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¿Qué es el capital según Marx? (II) _ nueva síntesis y diagrama de David Harvey, 2017


Imagen: David Harvey, 2017, con la colaboración de Miguel Robles-Durán, redibujado y traducido al español/castellano por J. Pérez de Lama (2019), diagrama de los caminos del valor en movimiento según se derivan del estudio de los escritos de Marx sobre economía política.

La visualización del capital como valor en movimiento

David Harvey, 2017, (capítulo primero, pp. 1-23, de) Marx, Capital and the Madness of Economic Reason, Profile Books, Nueva York.

Traducción de trabajo de José Pérez de Lama, 01/2019. Traducción completa y estudios del diagrama en pdfs enlazados al final del post.

En su libro de 2017, Marx, Capital and the Madness of Economic Reason, David Harvey, próximo ya a cumplir los 84 años, presenta una nueva síntesis de los escritos sobre economía política de Marx, tras una larga vida dedicada a su estudio. Harvey será, muy posiblemente, uno de los principales expertos contemporáneos en Marx, y lo es, sin duda, en la aplicación de Marx a la geografía y los estudios territoriales y urbanos.

El primer capítulo de esta obra me parece extremadamente didáctico, por lo que decidí traducirlo y publicarlo aquí, – mientras se publica la traducción formal del libro completo. Al final del post se incluye enlace a un pdf para descargar, ya que resultaba algo larga para postear (unos 20 A4). Me gustó particularmente esta nueva explicación de Harvey porque se basa en un diagrama en el que se visualiza el ciclo de circulación/acumulación de capital de una forma relativamente sencilla – aunque sin renunciar a múltiples detalles. Me gustó, además, porque así era como lo venía explicando yo en mis clases desde hace unos años. Aunque el nuevo diagrama de Harvey, no cabe duda, es mucho mejor que los que yo había producido.

Es mejor, porque el nuevo diagrama no se limita a lo descrito en el Volumen 1 del Capital sino que incorpora cuestiones relevantes de los volúmenes 2 y 3 que tienen que ver con las fases de “realización,” esto es el consumo y la demanda (efectiva que diría Keynes, y dice Harvey), la distribución del valor y plusvalor entre los diferentes agentes participantes/implicados (trabajadores, estado y diferentes sectores del capital), y las condiciones de la recirculación del beneficio hacia un nuevo inicio del ciclo, incorporando aquí la cuestión de la deuda y lo que Harvey llama el “capital ficticio”, entre otras.

Algunos comentarios introductorios al texto y el diagrama de Harvey. La primera puntualización necesaria es que Harvey elige para la visualización de la teoría del capital según Marx la definición de éste como “valor en movimiento.” Según esta definición, el capital se va metamorfoseando en diferentes formas, capital-dinero, mercancía, dinero a secas, deuda y finalmente, de nuevo, capital-dinero. Según esto, el capitalismo funciona bien mientras el valor continúe circulando. Pero existen diferentes momentos en que esta circulación puede bloquearse, ralentizarse, etc. y esas son las ocasiones para los diferentes tipos de crisis. A su vez, el objetivo es que la circulación  sea lo más veloz y expansiva posible; no es un ciclo propiamente, como los que encontraríamos en la naturaleza, sino una circulación cuyo objetivo es la acumulación, expansiva, de tipo espiral.

La segunda puntualización, es que el concepto de valor que aquí se usa, el de Marx, es un concepto técnico preciso. El valor en el sistema de Marx es “el trabajo social que hacemos para otros según es organizado por medio del intercambio de mercancías en mercados competitivos que establecen los precios” (social labour we do for others as organised through commodity exchanges in competitive price-fixing markets, p. 4). Es una forma de valor, que si no me equivoco, según Marx sería específica del capitalismo. Harvey luego lo explica mejor. Se trata de la interpretación crítica de Marx de la llamada teoría del valor-trabajo de David Ricardo y otros economistas clásicos que lo precedieron, que proponía que el valor de algo estaba determinado por el trabajo social (medio) necesario para su producción. Si un buen zapatero tarda 20 horas en producir unos zapatos, el valor de éstos será el equivalente a estas 20 horas de trabajo. Más que una propiedad objetiva del objeto o mercancía, el valor, subrayan Marx y Harvey, es una relación social: entre trabajadores y capital, en un cierto lugar y tiempo. Harvey, no obstante, dedica buena parte del libro a problematizar esta explicación más o menos canónica entre los marxianos. Su interpretación, como vimos en otro post en este mismo blog, plantea que esto es así, pero en el marco de una red más amplia y compleja, que hace que su estimación no sea tan directa [1]. En otro sentido, en el texto reproducido, y en el libro en un capítulo específico, el autor también elabora sobre las tensiones, o contradicciones en lenguaje marxiano, entre valor y precio, que a grandes rasgos propone que se trataría de una cierta emancipación del dinero – convertido a su vez en mercancía – respecto del valor-trabajo.

La tercera aclaración, o más bien avance, es que el análisis que Harvey presenta en este primero capítulo de su libro divide el proceso de circulación en cuatro fases. Harvey – siguiendo a Marx – “Describe cuatro procesos fundamentales dentro del proceso general de la circulación de capital: 1) el de la valorización en la que el capital es producido en forma de plusvalor en la producción; 2) el de la realización cuando el valor es reconvertido en la forma-dinero a través del intercambio de mercancías en el mercado; 3) el de la distribución de valor y plusvalor entre los diversos demandantes (participantes, claimants); y, finalmente, 4) el de la captura de parte del dinero que circula entre los participantes y su conversión de nuevo en capital-dinero, punto desde el que continúa en su camino a través de la valorización. Cada proceso distinto es en ciertos respectos independiente y autónomo. Pero todos ellos están relacionados integralmente dentro de la circulación del valor” (2017, pp. 20-21).

Señala el autor, por último,que lo presentado en el primer capítulo es una visualización / explicación simplificada de los procesos de circulación del capital según Marx. La verdad es que uno se queda muy contento tras leer este primero capítulo y estudiar los diagramas… Pero luego, en el desarrollo del libro cabría decir que Harvey se dedica en la mayor parte a problematizar su primera aproximación. Señala, el autor, no obstante, que aún siendo simplificado, el diagrama sí que es una buena “máquina para pensar” el proceso en su conjunto, las problemáticas que lo rodean, los posibles lugares de crisis y, también, los principales lugares de conflicto y lucha por su transformación.

Os dejo en fin, estos dos pdfs con la traducción (de trabajo, beta) del texto, y el diagrama traducido y descompuesto en las diferentes fases, esperando que os sean de interés. Y que os animen a leer el libro completo.#

  • Texto completo de la traducción capítulo 1 Harvey, 2017, Marx, Capital and… : [pdf]
  • Anexo con diagramas desglosados: [pdf]

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Pongo aquí por separado el diagrama tratado por partes o fases a partir de la visualización de Harvey – que también está incluidas en el segundo pdf, pero que igual aquí, pinchándolas, se ven con más comodidad. Vale.


Fase 0


Fase 1: proceso de valorización (producción)


Fase 2: proceso de realización


Fase 3: proceso de distribución


Fase 4: proceso de recirculación del capital

#notas

[1] David Harvey (traducción al esp), 2018, El rechazo de la teoría del valor-trabajo por parte de Marx, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/08/30/rechazo-teoria-del-valor-trabajo-marx-harvey/ Original en inglés: http://davidharvey.org/2018/03/marxs-refusal-of-the-labour-theory-of-value-by-david-harvey/

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Sennett: reseña de “Building & Dwelling,” ¿una ética hacker para la ciudad?

Unas notas sobre Building and Dwelling (Construir y habitar) de Richard Sennett

José Pérez de Lama

R. Sennett, 2018, Building and Dwelling. Ethics for the City, Allen Lane Penguin

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Completa este Construir y habitar la trilogía sobre craftsmanship y pragmatismo de Richard Sennet (previamente The Craftsman – El artesano – y Together. The Rituals, Pleasures and Politics of Cooperation). En el plan de la trilogía anunciado en el primer volumen, éste, siempre dedicado a la ciudad, iba a llamarse El extraño o El extranjero: The Stranger.

En su línea pragmatista Sennet continúa desarrollando su idea de construcción del mundo y las sociedades desde una perspectiva práctica, del hacer, aunque siempre acompañado del pensar sobre lo que se va haciendo. También de la construcción de la ciudad – material y social – como algo que se aprende practicándolo – en contraste con las teorías separadas de la realidad ya sean políticas o disciplinares.

El libro se lee con agrado e interés, aunque como los últimos de Sennett, a mi personalmente me resulta algo difuso o disperso. Sin duda está lleno de cosas muy interesantes, estupendas historias – por ejemplo, las anécdotas-reflexiones a partir de sus relaciones académico-profesionales con Jane Jacobs o Lewis Mumford, entre otros – y se reconocen algunos argumentos y preguntas centrales bien construidas, pero a veces me resulta que no acaba de abordar cuestiones críticas, en este caso sobre la producción de la ciudad, como puedan ser las relaciones de poder o las dinámicas capitalistas. Leyendo a Sennett uno pensaría que los problemas de las ciudades son más bien problemas de las prácticas, técnicos, aunque sean de técnica democrática y de convivencia, además de arquitectónico-urbanísticos y tecnológico-materiales, y no de conflictos de intereses, dominaciones y explotaciones de unos grupos sociales por parte de otros. Aún así, he aprendido mucho, y las preguntas que quedan en el aire me parecen de lo más pertinentes y actuales. Sennett, diría, puede calificarse como un liberal progresista, y seguramente haya mucho que aprender de estos planteamientos.

