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¿Universidad on line? ¿Sin infraestructuras públicas y democráticas?


Imagen: Hardware de una servidora autónoma y feminista. Fuente: https://labekka.red/servidoras-feministas/
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¿Universidad on line? ¿Sin infraestructuras públicas y democráticas?

José Pérez de Lama

Con esto de la pandemia y el confinamiento se han reactivado diversos debates como son el de la digitalización de la vida, el trabajo… incluida su pretendida contrapartida de la creciente vigilancia permanente y ubicua. Y también el debate más particular de la enseñanza y el aprendizaje on line (en cuanto a éste me referiré aquí exclusivamente al ámbito universitario porque es en el que trabajo habitualmente).

Esto que empecé como una nota rápida se ha convertido en una cosa algo más larga. Está compuesta de dos partes; la primera sobre el capitalismo digital y las alternativas de colaborar con mayor o menos entusiasmo o de resistirse; la segunda, sobre la digitalización de la Universidad y las clases on line (al hilo de ciertas propuestas del ministro Castells), y la necesidad de construcción de infraestructuras de comunicación y gestión de la información públicas y democráticas

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1a parte: Todos vigilados y cuidados por «machines of loving grace»

Sobre el primero de los debates, el de la digitalización de la vida y del trabajo y de todo, Naomi Klein [ver referencia más abajo] escribía recientemente que durante estas semanas de pandemia las grandes tecnológicas han logrado revertir la percepción social que se venía haciendo cada vez más crítica – con casos como el de Cambridge Analytica, o el deterioro catastrófico de la esfera pública con las fake news, la crispación, etc, etc. Durante estas semanas han logrado presentarse como las salvadoras de la continuidad de la vida – con las videoconferencias para que hablen abuelas y nietos, la posibilidad de continuar – aunque precariamente dirán algunos – con las clases de las escuelas y con el teletrabajo, – y para muchos, también, con la posibilidad de seguir consumiendo vía Amazon y similares.

Muchas de estas cosas son formidables, por supuesto, pero para valorarlas sin que sea de una manera demasiado ingenua conviene contemplar la trayectoria de las últimas décadas de las empresas que nos prestan o venden estos servicios, el tipo de sociedades que generan, los agentes implicados, las relaciones de poder y económicas que están produciendo, y la vida en general que están contribuyendo a producir. Personalmente, cuando pienso que los que organizan estas máquinas de loving grace que supuestamente nos cuidan a la vez que nos vigilan, a los que nos entregamos entre el entusiasmo y la docilidad, son personajes que se mueven como Pedro por su casa entre el Pentágono, Wall Street y la Casa Blanca [ver los escritos de Klein, Morozov o Assange, por ejemplo], la cosa me da bastante «yuyu»… Algunas recomendaciones más adelante para profundizar en el asunto que aquí he enunciado tan superficialmente. Sigamos.

La tecnofilia bobita (¿o será más bien que los bobos somos nosotros?)

Uno de las controversias más encendidas – al menos para mí – es la que se centra en el desarrollo de una aplicación para teléfonos móviles que haga contact tracing – que se suele decir en inglés porque «rastreo de contactos» suena terrible – y que según sus promotores supondría una contribución definitiva para acabar con la pandemia. Las campañas en medios de comunicación y los argumentos precocinados repetidos por los afines han dado la impresión de que se lo tomaban muy en serio. A mí la cosa casi me ha costado la buena relación con un par de viejos amigos. El principal argumento es que así lo han hecho en China, Corea o Singapur y les ha funcionado, (aunque cuando se escarba sólo un poco se ve que las cosas no son exactamente así). El gobierno en particular, en primera instancia, lo promovía como la gran solución moderna – no nos acordamos de que la Modernidad era algo del siglo pasado, que se iba a hacer como parte de un consorcio europeo – ¡ah, Europa! – con un cierto liderazgo de Alemania y Suiza – ¡oh Alemania – oh Suiza! Esa gente seria — en ciertas versiones con la participación de una ingeniera española – de la que todos hablamos, Carmela Troncoso, como si fuera un personaje que todos conocíamos desde siempre – en otras versiones con la participación, que un día parece beatífica y otras infernal, de Apple y Guguel. No está de más recordar que Android (Guguel – 70.68% del mercado) y iOS (Apple – 28,79%) son los mega-oligopolistas globales de los sistemas operativos de la telefonía móvil, con 3.500 millones estimados de clientes distribuidos por todo el plantea.

En contra de la idea y del proyecto, que se tilda de COVID1984app, hay un cierto abanico de posiciones, que va desde los defensores más o menos liberales de la privacidad, más específicamente centrados en la app, a los que mantenemos una posición crítica más amplia frente al excesivo dominino del capitalismo digital. Algunas de las principales líneas críticas podrían ser las siguientes:

* lo que Evgeny Morozov viene llamando el solucionismo tecnológico,
* lo que Shoshana Zuboff llama capitalismo de la vigilancia,
* lo que Franco Berardi Bifo llama semiocapitalismo,
* las críticas hechas por Mariana Mazzucato de la captura masiva de fondos públicos de los EEUU sobre la que se ha construido el poder de las big tech, (junto con otros grades agentes económicos como la finanzas o el sector médico-farmacéutico).

Por mi parte, y creo que por parte de todos estos autores citados, no se trataría de una posición tecnófoba – que algunos calificarían de neo-ludita — como de una posición tecnocrítica que cuestiona la excesiva dependencia del trabajo y la vida respecto de estas corporaciones capitalistas, y que defiende una mayor autonomía o soberanía tecnológica, tanto como país o sociedad, como a nivel personal. La idea es que podemos pensar más y tendríamos que hacerlo mucho mejor.

Una célebre frase de Kurt Vonnegut – célebre entre los vonnegutianos, claro – dice que «sólo porque sepamos leer y escribir y hacer un poco de matemáticas no significa que debamos conquistar el mundo». Pues algo así sería la idea con la big tech: sólo porque tengan magníficos productos y nos den excelentes servicios, no quiere decir que deban vigilarnos o dominar la política y la vida.

Nota adicional: El que una de las iniciativas más publicitadas por parte de nuestro presidente del gobierno, en lo que considera una de las líneas políticas prioritarias de su gobierno, la llamada «Transición Digital», haya sido el establecimiento de acuerdos con Amazon para alojar los datos públicos – «cloud service» lo llaman, eso sí –, denota, en el mejor de los casos, una preocupante «falta de norte». El que las responsabilidad de esta «Transición digital» esté adscrita a la Vicepresidencia Económica del gobierno que ostenta la Sra. Calviño, a quien se suele calificar de representante de la ortodoxia económica – es decir del social-neoliberalismo –, quizás sea más de preocupar, porque sugiere que cosas como la de Amazon no son desorientación sino todo lo contrario. Al final, como casi siempre, parece que los bobitos somos nosotros, y los listos ellos, pero por otras razones de las que se explican y quizás se suela creer.
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#referencias

Para componer una perspectiva crítica del asunto, para aquellos que os gusten los argumentos algo más elaborados, en los enlaces a continuación presento algunos de los artículos e intervenciones públicas que más me han interesado estos días. Aunque la clave para mí sea que no se trata de medir la eficacia relativa de una y otra posibilidad, o de hacer una cuenta de costes y beneficios, ni tampoco sobre ese concepto nuevo de la privacidad – sino que se trata de un debate que calificaría de filosofía política, que tendría que centrarse sobre la dignidad de lo humano, por ejemplo.

