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«Apuntes sobre arquitectura bioclimática», entrevista para el Topo Tabernario

Entrevista realizada por Jose Sánchez-Laulhé  a José Pérez de Lama, «osfa» para la revista sevillana El Topo Tabernario, sobre el origen, evolución y actualidad de la arquitectura bioclimática en la emergencia climática — en homenaje a uno de sus promotores, el recientemente fallecido Jaime López de Asiain.

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¿Cómo definirías la «arquitectura bioclimática»?

AB es una denominación que surge a finales de la década de 1970 para describir una práctica arquitectónica preocupada por el ahorro energético, las relaciones más amplias entre medio construido y medio ambiente más en general y el desarrollo de unos modelos de vida más ecológicos, en mayor armonía con la naturaleza, o quizás los flujos naturales de materia y energía. El aspecto más destacado en los inicios era la intención de usar lo que se llamaba «sistemas pasivos» que consistían en tratar de lograr el acondicionamiento ambiental – temperaturas en verano e invierno, iluminación… – mediante el propio diseño arquitectónico y la selección de materiales y sistemas constructivos. Se trataba de recuperar en estos aspectos las prácticas de la arquitectura tradicional o «vernácula», actualizada con los nuevos materiales y recursos tecnocientíficos cuando fuera necesario.

¿Cómo se ha transformado el concepto de AB en estos cuarenta años?

En las publicaciones fundacionales del Seminario de Arquitectura Bioclimática (grupo de investigación de Jaime López de Asiain el promotor de todo esto en Sevilla y recientemente fallecido) el énfasis se situaba en dos cuestiones, el tema energético y el desarrollo de una arquitectura — y luego una ciudad — más ecológica, en mayor armonía con la naturaleza y la cultura local. El «bio» de bioclimática pretendía hacer referencia a eso, a otra forma de vida, podría haberse llamado climática solo y plantear soluciones ultratecnológicas, pero no era el caso. Desde la perspectiva actual me parece que el verbo «bioclimatizar» funciona mejor que el sustantivo: climatizar aprovechando, modulando, los flujos naturales, pero también en el contexto de las culturas locales.

Hoy en día con el cambio climático la cuestión se ha hecho mucho más urgente, y poco a poco se está generando una preocupación más general sobre el asunto, entre la gente y entre las autoridades. Ya no es un problema de ahorro o de recursos escasos en un futuro no demasiado preciso. Por otra parte, la crisis ambiental se ha revelado en estas décadas como mucho más multifacética: no sólo es el cambio climático, sino que hay otros ocho o diez procesos que están llevando la biosfera a posibles cambios cualitativos. Y, por no extenderme demasiado, creo también que en estas décadas se ha ido poniendo cada vez más de manifiesto las estrechas relaciones entre crisis ambiental y capitalismo y crecimiento.

¿Cómo fue recibido el tema del «bioclimatismo» en la Expo 92? Desde la perspectiva del olvido actual — hasta muy recientemente — parece que hubiera sido un tema menor.

En su día creo que fue objeto de bastante interés, tanto por parte de los gestores de la Expo, como del público y los medios de comunicación, como de los especialistas. Yo creo que frente a las críticas muy evidentes que se podían hacer a la exposición universal, aquello fue una gran contribución tanto a la escena científica como a la urbanística y ciudadana. Quizás el sector que lo recibió como más suspicacia fue el de los propios arquitectos consolidados, que lo veían, como era en parte, una crítica a su forma de hacer arquitectura.

Ocurrió que luego la cosa se difuminó bastante. Situándonos en Sevilla, incluso quizás Andalucía, — y me cuesta expresarlo — me parece que hemos carecido de liderazgo y audacia política y estratégica: tanto la Junta como el Ayuntamiento como la Universidad, las instancias que uno puede observar, se limitan a implementar normas, recomendaciones y políticas que vienen de fuera. Siempre detrás. El horror o la incapacidad de tomar la iniciativa y a la experimentación. ¡Una pena!

Ahora bien, resulta interesantísimo cómo está resurgiendo el interés en estas cuestiones con la creciente preocupación por el cambio climático. Me encanta la idea de que la presión de una asociación de madres y padres de estudiantes, «Escuela de calor», haya logrado estos últimos años la aprobación en el Parlamento Andaluz de una Ley de Bioclimatización, para el acondicionamiento térmico natural de colegios e institutos. Aunque me cuentan los responsables que la Junta no la está implementando debidamente…

¿Qué pasa con la emergencia climática y qué podemos esperar de las formas de abordarlas?

Uno tiende a creer en que efectivamente está sucediendo, principalmente como resultado de la acción humana, y que efectivamente se trata de una emergencia. La instancia que parece liderar todo esto, el IPCC ,es una institución que recopila y evalúa el trabajo de cientos o quizás miles de científicos y sus conclusiones actualmente son para preocupar, y que todxs más o menos conocemos… Es una situación rara, no cabe duda, ya que la mayoría de la población no podemos comprender los modelos computacionales en que se basa el diagnóstico. Pero tenemos que confiar en la comunidad científica.

En estos momentos se puede esperar cualquier cosa. Durante un tiempo me obsesionaba la idea de que técnicamente, incluso financieramente, parece ser viable, y desde luego deseable para la mayoría, hacer la transición energética, incluso civilizatoria. Pero los únicos que se toman el asunto como algo grave y urgente, jóvenes y una minoría de científicos, por ejemplo en torno a Extinction Rebellion son considerados como radicales. Por ello, el escenario más probable que imagino es uno en el que una minoría convertirá todo esto en un negocio, como están haciendo las energéticas, y se atrincherarán en sus guetos privilegiados y bien acondicionados, dejando que la mayoría de la población sufra los peores efectos del cambio.

Entre las propuestas recientes me atrae la que Donna Haraway viene haciendo con el término, un poco en broma, del Chthuluceno, donde se relacionan prácticas de hacer mundo – worlding dice la autora – y se componen de formas nuevas humanos, no humanos, máquinas, recursos, lugares… en experimentos locales que valen por sí mismos además de su posible valor general… Sin desesperación, aunque tampoco sin un exceso de esperanza. Nec spe, nec metu … La vida misma…

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Enlace al Topo 55, 11.2022: https://eltopo.org/wp-content/uploads/2022/11/eltopo55.pdf

Recientemente publicamos un artículo sobre López de Asiain y la Expo 92: José Pérez de Lama, José Sánchez-Laulhé & Rafael Herrera Limones, 2022, Recordando los trabajos para el acondicionamiento bioclimático de la Expo92 en Sevilla. Y a Jaime López de Asiain, su principal promotor, Revista Tiempo y Clima Vol. 5 Núm. 78: Octubre 2022 [Publicado: 2022-10-29] Edición digital. ISSN: 2340-6631 pp. 32-37 https://doi.org/10.30859/ameTyCn78p32

Reyner Banham, 1965, «Un hogar no es una casa»

Imagen: François Dallegret, 1965, The Environmental Bubble. Se debe mencionar que el dibujo no representa exactamente lo que Banham describe en el texto sino una interpretación libre.

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Reyner Banham, con ilustraciones de François Dallegret. A Home is not a House, Art in America #2, 1965, pp. 109 a 118. Traducción de José Pérez de Lama, 11.2022.

Un hogar no es una casa

N. del T.: Algunos comentarios sobre la traducción. Las que había visto tenían partes confusas que he intentando hacer aquí más claras. En general se trataba de expresiones que podríamos llamar idiosincrásicas del lenguaje californiano de la década de 1960 o muy contextuales. Creo que ofrezco opciones que responden mejor al sentido general del texto. También he optado por traducir los clásicos America, American, etc. por EEUU y estadounidenses. Finalmente, he definido apartados y les he puesto títulos, espero que para hacer más fácil la lectura.

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[Instalaciones vs arquitectura]

[P. 109] Cuando tu casa contiene tantas tuberías, chimeneas, conducciones, cables, enchufes, luces, rejillas de entrada y salida, hornos, fregaderos, trituradores de basura, frigoríficos, calentadores, sistemas de sonido, antenas – cuando tiene tantas instalaciones que los equipos podrían sostenerse por sí mismos sin ayuda de la casa, ¿para qué tener una casa para sostenerlos? Cuando el coste de todo esta parafernalia es más de la mitad del coste del conjunto (o más, como ocurre en ocasiones), ¿para que sirve la casa si no es para ocultar tus «partes pudendas mecánicas» de las miradas de la gente en la calle?

Una o dos veces, recientemente, ha habido edificios con los que el público ha estado genuinamente desconcertado tratando de discernir qué era estructura y qué instalaciones – a muchos visitantes de los laboratorios de Louis Kahn en Filadelfia les lleva un tiempo darse cuenta de que las plantas del edificio no están soportadas por los paralelepípedos de ladrillo con las instalaciones que las flanquean, y cuando se dan cuenta, se preguntan si mereció la pena el trabajo de darles una estructura resistente independiente.

No cabe duda, de que buena parte de la atención que han recibido estos laboratorios se debe al intento de Kahn de mostrar el drama de las instalaciones mecánicas – y si al final no llega a hacerlo convincentemente, la importancia psicológica del gesto sí que queda, al menos a los ojos de sus colegas arquitectos.

Las instalaciones son un tema sobre el que la práctica arquitectónica ha alternado caprichosamente entre el descaro y la timidez – hubo el gran viejo período del «dejémoslo todo visto», cuando todo techo era un lío de entrañas alegremente pintadas, como en la sala de consejo del edificio de NU, y también ha habido ataques de pudor durante los cuales el más inocente detalle anatómico se ha tapado rápidamente con un techo suspendido.

Básicamente hay dos razones para este ir de un extremo al opuesto. El primero es que las instalaciones son demasiado nuevas como para haber sido incorporadas a la proverbial sabiduría de la Arquitectura: ninguno de los grandes eslóganes – La forma sigue a la función, Accusez la structure (Hacer visible la estructura), Firmeza, comodidad y belleza, Verdad de los materiales, Menos es más – es de demasiada utilidad para tratar con la invasión de las instalaciones. Lo más próximo, en un sentido significativamente negativo, es el «Para Ledoux era fácil, sin tubos», de Le Corbusier, que parece estar convirtiéndose en la expresión de una profunda nostalgia de la edad de oro anterior a la era de las instalaciones.

La segunda razón es que la invasión de las instalaciones es un hecho, y los arquitectos – especialmente los arquitectos estadounidenses – lo sienten como una amenaza cultural a su posición en el mundo. Y tienen razón para sentirlo así, porque su especialidad profesional, el arte de crear espacios monumentales, nunca ha estado sólidamente establecida en este continente. Sigue siendo un trasplante de una cultura más antigua, a la que los arquitectos estadounidenses están constantemente tratando de volver. La generación de Stanford White y Louis Sullivan era propensa a comportarse como si hubieran sido emigrés franceses, Frank Lloyd Wright se refugiaba en germanismos como Lieber Meister, los grandes muchachos de los 30 y 40 habían nacido en Berlín y Aquisgrán y los que vienen marcando las tendencias en los 50 y 60 son personas de cultura internacional como Charles Eames o Philip Johnson, como lo son también, de muchas maneras, los personajes más actuales, como es el caso de Myron Goldsmith.

[Un caparazón ligero y un espacio único]

A sus anchas, los estadounidenses no monumentalizan ni hacen Arquitectura. De los cottages de Cape Cod, al baloon frame, pasando por la perfección de los paneles de aluminio acabados en textura de madera, han tendido a construir una chimenea de ladrillo sobre la que se apoya a una colección de cobertizos. Cuando Groff Conklyn escribió (en La casa adaptada al clima) que «una casa es fundamentalmente un caparazón vacío … un caparazón es todo lo que una casa o una estructura en la que viven los humanos realmente es. Y la mayoría de los caparazones en la naturaleza son barreras para el calor o el frío extraordinariamente ineficientes…», estaba expresando una visión extremadamente estadounidense, respaldada por una larga tradición popular.

Y como la tradición está de acuerdo con Conklyn en que el caparazón vacío de los estadounidenses es una barrera tan ineficiente para el calor, los estadounidenses han estado siempre dispuestos a bombear más calor, luz y electricidad en sus alojamientos de lo que lo hacen otros pueblos. El espacio monumental estadounidense, supongo, es el gran espacio abierto – el porche, la terraza, las llanuras del ferrocarril de Whitman, la carretera infinita de Kerouac, y ahora, el espacio exterior allá arriba [the Great Up There].

Incluso dentro de la casa los estadounidenses pronto aprendieron a prescindir de [p.110] las particiones [paredes] que los europeos necesitan para que sus espacios sean arquitectónicos y estén bajo control, y mucho antes de que Wright empezara a eliminar las paredes que subdividían la arquitectura decorosa en cuarto estar, cuarto de juego, card room, gun room, etc. los estadounidenses más humildes ya habían tendido a un modo de vida adaptado a interiores informales que eran efectivamente grandes espacios únicos.

Y ocurre que los grandes espacios envueltos en finos caparazones tienen que ser iluminados y calentados de una manera bastante diferente, y más generosa, que los interiores compuestos de cubículos de la tradición europea en torno a la que la cristalizó inicialmente el concepto de arquitectura doméstica. Desde el principio, desde la estufa Franklyn y la lámpara de queroseno, el interior estadounidense tuvo que tener mejores instalaciones para poder ser soporte de una cultura civilizada, y ésta es una de las razones por las que los Estados Unidos han sido la vanguardia de las instalaciones mecánicas en los edificios – de forma que si hay algún sitio en que las instalaciones se deban percibir como una amenaza, tiene que ser allí.

[EEUU y los olores]

«El fontanero es el intendente de la cultura de los Estados Unidos», escribió Adolf Loos, padre de todos los tópicos sobre la superioridad de la fontanería norteamericana. Loos sabía de lo que estaba hablando; su breve visita a los EEUU en los noventa [década de 1890] lo convenció de que las virtudes más destacadas del American way of life eran la informalidad (no era necesario llevar sombrero de copa para visitar a los funcionarios locales) y la limpieza – algo que necesariamente tenía que ser constatado por un vienés con una importante colección de compulsiones freudianas como era Loos. Esta obsesión con lo limpio (que puede ser uno de las mayores absurdos de la cultura norteamericana del olor a desinfectante y los Kleenex) fue otro motivo psicológico que llevó los condujo a las instalaciones mecánicas. Las primeras justificaciones del aire acondicionado no eran solo que la gente tenía que respirar: Konrad Meier (Reflexiones sobre calefacción y ventilación, 1904) escribió con meticulosidad sobre «[…] el exceso de vapor de agua, olores insanos de los órganos respiratorios, dientes sucios, sudor, ropa descuidada, presencia de microbios debida a circunstancias varias, aire pesado de alfombras y cortinajes polvorientos … que causan grandes molestias y problemas de salud».

(Dense un lavado antes de volver al siguiente párrafo.)

La mayoría de los pioneros del aire acondicionado parecería que hubieran estado obsesionados con el olfato: los mejores amigos de los EEUU que se sentían en la obligación de hablarle de su mal olor corporal (nacional), y a continuación, – vendedores compulsivos –, recomendarle su propia panacea patentada para ventilar el mal olor. De alguna manera, entre este conjunto de conceptos – limpieza, caparazón ligero, instalaciones mecánicas, informalidad e indiferencia por los valores arquitectónicos monumentales y pasión por el aire libre – siempre me pareció que acechaba algún concepto elusivo que nunca acababa de enfocar.

[La máquina en el jardín]

Finalmente me resultó claro y legible en junio de 1964, en las circunstancias más apropiadas y sintomáticas. Estaba metido en el agua hasta la altura del pelo del pecho haciendo películas caseras (gozo de este «subidón estilo NASA» llevando equipos caros a ambientes hostiles) en la playa del campus de [la universidad de] Southern Illinois. Esta playa combina el aire libre y la limpieza en un modo altamente estadounidense – como escena es el tradicional lugar de baño tipo Huckleberry Finn, pero adecuadamente vigilado (por estudiantes trabajando como salvavidas sentados en sillas Eames sostenidas sobre pilares sobre el agua) y además ¡está tratada con cloro! Desde donde estaba no sólo veía enormes barbacoas y picnics familiares sobre la arena esterilizada; también, a través y por encima de los árboles, divisaba la superficie textil de una cúpula experimental de Buckminster Fuller. Y me di cuenta entonces de que si la sucia Naturaleza pudiera mantenerse bajo un grado de control adecuado (manteniendo el sexo pero dejando fuera los estreptococos), por el medio que fuera, los Estados Unidos estarían contentos de poder prescindir completamente de la arquitectura y los edificios.

A Bucky Fuller por supuesto le gusta mucha esta propuesta: su famosa pregunta no retórica, «Señora, ¿sabe usted cuánto pesa su edificio?» articula una sospecha subversiva sobre lo monumental. Esta sospecha es compartida menos articuladamente por miles de estadounidenses que se han deshecho ya del peso muerto de la arquitectura doméstica y viven en viviendas móviles, que aunque puede que nunca lleguen efectivamente a moverse, ofrecen un mejor funcionamiento en tanto que alojamiento que las estructuras ancladas al suelo y que cuestan como mínimo tres veces más y pesan como mínimo diez veces más.

[El standard of living package]

Si alguien inventase un paquete que efectivamente [p. 112] permitiera desconectar la vivienda móvil del cableado de la red eléctrica urbana, las bombonas de gas precariamente colgadas y los inefables arreglos del saneamiento que derivan del no estar conectados a la red – veríamos entonces algunos cambios de verdad. Y puede que no sea algo tan lejano; los recortes en el gasto militar pueden hacer que las empresas aeroespaciales se dediquen a otras cosas, y que ese tipo de talento para la miniaturización aplicado a un «paquete de vida estándar» [standard-of-living package] autónomo y regenerativo, que pueda ser remolcado por una autocaravana, o enganchado de alguna manera, pudiera producirse como una unidad de alquiler para ser recogida o dejada en almacenes distribuidos por todo el país. Avis todavía podría convertirse en la primera empresa de alquiler de servicios mientras continúa en un digno segundo puesto en el alquiler de coches.

Esto podría dar lugar a una revolución doméstica que haría que la arquitectura moderna pareciese un juego de construcción de niños [Kiddibrix], porque se podría llegar a prescindir de la autocaravana misma. Un paquete de vida estándar (la frase y el concepto son de Bucky Fuller) que de verdad funcionase podría, como tantos inventos sofisticados, volver a acercar el Hombre al estado natural a pesar de su cultura compleja (algo parecido a cómo la sustitución del telégrafo Morse por el teléfono Bell restauró el poder de la voz a escala nacional).

[El modelo del fuego de campamento]

El Hombre empezó con dos formas básicas de controlar su entorno: una, evitando el asunto y escondiéndose bajo una roca, un árbol, una tienda o un techo (lo que llevó a la arquitectura tal como la conocemos) y la otro, interfiriendo efectivamente con la meteorología local, normalmente por medio de un fuego de campamento, que, en un modo más elaborado, podría llevar al tipo de situación que trato ahora de discutir. A diferencia del espacio habitable que encerraba a nuestros antepasados bajo una roca o una cubierta, el espacio en torno a un fuego tiene muchas cualidades singulares que la arquitectura no puede aspirar a igualar, sobre todo, su libertad y variabilidad.

[P. 112] La dirección y fuerza del viento determinará la forma y dimensiones de ese espacio, alargando la zona de calor tolerable en un largo óvalo, y el área de iluminación tolerable será un círculo solapado con el óvalo de calor. Habrá así una gama de alternativas ambientales equilibrando luz y calor de acuerdo con la necesidad y el interés. Si quieres hacer trabajo de detalle, como reducir una cabeza humana, te sientas en un lugar, pero si quieres dormir te acurrucas en un sitio diferente; el juego de las tabas se situará en un lugar bastante diferente del que era apropiado para el encuentro del comité de los ritos de iniciación … y todo esto sería maravilloso si los fuegos de campamento no fueran tan ineficientes, inestables, llenos de humo y todo lo demás.

Pero un paquete de vida estándar bien diseñado, impulsando el aire caliente desde el suelo (en lugar de chupando el aire frío desde abajo como un fuego de campamento), irradiando una luz suave y con Dionne Warwick sonando en un cálido [aparato de sonido] estéreo, con proteínas bien envejecidas asándose al resplandor infrarrojo en la rotisserie, y la máquina de hielo discretamente llenando de cubitos los vasos de un bar desplegable – esto mejoraría mucho más un arroyo del bosque o una roca próxima a una garganta que cualquier cosa que pudiera inventar Playboy para su penthouse. Pero ¿cómo se llevaría toda esa tecnología al fondo de la garganta? No tiene que ser muy voluminoso, las necesidades de los viajes espaciales, por ejemplo, han hecho [p. 114] cosas tremendas con la tecnología del estado sólido [electrónica], produciendo incluso minúsculos transistores refrigerantes. No absorben gran cantidad de calor, pero, ¿qué vas a hacer en este arroyo en cualquier caso; congelar un buey profundamente? Tampoco la tendrías que cargar – podría trasladarse sobre un colchón de aire (su propia salida de aire acondicionado, por ejemplo) como un hovercraft o un aspirador doméstico.

[El coche como modelo de proto-vivienda y fuente de energía]

Todo esto consumirá bastante energía, aunque sea con transistores. Pero debemos recordar que pocos estadounidenses están habitualmente alejados de una fuente de potencia de entre 100 y 400 caballos – el coche. Unas baterías mejoradas y un cable autoenrollable lograrían que el aroma de bourbon caliente flotase sobre el edén mucho antes de que lleguen la transmisión de energía vía microondas o las plantas de energía atómica miniaturizadas. El coche ya es el más poderoso elemento en el arsenal medioambiental estadounidense, y un componente esencial de un anti-edificio no-arquitectónico, con el que está familiarizada la mayor parte de la nación – el autocine [drive-in movie house]. Aunque el término casa [del nombre en inglés] sea una denominación manifiestamente equivocada – tan solo un terreno llano en el que la empresa que lo gestiona ofrece imágenes y sonido, y el resto de la situación llega sobre ruedas. Té llevas tu propio asiento, calefacción y protección como parte del coche. También llevas Coca Cola, galletas, Kleenex, Chesterfields, ropa extra, zapatos, la píldora y lo que sea que no se vende en tiendas de sonido.

[Una cubierta inflable]

El coche, en resumen, ya está haciendo bastante del trabajo del paquete de vida [standard of living package] – la pareja romántica bailando con la música de la radio en el descapotable aparcado ha creado un salón de baile en medio de la naturaleza (pista por cortesía de la Dirección de Carreteras, por supuesto) y todo es paradisíaco hasta que empieza a llover. Aún así no te mojas – es necesaria muy poca presión de aire para inflar una cúpula de plástico transparente, la salida de aire acondicionado de tu living package móvil puede hacerlo, con o sin una ligera mejora, y la cúpula misma, plegada en una mochila de paracaídas, puede ser parte del paquete. Desde dentro de tu hemisferio de 10 m de cálido espacio vital [Lebensraum] tendrías vistas espectaculares de primera fila del viento derribando árboles, la nieve en el arroyo, el fuego del bosque sobre la colina o Constance Chatterley corriendo hacia quien tú sabes bajo la tormenta.

[Una plataforma sólida sobre la que colocar el paquete de vida estándar]

Pero … seguro, esto no es una casa, ¿no es posible sacar adelante una familia en una bolsa de polietileno? Algo así nunca podrá sustituir al tradicional edificio estilo rancho en tres niveles que se alza orgulloso en un paisaje de cinco arbustos derrotados, flanqueado a un lado por otro tradicional edificio estilo rancho en tres niveles con seis arbustos y al otro por otro rancho en tres niveles con cuatro niños pequeños y yermo privado. Si los muchos estadounidenses que están criando familias en trailers me disculpan, tengo algunas sugerencias que hacer a los aún más numerosos estadounidenses que están tan inseguros que tienen que esconderse en falsos monumentos de piedra artificial y tejados prefabricados. Existen, hay que admitirlo, sólidas ventajas cotidianas derivadas de tener una buena alfombra sobre un suelo firme bajo los pies, en lugar de agujas de pino y hiedra venenosa. Los pioneros estadounidenses lo reconocieron cuando construían sus casas construyendo habitualmente sus chimeneas de ladrillo sobre soleras también de ladrillo. Una cúpula transparente podría ser anclada a una base así tan fácilmente como una estructura ligera de madera [baloon frame], y el paquete de vida estándar podría flotar sobre una especie de zona de barbacoa glorificada en medio de la solera.

[Salir y entrar de la cúpula: una cortina de aire]

Pero una bóveda inflable no es el tipo de cosa en la que los niños o alguien comiendo calabaza distraídamente pueden entrar y salir con comodidad – creedme, tratar de salir de una cúpula inflable puede ser peor que tratar de salir de una tienda de campaña empapada si empiezas con la maniobra equivocada. Pero la relación del kit de servicios con la plataforma puede ser reorganizada para superar esta dificultad, todos los cacharros del estándar de vida pueden ser reorganizados en la parte superior de la membrana que flota sobre el suelo, radiando hacia abajo calor, luz y lo que sea, dejando todo el perímetro abierto para salir como se quiera, y también para entrar, supongo. Este loco movimiento moderno de interpenetración de interior y exterior podría llegar a ser real por fin aboliendo las puertas. Técnicamente, por supuesto, sería bastante viable hacer que la membrana de energía flotase literalmente, estilo hovercraft. [Sin embargo,] cualquiera que haya tenido tenido que estar bajo las aspas de un helicóptero sabrá que es algo poco recomendable si no es para deshacerse instantáneamente de algún papel. El ruido, el consumo de energía y la incomodidad física [p. 115] serían algo tremendo. Pero si la membrana de energía pudiera sostenerse en una columna o dos, aquí y allá, o incluso en una unidad de aseo construida con ladrillo, entonces estaríamos en el camino de lo técnicamente posible antes de que la Gran Sociedad se haga mucho más vieja.

La propuesta básica es sencillamente que la membrana energética genere una cortina de aire caliente/frío/acondicionado en el perímetro de la «des-casa», por el lado del viento, permitiendo que en el resto el clima del entorno continúe en el espacio habitable, cuya relación en planta con la membrana superior no será de uno-a-uno. La membrana tendría que extenderse probablemente más allá del límite de la solera de base, en todo caso, para evitar que la lluvia llegue dentro, aunque la cortina de aire estaría activa precisamente por el lado por el que la lluvia esté cayendo, y estando acondicionada, tenderá a absorber la humedad. La distribución de la cortina de aire estaría gobernada por varios sensores electrónicos de luz y temperatura, y por esa invención radical llamada veleta. Para un tiempo verdaderamente malo se necesitarían puertas o persianas de tormenta automatizadas, pero en todos los climas salvo los más impredeciblemente inconstantes debería ser posible diseñar el equipo de acondicionamiento para tratar con las condiciones climáticas la mayor parte del tiempo, sin que el consumo de energía llegue a ser ridículamente mayor que el de una ineficiente casa de tipo monumental.

Obviamente, el consumo será significativamente mayor, pero toda esta discusión [p. 116] se desarrolla a partir de la observación de que es parte del American way of life gastar en servicios y mantenimiento en lugar de en estructura perimetral, en contraste con las culturas campesinas del Viejo Mundo. En todo caso, no sabemos dónde estaremos en la próxima década con cosas como la energía solar, y a cualquiera que le interese imaginar una visión casi posible de aire acondicionado completamente gratis, permítanme que les recomiende Shortstack (otro truco inteligente con un tubo de polietileno) en el número de diciembre de 1964 de la revista Analog.

[Contestando algunas objeciones: ruido, bichos, privacidad…]

De hecho, bastantes de las objeciones de sentido común que se pueden hacer a la «des-casa» podrían evaporarse solas: por ejemplo, el ruido puede no ser un problema porque no habrá paredes alrededor para rebotarlo de vuelta al espacio habitable, y, en todo caso, el rumor de la cortina de aire supondría un aceptable umbral de volumen que los sonidos tendrían que superar antes de hacerse perceptibles y así llegar a molestar. ¿Bichos? ¿Vida silvestre? En verano no será mucho peor que con las puertas y ventanas abiertas en una casa convencional; en invierno, las criaturas sensatas bien migran, bien hibernan, pero, en todo caso, ¿por qué no estimular los procesos normales de competición darwiniana para ordenar la situación en nuestro lugar? Todo lo que se necesita es iniciar el proceso por medio de un señuelo de carácter general; éste emitiría llamadas para el apareamiento y olores sexy, atrayendo así a todo tipo de predadores y presas mutuamente incompatibles a una lucha inenarrable. Una cámara conectada a un circuito cerrado de televisión podría retransmitir el estado del juego a una pantalla en el interior de la vivienda y ofrecer un programa de 24 horas que dejaría en nada la audiencia de Bonanza.

¿Y la privacidad? En los EEUU esto parece ser más una idea abstracta que algo que tenga que ver con cómo se vive de hecho, por lo que es difícil pensar que a alguien le preocupe seriamente. La respuesta, en las condiciones suburbanas que suponen esta argumentación, es la misma que se dio para las casas de vidrio que los arquitectos diseñaban tan activamente hace diez años: más paisajismo sofisticado. Esto, después de todo, es el país del bulldozer y los trasplantes de árboles adultos – ¿por qué vamos a dejar que el Jefe de Parques y Jardines se quede con toda la diversión?

[El sueño jeffersoniano de la buena vida]

Según se dijo, esta argumentación supone que, para bien o para mal, los EEUU quieren vivir en suburbia. No tiene nada que decir sobre la ciudad, que, como la arquitectura, en EEUU es un realidad insegura que procede de fuera. Lo que [p. 117] discutimos aquí es una extensión del sueño jeffersoniano más allá del sentimentalismo agrario del Broadacre usoniano de Frank Lloyd Wright – el sueño de la buena vida en un campo limpio, de una vida hogareña en un jardín de electrodomésticos paradisíaco. Este sueño de la «des-casa» puede sonar muy antiarquitectónico, pero lo es sólo en grado, una arquitectura despojada de sus raíces europeas, pero que trata de desarrollar unas nuevas en un suelo extraño ya ha sido experimentado una o dos veces. Wright no bromeaba cuando hablaba de la destrucción de la caja, aunque la promesa espacial de la frase es raramente hecha completamente realidad en el mundo sólido de los hechos. Arquitectos populares de las regiones centrales de los EEUU como Bruce Goff y Herb Greene han producido casas cuya supuesta forma monumental es claramente de poca relevancia para el desarrollo de la vida cotidiana en su interior y su entorno.

[El modelo de la casa de cristal de Philip Johnson]

Pero es en un edificio que a primera vista no parece otra cosa que forma monumental donde la amenaza o la promesa de la «des-casa» se ha demostrado con mayor claridad – la casa Johnson en New Canaan. Se han dicho tantas cosas engañosas (por el propio Johnson y por otros) para probar que esta casa es una obra de arquitectura en el sentido de la tradición europea que hacen que no se aprecien sus muchos e intensos rasgos estadounidenses. Y sin embargo debajo de toda la erudición sobre Ledoux, Malevich y Palladio y de lo que se ha publicado, un sugestivo prototipo permanece sin poder ser borrado – la persistencia en la mente de Johnson, admitida por él mismo, de la imagen visual de un pueblo incendiado en Nueva Inglaterra, los caparazones ligeros de las casas consumidos por el fuego dejando tan solo los suelos y las chimeneas de ladrillo. La casa de New Canaan consiste esencialmente en esos dos elementos, un suelo calefactado de ladrillo y una unidad vertical que es una chimenea/hogar por un lado y un cuarto de baño por el otro.

Alrededor de esto se ha colocado precisamente el tipo de caparazón insustancial que planteaba Conklyn, solo que aún más insustancial. La cubierta, sin duda, es sólida, pero psicológicamente la casa está dominada por la ausencia de un cierre visual alrededor. Tal como han notado muchos peregrinos al lugar, la casa no se acaba en el vidrio, y la terraza, incluso los árboles más allá, son parte visual del espacio en invierno, física y operativamente también en verano cuando las cuatro puertas están abiertas. La «casa» es poco más que un núcleo de servicios emplazado en el espacio infinito, o alternativamente, un porche exento que mira en todas direcciones hacia al espacio exterior. En verano, en efecto, los vidrios serían un sinsentido si los árboles no los protegieran del sol, y en el reciente otoño, tan caluroso, el sol llegando al interior a través de los árboles desnudos creaba un efecto invernadero tal que estar en ciertas zonas se hacía muy incómodo – se habría estado mejor en la casa sin los cerramientos de vidrio.

[P. 118] Cuando Philip Johnson dice que la casa no es un ambiente controlado, sin embargo, no son estos aspectos de los cerramientos de vidrio los que tiene en mente, sino que «cuando hace frío me tengo que acercar al fuego y cuando ya tengo demasiado calor me alejo». Lo que ocurre es que está simplemente aprovechando el fenómeno del fuego de campamento (también pretende que el suelo calefactado no hace que toda la superficie sea habitable, que sí que lo hace) y en todo caso, ¿a qué se refiere con un ambiente controlado? No es lo mismo que un ambiente uniforme, es sencillamente un ambiente adecuado a lo que vas a hacer a continuación, y ya construyas un monumento de piedra, te alejes del fuego o enciendas el aire acondicionado, se trata del mismo gesto humano básico.

[Conclusión: en contra del monumento]

Sólo que el monumento es una solución tan pesada que me asombra que los estadounidenses estén todavía dispuestos a usarla, si no es por alguna profunda sensación de inseguridad, una incapacidad persistente de deshacerse de los hábitos mentales que querían dejar atrás escapando de Europa. En la sociedad de fachadas abiertas, con su movilidad social y personal, su intercambiabilidad de componentes y personas, sus aparatos y su flexibilidad casi universal, la persistencia de la arquitectura-como-espacio-monumental podría parecer la evidencia del sentimentalismo de los duros.

N. del T.: El significado de este final se me escapa y parece algo anticlimático. Quizá tenga que ver con que Banham consideraba la sociedad californiana en particular como excesivamente romántica.

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Referencias varias

Versión en inglés PDF con ilustraciones: https://studio4postindustrial.files.wordpress.com/2011/04/banham-home-is-not-a-house-1.pdf

Ilustraciones de François Dallegret: https://socks-studio.com/2011/10/31/francois-dallegret-and-reyner-banham-a-home-is-not-a-house-1965/

Otra versión en esp: https://pablomadridra.wordpress.com/2012/11/25/a-home-is-not-a-house-traduccion-al-castellano/

Otra versión más en esp en: Almudena Ribot, Gaizka Altuna Charterina & Diego García-Setién (editores), Prototipar. Cómo industrializar casi cualquier cosa, Colaboratorio, Madrid; p.78-88

Hacer collage, según Antonio Lafuente

Imagen: Man Ray, ca. 1920, Dancer-Danger, collages fotográficos.

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Selección y comentario de José Pérez de Lama del libro de Antonio Lafuente, 2022, Itinerarios comunes. Laboratorios ciudadanos y cultura experimental, NED ediciones, Madrid, pp. 13-15

Leyendo a mitad de camino el libro del querido Antonio Lafuente, con su admirable índice: Componer, Experimentar, Comunalizar y Cuidar, en el que podría decirse que recoge sus años de experiencia y reflexión sobre el Media Lab Prado y por extensión los laboratorios ciudadanos.

Se pregunta uno, que también ha sido «acompañante teórico» de proyectos de acción, hasta qué punto estas teorizaciones son particulares de Lafuente, forman parte de una conversación práctica con otros participantes en el proyecto o representan efectivamente el pensamiento colectivo del proceso.

Reproduzco una de las entradas del libro como muestra, que me gustó particularmente, por su relación con «lo compositivo», hacer collage sería parecido a hacer mapa o rizoma en otros sistemas, componer agenciamientos o ensamblajes, y cosas de ese orden. O eso me parece.

Espero que este fragmento sirva entre otras cosas para que los/as posibles lectores se animen a continuar con el libro.

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Colla(ge)borar, por Antonio Lafuente

Habitamos un mundo manifiestamente mejorable y es normal que intentemos cambiarlo. No sorprende, por ejemplo, que queramos liberarlo de los muchos prejuicios de raza, de clase, de género, de cultura o de edad. No es raro entonces que deseemos «lavarlo» y «hacer colada», en su expresión literal y en la figurada. Tenemos que hacer collage.

Comentario: Usa Lafuente aquí un juego de palabras entre colada – poner cola, encolado, quizás, y colada de lavar la ropa – pero no estoy muy seguro que que funcione bien… Collage en francés sería encolado, de poner cola, colle, pegar…

«Hacer la colada» es también un juego que desafía el orden estético, simbólico y político heredado o que promueven las elites dominantes. Hacer collage es conectar cosas que nunca estuvieron juntas, hacer visibles mundos imaginados, ensayar en otro orden posible, iniciar un relato inaudito, suspender los significados normalizados: hacer volver a ver, no tanto en el sentido de revisar, como en el de renacer.

Más allá de una acción individual, el collage nos invita a colaborar porque necesitamos juntar cosas que fueron separadas por decisiones administrativas, estéticas, políticas o epistémicas. Tal vez queramos otras configuraciones menos funcionales, o quizás sea que nos atrae lo desconocido, lo marginado, lo minúsculo, lo desechado, lo irregular, lo inútil: el hecho es que necesitamos acercarnos a otros mundos o al mundo de otras personas si queremos experimentar con la diferencia, limpiarnos los ojos y ensanchar nuestra sensorialidad. ¡Hagamos colada!

Los materiales del collage pueden ser muy variados: cosas improvisadas que ignorábamos, cosas imaginadas que se hacen reales, cosas que unen experiencias comunes, cosas que existieron o fueron abandonadas, cosas futuras, cosas prometidas o indescifrables, cosas guardadas o cosas encontradas. Caben las cosas que tienes o no tienes, como también las que conoces o ignoras, las que deseas o abo- [p. 44] minas, las que sueñas, las que barruntas y las que son mistéricas. En un collage pueden entrar las cosas más vulgares y las más extraordinarias, los secretos, las profecías, los versos y todas las otras máquinas que nos rodean. En efecto, nada puede ser más abierto e inclusivo que un collage. Nada puede ser más creativo ni más político (Adamowicz, 1998).

Nada puede ser tampoco más sencillo. Se puede hacer «colada» en el colegio y en todos los espacios convivenciales. Más aún, se debe. Es un juego y basta con jugar. Para ello les pedimos a los que participan que cada uno traiga una cosa que le importe mucho, porque le trae recuerdos o tiene algún valor. También valdría traer el más insignificante de los objetos que posea porque está harto de su presencia o de su irrelevancia. En fin, nuestro juego tiene reglas fáciles de recordar.

Una vez que ya contamos con los objetos, pasamos a la segunda parte: jugar con otros. Es decir, mezclar nuestras cosas, trenzarlas y despersonalizarlas. Ponerlas en red.

Y al remezclarlas surgirán alternativas, se abrirán posibilidades, emergerán significados (Yuen, 2016).

El primer paso entonces puede ser crear un relato que explique ese encuentro, tropezón o avistamiento. Hacer collage entonces es una forma de inventar historias. El relato en el collage es importante porque nos muestra maneras de (re)presentar el mundo mediante objetos contingentes, situados, propios. Inventamos historias e historias que nos inventan, Inventamos [a] un nosotros (Yurkievich, 1984).

Cada una de las cosas escogidas y aportadas al collage conecta con nuestro inconsciente y al mezclarlas dan vida a un nosotros emergente; es decir, contamos una historia que parte de lo personal, pero que el proceso transforma en «colla(ge)borativa». Colla(ge)borar es un juego sin reglas. Podemos [no] descubrir nada y divertirnos poco. Depende de la actitud y de la situación. A veces, conviene aceptar nuestra mediocridad y no exigirnos demasiado. Pero nada nos impide ponernos juguetones, especulativos o desafiantes. Nadie nos obli- [p. 45] ga a ser convencionales y previsibles. Podemos arriesgar una hipótesis improbable o una combinación de objetos absurda. Podemos ser absurdos como nuestro inconsciente, imprevisibles como la fortuna o mágicos como los músicos de una jam session. También podemos ser tenaces como las hormigas, solidarios como los donantes o confiados como los niños. Podemos, en fin, ser colla(ge)borativos.

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¿Cuánto CO2 emite su vivienda, Mr Foster?

Imagen: Philippe Rahm, 2010, Convective Apartments. Fuente: urbannext.net/philipperahm/

Por José Pérez de Lama _ entrada en construcción

Recordando a mi padre, que murió hace aproximadamente un año y nueve meses, que me inculcó el interés por el conocimiento de los «grandes números» de los temas que queremos estudiar. A él quizás le venía de Aguirre, uno de sus profesores preferidos en la Escuela de Caminos de los años 50 en Madrid. Mi padre no era un convencido radical del calentamiento global, pero tras múltiples conversaciones en sus últimos años sí que asumió el «principio de precaución» de Jonas: es algo posible y más vale actuar en consecuencia. También tengo que decir que hacia 1982 encargó -entonces como delegado del MOPU (Ministerio de Obras Públicas) en Sevilla- el primer proyecto de vivienda social bioclimática del que tengo conocimiento, las 128 viviendas en Osuna (Sevilla) de López de Asiain, Domínguez, Alberich y el Seminario de Arquitectura Bioclimática de la Universidad de Sevilla. Muy visionario en este aspecto, me permito afirmar.

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«¿Cuánto pesa su edificio, Mr Foster?» es la pregunta que hizo el ingeniero y polímata Buckminster Fuller hacia finales de los 70 a un  joven Norman Foster, -hoy famosísimo arquitecto, incluso reconocido como «Sir» en el Reino Unido. Era la época del inicio del estilo «high tech» y personajes como Fuller consideraban la ligereza como una virtud principal. Pasados cerca de 50 años, vengo diciendo que la pregunta que habría que hacer hoy, en lugar de la de Fuller, es la que da título a estos párrafos, «¿Cuánto CO2 emite su edificio, Sr. Foster?», cuestión que denotaría la virtud -y tal vez la belleza, como dice Philippe Rahm- de un edificio contemporáneo.

¿Cuánto CO2 emite su vivienda, Mr Foster? Unos números muy generales

Según el proyecto Entranze financiado por la UE en España la vivienda media consume entre 100 y 200 kWh / m2 / año.

Para una vivienda de 100 m2 (supongamos que construidos) esto supondría entre 10.000 y 20.000 kWh/año / vivienda.

Para estimar las emisiones de CO2 correspondientes a este consumo encontré una web de la Generalidad de Cataluña. El supuesto que es toda la energía sea de procedencia eléctrica. Dice esta web que para el mix eléctrico de 2020 (combinación de diferentes fuentes de producción típicas) las emisiones son de 250 gCO2/kWh.

Usando estos datos nos daría un rango de emisiones para la vivienda que hemos considerado típica, de 100 m2 de superficie, entre 2.5 T de CO2 / año y 5 T de CO2 / año.

Las emisiones globales anuales son del orden de 30-40.000 millones de toneladas de CO2 (o 30-40 GT). Las emisiones de España se estimaban en 2020 en torno a los 200 millones de T de CO2 / año o 0.2 GT (hay que considerar quizás que el 2020 fue el año del COVID y hubo un descenso global en el consumo de energía y por tanto de las emisiones). Las emisiones per cápita de España para 2020 se estiman en torno a las 4.5 T de C02 /persona/ año; hacia 2005 habían alcanzado un máximo superior a 8 T de CO2 /persona/ año. Fuente: https;// ourworldindata.org/

Contrastando estos datos teóricos con el consumo real de una vivienda en Sevilla (España) -de unas facturas que tengo a mano- se observa que no están demasiado desviados; las cantidades de la factura real son ligeramente inferiores, pero se trata de una vivienda que cuenta con gas natural además de electricidad. Y cabe señalar que las necesidades de calefacción en Sevilla -parte principal del consumo de energía típico de una vivienda- en Sevilla son inferiores a la media de España.

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Otros datos relacionados que propone Philippe Rahm

Rahm es un arquitecto suizo-francés con una obra muy experimental y artística centrada en las relaciones entre el clima y la arquitectura (imagen al principio del post). En un libro titulado Escritos climáticos, de reciente traducción al español, ofrece los siguientes datos que me parecieron de gran interés. Aunque los datos térmicos de edificios concretos pueden por supuesto calcularse con los múltiples programas de eficiencia o certificación energética (Hulc y BREEAM, Verde, Leed [EEUU], Passivhaus [Alemania] … Ladybug, Diva, etc.), estos requieren un proceso más o menos complejo, más bien esotérico para los no iniciados, y lo interesante de Rahm es su capacidad de simplificación, y como decíamos al principio, de darnos una idea del orden de magnitud de la cuestión. Cito y resumo a  continuación (Rahm, 2021: 93-98):

[…] la arquitectura y la construcción son responsables de aproximadamente el 40% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Un tercio de este porcentaje se libera durante la construcción del edificio -en este porcentaje- se incluyen los materiales de construcción empleados y su huella de carbono. Los otros dos tercios provienen de la energía consumida en el funcionamiento del edificio durante toda su vida últil. Esto ocurre principalmente al calentar el edificio en invierno y refrigerarlo en verano. El 84.7% de la energía que alimenta la calefacción y el aire acondicionado de un edificio provenían en 2018 [en Francia, suponemos] de fuentes de energía a base de carbono. Para extraer de ellas la energía se precisa una combustión que desprende un gas de efecto invernadero, el CO2 -este porcentaje se correspondería con lo que en el punto anterior incorporábamos como el «mix eléctrico» […]

Durante los últimos años, se han llevado a cabo numerosos trabajos de rehabilitación energética que, en esencia, consisten en forrar los muros de fachada de las viviendas existentes, así como las cubiertas y forjados de planta baja, por medio de un material de alta capacidad aislante (fibra de vidrio, lana de roca, celulosa, cáñamo, etc.) y un espesor entre 10 y 24 cm. En Francia estas intervenciones comenzaron en 1974 […] a consecuencia de crisis del petróleo de 1973. En aquel momento el objetivo era reducir el consumo energético de los edificios por debajo de los 225 kWh/m2/año. Se estima que los edificios construidos entre 1950 y 1970 consumían unos 300 kWh/m2/año […]

Antes de 1974 los edificios carecían de cualquier tipo de aislamiento térmico […] y es fácil entender que que el frío invernal atravesaba sin demasiada dificultad [las fachadas de la época] para llegar al interior de la vivienda, pues la transmitacia térmica de estas fachadas era bastante pobre, del orden de 4.5 W/m2 ºK.

Las normativas térmicas francesas posteriores, de 1978 y 1980 [en España la norma CT-1979], contemplarán la colocación de verdaderos materiales aislantes, escogidos específicamente para esta función, como el poliestireno, al que apenas se daba un espesor de 3 cm y que se superponía a los materiales de la estructura […] Fue un gran paso […] porque fue la primera vez desde finales del siglo XIX que se recubrían los muros de los edificios con un material no portante […] como se hacían antaño con los tapices, las cortinas o las alfombras. Se estima que la transmitancia térmica U [de los edificios] en este período rondaba los 1.05 W/m2 ºK.

A partir de 1974 se fue aumentando progresivamente el espesor del aislamiento [siempre en Francia] hasta rondar los 10 cm necesarios para conseguir un valor de U de 0.5 W/m2 ºK estipulado [actualmente] en la normativo francesa. […]

Desde 1970, el consumo energético [de las viviendas] en Francia se ha dividido por seis, y en Suiza por ocho y medio. El objetivo anunciado para la [nueva] normativa francesa consiste en alcanzar los 12 kWh/m2/año, lo que supondrá dividir por 25 el consumo energético respecto a 1970. La nueva normativa francesa debería estar a la altura de los mejores estándares europeos, como Minergie en Suiza o Passivhaus en Alemania, que imponen un espesor de aislamiento de 20 cm para alcanzar una transmitancia térmica de 0.12 W/m2 ºK.

Puede verse un cuadro resumen con los datos expuestos por Philippe Rahm al final del post.

Hasta aquí Rahm. Hago a continuación, para terminar, algunas consideraciones adicionales.

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Viviendas «net-zero» y de energía positiva

Eficiencia energética + producción de energías renovables. Siendo bien interesante esto de la eficiencia energética conviene no olvidar cuál es la razón principal de que nos preocupemos por el asunto. El consenso general [IPCC] es que habría que mantener 1.5ºC el aumento de la temperatura del planeta por debajo de los 1.5ºC — y la cosa es que desde que se formulé ese objetivo en 2015 ya subió entre 1.2 y 1.3ºC. Para lograr no superar los 1.5ºC se supone que para el año 2050 habría que haber transformado el sistema en su conjunto, incluida la edificación, en un sistema net zero de emisiones, ese decir que las emisiones netas de CO2 sean igual a cero. Hay unas ciudades europeas que incluso han firmado un compromiso para transformarse en net zero para el 2030 — lo creamos o no Sevilla es una de ellas, aunque la declaración, como siempre tiene sus trucos…

Para lograr este objetivo los edificios, y kas viviendas en particular, tendrían que ser también net zero o incluso producir más energía (renovable, eso sí) de la que consumen. A eso es a lo que se llama edificios de energía positiva. Por tanto, para alcanzar el objetivo 1.5ºC no sólo habría que ahorrar energía por medio de la eficiencia energética -según comentamos arriba- sino que habría que hacer la transición del recurso predominante a las energías fósiles -87% era el dato de Rahm, como referencia- al un uso de energías renovables. Cabe señalar, eso sí, que como ocurre con tantas cosas, la producción de energía para las viviendas puede hacerse en un amplio rango de escalas, desde la producción en la propia vivienda (vg con paneles fotovoltaicos en cubierta), a la producción comunitaria más o menos local (para las viviendas colectivas, tal vez asociadas con espacios urbanos libres o equipamientos), a la producción más convencional en grandes instalaciones de escala comarcal o regional. Y todo eso para antes del 2050…

Financiación. Me preguntaba cuando buscaba los datos y preparaba las notas ¿cómo habría que financiar todo esto? Para empezar las obras para forrar todas las viviendas con 10-20 cm de aislamiento… Y se me ocurre que sólo se podrá hacer con un pago directo por parte de los gobiernos… una especie de renta básica energética… contra la que habría que ver las posibles contraprestaciones por las ayudas de los particulares a lo público… Igual era una ocasión para transformar el mercado inmobiliario… pero eso se lo dejo a los colegas economistas y de políticas públicas… Si es una emergencia (climática), es una emergencia, pero ya se ve que la mayoría no se lo acaba de creer…

Formación, escuelas y facultades. Como tercera y última observación es la de las escuelas de Arquitectura. No me parece tampoco que en su mayoría se estén tomando en serio lo de la «emergencia». Uno pensaría que habría que priorizar todas estas cosas en la formación de los arquitectos y arquitectas, al menos de aquí a 2030-40. Así se lo vengo diciendo, sin demasiado éxito, a los colegas y responsables actuales de la mía… Pero ya que el blog se llama «arquitecturaContable» igual es algo que tendría que hacer otras facultades y escuelas, por ejemplo, la de Económicas. Y seguro que unas cuantas más.

Aquí lo dejo por hoy. Vale.

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Agradecimientos

Entre otros a José Sánchez-Laulhé por recomendarme y prestarme el libro de Philippe Rahm que comento. Y a Antonio Abellán y los colegas de Nomad Garden, por una conversación que tuvimos sobre Rahm a principios del verano.

Referencias

Entranze, 2013-2022, Total unit consumption per m2 in residential (at normal climate), disponible en: https://entranze.enerdata.net/total-unit-consumption-per-m2-in-residential-at-normal-climate.html | accedido el 22/08/2022

Gencat Cambio Climático, [actualización 2022], Factor de emisión de la energía eléctrica: el mix eléctrico, disponible en: https://canviclimatic.gencat.cat/es/actua/factors_demissio_associats_a_lenergia/ | accedido el 22/08/2022

IDAE, 2015, Calificación de la eficiencia energética de los edificios, disponible en: https://energia.gob.es/desarrollo/EficienciaEnergetica/CertificacionEnergetica/DocumentosReconocidos/normativamodelosutilizacion/20151123-Calificacion-eficiencia-energetica-edificios.pdf

[De la nota introductoria] Jaime López de Asiain, 1996, Vivienda social bioclimática. Un nuevo barrio en Osuna. Y 38 viviendas en Arboleas. Proyectados y construidos desde el enfoque bioclimático, Escuela Técnica Superior de Arquitectura, colección Textos de Arquitectura núm. 4, Sevilla

Our World in Data, 2022, varias páginas del sitio web, https://ourworldindata.org | accedido el 22/08/2022

Philippe Rahm, 2021, Escritos climáticos, Moisés Puente editores

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Tabla resumen datos de Ph. Rahm

Período Consumo energético (kWh/m2/año)«U-value» vivienda (W/m2 ºK)
1945-19733004.50
1978-792251.05
2020-objetivo futuro próximo120.12
Evolución características térmicas de las viviendas en Francia 1945-2020, según Ph. Rahm (2021)

«Todo es un lab», comentarios sobre The Lab Book, de Wershler, Emerson & Parikka

Imagen: «Food lab» del programa de Economía doméstica de la Universidad de Manitoba, 1914 o 1915; fuente: https://news.umanitoba.ca/five-stories-105-years/

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Referencia completa del libro: Darren Wershler, Lori Emerson, Jussi Parikka, 2021, The Lab Book. Situated Practices in Media Studies, University of Minnesota, Minneapolis

Comentario de José Pérez de Lama [en construcción]

Hoy en día «todo es un lab» dicen las autoras. Yo, por ejemplo, tengo un lab con mi madre, en su casa –también participa mi hermana–, en el que hacemos reproducciones de piezas familiares usando fotogrametría, impresión 3D y moldes de silicona flexible (una técnica que aprendí en la Fab Academy). Nuestra principal obra hasta ahora son reproducciones de un busto de mi abuela-niña, esculpido por su padre en 1925 — para regalarlas a la familia. Eso aparte del «laboratorio de costura» y del de «hacer cosas con cuentas» de mi madre; de la cocina; o de la propia casa para los experimentos con la vida misma como decía un joven catedrático de mi departamento universitario (F. González de Canales). Bromas aparte, de eso más o menos trata el libro de Wershler, Emerson y Parikka: de la proliferación de los laboratorios más allá de los clásicos laboratorios científicos. ¿A qué se debe? ¿Qué puede significar? ¿Cómo son, qué hacen y que tienen en común todos estos «laboratorios» que encontramos por todos lados?

La aproximación que plantean las autoras la hacen desde los Science and Technology Studies (STS), los estudios culturales, tal vez, y más específicamente, desde la «arqueología de los medios» [media archeology], la disciplina que parecen compartir las autoras, sobre la que volveremos un poco más adelante. Con esto quizás quiero sugerir que no es lo que imagino que leerían la mayoría de mis colegas del fab lab, que son más de tutoriales de YouTube, máquinas, software, cosas de makers… Es un libro más bien teórico y especulativo. A mí, que soy un poco de ambos gremios –manuales y tutoriales de YouTube y «lecturas latourianas»–, la lectura me ha sido bastante interesante; a veces quizás un poco densa. Conviene aclarar que tampoco es un libro específicamente sobre fab labs, hacklabs y cosas del estilo. El foco de atención principal podría decirse que se sitúa sobre esa cosa no tan fácil de imaginar, al menos para mí, como son los llamados «laboratorios de humanidades digitales»…

La lectura en todo caso me hizo plantearme muchas nuevas preguntas, encontrar afinidades con situaciones que desconocía, sentirme acompañado en lo que pensaba como errores y fracasos y que, quizás, a la vista de lo que cuenta el Lab Book puede que no lo fueran tanto… Seguramente también me sugirió nuevas herramientas, incluso «armas» –en sentido metafórico, desde luego– para movernos por los mundos del saber/poder…

Traduzco a continuación algunos párrafos introductorios originales, para dar una idea del tono, y para dejar que l*s autor*s lo expliquen con sus propias palabras:

Introducción: Todo es un lab

Los labs están por todos lados y no podemos dejar de hablar de ellos.

Medialabs, zonas hacker, makerspaces, laboratorios de humanidades, fab labs, incubadoras tecnológicas, centros de innovación, hacklabs y laboratorios de arqueología de los medios: estos espacios híbridos, que a veces solo tienen un vago parecido con los laboratorios científicos de los que toman parte de su inspiración, son espacios fronterizos [liminal] pero cada vez más potentes. Aparecen en universidades y escuelas, encajados con ciertas dificultades entre departamentos y facultades tradicionales. También están en sótanos, almacenes, zonas comerciales y casas ocupadas. Son estables en grados variables, muchos tienen la misma dirección desde hace bastante tiempo y un elenco itinerante de ocupantes. Algunos aparecen en un lugar durante unos pocos días, y a continuación se trasladan a otro. A veces incluso están en vehículos móviles [mobile trucks] en las calles, llevando herramientas y experiencias a niños en colegios y al público en general. Cuando los administradores organizan clusters de herramientas y talento para producir valor económico, puede ocurrir que los laboratorios se alineen con los inversores capitalistas [venture capitalists] más duros; en otros casos son lugares abiertos para su uso libre por parte de cualquiera, desdeñosos de las motivaciones comerciales.

La primera dificultad para hablar de laboratorios con algo de precisión es que la metáfora del lab ha permeado la cultura contemporánea hasta el grado de que se puede aplicar a casi cualquier cosa. A lo largo de este libro, argumentamos que los laboratorios siempre fueron híbridos y que necesitamos una heurística [un método relativamente simple e intuitivo] para poder estudiarlos. Idealmente, esta heurística debería ayudar a todo tipo de labs para describirse a sí mismos, con especial atención a las cuestiones de cómo la composición específica de cada laboratorio los [p. 2] habilita para la tarea de producir conocimiento. Mientras reuníamos escritos sobre aquellos laboratorios que considerábamos más instructivos se iban repitiendo ciertas categorías analíticas : espacio, aparato, infraestructura y políticas, gente, imaginarios y técnicas. Cada una de ellas ofrecía una perspectiva potente, si bien parcial, de nuestro sujeto / objeto de estudio. Tras pensarlo un poco, y tras docenas de entrevistas con directores y participantes en laboratorios alrededor del mundo, empezamos a darnos cuenta de que las diferencias entre los tipos de análisis que estas categorías producían no eran un problema [liability]. Al consideralos conjuntamente, comparativamente, emergía una manera de cartografiar la indudable complejidad de las relaciones del mundo de los laboratorios. Como resultado, estas categorías se convirtieron en las componentes de nuestra heurística a la que llamamos el «modelo extendido de laboratorio». Finalmente, también se convirtieron en los principios estructurantes de este libro, con cada capítulo centrado en una categoría. Cada capítulo también incluye varios casos de estudio, algunos de los cuales usan materiales de nuestra colección de entrevistas, que ofrecen la posibilidad de pensar a través de las relaciones activas entre el aspecto del laboratorio objeto específico de estudio en el capítulo correspondiente  y algunos, si no todos, de los otros aspectos del laboratorio extendido. […]

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[1] Laboratorios híbridos. Como suelo hacer últimamente, comentaré unas pocas cuestiones que me llamaron la atención de la lectura. La primera tiene que ver con la condición de «híbridos» de los laboratorios que se menciona en las párrafos anteriores. Esto me tenía algo confundido al principio, y no fue hasta la segunda lectura de la introducción –tengo esa costumbre últimamente, volverme a leer la introducción una vez acabado el libro, muy recomendable, por cierto– que me parece que comprendí bien esto de los laboratorios híbridos o la condición híbrida de los labs. Resulta que es un término o un concepto latouriano bastante específico que es necesario explicar un poco. En Nunca fuimos modernos (1993), por ejemplo, lo explica Latour. Dice allí que la Modernidad se basó en separar con nitidez dos ámbitos diferentes, ámbitos que correspondían a este tipo de pares: naturaleza-sociedad, ciencia-política, objetos-sujetos, y algunos otros más. Pero dice también, que mientras ésta era la «historia oficial» la realidad se producía subrepticiamente mezclando estos pares en teoría nítidamente separados, produciendo híbridos, natur-culturas, cuasi-objetos-cuasi-sujetos… que constituían/constituyen la textura real del mundo. Éste sería el discurso de los sistemas sociotécnicos, las tecnopolíticas, etc. Puede verse en este mismo blog un post sobre el asunto en que creo que se explique esta cuestión bastante mejor (ver más abajo referencias). El diagrama a continuación del propio Latour quizás ayude también a comprenderlo.

Diagrama: Bruno Latour, 1993, We Have Never Been Modern, Fig. 1.1, p. 11

La idea de los autores de que los laboratorios sean híbridos se refiere entonces a que los sitúan en este espacio en que se componen ciencia y política, cuasi-objetos y cuasi-sujetos, etc. El espacio donde se producen mundos, sujetos, etc. También un espacio en el que están bien presentes las relaciones saber-poder que el esquema oficial moderno trata de obviar con su pretensión de una ciencia objetiva, ajena a las cuestiones de los intereses y el poder. Continuando con el lenguaje latouriano, los labs, o los nuevos labs, para los autores, serían lugares en que se trabaja ya no con matters of fact (hechos objetivos), sino con matters of concern (cosas que nos preocupan, nos interesan) – y por qué no, con los matters of care (cosas que queremos cuidar) que decía María Puig de la Bellacasa… (ver también post en este blog sobre esto, en referencias).

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[2] Modelo extendido de laboratorio. Para analizar estos laboratorios híbridos, o donde se experimenta con las hibridaciones, proponen los autores el mencionado «modelo extendido de laboratorio», que compone seis categorías o perspectivas diferentes para tratar de entenderlos. Como decía en los párrafos traducidos estas perspectivas –«categorías analíticas» (sic)– son: espacio, aparato, infraestructura, gente, imaginarios y técnicas. Me produjo curiosidad esta estructuración; algo diferente de la que nosotros, por ejemplo, hemos venido usando cuando hemos tratado de explicar los fab labs, que suele hacer un mayor énfasis en las máquinas, aunque también trata de las personas, los procesos de aprendizaje, prácticas y conocimientos compartidos, las redes, las cosas que se producen… y, más o menos implícitamente, el discurso sobre su significado en el contexto cultural, histórico, productivo… En primera instancia podría decirse que no hay tanta diferencia. Pero ocurre que cuando las autoras empiezan a desarrollar sus categorías, teóricamente y sobre todo con multitud de ejemplos y casos de estudio, aquello en que se fijan y de lo que hablan es bastante diferente de lo que uno había imaginado –uno con mente arquitectónica-ingenieril, aunque con algunos estudios STS y de teoría crítica… Cuando tratan de los espacios, por ejemplo, dedican una parte importante a la situación de los labs dentro de los espacios administrativos, culturales, de financiación… en que se alojan o de los que forman parte, no cabe duda que un aspecto de lo más crítico. El capítulo de «aparato[s]» no habla tanto de máquinas o software como de la idea de composición o «agenciamiento»: los labs como composiciones de elementos heterogéneos, entre los cuales las máquinas son relevantes, como lo son las personas, los conocimientos y prácticas, etc. También la idea de lab como «agenciamientos de agenciamientos»… O en el capítulo de «infraestructura», en el que se usa un concepto antropológico o etnográfico de infraestructura, en lugar del que pensaría un arquitecto o ingeniero, y del que en algún momento se dice que –de esta interpretación de infraestructura– que podría ser equivalente a la idea de «cultura». Aquí se ofrece una muy interesante referencia, en la que parece que se propone esta acepción de «infraestructura» originalmente como es el artículo de Susan Leigh Star (1999) The Ethnography of Infrastructure, que está accesible en Internet y que me resultó de interesante lectura (ver referencias al final). La burocracia –tan querida de David Graeber, a quien no dejamos de echar de menos– y el talento en su gestión serían para las autoras un elemento fundamental de la infraestructura.

El adjetivo «extendido» nos dice que para entender los laboratorios es fundamental tratar de comprender los ecosistemas o ecologías más amplios de los que forman parte.

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[3] Los imaginarios de los labs. Mi capítulo preferido es posiblemente el que se dedica a los «imaginarios» de los labs, que trata de las ideas y discursos con que estos se promueven, se explican, se justifican así mismos, y que los propios labbers construyen y usan para situarse en el mundo, para explicarse a sí mismos qué hacen, por qué lo hacen, quiénes son… Habiendo participado del movimiento fab lab desde bastante temprano, y con el paso del tiempo habiendo desarrollado una cierta distancia crítica aunque manteniendo el entusiasmo, los ejemplos y argumentaciones de este capítulo me resultaron familiares y divertidos. En este y otros capítulos las autoras critican con dureza al MIT Medialab, que pareciera que fuese una de sus «bestias negras» particulares – con disculpas por la probablemente poco correcta expresión. Por un lado, en los primeros capítulos explican muy bien cómo la idea de un laboratorio de innovación tecnológica no es algo nuevo, salido de la nada, que los promotores del Medialab hubieran inventado, como parece deducirse de sus discursos. Los ejemplos que se presentan son múltiples, y entre los más interesantes, aunque no sea ni mucho menos el único, el de Menlo Park, el laboratorio de Thomas Edison, que también se discute con sus luces y sombras. La otra gran crítica que se hace del Medialab de MIT, y ésta si no recuerdo mal es en el capítulo de los imaginarios, es relativa a su carácter venal, podríamos decir, por debajo del discurso de la innovación y de los sabios extravagantes. Los autores no se perdonan en este respecto unos párrafos muy críticos sobre el caso de la implicación financiera, simbólica e institucional de Jeffrey Epstein con el Medialab de MIT.

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[4] Media archeology. Como mencionaba al principio, y si no lo entendí mal, el campo específico de trabajo de la/os tres autores/as es el de la «arqueología de los medios», y algunos de los laboratorios que comentan entre los casos de estudio trabajan en esto –Media Archeology Fundus –MAF– y el Signal Laboratory, ambos de la Universidad Humboldt en Berlín –universidad en la que trabaja mi querido profesor-amigo Francisco Jarauta–, el Residual Media Depot de la Universidad Concordia de Montreal o el Media Archeology Lab –MAL– de la Universidad de Colorado Boulder, dirigido por una de las autoras, Lori Emereson. En ocasiones los describen como parte de los laboratorios de humanidades digitales – lo que me hizo pensar en los colegas del Medialab UGR (Granada).

La verdad es que nunca había prestado demasiada atención a esta idea de la arqueología de los medios, asociándola sin particular reflexión a los entornos académicos o artísticos hiperespecializados –pensé que se dedicaban a rescatar los viejos juegos de ordenador y a conservar las antiguas máquinas tipo Atari o los primeros Apple y cosas así– pero leyendo aquí sobre el tema me ha resultado de mucho más interés. Como era fácil de imaginar el uso del término «arqueología» es de tipo foucaultiano aludiendo a asuntos históricos que se encuentran «enterrados» bajo las interpretaciones convencionales y que es necesario «excavar» y en ese proceso encontramos otras explicaciones de las cosas, con frecuencia más interesantes, otros posibles pasados y otros posibles futuros, etc.

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[5] Lab techniques. Otro capítulo que me gustó bastante es el que corresponde a la última categoría analítica del modelo extendido de laboratorio, la de las técnicas. Se trata aquí, hasta cierto punto, de una aproximación más convencional que la de las otras categorías, aunque tampoco tanto. Me limito a enumerar las técnicas que comentan las autoras. Uno se queda con ganas de un mayor desarrollo de cada una de estas técnicas. Todas se enuncian en gerundio, tiempo verbal de las acciones o acontecimientos que están ocurriendo, devenires que diríamos algunos; aunque en inglés también funcione como sustantivo, lo que no ocurre en español. Opté por traducir con infinitivos. La lista de técnicas es la siguiente: imprimir en 3D –la más sorprendente para mí por materialmente concreta, aunque desarrolla el tema como composición de diferentes tecnologías y prácticas–, colaborar, coleccionar, desmontar/montar, experimentar, fallar/fracasar (failing), living labs, prototipar, testear (probar, ensayar).

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6] Una enorme variedad de labs. En mi percepción del libro, finalmente, uno de las cuestiones más destacadas es la enorme y diversa colección de laboratorios que comenta los autores, tanto el par de casos que se desarrollan con mayor atención para ejemplificar cada una de las categorías / capítulos del libro, como los muchos otros que se comentan en menor detalle a lo largo del texto. Cabe señalar que aún siendo amplia y variada la selección se centra sobre todo en el entorno norteamericano y algo en Europa central, que los laboratorios científicos y ciertos casos paradigmáticos como el Medialab de MIT se discuten sobre todo como contrapunto de los laboratorios híbridos que interesan a los autores, y que, como ya dije al principio, los fab labs, hacklabs etc. tampoco son objeto del estudio.

Mis dos casos preferidos de entre todos estos labs son el de Economía Doméstica (Home Economics) de la Universidad de Manitoba en Canadá (aprox. 1910-1945), que imaginé como un laboratorio centrado en la reproducción social, la reproducción de la vida social y el mundo que constituye, tal vez el tema más crítico del presente (capítulo Lab Infrastructure). El otro la Tuskegee Agricultural Experiment Station, y proyectos derivados, de la Universitdad de Tuskegee en Alabama(1896-1942?) (también en el capítulo Lab Infrastructure) centrado en dar apoyo técnico-científico a los agricultores pobres afroamericanos, llevando a cabo análisis de suelos, testeo y recomendaciones sobre semillas y fertilizantes. Este caso me parece relevante como posible modelo o inspiración en la actual transición energética, tanto para temas de agricultura ecológica / soberanía alimentaria como de energías renovables. Estos dos casos preferidos contaban con dispositivos que extendían la actividad del laboratorio más allá de sus sedes institucionales, el primero contó hasta con un tren en el que llevaban sus innovaciones y propuestas a toda la región. El segundo, más modesto, contó primero con carruaje tirado por dos mulas (1906), y más tarde con una furgoneta o camión motorizado (1918), la llamada Booker T. Washington School on Wheels.

Entre la multitud de casos estudiados y comentados fui descubriendo muchas cosas relacionadas con mi propia experiencia poniendo en marcha y a continuación trabajando en el Fab Lab Sevilla (2009-2017). Con una cierta, y relativamente agradable sorpresa, fui leyendo cómo muchas cosas que yo había considerado errores o mala gestión o resultado de la falta de talento o trabajo por nuestra (mi) parte en el fab lab eran las mismas que comentaban los responsables o participantes en muchos de estos fab labs: la [pesada carga de la] burocracia como factor clave –«infraestructural»– para el funcionamiento básico de este tipo de proyectos, los conflictos más o menos evidentes con las estructuras de saber-poder preexistentes –y aunque no se explicite quizás en el libro, la centralidad de estas cuestiones en muchos de estos proyectos que en buena parte son instrumentos para cuestionar las instituciones o entornos en que más o menos milagrosamente llegan a prosperar–, la difícil interdependencia entre las situaciones más o menos institucionales y los proyectos y la energía de las personas que los intentan llevar adelante, la ambivalencia de la innovación, la lucha por el alma de estos proyectos… And so on, como diría Vonnegut.

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Un libro sin duda interesante para los que participamos de alguna manera en este «movimientos de los labs» en el sentido más amplio de la expresión, y tenemos una cierta preocupación teórica por el asunto. Una referencia, posiblemente –entre la historia, la crítica y la «arqueología de los medios»– sobre los labs para las próximas décadas…

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Agradecimientos: A Lori Emerson y la University of Minnesota Press por el envío del libro. Era nuestra intención tener en algún momento una conversación pública online sobre el libro con Marcos García, Alberto Corsín y alguna otra colega, aunque de momento no tenemos fecha.

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Referencias

Darren Wershler, Lori Emerson, Jussi Parikka, 2021, The Lab Book. Situated Practices in Media Studies, University of Minnesota, Minneapolis

Bruno Latour [traducción de Catherine Porter], 1993 [1991], We Have Never Been Modern, Harvard University Press, Cambridge

Susan Leigh Star, 1999, The Ethnography of Infrastructure, American Behavioral Scientist, 1999; 43; 377; disponible en: https://www.imtfi.uci.edu/files/articles/Star.pdf | accedido 7/8/2022

Otros posts en este blog citados en el texto:

Latour: algunos diagramas de «Nunca fuimos modernos», 2021, disponible en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2021/08/18/latour-diagramas-nunca-fuimos-modernos/

Matters of care – asuntos de cuidados, de cariños, de sostenibilidad de la vida… Sobre el libro de María Puig de la Bellacasa, 2017, disponible en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2017/07/08/matters-of-care-asuntos-de-cuidados-de-carinos-de-sostenibilidad-de-la-vida-sobre-el-libro-de-maria-puig-de-la-bellacasa/

Linux Mint 20: cómo hacer para arrancar por defecto con la pantalla de Grub (acceso a Recovery Mode)

Imagen: la pantalla de arranque que necesitaba.

Notas de José Pérez de Lama / 12/2021

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Mi ordenador, un Vant PC Edge de 2021, estaba teniendo alguna vez un comportamiento extraño en el arranque y quería usar las diversas opciones disponible en el Recovery Mode a ver si lo arreglaba. En otros ordenadores en los que tenía dual boot [on Ubuntu y Win] por defecto me salía esa pantalla, pero en este en que sólo tengo Linux Mint 20, no salía, salvo en el siguiente arranque tras haber tenido algún problema.

Con mi ordenador parece que la manera clásica de arrancar con la pantalla de Grub sería dejando presionada la tecla Escape durante el arranque – en otros sería Shift / Mayúsculas. Pero parece también que esta opción tiene un poco de truco porque no está claro en qué momento apretar y dejar de apretar la tecla. Y aunque veía la pantalla por una fraccción de segundo tras varias pruebas no tuve manera de que se quedara, y pasaba a otra que me parece que es una terminal de grub. Hm. En fin que estuve mirando un poco y esta es la manera de hacer que salga por defecto la pantalla de Grub con acceso a la opción de Recovery Mode. Bien sencilla:

Desde la consola / terminal:

sudo nano /etc/default/grub

Una vez abierto el archivo /grub en la consola de nano, en mi caso la configuración era la siguiente:

# If you change this file, run 'update-grub' afterwards to update
# /boot/grub/grub.cfg.
# For full documentation of the options in this file, see:
# info -f grub -n 'Simple configuration'

GRUB_DEFAULT=0
GRUB_TIMEOUT_STYLE=hidden
GRUB_TIMEOUT=0
GRUB_DISTRIBUTOR=`lsb_release -i -s 2> /dev/null || echo Debian`
GRUB_CMDLINE_LINUX_DEFAULT="quiet splash"
GRUB_CMDLINE_LINUX=""

# Uncomment to enable BadRAM filtering, modify to suit your needs
# This works with Linux (no patch required) and with any kernel that obtains
# the memory map information from GRUB (GNU Mach, kernel of FreeBSD ...)
#GRUB_BADRAM="0x01234567,0xfefefefe,0x89abcdef,0xefefefef"

# Uncomment to disable graphical terminal (grub-pc only)
#GRUB_TERMINAL=console

Entonces hay que comentar una línea para que no se active el modo oculto / hiddden y cambiar el tiempo del GRUB_TIMEOUT, poniendo por ejemplo 5 (segundos) esto es:

#GRUB_TIMEOUT_STYLE=hidden
GRUB_TIMEOUT=5

Lo demás se deja igual.

Recordar que en nano: los comandos son tipo: Ctrl X por ejemplo, para salir [en el menú inferior de mi consola de nano los indica como ˄X. Te pregunta si quieres salir guardando los cambios [Yes/No] y debes decir sí, [Y], dejando el mismo nombre de archivo.
Por si se lía la cosa, a mí me gusta guardar una copia o al menos apuntar cómo era el código antes de cambiarlo por si no funcionase y hubiera que volver al estado original.

Para terminar – como se indica al principio del archivo /grub – en la consola/terminal de Linux Mint hay que actualizar el Grub:

sudo update-grub

En el próximo arranque saldrá la pantalla de Grub con sus opciones. En la segunda línea de la pantalla de Grub la opción Advanced Options for Linux Mint 20 Cinnamon nos lleva al menú con acceso al Recovery Mode en diferentes kernels de Linux.
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Fuente – ¡gracias!: https://forums.linuxmint.com/viewtopic.php?t=110111

Las 14 cosas que los políticos deberían saber sobre la emergencia climática

Selección y notas de José Pérez de Lama

Del libro de Mike Berners-Lee, There is No Planet B (2019-2021). A propósito de la «disonancia cognitiva» entre lo que se dice que es una emergencia y la tímida acción por parte de los políticos (véase la reciente COP26) y la indiferencia de tantos.

La nueva edición actualizada del libro de MBL se publicó a principios de 2021 con lo que se puede entender como unas reflexiones o recomendaciones previas a la COP26 que se celebró posteriormente (31/10/21 a 12/11/21).

Mike Berners-Lee es hermano más joven de Tim, el inventor de la WWW. Buscando algún libro para tratar de entender mejor el cambio climático topé con éste. Me atrajo, – aparte de por esto de ser hermano de Tim Berners-Lee, persona por la que siento gran respeto y admiración, por supuesto -, porque por la críticas y comentarios parecía un libro razonablemente ecuánime, con una aproximación científica a la vez que escrito para un público general. Mike Berners-Lee es investigador asociado y profesor del Instituto de Futuros Sociales de la Universidad de Lancashire (RU). Es autor de otros dos libros previos sobre cuestiones relacionadas. Este libro ha sido publicado por la Universidad de Cambridge. Y según interpreto es la persona que acuñó el lema «No tenemos un planeta B», asumida por diferentes movimientos sociales ecologistas.

La lectura que he hecho hasta ahora, – más o menos hasta la mitad del volumen -, me confirma que no ha sido mala elección. Ni es del sector «milenarista» (los que hacen llamadas al pánico y la desesperación, «todos vamos a morir», etc.) ni tampoco de los que quitan importancia al asunto, o piensan, ya sea por el lado «negacionista» o por el «negocionista» o del capitalismo verde. La actitud de Berners-Lee me resulta curiosa, y quizás sea parecida a la que yo estaba tratando de construir para mí mismo: todos los indicios científicos sugieren que el asunto es grave; la exacta gravedad no acabamos de conocerlo, pero es muy verosímil que sea una importante amenaza para la civilización como la conocemos – especialmente para los pobres  o los no súper-ricos-, para la biodiversidad, etc.; técnicamente sería viable resolver el asunto y hacer una transición a un sistema energético que solventara el asunto más crítico de las emisiones de CO2 y demás gases de efecto invernadero; pero las cosas que como sociedad global tendríamos que hacer no las estamos haciendo; y parece dudoso que vayan a hacerse con la velocidad que hace falta; aún así, no desespera sino que sigue trabajando, con aparente paciencia y serenidad, para ayudar a que puedan hacerse; y en última instancia, parece asumir, al menos en el libro, una actitud de curioso observador de la humanidad — podría decirse que una actitud spinoziana: ni condenar ni escandalizarse sino tratar de comprender.

Añado un segundo comentario al final. Comienza a continuación la traducción.

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Mike Berners-Lee, 2021, pp. 58-60 (traducción de JPL).

Las 14 cosas que los políticos deberían saber sobre la emergencia climática

Con el «deberían saber» quiero decir que quien no comprenda todas estas 14 cosas no es adecuado para tener un cargo político. En el Apéndice 1 desarrollo en mayor extensión cada uno de estos puntos [el autor se refiere a un apéndice del libro que no se recoge aquí].

(1) La ciencia actual nos dice que un aumento global de la temperatura de 2ºC parece muy arriesgado, pero que un aumento de 1.5ºC parece mucho menos arriesgado. Los Acuerdos de París lo afirmaron así. Todos los países significativos suscribieron aquellos acuerdos. Desde entonces Trump se retractó, pero todos los demás se han mantenido firmes.

(2) El aumento de temperatura que experimentamos es aproximadamente proporcional a la cantidad total de carbono que hemos quemado a lo largo de la historia. Esto nos da un presupuesto acumulativo de carbono que ya hemos consumido en su mayor parte.

(3) Las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el gas de efecto invernadero más importante, han crecido exponencialmente durante 160 años. Siempre hay subidas y bajadas de un año para otro, y hubo una pequeña reducción con la Gran Depresión y las guerras mundiales, seguidas por un rebote que puede ser explicado de diversas maneras. Pero esto es solo ruido frente a una tasa de crecimiento de un 1.8% anual notablemente estable .

(4) Aún no hemos hecho mella en la curva de crecimiento del carbono [la curva de emisiones de gases de efecto invernadero a los que llama de manera resumida «carbono»]. Incluso teniendo en consideración los datos más recientes, hay muy poca o ninguna evidencia de que la curva de carbono se haya visto siquiera afectada hasta la fecha por todas los acuerdos y acciones sobre cambio climático. ¡Glups! (Afrontar esta realidad nos da una posibilidad mucho mayor de tratar el problema. Esta cruda observación nos dice mucha del tipo de solución que tenemos que dar al problema).

(5) Al actual ritmo de emisiones el «presupuesto de carbono» que aún queda para limitar el aumentos de la temperatura global a 1.5ºC y 2ºC se reduce con rapidez — a pesar de algunas buenas noticias recientes procedentes de los modelizadores de carbono. Tal como están las cosas parece que superaremos el «presupuesto de carbono» estimado para el aumento de 1.5ºC en algún momento entre 2030 y 2040. [1]

(6) Se tarda mucho tiempo en poner el freno. Las temperaturas no dejarán de subir hasta que las emisiones netas sean igual a cero.

(7) Todo el combustible que se extrae del suelo acaba siendo quemado – siendo así, tiene que quedarse en el suelo.

(8) Debido a los efectos de rebote, que son frecuentemente ignorados, pasados por alto o no completamente entendidos, muchas de las acciones clave que mucha gente asume que habrían debido ser de ayuda, no han sido de ninguna ayuda – y por sí solas nunca ayudarán. Esto incluye prácticamente todas las nuevas tecnologías y mejoras de eficiencia.

(9) El crecimiento de las renovables, aún siendo esencial, no será suficiente para resolver el cambio climático. Precisamente por los efectos de rebote y el permanente apetito de energía de los humanos.

(10) Como consecuencia, necesitamos con urgencia un acuerdo global, que funcione, para  todo el combustible [fósil] se quede en el suelo. Las pequeñas acciones parciales son absorbidas al nivel del sistema global por parte de las empresas que trasladan las emisiones a sus proveedores en la cadena de abastecimiento, países de deslocalizan su carbono y la miríada de estrategias con las que se transfieren las emisiones a otras partes del sistema global.

(11) También necesitamos gestionar los otros gases de efecto invernadero [n.del.t: aquí el autor dirige a los lectores al capítulo1 del volumen en que trata esta cuestión].

(12) Extraer y quemar combustibles fósiles tiene que convertirse en algo demasiado caro, ilegal o ambas cosas — a menos que podáis pensar en otra alternativa de limitación global.

(13) Un acuerdo así [para dejar de extraer del suelo combustibles fósiles] tendrá que funcionar para tod*s. En teoría sería posible forzar a ciertas partes afectadas a aceptar un acuerdo que los mandara a la pobreza, pero solo será posible si se tratase de un acuerdo firmado por todo el mundo, que todo el mundo contribuyese a hacer que funcionara. No importa lo difícil que parezca, enfrentarse al desafío es un paso esencial para poderlo resolver.

(14) También tendremos que retirar carbono de la atmósfera – aunque no esté del todo claro que sepamos aún cómo hacerlo. Esto es simplemente así, debido al alto riesgo al que estamos ya expuestos por nuestra incapacidad de actuar hasta la fecha.

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Comentarios finales / provisionales

Berners-Lee comienza con calma y claridad, exponiendo datos científicos, valorando en cada caso los niveles de certeza que puede concederse a los diferentes datos. Tenemos un problema serio, pero que no se pierda la serenidad; conviene estudiarlo bien para dar con una solución viable y razonable… Y luego, en el capítulo 2 plantea este listado, que de pronto puede parecer bastante radical, yo pienso que lo es. Y dice, como ya vimos, que nadie debería tener responsabilidad política si no conoce bien lo que aquí plantea. Insiste en que no votemos a políticos que no lo sepan y y que no lo asuman. Yo personalmente, no lo tenía todo tan claro. Imagino que muy pocos políticos, ni de nuestro entorno ni de casi ninguno, lo tendrán. No sabe uno desde luego a qué atenerse. La famosa «disonancia cognitiva»… Hm.

Un segundo comentario, que no tiene que ver con el listado, sino con el desarrollo posterior del libro. El pretendido realismo con que aborda las  cuestiones parece hacerle asumir que los humanos seguiremos aumentando el consumo de energía al ritmo más o menos estable que venimos teniendo desde … los egipcios, ¡dice en algún momento! Pienso que en capítulos de la segunda parte en los que habla sobre crecimiento y población se matizarán estas cosas. Espero con curiosidad. En la hipótesis del crecimiento que desarrolla, se plantea que si se mantiene la actual tasa de uso creciente de energía, y si esta necesidad se resuelve mediante energía solar y sistemas fotovoltaicos que estima los más eficientes, para el año 2300 habría que cubrir toda la superficie terrestre del plantea con paneles solares para satisfacer la demanda  proyectada. Quiero pensar que es un ejercicio de reducción al absurdo y que más adelante planteará nuevas maneras de considerar el asunto. Ya veremos.

El último comentario. No se si habréis seguido el encuentro COP26. Al principio muchas noticias, y luego se disolvió en el siguiente tema de actualidad. Como si la cosa fuera una noticia más, que se yo, como la última astracanada del tertuliano de turno o el última declaración provocadora de la política de moda en Tuiter.  Yo intenté enterarme un poco. Por esto de los Extinction Diaries… Leí el acuerdo firmado por todos los países, y algunos comentarios por parte de gente que más o menos creo saber de qué van. Las valoraciones son muy moderadas. Si se comparan con estos puntos de Mike Berners-Lee se ve que se quedan bien cortas… Entre otras. Se ha celebrado que no se haya abandonado el objetivo del aumento de los 1.5ºC, que a pesar de que se firmara como tal en 2015 en París, como recordaba antes Berners-Lee en un momento dado parecía que se iba a abandonar. Aunque la declaración da a entender como más verosímil el objetivo de los 2ºC, a pesar de ser considerado por los expertos como mucho más arriesgado. __ Los análisis publicados en días antes, quizás desde la ONU, estimaban que con las medidas y planes actualmente asumidos vamos de camino de un aumento de 2.7ºC en 2050 (ver enlace al final). Los artículos concretas en que se dice esto son los siguientes [pendientes de traducción]:

[The Conference of the Parties serving as the meeting of the Parties to the Paris Agreement,] 20. Reaffirms the Paris Agreement temperature goal of holding the increase in the global average temperature to well below 2 °C above pre-industrial levels and pursuing efforts to limit the temperature increase to 1.5 °C above pre-industrial levels;

21. Recognizes that the impacts of climate change will be much lower at the temperature increase of 1.5 °C compared with 2 °C and resolves to pursue efforts to limit the temperature increase to 1.5 °C;

22. Recognizes that limiting global warming to 1.5 °C requires rapid, deep and sustained reductions in global greenhouse gas emissions, including reducing global carbon dioxide emissions by 45 per cent by 2030 relative to the 2010 level and to net zero around mid-century, as well as deep reductions in other greenhouse gases;

El otro asunto que se ha celebrado ha sido el de la incorporación en el acuerdo un punto sobre la necesidad de acabar con los subsidios al uso de combustibles fósiles; aunque en su formulación es poco más de la manifestación de una intención – que además fue rebajada a última hora por la oposición de la India: ¡siempre es bueno que haya un país pobre para echarle la culpa! El texto moderadamente celebrado, (el punto 36 de la declaración final – enlace al final)  o quizás la versión previa a la modificación solicitada por la India dice así:

[The Conference of the Parties serving as the meeting of the Parties to the Paris Agreement,] 36. Calls upon Parties to accelerate the development, deployment and dissemination of technologies, and the adoption of policies, to transition towards low-emission energy systems, including by rapidly scaling up the deployment of clean power generation and energy efficiency measures, including accelerating efforts towards the phase-out of unabated coal power and inefficient fossil fuel subsidies, recognizing the need for support towards a just transition.

Traducción [rápida, para enterarse bien uno mismo]: [La Conferencia de las Partes…] 36. Hace un llamamiento a las Partes (los países y sus gobiernos) para acelerar el desarrollo, la implementación y la difusión de tecnologías, y la adopción de políticas, para hacer la transición a sistemas energéticos de bajas emisiones, incluyendo el rápido crecimiento en la implementación de la generación de energía limpia y de medidas de eficiencia energética, incluyendo la aceleración de los esfuerzos hacia la eliminación progresiva de los subsidios ineficientes al uso tradicional del carbón y de los combustibles fósiles, reconociendo la necesidad del apoyo a una transición justa.

Pongo algunos enlaces al final de los materiales que consulté por si a alguien le interesara.

De momento, lo dejo aquí. Vale.

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Notas

[1] Como siempre se me olvidan estas cosas que se convierten en ready mades en los medios, revisé lo de los 1.5º y 2ºC e igual sirven a otras personas. En los Acuerdos de París, tomando en consideración los trabajos del IPCC de la ONU, se plantean los objetivos de limitar el aumento de la temperatura global para el año 2010 a 1.5ºC, que se considera que supondrá unos daños limitados y un segundo objetivo de limitarla para la misma fecha a 2ºC que se considera menos seguro. Para lograr el primer objetivo, las emisiones de CO2 y gases de efecto invernadero debería reducirse a cero (cero neto) para el 2050. Pero como dice Berners-Lee en estos puntos, estamos a 2021 y las emisiones siguen aumentando, habiéndose tan solo reducido la aceleración o tasas de incremento con que aumentan. Buena información sintética sobre esto, o eso me parece, aquí: Zeke Hausfather, 2018, New scenarios show how the world could limit warming to 1.5C in 2100, Carbon Brief: https://www.carbonbrief.org/new-scenarios-world-limit-warming-one-point-five-celsius-2100 | La entrada de la Wikipedia en inglés, Special Report on Global Warming of 1.5 °C,  quizás sea más clara: https://en.wikipedia.org/wiki/Special_Report_on_Global_Warming_of_1.5_%C2%B0C

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Referencia completa

Mike Berners-Lee, 2021, There Is No Planet B. A Handbook for the Make or Break Years. Updated Edition, Cambridge University Press, Cambridge

Algunos enlaces sobre la COP26

26/10/2021/ U.N. warns world set for 2.7C rise on today’s emissions pledges: https://www.reuters.com/business/cop/un-warns-world-set-27c-rise-todays-emissions-pledges-2021-10-26/

31/10/2021/ @ScottDuncanWX Imagen | The climate has changed a lot since the first Conference of the Parties (COP-1) meeting was held in Berlin, Germany Flag of Germany in March, 1995. https://twitter.com/ScottDuncanWX/status/1454772079019110401 | web del meteorólogo Scott Duncan: https://scottduncanwx.com/

* 12/11/2021/ Conference of the Parties serving as the meeting of the Parties to the Paris Agreement. Third session. Glasgow, 31 October to 12 November 2021, Glasgow Climate Pact (acuerdo final firmado por todos los países participante en la COP26), disponible en: https://unfccc.int/sites/default/files/resource/cma2021_L16_adv.pdf | visitado 24/11/2021

* 13/11/2021/ Ecologistas en Acción, El acuerdo final de la COP26 prorroga lo improrrogable, disponible en: https://www.ecologistasenaccion.org/184106/el-acuerdo-final-de-la-cop26-prorroga-lo-improrrogable/ | visitado 24/11/2021

15/11/2021/ Simon Lewis & Mark Maslin, Five things you need to know about the Glasgow Climate Pact, World Economic Forum con The Conversation, disponible en: https://www.weforum.org/agenda/2021/11/climate-change-cop-26-glasgow-climate-pact-explained-environment-un | visitado 24/11/2021

Paisajes ejemplares de Nomad Garden

Imagen del encuentro «Paisajes circulares» organizado por Nomad Garden, Sevilla, 09/10/2021. Los coloquios tuvieron lugar debajo en un enorme ficus… Fotografía de Manu Trillo, de la web de Nomad Garden: https://nomadgarden.gardenatlas.net/garden/jardin-acondicionado-1/post/29423?filter=5

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Edición y comentario José Pérez de Lama

Tuve la suerte de que mis amigos de Nomad Garden me invitaran hace unos días  a un encuentro de título «Paisajes circulares» [enlace a la convocatoria original en el pie de foto superior]. El texto de la convocatoria me gustó mucho y les pedí permiso para reproducirlo. Así lo hago. Al final añadiré unos comentarios.

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El texto de Nomad Garden:

Recientemente, la lectura del libro de Julia Watson Lo-TEK sobre la emergencia de paisajes ejemplares a través de interacciones sostenidas y beneficiosas de comunidades con su entorno nos había hecho repensar algunas de estas inquietudes y para abordarlas, nos gustaría traer a colación una cita de dicha autora al antropólogo Fikret Berkes donde se resume alguna de las cualidades que sostienen estos paisajes:

  1. El conocimiento exhaustivo de las plantas y paisajes por parte de las comunidades implicadas. (recursos)
  2. La gestión de los recursos a través de prácticas, herramientas y tecnologías accesibles y distribuidas que propician la diversidad y no la agotan. (prácticas)
  3. La aparición de instituciones de gobernanza singulares, distribuidas y flexibles que permiten la autocorrección del sistema. (instituciones)
  4. El afloramiento de manifestaciones artísticas, creencias y ritos destinados a transmitir y actualizar dichos vínculos en la comunidad. (ritos)

[…] nos parece que la belleza de esta secuencia surge de su capacidad de integrar o conectar parcelas hoy tan separadas como el conocimiento, la economía, la política o las artes en un horizonte común encaminado a sostener la diversidad de la vida.

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Comentarios

[1] A mí me llamó la atención la idea de pensar en cómo sería posible construir estos que Watson llama «paisajes ejemplares». ¿Ejemplares por qué o para qué?, preguntaba yo aquel día. Para mí tendrían que ser ejemplares en nuestro actual contexto de emergencia climática. Serían paisajes que nos permitirían cuidar del mundo, «nuestra casa común». Y esas cosas, que en ciertos lugares suenan un poco extravagantes.

[2] Me tocó moderar una mesa que se centraba en el punto segundo, el de «la gestión de los recursos a través de prácticas, herramientas y tecnologías accesibles y distribuidas que propician la diversidad y no la agotan». A mí aquello me hizo pensar, por un lado, en las «herramientas convivenciales» de Ivan Illich, y en las «tecnologías intermedias o apropiadas» de E.F. Schumacher. Por otro, en el software libre, por aquello de las «tecnologías accesibles, distribuidas, que propician la diversidad…»

[3] La descripción de los «paisajes ejemplares» me recordó a las típicas definiciones de los commons o «procomunes» en las que se plantea una triple composición: [1] un recurso o producción, [2] una comunidad que lo sostiene o produce, se beneficia de lo que sea, y que se autogobierna en esta gestión, y [3] un conjunto de normas que regulan estas relaciones entre recursos y comunidad. La definición que nos proponía Nomad Garden añadiría de manera sugerente un paisaje que es producido por esta actividad en un cierto medio, y unas prácticas culturales, artísticas, rituales que lo explican, narran, representan, celebran, festejan y que de esta forma contribuyen a la construcción ¿de la identidad? – o como prefiramos llamarlo – de esta composición de medio, técnicas y formación social. Yo quizás lo llamara ecología en el sentido batesoniano del término, o ecología de las prácticas en el stengeriano — no se si por hacerme el interesante 🙂

Vale.

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Referencias

E. F. Schumacher, 1973, Small is Beautiful, Economics as If People Mattered, disponible en: http://www.daastol.com/books/Schumacher%20%281973%29%20Small%20is%20Beautiful.pdf

Wikipedia, Appropriate technology, en: https://en.wikipedia.org/wiki/Appropriate_technology

En este mismo blog, entradas relacionadas:

Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones, 2018, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/07/06/revisitando-a-ivan-illich-convivencialidad-tecnologias-instituciones/

Ciclos: vida, ecosistemas, fiesta, capital, cibernética … y algunas ideas sobre “economía circular”, 2016, https://arquitecturacontable.wordpress.com/2016/04/22/ciclos-vida-ecosistemas-fiesta-capital-cibernetica-y-algunas-ideas-sobre-economia-circular/

Comentario sobre el concepto de praxis instituyente en “Común” de Laval y Dardot, 2016, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2016/04/17/comentario-sobre-el-concepto-de-praxis-instituyente-en-comun-de-laval-y-dardot/

Kundera: ser «moderno» hoy es estar con el statu quo

Milan Kundera, 2009 [edición original en francés de 2005] traducción de Beatriz de Moura, El telón. Ensayo en siete partes, Tusquets Editores, Barcelona; pp. 71-73

Selección y comentario de José Pérez de Lama

El Telón. Ensayo en siete partes es un libro de Milan Kundera en que cuenta sus ideas sobre la novela, y también un poco sobre literatura más en general, la cultura europea y más cosas. Estoy encantado con este libro. Lo he leído ya tres o cuatro veces.  Podría destacar muchas cosas. Una por ejemplo, es la idea que atribuye a Flaubert, de que el objeto de su obra, de sus novelas, era tratar de «llegar al alma de las cosas» (pp. 77-78) — aunque los caminos para llegar ahí sean bastante insospechados, añado yo.

El libro lo adquirí gracias a la recomendación de Nguyen Baraldi, me gusta mucho lo que escribe, lo sigo por Tuiter 🙂

Reproduzco aquí una sección que me parece hoy de gran actualidad, aunque en un contexto diferente. Lo que se plantea desde el título es más bien una pregunta y una problemática más que una afirmación incondicional, al menos por mi parte. Comentaré algo más al final.

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La modernidad antimoderna

«Hay que ser absolutamente moderno», escribió Arthur Rimbaud. Unos sesenta años más tarde Gombrowicz [1] no estaba tan seguro de eso fuera necesario. En Ferdydurke (publicado en Polonia en 1938), la familia Lejeune está dominada por la hija, una «colegiala moderna». A la chica le encanta llamar por teléfono; desprecia a los autores clásicos; cuando un señor llega de visita, «se limita a mirarlo y, mientras se mete entre los dientes un destornillador que sostiene en la mano derecha, le alarga la mano izquierda con total desenvoltura».

También su madre es moderna; es miembro del «comité para la protección de los recién nacidos»; milita contra la pena de muerte y a favor de la libertad de costumbres; «ostensiblemente, con aire desenvuelto, se dirige hacia el retrete», del que sale «más altiva de lo que ha entrado»; la modernidad se vuelve para ella indispensable como único «sustituto de la juventud».

¿Y su padre? Él también es moderno; no piensa nada, pero hace todo lo posible para gustar a su hija y su mujer.

Gombrowicz captó en Ferdydurke el giro fundamental que se produjo durante el siglo XX: hasta entonces, la humanidad se dividía en dos, los que defendían el statu quo y los que querían cambiarlo; ahora bien, la aceleración de la Historia tuvo consecuencias: mientras que, antaño, el hombre vivía en el mismo escenario de una sociedad que se transformaba lentamente, llegó el momento en que, de repente, empezó a sentir que la Historia se movía bajo sus pies, como una cinta transportadora: ¡el statu quo se ponía en movimiento! ¡De golpe, estar de acuerdo con el statu quo fue lo mismo que estar de acuerdo con la Historia que se mueve! ¡Al fin se pudo ser a la vez progresista y conformista, biempensante y rebelde!

Acusado de reaccionario por Sartre y los suyos, Camus dio la célebre réplica a los que «han colocado su sillón en el sentido de la Historia»; Camus vio acertadamente, sólo que no sabía que ese hermoso sillón tenía ruedas, y que desde hacía ya algún tiempo todo el mundo lo empujaba hacia delante, los colegiales modernos, sus madres, sus padres, así como miembros del comité para la protección de los recién nacidos y, por supuesto, todos los políticos que, mientras empujaban el sillón, volvían sus rostros sonrientes al público que corría tras ellos, y que también reía, a sabiendas de que sólo el que se alegra de ser moderno es auténticamente moderno.

Fue entonces cuando una parte de los herederos de Rimbaud comprendieron algo inaudito: hoy, la única modernidad digna de ese nombre es la modernidad antimoderna.
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Comentario

[1] Esta historia de finales de los años 30 en la que se cuenta que «ser moderno», estar a favor del cambio, de las innovaciones tecnológicas y sociales, se había convertido en «lo correcto», «lo políticamente correcto» diríamos quizás hoy, me ha recordado a nuestra relación actual con la digitalización. Y seguramente hace un par de décadas con la globalización.

Lo de la digitalización: con todo el mundo encantado haciéndose usuarios entusiastas de Guguel y MacOS, los gobiernos poniendo sus/nuestros datos en los servidores de Amazon haciendo como si eso fuera un gesto futurista, los usuarios de a pie renunciando felices a su privacidad e intimidad con sus Alexas, usando como gesto de distinción las plataformas digitales desde Uber a Amazon, las autoridades universitarias usando otro tipo de plataformas comerciales para alojar las redes y conocimientos de sus comunidades… Parafraseando a Gombrowicz, «¿Y el padre — pongan aquí a otras autoridades — qué dice? Él también es moderno; no piensa nada, pero hace todo lo posible para gustar a su hija y su mujer».

Este asunto me hace pensar en la defensa del patrimonio y la ecología. Desde al menos los 60, estas habrían sido dos instancias de resistencia a lo moderno, lo que se autodenomina «avanzado», al crecimiento, a la destrucción del mundo tal como lo conocíamos — hoy quizás a la innovación sin más criterio que su supuesto interés mercantil y la seducción de lo — ya cada vez menos — nuevo.

[2] Sobre esta necesidad de discernir entre las innovaciones y lo que es «bueno», o por lo menos conveniente, y lo que no lo sea tanto, me acuerdo de una afirmación que suele repetir Alba Rico — no es que sea un fan boy, pero lo veo sugerente cuando dice ser «revolucionario en lo económico, reformista en lo político y conservador en lo antropológico». La cosa sería que los paquetes de «a favor« o «en contra» ya no son perfectamente compactos e indivisibles. Tal vez deberíamos estar a favor de la autonomía o el aumento de la capacidad de hacer que nos permite, por ejemplo, el ordenador personal, pero no la dependencia de los gestores de la nube a la que nos fuerza un sistema operativo como el Android de nuestros móviles. O se puede estar a favor de la existencia del dinero y el crédito, por decir algo, pero no a favor del sistema financiero como un todo compacto y necesario. Hay que tratar de pensar, entender las grandes máquinas por las que tendemos a ser fagocitados, hay que tratar de hilar más fino. Pero para eso hace falta tiempo, para empezar. También que existan alternativas, y que los sistemas se puedan entender, lo que no interesa a sus gestores y beneficiarios … no creernos sin más la «propaganda» más o menos disfrazada de nuevas verdades o de conocimiento experto… Uno tiende a pensar que hay poco que hacer … pero por lo menos «rajaremos» un poco…

[3] A Kundera le encanta Gombrowicz. Pero también cita el Bouvard y Pécuchet de Flaubert, — (1881), en los mismos años de Rimbaud, que parece que iba en eso por detrás de Flaubert –, cuyo tema, seguramente interpretado de manera mucho más ácida, no es muy diferente: la asunción bobalicona y acrítica del progreso y su mitología, en su caso, 50 o 60 años antes que Gombrowicz — la cosa viene de lejos. Cito de memoria, creo que a Kundera, que cuenta también que uno de los grandes descubrimientos de Flaubert fue que el Progreso, el avance de las ciencias y técnicas, etc., no eliminaba la sottise, la necedad, sino que ambos, progreso y sottise, crecían en paralelo… Lo decía Flaubert, me limito a plantearlo como pregunta… Hm.

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Notas

[1] Witold Gombrowicz (1904-1969), polaco que se exilió a Argentina, es uno de los novelistas preferidos de Kundera. Ferdydurke es una de sus más importantes novelas. La problemática de la novela y la cultura de los países pequeños, de una cierta subalternidad frente a las grandes culturas europeas, es uno de los temas que trata Kundera en el libro, a mi juicio con gran interés. No he leído a Gombrowicz aún, pero me resulta curioso que uno de mis mejores amigos de joven quería ser director de cine para filmar historias como las de Gombrowicz… Luego se hizo notario y ya no volvimos a hablar de aquello. Igual aún tengo algún libro de relatos de Gombrowicz que me pasó aquel amigo hace ya 30 o 40 años, y que — oh my dog! — me limité a hojear.

Crítica del papa Francisco a los aires acondicionados – auténtico

Giotto, s XIII-XIV, San Francisco predicando a los pájaros, fresco en la Basílica de Asís. Fuente: https://www.gliscritti.it/blog/entry/4972
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Comentario y selección de José Pérez de Lama

Algunxs amigxs sabéis de mi manía con el asunto de los aparatos y sistemas de aire acondicionado, que es tanto personal, por los ruidos y el aire caliente de los vecinos, que impiden tratar de usar tu propia casa de manera bioclimática — abriendo las ventanas para ventilar enfriar la casa por las noches en verano — como de carácter más general, planetario, relacionado con las islas de calor urbanas y el consumo de energía, que como todos ya sabemos, o deberíamos saber, tenemos que reducir: todos los indicadores señalan que estamos en una emergencia climática.

En un curso en que estuve estos días, unos de los participantes — colegas arquitectos-artistas-filósofos — comentaron que andaban trabajando con la encíclica del papa Francisco sobre el cambio climático, de 2015. Me dieron curiosidad los comentarios de estos colegas y la busqué y me puse a leerla. Se titula «Laudatio Si. El cuidado de la casa común». Tiene ciento noventa y dos páginas. Francisco, dice al principio que se inspira en San Francisco de Asís, de quien ya tomó su nombre cuando lo hicieron papa. Se solía imaginar a San Francisco como un protohippy y un protoecologista por su amor a la Naturaleza y los animales. Laudatio si, alabado sea… era un expresión característica de San Francisco. El documento de momento está muy bien — llevo unas 45 leídas. Me sorprendió que se citen otros documentos de la Iglesia Católica que tratan del cambio climático ya en 2001… Y en fin, por lo que lo traigo aquí es porque al llegar al párrafo 55, está ordenado así, menciona la cuestión del aire acondicionado que se convirtió en una obsesión para mí. Y me hizo gracia, porque dos de los principales ruidosos usuarios de supersistemas de aire acondicionado de mi entorno son precisamente organizaciones religiosas católicas. A ver cómo se lo hago llegar para que tomen nota. Y mediten. Y dejen de poner los aires acondicionados como dicen, «como si no hubiera un mañana», que eso es efectivamente lo que puede pasar.

Reproduzco el párrafo entonces, forma parte de la sección VI titulada «La debilidad de las reacciones»:

55. Poco a poco algunos países pueden mostrar avances importantes, el desarrollo de controles más eficientes y una lucha más sincera contra la corrupción. Hay más sensibilidad ecológica en las poblaciones, aunque no alcanza para modificar los hábitos dañinos de consumo, que no parecen ceder sino que se amplían y desarrollan. Es lo que sucede, para dar sólo un sencillo ejemplo, con el creciente aumento del uso y de la intensidad de los acondicionadores de aire. Los mercados, procurando un beneficio inmediato, estimulan todavía más la demanda. Si alguien observara desde afuera la sociedad planetaria, se asombraría ante semejante comportamiento que a veces parece suicida.

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La encíclica aquí:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

Algún comentario previo sobre los aires acondicionados, de cuando empezó la crisis del calor en los colegios, cuando fuimos quizás los primeros sobre la necesidad de resolverla con medios bioclimáticos más que con más aparatos de aire acondicionado:

https://arquitecturacontable.wordpress.com/2017/06/15/sobre-aire-acondicionado-calor-en-las-aulas-y-cambio-climatico/