La república de los cuerpos de Epicuro — según Emilio Lledó

La república de los cuerpos de Epicuro —  según Emilio Lledó

Selección y comentario  previo de J. Pérez de Lama
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5. LA FELICIDAD Y LA DICHA NO LA PROPORCIONAN ni la cantidad de riquezas ni la dignidad de nuestras ocupaciones ni ciertos cargos y poderes, sino la ausencia de sufrimiento, la mansedumbre de nuestras pasiones y la disposición del alma a delimitar lo que es por naturaleza.

20. EL HOMBRE ES INFELIZ ya por temor, ya por el deseo ilimitado y vano. Quien a esto ponga brida puede procurarse la feliz sabiduría.

Acervo epicúreo, Fragmentos y testimonios escogidos

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Siguen unos párrafos de Emilio Lledó. La pregunta que me planteo estos días es si la forma de vida epicúrea, basada en limitar deseos vanos, así como reducir miedos y ansiedades, para llevar una vida serena y feliz, alejada entre otras cuestiones de las pasiones del poder o de la excesiva ambición de riquezas, etc., no será hoy en día una forma de contribuir a la buena marcha de la sociedad, — mejor que la de un excesivo activismo — o de la lucha constante por ocupar el poder o la competencia por imponer las propias ideas o simplemente por conseguir esto o lo otro o ser más que éste o aquél.

En primera instancia, y ese es el juicio habitual de la Historia, sería que es más bien una forma de vida irresponsable y egoísta. Pero hoy, cuando el campo de batalla, quizás el primero de todos, puede que sea el del  propio cuerpo y los propios deseos, me pregunto si la respuesta no es ya tan clara. Recuerda uno también lo que decían los atenienses, según cuenta Foucault, que el buen gobierno de uno mismo sería la condición necesaria para poder gobernar a los demás…

Esta parece ser la tesis en cierto modo de Emilio Lledó, — que hoy además nos hace pensar en el discurso de los cuidados, la vulnerabilidad, la precariedad de la vida… Aunque lo que queda de Epicuro y su escuela es enormemente parcial, Lledó también subraya la idea de amistad y de comunidades como elementos fundamentales de este pensamiento en su versión original, que complementarían la búsqueda más personal de la virtud. La amistad que hoy podríamos asimilar a la fraternidad / sororidad, — aquella hermana pobre de la tríada revolucionaria clásica, como suele comentar el querido Jarauta.

Y como decía también en algún post anterior, esta limitación del deseo y la ambición de dominar el mundo y la sociedad,  encaja también muy bien con lo que quizás sea el mayor problema — o como lo queramos llamar — del presente, esto es, el crecimiento ilimitado en un planeta, una biosfera, o una zona crítica, como la ha llamado estos día, Bruno Latour, que es limitada.

Por mi parte tampoco se trataría de decir que el epicureísmo tendría que sustituir a otras formas de contribuir a la sociedad o de hacer política, sino que tal vez diferentes caracteres o incluso diferentes etapas de la vida se correspondan mejor con diferentes actitudes o formas de vida.

Sigue Lledó por no alargarlo demasiado ( de Sobre el epicureísmo *)

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Formas de vida parece que fueron las propuestas de los filósofos en ese largo período que, después de Aristóteles, ha dado en llamarse «helenismo» […]

Lledó cuenta como Platón y Aristóteles había dado la mayor importancia a la vida pública, política, para la que había que estudiar la realidad humana. La Política «el más arquitectónico y dominante de los saberes porque parece ser que los comprende a todos»… (Aristóteles, Ética a Nicómaco)

[p. 16] Epicuro entendió que era necesario arrancar de otros principios muy distintos para al educación de los guardianes, de los vigilantes y cuidadores del zoológico humano.

[…] intuyó que había que intensificar las relaciones con nosotros mismos antes de pensar en organizarnos como sociedad. Las grandes teorías de sus predecesores había olvidado un principio esencial de toda felicidad y, por supuesto, de toda sabiduría: el cuerpo humano y la mente que lo habitaba. Con respecto a la mente, tenía que estar libre de los terrores que, en buena parte, había incrustado en ella la religión. Una mente atemorizada es una mente infeliz y, al mismo tiempo, es, de alguna forma, creadora de infelicidad. Esta infelicidad y estos temores son principios destructores de la vida, de la alegría que debe inundar la existencia, y el sustentare en ellos es una de las grandes falsificaciones que han poblado la historia. Probablemente Epicuro está pensando en este problema cuando, en un chocante fragmento […]

[p. 17] nos dice: «Feliz tú que huyes, a velas desplegadas, de toda clase de paideia, de educación». Un educación que, en lugar de desarrollar la autarquía [autogobierno, autonomía] y la libertad, nos esclavizaba con la angustia de tradicionales mitologías – las telarañas, que diría Nietsche –, contradice su fundamental misión.

El cuerpo como elemento democratizador de la existencia

[p. 19] El dualismo y la teología platónica que establecían un mundo superior y distinto, al que había que tender incesantemente, un mundo de ideas ejemplares, modelo y fin de la existencia, quedaba reducido a una tarea mucho más modesta y, al parecer, más vulgar. Es posible que, en un estadio superior de nuestro desarrollo, nos apareciera ya otro horizonte, humano también, en el que acrecentar todas nuestras capacidades; pero antes había que plantear, con claridad, los límites de aquello que realmente somos, los límites y mensajes de nuestro cuerpo. Un pensamiento que se olvidase de nuestra débil pero imprescindible estructura carnal, de la delicada fábrica de nuestro cuerpo, estaba condenado a perderse en «vanas fantasías». Lo primero era aceptar esa peculiar condición de nuestro ser, y esto implicaba una verdadera democratización de la existencia. El cuerpo y nuestra condición carnal son el punto de partida para la reunión y convivencia con otros cuerpos, que arrastran cada uno la historia de su lucha por existir.

El cuerpo centro del demos

[p. 20] Nuestro cuerpo es pues el centro inicial del demos, de la colectividad de otros cuerpos, de otras existencias, indigentes también como la nuestra. [Aquí igual hoy entenderíamos mejor otros adjetivos como precarias o vulnerables…] Y precisamente porque, en sus estructuras esenciales, ese cuerpo es semejante a otros cuerpos, no cabe discriminación posible en los elementos sobre los que se levanta la vida. «La voz de la carne pide no tener hambre, ni sed, ni frío: pues quien consigue esto o confíe en conseguirlo, puede competir en felicidad con el mismo Zeus» […]. Un programa verdaderamente modesto, y en el que se reflejaba, sin embargo, la fraternidad de nuestros deseos con la necesidad de la existencia. No tener hambre, ni sed, ni frío constituía el fundamento de esa democratización del cuerpo humano, fundamento a su vez de la posible felicidad. Un programa modesto pero que, en su sencillez, albergaba los principios de la igualdad, los principios a los que nadie podía renunciar, y que nadie nos podía arrebatar.

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#referencias

La cita larga de Lledó es de Sobre el epicureísmo (2013), en: Epicuro, C. García Gual, E. Lledó, P. Hadot, Filosofía para la felicidad. Epicuro, Errata Naturae, Madrid; pp. 7-23

Las máximas epicúreas del principio proceden también del mismo volumen.

 

El «composicionismo» según Bruno Latour

Imagen: Lan Shining / Giuseppe Castiglioni, s XVII dinastía Qing, Ayusi, jefe mongol, atacando a unos bandidos con lanza; fuente: https://theme.npm.edu.tw/exh104/giuseppecastiglione/en/page-7.html __ caballo, montura, jinete, arco, estepa; es uno de los ejemplos clásico de composición (agenciamiento o ensamblaje) de Deleuze-Guattari que citaba en un post anterior.

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Unas notas sobre composición de Bruno Latour

Selección y traducción de J. Pérez de Lama. Dedicado a J.M.C.

Esta entrada para la serie sobre «composición» que inicié recientemente. Unas notas, con algo de ironía, de Bruno Latour, de un texto breve titulado An Attempt at a “Compositionist Manifesto” (2010). Puede encontrarse el texto completo en la web del propio autor: http://www.bruno-latour.fr/sites/default/files/120-NLH-finalpdf.pdf

La traducción como es habitual es mía. El texto citado comienza en la p. 2 del pdf descargable. La versión original en inglés al final.

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Y como parece imposible escribir un manifiesto sin una palabra que acabe en -ismo (comunismo, futurismo, surrealismo, situacionismo, etc.), he elegido dar a este manifiesto una bandera adecuada, la palabra «composicionismo». Sí, me gustaría poder escribir El manifiesto «composicionista» recuperando un género anticuado, en el gran estilo del pasado, empezando con algo del tipo: «Un espectro se cierne no sólo sobre Europa sino sobre todo el mundo: el espectro del composicionismo. ¡Y todos los poderes del Mundo Moderno se han reunido en una santa alianza para exorcizar este espectro!»

Aunque la palabra composición sea un poco larga y pomposa, lo que está bien es que subraya que las cosas hay que ponerlas juntas (Latín componere) a la vez que mantienen su heterogeneidad. También, está conectada con compostura; tiene una clara raíz en lo artístico, pintura, música, teatro, danza, y está así asociada con la coreografía y la escenografía; no está demasiado alejada de compromiso y de ceder [compromise and compromising], manteniendo un cierto sabor a diplomacia y prudencia. Hablando de sabor, lleva también el olor acre pero ecológicamente correcto del compost, debido en sí mismo a la des-composición activa que llevan a cabo muchos agentes invisibles… Sobre todo, una composición puede fallar, por lo que retiene lo más importante de la noción de «constructivismo» (una etiqueta que también podía haber usado de no haber estado ya cogida por la historia del arte). Quita así la atención de la  diferencia irrelevante entre lo que está construido y lo que no, y la dirige hacia la diferencia crucial entre lo que está bien o mal construido, bien o mal compuesto. Lo que tiene que ser compuesto, puede, en cualquier momento, ser descompuesto.

En otras palabras, el composicionismo asume la tarea de buscar la universalidad pero sin creer que la universalidad esté ya dada, esperando a ser desvelada y descubierta. Está, por tanto, tan lejos del relativismo (en el sentido «papal» de la palabra) como lo está del universalismo (en el sentido moderno de la palabra …). Del universalismo toma la tarea de constuir un mundo común; del relativismo, la certeza de que este mundo común tiene que ser construido de partes completamente heterogéneas que nunca constituirán un todo, sino más bien un material compuesto frágil, revisable y diverso.

No voy a hacer un recorrido de todos los puntos que serían necesarios para establecer las credenciales de la palabrita composicionismo. Voy a destacar tres connotaciones sucesivas que quiero asociar con el neologismo: la primera contrastándolo con la crítica: la segunda, explorando cómo podría ofrecernos un sucesor a la naturaleza; y por último, dado que las Grandes Narrativas son componentes necesarias de los manifiestos, en qué gran historia podría situarse. Imaginemos que éstas sean los tres primeras planchas de mi plataforma política…

[A partir de aquí sigue desarrollando estas tres ideas.]

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La versión en inglés:

And since it seems impossible to draft a manifesto without a word ending with an “–ism” (communism, futurism, surreal-ism, situationism, etc.), I have chosen to give this manifesto a worthy banner, the word compositionism. Yes, I would like to be able to write “The Compositionist Manifesto” by reverting to an outmoded genre in the grand style of old, beginning with something like: “A specter haunts not only Europe but the world: that of compositionism. All the Powers of the Modernist World have entered into a holy alliance to exorcise this specter!”

Even though the word “composition” is a bit too long and windy, what is nice is that it underlines that things have to be put together (Latin componere) while retaining their heterogeneity. Also, it is connected with composure; it has clear roots in art, painting, music, theater, dance, and thus is associated with choreography and scenography; it is not too far from “compromise” and “compromising,” retaining a certain diplomatic and prudential flavor. Speaking of flavor, it carries with it the pungent but ecologically correct smell of “compost,” itself due to the active “de-composition” of many invisible agents… Above all, a composition can fail and thus retains what is most important in the notion of constructivism (a label which I could have used as well, had it not been already taken by art history). It thus draws attention away from the irrelevant difference between what is constructed and what is not constructed, toward the crucial difference between what is well or badly constructed, well or badly composed. What is to be composed may, at any point, be decomposed.

In other words, compositionism takes up the task of searching for universality but without believing that this universality is already there, waiting to be unveiled and discovered. It is thus as far from relativism (in the papal sense of the word) as it is from universalism (in the modernist meaning of the world—more on this later). From universalism it takes up the task of building a common world; from relativism, the certainty that this common world has to be built from utterly heterogeneous parts that will never make a whole, but at best a fragile, revisable, and diverse composite material.

I am not going to go through all the points that would be necessary to establish the credentials of the little word compositionism. I will simply outline three successive connotations I’d like to associate with this ne-ologism: first, by contrasting it with critique;8 second, by exploring why it could offer a successor to nature; and lastly, since Grand Narratives are a necessary component of manifestoes, in what sort of big story it could situate itself. Let’s imagine that these are the first three planks of my political platform!

Sobre el «devenir digital» de las universidades; nuevos comentarios

Imagen tuiteada por Antonio Casilli sobre un popular basde de memes; 17 abril 2020: https://twitter.com/AntonioCasilli/status/1248913243407552512 __ en que se plantea una temática parecida a la que aquí se desarrolla; entonces sobra la pretendida magia solucionadora de las apps y las redes digitales en relación con la pandemia de al covid-19.

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Sobre el «devenir digital» de las universidades; nuevos comentarios

José Pérez de Lama

La hierba muere.
Los hombres mueren.
Los hombres son hierba.

El célebre silogismo / poema de Gregory Bateson, Men are grass.
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Siempre se trata de un devenir-con

El devenir del título sería un término más bien técnico, según lo usan Deleuze-Guattari, Donna Haraway y algunos más.

Por un lado, propone enfatizar la dimensión de cambio permanente o de acontecimiento en el estudio del mundo y la vida; en términos clásicos-escolares una aproximación tipo Heráclito en lugar de una aproximación tipo Parmenides. Algo de esto nos sugiere en parte el enigmático silogismo de Bateson con que se abre el texto. Somos lo que hacemos, y no tanto una esencia ideal que imaginamos ser.

Por otro, y este segundo aspecto es más relevante en el presente argumento, este devenir siempre será un devenir-con: nos componemos con otros seres, con otras cosas, – y lo hacemos en un medio o una situación concreta –, para producir el mundo; para hacer worlding como dice Donna Haraway.

No existimos en un vacío ideal, ajenos a los que nos rodea, sino que es con estos otros seres – humanos y no humanos dice Haraway -, con estos artefactos que fabricamos o que empleamos, con las estructuras y entornos de los que formamos parte, con los que nos construimos a nosotros mismos y construimos el mundo que habitamos. Para los arquitectos/as, el término habitar – también en su acepción técnico-filosófica – expresa algo parecido: plantea que no somos tanto usuarios de un medio, de la ciudad, o de un edificio, como habitantes de ese medio: el medio nos afecta y nosotros a su vez contribuimos a constituirlo de muchas maneras; algo así es a lo que llaman estos autores un devenir común.
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Devenires digitales o devenires cíborg

Algunos ejemplos: Uno de los clásicos de Deleuze-Guattari sobre esta idea de los devenires-con– para la producción del mundo, es el del agenciamiento o composición hombre-caballo-montura-arco – en el espacio de la estepa – que contribuye de manera decisiva a la emergencia del imperio mongol en el siglo XIII, que arrasa Asia llegando hasta las fronteras de Europa – literalmente la producción de un nuevo mundo. Sigue leyendo Sobre el «devenir digital» de las universidades; nuevos comentarios

Algunos comentarios sobre Staying with the Trouble / Seguir con el problema de Donna Haraway

Imagen: “portada” del vídeo en YT de la conversación del 27/05/20 de Donna Haraway con Helen Torres sobre su libro Staying with the Trouble. Making Kin in the Cththulucene [https://www.youtube.com/watch?v=DR_4zWBtRW0]

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Recupero una reseña de 2017 que creo que no se leyó demasiado, y que formaba parte de un post más largo, sobre el libro de Donna Haraway que se ha traducido recientemente al español / castellano. Ayer vi una estupenda conversación on line de la autora con Helen Torres, organizada por consonni, la editorial que ha publicado la traducción, y que me hizo recordar este texto.

José Pérez de Lama

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Staying with the Trouble

El libro de Donna Haraway […] Staying with the Trouble podría decirse que trata también sobre la vida contemporánea, pero lo hace desde la perspectiva de la filosofía, la ecología, las tecnologías, la política, al arte y el feminismo. Uno de los nexos en común sería su preocupación con como vivir en un mundo precarizado y herido; recuperación, resistencia, staying with the trouble – en lugar de dedicarse a pensar utopías futuras -, making kin, becoming-with – componerse afectivamente con el mundo, con las máquinas, con otros seres vivos… – serían algunas de las pistas que nos propone…

De momento citaré un par de párrafos, para sugerir el mundo de pensamiento que nos plantea Haraway. Espero hacer más adelante otras reseñas o escritos más largos sobre el tema.

String figures

String figures es una de las metáforas principales que usa Haraway para describir los trabajos de relación que plantea. String figures serían las figuras que se hacen con hilos jugando con las manos, que según explica constituyen una práctica común en muchas culturas tradicionales. En la cultura angloamericana se llaman también cat’s cradle, el título de una de las mejores novelas de Kurt Vonnegut curiosamente. En español castellano parece que recibe diferentes nombres como jugar a las cunitas, la hamaca, al hilo, al cordel (http://www.cuadernointercultural.com/string-figures/). De momento lo dejo sin traducir.

“Las string figures son como historias; proponen y actualizan patrones para que los participantes los habiten, de alguna manera, en una tierra vulnerable y herida. Mis narraciones multiespecie tratan sobre la recuperación, en complejas historias que están llenas de murientes y vivientes (dying and living), que están tan llenas de finales, incluso de genocidios, como de principios. A la vista del históricamente implacable excedente (surplus) de sufrimiento  que padecen los anudamientos de especies compañeras (companion species), no estoy tan interesada en la reconciliación o en la restauración, sino que estoy profundamente comprometida con las más modestas posibilidades de la recuperación parcial y el poder sobrevivir juntos. Llamémoslo staying with the trouble (permanecer en las turbulencias, sobrevivir con los problemas [1]). Y así, busco historias reales que son también fabulaciones especulativas y realismos especulativos. Son historias en las que participantes de múltiples especies, enredados en traducciones parciales y fallidas a través de la diferencia, rehacen formas de vivir y morir adaptadas a florecimientos finitos aún posibles, a recuperaciones aún posibles.” [2016, p. 10] Sigue leyendo Algunos comentarios sobre Staying with the Trouble / Seguir con el problema de Donna Haraway

Pararse a pensar___ pero es que no tenemos tiempo…


Imagen: techo de una de las salas de la torre en que se retiró Michel de Montaigne durante 10 años, — para leer, pensar y escribir sobre la vida y sobre los tiempos turbulentos que le tocaron vivir. En las vigas mandó inscribir máximas clásicas preferidas, con lo que el espacio era como una especie de cuaderno de ejercicios o de meditación por el que se podía deambular físicamente. Aunque supongo que si andas demasiado tiempo mirando al techo ¡te puedes caer fácilmente! Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Librairie_Montaigne2.jpg

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Pararse a pensar. Sobre la conveniencia de algo así como un «tiempo muerto» global

José Pérez de Lama

Para los que más o menos nos creemos lo del cambio climático y que creemos también, más en general, que el capitalismo nos lleva a todos – o a casi todos – por un camino de precarización de la vida y de violencia sobre tantas personas y cosas, la idea de «volver con urgencia a la normalidad» nos produce más espanto que entusiasmo.

Personalmente, estoy muy convencido de que lo que necesitaríamos más bien sería parar. Parar para tratar de pensar tranquilamente, para pensar y organizar cómo hacer que todo esto funcione de otra manera. O formulado de otra manera: si con los medios y recursos que tenemos como civilización podríamos estar haciéndolo mucho mejor ¿no deberíamos hacer algo diferente que seguir corriendo y corriendo, sin tempo para ninguna otra cosa?

Algo parecido a estos del COVID-19, pero que durase 7 o 10 años; saliendo a la calle y encontrándonos, eso sí. Como un «tiempo muerto» de algunos deportes, un time-out.

Una cita atribuida a Adorno que me gusta últimamente:

That something should be done is a belief held by everyone nowadays; what is found to be ‘problematic’ is when someone decides not to do anything for once, but to retreat from the dominant realm of practical activity in order to think about something essential.

Mencionada en Twitter por @samantharhill 9/1/2020 __ Diría en español, aproximadamente: «Que algo debe ser hecho es algo que creemos todos hoy en día [y lo escribiría en la década de 1960 quizás…]; lo que se suele considerar problemático es que alguien decida por una vez no hacer nada, y retirarse del ambiente dominante de la actividad práctica para pensar sobre algo esencial».

El célebre Michel de Montaigne, como es bastante conocido, se retiró a una torre de su castillo en donde estuvo estudiando y escribiendo durante unos diez años. Eran tiempos de violentas guerras de religión en Francia, y el prefirió apartarse de aquella. Dejó el parlamento en París donde tenía algún cargo y se refugió en su castillo alejado de la capital. Pensaba en aquel momento que iba a ser algo definitivo pero a los diez años volvió al mundo, incluso a la corte en París. Durante estos años escribió sus Ensayos, por los cuales pasó a la historia del pensamiento y de la literatura, como personalidad renacentista, entre el estoicismo y el epicureísmo… Sigue leyendo Pararse a pensar___ pero es que no tenemos tiempo…

¿Universidad on line? ¿Sin infraestructuras públicas y democráticas?


Imagen: Hardware de una servidora autónoma y feminista. Fuente: https://labekka.red/servidoras-feministas/
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¿Universidad on line? ¿Sin infraestructuras públicas y democráticas?

José Pérez de Lama

Con esto de la pandemia y el confinamiento se han reactivado diversos debates como son el de la digitalización de la vida, el trabajo… incluida su pretendida contrapartida de la creciente vigilancia permanente y ubicua. Y también el debate más particular de la enseñanza y el aprendizaje on line (en cuanto a éste me referiré aquí exclusivamente al ámbito universitario porque es en el que trabajo habitualmente).

Esto que empecé como una nota rápida se ha convertido en una cosa algo más larga. Está compuesta de dos partes; la primera sobre el capitalismo digital y las alternativas de colaborar con mayor o menos entusiasmo o de resistirse; la segunda, sobre la digitalización de la Universidad y las clases on line (al hilo de ciertas propuestas del ministro Castells), y la necesidad de construcción de infraestructuras de comunicación y gestión de la información públicas y democráticas

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1a parte: Todos vigilados y cuidados por «machines of loving grace»

Sobre el primero de los debates, el de la digitalización de la vida y del trabajo y de todo, Naomi Klein [ver referencia más abajo] escribía recientemente que durante estas semanas de pandemia las grandes tecnológicas han logrado revertir la percepción social que se venía haciendo cada vez más crítica – con casos como el de Cambridge Analytica, o el deterioro catastrófico de la esfera pública con las fake news, la crispación, etc, etc. Durante estas semanas han logrado presentarse como las salvadoras de la continuidad de la vida – con las videoconferencias para que hablen abuelas y nietos, la posibilidad de continuar – aunque precariamente dirán algunos – con las clases de las escuelas y con el teletrabajo, – y para muchos, también, con la posibilidad de seguir consumiendo vía Amazon y similares.

Muchas de estas cosas son formidables, por supuesto, pero para valorarlas sin que sea de una manera demasiado ingenua conviene contemplar la trayectoria de las últimas décadas de las empresas que nos prestan o venden estos servicios, el tipo de sociedades que generan, los agentes implicados, las relaciones de poder y económicas que están produciendo, y la vida en general que están contribuyendo a producir. Personalmente, cuando pienso que los que organizan estas máquinas de loving grace que supuestamente nos cuidan a la vez que nos vigilan, a los que nos entregamos entre el entusiasmo y la docilidad, son personajes que se mueven como Pedro por su casa entre el Pentágono, Wall Street y la Casa Blanca [ver los escritos de Klein, Morozov o Assange, por ejemplo], la cosa me da bastante «yuyu»… Algunas recomendaciones más adelante para profundizar en el asunto que aquí he enunciado tan superficialmente. Sigamos. Sigue leyendo ¿Universidad on line? ¿Sin infraestructuras públicas y democráticas?

Pessoa: No hay poniente tan bello que no pudiese serlo más

Una de las imágenes características de FP, quizás sobre los años 30, con traje, gabardina (en esta ocasión al brazo) y sombrero, andando por las calles de Lisboa. Tengo que buscar el autor…

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Fernando Pessoa, 1913-1935, El libro del desasosiego de Bernardo Soares; traducción y edición de Ángel Crespo [1984… 2017 decimocuarta impresión], Seix Barral, Barcelona

Nota introductoria y selección de JPL

Durante años me resistí a leer este libro: bastante tiene uno con sus propios líos para leerse un libro sobre los desasosiegos de un poeta. Pero no hace tanto lo vi en una librería cerca de casa y lo compré y leí algunas decenas de páginas que me gustaron; y ahora lo he vuelto a retomar. Este es uno de los primeros capítulos en la edición de Ángel Crespo — que según explica sitúan un poco al personaje, a este Bernardo Soares, que parece que sería «el autor» del libro, medio heterónimo de Pessoa, un hombre solitario de unos 30 y tantos, que cena sólo cada día en un modesto restaurante en un entresuelo en la — famosa para los pessoanos — calle de los Douradores… que tiene un trabajo como agente comercial, como el propio Pessoa, y que «solía gastar las noches, en su cuatro alquilado, escribiendo».