Naomi Klein, 08/05/2020, Screen New Deal, The Intercept: https://theintercept.com/2020/05/08/andrew-cuomo-eric-schmidt-coronavirus-tech-shock-doctrine/

Klein nos cuenta la situación desde Nueva York, donde el gobernador Cuomo parace que ha llegado a acuerdos con Eric Schmidt (ex-Guguel), Bill Gates y Michael Bloomberg para relanzar la economía sobre el capitalismo de la vigilancia (la killer app en uno de los los documentos internos del grupo) y con la justificación de la supremacía de los EEUU en la lucha con China por el control global.
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Shoshana Zuboff [vídeo, entrevista con Renata Ávila en Diem25 TV], 18/04/2020, COVID-1984 – Surveillance Capitalism, https://youtu.be/OoJ-yqO9A9Y

Zuboff presenta de manera rápida su teoría del capitalismo de la vigilancia y el giro de la economía digital tras el año 2001 – hasta entonces casi no existían los actuales gigantes. Pedir a un data-capitalista que no vigile es como pedir a una jirafa que tenga el cuello corto: algo contra-natura – es una de sus célebres frases.
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E. Morozov, 14/04/2020, The Guardian, The tech ‘solutions’ for coronavirus take the surveillance state to the next level, https://www.theguardian.com/commentisfree/2020/apr/15/tech-coronavirus-surveilance-state-digital-disrupt

Morozov elabora aquí su idea de solucionismo tecnológico aplicado a las Covid-1984-app. Llama así a la creencia interesada – y equivocada según él – de que todos los problemas sociales pueden resolverse con una app o similar; vg, en lugar de reforzar los sistemas epidemilógicos y santitarios nacionales, hagamos una app de contact tracing…
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Marta Peirano, 23/03/2020, Contra la seductora lógica del totalitarismo, https://www.eldiario.es/zonacritica/seductora-logica-totalitarismo_6_1009009141.html

Peirano plantea una de las primeras intervenciones del debate en Esp, analizando el caso chino, y su narración interesada y sesgada, en la que se basó inicialmente la promoción de la idea de las apps de seguimiento en España y Europa. Reconocida la brutalidad del estado policial digital chino, los promotores del asunto pasarona promover los desarrollos digitales de Corea y Singapur, incorporando otros sesgos diferentes para evitar la dificultad de comparación entre situaciones muy diferentes.
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Ignacio Ramonet, 25/04/2020, La Jornada México, La pandemia y el sistema mundo: https://www.jornada.com.mx/ultimas/mundo/2020/04/25/ante-lo-desconocido-la-pandemia-y-el-sistema-mundo-7878.html

El prestigioso Ramonet hace un análisis bastante extenso y de amplio alcance, del que recomendamos la sección que dedica el tema digital, donde analiza en mayor detalle de lo habitual lo que significaría un tipo de control social digital similar al de China, y la verdad es que a mí al menos me deja espantado. (Sería muy específicamente la sección titulada «Cibervigilancia sanitaria», aunque para situar mejor el contexto quizás convenga leer los secciones previas y la que la sigue, «El jabón y la máquina de coser», esta última en la que plantea que han sido más bien estas tecnologías tradicionales, junto con el confinamiento, también antiguo, las que están logrando parar la pandemia en Asia y aquí.

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Las siguientes artículos se centran en los aspectos más técnicos y más en particular en la cuestionable viabilidad y eficacia técnicas de las aplicaciones para redes de teléfonos celulares que se vienen debatiendo

Ross Anderson [University of Cambridge], 12/04/2020, Contact Tracing in the Real World: https://www.lightbluetouchpaper.org/2020/04/12/contact-tracing-in-the-real-world/
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Javier Sánchez / La paradoja de Jevons, 05/2020, El Salto, Riesgos e incertidumbres en las aplicaciones para el rastreo de contagios (partes I y II), https://www.elsaltodiario.com/paradoja-jevons-ciencia-poder/aplicaciones-de-rastreo-de-contagios-demasiados-riesgos-y-muchas-incertidumbres-sobre-su-efectividad-(parte-1-de-2) [en el momento de enlazarlo no funcionaba el enlace]
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Nadim Kobeissi @kapoera, 17/04/2020 con múltiples updates posteriores, An investigation Into PEPP-PT, https://nadim.computer/posts/2020-04-17-pepppt.html
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Sobre los requerimientos que debería cumplir una app como las que se viene proponiendo, de la respetada y relativamente liberal American Civil Liberties Union, y de uno de los colectivos de hackers más veteranos el Chaos Computer Club; son bastante parecidos. Las recomendaciones están muy bien, pero aposté con un par de amigos a que no habían agencia pública ni gran corporación que fuera a hacer un desarrollo así; como dice Zuboff, serían como girafas sin cuello…

ACLU White Paper – Principles for Technology Assisted Contact-Tracing [By Daniel Kahn GillmorApril 16, 2020] https://www.aclu.org/report/aclu-white-paper-principles-technology-assisted-contact-tracing

Chaos Computer Club, 06/04/2020, 10 requirements for the evaluation of “Contact Tracing” apps, https://www.ccc.de/en/updates/2020/contact-tracing-requirements

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Datos sobre market share de Android & iOS para 2020: https://gs.statcounter.com/os-market-share/mobile/worldwide

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2a parte: La universidad vaciada

El segundo de los debates al que aludo aquí es el de «la digitalización de la docencia universitaria». Como sabrá casi todo el mundo, el confinamiento obligó a que prácticamente de la noche a la mañana las clases tuvieran que pasarse a Internet. No es que antes lo digital no atravesase casi todas las actividades universitarias: correos, apuntes y materiales, calificaciones, uso de ordenadores y software, etc., etc. – yo mismo fui co-fundador y director del primer fab lab / laboratorio de fabricación digital en un centro universitario público español y entre mis muchas actividades digitales organicé e impartí una asignatura durante casi toda la década de 2000, muy singular si no única por su temática en el panorama universitario de los estudios de Arquitectura en España, titulada El yo cíborg y la ciudad red. Pero sin duda lo que que hayamos tenido la obligación de dejar de estar presentes con nuestros cuerpos y de compartir los mismos lugares… es una novedad importante. Y si hacer o recibir en streaming – organizado autónomamente – era algo emocionante en el año 2003 o 2004, tener hoy la obligación de asistir a una reunión de hang-out o blackboard-collaborate como parte de nuestro trabajo en una institución pública me parece una forma de sumisión bastante intolerable a la vez que un disparate.

Estos días el debate se ha animado aún más por unas declaraciones del ministro Castells en que ha dicho que todo esto es una buena noticia y que tendríamos que irnos acostumbrando a que las universidades en tiempos normales – sea lo que sea eso – preguntémosle a JG Ballard, DEP – cada vez más funcionen así. Castells, a quien he leído con interés, enunció ya en 1996-97 su diagnóstico del paso de casi todo lo relevante en nuestros tiempos – el poder, la economía, la cultura, las relaciones sociales… — de los antiguos espacios de los lugares a los – entonces nuevos — espacios de los flujos. Debe señalarse, no obstante, que ha llovido mucho desde entonces, y que no todo lo digital y fluido ha resultado ser tan bueno ni tan deseable como pensábamos que lo iba a ser hace casi 25 años – aunque por supuesto tampoco todo lo digital sea malo.

Estas declaraciones del ministro han tenido respuestas preocupadas y otras airadas como la del profesor de Filosofía de la Complutense, Carlos Fernández Liria. Liria, que titula su artículo «La Universidad vaciada», expresa a mi juicio muy bien el amplio descontento en las universidades públicas con la sustitución de lo que el autor llama la «universidad humboldtiana» por el modelo de las actuales universidades anglo-norteamericanas más conocidas, cada vez más mercantilizada. En la evocación de Fernández Liria, algunos dirían que algo hiperbólica o idealizada, mientras que la primera se centraría en «la búsqueda de la verdad» y más modestamente en la creación de unas condiciones más adecuadas para un cierto pensamiento y la (auto)formación como personas y ciudadanos, el segundo modelo representaría, cada vez más, un medio para la reproducción y ampliación del capitalismo, en su nueva variedad cognitiva, biopolítica, global, etc. Tengo que reconocer que siento mucha afinidad con la crítica de Fernández Liria en su artículo. Como también la tengo con lo que cuenta Isabelle Stengers en su librito Otra Ciencia es posible. Manifiesto por una desaceleración de las ciencias, en cierto modo próximos a los de Fernández Liria.

