Todas las entradas por arquitecturacontable

Acerca de arquitecturacontable

Personalidad colectiva compuesta por Teresa Duarte, David Patiño y José Pérez de Lama, amigos, profesores, activistas

El rechazo de la teoría del valor-trabajo por parte de Marx – según David Harvey

Figura 1: Diagrama de los ciclos de producción, (acumulación) y reproducción social, según David Harvey. Fuente: David Harvey, en el link que se indica más abajo.

El rechazo de la teoría del valor-trabajo por parte de Marx

David Harvey, 1 de marzo de 2018

Traducción del original en inglés disponible on line en:
http://davidharvey.org/2018/03/marxs-refusal-of-the-labour-theory-of-value-by-david-harvey/

Traducción de José Pérez de Lama, 08.2018

Comentario introductorio del traductor: un texto algo técnico, que me temo que no he comprendido del todo bien, pero que quizás por eso me ha intrigado mucho. Responde a juicio del traductor a  los actuales debates sobre creación de valor, trabajo y cambio tecnológico (la cuestión del “General Intellect”) y sobre la reproducción social… Y cuestiona lo que siempre había creído sobre el valor-trabajo en Marx, y que había aprendido estudiando al propio Harvey. 🙂

Harvey plantea, efectivamente, que Marx parte de la teoría del valor-trabajo de Ricardo, en primera instancia, dándole una mayor sistematización, para a continuación cuestionarla, pasando a plantear una nueva teoría del valor, más compleja, dinámica y dialéctica, en la que el valor sería el resultado de las interacciones de una red que trasciende el proceso de producción, y que incluiría, entre otras cuestiones, la innovación tecnológica y organizativa (el ámbito de la plusvalía relativa) y la reproducción social del trabajo (la capacidad adquisitiva de l*s trabajador*s, formas de vida, el estatus del ejército de reserva de trabajador*s…… Personalmente, tendré que pensar y profundizar más sobre el asunto, que en cualquier caso me parece de lo más interesante.

He añadido algún subtítulo al texto para, espero, facilitar su lectura. También una imagen/diagrama final. La presente es una traducción de trabajo.

*

El rechazo de la teoría del valor-trabajo por parte de Marx

David Harvey

Es una creencia extendida el considerar que Marx adaptó la teoría del valor-trabajo (labour theory of value) de Ricardo como concepto fundamental de sus estudios sobre la acumulación capitalista. Dado que la teoría del valor-trabajo ha sido generalmente desacreditada, se suele afirmar con autoridad que las teorías de Marx no se sostienen. Pero en ningún lugar, de hecho, declara Marx su fidelidad a la teoría del valor-trabajo. Era una teoría de Ricardo, quien reconocía que era profundamente problemática aunque insistiera en que el valor constituía una cuestión crítica para el estudio de la economía política. En las pocas ocasiones en que Marx comenta directamente sobre este asunto, [1] se refiere a la “teoría del valor” y no a la teoría del valor-trabajo. Entonces, ¿cuál era la teoría del valor distintiva de Marx y cómo difiere de la teoría del valor-trabajo?

La respuesta (como es habitual) es complicada en sus detalles pero sus grandes líneas pueden ser reconstruidas a partir de la estructura del primer volumen del Capital. [2]

Marx empieza aquel trabajo examinando la apariencia superficial del valor de uso y el valor de cambio en el acto material del intercambio de mercancías y postula la existencia del valor (una relación inmaterial pero objetiva). Este valor es inicialmente considerado como una reflexión del trabajo social (abstracto) congelado en las mercancías (capítulo 1). En tanto que norma reguladora en el mercado, el valor puede existir, muestra Marx, sólo cuando el intercambio de mercancías se ha convertido en “un acto social normal.” Esta normalización depende de la existencia de las relaciones de propiedad privada, individuos jurídicos y mercados perfectamente competitivos (capítulo 2). Un mercado tal sólo puede funcionar con la emergencia de las formas monetarias (capítulo 3) que facilitan y lubrican las relaciones de intercambio de maneras eficientes, a la vez que ofrecen un vehículo conveniente para el almacenamiento de valor. El dinero, así, entra en el panorama como una representación material del valor. El valor no puede existir sin su representación. Entre los capítulos 4 y 6, Marx muestra que sólo en un sistema en el que la actividad económica tiene por finalidad y objeto la producción de mercancías el intercambio se convierte en un acto social necesario a la vez que normal. Es la circulación de dinero como capital (capítulo 5) la que consolida las condiciones para que la forma de valor distintiva del capital se convierta en norma reguladora. Pero la circulación de capital presupone la existencia previa del trabajo asalariado en tanto que mercancía que puede comprarse y venderse en el mercado (capítulo 6). El proceso a través del cual el trabajo se convirtió en esta mercancía antes de la emergencia del capitalismo es el objeto de la Parte 8 del Capital, que trata de la acumulación primitiva u original.

El concepto de capital como proceso – como valor en movimiento – basado en la compra de fuerza de trabajo y medios de producción está inextricablemente entretejido con la emergencia de la forma del valor. Una analogía simple aunque burda del argumento de Marx puede ser ésta: la vitalidad del cuerpo humano depende de la circulación de la sangre, que no tiene existencia fuera del cuerpo humano. Los dos fenómenos son mutuamente constitutivos. De manera parecida, la formación de valor no puede ser entendida fuera del proceso de circulación que la alberga. Lo que importa es la interdependencia mutua en el interior de la totalidad de la circulación de capital. En el caso del capital, sin embargo, el proceso aparece no solo como auto-reproductivo (cíclico) sino también como auto-expansivo (la forma espiral de la acumulación). Esto es así porque la busca de ganancia y plusvalía impulsa los intercambios de mercancías, que a su vez sostienen la forma de valor. De esta manera, el valor se convierte en una norma regulatoria embebida en la esfera del intercambio sólo en las condiciones de la acumulación de capital.

Aunque los pasos del argumento son complicados, Marx parece haber hecho poco más que sintetizar y formalizar la teoría del valor-trabajo de Ricardo embebiéndola en el conjunto de la circulación y acumulación según se presenta en la Figura 1 (presentada aquí al inicio del texto). La sofisticación y la elegancia del argumento han seducido a muchos de los seguidores de Marx haciéndoles pensar que éste era el final de la historia. Si esto fuera así, muchas de las críticas lanzadas en contra de la teoría del valor de Marx estarían justificadas. Pero éste no es el final. Es, de hecho, el principio. La esperanza de Ricardo era que la teoría del valor-trabajo pudiera ofrecer la base para entender la formación de precios. Es esta esperanza la que subsiguientes análisis han machacado implacable y correctamente. Marx entendió muy pronto que esto era una esperanza imposible, aunque frecuentemente intercambiaba en sus presentaciones (sospecho que por motivos tácticos) el uso de los términos valor y precio como si fuera aproximadamente la misma cosa. En otras instancias estudió las divergencias sistemáticas. En el Volumen 1, Marx reconoce que cosas como la conciencia, el honor o las tierras sin cultivar pueden tener un precio y sin embargo no tener valor. En el Volumen 3 del Capital, explora cómo la igualación en el mercado de la tasa de beneficio (rate of profit) conduciría a que las mercancías se intercambiaran no según su valor sino de acuerdo con los así-llamados “precios de producción.”

*

Teoría del valor e innovación organizativa y tecnológica. Teoría del trabajo-valor

Pero el principal objeto de interés de Marx no era la formación de precios; él tenía una agenda diferente. Los capítulos 7 a 25 del Volumen 1 describen en intrincado detalle las consecuencias que tienen para los trabajadores y las trabajadoras [t1] el vivir y trabajar en un mundo gobernado por la ley del valor tal como es constituida por la generalización y normalización del intercambio en el mercado. Esta es la famosa transición, al final del capítulo 6, en la que Marx nos invita a abandonar la esfera de la circulación, “un verdadero edén de los derechos del hombre” en la que “gobiernan solas la Libertad, la Igualdad, la Propiedad y Bentham.” Y así nos sumergimos en “la morada escondida de la producción” en la que veremos “no sólo cómo produce el capital, sino también cómo el capital es producido.” Será sólo aquí, además, donde veremos cómo se forma el valor.

Las leyes coercitivas de la competición en el mercado fuerzan al capitalista individual a extender la jornada de trabajo lo máximo posible, amenazando la vida y el bienestar del trabajador en ausencia de fuerzas que la limiten tales como la legislación para acotar la duración de la jornada de trabajo (capítulo 10). En capítulos siguientes, estas mismas fuerzas coercitivas empujan al capital en busca de innovaciones tecnológicas y organizativas, para movilizar y apropiarse de las fuerzas inherentes a la cooperación entre trabajadores y a la división del trabajo, a diseñar maquinaria y sistemas de producción fabril, a movilizar las fuerzas de la educación, el conocimiento, la ciencia y la tecnología, todo en busca de la plusvalía relativa. El efecto agregado (capítulo 25) es el deterioro de la posición del trabajador, la creación de un ejército industrial de reserva, la imposición de condiciones de trabajo de miseria abyecta y desesperación entre las clases trabajadoras y la condena de mucha parte de los trabajadores a vivir en condiciones de reproducción social que son miserables en extremo.

Esto es a lo que Diane Elson, en su artículo seminal sobre el asunto, llama “la teoría del trabajo-valor” (value theory of labor), una teoría que se centra en las consecuencias del valor, funcionando como norma reguladora en el mercado, para los trabajadores que están condenados por su situación a trabajar para el capital. Estos capítulos también explican por qué Bertell Ollman considera que la teoría del valor de Marx es una teoría de la alienación del trabajo en la producción más que un fenómeno de mercado. [3]

Pero la productividad y la intensidad del trabajo están perpetuamente cambiando bajo las presiones de la competición en el mercado (tal como se describe en los capítulos posteriores del Capital). Esto significa que la formulación del valor en el primer capítulo del Capital es revolucionada por lo que viene después. El valor se convierte en una conectividad interna inestable y en permanente evolución (una relación interna o dialéctica) entre el valor según es definido en el mercado en el ámbito de la circulación y el valor en tanto que redefinido constantemente a través de las revoluciones en el ámbito de la producción. Anteriormente en los Grundrisse (pp. 690-711), Marx había especulado, en un famoso “fragmento sobre las máquinas,” que la incorporación del conocimiento humano en el capital fijo disolvería completamente el significado del valor a menos de que hubiera fuerzas o razones irresistibles que lo restaurasen. [4] En el Volumen 3 del Capital, Marx da mucha importancia al impacto de los cambios tecnológicos sobre el valor conduciendo a la tesis de los beneficios (rendimientos) decrecientes. La relación contradictoria entre el valor según es definido en el mercado y el valor reconstruido por las transformaciones en el proceso de trabajo es central en el pensamiento de Marx.

El cambio de productividad del trabajo, desde luego, es un aspecto fundamental en todas las formas de análisis económico. En el caso de Marx, sin embargo, no es la productividad física del trabajo enfatizada en la economía política clásica y neoclásica lo que cuenta. Lo que importa a Marx es la productividad del trabajo en relación con la producción de plusvalía. Esto sitúa la relación entre la busca de plusvalía relativa (a través de las innovaciones tecnológicas y organizativas) y los valores de mercado en el centro de la teoría del valor de Marx.

Una primera aproximación a la teoría del valor de Marx, concluyo, se centra en la unidad, constantemente cambiante y contradictoria, entre aquello que se refiere tradicionalmente como la teoría del valor-trabajo en la esfera del mercado (tal como se establece en los primeros seis capítulos del Capital) y la teoría del trabajo-valor en la esfera de la producción (según se analiza en los capítulos 7 al 25 del Capital).

*

Teoría del valor y reproducción social

Pero los materiales presentados en el capítulo 25 del Capital sugieren que no es sólo la experiencia del proceso de trabajo lo que está en juego en la teoría del valor. Marx describe las condiciones de reproducción social de todos aquellos que han sido reducidos por el funcionamiento de la ley general de la acumulación de capital a formar parte del ejército industrial de reserva (el objeto del capítulo 25). Cita informes oficiales relativos a la salud pública en la Inglaterra rural (especialmente los de un cierto Dr. Hunter), así como otras informaciones sobre la vida diaria en Irlanda y Bélgica, junto con el estudio de Engels sobre La condición de la clase obrera inglesa en 1844. El consenso de todos estos informes es que las condiciones de la reproducción social para este segmento de la clase trabajadora eran peores que cualquier cosa oída bajo el feudalismo. Las aterradoras condiciones de alimentación, vivienda, educación, sobrepoblación, relaciones de género y perpetuo desplazamiento se veían exacerbadas por las políticas punitivas de asistencia social (notablemente las Poor Laws – Leyes del pobre – en Gran Bretaña). Se señala el dato angustioso de que la alimentación de los prisioneros en la cárcel era superior a la de los empobrecidos fuera de ésta (¡ay!, este sigue siendo el caso en los EEUU). Esto abre el camino hacia una importante extensión de la teoría del valor de Marx. Las consecuencias de la intensificación de la competición capitalista en el mercado (incluida la busca de la plusvalía relativa a través del cambio tecnológico) produce el deterioro de las condiciones de reproducción social de las clases trabajadoras (o segmentos significativos de ésta) si no se ponen en funcionamiento fuerzas compensatorias o políticas públicas que contrarresten estos efectos.

De la misma manera que la teoría del valor-trabajo es fundacional para la aproximación al valor de Marx, también la “teoría del valor de la reproducción social” emerge como un importante foco de estudio. Esta es la perspectiva que abre Marx en las últimas secciones del capítulo 25 del Volumen 1 del Capital. Y este es el foco de atención de aquellas marxistas feministas que han trabajado asiduamente durante los últimos cuarenta años en la construcción de una teoría adecuada de la reproducción social. [5]

Marx (Capital, Volumen 1, p. 827) cita un informe oficial sobre las condiciones de vida de la mayoría de los trabajadores en Bélgica, que se ven forzados “a vivir más económicamente que los presos” en las cárceles. Estos trabajadores “recurren a medidas cuyos secretos solo son conocidos (por ellos mismos): reducen sus raciones diarias; substituyen el trigo por pan de centeno; comen menos carne, o incluso ninguna carne, e igual con la mantequilla o los condimentos; se tienen que conformar con una o dos habitaciones en las que la familia se apretuja, en las que los niños y niñas duermen juntos, a veces en el mismo colchón; ahorran en ropa, lavado y decencia; abandonan las diversiones del domingo; en resumen, se resignan a las más dolorosas privaciones. Una vez que se alcanza este límite extremo, la más mínima interrupción del trabajo, la enfermedad más leve, aumenta la miseria del trabajador y lo lleva al desastre total; las deudas se acumulan, la ropa y los muebles más necesarios son empeñados, y finalmente la familia pide que se la apunte en la lista de los pobres.” Si este es el típico resultado del funcionamiento de la ley capitalista de acumulación, existe entonces una profunda contradicción entre las condiciones en deterioro de la reproducción social y la necesidad del capital de perpetua expansión  del mercado. Tal como señala Marx en el Volumen 2 del Capital, la razón real de las crisis capitalistas radica en la supresión de salarios y en la reducción de la masa de la población al estado de pobres absolutos (pennyless). Si no hay mercado, no hay valor. Las contradicciones planteadas desde el punto de vista de la teoría de la reproducción social a los valores en tanto que generados en el mercado son múltiples. Si, por ejemplo, en el ejército de reserva no hay trabajadores sanos, educados, disciplinados y capacitados éste ya no puede cumplir con su función.

Las relaciones dialécticas entre procesos competitivos de mercado, producción de plusvalía y reproducción social emergen como elementos de la formación de valor mutuamente constitutivos a la vez que profundamente contradictorios. Un marco de análisis de este tipo ofrece una manera intrigante de preservar a nivel teórico las especificidades y diferencias de la teoría del valor sin abandonar el concepto general de que el capital perpetuamente se reconstruye a sí mismo a través de sus prácticas.

Otras posibles consideraciones

Deben considerarse, además, otras modificaciones, extensiones y elaboraciones de la teoría del valor. La tensa y contradictoria relación entre producción y realización (venta, consumo) se sostiene sobre el hecho de que el valor depende de la existencia de carencias (wants), necesidades y deseos respaldada por la capacidad de pagar por parte de una población de consumidores. Estas carencias, necesidades y deseos están profundamente embebidas en el mundo de la reproducción social. Sin éstas, tal como Marx señala en el primer capítulo del Capital, no existe valor alguno. Esto introduce en las discusión la idea de “no-valor” o “anti-valor.” También significa que la disminución de los salarios a casi nada será contraproductiva de cara a la realización en el mercado del valor y el plusvalor. Subir los salarios para asegurar el “consumo racional” desde el punto de vista del capital y colonizar la vida diaria como campo del consumismo son cuestiones cruciales para la teoría del valor.

Aún más, lo que ocurre cuando la presunción de competición perfecta deja su lugar al monopolio en general y a la competición monopolística inherente a la organización social del espacio de la circulación de capital plantea otro conjunto de problemas que tienen que ser resueltos en el marco del valor. He sugerido recientemente, siguiendo algunas formulaciones relevantes de Marx, que la aceptación convencional de la idea de una única expresión del valor debería ser remplazada por el reconocimiento de regímenes de valor distintivos según las regiones de la economía global.

La forma del valor de Marx, concluyo, no es un punto de apoyo fijo y estable sobre el que se apoya la turbulenta circulación del capital alrededor del mundo, sino una métrica inestable y constantemente cambiante, que se desplazada hacía aquí y hacia allá por el empuje de la anarquía de los mercados, por las revolucionarias transformaciones de las tecnologías y formas de organización, por el despliegue concreto de las prácticas de reproducción y, por las masivas transformaciones en las aspiraciones, necesidades y deseos de poblaciones completas expresadas en sus culturas de la vida cotidiana. Esto va mucho más allá de lo que Ricardo tenía en mente y va igualmente mucho más allá de la concepción del valor que se atribuye convencionalmente a Marx.

*
*      *

Figura 2: Diagrama del framework de cambio propuesto por Harvey (2010 y otros) en su interpretación de Marx (El capital). En este marco se reconocen los elementos que plantea el autor al final del presente texto como componentes del ecosistema – o campo rizomático – en el que se genera el valor, o se generan diferentes valores. En este diagrama, concebido en otro contexto, el traductor añadió un séptimo componente que sería el de las prácticas espaciales.

#notas del traductor

[t1] A partir de esta primera mención de los trabajadores y las trabajadoras he optado por traducir workers, que carece de género, por trabajadores, – evitando a partir de aquí el “los/las” -, asumiendo que a partir de aquí trabajadores incluye también trabajadoras. He preferido no usar los sinónimos aproximados Trabajo o clase trabajadora como quizás podría haberse hecho: trabajadores/as, para mí, señala más específicamente los cuerpos e individuos frente a los más abstractos Trabajo (Labour) y clase, que sí que son usados por Marx y Harvey, aunque, en mi opinión, con matices diferentes de cuando escriben workers. | [backToText]

#notas del autor

[1] Véase “Notes on Adolph Wagner,” en Marx, K., Value: Studies by Marx (ed. A. Dragstedt), London: New Park Publications, 1976 | [backToText]í

[2] Mucho de lo que sigue deriva de Harvey, D., Marx, Capital and the Madness of Economic Reason, London, Profile Books; New York, Oxford University Press, 2017 | [backToText]

[3] Elson, D., “The Value Theory of Labour,” in Elson, D. (ed.) Value: the Representation of Labour in Capitalism, London, CSE Books, 1979; Ollman, B., Alienation, London, Cambridge University Press, 1971. | [backToText]

[4] El llamdo “fragmento sobre las máquinas” ha sido ampliamente debatido en años recientes. Véase, Carlo Vercellone, “From Formal Subsumption to General Intellect: Elements for a Marxist Reading of the Thesis of Cognitive Capitalism,” Historical Materialism15 (2007) 13–36. | [backToText]

[5] Véase la reciente revisión y colección en Bhattacharya, T., Social Reproduction Theory: Remapping Class, Recentering Oppression, London, Pluto Press, 2017. | [backToText]

Anuncios

¿Por qué las empresas no contribuyen a la sociedad de acuerdo con sus capacidades económicas?(*)

lumpen_hacienda_somos_todos_vosotros

Lumpen (https://milapiz.es/viñeta/hacienda-somos-todos-vosotros)

 

Teresa Duarte

En el ámbito económico y político, y tomando fuerza tras el cambio de gobierno, existe una gran polémica en torno al impuesto de sociedades. Mientras que el actual ejecutivo aboga por un cambio de la Ley de Impuesto sobre Sociedades (LIS), inspirándose en el artículo 31 de la CE “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica” y estableciendo un tipo mínimo en torno al 15%, la CEOE sostiene que la subida “lastraría la competitividad de las empresas” [1]. Para que las y los ciudadanos de a pie nos formemos una idea informada sobre si las empresas pagan impuestos sobre sociedades de acuerdo con sus capacidades económicas, es necesario analizar cuál ha sido la evolución histórica reciente de la recaudación de este impuesto.

En marzo de 2018 el Financial Times publicó un artículo de investigación donde Rochelle Toplensky [2] mostraba que las cuotas efectivas medias del impuesto sobre los beneficios de las grandes empresas tecnológicas e industriales cayeron en los países de OCDE un 13% durante la crisis y que en el período post crisis la tendencia a la baja de las cuotas continuó, mientras que los gravámenes sobre el consumo y las rentas del trabajo aumentaron.

Veamos qué ha sucedido con la recaudación tributaria procedente del impuesto de sociedades en España desde 2000 hasta 2017.

Gráfico 1. Evolución de la recaudación del IS en millones de euros (2000-2017)

 Captura de pantalla 2018-08-20 a las 12.13.37

Fuente: AEAT, 2000-2017.

La representación gráfica de la recaudación del impuesto de sociedades nos muestra una tendencia creciente hasta el ejercicio 2007 cuando alcanzó su punto máximo ascendiendo a 45.000 millones de euros aproximadamente (véase la tabla 1). En el ejercicio 2008, la crisis financiera y económica afectó profundamente a la recaudación cayendo un 64% y manteniéndose la tendencia decreciente hasta el ejercicio 2010. A partir de 2011 y hasta 2014 su evolución fue desigual, comenzando la senda de crecimiento en el año 2015 hasta la actualidad. En 2017 la recaudación ha experimentado un leve crecimiento con respecto a ejercicios anteriores, alcanzando los 23.000 millones de euros, que supone la mitad de la recaudación máxima histórica lograda en 2007.

Tabla 1.  Recaudación del IS en millones de euros y porcentaje sobre la recaudación tributaria total

AÑO

Recaudación tributaria total (millones de euros) Recaudación tributaria sin IS (millones de euros) Recaudación IS (millones de euros)

% (IS/ Recaudación tributaria total)

2000

103.118 85.911 17.207 16,68

2001

109.308 92.093 17.215 15,74

2002

124.912 103.475 21.437

17,16

2003

130.176

108.256 21.920

16,83

2004

140.854

114.834 26.020

18,47

2005

160.705

128.210 32.495

20,22

2006

179.380

142.172 37.208

20,74

2007

200.676

155.853 44.823

22,33

2008

173.453

146.152 27.301

15,73

2009

144.023

123.835 20.188

14,02

2010

159.536

143.338 16.198

10,15

2011

161.760 145.149 16.611

10,26

2012

168.567

147.132 21.435

12,71

2013

168.847

148.902 19.945 11,81

2014

174.987

156.274 18.713

10,69

2015

182.009

161.360 20.649

11,35

2016

186.249

164.571 21.678

11,64

2017

193.951

170.808 23.143

11,93

Fuente: AEAT, 2000-2017.

En términos de porcentaje con relación a la recaudación tributaria total, el ejercicio que arroja el mayor porcentaje de recaudación procedente del impuesto sobre sociedades es también el de 2007 con un 22,3%, cayendo hasta el 10,2% en 2010.

Si analizamos la serie histórica (véase gráfico 2), llama la atención la recuperación de la recaudación total gracias al esfuerzo fiscal realizados por las familias (IRPF, IVA e impuestos especiales), llegando a alcanzar una recaudación récord en el ejercicio 2017 (línea verde), en cambio el esfuerzo fiscal de las empresas ha sido muy discreto, situándose en este último ejercicio en tan solo un 11,9% (línea morada).

Gráfico 2. Evolución de la recaudación tributaria segmentada por figuras tributarias  (2000-2017)

Captura de pantalla 2018-08-21 a las 17.34.03

Fuente: AEAT, 2000-2017.

Se podría creer que la caída y falta de recuperación de la recaudación se debe exclusivamente a los efectos de la crisis pero no es exactamente así. Hay otras razones. La primera es que, con la excusa de la crisis, se realizaron reformas para aliviar las cargas fiscales empresariales. En 2008 se iniciaron las reformas continuadas, coincidiendo con el estallido de la crisis, y suponiendo un total de 195 cambios en este impuesto. Al margen de la inseguridad jurídica que generó y la complejidad añadida, durante los años 2015, 2016 y 2017, las modificaciones legales han incidido de forma negativa en la recaudación de este impuesto.

La propia Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (2018) [3] ha puesto de relieve que la recaudación tributaria en porcentaje del PIB procedente del IS sin reformas fiscales hubiera sido significativamente mayor que la recaudación efectivamente obtenida tras las reformas llevadas a cabo por el Gobierno durante el período 2015-2017.

Tabla 2. Comparativa de la recaudación del IS con y sin reformas fiscales (2013-2017) en % PIB.

IS CON REFORMAS FISCALES (%PIB) IS SIN REFORMAS FISCALES (%PIB)
2013 1,9 1,9
2014 1,8 1,9
2015 1,9 2,4
2016 1,9 2,3
2017 2,3 2,5

  Fuente: AIReF

Gráfico 2. Representación de recaudación del IS con y sin reformas fiscales en % del PIB

Captura de pantalla 2018-08-20 a las 12.14.00

Fuente: AIReF

Los datos muestran, sin lugar a dudas, que las distintas reformas de la LIS llevadas a cabo durante el período más dramático de la crisis y post-crisis han tenido un efecto negativo sobre la recaudación tributaria, provocando que el hundimiento de dicha recaudación fuera mayor del esperado como consecuencia de crisis.

La segunda causa que explica el comportamiento de la recaudación del IS según los datos de la AEAT y que comparte De la Torre (2015) [4], es la evasión y elusión fiscal. Los grandes grupos empresariales han pasado a obtener sus beneficios en el extranjero a través de sus filiales, de tal modo que estas filiales pagan el IS en otros países (paraísos o guaridas fiscales) y cuando reparten dividendos a las matrices españolas, éstos quedan exentos en el IS. De esta forma legal y de otras no legales (a través de los precios de transferencia, por ejemplo) logran reducir significativamente sus cargas fiscales.

Mientras que el resto del sistema tributario español ha contribuido a la recuperación de la recaudación de forma constante y por tanto, su esfuerzo fiscal sostiene, fundamentalmente, el estado del bienestar español, el IS no lo ha hecho. La AEAT [5] concluye que en 2017 a pesar de la recuperación de los beneficios empresariales a niveles previos a la crisis, todavía queda muy lejos la cuantía de impuestos devengados.

Gráfico 3. Evolución de beneficios, base imponible e impuesto devengado empresarial.

Captura de pantalla 2018-08-21 a las 16.22.07

Fuente: AEAT, 2017.

La conclusión parece evidente. Mientras que el resto de los sujetos económicos han hecho un esfuerzo considerable durante la crisis y una vez que mejoró la situación económica, las empresas en general y las grandes compañías en particular, que son las que más beneficios obtienen, han reducido su contribución a las arcas públicas. Para ellas, la crisis es otra cosa diferente. El sacrificio compartido y la contribución en función de la capacidad de cada uno a mantener los bienes y servicios públicos de los que también se benefician no parece que sea asunto que les concierna. ¿Hasta cuándo?

 

Referencias

[1] http://www.expansion.com/economia/2018/07/17/5b4dca5de5fdea253f8b46b6.html

[2] https://www.cronista.com/financialtimes/Las-multinacionales-pagan-menos-impuestos-que-hace-una-decada-20180313-0009.html

[3] Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (2018): “Presentación ante la Comisión de Hacienda”. http://www.airef.es/documents/42901/768420/2018+05+09+Congreso+Memoria+y+plan+estrat%C3%A9gico+FINAL/19f7ad81-f106-48a0-9b8f-c6ce2de59803

[4] De la Torre Díaz, Francisco. (2015). “¿Hacienda somos todos?”. Editorial: Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.U, Barcelona.

[5] Agencia Tributaria (2017). “Informe Anual de Recaudación Tributaria. Año 2017”https://www.agenciatributaria.es/static_files/AEAT/Estudios/Estadisticas/Informes_Estadisticos/Informes_Anuales_de_Recaudacion_Tributaria/Ejercicio_2017/IART17.pdf

 

Nota

(*) Durante este año académico una estudiante del doble grado de ADE y Derecho, Granada Cordero Aguza, ha realizado su TFG en torno a la recaudación del impuesto de sociedades. Su resultado ha sido muy satisfactorio, sobresaliente. A raíz de este estudio surge la idea de escribir un post con carácter divulgativo en torno al IS pero cualquier responsabilidad sobre lo escrito es de la autora del post.

¿Es Invisible la Ideología Hegemónica?

Captura de pantalla 2018-08-14 a las 23.39.35

Created for ‘The Trouble With Women’ by UK cartoonist Jacky Fleming

Teresa Duarte

Hace unos días mi colega y amigo David Patiño me enlazaba en tuiter un artículo sobre el sector turísticos y los impuestos. Ambos comenzamos a analizar desde un punto de vista económico la importancia del sector turístico en la Economía Española, los salarios precarios, las jornadas maratonianas con horas extras no pagadas… y si la bajada de impuestos supondría un aumento de la competitividad del sector.

En uno de los mensajes yo decía (debemos tener en cuenta la limitación de caracteres en tuiter): “¿Con quién compites? Durante el periodo de conflicto en Turquía, Egipto… obviamente nosotrxs, con nuestros salarios precarios, podríamos competir pero esto no durará. No podremos ofrecer turismo de calidad … quizás sí turismo a secas y nunca suficientemente competitivos”

A lo que un tuitero en el hilo me contestó: “Debí darme cuenta cuando leí nosotrxs de que aquí hay más ideología que análisis económico. Que pasen una buena noche”

No entré en polémica porque ya estoy cansada de ser atacada vilmente en tuiter por ser mujer y sospecho que no será la última, pero no voy a dejar de explicar por qué el tuitero se equivoca rotundamente cuando insinuaba que realizar un análisis económico teniendo una u otra ideología invalida dicho análisis:

  1. Todo análisis económico sobre una empresa, sector o economía de un país tiene una carga de subjetividad. El análisis lo hacen personas expertas o académicxs formadxs en una ciencia multidisplinar: economía, sociología, filosofía… y cada unx de nosotrxs hacemos nuestros unos principios que caracterizan nuestro pensamiento y bajo los que analizamos cualquier situación. Podríamos decir que la ideología es como el filtro que usamos para analizar todo lo que nos rodea, por tanto, toda persona reflexiva y pensadora tendrá una ideología y ello, no invalidaría sus análisis.
  2. Los intelectuales no podemos desinhibirnos de la realidad social, el contexto social es una variable clave en cualquier análisis y en el económico especialmente. Una teoría puede ser demostrada matemáticamente de forma irrebatible y defendida por unxs, pero si otrxs observan que sus efectos son dañinos para el bienestar de la sociedad, no deben reverenciarla, deberíamos admitir que no poseemos la verdad y que los análisis llevados a cabo desde perspectivas (ideologías) diferentes enriquecen el conocimiento y así establecemos la verdad como un horizonte.
  3. Por último, cuando una mujer o un hombre es feminista, cree y lucha por la igualdad efectiva de derechos y deberes, ¿por qué ser feminista invalidaría cualquier análisis económico?. En mi caso, que soy doctora, profesora e investigadora en la Universidad y feminista, mis análisis económicos son tan válidos, o no, como los de cualquier otra persona con similar formación. Este señor quiere que su ideología siga siendo hegemónica y por ello desprecia cualquier otro punto de vista.

¿Y la Ética, Sr. Casado?

Captura de pantalla 2018-08-15 a las 0.45.27

US photographer Dorothea Lange, The Road West, New Mexico, 1938 #womensart

Teresa Duarte

Desde hace semanas la prensa nos ha saturado con las ocurrencias e invenciones del nuevo, por recién estrenado no por joven que también, y flamante Presidente del Partido Popular sobre la política de inmigración en España y sobre todo con su Currículum Vitae. Debemos hacer memoria y remontarnos hasta marzo de 2018 cuando eldiario.es publicaba que la Sra. Cifuentes, Presidenta de la Comunidad de Madrid por el PP por aquel entonces, había obtenido el título del máster que aparecía en su currículum sin ir a clases (cuando la asistencia era obligatoria), sin presentarse a los exámenes (cuando así lo establecía es el sistema de evaluación de las asignaturas cursadas) y además, no había presentado ni defendido su TFM (absolutamente obligatorio). El nombre del Sr. Casado ya apareció en prensa relacionándolo con la obtención de títulos de máster que definitivamente no lo eran y otros, que es el que nos ocupa estos días, había sido obtenido bajo circunstancias similares a las de la Sra. Cifuentes. Lo único que ha cambiado es que la jueza instructora ha elevado el caso al Tribunal Supremo, es decir, que la condición de aforado no le permite a la jueza imputar al Sr. Casado como al resto de alumnos del máster que se encuentran bajo las mismas irregularidad. Será el Tribunal Supremo quien tendrá que imputarlo por cohecho y prevaricación por las irregularidades de su Máster en Derecho Autonómico y Local.

Al margen de si existen o no causas legales para imputarlo por obtener un título de máster en una Universidad Púbica, haciendo uso y abuso de su posición de poder como diputado del PP, se deben de abordar otros asuntos que tienen que ver con la ética ciudadana y los valores. En primer lugar, el valor de la meritocracia en nuestra sociedad. El sentido actual de la meritocracia está muy alejado del sistema meritocrático que existía en la antigua China y por los que abogaban Confucio o Platón, entre otros. En un sistema de gobierno meritocrático se asciende en función del mérito, es decir, en función de la inteligencia y el esfuerzo. Pero ¿cómo se mide el mérito? Aquí comienza el problema del sistema… Como decía Woolf “… no creo que las dotes, ya sea de la mente o del carácter, se puedan pesar como el azúcar y la mantequilla, ni siquiera en Cambridge, donde saben tanto de poner a la gente en categorías y de colocar birretes sobre su cabeza e iniciales detrás de su apellido. (…) el pasatiempo de medir es la más fútil de las ocupaciones y el someterse a lo decretos de los medidores la más servil de las actitudes.” Efectivamente, el sistema más deseable no es un sistema que mida de forma infalible la inteligencia de una persona a través de sus títulos (en muchas ocasiones vacíos de conocimiento) sino el que esté basado en un sistema que valores el esfuerzo y la inteligencia, así como los valores éticos como la honestidad y la honradez.

En Segundo lugar, la construcción de partidos políticos decentes, íntegros, leales… esa clase de partidos que nos ilusionarían. Si el PP que ha sido el único partido en España durante la democracia reciente condenado por corrupción, que desencadenó una moción de censura que salió adelante y el Expresidente de España dimitió como Presidente del PP porque entendió que era necesaria la regeneración del partido y nos encontramos que al nuevo Presidente se le acusa de cohecho y prevaricación, ¿qué clase de regeneración es esta?

El partido cierra filas y dice: “Existe toda la confianza en que de nuevo este tema se resolverá favorablemente, prevalecerá la justicia, y se quedará en nada, demostrando una vez más la honradez y honorabilidad del Presidente del PP”.

Creo que las y los ciudadanos deseamos que en política nos representen personas éticas y eso hará que los partidos también lo sean, por tanto, diga lo que diga la justifica sobre el caso del Sr. Casado, la honradez y honorabilidad del Presidente del PP sí están en entredicho y es un insulto a nuestra inteligencia que no reconozcan las irregularidades que existen a lo largo de todo el currículum de su Presidente y presuman de regeneración.

Es necesario abordar con seriedad qué sistema de gobierno deseamos y sobre todo en qué principios y valores debe basarse. Exigir que las personas que nos representan en política y promocionan dentro del sistema de gobierno cumplan con la ética ciudadana es necesario y urgente para lograr que la democracia en España sea de alta intensidad.

Referencias.

Woolf, V. (2017). Una habitación propia (1929). Editorial Planeta.

Una evocación de las clases de Michel Foucault


Collège de France, París, fundado en 1530, donde daba clases Foucault. Fuente: wikipedia

José Pérez de Lama

Mi amigo, – también maestro en tantas cosas -, Francisco Jarauta, creo recordar que alguna vez me contó que había asistido en París tanto a las clases de Gilles Deleuze como a las de Michel Foucault – supongo que sería durante los 70. ¡Vaya envidia! Me contaba que mientras las de Deleuze, – como recogía en un post anterior [1]-, eran muy informales, la gente se daba abrazos y besos al saludarse y se sentaban por el suelo, Foucault aparecía en sus clases como un personaje serio, casi “como un cura”, esa es la imagen que se quedó grabada en mi floja memoria; aunque también pudiera ser que sea una fantasía mía. En cualquier caso, no me parece que Jarauta lo dijera como una crítica hacia Foucault ni al contrario; simplemente me contaba que como profesores tenían estilos muy diferentes.

Reproduzco aquí unos párrafos de la introducción que aparece en los libros de los cursos de Foucault en el Collège de France, editados en Esp por Akal.[2] Como me dedico a esto de dar clases, y me gusta bastante Foucault, me parecieron bonitos y sugerentes. Me llama la atención la cuestión de la soledad que comentan tanto el periodista citado como el propio Foucault . Salvando las diferencias, a veces me siento así con mis clases. Es muy interesante, aunque muchos lo conoceréis, el peculiar funcionamiento del Collège de France como institución de investigación y docencia. Igual, ¿por qué no?, se podría pensar en algo así por aquí. Sigue la cita hasta el final:

Michel Foucault, 2001 (edición de Valerio Marchetti & Antonella Salomini; traducción de Horacio Pons), Los anormales, Curso en el College de France (1974-1975), Akal, Madrid [pp. 5-7]

Michel Foucault dictó clases en el Collège de France desde enero de 1971 hasta su muerte, en junio de 1984, con la excepción de 1977, cuando disfrutó de un año sabático. El nombre de su cátedra era «Historia de los sistemas de pensamiento».

Esta cátedra fue creada el 30 de noviembre de 1969, según una propuesta de Jules Vuillemin, por la asamblea general de profesores del Collège de France, en reemplazo de la cátedra de «Historia del pensamiento filosófico», que hasta su muerte ocupó Jean Hyppolite. El 12 de abril de 1970, la misma asamblea eligió a Michel Foucault, que por entonces tenía 43 años, como titular de la nueva cátedra. [3] Sigue leyendo Una evocación de las clases de Michel Foucault

Haraway: Cyborg Reload (Staying with the Trouble, 2016)


Captura de vídeo, demo de string games / string figures / cat’s cradle – en esp parece ser que se llaman de diversas maneras, una de ellas, cunitas; fuente: https://youtu.be/HTSxcN9Ih5M

Haraway: Cyborg Reload (2016)

José Pérez de Lama _ dedicado a mi colega y amigo David Patiño Rodríguez

Cyborgs of the World, Untie! There’s a Win to World!

Donna Haraway fue, si no me equivoco, la primera persona que introdujo el concepto de cyborg y quizás también de devenir-cyborg en el pensamiento crítico. En su famoso Cyborg Manfiesto de 1991 (1983), en ocasiones también llamado Manifesto for Cyborgs (Wark, 2015). Aquel texto fue de enorme influencia; se enunciaba desde el feminsimo socialista, y, al menos para mí, conectaba con el mundo de Deleuze-Guattari (devenires, agenciamientos, rostridad…), sin duda que entre otros muchos. Se hacía además en el contexto de la crítica posmoderna a la identidad, la pureza, lo unitario y de los dualismos característicos de la modernidad y los racionalismos: hombre-mujer, blanco-de color, cultura-naturaleza, etc. El cyborg harawayano proponía la capacidad de componernos y recomponernos de múltiples maneras, de forma táctica según las situaciones – anticipando el discurso queer que promovería más tarde P.B. Preciado, el cíber-feminismo… -; dando ocasión a la producción de múltiples singularidades… También era clave en aquel concepto de cyborg la idea de reparación, regeneración, cuidado… de personas y situaciones vulnerables, heridas… en contraposición a las ideas de vuelta al origen, renacimiento y similares.

Para “mi nosotros” de hace quince o veinte años, – hackitectura.net, esta nueva visión de lo cyborg fue de gran importancia en nuestro propio trabajo; tratamos de desarrollar a partir de aquello la idea de una arquitectura cyborg – o cíborg. [0]

Estos días estoy estudiando un libro reciente de Haraway (Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene, 2016), y recojo aquí un párrafo en que la autora re-elabora, -¿significativamente? -, la idea de cyborg. Lo traduzco y comento. Algunas cuestiones previas.

Más que como una exposición tradicionalmente científica, leo a Haraway como una meditación filosófico-literaria. Supongo que esta forma de pensar y hacernos pensar es parte de su planteamiento. Ella habla de SF: speculative fabulation, science fiction, speculative feminism, science facts, string figures, so far[1] Sigue leyendo Haraway: Cyborg Reload (Staying with the Trouble, 2016)

Arte y oficio de vivir. Éticas: ¿Qué hacer?


Imagen: Un ovni sobre la aldea gala de Astérix y Obélix, de la aventura ¡El cielo se nos cae encima!, fuente: http://diccionarioasterix.blogspot.com/2010/02/o.html

Arte y oficio de vivir. Éticas: ¿Qué hacer?

José Pérez de Lama

Iba deprisa-deprisa y se ve que se me pasó la crisis de los 50. Pero de pronto la crisis me ha caído encima, como si fuera lo del cielo de Obélix. (Aclaración para los que sois de otra generación: Obélix – el gran amigo Astérix, que se había caído de pequeñito en el caldero de poción mágica -, no tenía miedo a los romanos ni al César ni a nadie; sólo tenía miedo a que el cielo se le desplomara un día sobre la cabeza.)

Ética(s)

De pequeño, el autor de estas líneas, estudiaba en el colegio Filosofía -no me acabo de enterar si se sigue haciendo (aprovecho para enviar recuerdos a mi profesor el padre Arrenberg). Además de las clases, de las que no recuerdo salvo que siempre sacaba sobresaliente, leía las cosas de los adolescentes y pos-adolescentes de entonces: Ortega, Nietzsche, Proust, los nihilistas japoneses, el Ajoblanco… y más tarde Deleuze y Guattari, (la generación Beat, los situacionistas, cyberpunk de los 80-90, al subcomandante Marcos), y cosas así. También tuve una educación católica… Lo de la Ética, así con mayúsculas, como una parte de la Filosofía, siempre me parecía algo más bien rollo: el Bien y Mal, aunque en términos muy abstractos, de lo que se derivaban más o menos principios y reglas sobre la conducta y qué estaba bien y mal hacer. Sigue leyendo Arte y oficio de vivir. Éticas: ¿Qué hacer?