Cuando leí hace un par de días estos párrafos que a continuación reproduzco solté unas cuantas carcajadas sonoras. Me pareció una especie de parodia — ¡Qué se puede esperar de alguien que inventa múltiples heterónimos y que escribe «el poeta es un fingidor, finge tanto, que finge etc». Ahora, al copiarlos, me entraron más dudas.

La parte sobre la escritura me gusta mucho en cualquier caso. Espero que una y otra parte os diviertan y os gusten también a los que lo leáis por aquí. Salud y aire.

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2 (Trecho inicial) — fragmento del Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa; p. 21 y siguientes de la edición arriba indicada

He nacido en un tiempo en que la mayoría de los jóvenes habían perdido la creencia en Dios, por la misma razón que su mayores la habían tenido: sin saber por qué. Y entonces, porque el espíritu humano tiende naturalmente a criticar porque siente, y no porque piensa, la mayoría de los jóvenes ha escogido a la Humanidad como sucedáneo de Dios. Pertenezco, sin embargo, a la especie de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son, sino también sino también los grandes espacios que hay al lado. Por eso no he abandonado a Dios tan ampliamente como ellos ni he aceptado nunca la Humanidad. He considerado que Dios, siendo improbable, podría ser; pudiendo, pues, ser adorado; pero que la Humanidad, siendo una mera idea biológica, y significando nada más que la especie animal humana, no era más digna de adoración que cualquier otra especie animal. Este culto de la Humanidad, con sus ritos de la Libertad y la Igualdad, me ha parecido siempre una resurrección de los cultos antiguos, en que los animales eran como dioses, o los dioses tenían cabezas de animales. Sigue leyendo Pessoa: No hay poniente tan bello que no pudiese serlo más

Una buena película es una película libre. Sobre capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

Imagen: John Cassavetes explicando cómo hacer una buena película; captura del vídeo Faire un bon film selon John Cassavetes de 1965. Curiosamente, sólo soy capaz de encontrarlo en la red social fb.

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«Una buena película es una película libre». Sobre el capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

José Pérez de Lama

Estos días ando entre preocupado y enfadado por el debate – que algún periodista dice que ya no existe – sobre si queremos o no una aplicación de móviles que nos rastree cuando nos movemos por la ciudad, que recoja si nos hubiésemos contagiado o si ya nos hubiéramos curado, y que rastree con quién nos encontramos o nos cruzamos en el transporte público o el trabajo, intercambiando información automáticamente con otros usuarios, y quizás, en ocasiones dicen, también con alguna instancia centralizada del sistema, etc. – de momento en relación con el Coronavirus y la epidemia. Pero, ¿quién sabe para qué pensarán que sería razonable usar algo así en el futuro…? Sigue leyendo Una buena película es una película libre. Sobre capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

Covid-1984: un extracto de la conversación entre Shoshana Zuboff y Renata Ávila sobre el capitalismo de la vigilancia

Imágenes de Shoshana Zuboff durante su conversación con Renata Ávila el pasado 18 de abril de 2020 en Diem25 Tv

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Selección y traducción José Pérez de Lama

El pasado sábado 18 de abril (2020) organizada por Diem25 TV tuvo lugar una interesante conversación entre Shoshana Zuboff (profesora de Economía de Harvard y autora del libro The Age of Surveillance Capitalism, 2019) y Renata Ávila, activista global por los derechos digitales, también parte de la red de apoyo a Julian Assange, conversación en que la trataron sobre el capitalismo digital en tiempos del Coronavirus, y más indirectamente sobre los proyectos de apps para el seguimiento de ciudadanos en relación con los contagios. La conversación fue de un gran interés y la recomiendo entera; con una marcada visión crítica, pero también propositiva (enlace al vídeo completo al final del post).

Pero como ando bastante enfadado con los defensores de la Covid-surveillance-app y la supuesta ineluctabilidad de la vigilancia cuasi total en nuestro futuro inmediato – ¡oh, la servidumbre voluntaria! – pues me animé a traducir y reproducir aquí los primeros minutos de la intervención de Zuboff que me dejaron muy admirado por la claridad y rotundidad de su punto de vista, con el que me identifico mucho.

La transcripción empieza en el minuto 38 del vídeo que se encuentra actualmente online — ahora mismo hay media hora sin acción, seguida de la presentación de Renata Ávila; seguida por la primera intervención de Shoshana Zuboff que se reproduce a continuación:

[min 38:18]
Quiero empezar con Orwell, si puede ser…
Una de las títulos de esta sesión es Covid-1984…
¡Qué titulo más brillante!

Entonces, Orwell está aquí con nosotros,
está por todos lados en nuestras mentes…

Pero quiero empezar con Orwell de una manera diferente,
no con 1984.
Sabéis que cuando escribió 1984
no era porque esperaba que 1984, aquella pesadilla
fuera a producirse… [*]
Era porque estaba dispuesto, literalmente, a sacrificar su propia vida…
— saben que pasó aquellos últimos años, cuando estaba escribiendo 1984
en las isla Hébridas
en una pequeña casa que no tenía calefacción
y tenía tuberculosis
y estaba cada vez peor
y tenía otros trabajos que entregar —
y literalmente sacrificó su vida para acabar este trabajo.
¿Por qué lo hizo?
Porque quería lanzar una llamada de atención…
al mundo, a Inglaterra, a Europea, a todo el mundo,
una llamada de advertencia,
diciendo, “Esto es lo que puede pasar,
si dejamos de prestar atención,
si no estamos movilizados.”
Era en un cierto sentido el negativo
de la foto del futuro
que el deseaba.

En otros ensayos que Orwell escribió —
era un escritor prolífico,
así era como se ganaba la vida –.
Mi texto favorito de entre todos los suyos
Era una poco disimulada reseña de un libro
titulado The Managerial Revolution (La revolución de la gestión o la organización),
escrito por un individuo llamado James Burnham.
[40:23] Este libro, entonces, había sido originalmente escrito en 1940…
Y aquí encontramos a Orwell en uno de sus mejores momentos
Despellejando a James Burnham.
Puro desprecio…
por el despreciable autor y sus despreciables conclusiones.
¿Por qué?
Porque Jame Bunrham se fijó en el Tercer Reich
y quedó impresionado con las capacidades administrativas del Tercer Reich …
al fin y al cabo estaban administrando el asesinato
dentro de sus propias fronteras …
como más adelante lo haría por toda Europa.
James Burnham estaba tan impresionado con sus capacidades organizativas (managerial)
que predijo, “¡Por supuesto, los alemanes van a ganar esta guerra!”
Porque tenían capacidades organizativas superiores.

Pero luego, unos cuantos años después,
publicó una nueva edición.
Y en la nueva edición los Aliados
habían empezado a mostrar su fuerza …
Y entonces, ¿qué pensáis que hizo Burnham?
Pues cambio su interpretación completamente.
Ahora decía que los Aliados eran los que probablemente ganarían.

[41:40] Bueno, Orwell vio esto y dijo,
“James Burnham es mi definición de cobardía.”
Es un cobarde.
Y lo que lo hace un cobarde es que agacha la cabeza (bows down)
ante cualquiera que sean las fuerzas que estén dominando en el momento,
y se rinde exageradamente a estas fuerzas [And he exceeds to those forces]
y traza una línea recta
del presente al futuro,
como si el futuro estuviera ya determinado
por quien quiera que sea el más fuerte en el momento,
o el que le parece que sea el más fuerte en el momento.
Esto es cobardía.
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Entonces, os planteo esta noche,
que estáis leyendo textos, editoriales, artículos de prensa …
todos los días …
que son cobardes.

[42:21] Porque lo que están haciendo es observar
el poder de la empresas tecnológicas,
el poder del imperio del capitalismo de la vigilancia,
cada vez más, oportunistamente, aliados,
no sólo con gobiernos autoritarios
sino también con los velados anhelos autoritarios
de gobiernos elegidos democráticamente.
Y vemos a escritores y observadores
mirando a estos grandes poderes
y rindiéndoles pleitesía,
diciendo “Esto va a ser el futuro …
esto va ser el futuro después del COVID-19 …
después del COVID-19 todo va a ser diferente.
Va a haber bio-vigilancia,
vigilancia completa,
todos nos habremos entregado
para ser objetos de seguimiento permanente y total …
y todo lo demás.

Yo digo
que eso es ser cobardes.
Por la misma razón que Orwell lo decía.

Porque no podemos conocer el futuro.

Pero si que podemos saber esto:
hay un factor decisivo que determina el futuro.
¿Sabéis cuál es?
Es cada uno de vosotros que nos está escuchando ahora mismo;
y es toda la gente que nos estará escuchando más adelante.
Y son todas las conversaciones que vais a tener con vuestros amigos.
Y los grupos de discusión que vamos a poner en marcha en vuestras comunidades.
Y son las cosas que vais a escribir; son los blogs y los posts y los vídeos que vais a hacer
y las conversaciones que vais a tener en la esfera pública y en vuestra esfera local.
!Eso! Lo que vosotros hagáis, lo que nosotros hagamos, si nos movilizamos o no, — eso es lo que determinará el futuro.
Y hasta que no sepamos esa historia, nadie puede saber lo que va a pasar en el futuro.
Depende de nosotros.
Así es como quiero empezar [esta conversación].
[45:02]

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[*] Aquí creo que hay diferentes interpretaciones, y siendo una dvertencia contra los totalitarismos en general, no es difícil identificar en la historia rasgos del comunismo de la URSS con Stalin con el que Orwell había tenido algunas experiencias en la guerra española. Sobre esto, acabo de encontrar un texto de Thomas Pynchon que siempre será curioso… https://elpais.com/diario/2003/06/21/babelia/1056152350_850215.html

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Vídeo:

20 años desde la fundación de Indymedia y no vamos ganando…

Indymedia: 1 – GAFAM: 42. (1999-2020)
20 años desde la fundación de Indymedia y no vamos ganando…

José Pérez de Lama, aka osfa

Anda estos días Tim Berners-Lee promoviendo lo que llama un nuevo contrato [social] para la Web. ¿Qué está pasando para que al «inventor de la Web» se le ocurra ahora plantear un asunto así? Pues ocurre algo que, aunque a Millennials, Generación Z, quincemayistas, pedros-sánchez y jóvenes varios pueda «sonarle a chino», muchos y muchas de los que participamos en la construcción de los primeros diez o quince años de la Web sí que entenderemos.

