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Nuevas sugerencias para la segunda digitalización de las universidades en España

Laboratorio de medios independientes montado por los movimientos sociales críticos con la WSIS – World Summit for the Information Society 2003 en Ginebra – Suiza, en el que participó el autor del post con diversos colegas.

Nuevas sugerencias sobre la segunda digitalización de las Universidades-Esp

José Pérez de Lama

Como uno no trabaja en el Ministerio de Universidades ni es Rector ni nada parecido, sino un profesor de los que consideran que su tarea principal es estudiar y pensar, ofrezco aquí algunas ideas más especulativas que prácticas para el debate de lo que me gusta llamar la segunda digitalización de las universidades españolas. Porque aparte de hacer cosas y resolver asuntos más o menos urgentes, considera uno, modestamente, que algunos tendríamos que pensar un poco más sobre cuestiones relativas a la digitalización que vayan un poco más allá de cómo se imparte la docencia el curso que viene.

Aporto a continuación algunas posible líneas de reflexión, precedidas de unas reflexiones introductorias. Va entonces:

Reflexiones introductorias

Podemos considerar que las universidades españolas, las públicas en especial, están ya en un camino sin retorno hacia la irrelevancia y la desaparición, y que ya sólo nos queda poner parches y recurrir a soluciones corporativas más o menos pret-a-porter, para ir vendiendo poco a poco su autonomía, su capacidad de producir nuevos mundos, etc. – Que ya sólo nos queda dejarnos llevar por la corriente de los tiempos y la tónica institucional dominante.

O podríamos, seguramente que con actitud ilusa, mantener ciertas esperanzas, seguir intentando hacer otras cosas que no sea dejarse llevar por la marea, aunque sea en contra de la mayor parte de las evidencias…
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«La Escuela no es una preparación para la vida, sino que es la vida misma». Una frase que solía decir mi amigo Antonio Sáseta cuando dábamos clase juntos y que con el tiempo también he leído a John Dewey.

Estudiando a Dewey más recientemente relaciono este enunciado con su idea sobre los medios y los fines y las experiencias de más alta calidad, más valiosas, que asimila a la idea de arte. Serían éstas experiencias de mayor calidad aquellas en las que los medios son fines y los fines, en cierto modo también toman el carácter de medios para fines sucesivos futuros
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Calidad. Durante un par de años, debido a una especie de canje de prisioneros, a cambio de poder seguir dirigiendo el fab lab de mi Escuela que habíamos fundado con un par de colegas unos años antes, actué subdirector de varias cosas en el centro de mi Universidad en el que he dado clases durante muchos años. En aquel canje, entre otras cosas, me informaban que iba a ser subdirector de calidad. Así en primera instancia y no sin ironía, lo que se me ocurrió es que mi función sería ocuparme de mejorar la calidad de vida de profesores y estudiantes en la Escuela. Como podréis imaginar no era exactamente eso, sino algo más bien relacionado con indicadores y atravesado por prácticas burocráticas, bienintencionadas pero en última instancia de dudoso efecto en el marco general en que se producía todo aquello.

Dejándome llevar por la asociación de ideas el asunto me acuerdo de un importante profesor de MIT con quien tuvimos alguna relación académica durante algún tiempo (con lo de la red global de fab labs, por cierto), que nos explicaba que como jefe de una gran laboratorio – parte del histórico Medialab de aquella institución, su tarea más importante era efectivamente generar los espacios-tiempos adecuados para que la gente que trabajaba allí pudieran centrarse al máximo en sus tareas investigadoras y docentes. Sin duda, el problema sonará tan familiar como utópico el planteamiento para cualquiera que trabaje en estos ámbitos en España.

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Sirvan las consideraciones previas para dar una idea del tipo de problemas que me preocupan cuando pienso en la actividad universitario – y en particular, ahora, en este nueva iniciativa de digitalización.

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Posibles líneas de reflexión

Tratando de plantearlas de manera sucinta y abierta algunas líneas serían las siguientes:

[1] Parche o plan estratégico a medio plazo.Como decía más arriba, ¿se trata de poner un parche por la necesidad de hacer la docencia y otras actividades online debido al COVID – más o menos como se pueda? ¿o nos tendríamos que plantear un plan más ambicioso a 10 o 20 años vista? Uno sin duda sería partidario de lo segundo.

[2]  ¿Cuáles serían los objetivos de esta segunda digitalización? – explicaba en un post anterior de lo segunda porque por supuesto casi todas las actividades universitarias están ya atravesadas por lo digital. ¿Damos por supuesto que los objetivos ya están dados – por el modelo corporate californiano al que habría que incorporarse lo mejor posible – o se trataría de definir unos objetivos propios, alternativos – como podría pensarse que quizás esté haciendo China? ¿O una propuesta mixta entre lo corporate, lo público y lo común?

Uno cree que en realidad aún hay muchos futuros posibles.

Si hablásemos de un plan a 10 o 20 años, la definición de los objetivos tendrían que ser parte muy importante del plan durante los primeros años.

[3] Arquitectura institucional y tecnológica. En un marco que vaya más allá del parcheo coyuntural y el colonialismo algorítmico (la adaptación de las soluciones de GAFAM a nuestro entorno) habría que desarrollar una cierta arquitectura insutitucional e infraestructural para llevar a cabo esta segunda digitalización.

En una primera nivel esta arquitectura debería tener algunas instancias o nodos centrales, que hicieran un papel similar al el CSIC en los años 40-50, y en un segundo nivel una red distribuida que uno imagina formada por medialabs, hacklabs, fablabs, etc en las universidades, según especialidades, etc.

La red serviría de apoyo a profesores y estudiantes en el nuevo proceso de digitalización. aportando conocimiento experto, desarrollos de software y hardware, experimentación, documentación, etc.

Estos medialabs y la arquitectura más en general tendría que estar dotada económicamente, en personal-tiempo, en medios materiales a la altura de los objetivos que se plantean.

Estos medialabs podrían servir tanto de conexión con otras instancias e instituciones locales, como de espacios de incorporación al trabajo universitario de jóvenes y perfiles no convencionalmente académicos.

Por supuesto tendría sentido que esta arqitectura insitutucional conectara con la escala europea…

[4] Los medios materiales-digitales concretos que se vayan a poner a disposición de los universitarios no deberían limitarse a las suites más o menos pret-a-porter que venden las corporaciones especializadas, que pre-formatearían el pensamiento, las maneras de trabajar y colaborar, etc. aparte de los problemas de la privacidad, tratamiento de datos, etc.

En los tres niveles que planteaban por ejemplo Benkler, – físico, lógico (software) y de contenidos (datos) – habría que contemplar la posibilidad de proveer cajas de herramientas flexibles, útiles para múltiples niveles, en general más parecidas a las habitaciones en blanco tipo media-wiki que a las apps de móviles con opciones ultalimitadas. Entre los objetivos de estos sistemas estarían cuestiones como la convivencialidad, la multiplicación de las singularidades, la experimentación, las libertades, la privacidad, la autonomía…

[5] Personas. Nota final: uno puede pensar sin demasiado esfuerzo en una docena de personas de relevancia mundial, españolas y extranjeras, que podrían formar un equipo para impulsar y desarrollar un proyecto de este tipo, de Tim Berners-Lee a David Cuartielles, de Simona Levi a Francesca Bria, de Nuria Robles a Vicente Guallart, de Marcos García (y equipo) a Marta Peirano, de Antonio Lafuente a Susanna Tesconi, de Esteban Romero Frías a Pablo DeSoto, de César García a Juan González Obijuan, de Raúl Oliván a Marga Padilla, de Alberto Corsín a Javier Toret, etc., etc.

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Vale pues, — ojalá que estas notas sirvieran para que otras personas las retomaran, aunque sólo fueran algunas sugerencias, y pudieran dar lugar a algo de interés…

 

Dewey, 1941, sobre tecnopolíticas — antes de que existiera el término…

Dewey sobre tecnopolíticas – bueno… sobre cultura material, artefactos, herramientas… y los conflictos con los idealismos varios…

Transcripción parcial y traducción de: John Dewey (1941) – Lessons from the War in Philosophy – vídeo-audio: https://youtu.be/cuFbnohnWp4 | accedido 15/07/2020

José Pérez de Lama

Introducción

John Dewey, uno de los grandes filósofos pragmatistas clásicos, habla aquí sobre las ciencias y las técnicas, en el contexto de la guerra, y cómo, no ya sólo en la guerra, sino en general, se habían convertido en el factor más importante de su tiempo transformando las relaciones sociales y las formas de vida. Y cómo los idealismos varios — de la religión puede uno pensar a la llamada «autonomía de la política» impedían comprender y usar estas virtualidades. No puede uno dejar de pensar que alguien tomó nota de las sugerencias de Dewey — o que ese pensamiento estaba ya presente, y que se desarrolló, tanto en los años inmediatos de la guerra como en las décadas siguientes.

En tiempo de Dewey «los malos eran los alemanes», que había comprendido, planteaba, como usar los poderes derivados de las ciencias físicas, pero también de las sociales, para promover su proyecto político de dominio. Hoy, en un contexto diferente, podemos pensar en otros actores que comprenden mucho mejor que los demás el funcionamiento y el poder de lo tecnológico.

El vídeo, que más bien es sólo audio. Leyendo estos días Experience and Nature del autor (1925-29), me resultó emocionante poder oír su voz, con argumentos que se desarrollan en bastante mayor detalle en el texto escrito, a la edad de 81 u 82 años…

Sigue la transcripción. Saludos!

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John Dewey (1941) – Lessons from the War in Philosophy, audio de la conferencia; extracto, mins. 19:24 a 30:30.

[19:24] Ahora, la idea general que acabo de presentar tiene su efecto concreto […] en el hecho de que tanto las ciencias naturales como todas los métodos industriales, el amplio campo que tiene que ver con lo económico, tiene que ver que los antiguos filósofos condenaron llamándolo materia, material – considerándolos, la materia y lo material, como algo inherentemente bajo y pobre en cuanto a su valor comparado con las cosas elevadas que tenían que ver con los ideales y lo espiritual.

Entonces, lo que estoy diciendo viene a ser lo siguiente: que el mundo moderno no ha hecho realidad todo lo que habría podido lograr, para el avance de una vida, una sociedad más justa, más equitativa, más amable y más amistosa, de un desarrollo más rápido, porque no ha aprovechado las posibilidades, los recursos de las ciencias naturales, y de todos nuestras nuevas tecnologías y métodos industriales … porque la filosofía heredada, la filosofía que recibimos del pasado ha hecho lo que llamo desanimar, o por lo menos menospreciar estas cosas como inferiores: son cosas materiales y porque lo material se contrasta con todo lo que yo describo como lo espiritual … y es un gran prestigio el que se asocia a lo espiritual.

Hay un sentimiento muy fuerte en el fondo de la mente de la gente, que es más de lo que pensamos un depósito de filosofías del pasado, que considera que al final las ciencias sociales son importantes de forma puramente material, puramente física, y que no tienen demasiado que hacer con las más serias valores de la vida […]

[22:51] Vi que la oradora de hace dos semanas, hablando desde el punto de vista de lo que la Antropología tenía que aprender de la guerra, dijo que una cosa, una cosa fundamental de esa visión de la situación, era que los países totalitarios habían reconocido el poder del que disponían que las técnicas de las ciencias sociales habían hecho posible. Con el Estado totalitario, por supuesto Alemania es el gran ejemplo con su gran poder de organización, había utilizado todos los recursos de las ciencias sociales para promover y avanzar sus ideas particulares … Y que las otras naciones, que llamamos democráticas, nunca habían puesto lo mejor[?] de sus mentes, su atención sobre la cuestión de qué es lo que las ciencias sociales pueden sugerir para promover las ideas, los objetivos y valores que sostienen los países democráticos.

Pienso que esto no sólo es correcto, sino que podemos ir más allá; – los países totalitarios no sólo se han dado cuenta de que las ciencias sociales sino también de que las ciencias físicas y las técnicas de las ciencias físicas pueden ser utilizadas para hacer avanzar unos objetivos sociales particulares, precisamente, los nacionalistas y raciales de estos países. […] Otras filosofías, nuestras filosofías liberales han tomado una actitud muy de laissez faire, no sólo en el campo de la economía sino también en el de las ciencias. [25:58] No digo con esto que los juicios morales de bueno y malo sean tampoco introducidos en las ciencias físicas o sociales. Lo que sí quiero decir es que a través de inventos y nuevas tecnologías, el control de las energías naturales, la industria tratando con estas cosas que han sido llamadas materiales y materia, [26:05] mientras nuestro nuestro arte mágico [?] es incapaz de usar las fuerzas que de hecho están teniendo mayor influencia social, mayor efecto, mayores consecuencias sobre las relaciones entre seres humanos, entre unos y otros, que ninguna otra cosa en el mundo.
Ahora, sea lo que sea lo que pensemos de los países totalitarios y lo que pensemos de sus políticas, al menos, tiene que haber un reconocimiento: que es posible recurrir a las conclusiones de las ciencias físicas y de las ciencias sociales, para organizarlas y usarlas para un fin social. Y después pienso que tenemos que aprender, si no nos gustan, como presumiblemente no nos gustan, los fines para a los que estos países están organizando y utilizando los resultados de la ciencia, que la filosofía, y cuando digo ahora esta filosofía me refiero a toda la gente inteligente y [?], tiene que considerar algo que tiene el carácter de una revolución. Mi entendimiento de esto es que habiendo producido todo este conocimiento científico, habiéndolo producido mediante el uso de métodos que el mundo antiguo desconocía completamente, ahora tenemos que enfrentarnos a la cuestión de cómo estas cosas van a ser sistemáticamente organizadas y usadas para fines humanos.

Y para hacer esto, tenemos que hacer, como he sugerido, considerables eliminaciones, purgas, purgas críticas de las ideas del pasado que nos han hecho rechazar las conclusiones de las ciencias naturales y los procesos de la industria, simplemente porque trataban con cosas a las que en algún momento se les había dado el nombre de materia, material.

[29:09] Ahora, otro aspecto de la misma cosa estrechamente conectado, el mantenimiento de ideas del pasado debido a hábitos, costumbres, instituciones, tradiciones que también se han mantenido, – me gustaría decir que todo el poder de las cosas que llamamos ideal, ha debilitado [al] hombre sólo porque las cosas llamadas ideales, espirituales se han puesto por encima de todo, en un mundo aislado, y en las mentes de un número indefinido de personas ha sido consideradas como sobrenaturales y con autoridad sobrenatural y situándolas por encima y en contraposición de las cosas naturales y de todas las cosas que podemos aprender de la experiencia. [30:30]

El «composicionismo» según Bruno Latour

Imagen: Lan Shining / Giuseppe Castiglioni, s XVII dinastía Qing, Ayusi, jefe mongol, atacando a unos bandidos con lanza; fuente: https://theme.npm.edu.tw/exh104/giuseppecastiglione/en/page-7.html __ caballo, montura, jinete, arco, estepa; es uno de los ejemplos clásico de composición (agenciamiento o ensamblaje) de Deleuze-Guattari que citaba en un post anterior.

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Unas notas sobre composición de Bruno Latour

Selección y traducción de J. Pérez de Lama. Dedicado a J.M.C.

Esta entrada para la serie sobre «composición» que inicié recientemente. Unas notas, con algo de ironía, de Bruno Latour, de un texto breve titulado An Attempt at a “Compositionist Manifesto” (2010). Puede encontrarse el texto completo en la web del propio autor: http://www.bruno-latour.fr/sites/default/files/120-NLH-finalpdf.pdf

La traducción como es habitual es mía. El texto citado comienza en la p. 2 del pdf descargable. La versión original en inglés al final.

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Y como parece imposible escribir un manifiesto sin una palabra que acabe en -ismo (comunismo, futurismo, surrealismo, situacionismo, etc.), he elegido dar a este manifiesto una bandera adecuada, la palabra «composicionismo». Sí, me gustaría poder escribir El manifiesto «composicionista» recuperando un género anticuado, en el gran estilo del pasado, empezando con algo del tipo: «Un espectro se cierne no sólo sobre Europa sino sobre todo el mundo: el espectro del composicionismo. ¡Y todos los poderes del Mundo Moderno se han reunido en una santa alianza para exorcizar este espectro!»

Aunque la palabra composición sea un poco larga y pomposa, lo que está bien es que subraya que las cosas hay que ponerlas juntas (Latín componere) a la vez que mantienen su heterogeneidad. También, está conectada con compostura; tiene una clara raíz en lo artístico, pintura, música, teatro, danza, y está así asociada con la coreografía y la escenografía; no está demasiado alejada de compromiso y de ceder [compromise and compromising], manteniendo un cierto sabor a diplomacia y prudencia. Hablando de sabor, lleva también el olor acre pero ecológicamente correcto del compost, debido en sí mismo a la des-composición activa que llevan a cabo muchos agentes invisibles… Sobre todo, una composición puede fallar, por lo que retiene lo más importante de la noción de «constructivismo» (una etiqueta que también podía haber usado de no haber estado ya cogida por la historia del arte). Quita así la atención de la  diferencia irrelevante entre lo que está construido y lo que no, y la dirige hacia la diferencia crucial entre lo que está bien o mal construido, bien o mal compuesto. Lo que tiene que ser compuesto, puede, en cualquier momento, ser descompuesto.

En otras palabras, el composicionismo asume la tarea de buscar la universalidad pero sin creer que la universalidad esté ya dada, esperando a ser desvelada y descubierta. Está, por tanto, tan lejos del relativismo (en el sentido «papal» de la palabra) como lo está del universalismo (en el sentido moderno de la palabra …). Del universalismo toma la tarea de constuir un mundo común; del relativismo, la certeza de que este mundo común tiene que ser construido de partes completamente heterogéneas que nunca constituirán un todo, sino más bien un material compuesto frágil, revisable y diverso.

No voy a hacer un recorrido de todos los puntos que serían necesarios para establecer las credenciales de la palabrita composicionismo. Voy a destacar tres connotaciones sucesivas que quiero asociar con el neologismo: la primera contrastándolo con la crítica: la segunda, explorando cómo podría ofrecernos un sucesor a la naturaleza; y por último, dado que las Grandes Narrativas son componentes necesarias de los manifiestos, en qué gran historia podría situarse. Imaginemos que éstas sean los tres primeras planchas de mi plataforma política…

[A partir de aquí sigue desarrollando estas tres ideas.]

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La versión en inglés:

And since it seems impossible to draft a manifesto without a word ending with an “–ism” (communism, futurism, surreal-ism, situationism, etc.), I have chosen to give this manifesto a worthy banner, the word compositionism. Yes, I would like to be able to write “The Compositionist Manifesto” by reverting to an outmoded genre in the grand style of old, beginning with something like: “A specter haunts not only Europe but the world: that of compositionism. All the Powers of the Modernist World have entered into a holy alliance to exorcise this specter!”

Even though the word “composition” is a bit too long and windy, what is nice is that it underlines that things have to be put together (Latin componere) while retaining their heterogeneity. Also, it is connected with composure; it has clear roots in art, painting, music, theater, dance, and thus is associated with choreography and scenography; it is not too far from “compromise” and “compromising,” retaining a certain diplomatic and prudential flavor. Speaking of flavor, it carries with it the pungent but ecologically correct smell of “compost,” itself due to the active “de-composition” of many invisible agents… Above all, a composition can fail and thus retains what is most important in the notion of constructivism (a label which I could have used as well, had it not been already taken by art history). It thus draws attention away from the irrelevant difference between what is constructed and what is not constructed, toward the crucial difference between what is well or badly constructed, well or badly composed. What is to be composed may, at any point, be decomposed.

In other words, compositionism takes up the task of searching for universality but without believing that this universality is already there, waiting to be unveiled and discovered. It is thus as far from relativism (in the papal sense of the word) as it is from universalism (in the modernist meaning of the world—more on this later). From universalism it takes up the task of building a common world; from relativism, the certainty that this common world has to be built from utterly heterogeneous parts that will never make a whole, but at best a fragile, revisable, and diverse composite material.

I am not going to go through all the points that would be necessary to establish the credentials of the little word compositionism. I will simply outline three successive connotations I’d like to associate with this ne-ologism: first, by contrasting it with critique;8 second, by exploring why it could offer a successor to nature; and lastly, since Grand Narratives are a necessary component of manifestoes, in what sort of big story it could situate itself. Let’s imagine that these are the first three planks of my political platform!

Sobre el «devenir digital» de las universidades; nuevos comentarios

Imagen tuiteada por Antonio Casilli sobre un popular basde de memes; 17 abril 2020: https://twitter.com/AntonioCasilli/status/1248913243407552512 __ en que se plantea una temática parecida a la que aquí se desarrolla; entonces sobra la pretendida magia solucionadora de las apps y las redes digitales en relación con la pandemia de al covid-19.

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Sobre el «devenir digital» de las universidades; nuevos comentarios

José Pérez de Lama

La hierba muere.
Los hombres mueren.
Los hombres son hierba.

El célebre silogismo / poema de Gregory Bateson, Men are grass.
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Siempre se trata de un devenir-con

El devenir del título sería un término más bien técnico, según lo usan Deleuze-Guattari, Donna Haraway y algunos más.

