleo e ingresos (para la población en su conjunto: salarios + beneficios empresariales)… Habrá que explicarlo más detalladamente… Pero el concepto keynesiano de demanda efectiva y su análisis constituyen la base de esta idea; __ que es introducida, en cuanto que elemento central de su teoría, en el capítulo tercero de la Teoría general, que me he entretenido en traducir; para comprenderla mejor en el proceso.

Llama la atención en general, la relativa oscuridad del texto de Keynes – a pesar de su fama como buen escritor. Según lo que cuenta en los primeros capítulos, trataba de dirigirse a los economistas académicos y profesionales – e hipotetiza uno que Keynes pensaría que era en ese campo donde se daba el verdadero debate sobre las políticas económicas que realmente se aplicaban – al menos en su tiempo; __ ¿una mezcla entre elitismo y pragmatismo, quizás? Y aún así este tercer capítulo dónde plantea sus principales hipótesis resulta bastante inteligible. He añadido títulos para los apartados, algunos comentarios míos (en azul) en las partes que me resultan menos claras o comprensibles – como aficionado – que espero puedan servir de ayuda a posible lectores, aficionados como yo. Igual la mejor estrategia de lectura, para aquell*s que os animéis a leerlo…, será la de saltarse los comentarios, salvo en los casos que haya algo que no se entienda del todo; y ver si en ese caso os fueran de ayuda. También incluyo algunos diagramas que he hecho para tratar de comprender mejor lo que se propone.  Finalmente, señalar que he tratado de poner el nombre original en inglés.  -al lado, entre paréntesis -, de cada término o concepto propuesto por JMK. ¡Va pues!

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The General Theory of Employment, Interest and Money. Capítulo 3. El principio de Demanda Efectiva

John Maynard Keynes (1936)

Fuente del original en inglés: https://www.marxists.org/reference/subject/economics/keynes/general-theory/ch03.htm

Sección I

Necesitamos, para empezar, algunos términos que se definirán más tarde con precisión. En un estado dado de la técnica, los recursos y los costes, el empleo por parte de un empresario (entrepreneur) de un volumen dado de trabajadores (labor) le supone dos tipos de gasto: primero, las cantidades que paga a los factores de producción (excluyendo lo que paga a otros empresarios) por los servicios que prestan, que llamaremos el coste de los factores (salarios * ) del empleo en cuestión; y segundo, las cantidades que paga a otros empresarios por lo que tiene que adquirir de éstos junto con el sacrificio en que incurre por el empleo de los equipamientos (equipments) en lugar de dejarlos en desuso, que llamaremos el coste de usuario del empleo en cuestión. [nota 1 del autor]
Sigue leyendo La demanda efectiva según Keynes (texto original, traducción anotada)

Pequeña contribución a “Becoming”: pabellón de Esp en la Bienal de Venecia 2018

Imagen: Melissa Espaillat Bencosme, 2017, La mesa como lugar (TFM); fragmento del póster incluido en la muestra Becoming, Venecia, 2018 . Fuente: http://b-e-c-o-m-i-n-g.com/)

Estos días se inauguró la nueva edición de la Bienal de Venecia – de Arquitectura. La exposición del Pabellón de España comisariada por Atxu Amann con la colaboración de María Mallo (Zuloark o ex-Zuloark) y otros, se titula “Becoming”. Se trata de una producción “coral” con muchos proyectos y obras, y breves contribuciones teóricas, si no lo entiendo mal, en torno al trabajo de las escuelas de Arquitectura en Esp. María Mallo, me invitó a escribir 500 palabras sobre el término “sostenible” – no elegido por mí, aunque no me pareció mal. ¡Gracias María y equipo! Entre otras razones, porque (me) resulta algo difícil navegar la web (http://b-e-c-o-m-i-n-g.com/)- seguro que es mi navegador libre o algo… – recojo aquí mi aportación.  A veces, casi siempre, es más difícil escribir poco que mucho, y ahora me parece que la cosa quedó  un poco “empaquetada”, pero aún así me parece que no quedó mal del todo… (A los lectores habituales del blog les sonará la mayoría de lo que aquí se recombina.)

Sostenible

José Pérez de Lama

Igual que existe una ecología de las malas hierbas existe una ecología de las malas ideas. Gregory Bateson [*] (There is an ecology of bad ideas, just as there is an ecology of weeds.)

Sostenible es hoy una palabra mucho menos sexy de lo que lo fuera hace dos o tres décadas. Como es conocido, el adjetivo se presentó a la sociedad global con el Informe Brundtland de 1987, que definía el desarrollo sostenible como aquel que “satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. Desde entonces un cierto abuso ha llegado a desacreditar – un poco – el término. Y sin embargo, lo sostenible nos sigue planteando preguntas, paradojas y conflictos fundamentales para las sociedades contemporáneas habitantes de la biosfera terráquea.

Gregory Bateson propuso que la unidad de supervivencia evolutiva (unit of evolutionary survival) no la constituían el organismo o la especie aislados, tal como había planteado hasta entonces el darwinismo, sino que era el organismo-más-su-entorno (organism plus environment): un organismo que destruye su entorno termina por destruirse a sí mismo. Llamamos metabolismo al conjunto de procesos mediante los cuales un ser vivo – organismo, comunidad, ciudad… – intercambia materia y energía con su entorno para mantenerse vivo. Bateson llamó mente (mind) al proceso mediante el cual una entidad percibe e interactúa con su entorno, en ciclos de prueba y error, dando lugar a patrones de adaptación (aprendizaje) con el fin de asegurar su preservación y la de su entorno. Esta situación propia de la vida, por la cual un conjunto de organismos y su medio co-evolucionan a través de procesos de aprendizaje y adaptación, es a lo que llama ecología de la mente (ecology of mind). En sus últimos escritos, el autor californiano describía la crisis ambiental-planetaria del final de la era industrial como una crisis de la ecología de la mente.

Desde una perspectiva complementaria, María Puig de la Bellacasa, – en diálogo con Donna Haraway -, define los cuidados (care) de la siguiente manera: “todo aquello que hacemos para mantener, dar continuidad y reparar nuestro mundo de manera que podamos vivir en éste tan bien como sea posible. Éste nuestro mundo incluye nuestros cuerpos, nuestros yo-es (selves) y nuestro entorno, todos los cuales tratamos de entrelazar en una red compleja que sostiene de la vida.” (Everything that we do to maintain, continue and repair our world so that we can live in it as well as possible. That world includes our bodies, our selves, and our environment, all of which we week to interweave in a complex, life-sustaining web.)

Transformar la práctica de la arquitectura en el proyecto, la (re)construcción y el mantenimiento de “redes complejas que sostienen la vida”, en las que nos entrelacemos seres vivos, lugares y máquinas, podría ser un buen programa para la era de la pos-sostenibilidad. Cuidar, habitar, pensar. (Caring, dwelling, thinking)

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[*] Cita introductoria de Las tres ecologías, Félix Guattari, 2000 [1989], Pretextos, Valencia

#referencias

Gregory Bateson, 1970, Form, Substance, and Difference, 19ª Conferencia anual en memoria de Korzybski, General Semantycs Bulletin, No 37, 1970; reproducida en G.B, 2000, Steps to an Ecology of Mind, The University of Chicago Press, Chicago, pp. 454-471
Donna Haraway, 2016, Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene, Duke University Press, Durham

María Puig de la Bellacasa, 2017, Matters of Care. Speculative Ethics in More Than Human Worlds, University of Minnesota Press, Indianapolis

United Nationes, 1987, Report of the World Commission on Environment and Development: Our Common Future (Informe Brundtland), disponible en: http://www.un-documents.net/wced-ocf.htm | accedido 01/02/2018