Quizás la cosa es que le faltan épica a drama a estos libros, o grandes certezas, como podrían ofrecer quizás los de Sassen, Harvey o Haraway, por citar algunas lecturas recientes. Pero tal vez sea ésta también parte de la aproximación a la realidad que propone Sennett… lo cual tampoco está mal.

Crooked, abierta y modesta

La introducción, como ocurre en los anteriores volúmenes, es excelente; en torno a tres términos con los que caracteriza la producción urbana que le interesa, (y a lo humano en general, entiendo): “crooked” (imperfecta, aunque literalmente signifique torcida), “abierta” y “modesta.” Se intuye fácilmente que frente a las grandes soluciones idealistas o ideológicas, defiende una mayor modestia y un carácter abierto a lo no previsto; aunque esto tendrán su matices, que ilustra, por ejemplo, con el debate entre las ideas y prácticas urbanísticas promovidas por Jacobs y Mumford.

Ville & cité

Si la idea de ciudad abierta (que incluiría en mi interpretación lo crooked-imperfecto y lo modesto) es la principal del libro, ésta se desarrolla en dos categorías, ville y cité, que otros llamarían urbs y civitas, la ciudad física de la edificación, los espacios públicos y las infraestructuras, y la ciudad en tanto que sus habitantes, formas de vida, instituciones, etc. Por un lado ambos, ville & cité se influencian mutuamente, aunque los desajustes o desfases entre ambos son lo que constituyen el argumento principal de Sennett, diría uno. Las relaciones entre una y otra no son lineales ni deterministas. En una parte bonita del libro el autor comenta el trabajo de sus tres urbanistas preferidos de mediados del siglo XIX: Hausmann (París), Cerdá (Barcelona) y Olmsted (Nueva York; Central Park) y expone cómo el urbanismo menos intencionalmente ciudadano entre éstos (en el sentido de cité y ville), el de Hausmann, dio lugar sin embargo, accidentalmente, por la manera en que los espacios fueron apropiados, a los lugares más vivos: las aceras y cafés del París decimonónico.

Ciudadanos urbanos competentes: ¿heteroglosia urbana?

Aunque el esquema no sea completamente literal, esta aproximación entre ville y cité se va alternando en el discurso de Sennett a lo largo del libro. Siguiendo con la lógica del craftsman, la propuesta más general es que ser un ciudadano o urbanita competente, habitando (y construyendo) la ciudad, se trata de algo que también tiene que ver con la práctica más que no la teoría, el saber o conocimiento encarnado (embodied knowledge), el conocimiento de los contextos y que se iría adquiriendo en el propio hacer y en el pensar sobre lo que se hace.

Los chavales en un barrio de Medellín y un vendedor en un mercadillo electrónico informal de Dehli son calificados por Sennet como street-smart, gente que sabe moverse en la calle, y se presentan como uno de los tipos o modelos de urbanitas competentes, al menos en ámbitos locales. Saben leer las señales del espacio urbano y los habitantes que son invisibles para turistas o foráneos, son capaces de interactuar con y gestionar a su favor la ambigüedad y lo imprevisible que caracterizan su mundo cotidiano.

Un interesante tema a este respecto es el que trae Sennett (p. 190): de la mano de Bakhtin y sus conceptos de lo dialógico y de heteroglosia:

Dialógica fue el término que [Bakhtin] acuñó en la década de 1930 para explicar las maneras en que el lenguaje está lleno de “contradicciones socio-ideológicas entre el presente y el pasado, entre diferentes épocas del pasado, entre diferentes grupos socio-ideológicos en el presente, entre tendencias, escuelas, círculos…”; cada voz está enmarcada por las otras voces a la vez que es consciente de ellas. A esta condición Bakhtin la llamó heteroglosia. Como la gente no es copia exacta una de otra, el habla está llena de malentendidos, ambigüedades, sugerencias no pretendidas y deseos no expresados; en términos de Kant, el lenguaje es imperfecto (crooked), particularmente entre extraños que no comparten las mismas referencias locales, el mismo conocimiento local. […]

Dialógica era una palabra complicada para alguien escribiendo en el Moscú de Stalin en los años 30, cuando la mínima señal de inconformismo ideológico podía llevar directo al gulag. La dialógica fue un desafío a esta dictadura del pensamiento en su contraste con la dialéctica, por lo menos con el razonamiento dialéctico santificado por la policía del pensamiento como materialismo dialéctico. La idea oficial sobre el lenguaje en la sociedad era que por vía del juego entre tesis y antítesis se llegaba a la síntesis que unificaba pensamiento y sentimiento; en este marco, todo el mundo está “en la misma página” – en una página que puede ser vigilada. En contraste [con la dialéctica estaliniana], las técnicas dialógicas de desplazamiento (displacement), perturbación (disruption) o inconclusión (inconclusiveness) establecen una comunidad de habla muy diferente – una en que la gente habla como vecinos en el sentido de Levinas [se conocen y respetan pero mantienen distancias y diferencias], nunca exactamente estando “en la misma página.” Una comunidad de habla que no puede ser vigilada o controlada. ___Hasta aquí la cita.

Esta actitud o capacidad de actuar en un medio dialógico, heteroglósico [?] en el que se hablan muchas “lenguas,” y en el que la ambigüedad, la diferencia y la apertura y convivencia de múltiples posibles son esenciales al medio es lo que Sennett parece defender en su idea de ciudad abierta. Lo opuesto sería un espacio sin ambigüedad, estrictamente ordenado, siempre previsible y en cierto modo terminado.

En un breve capítulo, titulado Tocqueville in Technopolis (pp.144 y sigs.), Sennet ejemplifica el caso con algunas ideas sobre la smart city. Un modelo, el dominante, sería aquel en el que todo está bajo control, en que los posibles comportamientos están codificados y teóricamente optimizados. Para Sennet este tipo de smart city tiene que ver con las interfaces user friendly y equívocamente llamadas transparentes de los smart phones; y estarían en contraste con la manera en que suelen funcionar el software o el hardware libre, que necesitan de una implicación mucho más activa y crítica de sus usuarios. El modelo alternativo que defiende Sennet sería otro en el que los datos, plataformas e infraestructuras faciliten la coordinación entre ciudadanos, la multiplicación de sus actividades y formas de vida; _ su autonomía conectada, diría uno. Sennett dedica otras páginas al GooglePlex – las oficinas de Google en Nueva York – como un ejemplo de ciudad cerrada, con una gran analogía al espacio de sus dispositivos. (Google, efectivamente, parece ser una de las bestias negras de Sennet, y eso me hace leerlo con simpatía.)

Como contrapunto a los nuevos espacios de Google, Sennett rememora el legendario Medialab de MIT (y a unos de sus directores y amigo suyo, William Mitchell, por cierto uno de mis pensadores tecnológico-urbanos preferidos nota). Las páginas que dedica al Medialab como modelo de ciudad abierta, en tanto cité & ville, son de las más sugerentes del libro para mí, a pesar de que se trate de un tema conocido. Recuerda, como el libro en general, a los escritos de Stewart Brand (1994) sobre el asunto.

Volveremos al final sobre los ciudadanos competentes. Pasemos ahora por algunas de las ideas que el autor desarrolla sobre la ville.

5 formas abiertas

Resulta que Sennett – no lo sabía – no sólo es un reputado sociólogo sino que también ha ejercido como urban planner (urbanista, cabría decir en castellano, aunque más implicado en proyectos de diseño urbano a diferentes escalas y como asesor, que desarrollando planeamiento en el sentido más convencional del término en nuestro entorno).

El ideario, o más bien la caja de herramientas de Sennett, retoma conceptos y prácticas de viejos conocidos, de Aldo van Eyck, con sus célebres micro-parques urbanos en el Amsterdam de la posguerra, a un Rossi – que creo que no se menciona explícitamente, en cuanto a la dialéctica o dialógica de permanencia y continua transformación de la ciudad, pasando por Jacobs, Mumford, Kevin Lynch o el mencionado Stewart Brand – cuyo libro sobre arquitectura se llama apropiadamente – según sus planteamientos eco-evolutivo-cibernético-vernáculos, Cómo aprenden los edificios. Y que ocurre después de que son construidos. Otros autores/situaciones recurrentes en su discurso sobre la forma urbana son las intervenciones en Medellín con el alcalde Fajardo (décadas 2000-2010) o Jan Gehl – de quien me hablan mis estudiantes y algunos compañeros, pero a quien aún no tuve ocasión de estudiar. La cosa también resuena bastante al urbanismo de Barcelona de los últimos años – se menciona el experimento de la súper-manzanas del actual Ayuntamiento – que a su vez se inspiraba en los trabajos previos de Rueda y su Agencia de Ecología Urbana.

En esta reseña me limitaré a mencionar una parte más próxima a las recetas o estrategias que propone Sennett y que describe como 5 formas abiertas – 5 formas urbanas que promoverían la ciudad (sociedad) abierta. El asunto, por cierto, de la sociedad abierta conecta directamente con Popper según lo explica el autor. Aunque sea un poco reiterativo, la ciudad abierta estaría caracterizada por lo “complejo, ambiguo , incierto,” frente a modelos excesivamente “claros, y cerrados.”

Las cinco formas que Sennett explica con ejemplos y matizaciones serían:

  • Sincronicidad, espacios/lugares como los centros tradicionales, que sirven de soporte a múltiples actividades diferentes.
  • Puntuación, espacios/lugares que están marcados por hitos reconocibles, monumentales o mundanos, que confieren un cierto orden a la experiencia urbana y sirven de referencia – esto lo situaría bastante entre Lynch y Rossi… autores característicos de mis tiempos de estudiante. Hace aquí una divertida y explicativa analogía con los signos del lenguaje escrito: signo de exclamación; punto y coma, comillas.
  • Membranas porosas; que contrastarían con las fronteras cerradas, y que evocan ciertos límites en los ecosistemas.
  • Carácter incompleto: el contenedor (shell) y la forma tipo (type form). Aquí resuenan las ideas de Rossi por un lado, y su versión pop-norteamericana de Brand, de nuevo; en el tema shell ¿quizás incluso Venturi?  La idea de shell (literalmente concha o cáscara) sugiere contenedores cuyo uso interior está poco especificado, a la vez que quizás poco acabado, haciendo, alusión a la indiferencia al uso de Rossi que posibilita la adaptación en el tiempo de los edificios, o al loose-fit y los raw spaces de Brand, entre otras cuestiones. También podría pensarse en algunos temas de Koolhaas en su Delirious. La type form, es sin duda un tema rossiano, el uso del par tipología arquitectónica / morfología urbana que se sitúa entre la repetición y la diferencia, creando identidad o quizás conectando con las culturas locales, a la vez que posibilitan una cierta variabilidad, e invitan a la adaptación-transformación en un tiempo de velocidad media. Aunque no se menciona también nos recuerda a los patterns de mediana escala de Christopher Alexander, igualmente de las décadas de 1960-70.
  • Multiplicidad; dice Sennett que una cité compleja es más una mezcla que un compuesto. No hay un único modelo para la open city… se trataría de coordinar diferentes complejidades que se transforman más que reducirlas a una único estándar de eficiencia. El autor asocia a esta cuestión el concepto de seed-planning (planificación con semillas), que compara con el crecimiento de un jardín o huerto, en el que el agricultor u hortelano, planta cosas, pero está abierto, o más aún interesado, en que crezcan de maneras que no puede prever por completo.

Podría decirse, o a mí así me lo parece, que se trata de cosas sencillas, algo viejas, e incluso ingenuas. Pero quizás esa sea también su virtud. Sennett no trata tanto de ser original, como de reunir cosas que le parecen más que razonables y que es posible compartir con gente no especialista, por ejemplo, los ciudadanos normales que van a habitar y desarrollar las ciudades a partir de las semillas plantadas por los urbanistas o promotores urbanos varios.

También me han parecido estas cinco estrategias – con algunas otras consideraciones propuestas por el autor en este mismo volumen – como un interesante manual para plantear un taller de proyectos de los que se hacen en mi Escuela, concretamente los que se dedican a la ciudad o el barrio.

¿Cosmopolitismo vs comunitarismo?

Los aspectos de corte más sociológico del libro de Sennett me resultan menos claros. Sin duda, porque si en los temas urbano-arquitectónicos me siento con gran familiaridad en los sociológicos me faltan bastantes referencias.

Aún así, me parece apreciar que de nuevo Sennett trabaja con la ambigüedad. En general aprecio un cierto escepticismo respecto de lo que podría llamarse “comunitarismo.” Su admiración y aprecio personal por Jacobs, por ejemplo, no impide que repetidamente señale las limitaciones de una aproximación en exceso “barriológica.” Desde esta perspectiva de acción y reflexión local y de escala reducida, para Sennett, es difícil acometer cambios que afecten a la sociedad en su conjunto, como puedan ser grandes intervenciones infraestructurales (una estrategia que que asocia a Mumford por oposición a Jacobs en su ilustración del asunto). Según su modelo “dialógico,” se tratará, interpreto, de combinar diferentes tipos de actuación: bottom-up, top-down, y posiblemente, middle-middle… o algo así; o micropolítica, macropolítica y mesopolítica, como leo últimamente.

El escepticismo que le atribuyo respecto del comunitarismo – en el que quizás incluiría el reciente interés por los urban commons, que cita sólo de pasada – es compatible con la multitud de referencias judías a las que recurre. Su experiencia con judío en ciudades como Chicago y en Nueva York a lo largo del siglo XX y principios del XXI supongo que tiene mucho que ver con su mirada urbana.

El título que planeaba dar al libro, The Stranger, creo que ayuda a entender esta cuestión. Sennet, según explicaba, quería dar este título a su obra sobre la ciudad, haciendo del extranjero/extraño el modelo ideal de urbanita contemporáneo. El stranger que con frecuencia es migrante, que observa con especial atención su nuevo medio, y actúa con una cierta discreción o prudencia, tratando de aprender todo el tiempo; está en casa después de un cierto tiempo, a la vez que sigue estando en un lugar que no es exactamente su casa: también lleva consigo una memoria propia a la que no renuncia o a la que no puede renunciar completamente para disolverse en la nueva sociedad.

Un ejemplo curioso, al que recurre en más de una ocasión como modelo de convivencia urbana, es el de una panadería en su barrio de Chicago (o Nueva York) a la que solía ir. Tras sucesivas encarnaciones, – negocio familiar, gran empresa automatizada -, finalmente deviene un negocio de escala media en el que diversos grupos étnicos colaboran con razonable armonía, pero sin llegar a fundirse como amigos o abstractamente iguales. A veces, estos diferentes grupos coincidían con el autor tras las jornada de trabajo en un bar próximo, donde compartían el espacio, alguna cerveza y quizás un partido de fútbol o baseball en la televisión, pero luego se separaban cada cual para volver a sus vidas privadas, presumiblemente bastante diferentes unas de otras. Como había desarrollado en el libro anterior, Together, lo que los unía principalmente era el bond of making, el lazo del hacer (juntos). En Together, sugería Sennett que con frecuencia es mucho más fácil construir un mundo en común haciendo juntos cosas concretas que discutiendo sobre principios o ideologías.

Interpreto que Sennett defiende un cierto cosmopolitismo frío [?]. Propone algunas cosas como indiferencia a la diferencia, y recuerda la máxima kantiana de no desear para otros lo que no se desea para uno mismo, – explicando algo que no sabía, que se trata de una máxima que se encuentra en diversas culturas mucho más antiguas. Pensando estos días, se me ocurría, primero, que esa máxima se puede construir en positivo, especialmente cuando alguien es más bien privilegiado: desear para los otros, lo que uno tiene o de lo que disfruta y le parece bueno – por ejemplo la educación, la vivienda, el bienestar, el poder trabajar en cosas razonablemente gratificantes, el reconocimiento…; por otro, que se trata de un lema bastante contradictorio con la actual ética capitalista de la competición y el tratar de tener más o ser más importante que los demás – la invidious comparison que ya Veblen (1899!) señalaba como uno de los motores de nuestra civilización más reciente.

También recordaba un trabajo de Jencks (1996) de hace unos años, en los que elaboraba la idea de heterópolis – en aquel caso referida a Los Ángeles (California) -, que proponía como una ciudad cuyo aspecto definidor era el de la diferencia – en múltiples aspectos: ecológicos, de grupos sociales y culturales, formas de vida, sectores económicos… -, y en la que éstas – las diferencias – eran tanto uno de los motores principales de su riqueza como motivo de disfrute y orgullo por parte de sus habitantes. La versión clásica de Aristóteles que conviene recordar de vez en cuando es que “la ciudad está hecha de hombres diferentes.”

Otro de los ejemplos de ciudad abierta y cosmopolitismo frío propuestos por Sennett es, significativamente, la Kantstrasse de Berlín donde también vivió durante algún tiempo, mientras estaba convaleciente de un infarto y tenía que andar con la ayuda de muletas. En aquella calle comercial-residencial, relativamente modesta a la vez que variada en su fábrica y sus habitantes y su actividad, podía andar y sentarse solo en un café, quizás saludarse con algún vecino y conocido de vista sin necesidad de tener que pararse a charlar – a la vez que se sentía cómodo y seguro, casi como en casa.

Sociality, creo que es el término que Sennet propone para definir esta equilibrio entre convivir y hacer juntos, y mantener una ciertas distancias, y la imposibilidad de que todos los ciudadan*s sean buenos amigos en las metrópolis superpobladas, o simplemente grandes ciudades, de la actualidad (pp. 259-261). Esta forma de sociabilidad sería la necesaria en aquellas situaciones en las que la gente tiene que vivir juntos, en la misma ciudad, y en cierto modo cooperar, a pesar de que muchos de “sus intereses no puedan ser reconciliados,” que no pueda existir un consenso general. Recuperando el ejemplo de la panadería, éste “muestra una sociabilidad contenida que permite a la gente implicarse unos con otros, disponiéndolos a trabajar bien juntos, a pesar de que esta experiencia no los una de una manera más íntima. Se sienten orgullosos de su trabajo, lo que hace que tengan respeto por los otros trabajadores.”

Siguiendo con la cita: “Sociality denomina un sentimiento de fraternidad limitada con los otros que se basa en compartir una tarea impersonal. Esta fraternidad limitada surge cuando la gente está haciendo cosas juntos, más que estando juntos […] En la cité, la sociality es un contrapunto emocional a la impersonalidad [¿la anomia?]. La sociality no aparecía en el análisis de la vida metropolitana de Simmel, porque él estaba considerando a la gente estando un público, andando por la calle, sin tener relación productiva alguna los unos con los otros. La sociality aparece cuando los extraños están haciendo algo productivo, juntos…”

Ética urbana hacker…

Un comentario final. Otras de las mejores páginas del libro son las que el autor dedica al ángel de la historia de Benjamin / Klee (trataré de dedicar un post específico a estas notas; pp. 117-120). La interpretación de Sennett del texto que Benjamin escribió en Moscú durante los primeros años pos-revolucionarios tiene que ver con el dilema entre el progreso como máquina de destrucción de lo precedente y la nostalgia del mundo que queda arrasado.

Este dilema, o quizás paradoja, sirve a Sennett para avanzar hacia la conclusión de su libro discutiendo tres formas de intervención en las ciudades existentes, las tres bajo el título de la reparación (el horizonte del cambio climático y la resiliencia como zeitgeist del presente y el futuro urbano bastante presentes en el libro). – Esta centralidad de la reparación creo que puede ponerse en diálogo con uno de los textos sobre arquitectura/urbanismo que más me ha interesado este año, Maintenance and Care (Mantenimiento y cuidado) de Shannon Mattern (ver referencias). – Las tres formas planteadas por Sennett serían: restauración, remediación y reconfiguración – la última de las cuales me sirven para conectar su ética para la ciudad con la ética hacker (pp. 287-291).

La restauración sería la conservación o recuperación de formas antiguas tratando de que sean iguales a las originales. La analogía con la cultura (urbana y más allá) es la de la nostalgia e intento de recuperación de tiempos pasados. La remediación sería su reparación, con medios y materiales contemporáneos que no se tratan de ocultar, para mantener los usos o funcionalidades más o menos originales. En el caso del cambio climático, se trataría por ejemplo de construir muros y otros dispositivos para protegerse de la subida del nivel del mar en la ciudades. La reconfiguración, finalmente, sería la reparación en la que “el hecho de que un objeto se haya roto sirve como oportunidad para hacer un objeto diferente del original, diferente en cuanto a su forma y a su función.” Ésta última alternativa, que en el caso de la ciudad se basaría en reconfigurar el mundo existente, cité y ville a partir de la recomposición de sus fragmentos es la que Sennett considera más valiosa para abordar las grandes problemáticas sociales y ecológicas del futuro inmediato. A mí, esta idea de tomar los fragmentos de todo tipo de las ciudades rotas para reconfigurarlas, recomponerlas, de una manera nueva, – al estilo de las metamorfosis latinas -, me hizo pensar en lo que desde hace años, – Himanen, 2002, por ejemplo, lo contaba bien -, se viene llamando ética y práctica hacker. Al fin y al cabo, unas éticas y prácticas primas-hermanas del Pragmatismo.#

#principales_referencias

Stewart Brand, 2018, Pace Layering: How Complex Systems Learn and Keep Learning, en: https://jods.mitpress.mit.edu/pub/issue3-brand

____, 1994, How Buildings Learn. What Happens After They’re Built, Penguin Nueva York

Jane Jacobs, 1961, The Death and Life of Great American Cities

Charles Jencks, 1996, Hetero-architecture and the Los Angeles School, en: Allen Scott & Edward Soja [editores], 1996, The City. Los Angeles and Urban Theory at the End of the Twentieth Century,University of California Berkeley, Los Angeles

Shannon Mattern, 2018, Maintenance and Care. A working guide to the repair of rust, dust, cracks, and corrupted code in our cities, our homes, and our social relations, en: https://placesjournal.org/article/maintenance-and-care/

Mitchell, 2003, Me++. The Cyborg Self and the Networked City, The MIT Press, Cambridge

Lewis Mumford, 2012 (edición original de 1934), Technics & Civilization, University of Chicago Press, Chicago …

Aldo Rossi, 1966, La arquitectura de la ciudad

Richard Sennett, 2018, Building and Dwelling. Ethics for the City, Allen Lane Penguin, Londres

____, 2013, Together. The Rituals, Pleasures & Politics of Cooperation, Penguin, Londres

____, 2008, The Craftsman, Penguin, Londres

Reseña del Craftsman en este mismo blog, José Pérez de Lama, 2018, Sobre el oficio y el hacer-pensar, “The Craftsman” de Richard Sennett, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/11/11/the-craftsman-sennet/

Pekka Himanen, (prólogo de Linus Torvalds; epílogo de Manuel Castells), 2002, La ética del hacker y el espíritu de la era de la información, Destino, Barcelona

Thorstein Veblen, 1994 (edición original de 1899) The Theory of the Leisure Class, Penguin, Londres

 

 

 

 

 

Unas notas sobre el arte de la conversación


Imagen: Gilles Deleuze and Félix Guattari lounging and dozing together, Skyros, Greece, ca. 1980. Photo: Karl Flinker. Fuente: https://www.artforum.com/print/201104/francois-dosse-s-deleuze-guattari-27817

Unas notas sobre el arte de la conversación

José Pérez de Lama, 2018

Dedicadas a Francisco Jarauta (la parte de las buenas conversaciones)

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Reading and sauntering and lounging and dosing, which I call thinking, is my supreme Happiness. [Leer y pasear y reposar y dormitar, a lo que llamo pensar, es mi suprema felicidad.] David Hume

Leí hace poco un bonito libro sobre la amistad del filósofo David Hume y el economista-filósofo Adam Smith que se extendió a lo largo de la mayor parte de sus vidas adultas durante la época que se conoce como la Ilustración escocesa (siglo XVIII). Según el biógrafo, Rasmussen (2017), esta amistad se construyó en gran medida en torno a sus conversaciones, epistolares y verbales. El sauntering (pasear) y lounging (descansar, estar en un salón sin hacer mucho, tal vez después de una cena temprana), creo que a Hume le gustaba hacerlo con sus amigos. (En la foto de arriba diría que Deleuze y Guattari están lounging). En otras ocasiones habla específicamente de las conversaciones como una de las cosas de las que más disfrutaba en la vida. Esto me hizo envidiarlos, y pensar y tomar algunas notas sobre el tema que aquí trato de ordenar un poco (sólo un poco). Me gustaría escribir algo más literario, con algunos ejemplos divertidos de diálogos y situaciones, _ pero eso tendrá que ser más adelante. Van las notas:

La conversación, hablar unos con otros, es una de las varias maneras de relacionarnos con las personas de nuestro entorno más próximo: amigos, familiares y ocasionalmente colegas del trabajo y conocidos. Me gusta pensar que las conversaciones son importantes en la medida en que por medio de éstas nos manifestamos el afecto, nos entretenemos, nos cuidamos mutuamente, nos comunicamos estados de ánimo, resolvemos – o lo intentamos – incertidumbres y conflictos, nos conocemos, compartimos experiencias y anhelos, aprendemos, pensamos proyectos -a veces en común… Con alguna frecuencia, en las conversaciones nos enfadamos; y en otras nos perdonamos. Las conversaciones son una de las formas de hacerse amigos; también de enamorarnos. En ocasiones pueden llegar a ser pequeños acontecimientos singulares y memorables.

Uno de mis calificativos más elogiosos respecto de una persona es decir que es un(a) gran conversador(a). Ser un gran conversador puede tomar muchas formas, por supuesto. Para mí, que tengo inclinación por la lectura y el aprender, me gusta la gente que cuenta buenas historias, la que me enseña cosas que me interesan o me sorprenden, la que me contagia entusiasmo. La que me hace reír y se ríe conmigo.

Conversación me parece que denota algo diferente a diálogo. Según leo, la etimología, latina, de conversación viene a significar “asociarse con alguien;” y también está relacionada con “cambiar o darse la vuelta” (Merriam Webster). Interpreto que según esto conversar con alguien, en contraste con simplemente hablar, es algo que nos transforma. Diálogo, parece algo mucho más mental o intelectual; conversación pondría en juego más cosas; quizás. Discusión o debate, con sus connotaciones agonísticas, de enfrentamiento, aunque sólo fuera de ideas o pareceres, también parece ser algo diferente.

Por estas intuiciones, la idea de que una conversación puede llegar a ser un cierto acontecimiento – la construcción de algo especial que antes no existía – y por esta idea de que participar en una conversación nos puede transformar; y por la evidencia de que hay conversaciones que nos hacen sentir mejor, que nos hacen disfrutar, mientras otras que nos aburren, nos frustran o nos enfadan, pensé que merecía la pena – extraña expresión – darle algunas vueltas a esto del arte de la conversación.

Las malas conversaciones

Aunque esté un poco feo, señalaré para empezar lo que a veces llamo vicios de las conversaciones. Igual algunos os lo podéis saltar e ir a la siguiente parte, sobre las buenas conversaciones.

Quejas y penas

Uno de estos vicios, que me fastidia bastante, es el de la queja. Por supuesto que yo también lo tengo o practico: Hablamos con otras personas para contarles nuestras quejas. De todo, del trabajo, de la política, lo horrible que va todo, lo mal que este tío hizo aquello, o como se aprovechó de tal o cual cosa; lo catastrófico que es el capitalismo, o el PSOE de Susana Díaz, la política en general, la banca, la educación, etc. Los agravios recibidos, reales e imaginarios. Es normal y es algo que a veces suele interesarnos, pero si las conversaciones no van más allá, la verdad es que por mi parte, a medio plazo, tiendo a eludir a este tipo de interlocutores quejicas.

Una variante de esta actitud es la de hablar sólo de enfermedades, que a veces, como es fácil imaginar, pasa con personas mayores, que evidentemente padecen más achaques que los más jóvenes, y que ven(vemos) cómo día a día las capacidades físicas, cuando no mentales, van mermando. Aquí, el equilibrio entre preocuparse por el otro, “cuidarlo,” y que las conversaciones se centren predominantemente en este tema, es siempre peliagudo. Fulanito tiene un cáncer, al pariente tal le ha pasado esto, el otro se murió, esta semana tengo que ir al médico… Es posible que sea poco caritativo en este aspecto, y reconozco que debería dar apoyo a la persona preocupada, e incluso que a veces se aprenden bastantes cosas sobre salud, pero mi opinión es que estas cosas deben tratar de acotarse y no dejar que se conviertan en el tema principal de las conversaciones.

Cotilleos

La obsesión por los cotilleos, aunque sin duda, con una cierta moderación, contribuyen a la construcción de la sociabilidad, también es algo frecuente en estas conversaciones de baja calidad. Esto es una de mis manías, – ¿qué le vamos a hacer? A casi todos nos gustan los cotilleos – y siempre recuerdo a un amigo que decía algo de Proust sobre el asunto – quizás, que ¿qué era la literatura sino cotilleos? Pero aún así… En esto como en otros aspectos la influencia de la televisión es bastante pobre en mi opinión.

Malos rollos

Dos variantes más de este tipo de “conversación”que valoro como bastante negativa, o por lo menos poco artística, serían, una, aquellas conversaciones que la otra persona usa para tratar de aliviar sus frustraciones o enfados. La conversación irá o no sobre el asunto problemático, pero la actitud negativa y bronquista es la que constituye el mensaje dominante. La menor cuestión se convierte en motivo de conflicto. Recuerdo este tipo de conversaciones de cuando tenía pareja… y es una de las razones, creo, por las que acabé no teniéndola. Y no lo achaco sólo a mis parejas, sino que es algo que a veces uno también aprecia en sí mismo. En este sentido, vivir solo (como es mi caso) creo que te disciplina mucho. Cuando te encuentras con alguien es algo deliberado, y no una obligación cotidiana, y eso te permite valorar más los encuentros, así como elegir algo más con quién verte y en qué situaciones, cuándo estar solo y cuándo acompañado.

La segunda variante es la de las personas cuyo objetivo parecer ser transmitirte su mal rollo: el mundo es una mierda y quiero que te enteres. Puede ser más o menos explícito. Supongo que ese no es exactamente su objetivo, sino expresarse y contar lo que sienten, pero el efecto es ese, el de recibir sobre la cabeza un volquete de mala energía o de emociones negativas. Personalmente, cuando aprecio a estas personas, me suelen dejar muy chafado. Porque mi alegría de vivir es tan débil como frágil, y me contagio con facilidad. A veces a este tipo de relaciones o de personas se las llama tóxicas. Cuesta mucho, y es necesario encontrarse muy bien, en mi caso al menos, tratar de llevar estas conversaciones por caminos enriquecedores para unos y otros; __ porque sí que ocurre que muchas de estas personas con visiones negras-oscuras de la vida, son personas sensibles, cultas, inteligentes; incluso demasiado lúcidas y por esa razón están así. En muchos casos también se trata de personas deprimidas, quemadas, etc. A veces, tengo un poco de miedo de ser una persona de este tipo.

No escuchar y no dejar hablar

Otra familia de vicios, bastante típica, tiene que ver con las dificultades para escuchar, y la percepción de las conversaciones como un espacio de autoafirmación, lucimiento o similar, una especie de lucha por ver quién se impone entre los que participan en una conversación. Según me dicen, eso es más o menos lo que se ve en la mayoría de las famosas o quizás infames tertulias y debates televisivos. Para un “conversador” de este tipo es muy importante no dejar hablar a los otros, y si por lo que sea alguien consiguiera intervenir, el conversador-con-aspiraciones-de-alfa debe evitar por todos los medios escucharlo. O si acaso, escucharlo lo más sesgadamente y posible para poder “machacarlo.” De mis años de activista en California recuerdo algunas reuniones en que todos los participantes teníamos unas fichas tipo casino que debíamos ir poniendo delante nuestro tras cada intervención, con el objetivo de que todo el mundo participara más o menos igualmente, y de que quedasen patentes los abusones de la palabra. Mi experiencia es que esto de los abusones suele ser más frecuente cuando hay múltiples personas y de alguna manera existe un cierto público; lo de la tv sería el caso llevado a la máxima expresión. También suele ser más típico de hombres – aunque no siempre.

La amenaza de los lugares comunes

Una última categoría de las conversaciones que no me gustan, o que me fastidian bastante, tendría que ver con aquellas que se basan en el abuso de los lugares comunes y clichés, los prejuicios sacados sin demasiada reflexión del arsenal de cada cual, y las opiniones más o menos ready-made, procedentes de la tv, facebook o las ideologías precocinadas, etc. Cuando tienen además una intención polemista, es lo que creo que se viene caracterizando últimamente como cuñadismo – mi cuñado por cierto es un tío súper-majo, y si acaso yo suelo ser más cuñado que él. Los lugares comunes, no cabe duda, nos acechan por doquier y es recomendable estar siempre bien precavido… Aunque también recuerdo una película, Año Mariano, en la que los actores hablaban de una manera tan previsible que podíamos ir adivinando cada cosa que iban a decir y cómo la iban a decir, y aquello tenía un extraordinario efecto cómico .

Escribiendo esto me doy cuenta que a lo peor soy una persona algo intolerante, casi inquisitorial… brrrrr…. Eso desde luego no es nada bueno para conversar…

Sigo.

Las buenas conversaciones

Una vez relacionados algunos de los “vicios”, tocaría tratar de explicar algunas cosas que sirvieran, a mi juicio, para construir buenas conversaciones. Para empezar diría que uno disfruta de diferentes tipos de conversaciones.

Banales: sostener la vida

Buena parte de la vida social se sostiene sobre conversaciones que en primera instancia podría calificar de banales. Creo que en inglés sería parecido a lo que se llama small talk. Por un lado estarían las frases que uno intercambia con el vecino o la compañera de trabajo. “¿Qué buen tiempo hace? ¿Qué tal te salió la conferencia X? ¿Cómo van tus clases? ¿Qué guapos están tus niños! ¡Qué bien jugó el Sevilla este jueves!” La gente más simpática o sociable también hace alguna broma más o menos cariñosa… Esto tendría que ver con cosas algo anticuadas como lo que se solía llamar buena educación o cortesía. Y mi criterio es que sirven para hacer la vida más amable: tener interés sincero en lo demás, saber qué cosas les interesan y preocupan, compartir algo que sabes que le gusta y le hará sentir bien,_  como el ahora denostado, ¡qué guapa te veo! O el más directo “¡hola guapo!” _ cuando alguna amiga me lo dice, a mi edad, pues la verdad es que me suele alegrar bastante.

Una variante más elaborada de esta conversación banal – en el sentido de que no trata de “cosas importantes” o grandes ideas -, son para mí las conversaciones con familiares y viejos amigos a quienes se ve o con quienes se habla con frecuencia. La información en estas conversaciones – que diría Shannon – es reducida, (información en el sentido de comunicación de algo que no sabíamos). Y sin embargo, yo las veo de lo más importante. Lo que se comunica fundamentalmente es que el afecto sigue – como cuando nos damos la mano o un abrazo al saludarnos . Que nos interesan los pequeños detalles simplemente porque es lo que las personas que queremos han hecho ese día: “¿Qué hiciste hoy? ¿Qué tal estaban tus amigas? ¿Qué sabes de mi hermana? ¿Qué tal salió el examen de mi sobrino? ¿Qué tal está mi padre? ¿Se ha recuperado ya tía XX de su dolencia? ¿Cómo estuvo la clase a la que fuiste? ¿Cómo estaba el jardín del campo? ¿Está agarrando lo que plantaste nuevo? ¿Qué te pusiste para ir a la comida?…” y ese tipo de cosas. También los comentarios de actualidad. Alguna pequeña guasa si uno está inspirado… Lo que trato yo en estas conversaciones es de manifestar mi afecto en primer lugar. En lo posible hablar y contar cosas que se que son del agrado y que comparto con la persona con quien hablo. Sin evitar los temas conflictivos, tratando de abordarlos con amabilidad, pero también con sinceridad. Y sobre todo escuchar con interés y atención. Por supuesto, compartir problemas cuando los haya e intentar aconsejar o dar una opinión que pueda ser de ayuda al otro; – aunque igualmente haya personas que sólo te llamen para contarte problemas… Al final, para mí la idea sobre este tipo de conversaciones es que hagan sentir bien, o al menos un poco mejor, a los que la comparten.

Aunque las llame banales, sin embargo, son uno de los principales medios con los que se sostiene la vida cotidiana – como dirían ahora las feministas -, y por esta razón las considero muy importantes. Lógicamente, las palabras no son suficientes ni mucho menos para sostener la vida, pero sí que estoy convencido de que son de gran ayuda. Cuando las personas se conocen mucho, a veces no hay tantas cosas “interesantes” de que hablar. Por eso supone un cierto esfuerzo hacer que estas conversaciones no acaben por apagarse o se vicien cada vez más por el lado de la queja o similar.

Intelectuales: ¿hacer mundo?

Quizás las conversaciones “más importantes”, “más intelectuales,” – y lo pongo entre comillas –, sean en las que he pensado un poco más con esto del arte de la conversación. Tengo que reconocer que estoy muy afectado por lo que algunos llaman ética aristotélica, que propone que “las mejores acciones son las que ponen en juego las facultades de la mente” (Ermann & Schauf, 2003). De nuevo pienso que esta buenas conversaciones más intelectuales tiene que ver también con la anticuada idea de la cortesía – como en El cortesano de Castiglione; aunque nunca lo leí, sólo referencias: una persona culta y educada tendrá entre sus virtudes la de la buena conversación. Las de Hume y Smith que citaba al principio, supongo que además de cortesía contarían con una mayor ambición intelectual, filosófica, científica, poética o literaria… Como las de los salones de la Ilustración parisina en torno a D’Holbach y Diderot, en las que también participó Hume (Blom, 2012). Le viene a uno a la mente también la conversación extendida que mantuvieron durante los 20 o 30 últimos años de sus vidas Deleuze y Guattari (Dosse, 2009). También las famosas tertulias literarias y políticas de finales del siglo XIX y principios del XX en Madrid. Las amistades de la Residencia de Estudiantes (Soria, 2017) algunos años después… Tantas buenas historias… Seguro que muchas de ellas también muy idealizadas…

Uno no se considera un conversador particularmente bueno. Las ideas que siguen no son tanto lo que uno hace, sino más bien cosas con las que le gustaría experimentar más. Algo de estas aproximaciones al conversar piensa que lo ha disfrutado alguna vez con colegas activistas-artistas como SM, PdS, AM, JT, NR o HN, o con amigos veteranos como AS o FJ _ y seguro que con muchos más.

Para empezar, suele ayudar mucho que exista una afición-pasión común entre los conversadores… Felber (que cito más extensamente en el apéndice) plantea la necesidad de “hablar y escuchar con el corazón.” Entiendo, que entre otras cosas, se trata de tener un gran interés en lo que dice la otra persona, haciendo el esfuerzo de apreciar matices y diferencias más allá de nuestros propios prejuicios-patrones cerebrales que tienden a que tratemos de encajar todo lo que oímos (o leemos) en esquemas ya demasiado conocidos. Supongo que para esto hace falta tener tiempo y una cierta serenidad, aunque sólo sea para el momento del encuentro.

Este escuchar con atención y tratar de valorar lo que dicen los otros, se expresará en el dejarlos hablar y acabar sus argumentos, y en tratar de responderlos sin simplificarlos o reducirlos, o descalificarlos tomando sólo ciertos aspectos del mismo, tergiversándolos, etc. Se trata en fin de sentir – y mostrar – interés por la persona o personas con que se debate o conversa. Tratar de entender bien y pensar en los términos que proponen, o argumentar si no fuera así cuáles otros serían se estiman que serían los adecuados… Valorar los puntos que uno aprecia, y expresar con ingenio, respeto y/o cariño las diferencias. En esta línea, pienso que es positivo tratar de construir sobre el discurso o argumento que se nos presenta, más que impugnarlo completamente con algo diferente. Tal vez en una buena conversación, habrá ocasión de elaborar en torno a diferentes argumentos más que enfrentar cosas muy dispares.

En esto del escuchar con el corazón no puedo dejar de recordar una vez que fui de turista revolucionario – como decían en aquella época – a Chiapas y nos invitaron a participar en una misa-asamblea en la iglesia del Aguascalientes en el que estábamos. Los foráneos estábamos de pie atrás, mientras que la comunidad estaba sentada en los bancos bastante ordenadamente. Tras algún ritual introductorio, uno de los hombres se sube a un estrado y lanza una perorata de unos minutos en su lengua – tzotzil creo recordar – y a continuación se sienta. Todo el mundo se queda donde está muy callado, y pasan los minutos sin ocurrir nada. Extrañado, pregunté qué pasaba a alguien con más experiencia en Chiapas, que me explicó que estaban pensando sobre lo que el compañero había dicho. Al rato por fin subió otra persona, repitiéndose el proceso de manera más o menos parecida durante bastante tiempo. Supongo que además de debatir las cuestiones que preocupaban a la comunidad, y tal vez avanzar en su abordaje, ¡sin duda nos dieron a los nuevos allí una buena lección de escuchar!

Recuperando el hilo, otra cuestión de posible interés es la de plantear temas más bien abiertos, que dogmáticamente cerrados, que inviten a los otros a tomar partido o posicionarse ante diferentes alternativas o a completar o mejorar las cosas que se trata de enunciar.

Otra cuestión, entre la educación o cortesía y las ganas de generar una buena conversación, es la de proponer temas que interesen a los otros; especialmente cuando se trata de varias personas; temas en los que todos puedan estar interesados y tengan cosas que contribuir.

Donna Haraway, comentando el trabajo de Vinciane Despret (cita literal más abajo en el apéndice) propone una curiosa práctica investigadora, que describe más o menos como ir de visita con cortesía (politeness), que contrastaría con la distanciada objetividad o la observación participante más común en las investigaciones de las ciencias sociales. En muchos aspectos lo que cuenta Haraway me parece a mí que constituye las premisas para una buena conversación: hacer preguntas que verdaderamente importen a las personas que visitamos; estar dispuesto a descubrir cosas nuevas incluso acerca de los sujetos/objetos de estudio que pensamos que conocemos demasiado bien; estar dispuesto a que hayan sorpresas escondidas, a que en el encuentro los dos sujetos se vean transformados, a que en el encuentro o visita pueda ocurrir, o producirse más bien, algo nuevo que antes no existía. Recurriendo a uno de sus conceptos característica, Haraway propone que la visita (o conversación) pueda ser una ocasión para un nuevo worlding – una ocasión de hacer (nuevo) mundo. Igual podíamos hablar también de pequeños descubrimientos, aunque lo de worlding alude más específicamente a descubrimientos que transforman a los que lo hacen, quizás produciendo nuevas maneras de ver el mundo, ideas historias, y seguramente de vernos a nosotros mismos. El humor y la paradoja, para mí, tal vez podrían también ser una cierta forma de worlding.

Otras expresiones que usa Haraway, es que la vista o encuentro debe render each other capable, hacer a los conversadores más capaces (¿de lo que eran antes de encontrarse?, ¿de cosas no imaginadas o pensadas?), y en otro momento que debe ayudarlos a ser response-able, juego de palabras en inglés que se podría traducir como capaces de responder (en el hilo que ella discute frente a la impotencia contemporánea relacionada entre otras cuestiones con el cambio climático).

Este hilo de Haraway me ha recordado a Vaneigem el situacionista – nunca recuerdo cómo se pronuncia y lo tengo que mirar una y otra vez: más bien en holandés o flamenco: algo así como Vaoneiyem, con acentos en la primera y la segunda sílaba, y la primera vocal entre a y o (https://es.forvo.com/word/raoul_vaneigem/). Vaneigem, pues, en su Tratado del saber vivir para el uso de las jóvenes generaciones, escribía de que las situaciones construidas por ellos aspiraban a generar una experiencia de “lo cualitativo” – que a continuación describía como “la poesía que cambia la vida y transforma el mundo”. Una buena conversación también me parece que participa de esta idea de construcción de situación.

En términos deleuziano-guattarianos, que usa la propia Haraway, una buena conversación, supondría lograr la construcción de un cierto devenir-común entre sus participantes. Devenir en este sentido sería composición, en la que las partes se convierten en otra cosa que por separado, dando lugar a “un nuevo acontecimiento de lo real.” Conversar sería algo más que la suma de dos o tres personas que piensan por su cuenta. Deleuze (1989) decía, en fin, que la amistad “es la condición para el ejercicio del pensamiento;” – aunque pienso que en su idea de amistad también se incluyen los (autores de los) libros, las cosas, las máquinas, los animales, etc.

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Recapitulando. Seguramente, todas estas idealizaciones del tema de la conversación son algo excesivas… Muy resumidamente, lo que yo espero de la conversación es que me descubra cosas o formas de mirar nuevas, y que contribuya a hacer sentir mejor a los conversadores, y si acaso que los transforme un poquito (que se sientan más queridos, más compasivos, más sabios o más inteligentes, con más preguntas interesantes…).

También, por supuesto, muchas veces conversamos para distraernos de las preocupaciones o para entretenernos sin más – por lo que obligarnos a este “esfuerzo de calidad” cada vez que hablamos con los amigos también puede ser un poco inhumano. Tener que hablar siempre de cosas serias e importantes, a mí por lo menos, me resulta agotador.

Llamar arte al conversar es decir que no existen reglas fijas ni cánones definitivos. Ser un buen conversador sería una manera de ser artista de la oralidad, aunque también de los afectos, la percepción, las relaciones personales… Algo con lo que siempre se puede seguir experimentando, y de lo que siempre se puede seguir aprendiendo. También tendrá que ver con la singularidad, de los participantes y del encuentro.

U una nota final: Sin duda mi percepción del asunto tiene un claro sesgo logocéntrico, intelectual, y supongo que habrá otras maneras de verlo, por ejemplo mucho más centradas en los cuidados o en el hacer. También me pregunto si este sesgo que he llamado logocéntrico lo será además masculino. Imagino que sí.

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#apéndice citas

Como mi padre se mete un poco conmigo porque dice que abuso de las citas y referencias, esta vez las he puesto como apéndices en lugar de en el cuerpo principal del texto. Entiendo que piensa que debería tener más voz propia. Pero estamos en el mundo del sampleado y la super-información…

La primera es de Christian Felber, el teórico de la economía del bien común, en su interesante pero a mi juicio poco comentando libro Dinero. Trata más bien sobre reuniones políticas pero la recordaba con interés, y creo que se puede aplicar en buena medida a las conversaciones en general (2015, p. 292-293):

[…] dos métodos de “alta tecnología humana” que son decisivos: comunicación respetuosa y toma de decisiones democrática. “Faltas” como interrumpir (en vez de dejar acabar de hablar), juzgar (en vez de argumentar), criticar (en vez de ofrecer soluciones), enrollarse (ineficiencia y aburrimiento) y estresar con mímica y gestos (en vez de escuchar tranquila y atentamente) son, por desgracia, vicios extendidos del debate político público. Por experiencia, el consenso de todos para poner en práctica los principios básicos elementales de una comunicación respetuosa […] crea un ambiente de conversación y debate completamente distinto, que sirve de inspiración y no cansa. A partir de métodos de conversación respetuosos como el de la comunicación no violenta, el “diálogo” […] se concretan principios básicos de una comunicación exitosa, por ejemplo: hablar con el corazón, no juzgar, escuchar desde el corazón, no hacer comentarios, economizar palabras. Y: de vez en cuando también se puede estar en silencio.

Un grupo de debate o de trabajo que funcione de acuerdo con estos principios facilita la profundización, produce alegría (en lugar de frustración) y, por regla general, da unos resultados productivos. Por experiencia propia, comunicarse con respeto y gentileza suele ser lo más difícil de la política; y a un tiempo lo más elemental también. Cuando en una conversación no nos valoramos y respetamos, los resultados no pueden ser buenos, colectividad y democracia no pueden cuajar…

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La segunda referencia es de Donna Haraway, en su último libro, Staying with the Trouble, comentando las metodologías de investigación de Vinciane Despret (2015, pp. 125 y sigs.). La prosa de Haraway es un poco especial. Espero que los/as que no estéis familiarizados lo podáis leer con curiosidad:

Ella estudia como hacerse mutuamente capaz de hacer cosas en los encuentros concretos (render each other capable). Despret no está interesada en pensar descubriendo las estupideces de otros, o reduciendo el campo de atención [simplificando los problemas] para probar la cuestión que sea. Su tipo de pensamiento agranda, incluso inventa, las competencias de todos los jugadores, incluida ella misma, de tal manera que las formas de ser y saber se dilatan, expanden, añade posibilidades ontológicas y epistemológicas, propone y hace suceder lo que no existía allí antes. Esta es su práctica de producir mundo [worlding]. Es una filósofa y una científica alérgica a la denuncia y que está hambrienta de descubrimientos, necesitada de lo que tiene que se conocido y construido en común, con y para los seres terrenos, vivos, muertos y por venir.

Afirma Despret:

“una posición epistemológica particular con la que estoy comprometida, una que la propongo como una virtud: la virtud de la cortesía [politeness] […] exige la capacidad de encontrar a los otros activamente interesantes, incluso o especialmente a los otros a quienes la mayoría de la gente pretenden conocer demasiado bien, hacer preguntas que nuestro interlocutor encuentre verdaderamente interesantes, cultivar la virtud salvaje de la curiosidad, reajustar nuestra capacidad de percibir y responder – ¡y hacerlo todo cortésmente! ¿Qué es esta clase de cortesía?

_ se pregunta Haraway; y continúa algo más adelante:

La principal cuestión que pone en riesgo la práctica de Despret es una aproximación que asume que los seres tienen naturalezas y aptitudes pre-establecidas que son simplemente puestas en juego en un encuentro. En su lugar, el tipo de cortesía de Despret hace el trabajo energético de mantener abierta la posibilidad de que haya sorpresas latentes, de que algo interesante esté a punto de ocurrir, pero sólo si uno cultiva la virtud de dejar que aquellos a quienes se visita den forma intra-activamente a lo que ocurre. No son qué/quiénes esperábamos visitar, y nosotros tampoco somos qué/quiénes había sido anticipados. Visitar [encontrarse] es una danza-que-hace sujetos y objetos y el coreógrafo es un tramposo (trickster). Hacer preguntas viene a significar preguntar lo que intriga al otro, y también cómo aprender a implicarse de manera que el encuentro transforme a todos de maneras impredecibles. […] Con buenas preguntas incluso o especialmente los errores y las equivocaciones pueden convertirse en interesantes. Esto no es tanto una cuestión de modales, sino de epistemología y ontología, y de un método que esté alerta respecto de las prácticas y caminos demasiado trillados. Al menos, este tipo de cortesía no es la que ofrece Miss Manners en su columna de consejos […]

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Buscando imágenes para acompañar el texto me encontré con esta diapositiva de Deleuze sobre la amistad, y que para mí estaría en el universo de la conversación… La dejo también por aquí… Fuente: http://piratesandrevolutionaries.blogspot.com/2012/07/kneading-friendship-deleuze-blanchot.html

La amistad basada en un sentido singular de “tener en común.” Los amigos no comparten ideas comunes. Comparten un mismo lenguaje o “pre-lenguaje.”

Los buenos amigos se entienden entre sí incluso cuando se hacen comentarios aparentemente sin sentido o irrelevantes.

Así, hay un enlace comunicativo entre amigos que es no-representacional y, aún así, es bastante conceptual.

Los amigos se hacen cuando frases aparentemente insignificantes llaman la atención a ambos, cuando ambos son capaces de captar las señales no-representacionales de uno y otro.

Y dice Deleuze, parafraseando directamente a Blanchot, [la amistad] es la condición para el ejercicio del pensamiento.

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#referencias

Philipp Blom, 2012, Gente peligrosa. El radicalismo olvidado de la Ilustración europea, Anagrama, Barcelona

Gilles Deleuze & Claire Parnet, 1988-89, L’Abecedaire, ver: https://es.wikipedia.org/wiki/El_Abecedario_de_Gilles_Deleuze

Francois Dosse, 2009 (edición original en francés de 2007), Gilles Deleuze y Félix Guattari. Biografía cruzada, Fondo de Cultura Económica de Argentina, Buenos Aires

M. David Ermann & Michele S. Shauf, 2003, Computers, Ethics and Society, Oxford University Press, Nueva York

Christian Felber, 2015, Dinero. De fin a medio, Deusto, Barcelona

Donna Haraway, 2016, Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene, Duke University Press, Durham

Denis C. Rasmussen, 2017, The Infidel and the Professor. David Hume, Adam Smith, and the Friendship that Shaped Modern Thought, Princeton University Press, Princeton

Andrés Soria, 2017, Una habitación propia. Federico García Lorca en la Residencia de Estudiantes 1919-1926, Residencia de Estudiantes, Madrid, ver: http://www.residencia.csic.es/expolorca/index.htm | accedido 05/12/2018

Raoul Vaneigem, 1998 (edición original en francés de 1967), Tratado del saber vivir para el uso de las jóvenes generaciones, Anagrama, Barcelona

Unas notas sobre Shannon, fundador de la era de la Información


Imagen: The Sound of Applause, sf, Claude Shannon. Legends of Computing. Fuente: https://society6.com/product/claude-shannon-legends-of-computing_print

Unas notas sobre Shannon, fundador de la era de la Información

José Pérez de Lama

Ando estudiando a Shannon (1916-2001) desde algún tiempo. Tenía ganas y tras la lectura de una muy buena “biografía científica,” – un género que me gusta mucho -, A Mind at Play. How Claude Shannon Invented the Information Age, de Soni & Goodman (2017), me he puesto a tratar de entender un poco su célebre Teoría de la información, entre otras cosas. Mi interés por Shannon viene de la lectura de los libros de Neil Gershenfeld (2005, 2017), y de sus clases para la Fab Academy. (Gershenfeld es profesor del MIT y el iniciador y principal promotor de la red Fab Lab.) También de un intrigante comentario de Karin Ohlenschläger tras una charla en la que hablé de Bateson, otro pionero cibernético (y ecologista), que se preguntaba cómo habría sido la revolución digital si en lugar de estar inspirada en las ideas y modelos de Shannon lo hubiera estado en las de Bateson… Como conozco un poco a Bateson, tocaba estudiar a Shannon, y la verdad es que hasta ahora no sabía cómo empezar salvo algunas referencias sueltas y el haber ojeado un poco sus principales trabajos. La bio de Soni y Goodman me ha servido de estupenda introducción.

¿Qué hizo Shannon entonces? Por un lado, en 1937-38, con 21-22 años escribió lo que Gershenfeld, y muchos otros, califican como la mejor tesis de máster jamás escrita. Sólo por eso ya me daba curiosidad. Tenía el quizás poco atractivo título de A Symbolic Analysis of Switches and Relay Circuits. En aquel trabajo, partiendo de los interruptores y relés (switches and relays) con los que trabajan en la época las redes telefónicas y que empezaban a aplicarse al control de los ordenadores analógicos, estableció que sus operaciones podían ser sustituidas por combinaciones de elementos que pudieran adoptar dos posiciones (on/off, 1/0), aplicando la lógica de Boole. Esta lógica, publicada en 1854, y hasta entonces considerada poco más que una curiosidad, se estructuraba completamente en torno a proposiciones que se resolvían alternativamente como true o false (verdadero/falso). Como consecuencia de este salto conceptual de Shannon aparecen lo que hoy se conoce como puertas lógicas (8 operaciones booleanas: AND, OR, NOT, NAND, NOR, XOR & XNOR)[1] que están en la base del funcionamiento de todos los dispositivos electrónicos, desde los pequeños transistores a los ordenadores. Y gracias a esto se produce la transición de los ordenadores analógicos (mecánicos y basados en las magnitudes continuas y el cálculo diferencial) que se habían usado durante algunas décadas del siglo XX, a los ordenadores digitales basados en unidades discretas 1/0. Sigue leyendo Unas notas sobre Shannon, fundador de la era de la Información

Can’t get no satisfaction: notas sobre el “burnout”

Imagen: Victor Vasarely, 1970, Kroa A. Fuente: https://www.masterworksfineart.com/artists/victor-vasarely/sculpture/kroa-a-1970/id/w-2053

Unas notas sobre el burnout

José Pérez de Lama

El texto que sigue se basa en varios artículos de Internet (gracias a los autores, ver referencias en el texto y al final), así como en algunas experiencias personales. Las citas largas (traducidas) aparecen en azul.

Aunque la memoria de aquel período de mi vida es muy borroso, recuerdo con claridad el momento en que supe que había algo que estaba profundamente mal – que no me quedaba motivación ninguna para el trabajo, y que todo estaba fuera de control.  https://kierantie.com/burnout/

¿Qué es el burnout?

De la Wikipedia (en: https://en.wikipedia.org/wiki/Occupational_burnout):

Se considera que el burnout ocupacional (profesional a veces en español-castellano) resulta del estrés laboral vivido a largo plazo y no resoluble. En 1974, Herbert Freudenberger se convirtió en el primer investigador en usar el término burnout en un artículo publicado en un revista relacionada con la Psicología. El artículo se basaba en su observación del equipo de trabajadores voluntarios (incluido él mismo) de una clínica de drogadicción. Freudenberger caracterizó el burnout con una serie de síntomas que incluían el agotamiento resultante de las demandas excesivas del trabajo así como síntomas físicos tales como dolor de cabeza e insomnio, irritabilidad y obsesión (closed thinking). Observó que el trabajador quemado (burned-out worker) “tiene aspecto de, actúa y parece deprimido.” […] la expresión ‘burn-out’ había sido parte del título de una novela de 1961 de Graham Greene, A Burn-Out Case, que trataba de un médico que trabajaba en el Congo Belga con pacientes leprosos […] Sigue leyendo Can’t get no satisfaction: notas sobre el “burnout”

Sobre el oficio y el hacer-pensar, “The Craftsman” de Richard Sennett

Imagen: Matthias Pliessnig, actual, banco paramétrico de madera conformada. Fuente: http://www.matthias-studio.com/

Sobre el Craftsman de Richard Sennett

José Pérez de Lama

Mi amigo – y bastante maestro – FJ me recomendaba hace un tiempo leer a Sennett con mayor atención. En particular la trilogía que empieza con el Craftsman, sigue con Together y se cierra con Building and Dwelling – que se acaba de traducir recientemente al esp.
Me puse pues este verano a releer con cierto detenimiento el Craftsman. Luego me enredé con otras cosas y ahora escribo estas notas de memoria.

La primera vez lo leí “porque tocaba,” para estar al día, un poco deprisa, y desde la perspectiva de los makers y fabbers (los que animan y usan los fab labs) porque era en aquel entorno donde se estaba comentando. Me pareció interesante y sugerente pero algo vago (en el sentido de poco concreto). Esta segunda vez, ya no lo hice desde el prejuicio o perspectiva maker, sino desde una perspectiva más general. Y he descubierto muchas cosas interesantes.

Aunque breve, no es un libro fácil de resumir. Desarrolla varios hilos más o menos entretejidos, y no ofrece conclusiones demasiado claras. Aunque creo que entendí que eso es parte de la forma de pensar del autor, pragmatista (filosófico) según se reclama a sí mismo el autor. Según esta perspectiva, las verdades, al menos respecto de lo humano y lo social, son más bien precarias, se construyen socialmente, – en el diálogo entre los expertos y afectados – por ejemplo, cuando aparecen nuevos hechos de los que no pueden dar cuenta, cuando emergen nuevos afectados…

Pandora (y Hefesto): el potencial destructivo de lo tecno-científico

El primer tema que plantea Sennett en The Craftsman es lo que podríamos llamar el dilema o la dualidad Pandora-Hefesto de las tecnologías y las ciencias. Tremendamente actual en mi opinión en los escenarios digitales de control, robotización-automatización, inteligencia artificial, etc. Esto lo desarrolla principalmente en la introducción y en el capítulo final. Una de sus referencias es Hanna Arendt, que fue su profesora hacia los 60, y con respecto de la cual marca algunas diferencias. Pandora representaría el poder de destrucción de las ciencias y las tecnologías: los científicos que terminan construyendo la bomba atómica, – y algunos se arrepienten de haberlo hecho. Hoy, quizás, el caso de los nerds de Silicon Valley fascinados por sus plataformas y capacidad de captar y manipular datos, que están produciendo un mundo bien diferente del que soñaban ciertos pioneros idealistas de los 60. Frente a Pandora, Hefesto representaría al artesano, o al trabajador(a) que conoce bien su oficio, y que produce cosas que la gente necesita, trata de hacerlas bien, y deriva de eso un cierto sentido de la vida y una cierta felicidad. Hefesto, sin embargo, carece de la fascinación de Pandora: en la mitología es cojo y no tiene la gracia o la brillantez de otros dioses. Sigue leyendo Sobre el oficio y el hacer-pensar, “The Craftsman” de Richard Sennett

Piaget & Papert según E. Ackermann, y una nota sobre Seymour Papert y los fab labs


Imagen: Echidna shield, escudo para Arduino, para uso en entornos escolares para aprender programación, uso de sensores, motores, etc. Un producto heredero de la tradición papertiana desarrollado en parte en Sevilla. Fuente: http://echidna.es/

Presento aquí la traducción de este texto, Constructivismo de Piaget y construccionismo de Papert: ¿Cuál es la diferencia?,  de Edith Ackermann (MIT), que me gustó mucho, en el que hace una comparación entre los constructivismos de Piaget y Papert en tanto que teorías del aprendizaje y la inteligencia. Hay muchas cosas que me interesan, pero destacaré de momento una. El construccionismo de Papert, cita Ackermann supone que: ” El conocimiento no es meramente una mercancía para ser transmitida, codificada, retenida y re-aplicada, sino que es una experiencia personal que debe ser construida. De manera similar, el mundo no está simplemente ahí fuera esperando ser descubierto, sino que es formado y transformado progresivamente a través de la experiencia personal del niño, o del científico.”

También me parece particularmente relevante la atención de Papert a lo situado y lo concreto en el aprendizaje y el conocimiento __ frente a lo “separado” y abstracto.

Al final, tras la bibliografía de este artículo, he añadido otra traducción, más breve, de unos párrafos del último libro de Neil Gershenfeld, donde éste explica la relación entre Seymour Papert y los fab labs.

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Constructivismo de Piaget y construccionismo de Papert: ¿Cuál es la diferencia?

Edith Ackermann (sf / 1991?)

Traducción: José Pérez de Lama

Fuente: http://learning.media.mit.edu/content/publications/EA.Piaget%20_%20Papert.pdf

¿Cuál es la diferencia entre el constructivismo de Piaget y el “construccionismo” de Papert? Más allá del mero juego de palabras, pienso que existe la diferencia y integrar ambas perspectivas puede enriquecer nuestro entendimiento de cómo la gente aprende y crece. El constructivismo de Piaget nos proporciona una ventana sobre aquello en lo que se interesan los niños(as) y son capaces de lograr, en diferentes etapas de su desarrollo. La teoría describe cómo las maneras de hacer y pensar de los niños(as) evolucionan en el tiempo y bajo que circunstancias es más previsible que los niños dejem – o se aferren – a las visiones que mantienen en cada momento. Piaget sugiere que los niños(as) tienen muy buenas razones para no abandonar sus propias explicaciones del mundo (worldviews) sólo porque alguien, aunque sea un experto, les diga que están equivocados. El constructivismo de Papert, por su parte, se centra más en el arte de aprender, o de “aprender a aprender”, y en la relevancia del hacer cosas (making things) en el aprendizaje. Papert está interesado en cómo los que aprenden su involucran en una conversación con los artefactos (propios o hechos por otras personas), y en cómo estas conversaciones potencian el aprendizaje dirigido por ellos mismos y en última instancia facilitan la construcción de nuevo conocimiento. Enfatiza la importancia de las herramientas, los media y del contexto en el desarrollo humano. La integración de ambas perspectivas ilumina el proceso por medio del cual los individuos llegan a dar sentido a sus experiencias, optimizando gradualmente sus interacciones con el mundo. Sigue leyendo Piaget & Papert según E. Ackermann, y una nota sobre Seymour Papert y los fab labs