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Pettifor: Green New Deal y finanzas públicas – o cómo vamos a pagar por una transición energética justa

Green New Deal y finanzas públicas
o cómo vamos a pagar por una transición energética justa

Reseña del libro de Ann Pettifor, 2019, The Case for the Green New Deal, Verso, Londres

José Pérez de Lama / versión beta, revisado 15/03/20

Como otras veces, os dejo unas notas más o menos rápidas tras la lectura del libro, con las primeras impresiones; un libro que me gustaría que leyera mucha gente… entre otras cosas para poder comentarlo…

Aunque hice unas cuantas revisiones, me quedé con la sensación de que esta reseña ha resultado una de las más caóticas que he escrito… Le echaremos la culpa al desasosiego ocasionado por el Coronavirus. Jeje.. Queda el post por aquí, en cualquier caso, como unas notas de trabajo … que espero animen a algun*s a leer y comentar el libro … y/o a tratar de profundizar en el tema por otros medios.
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Pettifor: pensando en el asunto desde 2007

El libro de Ann Pettifor, en esta ocasión sobre el Green New Deal, tiene múltiples aspectos de interés. Uno, quizás el primero, es que Pettifor es una de las promotoras iniciales de este idea del Green New Deal: desde 2007; habiendo publicado con su equipo uno de los primeros documentos rigurosos sobre el asunto (The Green New Deal Group, 2008). No es alguien que se haya subido al carro porque se haya puesto recientemente de moda. Es una de las que lo han promovido desde el principio hasta llegar adonde ahora estamos.

Otro, que su especialidad son las finanzas globales, las políticas financieras y las políticas públicas; y que es una persona de referencia en las aproximaciones críticas a estas cuestiones, rescatando y reinterpretando el legado de Keynes — a este respecto puede verse su libro The Production of Money. How to Break the Power of Banks (2017) y si a alguien le pudiera interesar una reseña de en este mismo blog (enlace al final en referencias).  Su posicionamiento en esto, coincidente con el de Keynes, es que “podemos pagar todo aquello que seamos capaces de hacer”. Esta afirmación se basa en su teoría del dinero tal como funciona en la actualidad, que reitera en este nuevo libro, porque constituye un elemento importante de su argumento: «El dinero es y siempre fue una forma de tecnología social; una forma que hace posible que individuos, empresas y gobiernos hagan negocios, comercien, compren y vendan. […] El sistema monetario de una sociedad, igual que lo pueda ser su sistema de saneamiento, […] es un gran bien publico» (p. 14).

Un tercer aspecto que destacaremos por ahora es que Pettifor es una activista financiera; además de conocer la teoría tiene experiencia de las cosas sobre las que escribe. Entre otras cuestiones, fue una de las organizadoras a lo largo de la década de 1990 de la campaña del Jubileo 2000, que logró que para aquella fecha las instituciones globales y los países más ricos cancelaran 100.000 millones de dólares de deuda a los 35 países más pobres del planeta (2019, p. 166). Aunque, ahora, la transformación radical de la economía global sea un objetivo mucho más ambicioso y complejo, aquel éxito en un ámbito parecido hace que Pettifor tenga confianza, relativa, en que pueda lograrse…
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Yo no te pido la Luu-na-a…

En el prefacio, cita la autora un discurso de John Kennedy, como presidente de los EEUU, en el que anunciaba el proyecto de ir a la Luna. El discurso lo hizo en 1962 — me llamó la atención recordar este dato, porque fue el año en que yo nací. Para el 69 se logró llegar a la Luna, gracias a un enorme esfuerzo económico y científico, que Pettifor y otras autoras como Mazzucato citan como ejemplo de que es posible plantearse y alcanzar objetivos como aquél, — que se propone así como un posible antecedente del Green New Deal (GND). — De 1969 sí que tengo ya el recuerdo, como un niño de 7  años, viendo la llegada a la Luna en una televisión por supuesto en blanco y negro que teníamos en una casa de campo donde pasábamos las vacaciones de verano; el aparato de televisión colocado arriba en una esquina del salón donde solíamos estar con los mayores. Sirva la anécdota personal para explicar que es algo que está en la memoria relativamente reciente, no «una historia de los griegos o los romanos» (2019, pp.xvii-xviii).

El libro es bastante breve, se lee bien y en su mayor parte transmite entusiasmo y optimismo. En la parte que a mí más me costó, aproximadamente el tercer cuatro se centra en cuestiones de finanzas públicas, que no siendo experto en la materia me cuesta bastante seguir. A ver si logro que alguno de mis colegas economistas me lo explique en algún momento…

Contaba en una entrevista Iván Illich (acerca de su libro Tools for conviviality / La convivencialidad): «Quería restablecer el arte de escribir panfletos a nivel intelectual. No quería escribir crítica social o reflexiones filosóficas. Desde un comienzo, dije que quería escribir un panfleto que pudiera hacer que la gente discutiera el asunto…» (Calle, 2012). Lo de panfleto como dice Illich no es por quitarle mérito, sino al contrario; — La convivencialidad será seguro uno de los libros más importantes de su tiempo para muchos entre los que me cuento. El libro de Pettifor creo que funciona también así, como un estímulo para pensar sobre el tema y como una invitación para discutir sobre las diferentes preguntas que plantea y las interpelaciones que nos hace. —- Por dar una idea de la conversación propuesta, algunas de las principales invitadas al debate explícitamente interpeladas en el texto son Alexandria Ocasio-Cortez, unas de las principales promotoras políticas del GND en los EEUU, y Mariana Mazzucato, la profesora de Economía que viene impulsando la idea de «estado emprendedor».
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El GND es (o podría ser) técnica, financiera y políticamente viable

Entonces… diría que el libro trata fundamentalmente de convencer a los lectores de la viabilidad de la transición a un mundo y una economía sostenibles, lo que sería el objeto del Green New Deal. Y también, de que  sería viable hacer esta transición en el corto plazo, en los  diez o doce años que los científicos que han venido estudiando el cambio climático estiman que tenemos, para que los cambios en la biosfera no lleguen a hacerse demasiado catastróficos e irreversibles.

