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El debate sobre el valor – comentarios sobre el nuevo libro de Mariana Mazzucato

El debate sobre el valor – comentarios al hilo del nuevo libro de Mariana Mazzucato

José Pérez de Lama, versión beta

Reseña de: Mariana Mazzucatto, 2018, The Value of Everything- Making and Taking in the Global Economy, Allen Lane – Penguin Random House

Something is rotten in the theory of value.

Un libro sin duda muy interesante, de una de las grandes economistas globales ¿emergentes?, ¿de moda? -, que como se subraya en su portada recibió el premio Leontieff al Avance de las fronteras del pensamiento económico en su edición de 2018 [1] – es de suponer que por su anterior libro, El estado emprendedor, que también reseñamos en este blog hace unos meses (David Patiño, 2018).

Como sugería la cita introductoria y también el título, el libro trata del valor (económico…) en la economía digital y global actual. La autora da cuerpo a lo largo del libro de forma rigurosa a la sospecha más o menos general de que algo no funciona del todo bien con cómo se considera el valor en nuestras economías. Los ejemplos de la extraña consideración del valor son múltiples, pero citemos para empezar algunos ejemplos: cuando el gasto en arreglar un desastre ecológico se considera como producción de valor (esto es, hace aumentar el PIB, o GDP en inglés); o cuando las actores económicos que obtienen mayores beneficios son, entre otros, los financieros, cuya contribución a la creación de valor – en la crisis, en la burbuja inmobiliaria, o cuando apuestan con sus productos financieros contra la recuperación de un país en crisis, como ocurriera con Grecia o España hace pocos años – resulta bastante inexplicable para la mayoría de la gente – (algo más detallado sobre esto más adelante).

La interesante posición desde la que la autora enuncia sus ideas

El libro me ha resultado positivamente sorprendente. Y no tanto por el contenido, con el que en su mayor parte estaba familiarizado (del estudio de lo que podría llamarse los pensadores del General Intellect y el capitalismo cognitivo – Negri, Hardt, Corsani, Bifo, Mason… – y de los críticos de la economía digital – Morozov, Wark, Benkler – y la economía financiera – Torres & Navarro, Varoufakis, Pettifor, Harvey, Sassen, por citar a unos pocos de cada área); sino más bien por el tono, la estructura y, creo que especialmente, por la posición desde la que la autora enuncia su discurso. Frente a la mayoría de los anteriores autores que escriben desde posiciones que seguramente son fácilmente calificadas de radicales o marginales, Mazzucato parece hacerlo, hasta cierto punto, desde el centro del sistema: es una casi-estrella mediática, sus libros se promocionan como best-sellers y dirige un instituto sobre políticas públicas e innovación en una prestigiosa universidad londinense, que como detalle ilustrativo puede mencionarse que cuenta con 26 premios Nobel entre antiguos alumnos y profesores.[2] En especial, el tono de su discurso no es para nada académico o difícilmente especializado. Al contrario, el libro se lee en un par de tardes, y si acaso – al menos a mí, seguramente (mal)acostumbrado a los autores mencionados – me ha llegado a parecer casi superficial; aunque el aparato de notas y la bibliografía ocupan casi 100 páginas, aproximadamente un cuarto del libro. Una ligereza engañosa… O una aproximación a este tipo de escritura tácticamente inteligente y diferente. Salvando las diferencias, la posición desde la que Mazzucato enuncia se discurso podría casi compararse con la del propio J.M. Keynes…

El argumento: ¿producción o extracción de valor?

Tratando de ir al grano. El argumento lo resumiría de la manera siguiente. La forma en que la actual economía estima el valor es muy disfuncional, beneficiando a algunos de manera extraordinariamente desproporcionada – aquellos sectores o actores cuya actividad se considera más valiosa – y perjudicando al resto. Entre los beneficiados estarían las finanzas más posmodernas y ciertas “industrias” que tiene una importante relación con la innovación tecnológica, entre otras, “Silicon Valley” y las farmacéuticas. Entre los “perjudicados,” Mazzucato estudia particularmente la contribución del sector público a la creación de valor y cómo ésta es significativamente minusvalorada o directamente ignorada. La percepción dominante del valor está tan distorsionada que, en ocasiones, argumenta la autora, se considera creación de valor lo que a su juicio es extracción o destrucción de valor. Los ejemplos son conocidos: las típicas operaciones de Private Equity (adquisición de empresas) o similares en las que un grupo inversor se hace con el poder en una empresa, la va desmontando, vendiendo las partes que funcionan mejor, despidiendo empleados, descapitalizándola, cargándola de deudas, para finalmente venderla o declararla inviable, no sin antes haber obtenido numerosas ayudas públicas y ventajas fiscales y haberse llevado pingües beneficios. Mazzucato cita ejemplos del RU, pero seguro que conocemos bastantes casos más próximos.

Ante esta situación la autora propone en primer lugar reconstruir la percepción académica y social del valor, y a continuación establecer nuevas políticas públicas para transformar la economía en torno a esta nueva idea de valor, construir mercados que favorezcan esa nueva idea de valor, que reconozcan y estimulen la producción de valor desde el sector público (educación, políticas tecno-científicas, infraestructuras, salud, cuidados, transición verde…), que estimulen la inversión a largo plazo, que redistribuyan de una manera más justa el valor de la innovación y las plataformas tecnológicas…

Si bien la autora dice claramente que el objetivo del libro se limita a plantear la necesidad de una discusión colectiva para la redefinición del valor en economía, el libro desarrolla muy bien algunas de las bases para esta discusión. En este comentario me extenderé un poco más en los primeros capítulos donde plantea cuestiones más teóricas, de economía política.

Aproximación a los contenidos: historias de la teoría del valor

Tras la introducción, siguen dos capítulos en los que se expone sucintamente la historia de la teoría del valor, que divide en dos etapas; la primera sería la de los economistas clásicos, entre los que se incluye a Marx, la segunda la de los neoclásicos, los teóricos del marginalismo – la escuela económica que se inicia a finales del XIX pero que continúa hoy representando la ortodoxia hegemónica, tanto en los centros de formación en investigación como en las prácticas políticas.

En la primera etapa, donde presenta las ideas de Quesnay, Smith, Ricardo y Marx, la teoría del valor era importante. El debate moderno comienza, afirma la autora, cuando los países (Francia en primer lugar) tratan de entender primero, como se reproducen la vida y la sociedad en el país a través de su actividad – esto me pareció muy interesante. Quesnay y su escuela, los fisiócratas, identificaron en la agricultura la posibilidad de esta reproducción: los agricultores eran para los fisiócratas los que producían los alimentos necesarios para la sociedad en su conjunto, así como  los excedentes a partir de los cuales los otros grupos sociales – propietarios y artesanos – desarrollaban sus propias actividades. Curiosamente, según explica Mazzucato, Quesnay no consideraba como grupo productivo a los artesanos, sino que los consideraba sólo transformadores de los excedentes producidos por los agricultores.

Con este caso, Mazzucato introduce el concepto de production boundary – o frontera productiva, que definiría las actividades que cada sociedad y/o teoría consideraba productivas y las que no. La evolución en el tiempo de esta production boundary es un argumento central del libro. Cada época lo define de manera diferente según su organización económica y la percepción de ésta (¿de sus clases dominantes?), con lo que la autora nos invita a deducir que hoy sería viable, además de necesario, hacer una redefinición de cuales son las actividades productivas y no productivas en la actualidad. Esta aproximación a diferentes realidades económicas en tanto que construcciones sociales, me hace relacionar a la autora con la llamada escuela institucionalista (Veblen, Galbraith), algo que sin embargo nunca llega a ser mencionado.

Volviendo al desarrollo del libro, Smith incluirá la industria en la categoría de los productivo; y Marx introducirá los servicios y en cierto grado lo que llama la autora la esfera de la circulación que incluiría a los comerciantes y las finanzas.

La clave común de la teoría del valor en todos los autores clásicos, subraya la autora, es la de considerar que el valor de un producto o mercancía se deriva de sus costes de producción, y entre estos, del trabajo invertido en producirla. El énfasis en este último aspecto, es lo que da el nombre a la teoría del valor-trabajo, asumida por Ricardo, y desarrollada con sus propios matices por Marx.

La cuestión de la renta

Un último aspecto a destacar en el pensamiento de los clásicos es el de la renta, que Mazzucato también utilizará como otro de los argumentos, o quizás categorías, centrales de su propio análisis. La renta preocupaba a los neoclásicos, – Smith, Ricardo, Marx -, por ser la forma característica del beneficio de las clases dominantes de la época, precisamente en forma de la renta de la tierra (agrícola). Mazzucato afirma en un par de ocasiones, que cuando Smith hablaba de una economía de libre mercado, ¡se refería ante todo a una economía libre de renta! En su influyente análisis de la renta, Ricardo la relaciona con un beneficio que se deriva de una situación de monopolio: al ser un bien escaso y necesario, los propietarios están en situación de extraer un beneficio sin participar activamente en el proceso de producción. Tanto Mazzucato como otros autores señalan efectivamente este tipo de situación como una característica de la actual economía: en su caso llamar la atención su análisis desde la perspectiva de la renta y el monopolio derivado en la actividad de las grandes empresas tecnológicas.

Valor o precio: los marginalistas o neoclásicos

El segundo período de la teoría del valor sería, como decía, el de la economía neoclásica. En este sentido más que existir propiamente una teoría del valor, explica la autora, este debate desaparece, y lo que lo sustituye es una teoría del precio, la conocida historia de la oferta y la demanda, y la menos conocida por los no especialistas del valor marginal, la utilidad marginal, etc. Como es frecuentemente comentado, la economía política deja de llamarse así para pasar a llamarse simplemente economía, enfocando su atención a las pequeñas diferencias (el margen), que definiría el ámbito de lo que se suele denominar microeconomía. El valor de una mercancía desde esta perspectiva será el que obtenga en el mercado, independiente ya, del trabajo o los costes que se hayan invertido en su producción: la alta costura, la electrónica de alta gama tipo Apple, las medicinas para el tratamiento de la hepatitis C o el precio de un loft en Manhattan, representarían de algún modo esta idea de valor. Mazzucato, no se si acertadamente o no, dice que el valor pasa de ser objetivo a ser subjetivo. Básicamente, si algo obtiene un precio en el mercado, esto es, se vende, encuentra un comprador, ya sea un instrumento financiero que apuesta por la subida de la prima de riesgo de un país en crisis, la economía neoclásica considera que crea valor – aunque a la mayoría nos sea difícil explicar cuál pueda ser el valor que aporta y aunque a los mortales comunes no-economistas nos pueda parecer un disparate.

El cálculo del PIB como instrumento performativo

El siguiente capítulo ha sido el más interesante para mí en esta primera lectura. Se dedica a estudiar cómo se ha venido midiendo la riqueza de las naciones, más precisamente, a través del cálculo del llamado Producto Interior Bruto (Gross Domestic Product, GDP, en inglés). Y cómo esta medición se ha ido transformando en el tiempo, incorporando interesantes cambios, desde que se empezara a usar con estándares internacionales compartidos tras la Segunda Guerra Mundial. El SNA, System of National Accounts, es establecido por la ONU en 1953 como un marco de estándares para medir el valor añadido generado en la producción, permitiendo homogeneizar y comparar las economías nacionales de diferentes países. El PIB, como sabemos, es la principal herramienta que se usa para tratar de evaluar cómo va la economía de un país: si el PIB crece, en un porcentaje en torno al 3% o superior, se considera que el país va bien; si se dan porcentajes por debajo de esta cantidad y estos se extienden en el tiempo el país se considera que el país está en recesión o cuando se hace más grave, en crisis. Lo interesante, nos llama la atención Mazzucato, no es sólo que sea un instrumento de medición, sino que además es un instrumento para el diseño de las políticas públicas económicas y fiscales. En tanto que éstas tratan de fomentar el crecimiento, resulta fundamental qué actividades son las que son las que el GDP considera que constituyen crecimiento y cómo son computadas. O de otra manera, aquellas actividades que se consideran creadoras de valor son incluidas en el cálculo del PIB y por tanto apoyadas u promovidas, mientras que las que no se consideran así no lo son, y por tanto no son tenidas en cuenta y son invisibilizadas: en este extremo, el caso del trabajodoméstico es uno de los más conocidos. La literatura sobre el asunto es extensa, y no la conozco bien, pero creo que aún así  la aproximación y los matices aportados por Mazzucato son de gran interés.

Por un lado, explica cómo el PIB no es algo perfectamente objetivo, que se derivase de una teoría sólida y sin fisuras, sino que es más bien una construcción bastante precaria, en las que unas cuestiones se justifican de una manera y responden a unos ciertos principios, otras de otra diferente, y otras más son estimaciones que parecieron razonables a sus diseñadores incluso contradiciendo sus principios más claros, – en este caso estarían las maneras en que se estiman las aportaciones del sector público al PIB, al que no se atribuye valor añadido salvo en los salarios públicos – si no lo he entendido mal. En tanto que construcción social, el PIB se ha ido modificando y se puede modificar para promover unas u otras actividades…

El segundo aspecto que destaca la autora, y que más me ha llamado la atención es el caso específico de la banca y las finanzas. Hasta los años 80, en el cálculo del PIB se estimaba que las finanzas hacían muy limitadas aportaciones a la creación de valor, considerando que la actividad no era propiamente productiva sino intermediadora. A partir de esta década se incorporan progresivamente al PIB los beneficios de la banca, (el análisis de Mazzucato se centra en RU y EEUU, pero entiendo que será una cuestión global), de manera que operaciones que desde puntos de vista convencionales consideraríamos depredadoras o puramente extractivas, pasan a ser consideradas productivas.

El efecto de cambios como éste, según Mazzucato, es que el sector financiero, pasa así, formalmente, de ser considerado como un sector intermediador a ser percibido como uno de los motores productivos, adquiriendo una nueva posición en el sistema económico que le permite reclamar políticas públicas o fiscales que lo favorezcan porque redundan en beneficio de la prosperidad general (teórica) representada por el PIB; políticas que lógicamente detraen recursos y esfuerzos de otros sectores productivos, y más aún, de los que ni siquiera se incluyen en el PIB, por no considerarse productivos, como puedan ser el de los cuidados y la reproducción social más en general. Para Mazzucato se estaría dando la paradoja de que estemos contabilizando en el PIB como actividades productivas, y apoyándolas en consecuencia, actividades que en realidad extraen valor en lugar de crearlo, o que incluso lo destruyen. (Me temo que el argumento no lo he acabado de reproducir del todo bien, pero la autora lo hace de forma convincente, con datos y ejemplos; – y cómo siempre si alguien se quiere enterar bien no habrá más remedio que leer el libro y seguramente seguir estudiando por el camino señalado.)

Las grandes actividades extractivas: ¿finanzas e innovación?

Hechas esta introducción teórica, la parte central del libro se centra en el análisis de dos sectores económicos que para Mazzucato serían actualmente extractoras y destructores de valor, y que, sin embargo, se vienen considerando como las principales instancias de producción de valor. Esto serían el sector financiero y el sector tecnológico (en particular el de las grandes empresas de la economía digital y el farmacéutico).

La idea de renta, la extracción de valor sin trabajo productivo – “creador de valor” en la jerga de Mazzucato -, sino debida a una posición de monopolio, (o a una relación de fuerzas, quizás diría yo) es central en esta parte. En el capítulo titulado Extrayendo valor a través de la economía dela innovación, se lee a la autora con más soltura; – se ve que es su tema principal, que ya desarrolló en su libro anterior. Aunque la mayor parte de los argumentos son conocidos – al menos para mí – de los pensadores del General Intellect, el capitalismo cognitivo y los commons, éstos están bien expuestos para un público “no militante.” Destaca lo que creo que viene siendo su principal aportación: que la innovación de los mitificados genios científicos y financieros de Silicon Valley y de la industria farmacéutica es en gran medida deudora de la investigación básica fuertemente financiada por el estado, que es el actor que asumió los principales riesgos del proceso. Y que por tanto, buena parte de la narrativa del emprendimiento visionario y aventurero tiene una dimensión muy sesgada y mixtificadora. De nuevo, como en el caso de las finanzas, Mazzucato confiere una gran importancia a los discursos y narrativas, tanto académicos  como del main stream, pues estas sirven de base y justificación para el establecimiento de políticas públicas y fiscales, que no se corresponderían para la autora con la contribución real de unos y otros. Los héroes emprendedores, los grandes creadores de valor, dice Mazzucato, no lo serían tanto, si no se hubieran puesto en pie sobre hombros de gigantes como la financiación pública de la investigación, la educación, las infraestructuras, o la sociedad en su conjunto.

Aproximándonos al final, el contenido cambia de signo y encontramos el capítulo titulado Infravalorando el sector público, que también enlaza directamente con el libro anterior. Mazzucato creo que demuestra que toda la narrativa o mitología sobre el sector público en tanto que ineficaz, improductivo y derrochador es significativamente sesgada – aunque,eso sí, como la percepción en positivo de las finanzas y la innovación, esté fuertemente apoyada por la sucesión de premios Nobel de Economía a lo largo de las últimas décadas del siglo XX, – que han ido dando justificación al adelgazamiento de los estados, las privatizaciones, etc. En opinión de Mazzucato, esta miología, además, da lugar a una falta de confianza por parte de los propios políticos y trabajadores públicos en su propia actividad y capacidad. Frente a esto, la autora expone algunos casos que explican cómo el sector público crea valor de manera sobresaliente, aunque éste sea siempre menospreciado: desde la educación a las infraestructuras… y presenta algunos casos que demuestran cómo lo público tuvo un papel de liderazgo en la creación de valor y la dirección del desarrollo en nuestras sociedades: desde los proyectos de desarrollo del New Deal y el WPA en el período de entreguerras EEUU, a la creación del sistema de salud universal en el Reino Unido (en la década de 1950), a la organización de la misión lunar en EEUU, al desarrollo de toda la investigación que daría lugar a las revoluciones digitales – de los transistores, a Internet, el GPS o la telefonía móvil…

El estado emprendedor

La conclusión de Mazzucato, como se anticipaba al principio, es que debemos hacer una redefinición del valor en nuestras economías, que esta redefinición debe basarse en una idea de valor relacionada con aquellos que mejora la vida social y no sólo el beneficio económico de unos pocos, y que, a partir de esta redefinición colectiva del valor, necesitamos diseñar nuevas políticas públicas, para transformar los mercados en tanto que construcciones sociales (Polanyi) y promover proyectos socio-económicos necesarios, cuando no urgentes, como son la transición energética-medioambiental y la sostenibilidad de la vida (creo que no lo enuncia así Mazzucato, sino que se refiere más bien a una economía de los cuidados). Y que todo esto es posible hacerlo.

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Comentario y preguntas: ¿el valor como relación de poder?

Como una primera valoración rápida y personal, diría que el libro plantea preguntas muy oportunas y líneas de trabajos que me parecen de enorme interés, _ y que lo hace poniéndonos del lado de las pasiones alegres, como diría Spinoza, algo que para mí es fundamental en estos tiempos de desesperanza y desamparo. Y que merece, mucho, ser estudiado y discutido.

Como crítica: que este debate del valor no está más que esbozado, y que es enunciado de una manera que me resulta bastante sorprendente: por un lado conecta de manera directa con la intuición; por otro, sin embargo, me resulta aún poco articulado conceptualmente, moviéndose algo difusamente entre la economía y la vida, entre un aparato técnico y nuestra percepción no técnica, filosófica o existencial, de una manera que no se si es virtud o es defecto.

Su definición de valor: “Por creación de valor me refiero a las maneras en que diferentes tipos de recursos (humanos, físicos e intangibles) son establecidos e interactúan para producir nuevos bienes y servicios. Por extracción de valor me refiero a las actividades que se focalizan en mover de un lado a otro distintos recursos y outputs, obteniendo beneficios desproporcionadamente del intercambio implicado. … En el libro uso riqueza (wealth) y valor (value) de manera casi intercambiable. … Uso valor en términos del proceso por el que la riqueza es creada – es un flujo. Este flujo por supuesto tiene como resultado cosas concretas, bien tangibles (una barra de pan), bien intangibles (nuevo conocimiento). Riqueza, en cambio, es considerada como la acumulación del valor ya creado…” (pp. 6-7)

Si comparamos lo anterior, por ejemplo, con la definición de Harvey-Marx del valor y el capital en el sistema de producción y acumulación capitalista,[3] al menos a mí me resulta extremadamente general y quizás, incluso, ingenuo. Se trataría, no obstante, de lo que suelo llamar una “definición inclusiva”, una que no trata tanto de determinar un límite lo más preciso posible a lo definido, sino más bien lo contrario, establecer un espacio conceptual en el que puedan caber y relacionarse muchas cosas diferentes. Así,  creo que podría pensarse como un primer buen paso para empezar a definir algo de nuevo.

Por último, de momento, destacar quizás algo que Mazzucato no dice explícitamente. La autora aborda la cuestión refiriéndose a la dimensión performativa de los discursos: lo que decimos produce realidad. Sin embargo, el argumento también nos invita a situar la cuestión del valor, siempre en mi opinión, en el marco de las relaciones que Foucault describió como saber / poder. Uno afirmaría, y creo que Marx estaría de acuerdo, que, aunque existan algunos datos objetivos, en último instancia el valor es sobre todo el resultado de una relación de poder: ¿qué parte del valor en un proceso de producción corresponde a los trabajadores, cuál a los organizadores del proceso, cuál a los diferentes agentes del capital?, o ¿por qué prestar dinero para una operación se considera económicamente valioso y cuidar una casa o a unos familiares no? Pero lo que subraya Mazzucato, con su letanía de premios Nobel, teorías y estándares contables, es que estas relaciones de poder también se justifican y apoyan en los discursos teóricos y mediáticos, contribuyendo a hegemonías en el ámbito del pensamiento y la explicación del mundo y, finalmente, a producciones de subjetividades que se convierten en sentido común, actitudes y formas de vida. Y que es en este espacio entre hechos concretos y discursos, interpretaciones y percepciones en el que ocurren las cosas que nos interesan y en el que también se producen los cambios.

Cierro aquí este primer comentario que seguramente, como tantas veces, será muy mejorable. Pero como digo otras veces, me resulta de interés dejar recogidas y compartir las primeras impresiones tras la lectura de un libro que me llega a afectar, – como cuando conoces a alguien -, aunque éstas más adelante vayan a ser matizadas y lleguen a cambiar con el tiempo. Vale.

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#notas

[1] Anuncio del premio Leontieff 2018: http://www.ase.tufts.edu/gdae/about_us/leontief18_announcement.html

[2] Mazzucato es Professor in the Economics of Innovation and Public Value y fundadora y directora del Institute for Innovation & Public Purpose (IIPP) del University College London (UCL). Según se lee en la web de la institución – https://www.ucl.ac.uk/ -, UCL fue considerada como la décima universidad global en el QS World University Rankings de 2019. Y como ya se ha citado cuenta o ha contado con 29 premios Nobel entre antiguos alumnos y profesores actuales o históricos.

[3] Pueden verse mis posts (2018, 2019) sobre Harvey y Marx en este mismo blog; enlaces más abajo.

 

#referencias

Mariana Mazzucatto, 2018, The Value of Everything- Making and Taking in the Global Economy, Allen Lane – Penguin Random House

____, 2014 [edición original en inglés de 2011],  El Estado Emprendedor. Mitos del sector público frente al privado, RBA, Barcelona.

David Patiño Rodríguez, 2018, Comentario sobre El Estado Emprendedor de Mariana Mazzucato, en este mismo blog: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/07/12/comentario-a-el-estado-emprendedor-de-mariana-mazzucato/

Sobre Harvey-Marx y teoría del valor en este mismo blog:

Pérez de Lama, 2019, ¿Qué es el capital según Marx? (II) _ nueva síntesis y diagrama de David Harvey, 2017https://arquitecturacontable.wordpress.com/2019/01/11/que-es-el-capital-segun-marx-david-harvey-2017/

____, 2018, El rechazo de la teoría del valor-trabajo por parte de Marx – según David Harvey, https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/08/30/rechazo-teoria-del-valor-trabajo-marx-harvey/

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Pragmatismo pluralista vs dogmatismos varios: sobre abstenerse o votar


Imagen: @ctxt publicada en Twitter

Pragmatismo pluralista vs dogmatismos varios: sobre abstenerse o votar

José Pérez de Lama

Abstención

Como sabremos casi tod*s, en la últimas elecciones en Esp (las andaluzas de finales de 2018) la abstención fue del 41 y pico por ciento, lo que parece muchísimo. 4 de cada 10 andaluces consideraron que no merecía la pena votar o que preferían activamente no hacerlo. El juicio implícito, con sus múltiples variantes, podría ser que nuestra democracia es una m…. Algo con lo que sin duda es fácil estar de acuerdo, pero que no voy a elaborar aquí. Voy a contar una historieta para tratar de concluir que, aún así, me parece mejor votar.

Pragmatismo: un antidogmatismo

La historieta tratará de presentar algunas ideas el pragmatismo filosófico, y uno de sus aspectos más atractivos para mí, el pluralismo.

El pragmatismo surge en Estados Unidos, y en su primera generación destacan tres pensadores: Charles Sanders Pierce, (1839-1914 – si no me equivoco, pronunciado a la francesa, tipo “Pers”), William James (1842-1910) y John Dewey (1859-1952); – uno de sus representantes actuales sería Richard Sennet (1943 – con quien estarán familiarizados bastantes arquitect*s y makers).

Mi interpretación del origen y contexto histórico del pragmatismo coincide con – o más bien se basa en – la de Louis Menand (El club de los metafísicos. Historia de las ideas en América; un libro estupendo, por cierto), que la relaciona con la Guerra Civil norteamericana, en la que combatieron el Norte y el Sur (1861-65). Según Menand, mientras que la guerra tenía como uno de sus motivos principales la cuestión de la esclavitud en el Sur, en torno a esto se asociaron muchos otros intereses, menos altruistas, típicamente económicos, de poder, de clase, etc., a la vez que el papel de diferentes grupos sociales, – antes, durante y después -, élites políticas y económicas, burguesías, intelectuales… también resultó cuestionable. Después de la guerra, la suerte de los antiguos esclavos, como aún puede verse, tampoco fue la de la igualdad y la liberación radicales. Con la justificación de los grandes valores, muchos jóvenes idealistas perdieron la vida, o volvieron heridos y desencantados por la realidad práctica de lo ocurrido. Sigue leyendo Pragmatismo pluralista vs dogmatismos varios: sobre abstenerse o votar

Nietos de Keynes. Buenas y malas noticias sobre la economía de la abundancia

Imagen: J.M. Keynes con la bailarina rusa Lydia Lopokova. Foto: Cortesía de Wiedenfeld & Nicolson. Fuente: Bloomberg Business

 

José Pérez de Lama / publicado en LABlog 01/06/2015

Las buenas noticias

En su último libro, The Zero Marginal Cost Society, Jeremy Rifkin, recuerda un texto escrito por J.M. Keynes en 1930 en el que preveía que, hacia el año 2030, si se daban unas ciertas condiciones en el desarrollo de la civilización, la generación de sus nietos no tendría ya que trabajar. El problema económico se habría acabado, habríamos entrado en lo que se viene llamando una economía de la abundancia; los asuntos económicos serían resuelto de manera profesional y rutinaria como si fuese la tarea de un dentista. El desarrollo técnico o tecnológico sería la clave principal para este logro. A pesar de que el trabajo no sería realmente necesario, Keynes planteaba que la mayoría de la población trabajase 3 horas al día / 15 a la semana para satisfacer la necesidad cultural, acunada durante siglos, de hacer cosas como forma de sentirnos útiles y valiosos – aquello del homo faber; también por las dificultades que imaginaba que tendríamos para saber llenar el tiempo sin el trabajo al que estamos tan acostumbrados.

El planteamiento de Keynes creo que no es demasiado extraño o raro. Paul Lafargue, uno de los yernos de Marx, que por cierto pasó algunos años de su vida en Madrid, ya había escrito un libro sobre este asunto del final del trabajo, publicado en 1880, y titulado El derecho a la pereza. Lo que a mi me resulta llamativo es que fuera Keynes el que lo plantease, probablemente el que fuera el economista más importante del siglo XX, un hombre estrechamente implicado en las realidades políticas y económicas de su tiempo, un hombre sin duda idealista, pero también muy pragmático.

El reciente debate sobre la renta básica universal (RBU) volvió a poner de actualidad este asunto de la relación entre ingresos y trabajo, aunque en la opinión pública el énfasis se situó más en la cuestión de la justicia social y la redistribución de la riqueza, que en la de la innovación tecnológica o el cambio civilizatorio tal como planteaba Keynes. Franco Berardi Bifo, esta misma semana en Sevilla, recordaba también al Rifkin de mediados de los 90 cuando éste empezaba a escribir sobre el final del trabajo (The End of Work, 1995). Para Bifo lo que Rifkin señalaba es que existía y existe la posibilidad de que efectivamente se acabe la necesidad de trabajar para ganarse la vida, para la mayor parte de la población. Aportaba el dato reciente de una entrevista, – 2014 -, con Larry Page y Sergey Brin, los patrones de Google, en la que éstos estimaban que su empresa sería capaz, actualmente, de automatizar el 45% del trabajo global. Bifo señalaba como principal obstáculo, sin embargo, que tenemos grabado en nuestro sistema neurológico, en nuestro firmware, la relación salarial como medio para obtener el dinero para poder vivir. Como sociedad no somos capaces de imaginarnos el que seamos capaces de organizarnos y sobrevivir más allá de la existencia de esta relación. Sigue leyendo Nietos de Keynes. Buenas y malas noticias sobre la economía de la abundancia

Un pasaje sobre Bogdanov, ingeniero filósofo y disidente bolchevique, __ de McKenzie Wark

Imagen: Bogdanov & Lenin jugando al ajedrez, en casa de Gorky, en Capri, en la primavera de 1908… La imagen se encuentra en muchos lugares. Aquí se ven otras complementarias que sugieren una situación bastante “romántica”: https://www.marxists.org/archive/lenin/photo/1908/index.htm

Un pasaje sobre Bogdanov, ingeniero, filósofo y disidente bolchevique, __ de McKenzie Wark  en Molecular Red

Traducción y comentario inicial de José Pérez de Lama | versión beta

McKenzie Wark es para mí uno de los pensadores más destacados de la actualidad sobre tecnologías y ecología desde el punto de vista que él mismo llama del trabajo, o de los trabajadores (labor point of view). Es una pena, en mi opinión, que aún no tenga ninguna obra traducida al español o – o eso creo. Una buena parte de su estupendo libro, Molecular Red. The Theory of the Anthropocene (2015), lo dedica a estudiar la figura y la obra de Alexander Bogdanov. Filósofo, ingeniero y autor de ciencia ficción (Estrella roja, 1908), fue inicialmente amigo de Lenin, dirigente bolchevique en los primeros tiempos, para caer más adelante en relativa desgracia política y más tarde en el olvido. Es más o menos célebre – entre cierto público, claro -, su foto pre-revolucionaria jugando al ajedrez con Lenin en presencia de Gorky. Según Wark, sus dos principales creaciones fueron una filosofía, la tektología, que yo calificaría de pragmatismo ruso de la técnica, la organización y la naturaleza, y un movimiento cultural, proletkult, que tenía por objetivo la formación de los trabajadores para la creación de nuevas formas de organización, en el encuentro difícil entre ciencia-cultura, sociedad y naturaleza. Wark propone a Bogdanov como referencia para pensar el presente, y en particular el problema de las tecnologías, las infraestructuras, la ingeniería… en el marco del Antropoceno… Sigue leyendo Un pasaje sobre Bogdanov, ingeniero filósofo y disidente bolchevique, __ de McKenzie Wark

Serie elecciones 2019: ciudad eco-feminista y ciudad productiva-distributiva

Imagen: Marta Ponferrada Espejo, 2017, esquema de las características de una ciudad feminista, de La ciudad eco-feminista. Espacios públicos y privados para una sociedad más sostenible e inclusiva, Trabajo Fin de Grado, Escuela Técnica Superior de Arquitectura Universidad de Sevilla, p. 15.

Serie elecciones 2019: ciudad eco-feminista y ciudad productiva-distributiva

José Pérez de Lama / versión beta

Tercera o cuarta entrega de mis modestas aportaciones al debate pre-electoral. Esta plantea algunas cuestiones sobre ciudad y urbanismo, en torno a las dos etiquetas que aparecen en el título, ciudad eco-feminista y ciudad productiva-distributiva.

Hace ya unos meses asistí a una reunión convocada por mi amigo Fernando Pavón para intercambiar ideas sobre los programas electorales para las elecciones municipales que entonces aún no tenían fecha.

La ciudad que queremos / la ciudad que a lo mejor podemos

Como había participado ya en sucesivos grupos de este tipo, cada cuatro años…, y de la última vez, muy poco se había avanzado en las políticas reales, la primera idea que propuse es partir de enfrentar la ciudad que queremos – eslogan que ya habíamos usado en Sevilla en… 1999… y que luego incluso una alcaldesa del PP usó como propio en una campaña ante nuestra (relativa) sorpresa -, con la ciudad que – a lo mejor podamos; esto es, la ciudad que queremos en diálogo con la ciudad que a lo mejor podríamos… “La lista de los reyes magos” a grandes rasgos ya la teníamos de hace cuatro años… pero contando con la experiencia de estos cuatro años con grupos del cambio en los gobiernos municipales, igual era bueno, plantear estos dos escenarios más o menos confrontados entre sí.

Aparece entonces otra idea, que podría expresarse con la noción de estrategias: dando por supuesto que la ciudad que queremos fuera un/el horizonte deseable, qué objetivos, políticas y medidas se pueden realistamente plantear – quizás incluso con diversos escenarios de mayorías/minorías, etc. – para que, sin caer en la fantasía o la delusion que se diría en inglés, pensar en la ciudad que podemos, pero que apunte hacia la que supuestamente queremos, con mayor pragmatismo y eficacia que las acciones más o menos oportunistas y las reacción contra las medidas de los gobiernos de turno que suelen caracterizar – con demasiada frecuencia – a las oposiciones políticas y a los movimientos sociales urbanos. Sigue leyendo Serie elecciones 2019: ciudad eco-feminista y ciudad productiva-distributiva

Unos comentarios sobre políticas tecno-científicas

Imagen: La Residencia de Estudiantes (Madrid) vinculada a la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, a principios del siglo XX. Ambas representan el esfuerzo por crear unas políticas científicas y culturales a la altura de su tiempo, que probablemente no se hayan superado nunca en nuestro país. [?]

José Pérez de Lama

Consideraciones previas: los países tecnológicamente avanzados

Diría uno que existe un consenso razonable acerca de que sería bueno que España fuera un país más avanzado en el ámbito de las ciencias y de las tecnologías. Si consultamos los diversos índices sobre universidades e investigación que aparecen periódicamente en los medios podría estimarse que somos un país relativamente avanzado, aunque tampoco demasiado: estaremos entre los 20 primeros del mundo, quizás, lo cual no está demasiado mal… ni demasiado bien. A la vez, la experiencia cotidiana demuestra que somos muy dependientes de los primeros países tecnoindustriales en aḿbitos críticos como el de las tecnologías digitales o el automóvil por citar las dos familias de máquinas más presentes en nuestras vidas cotidianas. Seguro que hay muchos investigadores y también empresas de primer orden internacional, pero difícilmente diríamos que España es el país más destacada en ningún sector tecnológico, como podríamos decirlo de Estados Unidos, Alemania y Japón, o más recientemente de Corea del Sur o China. O Israel. (¡Parece que “los malos” siempre lo hagan mejor en tantas cosas!) También leí alguna vez sobre la importancia que dio Nehru a las ciencias médicas y la ingeniería y las matemáticas, que es la razón por la que India actualmente tenga algunos de los mejores científicos y profesionales a nivel internacional en estos campos. A veces tiene una la impresión de que somos colonias tecnológicas de estos países. Recientemente, por ejemplo, cuando he tenido que usar Windows y Chrome para completar un procedimiento burocrático de la Consejería de Conocimiento! de la Junta de Andalucía. La cosa cuando la piensas te produce, al menos a mí, entre fastidio y vergüenza. Mi ordenador, móvil y tablet sí que son made in Spain – si no los componentes, por lo menos el diseño y el ensamblaje. ¡Menos mal! Lo contrario del colonialismo sería la soberanía tecnológica. Y entre un polo y otro seguro que hay muchas posiciones intermedias. Sigue leyendo Unos comentarios sobre políticas tecno-científicas

La administración del miedo; Virilio, Polanyi


Imagen: Bunker en la costa atlántica francesa, fotografía de Paul Virilio. Fuente: https://www.uberkreative.com/blog/war-architecturebunkers-paul-virilio-monuments-or-icons

José Pérez de Lama

La administración del miedoThe Administration of Fear – es el título de una larga entrevista a Paul Virilio publicada en la mítica – al menos para mí – editorial Semiotext(e). La entrevista, junto con una estupenda introducción, se la hace Bertrand Richard; es tremendamente inquietante a la vez que fascinante, como es propio de Virilio. Trata del miedo, efectivamente, de la guerra, de las tecnologías y la aceleración, algunos de sus temas preferidos. Me centraré aquí en el tema del miedo, de la administración del miedo, que da título al pequeño volumen gris oscuro.

Según cuenta Virilio nada más empezar, el título se lo de debe a Graham Greene y su novelita The Ministry of Fear, que trataba de un grupo de quintacolumnistas, (espías/infiltrados), alemanes en el Londres de la Segunda Guerra Mundial. (Me gusta mucho esa novela a mí también).

Pero antes de tratar de lo que propone Virilio comentaré algo que leí hace unos años en Polanyi, en su célebre The Great Transformation, y de lo que me acuerdo mucho últimamente. Señalaba Polanyi que el gran dilema de las sociedades occidentales modernas habría sido el que se da entre libertad y seguridad. En su día me llamó la atención porque no era el que yo había acostumbrado a pensar, que era el dilema entre libertad e igualdad. Pensando sobre el asunto me di cuenta de que éste último había sido propuesto por (el liberal) Karl Popper, atribuyendo la libertad (individual sobre todo) al liberalismo, y la igualdad – que el autor pensaba como opuesta a la libertad – al socialismo. En virtud de su análisis de esta oposición Popper, – La sociedad abierta… -, concluía que era preferible el liberalismo frente al socialismo.

Polanyi con su oposición “libertad-seguridad” lo ve de otra manera. Asocia “la libertad” al capitalismo – libertades individuales, de propiedad, empresas, etc -, que se opone para él a la seguridad de la población en general, que tendría que ver con la supervivencia, el empleo, la vivienda, el poder tener una vida digna… En estos términos y en nuestras sociedades esta seguridad la podríamos oponer a la precariedad – y a la pobreza – en cuanto inseguridad o incertidumbre vital. Para Polanyi la intervención del estado – con sus leyes, su cierta acción redistributiva, los servicios públicos, etc. – representaría el impulso social hacia la seguridad. Polanyi, que como se suele recordar se consideraba un socialista no marxista, planteaba el estado como el principio que compensaba y moderaba las libertades del capitalismo – que incluía según el autor la dudosa transformación de trabajo, tierra y dinero en mercancías. La seguridad de Polanyi era fundamentalmente contra el avasallamiento de la vida por parte del capitalismo. Quizás como en “seguridad social.” También es bastante conocida la crítica que Polanyi hacía de “las libertades del capitalismo” – las libertades de explotar, de apropiarse de la riqueza producida socialmente, de destruir el medio ambiente, etc. Sigue leyendo La administración del miedo; Virilio, Polanyi