Tal vez, una de las (pocas) cosas buenas de tener ahora más de cuarenta años de edad, – y habiendo estado atento al mundo de la cultura digital durante las últimas décadas –, es la de haber conocido de primera mano un proceso de cambio tecnológico bastante radical, comparable al que pudo haber sido la aparición de la máquina de vapor a finales del XVIII y principios del XIX. Durante aquellos años de la emergencia de la Web parecía que había un mundo nuevo lleno de nuevas posibilidades y oportunidades. Aunque más adelante también pudimos ir viendo cómo se hacían realidad algunas de las opciones, hasta llegar a convertirse en «monstruosas», y cómo otras se quedaban en nada, como si hubieran sido abortadas. Todo aquello que observábamos y que en parte nos pasaba se parecía un poco a cuando se lee un libro de historia o una novela de ciencia ficción, pero estando ahí en medio de todo, aunque fuera como protagonistas secundarios – o, a lo peor, como figurantes… o como espectadores de gallinero.

Pudimos ver cómo el período culminó hacia mediados de la década de 2000 con el triunfo de las lógicas capitalistas que hicieron suyas todas las virtualidades y oportunidades que habíamos podido vislumbrar; usándolas, incluso, como medio para volver a insuflar los decaídos espíritus animales del capitalismo a un nuevo ciclo aún más intenso; que eso parece ser lo que ahora vivimos; – o, más bien, padecemos.

Indymedia, –estos días recién hicieron veinte años de su aparición fulgurante (diciembre de 1999 en Seattle) y de ahí la presente reflexión–, representaba algunos aspectos de aquella Web (1.0 la llamaron en algún momento) que muchos de aquella generación imaginamos: ¿abierta?, ¿descentralizada?, ¿democrática?, ¿liberadora?, ¿emancipadora? Algunos o algunos lo recordaremos, y otros, la mayoría, no tendrán idea de qué fue aquello; 20 años son muchos años… e incluso a los que estuvimos allí creo que a veces nos parece más un espejismo que algo «real». De forma muy sintética, Indymedia era una red de redes – se decía así también de Internet entonces –, distribuidas globalmente para producir información independiente, bottom-up, etc. pero que en su proceso de desarrollo o de «emergencia» se constituyó también en una red de lo que algunos llamábamos «producción biopolítica», esto es, de producción de otras formas de vida, relaciones sociales y de poder, subjetividades y esas cosas… Cabe señalar algo más que hoy resulta bastante sorprendente: que Indymedia en aquel momento era de las cosas más avanzadas, la vanguardia conceptual y tecnológica de Internet. Durante algunos, pocos años, el software libre, la proliferación de la cooperación y lo que se llamó la «ética hacker», las «contracumbres» y los foros sociales mundiales, la globalización de la comunicación y las luchas, la prosperidad pre-crisis… a muchos nos parecía que algo de verdad diferente estaba (casi) a punto de ocurrir…

20 años después, tristemente, el escenario es bien diferente. La crisis, la austeridad y el disciplinamiento asociado, por un lado, y el éxito arrasador del capitalismo digital, por el otro, hacen que lo de aquellos años nos parezca hoy más un sueño, o un espejismo, como decíamos, que otra cosa. Entre las muchas descripciones de la situación actual, la del Stack de Benjamin Bratton (2015), me parece que es una de las más acertadas: una nueva hegemonía planetaria que tiene entre sus pilares fundamentales los grandes proyectos tecnológicos de control social y de extracción del valor de la cooperación. El subtítulo del libro de Bratton es precisamente «software y soberanía». El equipo que representarían los Berners-Lee, Stallman, Swartz, Indymedia, Wikipedia y tantos otros sufrimos una derrota estrepitosa… Y aún cabe preguntarse, incluso, si los activistas del software libre, la cooperación sin mando y las redes descentralizadas, en realidad, sólo estábamos «haciendo la cama» al capitalismo digital. O si, por el contrario, aquello constituía verdaderamente una alternativa truncada, malograda, que fue capturada o comprada, o lo que fuera, por los que ahora tienen la sartén por el mango (de la nube).

Esta es la pregunta que planteaba Franco Berardi Bifo, tan buen amigo de Indymedia, en su libro Futurabilidad (2017): en cualquier presente existen múltiples futuros posibles; la potencia sería la energía subjetiva que despliega las diferentes posibilidades y hace que sucedan unas u otras, lo que convertiría lo posible-virtual en actual; el poder serían “las selecciones (y las exclusiones) que están implícitas en la estructura del presente, la selección y la ejecución de una de las posibilidades, y simultáneamente la invisibilización (y la exclusión) de las otras muchas posibilidades”.

Llegados al 2020, podría decirse que en este juego tecnopolítico de las tres «Ps», – posibilidad, potencia y poder –, el equipo GAFAM, o como lo prefiramos llamar, está arrasando al equipo de Berners-Lee, Indymedia y «hippies» varios. A ver cómo se da la década que ahora comienza. ¡Salud y convivencialidad!

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* GAFAM, para los no familiarizados, es el acrónimo por el que se refiere en ocasiones al cuasi-monopolio de las 5 grandes tecnológicas.

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Franco Berardi Bifo, Futurability. The Age of Impotence and the Horizon of Possibility, Verso, Londres Nueva York

Tim Berners-Lee et al, 2020, Contract for the Web. A global plan of action to make our online world safe and empowering for everyone, https://contractfortheweb.org/

Benjamin Bratton, 2015, The Stack. On Software and Sovereignty, The MIT Press. Software Studies Series, Cambridge