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Personalidad colectiva compuesta por Teresa Duarte, David Patiño y José Pérez de Lama, amigos, profesores, activistas

Vonnegut, sobre darse cuenta de las pequeñas cosas extraordinarias


Imagen: So it goes, famosa expresión para los vonnegutianos, que nuestro autor usó como un estribillo o ritornello en su novela sobre el bombardeo de Dresden en la II GM, Slaughterhouse 5; — algo ambigua, por supuesto, vendría a significar algo como así es la cosa o así sigue la historia o así es la cosa
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Si esto no es maravilloso, no se qué lo será — Kurt Vonnegut y su Tío Álex

Jose Pérez de Lama

Tiene uno, más o menos en proceso, un libro de ejercicios al estilo estoico en el que lee de vez en cuando máximas y breves reflexiones que sirven para hacer pequeñas meditaciones cotidianas. La versión del libro de ejercicios que tengo ahora empieza con este texto de Kurt Vonnegut, de un libro suyo de memorias que se titula A Man Without a Country (2005), uno de mis libros preferidos. En estos momentos difíciles para casi todos, aunque para unos más que para otros, a lo mejor sirve de ayuda o inspiración a algún amigo o lector. El enclaustramiento y la lentitud obligada de estos días — de nuevo sólo para algunos, aunque seamos muchos — creo que puede dar para este tipo de situaciones que cuenta aquí mi autor. Aquí os lo dejo traducido por mí, — con un par de versiones originales en inglés a continuación. Sirve así también de práctica de inglés 🙂
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»[…] Pero tenía un tío bueno, mi difunto Tío Álex. Era el hermando pequeño de mi padre; un graduado de Harvard sin hijos que era un honesto vendedor de seguros en Indianápolis. Era una persona bien leída y sabia.Y su principal queja acerca de otras personas era que raramente se daba cuando de cuando eran felices. Y así, cuando estábamos en verano tomando una limonada debajo de un manzano, digamos, y charlando perezosamente de esto y aquello, casi zumbando como abejas, mi Tío Álex interrumpía de pronto la agradable charla para exclamar. “Si esto no es una maravilla, no se qué lo será.”

»Así que yo hago lo mismo ahora, como también lo hacen mis hijos y nietos. Y os animo a que por favor os deis cuenta de cuando estáis felices, y a que exclaméis o murmuréis o penséis en algún momento, “Si esto no es una maravilla, no se qué lo será.”
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Ésta es la versión original en inglés de la cual lo he traducido; seguida por una variante que encontré en Internet

But I had a good uncle, my late Uncle Alex. He was my father’s kid brother; a childless graduate of Harvard who was an honest life-insurance salesman in Indianapolis. He was well-read and wise. And his principal complaint about other human beings was that they so seldom noticed it when they were happy. So when we were drinking lemonade under an apple tree in the summer, say, and talking lazily about this and that, almost buzzing like honeybees, Uncle Alex would suddenly interrupt the agreeable blather to exclaim, “If this isn’t nice, I don’t know what is.”
So I do the same now, and so do my kids and grandkids. And I urge you to please notice when you are happy, and exclaim or murmur or think at some point, “If this isn’t nice, I don’t know what is.”

A man without a country, 2005 [2007], p. 132

My uncle Alex Vonnegut, a Harvard-educated life insurance salesman who lived at 5033 North Pennsylvania Street, taught me something very important.
He said that when things were really going well we should be sure to NOTICE it. He was talking about simple occasions, not great victories: maybe drinking lemonade on a hot afternoon in the shade, or smelling the aroma of a nearby bakery; or fishing, and not caring if we catch anything or not, or hearing somebody all alone playing a piano really well in the house next door. Uncle Alex urged me to say this out loud during such epiphanies: “If this isn’t nice, what is?”

Pettifor: Green New Deal y finanzas públicas – o cómo vamos a pagar por una transición energética justa

Green New Deal y finanzas públicas
o cómo vamos a pagar por una transición energética justa

Reseña del libro de Ann Pettifor, 2019, The Case for the Green New Deal, Verso, Londres

José Pérez de Lama / versión beta, revisado 15/03/20

Como otras veces, os dejo unas notas más o menos rápidas tras la lectura del libro, con las primeras impresiones; un libro que me gustaría que leyera mucha gente… entre otras cosas para poder comentarlo…

Aunque hice unas cuantas revisiones, me quedé con la sensación de que esta reseña ha resultado una de las más caóticas que he escrito… Le echaremos la culpa al desasosiego ocasionado por el Coronavirus. Jeje.. Queda el post por aquí, en cualquier caso, como unas notas de trabajo … que espero animen a algun*s a leer y comentar el libro … y/o a tratar de profundizar en el tema por otros medios.
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Pettifor: pensando en el asunto desde 2007

El libro de Ann Pettifor, en esta ocasión sobre el Green New Deal, tiene múltiples aspectos de interés. Uno, quizás el primero, es que Pettifor es una de las promotoras iniciales de este idea del Green New Deal: desde 2007; habiendo publicado con su equipo uno de los primeros documentos rigurosos sobre el asunto (The Green New Deal Group, 2008). No es alguien que se haya subido al carro porque se haya puesto recientemente de moda. Es una de las que lo han promovido desde el principio hasta llegar adonde ahora estamos.

Otro, que su especialidad son las finanzas globales, las políticas financieras y las políticas públicas; y que es una persona de referencia en las aproximaciones críticas a estas cuestiones, rescatando y reinterpretando el legado de Keynes — a este respecto puede verse su libro The Production of Money. How to Break the Power of Banks (2017) y si a alguien le pudiera interesar una reseña de en este mismo blog (enlace al final en referencias).  Su posicionamiento en esto, coincidente con el de Keynes, es que “podemos pagar todo aquello que seamos capaces de hacer”. Esta afirmación se basa en su teoría del dinero tal como funciona en la actualidad, que reitera en este nuevo libro, porque constituye un elemento importante de su argumento: «El dinero es y siempre fue una forma de tecnología social; una forma que hace posible que individuos, empresas y gobiernos hagan negocios, comercien, compren y vendan. […] El sistema monetario de una sociedad, igual que lo pueda ser su sistema de saneamiento, […] es un gran bien publico» (p. 14).

Un tercer aspecto que destacaremos por ahora es que Pettifor es una activista financiera; además de conocer la teoría tiene experiencia de las cosas sobre las que escribe. Entre otras cuestiones, fue una de las organizadoras a lo largo de la década de 1990 de la campaña del Jubileo 2000, que logró que para aquella fecha las instituciones globales y los países más ricos cancelaran 100.000 millones de dólares de deuda a los 35 países más pobres del planeta (2019, p. 166). Aunque, ahora, la transformación radical de la economía global sea un objetivo mucho más ambicioso y complejo, aquel éxito en un ámbito parecido hace que Pettifor tenga confianza, relativa, en que pueda lograrse…
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Yo no te pido la Luu-na-a…

En el prefacio, cita la autora un discurso de John Kennedy, como presidente de los EEUU, en el que anunciaba el proyecto de ir a la Luna. El discurso lo hizo en 1962 — me llamó la atención recordar este dato, porque fue el año en que yo nací. Para el 69 se logró llegar a la Luna, gracias a un enorme esfuerzo económico y científico, que Pettifor y otras autoras como Mazzucato citan como ejemplo de que es posible plantearse y alcanzar objetivos como aquél, — que se propone así como un posible antecedente del Green New Deal (GND). — De 1969 sí que tengo ya el recuerdo, como un niño de 7  años, viendo la llegada a la Luna en una televisión por supuesto en blanco y negro que teníamos en una casa de campo donde pasábamos las vacaciones de verano; el aparato de televisión colocado arriba en una esquina del salón donde solíamos estar con los mayores. Sirva la anécdota personal para explicar que es algo que está en la memoria relativamente reciente, no «una historia de los griegos o los romanos» (2019, pp.xvii-xviii).

El libro es bastante breve, se lee bien y en su mayor parte transmite entusiasmo y optimismo. En la parte que a mí más me costó, aproximadamente el tercer cuatro se centra en cuestiones de finanzas públicas, que no siendo experto en la materia me cuesta bastante seguir. A ver si logro que alguno de mis colegas economistas me lo explique en algún momento…

Contaba en una entrevista Iván Illich (acerca de su libro Tools for conviviality / La convivencialidad): «Quería restablecer el arte de escribir panfletos a nivel intelectual. No quería escribir crítica social o reflexiones filosóficas. Desde un comienzo, dije que quería escribir un panfleto que pudiera hacer que la gente discutiera el asunto…» (Calle, 2012). Lo de panfleto como dice Illich no es por quitarle mérito, sino al contrario; — La convivencialidad será seguro uno de los libros más importantes de su tiempo para muchos entre los que me cuento. El libro de Pettifor creo que funciona también así, como un estímulo para pensar sobre el tema y como una invitación para discutir sobre las diferentes preguntas que plantea y las interpelaciones que nos hace. —- Por dar una idea de la conversación propuesta, algunas de las principales invitadas al debate explícitamente interpeladas en el texto son Alexandria Ocasio-Cortez, unas de las principales promotoras políticas del GND en los EEUU, y Mariana Mazzucato, la profesora de Economía que viene impulsando la idea de «estado emprendedor».
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El GND es (o podría ser) técnica, financiera y políticamente viable

Entonces… diría que el libro trata fundamentalmente de convencer a los lectores de la viabilidad de la transición a un mundo y una economía sostenibles, lo que sería el objeto del Green New Deal. Y también, de que  sería viable hacer esta transición en el corto plazo, en los  diez o doce años que los científicos que han venido estudiando el cambio climático estiman que tenemos, para que los cambios en la biosfera no lleguen a hacerse demasiado catastróficos e irreversibles.

A la cuestión de la emergencia climática, no se le dedica demasiado y los argumentos presentados son más bien simples; esto hay que buscarlo en otros lugares. La autora cita en varias ocasiones a Greta Thunberg, lo cual me resulta curioso — tal vez la considera una especie de oráculo a través del que se expresa la comunidad global preocupada por el cambio climático; así lo he interpretado yo. También menciona en repetidas ocasiones el movimiento Extinction Rebellion.  A la parte de la viabilidad tecnológica ambiental, energética, de transportes, urbana, arquitectónica, de materiales y reciclaje, etc. tampoco se dedica nada o casi nada. Se asume que será tecno-científicamente viable. Para una aproximación relativamente divulgativa sobre estos temas podríamos leer, por ejemplo, a Rifkin (2011, 2014); y seguro que entre los libros recientes habrá otros de interés. El último de Rifkin, de 2019, que dedica ya específicamente al GND, aún no lo leí; no dudo de que será también interesante y estará bien escrito.  ¿En que se centra entonces Pettifor? Se centra, diría uno, en dos grandes temas: el primero sería el de la gestión de los recursos económicos y las estrategias financieras; el segundo, el de la capacidad de llevar a cabo un cambio de dimensiones tan extraordinarias en tan poco tiempo. [1]

Cabe señalar para enlazar con lo que explicaré a continuación, el énfasis de la autora en que sólo podremos detener el cambio climático y construir un mundo en el que ese riesgo deje de estar presente  llevando a cabo con cambios «estructurales» o sistémicos, — para los que no bastará, insiste, con actitudes individuales y prácticas comunitarias, como las que la autora piensa que han venido defendiendo la mayoría de los movimientos ecologistas. Vemos a continuación un poco más sobre esto.
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¿Pero cuáles serían los objetivos del Green New Deal?
Una steady state economy

El primer objetivo, evidentemente y como ya hemos dicho, sería detener el cambio climático, para lo que sirven de referencia a Pettifor los objetivos planteados por el grupo de expertos sobre cambio climático de la ONU, el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change): reducir a la mitad las emisiones de carbono en el horizonte de 12 años – 2018-2030 -,  y que para el 2050 logremos «descarbonizar» completamente nuestras sociedaes, esto es, que fundamentalmente hayamos hecho la transición a un sistema energético independiente de carbón, petróleo y relacionados (2019, p.xii).

Aquí, la necesidad de concentrarse en otras cosas hace que el discurso de Pettifor sea un poco ingenuo, hablando en varias ocasiones de la supervivencia de los humanos o de la civilización, cuando cada vez nos resulta más claro que no es exactamente así. En el caso de catástrofe climática, lo más probable será que sobrevivan los grupos humanos más poderosos o más ricos, y que incluso la crisis sea aprovechada como una nueva y excelente oportunidad de negocios para algunos, — mientras que habrá muchos que efectivamente podrán — o podremos — morir y otros muchos que quizás sobrevivan, pero que lo harán en condiciones muy deterioradas.[2]

En un segundo nivel, entonces, aparece otro objetivo, que también puede entenderse como medio, que es uno de los elementos diferenciales y más importantes para el debate de la propuesta de Pettifor: para conseguir esto, argumenta la autora, el objetivo sería construir una steady state economy; una economía estable o de estado estacionario, que sería además una economía proporcionada a la capacidad del planeta.

Esto evidentemente es una manera indirecta de decir que es necesario decrecer. La autora explica, sin embargo, que no quiere usar los términos «decrecimiento o «post-crecimiento, por no tomar como referencia de su discurso aquello respecto de lo que querría plantear una alternativa. Si el capitalismo desde su origen se basa en el crecimiento, la steady state economy (SSE) tendrá que ser otra cosa.  Como referencia teórica de la SSE cita la autora a Herman Daly, discípulo de Georgescu-Roegen, quien se suele mencionar como fundador de la economía ecológica. Cabe destacar, no obstante, la idea de que se trataría de una economía intensiva en trabajo, que supliría la mayor potencia de las energías fósiles (y seguramente nuclear) respecto de las renovables, y en la medida en que el pleno empleo, en la tradición keynesiana, constituiría uno de sus objetivo principales. La autora describe a grandes rasgos cómo sería este tipo de economía-sociedad. No es la parte más «sexy» del libo, quizás por no haberle dedicado tanto tiempo como a otras cuestiones. Sería austera en recursos materiales, pero rica en otros de tipo social, cultural, de cuidados, de tiempo… A mi este plan epicúreo, como vengo comentando en este blog, me parece estupendo.

A lo largo del libro Pettifor repite el dato de que el 1% de la población más rica es responsable del 50% de las emisiones de CO2. Con este dato sugiere por un lado que reducir las emisiones rápido y en un alto porcentaje podría ser relativamente fácil; pero también, estimo, que nos da una idea de que el cambio de vida hacia una mayor austeridad, para la mayoría de la población, será relativamente viable. Nacida en África, Pettifor repite también que la transición tiene que significar diferentes cosas en los países más ricos y en los más pobres, una estrategia que recibe el nombre de CBDR (Common But Differentiated Responsabilities). Los países más ricos somos mucho más responsables del actual deterioro climático y ambiental, y por tanto tendríamos que serlo también de su «reparación».

Una cuestión importante de la propuesta de Pettifor, el UK GND como ella lo denomina, es  que no tiene por objetivo la activación de un nuevo ciclo de crecimiento económico, tal como estimo que plantean, – me atrevería a decir -, las de Sanders, Ocasio-Cortez y Varoufakis con DiEM25 (ver referencias al final),  y desde luego como lo hace la de Rifkin, que lo plantea como su principal objetivos tras la cuestión ambiental. Este crecimiento estaría determinado por  la necesaria reconstrucción de todas las infraestructuras y el reciclaje de todo el parque inmobiliario, incluso a la transformación de todos los procesos industriales — lo que vendría a suponer un nuevo ciclo de inversión descomunal en capital fijo, como ocurriera, primero, con el ferrocarril y tecnologías asociadas a mediados del XIX, y después, con el automóvil y la electricidad y tecnologías asociadas en el siglo XX (véase por ejemplo, Rifkin, 2011).

No. Pettifor plantea el GND como un medio para superar el sistema capitalista. Cambio de sistema, no cambio climático, es el título de uno de los capítulos.

Aún así, diría que Pettifor no se expresa dogmáticamente sobre esto, anque sí nos deje claro que es un tema fundamental para pensar y debatir. Y que podría ser la clave para que la transición que plantea  sea una transición a un sistema más justo e igualitario.
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Someter el mundo de las finanzas al interés común

Reitera aquí Pettifor, en buena medida, los argumentos de su libro precedente. El primer paso para hacer viable este GND equitativo que propone, sería someter — o según sus argumentos — volver a someter las finanzas globalizadas al interés público o común. Argumenta aquí, quizás en mayor extensión que anteriormente, que los estados, y los taxpayers, los ciudadanos que pagan impuestos, tienen mucho más poder del que parece. El caso de la dependencia del sistema financiero de los bonos soberanos, los bonos emitidos por los principales países, que son usados como garantía en una parte muy importante de las operaciones financieras, es una de las razones de este poder que explica en cierto detalle. Otro razón evidente es la disponibilidad y la capacidad de los estados para rescatar al sistema financiero cuando está en dificultades, según se demostró en la crisis de 2007-8 y años siguientes. Estas y otras razones que expone son las que permiten afirmar a Pettifor que el sistema financiero es o debería ser un bien público; un bien público del que se han apropiado algunos para ponerlo fundamentalmente a su propio servicio.

En función de este poder, los estados, con el apoyo de los votantes, tendrían que modificar la regulación financiera global, — también para retornar los capitales off-shore a los diferentes países. Todo esto, en realidad, lo desarrolla en mayor extensión en el libro anterior.

Quizás lo nuevo en esta ocasión sea un cierta explicación histórica, en la que se muestra el tira y afloja entre estados y capitalistas a lo largo del siglo XX para controlar el sistema financiero; los primeros para que funciones como un bien y un servicio público; los segundos para ponerlo al servicio de su propio interés. Esto se desarrolla en el capítulo 2, titulado Winning the Struggle with Finance (Ganando la lucha con la finanzas; pp. 33-61). Los principales episodios de este forcejeo histórico serían los acuerdos de 1919 tras la I Guerra Mundial, el New Deal de Roosevelt de 1932, los acuerdos de Bretton Woods de 1944 (en los cuales participa J.M. Keynes, gran referencia de Pettifor) y la eliminación del patrón oro en 1971 y su sustitución de hecho por el dólar estadounidense, que ya se había establecido como moneda de referencia internacional en 1944. Mi narración del asunto es muy pobre — como siempre será mucho mejor leer el libro — y la historia en cualquier caso es bastante conocida para las aficionados a estas cuestiones. Pero la consecuencia o el aprendizaje interesante que nos propone Pettifor aquí es mostrar que este sometimiento de las finanzas al bien público ya se logró en varias ocasiones durante el siglo pasado, dando lugar a los períodos de prosperidad y estabilidad como el del New Deal en EEUU o las décadas posteriores a la II GM a escala global, — aunque una y otra vez los capitalistas volvieran a tomar una posición de privilegio, que es la que actualmente sostienen. Pensemos con Pettifor que vuelve ya a tocar cambio.
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Lo que tendría que hacer una ministra de finanzas

Para hacer posible el GND habría que acometer primero este sometimiento de las finanzas. Si bien este seomtimiento tendría necesariamente que tener una dimensión global,  las economías en la propuesta de Pettifor se organizarían, sin embargo, se organizarían de manera descentralizada, esto es, a la tradicional escala nacional. Esta opción estimo que se basa, entre otras cuestiones, en que la steady state economy tiene entre sus principios organizativos el de la re-localización. (La forma en que se enuncia, por cierto, me recordó a la manera en que lo hace el proyecto Fab City: información y conocimiento globales — materiales y energía locales; Díez et al, 2016).

Una vez propuesta esta escala nacional como base para el desarrollo de los diferentes GNDs, la autora plantea una manera sugerente de seguir adelante, contándonos qué deberían hacer las ministras de hacienda, economía y finanzas de los países; una especie de manual para ministras — (el femenino es el del original y es de suponer que aquí representa a hombres y mujeres).

La ministra tendría que tener bajo su autoridad al banco central del país en cuestión además de la política económica, financiera y fiscal, nos dice Pettifor. Y ya sabemos que esto en Europa es de momento diferente y más complicado, la cuestión del banco central… Siguiendo las pautas de Pettifor tendríamos que pensar en un GND europeo, o en una reforma de las instituciones europeas… Pero continuemos a pesar de esta grave dificultad…

No vamos a recorrer todo este manual, que es bien sugerente, tratando de prioridades, estrategias y calendarios, pero sí señalaremos algunos puntos.

Aunque Pettifor vuelva a recodar la máxima keynesiana de que “podemos permitirnos (pagar) todos lo que podamos hacer,” el asunto no deja de necesitar de una importante ingeniería financiera; en este caso, no la ingeniería financiera de lo que podríamos quizás llamar rogue corporations , — y cuenta aquí la autora algo del caso Enron –, sino una «ingeniería de las finanzas públicas», – eso lo digo yo -, en la que intervendrá la creación de dinero bancario – público y privado -, la deuda, el interés, la fiscalidad… La autora lo enuncia literalmente así:

«Una vez que las políticas monetaria y fiscal se apoyen mutuamente, podemos asumir que, como en una situación de guerra, habrá cuatro fuentes de financiación para un gobierno del GND. Ampliamente categorizadas pueden ser definidas como crédito (creado una vez más por los bancos) y ahorros (como puedan ser los depósitos, consecuencia de la creación de crédito o ya existentes)».

«La primera fuente de financiación para un gobierno es la creación de crédito monetario (la provisión de préstamos o posibilidad de descubierto [overdraft facilities] por parte del Banco de Inglaterra (banco central diríamos en otra circunstancia) o incluso por parte de bancos comerciales). La segunda es la financiación mediante créditos (loan-finance), que se generan a partir de los ahorros existentes por medio de la emisión de bonos por parte del tesoro y la oficina de gestión de deuda (traducción literal del original). La tercera fuente son los ingresos por impuestos – con la salvedad de que los ingresos por impuestos son generalmente la consecuencia de la inversión pública, no la fuente de las finanzas. Cuarto, un gobierno del GND podría recurrir al exceso de recursos de los ahorradores garantizando bonos emitidos por medio de un banco nacional de inversiones / banco verde o similar». (pp. 132-33)

Estas propuestas son desarrolladas a continuación por la autora haciendo énfasis en el dinero monetario o bancario y en los ahorros. Me gustaría que algún colega experto me explicara más de estas propuestas. Para mí, como aficionado, como ya escribía más arriba, me ha resultado la parte más difícil de entender del libro, no tanto en la idea general, pero sí en los detalles concretos.

Sí me ha llamado la atención que la autora dedica un apartado específico a explicar las diferencias de su propuesta con la Teoría Monetaria Moderna (MMT por sus siglas en inglés; pp. 139-147). Me atrevo a avanzar, que trata de subrayar que su propuesta no es la de que los gobiernos «impriman billetes», sino que considera que la producción de dinero para que sea eficaz tiene que ser algo más compleja, estar en proporción a la capacidad de la economía, y más concretamente, que se creará siempre contra un colateral, a cambio del pago de unos intereses y mediante un contrato que supone «la promesa de pagar»; un dinero que siempre supondrá una deuda, dice (p. 141). Expone Pettifor más argumentos, pero entiendo que será algo que tendrían mejor que discutir y explicarme los especialistas. [3]

Otro punto diferente es la importancia que da Pettifor a los ahorros de cara a la posible financiación del GND. Aunque con los mecanismos de creación de dinero bancario Pettifor señala que sería suficiente, no deja de explicar que los gobiernos también podrían movilizar los ahorros que gestionan agentes como fondos de pensiones, fondos de  gestión, aseguradoras, fondos soberanos y otros, sustrayéndolos de las inversiones con frecuencia depredadoras o especulativas,  para apoyar en su lugar proyectos de interés público.  Entre otros datos de referencia, cita que el volumen total de activos financieros de todas las corporaciones financieras se estimaba en 2017 en 328 billones de dólares (siendo la estimación del Producto Global, por tener una referencia de comparación, de 86.6 billones para el año 2019).
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Un proyecto eminentemente asequible…

Aunque hay un apartado que se titula Presupuestando un Green New Deal Global (pp. 149-155), la autora no llega a ofrecer números concretos, – nos dice que no lo ve lo más oportuno. En su lugar nos propone diferentes comparaciones, con inversiones en infraestructuras actualmente en proceso, con los posibles costes de la inacción, con estimaciones de imposición a grandes emisores de CO2… para llegar a la conclusión de que «[n]uestro sistema monetario y las vastas cantidades de ahorros globales hacen que la financiación de la transformación de la economía para dejar atrás las energías fósiles sea eminentemente asequible». El verdadero desafío será que todo esto se lleva a cabo con equidad, continúa la autora. «Comparado con esto último, y dadas las herramientas monetarias y fiscales de que dispone una ministra de finanzas, el diseño financiero será mucho más fácil» (p. 155).

¿Será posible hacerlo en el poco tiempo del que ya disponemos?

Para cerrar; en las páginas finales del libro — nos cuenta la autora cómo en otras ocasiones nuestra civilización ha sido capaz de acometer en muy poco tiempo extraordinarios proyectos de transformación material, espacial, infraestructural. Uno, a pesar de ser más o menos del gremio, suele olvidarlo. En tiempos recientes, y creo que no lo menciona Pettifor, tendríamos el ejemplo de los sucesivos despliegues de las redes de telefonía móvil: imaginemos, por ejemplo y porque lo hicimos en algún momento, que nos hubiésemos planteado construir una red, incluyendo satélites (GPS, Galileo, etc), para dar cobertura de telefonía sin hilos a la casi totalidad del mundo… Aunque pudiera haber parecido una quimera, lo cierto es que se hizo en muy pocos años… Antes fue el ferrocarril a mediados del XIX. Cita varios casos más Pettifor; uno que me llamó la atención fue el de la reforestación masiva en EEUU durante el New Deal — que me hizo pensar en recuperar los bosques en Esp y la historia de la ardilla que la podía cruzar de punta a punta… Otro caso por citar uno de Esp, fue el despliegue del sistema autopistas en la década de 1980 que renovó completamente el transporte rodado en nuestro país (en el que participó mi padre, por cierto, con bastante responsabilidad). Pettifor llama a estos casos transiciones rápidas y explica que hay antecedentes muy importantes, que nos hacen pensar que ahora también sería posible hacerlo para las grandes transformaciones que necesitamos para detener el cambio climático. «Si nos pusiéramos de verdad manos a la obra». Eso sí que haría falta.

Y así, estas transiciones rápidas las asocia al coraje y el liderazgo político – y tal vez en menor medida a la movilización social. Tal vez podríamos dudar sobre esto del liderazgo. Esta de Pettifor, es también la opinión de mi padre, por cierto, ya que lo mencioné antes: que las personas son fundamentales, más que los sistemas, las estructuras o las burocracias… Tendría que ser un liderazgo con una forma de pensar bastante diferente de la habitual y de dimensión europea; — sólo se me ocurre eso. El que suscribe esta reseña es más del trabajo colaborativo y de equipos. Aunque quizás cada vez tenga menos razones para seguir apegado a esa convicción, — más allá de equipos pequeños en los que exista gran afinidad… __ Yo lo veo difícil sea como sea… No técnicamente, que ahí lo veo apasionante; tampoco económicamente, ahí creo lo que explica Pettifor; sino social y políticamente. Pero leyendo libros como éste se anima uno bastante.

Gracias a la autora, entonces, por todo el trabajo de tantos años, que ha contribuido significativamente a que lo que fuera una elucubración de expertos y activistas hace menos de 15 años, sea hoy objeto de debate público bastante extendido. Y gracias también por este su último libro-panfleto — como decía, en el mejor sentido del término.

Salud a tod*s.

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#notas

[1] Nota para revisar; quizás eliminar, porque se quedó descontextualizada tras una última revisión: Pettifor plantea aquí la importancia del liderazgo político y la movilización social, sobre la que volvemos casi al final… La imagen de la «movilización» la usa Isabelle Stengers en el contexto de la ciencia moderna y neoliberal con un sentido parecido, pero a la vez diferente, casi opuesto del que se propondría aquí; haciendo así lo que me parece una crítica de enorme interés de las prácticas científicas actuales (2019, Otra ciencia es posible. Manifiesto por una desaceleración de las ciencias). Quizás tengamos la ocasión de comentarlo más adelante por este blog.

[2] Esta historia de William Gibson de su novela Peripheral que recogimos hace algún tiempo en este blog ilustra en mi opinión un escenario mucho más realista, y quizás incluso más horrosa,  que el de la extinción total de los humanos sobre el planeta: Imaginando el futuro tras la catástrofe climática – William Gibson en “Peripheral”.

[3] Pendiente y con mucho interés de leer el libro de Stephanie Kelton, The Deficit Myth. Modern Monetary Theory and the Birth of the People’s Economy, que salió hace pocas semanas, en el que promete explicar la MMT de manera accesible.

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#referencias

Hernando Calla, (2012), La Convivencialidad de Iván Illich. ¿Una teoría general de las herramientas? Recuperado de https://www.ivanillich.org.mx/5convivencial.pdf. [Accedido 03/03/2020]

DiEM25, 2017, DiEM25’s European New Deal. Recuperado de https://diem25.org/wp-content/uploads/2017/02/170212_DiEM25_END_Summary_EN.pdf | accedido 13/03/2020

Tomás Díez, 2016, Fab City White Paper. Locally productive, globally connectedself-sufficient cities. Recuperado de https://fab.city/uploads/whitepaper.pdf | accedido 15/03/2020

Más País-Equo, 2019, Un acuerdo verde para EspañaAdelanto de programa electoral 2019. Recuperado de http://partidoequo.es/wp-content/uploads/2019/10/Programa-verde-Mas-Pais-2.pdf  | accedido 13/02/2020

Ocasio-Cortez, A. (2019). House Resolution 109, Recognizing the Duty of the Federal Government to Create a Green New Deal [serie de páginas web incluso documento PDF descargable]. Recuperado de https://ocasio-cortez.house.gov/gnd. [accedido 18/02/2020]

Ann Pettifor,  2017, The Production of Money. How to Break the Power of Banks, Verso, Londres

Una reseña sobre el libro en este mismo blog (2018): “Sí, nos podemos permitir todo lo que seamos capaces de hacer” – sobre la economía del dinero-bancario según Pettifor & Keynes.

[Ann Pettifor con] The Green New Deal Group, 2008, A Green New Deal. Joined-up policies to solve the triple crunch of the credit crisis, climate change and high oil prices, New Economics Foundation, Londres; accesible en: https://neweconomics.org/uploads/files/8f737ea195fe56db2f_xbm6ihwb1.pdf – visitado 14/03/2020

Jeremy Rifkin, 2019, The Green New Deal. Why the Fossil Fuel Civilization Will Colapse by 2028, and the Bold Economic Plan to Save Life on Earth, MacMillan

____, 2014, The Zero Marginal Cost Society. The Internet of Things, the Collaborative Commons, and the Eclipse of Capitalism, Palgrave MacMillan, New York

____, 2011, The Third Industrial Revolution. How Lateral Power is Transforming Energy, The Economy, and The World, Palgrave MacMillan, New York

Una post que explica cosas de la propuesta de Rifkin, que publicamos para las elecciones de 2015 cuando el asunto no era tan popular en nuestro «bendito país»: #AllPowerToThePeople. Ciudad, energía, sostenibilidad, commons.

Bernie Sanders, 2019, The Green New Deal. Recuperado de: https://berniesanders.com/issues/green-new-deal/ | accedido 13/03/2020. Nota: No se en qué grado este plan coincide o se diferencia del de Alexanria Ocasio-Cortez. Este estudio comparativo tendrá que quedar para más adelante.

You don’t have to be cool: sobre ministros, camisetas y dandismo…

You don’t have to be rich to be my girl
You don’t have to be cool to rule my world
Ain’t no particular sign I’m more compatible with
I just want your extra time and your …

Prince, Kiss, Art of Noise, 1988…

Imagen: Prince, en el Coachella Festival en 2008 (a la edad de 50 años). Foto de Scott Penner; fuente: Wikipedia & https://www.flickr.com/photos/penner/2450784866

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Selección y notas de José Pérez de Lama

Siempre me llamó la atención el estilo o la imagen de las personas, y el debate sobre el look del ministro Castells estos días me hizo pensar un poco sobre si era una cosa mía, una afición, como al que le gustan el Románico o los libros de detectives, o era algo más… Los antropólogos tendrán que decir, en fin, todo el mundo… Otra cosa es que sea más o menos interesante lo que podamos decir unos y otros.

La cosa me hizo acordarme de esto de Foucault que reproduzco más abajo; —- me llamaron la atención hace un tiempo estos párrafos suyos sobre el «dandismo» en un contexto que me resultaba sorprendente y divertido; su célebre – para algunos – comentario al texto de Kant ¿Qué es la Ilustración? — en unos párrafos sobre Baudelaire y la Modernidad. Foucault lo evocaba como una rasgo del ethos de la modernidad: la idea, o su representación, de que podemos hacernos a nosotr*s mism*s… ___ A mí además me hacía echar de menos los años 80-90 que yo recuerdo — en que la gente, al menos la que yo conocía, trataba efectivamente de tener un cierto estilo o una imagen, diferente, personal… Aunque tampoco estoy del todo seguro, e igual no eran los 80-90 sino simplemente que es algo que hacíamos por ser más jóvenes… Pero es que hoy no lo veo en los jóvenes, en la Universidad… o lo veo poco…

En la foto de arriba: Prince – Roger Nelson — como decía, a los 50 años de edad –uno de los iconos del estilo durante mi juventud…

Siguen ya los pasajes de Foucault; espero que no queden demasiado descontextualizados… En cualquier caso la lectura  de los textos, tanto del original de Kant como el de Foucault, es interesante y entretenida (ambos se encuentran en Internet; algunos enlaces al final).

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Foucault:

»Haciendo referencia al texto de Kant, me pregunto si no se puede considerar la modernidad más bien como una actitud que como un período de la historia. Con “actitud” quiero decir un modo de relación con y frente a la actualidad; una elección voluntaria que algunos hacen; en suma, una manera de pensar y de sentir, una manera, también, de actuar y de conducirse que marca una relación de pertenencia y, simultáneamente, se presenta a sí misma como una tarea. Un poco, sin duda, como aquello que los antiguos griegos denominaban un «ethos».  […]

»Para caracterizar brevemente esta actitud de modernidad, me referiré a un ejemplo que resulta casi necesario: se trata de Baudelaire, y ello porque su consciencia de la modernidad es generalmente reconocida como una de las más agudas en el siglo XIX. […]

[Comienza con una enumeración de cuestiones, pero nos quedamos sólo con la tercera.]

»3. No obstante, para Baudelaire la modernidad no es simplemente una forma de relación con el presente; es, también, un modo de relación que hay que establecer consigo mismo. La actitud voluntaria de modernidad está ligada a un ascetismo indispensable. Ser moderno no es aceptarse a sí mismo tal como se es en el flujo de momentos que pasan; es tomarse a sí mismo como objeto de una elaboración ardua y compleja; es lo que Baudelaire llama, según el vocabulario de la época, el «dandismo». No recordaré aquí pasajes bien conocidos y referidos ora a la naturaleza «vulgar, terrenal, inmunda», ora a la rebelión indispensable del hombre contra sí mismo, ora a la «doctrina de la elegancia» que impone «a sus ambiciosos y humildes discípulos» una disciplina más despótica que las más terribles de las religiones; pasajes, en fin, sobre el ascetismo del «dandy» que hace de su cuerpo, de su comportamiento, de sus sentimientos y pasiones, de su existencia, una obra de arte. El hombre moderno, para Baudelaire, no es aquel que se lanza al descubrimiento de sí mismo, de sus secretos y de su verdad escondida; es aquel que intenta inventarse a sí mismo. Esta modernidad no «libera al hombre en su propio ser», lo obliga a la tarea de elaborarse a sí mismo.

[Y algo de conclusión de esta parte del texto.]

»He querido hacer énfasis, por una parte, en el enraizamiento en la Aufklärung de un tipo de interrogación filosófica que problematiza, de modo simultáneo, la relación con el presente, el modo de ser histórico y la constitución de sí mismo como sujeto autónomo.

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Comentario: Por supuesto que esta constitución de sí mismo, no sólo pasará por el dandismo; o de otra manera, el dandismo no sólo puedo imaginarlo como una estética sino que también lo puedo imaginar como algo intelectual, existencial, etc.  Ain’t no particular sign I’m more compatible with…  Pero… en fin, a mí, y se que no es importante, — y aunque vea la parte de resistencia, de rebeldía o de provocación –, no me acaba de convencer este nuevo estilo de ir al Parlamento y lugares similares… You don’t have to be cool… pero si alguien tiene un aspecto así medio cool, sin pasarse, pues tampoco está mal… ¿O qué?

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#referencias

El texto de Foucault (de 1983-84) que reproduzco aquí, de una versión disponble on line; traducción de los editores de la web según me parece entender [con alguna pequeñísima modificación] — ¡muchas gracias!:
* http://www.catedras.fsoc.uba.ar/mari/Archivos/HTML/Foucault_ilustracion.htm

Otra en pdf aquí traducción de Jorge Dávila (Actual, No. 28, 1994 ):
* http://www.saber.ula.ve/bitstream/handle/123456789/15889/davila-que-es-la-ilustracion.pdf;jsessionid=AEBB128363D41D1DDA246C9936452631?sequence=1

La primera vez que lo leí fue en la edición de las Obras esenciales de Foucault en edición y traducción de Ángel Gabilondo (2010; pp.975-990), Barcelona: Paidós.

 

Crítica de Harvey a los conceptos de capital humano y capital cultural

Imagen: David Harvey estos días (02.2020) impartiendo un nuevo curso on line sobre los Grundrisse de Marx. Fuente: http://davidharvey.org/2020/01/new-online-course-reading-marxs-grundrisse/

Harvey sobre capital humano y capital cultural…

Notas y traducción de JPL

Notas de introducción. Es relativamente común usar expresiones, y conceptos, tales como capital humano, capital cultural, capital social, capital ecológico, etc. Personalmente, me fastidia bastante, y quizás este fastidio lo haya aprendido con Harvey. Por supuesto, podemos usar las palabras y expresiones que queramos, y los conceptos significan algo distinto en cada sistema. El argumento en contra del uso de expresiones como capital humano, lo presenta a continuación Harvey, en este extracto de su libro Diecisiete contradicciones… (2014). Lógicamente depende de nuestra definición de capital – que pueden ser muchas cosas, pero que en Harvey-Marx es una cosa bastante concreta, aunque pueda ser definida de diferentes maneras. Sucintamente y en su forma más sencilla será para estos autores el dinero que se invierte en un proceso de producción que implica el empleo de trabajo asalariado y, por medio de éste, la generación de plusvalías; y cosas razonablemente asimilables a las anteriores. Algunos enlaces al final para ver más sobre esto…

Siguen unos párrafos de Harvey de 2014 donde critica el uso de los conceptos de capital humano y capital cultural. Los he traducido del original en inglés, aunque contrastando la traducción con la de J.M. Madariaga en Traficantes de Sueños, también del mismo año.

En el texto original aparecen diversas notas, entre otras a los textos de Becker y Bourdieu, que no se han incluido aquí. A partir de aquí y hasta el final sigue la cita de Harvey (2014, pp. 185-7).

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»La creación de una fuerza de trabajo altamente productiva dio lugar a lo que se llama la teoría del “capital humano”, que es una de las ideas económicas de amplia aceptación más extrañas que se pudiera imaginar. Tuvo su primera expresión en los escritos de Adam Smith, quien argumentaba que la adquisición de talentos productivos por parte de los trabajadores por medio de la «educación, el estudio o el aprendizaje, tendrá siempre un coste real, que supone un capital fijado – o fijo –, que, por decirlo así, se realiza en la persona. Estos talentos, en cuanto que forman parte de la fortuna de la persona, también lo serán de la sociedad a la que pertenece. La destreza mejorada [1] de un trabajador puede compararse con una máquina o un instrumento del oficio que facilita y abrevia el trabajo, y que, aunque suponga un cierto coste, lo recupera con un beneficio». La cuestión es, por supuesto, quién paga por la creación de estos talentos – trabajadores, estado, capital o alguna institución de la sociedad civil (como la Iglesia) – y quién recibe los beneficios (o profits – lucro – en el idioma de Smith).

»Por supuesto, es razonable esperar que el trabajo altamente cualificado y bien entrenado reciba una mayor remuneración que el trabajo no cualificado, pero esta expectativa es algo muy alejado de la idea de que un salario más alto sea una forma de ganancia que resulta de la inversión hecha por los trabajadores en su propia educación y habilidades (skills). El problema, como señaló Marx en su severa crítica de Adam Smith, es que el trabajador sólo puede realizar el mayor valor de sus habilidades trabajando para el capital bajo condiciones de explotación tales, que, al final, es el capital y no el trabajador el que se queda con los beneficios generados por la mayor productividad del trabajo.

»En tiempos recientes, por ejemplo, la productividad de los trabajadores ha aumentado notablemente mientras que la proporción de los resultados que ha correspondido al trabajo ha disminuido, no ha aumentado. En cualquier caso, si de verdad fuese capital lo que el trabajador poseyera en forma material, señalaba Marx, entonces él o ella tendrían el derecho de tumbarse y simplemente vivir del interés sin trabajar un solo día (el capital como relación de propiedad siempre tiene esta opción). Por lo que yo sé, el principal objetivo de la recuperación de la teoría del capital humano, de manos de Gary Becker en la década de 1960, por ejemplo, fue enterrar la importancia de las relaciones de clase entre capital y trabajo y hacer que pareciera como si todos fuéramos capitalistas que obtenemos diferentes tasas de beneficio sobre nuestro capital (humano o de otro tipo). Si los trabajadores estaban percibiendo salarios muy bajos, se podía argumentar que era simplemente la consecuencia de que los trabajadores ¡no habían invertido el suficiente esfuerzo en la construcción de su capital humano! Era, en resumen, su propia falta si estaban cobrando poco.

»Resulta así poco sorprendente que todas las principales instituciones del capital, desde los departamentos universitarios de Economía al Banco Mundial y el FMI, abrazasen de corazón estas ficciones teóricas, por razones ideológicas, que no, por supuesto, por sólidas razones intelectuales. Estas mismas instituciones han abrazado más recientemente y de manera similar la maravillosa ficción de que el sector informal de la reproducción social que domina en muchas ciudades del mundo en vías de desarrollo sea de hecho una bulliciosa masa de micro-empresas que tan sólo necesitan de unas dosis de micro-financiación (a tipos de interés usurarios, y que al final de la cadena acaban en el bolsillo de las grandes instituciones financieras) para poder convertirse en miembros perfectamente acreditados de la clase capitalista.

»Por exactamente las mismas razones, tengo profundas objeciones respecto de la caracterización que hace Bourdieu de las dotes (endowments) personales (que son sin duda de gran importancia en la vida social) como una forma de capital llamada «capital cultural».

»Mientras que resulta perfectamente adecuado enfatizar el papel de estas dotes como confirmación del estatus ocupado en nuestras sociedades y, así, en la reproducción de las distinciones de clase en el curso de la reproducción social, tratarlas como una forma de capital en el sentido que estamos usando aquí el término es mistificador, si no perverso.

»Sería decir que hay alguna forma de acumular riqueza e ingresos monetarios aprendiendo a apreciar a Scarlatti, si uno fuera francés, y a Snoop Dog, si fuera estadounidense.

»Donde si interviene la idea de capital cultural (pero no es eso lo que plantea Bourdieu) es en el branding y el marketing de bienes y lugares con el fin de generar rentas de monopolio (como en el caso de los buenos vinos y los destinos turísticos perfectos). Pero de lo que estamos tratando aquí es de la manufactura de símbolos de distinción que, en el caso de tener éxito, se conviertan en fuente permanente de rentas de monopolio y beneficio monetario. La diferenciación del producto para enfatizar que mi marca de pasta de dientes es única y especial ha sido siempre un modo de evitar el efecto nivelador del intercambio en el mercado. Quienes inventan el mundo simbólico que está detrás del branding de bienes y lugares – un trabajo manipulativo que está en el corazón de la publicidad contemporánea y de la industria turística – se convierten en agentes clave de la manipulación de los deseos humanos para la ganancia monetaria. Son, por supuesto, los capitalistas los que obtienen la ganancia monetaria y los que pagan por el branding de sus productos. Y en algunas instancias, ciertamente, no dudan en asociar a sus productos signos de clase y, más enfáticamente, seductoras imágenes de género. El capital sin duda usa este tipo de signos de distinción en sus prácticas y ofertas comerciales, pero esto no significa que la distinción sea una forma de capital, tal como propone Bourdieu, aunque con frecuencia pueda dar ocasión a rentas de monopolio si la distinción es única y original (como un cuadro de Picasso).

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#notas

[1] Esta única nota para reseñar una cosa curiosa, medio filológica. En su libro Keywords, Raymond Williams explica como el término improvement, que hoy interpretamos en principio como mejora sin particulares connotaciones empieza a usarse en relación con las fincas rurales que se mejoraban para ponerlas en producción, incluyendo los cerramientos, y siendo un proceso estrechamente relacionado con los famosos enclosures del inicio de la revolución industrial. Me llamó la atención esta expresión de improved skills, destrezas mejoradas, de la cita de Adam Smith, y el posible paralelo con la historia de Williams.

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#referencias

David Harvey, 2014, Seventeen Contradictions and the End of Capitalism, Profile Books, Londres

Traducción: DH – traducción de J.M. Madariaga -, 2014, Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo, Traficantes de Sueños, Madrid

Harvey sobre qué es el capital, síntesis reciente, traducción — también en este blog: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2019/01/11/que-es-el-capital-segun-marx-david-harvey-2017/

 

La experiencia de Arquitectura/Alicante ¿como referencia para la reforma universitaria? Un encuentro en Sevilla con J.M. Torres Nadal

Imagen: Lo/as participantes en la mesa de presentación del libro Arquitetcura in-dependiente en Sevilla en febrero de 2020 (en el post-acto, que como es habitual también dio su juego).
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La experiencia de Arquitectura/Alicante como referencia para la reforma universitaria. Un encuentro en Sevilla con J.M. Torres Nadal

José Pérez de Lama

El pasado día 6 “celebramos” en Sevilla – muy apropiado el verbo en esta ocasión – la presentación del libro de José María Torres Nadal y compañeros de la Escuela de Arquitectura de Alicante, titulado Arquitectura in-dependiente. El acto consistió en que varias colegas, Luz Fernández Valderrama, Paula V. Álvarez, Eva Morales y yo mismo, hicimos algunos comentarios y planteamos algunas preguntas que José María fue contestando mostrando diferentes partes del libro y supongo que añadiendo algunas cosas más. Parece que al público asistente le gustó bastante – aunque siendo amigos en su mayoría, quizás iban ya predispuestos. La cosa sucedió en el Colegio de Arquitectos de Sevilla, y con su patrocinio, y fue presentada y gestionada – incluso el post-acto – con ingenio y simpatía por el Vocal de Cultura del Colegio, Curro Gutiérrez Olivero.

Como éramos cuatro personas para comentar y preguntar, y sólo me llegó el libro en el propio acto, mis comentarios y preguntas los plantee más en torno a a mis experiencias en la Escuela de Arquitectura de Alicante –– y es que el libro trata de eso, de la historia de la Escuela, desde principios de los 80 hasta ahora – el tiempo que José María efectivamente ha estado allí, siendo su fundador y hasta su jubilación hace un par de años; — aunque en el libro se cuente más bien como una historia de ideas y experiencias, incluso aventuras diría uno, que una historia en su sentido más convencional.

Mis comentarios, muy al hilo de las lecturas de estos días, repasando a Deleuze y Guattari, además de como motivo de diálogo con Torres Nadal, también los veo apropiados como contribución para pensar nuestro futuro inmediato, ahora que se supone que vamos a plantear una reforma universitaria… Unas preguntas… o unas problematizaciones…

Son tres temas entrelazados: las sociedades de amigos (como en filosofía), las pasiones alegres (como condición para el conocimiento) y la experimentación (como alternativa a la reproducción y ampliación del estado de las cosas). Aquí los voy a elaborar un poquito mejor que lo hice en la mesa; – y es que mi madre me advirtió que no me fuese a enrollar… Y ya se sabe, siempre que sea posible, conviene hacer caso a las madres.

Como otras veces, he optado por escribir una nota rápida, en vez de tratar de hacer algo mucho más elaborado y que al final, pasado el entusiasmo del momento, que se quede sin publicar nada.
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[1] El tema de los amigos lo tomé de Deleuze-Guattari en ¿Qué es la filosofía?

Nota: en este punto se puede sustituir mentalmente filo-sofía por filo-arquitectura, sabiduría por arquitectura, conceptos por conceptos arquitectónicos o arquitecturas, etc.

Allí hablan de que la filosofía suele necesitar de personajes conceptuales que contribuyan a definir sus conceptos. «Amigos es un personaje de esta índole», que estaría asociado al origen griego de la filo-sofía: «las demás civilizaciones tenían Sabios, pero los griegos presentan a estos ‘amigos’ que no son meramente sabios más modestos. Son los griegos, al parecer, quienes ratificaron la muerte del Sabio y lo sustituyeron por los filósofos, los amigos de la Sabiduría, los que buscan la sabiduría, pero no la poseen formalmente. Pero no se trataría sencillamente de una diferencia de nivel, como en una gradación, entre el filósofo y el sabio […] Amigo de Platón, pero más aún amigo de la sabiduría, de la verdad, del concepto [¿de la arquitectura, quizás podríamos decir en nuestro caso? / …] El filósofo es un especialista en conceptos, y, a falta de conceptos. Sabe cuáles son inviables, arbitrarios o inconsistentes, cuáles no resisten ni un momento, y cuáles por el contrario están bien concebidos y ponen de manifiesto una creación, incluso perturbadora o peligrosa.»

»[…] Pues si el filósofo es el amigo o el amante del concepto, no es acaso porque lo pretende, empeñándose potencialmente en ello más que poseyéndolo de hecho?

»Pero además de la amigo de la sabiduría, el personaje de los amigos tiene al menos una segunda dimensión para Deleuze-Guattari que es el de la ciudad griega como sociedad de amigos:

»En este […] aspecto la filosofía parece algo griego y coincide con la aportación de las ciudades: haber formado sociedades de amigos o de iguales, pero también haber instaurado entre ellas y en cada una de ellas unas relaciones de rivalidad, oponiendo a unos pretendientes en todos los ámbitos, en el amor, los juegos, los tribunales, las magistraturas, la política, y hasta en el pensamiento, que no sólo encontrará su condición en el amigo sino en el pretendiente y en el rival […] La rivalidad de los hombres libres, un atletismo generalizado… (1991, pp. 8-10)

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¿No habría quizás demasiada necesidad de explicar lo anterior? Y a la vez se podría explicar e interpretar de muchas maneras, con énfasis incluso contradictorios. Destacaré alguna cuestión, entonces. La primera cuestión, la del amigo -la φιλία o filía – que no es un Sabio, y que no posee formalmente la sabiduría o el conocimiento, sino que es uno o una más entre los que la aman ola pretenden. Un posicionamiento muy diferente. La segunda es la de lo que los autores llaman «la ciudad», la sociedad de amigos-iguales, – en la que no hay una instancia o autoridad superior o trascendente que dice cual es la verdad, qué el lo bueno y lo malo: dioses o sacerdocios varios, ya sean divinos, burocráticos, mercantiles, estatales o de las metrópolis de turno.

Uno diría que el conocimiento se situaría entonces, por un lado, como una cuestión de producción o multiplicación de singularidades; y como una circunstancia que tiene que ver con lo concreto, lo situado y este atletismo generalizado, pero que tiene lugar-ocasión entre amigos-rivales – quizás podríamos decir que forman un cierto ecosistema-ciudad; atravesado por la amistad de la filo-sofía, o de la filo-arquitectura en nuestro caso… Deleuze-Guattari hablan de inmanencia frente a trascendencia…

Nota 2: Hoy, estos de los amigos sin duda habría que formularlo como amigos/as, amigues o como cada cual guste mejor.

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[2] El segundo tema que planteé fue el de las pasiones alegres; el de la necesidad de diseñar o construir una institución (en nuestro caso de aprendizaje e investigación) en torno a las pasiones alegres. Como quizás recordarán los lectores este es un tema spinoziano comentado por Deleuze, entre muchos otros. Se pueden ver algunos posts recientes en este mismo blog para refrescar el asunto [*]. Muy sintéticamente, la idea es que las pasiones alegres son aquellas que dan lugar en nosotros un aumento de la potencia de acción o de la fuerza de existir – mientras que las tristes dan lugar a una reducción de la potencia y la fuerza de existir. De las pasiones, sentimientos o afectos que nos pasan, percibimos la alegría o la tristeza, y sus sentimientos derivadas, pero no dejan de ser ideas inadecuadas: no entendemos bien o sólo lo hacemos de manera confusa por qué nos producen alegría – o tristeza. Maite Larrauri (2003) profundiza algo más y nos dice que sólo por medio de las pasiones alegres podemos llegar a tener ideas adecuadas, y esto sería un segundo modo de conocimiento que tendrían que ver con la razón y con entender las razones por las que encontrarnos con ciertos cuerpos – personas, cosas… – aumentan nuestra potencia. Para Spinoza esto tendría que ver de nuevo con la singularidad, y con lo que llaman las nociones comunes, la comprensión de las relaciones.

Este desvío relativo viene a cuento de que para Spinoza, sólo de las pasiones alegres se deriva la posibilidad de aprender, de convertir las pasiones en acciones, de organizarnos activamente en la construcción de una mayor potencia, y de un conocimiento más adecuado.

La idea en fin, entonces, sería la de construir, en nuestro caso, la universidad, no ya en torno a pasiones tristes o a situaciones conductistas de palo-zanahoria; que sin duda logran dar forma a las poblaciones, etc., pero en torno a una cierta tristeza o el menos mediocridad en las razones por las que nos movemos; las almas rotas que quieren los tiranos, dice Spinoza en alguna ocasión. Sino tratar de hacerlo en torno a la alegría. – una temporada que fui subdirector de Calidad de mi centro debido a algún tipo de cambalache administrativo, al principio pensé que aquello de la calidad tendría que ver con esta alegría spinoziana, la libertad, el bienestar, la salud y cosas así; – demasiado pronto descubrí, sin embargo, que era más bien otro esquema burocrático más; con sus dosis de buena intención, no lo dudo, pero muy alejado de un planteamiento spinozista.

¿Cómo construimos una institución – o una sociedad, por otra parte –, al menos en cierto grado, en torno a las pasiones alegres? Me parece una buena pregunta…

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[3] Finalmente estuvo el tema de la experimentación, o al menos estaba en mis notas y en mi mente, aunque es posible que no llegara a desarrollarlo casi nada. A mi al menos, me hablan de la Escuela de Arquitectura de Alicante y pienso en experimentación. Aunque Deleuze-Guattari son un ejemplo concreto de experimentación permanente, como tema filosófico yo lo conozco mejor en el marco del pragmatismo clásico (fundamentalmente Dewey). La importancia de la experimentación estaría relacionada con la idea del carácter provisional y perfectible del conocimiento: lo que tenemos no es la verdad definitiva, tampoco es necesariamente lo adecuado a un tiempo actual y futuro que es y será diferente de los tiempos anteriores en que se conformaron los conocimientos heredados. Además, frente a la idea de que las instituciones -y la Universidad en particular – tengan entre sus funciones la de reproducir – incluso ampliar o extender – el mundo tal como lo conocemos, las condiciones y relaciones que lo conforman; desplazar el equilibrio en el mundo universitario hacia la experimentación supone resistirse u oponerse a esta reproducción, tratando de situar el énfasis en el planteamiento de alternativas; – en nuestra situación actual, por ejemplo, en el caso del cambio climático o los desequilibrios sociales o la precarización de la vida, a algunos nos parece muy importante.

Ocurre por supuesto que la experimentación que podríamos llamar radical ofrece pocas seguridades en cuanto a sus resultados. Por decirlo un poco en plan bruto: experimentación y resultadismo no se llevan demasiado bien. Lo cual encaja mal con los sistemas de puntuaciones, impactos cuantitativos, transferencias a los mercados y cosas del estilo, – cuantofrenia lo he llamado en ocasiones, para meterme con algún colega –, que desde hace algún tiempo cada vez dominan más la vida social; – aquello que Deleuze, por cerrar con quien habíamos empezado, vislumbró muy a principios de los 90 como nueva forma emergente de poder y organización de las sociedades y que llamó las sociedades de control (1991.2).

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Estas son algunas cosas que se me ocurrían al pensar en la Escuela de Arquitectura de Alicante y en José María Torres Nadal. Esta escuela, y alguna otra que he conocido, serían lugares en los que no sin contradicciones, por supuesto, funcionaban estos temas que aquí comento.

De cara a la posible reforma universitaria se plantean más como preguntas o problematizaciones. ¿Cómo se podrían trasladar estos principios, si es que se consideraran interesantes, de un entorno más o menos reducido a uno muchísimo más amplio? ¿Se trata de algo que depende más de las relaciones entre las personas concretas que de una organización normativa? ¿Lo que puede ser adecuado para una cierta situación institucional y humana puede que no lo sea para otras? Etc. Como uno no tiene que tomar decisiones ahora sobre esto, y no le ve demasiado sentido a desarrollar «soluciones» que luego se quedan habitualmente en un cajón, me permito el lujo de limitarme a plantear las preguntas. Aunque supongo que si tuviera que decidir en algún momento, lo haría como lo he hecho tantas veces, – tal vez con la ayuda de amigos – , pero sí que trataría de tener en consideración estas cuestiones que nos plantean los amigos de Alicante. ___ También puede pensarse que son temas relativamente viejos y que a muchos les serán familiares, en cualquier caso… Lo que es más singular, quizás, es que se lleven a la práctica de manera duradera y con un cierto carácter institucional…

Vale.

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#nota

[*] a) El tema de las pasiones alegres en los movimientos sociales pre-15M (y alguna cosa más), 10.2019; b) Spinoza-Deleuze sobre composición — cita & nota breve, 02.2020

#referencias

Gilles Deleuze, Félix Guattari, 1999 [1991], ¿Qué es la filosofía?, Anagrama, Barcelona

Gilles Deleuze, 1991.2, Posdata sobre la sociedad de control, disponible, por ejemplo, aquí: http://theomai.unq.edu.ar/conflictos_sociales/Deleuze_Postdata_sociedad_control.pdf | accedido 13/01/2020

Gilles Deleuze, 1986 [1970-81], Spinoza: filosofía práctica, Tusquets, Barcelona

Steven Fesmire, 2015, Dewey, Routledge, Nueva York

Maite Larrauri, Max, 2003, La felicidad según Spinoza, Tándem, Valencia

José María Torres Nadal, 2019, Arquitectura in-dependiente, Universidad de Alicante, Alicante

Spinoza-Deleuze sobre composición — cita & nota breve


Prueba de cartografía de los comentarios de Deleuze (1981) sobre afecciones y afectos en Spinoza, 2020

JPL

Como uno «es» profesor de Composición Arquitectónica, las cosas que mencionan esto de la «composición» le suelen llamar la atención… — un tema bastante deleuziano-guattariano, sí. — Aquí, del libro de Deleuze sobre Spinoza (el segundo). Añado entre corchetes alguna ayuda para comprender mejor el lenguaje a veces complejo y algo escolástico de Spinoza — sobre todo empezando por el medio, como plantea de Deleuze… También he hecho dos pequeños ediciones que se muestran en azul y cursiva, que creo que hacen que se entienda mejor.

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»Un modo existente se define por un determinado poder de afección [aquí modo sería un cuerpo o una cierta propiedad de un cuerpo]. Cuando se encuentra con otro modo [cuerpo, propiedad…], puede suceder que éste le sea «bueno», es decir, que se componga con él, o por el contrario le descomponga y le sea «malo»; en el primer caso, el modo existente pasa a una perfección más grande; en el segundo caso, a una menos grande. Según el caso, se dice que su potencia de acción o fuerza de existir aumenta o disminuye, puesto que la potencia del otro modo se añade a la suya, o por el contrario se le sustrae, la inmoviliza y fija (Ética IV, 18, dem.). Al paso de una perfección más grande, o al aumento de la potencia de acción, se le llama afecto o sentimiento de alegría; a la disminución de la potencia de acción, tristeza. Así es como la potencia de acción varía conforme a causas exteriores para un mismo poder de afección [el poder de afección sería algo propio de los modos-cuerpos, y es  algo ambiguo en cuanto que puede ser poder de afectar o de ser afectado]. El afecto-sentimiento [la alegría o la tristeza] se sigue efectivamente de una afección-imagen o idea que lo supone ([imagen o] idea del cuerpo que conviene o no con el nuestro); y, cuando el afecto se vuelve sobre la idea de la que procede, la alegría se torna amor, y la tristeza, odio. Así, las diversas series de afecciones y afectos despliegan constantemente, pero en condiciones variables, el poder de afección.

Gilles Deleuze, 1986, Spinoza: filosofía práctica, Tusquets, Barcelona; pp. 63-64

Comentario: La cosa es más complicada de lo que parece en primera instancia… Se parece a la interpretación de los estoicos — en la que la afección [idea o sentimiento] en primera instancia sería una idea inadecuada [errónea] como la hypolepsis que comentamos en otro post [errónea o equivocada de por qué el otro cuerpo nos conviene o no, se compone bien con nosotros o nos descompone]. Pero como subraya Deleuze, no se trata de un proceso exclusivamente mental, [para Spinoza no hay separación o independencia entre mente y cuerpo], sino que se trata de dos procesos paralelos: el otro cuerpo efectivamente aumenta o reduce nuestra fuerza de existir o nuestra potencia – Deleuze dice en algún momento que es un proceso comparable a lo físico-químico y en otro momento a lo biológico], y afecciones y afectos son más bien, a) la forma en que nos lo representamos (las afecciones-imágenes-o-ideas) y b) los síntomas, cabría decir, (afectos-o-sentimientos), la manera cómo percibimos estas variaciones de potencia o de perfección… Por eso, las afecciones, al menos tal como se describen aquí por Deleuze, no causan el aumento o reducción de la potencia — estos son causados por la composición con un cuerpo que me conviene o la descomposición causada por uno que no me conviene; — como tampoco lo hacen los afectos, que serían más bien un efecto del aumento o reducción de la potencia; o, tal vez más precisamente, la manera en que se manifiestan estas variaciones en nuestro estado de ánimo… —- Todas estas diferencias y matices sirven luego a Spinoza para elaborar sus dos formas de conocimiento superior (razón-nociones comunes & intuición-beatitudhilaritas), que nos harían capaces de entender mejor, más activamente, y de dominar o dirigir… los procesos que en esta primera instancia se nos manifiestan como afecciones y afectos pasivos: Spinoza los sitúa en el ámbito de las pasiones. — Bueno, ahí ando estudiando…

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Quizás, para enredarlo un poco, y en relación con la idea de composición, podría acompañarse de una cita de Bertand Russell sobre quien leía algunas cosas sueltas también estos días:

»This is not materialism: it is merely the recognition that everything interesting is a matter of organization, not of primal substance. / Esto no es materialismo: es meramente el reconocimiento de que todo lo interesante es cuestión de organización, no de esencias originales.

Aunque Spinoza tendrá mucho que decir al final de la Ética sobre las esencias — o sobre la esencia… aún no lo tengo claro si es una o son múltiples en su sistema filosófico…

Las lecturas de Russell de momento las he estado haciendo casi todas en el interesante blog brainpickings: https://www.brainpickings.org/tag/bertrand-russell/

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Performances secretas

Performances secretas

José Pérez de Lama

El hombre moderno piensa que todo debe ser hecho en función de algún objetivo, nunca por el propio valor de lo que se hace. Bertrand Russell, 1932, Elogio de la ociosidad [1]

No hay necesidad de tener prisa. No hay necesidad de brillar. No hay necesidad de ser nadie más que uno mismo. Virginia Woolf [2]

Desde hace poco tiempo vengo haciendo algunas performances secretas (performance como en arte). Algunas las hago con mi padre nonagenario. Aunque sea poco cool, tengo que reconocer que con frecuencia nos aburrimos. Invento estas cosas para tratar de entretenernos. Otras las hago yo solo.

Como son secretas habitualmente no las cuento. Pero ésta que hice ayer, como me parece perfectamente inofensiva, la voy a contar.

Resulta que cuando voy al supermercado me gusta escribir la lista a mano en una hoja de papel doblada en tres — como quizás pueda apreciarse en la imagen de arriba. No es que no sepa escribir la lista de la compra en el móvil, incluso subirla a la nube y esas cosas. Pero me gusta escribirla a mano, y, en especial, el gesto de sacar el papel del bolsillo mientras doy vueltas por el súper tratando de leerlo.

En esta ocasión doblé el papel en seis: el habitual pliegue en tres, como un tríptico, y éste luego doblado por la mitad. En la parte de arriba escribí normalmente la lista de la compra. Pero en esta ocasión, en la parte de abajo escribí unas líneas de Kafka, de las Cartas a Milena, que había leído estos días en Twitter y me habían llamado la atención. Decían así:

«Constantemente trato de comunicar algo incomunicable, de explicar algo inexplicable, de contar algo que sólo siento en mis huesos y que sólo puede ser sentido en estos huesos».

Con el papel así escrito me fui a la compra. Bueno, en realidad, una vez que estaba en la calle me di cuenta de que se me había olvidado el papelito y tuve que subir de nuevo a recogerlo.

Recién había estado enfermo con unas fiebres invernales y hacía tiempo que no salía por lo que me sentía un poco raro. Pero llegué al súper, (pos)moderno y limpio, y actué exactamente igual que lo hubiera hecho otras veces. Aunque dentro del supermercado hacía un frío impresionante encontré bastante rápido todas las cosas de la lista, y añadí alguna más.

A la hora de pagar estaba mi cajera pereferida que suele trabajar los sábados. Le pregunté si todo le iba bien, y me contestó bastante formalmente. Pero me dio la sensación de que sí, de que todo le iba bien. Pagué con billetes, — otra lucha que uno mantiene contra los crecientes niveles de abstracción –, metí las cosas en las bolsas políticamente correctas que traía de casa y me despedí y salí y volví a casa como si todo hubiera sido normal y como siempre.

Esa fue la performance. Me lo pasé bastante bien haciéndola.

Saludos.

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#notas

[1] The modern man thinks that everything ought
to be done for the sake of something else, and
never for its own sake.
Bertrand Russell, 1932, In Praise if Idleness

[2] No need to hurry. No need to sparkle. No need to be anyone but yourself. Virginia Woolf