Por un lado, propone enfatizar la dimensión de cambio permanente o de acontecimiento en el estudio del mundo y la vida; en términos clásicos-escolares una aproximación tipo Heráclito en lugar de una aproximación tipo Parmenides. Algo de esto nos sugiere en parte el enigmático silogismo de Bateson con que se abre el texto. Somos lo que hacemos, y no tanto una esencia ideal que imaginamos ser.

Por otro, y este segundo aspecto es más relevante en el presente argumento, este devenir siempre será un devenir-con: nos componemos con otros seres, con otras cosas, – y lo hacemos en un medio o una situación concreta –, para producir el mundo; para hacer worlding como dice Donna Haraway.

No existimos en un vacío ideal, ajenos a los que nos rodea, sino que es con estos otros seres – humanos y no humanos dice Haraway -, con estos artefactos que fabricamos o que empleamos, con las estructuras y entornos de los que formamos parte, con los que nos construimos a nosotros mismos y construimos el mundo que habitamos. Para los arquitectos/as, el término habitar – también en su acepción técnico-filosófica – expresa algo parecido: plantea que no somos tanto usuarios de un medio, de la ciudad, o de un edificio, como habitantes de ese medio: el medio nos afecta y nosotros a su vez contribuimos a constituirlo de muchas maneras; algo así es a lo que llaman estos autores un devenir común.
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Devenires digitales o devenires cíborg

Algunos ejemplos: Uno de los clásicos de Deleuze-Guattari sobre esta idea de los devenires-con– para la producción del mundo, es el del agenciamiento o composición hombre-caballo-montura-arco – en el espacio de la estepa – que contribuye de manera decisiva a la emergencia del imperio mongol en el siglo XIII, que arrasa Asia llegando hasta las fronteras de Europa – literalmente la producción de un nuevo mundo. Sigue leyendo Sobre el «devenir digital» de las universidades; nuevos comentarios

Una buena película es una película libre. Sobre capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

Imagen: John Cassavetes explicando cómo hacer una buena película; captura del vídeo Faire un bon film selon John Cassavetes de 1965. Curiosamente, sólo soy capaz de encontrarlo en la red social fb.

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«Una buena película es una película libre». Sobre el capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

José Pérez de Lama

Estos días ando entre preocupado y enfadado por el debate – que algún periodista dice que ya no existe – sobre si queremos o no una aplicación de móviles que nos rastree cuando nos movemos por la ciudad, que recoja si nos hubiésemos contagiado o si ya nos hubiéramos curado, y que rastree con quién nos encontramos o nos cruzamos en el transporte público o el trabajo, intercambiando información automáticamente con otros usuarios, y quizás, en ocasiones dicen, también con alguna instancia centralizada del sistema, etc. – de momento en relación con el Coronavirus y la epidemia. Pero, ¿quién sabe para qué pensarán que sería razonable usar algo así en el futuro…? Sigue leyendo Una buena película es una película libre. Sobre capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

Covid-1984: un extracto de la conversación entre Shoshana Zuboff y Renata Ávila sobre el capitalismo de la vigilancia

Imágenes de Shoshana Zuboff durante su conversación con Renata Ávila el pasado 18 de abril de 2020 en Diem25 Tv

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Selección y traducción José Pérez de Lama

El pasado sábado 18 de abril (2020) organizada por Diem25 TV tuvo lugar una interesante conversación entre Shoshana Zuboff (profesora de Economía de Harvard y autora del libro The Age of Surveillance Capitalism, 2019) y Renata Ávila, activista global por los derechos digitales, también parte de la red de apoyo a Julian Assange, conversación en que la trataron sobre el capitalismo digital en tiempos del Coronavirus, y más indirectamente sobre los proyectos de apps para el seguimiento de ciudadanos en relación con los contagios. La conversación fue de un gran interés y la recomiendo entera; con una marcada visión crítica, pero también propositiva (enlace al vídeo completo al final del post).

Pero como ando bastante enfadado con los defensores de la Covid-surveillance-app y la supuesta ineluctabilidad de la vigilancia cuasi total en nuestro futuro inmediato – ¡oh, la servidumbre voluntaria! – pues me animé a traducir y reproducir aquí los primeros minutos de la intervención de Zuboff que me dejaron muy admirado por la claridad y rotundidad de su punto de vista, con el que me identifico mucho.

La transcripción empieza en el minuto 38 del vídeo que se encuentra actualmente online — ahora mismo hay media hora sin acción, seguida de la presentación de Renata Ávila; seguida por la primera intervención de Shoshana Zuboff que se reproduce a continuación:

[min 38:18]
Quiero empezar con Orwell, si puede ser…
Una de las títulos de esta sesión es Covid-1984…
¡Qué titulo más brillante!

Entonces, Orwell está aquí con nosotros,
está por todos lados en nuestras mentes…

Pero quiero empezar con Orwell de una manera diferente,
no con 1984.
Sabéis que cuando escribió 1984
no era porque esperaba que 1984, aquella pesadilla
fuera a producirse… [*]
Era porque estaba dispuesto, literalmente, a sacrificar su propia vida…
— saben que pasó aquellos últimos años, cuando estaba escribiendo 1984
en las isla Hébridas
en una pequeña casa que no tenía calefacción
y tenía tuberculosis
y estaba cada vez peor
y tenía otros trabajos que entregar —
y literalmente sacrificó su vida para acabar este trabajo.
¿Por qué lo hizo?
Porque quería lanzar una llamada de atención…
al mundo, a Inglaterra, a Europea, a todo el mundo,
una llamada de advertencia,
diciendo, “Esto es lo que puede pasar,
si dejamos de prestar atención,
si no estamos movilizados.”
Era en un cierto sentido el negativo
de la foto del futuro
que el deseaba.

En otros ensayos que Orwell escribió —
era un escritor prolífico,
así era como se ganaba la vida –.
Mi texto favorito de entre todos los suyos
Era una poco disimulada reseña de un libro
titulado The Managerial Revolution (La revolución de la gestión o la organización),
escrito por un individuo llamado James Burnham.
[40:23] Este libro, entonces, había sido originalmente escrito en 1940…
Y aquí encontramos a Orwell en uno de sus mejores momentos
Despellejando a James Burnham.
Puro desprecio…
por el despreciable autor y sus despreciables conclusiones.
¿Por qué?
Porque Jame Bunrham se fijó en el Tercer Reich
y quedó impresionado con las capacidades administrativas del Tercer Reich …
al fin y al cabo estaban administrando el asesinato
dentro de sus propias fronteras …
como más adelante lo haría por toda Europa.
James Burnham estaba tan impresionado con sus capacidades organizativas (managerial)
que predijo, “¡Por supuesto, los alemanes van a ganar esta guerra!”
Porque tenían capacidades organizativas superiores.

Pero luego, unos cuantos años después,
publicó una nueva edición.
Y en la nueva edición los Aliados
habían empezado a mostrar su fuerza …
Y entonces, ¿qué pensáis que hizo Burnham?
Pues cambio su interpretación completamente.
Ahora decía que los Aliados eran los que probablemente ganarían.

[41:40] Bueno, Orwell vio esto y dijo,
“James Burnham es mi definición de cobardía.”
Es un cobarde.
Y lo que lo hace un cobarde es que agacha la cabeza (bows down)
ante cualquiera que sean las fuerzas que estén dominando en el momento,
y se rinde exageradamente a estas fuerzas [And he exceeds to those forces]
y traza una línea recta
del presente al futuro,
como si el futuro estuviera ya determinado
por quien quiera que sea el más fuerte en el momento,
o el que le parece que sea el más fuerte en el momento.
Esto es cobardía.
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Entonces, os planteo esta noche,
que estáis leyendo textos, editoriales, artículos de prensa …
todos los días …
que son cobardes.

[42:21] Porque lo que están haciendo es observar
el poder de la empresas tecnológicas,
el poder del imperio del capitalismo de la vigilancia,
cada vez más, oportunistamente, aliados,
no sólo con gobiernos autoritarios
sino también con los velados anhelos autoritarios
de gobiernos elegidos democráticamente.
Y vemos a escritores y observadores
mirando a estos grandes poderes
y rindiéndoles pleitesía,
diciendo “Esto va a ser el futuro …
esto va ser el futuro después del COVID-19 …
después del COVID-19 todo va a ser diferente.
Va a haber bio-vigilancia,
vigilancia completa,
todos nos habremos entregado
para ser objetos de seguimiento permanente y total …
y todo lo demás.

Yo digo
que eso es ser cobardes.
Por la misma razón que Orwell lo decía.

Porque no podemos conocer el futuro.

Pero si que podemos saber esto:
hay un factor decisivo que determina el futuro.
¿Sabéis cuál es?
Es cada uno de vosotros que nos está escuchando ahora mismo;
y es toda la gente que nos estará escuchando más adelante.
Y son todas las conversaciones que vais a tener con vuestros amigos.
Y los grupos de discusión que vamos a poner en marcha en vuestras comunidades.
Y son las cosas que vais a escribir; son los blogs y los posts y los vídeos que vais a hacer
y las conversaciones que vais a tener en la esfera pública y en vuestra esfera local.
!Eso! Lo que vosotros hagáis, lo que nosotros hagamos, si nos movilizamos o no, — eso es lo que determinará el futuro.
Y hasta que no sepamos esa historia, nadie puede saber lo que va a pasar en el futuro.
Depende de nosotros.
Así es como quiero empezar [esta conversación].
[45:02]

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[*] Aquí creo que hay diferentes interpretaciones, y siendo una dvertencia contra los totalitarismos en general, no es difícil identificar en la historia rasgos del comunismo de la URSS con Stalin con el que Orwell había tenido algunas experiencias en la guerra española. Sobre esto, acabo de encontrar un texto de Thomas Pynchon que siempre será curioso… https://elpais.com/diario/2003/06/21/babelia/1056152350_850215.html

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Vídeo:

20 años desde la fundación de Indymedia y no vamos ganando…

Indymedia: 1 – GAFAM: 42. (1999-2020)
20 años desde la fundación de Indymedia y no vamos ganando…

José Pérez de Lama, aka osfa

Anda estos días Tim Berners-Lee promoviendo lo que llama un nuevo contrato [social] para la Web. ¿Qué está pasando para que al «inventor de la Web» se le ocurra ahora plantear un asunto así? Pues ocurre algo que, aunque a Millennials, Generación Z, quincemayistas, pedros-sánchez y jóvenes varios pueda «sonarle a chino», muchos y muchas de los que participamos en la construcción de los primeros diez o quince años de la Web sí que entenderemos.

Tal vez, una de las (pocas) cosas buenas de tener ahora más de cuarenta años de edad, – y habiendo estado atento al mundo de la cultura digital durante las últimas décadas –, es la de haber conocido de primera mano un proceso de cambio tecnológico bastante radical, comparable al que pudo haber sido la aparición de la máquina de vapor a finales del XVIII y principios del XIX. Durante aquellos años de la emergencia de la Web parecía que había un mundo nuevo lleno de nuevas posibilidades y oportunidades. Aunque más adelante también pudimos ir viendo cómo se hacían realidad algunas de las opciones, hasta llegar a convertirse en «monstruosas», y cómo otras se quedaban en nada, como si hubieran sido abortadas. Todo aquello que observábamos y que en parte nos pasaba se parecía un poco a cuando se lee un libro de historia o una novela de ciencia ficción, pero estando ahí en medio de todo, aunque fuera como protagonistas secundarios – o, a lo peor, como figurantes… o como espectadores de gallinero.

Pudimos ver cómo el período culminó hacia mediados de la década de 2000 con el triunfo de las lógicas capitalistas que hicieron suyas todas las virtualidades y oportunidades que habíamos podido vislumbrar; usándolas, incluso, como medio para volver a insuflar los decaídos espíritus animales del capitalismo a un nuevo ciclo aún más intenso; que eso parece ser lo que ahora vivimos; – o, más bien, padecemos.

Indymedia, –estos días recién hicieron veinte años de su aparición fulgurante (diciembre de 1999 en Seattle) y de ahí la presente reflexión–, representaba algunos aspectos de aquella Web (1.0 la llamaron en algún momento) que muchos de aquella generación imaginamos: ¿abierta?, ¿descentralizada?, ¿democrática?, ¿liberadora?, ¿emancipadora? Algunos o algunos lo recordaremos, y otros, la mayoría, no tendrán idea de qué fue aquello; 20 años son muchos años… e incluso a los que estuvimos allí creo que a veces nos parece más un espejismo que algo «real». De forma muy sintética, Indymedia era una red de redes – se decía así también de Internet entonces –, distribuidas globalmente para producir información independiente, bottom-up, etc. pero que en su proceso de desarrollo o de «emergencia» se constituyó también en una red de lo que algunos llamábamos «producción biopolítica», esto es, de producción de otras formas de vida, relaciones sociales y de poder, subjetividades y esas cosas… Cabe señalar algo más que hoy resulta bastante sorprendente: que Indymedia en aquel momento era de las cosas más avanzadas, la vanguardia conceptual y tecnológica de Internet. Durante algunos, pocos años, el software libre, la proliferación de la cooperación y lo que se llamó la «ética hacker», las «contracumbres» y los foros sociales mundiales, la globalización de la comunicación y las luchas, la prosperidad pre-crisis… a muchos nos parecía que algo de verdad diferente estaba (casi) a punto de ocurrir…

20 años después, tristemente, el escenario es bien diferente. La crisis, la austeridad y el disciplinamiento asociado, por un lado, y el éxito arrasador del capitalismo digital, por el otro, hacen que lo de aquellos años nos parezca hoy más un sueño, o un espejismo, como decíamos, que otra cosa. Entre las muchas descripciones de la situación actual, la del Stack de Benjamin Bratton (2015), me parece que es una de las más acertadas: una nueva hegemonía planetaria que tiene entre sus pilares fundamentales los grandes proyectos tecnológicos de control social y de extracción del valor de la cooperación. El subtítulo del libro de Bratton es precisamente «software y soberanía». El equipo que representarían los Berners-Lee, Stallman, Swartz, Indymedia, Wikipedia y tantos otros sufrimos una derrota estrepitosa… Y aún cabe preguntarse, incluso, si los activistas del software libre, la cooperación sin mando y las redes descentralizadas, en realidad, sólo estábamos «haciendo la cama» al capitalismo digital. O si, por el contrario, aquello constituía verdaderamente una alternativa truncada, malograda, que fue capturada o comprada, o lo que fuera, por los que ahora tienen la sartén por el mango (de la nube).

Esta es la pregunta que planteaba Franco Berardi Bifo, tan buen amigo de Indymedia, en su libro Futurabilidad (2017): en cualquier presente existen múltiples futuros posibles; la potencia sería la energía subjetiva que despliega las diferentes posibilidades y hace que sucedan unas u otras, lo que convertiría lo posible-virtual en actual; el poder serían “las selecciones (y las exclusiones) que están implícitas en la estructura del presente, la selección y la ejecución de una de las posibilidades, y simultáneamente la invisibilización (y la exclusión) de las otras muchas posibilidades”.

Llegados al 2020, podría decirse que en este juego tecnopolítico de las tres «Ps», – posibilidad, potencia y poder –, el equipo GAFAM, o como lo prefiramos llamar, está arrasando al equipo de Berners-Lee, Indymedia y «hippies» varios. A ver cómo se da la década que ahora comienza. ¡Salud y convivencialidad!

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* GAFAM, para los no familiarizados, es el acrónimo por el que se refiere en ocasiones al cuasi-monopolio de las 5 grandes tecnológicas.

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Franco Berardi Bifo, Futurability. The Age of Impotence and the Horizon of Possibility, Verso, Londres Nueva York

Tim Berners-Lee et al, 2020, Contract for the Web. A global plan of action to make our online world safe and empowering for everyone, https://contractfortheweb.org/

Benjamin Bratton, 2015, The Stack. On Software and Sovereignty, The MIT Press. Software Studies Series, Cambridge

No le des al Like al leer este artículo – reseña: Peirano, El enemigo conoce el sistema


Imagen: red de cables submarinos de propiedad exclusiva de Google, Amazon, Facebook o Microsoft [0], 2019
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No le des al Like al leer este artículo

José Laulhé

Reseña sobre el libro «El enemigo conoce el sistema. Manipulación de ideas, personas e influencias después de la Economía de la atención» de Marta Peirano (Editorial Debate, 2019).

Cuando publique esta reseña, gracias a la invitación de Arquitectura Contable, mi siguiente paso será publicar un link al post en Facebook. Parece una incongruencia, pero la lógica de publicar en un blog es compartirlo y la vía de que los «internautas» encuentren el post enlazando páginas o blogs amigos, es inconcebible a día de hoy. Solo podría caber la esporádica situación de que alguien, curioseando otro post de este mismo blog, llegara al mío. Sin embargo, la proposición de Peirano va en otra línea. Quizá si le hubiéramos preguntado en 2010, nos hubiera dicho que no compartiéramos en Facebook- ay, N-1 dónde quedaste…-, pero ahora entiende como inevitable que compartir para una mayoría, o para un público que exceda el peer-to-peer, depende de las grandes redes sociales. En lo que incide Marta Peirano en «El enemigo conoce el sistema» es en lo que pasa después de que linkemos: en la ansiedad del autor en ver reconocido su trabajo en la RRSS- actualizando cada 5 minutos, con esa acción aprehendida de arrastrar hacia abajo («push») replicada de las máquinas tragaperras-, pero también en la construcción tribal de esas personas que al dar al Like exponen que este libro y sus lecturas refuerzan su identidad. Es posible que esta reseña no os interese a ninguna. Pero, en caso de que sí, ¿qué os parece si utilizamos el sistema de comentarios del propio blog para el feedback?

«El enemigo conoce el sistema» es una composición actualizada de varias publicaciones que muchas manejamos como referencias: desde Stallman o Foucault hasta Snowden o James C. Scott. En mi opinión también es el intento por desvelar- o, al menos, poner luces sobre- el dispositivo en que se ha convertido el internet actual- internet de plataformas-. A partir de las herramientas que nos proporcionó Deleuze [pág 11, 2012] podemos discernir gracias a Peirano líneas de visibilidad (qué se ve- nuestros perfiles- y qué no- las empresas que analizan y venden nuestros datos-, y sobre todo cómo se decide), líneas de subjetivación (donde la actitud respecto a estas RRSS ha cambiado), líneas de fuerza (como la que se da entre multinacionales y gobiernos, y muchas más),…

Un libro sobre el cambio climático

Dice Marta Peirano que su libro en realidad habla del cambio climático. Y es cierto. Sitúa el foco en el peso de tres grandes corporaciones (Facebook, Google, Amazon) respecto a nuestro día a día. A Amazon le dedica un estudio particular puesto que «ha sido sin duda el más discreto. No tiene eslogan ni lema, no dice que vaya a hacer del mundo un lugar mejor o mejor conectado», pero en sus servidores está alojado aproximadamente un 46% de la red. Y, sobre todo, cada vez sectores más críticos, los primeros los bancos. Como sabemos, las administraciones están valorando- si es que no lo han hecho ya como EEUU- la opción de que Amazon aloje toda la información digital pública de naciones enteras.[1] Se pregunta Snowden en su libro [pág 12, 2019] qué tipo de respeto a las reglas que nos hemos dado (Derechos Humanos, Constituciones,…) podemos esperar de este tipo de plataformas globales.

Amazon es también uno de los principales cooperantes de Palantir. Todo dispositivo conectado a Internet está conectado a Palantir: «sirve para monitorizar a distancia a cualquier sujeto, organización o sistema, tirando de cualquier hilo: un nombre, un lugar, un número de teléfono, una matrícula de coche, una tarjeta». Y todo está alojado en AWS (Amazon Web Services) y utiliza su algoritmo de reconocimiento facial Amazon Rekognition. Y no queda ahí:

«El Programa Mundial de Alimentos de la Organización de las Naciones Unidas, cuya función es distribuir alimentos para refugiados, inmigrantes y víctimas de crisis y desastres naturales, ha cerrado un acuerdo con Palantir para analizar datos. Noventa millones de refugiados que servirán de entrenamiento para predecir y controlar los movimientos de futuros refugiados.»

Pero al final, ¿qué es la nube? La nube es una aglomeración de silicio, cables y metales pesados que se concentra en determinados, y no siempre conocidos, lugares . Y consumo una cantidad extraordinaria de electricidad. En 2008 producía el 2 por ciento de las emisiones globales de CO2, y durante 2020 lo habrá multiplicado- o más, el Coronavirus habrá frenado otros tipos de emisiones, pero no los derivados del uso de servidores-. Por tanto se ubican en territorios de electricidad y mano de obra barata, con fiscalidad amistosa y una flexible política en torno a la gestión de los datos

La cuestión del algoritmo

Hace poco tuvimos la suerte de participar en una publicación bajo el sugerente nombre de Algoritarismos, coordinada por Jesús Sabariego y Augusto Jobim [Sabariego, 2020]. Decía Deleuze que, a diferencia de la sociedad disciplinaria con una superposición de módulos que operaban sobre la sociedad de manera discontinua, en la sociedad control el «ordenador [algoritmo] señala la posición de cada uno, lícita o ilícita, y opera una modulación universal» [Deleuze, 1992]. Estas plataformas ejercen una vigilancia continua sobre nosotros, todo el tiempo y en todo lugar. Es terrible pero, sorprendentemente, aceptado popularmente en la sociedad post 11-S. Actualmente lo vivimos en nuestros encierros cuando el Gobierno nos indica que va a utilizar un sistema de geolocalización con todos los ciudadanos. Nos recuerda Peirano que, a principios del siglo XX, Holanda contaba con un censo con las preferencias religiosas para adecuar recursos al número de fieles. Esa base de datos fue usada por los nazis para afinar su búsqueda y que solo el 10% de judíos holandeses sobreviviese al Holocausto. La cuestión esencial con la geolocalización de las personas durante la crisis del Covid-19 no es la razón puntual por la que se ha hecho, sino la vía a través de la cual se ha hecho- norma- y el tipo de consenso necesario para hacerlo- nada de 2/3 de la Cámara, referéndum o algún tipo de legitimación popular-.

Ya que la vigilancia, en general, no es el único objetivo sino también el control y, sobre todo, la manipulación. Voviendo al libro de Marta Peirano, nos dice que «YouTube presume de que su algoritmo es responsable más del 70 por ciento de los vídeos que se ven en la plataforma». El algoritmo de YouTube se basa en proponer vídeos cada vez más extremos para que multipliques tu tiempo de engagement [2] y, con ello, incrementar tu grado de satisfacción con la app. Su objetivo es únicamente ese: no buscan radicalizarte o generar traumas entre los niños que ven vídeos sin control, toda su inversión se centra en buscar la manera de maximizar tu engagement. En el libro la gama de ejemplos es larga, desde los olores de nuestra idealizada infancia hasta las apps de contactos, o como dice Hammerbacher: «las mejores mentes de mi generación se dedican a pensar cómo hacer que la gente pinche en un banner».

En otra línea de argumentación en torno al algoritmo, habla del papel de las organizaciones gubernamentales y el papel que ciertos dispositivos, como el dinero digital, va a tener en la constitución de estos algoritmos. Nos enseña el modelo chino y su sistema de «crédito social», el cual nos retrotrae a capítulos que querríamos inverosímiles de Black Mirror. Pero nos recuerda que de alguna manera el resto de países están desarrollando su propio sistema de crédito social. La diferencia es que las condiciones del mismo son secretas.

«Un algoritmo es un conjunto de instrucciones diseñadas para resolver un problema concreto. Pero cuando los algoritmos son opacos, ya no sabemos cuál es el problema que intentan resolver.»

Volviendo al caso de las grandes plataformas digitales, las Primaveras árabes, el 15-M, Occupy Wall Street, etc reconfiguraron sus algoritmos. En 2010 las iniciativas populares alcanzan el carácter de acontecimiento en el seno de estas plataformas, produciendo un engagement muy alto tanto por el momento histórico, por el lenguaje (con el suicidio de Mohamed Bouazizi), como por la novedad. Posteriormente el mismo algoritmo, actualizado, era el principal aliado de los nuevos regímenes autoritarios surgidos tras el derrocamiento por parte de las Fuerzas Armadas de algunos líderes elegidos democráticamente o el que alza proyectos populistas en todo el mundo. El dispositivo internet -de plataformas- ya ha incluido en su ser el elemento disruptivo que se da entre 2010 y 2011. Recuperando a Tiqqun, «tras el primer instante de conmoción por la inexorable tarea de la potencia, [el dispositivo] se reforma: SE incluye, desactiva y reterritorializa el acontecimiento, SE le asigna una posibilidad, una posibilidad local» [pág. 114, 2012].

¿Es un libro sobre la pertinencia del uso de Internet?

Aclara en alguna de las entrevistas y charlas que su libro no trata de ser una enmienda a la totalidad a Internet. Dedica un extenso capítulo a lo que denomina la Revolución, incluyendo sus personajes tóxicos como O’Reilly y el papel dudoso de ciertos medios como Wired. Reivindica el espíritu de los hackers de los 70-80, a Perry Barlow- «sacad vuestras sucias manos del ciberespacio»- o el modelo TCP/IP como elementos válidos a partir de los cuales podría plantearse una refundación. La transición del internet freak, heterogéneo, descentralizado (al menos aparentemente) de los primeros 2000s- aunque hubiera voces críticas como Álex Galloway [2007]-, a este modelo de plataforma y con una concentración del poder, quizá sea la parte menos desarrollada o, en mi opinión, peor estructurada.

Frente a eso, nos dibuja de manera mucho más ordenada todo el proceso de gestación de Internet. Explica a través de Yasha Levine, autor de Surveillance Valley, que el primer proto Internet desarrollado para fines militares «parecía una idea progresista, en lugar de bombardear gente, con una cantidad suficiente de datos podías arreglar el mundo sin derramar sangre». Sin embargo esas herramientas nunca se han limitado a su uso primigenio. Es una historia recurrente: tecnologías que se presentan para resolver una coyuntura concreta respecto a un tercero, finalmente son usadas para nuevos modos de control respecto al espacio doméstico. Pese a la ingente superposición de referencias que usa Peirano en su libro, inicia y acaba con la misma cita de Audre Lorde, escritora LGTBI feminista afroamericana:

«Las herramientas del poder nunca servirán para desmantelar el poder».

Una lectura muy recomendable que creo es apta para iniciados y no iniciados en los entresijos de Internet. Para empezar podíais plantearos dónde lo vais a adquirir, ¿de verdad vais a acudir a Amazon? Hoy por hoy nadie es sospechoso/a de nada por leer a Peirano, Snowden o Assange… es así, ¿no? O quizá lo ideal es dudar de dónde va esa información. Y hacer llegar tu petición a alguien de confianza. Podéis llamar a Luis de La Fuga, que él haga la petición como uno más de los libros que la librería adquiere y cuya base de datos por la LOPD no es accesible para terceros. Ahí sí, disfrutad del libro aprovechando que hay iniciativas amigas que interceden y que limitan lo que se sabe de nosotros.

O también podéis, cuando acabe la cuarentena, hacer caso a Tiqqun e intervenir en los dispositivos a través del robo de uno de los ejemplares en una gran superficie.[3] Vuestra es la decisión.
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PD: Teniendo el borrador de la reseña se ha cruzado la noticia sobre la asociación de Google y Apple para preparar una app intrusiva, instalada simplemente mediante la actualización del sistema operativo- entre una y otra compañía copan el 99% del mercado [4]. En el libro de Marta Peirano aparecen suficientes menciones a ambas empresas como para desconfiar. Snowden [pág 248, 2019] nos define el concepto Eliminar en Informática como una herramienta para usuarios para sentir que tenían el control «sobre todo en lo que respectaba a cualquier cosa que hubiesen creado ellos mismos […] sin embargo, lo cierto es que la eliminación nunca ha existido tecnológicamente del modo en que la concebimos». Básicamente nos indica que la eliminación es en realidad una forma de permiso intermedio de escritura: el archivo original queda intacto.

Siendo así con un archivo común producido por nosotros, ¿qué hemos de esperar de una app instalada automáticamente en nuestros dispositivos por compañías que basan un alto porcentaje de sus ingresos en la venta de datos a terceros?

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#notas

[0] International Health Report [2019] Los nuevos inversionistas de cables submarinos: https://internethealthreport.org/2019/los-nuevos-inversionistas-de-cables-submarinos/?lang=es . Información complementaria en relación a la afección climática de la Nube.

[1] Noticia sobre el uso de geolocalización, por supuesto en Twitter: https://twitter.com/sanchezcastejon/status/1189970366761963521?lang=es

[2] Engagement es un término importante en el libro: «En español no hay una palabra exacta para engagement. La traducción literal es «compromiso para el matrimonio», como si abrir una cuenta de usuario implicara una relación íntima entre el usuario y el servidor. Y no es una descripción descabellada porque entre las dos partes se interpone un contrato prenupcial que el usuario debe aceptar como una «novia agradecida», sin modificaciones ni anexos, llamados Términos de Usuario».

[3] Según Tiqqun [Pág. 89. 2010]: «El robo sólo es transgresión desde el punto de vista de la representación: se trata de una operación sobre la presencia, de una reapropiación, de una reconquista del sí mismo como cuerpo en el espacio […] Al robar me desdoblo en presencia aparente, sin espesor, en alguien absolutamente del montón, y en una segunda presencia íntegra, intensa e interna, para la que se anima cada detalle del dispositivo que me rodea…».

[4] Datos sacados del artículo de Jordi Pérez Colomé (2020.04.10) en El País «Apple y Google se alían para facilitar que las apps para rastrear el coronavirus estén en todos los móviles»: https://elpais.com/tecnologia/2020-04-10/apple-y-google-se-alian-para-crear-un-sistema-de-rastreo-del-coronavirus-que-no-necesite-descargar-una-app.html?ssm=TW_CM

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Sobre Marta Peirano he utilizado otras fuentes aparte del libro, como su charla en Fundación Ruiz Funes [https://www.youtube.com/watch?v=LyyPUe9SnAw], la entrevista en eldiario.es [https://www.eldiario.es/murcia/entrevistas/Marta-Peirano-periodista-Internet-manos_0_917958267.html] o sus dos charlas en TEDx Madrid que podéis encontrar también en YouTube.

El concepto dispositivo se basa en Gilles Deleuze [¿Qué es un dispositivo?, 1989] y Tiqqun [Podría surgir una metafísica crítica como ciencia de los dispositivos…, 2010]. Aunque ambos textos fueron recogidos inicialmente en otras publicaciones, la editorial Errata Naturae los combinó en una publicación bajo el título «Contribución a la Guerra en Curso» [Errata Naturae 2012]. Tenéis la oportunidad de rescatar estos textos digitalmente gracias a que la editorial ofrece una serie de sus maravillosas publicaciones gratuitamente en su web [http://erratanaturae.com/8805-2/]. También se cita Posdata sobre las sociedades de control (Deleuze, 1992).

También me ha parecido interesante para esta reseña la entrevista a Álex Galloway realizada por Pau Alsina para la 9ª edición de ZEMOS98 [2007]: http://publicaciones.zemos98.org/entrevista-alex-galloway

Actualmente me puse a leer el libro de Edward Snowden «Vigilancia Permanente» [Editorial Planeta, 2019]. El libro Algoritarismos aún no se ha publicado- estamos deseando-. Para introducir, aportamos este artículo de Jesús Sabariego para El Salto: https://www.elsaltodiario.com/tecnopolitica/algoritarismos-politica-tecnologia-negocio-algoritmo

Sobre la idea de «servidumbre maquínica» según Félix Guattari (I)

Imagen: Configuración master / slave de una red informática. Fuente: https://product-help.schneider-electric.com

Sobre la idea de «servidumbre maquínica» según Félix Guattari (I)

José Pérez de Lama | versión beta

Servidumbre maquínica es un concepto de Félix Guattari que me resulta de gran sugerencia para explicar el funcionamiento de muchos aspectos del mundo contemporáneo. Como ocurre con los conceptos y el pensamiento en general de Guattari, nos lo presenta de manera polisémica y… ¿difusa?, algo que nos puede resultar molesto en ocasiones, pero que relaciono con su permanente preocupación por la (sobre)codificación y lo que en ocasiones llama la dictadura del significante – Lo que traducido a un lenguaje más coloquial se podría interpretar como que trata de evitar que sistemas y conceptos demasiado precisamente definidos limiten las posibilidades del pensamiento, de nuestras propia – de cada cual – interpretación del mundo. [ver sobre Papeles del Antiedipo, Smith, 2006: 37] … Es posible que en estas notas, en parte, proceda también según el ejemplo del propio Guattari. Sigue leyendo Sobre la idea de «servidumbre maquínica» según Félix Guattari (I)

Makers y plataformas de enseñanza online en la España del coronavirus: dos modelos «tecnopolíticos» diferentes


Personal de un centro sanitario en Sevilla con las viseras protectoras fabricadas por la red de makers @3dprinters_Sev. Fotografía del sitio de Facebook de Miguel A. López, 25 de marzo de 2020

Makers y plataformas de enseñanza online en la España del coronavirus: dos modelos «tecnopolíticos» diferentes de los que quizás podamos aprender

Una crónica de urgencia

José Pérez de Lama & José Sánchez-Laulhé

1/ Makers

Hace dos días, David Cuartielles, uno de los iniciadores de Arduino y profesor en la Universidad de Malmoe, informaba en Tuiter que la comunidad maker organizada en red había producido más de 350.000 viseras de protección a lo largo de las dos últimas semanas, para ser distribuidas entre sanitarios y otras personas que las puedan necesitar. Las viseras se empezaron a producir y se siguen produciendo ante la falta de equipos de protección en los centros sanitarios y las dificultades para recurrir a los canales habituales de suministro por la alta demanda global en la actual situación de pandemia.

Según nos comentan algunas personas implicadas en tareas de coordinación en esta y otras redes, los datos que ofrecía Cuartielles son los de la red coronavirusmakers.org – pero hay otras redes diferentes, menores o locales, también produciendo por su cuenta. Tendremos que confirmar si Josef Prusa – otro de los gurús del hardware libre – está incluido en estos datos, es posible que no. En su web informa que llevan producidas decenas de miles en su sede en Praga. Y en Sevilla, por ejemplo, hay gente en la red coronavirus y otros, que quizás porque fueron de los primeros en organizarse localmente, a la hora de la distribución están coordinados en otra red, en torno al perfil @3dprinters_Sev, y a 25 de marzo estaban distribuyendo mil viseras diarias. Viendo algunos cuadros publicados, como el de la red en la Sierra Sur de Córdoba (según informa la Asociación Juvenil Camaleón Rojo de Puente Genil) parece que el número de productores de las más 350.000 viseras podrían ser del orden de 20-30.000 personas (la red coronavirus estima que cuenta con 15.000 participantes – C. González, 2020). Y de momento, toda esta gente está trabajando por amor al arte, es decir, pro tratar de ayudar a los sanitarios y a quien lo necesite, de contribuir junt*s a superar la pandemia. — Nos hace pensar en el retorno de la cultura del don de las primeras décadas de Internet. También hay numerosas donaciones de materiales por parte de empresas relacionadas, o simplemente de personas que quieren ayudar. Sigue leyendo Makers y plataformas de enseñanza online en la España del coronavirus: dos modelos «tecnopolíticos» diferentes