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Las 14 cosas que los políticos deberían saber sobre la emergencia climática

Selección y notas de José Pérez de Lama

Del libro de Mike Berners-Lee, There is No Planet B (2019-2021). A propósito de la «disonancia cognitiva» entre lo que se dice que es una emergencia y la tímida acción por parte de los políticos (véase la reciente COP26) y la indiferencia de tantos.

La nueva edición actualizada del libro de MBL se publicó a principios de 2021 con lo que se puede entender como unas reflexiones o recomendaciones previas a la COP26 que se celebró posteriormente (31/10/21 a 12/11/21).

Mike Berners-Lee es hermano más joven de Tim, el inventor de la WWW. Buscando algún libro para tratar de entender mejor el cambio climático topé con éste. Me atrajo, – aparte de por esto de ser hermano de Tim Berners-Lee, persona por la que siento gran respeto y admiración, por supuesto -, porque por la críticas y comentarios parecía un libro razonablemente ecuánime, con una aproximación científica a la vez que escrito para un público general. Mike Berners-Lee es investigador asociado y profesor del Instituto de Futuros Sociales de la Universidad de Lancashire (RU). Es autor de otros dos libros previos sobre cuestiones relacionadas. Este libro ha sido publicado por la Universidad de Cambridge. Y según interpreto es la persona que acuñó el lema «No tenemos un planeta B», asumida por diferentes movimientos sociales ecologistas.

La lectura que he hecho hasta ahora, – más o menos hasta la mitad del volumen -, me confirma que no ha sido mala elección. Ni es del sector «milenarista» (los que hacen llamadas al pánico y la desesperación, «todos vamos a morir», etc.) ni tampoco de los que quitan importancia al asunto, o piensan, ya sea por el lado «negacionista» o por el «negocionista» o del capitalismo verde. La actitud de Berners-Lee me resulta curiosa, y quizás sea parecida a la que yo estaba tratando de construir para mí mismo: todos los indicios científicos sugieren que el asunto es grave; la exacta gravedad no acabamos de conocerlo, pero es muy verosímil que sea una importante amenaza para la civilización como la conocemos – especialmente para los pobres  o los no súper-ricos-, para la biodiversidad, etc.; técnicamente sería viable resolver el asunto y hacer una transición a un sistema energético que solventara el asunto más crítico de las emisiones de CO2 y demás gases de efecto invernadero; pero las cosas que como sociedad global tendríamos que hacer no las estamos haciendo; y parece dudoso que vayan a hacerse con la velocidad que hace falta; aún así, no desespera sino que sigue trabajando, con aparente paciencia y serenidad, para ayudar a que puedan hacerse; y en última instancia, parece asumir, al menos en el libro, una actitud de curioso observador de la humanidad — podría decirse que una actitud spinoziana: ni condenar ni escandalizarse sino tratar de comprender.

Añado un segundo comentario al final. Comienza a continuación la traducción.

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Mike Berners-Lee, 2021, pp. 58-60 (traducción de JPL).

Las 14 cosas que los políticos deberían saber sobre la emergencia climática

Con el «deberían saber» quiero decir que quien no comprenda todas estas 14 cosas no es adecuado para tener un cargo político. En el Apéndice 1 desarrollo en mayor extensión cada uno de estos puntos [el autor se refiere a un apéndice del libro que no se recoge aquí].

(1) La ciencia actual nos dice que un aumento global de la temperatura de 2ºC parece muy arriesgado, pero que un aumento de 1.5ºC parece mucho menos arriesgado. Los Acuerdos de París lo afirmaron así. Todos los países significativos suscribieron aquellos acuerdos. Desde entonces Trump se retractó, pero todos los demás se han mantenido firmes.

(2) El aumento de temperatura que experimentamos es aproximadamente proporcional a la cantidad total de carbono que hemos quemado a lo largo de la historia. Esto nos da un presupuesto acumulativo de carbono que ya hemos consumido en su mayor parte.

(3) Las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el gas de efecto invernadero más importante, han crecido exponencialmente durante 160 años. Siempre hay subidas y bajadas de un año para otro, y hubo una pequeña reducción con la Gran Depresión y las guerras mundiales, seguidas por un rebote que puede ser explicado de diversas maneras. Pero esto es solo ruido frente a una tasa de crecimiento de un 1.8% anual notablemente estable .

(4) Aún no hemos hecho mella en la curva de crecimiento del carbono [la curva de emisiones de gases de efecto invernadero a los que llama de manera resumida «carbono»]. Incluso teniendo en consideración los datos más recientes, hay muy poca o ninguna evidencia de que la curva de carbono se haya visto siquiera afectada hasta la fecha por todas los acuerdos y acciones sobre cambio climático. ¡Glups! (Afrontar esta realidad nos da una posibilidad mucho mayor de tratar el problema. Esta cruda observación nos dice mucha del tipo de solución que tenemos que dar al problema).

(5) Al actual ritmo de emisiones el «presupuesto de carbono» que aún queda para limitar el aumentos de la temperatura global a 1.5ºC y 2ºC se reduce con rapidez — a pesar de algunas buenas noticias recientes procedentes de los modelizadores de carbono. Tal como están las cosas parece que superaremos el «presupuesto de carbono» estimado para el aumento de 1.5ºC en algún momento entre 2030 y 2040. [1]

(6) Se tarda mucho tiempo en poner el freno. Las temperaturas no dejarán de subir hasta que las emisiones netas sean igual a cero.

(7) Todo el combustible que se extrae del suelo acaba siendo quemado – siendo así, tiene que quedarse en el suelo.

(8) Debido a los efectos de rebote, que son frecuentemente ignorados, pasados por alto o no completamente entendidos, muchas de las acciones clave que mucha gente asume que habrían debido ser de ayuda, no han sido de ninguna ayuda – y por sí solas nunca ayudarán. Esto incluye prácticamente todas las nuevas tecnologías y mejoras de eficiencia.

(9) El crecimiento de las renovables, aún siendo esencial, no será suficiente para resolver el cambio climático. Precisamente por los efectos de rebote y el permanente apetito de energía de los humanos.

(10) Como consecuencia, necesitamos con urgencia un acuerdo global, que funcione, para  todo el combustible [fósil] se quede en el suelo. Las pequeñas acciones parciales son absorbidas al nivel del sistema global por parte de las empresas que trasladan las emisiones a sus proveedores en la cadena de abastecimiento, países de deslocalizan su carbono y la miríada de estrategias con las que se transfieren las emisiones a otras partes del sistema global.

(11) También necesitamos gestionar los otros gases de efecto invernadero [n.del.t: aquí el autor dirige a los lectores al capítulo1 del volumen en que trata esta cuestión].

(12) Extraer y quemar combustibles fósiles tiene que convertirse en algo demasiado caro, ilegal o ambas cosas — a menos que podáis pensar en otra alternativa de limitación global.

(13) Un acuerdo así [para dejar de extraer del suelo combustibles fósiles] tendrá que funcionar para tod*s. En teoría sería posible forzar a ciertas partes afectadas a aceptar un acuerdo que los mandara a la pobreza, pero solo será posible si se tratase de un acuerdo firmado por todo el mundo, que todo el mundo contribuyese a hacer que funcionara. No importa lo difícil que parezca, enfrentarse al desafío es un paso esencial para poderlo resolver.

(14) También tendremos que retirar carbono de la atmósfera – aunque no esté del todo claro que sepamos aún cómo hacerlo. Esto es simplemente así, debido al alto riesgo al que estamos ya expuestos por nuestra incapacidad de actuar hasta la fecha.

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Comentarios finales / provisionales

Berners-Lee comienza con calma y claridad, exponiendo datos científicos, valorando en cada caso los niveles de certeza que puede concederse a los diferentes datos. Tenemos un problema serio, pero que no se pierda la serenidad; conviene estudiarlo bien para dar con una solución viable y razonable… Y luego, en el capítulo 2 plantea este listado, que de pronto puede parecer bastante radical, yo pienso que lo es. Y dice, como ya vimos, que nadie debería tener responsabilidad política si no conoce bien lo que aquí plantea. Insiste en que no votemos a políticos que no lo sepan y y que no lo asuman. Yo personalmente, no lo tenía todo tan claro. Imagino que muy pocos políticos, ni de nuestro entorno ni de casi ninguno, lo tendrán. No sabe uno desde luego a qué atenerse. La famosa «disonancia cognitiva»… Hm.

Un segundo comentario, que no tiene que ver con el listado, sino con el desarrollo posterior del libro. El pretendido realismo con que aborda las  cuestiones parece hacerle asumir que los humanos seguiremos aumentando el consumo de energía al ritmo más o menos estable que venimos teniendo desde … los egipcios, ¡dice en algún momento! Pienso que en capítulos de la segunda parte en los que habla sobre crecimiento y población se matizarán estas cosas. Espero con curiosidad. En la hipótesis del crecimiento que desarrolla, se plantea que si se mantiene la actual tasa de uso creciente de energía, y si esta necesidad se resuelve mediante energía solar y sistemas fotovoltaicos que estima los más eficientes, para el año 2300 habría que cubrir toda la superficie terrestre del plantea con paneles solares para satisfacer la demanda  proyectada. Quiero pensar que es un ejercicio de reducción al absurdo y que más adelante planteará nuevas maneras de considerar el asunto. Ya veremos.

El último comentario. No se si habréis seguido el encuentro COP26. Al principio muchas noticias, y luego se disolvió en el siguiente tema de actualidad. Como si la cosa fuera una noticia más, que se yo, como la última astracanada del tertuliano de turno o el última declaración provocadora de la política de moda en Tuiter.  Yo intenté enterarme un poco. Por esto de los Extinction Diaries… Leí el acuerdo firmado por todos los países, y algunos comentarios por parte de gente que más o menos creo saber de qué van. Las valoraciones son muy moderadas. Si se comparan con estos puntos de Mike Berners-Lee se ve que se quedan bien cortas… Entre otras. Se ha celebrado que no se haya abandonado el objetivo del aumento de los 1.5ºC, que a pesar de que se firmara como tal en 2015 en París, como recordaba antes Berners-Lee en un momento dado parecía que se iba a abandonar. Aunque la declaración da a entender como más verosímil el objetivo de los 2ºC, a pesar de ser considerado por los expertos como mucho más arriesgado. __ Los análisis publicados en días antes, quizás desde la ONU, estimaban que con las medidas y planes actualmente asumidos vamos de camino de un aumento de 2.7ºC en 2050 (ver enlace al final). Los artículos concretas en que se dice esto son los siguientes [pendientes de traducción]:

[The Conference of the Parties serving as the meeting of the Parties to the Paris Agreement,] 20. Reaffirms the Paris Agreement temperature goal of holding the increase in the global average temperature to well below 2 °C above pre-industrial levels and pursuing efforts to limit the temperature increase to 1.5 °C above pre-industrial levels;

21. Recognizes that the impacts of climate change will be much lower at the temperature increase of 1.5 °C compared with 2 °C and resolves to pursue efforts to limit the temperature increase to 1.5 °C;

22. Recognizes that limiting global warming to 1.5 °C requires rapid, deep and sustained reductions in global greenhouse gas emissions, including reducing global carbon dioxide emissions by 45 per cent by 2030 relative to the 2010 level and to net zero around mid-century, as well as deep reductions in other greenhouse gases;

El otro asunto que se ha celebrado ha sido el de la incorporación en el acuerdo un punto sobre la necesidad de acabar con los subsidios al uso de combustibles fósiles; aunque en su formulación es poco más de la manifestación de una intención – que además fue rebajada a última hora por la oposición de la India: ¡siempre es bueno que haya un país pobre para echarle la culpa! El texto moderadamente celebrado, (el punto 36 de la declaración final – enlace al final)  o quizás la versión previa a la modificación solicitada por la India dice así:

[The Conference of the Parties serving as the meeting of the Parties to the Paris Agreement,] 36. Calls upon Parties to accelerate the development, deployment and dissemination of technologies, and the adoption of policies, to transition towards low-emission energy systems, including by rapidly scaling up the deployment of clean power generation and energy efficiency measures, including accelerating efforts towards the phase-out of unabated coal power and inefficient fossil fuel subsidies, recognizing the need for support towards a just transition.

Traducción [rápida, para enterarse bien uno mismo]: [La Conferencia de las Partes…] 36. Hace un llamamiento a las Partes (los países y sus gobiernos) para acelerar el desarrollo, la implementación y la difusión de tecnologías, y la adopción de políticas, para hacer la transición a sistemas energéticos de bajas emisiones, incluyendo el rápido crecimiento en la implementación de la generación de energía limpia y de medidas de eficiencia energética, incluyendo la aceleración de los esfuerzos hacia la eliminación progresiva de los subsidios ineficientes al uso tradicional del carbón y de los combustibles fósiles, reconociendo la necesidad del apoyo a una transición justa.

Pongo algunos enlaces al final de los materiales que consulté por si a alguien le interesara.

De momento, lo dejo aquí. Vale.

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Notas

[1] Como siempre se me olvidan estas cosas que se convierten en ready mades en los medios, revisé lo de los 1.5º y 2ºC e igual sirven a otras personas. En los Acuerdos de París, tomando en consideración los trabajos del IPCC de la ONU, se plantean los objetivos de limitar el aumento de la temperatura global para el año 2010 a 1.5ºC, que se considera que supondrá unos daños limitados y un segundo objetivo de limitarla para la misma fecha a 2ºC que se considera menos seguro. Para lograr el primer objetivo, las emisiones de CO2 y gases de efecto invernadero debería reducirse a cero (cero neto) para el 2050. Pero como dice Berners-Lee en estos puntos, estamos a 2021 y las emisiones siguen aumentando, habiéndose tan solo reducido la aceleración o tasas de incremento con que aumentan. Buena información sintética sobre esto, o eso me parece, aquí: Zeke Hausfather, 2018, New scenarios show how the world could limit warming to 1.5C in 2100, Carbon Brief: https://www.carbonbrief.org/new-scenarios-world-limit-warming-one-point-five-celsius-2100 | La entrada de la Wikipedia en inglés, Special Report on Global Warming of 1.5 °C,  quizás sea más clara: https://en.wikipedia.org/wiki/Special_Report_on_Global_Warming_of_1.5_%C2%B0C

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Referencia completa

Mike Berners-Lee, 2021, There Is No Planet B. A Handbook for the Make or Break Years. Updated Edition, Cambridge University Press, Cambridge

Algunos enlaces sobre la COP26

26/10/2021/ U.N. warns world set for 2.7C rise on today’s emissions pledges: https://www.reuters.com/business/cop/un-warns-world-set-27c-rise-todays-emissions-pledges-2021-10-26/

31/10/2021/ @ScottDuncanWX Imagen | The climate has changed a lot since the first Conference of the Parties (COP-1) meeting was held in Berlin, Germany Flag of Germany in March, 1995. https://twitter.com/ScottDuncanWX/status/1454772079019110401 | web del meteorólogo Scott Duncan: https://scottduncanwx.com/

* 12/11/2021/ Conference of the Parties serving as the meeting of the Parties to the Paris Agreement. Third session. Glasgow, 31 October to 12 November 2021, Glasgow Climate Pact (acuerdo final firmado por todos los países participante en la COP26), disponible en: https://unfccc.int/sites/default/files/resource/cma2021_L16_adv.pdf | visitado 24/11/2021

* 13/11/2021/ Ecologistas en Acción, El acuerdo final de la COP26 prorroga lo improrrogable, disponible en: https://www.ecologistasenaccion.org/184106/el-acuerdo-final-de-la-cop26-prorroga-lo-improrrogable/ | visitado 24/11/2021

15/11/2021/ Simon Lewis & Mark Maslin, Five things you need to know about the Glasgow Climate Pact, World Economic Forum con The Conversation, disponible en: https://www.weforum.org/agenda/2021/11/climate-change-cop-26-glasgow-climate-pact-explained-environment-un | visitado 24/11/2021

Paisajes ejemplares de Nomad Garden

Imagen del encuentro «Paisajes circulares» organizado por Nomad Garden, Sevilla, 09/10/2021. Los coloquios tuvieron lugar debajo en un enorme ficus… Fotografía de Manu Trillo, de la web de Nomad Garden: https://nomadgarden.gardenatlas.net/garden/jardin-acondicionado-1/post/29423?filter=5

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Edición y comentario José Pérez de Lama

Tuve la suerte de que mis amigos de Nomad Garden me invitaran hace unos días  a un encuentro de título «Paisajes circulares» [enlace a la convocatoria original en el pie de foto superior]. El texto de la convocatoria me gustó mucho y les pedí permiso para reproducirlo. Así lo hago. Al final añadiré unos comentarios.

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El texto de Nomad Garden:

Recientemente, la lectura del libro de Julia Watson Lo-TEK sobre la emergencia de paisajes ejemplares a través de interacciones sostenidas y beneficiosas de comunidades con su entorno nos había hecho repensar algunas de estas inquietudes y para abordarlas, nos gustaría traer a colación una cita de dicha autora al antropólogo Fikret Berkes donde se resume alguna de las cualidades que sostienen estos paisajes:

  1. El conocimiento exhaustivo de las plantas y paisajes por parte de las comunidades implicadas. (recursos)
  2. La gestión de los recursos a través de prácticas, herramientas y tecnologías accesibles y distribuidas que propician la diversidad y no la agotan. (prácticas)
  3. La aparición de instituciones de gobernanza singulares, distribuidas y flexibles que permiten la autocorrección del sistema. (instituciones)
  4. El afloramiento de manifestaciones artísticas, creencias y ritos destinados a transmitir y actualizar dichos vínculos en la comunidad. (ritos)

[…] nos parece que la belleza de esta secuencia surge de su capacidad de integrar o conectar parcelas hoy tan separadas como el conocimiento, la economía, la política o las artes en un horizonte común encaminado a sostener la diversidad de la vida.

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Comentarios

[1] A mí me llamó la atención la idea de pensar en cómo sería posible construir estos que Watson llama «paisajes ejemplares». ¿Ejemplares por qué o para qué?, preguntaba yo aquel día. Para mí tendrían que ser ejemplares en nuestro actual contexto de emergencia climática. Serían paisajes que nos permitirían cuidar del mundo, «nuestra casa común». Y esas cosas, que en ciertos lugares suenan un poco extravagantes.

[2] Me tocó moderar una mesa que se centraba en el punto segundo, el de «la gestión de los recursos a través de prácticas, herramientas y tecnologías accesibles y distribuidas que propician la diversidad y no la agotan». A mí aquello me hizo pensar, por un lado, en las «herramientas convivenciales» de Ivan Illich, y en las «tecnologías intermedias o apropiadas» de E.F. Schumacher. Por otro, en el software libre, por aquello de las «tecnologías accesibles, distribuidas, que propician la diversidad…»

[3] La descripción de los «paisajes ejemplares» me recordó a las típicas definiciones de los commons o «procomunes» en las que se plantea una triple composición: [1] un recurso o producción, [2] una comunidad que lo sostiene o produce, se beneficia de lo que sea, y que se autogobierna en esta gestión, y [3] un conjunto de normas que regulan estas relaciones entre recursos y comunidad. La definición que nos proponía Nomad Garden añadiría de manera sugerente un paisaje que es producido por esta actividad en un cierto medio, y unas prácticas culturales, artísticas, rituales que lo explican, narran, representan, celebran, festejan y que de esta forma contribuyen a la construcción ¿de la identidad? – o como prefiramos llamarlo – de esta composición de medio, técnicas y formación social. Yo quizás lo llamara ecología en el sentido batesoniano del término, o ecología de las prácticas en el stengeriano — no se si por hacerme el interesante 🙂

Vale.

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Referencias

E. F. Schumacher, 1973, Small is Beautiful, Economics as If People Mattered, disponible en: http://www.daastol.com/books/Schumacher%20%281973%29%20Small%20is%20Beautiful.pdf

Wikipedia, Appropriate technology, en: https://en.wikipedia.org/wiki/Appropriate_technology

En este mismo blog, entradas relacionadas:

Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones, 2018, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/07/06/revisitando-a-ivan-illich-convivencialidad-tecnologias-instituciones/

Ciclos: vida, ecosistemas, fiesta, capital, cibernética … y algunas ideas sobre “economía circular”, 2016, https://arquitecturacontable.wordpress.com/2016/04/22/ciclos-vida-ecosistemas-fiesta-capital-cibernetica-y-algunas-ideas-sobre-economia-circular/

Comentario sobre el concepto de praxis instituyente en “Común” de Laval y Dardot, 2016, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2016/04/17/comentario-sobre-el-concepto-de-praxis-instituyente-en-comun-de-laval-y-dardot/

Kundera: ser «moderno» hoy es estar con el statu quo

Milan Kundera, 2009 [edición original en francés de 2005] traducción de Beatriz de Moura, El telón. Ensayo en siete partes, Tusquets Editores, Barcelona; pp. 71-73

Selección y comentario de José Pérez de Lama

El Telón. Ensayo en siete partes es un libro de Milan Kundera en que cuenta sus ideas sobre la novela, y también un poco sobre literatura más en general, la cultura europea y más cosas. Estoy encantado con este libro. Lo he leído ya tres o cuatro veces.  Podría destacar muchas cosas. Una por ejemplo, es la idea que atribuye a Flaubert, de que el objeto de su obra, de sus novelas, era tratar de «llegar al alma de las cosas» (pp. 77-78) — aunque los caminos para llegar ahí sean bastante insospechados, añado yo.

El libro lo adquirí gracias a la recomendación de Nguyen Baraldi, me gusta mucho lo que escribe, lo sigo por Tuiter 🙂

Reproduzco aquí una sección que me parece hoy de gran actualidad, aunque en un contexto diferente. Lo que se plantea desde el título es más bien una pregunta y una problemática más que una afirmación incondicional, al menos por mi parte. Comentaré algo más al final.

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La modernidad antimoderna

«Hay que ser absolutamente moderno», escribió Arthur Rimbaud. Unos sesenta años más tarde Gombrowicz [1] no estaba tan seguro de eso fuera necesario. En Ferdydurke (publicado en Polonia en 1938), la familia Lejeune está dominada por la hija, una «colegiala moderna». A la chica le encanta llamar por teléfono; desprecia a los autores clásicos; cuando un señor llega de visita, «se limita a mirarlo y, mientras se mete entre los dientes un destornillador que sostiene en la mano derecha, le alarga la mano izquierda con total desenvoltura».

También su madre es moderna; es miembro del «comité para la protección de los recién nacidos»; milita contra la pena de muerte y a favor de la libertad de costumbres; «ostensiblemente, con aire desenvuelto, se dirige hacia el retrete», del que sale «más altiva de lo que ha entrado»; la modernidad se vuelve para ella indispensable como único «sustituto de la juventud».

¿Y su padre? Él también es moderno; no piensa nada, pero hace todo lo posible para gustar a su hija y su mujer.

Gombrowicz captó en Ferdydurke el giro fundamental que se produjo durante el siglo XX: hasta entonces, la humanidad se dividía en dos, los que defendían el statu quo y los que querían cambiarlo; ahora bien, la aceleración de la Historia tuvo consecuencias: mientras que, antaño, el hombre vivía en el mismo escenario de una sociedad que se transformaba lentamente, llegó el momento en que, de repente, empezó a sentir que la Historia se movía bajo sus pies, como una cinta transportadora: ¡el statu quo se ponía en movimiento! ¡De golpe, estar de acuerdo con el statu quo fue lo mismo que estar de acuerdo con la Historia que se mueve! ¡Al fin se pudo ser a la vez progresista y conformista, biempensante y rebelde!

Acusado de reaccionario por Sartre y los suyos, Camus dio la célebre réplica a los que «han colocado su sillón en el sentido de la Historia»; Camus vio acertadamente, sólo que no sabía que ese hermoso sillón tenía ruedas, y que desde hacía ya algún tiempo todo el mundo lo empujaba hacia delante, los colegiales modernos, sus madres, sus padres, así como miembros del comité para la protección de los recién nacidos y, por supuesto, todos los políticos que, mientras empujaban el sillón, volvían sus rostros sonrientes al público que corría tras ellos, y que también reía, a sabiendas de que sólo el que se alegra de ser moderno es auténticamente moderno.

Fue entonces cuando una parte de los herederos de Rimbaud comprendieron algo inaudito: hoy, la única modernidad digna de ese nombre es la modernidad antimoderna.
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Comentario

[1] Esta historia de finales de los años 30 en la que se cuenta que «ser moderno», estar a favor del cambio, de las innovaciones tecnológicas y sociales, se había convertido en «lo correcto», «lo políticamente correcto» diríamos quizás hoy, me ha recordado a nuestra relación actual con la digitalización. Y seguramente hace un par de décadas con la globalización.

Lo de la digitalización: con todo el mundo encantado haciéndose usuarios entusiastas de Guguel y MacOS, los gobiernos poniendo sus/nuestros datos en los servidores de Amazon haciendo como si eso fuera un gesto futurista, los usuarios de a pie renunciando felices a su privacidad e intimidad con sus Alexas, usando como gesto de distinción las plataformas digitales desde Uber a Amazon, las autoridades universitarias usando otro tipo de plataformas comerciales para alojar las redes y conocimientos de sus comunidades… Parafraseando a Gombrowicz, «¿Y el padre — pongan aquí a otras autoridades — qué dice? Él también es moderno; no piensa nada, pero hace todo lo posible para gustar a su hija y su mujer».

Este asunto me hace pensar en la defensa del patrimonio y la ecología. Desde al menos los 60, estas habrían sido dos instancias de resistencia a lo moderno, lo que se autodenomina «avanzado», al crecimiento, a la destrucción del mundo tal como lo conocíamos — hoy quizás a la innovación sin más criterio que su supuesto interés mercantil y la seducción de lo — ya cada vez menos — nuevo.

[2] Sobre esta necesidad de discernir entre las innovaciones y lo que es «bueno», o por lo menos conveniente, y lo que no lo sea tanto, me acuerdo de una afirmación que suele repetir Alba Rico — no es que sea un fan boy, pero lo veo sugerente cuando dice ser «revolucionario en lo económico, reformista en lo político y conservador en lo antropológico». La cosa sería que los paquetes de «a favor« o «en contra» ya no son perfectamente compactos e indivisibles. Tal vez deberíamos estar a favor de la autonomía o el aumento de la capacidad de hacer que nos permite, por ejemplo, el ordenador personal, pero no la dependencia de los gestores de la nube a la que nos fuerza un sistema operativo como el Android de nuestros móviles. O se puede estar a favor de la existencia del dinero y el crédito, por decir algo, pero no a favor del sistema financiero como un todo compacto y necesario. Hay que tratar de pensar, entender las grandes máquinas por las que tendemos a ser fagocitados, hay que tratar de hilar más fino. Pero para eso hace falta tiempo, para empezar. También que existan alternativas, y que los sistemas se puedan entender, lo que no interesa a sus gestores y beneficiarios … no creernos sin más la «propaganda» más o menos disfrazada de nuevas verdades o de conocimiento experto… Uno tiende a pensar que hay poco que hacer … pero por lo menos «rajaremos» un poco…

[3] A Kundera le encanta Gombrowicz. Pero también cita el Bouvard y Pécuchet de Flaubert, — (1881), en los mismos años de Rimbaud, que parece que iba en eso por detrás de Flaubert –, cuyo tema, seguramente interpretado de manera mucho más ácida, no es muy diferente: la asunción bobalicona y acrítica del progreso y su mitología, en su caso, 50 o 60 años antes que Gombrowicz — la cosa viene de lejos. Cito de memoria, creo que a Kundera, que cuenta también que uno de los grandes descubrimientos de Flaubert fue que el Progreso, el avance de las ciencias y técnicas, etc., no eliminaba la sottise, la necedad, sino que ambos, progreso y sottise, crecían en paralelo… Lo decía Flaubert, me limito a plantearlo como pregunta… Hm.

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Notas

[1] Witold Gombrowicz (1904-1969), polaco que se exilió a Argentina, es uno de los novelistas preferidos de Kundera. Ferdydurke es una de sus más importantes novelas. La problemática de la novela y la cultura de los países pequeños, de una cierta subalternidad frente a las grandes culturas europeas, es uno de los temas que trata Kundera en el libro, a mi juicio con gran interés. No he leído a Gombrowicz aún, pero me resulta curioso que uno de mis mejores amigos de joven quería ser director de cine para filmar historias como las de Gombrowicz… Luego se hizo notario y ya no volvimos a hablar de aquello. Igual aún tengo algún libro de relatos de Gombrowicz que me pasó aquel amigo hace ya 30 o 40 años, y que — oh my dog! — me limité a hojear.

Crítica del papa Francisco a los aires acondicionados – auténtico

Giotto, s XIII-XIV, San Francisco predicando a los pájaros, fresco en la Basílica de Asís. Fuente: https://www.gliscritti.it/blog/entry/4972
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Comentario y selección de José Pérez de Lama

Algunxs amigxs sabéis de mi manía con el asunto de los aparatos y sistemas de aire acondicionado, que es tanto personal, por los ruidos y el aire caliente de los vecinos, que impiden tratar de usar tu propia casa de manera bioclimática — abriendo las ventanas para ventilar enfriar la casa por las noches en verano — como de carácter más general, planetario, relacionado con las islas de calor urbanas y el consumo de energía, que como todos ya sabemos, o deberíamos saber, tenemos que reducir: todos los indicadores señalan que estamos en una emergencia climática.

En un curso en que estuve estos días, unos de los participantes — colegas arquitectos-artistas-filósofos — comentaron que andaban trabajando con la encíclica del papa Francisco sobre el cambio climático, de 2015. Me dieron curiosidad los comentarios de estos colegas y la busqué y me puse a leerla. Se titula «Laudatio Si. El cuidado de la casa común». Tiene ciento noventa y dos páginas. Francisco, dice al principio que se inspira en San Francisco de Asís, de quien ya tomó su nombre cuando lo hicieron papa. Se solía imaginar a San Francisco como un protohippy y un protoecologista por su amor a la Naturaleza y los animales. Laudatio si, alabado sea… era un expresión característica de San Francisco. El documento de momento está muy bien — llevo unas 45 leídas. Me sorprendió que se citen otros documentos de la Iglesia Católica que tratan del cambio climático ya en 2001… Y en fin, por lo que lo traigo aquí es porque al llegar al párrafo 55, está ordenado así, menciona la cuestión del aire acondicionado que se convirtió en una obsesión para mí. Y me hizo gracia, porque dos de los principales ruidosos usuarios de supersistemas de aire acondicionado de mi entorno son precisamente organizaciones religiosas católicas. A ver cómo se lo hago llegar para que tomen nota. Y mediten. Y dejen de poner los aires acondicionados como dicen, «como si no hubiera un mañana», que eso es efectivamente lo que puede pasar.

Reproduzco el párrafo entonces, forma parte de la sección VI titulada «La debilidad de las reacciones»:

55. Poco a poco algunos países pueden mostrar avances importantes, el desarrollo de controles más eficientes y una lucha más sincera contra la corrupción. Hay más sensibilidad ecológica en las poblaciones, aunque no alcanza para modificar los hábitos dañinos de consumo, que no parecen ceder sino que se amplían y desarrollan. Es lo que sucede, para dar sólo un sencillo ejemplo, con el creciente aumento del uso y de la intensidad de los acondicionadores de aire. Los mercados, procurando un beneficio inmediato, estimulan todavía más la demanda. Si alguien observara desde afuera la sociedad planetaria, se asombraría ante semejante comportamiento que a veces parece suicida.

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La encíclica aquí:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

Algún comentario previo sobre los aires acondicionados, de cuando empezó la crisis del calor en los colegios, cuando fuimos quizás los primeros sobre la necesidad de resolverla con medios bioclimáticos más que con más aparatos de aire acondicionado:

https://arquitecturacontable.wordpress.com/2017/06/15/sobre-aire-acondicionado-calor-en-las-aulas-y-cambio-climatico/

Paisajes de la tristeza [y sus contrarios]

Imagen: Mural-pintada con un Fernando Pessoa anamórfico amenazado por los tecnócratas, o algo así… reivindicando los espacios de la Escuela de Arquitectura de Sevilla como lugares de expresión y experimentación, que hicimos algunos profesores y estudiantes en 1999 cuando trataron de prohibirnos montar instalaciones con los trabajos de curso en el hall, los pasillos…. La historia es más larga, claro, y algunos la recordarán aún.

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Selección y comentario de José Pérez de Lama

Este que sigue es un texto muy conocido, — y muy querido por mí, y seguro que por muchxs más–, de Gilles Deleuze y Claire Parnet, del libro Diálogos:

LA TRISTEZA, LOS AFECTOS TRISTES son todos aquellos que disminuyen nuestra potencia de obrar.

Y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en sus esclavos. El tirano, el cura, el ladrón de almas, necesitan persuadirnos de que la vida es dura y pesada. Los poderes tienen más necesidad de angustiarnos que de reprimirnos, o, como dice Virilio, de administrar y de organizar nuestros pequeños terrores íntimos. […]

No es fácil ser un «hombre» libre: huir de «la peste», organizar los encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los afectos que expresan o desarrollan un máximo de afirmación. Convertir el cuerpo en una fuerza que no se reduzca al organismo, convertir el pensamiento en una fuerza que no se reduzca a la conciencia.

Claire Parnet & Gilles Deleuze, 1980, Sobre Spinoza, Diálogos,  págs. 71-72, Pre-textos, Valencia. [Edición original: Flammarion, París, 1977.]

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A partir de este texto pensaba y me preguntaba si no existirán en nuestras ciudades «paisajes de la tristeza», que siguiendo a Deleuze-Parnet-Spinoza podríamos imaginar como los paisajes que reducen la potencia de obrar, de hacer. Leía por ahí también cosas sobre «los afectos como infraestructuras», entre otros, del traductor de Deleuze al inglés, Brian Massumi: plantea que ciertos afectos pudieran estar construidos como elementos a partir de los cuales se desarrolla la vida en un determinado entorno. Algo que me recuerda un poco a algunas cosas situacionistas… Y andaba relacionando estos hipotéticos paisajes de la tristeza con los «paisajes del miedo», incluso con los «paisajes de la violencia», o por otro nombre, recurrente en los últimos años, «paisajes de la necropolítica» (Mbembe; o E. Weizman cuando habla de que el urbanismo y la arquitectura pueden ser una «violencia lenta»).

Por otra parte, también me gustaría  cuestionar la idea spinoziana de la alegría como aquello que aumenta la potencia de obrar, que me parece un pensamiento demasiado de jóvenes, y que fácilmente podría caer en el hiperactivismo.  Tengo que pensar un poco sobre eso. Sí me resulta claro que la tristeza, o al menos ciertas formas de tristeza, reducen — o quizás incluso llegan a acabar con — nuestra potencia de hacer.

Y volviendo a los paisajes, se trataría de buscar y de producir lo contrario a estos paisajes de la tristeza. Ya os contaré cuando vaya avanzando. Tengo prometido un texto a mis amigos de Alicante sobre estas cosas. Y no debería tardar mucho. Seguramente no es nada nuevo, pero igual la perspectiva diferente nos permite ver mejor algunos aspectos.

«Lo visible está siempre en medio de lo invisible», y suele ser lo determinante [lo invisible] en la mayoría de las situaciones. Eso decía, más o menos, sin ninguna intención espiritualista, John Dewey.

Salud y aire.

Latour: algunos diagramas de «Nunca fuimos modernos»

Diagrama 1: Bruno Latour, 1993, We Have Never Been Modern, Fig. 1.1, p. 11
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Reseña con diagramas / José Pérez de Lama

Continuando una entrada previa del blog [ver referencias al final] presento a continuación unas notas sobre el libro de Bruno Latour We Have Never Been Modern [Nunca fuimos modernos – mi reseña es de la edición en inglés de 1993, editada por Harvard, algo modificada respecto de la edición francesa original de 1991]. Diría que este fue el primer libro por el que se conoció internacionalmente a Latour (nacido en 1947), más allá de su ámbito de origen, el de los Science and Technology Studies. Desde entonces ha escrito mucho, y según entiendo ha ido desarrollando lo que aquí presentaba – y también cambiando y añadiendo otras cosas. Para hacerse una idea de esta evolución, sus publicaciones y proyectos están bien documentados en su web, donde se puede descargar bastantes artículos [aquí la página con las referencias a las diferentes ediciones y múltiples traducciones de WHNBM: http://www.bruno-latour.fr/node/108.html%5D. El libro tiene en cualquier caso cerca de treinta años, por lo que muchas de las ideas que se enuncian como nuevas o provocadoras, al menos para los que estamos en estas cuestiones, son ya prácticamente lugares comunes – aunque no por eso dejen de ser valiosas, claro.

Tengo muchos amigos estudiosos de Latour. Estos días había una interesante conversación en «Tuiter» de amigos-expertos que sin duda sabrán mucho más que yo. Me aventuro, no obstante, a hacer estos comentarios, apoyándome en la experiencia de haber trabajado desde hace ya tiempo en esto de las redes materiales y mentales, de las que nosotros mismos somos parte y que muchos tomamos como configuración principal para la compresión del mundo y para su transformación. Mi aproximación –o nuestra, si incluyo mis años con hackitectura.net–, fue sin embargo desde otros marcos teóricos, que comentaré un poco más abajo. Con la lectura de Latour, aparte de conocer un poco mejor lo que dice un autor tan reconocido, lo que trato es de encontrar nuevos matices y enriquecer las aproximaciones al mundo de las redes, los ensamblajes, las máquinas, los dispositivos, los cyborgs o como prefiramos llamarlos– en tanto que realidades clave las transformaciones del mundo actual según ya decía.

Para conducir el comentario usaré una selección de los diagramas que se van sucediendo en el libro, que en general me gustan bastante por el carácter tan espacial con que describen las cosas — aunque como casi siempre, los arquitectos, podríamos imaginarlos más afinados o más atractivos visualmente.

[1] Naturaleza y Sociedad

En el primero de los diagramas, que aparece en el libro como «Figure 1.1 Purification and Translation» [la primera imagen, al inicio del post], se presenta la hipótesis principal del libro. La Modernidad habría explicado el mundo, y actuado en consecuencia, como si estuviese conformado, organizado, en dos polos excluyentes, el de la Naturaleza y el de la Cultura o la Sociedad. Latour multiplica los términos que asocia a uno y otros polo, entre otros: no-humanos y humanos, objetos y sujetos, ciencias y letras, palabras y cosas – sí, como en aquel libro –, saber y poder-política, y algunos más que me dejo atrás. Esta «primera dicotomía» según la expresa Latour constituiría la visión comúnmente aceptada del mundo moderno.

A veces estos pares se hacen menos claros. Pero yo que tuve un padre Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, creo lo entendí muy bien. Se trata de la capacidad moderna de separar lo que se consideran cuestiones, hechos, del ámbito de lo tecnocientífico, de lo objetivo, y otras que puedan ser del ámbito de lo moral o simplemente del mundo de los sentimientos, de lo subjetivo. Esta primera dicotomía también tendría que ver con la crítica clásica de la Posmodernidad a la definición de las disciplinas, de los conocimientos y prácticas, su pretendida rigurosa separación. En mi caso como arquitecto, en la Escuela se insiste en que un arquitecto se tiene que ocupar de la función, la construcción, la belleza. Pero cuando alguien llama la atención sobre las implicaciones sociales o económicas, y hasta hace muy poco, ecológicas, de la arquitectura en el sistema o contexto más amplio, etc., rápidamente aparece alguien con autoridad afirmando que «eso no es arquitectura» o que de eso no podemos ocuparnos; que o bien es un asunto político, o bien habrá  otros saberes o profesiones para eso. [Puede verse post en este mismo sobre Isabelle Stengers y su discusión sobre «el buen investigador» en que trata de asuntos muy parecidos.]

Al trabajo moderno que se produce para destilar el mundo en Naturaleza o Cultura/Sociedad, Latour lo llama «trabajo de purificación». Al principio me resultó algo mixtificadora esta denominación. Luego me fui dando cuenta de que tiene que ver con el deseo de pureza de los modernos, definir esencias, separar en categorías excluyentes y el consecuente rechazo de lo híbrido, lo contaminado, lo cambiante, etc. Lo de las «ideas claras y distintas» que decía el viejo filósofo.

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[2] Las redes, los híbridos

Siguiendo con el primer diagrama — la figura 1.1: está dividido en arriba y abajo por una línea horizontal a la que el autor llama la «segunda dicotomía». Lo que hay por debajo constituiría, me parece a mí, la principal aportación de Latour en este libro. Mientras que arriba hay un mundo de humanos y de cosas, puros, separados como decíamos en Naturaleza y Cultura, por debajo, se encontraría un [sub]mundo de híbridos o de redes – esos son los dos términos que usa el autor en el diagrama. Mientras que lo de arriba sería la representación moderna del mundo, todo ordenado y clasificado, con Naturaleza y Sociedad – con sus leyes científicas, sociales, psicológicas – como referentes, por debajo lo que pasa es bien distinto: humanos y cosas se componen unos con otros, y esa es en realidad, para Latour, la manera en que suceden las cosas, la manera en que se produce mundo. Aunque Latour parece contarlo como un descubrimiento suyo, se me viene a la cabeza el ejemplo de la fábrica según Marx, una composición de máquinas, sistemas organizativos, cuerpos, relaciones de producción… que producen un cierto mundo, unas ciertas relaciones sociales, unas ciertas subjetividades, etc. (véase un comentario sobre esto, por ejemplo, en Deleuze-Guattari, 1972).

Lo principal que obtengo de Latour, es precisamente ésto: lo que hace funcionar el mundo tal como lo hace, o los mundos, son estas redes-híbridos o «cuasi-objetos-cuasi-sujetos» –otro nombre que les da–, en la cual los objetos tiene agencia, son participantes que afectan de manera determinante lo que ocurre, lo que se puede hacer y lo que no. Un ejemplo recurrente, algo simple, para explicar este carácter de los objetos en tanto que participantes en la acción o «actantes» es el de la comparación entre clavar una puntilla con la mano desnuda, el hacerlo con un martillo o con una pistola de clavos: las maneras en que se produce la acción, e incluso los resultados, son notablemente diferentes.

Entonces, nos dice Latour, donde tenemos que fijarnos para comprender cómo funcionan las cosas no es en las ideas abstractas – que se corresponderían con ese mundo imaginado como oposición entre Naturaleza y Sociedad – sino en las redes más bien materiales y concretas que hacen que las cosas suceden tal como lo hacen. No se trata de explicar las cosas con grandes ideas abstractas como podrían ser el Humanismo, el Capitalismo o la Globalización, por citar tres, sino entendiendo como se producen concretamente en cada situación, los objetos técnicos, las prácticas, las normas, las — habitualmente intrincadas — relaciones y concatenaciones entre unos y otros. En otras obras posteriores, pero me parece que ilustra bien esta idea, Latour defiende la idea de «descripción densa» de los procesos frente a la aplicación o construcción de conceptos abstractos que pretenderían explicarlos (2007).

A los trabajos que ocurren en esta parte baja del diagrama, Latour, de nuevo algo crípticamente para mí, lo llama «trabajos de traducción» – es de suponer que traducción entre los objetos y los humanos que componen las redes de híbridos; quizás la traducción que permiten esas composiciones entre heterogéneos. En otras ocasiones creo que también los llama «trabajos de mediación» – un término importante en la jerga latouriana: «mediar» aquí significa que aquello que «media» afecta el resultado — no es un elemento «transparente» o neutro en el proceso en cuestión. En español castellano, siguiendo a Latour, suelo diferenciar entre «mediante» o «por medio» y «a través», para denotar estas dos tipos de participación. Estos matices son muy pertinentes cuando intentamos pensar el papel de tecnologías digitales concretas en nuestra actividad.

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[3] Las relaciones entre Naturaleza-Sociedad e híbridos

Esto es otro aspecto singular, complementario del anterior, de la propuesta latouriana, al menos en este libro. Su discusión ocupa buena parte del volumen, y según Latour sería algo que diferenciaría a los modernos de los pre-modernos o de los no-modernos. Es en este sentido en el que enuncia –lo que uno lee como una cierta provocación– de que en realidad «nunca fuimos modernos». Entonces, según el autor, para los modernos la producción de híbridos habría sido una especie de operación secreta, no reconocida, clandestina dice en algún momento. Los modernos sólo habrían querido ver el mundo como formado por Naturaleza y Sociedad en tanto que realidades completamente separadas. Y la paradoja, sería, siempre según Latour, que éste no estar dispuesto a reconocer «oficialmente» la existencia y la relevancia de los híbridos es lo que hizo posible su proliferación, proliferación que sería característica de la Modernidad; la proliferación de las redes, de las grandes estructuras. Proliferación que caracterizaría las sociedades modernas frente a las pre-modernas, mucho más resistentes a los cambios, la innovación permanente, eso que se llamó Progreso.

Por tratar de proponer algunos ejemplos de híbridos: pensemos en la circulación de capital, los mercados financieros o los mercados en general, la vivienda o la producción de la energía – o estos días tan de actualidad –, todos ellos híbridos técnocosociales, diríamos ahora, que sin embargo, se siguen tratando de presentar como realidades puramente técnicas, pensemos en el caso de los mecanismos de fijación del precio de la electricidad que se comentan estos días  [en este caso serían de técnica económica en tanto que lo económico pretende explicarse como un espacio de lo técnico]. Ocurre que la crisis de lo moderno, para Latour, consistiría precisamente en que ya no es posible seguir ocultando estos híbridos, el carácter híbrido de estas realides… Y quizás por eso, treinta años después de la edición del libro, ya todos casi lo damos por supuesto: por ejemplo, que el mercado financiero es una realidad mixta, híbrida, que produce mundo, que produce precisamente Sociedad. Y que según Latour también produciría Naturaleza – más sobre esto en breve.

En algún momento del libro –tendría que recuperar la cita que ahora no encuentro– dice el autor que hablar de los híbridos llega a tener el carácter de un tabú. Me gustó muchísimo eso, sí. Basta ver cómo las diversas autoridades eluden considerar esta dimensión teconopolítica en la manera que promueven la llamada transición digital.

Más Latour: la proliferación de los híbridos tiene lugar a la luz del día, pero sin que se hable del asunto. Ocurre «por debajo de la mesa», lo que nos recuerda al over the counter del mundo financiero. Hay una rica variedad de procedimientos para mantener un velo sobre estas cosas… El argumento me recuerda en buena medida al de la sexualidad en el XIX según Foucault. En su Historia de la sexualidad proponía que en la era victoriana no es que la gente copulara menos, sino que lo que ocurría es que no se hablaba abiertamente de aquello. Y que ese no hablar del asunto le daba una presencia-ausencia y una potencia singular. El argumento es tan similar que me parece que funciona como una especie de doble elipsis; la de los modernos y la extraña elipsis del propio Foucault en el discurso de Latour – más sobre esto en los comentarios finales. Confirmo el significado de «elipsis» para la R.A.E. que dice: «Omisión intencionada de algún elemento del discurso para suscitar determinados efectos en el lector».

¿Y por qué los modernos habrían optado por esta extraña manera de organizar el mundo? La hipótesis de Latour es que éste no reconocer las redes de híbridos que producían el mundo, y en su lugar conducirse por el sistema más abstracto de Naturaleza y Sociedad, objetos y sujetos puros, era precisamente lo que permitía la transformación acelerada del mundo, la experimentación continua sin tener que tener en cuenta sus consecuencias más generales, el Progreso en fin. Se preguntaría uno si el avance arrollador del «capitalismo» – el otro compañero de Foucault en las elipsis, el otro innombrable, excluido del discurso en esta pieza de Latour. En un libro que trata sobre Modernidad y tecno-ciencia, intentando explorar sus relaciones con la sociedad y la cultura, el término capitalismo sólo aparece 3 veces hasta casi el final del libro. Hasta el punto de que parecería una especie de proyecto perec-iano – de Georges Perec – como el de aquella en que Perec escribió un libro entero sin usar la letra «e», la más frecuente en francés.

Volviendo una vez más al argumento de la invisibilidad de los híbridos. Se comprende bastante bien, con la explicación que da Latour sobre las sociedades pre-modernas. En éstas las relaciones entre híbridos, sociedad y naturaleza eran bien reconocidas, por lo que los cambios en las prácticas reales eran sometidos a una lenta reflexión: tendrá efectos negativos sobre nuestro medio natural, acabará con nuestra organización social tal como la conocemos, etc. [ver también, más abajo, el diagrama 5].
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[4] Híbridos y escala

Me limito a dejar apuntada una afirmación de Latour que me llamó la atención. Aparte de esta invisibilidad, la principal diferencia entre los híbridos modernos y los de las sociedades pre-modernas es la escala (scale). Las redes o híbridos modernos aspiran como sabemos a unas escalas o dimensiones nacionales, continentales, globales – mientras que los de las sociedades pre-modernas tenían por lo general un alcance mucho más local. Uno piensa que habrá otras diferencias, pero Latour lo deja ahí, quizás con la actitud un poco provocativa, por ejemplo, frente a las llamadas en aquellos años «grandes narraciones» que atraviesa el libro en su conjunto. –«grandes narraciones» que hablarían quizás de híbridos capitalistas o socialistas y cosas así.
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Diagrama 2: Bruno Latour, 1993, We Have Never Been Modern, Fig. 3.1, p. 51

Diagrama 3: Bruno Latour, 1993, We Have Never Been Modern, Fig. 3.4, p. 86

[5] Los ejes modernos y pre-modernos. El espacio del devenir

Del segundo y del tercer diagrama [Figure 3.1 Purification and mediation & Figure 3.4 The Modern Constitution and its practice] me limitaré a comentar el eje vertical, que Latour también llama el eje o la dimensión no-moderno, y el movimiento que se produce a lo largo de este eje, desde un estado inestable, de devenir [becoming], en la parte inferior, a un estado de estabilización o fijación, en la parte superior. En este eje vertical,  por debajo de su intersección con el eje horizontal indica Latour que se daría una condición de «existencia»; por encima una de «esencia».

Esto es que ocurre por debajo del eje moderno serían procesos de experimentación, y recombinación – algo parecido, se me ocurre, al estado «caosmótico», de orden inestable y cambiante, que decía Guattari. Los híbridos no tendrían una forma estable… Lo que ocurre por encima, correspondería a la fijación de ciertas modalidades de los híbridos, conceptualizados o comprendidos en esa parte superior como compuestos por entidades puras, claramente separadas, que estarán bien del lado de las cosas, bien del lado de los humanos – de la Naturaleza y las ciencias de un lado, o de la Sociedad, la cultura y la política del otro… En la figura 3.4 se representan la evolución de la máquina de vacío de Boyle, desde un dispositivo tecno-social en proceso de transformación — la propia máquina, los técnicos que participaban en los experimentos y fueron perfeccionando las prácticas, el público que asistía a las sesiones como productores de verdad…– hasta su «purificación» como un instrumento perfectamente definido como artefacto científico.

La cuestión es que ese estado de devenir, de experimentación, de recombinación entre los modernos, siempre según Latour, se haría de una forma proliferante, pero que cómo decíamos, a la vez, tiene una cierto carácter secreto, o al menos innombrable.

Podemos adelantar, que en sus conclusiones en este mismo libro, con lo que llama «Parlamento de las Cosas», y en trabajos posteriores, como el hecho para el ZKM con Peter Weibel, explícitamente titulado Making Things Public, su propuesta girará en torno a hacer visibles, debatibles y democráticos los procesos de producción de híbridos.

«La Constitución» que aparece en el título de la Figura 3.4 es como Latour llama al acuerdo tácito de la distribución entre Naturaleza-objetos, Sociedad-humanos e híbridos, y a las relaciones entre unos y otros, que venimos comentando. Como figura retórica o de pensamiento sería algo parecido al «contrato social» del que se habla en ciertas tradiciones de filosofía política, y al «contrato social» de su maestro o colega más veretano Michel Serres. (Ya lo había comentado en un post anterior, pero sirva como aclaración para los que no estén al tanto.)
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Diagrama 4: Bruno Latour, 1993, We Have Never Been Modern, Fig. 4.1, p. 95

[6] Partir de los híbridos para explicar la Naturaleza y la Sociedad, los objetos y los sujetos

Otra cuestión más del discurso de Latour, que se explicita en el cuarto diagrama [Figure 4.1 The principle of symmetry], tendría precisamente que ver con su propuesta de redistribución o recomposición –sorting, es uno de los términos que usa el autor con frecuencia– de las relaciones entre los tres componentes principales del diagrama, Naturaleza, Sociedad e híbridos (o redes): Naturaleza y Sociedad no serían realidades más o menos dadas a partir de las cuales explicaríamos el mundo, sino al contrario: sería a partir de los híbridos, las redes, a partir de los cuales explicaríamos la naturaleza y la sociedad, o los objetos y los sujetos. Los que sean estos pares, Naturaleza y Sociedad, objetos y sujetos, no estaría dado de partida, sino que serían, en cada situación, producto de los híbridos, de las redes.

Aquí, en esta idea de que objeto-y-sujeto, son productos de un proceso, más que datos a priori, me parece reconocer alguna semejanza con Whitehead, al quien espero dedicar algunas entradas del blog próximamente. También con Dewey.

naturaleza y sociedad (o cultura), como decía, tienen que ser explicados desde el estudio de los híbridos. Y se trataría, más precisamente, siempre según Latour, de «natur-culturas», pares de grandes sistemas conceptuales interdependientes — término que han adoptado, autoras como Donna Haraway o María Puig de la Bellacasa, que hemos comentando en este blog.

Tengo pendiente de lectura otro libro posterior de Latour, Poltics of Nature, en que entiendo que desarrolla más esta cuestión. Podemos aproximarla contrastando las ideas de naturaleza y cultura características del Progreso industrial moderno, y las de cualquier sociedad pre-moderna o las actualmente emergentes ligadas a la preocupación por la catástrofe ambiental o el decrecimiento.

En este mismo diagrama 4, se entiende también un nombre con que se autodenominaban hace unos años los participantes en esta línea de pensamiento, como era el de la «sociología simétrica». Viendo el diagrama creo que no es necesaria mucha explicación.
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[7] El último de los diagramas que aquí reproduzco, a continuación, estimo que presenta con claridad la que llamaba la hipótesis principal del libro que venimos comentando, contrastando diferentes nociones de los modernos [us / nosotros, según dice el diagrama] y los premodernos o no-modernos [them / ellos].

Diagrama 5: Bruno Latour, 1993, We Have Never Been Modern, Fig. 4.3, p. 102

[8] Comentarios finales

Como he ido sugiriendo, el aspecto que a mí particularmente me interesa de este Latour es su propuesta de fijarnos en lo que llama híbridos, cuasi-objetos-cuasi-sujetos o redes para desde ellos tratar de entender mejor cómo funciona el mundo. La singularidad de la conocida como escuela ANT [hormiga en inglés, por lo de trabajo de hormiga, pero a la vez Actor-Network Theory] sería su aproximación etnográfica, minuciosa y concreta al estudio de estos híbridos. Para mí sería como un nuevo empirismo nominalista, que en este segundo aspecto sostendría que todo lo que existe es particular, que rechazaría las grandes abstracciones. Para mí particularmente, de nuevo, que entiendo la mente en un sentido batesioniano o guattariano natural y material este empirismo me resulta de gran interés.

Por otra parte, esto de mirar las redes o los híbridos, que Latour parecía querer enunciar en 1991 como un hallazgo provocador, a mí me parece más bien un topos o un lugar común de nuestro tiempo. No en el sentido peyorativo moderno flaubertiano o nabokoviano de la idea de lugar común — las críticas de la sottise o el «filisteísmo», tan divertidas, de estos autores — sino en el sentido clásico de temas conocidos por la gente culta que cada autor trata de versionar o interpretar, generando así conjuntamente una cierta veta del pensamiento de una época. El tema de la vita beata para los humanismos, por ejemplo, que comentaba hace poco en otro post del blog.

Así, me parece y suelo citarlo de esas manera, que Latour con esta idea de los híbridos contribuye y dialogo con discursos parecidos sobre redes, máquinas, dispositivos, ensamblajes, ecosistemas, etc. y también con otros que tienen que ver con el proceso y el devenir y con el cuestionamiento de las ideas de sujeto y objeto clásicos.

Dejo aquí de momento estas notas, que serían un recordatorio más bien personal, pero que publico como vengo haciendo desde hace unos años, por si fueran de utilidad para otr*s.

Vale.

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Referencias

Bruno Latour [traducción de Catherine Porter], 1993 [1991], We Have Never Been Modern, Harvard University Press, Cambridge

____, 2004, Politics of Nature, How to Bring the Sciences into Democracy, Harvard University Press, Cambridge

____, 2007 [edición original de 2005], Reassembling the Social. An Introduction to Acto-Network Theory, Oxford

Bruno Latour & Peter Weibel (eds.), 2005, Making Things Public. Atmospheres of Democracy, ZKM Center for Art and Media Karlsruhe & MIT, Cambridge

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Fernando Broncano, 2021, El error de Latour, en: http://laberintodelaidentidad.blogspot.com/2021/08/el-error-de-latour.html

Gilles Deleuze and Félix Guattari, 1972, Balance-Sheet of Desiring-Machines, translated by Robert Hurley, Appendix to 2nd edition of Anti_Oedipe, Minuit, Paris; in: Félix Guattari, 2009, Chaosophy. Texts and Interviews 1972-1977, Semiotext(e), Los Angeles

Michel Foucault, 2009 [edición original en francés de 1976], Historia de la sexualidad. 1. La voluntad de saber, Siglo XXI, Madrid

Félix Guattari, 1995 [traducción de Paul Baines & Julian Pefanis; edición original en francés 1992], Chaosmosis. An ethico-aesthetic paradigm, Indiana University Press, Bloomingdale-Indianapolis

Georges Perec, 1969, La Disparition

A.N. Whitehead, 1967 [1933], Adventures of Ideas, The Free Press, Nueva York

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Algunos posts mencionados en el texto en este mismo blog:

2021, Los cuasi-objetos de Bruno Latour explicados por Izaskun Chinchilla: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2021/08/08/los-cuasi-objetos-latour-izaskun-chinchilla/

2021, «Tener madera de investigador», de Isabelle Stengers (2/3): el casto asceta y el sonámbulo fóbicos: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2021/07/24/tener-madera-de-investigador-stengers-2-asceta_sonambulo/

Los cuasi-objetos de Bruno Latour explicados por Izaskun Chinchilla

Imagen: Solar Powered Toilet de Caltech, 2020, premiado por la Fundación Gates. La heces son transformadas, con la mediación de energía solar y del sistema que se ve en la imagen, en agua limpia, fertilizantes para plantas e hidrógeno para ser usado para producción de energía con fuel-cells. Me pareció un cuasi-objeto muy latouriano. / https://www.caltech.edu/about/news/caltech-wins-toilet-challenge-23635 — Twitter screenshot 08/08/2021

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Los cuasi-objetos de Bruno Latour explicados por Izaskun Chinchilla

Selección y comentario de José Pérez de Lama

Izaskun Chinchilla, 2020, La ciudad de los cuidados. Salud, economía y medio ambiente, Los Libros de la Catarata, Madrid

Bruno Latour, 1993 [edición original en francés de 1991; traducido por Catherine Porter], We Have Never Been Modern, Harvard, Cambridge

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Reproduzco a continuación unos párrafos del libro de Izaskun Chinchilla que me hicieron volver a querer leer el Nunca fuimos modernos de Bruno Latour, que comentaré aquí próximamente.

El libro de Chinchilla, por otra parte, es un libro muy interesante — trataré de usarlo en mis clases sobre la ciudad –, que me parece efectivamente muy latouriano en su planteamiento: se propone construir esto que llama «ciudad de los cuidados» desde los objetos — o cuasi-objetos –, desde el diseño de espacios públicos concretos, — mediante el ingenio, el talento y el oficio de arquitecta combinados con prácticas de autonomía y de participación ciudadana. La primera parte del libro en que cuenta trabajos en la ciudad con niños y niñas en el marco de lo que se conoce en inglés como public engagement fue la que más me gustó.

* Otro día trataré de escribir sobre esto del public engagement, que me recordó a la extensão universitaria en Brasil, y que a mí juicio sería algo a pensar seriamente como una política que introdujera en vector de transformación en nuestras universidades.

Transcribo el texto bastante completo de esta sección del libro de Izaskun Chinchilla, sin limitarme estrictamente a las referencias a Latour. Chinchilla presenta aquí un ejemplo que ilustra su interpretación de Latour, que lo hace muy comprensible – me parece –, mientras que en el libro original de Latour hay pocos ejemplos y a veces cuesta imaginar del todo a qué se refiere. En otros posteriores de Latour, como en Reassembling the Social, sí que me parece que lo explica mejor, con mayor detalle. Sigue la transcripción del texto de Izaskun Chinchilla, entonces, con algún comentario.

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Izaskun Chinchilla, 2020, La ciudad de los cuidados. Capítulo 4: Los bolardos frente al mobiliario de piezas sueltas [pp. 104-107]

Los bolardos. Prohibiendo con objetos

[…] La protesta contra las leyes que limitan la libertad en la ciudad es habitual (recordemos el «prohibido prohibir» de 1968), pero se protesta mucho menos contra lo que [se] considera natural en la ciudades: lo que llamaremos «las prohibiciones embebidas en objetos». Los bolardos son una especie de prohibición encarnada en un objeto. A priori, le dicen al conductor de un vehículo: «No está permitido que aparques en esta acera». Pero el mensaje va más allá. Si sólo se buscaratransmitir este mensaje habría bastado con una línea amarilla sobre el pavimento. Los bolardos son más contundentes en la comunicación implícita. Dicen: «La institución que gobierna esta ciudad desconfía de que vayas a cumplir esta regla y ha dispuesto un sistema para que, en caso de la desobediencia, tu vehículo resulte dañado».

Pero lo bolardos no hablan sólo a quienes conducen vehículos. También lanzan contundentes mensajes a las y los peatones. Las personas mayores, después de haberse golpeado la pierna y haberse garantizado un ostentoso moratón, o las madres y padres que tratan de moverse por la ciudad con un carrito de bebé (no hablaremos de los carritos para las y los gemelos) también reciben un contundente mensaje. Algo así como: «Esta calle ha sido diseñada para mediar en un conflicto permanente y cruento entre el vehículo y las instituciones. Este conflicto tiene un rango de importancia mayor que tu propio confort. Los problemas que te pueda causar este objeto son daños colaterales de importancia menor». Los bolardos, como el resto de señales de tráfico […] perpetúan y afianzan un mensaje político demoledor: «La ciudad se planifica y gobierna atendiendo fundamentalmente al diálogo con el vehículo privado. Al peatón se le dedica una atención menor porque se estima que podrá adaptarse al paisaje urbano que resulte del diseño urbano realizado para los vehículos».

Bruno Latour llama «cuasi-objetos» a estos objetos que afectan nuestra actuación, para distinguirlos de los objetos naturales [*] y hacer alusión a que son fruto de un largo proceso de diseño y fabricación donde el contenido social y su programa que busca un efecto sobre el colectivo han sido aspectos importantes en la toma de decisiones [Latour, 1993: 55]. Latour concede una importancia decisiva a este tipo de objetos en el entorno de convivencia y a su capacidad de persuasión implícita, y sostiene que estos cuasi-objetos son tan poderosos que configuran la sociedad mientras que las construcciones más políticas o científicas que forzaron su existencia permanecen invisibles. [1993: 53]

* Comentario: En We Have Never Been Modern Latour los llama inicialmente «cuasi-objetos-cuasi-sujetos» para expresar su carácter híbrido entre los objetos [la Naturaleza] y los sujetos [la Sociedad o la Cultura]. En el post que dedicaré al libro trataré de explicar algún detalle más sobre esto.

Volvamos a nuestros bolardos. Pensemos que antes de la colocación de los bolardos, un partido político presentara un proyecto de ley en el Parlamento donde se defendiera algo como: «En el espacio público se otorgará prioridad a la gestión de flujos del vehículo privado. Cuando ésta requiriese molestias importantes para el tránsito de peatones, se sacrificará el interés de éstos en favor de la buena gestión del tránsito vehicular». Esta ley sería objeto de un extenso debate y tendría pocas posibilidades de ser aprobada con esa redacción. Sin embargo, los bolardos invaden nuestras aceras y nos conforman como sociedad: nos hace aceptar, de facto, esa propuesta de ley, interiorizar que el vehículo tiene prioridad y el peatón tiene que resignarse. Incluso nos hace sentirnos con más derechos cuando conducimos que cuando caminamos. La presencia de objetos como los bolardos ha establecido la hegemonía del vehículo sobre el espacio común sin que nadie haya concitado un debate previo sobre ello, adaptando nuestras vidas y nuestra percepción de la ciudad a la ideología implícita que ostentan estos objetos.

Para Latour, estos efectos implícitos se han vuelto inmorales e «inconstitucionales» [*], ya que configuran nuestras vidas sin haber sido objeto de diálogo político. Es lógico que nos anime a reclamar: «Queremos una identificación meticulosa de los cuasi-objetos, que deje de hacerse extraoficialmente, que deje de hacerse por debajo de la mesa». Latour propone un «parlamento de las cosas» donde los equilibrios entre [¿en?] el espacio común se reconfiguren. Latour reclamaría que expertos independientes en movilidad, partidos políticos, asociaciones de vecinos, representantes de [personas] mayores y AMPA tuvieran que discutir el diseño de los bolardos y su normativa de colocación e incluso [su] sentido y conveniencia.

* Comentario: Esto de «inconstitucional», que quizás resulte algo pintoresco sin contexto, se debe a que Latour propone la idea de que en la Modernidad compartimos una «Constitución» que otorgaba lugares separados a la Ciencia y a la Política, a los objetos y los sujetos, y que ahora con la proliferación de lo que llama cuasi-objetos e híbridos ha dejado de funcionar. El uso del término Constitución sería similar al de «contrato social», algo más bien conceptual-ideal.

Latour, junto con otros autores como Michel Callon, sistematizó esta visión en lo que llamaron la Teoría del actor-red, donde se acepta que los agentes sociales son tanto humanos como no humanos (bolardos, semáforos, urnas de votar, vacunas), denominando a los primeros «actores» y a los segundos «actantes». [*] «Si limitamos lo que consideramos a acción a lo que hace un humano intencional y planificadamente resulta difícil ver como actúan un martillo, una cesta o una etiqueta». Sin dejar de afirmar que son los primeros, los humanos, los que siempre comienzan la acción, tenemos que tomar en consideración todo lo que afecta al desarrollo de la acción. [Volviendo al caso de los bolardos, l]as franjas resaltadas en el suelo hacen que los conductores reduzcan la velocidad, y deben ser consideradas, por tanto, como «actantes». La visión del mobiliario urbano bajo esta perspectiva cobra una nueva relevancia social y política que incide directamente en la filosofía de los cuidados.

* Comentario: A partir de aquí me he permitido editar un poco el texto original de IC para que se entienda con mayor claridad, en esta situación algo descontextualizada.

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Comentario final

El ejemplo de Izaskun Chinchilla a mi juicio nos permite entender mejor como los objetos y las construcciones y redes tecnológicas condicionan y limitan lo que podemos y no podemos hacer. Pienso en las plataformas digitales, por ejemplo, que se nos presentan como asuntos de eficacia o de entretenimiento y que, como explican Latour y Chinchilla, de manera más o menos velada incorporan dimensiones de mucha mayor complejidad y profundidad que afectan a nuestras formas de vida. A esto es a lo que venimos desde hace tiempo llamando «tecnopolíticas». En We Have Never Been Modern, Latour llega a decir en algún lugar que querer hacer ver y querer hablar de estas cuestiones en nuestras sociedades que siguen pensándose a sí mismas como modernas en ocasiones llega a parecer tabú.

Más sobre esto en un próximo post.

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Referencias

Izaskun Chinchilla, 2020, La ciudad de los cuidados. Salud, economía y medio ambiente, Los Libros de la Catarata, Madrid

Bruno Latour, 1993 [edición original en francés de 1991], We Have Never Been Modern, Harvard, Cambridge

__, 2007 [edición original de 2005], Reassembling the Social. An Introduction to Acto-Network Theory, Oxford

«Tener madera de investigador», de Isabelle Stengers (2/3): el casto asceta y el sonámbulo fóbico

Imagen: Virginia Woolf hacia 1937. Los comentarios de Woolf sobre la universidad inglesa de su época son una referencia central en este texto de Isabelle Stengers. Fuente de la imagen:  Harvard Theater Collection, Houghton Library, Harvard University https://es.wikipedia.org/wiki/Virginia_Woolf

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Segunda parte de reseña y traduccción de: Isabelle Stengers: Researchers With the Right Stuff, segunda parte: pp. 33-41, del libro, Another Science is Possible. A Manifesto for a Slow Science [traducción del francés de Stephen Muecke], 2018, Polity, Cambridge & Medford. La conferencia original en que se basa el texto fue pronunciada en la Universidad de Ginebra en el año 2009.

Traducción del inglés al español y comentarios de José Pérez de Lama

Comentario introductorio

Esta entrada es la segunda parte e la reseña del texto de Isabelle Stengers, Tener madera de investigador. La primera parte, en este mismo blog, puede verse aquí.

En el texto en su conjunto Stengers critica la figura del investigador (en parte como construcción generizada, masculinizada) asociado a lo que podríamos llamar capitalismo cognitivo, aunque ella usa preferentemente el término «neoliberalismo». En particular, como dice el título, expone dos figuras sucesivas, que antecederían a la actual, la del «asceta casto» y la del «sonámbulo fóbico» — ahora estaríamos en una cierta crisis de esta última figura.

En esta segunda parte de la reseña he optado por traducir el texto directamente, desde el inglés, para aportar un contrapunto a la traducción al español existente que me parece en ocasiones bastante confusa.

La idea general del texto es la de criticar la ciencia actual y la figura del investigador asociada, pero, para mí, en ningún caso se trataría de «anticientifismo», de una critíca de la ciencia como tal. Sino que de lo que trataría es de construir una ciencia «más científica», más racional, más conocedora de su alcance y de sus limitaciones, y también más consciente de los tipos de sociedades y relaciones y grupos dentro de esas sociedades a los que ha venido sirviendo.

Resistirse a estas figuras de la investigación, resistirse a encarnar nosotrxs mismxs estas figuras, interpretamos que eso es lo que plantea Stengers, sería, no sólo una forma de inteligencia, sino también una práctica de responsabilidad con el mundo.

He introducido algunos subtítulos de secciones para ayudar a la comprensión de la lectura. Sigue ya la traducción de la sección central del texto de Isabelle Stengers.

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La construcción de un verdadero investigador

Isabelle Stengers (2018/2013/2009)

[P. 33] Pensar en esta línea [along these lines] implica resistirse a la nostalgia. No hay duda de que las cosas eran mejores en el pasado, pero lo que está pasando ahora es bastante lógico, y esa lógica ya estaba en funcionamiento en el pasado. Esto es lo que me gustaría desarrollar haciendo un poco de historia, no de las ciencias pero sí de esta «madera de investigador», de este ethos que se pretende que sea sinónimo del espíritu de la ciencia, y que hoy se ha culminado con una definición de la excelencia «basada en hechos». Mi objetivo no es el de actuar como historiadora, sino tan solo tratar de de estimular el interés por otras posibilidades de entender las cosas que corren el riesgo de ser oscurecidas por los enunciados actuales, que se hacen en nombre de un pasado que con facilidad tendemos a idealizar.

[El asceta casto de los hechos]

Mi punto de partida es el trabajo de Elizabeth Potter, cuya importancia fue destacada por Donna Haraway en su libro Modest Witness [1997]. Potter muestra que el género estaba totalmente en juego [p. 34] en los modos de vida experimental que Robert Boyle trataba de promover. Más específicamente, Potter señala la cuestión del género como una dificultad que habría podido causar el colapso de todo el experimento.

En efecto, ¿cómo mantener las cualidades viriles de un hombre que no arriesga la vida heroicamente, que no cultiva su gloria personal o que no se deja llevar por sus propias pasiones y opiniones? ¿Cómo es posible hablar de la virilidad de un hombre que se presenta a sí mismo como un testigo modesto, que se subordina a los datos y no busca más gloria que revelarlos? ¿No estaría en peligro la reputación de un caballero dedicado a la vida experimental si reclamara para sí la modestia y la reserva que habitualmente se esperan del género femenino? Estos seres tan castos, ¿no irán a ser descalificados por falta de virtudes viriles si renunciaran a los placeres de las rimbombantes conquistas retóricas?

Pero resulta que la castidad y la modestia no sólo pertenecían a las mujeres; también definían la correcta disposición del servicio a Dios. Lo que propuso Boyle, entonces, fue el valor de la castidad y la modestia espiritual (no corporal), una disciplina de orígenes monásticos. Aquél que sigue el camino experimental sirve a Dios por la vía del ejercicio disciplinado de la razón. Y está razón es verdaderamente viril en el sentido de que es parte del heroísmo masculino el hacer abstracción de los propios intereses, de los propios prejuicios, y resistir las tentaciones y seducciones de las cuestiones, de las preguntas que lo llevarían a la perdición.

He experimentado personalmente el poder de esta construcción, la manera en que es capaz de asegurar que el orden disciplinario se imponga de manera suprema [rule supreme]. Sucedió cuando era estudiante de química, y renuncié a seguir investigando en el futuro, porque pensaba que me había descarriado irremediablemente. [p. 35] Nadie preguntó en ningún momento si tenía «madera de investigadora» – como en el caso de los pilotos de prueba [* esto de los pilotos de prueba viene de la primera parte del texto]. El juicio es retroactivo, sólo se produce «tras el accidente». En mi caso se produjo tras haberme interesado por los que los científicos llaman «las grandes preguntas», las así llamadas «cuestiones no científicas».

[El sonámbulo como siguiente modelo del científico]

Sin embargo, hay que distinguir entre el investigador casto y modesto de Boyle y lo que me llevó a mí a concluir que «me había perdido para la ciencia». El investigador de Boyle, de caer en la tentación, aún podía arrepentirse – y sin embargo yo consideré irreversible mi descalificación como investigadora. Se daba aquí otro tipo de ethos para definir al «verdadero investigador». Otro que se remonta al siglo XIX y puede ser representado por la imagen del «sonámbulo que no debe ser despertado». Yo me guiaba, aún, por aquella imagen cuando me di cuenta de que, habiéndome despertado, tenía que marcharme.

El sonámbulo está siempre andando a gran altura por la cumbrera de un tejado, subiendo y bajando sin vértigo, miedo o vacilación. No se plantea ninguna pregunta que puediera hacerle perder el equilibrio. La castidad al servicio del conocimiento ha sido sustituida por una especie de antropología de la creatividad, según la tesis de que el investigador debe tener una fe que «moverá montañas», esto es, de que no puede dejar que su camino en busca de la inteligibilidad se vea bloqueado por ningún obstáculo – especialmente cuando estos obstáculos ya han sido gloriosamente apartados como aquello que «cree la opinión» antes de que la «verdadera ciencia» intervenga [real science – antes, real researcher…]. A menudo esta fe se explicita a sí misma de manera negativa: si uno tomase seriamente estas otras dimensiones del problema, entonces la ciencia no sería posible. Y habitualmente termina confirmando la «parábola de la farola» en la que un paseante que se para a ayudar a alguien desesperado buscando [p. 35] sus llaves al pie de una farola en medio de la noche, acaba preguntando: «¿Está seguro que es aquí donde la perdió?» A lo que el otro lo responde: «Para nada, pero es que es la única zona bien iluminada».

«Tener madera», entonces, significa tener fe en que aquello que una pregunta científica hace que no cuente, en efecto, no cuenta; una fe que se define a sí misma contra la duda. La persona que ha sido mordida por la duda ya no recuperará la fe que el investigador necesita. Despertar al sonámbulo mata al investigador.

El científico experimental de Boyle era casto y evitaba cualquier inclinación hacia preguntas teológicas o metafísicas. El ethos de un científico sonámbulo, por otra parte, es más como una fobia. Rechaza cualquier cuestión que considera no-científica, de una manera que puede compararse con la misoginia fóbica del sacerdocio, en el sentido de que les atribuye un poder peligroso, seductor, capaz de llevar al camino sin retorno de la perdición. Más aún, el rango de esta cuestiones se ha hecho cada vez más amplio, puesto que ahora abarca, por ejemplo, cuestiones sobre el rol de las ciencias en la sociedad. Es cierto que estas cuestiones no pueden hacerse desaparecer oficialmente de la misma manera que es posible hacer con las teológicas y metafísicas. Pero aún así, son medio-implícitamente desechadas a través de la sonrisa sutil, la advertencia mal disimulada, o las risitas y el cotilleo sobre fulano de tal «que ha dejado de hacer ciencia». Por el camino, se convertirán en enemigos aquellos que insistan en que los científicos se pregunten a sí mismos ciertas preguntas, o que les pidan que expliquen precisamente qué es lo que están defendiendo en nombre de la ciencia. Lo sonámbulos se niegan a dudar cuando se trata de diferenciar entre lo que es importante para ellos y lo que juzgan secundario o anecdótico. Dejadnos [p. 36] libertad para ser obstinados y agresivos, para descifrar el mundo en términos de conquistas y obstáculos a superar — si no, ¡dejará de haber científicos! Este es el argumento al que se enfrentan aquellas que defienden una nueva aproximación a la formación de los científicos.

Por mi parte, dejé de creer en el interés de los cursos sobre historia de la ciencia, o sobre el papel social de las ciencias, al menos, tal como se imparten actualmente a los estudiantes de ciencias de ambos sexos. Porque todo estudiante matriculado en ciencias («duras») sabe perfectamente que estos cursos «no son ciencia», que, tan pronto como hayan completado las formalidades de los exámenes, lo que allí se ha estudiado no contará realmente [*]. En relación con estos cursos la mayoría son como los científicos invitados a las recepciones de Diotima en El hombre sin atributos de Robert Musil: sonriendo para sus adentros cuando los confrontaban las personas cultas [men of learning]. Los estudiantes escuchan con educación lo que reconocen como grandes ideas, pero ya saben que los «verdaderos científicos» nunca se dejarán infectar por este tipo de cosas.

[*] Nota: Tengo experiencias muy parecidas a lo que cuenta aquí la autora, en mi caso en los estudios de arquitectura — y debe ser una de las razones por las que me gusta tanto este texto. «Esas cosas que cuentas están muy bien, pero eso no es arquitectura». Sí tengo que decir, que como los estudiantes de Stengers, me suelen escuchar con educación, y a veces incluso, me parece sentir, que afecto.

Estas sonrisas sutiles, enraizadas en esta fobia, son una característica natural de las ciencias de las que la gente joven están actualmente desertando [*], para gran consternación de las diversas instancias de nuestros gobiernos. Son estas ciencias las que Thomas Kuhn, en The Structure od Scientific Revolutions, identificó que funcionaban paradigmáticamente, y que empezaba por caracterizar por las maneras en que los estudiantes eran formados. La formación en sociología y psicología contempla un panorama de escuelas rivales, cursos sobre diferentes metodologías, definiciones divergentes y debates, mientras que se introduce a los estudiantes en los textos fundacionales de sus disciplinas, aquellos que plantean las alternativas entre las que deberán optar. Por contra, enfatiza Kuhn, la fuerza del paradigma residen en su invisibilidad. La gente joven que está siendo formada [being trained] [p. 38] están en el camino de convertirse en sonámbulos para los que la manera correcta de hacer una pregunta no plantea ninguna duda: se relaciona con la evidencia incontestable. Desde esta perspectiva educativa, que un estudiantes de ciencias (duras) lea algo que no sean sus libros de texto no es sólo una pérdida de tiempo; es también una señal inquietante, un mal augurio para su futuro, que implica que puede que no tenga «madera de investigador».

[*] Nota: El texto se basa en una conferencia de 2009 y parte de plantear la pregunta de por qué había en la época una crisis de «vocaciones» científicas, especialmente entre las mujeres. No sabría decir si esa situación sigue siendo parecida hoy en nuestros entornos, aunque lo que plantea el  texto más en general sí que me parece que sigue estando muy vigente.

[La relación del sonámbulo fóbico con las fuerzas productivas]

El investigador casto de Boyle tiene una definición suficientemente general de los valores que corresponden a la objetividad científica: requiere la renuncia a «las grandes cuestiones» que seducen a la opinión, que «siempre está errada». Y esta castidad puede ser reclamada por todas las ciencias, en el nombre de no confundir «hechos» con «valores». Por su parte, el «sonámbulo fóbico» pertenece específicamente a aquellas ciencias que, desde el siglo XIX, pueden caracterizarse por su papel crucial en el desarrollo de las llamadas fuerzas productivas. Y esto no es ningún accidente. Los investigadores sonámbulos nacieron en un laboratorio que ya no era asimilable al de la disciplina monástica del cultivo del espíritu en el que perder el tiempo era un pecado. El laboratorio se define ahora por los imperativos del ganar tiempo, la competición y la velocidad. La disciplina ascética ya no es el motivo por el que los investigadores se abstienen de plantear «las grandes preguntas», sino más bien porque su formación, activamente, les ha hecho dar la espalda a estas preguntas. Todo lo que les pueda distanciar de su disciplina ha sido excluido, calificado como «pérdida de tiempo» o, peor, como camino hacia la duda. En otras palabras, el fóbico, para el que la duda es el enemigo, es antes que nada una persona que nunca aprendió a dar un paso hacia el lado, y que por tanto no sabe como reducir su velocidad sin perder el equilibrio.

[P. 39] Pero, a pesar de esto, los «verdaderos» investigadores sonámbulos no son completamente ciegos del mundo que los rodea. No lo ignoran, pero, ciertamente, no le otorgarán el poder de hacerlos vacilar. Descifran el mundo en término de oportunidades. Uno se los puede representar como en estado de alerta, atentos a la posibilidad de que se presente lo que para ellos cuenta, aquello que interesa a quien pueda extraer valor de sus resultados.  Y serán tanto más innovadores y emprendedores, cuanto más ignoren, con apropiado desprecio viril, los múltiples y entrelazados aspectos del problema que se supone que están considerando.

Un ejemplo reciente y llamativo es, por supuesto, la pretensión de los biólogos moleculares de que sus cepas [strains] de plantas genéticamente modificadas podrían resolver el problema del hambre en el mundo. La dimensión generizada [gendered dimension] estaba clara en el desprecio fóbico de las dudas de sus colegas que llamaban la atención sobre las razones socioeconómicas del hambre, las desigualdades sociales que corrían el riesgo de ampliarse, la destrucción de los modos de producción agrícolas existentes o las diferencias entre los OGM creados en el laboratorio y los que se plantan en cientos de miles de hectáreas. En este caso, los científicos sociales y los científicos que trabajan sobre el terreno eran como mujeres con demasiada sensibilidad, que solo pueden hablar de riesgos e incertidumbres. Si las hubiéramos escuchado en el pasado, habríamos pensado que la electricidad era peligrosa, y aún andaríamos en carros y a caballo. Un verdadero investigador debe saber como asumir los riesgos y como aceptar el precio del progreso. Pero en cuanto a saber quién puede quedar expuesto a estos riesgos… Bueno, esa es otra gran pregunta…

[El nuevo escenario y la dócil sumisión]

No confiemos demasiado en que los sonámbulos fóbicos vayan a despertarse debido a los daños de la [p. 40] economía del conocimiento. Puede decirse que de diferentes maneras se ha comunicado a los investigadores que «la fiesta ha terminado» – hoy tienen que someterse a las mismas normas que todo el mundo. Nadie puede escaparse de las exigencias de la flexibilidad y la competencia. Y esto significa la eliminación, en todas las ciencia sin excepción, de aquellos individuos que no tienen – o no hacen – lo necesario para mantener una carrera. La brutal redefinición de sus trabajos sin duda ha hecho refunfuñar a muchos investigadores. Aunque al final, lo hicieran bastante discretamente. Y de forma tragicómica muchos de ellos culparon a «la opinión pública» (sí, una vez más) por su incapacidad de entender que hay que dejar sola a la ciencia para que pueda dar fruto. Los políticos, infectados por esta opinión, han ratificado este «aumento de la irracionalidad» que significa que el «público» ya no respete la ciencia (de ahí la deserción en masa por parte de los jóvenes de los estudios científicos). La idea de que pudiera haber las más mínima relación entre este abandono de las ciencias y lo que está ocurriendo en el mundo parece casi indecible. El avance del conocimiento se debe a sí mismo el perseverar heroicamente en contra de todo tipo de hostilidades.

Es fácil prever que la nueva generación de investigadores sonreirá cínicamente ante las evocaciones de los viejos tiempos cuando los científicos eran los que planteaban sus propias preguntas. Pero no hay duda de que disfrutarán de una nueva «construcción generizada» [* nota pendiente] como recompensa por su coraje haciendo causa común con los empresarios mientas que las almas sensibles denunciaban devastaciones ecológicas y crecientes desigualdades sociales. El «verdadero investigador» será aquel que sepa que el destino humano exige terribles sacrificios y que nada debe obstaculizarlo. Mientras tanto, la nueva construcción tan solo prolongará la animadversión, ya cultivada en nombre del progreso, hacia aquellos «charlatanes de las grandes ideas», que difunden la duda, la preocupación y el desorden. [p, 41] Desde que empecé a comprender con más claridad lo que estaba pasando, incluidas la relativa sumisión y la pasividad de los investigadores, me tomo muy en serio lo que Virginia Woolf ya diagnosticó en su día como «prostitución intelectual» — la docilidad de aquellos que, sin estar atados como lo están los trabajadores asalariados, aceptan trabajar y pensar donde y como les digan. Aunque en realidad, ¿a qué podrían apelar cuando ellos mismos habían venido oponiendo de manera sistemática la objetividad científica y las preocupaciones políticas? ¿Cómo podrían discutir públicamente el desastre cuando no quieren que el público pierda la confianza en «su» ciencia o empiece a entrometerse en cosas que no le conciernen? La «madera del verdadero investigador» y su dependencia de las demarcaciones místicas les prohíben preguntarse, junto a otras, la pregunta de Woolf sobre esta civilización en la que nos encontramos [*]. Este «verdadero investigador» sólo puede quejarse e intentar – aunque siempre, cada hombre por sí mismo – encontrar caminos y medios para tratar de proseguir aquello que llama «buena investigación», aquello que hace que «la ciencia avance».#

[*] Nota: La referencia a Virginia Woolf, en la primera parte del texto, donde proponía la necesidad de que lxs universitarixs, lxs investigadorxs nunca dejarán de preguntarse por el tipo de mundo, de civilización, que con su trabajos y su actitud estaban construyendo.

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A partir de aquí empezaría la tercera parte, con la sección titulada Desmovilización, en la que se formula una cierta propuesta para tratar de mejorar la situación descrita.

Reseña de «Attack Surface» de Cory Doctorow


Imagen: pequeña colección de hardcovers de Doctorows

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Reseña: «Attack Surface» de Cory Doctorow – ¡Sería tan buena lectura para lxs fanboys y gals de la TransiDigital!

Por José Pérez de Lama

Advertencia: Quizás alguien pueda considerar que se produce algo spoiler… Creo que no demasiado…

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Breve intro al trabajo de Cory Doctorow

Estos días leí con mucho interés la nueva de Cory Doctorow, Attack Surface (2020). Tardé en encargarla porque no quería hacerlo a través del monopolio, y me dio pereza pedir un solo libro desde EEUU al «artefacto» que había montado Doctorow para poder encargar la novela directamente. Tras un para de intentos, finalmente di con los viejos amigos de Traficantes de Sueños que están estudiando organizar este servicio de manera un poco sistemática: funcionó muy bien, tengo que decir, con un pequeño pack de libros no demasiado raros, de temas entre el pensamiento y la ciencia ficción.

No soy un lector desde el inicio de Doctorow — aún no leí la mítica Little Brother –, sino que empecé a leerlo en 2009 cuando publicó una de las primeras novelas sobre fabricación digital tras la emergencia de los fab labs y el movimiento maker. Había novelas anteriores, — The Diamond Age de Neal Stephenson (1995) unas de mis preferidas –, pero esta era muy realista; se titulaba precisamente Makers. Interesante, pero no llegó a apasionarme. Luego leí Walkaway (2017), que tiene partes muy interesantes sobre arquitectura y fabricación digital y repositorios tipo software libre y general intellect y cooperación de software-hardware-redes-comunidades humanas. Este año la íbamos a usar en clase, pero me atranqué un poco traduciendo y no llegamos a hacerlo. Espero que el año que viene pueda ser.

Finalmente, me hice seguidor de Doctorow en Tuiter, donde sin demasiadas estridencia tiene una presencia interesante, curiosamente con cosas bastante peculiares sobre arquitectura de finales del XIX y principios del siglo XX algo al margen de la Modernidad. Un texto suyo sobre economía política de lo digital de este año pandémico – How to Destroy Surveillance Capitalism (2021) – me ha parecido lo más destacado en la pugna intelectual [?] por entender y explicar de qué va la economía digital, en la que creo que ha aventajado a otros como Zuboff o Morozov, de alguna manera, desmitificando la diferencia y novedad histórica de la dimensión económica de lo digital… Pero comentar bien eso sería otro texto que tal vez haga en algún momento. Este último tarbajo  es el que quizás me convenció que hay que leer con mucha atención a Doctorow.

Attack Surface: cíber-guerra y resistencia ciudadana

Attack Surface, entonces. La leí en tres o cuatro tardes-noches, 370 páginas de letra más bien pequeñita; para mí quiere decir que tiene buen ritmo y es de fácil lectura – con la virtud de que no adquiere el ritmo adictivo de ciertas novelas negras o similares que me obligan a dejar de dormir y acabarlas en una sola noche.

La llamaría una novela de tesis, en la que el autor o sus personajes, nos cuentan, o en ocasiones lo hacen hablando entre sí, cosas sobre cíber-seguridad, cíber-espionaje y cíber-guerra y sobre las tecnopolíticas de la ciudadanía, o más bien de los movimientos sociales, tratando actuar en este mundo  y de defenderse en lo posible — un campo, el segundo, en el que me he movido muy activamente y he estudiado durante algún tiempo, y en el que comparto algunas de las experiencias que se describen.

Dedicada a Chelsea Manning, Edward Snowden…

El personaje principal, es Masha Maximow, una hacker que ha trabajado durante unas dos década para cyberwar contractors, empresas contratistas mercenarias que trabajan bien para el gobierno o el ejército norteamericano, por ejemplo, en la Guerra de Irak, o para otros gobiernos desarrollando e implementando herramientas digitales de espionaje y de guerra digital,  por ejemplo, en revoluciones naranjas, o finalmente, para las policías varias, para controlar a la propia ciudadanía no sumisa, por ejemplo, en casos como el del movimiento BLM (Black Lives Matter) en los Estados Unidos – o sus descendientes en la ficción que aparecen en Sufrace Attack. Masha es un trasunto de Edward Snowden o Chelsea Manning – otros personajes en la novela nos pueden recordar a Julian Assange. La novela está efectivamente dedicada a Manning, Snowden y otros héroes digitales recientes que no conocía, así como a la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, asesinada, según parece, por su trabajo de investigación sobre la corrupción y los llamados Papeles de Panamá.

La historia de Masha, como decía, se extiende desde los primeros años de siglo. Empieza cuando es una preadolescente de origen ruso — como Doctorow — inadaptada pero con un talento especial con lo ordenadores que es fichada por una agencia del gobierno estadounidenses para luchar contra el terrorismo tras un atentado similar al de las Torres Gemelas pero en San Francisco — todo esto es lo que ocurre en la primera novela de la serie, Little Brother, donde parece ser que Masha está del lado de los espías — como decía aún no la leí — pero se rememora en Surface Attack.

Not such smooth operators

A continuación pasa, ya con un contratista privado – war contractor – a la guerra de Irak – su jefa en la agencia del gobierno, también pasó con ella a la nueva empresa, lo que les permite hacer las cosas que como parte del gobierno eran difíciles de hacer por los controles y garantías propios de una administración pública – además de ganar extraordinariamente más dinero. Allí se dedican ya directamente a la cíber-guerra – el trabajo específico de Masha tiene más que ver con entender las redes enemigas a través de la infiltración en sus sistemas de comunicación de todo tipo, de manera destacada las redes telefónicas. Aunque Masha no está directamente implicada en cosas como las ejecuciones selectivas, uno no deja de recordar los vídeos de WikiLeaks con los drones manejados remotamente por soldados o quizás war-contractors disparando a los civiles en algún pueblo polvoriento de Irak, «ratatatata, ratatata…» la ametralladora del dron cargándose a irakíes que trataban de huir sin saber del todo de dónde venían los disparos. La primera vez que vi uno de estos vídeos — que se siguen encontrando en Youtube buscando sólo un poco –, el ritornelo del «ratata» me persiguió durante días, el horror en que se había convertido el mundo lo digital que con tanto entusiasmo había abrazado durante unos pocos años… El final del episodio de Irak: Masha es ascendida por su discreción en relación con algunos descubrimientos del funcionamiento de los militares estadounidense en la guerra. La descripción de la semana de vacaciones en la Green Zone de Baghdad, la zona prohibida de la capital de Irak controlada por Estados Unidos durante la guerra es de lo mejor de la novela — aunque son unas pocas páginas. Me dieron ganas de releer las que le dedica Naomi Klein en su Shock Doctrine para comparar. Habría sin duda una novela ballardiana que escribir sobre esta ciudad temporal.

En siguiente episodio de la historia, en México, Masha se convierte, por alguna razón que no queda demasiado clara, en receptora de paquetes de información ultra-confidencial de personajes varios que empiezan a horrorizarse de las cosas que están haciendo en esta nueva forma de guerra. No está muy claro, la verdad, por qué es Masha la persona a la que algunos confían esta información. Pero ella la acepta, porque sintoniza con sus propios sentimientos ambivalentes y a la vez, le da una cierta protección contra sus jefes. La jefas directas, por cierto, siempre son mujeres – que para ciertos lectores – como el que suscribe – aparecen como psicópatas, que no habrían sido particularmente enfermas o perversas. quizás, en otras posiciones laborales, pero que en las «empresas» en que están sí que se son peligrosas para la gente que no es sumisa con los que las contratan: ya sean rebeldes irakíes, ya activistas de los considerados «antisistema». Narrativamente, México tiene poca entidad: más aislamiento de la vida de la gente normal, las burbujas globales, las fiestas para descomprimir… Más Ballard, aunque tan sólo apuntado…

Saboteando «revoluciones naranja»

El tercer momento es, ya con otra empresa de la competencia, en Slovstakia, un país imaginario del entorno post-soviético, en el que está sucediendo una «revolución naranja», en la que Masha trabaja para el gobierno autoritario, montando dispositivos y redes para espiar y atacar digitalmente los movimientos ciudadanos, pero a la vez, se ha hecho amiga de un grupo de jóvenes que forman parte del movimiento y a los que trata de ayudar discretamente con estrategias de seguridad digital para protegerlos con la mano izquierda, podría decirse, de lo que está haciendo para el gobierno con su mano derecha. Su nueva jefa es una antigua agente de la Stasi, convertida en ejecutiva del capitalismo de la vigilancia — que algo maliciosamente nos hace recordar a la señora Merkel. La relación condescendiente de los war contractors y la protagonista-hacker-tech-sis con el gobierno del país poco desarrollado, nos sugiere situaciones de colonialismo tecnológico por desgracia demasiado familiares. Hm.

Lo de trabajar para el gobierno autoritario y a la vez ser amiga de los más entrañables rebeldes, previsiblemente, le genera contradicciones, — o más bien, intensifica las contradicciones que venía arrastrando, y que sólo la autofascinación por el virtuosismo con el software, las máquinas y los datos, la híperactividad, la vaga idea de estar con los buenos – tal vez en el lado bueno de la historia como se dice últimamente – y, por supuesto, estar inundada de pasta,  habían hecho hasta entonces que no prestara  suficiente atención a esos conflictos, para poder seguir. Una situación tan familiar, que no hace falta ser war-contractor para entenderla… Me hizo recordar a un amigo profesor de ingeniería informática, un tech bro, lo llamaría quizás Doctorow,  a quien una vez le conté que había leído un libro estupendo sobre ética e ingeniería informática y que me gustaría mucho que lo leyera, a lo que me contestó, «¡ah, es que no tengo tiempo para leer ese tipo de cosas!» — El libro, por cierto, lo sigo recomendando, una muy buena intro a la ética en general y a estas cosas más en particular: Ermann & Schauf, 2003. Y mi amigo seguro que habrá leído cosas pertinentes — ¡pero me regaló la anecdota!

Espiando y manipulando, finalmente, a vecinos y colegas…

El episodio final, sucede de vuelta en la Bahía de San Francisco, donde sus dos empresas – unas pseudo Palantir [Waldman et al 2018s]– compiten por un mega-contrato de los departamentos de policía locales – Oakland Y SF),  para aplicar «en casa» las tecnologías desarrolladas en Irak y países «poco civilizados» como Slovstakia. Y resulta que los que se oponen, una composición de post BLM y hackitivistas varios, son los amigos de la infancia y pre-adolescencia de Masha, por lo que el conflicto final está servido. Lo dejaremos en estas descripciones  generales para no hacer excesivo spoiler.

Del Internet «guai» a la era e la vídeo-vigilancia y la mercantilización

El recorrido es interesante, desde los primeros 2000 a la actualidad, o quizás algunos, muy pocos, años en el futuro, porque refleja la experiencia del propio Doctorow, de gente de mi edad que hemos estado implicado en Internet y movimientos sociales durante este período. Doctorow es nacido en 1971, yo soy un poco más viejo, — pero como decía tal vez Rheingold, ¿o era Sterling? –, el futuro no aterriza en todas partes al mismo tiempo. – [nota: sugeriría si alguien estuviera interesado en mi versión del asunto, mi propio texto: xxxx] Del entusiasmo hackitivista por la autonomía tecnológica, y de la esperanaza en las nuevas oportunidades y libertades que iban a hacer posible Internet y los ordenadores personales, al relativo pesimismo de la actual dominación de los entornos digitales por los grandes monopolios y la cíberguerra. [nota: Google, Amazon & Masha…]…

Me gusta, y es sin duda una muestra del buen oficio literario del autor, cómo los tres o cuatro momentos en que sucede la historia, – a través de los cuales Masha, la protagonista, va descubriendo cosas del mundo y de si misma, se va haciendo preguntas, se va transformando –, no se presentan sucesivamente, sino que se va saltando de uno a otro, de un párrafo al siguiente, sin dejar de funcionar muy bien para el lector, generando el efecto, al menos eso me pareció a mí, de que estas diferentes Mashas estuvieran conversando una con otra: la madura y más experimentada con las otras más jóvenes, pero también la calculadora y fascinada por su trabajo y orgullosa de su autonomía, con la que duda, con la que ve cosas que también le fascinan en sus amigas activistas, generosas, dotadas de otros talentos que ella, sólo poco a poco, empieza a descubrir y valorrar.

Los conflictos que nos presenta Surface Attack

El conflicto central, o eso me pareció, sería el de por qué estos hackers se ponen del lado de los «malos» – en este caso del espionaje y la guerra – más o menos «sorda» – en guerra contra otros países como Irak, contar el «terrorismo», y luego ya para cualquier cosa, para derrocar gobiernos poco convenientes a los intereses de los que pueden pagar las tecnologías, para luchar contra la propia ciudadanía organizada… Sólo menciona de pasada Doctorow al otro gran sector de ex-hackers, a los que llama tech bros, los ingenieros supuestamente superinteligentes y talentosos que dedican todo ese talento e inteligencia a «aumentar los clicks y tratar de vender anuncios».

El conflicto que Haraway ya a finales de los 80, Bifo o McKenzie Wark, quizás también Stallman, Bowyer, y seguro que otros muchos, — teórica y prácticamente –, ya enunciaron o pusieron a prueba: el del poder de los trabajadores – ingenieros, programadores… – de las redes en nuestra sociedad-economía contemporánea, y su toma de partido mayoritaria , tras los primeros años de una cierta incertidumbre, por el ultra-capitalismo… En este sentido, puede verse, por ejemplo, lo que Bifo llama la «fábula del ingeniero, el economista y el artista»: ¿usamos lo digital para construir nuevos mundos más habitables, más ecológicos, más soro-fraternales, o lo usamos para la explotación y el control y la destrucción del planeta? – disculpad si acaso el esquematismo. ¿Cuáles serían las alianzas para los mundos más habitables y más sostenibles?

Movimientos sociales y tecnologías digitales

El segundo conflicto, sería el de los propios movimientos sociales y su relación con las tecnologías y más específicamente con la seguridad – y quizás también la desinformación. Una de las tesis de Doctorow, que presenta a través de Masha, es que es posible con un conocimiento no demasiado exagerado y un trabajo sólido y constante de grupo, – una red será tan vulnerable como lo sea el más vulnerable – descuidado – de sus nodos –, que es posible tener una seguridad razonable ante la amenaza general en las redes: los intentos de entrada random, phishings varios… Pero que cuando alguien o algún grupo se convierte en objetivo de un gobierno o, peor aún, de algún contratista, es casi imposible en el corto-medio plazo no cometer algún error, y siempre se acabará siendo vulnerable a todo tipo de riesgos y «daños digitales». No hay demasiada alternativa.

¿Qué hacer? — con esto de las tecnologías digitales.

En la interesante Nota del autor al final del libro Doctorow reitera lo que ya argumenta previamente, otro de los personajes de la novela, la maravillosa Ange Carvelli,  que vuelve de Little Brother, habiendo madurado durante los 15 o 20 años siguientes y habiéndose convertido en la principal pensadora y estratega del grupo: Las tecnologías – la seguridad en este caso — deben ser suficientemente buenas, pero debe ser la política la que establezca sus límites, sus usos, sus condiciones de transparencia, etc. El símil con la guerra es interesante: los movimientos sociales, o la sociedades en general, no luchan contra la guerra, principalmente, armándose más, sino estableciendo instituciones, políticas de colaboración, democracias, quizás…

Ange recupera un lema del autor, aquel que decía: «La información no quiere ser libre, — contradiciendo el information wants to be free de los movimientos digitales de los 90 –, es la gente la que quiere ser libre». Las tecnologías, – las familias o fila tecnológicos quizás que dirían algunos — dice Doctorow no definen con un carácter determinista cómo es la sociedad y cómo es el mundo, sino que, más bien, son las tecnologías adecuadas, usadas adecuadamente, las que tendrían que darnos la capacidad, y el tiempo, para que sean las propias sociedades las que decidan y lo hagan usándolas como medios… Más o menos…

Doctorow: optimismo realista

Dice en las mencionadas Author’s notes que cuando empezó a trabajar en el campo de las tecnologías era un optimista tecnológico… Y que hoy, en 2021, sigue siendo un optimista tecnológico, — aunque ahora es un optimista realista…

Esta, entonces, me parece que sería la propuesta del autor para la solución o al menos el abordaje de los conflictos expuestos: es engañosa y/o debemos evitar la percepción de un mundo dominado opresivamente, sin posible alternativa, por lo digital-tecnológico. La vida está en otras partes. Y esas otras partes, o aspectos de la vida, o lo que sean o pudieran ser, son las que tendríamos que tratar de imponer a las tecnologías y sus agentes varios.

Me viene a la mente una sentencia latina citada por Montaigne: «Que las cosas no nos sometan; que seamos nosotros los que las sometamos». Aunque ocurre, claro, en esto que tratamos: no son exactamente las cosas las que nos someten… Esa tal vez sea otra de las claves.

Y también me trajo al «magín» — ¡ah, cómo me gusta esa palabra que había olvidado durante tanto tiempo! — algo de Isak Dinesen, «Without hope and without despair» — Sin esperanza y sin desesperar. Estos días uno tal vez sea menos optimista que Doctorow…

Sí que seguiré leyendo todo lo que vaya publicando: por la información, por el pensamiento, por el entretenimiento, por el optimismo realista.

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#referencias

Bifo, 2017, Futurability. The Age of Impotence and the Horizon of Possibility, Verso, Londres Nueva York

____, en este mismo blog sobre Bifo, el general intellect y la «fábula del ingeniero, el economista y el artista»: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/04/17/bifo-futurability-universidades-artista_ingeniera-economista/

Doctorow, 2021, How to Destroy Surveillance Capitalism, disponible en:  https://onezero.medium.com/how-to-destroy-surveillance-capitalism-8135e6744d59 | accedido 02/04/2021

____, 2017, Walkaway

____, 2009, Makers

____, 2008, Little Brother

M. David Ermann & Michele S. Schauf (eds.), 2003 [1990], Computers, Ethics and Society, Oxford University Press, Nueva York

Donna Haraway, 1991, A Cyborg Manifesto

Evgeny Morozov, 2019, Capitalism’s New Clothes -Shoshana Zuboff’s new book on “surveillance capitalism” emphasizes the former at the expense of the latter -, en: https://thebaffler.com/latest/capitalisms-new-clothes-morozov

Richard M. Stallman, 2004 [2002], Software libre para una sociedad libre, Traficantes de Sueños, Madrid; disponible en: https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/Software%20libre-TdSs.pdf | accedido 02/04/2021

Neal Stephenson, 1995, The Diamond Age

Peter Waldman, Lizette Chapman, and Jordan Robertson, 2018, Palantir Knows Everything About You: https://www.bloomberg.com/features/2018-palantir-peter-thiel/

McKenzie Wark, 2004, A Hacker Manifesto, Harvard University Press, Cambridge

Shoshana Zuboff, 2019, The Age of Surveillance Capitalism. The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power, Profile Books, Nueva York

Ciudades para nuestras nietas: «El parque», relato sci-fi

 

Texto de Alejandro Jiménez Gómez – con la colaboración de Juan Manuel Cordero García, Pedro A. Guillén Fernández & Saúl Moguer Ayala. La imagen-collage digital también del mismo equipo.

Los autores escriben el relato como parte de su trabajo durante un curso en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, 2021, el segundo año de la pandemia. El título del curso era «Ciudades para nuestras nietas». La imagen de arriba, en el que se ponen en relación materiales de Foucault-Deleuze con la famosa pintura de Edawar Hopper, formaba también parte del trabajo de curso de los autores. Quizás no tenga tanta relación con el relato… ¿Quién sabe? El afuera, las soledades, la relaciones de saber-poder, la noche…

El equipo docente del curso lo formamos José Pérez de Lama con Jose Sánchez-Laulhé como asistente honorario. En el curso, como su titulo quizás sugiera, nos dedicamos a pensar y estudiar bastante colectivamente sobre las ciudades del futuro, tratando de componer cuestiones medioambientales, de cuidados, tecnopolíticas… No es la primera vez que ocurre, pero los estudiantes obtuvieron en su gran mayoría la calificación de sobresaliente. No fue un año fácil, pero nos pareció que entre todos habíamos logrado generar un espacio de pensamiento y encuentro que nos pareció de bastante valor. Nota introductoria de José Pérez de Lama

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Volvió a pasar la vista por el parque frente a él

El viejo Diamantino, que tantos recuerdos le había dejado. Atrás quedaban ya los vidrios rotos y el olor a gasoil. Él venía de un mundo distinto, donde la humanidad, el concepto que entonces tuvieran de tecnología y progreso, enfrentaba constantemente a la naturaleza, donde la economía era un incendio que todo lo devoraba.

Y, sin embargo, siempre habían estado allí las plantas y las aves, las mismas que aún cantaban. También había niños, claro, aunque su juego era algo distinto.
Uno de los chiquillos pasó a su lado, casi lo golpeó en la carrera. Saltó entre los neumáticos del tobogán y pasó rápidamente al tiovivo, donde otros dos le esperaban. La primera vuelta emitió un bostezo metálico, mientras el rotor iba convirtiendo ese entusiasmo en energía.

Se encendió una pequeña bombilla a su derecha, una mera verificación de que el sistema funcionaba. No era como si hiciese falta, en cualquier caso: aquel día hacía un sol radiante, y los árboles fotovoltaicos bastaban para suplir las necesidades de la ciudad. Y si no, siempre estaba el pavimento.

Eso sí que se le antojaba imposible. Los suyos eran tiempos del coche y el sedentarismo. Del encierro. De pronto no sólo se promovía la actividad física, sino que eran esos mismos pasos los que alimentaban las ciudades. Esos juegos. Esa vida.

Incluso decían que podían extraer energía de las bacterias de la tierra, de limpiar el aire, aunque él no comprendía más allá del viento. Eran unos tiempos extraños los que le había tocado vivir.

Sí, todo era nuevo, diferente y, sin embargo, no cambiaría nada de aquello. Porque allí seguían estando su parque y sus aves, porque habían solucionado las crisis. Le sonrió a su nieta, mientras daba otra vuelta más.

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