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Sobre políticas de la naturaleza según Latour (y el ficus de San Jacinto en Sevilla)

Imagen: verano de 2022 en Sevilla, España. Por un lado (izqda) vecinas y activistas trataban de defender un ficus centenario en el barrio de Triana; por el otro (dcha), el párroco de la iglesia con el apoyo del Ayuntamiento comenzó su tala, pero finalmente tuvieron que pararla… Fotografías de la red en defensa del ficus publicadas en redes sociales durante las acciones de resistencia.

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Traducción y comentarios de José Pérez de Lama – entrada en construcción

[El texto de Latour en negro, mis comentarios en color.]

Politics of Nature (2004), Políticas de la naturaleza, es quizás el libro más famoso de Bruno Latour junto con el Nunca fuimos modernos (1993). Politics of Nature desarrolla parte de los argumentos de Nunca fuimos... Una creo buena reseña de este último puede leerse en este mismo blog.

Diría que Politics tiene dos aspectos principales. Uno es una crítica de las relaciones entre Ciencia – en lugar de ciencias -, política y poder. Esta crítica la veo en una línea de pensamiento muy francesa, en la que podría estar Ellul, Latouche, Virilio probablemente, y buena parte de la cultura hacker de aquel país en la década de 2000: entre éstos mi colega Ewen Chardronnet que comisarió el primer proyecto de WikiPlaza (París, 2009). En esta línea también me parece que hay pensadores norteamericanos como Mumford o Bookchin, y cosmopolitas como Iván Illich. El subtítulo del libro, Cómo llevar las ciencias a la democracia, es explícito en este sentido. La crítica particular de Latour también la sitúo dentro de las llamadas Science Wars de finales del siglo XX.

El segundo aspecto, ya que estamos, es la propuesta de una nueva Constitución -la llama así Latour- en que se reorganizarían los papeles de la política y las ciencias, la economía, la moralidad, el Estado… para hacer posible un mundo más democrático, y con capacidad de abordar más eficazmente problemas complejos como los del cambio climático. Este aspecto, que constituye la mayor parte del libro, suena a veces a ciencia ficción especulativa; otras a «arbitrismo» barroco… Como ocurre con frecuencia, al menos a mí, me resultan más interesantes las preguntas que el texto nos hace plantearnos que las soluciones más concretas que propone. Aunque en realidad parte de estos procesos descritos por Latour, dice, y uno está de acuerdo, son maneras de funcionar el mundo que ya existen, pero que no tienen el reconocimiento formal que el autor querría establecer.

Como no sabía cómo hacer la reseña de este libro tremendamente articulado, casi al estilo cartesiano diría uno, opté por traducir un capítulo final en que Latour escribe un resumen de sus ideas, que en algún momento llama «una chuleta para los lectores vagos o con poco tiempo».

Como se verá en este resumen-chuleta, la claridad no es una virtud de Latour, lo cual me sorprende considerando que se trata de un texto con la teórica ambición de cambiar el sistema de gobierno en Occidente, y que uno imagina debería tratar de convencer a lxs lectorxs. Para tratar de paliar un poco lo que me parece desafortunada oscuridad iré comentando tras los bloques del texto de Latour, aunque no sé hasta qué punto podrá servir de ayuda. En estos comentarios recordaré algunas cuestiones de la reciente controversia sobre la tala del ficus centenario de San Jacinto (Triana, Sevilla), que a mi juicio pone en práctica este nuevo estilo de democracia para actores humanos y no-humanos que Latour trata de indagar.

Es posible que todo esto no sea más que un entretenimiento «académico». Pero, bueno, hay gente como yo a la que efectivamente entretienen estas cosas. La importante, en todo caso, es que con teoría alambicada o sin ella en el caso del ficus centenario las redes ciudadanas construyeron un interesante poder y lograron que el árbol continúe en pie y con vida…

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Bruno Latour [translated by Catherine Porter], 2004, Politics of Nature. How to Bring the Sciences into Democracy, Harvard University Press, Cambridge

Notas de trabajo & traducción: septiembre de 2022
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Políticas de la naturaleza. Cómo traer las ciencias a la democracia

Traducción y comentario del Sumario del argumento (para lectores con prisa…) (pp. 231-235)

Nota introductoria de BL: Aparecen en cursiva los títulos de la tabla de contenidos del libro; marcados con asteriscos los términos que se recogen en el glosario [también en el libro].

Introducción:

Este libro es un trabajo de filosofía política de la naturaleza, o epistemología política. [El trabajo] se pregunta qué podemos hacer con la ecología política (p. 1). Para responder a esta pregunta no es suficiente con hablar de naturaleza y de política; también tenemos que hablar de ciencia. Pero aquí es donde aprieta el zapato: el ecologismo no puede ser sólo la introducción de la ecología en la política, puesto que no sólo la idea de naturaleza sino también la de política, por contraste, dependen de una cierta concepción de la ciencia. Tendremos así que reconsiderar tres conceptos a la vez: polis, logos y physis.

Latour plantea que las actuales relaciones entre Ciencia y política, entre naturaleza y sociedad, dificultan las posibilidades de abordar los problemas de gobierno y democracia de la actualidad. Piensa uno en  la emergencia climática. Propondrá una nueva relación entre polis (política), logos (ciencias) y physis (naturaleza).

Capítulo 1:

¿Por qué la ecología política debe separarse de [liberarse de, abandonar] la naturaleza? (p. 9). Porque la naturaleza no es una esfera particular de la realidad sino el resultado de una división política, de una Constitución* que separa lo que es objetivo e indisputable de lo que es subjetivo y disputable [discutible]. Para implicarnos en ecología política, entonces, antes que nada tenemos que salir de la Caverna (p. 16), distinguiendo Ciencia del funcionamiento práctico de las ciencias*. Esta distinción nos permite hacer una segunda [distinción], entre la filosofía oficial del ecologismo por un lado y las múltiples [florecientes] prácticas [del ecologismo] por otro. Mientras que la ecología se asimila a cuestiones sobre la naturaleza, en la práctica se centra en embrollos [imbroglios] que implican ciencias, moralidad, leyes y política. Como resultado, el ecologismo se sostiene, no sobre las crisis de la naturaleza, sino sobre las crisis de la objetividad (p. 18). Si la naturaleza* es una manera particular de totalizar [reconocer y sumar, asumir] los miembros que comparten el [un] mismo mundo común, haciéndolo en lugar de la política, entendemos con facilidad por qué el ecologismo marca el fin de la naturaleza (p. 25) en la política, y por qué no podemos aceptar el término tradicional «naturaleza», que fue inventado para reducir la vida pública a un limitado parlamento [rump]. Por supuesto, la idea de que la noción occidental de naturaleza es una representación social* históricamente situada se ha convertido en un lugar común. Pero no podríamos asumirla [la noción occidental de naturaleza] sin dejar de mantener la «política de la Caverna» – puesto que no hacerlo significaría distanciarnos aún más de la realidad de las cosas mismas que quedarían intactas en manos de la Ciencia.

Para dar su lugar a la ecología política, tenemos entonces que evitar los peligros [bajos, shoals] de la representación de la naturaleza (p. 32), y aceptar los riesgos de la metafísica. Afortunadamente, para este tarea nos podemos beneficiar de la frágil ayuda de la antropología comparativa [comparada] (p. 42). En efecto, ninguna cultura salvo la occidental ha usado la naturaleza para organizar su vida política. Las sociedades tradicionales no viven en armonía con la naturaleza: la desconocen [they are unacquainted with it]. Gracias a la sociología de las ciencias, a la práctica del ecologismo, a la antropología, podemos entonces entender que la naturaleza es sólo una de las dos casas [cámaras, parlamentos] de un colectivo* instituido para paralizar la democracia. La pregunta clave de la ecología política puede ahora ser formulada: ¿podemos encontrar sucesor [la sucesión] al colectivo [moderno] de las dos cámaras (p. 49), naturaleza y sociedad*?

La idea es que la noción occidental de naturaleza — y me gusta pensarla en relación con «naturalizar», lo que es objeto de las ciencias, lo que es objetivo, se constituye en una instancia de presunta verdad que deja muy poco espacio a la política: pensemos en los saberes económicos y tecnológicos… Esta parte del argumento es la que creo que me resulta más difícil. No ayuda que Latour prefiere no poner ejemplos. El argumento en realidad se desarrolla en bastante detalle en un libro anterior (1993) We Have Never Been Modern.

Capítulo 2:

Una vez dejada a un lado la naturaleza, surge otra pregunta –¿cómo reunir al colectivo? (p. 53)– que será el heredero de la vieja naturaleza y la vieja sociedad. No podemos simplemente reunir objetos* y sujetos*, pues la división entre naturaleza y sociedad no está hecha de tal manera que podamos ir más allá. Para escapar a estas dificultades para componer el colectivo (p. 67), tenemos que considerar que el colectivo está hecho de humanos y no humanos susceptibles de ser sentados [being seated] como ciudadanos, siempre que procedamos a un nuevo reparto [apportionment] de capacidades. La primera clase de división consiste en redistribuir la palabra [el habla, speech] entre humanos y no humanos, a la vez que aprendemos a ser escépticos respecto de todo tipo de portavoces (p. 62)– de aquellos que representan a humanos así como de los que representan a no humanos. El segundo reparto consiste en redistribuir la capacidad de actuar como actor social , mientras que consideramos solamente asociaciones de humanos y no humanos (p. 70). Es en estas asociaciones y no en la naturaleza en lo que tiene que centrarse la ecología. Esto no significa que los ciudadanos del colectivo pertenezcan al mundo del lenguaje o al mundo de lo social [y no al mundo de la real], pues, por medio de un tercer reparto, los sectores también son definidos por su realidad y recalcitrancia [carácter recalcitrante, persistencia, permanencia, terquedad] (p. 77). El conjunto de los tres repartos nos permite definir el colectivo en tanto que compuesto por proposiciones*.

Para convocar al colectivo ya no tenemos que interesarnos en la naturaleza y la sociedad sino solamente en saber si las proposiciones que lo componen están mejor o peor articuladas (p. 82). El colectivo según llegue a ser finalmente reunido permitirá una vuelta a la paz civil (p. 87), al redefinir la política como la composición progresista de un mundo común*.

La nueva forma de gobierno que propone Latour tendría como aspecto principal la incorporación como actores sociales de las asociaciones de humanos y no humanos; uno diría, que los sistemas socioténicos. De nuevo si pensamos en Internet o en las finanzas globales, dos de las fuerzas más potentes de la contemporaneidad, vemos que se trata de este tipo de asociaciones entre humanos y máquinas en este caso. Latour propone unos nuevos repartos para hacer esto posible: de la palabra, del reconocimiento en la acción, de la persistencia.

A estas nuevas formaciones Latour las llama «colectivos», de haber recolectado diferentes cosas que ahora veremos. Y lo que se reúne en el colectivo, que me parece otro punto clave, no son esencias, sino más sencillamente proposiciones, las proposiciones que articulan los elementos que componen las asociaciones…

Capítulo 3:

¿No iremos a encontrar en el colectivo la misma confusión a la que nos enfrentábamos con la abandonada noción de naturaleza? –esto es, una unificación demasiado prematura. En orden a evitar este riesgo vamos a perseguir una nueva separación de poderes (p. 91) que hará posible la rediferenciación del colectivo. Es imposible, por supuesto, volver a la vieja separación entre hechos [facts] y valores, pues esa separación sólo tiene desventajas, aunque parezca indispensable para el orden público. Hablar de hechos [facts] supone mezclar una moralidad [moral] que es impotente frente a los hechos establecidos con una jerarquía de prioridades que carece ya del derecho de eliminar hecho alguno. [Esa vieja separación] paraliza tanto a las ciencias como a la moralidad.

Restauramos el orden en estas asambleas si distinguimos otros dos poderes: el poder de tener en cuenta [tener en consideración] y el poder de poner en orden (p. 102). El primer poder retendrá de los hechos el requerimiento de la perplejidad*, y de los valores el requerimiento de la consulta*. El segundo [poder] recuperará de los hechos el requerimiento de la jerarquía*, y de los valores el requerimiento de la institución*. En lugar de la distinción imposible entre hechos y valores tendremos dos poderes de representación del colectivo (p. 108) que son a la vez distintos y complementarios. Aunque la relación hechos-valores parecía que nos daba seguridad, no nos permitía mantener las garantías esenciales (p. 116) que la nueva Constitución requiere mediante la invención de un estado de derecho [State of law] para las proposiciones. El colectivo ya no se construye a sí mismo como una sociedad dentro de una única naturaleza, sino que crea una nueva exterioridad (p. 121), definida como la totalidad de todo lo que ha excluido mediante el poder de poner en orden y que obliga al poder de tener en cuenta a volver al trabajo. La dinámica de la composición progresiva del mundo común difiere tanto de la política de los humanos como de la naturaleza bajo la vieja Constitución.

La Constitución o el parlamento se reorganiza para trabajar con proposiciones y construir el colectivo. Se organiza en dos casas o cámaras, la primera encargada del poder de tener en cuenta: quién estará incluido en el colectivo – por ejemplo, los árboles urbanos? La segunda es la encargada de poner en orden: a partir del trabajo de la primera, ¿qué quiere ser tenido en cuenta? o ¿qué debe o puede ser tenido en cuenta? – ¿qué jerarquía se establece? – es más importante la seguridad o la belleza, los turistas o la vida no humana?

Capítulo 4:

Ahora se hace posible definir las habilidades [skills] del colectivo (p. 128), siempre que previamente evitemos las disputas entre las dos «ecociencias» que nos harían confundir la ecología política con la economía política. Si la economía se presenta a sí misma como el sumatorio del colectivo, ésta usurparía las funciones de la ecología política y paralizaría simultáneamente las ciencias, la moralidad y la política, al imponer una tercera forma de naturalización. Pero una vez vaciada de sus pretensiones políticas, se convierte en un colectivo indispensable para el funcionamiento de la nueva Constitución, y cada uno de sus miembros, a través de la mediación de las habilidades individuales, una contribución individual al amueblamiento [furnishing] de las casas (p- 136). La contribución de las ciencias (p. 137) será mucho mayor que la [antigua] contribución de la Ciencia, puesto que soportará [bear] todas las funciones a la vez: perplejidad, consulta, jerarquía e institución, a las que tenemos que añadir el mantenimiento de la separación de poderes y la escenificación [representación] del conjunto*. La gran diferencia es que la contribución de los políticos (p. 143) se soportará también en las mismas seis tareas, permitiendo así una sinergia que era antes imposible, cuando la Ciencia se ocupaba de la naturaleza y la política de los intereses. Estas funciones se harán aún más realizables al añadirse las contribuciones de los economistas (p. 150) y las de los moralistas (p. 154), para definir un solar de construcción común (p. 161) que tomará el lugar del imposible cuerpo político del pasado.

Gracias a esta nueva organización las dinámicas del colectivo se está haciendo cada vez más clara. Se sostiene sobre el trabajo de las dos casas (p. 164), de las que la casa alta representa el poder de tener en cuenta, y la otra, la casa baja, representa el poder de organizar en orden de rango. La recepción en la casa alta (p. 166) no tiene nada que ver con el viejo triaje entre naturaleza y sociedad: se basa en dos investigaciones, la primera llevada a cabo para satisfacer el requerimiento de la perplejidad, y la otra para satisfacer el requerimiento de consulta. Si esta primera asamblea ha hecho un buen trabajo, hará la recepción por parte de la casa baja (p.172) mucho más difícil porque cada proposición habrá llegado a ser inconmensurable con el mundo común ya recolectado [collected, reunido]. Y aún así es aquí donde la investigación sobre las jerarquías* que son compatibles entre ellas debe empezar, junto con la investigación sobre la designación del enemigo* cuya exclusión será instituida por la casa baja mediante un procedimiento explícito. Esta sucesión de etapas hace posible definir una casa común (p. 180), un estado de derecho en la recepción de las proposiciones, que finalmente hacen que las ciencias sean compatibles con la democracia.

Esta nueva forma de organización política necesitará de nuevas habilidades. Ningún grupo -los científicos, los políticos, los economistas…- dominará al resto. Todos tendrán cosas que aportar. Me llama la atención cómo las diferentes tareas y funciones de la nueva Constitución se basarían para Latour en trabajos de investigación.

Capítulo 5:

Un colectivo cuyas dinámicas han sido redefinidas según lo visto ya no se encuentra a sí mismo enfrentado a la alternativas entre una única naturaleza y múltiples culturas. Tendrá así que reabrir la cuestión del número de colectivos mediante la exploración de mundos comunes (p. 184). Pero sólo puede empezar esta exploración si abandona la definición de progreso. Hay, en efecto, no una sino dos flechas del tiempo (p. 188); la primera, moderna, va hacia una cada vez mayor separación entre objetividad y subjetividad, y la otra, no moderna, va hacia asociaciones [attachments] cada vez más intrincadas. Sólo la segunda hace posible definir el colectivo por su curva de aprendizaje (p. 194) – siempre que añadamos a los dos poderes precedentes un tercer poder, el poder del seguimiento de los procesos [the power to follow up] que nos trae de manera renovada la cuestión del Estado (p. 200). El Estado de la ecología política está aún por inventar, puesto que ya no está basado en ninguna trascendencia sino en la cualidad del seguimiento del experimento colectivo. Es de esta cualidad, del arte de gobernar sin dominación [mastery], que dependerá la civilización capaz de poner fin al estado de guerra. Pero para hacer posible la paz, aún necesitaremos del ejercicio de la diplomacia (p. 209). El diplomático renueva el contacto con los otros, pero habiendo dejado de usar la división entre mononaturalismo y multiculturalismo*. El éxito de la diplomacia determinará que las ciencias estén en guerra o en paz (p. 217).

La negociación con el exterior del Colectivo, aquellos que la casa baja decide dejar fuera, será permanentemente revisable. Esta exclusión se hace de manera formal y de no manera más o menos subrepticia como ocurría en la Modernidad. Para el seguimiento del proceso progresivo de un buen mundo común, una quinta categoría de personajes es necesaria: los diplomáticos.

Conclusión:

a) Puesto que la política siempre ha sido conducida bajo el auspicio de la naturaleza, nunca habíamos dejado atrás el estado de naturaleza, y el Leviatán sigue pendiente de ser construido.

b) Un primer estilo de ecología política creía que estaba innovando al introducir la naturaleza en la política, cuando en efecto sólo estaba exacerbando la parálisis de la política causada por la vieja naturaleza.

c) Para dar nuevo significado a la ecología política, tenemos que abandonar la Ciencia en beneficio de las ciencias concebidas como maneras de socializar a los no humanos, y tenemos que abandonar la política de la Caverna en beneficio de una política definida por la progresiva [progressive] composición de un buen mundo común*.

d) Todas las instituciones que permiten esta nueva ecología política existen ya en forma tentativa en la realidad contemporánea, incluso si esta existencia nos obliga a redefinir las posiciones de derecha e izquierda.

e) A la famosa pregunta del «¿Qué hacer?» sólo hay una respuesta: «¡Ecología política!» (p.221) – con la condición de que modifiquemos el significado del término incorporándole la metafísica experimental* para que esté a la altura de las nuevas ambiciones.

De estas conclusiones, la que más me gusta es la que estas configuraciones ya existen, aunque sea informalmente. Pensaba que el caso de la controversia por la tala del ficus centenario de Triana (Sevilla), anticipaba este tipo de Constitución que reúne a humanos y no humanos sobre la que escribe Latour.

Al final los comentarios quizás resulten algo pobres. Profundizar más en la lectura latouriana de este asunto parece que sería un trabajo mucho más prolijo, que habrá que esperar para poder abordar en otra ocasión. ¡Salud y árboles urbanos bien cuidados! ¿Y gracias a los múltiples activistas que se vienen movilizando en Sevilla por estas cuestiones!

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«The Dawn of Everything» –de Graeber & Wengrow– unas notas urgentes tras acabar la lectura

Imagen: Wengrow (izq.) y Graeber, collage publicado en el sitio web occupy.com: https://www.occupy.com/article/dawn-everything-graeber-and-wengrow-place-imagination-center-humanity-s-journey

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Reseña de José Pérez de Lama

Referencia bibliográfica: David Graeber & David Wengrow, 2021, The Dawn of Everything. A New History of Humanity, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York

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Para el próximo martes 22 de marzo de 2022, de 17:30 a 19:30 h [lo trasladamos del 15 inicialmente programado] hemos convocado una conversación sobre el libro en la que de salida creo que intervendremos Marcos García, Alberto Corsín y yo mismo, y a la que estáis todxs invitadxs. Próximamente espero que podamos anunciar los detalles de la convocatoria.

En enlace para acceder a la conversación en la fecha indicada es éste: https://zoom.us/j/98899781825

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Ayer terminé de leer The Dawn of Everything, como muchxs sabréis, es el último libro de David Graeber, publicado ya póstumanente – con su amigo David Wengrow –hace unos pocos meses. Uno es muy fan de Graeber, un pensador provocador, divertido y de la estirpe de Kropotkin, Murray Bookchin y algunos otros también preferidos. Para los que no estén familiarizados, Graeber fue uno de los animadores del movimiento Occupy – el equivalente neoyorkino de las Primaveras Árabes y el 15M-Esp. Ya antes había escrito un libro muy interesante y de gran éxito, sobre el dinero en tanto que construcción social, titulado en castellano, La deuda. Los 5.000 primeros años. Publicado al hilo de la crisis financiera que estalló en 2007 y que quizás aún no hayamos superado. Después escribió un par de libros más sobre lo que él mismo había bautizado como bullshit jobs, idea que a mí me afectó profundísimamente… [1]

Con Dawn parece que los dos David se propusieron algo parecido a lo que Graeber había llevado a cabo en Debt, pero enfocado ahora sobre la historia del Estado y de las relaciones de dominación, desigualdad y violencia que el discurso hegemónico pretende consustanciales al mundo contemporáneo. Graeber y Wengrow se proponen demostrar que estos son mitos interesados, que han contribuido históricamente a sostener el orden occidental, colonial y patriarcal. Creo que lo consiguen demostrar, y la hipótesis posiblemente sea bastante más fina de lo que yo he expresado.

Desbancar el mito del buen salvaje

Los mitos fundacionales serían el de Rousseau, en principio más progresista, y el de Hobbes, más reaccionario. Se parecen ambos al mito judeo-cristiano del paraíso y su pérdida, diría. Rousseau en el que termina centrándose Dawn, suponía la existencia de un «buen salvaje», inocente, que quizá, dice algún crítico actual – espantando a los autores – se parecería mucho en su estar en el mundo a nuestros parientes próximos los primates. Unos buenos salvajes que con la aparición de la agricultura, las ciudades y los estados perderían su condición de felicidad inocente y tendrían que pasara a vivir sometidos a reyes o gobernantes y guerras periódicas, a cambio de poder disfrutar de los avances de la cultura y la civilización. Y ese sería el mito de desbancar: sería falso este pretendido intercambio de progreso y bienestar a cambio de aceptar dominación, desigualdad y la amenaza de la violencia. Tan actual hoy con la nueva versión del complejo tecnológico-financiero-militar… Habría que decir, no obstante, que Graeber y Wengrow no caen en ningún tipo de actitud «conspiranoica» ni nada del estilo… Eso me parece.

El mundo es algo que hacemos…

Uno de los más célebres axiomas o eslóganes de Graeber ayuda a entender sus planteamientos, traduzco un poco libremente: «la verdad definitiva, y escondida, es que el mundo es algo que hacemos y que por tanto podríamos hacer de otro modo».[2] Y el método consiste en demostrar eso, como me parece recordar que también hacía en Debt – y como leía recientemente en su prólogo a la edición por el 50 aniversario del libro de su profesor Marshall Sahlins, Stone Age Economics, que tan presente me parece que está en Dawn.

Graeber y Wengrow multiplican los casos de estudio arqueológicos y antropológicos, basándose en trabajos de las últimas décadas que según nos cuentan cuestionan radicalmente las grandes narrativas el origen del Estado, de las «desigualdades», de las sucesivas revoluciones – agrícola, urbana, de la aparición del Estado, con mayúsculas, incluso como sabemos que se escribe formalmente. Los argumentos son prolijos y los casos numerosos, lo que hace que a lectores como yo, no demasiado familiarizados con este tipo de literatura, se nos haga a veces algo difícil de seguir, más por lo aburrido que por lo conceptualmente difícil – a uno quizás le gusta más el vértigo de los conceptos o de las emociones que la lentitud de las descripciones algo repetitivas que son necesarias cuando se trata de demostrar precisamente eso que son norma más que excepción. Aún así, la cosa, siendo el equipo Graeber, no deja de estar puntuada por momentos deslumbrantes, incluso de ocasionales carcajadas.

Una ciencia ficción retrospectiva

Esto del método arqueológico, – y en parte también el antropológico – que a partir de huellas muy parciales tiene que reconstruir mundos, me ha llamado la atención, recordándome mucho a la ciencia ficción, como si fuera una especie de ciencia ficción retrospectiva, que a la vez, extrañamente, se proyecta sobre el presente y hacia el futuro.

Una de las ideas más deslumbrantes de esta «ficción retrospectiva» es la de que las discusiones sobre libertad e igualdad de la Ilustración en Europa estuvieron muy influenciadas por las noticias e historias que llegaban de los encuentros con los nativos americanos. Y ya sabemos cual fue el siguiente episodio, «libertad, igualdad y fraternidad». Estos indígenas, defienden muy bien los autores recurriendo a múltiples y variadas fuentes históricas no eran los inocentes «buenos salvajes» que se quiso imaginar, sino pueblos acostumbrados a pensar filosófica y políticamente sobre cómo organizar sus sociedades, sobre las libertades, sobre cómo evitar las concentraciones de poder, sobre el autogobierno, etc. Esta parte del libro es fascinante, y las análisis a mi me resultan de gran verosimilitud. La reacción a esta ilustración indígena y a su recepción por parte de una parte de la intelectualidad europea que describen los autores también es de gran interés, y es la que daría forma duradera a los mitos que Graeber y Wengrow se proponen deconstruir. Hablaba estos días con Pablo DeSoto, que está familiarizado con el pensamiento reciente brasileño, sobre figuras como Viveiros de Castro, Arturo Escobar o Ailton Crenak – y muchxs otrxs – que representan ahora este reencuentro con las culturas indígenas, ya no como «buenos salvajes», sino de una manera mucha más parecida a la que describen Graeber y Wengrow en diversas situaciones en los siglos XVII y XVIII.

La pregunta equivocada por el origen de la desigualdad

Graeber y Wengrow proponen que preguntarse por el origen de la desigualdad es una pregunta equivocada, porque en cierto modo supone asumir que la desigualdad es parte necesaria de nuestro mundo. La pregunta que ellos plantean en su lugar tiene relación con tres libertades, como son, 1/ la libertad de irnos de un lugar en que no nos encontramos bien; 2/ la libertad de desobedecer las órdenes que puedan impartirse en las comunidades de las que formamos parte; y 3/ la libertad de experimentar con las relaciones sociales. En aquellas situaciones en que se han construido estas libertades, dicen, es en las que se dieron sociedades «igualitarias» – nos es más fácil imaginar estas libertades en los mundos antiguos, más «vacíos» y relativamente más abundantes, quizás, que los actuales. Y lo que demuestran en este sentido los autores es que efectivamente se han dado muchas situaciones en la historia de la humanidad en que han existido sociedades que disfrutaban razonablemente de estas libertades. Y que esto no sólo fue en los períodos originarios de las pequeñas bandas de cazadores-recolectores; sino en muchos otros momentos históricas, más tempranos y más tardíos – la idea de una evolución social consistente y progresiva, no es cierta, nos dicen Graeber y Wengrow –, y en muy diferentes partes del mundo: Medio Oriente, Norte, Centro y Sur América, diversas partes de Asia y de África… ciertas zonas de la actual Europa, incluso. Y más importante: la existencia de esta multiplicidad de casos que no encajan en los esquemas narrativos que solemos asumir, según parecen demostrar los autores, era principalmente el resultado de la producción intencionada, consciente y reflexiva de las sociedades que se auto-construían a sí mismas según sus aspiraciones e ideales; o también a veces, por el rechazo a otros modelos conocidos o experimentados.

Desbancar el mito del Estado como necesidad histórica

La segunda parte del libro se centra en lo que podríamos llamar la cara contraria de las «sociedades igualitarias»: ¿cómo se torció aquello?, se preguntan los autores, ¿qué ocurrió para que en la actualidad se hayan impuesto los estados como algo que damos por supuesto, con sus relaciones de dominación, respaldadas por la amenaza, nunca demasiado lejana, de la violencia? ¿Y que las «sociedades igualitarias» nos parezcan un sueño imposible más allá de los pequeños grupos de afines?

Los autores argumentan que la actual percepción de los estados como resultado evolutivo necesario es un segundo mito que es necesario desmontar. Para tratar de hacerlo, proponen hacer el experimento de pensar la historia de las formaciones sociales suponiendo la emergencia que la emergencia de los estados se produce como composición de tres principios independientes: 1/ el de la soberanía basada en la violencia; 2/ el del control del conocimiento que suele declinarse como burocracia en tanto conjunto de técnicas de de gobierno; y 3/ el del liderazgo y la autoridad carismática (de la que participaría la competencia política contemporánea). El método con el que pretenden explicar que el Estado no es el destino natural, necesario que se presume, sino una composición coyuntural de diferentes elementos que podrían componerse de diferentes maneras, es constatar cómo a lo largo de la historia estas composiciones fueron efectivamente diferentes, y que lo que se tiende a presuponer como la historia cuasi-sagrada del origen de este Estado con mayúsculas puede muy bien interpretarse de otras maneras. Como ocurría con la sociedades igualitarias, los proto-estados, reinos o imperios, convivieron y se sucedieron históricamente con ciudades libres, federaciones de pueblos, «anfictíones» – eso os lo dejo que lo busquéis en el diccionario o enciclopedia. Más bien al contrario del destino único, el panorama que nos ofrecen Graeber y Wengrow es el de una gran diversidad y variabilidad, y el de una extraordinaria capacidad de inventar y experimentar con diferentes formas de vida en común. Un panorama que invita al optimismo, aunque sea un optimismo moderado y escéptico.

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No todo en las redes son elogios

Además de elogios, el libro también viene recibiendo bastantes críticas. Algunas he leído. Una de las más evidentes es la que puede hacerse a una nueva historia universal, que no puede sino ser algo muy general, una selección muy reducida de ejemplos que se pretenden representativos, algo de una cierta «brocha gorda»… Ya no nos creíamos estas cosas. O ya no las leemos, al menos en ciertos ámbitos. Explican lo autores que lo saben, pero que aún así el imaginario colectivo y el político está dominado por esas otras narraciones míticas que sí que plantean grandes narraciones – y parecen estar algo preocupados con la proyección de personajes como Yuval Noah Hariri o Jared Diamond – y estiman que es necesario, cuestionar y desbancar estos discursos tan al servicio de la confirmación de la realidades hoy dominantes.

Cada cual, como es normal, hace críticas en su ámbito de interés o mayor conocimiento. En este sentido, como aficionado a Foucault, no dejaba de pensar en lo esquemático de la teoría del poder del libro. Aunque entiendo que éste es posible definirlo y analizarlo a múltiples escalas de aproximació o niveles, por lo que el thought experiment de los tres elementos de que se compondría el estado no deja de parecerme interesante. Uno que se considera «composicionista» ha usado en alguna ocasión el método propuesto por Graeber y Wengrow para cuestionar el carácter monolítico del estado — por ejemplo para intentar repensar las relaciones entre globalización, capitalismo financiero y tecnologías digitales: aquello era precisamente una de las hipótesis clave del «proyecto de hackitetcura» al que dediqué bastantes años. Y de algún otro.

Un boceto de 526 páginas

Por otra parte, si comparamos Dawn con las típicas obras superproducidas de la academia actual, en particular la estadounidense, tan cerradas, tan apabullantes, me parece como un boceto, una obra muy abierta, algo fragmentaria, en la que se esbozan, efectivamente, ideas, hipótesis, sin que se lleguen a desarrollar completamente. Algo que veo como una virtud, en cuanto que invita a lxs lectores a hacerse preguntas, – mejores preguntas de las que se hacían  insisten los autores – , a no creernos las historias heredadas… Esto carácter de boceto se observa bien en la hipótesis que se enuncia a diez páginas del final, – aunque ya se ha ido mencionando a lo largo del libro – dejándola como una pregunta flotando en el aire.  Graeber y Wengrow nos cuentan que esta pregunta que parece inquietarlos se inspira en el pensador judío de entreguerras Franz Steiner y aquí no me puedo resistir a recordar el dramático final de su vida: dos días después de que Iris Murdoch, la escritora, aceptara su propuesta de matrimonio Steiner murió de un infarto al corazón, a los cuarenta y tres años de edad. Y la hipótesis lanzada al aire en la últimas páginas no es baladí: propone que el domino actual de la forma estado pudiera estar relacionado con el vínculo entre violencia y cuidados; cuidados – como el que ciertas autoridades antiguas daban a las viudas y los huérfanos, o a los prisioneros de guerra, y que fácilmente se traducía en dominio despótico – o se intuye sin demasiada perspicacia, como el cuidado que nos otorgaban a sus ciudadanos las modernas sociedades del bienestar… Disculpen lxs lectores estas últimas líneas que tal vez hayan sido una digresión desproporcionada…

Escribir con prisa

El carácter boceto, las ideas deslumbrantes que deja como regalos para que lxs lectorxs nos quedemos rumiándolas, las historias que se multiplican, pareciera, a veces, que con una cierta superficialidad, las exclusiones para algunos tremebundas, los saltos mortales de unos temas a otros… Me hacían pensar que Graeber escribía con una cierta prisa, que sabía – como a veces sabemos todos – que no le quedaba tanto tiempo, y que era importante dejar por escrito todas estas ideas… Y como sabemos bien sus seguidores, resultó que murió de repente, no tan joven como Steiner, pero sí bastante joven, a los cincuenta y nuevo, el pasado 2020, pocas semanas de dar el libro por terminado. El libro me parece un hermoso testamento intelectual que nos dejó David Graeber. Sirvan estas líneas también un poco más rápidas de lo que quizás convendría, como un nuevo modesto homenaje al autor querido. Enhorabuena y agradecimiento también por tan sugerente trabajo a su colega David Wengrow.

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Posdata: Sobre los rituales como laboratorios sociales

Un tema relativamente lateral que me interesó mucho es el de la aproximación que hacen los autores a la cuestión de los rituales en las culturas antiguas. Quizás los rtiuales y el juego. Proponen que en ocasiones tenían una importante dimensión de experimentación de otras formas de relación social, de otras maneras de hacer mundo. Aunque el tema creo que atraviesa el libro en su conjunto, lo presentan en las páginas 116-117: «Los momentos rituales verdaderamente potentes son los de caos colectivo, efervescencia, ritos de paso («liminalidad») o juego creativo, de los cuales pueden surgir nuevas formas sociales […] permiten a la gente imaginar que otras composiciones y distribuciones son posibles  […] fomentando la auto-conciencia política […] como laboratorios de posibilidades sociales». Tengo que repasarlo y quizás pueda hacerlo con algunos amigos que vienen pensando y experimentando con estas cuestiones.

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Referencias

David Graeber & David Wengrow, 2021, The Dawn of Everything. A New History of Humanity, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York

Es de destacar un artículo de 2018 donde los autores avanzaban sus ideas: es una buena introducción al libro. Hay traducciones de este texto a varios idiomas, pero no al Esp: igual podíamos montar un equipo colaborativo y hacerla, ¿alguien sea anima?

David Graeber y David Wengrow, 2018, How to change the course of human history (at least, the part that’s already happened), disponible en: https://www.eurozine.com/change-course-human-history/ | accedido 12/02/2022

Wengrow con motivo de la COP26:

David Wengrow, 31/10/2021, Humanity is not trapped in a deadly game with the Earth – there are ways out, en: https://www.theguardian.com/commentisfree/2021/oct/31/man-not-trapped-in-deadly-game-with-earth-there-are-ways-out | accedido 12/02/2022

Y estas dos reseñas que me gustaron en su momento y me animaron a leer el libro:

William Deresiewicz, 18/10/2021, Human History Gets a Rewrite. A brilliant new account upends bedrock assumptions about 30,000 years of change, en: https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2021/11/graeber-wengrow-dawn-of-everything-history-humanity/620177/ | accedido 12/02/2022

David Priestland, 23/10/2020, The Dawn of Everything by David Graeber and David Wengrow review – inequality is not the price of civilisation, en: https://www.theguardian.com/books/2021/oct/23/the-dawn-of-everything-by-david-graeber-and-david-wengrow-review-inequality-is-not-the-price-of-civilisation | accedido 12/02/2022

Carta al rey mago Subirats (ministro de Universidades)

Imagen: Escena en clase de Análisis de Formas Arquitectónicas en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura Universidad de Sevilla curso 1998/99. Fotografía de Daniel Espada. Era «mi clase con Antonio Sáseta», y pesar de los años pasados recuerdo bien a casi todxs lxs que están en la foto, e identifico a tres compas que ahora son doctorxs.

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José Pérez de Lama, 24/12/2021, Sevilla

Con tres o cuatro años mi padre me dijo que los Reyes Magos eran mi madre. Y es que era partidario de tratar de decir la verdad siempre y pensaba que se empezaba con la educación y las relaciones entre p/madres e hijos. Aquello le dio un disgusto importante a mi madre, entonces con veintisiete o veintiocho años, bastante más «monarco-maguista» y romántica que mi padre. En fin que, como consecuencia de aquello lo de los «Reyes» me lo tomo con discreto entusiasmo y tibia fe. Además tengo la sospecha de que el ministro tampoco debe creer demasiado en los reyes. Pero aún así usaré la fórmula para proponerle algunas cosas: al ministro y a su equipo. Y aprovecho de camino para desearles suerte: entre otras razones ¡porque su buena fortuna en este trabajo será la de todxs!
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Breve sobre el ministro saliente

El ministro Castells piensa uno que hizo más de lo que quieren hacer ver ciertos comentaristas:  recuperó significativamente las becas, y redujo las tasas a los estudiantes (y sus familias), y acometió el tema de los contratos precarios, lo más visible aquí el caso de los llamados «falsos asociados»: más o menos, el uso de personal temporal para tareas que no lo son – no se con exactitud , sin embargo, cuánto se avanzó en este sentido. También planteó la recuperación de las llamadas «tasas de reposición» del 100% o incluso el 110%, es decir, que por cada profesor(a) que se jubile las universidades puedan contratar otro profesor nuevo, o incluso 1.1 profesores nuevos 🙂 – se me entenderá, espero. Viniendo de donde veníamos son cosas de gran importancia.

Personalmente pienso que su discreción con los medios de comunicación, aunque de nuevo criticada como ausencia, fue un excelente ejemplo. Hablar cuando se tienen cosas que decir.

En contra de la gestión del ministro saliente, en mi superficial y personal valoración, estaría que siguió sin plantear una crítica clara a los modelos del «capitalismo cognitivo» para el sistema científico-tecnológico, inspirado en las grandes universidades anglo-norteamericanas, que España/ Europa parece que viene tratando de emular al menos desde principios del siglo XXI.

Expuesto este somerísimo comentario, paso a hacer tres propuestas al nuevo ministro, a quien tuve ocasión de saludar una vez en Barcelona, en la presentación del libro de un colega común al inicio del ciclo municipalista.
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Universidades y emergencia climática

La primera de las propuestas tiene que ver con la emergencia climática y la transición verde. Uno es de los que cree, con el IPCC y buena parte de la comunidad científica global, que se trata de una verdadera emergencia para la civilización y la biosfera tal como las hemos conocido en los últimos 20 o 30 siglos. La propuesta sería, entonces, que el sistema universitario, y las universidades se plantearan esta cuestión como una prioridad para los próximos 25-30 años (los horizontes 2030 y 2050): para la reforma de sus instalaciones, que se convertirían así en prototipos-ejemplos de edificios-ciudades de «carbono-cero» y demás.  El conocimiento, — público, importante subrayar esto –, generado en estos procesos, piensa uno que además contribuiría a una cierta prosperidad y a la necesaria reconversión de la economía y el sistema productivo «Esp».

Esto se puede desarrollar mucho, y algo he escrito ya en este blog (ver referencias al final). Citaré hoy dos ejemplos que creo que son ilustrativos: con motivo de la reciente COP26 se difundió la noticia de un sistema público escolar en EEUU que ha construido un sistema propio de producción energética renovable, dando lugar a importantes ahorros, que se gastaron en mejorar la docencia, el sueldo del profesorado y cosas así. [Climatewire, 2020 y otros]. leo estos días que Amazon, el fenómeno empresarial global, tiene instalada en España una potencia de 1.15 GW de energía solar para abastecer sus propias instalaciones. Para hacernos una idea, 1.15 GW de potencia de energía solar sería suficiente para abastecer de energía una provincia mediana-pequeña de nuestro país (entre 200.000 y 1.000.000 de viviendas, leo aunque diría que 1.000.000 es una cantidad muy exagerada) [ver referencias: Amazon 2021; Yu 2021]. Como en el caso de Google, que estudiábamos en otra ocasión, que también construye plantas de energías renovables para el autoconsumo de sus propias instalaciones, el ejemplo hace pensar que se trata de una iniciativa de interés, y no solo la ocurrencia de un «arbitrista» aburrido.

Sobre este tema puede verse una propuesta con mis estudiantes de 2017 para la Universidad de Sevilla recogida en este mismo blog [ver en sección de referencias al final: Pérez de Lama, 2017 & 2017b].

Universidades y transición digital

La segunda de las propuestas tiene que ver con lo que se viene llamando «transición digital». Ya he argumentado sobre esto anteriormente en este mismo blog en diversas ocasiones [Pérez de Lama 2020; 2015], pero me permito reiterarlo. La transición digital en las universidades, como en el caso anterior, se debería plantear, a mi modesto juicio, como una ocasión para avanzar en la soberanía tecno-científica [Padilla, 2020]: a nivel conocimiento, desarrollo tecnológico, infraestructuras, de la creación de lo que alguno llamaría una ecología de las prácticas, que no nos haga totalmente dependientes de los actuales productores de estas tecnologías: EEUU, quizás próximamente China, tal como ocurrió, y sigue ocurriendo, durante la etapa del petróleo y las energías fósiles, por ejemplo. La última vez que estudié estos datos (2017), durante otra etapa de precios altos del petróleo y el gas, el gasto en importación energética se situaba en torno a los 50.000 millones, cantidad que era del mismo orden que los ingresos por la industria turística. Básicamente, desde una perspectiva macro, estábamos depredando nuestros territorios y ciudades, generando empleo basura, para poder pagar la energía. Este comentario conecta con el punto anterior, por cierto.

La propuesta general aquí sería emplear a los investigadores de la decena larga de escuelas de Ingeniería Informática del sistema universitario español, y otras relacionadas, quizás en alianza con socios europeos u otros, para desarrollar tecnologías e infraestructuras propias. Complementariamente también se podría pensar en  crear o reforzar una especie de nuevo CSIC centrado en estas cuestiones, una RedIRIS ampliada, o lo que corresponda. Aparte de las estrecha relación entre los sectores público y privado en los EEUU, algunos ejemplos que estimo de interés en este sentido, son los del mítico proyecto Cybersyn en el Chile de Allende [Medina, 2011], que algunos conocerán, o más modestamente, quizás, el de la Sociedad del Conocimiento y las redes públicas en Extremadura, con financiación europea, durante la década 1995-2005 (fechas aproximadas) [Pérez de Lama, 2006: pp. 26-31].

Y en este sentido, la propuesta también sería la de crear una red de «eco-media-fab labs» – laboratorios digitales, en las diferentes universidades, en donde experimentar, investigar, etc. con estas tecnologías — redes de laboratorios abiertos, en la tradición del mítico Medialab de MIT de hace ya csi 40 años, o de la más reciente red de fab labs [1]. Tenemos en este sentido las sugerencias de Mariana Mazzucato sobre el papel de lo público en la tecnociencia y la innovación [Mazzucato, 2013; véase también, Patiño, 2018]. Las propuestas del movimiento del conocimiento libre, los commons intelectuales, sobre las que releía estos días en el importante libro de Kate Raworth, Doughnut Economics [2017: pp. 165-167]… Los debates sobre lo que algunos vienen llamando General Intellect o inteligencia general como nueva clave de la producción de valor en las sociedades tecnocientíficas… [Mason, 2015; véase también en este blog: Pérez de Lama, 2018]. Tantas cosas.

Estos labs o laboratorios o talleres podrían desarrollarse conjuntamente con las ciudades o comunidades autónomas, y funcionar como lo que Juan Freire en alguna ocasión llamó «laboratorios abiertos», siendo lugares de colaboración entre universitarios y jóvenes profesionales, que una vez titulados tienen dificultades para aportar su energía y sus saberes al mundo universitario — o viceversa –  y con el tejido productivo y creativo emergente, más en general.

Por último en este área, plantearía no hacer lo que vengo llamando «segunda digitalización de las universidades españolas» tan solo mediante un proceso de arriba-abajo sino hacerlo simultáneamente con una organización de abajo-arriba, o desde el medio hacia arriba y abajo, organizando en red las decenas o cientos de iniciativas de equipos, profesores, estudiantes y PAS para compartirlas y generar ecosistemas tecnológicos, ricos, diversos y democráticos. Algún proyecto del Medialab UGR (Universidad de Granada) que me comentó recientemente por Esteban Romero, su director, o «Frena la curva», el movimiento coordinado desde Zaragoza como respuesta colectiva y bottom-up a a las situaciones generadas por la pandemia de COVID, son ejemplos de mucho interés a este respecto.

La Universidad y el capitalismo cognitivo

La tercera propuesta tiene que ver con la Universidad y la hegemonía del «capitalismo cognitivo» construida durante las últimas décadas. Me invitaron hace unas semanas a dar una charla en una de las escuelas de Arquitectura de Chile, en el marco de una reflexión sobre el posible futuro de la Universidad en el nuevo proceso constitucional, y propuse entonces a los asistentes que se considerara críticamente el modelo anglo-norteamericano, el de sus grandes universidades, cada vez más hegemónico. Algunas cosas buenas y admirables tendrá, no cabe duda, pero también muchas no tan buenas. Señalar, quizás que, si bien brevemente, estudié y he investigado en algunas de estas universidades muy destacadas.

Esto que muchos llamamos «capitalismo cognitivo», en relación con las universidades y a trazos bastante gruesos, se puede concretar en concebir la ciencia y la tecnología, y la ínclita innovación, antes que nada, como «productos» – o en términos más antiguos y técnicos, «mercancías». Y en la aspiración general de transformar  las universidades en pseudo-empresas, y a los universitarios en lo que algunos vienen llamando desde ya hace tiempo «empresarios de sí mismos». La vida universitaria convertida en una rat-race (una «carrera de ratas» que dicen los angloparlantes con ironía), el profesorado como «hacedor de papers», y a la vez, aunque parezca contradictorio, la proliferación de los «bullshit jobs» de David Graeber para tener a la peña ocupada y distraída, cuando no están con los papers. La transformación de la figura de los/as profesores e investigadores universitarios desde hace 20 años ha sido rotunda, pero no es éste el lugar de desarrollarla. Algunas tendencias podrían ser lo que vengo llamando un «nuevo academicismo», y quizás contradictoriamente, la tendencia, debida a la excesiva especialización y la hiperactividad que se les exige, a una cierta «analfabetización» del profesorado: que cada vez son más gente que lee poco más que artículos científicos y medios de comunicación — y ve series, eso sí. Este análisis con sus múltiples versiones será bien conocido para aquellos/as que se hayan interesado por el asunto. De entre mis aproximaciones preferidas: la de alguien tan importante, para algunos como yo, como es Isabelle Stengers [2018] que he comentado en este blog [Pérez de Lama, 2020]. Estos días, también como otra especie de carta a los reyes-magos para el nuevo ministro ha aparecido un documento público que sintetiza algunas de estas cuestiones de manera interesante [Uni-Digna, 2021].

La propuesta aquí, – muy modesta pues ya habrá muchas otras propuestas sobre esto –, es la de generar espacios alternativos / complementarios a los del capitalismo cognitivo en la vida universitaria. La idea es hacer esto con un criterio que me gusta llamar pragmatista (de los filósofos pragmatistas-pluralistas clásicos), que defendieron la experimentación y las prácticas minoritarias en razón de su capacidad de generar lo nuevo, de hacer crítica de lo existente, de contener lo que en el futuro sean verdades aceptadas por todxs … y esas cosas (v.g., los casos del ecologismo, los feminismos que han pasado de prácticas minoritarias a formar parte del debate público y los nuevos sentidos comunes).

La propuesta concreta sería la de instaurar un programa de extensión universitaria inspirado en el que estableciera el gobierno de Lula en Brasil, por el cual una parte significativa del tiempo de los universitarios se debía dedicar a proyectos sociales, en colaboración con movimientos sociales, sociedad civil… Sirviendo estos trabajos tanto para la formación de los estudiantes (parte de su curriculum regular), como para los profesores (dedicación laboral, investigación o transferencia reconocidas como criterio de promoción). Entre otras cosas, estas actividades podrían relacionarse con los dos primeras propuestas, la transición verde y la transición digital, aunque en contextos de lo que Iván Illich hubiera llamado de mayor convivencialidad). Sobre esto de la Extensão universitária en Brasil, aprendí con colegas brasileñas, una de ellas, Diana Bogado, basó su tesis doctoral que hizo conmigo en su trabajo de Extensão que la llevó a desarrollar con vecinos de Río de Janeiro un Museu das Remoções o Museo de los desalojos – aunque aquello, siendo interesante y bastante diferente de los intereses más convencionales y respetables de lxs arquitectxs, es solo una posibilidad. Creo que sería una cuestión que sería muy interesante experimentar.

Esta tercera propuesta y las precedentes, me hacen pensar en el filósofo pragmatista John Dewey, quien decía que «la escuela no tiene que ser un espacio diferente del mundo, sino que precisamente tendría que ser el propio mundo que como sociedad queramos construir» – citando libremente. Se puede pensar sobre el asunto. Pero no me parece una mala guía. Y quizás si fuera así, como decía mi rector recientemente, la sociedad podrá ser lo que sea su universidad.

Coda

Esto que escribo aquí son poco más que unas ideas apenas esbozadas – aunque creo que oportunas. Como aportación a un debate que no acaba de existir — o quizás sí que existe y soy yo el que no se acaba de enterar. En cualquier caso, estoy seguro de que, si se quisieran estudiar, habría gente sabia y capaz, que podría desarrollarlas y sin duda matizarlas y enriquecerlas y plantear posibles planes para ponerlas a prueba. Uno, como todo el mundo estos días, anda superocupado, pero por supuesto, si alguien lo considerara necesario también intentaría echar una mano.

Salud y aire.

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Notas

[1] En la Escuela de Arquitectura de Sevilla acabamos de aprobar la transformación del Fab Lab con el que empezamos en 2008 en Eco-Media-Fab Lab, que además se trasladará al antiguo pabellón polideportivo, un espacio cuatro veces mayor que el actual — y que además pasará a llevar el nombre de Félix Escrig, un señalado profesor de la Escuela, que murió hace pocos años. Cuyo último libro tuve el honor de presentar en la Escuela por invitación suya. Algunos trabajos de Félix, por cierto, pueden verse en la nueva colección permanente del Reina Sofía, no si ciertas disonancias a mi juicio, por la sección en que se muestran: pero eso, si me animo, será tema de otra entrada del blog más adelante.

Estos días (14-15 de diciembre de 2021) pude asistir al seminario Nuevos laboratorios del conocimiento, organizado por mis dos co-editores de este blog, Teresa Duarte-Atoche y David Patiño, que actualmente forman parte del equipo decanal de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Sevilla, que estudian plantear un proyecto en este sentido. Entre otros ponentes participó Marcos García, ex-director del Medialab Prado en Madrid, que está empezando a trabajar en esta dirección en el sistema universitario de la Comunidad de Madrid.

Referencias

Amazon, 2/12/2021, Amazon supera los 1,15 GW de capacidad renovable en España con cuatro nuevos proyectos de energía solar en Extremadura, Castilla-La Mancha y Madrid, en: https://www.aboutamazon.es/sostenibilidad/amazon-supera-los-1-15-gw-de-capacidad-renovable-en-espa%C3%B1a-con-cuatro-nuevos-proyectos-de-energ%C3%ADa-solar-en-extremadura-castilla-la-mancha-y-madrid | accedido 24/12/2021

Diana Bogado Correa da Silva, 2017, «Museu das remoções» potencia de resistencia creativa y efectiva como respuesta sociocultural a Río de Janeiro en mega eventos, tesis doctoral Universidad de Sevilla. Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas, Sevilla

Climatewire, 2020, This Arkansas school turned solar savings into better teacher pay, disponible en: https://energynews.us/2020/10/16/this-arkansas-school-turned-solar-savings-into-better-teacher-pay/ | también: Generation 180, 2020, Brighter Future Report 2020. A Study on Solar in U.S. Schools, disponible en: https://generation180.org/brighter-future-2020/ | accedido 24/12/2021

Paul Mason, 2015, Postcapitalism. A Guide to the Future. Penguin. Random House, Londres

Mariana Mazzucato, 2014 [2013], El Estado Emprendedor, Mitos del sector público frente al privado, RBA, Barcelona.

Eden Medina, 2011, Cybernetic Revolutionaries. Technology and Politics in Allende’s Chile, The MIT Press, Cambridge

Marga Padilla, 2020 [2017], Margarita Padilla: Soberanía tecnológica ¿De qué estamos hablando?, disponible en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2020/09/17/margarita-padilla-soberania-tecnologica-de-que-estamos-hablando/ | accedido 26/12/2021

José Pérez de Lama Halcón, 2006, Devenires cíborg. Arquitectura, urbanismo y redes de comunicación, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla

Kate Raworth, 2017, Doughnut Economics. 7 Ways to Think Like a 21st Century Economist, Chelsea Green Publishing, White River Junction

Isabelle Stengers, 2018, Another Science is Possible. A Manifesto for a Slow Science [traducción del francés de Stephen Muecke], Polity, Cambridge & Medford

Uni-Digna, 2021, Por una evaluación universitaria al servicio del bien común y de una ciencia abierta, en: https://www.change.org/p/por-una-evaluaci%C3%B3n-universitaria-al-servicio-del-bien-com%C3%BAn-y-de-una-ciencia-abierta | accedido 25/12/2021

Pei-Hua Yu, 7/1/2021, What does 1 GW of installed solar energy mean? How many houses can it power?, en: https://peihuayu.medium.com/what-does-1-gw-of-installed-solar-energy-mean-how-many-houses-can-it-power-bb32ea6cc19 | accedido 24/12/2021

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Entradas en este blog mencionadas en el texto:

David Patiño, 2018, Comentario sobre El Estado Emprendedor de Mariana Mazzucato, disponible en:  https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/07/12/comentario-a-el-estado-emprendedor-de-mariana-mazzucato/ | accedido 26/12/2021

José Pérez de Lama, 2021, «Tener madera de investigador», de Isabelle Stengers (2/3): el casto asceta y el sonámbulo fóbico, disponible en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2021/07/24/tener-madera-de-investigador-stengers-2-asceta_sonambulo/ | accedido 26/12/2021

____, 2020, Nuevas sugerencias para la segunda digitalización de las universidades en España, disponible en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2020/08/06/nuevas-sugerencias-para-la-segunda-digitalizacion-de-las-universidades-en-espana/ | accedido 26/12/2021

____, 2017, Ciencia ficción: transición energética en la Universidad de Sevilla, sostenibilidad, ahorro económico y nuevo modelo productivo, disponible en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2017/03/14/ciencia-ficcion-transicion-energetica-en-la-universidad-de-sevilla-sostenibilidad-ahorro-economico-y-nuevo-modelo-productivo/ | accedido 26/12/202

____, 2017b, Sobre aire acondicionado, calor en las aulas y cambio climático, disponible en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2017/06/15/sobre-aire-acondicionado-calor-en-las-aulas-y-cambio-climatico/ | accedido 26/12/202

____, 2015, Propuesta Fab Lab / Fab Center para Altadis, Sevilla, disponible en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2015/08/14/propuesta-fab-lab-fab-center-para-altadis-sevilla/ | accedido 26/12/202

Las 14 cosas que los políticos deberían saber sobre la emergencia climática

Selección y notas de José Pérez de Lama

Del libro de Mike Berners-Lee, There is No Planet B (2019-2021). A propósito de la «disonancia cognitiva» entre lo que se dice que es una emergencia y la tímida acción por parte de los políticos (véase la reciente COP26) y la indiferencia de tantos.

La nueva edición actualizada del libro de MBL se publicó a principios de 2021 con lo que se puede entender como unas reflexiones o recomendaciones previas a la COP26 que se celebró posteriormente (31/10/21 a 12/11/21).

Mike Berners-Lee es hermano más joven de Tim, el inventor de la WWW. Buscando algún libro para tratar de entender mejor el cambio climático topé con éste. Me atrajo, – aparte de por esto de ser hermano de Tim Berners-Lee, persona por la que siento gran respeto y admiración, por supuesto -, porque por la críticas y comentarios parecía un libro razonablemente ecuánime, con una aproximación científica a la vez que escrito para un público general. Mike Berners-Lee es investigador asociado y profesor del Instituto de Futuros Sociales de la Universidad de Lancashire (RU). Es autor de otros dos libros previos sobre cuestiones relacionadas. Este libro ha sido publicado por la Universidad de Cambridge. Y según interpreto es la persona que acuñó el lema «No tenemos un planeta B», asumida por diferentes movimientos sociales ecologistas.

La lectura que he hecho hasta ahora, – más o menos hasta la mitad del volumen -, me confirma que no ha sido mala elección. Ni es del sector «milenarista» (los que hacen llamadas al pánico y la desesperación, «todos vamos a morir», etc.) ni tampoco de los que quitan importancia al asunto, o piensan, ya sea por el lado «negacionista» o por el «negocionista» o del capitalismo verde. La actitud de Berners-Lee me resulta curiosa, y quizás sea parecida a la que yo estaba tratando de construir para mí mismo: todos los indicios científicos sugieren que el asunto es grave; la exacta gravedad no acabamos de conocerlo, pero es muy verosímil que sea una importante amenaza para la civilización como la conocemos – especialmente para los pobres  o los no súper-ricos-, para la biodiversidad, etc.; técnicamente sería viable resolver el asunto y hacer una transición a un sistema energético que solventara el asunto más crítico de las emisiones de CO2 y demás gases de efecto invernadero; pero las cosas que como sociedad global tendríamos que hacer no las estamos haciendo; y parece dudoso que vayan a hacerse con la velocidad que hace falta; aún así, no desespera sino que sigue trabajando, con aparente paciencia y serenidad, para ayudar a que puedan hacerse; y en última instancia, parece asumir, al menos en el libro, una actitud de curioso observador de la humanidad — podría decirse que una actitud spinoziana: ni condenar ni escandalizarse sino tratar de comprender.

Añado un segundo comentario al final. Comienza a continuación la traducción.

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Mike Berners-Lee, 2021, pp. 58-60 (traducción de JPL).

Las 14 cosas que los políticos deberían saber sobre la emergencia climática

Con el «deberían saber» quiero decir que quien no comprenda todas estas 14 cosas no es adecuado para tener un cargo político. En el Apéndice 1 desarrollo en mayor extensión cada uno de estos puntos [el autor se refiere a un apéndice del libro que no se recoge aquí].

(1) La ciencia actual nos dice que un aumento global de la temperatura de 2ºC parece muy arriesgado, pero que un aumento de 1.5ºC parece mucho menos arriesgado. Los Acuerdos de París lo afirmaron así. Todos los países significativos suscribieron aquellos acuerdos. Desde entonces Trump se retractó, pero todos los demás se han mantenido firmes.

(2) El aumento de temperatura que experimentamos es aproximadamente proporcional a la cantidad total de carbono que hemos quemado a lo largo de la historia. Esto nos da un presupuesto acumulativo de carbono que ya hemos consumido en su mayor parte.

(3) Las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el gas de efecto invernadero más importante, han crecido exponencialmente durante 160 años. Siempre hay subidas y bajadas de un año para otro, y hubo una pequeña reducción con la Gran Depresión y las guerras mundiales, seguidas por un rebote que puede ser explicado de diversas maneras. Pero esto es solo ruido frente a una tasa de crecimiento de un 1.8% anual notablemente estable .

(4) Aún no hemos hecho mella en la curva de crecimiento del carbono [la curva de emisiones de gases de efecto invernadero a los que llama de manera resumida «carbono»]. Incluso teniendo en consideración los datos más recientes, hay muy poca o ninguna evidencia de que la curva de carbono se haya visto siquiera afectada hasta la fecha por todas los acuerdos y acciones sobre cambio climático. ¡Glups! (Afrontar esta realidad nos da una posibilidad mucho mayor de tratar el problema. Esta cruda observación nos dice mucha del tipo de solución que tenemos que dar al problema).

(5) Al actual ritmo de emisiones el «presupuesto de carbono» que aún queda para limitar el aumentos de la temperatura global a 1.5ºC y 2ºC se reduce con rapidez — a pesar de algunas buenas noticias recientes procedentes de los modelizadores de carbono. Tal como están las cosas parece que superaremos el «presupuesto de carbono» estimado para el aumento de 1.5ºC en algún momento entre 2030 y 2040. [1]

(6) Se tarda mucho tiempo en poner el freno. Las temperaturas no dejarán de subir hasta que las emisiones netas sean igual a cero.

(7) Todo el combustible que se extrae del suelo acaba siendo quemado – siendo así, tiene que quedarse en el suelo.

(8) Debido a los efectos de rebote, que son frecuentemente ignorados, pasados por alto o no completamente entendidos, muchas de las acciones clave que mucha gente asume que habrían debido ser de ayuda, no han sido de ninguna ayuda – y por sí solas nunca ayudarán. Esto incluye prácticamente todas las nuevas tecnologías y mejoras de eficiencia.

(9) El crecimiento de las renovables, aún siendo esencial, no será suficiente para resolver el cambio climático. Precisamente por los efectos de rebote y el permanente apetito de energía de los humanos.

(10) Como consecuencia, necesitamos con urgencia un acuerdo global, que funcione, para  todo el combustible [fósil] se quede en el suelo. Las pequeñas acciones parciales son absorbidas al nivel del sistema global por parte de las empresas que trasladan las emisiones a sus proveedores en la cadena de abastecimiento, países de deslocalizan su carbono y la miríada de estrategias con las que se transfieren las emisiones a otras partes del sistema global.

(11) También necesitamos gestionar los otros gases de efecto invernadero [n.del.t: aquí el autor dirige a los lectores al capítulo1 del volumen en que trata esta cuestión].

(12) Extraer y quemar combustibles fósiles tiene que convertirse en algo demasiado caro, ilegal o ambas cosas — a menos que podáis pensar en otra alternativa de limitación global.

(13) Un acuerdo así [para dejar de extraer del suelo combustibles fósiles] tendrá que funcionar para tod*s. En teoría sería posible forzar a ciertas partes afectadas a aceptar un acuerdo que los mandara a la pobreza, pero solo será posible si se tratase de un acuerdo firmado por todo el mundo, que todo el mundo contribuyese a hacer que funcionara. No importa lo difícil que parezca, enfrentarse al desafío es un paso esencial para poderlo resolver.

(14) También tendremos que retirar carbono de la atmósfera – aunque no esté del todo claro que sepamos aún cómo hacerlo. Esto es simplemente así, debido al alto riesgo al que estamos ya expuestos por nuestra incapacidad de actuar hasta la fecha.

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Comentarios finales / provisionales

Berners-Lee comienza con calma y claridad, exponiendo datos científicos, valorando en cada caso los niveles de certeza que puede concederse a los diferentes datos. Tenemos un problema serio, pero que no se pierda la serenidad; conviene estudiarlo bien para dar con una solución viable y razonable… Y luego, en el capítulo 2 plantea este listado, que de pronto puede parecer bastante radical, yo pienso que lo es. Y dice, como ya vimos, que nadie debería tener responsabilidad política si no conoce bien lo que aquí plantea. Insiste en que no votemos a políticos que no lo sepan y y que no lo asuman. Yo personalmente, no lo tenía todo tan claro. Imagino que muy pocos políticos, ni de nuestro entorno ni de casi ninguno, lo tendrán. No sabe uno desde luego a qué atenerse. La famosa «disonancia cognitiva»… Hm.

Un segundo comentario, que no tiene que ver con el listado, sino con el desarrollo posterior del libro. El pretendido realismo con que aborda las  cuestiones parece hacerle asumir que los humanos seguiremos aumentando el consumo de energía al ritmo más o menos estable que venimos teniendo desde … los egipcios, ¡dice en algún momento! Pienso que en capítulos de la segunda parte en los que habla sobre crecimiento y población se matizarán estas cosas. Espero con curiosidad. En la hipótesis del crecimiento que desarrolla, se plantea que si se mantiene la actual tasa de uso creciente de energía, y si esta necesidad se resuelve mediante energía solar y sistemas fotovoltaicos que estima los más eficientes, para el año 2300 habría que cubrir toda la superficie terrestre del plantea con paneles solares para satisfacer la demanda  proyectada. Quiero pensar que es un ejercicio de reducción al absurdo y que más adelante planteará nuevas maneras de considerar el asunto. Ya veremos.

El último comentario. No se si habréis seguido el encuentro COP26. Al principio muchas noticias, y luego se disolvió en el siguiente tema de actualidad. Como si la cosa fuera una noticia más, que se yo, como la última astracanada del tertuliano de turno o el última declaración provocadora de la política de moda en Tuiter.  Yo intenté enterarme un poco. Por esto de los Extinction Diaries… Leí el acuerdo firmado por todos los países, y algunos comentarios por parte de gente que más o menos creo saber de qué van. Las valoraciones son muy moderadas. Si se comparan con estos puntos de Mike Berners-Lee se ve que se quedan bien cortas… Entre otras. Se ha celebrado que no se haya abandonado el objetivo del aumento de los 1.5ºC, que a pesar de que se firmara como tal en 2015 en París, como recordaba antes Berners-Lee en un momento dado parecía que se iba a abandonar. Aunque la declaración da a entender como más verosímil el objetivo de los 2ºC, a pesar de ser considerado por los expertos como mucho más arriesgado. __ Los análisis publicados en días antes, quizás desde la ONU, estimaban que con las medidas y planes actualmente asumidos vamos de camino de un aumento de 2.7ºC en 2050 (ver enlace al final). Los artículos concretas en que se dice esto son los siguientes [pendientes de traducción]:

[The Conference of the Parties serving as the meeting of the Parties to the Paris Agreement,] 20. Reaffirms the Paris Agreement temperature goal of holding the increase in the global average temperature to well below 2 °C above pre-industrial levels and pursuing efforts to limit the temperature increase to 1.5 °C above pre-industrial levels;

21. Recognizes that the impacts of climate change will be much lower at the temperature increase of 1.5 °C compared with 2 °C and resolves to pursue efforts to limit the temperature increase to 1.5 °C;

22. Recognizes that limiting global warming to 1.5 °C requires rapid, deep and sustained reductions in global greenhouse gas emissions, including reducing global carbon dioxide emissions by 45 per cent by 2030 relative to the 2010 level and to net zero around mid-century, as well as deep reductions in other greenhouse gases;

El otro asunto que se ha celebrado ha sido el de la incorporación en el acuerdo un punto sobre la necesidad de acabar con los subsidios al uso de combustibles fósiles; aunque en su formulación es poco más de la manifestación de una intención – que además fue rebajada a última hora por la oposición de la India: ¡siempre es bueno que haya un país pobre para echarle la culpa! El texto moderadamente celebrado, (el punto 36 de la declaración final – enlace al final)  o quizás la versión previa a la modificación solicitada por la India dice así:

[The Conference of the Parties serving as the meeting of the Parties to the Paris Agreement,] 36. Calls upon Parties to accelerate the development, deployment and dissemination of technologies, and the adoption of policies, to transition towards low-emission energy systems, including by rapidly scaling up the deployment of clean power generation and energy efficiency measures, including accelerating efforts towards the phase-out of unabated coal power and inefficient fossil fuel subsidies, recognizing the need for support towards a just transition.

Traducción [rápida, para enterarse bien uno mismo]: [La Conferencia de las Partes…] 36. Hace un llamamiento a las Partes (los países y sus gobiernos) para acelerar el desarrollo, la implementación y la difusión de tecnologías, y la adopción de políticas, para hacer la transición a sistemas energéticos de bajas emisiones, incluyendo el rápido crecimiento en la implementación de la generación de energía limpia y de medidas de eficiencia energética, incluyendo la aceleración de los esfuerzos hacia la eliminación progresiva de los subsidios ineficientes al uso tradicional del carbón y de los combustibles fósiles, reconociendo la necesidad del apoyo a una transición justa.

Pongo algunos enlaces al final de los materiales que consulté por si a alguien le interesara.

De momento, lo dejo aquí. Vale.

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Notas

[1] Como siempre se me olvidan estas cosas que se convierten en ready mades en los medios, revisé lo de los 1.5º y 2ºC e igual sirven a otras personas. En los Acuerdos de París, tomando en consideración los trabajos del IPCC de la ONU, se plantean los objetivos de limitar el aumento de la temperatura global para el año 2010 a 1.5ºC, que se considera que supondrá unos daños limitados y un segundo objetivo de limitarla para la misma fecha a 2ºC que se considera menos seguro. Para lograr el primer objetivo, las emisiones de CO2 y gases de efecto invernadero debería reducirse a cero (cero neto) para el 2050. Pero como dice Berners-Lee en estos puntos, estamos a 2021 y las emisiones siguen aumentando, habiéndose tan solo reducido la aceleración o tasas de incremento con que aumentan. Buena información sintética sobre esto, o eso me parece, aquí: Zeke Hausfather, 2018, New scenarios show how the world could limit warming to 1.5C in 2100, Carbon Brief: https://www.carbonbrief.org/new-scenarios-world-limit-warming-one-point-five-celsius-2100 | La entrada de la Wikipedia en inglés, Special Report on Global Warming of 1.5 °C,  quizás sea más clara: https://en.wikipedia.org/wiki/Special_Report_on_Global_Warming_of_1.5_%C2%B0C

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Referencia completa

Mike Berners-Lee, 2021, There Is No Planet B. A Handbook for the Make or Break Years. Updated Edition, Cambridge University Press, Cambridge

Algunos enlaces sobre la COP26

26/10/2021/ U.N. warns world set for 2.7C rise on today’s emissions pledges: https://www.reuters.com/business/cop/un-warns-world-set-27c-rise-todays-emissions-pledges-2021-10-26/

31/10/2021/ @ScottDuncanWX Imagen | The climate has changed a lot since the first Conference of the Parties (COP-1) meeting was held in Berlin, Germany Flag of Germany in March, 1995. https://twitter.com/ScottDuncanWX/status/1454772079019110401 | web del meteorólogo Scott Duncan: https://scottduncanwx.com/

* 12/11/2021/ Conference of the Parties serving as the meeting of the Parties to the Paris Agreement. Third session. Glasgow, 31 October to 12 November 2021, Glasgow Climate Pact (acuerdo final firmado por todos los países participante en la COP26), disponible en: https://unfccc.int/sites/default/files/resource/cma2021_L16_adv.pdf | visitado 24/11/2021

* 13/11/2021/ Ecologistas en Acción, El acuerdo final de la COP26 prorroga lo improrrogable, disponible en: https://www.ecologistasenaccion.org/184106/el-acuerdo-final-de-la-cop26-prorroga-lo-improrrogable/ | visitado 24/11/2021

15/11/2021/ Simon Lewis & Mark Maslin, Five things you need to know about the Glasgow Climate Pact, World Economic Forum con The Conversation, disponible en: https://www.weforum.org/agenda/2021/11/climate-change-cop-26-glasgow-climate-pact-explained-environment-un | visitado 24/11/2021

Unas notas sobre la iniciativa de la New European Bauhaus

Imagen de cabecera de la web de la New European Bauhaus, 2021/02/25. Fuente: https://europa.eu/new-european-bauhaus/index_en

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Unas notas sobre la iniciativa de la New European Bauhaus — con algunos antecedentes que quizás ayuden a entender escepticismos

José Pérez de Lama

Un poco de desahogo – aunque también hay algunas sugerencias. Espero que pueda ser una aportación a un debate que se dice se quiere pluralista.

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Se está hablando desde hace unos meses de esta iniciativa, una nueva escuela o red de escuelas de arquitectura europea o algo similar, relacionado con el Green Deal. La iniciativa viene directamente de la presidencia de la Comisión Europea. Aquí el mejor resumen reciente que he encontrado: https://europa.eu/new-european-bauhaus/about-initiative_en

En otras instancias se ha dicho que inicialmente habrá 5 primeros nodos del proyecto en Europa. Y en ciertos «mentideros» o «rumoródromos» se ha podido oír que quizás uno vaya a estar en Sevilla, España. Ya hubo al menos un acto en Sevilla sobre el proyecto, con la participación del alcalde Espadas.

Estas noticias me han generado, como creo que a la mayoría de los amigxs que vienen estando en estos ámbitos, desde la investigación, el trabajo o el activismo, sentimientos encontrados; los mixed feelings as they say in English, expresión que hoy me suena mejor tratándose de un proyecto europeo… Seguir leyendo Unas notas sobre la iniciativa de la New European Bauhaus

Una buena película es una película libre. Sobre capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

Imagen: John Cassavetes explicando cómo hacer una buena película; captura del vídeo Faire un bon film selon John Cassavetes de 1965. Curiosamente, sólo soy capaz de encontrarlo en la red social fb.

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«Una buena película es una película libre». Sobre el capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

José Pérez de Lama

Estos días ando entre preocupado y enfadado por el debate – que algún periodista dice que ya no existe – sobre si queremos o no una aplicación de móviles que nos rastree cuando nos movemos por la ciudad, que recoja si nos hubiésemos contagiado o si ya nos hubiéramos curado, y que rastree con quién nos encontramos o nos cruzamos en el transporte público o el trabajo, intercambiando información automáticamente con otros usuarios, y quizás, en ocasiones dicen, también con alguna instancia centralizada del sistema, etc. – de momento en relación con el Coronavirus y la epidemia. Pero, ¿quién sabe para qué pensarán que sería razonable usar algo así en el futuro…? Seguir leyendo Una buena película es una película libre. Sobre capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

20 años desde la fundación de Indymedia y no vamos ganando…

Indymedia: 1 – GAFAM: 42. (1999-2020)
20 años desde la fundación de Indymedia y no vamos ganando…

José Pérez de Lama, aka osfa

Anda estos días Tim Berners-Lee promoviendo lo que llama un nuevo contrato [social] para la Web. ¿Qué está pasando para que al «inventor de la Web» se le ocurra ahora plantear un asunto así? Pues ocurre algo que, aunque a Millennials, Generación Z, quincemayistas, pedros-sánchez y jóvenes varios pueda «sonarle a chino», muchos y muchas de los que participamos en la construcción de los primeros diez o quince años de la Web sí que entenderemos.

Tal vez, una de las (pocas) cosas buenas de tener ahora más de cuarenta años de edad, – y habiendo estado atento al mundo de la cultura digital durante las últimas décadas –, es la de haber conocido de primera mano un proceso de cambio tecnológico bastante radical, comparable al que pudo haber sido la aparición de la máquina de vapor a finales del XVIII y principios del XIX. Durante aquellos años de la emergencia de la Web parecía que había un mundo nuevo lleno de nuevas posibilidades y oportunidades. Aunque más adelante también pudimos ir viendo cómo se hacían realidad algunas de las opciones, hasta llegar a convertirse en «monstruosas», y cómo otras se quedaban en nada, como si hubieran sido abortadas. Todo aquello que observábamos y que en parte nos pasaba se parecía un poco a cuando se lee un libro de historia o una novela de ciencia ficción, pero estando ahí en medio de todo, aunque fuera como protagonistas secundarios – o, a lo peor, como figurantes… o como espectadores de gallinero.

Pudimos ver cómo el período culminó hacia mediados de la década de 2000 con el triunfo de las lógicas capitalistas que hicieron suyas todas las virtualidades y oportunidades que habíamos podido vislumbrar; usándolas, incluso, como medio para volver a insuflar los decaídos espíritus animales del capitalismo a un nuevo ciclo aún más intenso; que eso parece ser lo que ahora vivimos; – o, más bien, padecemos.

Indymedia, –estos días recién hicieron veinte años de su aparición fulgurante (diciembre de 1999 en Seattle) y de ahí la presente reflexión–, representaba algunos aspectos de aquella Web (1.0 la llamaron en algún momento) que muchos de aquella generación imaginamos: ¿abierta?, ¿descentralizada?, ¿democrática?, ¿liberadora?, ¿emancipadora? Algunos o algunos lo recordaremos, y otros, la mayoría, no tendrán idea de qué fue aquello; 20 años son muchos años… e incluso a los que estuvimos allí creo que a veces nos parece más un espejismo que algo «real». De forma muy sintética, Indymedia era una red de redes – se decía así también de Internet entonces –, distribuidas globalmente para producir información independiente, bottom-up, etc. pero que en su proceso de desarrollo o de «emergencia» se constituyó también en una red de lo que algunos llamábamos «producción biopolítica», esto es, de producción de otras formas de vida, relaciones sociales y de poder, subjetividades y esas cosas… Cabe señalar algo más que hoy resulta bastante sorprendente: que Indymedia en aquel momento era de las cosas más avanzadas, la vanguardia conceptual y tecnológica de Internet. Durante algunos, pocos años, el software libre, la proliferación de la cooperación y lo que se llamó la «ética hacker», las «contracumbres» y los foros sociales mundiales, la globalización de la comunicación y las luchas, la prosperidad pre-crisis… a muchos nos parecía que algo de verdad diferente estaba (casi) a punto de ocurrir…

20 años después, tristemente, el escenario es bien diferente. La crisis, la austeridad y el disciplinamiento asociado, por un lado, y el éxito arrasador del capitalismo digital, por el otro, hacen que lo de aquellos años nos parezca hoy más un sueño, o un espejismo, como decíamos, que otra cosa. Entre las muchas descripciones de la situación actual, la del Stack de Benjamin Bratton (2015), me parece que es una de las más acertadas: una nueva hegemonía planetaria que tiene entre sus pilares fundamentales los grandes proyectos tecnológicos de control social y de extracción del valor de la cooperación. El subtítulo del libro de Bratton es precisamente «software y soberanía». El equipo que representarían los Berners-Lee, Stallman, Swartz, Indymedia, Wikipedia y tantos otros sufrimos una derrota estrepitosa… Y aún cabe preguntarse, incluso, si los activistas del software libre, la cooperación sin mando y las redes descentralizadas, en realidad, sólo estábamos «haciendo la cama» al capitalismo digital. O si, por el contrario, aquello constituía verdaderamente una alternativa truncada, malograda, que fue capturada o comprada, o lo que fuera, por los que ahora tienen la sartén por el mango (de la nube).

Esta es la pregunta que planteaba Franco Berardi Bifo, tan buen amigo de Indymedia, en su libro Futurabilidad (2017): en cualquier presente existen múltiples futuros posibles; la potencia sería la energía subjetiva que despliega las diferentes posibilidades y hace que sucedan unas u otras, lo que convertiría lo posible-virtual en actual; el poder serían “las selecciones (y las exclusiones) que están implícitas en la estructura del presente, la selección y la ejecución de una de las posibilidades, y simultáneamente la invisibilización (y la exclusión) de las otras muchas posibilidades”.

Llegados al 2020, podría decirse que en este juego tecnopolítico de las tres «Ps», – posibilidad, potencia y poder –, el equipo GAFAM, o como lo prefiramos llamar, está arrasando al equipo de Berners-Lee, Indymedia y «hippies» varios. A ver cómo se da la década que ahora comienza. ¡Salud y convivencialidad!

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* GAFAM, para los no familiarizados, es el acrónimo por el que se refiere en ocasiones al cuasi-monopolio de las 5 grandes tecnológicas.

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Franco Berardi Bifo, Futurability. The Age of Impotence and the Horizon of Possibility, Verso, Londres Nueva York

Tim Berners-Lee et al, 2020, Contract for the Web. A global plan of action to make our online world safe and empowering for everyone, https://contractfortheweb.org/

Benjamin Bratton, 2015, The Stack. On Software and Sovereignty, The MIT Press. Software Studies Series, Cambridge

No le des al Like al leer este artículo – reseña: Peirano, El enemigo conoce el sistema


Imagen: red de cables submarinos de propiedad exclusiva de Google, Amazon, Facebook o Microsoft [0], 2019
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No le des al Like al leer este artículo

José Laulhé

Reseña sobre el libro «El enemigo conoce el sistema. Manipulación de ideas, personas e influencias después de la Economía de la atención» de Marta Peirano (Editorial Debate, 2019).

Cuando publique esta reseña, gracias a la invitación de Arquitectura Contable, mi siguiente paso será publicar un link al post en Facebook. Parece una incongruencia, pero la lógica de publicar en un blog es compartirlo y la vía de que los «internautas» encuentren el post enlazando páginas o blogs amigos, es inconcebible a día de hoy. Solo podría caber la esporádica situación de que alguien, curioseando otro post de este mismo blog, llegara al mío. Sin embargo, la proposición de Peirano va en otra línea. Quizá si le hubiéramos preguntado en 2010, nos hubiera dicho que no compartiéramos en Facebook- ay, N-1 dónde quedaste…-, pero ahora entiende como inevitable que compartir para una mayoría, o para un público que exceda el peer-to-peer, depende de las grandes redes sociales. En lo que incide Marta Peirano en «El enemigo conoce el sistema» es en lo que pasa después de que linkemos: en la ansiedad del autor en ver reconocido su trabajo en la RRSS- actualizando cada 5 minutos, con esa acción aprehendida de arrastrar hacia abajo («push») replicada de las máquinas tragaperras-, pero también en la construcción tribal de esas personas que al dar al Like exponen que este libro y sus lecturas refuerzan su identidad. Es posible que esta reseña no os interese a ninguna. Pero, en caso de que sí, ¿qué os parece si utilizamos el sistema de comentarios del propio blog para el feedback?

«El enemigo conoce el sistema» es una composición actualizada de varias publicaciones que muchas manejamos como referencias: desde Stallman o Foucault hasta Snowden o James C. Scott. En mi opinión también es el intento por desvelar- o, al menos, poner luces sobre- el dispositivo en que se ha convertido el internet actual- internet de plataformas-. A partir de las herramientas que nos proporcionó Deleuze [pág 11, 2012] podemos discernir gracias a Peirano líneas de visibilidad (qué se ve- nuestros perfiles- y qué no- las empresas que analizan y venden nuestros datos-, y sobre todo cómo se decide), líneas de subjetivación (donde la actitud respecto a estas RRSS ha cambiado), líneas de fuerza (como la que se da entre multinacionales y gobiernos, y muchas más),…

Un libro sobre el cambio climático

Dice Marta Peirano que su libro en realidad habla del cambio climático. Y es cierto. Sitúa el foco en el peso de tres grandes corporaciones (Facebook, Google, Amazon) respecto a nuestro día a día. A Amazon le dedica un estudio particular puesto que «ha sido sin duda el más discreto. No tiene eslogan ni lema, no dice que vaya a hacer del mundo un lugar mejor o mejor conectado», pero en sus servidores está alojado aproximadamente un 46% de la red. Y, sobre todo, cada vez sectores más críticos, los primeros los bancos. Como sabemos, las administraciones están valorando- si es que no lo han hecho ya como EEUU- la opción de que Amazon aloje toda la información digital pública de naciones enteras.[1] Se pregunta Snowden en su libro [pág 12, 2019] qué tipo de respeto a las reglas que nos hemos dado (Derechos Humanos, Constituciones,…) podemos esperar de este tipo de plataformas globales.

Amazon es también uno de los principales cooperantes de Palantir. Todo dispositivo conectado a Internet está conectado a Palantir: «sirve para monitorizar a distancia a cualquier sujeto, organización o sistema, tirando de cualquier hilo: un nombre, un lugar, un número de teléfono, una matrícula de coche, una tarjeta». Y todo está alojado en AWS (Amazon Web Services) y utiliza su algoritmo de reconocimiento facial Amazon Rekognition. Y no queda ahí:

«El Programa Mundial de Alimentos de la Organización de las Naciones Unidas, cuya función es distribuir alimentos para refugiados, inmigrantes y víctimas de crisis y desastres naturales, ha cerrado un acuerdo con Palantir para analizar datos. Noventa millones de refugiados que servirán de entrenamiento para predecir y controlar los movimientos de futuros refugiados.»

Pero al final, ¿qué es la nube? La nube es una aglomeración de silicio, cables y metales pesados que se concentra en determinados, y no siempre conocidos, lugares . Y consumo una cantidad extraordinaria de electricidad. En 2008 producía el 2 por ciento de las emisiones globales de CO2, y durante 2020 lo habrá multiplicado- o más, el Coronavirus habrá frenado otros tipos de emisiones, pero no los derivados del uso de servidores-. Por tanto se ubican en territorios de electricidad y mano de obra barata, con fiscalidad amistosa y una flexible política en torno a la gestión de los datos

La cuestión del algoritmo

Hace poco tuvimos la suerte de participar en una publicación bajo el sugerente nombre de Algoritarismos, coordinada por Jesús Sabariego y Augusto Jobim [Sabariego, 2020]. Decía Deleuze que, a diferencia de la sociedad disciplinaria con una superposición de módulos que operaban sobre la sociedad de manera discontinua, en la sociedad control el «ordenador [algoritmo] señala la posición de cada uno, lícita o ilícita, y opera una modulación universal» [Deleuze, 1992]. Estas plataformas ejercen una vigilancia continua sobre nosotros, todo el tiempo y en todo lugar. Es terrible pero, sorprendentemente, aceptado popularmente en la sociedad post 11-S. Actualmente lo vivimos en nuestros encierros cuando el Gobierno nos indica que va a utilizar un sistema de geolocalización con todos los ciudadanos. Nos recuerda Peirano que, a principios del siglo XX, Holanda contaba con un censo con las preferencias religiosas para adecuar recursos al número de fieles. Esa base de datos fue usada por los nazis para afinar su búsqueda y que solo el 10% de judíos holandeses sobreviviese al Holocausto. La cuestión esencial con la geolocalización de las personas durante la crisis del Covid-19 no es la razón puntual por la que se ha hecho, sino la vía a través de la cual se ha hecho- norma- y el tipo de consenso necesario para hacerlo- nada de 2/3 de la Cámara, referéndum o algún tipo de legitimación popular-.

Ya que la vigilancia, en general, no es el único objetivo sino también el control y, sobre todo, la manipulación. Voviendo al libro de Marta Peirano, nos dice que «YouTube presume de que su algoritmo es responsable más del 70 por ciento de los vídeos que se ven en la plataforma». El algoritmo de YouTube se basa en proponer vídeos cada vez más extremos para que multipliques tu tiempo de engagement [2] y, con ello, incrementar tu grado de satisfacción con la app. Su objetivo es únicamente ese: no buscan radicalizarte o generar traumas entre los niños que ven vídeos sin control, toda su inversión se centra en buscar la manera de maximizar tu engagement. En el libro la gama de ejemplos es larga, desde los olores de nuestra idealizada infancia hasta las apps de contactos, o como dice Hammerbacher: «las mejores mentes de mi generación se dedican a pensar cómo hacer que la gente pinche en un banner».

En otra línea de argumentación en torno al algoritmo, habla del papel de las organizaciones gubernamentales y el papel que ciertos dispositivos, como el dinero digital, va a tener en la constitución de estos algoritmos. Nos enseña el modelo chino y su sistema de «crédito social», el cual nos retrotrae a capítulos que querríamos inverosímiles de Black Mirror. Pero nos recuerda que de alguna manera el resto de países están desarrollando su propio sistema de crédito social. La diferencia es que las condiciones del mismo son secretas.

«Un algoritmo es un conjunto de instrucciones diseñadas para resolver un problema concreto. Pero cuando los algoritmos son opacos, ya no sabemos cuál es el problema que intentan resolver.»

Volviendo al caso de las grandes plataformas digitales, las Primaveras árabes, el 15-M, Occupy Wall Street, etc reconfiguraron sus algoritmos. En 2010 las iniciativas populares alcanzan el carácter de acontecimiento en el seno de estas plataformas, produciendo un engagement muy alto tanto por el momento histórico, por el lenguaje (con el suicidio de Mohamed Bouazizi), como por la novedad. Posteriormente el mismo algoritmo, actualizado, era el principal aliado de los nuevos regímenes autoritarios surgidos tras el derrocamiento por parte de las Fuerzas Armadas de algunos líderes elegidos democráticamente o el que alza proyectos populistas en todo el mundo. El dispositivo internet -de plataformas- ya ha incluido en su ser el elemento disruptivo que se da entre 2010 y 2011. Recuperando a Tiqqun, «tras el primer instante de conmoción por la inexorable tarea de la potencia, [el dispositivo] se reforma: SE incluye, desactiva y reterritorializa el acontecimiento, SE le asigna una posibilidad, una posibilidad local» [pág. 114, 2012].

¿Es un libro sobre la pertinencia del uso de Internet?

Aclara en alguna de las entrevistas y charlas que su libro no trata de ser una enmienda a la totalidad a Internet. Dedica un extenso capítulo a lo que denomina la Revolución, incluyendo sus personajes tóxicos como O’Reilly y el papel dudoso de ciertos medios como Wired. Reivindica el espíritu de los hackers de los 70-80, a Perry Barlow- «sacad vuestras sucias manos del ciberespacio»- o el modelo TCP/IP como elementos válidos a partir de los cuales podría plantearse una refundación. La transición del internet freak, heterogéneo, descentralizado (al menos aparentemente) de los primeros 2000s- aunque hubiera voces críticas como Álex Galloway [2007]-, a este modelo de plataforma y con una concentración del poder, quizá sea la parte menos desarrollada o, en mi opinión, peor estructurada.

Frente a eso, nos dibuja de manera mucho más ordenada todo el proceso de gestación de Internet. Explica a través de Yasha Levine, autor de Surveillance Valley, que el primer proto Internet desarrollado para fines militares «parecía una idea progresista, en lugar de bombardear gente, con una cantidad suficiente de datos podías arreglar el mundo sin derramar sangre». Sin embargo esas herramientas nunca se han limitado a su uso primigenio. Es una historia recurrente: tecnologías que se presentan para resolver una coyuntura concreta respecto a un tercero, finalmente son usadas para nuevos modos de control respecto al espacio doméstico. Pese a la ingente superposición de referencias que usa Peirano en su libro, inicia y acaba con la misma cita de Audre Lorde, escritora LGTBI feminista afroamericana:

«Las herramientas del poder nunca servirán para desmantelar el poder».

Una lectura muy recomendable que creo es apta para iniciados y no iniciados en los entresijos de Internet. Para empezar podíais plantearos dónde lo vais a adquirir, ¿de verdad vais a acudir a Amazon? Hoy por hoy nadie es sospechoso/a de nada por leer a Peirano, Snowden o Assange… es así, ¿no? O quizá lo ideal es dudar de dónde va esa información. Y hacer llegar tu petición a alguien de confianza. Podéis llamar a Luis de La Fuga, que él haga la petición como uno más de los libros que la librería adquiere y cuya base de datos por la LOPD no es accesible para terceros. Ahí sí, disfrutad del libro aprovechando que hay iniciativas amigas que interceden y que limitan lo que se sabe de nosotros.

O también podéis, cuando acabe la cuarentena, hacer caso a Tiqqun e intervenir en los dispositivos a través del robo de uno de los ejemplares en una gran superficie.[3] Vuestra es la decisión.
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PD: Teniendo el borrador de la reseña se ha cruzado la noticia sobre la asociación de Google y Apple para preparar una app intrusiva, instalada simplemente mediante la actualización del sistema operativo- entre una y otra compañía copan el 99% del mercado [4]. En el libro de Marta Peirano aparecen suficientes menciones a ambas empresas como para desconfiar. Snowden [pág 248, 2019] nos define el concepto Eliminar en Informática como una herramienta para usuarios para sentir que tenían el control «sobre todo en lo que respectaba a cualquier cosa que hubiesen creado ellos mismos […] sin embargo, lo cierto es que la eliminación nunca ha existido tecnológicamente del modo en que la concebimos». Básicamente nos indica que la eliminación es en realidad una forma de permiso intermedio de escritura: el archivo original queda intacto.

Siendo así con un archivo común producido por nosotros, ¿qué hemos de esperar de una app instalada automáticamente en nuestros dispositivos por compañías que basan un alto porcentaje de sus ingresos en la venta de datos a terceros?

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#notas

[0] International Health Report [2019] Los nuevos inversionistas de cables submarinos: https://internethealthreport.org/2019/los-nuevos-inversionistas-de-cables-submarinos/?lang=es . Información complementaria en relación a la afección climática de la Nube.

[1] Noticia sobre el uso de geolocalización, por supuesto en Twitter: https://twitter.com/sanchezcastejon/status/1189970366761963521?lang=es

[2] Engagement es un término importante en el libro: «En español no hay una palabra exacta para engagement. La traducción literal es «compromiso para el matrimonio», como si abrir una cuenta de usuario implicara una relación íntima entre el usuario y el servidor. Y no es una descripción descabellada porque entre las dos partes se interpone un contrato prenupcial que el usuario debe aceptar como una «novia agradecida», sin modificaciones ni anexos, llamados Términos de Usuario».

[3] Según Tiqqun [Pág. 89. 2010]: «El robo sólo es transgresión desde el punto de vista de la representación: se trata de una operación sobre la presencia, de una reapropiación, de una reconquista del sí mismo como cuerpo en el espacio […] Al robar me desdoblo en presencia aparente, sin espesor, en alguien absolutamente del montón, y en una segunda presencia íntegra, intensa e interna, para la que se anima cada detalle del dispositivo que me rodea…».

[4] Datos sacados del artículo de Jordi Pérez Colomé (2020.04.10) en El País «Apple y Google se alían para facilitar que las apps para rastrear el coronavirus estén en todos los móviles»: https://elpais.com/tecnologia/2020-04-10/apple-y-google-se-alian-para-crear-un-sistema-de-rastreo-del-coronavirus-que-no-necesite-descargar-una-app.html?ssm=TW_CM

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Sobre Marta Peirano he utilizado otras fuentes aparte del libro, como su charla en Fundación Ruiz Funes [https://www.youtube.com/watch?v=LyyPUe9SnAw], la entrevista en eldiario.es [https://www.eldiario.es/murcia/entrevistas/Marta-Peirano-periodista-Internet-manos_0_917958267.html] o sus dos charlas en TEDx Madrid que podéis encontrar también en YouTube.

El concepto dispositivo se basa en Gilles Deleuze [¿Qué es un dispositivo?, 1989] y Tiqqun [Podría surgir una metafísica crítica como ciencia de los dispositivos…, 2010]. Aunque ambos textos fueron recogidos inicialmente en otras publicaciones, la editorial Errata Naturae los combinó en una publicación bajo el título «Contribución a la Guerra en Curso» [Errata Naturae 2012]. Tenéis la oportunidad de rescatar estos textos digitalmente gracias a que la editorial ofrece una serie de sus maravillosas publicaciones gratuitamente en su web [http://erratanaturae.com/8805-2/]. También se cita Posdata sobre las sociedades de control (Deleuze, 1992).

También me ha parecido interesante para esta reseña la entrevista a Álex Galloway realizada por Pau Alsina para la 9ª edición de ZEMOS98 [2007]: http://publicaciones.zemos98.org/entrevista-alex-galloway

Actualmente me puse a leer el libro de Edward Snowden «Vigilancia Permanente» [Editorial Planeta, 2019]. El libro Algoritarismos aún no se ha publicado- estamos deseando-. Para introducir, aportamos este artículo de Jesús Sabariego para El Salto: https://www.elsaltodiario.com/tecnopolitica/algoritarismos-politica-tecnologia-negocio-algoritmo

Makers y plataformas de enseñanza online en la España del coronavirus: dos modelos «tecnopolíticos» diferentes


Personal de un centro sanitario en Sevilla con las viseras protectoras fabricadas por la red de makers @3dprinters_Sev. Fotografía del sitio de Facebook de Miguel A. López, 25 de marzo de 2020

Makers y plataformas de enseñanza online en la España del coronavirus: dos modelos «tecnopolíticos» diferentes de los que quizás podamos aprender

Una crónica de urgencia

José Pérez de Lama & José Sánchez-Laulhé

1/ Makers

Hace dos días, David Cuartielles, uno de los iniciadores de Arduino y profesor en la Universidad de Malmoe, informaba en Tuiter que la comunidad maker organizada en red había producido más de 350.000 viseras de protección a lo largo de las dos últimas semanas, para ser distribuidas entre sanitarios y otras personas que las puedan necesitar. Las viseras se empezaron a producir y se siguen produciendo ante la falta de equipos de protección en los centros sanitarios y las dificultades para recurrir a los canales habituales de suministro por la alta demanda global en la actual situación de pandemia.

Según nos comentan algunas personas implicadas en tareas de coordinación en esta y otras redes, los datos que ofrecía Cuartielles son los de la red coronavirusmakers.org – pero hay otras redes diferentes, menores o locales, también produciendo por su cuenta. Tendremos que confirmar si Josef Prusa – otro de los gurús del hardware libre – está incluido en estos datos, es posible que no. En su web informa que llevan producidas decenas de miles en su sede en Praga. Y en Sevilla, por ejemplo, hay gente en la red coronavirus y otros, que quizás porque fueron de los primeros en organizarse localmente, a la hora de la distribución están coordinados en otra red, en torno al perfil @3dprinters_Sev, y a 25 de marzo estaban distribuyendo mil viseras diarias. Viendo algunos cuadros publicados, como el de la red en la Sierra Sur de Córdoba (según informa la Asociación Juvenil Camaleón Rojo de Puente Genil) parece que el número de productores de las más 350.000 viseras podrían ser del orden de 20-30.000 personas (la red coronavirus estima que cuenta con 15.000 participantes – C. González, 2020). Y de momento, toda esta gente está trabajando por amor al arte, es decir, pro tratar de ayudar a los sanitarios y a quien lo necesite, de contribuir junt*s a superar la pandemia. — Nos hace pensar en el retorno de la cultura del don de las primeras décadas de Internet. También hay numerosas donaciones de materiales por parte de empresas relacionadas, o simplemente de personas que quieren ayudar. Seguir leyendo Makers y plataformas de enseñanza online en la España del coronavirus: dos modelos «tecnopolíticos» diferentes

Comentario Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización


Escena bobo con libro.

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Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización

José Pérez de Lama, versión beta

Comentario de: Christophe Guilluy, 2019, No society. El fin de la clase media occidental, Taurus, Barcelona

Leí estos días No society, el libro de Guilluy, geógrafo (aunque también me parece sociólogo) francés que viene recibiendo una cierta atención en los medios por las tesis o hipótesis que se presentan en este volumen y en otro anterior. Éste, me ha parecido en efecto bastante interesante; aunque más en el análisis que propiamente en las conclusiones y propuestas.

El interés por Guilluy viene de lo que viene planteando para explicar el movimiento de los gilets jaunes en Francia y más en general lo que pueden llamarse populismos de derecha (Le Pen en Francia; que en este nuevo libro extiende a nuevos ámbitos: Trump en EEUU, el Brexit en RU, y algún comentario más puntual sobre Italia, Grecia, España o Cataluña).

Señalaré a continuación tres o cuatro ideas que me llamaron más la atención. Seguir leyendo Comentario Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización