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Reseña de «Attack Surface» de Cory Doctorow


Imagen: pequeña colección de hardcovers de Doctorows

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Reseña: «Attack Surface» de Cory Doctorow – ¡Sería tan buena lectura para lxs fanboys y gals de la TransiDigital!

Por José Pérez de Lama

Advertencia: Quizás alguien pueda considerar que se produce algo spoiler… Creo que no demasiado…

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Breve intro al trabajo de Cory Doctorow

Estos días leí con mucho interés la nueva de Cory Doctorow, Attack Surface (2020). Tardé en encargarla porque no quería hacerlo a través del monopolio, y me dio pereza pedir un solo libro desde EEUU al «artefacto» que había montado Doctorow para poder encargar la novela directamente. Tras un para de intentos, finalmente di con los viejos amigos de Traficantes de Sueños que están estudiando organizar este servicio de manera un poco sistemática: funcionó muy bien, tengo que decir, con un pequeño pack de libros no demasiado raros, de temas entre el pensamiento y la ciencia ficción.

No soy un lector desde el inicio de Doctorow — aún no leí la mítica Little Brother –, sino que empecé a leerlo en 2009 cuando publicó una de las primeras novelas sobre fabricación digital tras la emergencia de los fab labs y el movimiento maker. Había novelas anteriores, — The Diamond Age de Neal Stephenson (1995) unas de mis preferidas –, pero esta era muy realista; se titulaba precisamente Makers. Interesante, pero no llegó a apasionarme. Luego leí Walkaway (2017), que tiene partes muy interesantes sobre arquitectura y fabricación digital y repositorios tipo software libre y general intellect y cooperación de software-hardware-redes-comunidades humanas. Este año la íbamos a usar en clase, pero me atranqué un poco traduciendo y no llegamos a hacerlo. Espero que el año que viene pueda ser.

Finalmente, me hice seguidor de Doctorow en Tuiter, donde sin demasiadas estridencia tiene una presencia interesante, curiosamente con cosas bastante peculiares sobre arquitectura de finales del XIX y principios del siglo XX algo al margen de la Modernidad. Un texto suyo sobre economía política de lo digital de este año pandémico – How to Destroy Surveillance Capitalism (2021) – me ha parecido lo más destacado en la pugna intelectual [?] por entender y explicar de qué va la economía digital, en la que creo que ha aventajado a otros como Zuboff o Morozov, de alguna manera, desmitificando la diferencia y novedad histórica de la dimensión económica de lo digital… Pero comentar bien eso sería otro texto que tal vez haga en algún momento. Este último tarbajo  es el que quizás me convenció que hay que leer con mucha atención a Doctorow.

Attack Surface: cíber-guerra y resistencia ciudadana

Attack Surface, entonces. La leí en tres o cuatro tardes-noches, 370 páginas de letra más bien pequeñita; para mí quiere decir que tiene buen ritmo y es de fácil lectura – con la virtud de que no adquiere el ritmo adictivo de ciertas novelas negras o similares que me obligan a dejar de dormir y acabarlas en una sola noche.

La llamaría una novela de tesis, en la que el autor o sus personajes, nos cuentan, o en ocasiones lo hacen hablando entre sí, cosas sobre cíber-seguridad, cíber-espionaje y cíber-guerra y sobre las tecnopolíticas de la ciudadanía, o más bien de los movimientos sociales, tratando actuar en este mundo  y de defenderse en lo posible — un campo, el segundo, en el que me he movido muy activamente y he estudiado durante algún tiempo, y en el que comparto algunas de las experiencias que se describen.

Dedicada a Chelsea Manning, Edward Snowden…

El personaje principal, es Masha Maximow, una hacker que ha trabajado durante unas dos década para cyberwar contractors, empresas contratistas mercenarias que trabajan bien para el gobierno o el ejército norteamericano, por ejemplo, en la Guerra de Irak, o para otros gobiernos desarrollando e implementando herramientas digitales de espionaje y de guerra digital,  por ejemplo, en revoluciones naranjas, o finalmente, para las policías varias, para controlar a la propia ciudadanía no sumisa, por ejemplo, en casos como el del movimiento BLM (Black Lives Matter) en los Estados Unidos – o sus descendientes en la ficción que aparecen en Sufrace Attack. Masha es un trasunto de Edward Snowden o Chelsea Manning – otros personajes en la novela nos pueden recordar a Julian Assange. La novela está efectivamente dedicada a Manning, Snowden y otros héroes digitales recientes que no conocía, así como a la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, asesinada, según parece, por su trabajo de investigación sobre la corrupción y los llamados Papeles de Panamá.

La historia de Masha, como decía, se extiende desde los primeros años de siglo. Empieza cuando es una preadolescente de origen ruso — como Doctorow — inadaptada pero con un talento especial con lo ordenadores que es fichada por una agencia del gobierno estadounidenses para luchar contra el terrorismo tras un atentado similar al de las Torres Gemelas pero en San Francisco — todo esto es lo que ocurre en la primera novela de la serie, Little Brother, donde parece ser que Masha está del lado de los espías — como decía aún no la leí — pero se rememora en Surface Attack.

Not such smooth operators

A continuación pasa, ya con un contratista privado – war contractor – a la guerra de Irak – su jefa en la agencia del gobierno, también pasó con ella a la nueva empresa, lo que les permite hacer las cosas que como parte del gobierno eran difíciles de hacer por los controles y garantías propios de una administración pública – además de ganar extraordinariamente más dinero. Allí se dedican ya directamente a la cíber-guerra – el trabajo específico de Masha tiene más que ver con entender las redes enemigas a través de la infiltración en sus sistemas de comunicación de todo tipo, de manera destacada las redes telefónicas. Aunque Masha no está directamente implicada en cosas como las ejecuciones selectivas, uno no deja de recordar los vídeos de WikiLeaks con los drones manejados remotamente por soldados o quizás war-contractors disparando a los civiles en algún pueblo polvoriento de Irak, «ratatatata, ratatata…» la ametralladora del dron cargándose a irakíes que trataban de huir sin saber del todo de dónde venían los disparos. La primera vez que vi uno de estos vídeos — que se siguen encontrando en Youtube buscando sólo un poco –, el ritornelo del «ratata» me persiguió durante días, el horror en que se había convertido el mundo lo digital que con tanto entusiasmo había abrazado durante unos pocos años… El final del episodio de Irak: Masha es ascendida por su discreción en relación con algunos descubrimientos del funcionamiento de los militares estadounidense en la guerra. La descripción de la semana de vacaciones en la Green Zone de Baghdad, la zona prohibida de la capital de Irak controlada por Estados Unidos durante la guerra es de lo mejor de la novela — aunque son unas pocas páginas. Me dieron ganas de releer las que le dedica Naomi Klein en su Shock Doctrine para comparar. Habría sin duda una novela ballardiana que escribir sobre esta ciudad temporal.

En siguiente episodio de la historia, en México, Masha se convierte, por alguna razón que no queda demasiado clara, en receptora de paquetes de información ultra-confidencial de personajes varios que empiezan a horrorizarse de las cosas que están haciendo en esta nueva forma de guerra. No está muy claro, la verdad, por qué es Masha la persona a la que algunos confían esta información. Pero ella la acepta, porque sintoniza con sus propios sentimientos ambivalentes y a la vez, le da una cierta protección contra sus jefes. La jefas directas, por cierto, siempre son mujeres – que para ciertos lectores – como el que suscribe – aparecen como psicópatas, que no habrían sido particularmente enfermas o perversas. quizás, en otras posiciones laborales, pero que en las «empresas» en que están sí que se son peligrosas para la gente que no es sumisa con los que las contratan: ya sean rebeldes irakíes, ya activistas de los considerados «antisistema». Narrativamente, México tiene poca entidad: más aislamiento de la vida de la gente normal, las burbujas globales, las fiestas para descomprimir… Más Ballard, aunque tan sólo apuntado…

Saboteando «revoluciones naranja»

El tercer momento es, ya con otra empresa de la competencia, en Slovstakia, un país imaginario del entorno post-soviético, en el que está sucediendo una «revolución naranja», en la que Masha trabaja para el gobierno autoritario, montando dispositivos y redes para espiar y atacar digitalmente los movimientos ciudadanos, pero a la vez, se ha hecho amiga de un grupo de jóvenes que forman parte del movimiento y a los que trata de ayudar discretamente con estrategias de seguridad digital para protegerlos con la mano izquierda, podría decirse, de lo que está haciendo para el gobierno con su mano derecha. Su nueva jefa es una antigua agente de la Stasi, convertida en ejecutiva del capitalismo de la vigilancia — que algo maliciosamente nos hace recordar a la señora Merkel. La relación condescendiente de los war contractors y la protagonista-hacker-tech-sis con el gobierno del país poco desarrollado, nos sugiere situaciones de colonialismo tecnológico por desgracia demasiado familiares. Hm.

Lo de trabajar para el gobierno autoritario y a la vez ser amiga de los más entrañables rebeldes, previsiblemente, le genera contradicciones, — o más bien, intensifica las contradicciones que venía arrastrando, y que sólo la autofascinación por el virtuosismo con el software, las máquinas y los datos, la híperactividad, la vaga idea de estar con los buenos – tal vez en el lado bueno de la historia como se dice últimamente – y, por supuesto, estar inundada de pasta,  habían hecho hasta entonces que no prestara  suficiente atención a esos conflictos, para poder seguir. Una situación tan familiar, que no hace falta ser war-contractor para entenderla… Me hizo recordar a un amigo profesor de ingeniería informática, un tech bro, lo llamaría quizás Doctorow,  a quien una vez le conté que había leído un libro estupendo sobre ética e ingeniería informática y que me gustaría mucho que lo leyera, a lo que me contestó, «¡ah, es que no tengo tiempo para leer ese tipo de cosas!» — El libro, por cierto, lo sigo recomendando, una muy buena intro a la ética en general y a estas cosas más en particular: Ermann & Schauf, 2003. Y mi amigo seguro que habrá leído cosas pertinentes — ¡pero me regaló la anecdota!

Espiando y manipulando, finalmente, a vecinos y colegas…

El episodio final, sucede de vuelta en la Bahía de San Francisco, donde sus dos empresas – unas pseudo Palantir [Waldman et al 2018s]– compiten por un mega-contrato de los departamentos de policía locales – Oakland Y SF),  para aplicar «en casa» las tecnologías desarrolladas en Irak y países «poco civilizados» como Slovstakia. Y resulta que los que se oponen, una composición de post BLM y hackitivistas varios, son los amigos de la infancia y pre-adolescencia de Masha, por lo que el conflicto final está servido. Lo dejaremos en estas descripciones  generales para no hacer excesivo spoiler.

Del Internet «guai» a la era e la vídeo-vigilancia y la mercantilización

El recorrido es interesante, desde los primeros 2000 a la actualidad, o quizás algunos, muy pocos, años en el futuro, porque refleja la experiencia del propio Doctorow, de gente de mi edad que hemos estado implicado en Internet y movimientos sociales durante este período. Doctorow es nacido en 1971, yo soy un poco más viejo, — pero como decía tal vez Rheingold, ¿o era Sterling? –, el futuro no aterriza en todas partes al mismo tiempo. – [nota: sugeriría si alguien estuviera interesado en mi versión del asunto, mi propio texto: xxxx] Del entusiasmo hackitivista por la autonomía tecnológica, y de la esperanaza en las nuevas oportunidades y libertades que iban a hacer posible Internet y los ordenadores personales, al relativo pesimismo de la actual dominación de los entornos digitales por los grandes monopolios y la cíberguerra. [nota: Google, Amazon & Masha…]…

Me gusta, y es sin duda una muestra del buen oficio literario del autor, cómo los tres o cuatro momentos en que sucede la historia, – a través de los cuales Masha, la protagonista, va descubriendo cosas del mundo y de si misma, se va haciendo preguntas, se va transformando –, no se presentan sucesivamente, sino que se va saltando de uno a otro, de un párrafo al siguiente, sin dejar de funcionar muy bien para el lector, generando el efecto, al menos eso me pareció a mí, de que estas diferentes Mashas estuvieran conversando una con otra: la madura y más experimentada con las otras más jóvenes, pero también la calculadora y fascinada por su trabajo y orgullosa de su autonomía, con la que duda, con la que ve cosas que también le fascinan en sus amigas activistas, generosas, dotadas de otros talentos que ella, sólo poco a poco, empieza a descubrir y valorrar.

Los conflictos que nos presenta Surface Attack

El conflicto central, o eso me pareció, sería el de por qué estos hackers se ponen del lado de los «malos» – en este caso del espionaje y la guerra – más o menos «sorda» – en guerra contra otros países como Irak, contar el «terrorismo», y luego ya para cualquier cosa, para derrocar gobiernos poco convenientes a los intereses de los que pueden pagar las tecnologías, para luchar contra la propia ciudadanía organizada… Sólo menciona de pasada Doctorow al otro gran sector de ex-hackers, a los que llama tech bros, los ingenieros supuestamente superinteligentes y talentosos que dedican todo ese talento e inteligencia a «aumentar los clicks y tratar de vender anuncios».

El conflicto que Haraway ya a finales de los 80, Bifo o McKenzie Wark, quizás también Stallman, Bowyer, y seguro que otros muchos, — teórica y prácticamente –, ya enunciaron o pusieron a prueba: el del poder de los trabajadores – ingenieros, programadores… – de las redes en nuestra sociedad-economía contemporánea, y su toma de partido mayoritaria , tras los primeros años de una cierta incertidumbre, por el ultra-capitalismo… En este sentido, puede verse, por ejemplo, lo que Bifo llama la «fábula del ingeniero, el economista y el artista»: ¿usamos lo digital para construir nuevos mundos más habitables, más ecológicos, más soro-fraternales, o lo usamos para la explotación y el control y la destrucción del planeta? – disculpad si acaso el esquematismo. ¿Cuáles serían las alianzas para los mundos más habitables y más sostenibles?

Movimientos sociales y tecnologías digitales

El segundo conflicto, sería el de los propios movimientos sociales y su relación con las tecnologías y más específicamente con la seguridad – y quizás también la desinformación. Una de las tesis de Doctorow, que presenta a través de Masha, es que es posible con un conocimiento no demasiado exagerado y un trabajo sólido y constante de grupo, – una red será tan vulnerable como lo sea el más vulnerable – descuidado – de sus nodos –, que es posible tener una seguridad razonable ante la amenaza general en las redes: los intentos de entrada random, phishings varios… Pero que cuando alguien o algún grupo se convierte en objetivo de un gobierno o, peor aún, de algún contratista, es casi imposible en el corto-medio plazo no cometer algún error, y siempre se acabará siendo vulnerable a todo tipo de riesgos y «daños digitales». No hay demasiada alternativa.

¿Qué hacer? — con esto de las tecnologías digitales.

En la interesante Nota del autor al final del libro Doctorow reitera lo que ya argumenta previamente, otro de los personajes de la novela, la maravillosa Ange Carvelli,  que vuelve de Little Brother, habiendo madurado durante los 15 o 20 años siguientes y habiéndose convertido en la principal pensadora y estratega del grupo: Las tecnologías – la seguridad en este caso — deben ser suficientemente buenas, pero debe ser la política la que establezca sus límites, sus usos, sus condiciones de transparencia, etc. El símil con la guerra es interesante: los movimientos sociales, o la sociedades en general, no luchan contra la guerra, principalmente, armándose más, sino estableciendo instituciones, políticas de colaboración, democracias, quizás…

Ange recupera un lema del autor, aquel que decía: «La información no quiere ser libre, — contradiciendo el information wants to be free de los movimientos digitales de los 90 –, es la gente la que quiere ser libre». Las tecnologías, – las familias o fila tecnológicos quizás que dirían algunos — dice Doctorow no definen con un carácter determinista cómo es la sociedad y cómo es el mundo, sino que, más bien, son las tecnologías adecuadas, usadas adecuadamente, las que tendrían que darnos la capacidad, y el tiempo, para que sean las propias sociedades las que decidan y lo hagan usándolas como medios… Más o menos…

Doctorow: optimismo realista

Dice en las mencionadas Author’s notes que cuando empezó a trabajar en el campo de las tecnologías era un optimista tecnológico… Y que hoy, en 2021, sigue siendo un optimista tecnológico, — aunque ahora es un optimista realista…

Esta, entonces, me parece que sería la propuesta del autor para la solución o al menos el abordaje de los conflictos expuestos: es engañosa y/o debemos evitar la percepción de un mundo dominado opresivamente, sin posible alternativa, por lo digital-tecnológico. La vida está en otras partes. Y esas otras partes, o aspectos de la vida, o lo que sean o pudieran ser, son las que tendríamos que tratar de imponer a las tecnologías y sus agentes varios.

Me viene a la mente una sentencia latina citada por Montaigne: «Que las cosas no nos sometan; que seamos nosotros los que las sometamos». Aunque ocurre, claro, en esto que tratamos: no son exactamente las cosas las que nos someten… Esa tal vez sea otra de las claves.

Y también me trajo al «magín» — ¡ah, cómo me gusta esa palabra que había olvidado durante tanto tiempo! — algo de Isak Dinesen, “Without hope and without despair” — Sin esperanza y sin desesperar. Estos días uno tal vez sea menos optimista que Doctorow…

Sí que seguiré leyendo todo lo que vaya publicando: por la información, por el pensamiento, por el entretenimiento, por el optimismo realista.

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#referencias

Bifo, 2017, Futurability. The Age of Impotence and the Horizon of Possibility, Verso, Londres Nueva York

____, en este mismo blog sobre Bifo, el general intellect y la «fábula del ingeniero, el economista y el artista»: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/04/17/bifo-futurability-universidades-artista_ingeniera-economista/

Doctorow, 2021, How to Destroy Surveillance Capitalism, disponible en:  https://onezero.medium.com/how-to-destroy-surveillance-capitalism-8135e6744d59 | accedido 02/04/2021

____, 2017, Walkaway

____, 2009, Makers

____, 2008, Little Brother

M. David Ermann & Michele S. Schauf (eds.), 2003 [1990], Computers, Ethics and Society, Oxford University Press, Nueva York

Donna Haraway, 1991, A Cyborg Manifesto

Evgeny Morozov, 2019, Capitalism’s New Clothes -Shoshana Zuboff’s new book on “surveillance capitalism” emphasizes the former at the expense of the latter -, en: https://thebaffler.com/latest/capitalisms-new-clothes-morozov

Richard M. Stallman, 2004 [2002], Software libre para una sociedad libre, Traficantes de Sueños, Madrid; disponible en: https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/Software%20libre-TdSs.pdf | accedido 02/04/2021

Neal Stephenson, 1995, The Diamond Age

Peter Waldman, Lizette Chapman, and Jordan Robertson, 2018, Palantir Knows Everything About You: https://www.bloomberg.com/features/2018-palantir-peter-thiel/

McKenzie Wark, 2004, A Hacker Manifesto, Harvard University Press, Cambridge

Shoshana Zuboff, 2019, The Age of Surveillance Capitalism. The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power, Profile Books, Nueva York

Ciudades para nuestras nietas: «El parque», relato sci-fi

 

Texto de Alejandro Jiménez Gómez – con la colaboración de Juan Manuel Cordero García, Pedro A. Guillén Fernández & Saúl Moguer Ayala. La imagen-collage digital también del mismo equipo.

Los autores escriben el relato como parte de su trabajo durante un curso en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, 2021, el segundo año de la pandemia. El título del curso era «Ciudades para nuestras nietas». La imagen de arriba, en el que se ponen en relación materiales de Foucault-Deleuze con la famosa pintura de Edawar Hopper, formaba también parte del trabajo de curso de los autores. Quizás no tenga tanta relación con el relato… ¿Quién sabe? El afuera, las soledades, la relaciones de saber-poder, la noche…

El equipo docente del curso lo formamos José Pérez de Lama con Jose Sánchez-Laulhé como asistente honorario. En el curso, como su titulo quizás sugiera, nos dedicamos a pensar y estudiar bastante colectivamente sobre las ciudades del futuro, tratando de componer cuestiones medioambientales, de cuidados, tecnopolíticas… No es la primera vez que ocurre, pero los estudiantes obtuvieron en su gran mayoría la calificación de sobresaliente. No fue un año fácil, pero nos pareció que entre todos habíamos logrado generar un espacio de pensamiento y encuentro que nos pareció de bastante valor. Nota introductoria de José Pérez de Lama

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Volvió a pasar la vista por el parque frente a él

El viejo Diamantino, que tantos recuerdos le había dejado. Atrás quedaban ya los vidrios rotos y el olor a gasoil. Él venía de un mundo distinto, donde la humanidad, el concepto que entonces tuvieran de tecnología y progreso, enfrentaba constantemente a la naturaleza, donde la economía era un incendio que todo lo devoraba.

Y, sin embargo, siempre habían estado allí las plantas y las aves, las mismas que aún cantaban. También había niños, claro, aunque su juego era algo distinto.
Uno de los chiquillos pasó a su lado, casi lo golpeó en la carrera. Saltó entre los neumáticos del tobogán y pasó rápidamente al tiovivo, donde otros dos le esperaban. La primera vuelta emitió un bostezo metálico, mientras el rotor iba convirtiendo ese entusiasmo en energía.

Se encendió una pequeña bombilla a su derecha, una mera verificación de que el sistema funcionaba. No era como si hiciese falta, en cualquier caso: aquel día hacía un sol radiante, y los árboles fotovoltaicos bastaban para suplir las necesidades de la ciudad. Y si no, siempre estaba el pavimento.

Eso sí que se le antojaba imposible. Los suyos eran tiempos del coche y el sedentarismo. Del encierro. De pronto no sólo se promovía la actividad física, sino que eran esos mismos pasos los que alimentaban las ciudades. Esos juegos. Esa vida.

Incluso decían que podían extraer energía de las bacterias de la tierra, de limpiar el aire, aunque él no comprendía más allá del viento. Eran unos tiempos extraños los que le había tocado vivir.

Sí, todo era nuevo, diferente y, sin embargo, no cambiaría nada de aquello. Porque allí seguían estando su parque y sus aves, porque habían solucionado las crisis. Le sonrió a su nieta, mientras daba otra vuelta más.

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Instalar certificado digital y AutoFirma en Linux Mint 20 y Firefox

Tutorial / notas de José Pérez de Lama

Cambié de ordenador y tenía que volver a instalar el certificado digital y la aplicación AutoFirma. Por alguna razón — por probar y porque leí que era una distribución de carácter comunitario — decidí instalar (GNU)-Linux-Mint en lugar de Ubuntu-GNU-Linux que usaba desde hace años, y que en cualquier caso es muy recomendable.

La cosa ha ido bastante bien, aunque aún hay algún detalle por afinar.

La configuración que tengo es:

  • Linux Mint 20 Cinnamon | Cinammon version 4.6.7
  • Firefox 86.0 (64-bit)

Sigue leyendo Instalar certificado digital y AutoFirma en Linux Mint 20 y Firefox

Unas notas sobre la iniciativa de la New European Bauhaus

Imagen de cabecera de la web de la New European Bauhaus, 2021/02/25. Fuente: https://europa.eu/new-european-bauhaus/index_en

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Unas notas sobre la iniciativa de la New European Bauhaus — con algunos antecedentes que quizás ayuden a entender escepticismos

José Pérez de Lama

Un poco de desahogo – aunque también hay algunas sugerencias. Espero que pueda ser una aportación a un debate que se dice se quiere pluralista.

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Se está hablando desde hace unos meses de esta iniciativa, una nueva escuela o red de escuelas de arquitectura europea o algo similar, relacionado con el Green Deal. La iniciativa viene directamente de la presidencia de la Comisión Europea. Aquí el mejor resumen reciente que he encontrado: https://europa.eu/new-european-bauhaus/about-initiative_en

En otras instancias se ha dicho que inicialmente habrá 5 primeros nodos del proyecto en Europa. Y en ciertos «mentideros» o «rumoródromos» se ha podido oír que quizás uno vaya a estar en Sevilla, España. Ya hubo al menos un acto en Sevilla sobre el proyecto, con la participación del alcalde Espadas.

Estas noticias me han generado, como creo que a la mayoría de los amigxs que vienen estando en estos ámbitos, desde la investigación, el trabajo o el activismo, sentimientos encontrados; los mixed feelings as they say in English, expresión que hoy me suena mejor tratándose de un proyecto europeo… Sigue leyendo Unas notas sobre la iniciativa de la New European Bauhaus

20 años pensando y experimentando sobre el mundo digital — catálogo de artículos de J. Pérez de Lama

Imagen: Medialab cyberpunk en Tánger, al lado de la antena que hacía la conexión wifi con la otra orilla en Tarifa, durante la primera convocatoria de Fadaiat, en 2004. Aparecen en la imagen, entre otros Jaume Nualart e Iván Pizarro que fueron en muy buena parte, junto con psand.net, los ingenieros responsables de la conexión. Foto de Indymedia Barcelona.

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Cita introductoria: Thinking, in Arendt’s sense, is not a process for evaluating information and argument, for being right or wrong, for judging oneself or others to be in truth or error. All of that is important, but not what Arendt had to say about the evil of thoughtlessness that I want to bring into the question… ____ Donna Haraway, 2016

Pensar, en el sentido de Arendt, no es un proceso de evaluar información y argumento, para estar en lo cierto o no, para juzgar si uno mismo o los demás están en la verdad o en el error. Todo eso es importante, pero no lo que Arendt tenía que decir sobre la maldad del no pensar que yo quiero traer [aquí] a colación…

José Pérez de Lama

Algunas notas de trabajo para la introducción

Hice esta recopilación, para visibilizar y, quizás, valorar mejor la labor de un par de décadas intentando pensar, haciendo teoría y práctica, sobre las maneras en que lo digital afectaba nuestras vidas, a la arquitectura y las ciudades; — sobre cómo tratar de dar forma a aquel «futuro que aterrizaba sobre nosotros» — como decíamos entonces — tomando prestada una expresión de Howard Rheingold [Smart Mobs, 2002]. Uno de los modestos placeres de hacerse mayor, es ver si ciertas intuiciones se verifican o no, poder ver qué ocurre con las propuestas, iniciativas y proyectos propios y ajenos, cómo se transforman, triunfan o fracasan, perduran o desaparecen… and so on.

La mayor parte de los escritos, según sugería Haraway en el epígrafe introductorio, y seguramente siguiendo a Deleuze y Guattari, no son científicos en el sentido algo pacato – y excluyente – de lo que se entiende hoy en día por este término, sino que son, diría uno, más bien artísticos o filosóficos, empeñados en contribuir a la producción de ciertos mundos, en tratar de inventar el presente y el futuro, más que en explicar las cosas tal como existen o tratar de predecir lo que ocurrirá… Trataban de contribuir a la producción de nuevos acontecimientos de lo real que decían Deleuze y Guattari… De hacer worlding como dice más recientemente Donna Haraway [Staying with the Trouble, 2016] retomando un concepto de A.N. Whitehead… Leyendo estos días los Diálogos de Gilles Deleuze y Claire Parnet, donde se prefiguran muchos temas de Mil Mesetas, he recordado muchas cosas olvidadas, que explican buena parte de nuestras, — o al menos de mis –, actitudes de finales de la década de 1990 y principios de los 2000.

Por aquel entonces nos imaginábamos como parte de una contracultura y de un movimiento social, político dentro del cual escribir académicamente hubiera sido una vergüenza — la academia, ya sabemos, siempre estará al servicio de la reproducción y ampliación del mundo tal como existe. Lectores aquellos años del subcomandante Marcos o de Lipstick Traces de Greil Marcus, donde plantea que los tres movimientos artísticos más importantes del siglo XX habían sido Dadá, el situacionismo y el punk, haber tratado de hacer lo que hoy se llaman papers académicos habría sido una profunda vergüenza. Sigue leyendo 20 años pensando y experimentando sobre el mundo digital — catálogo de artículos de J. Pérez de Lama

Unas notas sobre decrecimiento: el caracol de Ivan Illich y alguna otra cosa

Fosil deParkinsonia parkinsoni procedente de Sherborne, Dorset, en el Natural History Museum de Londres. Fuente: https://en.wikipedia.org

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Comentarios y selección de José Pérez de Lama

Leyendo estos días sobre decrecimiento, en particular a Serge Latouche (Pequeño tratado del decrecimiento sereno); se ve que es un asunto de autolimitación y de proporciones; aunque una idea de la proporción algo diferente, quizás, de la de los arrquitectos clásicos.

La famosa cita de los años 60 del economista ecológico Kenneth E. Boulding nos sugiere esta idea de proporción:

Anyone who believes that exponential growth can go on forever in a finite world is either a madman or an economist.” Esto es, «Quien crea que el crecimiento exponencial pueda continuar indefinidamente en un mundo finito es un loco o un economista».

Dicen a su vez Latouche/Illich:

«El caracol – nos explica Ivan Illich – construye la delicada arquitectura de su concha sumando, una a una, espiras cada vez más grandes, luego se detiene bruscamente y empieza ahora a hacer giros decrecientes. Una sola espira más haría que la concha fuera dieciséis veces más grande, lo que en lugar e contribuir al bienestar del animal, lo sobrecargaría. A partir de entonces cualquier aumento de su productividad servirá solamente para paliar las dificultades creadas por una concha que ha crecido más allá de los límites fijados por su finalidad. Pasado el punto límite de amplitud de las espiras, los problemas del sobrecrecimiento se multiplican en progresión geométrica, mientras que la capacidad biológica del caracol sólo puede, en el mejor de los casos, seguir una progresión aritmética.

Sigue Latouche:

«Este divorcio del caracol respecto de la razón geométrica, a la que se había unido durante algún tiempo, nos muestra el camino de «decrecimiento», en la medida de lo posible, sereno y amable.»

Serge Latouche, 2009, Pequeño tratado…, p. 32-33, citando a Ivan Illich, en Le genre vernaculaire

Y otra cita más de Latouche:

«El crecimiento hoy en día sólo es un asunto rentable a condición de que el peso y el precio recaigan en la naturaleza, en las generaciones futuras, en la salud de los consumidores , en las condiciones de trabajo de los asalariados y, más aún, en los países del Sur. Por eso es necesario hacer una ruptura. Todo el mundo o casi todo el mundo está de acuerdo en esto, pero nadie se atreve a dar el primer paso.»

Serge Latouche, 2009, Pequeño tratado…, p. 43

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Lo de la proporción, por otra parte, casi siempre fue algo artístico; en la cocina, en la arquitectura, en la literatura, en las relaciones humanas… Aunque seguro que también hay maneras de abordarla desde lo científico.

Fernando Broncano sobre el Movimiento de Vida Independiente

Exoesqueletos Atoun (Japón) para ayudar con carga. En algunos casos aún experimentales se han diseñado para ayudar a los ancianos a moverse con autonomía. Fuente: https://atoun.co.jp/en/products/atoun-model-y/

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Fernando Broncano sobre el Movimiento de Vida Independiente

Selección y comentario de José Pérez de Lama

Las citas largas que siguen corresponden a dos textos de Fernando Broncano, el filósofo y profesor, de su blog El laberinto de la identidad, de una entrada de 2018 titulada ¿Cansado del transhumanismo? otra tecnología es posible, y de un libro reciente, Puntos ciegos. Ignorancia pública y conocimiento privado (2019). El texto del libro extiende un algo el del blog.

Aunque el libro se centra en cuestiones relativas al conocimiento, con algunas secciones de gran interés sobre las fake news, por ejemplo — de los mejores textos que he leído sobre el asunto –, en aun momento trata del Movimiento de Vida Independiente, sobre el que ya había leído hace tiempo, pero que tal como las presenta Broncano aquí, me parecieron de enorme pertinencia para proponérselas a los estudiantes de Arquitectura, tanto para pensar como proyectar inclusivamente para personas con diversidad funcional como específicamente para personas mayores y ancianas.

La idea que plantean Broncano y el MVI es que las capacidades e incapacidades son, más que realidades en sí mismas, construcciones entre lo social, lo material, lo espacial y lo tecnológico. Es decir que son los diseños de los espacios y equipamientos y de los dispositivos que utilizamos, así como ciertas expectativas sociales, los que determinan que alguien sea considerado como capacitado o se vea discapacitado. Más abajo se matizará el asunto con más finura.

Algo de esto, sin embargo, lo he podido experimentar personalmente durante los últimos meses, viendo como los espacios a los que estamos acostumbrados como personas que nos consideramos «normales», se convierten en incapacitadores de las personas que de pronto se ven afectadas por una diferente condición de movilidad: suelos llenos de escalones, irregularidades y obstáculos, recorridos estrechos y tortuosos, asientos excesivamente bajos o altos, etc.

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Os dejo el texto a continuación, en el que he entrelazado partes del blog y del libro, tratando de destacar las cuestiones que me han parecido de mayor relevancia para jóvenes arquitectos/as. En cualquier caso recomiendo la lectura completa de una y otra fuente. En el blog se presentan varios ejemplos que aclaran bastante algunas de las ideas, y que a la vez resultan muy emotivos.

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Fernando Broncano, 2018 & 2019: notas seleccionadas sobre el Movimiento de Vida Independiente

No se ha reparado lo suficiente en la cultura común en la importancia que tienen algunos movimientos sociales en la lucha contra el determinismo tecnológico, contra la idea de que las trayectorias de la innovación ya están escritas y que lo único que nos queda es adaptarnos a ellas.

Sin embargo, varios estudiosos han dado el nombre de undone science (ciencia inacabada) al fenómeno de cómo las presiones de algunos movimientos sociales han cambiado la ciencia y la tecnología hacia objetivos que no habrían sido establecidos en otro caso. Hay muchos ejemplos, uno de ellos ha sido el activismo de los padres de niños con Síndrome de Asperger y autismo, que a lo largo de décadas han logrado que la neurología, psicología y pedagogía se interesen por esta condición. Gracias a ellos, la psicología cognitiva experimentó una revolución en los años ochenta, cuando se comenzó a estudiar lo que se denominó “teoría de la mente” o capacidad de entender a otras mentes. […]

El propósito de estas líneas es destacar cómo un movimiento en apariencia modesto y humilde, reivindicativo de una minoría, ha significado y está significando una resistencia cultural, filosófica, social a la ideología transhumanista, que, al menos en sus formulaciones popularizadas no es sino un humanismo para élites. Me refiero al Movimiento de Vida Independiente, un movimento nacido en los años 60-70 en Estados Unidos y extendido por todo el mundo. Es un movimiento de las personas que se niegan a decir que sufren una incapacidad sino que aspiran a llevar una vida humana, independiente y plena y plantean una transformación socio-técnica para hacer un mundo habitable para las personas en situación más frágil. Querría expresar lo filosóficamente revolucionarios que son sus principios y lo políticamente avanzados de sus planteamientos [y cómo su modestia es, sin embargo, una audaz propuesta de transformación general del entorno tecnológico].

El carácter revolucionario es muy fácil de comprobar: cuando le he contado a colegas, incluso colegas con una altísima sensibilidad moral, las demandas de este movimiento, o cuando he observado cómo han escuchado a activistas del movimiento expresarse, noto cómo, cuando ya no están en un contexto políticamente correcto mueven la cabeza y dicen “sí, claro,… pero vaya putada sufrir en la vida esta discapacidad”. Bueno, pues sí. Este es el problema que nace en una construcción culturalmente definida de lo que es la persona normativamente constituida por sus capacidades mentales y fisiológicas. [La ideología del transhumanismo no es diferente ni lejana a esta concepción de las capacidades como algo que se posee internamente, no como un espacio social y material que las hace posibles. Es precisamente esta concepción que descentra de lo corporal y lo personal las capacidades y señala nuestros hábitats y nichos tecnológicos como capacitadores o incapacitadores, llenos de barreras invisible que impiden las posibilidades de vida otra, lo que, insisto, hace de este un movimientos revolucionario también en lo cognitivo y epistémico.]

[…]

[2019: 238] Sostiene el movimiento que no hay capacidades intrínsecas humanas, sino sociedades capacitadoras o incapacitadoras. […] Es una transformación metafísica profunda: no hay planes cósmicos sino planicies de capacitación de las que toda la sociedad es responsable en sus diseños políticos, institucionales, tecnológicos. Se trata de convertir el mundo en un mundo en el que todos, los más débiles y frágiles primero, puedan llevar a cabo planes de vida independientes sin ser «dependientes» del «cuidado» de los más adaptados y mejores. Mucha de la filosofía del «cuidado», nacida con las mejores voluntades del mundo está impregnada de una filosofía asimétrica de la dependencia. Como si los cuidadores no dependieran de los cuidados. En la filosofía transgresora del Movimiento de Vida Independiente, todos dependemos de todos y todos buscamos crear independencias y autonomías para nuestros prójimos.

También tecnológicamente. La ideología dominante es la de la creación de continuas dependencias tecnológicas. Seguimos pensando en los discapacitados como seres frágiles que dependen de otros, de la tecnología y de sus cacharros cuando lo cierto es que el entorno técnico que se impone de forma determinista nos convierte a todos cada vez más en discapacitados, dependientes de la última versión de nuestro gadget favorito.

Lo que plantea el Movimiento de Vida Independiente es que las capacidades o incapacidades han de ser referidas a una interacción continua entre el cuerpo, la sociedad y el contexto material técnico y social.

Planteado en términos tan simples, no parecería más que una de tantas demandas de minorías, pero la audacia de su planteamiento inmediatamente activa la presencia de las metacegueras sobre las múltiples modalidades de barreras con las que se construyen los hábitats humanos. Es como si la ciudad [o incluso la propia casa], que antes sentíamos como un espacio de habitación común, se descubriese de pronto como un campo de vallas a la coexistencia, de imposibilidades sistémicas de acceso que podrían ser corregidas si las trayectorias tecnológicas se centrasen en derribarlas y abrir caminos a los planes de vida de todos. Me arrepiento de mi expresión: no se tratar de «derribar» vallas arquitectónicas, sino de añadir arquitecturas para la diversidad de la vida, lo que no se limitará a corregir nuestros entornos degradados, sino que implicará poner en marcha trayectorias cognitivas, técnicas y sociales que transformen estas arquitecturas en capacitadoras de los planes de vida de todos.

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Referencias

Fernando Broncano, 2019, Puntos ciegos. Ignorancia pública y conocimiento privado, Lengua de Trapo, Madrid; pp. 236-239

Blog de Fernando Broncano, 7 de octubre de 2018, ¿Cansado del transhumanismo? otra tecnología es posible, en: https://laberintodelaidentidad.blogspot.com/2018/10/cansado-del-transhumanismo-otra.html [accedido 08/11/2020]

Haraway / Arendt sobre el no-pensamiento

Imagen: Edith Vonnegut, 2019, Oil Spill — serie sobre el cambio climático. Más de la autora en: http://www.edithvonnegut.com/

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Un fragmento de Donna Haraway comentando cosas de Hannah Arendt de Staying with the Trouble, 2016: 36; sobre la necesidad de pensar, y el no-pensar de los que tratan de seguir con el business as usual. Ya lo había citado antes en el blog, más sucintamente, pero aquí sigue la cita más completa, que estaba consultando y traduciendo para el principio de las clases. El inglés original, para los que prefieran y para contrastar lo que pueda no resultar demasiado claro, al final del post.

Varias de las expresiones usadas — respons-ability, compostar, caminante [wayfarer], astralizado y alguna más– son creaciones conceptuales de la propia Haraway, o de su red de pensadoras — matters of care –. Los que no estéis familiarizados con el lenguaje de Haraway tendréis que hacer un esfuerzo de imaginación para suponer qué significan, aunque creo que son cosas relativamente intuitivas, que más o menos se entienden.

Selección y traducción, José Pérez de Lama

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Fragmento sobre el no-pensamiento

Donna Haraway

Según me enseñó Valerie Hartouni, recurro al análisis que hizo Hannah Arendt sobre la incapacidad de pensar del criminal de guerra nazi, Adolf Eichmann. Es en este abandono del pensar donde reside «la banalidad del mal» – del tipo particular que podría hacer que llegara a verificarse el desastre del «Antropoceno», con sus acelerados genocidios y especicidios. El resultado de todo estos, sin embargo, aún no está determinado; ¡tenemos que hacerlo; tenemos que pensar!

En la interpretación de Hartouni, Arendt insistía en que el pensamiento era algo profundamente diferente de lo que podríamos llamar conocimiento disciplinar, o ciencia basada en la evidencia, o la clasificación de verdades y creencias o hechos y opiniones o bueno y malo. Pensar, en el sentido de Arendt, no es un proceso para evaluar informaciones y argumentos, en tanto que verdaderos o falsos, para juzgarnos a nosotros mismos y a otros como errados o en posesión de la verdad. Todo esto es importante, pero no es lo que Arendt tenía que decir sobre la maldad del no-pensamiento y que yo quiero traer a colación en relación con la coyuntura geohistórica que se viene denominando el Antropoceno.

Arendt no veía a Eichmann como un monstruo incomprensible, sino que veía algo mucho más terrorífico – lo que vio fue la situación mucho más ordinaria de alguien que no piensa. Esto es, allí había un ser humano que era incapaz de hacerse presente a sí mismo aquello que estaba ausente, aquello que no era él mismo; lo que es el mundo en su más sencillo aspecto de no-ser-uno-mismo, y las aspiraciones-a-ser de aquello diferente de nosotros.

Allí había alguien que no podía ser un caminante [a wayfarer], que no podía enredarse con otros y con el mundo [could not tangle], que no podía cultivar respons-[h]-abilidad, que no podía hacerse a sí mismo presente lo que estaba haciendo, que no podía vivir en consecuencia, no podía compostar.

Cumplir la función encomendada importaba, el deber importaba, pero el mundo no importaba para Eichmann. El mundo no importa en el no-pensamiento ordinario. Las casillas vacías se rellenan con las evaluaciones correspondientes, determinando amigos y enemigos, siempre ocupados con el trabajo; el cuestionamiento de toda esta actividad, es algo que no aparece, un asombroso abandono del pensamiento.

Esta condición no era falta de sentimientos, falta de compasión, aunque seguro que esto también ocurría con Eichmann, sino una entrega profunda a lo que yo llamaría inmaterialidad, inconsecuencialidad, o en el idioma de Atrendt y en el mío, no-pensamiento.

Eichmann estaba astralizado [mirando al cielo en lugar de a la tierra y a su alrededor, idea a la que da vueltas Haraway en este libro en relación con la noción de Chthuluceno], fuera del enredo confuso del pensamiento, entregado, en su lugar, al hábito de que el negocio siga como de costumbre [business as usual], pase lo que pase. Para Eichmannn y sus herederos – ¿nosotros? – no había manera de que el mundo pudiera convertirse en un asunto de cuidados [a matter of care]. El resultado de aquello fue la participación activa en un genocidio.

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Original en inglés:

Instructed by Valerie Hartouni, I turn to Hannah Arendt’s analysis of the Nazi war criminal Adolf Eichmann’s inability to think. In that surrender of thinking lay the “banality of evil” of the particular sort that could make a disaster of the Anthropocene, with its ramped-up genocides and speciescides, come true. This outcome is still at stake; think we must; we must think! In Hartouni’s reading, Arendt insisted that thought was profoundly different from what we might call disciplinary knowledge or science rooted in evidence, or the sorting of truth and belief or fact and opinion or good and bad. Thinking, in Arendt’s sense, is not a process for evaluating information and argument, for being right or wrong, for judging oneself or others to be in truth or error. All of that is important, but not what Aendt had to say about the evil of thoughtlessness that I want to bring into the question of the geohistorical conjuncture being called the Anthropocene.

Arendt witnessed in Eichmann not an incomprehensible monster, but something much more terrifying – she saw commonplace thoughtlessness.

That is, here was a human being unable to make present to himself what was absent, what was not himself, what the world in its sheer not-one-selfness is and what claims-to-be inhere in not-oneself [this is not very clear…].

Here was someone who could not be a wayfarer, could not entangle, could not track the lines of living and dying, could not cultivate response-ability, could not make present to itself what it is doing [?], could not live in consequence, could not compost.

Function mattered, duty mattered, but the world did not matter for Eichmann. The world does not matter in ordinary thoughtlessness. The hollowed-out spaces are filled with assessing information, determining friends and enemies, and doing busy jobs; negativity [??], the hollowing out of such positivity, is missed, and astonishing abandonment of thinking.

This quality was not emotional lack, a lack of compassion, although surely that was true for Eichmann, but a deeper surrender to what I would call immateriality, inconsequentiality [very Dewey again], or, in Arendt’s and also my idiom, thoughtlessness.

Eichmann was astralized right out of the muddle of thinking into the practice of business as usual no matter what. There was no way the world would become for Eichmann and his heirs – us? – a “matter of care.” The result was active participation in genocide.

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Referencia completa:

Donna Haraway, 2016, Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucen (notas sobre “Thoughtlessness” – a partir de Hannah Arendt), capítulo 2, Tentacular Thinking, p. 36 — Duke University Press, Durham.

Margarita Padilla: Soberanía tecnológica ¿De qué estamos hablando?

Imagen: mujer con telar, grabado de  F. Damé 1898, modificado por teixidora.net. Fuente: https://www.teixidora.net/wiki/Fitxer:Teixidora_R%C4%95zboiul_sa%C5%AD_stativele_1898_COLOR.svg

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Nota presentación: Reproducimos aquí este texto introductorio a la soberanía tecnológica – sobre la que venimos tratando de escribir en el blog, seguramente con poca fortuna hasta la fecha. El texto es de Margarita Padilla, activista del software libre y más cosas desde finales de los 80, en Madrid, además de persona excepcional. La cuestión de la soberanía tecnológica nos parece hoy especialmente importante, ante el nuevo impulso para la digitalización de escuelas y universidades en la situación de pandemia. Creemos que esta importancia, que nosotros también consideramos crítica para el desarrollo y la autonomía cultural y económica, se explica especialmente bien en el texto que sigue.

El texto lo hemos encontrado en un volumen colectivo publicado en 2017 que trata diversos aspectos del asunto (referencia y enlace para descarga al final del post). Estando distribuido con una licencia libre nos hemos animado a reproducirlo. Enhorabuena y muchas gracias a la autora y a las editoras del volumen. Salud & aire. ____ JPL

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Soberanía tecnológica ¿De qué estamos hablando?

Margarita Padilla

Qué es

Querido lector/a, queremos conversar sobre la soberaníatecnológica, un concepto que quizás, todavía, no te diga nada.

Dice la Wikipedia que la «soberanía» es el poder políticosupremo y que es soberano quien tiene el poder de decisión,el poder de dar las leyes sin recibirlas de otro. También diceque es imposible adentrarse en este concepto sin tener en cuen-ta las luchas por el poder. Y que la historia va dibujando el de-venir del sujeto de la soberanía. ¿Quién, en cada momento, es soberano?

Trasladando la cuestión de la soberanía a las tecnologías, lapregunta sobre la que queremos conversar es quién tiene poder de decisión sobre ellas, sobre su desarrollo y su uso, sobre su acceso y su distribución, sobre su oferta y su consumo, so-bre su prestigio y su capacidad de fascinación… Sigue leyendo Margarita Padilla: Soberanía tecnológica ¿De qué estamos hablando?

Donna Haraway, Staying with the Trouble: análisis de la introducción


Imagen: the Hyperbolic Crochet Coral Reef — created by Margaret and Christine Wertheim of the Institute For Figuring, 2010; fuente img.: https://ocean.si.edu/human-connections/books-film-arts/hyperbolic-crochet-coral-reef
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Análisis del capítulo de introducción de Donna Haraway, 2016, Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene, Duke University Press, Durham. Traducción al español en proceso (puede verse, por supuesto, la traducción de Helen Torres para Consonni, 2019; aquí copia no comercial de la intro de esta edición: https://www.consonni.org/sites/default/files/Seguir%20con%20el%20problema_Haraway_capi1.pdf ).

José Pérez de Lama, con la colaboración de Jose Sánchez-Laulhé y Pablo DeSoto

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Staying with the trouble. Making Kin in the Chthulucene

Introduction, with comments
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[pg. 1]

Section 1: Trouble, staying with the trouble

Trouble is an interesting word. It derives from a thirteenth-century French verb meaning “to stir up,” “to make cloudy,” “to disturb.” (*)

We – all of us on Terra – live in disturbing times, mixed-up times, troubling and turbid times.

The task is to become capable, with each other in all of our bumptious kinds (**), of response.

Mixed-up times are overflowing with both pain and joy [?] – with vastly unjust patterns of pain and joy, with unnecessary killing of ongoingness but also with necessary resurgence [? hmm].

The task is to make kin in lines of inventive connection as a practice of learning to live and die well with each other in a thick present.

Our task is to make trouble, to stir up potent response to devastating events, as well as to settle troubled waters and rebuild quiet places. Sigue leyendo Donna Haraway, Staying with the Trouble: análisis de la introducción