A la cuestión de la emergencia climática, no se le dedica demasiado y los argumentos presentados son más bien simples; esto hay que buscarlo en otros lugares. La autora cita en varias ocasiones a Greta Thunberg, lo cual me resulta curioso — tal vez la considera una especie de oráculo a través del que se expresa la comunidad global preocupada por el cambio climático; así lo he interpretado yo. También menciona en repetidas ocasiones el movimiento Extinction Rebellion.  A la parte de la viabilidad tecnológica ambiental, energética, de transportes, urbana, arquitectónica, de materiales y reciclaje, etc. tampoco se dedica nada o casi nada. Se asume que será tecno-científicamente viable. Para una aproximación relativamente divulgativa sobre estos temas podríamos leer, por ejemplo, a Rifkin (2011, 2014); y seguro que entre los libros recientes habrá otros de interés. El último de Rifkin, de 2019, que dedica ya específicamente al GND, aún no lo leí; no dudo de que será también interesante y estará bien escrito.  ¿En que se centra entonces Pettifor? Se centra, diría uno, en dos grandes temas: el primero sería el de la gestión de los recursos económicos y las estrategias financieras; el segundo, el de la capacidad de llevar a cabo un cambio de dimensiones tan extraordinarias en tan poco tiempo. [1]

Cabe señalar para enlazar con lo que explicaré a continuación, el énfasis de la autora en que sólo podremos detener el cambio climático y construir un mundo en el que ese riesgo deje de estar presente  llevando a cabo con cambios «estructurales» o sistémicos, — para los que no bastará, insiste, con actitudes individuales y prácticas comunitarias, como las que la autora piensa que han venido defendiendo la mayoría de los movimientos ecologistas. Vemos a continuación un poco más sobre esto.
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¿Pero cuáles serían los objetivos del Green New Deal?
Una steady state economy

El primer objetivo, evidentemente y como ya hemos dicho, sería detener el cambio climático, para lo que sirven de referencia a Pettifor los objetivos planteados por el grupo de expertos sobre cambio climático de la ONU, el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change): reducir a la mitad las emisiones de carbono en el horizonte de 12 años – 2018-2030 -,  y que para el 2050 logremos «descarbonizar» completamente nuestras sociedaes, esto es, que fundamentalmente hayamos hecho la transición a un sistema energético independiente de carbón, petróleo y relacionados (2019, p.xii).

Aquí, la necesidad de concentrarse en otras cosas hace que el discurso de Pettifor sea un poco ingenuo, hablando en varias ocasiones de la supervivencia de los humanos o de la civilización, cuando cada vez nos resulta más claro que no es exactamente así. En el caso de catástrofe climática, lo más probable será que sobrevivan los grupos humanos más poderosos o más ricos, y que incluso la crisis sea aprovechada como una nueva y excelente oportunidad de negocios para algunos, — mientras que habrá muchos que efectivamente podrán — o podremos — morir y otros muchos que quizás sobrevivan, pero que lo harán en condiciones muy deterioradas.[2]

En un segundo nivel, entonces, aparece otro objetivo, que también puede entenderse como medio, que es uno de los elementos diferenciales y más importantes para el debate de la propuesta de Pettifor: para conseguir esto, argumenta la autora, el objetivo sería construir una steady state economy; una economía estable o de estado estacionario, que sería además una economía proporcionada a la capacidad del planeta.

Esto evidentemente es una manera indirecta de decir que es necesario decrecer. La autora explica, sin embargo, que no quiere usar los términos «decrecimiento o «post-crecimiento, por no tomar como referencia de su discurso aquello respecto de lo que querría plantear una alternativa. Si el capitalismo desde su origen se basa en el crecimiento, la steady state economy (SSE) tendrá que ser otra cosa.  Como referencia teórica de la SSE cita la autora a Herman Daly, discípulo de Georgescu-Roegen, quien se suele mencionar como fundador de la economía ecológica. Cabe destacar, no obstante, la idea de que se trataría de una economía intensiva en trabajo, que supliría la mayor potencia de las energías fósiles (y seguramente nuclear) respecto de las renovables, y en la medida en que el pleno empleo, en la tradición keynesiana, constituiría uno de sus objetivo principales. La autora describe a grandes rasgos cómo sería este tipo de economía-sociedad. No es la parte más «sexy» del libo, quizás por no haberle dedicado tanto tiempo como a otras cuestiones. Sería austera en recursos materiales, pero rica en otros de tipo social, cultural, de cuidados, de tiempo… A mi este plan epicúreo, como vengo comentando en este blog, me parece estupendo.

A lo largo del libro Pettifor repite el dato de que el 1% de la población más rica es responsable del 50% de las emisiones de CO2. Con este dato sugiere por un lado que reducir las emisiones rápido y en un alto porcentaje podría ser relativamente fácil; pero también, estimo, que nos da una idea de que el cambio de vida hacia una mayor austeridad, para la mayoría de la población, será relativamente viable. Nacida en África, Pettifor repite también que la transición tiene que significar diferentes cosas en los países más ricos y en los más pobres, una estrategia que recibe el nombre de CBDR (Common But Differentiated Responsabilities). Los países más ricos somos mucho más responsables del actual deterioro climático y ambiental, y por tanto tendríamos que serlo también de su «reparación».

Una cuestión importante de la propuesta de Pettifor, el UK GND como ella lo denomina, es  que no tiene por objetivo la activación de un nuevo ciclo de crecimiento económico, tal como estimo que plantean, – me atrevería a decir -, las de Sanders, Ocasio-Cortez y Varoufakis con DiEM25 (ver referencias al final),  y desde luego como lo hace la de Rifkin, que lo plantea como su principal objetivos tras la cuestión ambiental. Este crecimiento estaría determinado por  la necesaria reconstrucción de todas las infraestructuras y el reciclaje de todo el parque inmobiliario, incluso a la transformación de todos los procesos industriales — lo que vendría a suponer un nuevo ciclo de inversión descomunal en capital fijo, como ocurriera, primero, con el ferrocarril y tecnologías asociadas a mediados del XIX, y después, con el automóvil y la electricidad y tecnologías asociadas en el siglo XX (véase por ejemplo, Rifkin, 2011).

No. Pettifor plantea el GND como un medio para superar el sistema capitalista. Cambio de sistema, no cambio climático, es el título de uno de los capítulos.

Aún así, diría que Pettifor no se expresa dogmáticamente sobre esto, anque sí nos deje claro que es un tema fundamental para pensar y debatir. Y que podría ser la clave para que la transición que plantea  sea una transición a un sistema más justo e igualitario.
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Someter el mundo de las finanzas al interés común

Reitera aquí Pettifor, en buena medida, los argumentos de su libro precedente. El primer paso para hacer viable este GND equitativo que propone, sería someter — o según sus argumentos — volver a someter las finanzas globalizadas al interés público o común. Argumenta aquí, quizás en mayor extensión que anteriormente, que los estados, y los taxpayers, los ciudadanos que pagan impuestos, tienen mucho más poder del que parece. El caso de la dependencia del sistema financiero de los bonos soberanos, los bonos emitidos por los principales países, que son usados como garantía en una parte muy importante de las operaciones financieras, es una de las razones de este poder que explica en cierto detalle. Otro razón evidente es la disponibilidad y la capacidad de los estados para rescatar al sistema financiero cuando está en dificultades, según se demostró en la crisis de 2007-8 y años siguientes. Estas y otras razones que expone son las que permiten afirmar a Pettifor que el sistema financiero es o debería ser un bien público; un bien público del que se han apropiado algunos para ponerlo fundamentalmente a su propio servicio.

En función de este poder, los estados, con el apoyo de los votantes, tendrían que modificar la regulación financiera global, — también para retornar los capitales off-shore a los diferentes países. Todo esto, en realidad, lo desarrolla en mayor extensión en el libro anterior.

Quizás lo nuevo en esta ocasión sea un cierta explicación histórica, en la que se muestra el tira y afloja entre estados y capitalistas a lo largo del siglo XX para controlar el sistema financiero; los primeros para que funciones como un bien y un servicio público; los segundos para ponerlo al servicio de su propio interés. Esto se desarrolla en el capítulo 2, titulado Winning the Struggle with Finance (Ganando la lucha con la finanzas; pp. 33-61). Los principales episodios de este forcejeo histórico serían los acuerdos de 1919 tras la I Guerra Mundial, el New Deal de Roosevelt de 1932, los acuerdos de Bretton Woods de 1944 (en los cuales participa J.M. Keynes, gran referencia de Pettifor) y la eliminación del patrón oro en 1971 y su sustitución de hecho por el dólar estadounidense, que ya se había establecido como moneda de referencia internacional en 1944. Mi narración del asunto es muy pobre — como siempre será mucho mejor leer el libro — y la historia en cualquier caso es bastante conocida para las aficionados a estas cuestiones. Pero la consecuencia o el aprendizaje interesante que nos propone Pettifor aquí es mostrar que este sometimiento de las finanzas al bien público ya se logró en varias ocasiones durante el siglo pasado, dando lugar a los períodos de prosperidad y estabilidad como el del New Deal en EEUU o las décadas posteriores a la II GM a escala global, — aunque una y otra vez los capitalistas volvieran a tomar una posición de privilegio, que es la que actualmente sostienen. Pensemos con Pettifor que vuelve ya a tocar cambio.
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Lo que tendría que hacer una ministra de finanzas

Para hacer posible el GND habría que acometer primero este sometimiento de las finanzas. Si bien este seomtimiento tendría necesariamente que tener una dimensión global,  las economías en la propuesta de Pettifor se organizarían, sin embargo, se organizarían de manera descentralizada, esto es, a la tradicional escala nacional. Esta opción estimo que se basa, entre otras cuestiones, en que la steady state economy tiene entre sus principios organizativos el de la re-localización. (La forma en que se enuncia, por cierto, me recordó a la manera en que lo hace el proyecto Fab City: información y conocimiento globales — materiales y energía locales; Díez et al, 2016).

Una vez propuesta esta escala nacional como base para el desarrollo de los diferentes GNDs, la autora plantea una manera sugerente de seguir adelante, contándonos qué deberían hacer las ministras de hacienda, economía y finanzas de los países; una especie de manual para ministras — (el femenino es el del original y es de suponer que aquí representa a hombres y mujeres).

La ministra tendría que tener bajo su autoridad al banco central del país en cuestión además de la política económica, financiera y fiscal, nos dice Pettifor. Y ya sabemos que esto en Europa es de momento diferente y más complicado, la cuestión del banco central… Siguiendo las pautas de Pettifor tendríamos que pensar en un GND europeo, o en una reforma de las instituciones europeas… Pero continuemos a pesar de esta grave dificultad…

No vamos a recorrer todo este manual, que es bien sugerente, tratando de prioridades, estrategias y calendarios, pero sí señalaremos algunos puntos.

Aunque Pettifor vuelva a recodar la máxima keynesiana de que “podemos permitirnos (pagar) todos lo que podamos hacer,” el asunto no deja de necesitar de una importante ingeniería financiera; en este caso, no la ingeniería financiera de lo que podríamos quizás llamar rogue corporations , — y cuenta aquí la autora algo del caso Enron –, sino una «ingeniería de las finanzas públicas», – eso lo digo yo -, en la que intervendrá la creación de dinero bancario – público y privado -, la deuda, el interés, la fiscalidad… La autora lo enuncia literalmente así:

«Una vez que las políticas monetaria y fiscal se apoyen mutuamente, podemos asumir que, como en una situación de guerra, habrá cuatro fuentes de financiación para un gobierno del GND. Ampliamente categorizadas pueden ser definidas como crédito (creado una vez más por los bancos) y ahorros (como puedan ser los depósitos, consecuencia de la creación de crédito o ya existentes)».

«La primera fuente de financiación para un gobierno es la creación de crédito monetario (la provisión de préstamos o posibilidad de descubierto [overdraft facilities] por parte del Banco de Inglaterra (banco central diríamos en otra circunstancia) o incluso por parte de bancos comerciales). La segunda es la financiación mediante créditos (loan-finance), que se generan a partir de los ahorros existentes por medio de la emisión de bonos por parte del tesoro y la oficina de gestión de deuda (traducción literal del original). La tercera fuente son los ingresos por impuestos – con la salvedad de que los ingresos por impuestos son generalmente la consecuencia de la inversión pública, no la fuente de las finanzas. Cuarto, un gobierno del GND podría recurrir al exceso de recursos de los ahorradores garantizando bonos emitidos por medio de un banco nacional de inversiones / banco verde o similar». (pp. 132-33)

Estas propuestas son desarrolladas a continuación por la autora haciendo énfasis en el dinero monetario o bancario y en los ahorros. Me gustaría que algún colega experto me explicara más de estas propuestas. Para mí, como aficionado, como ya escribía más arriba, me ha resultado la parte más difícil de entender del libro, no tanto en la idea general, pero sí en los detalles concretos.

Sí me ha llamado la atención que la autora dedica un apartado específico a explicar las diferencias de su propuesta con la Teoría Monetaria Moderna (MMT por sus siglas en inglés; pp. 139-147). Me atrevo a avanzar, que trata de subrayar que su propuesta no es la de que los gobiernos «impriman billetes», sino que considera que la producción de dinero para que sea eficaz tiene que ser algo más compleja, estar en proporción a la capacidad de la economía, y más concretamente, que se creará siempre contra un colateral, a cambio del pago de unos intereses y mediante un contrato que supone «la promesa de pagar»; un dinero que siempre supondrá una deuda, dice (p. 141). Expone Pettifor más argumentos, pero entiendo que será algo que tendrían mejor que discutir y explicarme los especialistas. [3]

Otro punto diferente es la importancia que da Pettifor a los ahorros de cara a la posible financiación del GND. Aunque con los mecanismos de creación de dinero bancario Pettifor señala que sería suficiente, no deja de explicar que los gobiernos también podrían movilizar los ahorros que gestionan agentes como fondos de pensiones, fondos de  gestión, aseguradoras, fondos soberanos y otros, sustrayéndolos de las inversiones con frecuencia depredadoras o especulativas,  para apoyar en su lugar proyectos de interés público.  Entre otros datos de referencia, cita que el volumen total de activos financieros de todas las corporaciones financieras se estimaba en 2017 en 328 billones de dólares (siendo la estimación del Producto Global, por tener una referencia de comparación, de 86.6 billones para el año 2019).
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Un proyecto eminentemente asequible…

Aunque hay un apartado que se titula Presupuestando un Green New Deal Global (pp. 149-155), la autora no llega a ofrecer números concretos, – nos dice que no lo ve lo más oportuno. En su lugar nos propone diferentes comparaciones, con inversiones en infraestructuras actualmente en proceso, con los posibles costes de la inacción, con estimaciones de imposición a grandes emisores de CO2… para llegar a la conclusión de que «[n]uestro sistema monetario y las vastas cantidades de ahorros globales hacen que la financiación de la transformación de la economía para dejar atrás las energías fósiles sea eminentemente asequible». El verdadero desafío será que todo esto se lleva a cabo con equidad, continúa la autora. «Comparado con esto último, y dadas las herramientas monetarias y fiscales de que dispone una ministra de finanzas, el diseño financiero será mucho más fácil» (p. 155).

¿Será posible hacerlo en el poco tiempo del que ya disponemos?

Para cerrar; en las páginas finales del libro — nos cuenta la autora cómo en otras ocasiones nuestra civilización ha sido capaz de acometer en muy poco tiempo extraordinarios proyectos de transformación material, espacial, infraestructural. Uno, a pesar de ser más o menos del gremio, suele olvidarlo. En tiempos recientes, y creo que no lo menciona Pettifor, tendríamos el ejemplo de los sucesivos despliegues de las redes de telefonía móvil: imaginemos, por ejemplo y porque lo hicimos en algún momento, que nos hubiésemos planteado construir una red, incluyendo satélites (GPS, Galileo, etc), para dar cobertura de telefonía sin hilos a la casi totalidad del mundo… Aunque pudiera haber parecido una quimera, lo cierto es que se hizo en muy pocos años… Antes fue el ferrocarril a mediados del XIX. Cita varios casos más Pettifor; uno que me llamó la atención fue el de la reforestación masiva en EEUU durante el New Deal — que me hizo pensar en recuperar los bosques en Esp y la historia de la ardilla que la podía cruzar de punta a punta… Otro caso por citar uno de Esp, fue el despliegue del sistema autopistas en la década de 1980 que renovó completamente el transporte rodado en nuestro país (en el que participó mi padre, por cierto, con bastante responsabilidad). Pettifor llama a estos casos transiciones rápidas y explica que hay antecedentes muy importantes, que nos hacen pensar que ahora también sería posible hacerlo para las grandes transformaciones que necesitamos para detener el cambio climático. «Si nos pusiéramos de verdad manos a la obra». Eso sí que haría falta.

Y así, estas transiciones rápidas las asocia al coraje y el liderazgo político – y tal vez en menor medida a la movilización social. Tal vez podríamos dudar sobre esto del liderazgo. Esta de Pettifor, es también la opinión de mi padre, por cierto, ya que lo mencioné antes: que las personas son fundamentales, más que los sistemas, las estructuras o las burocracias… Tendría que ser un liderazgo con una forma de pensar bastante diferente de la habitual y de dimensión europea; — sólo se me ocurre eso. El que suscribe esta reseña es más del trabajo colaborativo y de equipos. Aunque quizás cada vez tenga menos razones para seguir apegado a esa convicción, — más allá de equipos pequeños en los que exista gran afinidad… __ Yo lo veo difícil sea como sea… No técnicamente, que ahí lo veo apasionante; tampoco económicamente, ahí creo lo que explica Pettifor; sino social y políticamente. Pero leyendo libros como éste se anima uno bastante.

Gracias a la autora, entonces, por todo el trabajo de tantos años, que ha contribuido significativamente a que lo que fuera una elucubración de expertos y activistas hace menos de 15 años, sea hoy objeto de debate público bastante extendido. Y gracias también por este su último libro-panfleto — como decía, en el mejor sentido del término.

Salud a tod*s.

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#notas

[1] Nota para revisar; quizás eliminar, porque se quedó descontextualizada tras una última revisión: Pettifor plantea aquí la importancia del liderazgo político y la movilización social, sobre la que volvemos casi al final… La imagen de la «movilización» la usa Isabelle Stengers en el contexto de la ciencia moderna y neoliberal con un sentido parecido, pero a la vez diferente, casi opuesto del que se propondría aquí; haciendo así lo que me parece una crítica de enorme interés de las prácticas científicas actuales (2019, Otra ciencia es posible. Manifiesto por una desaceleración de las ciencias). Quizás tengamos la ocasión de comentarlo más adelante por este blog.

[2] Esta historia de William Gibson de su novela Peripheral que recogimos hace algún tiempo en este blog ilustra en mi opinión un escenario mucho más realista, y quizás incluso más horrosa,  que el de la extinción total de los humanos sobre el planeta: Imaginando el futuro tras la catástrofe climática – William Gibson en “Peripheral”.

[3] Pendiente y con mucho interés de leer el libro de Stephanie Kelton, The Deficit Myth. Modern Monetary Theory and the Birth of the People’s Economy, que salió hace pocas semanas, en el que promete explicar la MMT de manera accesible.

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#referencias

Hernando Calla, (2012), La Convivencialidad de Iván Illich. ¿Una teoría general de las herramientas? Recuperado de https://www.ivanillich.org.mx/5convivencial.pdf. [Accedido 03/03/2020]

DiEM25, 2017, DiEM25’s European New Deal. Recuperado de https://diem25.org/wp-content/uploads/2017/02/170212_DiEM25_END_Summary_EN.pdf | accedido 13/03/2020

Tomás Díez, 2016, Fab City White Paper. Locally productive, globally connectedself-sufficient cities. Recuperado de https://fab.city/uploads/whitepaper.pdf | accedido 15/03/2020

Más País-Equo, 2019, Un acuerdo verde para EspañaAdelanto de programa electoral 2019. Recuperado de http://partidoequo.es/wp-content/uploads/2019/10/Programa-verde-Mas-Pais-2.pdf  | accedido 13/02/2020

Ocasio-Cortez, A. (2019). House Resolution 109, Recognizing the Duty of the Federal Government to Create a Green New Deal [serie de páginas web incluso documento PDF descargable]. Recuperado de https://ocasio-cortez.house.gov/gnd. [accedido 18/02/2020]

Ann Pettifor,  2017, The Production of Money. How to Break the Power of Banks, Verso, Londres

Una reseña sobre el libro en este mismo blog (2018): “Sí, nos podemos permitir todo lo que seamos capaces de hacer” – sobre la economía del dinero-bancario según Pettifor & Keynes.

[Ann Pettifor con] The Green New Deal Group, 2008, A Green New Deal. Joined-up policies to solve the triple crunch of the credit crisis, climate change and high oil prices, New Economics Foundation, Londres; accesible en: https://neweconomics.org/uploads/files/8f737ea195fe56db2f_xbm6ihwb1.pdf – visitado 14/03/2020

Jeremy Rifkin, 2019, The Green New Deal. Why the Fossil Fuel Civilization Will Colapse by 2028, and the Bold Economic Plan to Save Life on Earth, MacMillan

____, 2014, The Zero Marginal Cost Society. The Internet of Things, the Collaborative Commons, and the Eclipse of Capitalism, Palgrave MacMillan, New York

____, 2011, The Third Industrial Revolution. How Lateral Power is Transforming Energy, The Economy, and The World, Palgrave MacMillan, New York

Una post que explica cosas de la propuesta de Rifkin, que publicamos para las elecciones de 2015 cuando el asunto no era tan popular en nuestro «bendito país»: #AllPowerToThePeople. Ciudad, energía, sostenibilidad, commons.

Bernie Sanders, 2019, The Green New Deal. Recuperado de: https://berniesanders.com/issues/green-new-deal/ | accedido 13/03/2020. Nota: No se en qué grado este plan coincide o se diferencia del de Alexanria Ocasio-Cortez. Este estudio comparativo tendrá que quedar para más adelante.

Crítica de Harvey a los conceptos de capital humano y capital cultural

Imagen: David Harvey estos días (02.2020) impartiendo un nuevo curso on line sobre los Grundrisse de Marx. Fuente: http://davidharvey.org/2020/01/new-online-course-reading-marxs-grundrisse/

Harvey sobre capital humano y capital cultural…

Notas y traducción de JPL

Notas de introducción. Es relativamente común usar expresiones, y conceptos, tales como capital humano, capital cultural, capital social, capital ecológico, etc. Personalmente, me fastidia bastante, y quizás este fastidio lo haya aprendido con Harvey. Por supuesto, podemos usar las palabras y expresiones que queramos, y los conceptos significan algo distinto en cada sistema. El argumento en contra del uso de expresiones como capital humano, lo presenta a continuación Harvey, en este extracto de su libro Diecisiete contradicciones… (2014). Lógicamente depende de nuestra definición de capital – que pueden ser muchas cosas, pero que en Harvey-Marx es una cosa bastante concreta, aunque pueda ser definida de diferentes maneras. Sucintamente y en su forma más sencilla será para estos autores el dinero que se invierte en un proceso de producción que implica el empleo de trabajo asalariado y, por medio de éste, la generación de plusvalías; y cosas razonablemente asimilables a las anteriores. Algunos enlaces al final para ver más sobre esto…

Siguen unos párrafos de Harvey de 2014 donde critica el uso de los conceptos de capital humano y capital cultural. Los he traducido del original en inglés, aunque contrastando la traducción con la de J.M. Madariaga en Traficantes de Sueños, también del mismo año.

En el texto original aparecen diversas notas, entre otras a los textos de Becker y Bourdieu, que no se han incluido aquí. A partir de aquí y hasta el final sigue la cita de Harvey (2014, pp. 185-7).

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»La creación de una fuerza de trabajo altamente productiva dio lugar a lo que se llama la teoría del “capital humano”, que es una de las ideas económicas de amplia aceptación más extrañas que se pudiera imaginar. Tuvo su primera expresión en los escritos de Adam Smith, quien argumentaba que la adquisición de talentos productivos por parte de los trabajadores por medio de la «educación, el estudio o el aprendizaje, tendrá siempre un coste real, que supone un capital fijado – o fijo –, que, por decirlo así, se realiza en la persona. Estos talentos, en cuanto que forman parte de la fortuna de la persona, también lo serán de la sociedad a la que pertenece. La destreza mejorada [1] de un trabajador puede compararse con una máquina o un instrumento del oficio que facilita y abrevia el trabajo, y que, aunque suponga un cierto coste, lo recupera con un beneficio». La cuestión es, por supuesto, quién paga por la creación de estos talentos – trabajadores, estado, capital o alguna institución de la sociedad civil (como la Iglesia) – y quién recibe los beneficios (o profits – lucro – en el idioma de Smith).

»Por supuesto, es razonable esperar que el trabajo altamente cualificado y bien entrenado reciba una mayor remuneración que el trabajo no cualificado, pero esta expectativa es algo muy alejado de la idea de que un salario más alto sea una forma de ganancia que resulta de la inversión hecha por los trabajadores en su propia educación y habilidades (skills). El problema, como señaló Marx en su severa crítica de Adam Smith, es que el trabajador sólo puede realizar el mayor valor de sus habilidades trabajando para el capital bajo condiciones de explotación tales, que, al final, es el capital y no el trabajador el que se queda con los beneficios generados por la mayor productividad del trabajo.

»En tiempos recientes, por ejemplo, la productividad de los trabajadores ha aumentado notablemente mientras que la proporción de los resultados que ha correspondido al trabajo ha disminuido, no ha aumentado. En cualquier caso, si de verdad fuese capital lo que el trabajador poseyera en forma material, señalaba Marx, entonces él o ella tendrían el derecho de tumbarse y simplemente vivir del interés sin trabajar un solo día (el capital como relación de propiedad siempre tiene esta opción). Por lo que yo sé, el principal objetivo de la recuperación de la teoría del capital humano, de manos de Gary Becker en la década de 1960, por ejemplo, fue enterrar la importancia de las relaciones de clase entre capital y trabajo y hacer que pareciera como si todos fuéramos capitalistas que obtenemos diferentes tasas de beneficio sobre nuestro capital (humano o de otro tipo). Si los trabajadores estaban percibiendo salarios muy bajos, se podía argumentar que era simplemente la consecuencia de que los trabajadores ¡no habían invertido el suficiente esfuerzo en la construcción de su capital humano! Era, en resumen, su propia falta si estaban cobrando poco.

»Resulta así poco sorprendente que todas las principales instituciones del capital, desde los departamentos universitarios de Economía al Banco Mundial y el FMI, abrazasen de corazón estas ficciones teóricas, por razones ideológicas, que no, por supuesto, por sólidas razones intelectuales. Estas mismas instituciones han abrazado más recientemente y de manera similar la maravillosa ficción de que el sector informal de la reproducción social que domina en muchas ciudades del mundo en vías de desarrollo sea de hecho una bulliciosa masa de micro-empresas que tan sólo necesitan de unas dosis de micro-financiación (a tipos de interés usurarios, y que al final de la cadena acaban en el bolsillo de las grandes instituciones financieras) para poder convertirse en miembros perfectamente acreditados de la clase capitalista.

»Por exactamente las mismas razones, tengo profundas objeciones respecto de la caracterización que hace Bourdieu de las dotes (endowments) personales (que son sin duda de gran importancia en la vida social) como una forma de capital llamada «capital cultural».

»Mientras que resulta perfectamente adecuado enfatizar el papel de estas dotes como confirmación del estatus ocupado en nuestras sociedades y, así, en la reproducción de las distinciones de clase en el curso de la reproducción social, tratarlas como una forma de capital en el sentido que estamos usando aquí el término es mistificador, si no perverso.

»Sería decir que hay alguna forma de acumular riqueza e ingresos monetarios aprendiendo a apreciar a Scarlatti, si uno fuera francés, y a Snoop Dog, si fuera estadounidense.

»Donde si interviene la idea de capital cultural (pero no es eso lo que plantea Bourdieu) es en el branding y el marketing de bienes y lugares con el fin de generar rentas de monopolio (como en el caso de los buenos vinos y los destinos turísticos perfectos). Pero de lo que estamos tratando aquí es de la manufactura de símbolos de distinción que, en el caso de tener éxito, se conviertan en fuente permanente de rentas de monopolio y beneficio monetario. La diferenciación del producto para enfatizar que mi marca de pasta de dientes es única y especial ha sido siempre un modo de evitar el efecto nivelador del intercambio en el mercado. Quienes inventan el mundo simbólico que está detrás del branding de bienes y lugares – un trabajo manipulativo que está en el corazón de la publicidad contemporánea y de la industria turística – se convierten en agentes clave de la manipulación de los deseos humanos para la ganancia monetaria. Son, por supuesto, los capitalistas los que obtienen la ganancia monetaria y los que pagan por el branding de sus productos. Y en algunas instancias, ciertamente, no dudan en asociar a sus productos signos de clase y, más enfáticamente, seductoras imágenes de género. El capital sin duda usa este tipo de signos de distinción en sus prácticas y ofertas comerciales, pero esto no significa que la distinción sea una forma de capital, tal como propone Bourdieu, aunque con frecuencia pueda dar ocasión a rentas de monopolio si la distinción es única y original (como un cuadro de Picasso).

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#notas

[1] Esta única nota para reseñar una cosa curiosa, medio filológica. En su libro Keywords, Raymond Williams explica como el término improvement, que hoy interpretamos en principio como mejora sin particulares connotaciones empieza a usarse en relación con las fincas rurales que se mejoraban para ponerlas en producción, incluyendo los cerramientos, y siendo un proceso estrechamente relacionado con los famosos enclosures del inicio de la revolución industrial. Me llamó la atención esta expresión de improved skills, destrezas mejoradas, de la cita de Adam Smith, y el posible paralelo con la historia de Williams.

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#referencias

David Harvey, 2014, Seventeen Contradictions and the End of Capitalism, Profile Books, Londres

Traducción: DH – traducción de J.M. Madariaga -, 2014, Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo, Traficantes de Sueños, Madrid

Harvey sobre qué es el capital, síntesis reciente, traducción — también en este blog: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2019/01/11/que-es-el-capital-segun-marx-david-harvey-2017/

 

Los robber barons (según Hobsbawm) y sus – quizás – sucesores actuales

Imagen: G.W. & C.B. Colton & Co, 1882, Mapa del Atlantic & Pacific Railroad. Muestra rutas completadas, rutas en proceso y concesiones de tierras (land granst). Fuente: Wikipedia; https://en.wikipedia.org/wiki/Atlantic_and_Pacific_Railroad#/media/File:Atlantic_&_Pacific_Railroad_Map.jpg
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José Pérez de Lama, notas y traducción

Un pasaje de: Eric Hobsbawm, 1997 [1975], The Age of Capital (1848-1875), Abacus, Londres; (pp. 173-77).

Robber barons (barones ladrones es la traducción habitual al español), es un término usado habitualmente para denominar a los grandes capitalistas estadounidenses de la segunda mitad del siglo XIX. Este pasaje en Hobsbawm me llamó especialmente la atención en su peculiar libro (segunda entrega de la trilogía sobre la historia universal del siglo XIX). No entro demasiado a explicar mi adjetivo «peculiar». Digamos que es un libro interesante, pero irregular, y que adolece del problema casi inevitable que supone tratar de escribir una historia «universal», primero, y segundo, hacerlo desde la perspectiva de un país o una cultura concretas. El libro es muy interesante en cualquier caso; con algunas partes formidables a mi juicio, y una lectura bastante entretenida.

En cuanto a los robber barons. Hobsbawm se supone que es un historiador marxista – aunque a mi juicio en esta obra no se nota demasiado: quizás por tratar de escribir algo más «para todos los públicos». Aún así, titulándose el volumen, La Edad del Capital, por supuesto que presta atención al capitalismo y al trabajo y sus conflictos. Los robber barons fueron unos capitalistas, según se acepta generalmente, particularmente depredadores y despiadados. Lo explica un poco Hobsbawm en los párrafos a continuación. A pesar de eso, o por eso mismo, son algunos de los grandes nombres en la historia de los EEUU, — nombres que llegan con potencia hasta el presente –, en su economía, su política, sus instituciones culturales, sus universidades…

Leo estos días en la Wikipedia (en inglés) – no se acaba uno de dar cuenta de la maravilla que és – el origen del término:

“El término robber baron deriva de Raubritter (en alemán, caballeros ladrones), los señores medievales alemanes que cargaban tasas oficialmente ilegales (no autorizadas por el Sacro Imperio Romano) en los antiguos caminos que cruzaban sus tierras o tasas aún mayores a lo largo del (río) Rin.” Sigue leyendo Los robber barons (según Hobsbawm) y sus – quizás – sucesores actuales

Comentario sobre qué sería la dialéctica, según Marx y según Harvey

Imagen: Diagrama del economista K. Boulding, representando los flujos de energía y materia en relación con la economía y la biosfera [década de 1960¿?] — que representaría algunos aspectos de la visión del sistema económico como flujo metabólico permanente. Fuente: https://www.wikiwand.com/en/Kenneth_E._Boulding

José Pérez de Lama | nota introductoria y traducción

Sobre la dialéctica había leído como todo el mundo lo de la tesis, la antítesis y la síntesis, — y tengo que decir que siempre me sonaba un poco raro y artificioso, como demasiado idealista y alejado de la realidad…

El año pasado, por fin esta explicación de Harvey – y la verdad es que no tengo referencias para decir si es algo muy particular suyo o algo más general – me hizo entender mucho mejor por qué era interesante, y también, por qué era interesante precisamente para entender el Capital o la economía política de Marx. La cita es de un libro a mi juicio extraordinario, el último de Harvey, de 2017: Marx, Capital and the Madness of Economic Reason, que tras haberme leído casi todos los libros de Harvey de los últimos diez o quince años, diría que es la mejor síntesis de su propia interpretación del pensamiento económico de Marx.

Como estoy fuera de los circuitos especializados, no se bien cómo están siendo recibidas estas cosas nuevas de Harvey, aunque la verdad es que no me parece que haya demasiado debate sobre algunas de las cuestiones verdaderamente interesantes y diría que nuevas, y controversiales, que propone. La cita que sigue, sobre la dialéctica, es de uno de los capítulos más soprendentes e interesantes de este libro que menciono; el capítulo titulado, Anti-Value: The Theory of Devaluation — (Harvey, 2017, pp. 72-73; traducida por mí; con el inglés original a continuación).

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Marx sabe muy bien, por supuesto, que «mientras que el trabajo vivo crea el valor, la circulación del capital es la que realiza el valor». La unidad entre producción y realización (*) que necesariamente prevalece es, sin embargo, una «unidad contradictoria». Y de ahí la advertencia al principio del Volumen I [del Capital]. Aunque las mercancías puedan estar enamoradas del dinero, «el camino del verdadero amor nunca resultó fácil». [La primera cita dentro de la cita «…» es de los Grundrisse, y la segunda, tan extraordinaria, del Volumen I del Capital).

Sería muy impropio de Marx el formular uno de sus conceptos clave sin que éste incorpore en su interior la posibilidad de su negación. En algunas lecturas de Marx, se atribuye mucha importancia a la influencia en su pensamiento de la ‘negación de la negación’ hegeliana. Y es cierto que no estaba en contra de «coquetear» (tal como él mismo lo expresaba) con las formulaciones de Hegel.

[Y ahora es cuando viene la explicación de la dialéctica:]

La mente burguesa, entonces como ahora, consideraba la dialéctica como un «escándalo» y una «abominación», escribió [Marx], porque la dialéctica «incluye en el entendimiento positivo de aquello que existe el reconocimiento simultáneo de su negación: su inevitable destrucción; porque reconoce que toda forma histórica es una realidad en estado de flujo, en movimiento, y, por tanto, capta también su carácter transitorio». [La cita dentro de la cita, de nuevo del Volumen I del Capital].

(*) Para los no familiarizados con la terminología quizá convenga señalar que la realización sería el nombre que Marx da a la venta en el mercado de la mercancía producida previamente.

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[Original en inglés:]

[Marx] knows full well, of course, that ‘while living labour creates value, the circulation of capital realises value’. The unity that necessarily prevails between production and realisation is, however, a ‘contradictory unity’. Hence the warning shot at at the outset of Volume I. Commodities maybe in love with money but ‘the course of true love never did run smooth’. [This quote is from Volume I].

It would be very unlike Marx to formulate a key concept such as value without incorporating within it the possibility for its negation. In certain readings of Marx, much is made of the influence of Hegel’s ‘negation of the negation’ on his thinking. He was certainly not averse to ‘coquetting’ (as he put it) with Hegelian formulations.

The bourgeois mind, then as now, considered dialectics a ‘scandal’ and an ‘abomination’, he wrote, because dialectics ‘includes in its positive understanding of what exists a simultaneous recognition of its negation: its inevitable destruction; because it regards every historically developed form as being in fluid state, in motion, and therefore grasps its transient aspect as well’. [Quote again from Volume I].

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#referencias

David Harvey, 2017, Marx, Capital and the Madness of Economic Reason, Profile Books, Nueva York

Esta segunda referencia a continuación es un comentario o apostilla que Harvey hace a Madness, en la que presenta una interpretación o quizás una extensión al presente de la teoría del valor de Marx que me parece sumamente atrevida y sorprendente:

David Harvey (traducción al esp), 2018, El rechazo de la teoría del valor-trabajo por parte de Marx, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/08/30/rechazo-teoria-del-valor-trabajo-marx-harvey/ Original en inglés: http://davidharvey.org/2018/03/marxs-refusal-of-the-labour-theory-of-value-by-david-harvey/

«Tecnopolíticas» más allá de Tuiter: ¿Alguien, además de las grandes corporaciones, piensa sobre políticas tecnocientíficas?

Imagen: TBL sobre el estado actual y el futuro de la Web, anunciando su propuesta de un “nuevo contrato – New Contract for the Web; tuit de la @webfoundation, 18/11/2019: https://twitter.com/webfoundation/status/1196387173961998336/
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«Tecnopolíticas» más allá de Tuiter: ¿Alguien, además de las grandes corporaciones, piensa sobre políticas tecnocientíficas ?

José Pérez de Lama

La semana pasada, invitado por José Candón Mena, compañero de activismos digitales varios y profesor-investigador en la Universidad de Sevilla, presenté una ponencia en el congreso Move.net (https://congreso-move.net/programa-iii-congreso-move-net/) – ya en su tercera edición – sobre movimientos sociales y TICs.

Si bien los promotores del congreso, el grupo de investigación Compolíticas de la Universidad de Sevilla,  junto con otros destacados grupos de investigación en el área (Barcelona, Coímbra…), han venido usando la etiqueta de «tecnopolítica» bastante centrada en el uso de las redes sociales por parte de los movimientos sociales, mi contribución, aprovechando la amistad intelectual y de otro tipo que me une con estos colegas, es la de cuestionar este uso, considerando que pudiera contribuir a velar la relevancia mucho más general y extensa de las tecnologías en la conformación de nuestras sociedades.

El argumento lo presenté con tres proposiciones (propuestas a lectores u oyentes para su consideración según Dewey) que recojo a continuación. En el resto de la presentación, cuyo enlace para descargar se encuentra al final de este post, doy un poco de sustancia o cuerpo a las proposiciones, incluso alguna problematización.

Las tres proposiciones

1/ Tecnopolíticas y relaciones de poder

La «hipótesis tecnopolítica amplia» consiste en afirmar que aspectos de gran relevancia de las relaciones de poder que caracterizan las sociedades contemporáneas se producen por medio de los sistemas tecnológicos, (los cuales deben ser más precisamente descritos como sistemas sociotécnicos – Latour – que como puramente técnicos o tecnológicos).

Bajo una apariencia de neutralidad y de necesidad o eficiencia puramente técnicas, las tecnologías, y más específicamente las maneras en que éstas son implementadas, constituyen unas de las principales fuerzas que organizan la vida y la sociedad contemporáneas…

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2/ Los sistemas tecnológicos como campo de crítica, conflicto y experimentación

Los sistemas tecnológicos o sociotécnicos tal como existen deberían ser objetos de estudio, pensamiento, crítica, experimentación, debate y conflicto social y político
* Ya lo son, por ejemplo, en el llamado campo de los STS (Science & Technology Studies), pero tendrían que ser considerados de manera más general…

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3/ La necesidad de unas políticas criticas y pro-activas en el campo tecnológico

Serían necesarias unas políticas más críticas y pro-activas en estos campos: energía, datos, computación & redes, dinero-finanzas, farmacia… __ algo que quizás sólo exista actualmente y de manera algo peculiar con la reciente «moda» del Green New Deal y la llamada transición energética.

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Enlace a la presentación

* Por supuesto, hay mucho que debatir y habría mucho más aún que desarrollar en este ámbito. La presentación (pdf) aporta más datos, pero la idea era más que nada tratar de abrir y darle algo de difusión ala problemática que se trata de plantar.

* La presentación incluye una bibliografía, que para los que me leen de vez en cuando será más o menos familiar.

Del fetichismo de la mercancía al fetichismo de la arquitectura

Imagen: Pasaje de París, hacia 1900; — Walter Benjamin escribió sobre estos pasajes en relación con el fetichismo de la mercancía. Fuente: http://passagesetgaleries.fr/histoire-des-passages/
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Del fetichismo de la mercancía al fetichismo de la arquitectura

José Pérez de Lama / unas notas de trabajo

Si cualquier persona que quiere hacerse una casa o cualquier alcalde que quiere construir algo en su ciudad entre sus primeras preocupaciones tiene la de saber cuánto podría costarle y cómo lo financiaría, ¿cómo es posible que en los carreras de arquitectura, pero también en los libros y revistas preferidos por los arquitectos, estas cuestiones aparezcan como algo más bien secundario; o como algo de lo que se ocupa «alguien» que no se sabe del todo bien quien pueda ser, pero que no es el Arquitecto. Estoy seguro que esto parecerá bastante raro a los no-arquitectos…

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El Proyecto Fin de Carrera presentado durante los años de la crisis en la Escuela de Arquitectura de Sevilla por el hoy arquitecto José Luis Carcela [1] abordaba este asunto. El tema propuesto por los profesores de aquel tribunal, ajenos quizás a estas cuestiones mundanas de los presupuestos y la viabilidad económico-financiera, consistía en el proyecto de una nueva Escuela de Arquitectura en Sevilla. La propuesta de Carcela, que sí era consciente de la burbuja y la pre-crisis porque tenía que ponerse a buscar encargos una vez que aprobara, fue la de dedicar el 80-90 por ciento de su trabajo al diseño de una plan económico-comercial para hacer real su proyecto; un plan que pasaba por vender el solar de la actual escuela ubicada en un lugar relativamente céntrico, montar una industria ganadera – de jamones ibéricos para más señas – en Zalamea la Real (Sierra de Huelva), su pueblo natal, con cuyos beneficios, finalmente, alquilar y acondicionar unos locales disponibles en el mercado, o quizás un barco amarrado en el muelle, — parte final del proyecto a la que dedicaba el 10 por ciento restante del trabajo. Por oposición al realismo cínico de Carcela cabría definir el «fetichismo de la arquitectura»; por analogía, obviamente, con la célebre idea del fetichismo de la mercancía propuesta por Marx.

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En primera aproximación este fetichismo de la arquitectura podría definirse como la actitud de considerarla, la arquitectura, como un producto entre lo artístico y lo técnico, con una fuerte componente intelectual, y claramente separado de los aspectos concretos, sociales y económicas de su producción. En ocasiones la actitud puede rayar en un cierto misticismo, incluso. Sigue leyendo Del fetichismo de la mercancía al fetichismo de la arquitectura

Comentario Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización


Escena bobo con libro.

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Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización

José Pérez de Lama, versión beta

Comentario de: Christophe Guilluy, 2019, No society. El fin de la clase media occidental, Taurus, Barcelona

Leí estos días No society, el libro de Guilluy, geógrafo (aunque también me parece sociólogo) francés que viene recibiendo una cierta atención en los medios por las tesis o hipótesis que se presentan en este volumen y en otro anterior. Éste, me ha parecido en efecto bastante interesante; aunque más en el análisis que propiamente en las conclusiones y propuestas.

El interés por Guilluy viene de lo que viene planteando para explicar el movimiento de los gilets jaunes en Francia y más en general lo que pueden llamarse populismos de derecha (Le Pen en Francia; que en este nuevo libro extiende a nuevos ámbitos: Trump en EEUU, el Brexit en RU, y algún comentario más puntual sobre Italia, Grecia, España o Cataluña).

Señalaré a continuación tres o cuatro ideas que me llamaron más la atención. Sigue leyendo Comentario Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización