Archivo de la categoría: Nosotros mismos

El tema de las pasiones alegres en los movimientos sociales pre-15M (y alguna cosa más)

Retrato de Baruch Spinoza de autor desconocido, hacia 1665. Fuente: Wikipedia.

 

José Pérez de Lama _ versión beta

Me pide un buen colega y amigo que le recuerde un poco sobre esto de las pasiones alegres. Ésta era una idea frecuente en los movimientos sociales de la primera década del siglo – y sí, aunque algunos no lo sepan, había potentes movimientos en aquellos años, que plantearon o reelaboraron la mayor parte de los temas que hoy son mainstream: de la precariedad a los conflictos de la digitalización, al feminismo al derecho a la ciudad a las migraciones a la globalización… En fin, batallitas aparte, esto de las pasiones alegres, recuerdo y serían quizás más personas, a Javier Toret hablando del asunto, entonces uno de los impulsores del Centro de Iniciativas 1.5 de Málaga, posteriormente Casa Invisible. El concepto o la idea de origen spinoziana, se enunciaba como que era necesario construir el movimiento y nuestras pripias relaciones dentro de éste en torno a pasiones alegres, — y no a pasiones tristes como había llegado a ser propio de los movimientos y sobre todo de las organizaciones activistas y políticas precedentes.

En el discurso spinoziano las pasiones serían el resultado de los encuentros entre dos cuerpos – cuerpos en un sentido muy genérico – que se afectan mutuamente. Cuando esta afección o afecto genera alegría, tenemos pasiones alegres, y su resultado es el aumento de la potencia; potencia que para Spinoza es la capacidad efectiva de hacer cosas. Por el contrario, las pasiones tristes, nos restarían potencia, capacidad de hacer. El miedo, el odio, la ira, la envidia, serían afectos tristes. Un dictum spinoziano relacionado – evoco de memoria, no soy capaz de encontrarlo ahora – era que los gobernantes o los poderosos nos quieren tristes, y así ya derrotados e incapaces de hacer nada salvo dejarnos someter. Si le damos la vuelta, el entusiasmo, el amor, etc. aumentarán nuestra potencia, la capacidad de vivir y de hacer mundo.

«Nada puede salir de la tristeza», parece que decía Spinoza. Las formas de expresión de la protesta que se renovaron durante aquellos años experimentaban y representaban todo aquello: frente a las manifestaciones con sus pancartas, lemas y discursos finales de personajes de aparatos varios de los años precedentes, las marchas con camiones con dj-s, la música, las acciones más o menos sorprendentes, la invención constante de formas de expresión, el uso experimental de la comunicación y la apropiación de las tecnologías, la construcción de situaciones, las columnas de colores – verdes, rosas, negras… – en las marchas contra la globalización… Ayudaba, seguro, que eran años en que pasaban cosas nuevas, incluso de esperanza, de una cierta abundancia en nuestros entornos… La misma idea se intentaba poner en prácticas en las formas de organización y de vida. Luego vendrían las derrotas de la crisis y costó mantener las pasiones alegres en los movimientos… por lo menos a mí sí que me costó… Podría argumentarse que el movimiento en torno a Colau en Barcelona sería uno de los principales herederos de la experimentación de aquellos años – siendo muchos de los personajes aún implicados, – como la propia Ada -, resistentes y continuadores de la época previa. ____ El 15M sería un nuevo (micro)ciclo cuyas continuidades y diferencias con el precedente no me siento capaz de comentar, — y menos aquí.

________

Si volvemos a Spinoza, las pasiones, alegres o tristes, serían algo que desde el punto de vista del qué hacer y del conocimiento nos ofrecen tan sólo una primera orientación. Sabemos que cuando comemos una manzana, salimos a hacer ejercicio, leemos un cierto tipo de libro o nos encontramos con tal persona, aquello nos hace sentir bien, aumenta nuestra alegría. A este tipo de conocimiento Spinoza lo llama percepción. Sabemos que ese algo que nos genera una pasión alegre nos conviene, pero no sabemos del todo bien por qué. Aquí es cuando dice que de la tristeza, de una pasión triste, no obtendremos mucho, salvo saber que es mejor tratar de evitar esos encuentros, —- pero una pasión alegre nos sugerirá tratar de descubrir por qué exactamente nos produce esa alegría, ese aumento de potencia.