Sobre el tema de la digitalización, así más específicamente, mi opinión no es tan radical como la de Fernández Liria. Yo siempre he usado múltiples herramientas digitales, – aunque creo que haciéndolo sin demasiados aspavientos ni exageraciones. Y creo que mis colegas y yo las hemos usado porque considerábamos, no sólo que podía ser útiles en ciertas circunstancias, sino porque su conocimiento y hasta cierto punto su diseño y control constituían un aspecto fundamental del diseño y la construcción del mundo contemporáneo. Y ese es el mismo debate que se plantea ahora.

Y es por esta razón por la que veo preocupante, como ya señalaba hace una semanas en este blog, que la transición que propone Castells se haga a base de convertir las universidades públicas españolas, – con todos sus defectos, una de las más extraordinarias instituciones con las que aún contamos –, en una especie de extensión o apéndice de las corporaciones multinacionales tecnológicas.

Si para dar las clases y desarrollar los servicios propios de las universidades, para producir, guardar y distribuir el conocimiento y la investigación, para la producción y gestión del General Intellect que dicen algunos, pasamos a depender críticamente de plataformas digitales propiedad de empresas multinacionales sería algo así como encargar la seguridad militar o la gestión económica el país a una empresa privada. Y aunque no me cabe duda de que habrá gente a favor de este tipo de políticas, por mi parte estoy convencido de que son políticas que van en contra del carácter público y democrático de nuestras instituciones y en contra del interés y las necesidades a medio plazo de la ciudadanía en general. Es algo similar a la privatización de la sanidad o de ciertos aspectos de ésta, un debate bien de actualidad con esto de la pandemia.

Así, lo que me parece es que, si quisiéramos efectivamente hacer una transición digital en las universidades y también sería algo a pensar mucho más y mejor, nos encontraríamos en la obligación de construir y desarrollar infraestructuras propias, que sean públicas y democráticas. Y piensa uno ingenuamente que con el prestigio de Castells sería un proyecto que podría plantearse, paso a paso, a escala nacional y europea. Y en el que se tendría que movilizar el talento de las propias universidades, con centros como fuera en su día el CSIC y cosas así. En estas cosas son en la que piensa uno también cuando se habla de nuevos modelos productivos – no en poner centros de datos o de distribución de Amazon.

Infraestructuras y redes para la autonomía universitaria [tecnológica]

Benkler, autor del influyente libro titulado The Wealth of Networks (2006), proponía una eficaz clasificación de las infraestructuras digitales, que en su caso planteaba sería deseable que fueran de gestión y propiedad entre lo público y lo común: capa física (redes, hardware), capa lógica (software) y capa de contenidos. Me sigue pareciendo un buen esquema para pensar que necesitaría una sociedad para disponer de una autonomía tecnológica razonable.

Por su parte Negri y Hardt, en su libro de 2009, Commonwealth, planteaban un panorama que si bien se puede considerar en exceso ambicioso si que me parece que constituye una buena referencia para pensar. Lo llamaban programa político para una construcción radical de los comunes, y aunque no estemos probablemente para programas radicales, sí que estimo que nos puede servir como una referencia para la reflexión sobre la necesidad de infraestructuras, equipamientos y recursos públicos y del común como alternativa o contrapeso al dominio por parte del capitalismo cognitivo y la de la vigilancia. Decían (extracto):

Infraestructuras necesarias para la construcción de lo común, para ampliar la productividad de la cooperación social, para la producción de [otras] formas de vida y subjetividad…

[1] Acceso a infraestructuras físicas: agua, energía… comunicación, información…

[2] Infraestructura social intelectual: educación – herramientas lingüísticas, herramientas afectivas para construir relaciones, herramientas para pensar…

[3] Infraestructuras abiertas de información y cultura: capa física abierta, capa lógica abierta, capa de contenidos abiertos (aquí usa la clasificación de Benkler).

[4] Financiación de la investigación y de las infraestructuras correspondientes.

[5] Libertad de movimiento

[6] Libertad de tiempo

[7] Libertad de construir relaciones sociales e instituciones sociales autónomas

[8] Participación en el gobierno a todos los niveles como práctica y pedagogía para el autogobierno o la autonomía.

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Conclusión provisional

A pesar de lo que aquí escrito, uno sigue creyendo bastante en Castells, Pisarello (presidiendo la comisión correspondiente del Congreso) y equipo y tiene claro que las cosas son difíciles. También que es necesario no dejar de pensar; también que este campo que venimos llamando de las tecnopolíticas es un campo crítico para la definición del tiempo actual.

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#másEnlaces

El Tuit del ministro Castells enlazando su polémicas entrevistas (12/05/2020):

Carlos Fernández Liria, 15/05/2020, La Universida vaciada, https://www.cuartopoder.es/ideas/2020/05/15/la-universidad-vaciada-carlos-fernandez-liria/

La noticia del acuerdo del gobierno con Amazon para alojamiento de datos ha desaparecido de los buscadores o es muy difícil de encontrar. Aquí algunos enlaces sobre el tema:

https://www.publico.es/sociedad/libertades-publicas-subir-nube-servicio-publico-pone-datos-criticos-alcance-donald-trump.html

Uno de los tuits del presidente Sánchez sobre el asunto:

Covid-1984: un extracto de la conversación entre Shoshana Zuboff y Renata Ávila sobre el capitalismo de la vigilancia

Imágenes de Shoshana Zuboff durante su conversación con Renata Ávila el pasado 18 de abril de 2020 en Diem25 Tv

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Selección y traducción José Pérez de Lama

El pasado sábado 18 de abril (2020) organizada por Diem25 TV tuvo lugar una interesante conversación entre Shoshana Zuboff (profesora de Economía de Harvard y autora del libro The Age of Surveillance Capitalism, 2019) y Renata Ávila, activista global por los derechos digitales, también parte de la red de apoyo a Julian Assange, conversación en que la trataron sobre el capitalismo digital en tiempos del Coronavirus, y más indirectamente sobre los proyectos de apps para el seguimiento de ciudadanos en relación con los contagios. La conversación fue de un gran interés y la recomiendo entera; con una marcada visión crítica, pero también propositiva (enlace al vídeo completo al final del post).

Pero como ando bastante enfadado con los defensores de la Covid-surveillance-app y la supuesta ineluctabilidad de la vigilancia cuasi total en nuestro futuro inmediato – ¡oh, la servidumbre voluntaria! – pues me animé a traducir y reproducir aquí los primeros minutos de la intervención de Zuboff que me dejaron muy admirado por la claridad y rotundidad de su punto de vista, con el que me identifico mucho.

La transcripción empieza en el minuto 38 del vídeo que se encuentra actualmente online — ahora mismo hay media hora sin acción, seguida de la presentación de Renata Ávila; seguida por la primera intervención de Shoshana Zuboff que se reproduce a continuación:

[min 38:18]
Quiero empezar con Orwell, si puede ser…
Una de las títulos de esta sesión es Covid-1984…
¡Qué titulo más brillante!

Entonces, Orwell está aquí con nosotros,
está por todos lados en nuestras mentes…

Pero quiero empezar con Orwell de una manera diferente,
no con 1984.
Sabéis que cuando escribió 1984
no era porque esperaba que 1984, aquella pesadilla
fuera a producirse… [*]
Era porque estaba dispuesto, literalmente, a sacrificar su propia vida…
— saben que pasó aquellos últimos años, cuando estaba escribiendo 1984
en las isla Hébridas
en una pequeña casa que no tenía calefacción
y tenía tuberculosis
y estaba cada vez peor
y tenía otros trabajos que entregar —
y literalmente sacrificó su vida para acabar este trabajo.
¿Por qué lo hizo?
Porque quería lanzar una llamada de atención…
al mundo, a Inglaterra, a Europea, a todo el mundo,
una llamada de advertencia,
diciendo, “Esto es lo que puede pasar,
si dejamos de prestar atención,
si no estamos movilizados.”
Era en un cierto sentido el negativo
de la foto del futuro
que el deseaba.

En otros ensayos que Orwell escribió —
era un escritor prolífico,
así era como se ganaba la vida –.
Mi texto favorito de entre todos los suyos
Era una poco disimulada reseña de un libro
titulado The Managerial Revolution (La revolución de la gestión o la organización),
escrito por un individuo llamado James Burnham.
[40:23] Este libro, entonces, había sido originalmente escrito en 1940…
Y aquí encontramos a Orwell en uno de sus mejores momentos
Despellejando a James Burnham.
Puro desprecio…
por el despreciable autor y sus despreciables conclusiones.
¿Por qué?
Porque Jame Bunrham se fijó en el Tercer Reich
y quedó impresionado con las capacidades administrativas del Tercer Reich …
al fin y al cabo estaban administrando el asesinato
dentro de sus propias fronteras …
como más adelante lo haría por toda Europa.
James Burnham estaba tan impresionado con sus capacidades organizativas (managerial)
que predijo, “¡Por supuesto, los alemanes van a ganar esta guerra!”
Porque tenían capacidades organizativas superiores.

Pero luego, unos cuantos años después,
publicó una nueva edición.
Y en la nueva edición los Aliados
habían empezado a mostrar su fuerza …
Y entonces, ¿qué pensáis que hizo Burnham?
Pues cambio su interpretación completamente.
Ahora decía que los Aliados eran los que probablemente ganarían.

[41:40] Bueno, Orwell vio esto y dijo,
“James Burnham es mi definición de cobardía.”
Es un cobarde.
Y lo que lo hace un cobarde es que agacha la cabeza (bows down)
ante cualquiera que sean las fuerzas que estén dominando en el momento,
y se rinde exageradamente a estas fuerzas [And he exceeds to those forces]
y traza una línea recta
del presente al futuro,
como si el futuro estuviera ya determinado
por quien quiera que sea el más fuerte en el momento,
o el que le parece que sea el más fuerte en el momento.
Esto es cobardía.
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Entonces, os planteo esta noche,
que estáis leyendo textos, editoriales, artículos de prensa …
todos los días …
que son cobardes.

[42:21] Porque lo que están haciendo es observar
el poder de la empresas tecnológicas,
el poder del imperio del capitalismo de la vigilancia,
cada vez más, oportunistamente, aliados,
no sólo con gobiernos autoritarios
sino también con los velados anhelos autoritarios
de gobiernos elegidos democráticamente.
Y vemos a escritores y observadores
mirando a estos grandes poderes
y rindiéndoles pleitesía,
diciendo “Esto va a ser el futuro …
esto va ser el futuro después del COVID-19 …
después del COVID-19 todo va a ser diferente.
Va a haber bio-vigilancia,
vigilancia completa,
todos nos habremos entregado
para ser objetos de seguimiento permanente y total …
y todo lo demás.

Yo digo
que eso es ser cobardes.
Por la misma razón que Orwell lo decía.

Porque no podemos conocer el futuro.

Pero si que podemos saber esto:
hay un factor decisivo que determina el futuro.
¿Sabéis cuál es?
Es cada uno de vosotros que nos está escuchando ahora mismo;
y es toda la gente que nos estará escuchando más adelante.
Y son todas las conversaciones que vais a tener con vuestros amigos.
Y los grupos de discusión que vamos a poner en marcha en vuestras comunidades.
Y son las cosas que vais a escribir; son los blogs y los posts y los vídeos que vais a hacer
y las conversaciones que vais a tener en la esfera pública y en vuestra esfera local.
!Eso! Lo que vosotros hagáis, lo que nosotros hagamos, si nos movilizamos o no, — eso es lo que determinará el futuro.
Y hasta que no sepamos esa historia, nadie puede saber lo que va a pasar en el futuro.
Depende de nosotros.
Así es como quiero empezar [esta conversación].
[45:02]

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[*] Aquí creo que hay diferentes interpretaciones, y siendo una dvertencia contra los totalitarismos en general, no es difícil identificar en la historia rasgos del comunismo de la URSS con Stalin con el que Orwell había tenido algunas experiencias en la guerra española. Sobre esto, acabo de encontrar un texto de Thomas Pynchon que siempre será curioso… https://elpais.com/diario/2003/06/21/babelia/1056152350_850215.html

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Vídeo:

No le des al Like al leer este artículo – reseña: Peirano, El enemigo conoce el sistema


Imagen: red de cables submarinos de propiedad exclusiva de Google, Amazon, Facebook o Microsoft [0], 2019
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No le des al Like al leer este artículo

José Laulhé

Reseña sobre el libro «El enemigo conoce el sistema. Manipulación de ideas, personas e influencias después de la Economía de la atención» de Marta Peirano (Editorial Debate, 2019).

Cuando publique esta reseña, gracias a la invitación de Arquitectura Contable, mi siguiente paso será publicar un link al post en Facebook. Parece una incongruencia, pero la lógica de publicar en un blog es compartirlo y la vía de que los «internautas» encuentren el post enlazando páginas o blogs amigos, es inconcebible a día de hoy. Solo podría caber la esporádica situación de que alguien, curioseando otro post de este mismo blog, llegara al mío. Sin embargo, la proposición de Peirano va en otra línea. Quizá si le hubiéramos preguntado en 2010, nos hubiera dicho que no compartiéramos en Facebook- ay, N-1 dónde quedaste…-, pero ahora entiende como inevitable que compartir para una mayoría, o para un público que exceda el peer-to-peer, depende de las grandes redes sociales. En lo que incide Marta Peirano en «El enemigo conoce el sistema» es en lo que pasa después de que linkemos: en la ansiedad del autor en ver reconocido su trabajo en la RRSS- actualizando cada 5 minutos, con esa acción aprehendida de arrastrar hacia abajo («push») replicada de las máquinas tragaperras-, pero también en la construcción tribal de esas personas que al dar al Like exponen que este libro y sus lecturas refuerzan su identidad. Es posible que esta reseña no os interese a ninguna. Pero, en caso de que sí, ¿qué os parece si utilizamos el sistema de comentarios del propio blog para el feedback?

«El enemigo conoce el sistema» es una composición actualizada de varias publicaciones que muchas manejamos como referencias: desde Stallman o Foucault hasta Snowden o James C. Scott. En mi opinión también es el intento por desvelar- o, al menos, poner luces sobre- el dispositivo en que se ha convertido el internet actual- internet de plataformas-. A partir de las herramientas que nos proporcionó Deleuze [pág 11, 2012] podemos discernir gracias a Peirano líneas de visibilidad (qué se ve- nuestros perfiles- y qué no- las empresas que analizan y venden nuestros datos-, y sobre todo cómo se decide), líneas de subjetivación (donde la actitud respecto a estas RRSS ha cambiado), líneas de fuerza (como la que se da entre multinacionales y gobiernos, y muchas más),…

Un libro sobre el cambio climático

Dice Marta Peirano que su libro en realidad habla del cambio climático. Y es cierto. Sitúa el foco en el peso de tres grandes corporaciones (Facebook, Google, Amazon) respecto a nuestro día a día. A Amazon le dedica un estudio particular puesto que «ha sido sin duda el más discreto. No tiene eslogan ni lema, no dice que vaya a hacer del mundo un lugar mejor o mejor conectado», pero en sus servidores está alojado aproximadamente un 46% de la red. Y, sobre todo, cada vez sectores más críticos, los primeros los bancos. Como sabemos, las administraciones están valorando- si es que no lo han hecho ya como EEUU- la opción de que Amazon aloje toda la información digital pública de naciones enteras.[1] Se pregunta Snowden en su libro [pág 12, 2019] qué tipo de respeto a las reglas que nos hemos dado (Derechos Humanos, Constituciones,…) podemos esperar de este tipo de plataformas globales.

Amazon es también uno de los principales cooperantes de Palantir. Todo dispositivo conectado a Internet está conectado a Palantir: «sirve para monitorizar a distancia a cualquier sujeto, organización o sistema, tirando de cualquier hilo: un nombre, un lugar, un número de teléfono, una matrícula de coche, una tarjeta». Y todo está alojado en AWS (Amazon Web Services) y utiliza su algoritmo de reconocimiento facial Amazon Rekognition. Y no queda ahí:

«El Programa Mundial de Alimentos de la Organización de las Naciones Unidas, cuya función es distribuir alimentos para refugiados, inmigrantes y víctimas de crisis y desastres naturales, ha cerrado un acuerdo con Palantir para analizar datos. Noventa millones de refugiados que servirán de entrenamiento para predecir y controlar los movimientos de futuros refugiados.»

Pero al final, ¿qué es la nube? La nube es una aglomeración de silicio, cables y metales pesados que se concentra en determinados, y no siempre conocidos, lugares . Y consumo una cantidad extraordinaria de electricidad. En 2008 producía el 2 por ciento de las emisiones globales de CO2, y durante 2020 lo habrá multiplicado- o más, el Coronavirus habrá frenado otros tipos de emisiones, pero no los derivados del uso de servidores-. Por tanto se ubican en territorios de electricidad y mano de obra barata, con fiscalidad amistosa y una flexible política en torno a la gestión de los datos

La cuestión del algoritmo

Hace poco tuvimos la suerte de participar en una publicación bajo el sugerente nombre de Algoritarismos, coordinada por Jesús Sabariego y Augusto Jobim [Sabariego, 2020]. Decía Deleuze que, a diferencia de la sociedad disciplinaria con una superposición de módulos que operaban sobre la sociedad de manera discontinua, en la sociedad control el «ordenador [algoritmo] señala la posición de cada uno, lícita o ilícita, y opera una modulación universal» [Deleuze, 1992]. Estas plataformas ejercen una vigilancia continua sobre nosotros, todo el tiempo y en todo lugar. Es terrible pero, sorprendentemente, aceptado popularmente en la sociedad post 11-S. Actualmente lo vivimos en nuestros encierros cuando el Gobierno nos indica que va a utilizar un sistema de geolocalización con todos los ciudadanos. Nos recuerda Peirano que, a principios del siglo XX, Holanda contaba con un censo con las preferencias religiosas para adecuar recursos al número de fieles. Esa base de datos fue usada por los nazis para afinar su búsqueda y que solo el 10% de judíos holandeses sobreviviese al Holocausto. La cuestión esencial con la geolocalización de las personas durante la crisis del Covid-19 no es la razón puntual por la que se ha hecho, sino la vía a través de la cual se ha hecho- norma- y el tipo de consenso necesario para hacerlo- nada de 2/3 de la Cámara, referéndum o algún tipo de legitimación popular-.

Ya que la vigilancia, en general, no es el único objetivo sino también el control y, sobre todo, la manipulación. Voviendo al libro de Marta Peirano, nos dice que «YouTube presume de que su algoritmo es responsable más del 70 por ciento de los vídeos que se ven en la plataforma». El algoritmo de YouTube se basa en proponer vídeos cada vez más extremos para que multipliques tu tiempo de engagement [2] y, con ello, incrementar tu grado de satisfacción con la app. Su objetivo es únicamente ese: no buscan radicalizarte o generar traumas entre los niños que ven vídeos sin control, toda su inversión se centra en buscar la manera de maximizar tu engagement. En el libro la gama de ejemplos es larga, desde los olores de nuestra idealizada infancia hasta las apps de contactos, o como dice Hammerbacher: «las mejores mentes de mi generación se dedican a pensar cómo hacer que la gente pinche en un banner».

En otra línea de argumentación en torno al algoritmo, habla del papel de las organizaciones gubernamentales y el papel que ciertos dispositivos, como el dinero digital, va a tener en la constitución de estos algoritmos. Nos enseña el modelo chino y su sistema de «crédito social», el cual nos retrotrae a capítulos que querríamos inverosímiles de Black Mirror. Pero nos recuerda que de alguna manera el resto de países están desarrollando su propio sistema de crédito social. La diferencia es que las condiciones del mismo son secretas.

«Un algoritmo es un conjunto de instrucciones diseñadas para resolver un problema concreto. Pero cuando los algoritmos son opacos, ya no sabemos cuál es el problema que intentan resolver.»

Volviendo al caso de las grandes plataformas digitales, las Primaveras árabes, el 15-M, Occupy Wall Street, etc reconfiguraron sus algoritmos. En 2010 las iniciativas populares alcanzan el carácter de acontecimiento en el seno de estas plataformas, produciendo un engagement muy alto tanto por el momento histórico, por el lenguaje (con el suicidio de Mohamed Bouazizi), como por la novedad. Posteriormente el mismo algoritmo, actualizado, era el principal aliado de los nuevos regímenes autoritarios surgidos tras el derrocamiento por parte de las Fuerzas Armadas de algunos líderes elegidos democráticamente o el que alza proyectos populistas en todo el mundo. El dispositivo internet -de plataformas- ya ha incluido en su ser el elemento disruptivo que se da entre 2010 y 2011. Recuperando a Tiqqun, «tras el primer instante de conmoción por la inexorable tarea de la potencia, [el dispositivo] se reforma: SE incluye, desactiva y reterritorializa el acontecimiento, SE le asigna una posibilidad, una posibilidad local» [pág. 114, 2012].

¿Es un libro sobre la pertinencia del uso de Internet?

Aclara en alguna de las entrevistas y charlas que su libro no trata de ser una enmienda a la totalidad a Internet. Dedica un extenso capítulo a lo que denomina la Revolución, incluyendo sus personajes tóxicos como O’Reilly y el papel dudoso de ciertos medios como Wired. Reivindica el espíritu de los hackers de los 70-80, a Perry Barlow- «sacad vuestras sucias manos del ciberespacio»- o el modelo TCP/IP como elementos válidos a partir de los cuales podría plantearse una refundación. La transición del internet freak, heterogéneo, descentralizado (al menos aparentemente) de los primeros 2000s- aunque hubiera voces críticas como Álex Galloway [2007]-, a este modelo de plataforma y con una concentración del poder, quizá sea la parte menos desarrollada o, en mi opinión, peor estructurada.

Frente a eso, nos dibuja de manera mucho más ordenada todo el proceso de gestación de Internet. Explica a través de Yasha Levine, autor de Surveillance Valley, que el primer proto Internet desarrollado para fines militares «parecía una idea progresista, en lugar de bombardear gente, con una cantidad suficiente de datos podías arreglar el mundo sin derramar sangre». Sin embargo esas herramientas nunca se han limitado a su uso primigenio. Es una historia recurrente: tecnologías que se presentan para resolver una coyuntura concreta respecto a un tercero, finalmente son usadas para nuevos modos de control respecto al espacio doméstico. Pese a la ingente superposición de referencias que usa Peirano en su libro, inicia y acaba con la misma cita de Audre Lorde, escritora LGTBI feminista afroamericana:

«Las herramientas del poder nunca servirán para desmantelar el poder».

Una lectura muy recomendable que creo es apta para iniciados y no iniciados en los entresijos de Internet. Para empezar podíais plantearos dónde lo vais a adquirir, ¿de verdad vais a acudir a Amazon? Hoy por hoy nadie es sospechoso/a de nada por leer a Peirano, Snowden o Assange… es así, ¿no? O quizá lo ideal es dudar de dónde va esa información. Y hacer llegar tu petición a alguien de confianza. Podéis llamar a Luis de La Fuga, que él haga la petición como uno más de los libros que la librería adquiere y cuya base de datos por la LOPD no es accesible para terceros. Ahí sí, disfrutad del libro aprovechando que hay iniciativas amigas que interceden y que limitan lo que se sabe de nosotros.

O también podéis, cuando acabe la cuarentena, hacer caso a Tiqqun e intervenir en los dispositivos a través del robo de uno de los ejemplares en una gran superficie.[3] Vuestra es la decisión.
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PD: Teniendo el borrador de la reseña se ha cruzado la noticia sobre la asociación de Google y Apple para preparar una app intrusiva, instalada simplemente mediante la actualización del sistema operativo- entre una y otra compañía copan el 99% del mercado [4]. En el libro de Marta Peirano aparecen suficientes menciones a ambas empresas como para desconfiar. Snowden [pág 248, 2019] nos define el concepto Eliminar en Informática como una herramienta para usuarios para sentir que tenían el control «sobre todo en lo que respectaba a cualquier cosa que hubiesen creado ellos mismos […] sin embargo, lo cierto es que la eliminación nunca ha existido tecnológicamente del modo en que la concebimos». Básicamente nos indica que la eliminación es en realidad una forma de permiso intermedio de escritura: el archivo original queda intacto.

Siendo así con un archivo común producido por nosotros, ¿qué hemos de esperar de una app instalada automáticamente en nuestros dispositivos por compañías que basan un alto porcentaje de sus ingresos en la venta de datos a terceros?

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#notas

[0] International Health Report [2019] Los nuevos inversionistas de cables submarinos: https://internethealthreport.org/2019/los-nuevos-inversionistas-de-cables-submarinos/?lang=es . Información complementaria en relación a la afección climática de la Nube.

[1] Noticia sobre el uso de geolocalización, por supuesto en Twitter: https://twitter.com/sanchezcastejon/status/1189970366761963521?lang=es

[2] Engagement es un término importante en el libro: «En español no hay una palabra exacta para engagement. La traducción literal es «compromiso para el matrimonio», como si abrir una cuenta de usuario implicara una relación íntima entre el usuario y el servidor. Y no es una descripción descabellada porque entre las dos partes se interpone un contrato prenupcial que el usuario debe aceptar como una «novia agradecida», sin modificaciones ni anexos, llamados Términos de Usuario».

[3] Según Tiqqun [Pág. 89. 2010]: «El robo sólo es transgresión desde el punto de vista de la representación: se trata de una operación sobre la presencia, de una reapropiación, de una reconquista del sí mismo como cuerpo en el espacio […] Al robar me desdoblo en presencia aparente, sin espesor, en alguien absolutamente del montón, y en una segunda presencia íntegra, intensa e interna, para la que se anima cada detalle del dispositivo que me rodea…».

[4] Datos sacados del artículo de Jordi Pérez Colomé (2020.04.10) en El País «Apple y Google se alían para facilitar que las apps para rastrear el coronavirus estén en todos los móviles»: https://elpais.com/tecnologia/2020-04-10/apple-y-google-se-alian-para-crear-un-sistema-de-rastreo-del-coronavirus-que-no-necesite-descargar-una-app.html?ssm=TW_CM

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Sobre Marta Peirano he utilizado otras fuentes aparte del libro, como su charla en Fundación Ruiz Funes [https://www.youtube.com/watch?v=LyyPUe9SnAw], la entrevista en eldiario.es [https://www.eldiario.es/murcia/entrevistas/Marta-Peirano-periodista-Internet-manos_0_917958267.html] o sus dos charlas en TEDx Madrid que podéis encontrar también en YouTube.

El concepto dispositivo se basa en Gilles Deleuze [¿Qué es un dispositivo?, 1989] y Tiqqun [Podría surgir una metafísica crítica como ciencia de los dispositivos…, 2010]. Aunque ambos textos fueron recogidos inicialmente en otras publicaciones, la editorial Errata Naturae los combinó en una publicación bajo el título «Contribución a la Guerra en Curso» [Errata Naturae 2012]. Tenéis la oportunidad de rescatar estos textos digitalmente gracias a que la editorial ofrece una serie de sus maravillosas publicaciones gratuitamente en su web [http://erratanaturae.com/8805-2/]. También se cita Posdata sobre las sociedades de control (Deleuze, 1992).

También me ha parecido interesante para esta reseña la entrevista a Álex Galloway realizada por Pau Alsina para la 9ª edición de ZEMOS98 [2007]: http://publicaciones.zemos98.org/entrevista-alex-galloway

Actualmente me puse a leer el libro de Edward Snowden «Vigilancia Permanente» [Editorial Planeta, 2019]. El libro Algoritarismos aún no se ha publicado- estamos deseando-. Para introducir, aportamos este artículo de Jesús Sabariego para El Salto: https://www.elsaltodiario.com/tecnopolitica/algoritarismos-politica-tecnologia-negocio-algoritmo

¿Es hora de la TMM? Es hora de rescatar a las personas

H. Zell,  conchas usadas como dinero en la Antigüedad; Palou Tello, Batu Islands, Indonesia. Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Shell_money
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¿Es hora de la TMM? Es hora de rescatar a las personas

Francisco Lechago

A modo de introducción

España, al igual que el resto del mundo, está sufriendo un drama y una calamidad sanitaria que no tiene precedentes desde hace por lo menos un siglo. Es una situación nueva que ha dejado perpleja a la sociedad en su conjunto, debido a que se han tenido que tomar medidas de confinamiento absoluto de la población, en un ambiente de angustia por el miedo a contagiarse del COVID_19, y todavía peor, por miedo a morir, e incluso, no poder acompañar a familiares enfermos y fallecidos.

No suficiente con el drama sanitario y psicológico en las personas, como no podría ser de otra forma, tenemos servido el drama económico de paralización casi absoluta de la economía, propiciado por el confinamiento en estado de alarma.

España, como es sabido, tiene una estructura socioeconómica muy débil que funciona “relativamente bien”, en épocas estables y de crecimiento económico, pero que es tremendamente vulnerable a cualquier alteración o shock, ya sea puramente económico, o excepcionalmente, como en este caso, de pandemia sanitaria.

A partir del 15 de marzo de este año 2020, una vez decretado el estado de alarma, y la consiguiente paralización de la economía, surgió como un torbellino el drama económico. Miles de personas que acababan contrato, pasan al paro, cientos de miles de autónomos dejan de trabajar y dejan de percibir ingresos, así como pymes y microempresas, que de la noche a la mañana tienen que enviar a sus empleados a casa por falta de ingresos.

¿Cuál es el porvenir económico, en este estado de confinamiento, de la gran mayoría de las personas que no son ni empresarios solventes, ni funcionarios, ni pensionistas? La economía, la sociedad, los diferentes agentes, ¿tienen capacidad para “rescatar” a estas personas? ¿Quién puede y debe dar cobertura y seguridad a estas personas? ¿De qué forma hacerlo?

En este post, intentaré contestar a estas cuestiones y veremos que muchas veces nos informan de manera equivocada, ya sea por ignorancia y/o intencionadamente, sobre estos asuntos.

Por último, adelantaré, ahora, mi posición respecto a los déficits públicos: Estoy rotundamente en contra de los déficits públicos. Los déficits públicos perjudican gravemente a las personas y son una aberración que ningún gobierno debería permitir.

Puede que esto provoque cierta perplejidad. Volveré sobre ello al final del
post.

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Parece imposible políticamente, en una democracia capitalista, organizar el gasto público a una escala lo suficientemente grande como para llevar a cabo el gran experimento que probaría lo correcto de mis argumentos, como no sea en las condiciones creadas por una guerra. ____ Keynes

Con la introducción anterior he querido dejar constancia de que hay un problema de vulnerabilidad severa, de asalariados precarios y no tan precarios, autónomos y pequeños empresarios. Dicho esto, no queda otra que ponerse manos a la obra para aliviar su situación a corto plazo, para garantizar unas perspectivas laborales a medio plazo y para salvar al conjunto de la economía en su totalidad (globalidad).

Antes de exponer quién y cómo debe de actuar activamente para atenuar los efectos negativos de esta emergencia, me gustaría hacer referencia a la reacción individual o colectiva de la sociedad en general, para ayudar, en las medidas de las posibilidades y de la conciencia de cada una/o. Numerosas personas, me consta, que han hecho donaciones a través de cuentas bancarias, a ONGs, Cruz Roja y entidades similares. A través de la red se ha enviado de manera generosa, tanto empresas como particulares, recursos de todo tipo, culturales, de ocio, de utilidad doméstica etc., para hacer más llevadero el
confinamiento (las consecuencias psicológicas y de patologías físicas, son en este momento un misterio).

A nadie escapa que el Estado, el sector Público, es el que puede y debe tomar las riendas para resolver, primero el drama sanitario y al mismo tiempo, el drama económico.

Por suerte o por desgracia, la economía está globalizada y las decisiones económicas de un país por parte de las autoridades estatales, no dependen exclusivamente de sus decisiones internas. En el caso de España, al pertenecer al espacio europeo, las ayudas económicas a la población dependen en gran medida de decisiones aprobadas en Bruselas, que aun suponiendo correctas, un arsenal de burocracia hace que cuando menos lleguen con retraso e ineficiencia.

¿Qué se debe hacer entonces?

Se deben tomar decisiones de política económica, que tienen un gran coste económico y esto se hace exclusivamente con voluntad política.

Con voluntad política no podemos tener en nuestra mano la luna, ni falta que nos hace, pero sí se puede rescatar a las personas. Llamo rescate a la acción de los poderes públicos encaminada a dignificar la vida de las personas y empresas más vulnerables.

Tarea de los poderes públicos será “inventariar” las situaciones de vulnerabilidad y pérdida de recursos de dichas personas y empresas. De este inventario saldrá una cifra (muy elevada, sí), la cual debe de ser transferida por el sector público a los afectados.

Y entonces es cuando “la gente seria con corbata” y la mayoría de los medios se ponen nerviosos:

  • Eso es una barbaridad de dinero
  • No hay Estado o gobierno que pueda pagar eso
  • ¿De dónde vamos a sacar el dinero?
  • EL déficit, y por tanto la deuda, se dispararía.
  • Europa no nos va a dejar; Europa tiene unas reglas.
  • No tenemos soberanía monetaria. El Banco Central Europeo es el que marca las pautas.
  • La prima de riesgo se dispararía.
  • Los mercados financieros darían la espalda a nuestro país y el IBEX tendría pérdidas millonarias y el desempleo aumentaría a dígitos jamás vistos.
  • España no puede trasladar a las generaciones futuras el coste de una deuda que es inasumible.
  • Se podrá gastar, exclusivamente, la cifra que permita que los indicadores de gasto público sean coherentes con nuestra economía.

Desgraciadamente, este el pensamiento imperante en Europa, en el gobierno, en el IBEX, en los medios de comunicación, en think tanks, en universidades y por supuesto, en los bares. Pensamiento que tiene costes en vidas humanas (precariedad, enfermedad, marginación, desigualdad y pobreza). ¿Habremos aprendido alguna lección de la crisis de 2008?
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¿Qué cantidad de recursos y dinero habrá que transferir a los colectivos vulnerables para poder hacer esta grave crisis más llevadera y no dejar a nadie en la cuneta?

La respuesta a esta interrogante es bastante sencilla, habrá que transferir los recursos que permitan rescatar a dichos colectivos. Recuérdese la definición de rescate aludida anteriormente.

Si dejamos un rato aparcados a los colectivos que ven imposible realizar este rescate, sería el momento de dar unas ideas o nociones que nos permitan acercarnos a nuestro objetivo.

Las “soluciones” siempre son eminentemente ideológicas ya que cualquier propuesta de política económica tiene en cuenta los hechos reales y su posible solución en base a preferencias ideológicas donde entran en juego la visión que se tenga de la equidad, la igualdad, la justicia social, etc.

Aquí plantearé unas pinceladas basadas en la Teoría Monetaria Moderna (TMM) siendo consciente de que es una forma, entre muchas, de rescatar a las personas y de hacer política económica. Ya advierto, que no quiere decir que sea una teoría infalible, ni tenga fallos, ni en última instancia sea la mejor.

¿Por qué desde el punto de vista de la TMM no supone un problema gastar todo lo que sea necesario para rescatar a la gente? Porque los gobiernos no tienen restricciones a la hora de gastar ya que no dependen de los ingresos obtenidos mediante impuestos.

Y esto, ¿cómo puede ser?

El Estado es el monopolizador absoluto de emisión de moneda, puede emitir dinero de manera infinita, pero no hace falta imprimir billetes como se suele decir, basta con hacer una anotación contable añadiendo dígitos de forma electrónica. Esto no podría ser así en caso de que la moneda estuviera referenciada al oro como ocurría antes de 1971.El sistema actual es un sistema fiduciario cuyo único respaldo es el estado dándole legalidad.

Un economista progresista de la rama imperante (neokeynesiana), nos diría que efectivamente hay que rescatar a las personas pero que eso no sale gratis y tiene como contrapartida un futuro aumento de los impuestos para equilibrar un gasto público mayor. Es más, en un contexto como el español, que no tiene soberanía monetaria, hay que cuidar mucho los ingresos para tener un presupuesto equilibrado a lo largo del ciclo.

Una de las principales premisas de la TMM es que los impuestos no financian el gasto público. Para que la ciudadanía pueda pagar impuestos, previamente el sector público ha tenido que gastar en la moneda de la que se tiene el monopolio. ¿Para qué esperar a recibir algo que yo produzco (los euros) y luego hacer el gasto? Rápidamente y dándole una oportunidad a esta premisa, lo primero que se piensa es para qué sirven entonces los impuestos. O, dicho de otra forma, ¿la TMM necesita los impuestos o podría prescindir de ellos?

Efectivamente, para poder gastar no se necesita previamente ingresar por vía impositiva, no obstante, los impuestos juegan un papel necesario en la economía desde el punto de vista del equilibrio de precios, es decir son un regulador para que no se produzcan tensiones inflacionistas.[1] El Estado inunda de gasto al sector privado y es el propio Estado el que detrae parte de esa liquidez a la ciudadanía. Dicho de otra forma, los impuestos ayudan a evitar tensiones inflacionistas. Pero no sólo eso, los impuestos actúan como elemento redistribuidor de la renta entre la población, gravando de forma progresiva a los que más tienen. En este punto se podría debatir la efectividad de los sistemas impositivos desde el punto de vista equitativo, pero no es asunto en este post.

En este punto, podríamos hacernos la siguiente pregunta, ¿qué papel desempeñan los déficits públicos si consideramos estos como el exceso de gasto público respecto a los ingresos públicos?

Siguiendo el hilo de la TMM, ese déficit público son recursos adicionales que van
a parar al sector privado ya que el déficit de un sector (público) es superávit de
otro sector (privado).[2]

Un pequeño ejemplo servirá para visualizar esta idea: Supongamos que el sector público tiene en este momento el presupuesto equilibrado, es decir, gasto público es igual a ingresos públicos, y se decide hacer un gasto público adicional contratando mil sanitarios. Para simplificar, supongamos que dicho gasto público (que va a ser deficitario) se corresponde con el sueldo de esos sanitarios. ¿Qué se ha conseguido con este déficit público? Pues nada más y nada menos que un ahorro privado [3] equivalente,
que se materializa en empleo, en consumo y en pago de impuestos que retornan al sector público, es decir, el déficit publico ayuda a incrementar el PIB.

¿Es conveniente estar en un estado permanente de déficit público?

No parece una buena idea ya que como vemos, los déficits públicos “calientan” la economía y en un momento dado se pueden producir tensiones inflacionistas. “¡Vaya paradoja! Los defensores de la TMM preocupados por la inflación, cuando no tienen miedo ni escrúpulos de hacer funcionar a la máquina de hacer billetes”

¿Y qué ocurre con la deuda pública?

En la economía real ortodoxa, la acumulación de déficits fiscales genera la necesidad de financiar dichos déficits con deuda pública. Dicha deuda será sostenible, siempre que se utilice para actividades de inversión, que hará crecer el PIB, y no para financiar gasto. Se suele decir que mientras los intereses de la deuda estén por debajo del crecimiento de la economía, no habrá problemas de sostenibilidad de la deuda. Cierta ortodoxia admite que el estado no funciona como una familia, por lo que podrá renovar a perpetuidad sus préstamos.

Alan Greenspan llegó a decir que” Estados Unidos puede pagar cualquier deuda que tenga, porque siempre puede imprimir dinero para hacerlo. Por eso, la probabilidad de default de Estados Unidos es nula.” [4]

La deuda pública es un elemento muy polémico y más a raíz de las consecuencias que trajo la gran recesión de 2008.Se llegó a plantear que se hiciera una auditoría de deuda pública, dado que una parte importante llegó a considerarse ilegítima.[5]

La TMM, por su parte, dice que la emisión de deuda no es estrictamente necesaria para un país con soberanía monetaria. Los déficits se podrían monetizar fácilmente con emisiones del banco central.

¿Y qué ocurre con los países como España que no tiene soberanía monetaria?

Las normas de la UE blindaron la actuación del BCE de tal forma que se le prohíbe financiar directamente los déficits de los Estados. Esto es así, porque se acabaría el negocio de la banca y los intermediarios financieros. La banca y los inversores financieros compran las emisiones de deuda de los tesoros públicos y el banco central puede comprar dicha deuda en el mercado secundario de tal forma que puede influir en el tipo de interés de referencia, pero nunca en la oferta monetaria. Resumiendo, se puede decir que la compra de deuda pública es un gran negocio para la banca. En España se ha estado dedicando una cantidad que ha sobrepasado los 30.000 millones de € anuales en intereses de la deuda.

En este contexto de situación de emergencia sanitaria donde van a hacer falta una enorme cantidad de recursos financieros públicos y donde el BCE ni está, ni se le espera, queda como mal menor la voluntad de emisión de “eurobonos”, que pretendería mutualizar las deudas del conjunto de los países de la Eurozona, pero que desgraciadamente tampoco llegará a buen puerto por la negativa de Países Bajos y Alemania.

Efectivamente, la MMT no es posible en un contexto de pertenencia a la UE donde el Banco de España no tiene autonomía en política monetaria, pero se hace necesario abrir los ojos del BCE y de la Unión Europea en su conjunto, instituciones que tienen armas suficientes para regar a sus miembros de financiación directa, es decir, dinero del BCE directamente a los gobiernos.

Dinero obtenido de la nada y sin ninguna implicación sobre el déficit y deuda de los estados miembros. Las pugnas entre “los dos bandos” europeos, los que “siempre cumplen” (Alemania, Países Bajos, Austria, etc.) y los “proscritos” (países del sur), para dar solución económica a la pandemia, están resultando tan decepcionantes como en la crisis anterior. No hay ánimo de mutualizar deudas, ni creando una estructura de eurobonos. La financiación directa a los países por el BCE se convierte en una auténtica utopía. ¿Por qué? Es un tema exclusivo de no tener voluntad política para solucionar los problemas de los europeos.

Como decía al principio de este post, efectivamente,

Estoy rotundamente en contra de los déficits públicos. Los déficits públicos perjudican gravemente a las personas y son una aberración que ningún gobierno debería permitir.

Estoy en contra de los déficits públicos en sanidad, en educación, en servicios sociales, en rentas vitales, en vivienda, en trabajo porque son los pilares de la implantación en el planeta de esos valores de libertad, igualdad y fraternidad, que son el núcleo de la Europa a la que queríamos aspirar, y nuestra mejor aportación a la lucha por los derechos de los oprimidos.[6]
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#notas

[1] Este punto es polémico ya que desde una posición postkeynesiana, políticas expansivas de demanda agregada a través del gasto público no producirían tensiones inflacionistas siempre y cuando la economía no se encuentre en el pleno empleo.

[2] La TMM ha incorporado un enfoque para analizar los déficits, el marco de “equilibrios sectoriales”, desarrollado por el fallecido economista británico Wynne Godley, lo que implica que los déficits del gobierno a menudo son necesarios para impulsar los ahorros en el sector privado.

[3] El volumen de ahorro de la economía vendrá determinado por la suma del déficit público, la inversión y las exportaciones netas.

[4] Véase, Torres López: “Economía para no dejarse engañar por los economistas” pág.158.

[5] Véase; “Qué hacemos con la deuda” Medialdea, Laborda y otros.

[6] Me he permitido el lujo de parafrasear al gran catedrático de economía David Anisi en “Reinventando el Estado de bienestar.”

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#paraSaberMás

Álvarez, I., Luengo F., Uxó J. “Fracturas y crisis en Europa” Clave Intelectual 2013

Anisi, David, “Trabajar con red” Alianza Editorial, 1988

Anisi, David, “Reinventando el estado de bienestar” Avilés, septiembre de 2005

Medialdea, B., Laborda, J. y otros, “Qué hacemos con la deuda” Akal,2013

Torres López, J. “Economía para no dejarse engañar por los economistas” Deusto 2016

Galbraith, J.K. “El dinero” Orbis ediciones 1983

Galbraith, J.K “Historia de la economía” Ariel 2012

Ha-Joon Chang, “Economía para el 99% de la población” Debate 2015

Lavoie, M. “La economía postkeynesiana” Icaria editorial 2005

Mosler W. “Los siete fraudes inocentes capitales de la política económica” Lola Books 2015

Randall Wray, L. “Teoría monetaria moderna” Lola Books 2015

Sobre la idea de «servidumbre maquínica» según Félix Guattari (I)

Imagen: Configuración master / slave de una red informática. Fuente: https://product-help.schneider-electric.com

Sobre la idea de «servidumbre maquínica» según Félix Guattari (I)

José Pérez de Lama | versión beta

Servidumbre maquínica es un concepto de Félix Guattari que me resulta de gran sugerencia para explicar el funcionamiento de muchos aspectos del mundo contemporáneo. Como ocurre con los conceptos y el pensamiento en general de Guattari, nos lo presenta de manera polisémica y… ¿difusa?, algo que nos puede resultar molesto en ocasiones, pero que relaciono con su permanente preocupación por la (sobre)codificación y lo que en ocasiones llama la dictadura del significante – Lo que traducido a un lenguaje más coloquial se podría interpretar como que trata de evitar que sistemas y conceptos demasiado precisamente definidos limiten las posibilidades del pensamiento, de nuestras propia – de cada cual – interpretación del mundo. [ver sobre Papeles del Antiedipo, Smith, 2006: 37] … Es posible que en estas notas, en parte, proceda también según el ejemplo del propio Guattari. Sigue leyendo Sobre la idea de «servidumbre maquínica» según Félix Guattari (I)