Spinoza, dice – según mis fuentes secundarias o terciarias – que este afecto no es algo que está en la otra cosa, – en la otra persona si hablásemos de amor o de amistad -, sino que es una cosa que está en la relación entre los dos cuerpos: «de ritmos y de olas, de movimientos coordinados», de composición. «Spinoza llama noción común a eso que vincula dos cuerpos […] sólo podremos formar nociones comunes a partir de una relación de conveniencia, esto es, a partir de la alegría» (Larrauri, 2003, p. 60). Lo de la relación de conveniencia suena mal, pero en el aparato conceptual de Spinoza pretende decir que ambos cuerpos se convienen, esto es, que se hacen sentir bien, se dan alegría mutuamente.

Tras la percepción asociada a afectos y pasiones, el segundo nivel de conocimiento sería el de la razón. La función de la razón sería la de tratar de comprender estas nociones comunes: el por qué exactamente una actividad o un cuerpo nos produce alegría. Ocurre que las pasiones son, como sugiere el término, pasivas, algo que nos pasa y sobre lo que tenemos poco control. También ocurre que por lo común suelen ser excesivas. La razón, entonces, en el sistema de Spinoza trataría de conocer por qué exactamente nos conviene la manzana o nos hace estar contentos compartir un tiempo con una amiga, y a partir de este conocimiento más adecuado poder organizar mejor nuestros encuentros, transformando las pasiones en afectos activos.

Cito a Larrauri de nuevo textualmente: «Spinoza piensa que puede haber una mutación del afecto pasivo en afecto activo, sin cambiar de naturaleza, sin transformarnos en ángeles, sin negarnos a nosotros mismos. Es algo que se puede conseguir si instalamos el conocimiento racional en nuestras vidas, esto es, el conocimiento de las relaciones, de las combinaciones concretas. Y sin duda, esas mutaciones son un anuncio de la felicidad».

El tercer y último modo de conocimiento, siempre para Spinoza, sería el de la intuición. La intuición, algo ya como de jugador súper-avanzado. Muy resumidamente consistiría en la capacidad de convertir cualquier experiencia, no sólo las asociadas a las pasiones alegres, en fuente de felicidad. La cosa suena difícil, pero es que a Spinoza lo que buscaba era poder experimentar el infinito gozo de existir y cosas así. El método que proponía para razón e intuición era el de la meditación, aunque en un sentido, diría uno, más estoico que budista, —- pero eso también tendrá que quedar para otra ocasión. Dominar este tercer nivel del conocimiento sería la sabiduría, que vendría a identificarse para Spinoza con la virtud y con la felicidad.

Spinoza, recuerda Larrauri, concluye así su Ética: «Todo lo que es hermoso es tan difícil como raro». Una afirmación de gran belleza, no cabe duda, pero con la que uno no sabe si estar de acuerdo o, como pensaba por ejemplo Montaigne, todo lo contrario…

________

#notaAdicional

Releyendo a Larrauri también me gustó esto que transcribo a continuación [pp. 30-31] — para seguir pensando lo dejo aquí apuntado:

Spinoza […] analiza al ser humano siguiendo tres dimensiones.

En primer lugar, una dimensión cuantitativa o extensiva…

En segundo lugar, una dimensión relacional. Las partes extensivas que componen un cuerpo se organizan según relaciones características. Spinoza dice que son relaciones de movimiento y de reposo, de rapidez y de lentitud. Podríamos entenderlo como un ritmo particular que diferencia a unos individuos de otros…

En tercer lugar una dimensión cualitativa o intensiva. Un cuerpo es una parte de la naturaleza […] porque es una parte de la potencia total de la naturaleza, de ese infinito gozo de existir. Un cuerpo es un grado de esa potencia y en eso consiste la esencia de un individuo. Una esencia que se identifica con un grado de potencia es una esencia dinámica, que se mide por la cantidad de acciones de las que es capaz […] ____

Comentario: Imagina uno, aunque creo que Larrauri no lo explicita, ciertos paralelos entre estas tres dimensiones y los tres grados de conocimiento; en particular, que la parte de la razón y las nociones comunes puedan estar próximas a las dimensión relacional…

________

#referencias

Aunque he tenido en mi mesilla de noche durante años la Ética (ordine geometrico demonstrata) de Spinoza – últimamente en un orden caseo la puse en alguna estantería, nunca conseguí leer demasiadas páginas y mis referencias son secundarias o terciarias, —- para lo escrito aquí, el libro de Maite Larrauri de su colección Filosofía para profanos que nunca me cansaré de recomendar:

Maite Larrauri & Max, 2003, La felicidad según Spinoza, Tandem Ediciones, Valencia

Otras lecturas:

Gilles Deleuze, 2009 [1981], Spinoza. Filosofía práctica, Tusquets, Barcelona

Anuncios

Imaginando el futuro tras la catástrofe climática – William Gibson en “Peripheral”

Imagen: ¿No Future? Pegatina / sticker de 1977; diseño de james Reid / Sex Pistols; fuente: https://www.beatbooks.com/pages/books/37921/the-sex-pistols/no-future-maximum-penalty-5-sex-pistols-gummed-sticker-c-january-1977

“Ya le he contado del malestar y la confusión que producen el viajar en el tiempo.” H.G. Wells; epígrafe que encabeza la novela de W. Gibson.

Introducción y traducción de José Pérez de Lama

El próximo viernes 27 de septiembre hay convocatoria global – incluida Sevilla – para llamar la atención sobre el cambio climático. Con ese motivo, y también, porque me ha gustado mucho el libro, traduzco un capítulo de Peripheral, creo que la última novela de William Gibson (2014), en que se presenta un interesante y a mi juicio bastante verosímil escenario de catástrofe climática y de cómo podría ser mundo, más bien distópico, que surgiera después.

La novela, y trato de no hacer spoiler, va de viajes en el tiempo entre unas fechas próximas a las actuales y finales del siglo XXI; la acción se va configurando poco a poco hasta irse centrando en cómo los personajes del futuro tratan e evitar su propio presente… en fin… y más en particular en sus aspectos eco-tecno-sociales… El final… no cuento más, es más interesante que en los armagedones típicos de otras novelas del género…

En la escena que sigue están hablando dos de los personajes principales, por un lado Flynne Fisher, habitante de nuestro presente, más o menos, y Wilf Netherton, nativo del futuro, pero que está tele-tempo-presente en su pasado. Wilf está explicando a Flynne lo que llaman el Jackpot, la catástrofe climática. Jackpot, significa algo así como “cuponazo” o premio gordo de la lotería… típicamente en Gibson sugiere el espíritu de casino que parece qie nos está llevando por el camino del cambio climático.

Quizás sea lioso el tema del tiempo en el texto que traduzco: hay fundamentalmente tres momentos que se deben tener en cuenta: el presente de Flynne, más o menos 2020 o 2025, el presente de Wilf (posterior al Jackpot, hacia 2090 o 2100, y el tiempo del Jackpot, la etapa más crítica de la catástrofe climática, que estimaría sobre 2050-60).

Referencia: William Gibson, 2014, Peripheral, Penguin; pp. 319-22

________

El Jackpot

[…] Y entonces empezó a explicarle lo que llamaba el Jackpot.

Y lo primero de todo es que no había sido una sola cosa. Que fue algo multicausal, sin un comienzo en particular y sin un final. Más un clima que un acontecimiento, no como en las típicas historias apocalípticas en las que hay una gran catástrofe, después de la cual todo el mundo sale con armas […] o tras la que son devorados vivos por algo causado por la catástrofe. Nada parecido.

Fue algo androgénico, dijo, y ella sabía de [los programas de] Ciencia Loca y del National Geographic que significaba causado por la gente. No es que hubieran sabido lo que estaban haciendo, que lo hubieran hecho a posta, que hubieran querido crear los problemas, pero los causaron de todas maneras. Y fue en efecto el propio clima, el tiempo, debido a que había demasiado carbono, lo que impulsó muchas de las cosas. El que siempre fuera a peor y nunca a mejor, y que se considerase normal que fuera así, – algo que estaba pasando. Porque la gente en el pasado, que no tenía ni idea de cómo aquello funcionaba, se lo cargó todo, no fueron capaces de organizar cómo hacer algo, incluso cuando ya sabían que estaba pasando, y luego, ya, pues era demasiado tarde.

Así ahora, en su propio tiempo, dijo, se dirigían hacia algo desastrosamente malo —- androgénico, sistémico, complejo, más o menos lo que ella ya sabía, y se imaginaba que todo el mundo sabía, salvo la gente que aún decía que no estaba pasando, – una gente que de todas formas lo que estaba esperando era la Segunda Venida. Miró a través del césped plateado, que León había segado con la cortadora manual, la que tenía el marco de hierro fundido sujeto con una cable, las sombras de la luna, más allá de las tablas y el resto de un baño de pájaros hecho en hormigón que solían pretender que era el castillo del dragón, mientras que Wilf le contaba que aquello mató al 80 por ciento de todos los humanos, a lo largo de unos cuarenta años.

Y mientras lo escuchaba, se preguntaba a sí misma si tenía algún sentido, verdaderamente, que te contaran algo así. Algo que estaba en su pasado y en tu futuro.

¿Que hicieron, le preguntó, su primera pregunta desde que Wilf había empezado la historia, con todos los cuerpos?

Lo típico, dijo, porque no fue todo a la vez. Después, durante un tiempo, nada, y más más tarde los ensambladores. Los ensambladores, nanobots, llegaron más tarde. Los ensambladores hicieron además cosas como excavar y limpiar los ríos de Londres que se habían cegado, una vez que terminaron de limpiar los muertos tirados por todas partes. Habían hecho todo lo que ella había visto en su camino a Cheapside [n. del t: una excursión por el Londres del futuro que sucede previamente en la novela]. Habían construido la torre donde había visto a la mujer prepararse para la fiesta y luego ser asesinada, habían construido todas las otras torres de la retícula de lo que él llamaba los shards, y habían cuidado de todo aquello, en su propio tiempo – el de Wilf – tras el Jackpot.

Sentía que a Wilf le hacía daño hablar de aquello, pero adivinaba que ni él mismo sabía cuánto o cómo le dolía. Se daba cuenta de que no solía contar demasiado la historia, quizás nunca la había contado. Él dijo que gente como Ash habían convertido aquello en el centro de su vida. Se vestían de negro y llenaban sus cuerpos de marcas, pero era más por las otras especies, la otra gran extinción, que por el 80 por ciento [n. del t.: Ash, otro de los personajes de la novela, lleva tatuajes por todo el cuerpo con muchas de las especies desaparecidas en la última gran extinción].

No hubo cometas chocando con la Tierra, nada que se pudiera realmente llamar una guerra nuclear. Solamente todo lo demás, enredado en el cambio climático: sequías, escasez de agua, cosechas perdidas, la desaparición de las abejas como ya casi ocurre hoy, el colapso de otras especies clave, hasta el último predador alfa desaparecido, los antibióticos haciendo incluso menos de la que ya hacían, enfermedades que nunca llegaron a ser la gran pandemia pero suficientemente grandes para ser acontecimientos históricos en sí mismas. Y todo aquello alrededor de la gente: cómo era la gente, cuánta gente había, cómo cambiaba las cosas simplemente estando allí.

Las sombras sobre el césped eran agujeros negros, sin fondo, o como si se hubiesen sido cubiertas con terciopelo, perfectamente lisas.

Pero la ciencia, dijo, había sido la carta imprevista, el giro. Con todo hundiéndose en una foso de mierda cada vez más profundo, la historia misma convertida en un matadero, la ciencia empezó a surgir aquí y allá. No de una sola vez, no como una única cosa heroica, pero empezaron a usarse fuentes de energía más limpias y baratas, maneras más eficaces de retirar el carbono del aire, nuevos fármacos que hacían lo que los antibióticos habían hecho anteriormente, nanotecnología que era algo más que pintura de coche que se auto-reparaba o patrones de camuflaje que se movían en una gorra. Formas de imprimir comida que para empezar desperdiciaban mucho menos comida real. Así que todo, aunque en general estuviera en un estado profundamente catastrófico, iba siendo iluminado progresivamente por lo nuevo, por cosas que llamaban la atención de la gente, a la vez que el resto seguía empeorando, en el foso cada vez más profundo. Un progreso acompañado por constante violencia, dijo, por inimaginables sufrimientos. Notó como pasaba por encima de este tiempo, saltando al futuro en que él mismo vivía, rápido, evitando describir lo peor de lo sucedido, de lo por suceder.

Flynne miró la Luna. Habría tenido ese mismo aspecto, imaginó, a lo largo de las décadas que Wilf le había esbozado.

Todo aquello, dijo, no había sido necesariamente tan malo para los muy ricos. Los más ricos se habían hecho aún más ricos, quedando menos para poseer lo que fuera que hubiese. Las constantes crisis habían supuesto constantes oportunidades. En el momento de catástrofe más profunda, con la población radicalmente reducida, los supervivientes se beneficiaron de menos carbono vertido en el sistema, y el que aún se producía era comido por esas torres que construyeron, que esa era la otra cosa que hacían las torres que Flynne había patrullado [n. del t.: episodio con el que comienza la novela, y en el que se inician los viajes en el tiempo], no sólo eran donde vivían los ricos. Y esto, para ellos, los supervivientes, fue como esquivar la bala.

“¿La bala era el ochenta por ciento, los que murieron?”

Asintió simplemente […] y siguió, con como Londres, que desde hacía tiempo ya era el hogar de todos los que eran amos del mundo y que no vivían en China, fue la primera en resurgir, sin haber llegado a caer nunca del todo.

“¿Y qué pasó entonces con China?”

[…] “Fueron los primeros en empezar,” dijo.

“¿En empezar con qué?”

“En empezar con cómo iba a funcionar el mundo tras el Jackpot. Esto es todavía, por lo menos en apariencia, una democracia. La mayoría de los supervivientes con poder, considerando el Jackpot, y sin duda su propia posición, no querían nada de esto. Es más, le echaban la culpa.”

“¿Quien manda entonces?”

“Oligarcas, corporaciones, neomonárquicos. Las monarquías hereditarias ofrecían unas convenientes estructuras familiares. Esencialmente feudales, de acuerdo con sus críticos. Tal como son.”

“¿El rey de Inglaterra?”

“La City de Londres,” dijo. “Las confederaciones de la City. En alianza con gente como el padre de Lev. Con la ayuda de gente como Lowbeer” (n. del t: el padre de Lev: oligarca-cleptócrata de origen ruso; Lowbeer: una jefa del Scotland Yard ultratecnológico del futuro).

“¡El mundo está funny!” Se acordó de Lowbeer usando aquella expresión.

“Los klept,” dijo él sin entender a Flynne, “¡no tienen maldita la gracia!”

Montaigne y la educación de un hombre (quizás demasiado) libre

Imagen: La torre del castillo de Montaigne, —- en la que se refugió del mundo durante diez años para meditar, estudiar y escribir. Foto de Henry Salomé; fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Montaigne%27s_tower#/media/File:St_Michel_de_Montaigne_Tour01.jpg

José Pérez de Lama

Michel de Montaigne, uno de los grandes humanistas franceses, noble de provincias, coetáneo de Cervantes y Shakespeare; —- su gran obra, los Ensayos: una colección de textos bastante personales en los que recoge sus pensamientos sobre muchas y diferentes cosas, entre otras, sobre cómo debería ser la educación de un niño. Los Ensayos, y éste texto de Zweig sobre su autor que cito a continuación, son algunos de mis libros preferidos. Tengo ambos extensamente anotados, pero me limitaré aquí a algún comentario introductorio sucinto.

Sobre la educación (la institution en el original francés). Se trata de la educación de un hombre libre, de un noble o un príncipe. El texto de Montaigne suena por una parte  tremendamente ilustrado y moderno; y por otra me hace preguntarme por esta especie de falacia moderna de pensar que cada persona es señor (o señora) de sí mismo, capaz y responsable de determinar la propia vida, los propios juicios, etc. ___ Al menos desde Foucault, pero seguro que mucho antes, también sabemos que la educación es una forma de producir un determinado tipo de individuos, individuos que son “productivos” para el propio sistema que diría Foucault. Por lo que esta educación que nos propone Montaigne no deja de generarme dudas. A favor de Montaigne cabe decir que esta educación que él propone, basada en el uso de la razón frente a las diversas autoridades tradicionales – también él, un par de siglos antes de Kant, usa el sapere aude horaciano – parece sugerirnos que un hombre que se condujera por la razón se daría cuenta de que forma parte de una sociedad respecto de la que tiene importantes responsabilidades y a la que está comprometido con diversos deberes… Sigue leyendo Montaigne y la educación de un hombre (quizás demasiado) libre

«Sapere aude» (atreverse a saber) — en tiempos de dioses borrachos

Gala, Dalí, Breton, Hugo, ca. 1925, Cadavre exquis,  Fuente: https://www.pinterest.com/sothebys/

«Sapere aude» (atreverse a saber) — en tiempos de dioses borrachos

José Pérez de Lama

Pruebo un género de post nuevo, que puede ser entre un dibujo de esos que se hacen uniendo puntos o un cadáver exquisito surrealista o un jeroglífico cuya solución no se… o algo del estilo…

Son cosas que me han ido llamando la atención últimamente y que creo que están relacionadas entre sí, pero que aún no se exactamente cómo conectar …

[1] Atreverse a saber…

Lo primero es lo del sapere aude de Kant (y antes de Horacio, según he ido recordando – con la ayuda de la gran Wikipedia). Sapere aude, latín, significa «atrévete a saber» – aude como en audaz. Lo usó Kant en un célebre artículo en que explicaba qué era para él la Ilustración – en alemán Aufklärung – algo más parecido al inglés, Enlightenment. Sigue leyendo «Sapere aude» (atreverse a saber) — en tiempos de dioses borrachos

Elogio de Epicuro (y de Maite Larrauri)

Estancia exterior de la casa de Bernard Rudofsky en Frigiliana, Málaga; años 60-70. Diapositiva quizás del propio arquitecto, que procede de los trabajos de investigación de Mar Loren.

Elogio de Epicuro —- y de Maite Larrauri

José Pérez de Lama

Eat, drink, and be merry, for tomorrow we die. ____ @Kurt_Vonnegut

Sumergió sus dedos en el desierto / y con el agua del espejismo / escribió un poema. ____ Diván de poetisas/poetas árabes contemporáneas; de alguna ocasión en Twitter de la que no tomé nota detallada…

*

Empiezo por el elogio de Maite Larrauri. Releía en su librito, La amistad según Epicuro, que las comunidades epicúreas de la Antigüedad se reunían los días 20 de cada mes para filosofar – y que podemos imaginar que lo harían en un jardín y en torno a una comida. (Librito por la extensión y el tamaño que no por su valor). Se me ocurrió comentarlo a Salas Mendoza y Sergio Rodríguez, mis amigos de Nomad Garden, – andábamos buscando desde hacía algún tiempo un pretexto para reunirnos de vez en cuando -, y surgió hacer nuestro primer encuentro epicúreo hace un par de días. El encuentro, al que asistieron bastante improvisadamente otros cuatro «activistas-artistas-epicúreos», fue al atardecer, entre el parque de las Delicias y el de María Luisa, – Sevilla, sí -, y entre dos terraza clásicas de bonitos nombres, el Líbano y Bilindo.

Me llevé dos libros de mi biblioteca epicúrea, uno de ellos el de Larrauri, y me sorprendió que los amigos no conocieran la maravillosa colección. Mucho la recomiendo: es una serie de textos breves, que tiene su origen en charlas de introducción a la filosofía para un grupo de mujeres del barrio de esta profesora de filosofía – acompañados en cada ocasión por los dibujos de Max. Y siendo sencillos de leer diría que no por eso renuncian a la profundidad. La profundidad no está reñida con la accesibilidad – esa sería una de las consecuencias que yo saco de esta colección. Mis dos preferidos son los de Spinoza y Deleuze, pero éste de Epicuro también es muy bonito. La colección, piensa uno, denota una cierta aproximación a la filosofía: que tiene muy presente el cuerpo, podría calificarla ahora de un materialismo o naturalismo sensual. Y que como en el caso muy específico de Epicuro, considera que el objeto principal de la filosofía – recordemos que filósofo/a era el/la amante del saber o de la sabiduría – es contribuir mediante el pensamiento a una vida mejor; —- la filosofía que parece interesar a Larrauri, al menos en esta serie, es la que se identifica con una sabiduría de la vida. Gracias, entonces, a Maite Larrauri por esta maravillosa serie de libros, – que sin duda alguna cuento entre mis preferidos. ¡Os la recomiendo a tod8s! Sigue leyendo Elogio de Epicuro (y de Maite Larrauri)

Una práctica de inglés avanzado: “Like all other writers, he met with disappointments” – un comentario sobre la Tristra-paedia de Walter Shandy

Imagen: John de la Casse, arzobispo de Benevento, héroe y modelo de Walter Shandy; pintura de Jacopo Pontormo, s XVI (fragmento). Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Giovanni_della_Casa

Like all other writers, he met with disappointments…

José Pérez de Lama

Estos días andaba recordando este capítulo del Tristram Shandy – en el que se introduce uno de mis temas preferidos de uno de mis libros preferidos: tras morir su primogénito, el padre de Tristram decide ponerse a escribir una Tristra-paedia – emulando a Jenofonte con el hijo de Ciro, por cierto – un compendio para dirigir la educación de Tristram, su segundo hijo y el único que le queda;—- siendo ya un hombre mayor: es su última oportunidad, piensa…

Ocurre que el padre tarda tanto con el asunto, «Como todos los escritores, se encontró con decepciones»—-y aquí aparece la historia de John de la Casse / Giovanni della Casa, (el de la imagen que me hizo gracia y me gustó), un sabio-humanista italiano que tardó 40 años en escribir una obra que finalmente resultó ser un pequeño librito—- tarda tanto el hidalgo Shandy, que su hijo va creciendo y superando las sucesivas edades a las que imaginamos que se dedican los episodios de la Tristra-paedia

Tras tres años y pico de trabajo Walter Shandy no ha llegado ni a la mitad de su obra, y mientras tanto tiene a su hijo lo ha tenido completamente olvidado – en lo concreto y material, claro. La suerte para el padre, y para Tristram, – hasta cierto punto -, es que un acontecimiento inesperado y que parecerrá de mayor importancia trastoca la vida familiar y Shandy padre se ve en la obligación de abandonar su gran proyecto literario… Pero eso ya es en el siguiente capítulo.

La historia tiene bastante guasa, también por supuesto la manera en que la cuenta Sterne,—- y esto del autor que no avanza con su libro, un libro que trata del mundo pero que escribe refugiado en su casa, resultará a algunos tremendamente familiar… :-/ Sigue leyendo Una práctica de inglés avanzado: “Like all other writers, he met with disappointments” – un comentario sobre la Tristra-paedia de Walter Shandy

Unas notas sobre el arte de la conversación


Imagen: Gilles Deleuze and Félix Guattari lounging and dozing together, Skyros, Greece, ca. 1980. Photo: Karl Flinker. Fuente: https://www.artforum.com/print/201104/francois-dosse-s-deleuze-guattari-27817

Unas notas sobre el arte de la conversación

José Pérez de Lama, 2018

Dedicadas a Francisco Jarauta (la parte de las buenas conversaciones)

* * *

Reading and sauntering and lounging and dosing, which I call thinking, is my supreme Happiness. [Leer y pasear y reposar y dormitar, a lo que llamo pensar, es mi suprema felicidad.] David Hume

Leí hace poco un bonito libro sobre la amistad del filósofo David Hume y el economista-filósofo Adam Smith que se extendió a lo largo de la mayor parte de sus vidas adultas durante la época que se conoce como la Ilustración escocesa (siglo XVIII). Según el biógrafo, Rasmussen (2017), esta amistad se construyó en gran medida en torno a sus conversaciones, epistolares y verbales. El sauntering (pasear) y lounging (descansar, estar en un salón sin hacer mucho, tal vez después de una cena temprana), creo que a Hume le gustaba hacerlo con sus amigos. (En la foto de arriba diría que Deleuze y Guattari están lounging). En otras ocasiones habla específicamente de las conversaciones como una de las cosas de las que más disfrutaba en la vida. Esto me hizo envidiarlos, y pensar y tomar algunas notas sobre el tema que aquí trato de ordenar un poco (sólo un poco). Me gustaría escribir algo más literario, con algunos ejemplos divertidos de diálogos y situaciones, _ pero eso tendrá que ser más adelante. Van las notas:

La conversación, hablar unos con otros, es una de las varias maneras de relacionarnos con las personas de nuestro entorno más próximo: amigos, familiares y ocasionalmente colegas del trabajo y conocidos. Me gusta pensar que las conversaciones son importantes en la medida en que por medio de éstas nos manifestamos el afecto, nos entretenemos, nos cuidamos mutuamente, nos comunicamos estados de ánimo, resolvemos – o lo intentamos – incertidumbres y conflictos, nos conocemos, compartimos experiencias y anhelos, aprendemos, pensamos proyectos -a veces en común… Con alguna frecuencia, en las conversaciones nos enfadamos; y en otras nos perdonamos. Las conversaciones son una de las formas de hacerse amigos; también de enamorarnos. En ocasiones pueden llegar a ser pequeños acontecimientos singulares y memorables.

Uno de mis calificativos más elogiosos respecto de una persona es decir que es un(a) gran conversador(a). Ser un gran conversador puede tomar muchas formas, por supuesto. Para mí, que tengo inclinación por la lectura y el aprender, me gusta la gente que cuenta buenas historias, la que me enseña cosas que me interesan o me sorprenden, la que me contagia entusiasmo. La que me hace reír y se ríe conmigo. Sigue leyendo Unas notas sobre el arte de la conversación