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Personalidad colectiva compuesta por Teresa Duarte, David Patiño y José Pérez de Lama, amigos, profesores, activistas

Sobre la muerte: unos comentarios epicúreos

Imagen: Lámina botánica del pimiento — que tengo en mi huerto casero. Leo en Tuiter, de donde procede la imagen, que en el calendario de la Revolución Francesa hoy sería 27 de Vendimiario, día del pimiento. Fuente: https://twitter.com/Ererepublicaine/status/1317601312876359680 Igual la imagen no es la más adecuada; tal vez la cambie más adelante…

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Notas de José Pérez de Lama

Estos últimos meses, seguramente años, pensando bastante sobre la muerte: muchos personas de la familia cada vez más ancianos, algunos  que se han ido muriendo, — uno mismo cada vez más viejo –, y por supuesto la pandemia global. Hace un par de días tuvimos una de nuestras regulares conversaciones con Antonio Sáseta; — la dedicamos al tema de la muerte; resultó especialmente bonita e intensa.

Dos citas de las más preferidas de este período. Una de Maite Larrauri explicando la relación con la muerte de los epicúreos — a la muerte nos has de temer, es una de las máximas que componen el llamado tetrafarmakon epicúreo.

Escribe Larrauri:

«Sea cuando sea el momento de su muerte, la mayoría querría vivir algo más, como dicen casi todos, para poder hacer o culminar lo que todavía no han realizado. La filosofía, en cambio, nos enseña que las vidas, como los jardines, nunca pueden darse por acabadas y perfectas. Eso es lo que querían expresar las sabias palabras de un epicúreo como Montaigne: “que la muerte me encuentre plantando coles, pero no preocupándome de ella y aún menos de la imperfección de mi jardín”. El tiempo se terminará para todos nosotros, habremos quitado hierbas y habremos podado y plantado hasta donde hayan llegado nuestras fuerzas, la belleza de lo que habremos hecho se encontrará ya realizada y, aunque imperfecta, no aumentará con otra primavera.

»Si la naturaleza pudiera tomar la palabra — dice Lucrecio — nos diría que aun cuando viviéramos miles de años ella no podría añadir ningún nuevo placer a los que ya conocemos, y por lo tanto, lo único que podríamos obtener es una repetición de lo mismo. Por eso es importante no comportarnos como una vasija agujereada. Así siempre podremos sacar de dentro los bienes que no hemos dejado escapar, como hace Epicuro el día de su muerte. En la carta que dirige a Idomeneo, Epicuro le dice que en ese día en el que está agonizando puede echar mano del goce que le procura el recuerdo de las conversaciones filosóficas que mantuvieron ellos dos.»

Con lo que dice en el segundo de los párrafos estoy algo menos de acuerdo, aunque sí que me parece un buen motivo de meditación para la vejez, y para tratar de prepararnos para la vejez.

La segunda de las citas, es un poco más cínica. Viene de Turgenev vía Nabokov, y en realidad se atribuye a un «nihlista». Pero creo que podemos también considerarla, en cierto aspecto, como un pensamiento epicúreo. El que lo dice es uno de los protagonistas de la novela Padres e hijos. El personaje en cuestión, un joven médico, ha contraído una enfermedad contagiosa, y es consciente que va a morir en breve. Dice — en en la traducción al inglés de Nabokov, que me parece deslumbrante, y luego en mi intento de traducción:

«Death is an old trick, yet it strikes everyone as something new».

La muerte es un viejo truco, y sin embargo nos sorprende a todos como si fuera algo nuevo.

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Las citas son de:

Maite Larrauri & Max, 2007, La amistad según Epicuro, Tándem edicions, Valencia; pp: 47-48.

&

Vladimir Nabokov, 1981, Lectures on Russian Literature, Harcourt, Orlando; p. 93

 

 

Natalia Ginzburg vs Pessoa: las pequeñas y grandes virtudes

Natalia Ginzburg; fuente de la  imagen: &https://forward.com/culture/426691/the-unbearable-happiness-of-natalia-ginzburg/

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Selección y notas de José Pérez de Lama

Esto de Natalia Ginzburg:

«Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la precaución sino el valor y el desprecio del peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor a la verdad; no la diplomacia sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo de éxito sino el deseo de ser y saber».

Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes, 1960 (Acantilado, Barcelona: 2002)

Y esto otro de Bernardo Soares / Fernando Pessoa:

«En la vida de hoy […] el derecho a vivir y a triunfar se conquista […] con los mismos procedimientos con que se conquista el internamiento en un manicomio: la incapacidad de pensar, la amoralidad y la hiperexcitación».

Fernando Pessoa, fecha indeterminada entre 1912 y 1935, El libro del desasosiego de Bernardo Soares, edición y traducción de Ángel Crespo, Seix Barral, Barcelona: 1984/2011 – capítulo 3 1st Article,  p. 24

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El extraordinario contraste entre uno y otro modelo humano. El de Ginzburg me parece una mezcla de valores judeo-cristianos clásicos, mundo humanista-caballeresco tipo Don Quijote e Ilustración. Más o menos la educación que me dio a mi mi madre, con la que a veces parece uno un corderito al que han dejado en medio de la jungla, si se lo toma uno al pie de la letra, como un tema de honor, o cosas así — a menos, quizás, que tengas las espaldas bien cubiertas…

El contraste también me recuerda al Thorstein Veblen, de la teoría de la leisure class — la clase ociosa. Escribía allí sobre una clase depredadora, heredera del mundo guerrero feudal, aunque fuera heredera espiritual; y otra clase, trabajadora y tranquila, que era sometida por la primera. Creo que se puede pensar que en parte son clases sociales y en parte clases de personas.

Uno se sigue quedando con Ginzburg, aunque intenta no hacerlo con demasiada ingenuidad.

Pues eso… Vale.

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ps/ En realidad tendríamos tres figuras o éticas en estas notas: la de las grandes virtudes humanistas o ilustradas, la de las pequeñas virtudes burguesas-de-clase-media, y la de la psicopatía según Soares; pero bueno, se entenderán seguro la oposición y las incertidumbres que trataba de plantear.

Unas notas sobre Ellen Janson, cliente del arquitecto RM Schindler

Imagen: Ellen Janson en la casa, durante el proceso de construcción. Fuente de la imagen: https://kostisvelonis.blogspot.com/2012/07/ellen-janson-at-her-house-during.html | R.M. Schindler Archive, University of California Santa Barbara.

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Notas de José Pérez de Lama

Aunque viví en Los Ángeles en varias etapas, y siempre estuve interesado en Schindler, e incluso estuve de residente en uno de sus edificios gracias al programa del MAK Schindler Center, –todo esto entre el final de la década de 1980 y principios de siglo –, sólo más recientemente descubrí y quede bastante fascinado por la casa Janson — que construyó RM Schindler  en 1949 para la poeta Ellen Margaret Janson.

Se lee en Internet que Janson (¿1899-1984?) fue la pareja de Schindler (1887-1953) durante los últimos años de la vida del arquitetco. También que éste pasó los últimos meses antes de morir de cáncer en esta casa que construyeron juntos, — supone uno que al cuidado de Janson. La casa la habían construido sólo 4 años antes de que muriera Schindler. [Ver al final del post las principales referencias usadas, sobre la casa y los personajes.]

Expresándolo en términos deleuziano-guattarianos, se podría imaginar que la casa fue, incluso su proceso de construcción – si atendemos a las fotos más conocidas -,  un medio para un «devenir común» del arquitecto y la poeta.

En términos solterdijkianos — de una vez que estuve en una conferencia suya en Sevilla — la casa podría pensarse como medio para, o componente de, una «poligamia ontológica», que posibilitó que ocurrieran cosas diferentes de las que habrían ocurrido sin su existencia.

También nos sugiere pensar en el clásico «construir/cuidar-habitar-pensar».

Esta idea romántica de la casa, una «fabulación especulativa», tal vez sólo retrospectiva, se basa en algunos, pocos, materiales sueltos que se encuentran en la red, incluyendo algunos comentarios de la propia Janson sobre la casa. También, las fotos más conocidas. Y la observación de la propia casa.

Parece que Janson contó o escribió en algún momento lo siguiente acerca de la casa (Scheine 1995, p245 [1] — tendría que buscar esta referencia):

I had always wanted to live in the sky. Then I came to know a space architect.
The architect asked me, “how would you like a house made of cobwebs?”
“Yes, I should love it, for they wouldn’t shut away the sky at all. But how would you hang up the cobwebs?”
“On sky-hooks”, he said’

Traducción a continuación, aunque suena notablemente mejor en inglés.

Siempre quise vivir en el cielo. Y entonces conocí a un arquitecto espacial. El arquitecto me preguntó, — «¿Qué le parecería una casa hecha de telas de araña?» __ «Sí, me encantaría, porque dejarían el cielo completamente al descubierto. ¿Pero como piensa colgar las telas de araña?»

«Con ganchos del cielo,» me dijo.

* En inglés me parece que suena mucho mejor, por la sencillez y belleza de las palabras y expresiones, cobwebs, skyhooks, que quizás en español/castellano puedan quedar, en 2020, algo kitsch…

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En una página web de Kostis Velonis, se presenta un proyecto sobre la casa Janson que entiendo que desarrolló en una residencia como la que yo hice en el Mak [Schindler] Center de Los Ángeles. Entre otras cosas dice sobre Ellen Margaret – o Margaret-Ellen – Janson:

“Margaret- Ellen […] had an excellent thing […], a soft and low voice. Stillness accompanied her, outer and inner stillness; and when she stood or walked she seemed to rest so lightly on the earth that, though she was tall like her Norwegian forbears, one expected her to float skyward”

[…] In 1948 -1949 R.M.Schindler has built Ellen Janson’s house in Hollywood hills. Between his last period of hospitalization (he was diagnosed with cancer) Schindler was staying at his girlfriend’s house . In 1953 R.M.Schindler died “in the Sky “, in a place “made of cobwebs” and ‘skyhooks” at Janson’s residence site.

Traducción:

Margaret-Ellen tenía una cosa excelente […], voz suave y baja. La tranquilidad la acompañaba, una tranquilidad exterior e interior; y cuando estaba de pie o andaba parecía apoyarse tan ligeramente sobre la tierra que, aunque era alta como sus antepasados noruegos, uno esperaba que pudiera salir flotando hacia el cielo.

[…] en 1948-1949 R.M. Schindler había construido una casa a Ellen Janson en las colinas de Hollywood. Entre sus últimos períodos de hospitalización (le habían diagnosticado un cáncer) Schindler se quedaba en casa de su pareja. En 1953 R.M. Schindler murió .«en el cielo», en un lugar «hecho de telas de araña» y .«ganchos aéreos», en la casa de Janson.

Otra imagen de la casa en construcción; fuente: Rudolph Schindler, architect, “Rudolph Schindler: Janson house (Los Angeles, Calif.),” UCSB ADC Omeka, accessed October 11, 2020, http://www.adc-exhibits.museum.ucsb.edu/items/show/504.

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Me gustó descubrir esta historia, porque conecta curiosamente, literariamente tal vez, con la mucho más conocida de su primera casa propia, la célebre de Kings Road, que se construyó con la participación también muy activa de su primera mujer-compañera en devenires artístico-culturales, Pauline Gibling. [2]

Me resulta curioso también cómo pasan de una casa a otra — 1921 a 1949 — casi treinta años, en los que se desarrolla la carrera bastante excepcional del arquitecto — y que coinciden, ¿no?, con el tiempo que hay que cotizar en la Seguridad Social en España, últimamente, para poder jubilarse, o algo así.

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Encontré algunos poemas de Ellen Janson – que era descrita como una poeta modernista o moderna en los años 20 en Los Ángeles. Este tipo de artistas eran los que frecuentaban a la pareja Schindler en la casa de Kings Road. Creo haber leído en algún lugar que las dos mujeres, Pauline Gibling y Ellen Janson, eran amigas. Tendría que confirmalo, pero parece verosímil, si no seguro, que al menos se conocieran.

Transcribo algunos poemas en inglés.

Japanese Night-Song (1921)

The shadow of a heron’s wing is on the water,
And the pines have drawn slim fingers
Across the moon.
Hush—
Breathe lightly, wind in the plum tree!
Scatter your dreams
Like petals over her heart.

Fuente: http://themargins.net/anth/1920-1929/janson.html

heron : garza
scatter : dispersa, echa al aire…

Dice en esta fuente:

Ellen Janson publicó poemas en oscuras revistas norteamericaas entre 1920 y 1949,  así com [el libro] Poems (Hollywood: E. Janson) en 1952. Japanese Night-Song apareció en Measure: A Journal of Poetry 2, p. 13 (1921)

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Think of Me as a Passer-by

Think of me as a passer-by  who brought
A snatch of melody along the street;
Who sang her own soul, and had not thought
That you would hear–that you would find it sweet.
Think of me as a gipsy-girl whose name
You did not know and did not seek to find,
Content that out of nothingness she came,
And sang, and –singing– passed, and left behind
Only a snatch of music that grew still.
After a while the want of her will die.
And if she saw your eyes across the sill
Is of small count. The world will not ask why
Her song is changed–since still, since still she sings
To her own soul, a song of passing things.

 

We Shall Be Buried Far Apart

We shall be buried far apart.
Perhaps the wild rose on yor grave
Or dripping jasmine boughs will wave
And bloom above your quiet heart.

But I–I shall be buried deep
Under the green hush of the sea,
And ships between the moon and me
Will pass like shadows in my sleep.

We who now lie so close that there
Could be no breath to sever us–
Earth’s hills and waters luminous
Will lie between, and we not care.

Publicados originalmente en: Poetry: A Magazine of Verse, 1923: Fuente: https://www.poetryfoundation.org/poetrymagazine/browse?volume=22&issue=3&page=12

Más poemas de Ellen Janson en: https://www.bartleby.com/300/2485.html

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Notas

[1] Judith Scheine, citada en Robert E. Mace, http://thermschindlerlist.blogspot.com/p/la-1940s.html

[2] Sobre la participación de Pauline Gibling en el proyecto de la casa y su relación más en general con Schindler y el tipo de vida que se hacía en la casa, al menos durante los primeros años, hay múltiples fuentes. Como introducción quizás pueda verse un enlace a un texto mío que está al final de este post.

Referencias y enlaces

Ryan T. Ralston, 2012, Janson House: Reconstructed (excelente reconstrucción gráfica y con maqueta de la casa): https://www.ryantralston.com/janson

Kostis Velonis, 2012, A Little House of Your Own, https://kostisvelonis.blogspot.com/2012/07/ellen-janson-at-her-house-during.html

Rudolph Schindler, architect, “Rudolph Schindler: Janson house (Los Angeles, Calif.),” UCSB ADC Omeka, accessed October 11, 2020, http://www.adc-exhibits.museum.ucsb.edu/items/show/504.

Robert E. Mace, http://thermschindlerlist.blogspot.com/p/la-1940s.html

También, extenso archivo con sus obras maestras y otras más comerciales: https://usmodernist.org/schindler.htm

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Mi propia aproximación a la casa de Schindler en Kings Road, ca. 2006, http://www.hackitectura.net/osfavelados/2006_elretorno/03_01_intro_schindler_web_06.pdf

 

Haraway / Arendt sobre el no-pensamiento

Imagen: Edith Vonnegut, 2019, Oil Spill — serie sobre el cambio climático. Más de la autora en: http://www.edithvonnegut.com/

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Un fragmento de Donna Haraway comentando cosas de Hannah Arendt de Staying with the Trouble, 2016: 36; sobre la necesidad de pensar, y el no-pensar de los que tratan de seguir con el business as usual. Ya lo había citado antes en el blog, más sucintamente, pero aquí sigue la cita más completa, que estaba consultando y traduciendo para el principio de las clases. El inglés original, para los que prefieran y para contrastar lo que pueda no resultar demasiado claro, al final del post.

Varias de las expresiones usadas — respons-ability, compostar, caminante [wayfarer], astralizado y alguna más– son creaciones conceptuales de la propia Haraway, o de su red de pensadoras — matters of care –. Los que no estéis familiarizados con el lenguaje de Haraway tendréis que hacer un esfuerzo de imaginación para suponer qué significan, aunque creo que son cosas relativamente intuitivas, que más o menos se entienden.

Selección y traducción, José Pérez de Lama

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Fragmento sobre el no-pensamiento

Donna Haraway

Según me enseñó Valerie Hartouni, recurro al análisis que hizo Hannah Arendt sobre la incapacidad de pensar del criminal de guerra nazi, Adolf Eichmann. Es en este abandono del pensar donde reside «la banalidad del mal» – del tipo particular que podría hacer que llegara a verificarse el desastre del «Antropoceno», con sus acelerados genocidios y especicidios. El resultado de todo estos, sin embargo, aún no está determinado; ¡tenemos que hacerlo; tenemos que pensar!

En la interpretación de Hartouni, Arendt insistía en que el pensamiento era algo profundamente diferente de lo que podríamos llamar conocimiento disciplinar, o ciencia basada en la evidencia, o la clasificación de verdades y creencias o hechos y opiniones o bueno y malo. Pensar, en el sentido de Arendt, no es un proceso para evaluar informaciones y argumentos, en tanto que verdaderos o falsos, para juzgarnos a nosotros mismos y a otros como errados o en posesión de la verdad. Todo esto es importante, pero no es lo que Arendt tenía que decir sobre la maldad del no-pensamiento y que yo quiero traer a colación en relación con la coyuntura geohistórica que se viene denominando el Antropoceno.

Arendt no veía a Eichmann como un monstruo incomprensible, sino que veía algo mucho más terrorífico – lo que vio fue la situación mucho más ordinaria de alguien que no piensa. Esto es, allí había un ser humano que era incapaz de hacerse presente a sí mismo aquello que estaba ausente, aquello que no era él mismo; lo que es el mundo en su más sencillo aspecto de no-ser-uno-mismo, y las aspiraciones-a-ser de aquello diferente de nosotros.

Allí había alguien que no podía ser un caminante [a wayfarer], que no podía enredarse con otros y con el mundo [could not tangle], que no podía cultivar respons-[h]-abilidad, que no podía hacerse a sí mismo presente lo que estaba haciendo, que no podía vivir en consecuencia, no podía compostar.

Cumplir la función encomendada importaba, el deber importaba, pero el mundo no importaba para Eichmann. El mundo no importa en el no-pensamiento ordinario. Las casillas vacías se rellenan con las evaluaciones correspondientes, determinando amigos y enemigos, siempre ocupados con el trabajo; el cuestionamiento de toda esta actividad, es algo que no aparece, un asombroso abandono del pensamiento.

Esta condición no era falta de sentimientos, falta de compasión, aunque seguro que esto también ocurría con Eichmann, sino una entrega profunda a lo que yo llamaría inmaterialidad, inconsecuencialidad, o en el idioma de Atrendt y en el mío, no-pensamiento.

Eichmann estaba astralizado [mirando al cielo en lugar de a la tierra y a su alrededor, idea a la que da vueltas Haraway en este libro en relación con la noción de Chthuluceno], fuera del enredo confuso del pensamiento, entregado, en su lugar, al hábito de que el negocio siga como de costumbre [business as usual], pase lo que pase. Para Eichmannn y sus herederos – ¿nosotros? – no había manera de que el mundo pudiera convertirse en un asunto de cuidados [a matter of care]. El resultado de aquello fue la participación activa en un genocidio.

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Original en inglés:

Instructed by Valerie Hartouni, I turn to Hannah Arendt’s analysis of the Nazi war criminal Adolf Eichmann’s inability to think. In that surrender of thinking lay the “banality of evil” of the particular sort that could make a disaster of the Anthropocene, with its ramped-up genocides and speciescides, come true. This outcome is still at stake; think we must; we must think! In Hartouni’s reading, Arendt insisted that thought was profoundly different from what we might call disciplinary knowledge or science rooted in evidence, or the sorting of truth and belief or fact and opinion or good and bad. Thinking, in Arendt’s sense, is not a process for evaluating information and argument, for being right or wrong, for judging oneself or others to be in truth or error. All of that is important, but not what Aendt had to say about the evil of thoughtlessness that I want to bring into the question of the geohistorical conjuncture being called the Anthropocene.

Arendt witnessed in Eichmann not an incomprehensible monster, but something much more terrifying – she saw commonplace thoughtlessness.

That is, here was a human being unable to make present to himself what was absent, what was not himself, what the world in its sheer not-one-selfness is and what claims-to-be inhere in not-oneself [this is not very clear…].

Here was someone who could not be a wayfarer, could not entangle, could not track the lines of living and dying, could not cultivate response-ability, could not make present to itself what it is doing [?], could not live in consequence, could not compost.

Function mattered, duty mattered, but the world did not matter for Eichmann. The world does not matter in ordinary thoughtlessness. The hollowed-out spaces are filled with assessing information, determining friends and enemies, and doing busy jobs; negativity [??], the hollowing out of such positivity, is missed, and astonishing abandonment of thinking.

This quality was not emotional lack, a lack of compassion, although surely that was true for Eichmann, but a deeper surrender to what I would call immateriality, inconsequentiality [very Dewey again], or, in Arendt’s and also my idiom, thoughtlessness.

Eichmann was astralized right out of the muddle of thinking into the practice of business as usual no matter what. There was no way the world would become for Eichmann and his heirs – us? – a “matter of care.” The result was active participation in genocide.

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Referencia completa:

Donna Haraway, 2016, Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucen (notas sobre “Thoughtlessness” – a partir de Hannah Arendt), capítulo 2, Tentacular Thinking, p. 36 — Duke University Press, Durham.

Octavia Butler: Algunas reglas para predecir el futuro

Imagen: portadas de Parables, novelas de Octavia E. Butler de la década de 1990.
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Notas introductorias

Un ensayo de la autora de ciencia ficción Octavia E. Butler; publicado originalmente en la revista Essence [2000] / y reproducido por los editores de exittheapple.com en abril de 2007. Traducción de (((o))) Acoustic Mirror @espejoacustico  & José Pérez de Lama (2020); el original en inglés, a continuación de la versión en español/castellano.

El texto en inglés procede de la Internet Archive /WayBack machine __ https://web.archive.org/web/20150219020855/http://exittheapple.com/a-few-rules-for-predicting-the-future/ — en arquitecturaContable lo pudimos leer gracias al amigo tuitero @espejoacustico que lo recordaba estos días. Tras intercambiar algunos tuits hemos colaborado con él en esta traducción que sigue a continuación.

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Algunas reglas para predecir el futuro

Octavia E. Butler

 

«ENTONCES, ¿CREE USTED REALMENTE que en el futuro vamos a tener el tipo de problemas sobre los que escribe en sus libros?» — me preguntó un estudiante cuando estaba firmando libros al final de una conferencia. El joven se refería al tipo de problemas que yo había descrito en Parábola del sembrador y en Parable of the Talents, novelas que suceden en un futuro próximo en el que proliferan la adicción a las drogas y el analfabetismo, caracterizado por el éxito de las prisiones y el fracaso de las escuelas públicas, la enorme y creciente separación entre los ricos y todos los demás, y toda la desagradable familia de problemas vinculados al calentamiento global.

«No fui yo la que se inventó estos problemas,» le dije. «Lo que hice fue mirar alrededor y fijarme en los problemas que estamos tratando de dejar a un lado ahora mismo, y darles 30 años para que se conviertan en completos desastres.»

«Okay» — me dijo el muchacho desafiante — «Entonces, ¿cuál es la solución?»

«No hay una solución» — le dije.

«¿No hay solución? ¿Quiere decir que estamos condenados?» – Sonrió como si pensara que aquello pudiera ser una broma.

«No,» — le contesté. — «Lo que quiero decir es que no hay una única respuesta que vaya a resolver todos nuestros problemas futuros. No hay una bala mágica. Lo que hay son miles de respuestas – por lo menos. Tú puedes ser una de estas respuestas si eliges serlo.»

Algunos días después, por correo, recibí una copia del artículo de aquel joven, publicado en el periódico de su universidad. Mencionaba mi charla, listaba algunos de mis libros y los futuros problemas sobre los que trataba. Y después citaba su propia pregunta: «¿Cuál es la solución?» El artículo terminaba con las primeras tres palabras de mi contestación, equívocamente aisladas de lo que había seguido: «No hay solución.»

Resulta triste lo fácil que es subvertir el significado, o más precisamente, contar una mentira, usando una cita exacta pero incompleta. En este caso, era frustrante porque algo que ni yo ni mis principales personajes nunca hacemos es abandonar la esperanza cuando contemplamos el futuro. De hecho, el propio acto de tratar de visualizar el futuro, discernir posibilidades y ofrecer advertencias es en sí mismo un acto de esperanza.

Aprende del pasado
Claro que escribir novelas acerca del futuro no me da ninguna habilidad especial a la hora de predecirlo. Pero sí me anima a usar nuestros comportamientos pasados y presentes como guías para la clase de mundo que parece que estamos creando. Por ejemplo, el pasado está lleno de ciclos repetitivos de fuerza y debilidad, sabiduría y estupidez, imperio y cenizas. Estudiar la Historia es estudiar a la Humanidad. E intentar predecir el futuro sin estudiar la Historia es como intentar aprender a leer sin molestarse en aprender el abecedario.

Cuando me estaba preparando para escribir Parable of the Talents, necesitaba pensar en cómo un país podría caer en el fascismo (algo que Estados Unidos hace en los Talents). Así que releí Auge y caída del Tercer Reich [1] y otros libros sobre la Alemania Nazi. No estaba tan interesada en el combate en la Segunda Guerra Mundial como en la historia de preguerra de cómo cambió Alemania mientras sufría problemas sociales y económicos, mientras Hitler amenazaba y seducía, mientras los alemanes respondían a las amenazas y la seducción y a su propia Historia, y mientras Hitler utilizaba esa Historia para manipularlos. Quería comprender cómo la gente necesita auto-engañarse mientras ve, en silencio o con deleite, cómo sus vecinos son extraídos, secuestrados, asesinados. Diferentes versiones de este horror han tenido lugar una y otra vez a lo largo de la Historia. Siguen ocurriendo en lugares como Ruanda, Bosnia, Kosovo y Timor Oriental, en cuanto un grupo de personas permite que sus líderes le convenzan de que, para su propia protección, para la seguridad de sus familias y de su país, deben atacar a sus enemigos, a estos otros alienígenas que hasta ahora habían sido sus vecinos.

Es relativamente fácil reconocer este horror cuando ocurre en otra parte del mundo o en otro momento en el tiempo. Pero, para reconocerlo aquí, en casa, para reconocerlo antes de que pueda crecer e ir a peor, tenemos que prestar atención a la Historia. Me di cuenta de esto hace algunos años, cuando vivía enfrente de una niña de 15 cuyo abuelo me había pedido que le ayudara con los deberes escolares. La niña estaba haciendo un trabajo sobre un hombre que había huido de Europa en los años 30, porque unas personas llamadas (titubeó y pronunció una palabra claramente desconocida para ella) «¿los natsis?». Tardé un momento en darme cuenta de que se refería a los Nazis, y que no sabía absolutamente nada de ellos. Corremos peligro cuando olvidamos la Historia.

Respeta la Ley de Consecuencias
Hace muy poco me quejé a mi médico de que lo que me prescribía tenía un efecto secundario muy molesto.

«Le puedo dar algo que lo contrarreste», dijo mi médico.

«¿Un medicamento que contrarreste los efectos de otro medicamento?», pregunté.

Asintió. «Le será más cómodo».

Empecé a echarme atrás. Odio tomar medicamentos. «El problema no es para tanto.», dije. «Puedo con ello.»

«No tiene que preocuparse.», dijo mi médico. «Este segundo medicamento funciona y no hay efectos secundarios».

Eso hizo que me detuviera en seco. Me hizo ver, con toda certeza, que no quería este segundo medicamento. Me di cuenta de que no creía en los medicamentos que no tuvieran efectos secundarios. De hecho, no creo que podamos hacer nada sin efectos secundarios — también conocidos como consecuencias no deseadas —. Estas consecuencias pueden ser beneficiosas o dañinas. Pueden ser demasiado leves para tener en cuenta o pueden merecer la pena porque los efectos beneficiosos son fantásticos, pero las consecuencias siempre están ahí. En Parábola del sembrador [2] mi personaje lo explica así:

Todo lo que tocas / lo cambias
Todo lo que cambias / Te cambia
La única verdad duradera / Es el cambio
Dios / Es cambio

Sé consciente de tu perspectiva
¿Cuántas combinaciones de consecuencias no deseadas y reacciones de los humanos ante ellas se necesitan para desviarnos hacia un futuro que parece desafiar cualquier tendencia obvia? No muchas. Por eso es tan difícil predecir el futuro con precisión. De entre los errores más graves de predicción que he visto están los de tipo lineal — son los que ignoran lo inevitable de las consecuencias no deseadas, ignoran nuestras típicamente poco lógicas maneras de responder a ellas, y simplemente dicen: «En el futuro, tendremos más y más de lo que focaliza nuestra atención ahora mismo». Si estamos en un momento de prosperidad, entonces, en el futuro, prosperidad es lo que tendremos. Si estamos en período de recesión, en el futuro estamos condenados a más angustia. Claro que predecir un estado imposible de permanente prosperidad bien podría ser un acto de miedo y de esperanza supersticiosa, más que un acto de pensamiento lineal poco imaginativo. Y predecir una fatalidad en tiempos difíciles bien podría tener más que ver con el dolor y la depresión del momento que con una verdadera comprensión de las posibilidades futuras. La superstición, la depresión y el miedo juegan un papel importante en nuestros intentos de predicción.

También es cierto que dónde nos situamos determina qué podemos ver. Desde luego, el lugar donde yo me situaba cuando empecé a prestar atención a los viajes espaciales influyó mucho en lo que veía. Seguí la carrera espacial de finales de los 50 y los 60 no porque era una carrera, sino porque nos llevaba lejos de la Tierra, lejos de casa, lejos, para poder investigar los misterios del Universo y, pensaba yo, para encontrar un nuevo hogar para la Humanidad ahí fuera. Esto me resultaba atractivo, al menos en parte, porque era una adolescente y empezaba a pensar en dejar la casa de mi madre y en investigar los misterios de mi mayoría de edad.

Apolo 11 alcanzó la Luna en julio de 1969. Para entonces, yo ya me había ido de casa, y creía que también estaba viendo a la Humanidad irse de casa. Asumí que íbamos a establecer colonias lunares y que, en algún momento, enviaríamos humanos a Marte. Probablemente lleguemos a hacer esto algún día, pero nunca imaginé que tardaríamos tanto. Moraleja: la mera ilusión es tan poco útil a la hora de predecir el futuro como el miedo, la superstición o la depresión.

Cuenta con sorpresas
Hace no tanto me encontraba hablando a un grupo de estudiantes universitarios, y mencioné el miedo que en su momento habíamos tenido de una guerra nuclear con la Unión Soviética. Los jóvenes a los que me dirigía habían nacido alrededor de 1980, y una de ellos intervino para decir que nunca había tenido una preocupación por la guerra nuclear. Nunca había creído que algo así pudiera llegar a ocurrir — le parecía que toda esa idea era un disparate.

Ella no podía imaginar que durante los días de la Guerra Fría de los sesenta, los setenta, y los ochenta, nadie se hubiera atrevido a predecir una resolución pacífica en los 90. Yo recordaba las simulaciones de ataque aéreo de cuando estaba en primaria, cómo nos acurrucábamos, con las cabezas apretadas contra las paredes de los pasillos y las manos desnudas aparentemente protegiendo nuestros cuellos despejados, con la esperanza de que, si la guerra nuclear llegase a ocurrir, Los Ángeles se libraría. Pero la amenaza de una guerra nuclear ha desaparecido, al menos por el presente, porque para nuestra sorpresa nuestro principal rival, la Unión Soviética, se disolvió. Da igual cuánto nos esforcemos en ver el futuro, siempre están estas sorpresas. La única predicción segura es que siempre estarán.

Entonces ¿por qué intentar predecir el futuro si es tan difícil, si es casi imposible? Porque hacer predicciones es una manera de aviso cuando nos vemos a la deriva en direcciones peligrosas. Porque la predicción es una forma útil de señalar caminos más seguros, más sabios. Sobre todo, porque nuestro mañana es hija de nuestro hoy. En pensamiento y acto ejercemos una gran influencia sobre esta niña, incluso cuando no podemos controlarla del todo. Pero es mejor pensar en ella. Es mejor intentar darle buena forma. Es mejor hacer esto para cualquier niña.


El pasado enero, cuando la Casa Blanca le pidió a Octavia Butler, de 52 años, escribir una nota para el Presidente en el que trazara su visión del futuro, la autora eligió como tema la educación. «Yo era pobre, negra, la hija de un limpiabotas y una sirvienta,», explica Butler. «Cuando decía que quería ser escritora, en el mejor de los casos, se me trataba con una suave condescendencia. Ahora me gano la vida escribiendo. Sin la excelente y gratuita educación pública que pude aprovechar, hubiese encontrado otras cosas que hacer con mis sueños aplazados y ambiciones trucadas». En lugar de ello, ella llegó a hacerse con los honores más altos de la Ciencia Ficción: los premios Hugo y Nebula.

Butler, nacida en Pasadena, California, es autora de 11 novelas de gran éxito de crítica. Sus seguidores vuelven una y otra vez en títulos como Patternmaster, Imago, Parentesco y, más recientemente, Parábola del sembrador, una inquietante novela de carretera feminista, y su más optimista secuela, Parable of the Talents. Ganadora del MacArthur Fellowship de 1995 por su ficción, Butler ahora trabaja y vive en Seattle.
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Notas

[1] (N. del t.) Se trata de The Rise and Fall of the Third Reich: A History of Nazi Germany de William L. Shirer (Simon & Schuster, 1960). Se ha editado en castellano en dos tomos como Auge y caída del Tercer Reich (Planeta, 2013).

[2] (N. del t.) Octavia E. Butler, «Parábola del sembrador», Overol, Chile, 2019. Edición en castellano de su “Parable of the Sower” (1994).

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Imagen: Octavia E. Butler, outline and handwritten notes for Parable of the Sower (1994). Fuente: @espejoacustico.

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A Few Rules For Predicting The Future

An essay by science-fiction author Octavia E. Butler; originally published in Essence magazine in 2000 [“posted from the editors” at exittheapple.com: Apr 19 2007]

“SO DO YOU REALLY believe that in the future we’re going to have the kind of trouble you write about in your books?” a student asked me as I was signing books after a talk. The young man was referring to the troubles I’d described in Parable of the Sower and Parable of the Talents, novels that take place in a near future of increasing drug addiction and illiteracy, marked by the popularity of prisons and the unpopularity of public schools, the vast and growing gap between the rich and everyone else, and the whole nasty family of problems brought on by global warming.

“I didn’t make up the problems,” I pointed out. ‘All I did was look around at the problems we’re neglecting now and give them about 30 years to grow into full-fledged disasters.’

“Okay,” the young man challenged. “So what’s the answer?”

“There isn’t one,” I told him.

“No answer? You mean we’re just doomed?” He smiled as though he thought this might be a joke.

“No,” I said. “I mean there’s no single answer that will solve all of our future problems. There’s no magic bullet. Instead there are thousands of answers–at least. You can be one of them if you choose to be.”

Several days later, by mail, I received a copy of the young man’s story in his college newspaper. He mentioned my talk, listed some of my books and the future problems they dealt with. Then he quoted his own question: “What’s the answer?” The article ended with the first three words of my reply, wrongly left standing alone: “There isn’t one.”

It’s sadly easy to reverse meaning, in fact, to tell a lie, by offering an accurate but incomplete quote. In this case, it was frustrating because the one thing that I and my main characters never do when contemplating the future is give up hope. In fact, the very act of trying to look ahead to discern possibilities and offer warnings is in itself an act of hope.

Learn From the Past
Of course, writing novels about the future doesn’t give me any special ability to foretell the future. But it does encourage me to use our past and present behaviors as guides to the kind of world we seem to be creating. The past, for example, is filled with repeating cycles of strength and weakness, wisdom and stupidity, empire and ashes. To study history is to study humanity. And to try to foretell the future without studying history is like trying to learn to read without bothering to learn the alphabet.

When I was preparing to write Parable of the Talents, I needed to think about how a country might slide into fascism–something that America does in Talents. So I reread The Rise and Fall of the Third Reich and other books on Nazi Germany. I was less interested in the fighting of World War II than in the prewar story of how Germany changed as it suffered social and economic problems, as Hitler and others bludgeoned and seduced, as the Germans responded to the bludgeoning and the seduction and to their own history, and as Hitler used that history to manipulate them. I wanted to understand the lies that people have to tell themselves when they either quietly or joyfully watch their neighbors mined, spirited away, killed. Different versions of this horror have happened again and again in history. They’re still happening in places like Rwanda, Bosnia, Kosovo and East Timor, wherever one group of people permits its leaders to convince them that for their own protection, for the safety of their families and the security of their country, they must get their enemies, those alien others who until now were their neighbors.

It’s easy enough to spot this horror when it happens elsewhere in the world or elsewhere in time. But if we are to spot it here at home, to spot it before it can grow and do its worst, we must pay more attention to history. This came home to me a few years ago, when I lived across the street from a 15-year-old girl whose grandfather asked me to help her with homework. The girl was doing a report on a man who had fled Europe during the 1930′s because of some people called–she hesitated and then pronounced a word that was clearly unfamiliar to her–”the Nayzees?” It took me a moment to realize that she meant the Nazis, and that she knew absolutely nothing about them. We forget history at our peril.

Respect the Law of Consequences
Just recently I complained to my doctor that the medicine he prescribed had a very annoying side effect.

“I can give you something to counteract that,” my doctor said.

“A medicine to counteract the effects of another medicine?” I asked.

He nodded. “It will be more comfortable for you.”

I began to backpedal. I hate to take medicine. “The problem isn’t that bad.” I said. “I can deal with it.”

“You don’t have to worry,” my doctor said. “This second medication works and there are no side effects.”

That stopped me. It made me absolutely certain that I didn’t want the second medicine. I realized that I didn’t believe there were any medications that had no side effects. In fact, I don’t believe we can do anything at all without side effects–also known as unintended consequences. Those consequences may be beneficial or harmful. They may be too slight to matter or they may be worth the risk because the potential benefits are great, but the consequences are always there. In Parable of the Sower, my character put it this way:

All that you touch / You Change
All that you Change / Changes you
The only lasting truth / Is Change
God / Is Change

Be Aware of Your Perspective
How many combinations of unintended consequences and human reactions to them does it take to detour us into a future that seems to defy any obvious trend? Not many. That’s why predicting the future accurately is so difficult. Some of the most mistaken predictions I’ve seen are of the straight-line variety–that’s the kind that ignores the inevitability of unintended consequences, ignores our often less-than-logical reactions to them, and says simply, “In the future, we will have more and more of whatever’s holding our attention right now.” If we’re in a period of prosperity, then in the future, prosperity it will be. If we’re in a period of recession, we’re doomed to even greater distress. Of course, predicting an impossible state of permanent prosperity may well be an act of fear and superstitious hope rather than an act of unimaginative, straight-line thinking. And predicting doom in difficult times may have more to do with the sorrow and depression of the moment than with any real insight into future possibilities. Superstition, depression and fear play major roles in our efforts at prediction.

It’s also true that where we stand determines what we’re able to see. Where I stood when I began to pay attention to space travel certainly influenced what I saw. I followed the space race of the late 1950′s and the 1960′s not because it was a race, but because it was taking us away from Earth, away from home, away to investigate the mysteries of the universe and, I thought, to find new homes for humanity out there. This appealed to me, at least in part, because I was in my teens and beginning to think of leaving my mother’s house and investigating the mysteries of my own adulthood.

Apollo 11 reached the moon in July 1969. I had already left home by then, and I believed I was watching humanity leave home. I assumed that we would go on to establish lunar colonies and eventually send people to Mars. We probably will do those things someday, but I never imagined that it would take as long as it has. Moral: Wishful thinking is no more help in predicting the future than fear, superstition or depression.

Count On the Surprises
I was speaking to a group of college students not long ago, and I mentioned the fear we’d once had of nuclear war with the Soviet Union. The kids I was talking to were born around 1980, and one of them spoke up to say that she had never worried about nuclear war. She had never believed that such a thing could possibly happen–she thought the whole idea was nonsense.

She could not imagine that during the Cold War days of the sixties, seventies and eighties, no one would have dared to predict a peaceful resolution in the nineties. I remembered air-raid drills when I was in elementary school, how we knelt, heads down against corridor walls with our bare hands supposedly protecting our bare necks, hoping that if nuclear war ever happened, Los Angeles would be spared. But the threat of nuclear war is gone, at least for the present, because to our surprise our main rival, the Soviet Union, dissolved itself. No matter how hard we try to foresee the future, there are always these surprises. The only safe prediction is that there always will be.

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So why try to predict the future at all if it’s so difficult, so nearly impossible? Because making predictions is one way to give warning when we see ourselves drifting in dangerous directions. Because prediction is a useful way of pointing out safer, wiser courses. Because, most of all, our tomorrow is the child of our today. Through thought and deed, we exert a great deal of influence over this child, even though we can’t control it absolutely. Best to think about it, though. Best to try to shape it into something good. Best to do that for any child.

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Last January [2000], when the White House asked Octavia Butler, 52, to write a memorandum to the President outlining her vision of the future, the author chose education as her subject. “I was poor, Black, the daughter of a shoeshine man and a maid,” Butler explains. “At best I was treated with gentle condescension when I said I wanted to be a writer. Now I write for a living. Without the excellent, free public education that I was able to take advantage of, I might have found other things to do with my deferred dreams and stunted ambitions.” Instead she went on to garner science fiction’s highest honors, the Hugo and Nebula awards.

Butler, a native of Pasadena, California, is the author of 11 critically acclaimed novels. Her loyalists return again and again to the worlds created in such titles as Patternmaster, Imago, Kindred and, most recently, Parable of the Sower, a haunting coming-of-age, feminist road novel, and its more hopeful sequel, Parable of the Talents. Winner of a 1995 MacArthur Fellowship for her fiction, Butler now lives and works in the Seattle area.

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Derechos originales: 2000 Essence Communications, Inc. & 2000 Gale Group

Margarita Padilla: Soberanía tecnológica ¿De qué estamos hablando?

Imagen: mujer con telar, grabado de  F. Damé 1898, modificado por teixidora.net. Fuente: https://www.teixidora.net/wiki/Fitxer:Teixidora_R%C4%95zboiul_sa%C5%AD_stativele_1898_COLOR.svg

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Nota presentación: Reproducimos aquí este texto introductorio a la soberanía tecnológica – sobre la que venimos tratando de escribir en el blog, seguramente con poca fortuna hasta la fecha. El texto es de Margarita Padilla, activista del software libre y más cosas desde finales de los 80, en Madrid, además de persona excepcional. La cuestión de la soberanía tecnológica nos parece hoy especialmente importante, ante el nuevo impulso para la digitalización de escuelas y universidades en la situación de pandemia. Creemos que esta importancia, que nosotros también consideramos crítica para el desarrollo y la autonomía cultural y económica, se explica especialmente bien en el texto que sigue.

El texto lo hemos encontrado en un volumen colectivo publicado en 2017 que trata diversos aspectos del asunto (referencia y enlace para descarga al final del post). Estando distribuido con una licencia libre nos hemos animado a reproducirlo. Enhorabuena y muchas gracias a la autora y a las editoras del volumen. Salud & aire. ____ JPL

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Soberanía tecnológica ¿De qué estamos hablando?

Margarita Padilla

Qué es

Querido lector/a, queremos conversar sobre la soberaníatecnológica, un concepto que quizás, todavía, no te diga nada.

Dice la Wikipedia que la «soberanía» es el poder políticosupremo y que es soberano quien tiene el poder de decisión,el poder de dar las leyes sin recibirlas de otro. También diceque es imposible adentrarse en este concepto sin tener en cuen-ta las luchas por el poder. Y que la historia va dibujando el de-venir del sujeto de la soberanía. ¿Quién, en cada momento, es soberano?

Trasladando la cuestión de la soberanía a las tecnologías, lapregunta sobre la que queremos conversar es quién tiene poder de decisión sobre ellas, sobre su desarrollo y su uso, sobre su acceso y su distribución, sobre su oferta y su consumo, so-bre su prestigio y su capacidad de fascinación… Sigue leyendo Margarita Padilla: Soberanía tecnológica ¿De qué estamos hablando?

Donna Haraway, Staying with the Trouble: análisis de la introducción


Imagen: the Hyperbolic Crochet Coral Reef — created by Margaret and Christine Wertheim of the Institute For Figuring, 2010; fuente img.: https://ocean.si.edu/human-connections/books-film-arts/hyperbolic-crochet-coral-reef
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Análisis del capítulo de introducción de Donna Haraway, 2016, Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene, Duke University Press, Durham. Traducción al español en proceso (puede verse, por supuesto, la traducción de Helen Torres para Consonni, 2019; aquí copia no comercial de la intro de esta edición: https://www.consonni.org/sites/default/files/Seguir%20con%20el%20problema_Haraway_capi1.pdf ).

José Pérez de Lama, con la colaboración de Jose Sánchez-Laulhé y Pablo DeSoto

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Staying with the trouble. Making Kin in the Chthulucene

Introduction, with comments
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[pg. 1]

Section 1: Trouble, staying with the trouble

Trouble is an interesting word. It derives from a thirteenth-century French verb meaning “to stir up,” “to make cloudy,” “to disturb.” (*)

We – all of us on Terra – live in disturbing times, mixed-up times, troubling and turbid times.

The task is to become capable, with each other in all of our bumptious kinds (**), of response.

Mixed-up times are overflowing with both pain and joy [?] – with vastly unjust patterns of pain and joy, with unnecessary killing of ongoingness but also with necessary resurgence [? hmm].

The task is to make kin in lines of inventive connection as a practice of learning to live and die well with each other in a thick present.

Our task is to make trouble, to stir up potent response to devastating events, as well as to settle troubled waters and rebuild quiet places. Sigue leyendo Donna Haraway, Staying with the Trouble: análisis de la introducción

Recordando a David Graeber: ¿es la actitud moralista en relación con el trabajo la que está acabando con el planeta?

Imagen: captura de un tuit de David Graeber del pasado mes de julio de 2020
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José Pérez de Lama

*** Modesto homenaje de arquitecturaContable a David Graeber

[1] Trabajo, — ya sabemos –, como casi todos los términos interesantes significa cosas contradictoriamente polisémicas. Por un lado, significa lo que hacemos para transformar el mundo y adaptarlo a nuestras necesidades, para hacerlo más habitable,  para obtener los recursos necesarios para la vida. Por otra, en nuestro sistema social, en tanto que empleo, constituye una forma de sujeción y quizás explotación — desde Marx es difícil abandonar la sospecha de esto último. Casi todos necesitamos tener un trabajo porque constituye la forma en que la mayoría nos ganamos la vida, pero a la vez,  mucho de las cosas que tenemos que hacer en nuestros trabajos, por decirlo sin entrar en excesivas complejidades, no son las que haríamos si pudiéramos elegir libremente.

El mes pasado, con su característica brillantez, David Graeber, que murió pocos días después, ponía un par de tuits divertidos sobre este asunto del trabajo, sobre el que sus seguidores saben perfectamente que venía escribiendo durante los últimos años — muchos sabréis que su último libro publicado se tituló Bullshit jobs. A TheoryBullshit jobs es el nombre que inventó para describir la proliferación durante las últimas décadas de trabajos sin sentido, absurdos y poco útiles.

En este par de tuits que recordaba Graeber nos hacía sonreír con su inteligencia burlona y provocadora, haciéndonos dudar de la virtud del trabajar duro, que por temporadas algunos hemos llegado a considerar algo casi sagrado…

Decía así, entonces, el pasado 14 de julio (captura al principio del post del tuit original):

Serie Propuestas inmodestas en Radio 4: el trabajo está destruyendo el planeta. Para salvarnos a nosotros mism*s podemos empezar por

1. eliminar los trabajos inútiles (bullshit jobs)
2. parar de construir sin sentido (batshit construction)
3. terminar con la obsolescencia planificada.

[twitter.com/davidgraeber/status/1283053313735495692]

Y continuaba en el mismo hilo:

esto es,

la cuestión clave: "no es nuestro hedonismo el que está destruyendo el planeta, es nuestro puritanismo," el hecho de que sintamos que todo el mundo debe estar constantemente trabajando, independientemente de que se necesite que algo sea hecho, para justificar nuestros placeres de consumidores.

Por supuesto Graeber relacionaba esto con el debate sobre los trabajos que estos meses atrás, más que nunca, se habían demostrado como «esenciales» — y por contraste los que se revelaron como menos, o como prescindibles, los quizás bullshit jobs, como muchos de los nuestros que andamos leyendo y escribiendo blogs y tuits y cosas así… 🙂 (véanse las entrevistas enlazadas al final). Sigue leyendo Recordando a David Graeber: ¿es la actitud moralista en relación con el trabajo la que está acabando con el planeta?

A vueltas con el Impuesto de Patrimonio

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Portada de la 1ª edición de la novela “The Great Gatsby”, escrita per F. Scott Fitzgerald el 1925 y publicada en 1928. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/El_gran_Gatsby

David Patiño Rodríguez

Este post fue publicado originalmente en el  Blog de Fueros y Huevos del Diario Expansión el 11/2/2020

 

El impuesto sobre el patrimonio es controvertido y genera polémica  en torno a su existencia, estructura o efectos que recientemente han sido objeto de estudio por RIFDE. Más allá de los debates domésticos, la tributación sobre el patrimonio ha irrumpido en el debate internacional de los últimos años y está siendo una de las estrellas de la campaña presidencial norteamericana. Este post repasa algunos de los argumentos que basan las actuales propuestas, con la idea de poder extraer enseñanzas útiles para nuestro país.

El trabajo de Saez, Zucman y Piketty es el responsable de esta irrupción, especialmente, tras la publicación, por parte del último, del libro El Capital en el siglo XXI, que incluye la propuesta de crear un impuesto progresivo sobre el patrimonio con capacidad recaudatoria considerable y que sirva de instrumento para luchar contra la concentración de la riqueza. Tal propuesta se consideró osada, en el momento de la publicación del libro, pero generó un intenso debate en el ámbito académico al que siguieron otras propuestas, como la de Posner y Weyl (2019), en este caso buscando mejorar la asignación de los recursos a través de una fuerte tributación personal. La discusión se extendió al resto de la sociedad cuando Warren y Sanders, dos de los candidatos demócratas mejor posicionados, lanzaron sendas propuestas en su campaña a las primarias.

El debate ha puesto la atención en aspectos importantes que, si bien eran conocidos, ahora se analizan en profundidad. En este sentido,destaca la escasa información disponible sobre la distribución de los patrimonios, de los que se carece de estadísticas generalizadas, muchas veces aportada por censos extraoficiales -como la revista Forbes-. Esta situación contrasta con el amplísimo conocimiento sobre distribución de la renta, lo que es llamativo si consideramos que la distribución de la riqueza es mucho más desigual que la de la renta. Los defensores de un impuesto como éste indican que, incluso si se limitara a tasas muy reducidas, posibilitaría la elaboración de registros pormenorizados lo que constituye la base de una fuente de recursos considerable. Si tenemos en cuenta que la relación capital/renta se estima en torno al 500-600% en los países europeos, un impuesto del 1% lograría recaudaciones del 5-6% del PIB lo que representa niveles de ingreso muy apreciables. Sin embargo, las grandes fortunas han crecido a tasas del orden del 6-7% en términos reales en las últimas décadas, por lo que un impuesto progresivo que persiguiera objetivos más ambiciosos como reducir las desigualdades patrimoniales, podría alcanzar tipos del 10% para los multimillonarios, acorde con dichas rentabilidades anual. Por ejemplo, Sanders propone gravar con un máximo del 8%. Según los cálculos de Piketty, y al contrario de lo que machaconamente se indica, limitar la concentración de patrimonios no ha reducido el crecimiento en el pasado e incluso se puede asociar el Golden Age del capitalismo con la intensa reducción de las desigualdades que se produjo tras el periodo de las dos guerras mundiales.

De modo obvio, el principal motivo para introducir un impuesto progresivo sobre el patrimonio es paliar la insuficiencia de recursos necesarios para financiar los Estados Sociales que disponemos. Los candidatos demócratas indican que el impuesto les proporcionará los fondos necesarios para financiar sus ambiciosas propuestas de nuevos servicios públicos. Según Piketty, tal insuficiencia de recursos en Europa ha sido consecuencia de la globalización combinada con una intensa competencia fiscal. Siendo una situación que no habría sido prevista por la socialdemocracia, tradicionalmente más interesada en poseer la propiedad de los medios de producción que en diseñar una fiscalidad adecuada. Por este motivo, el esquema impositivo que se estableció en el siglo XX no incluyó el impuesto a la riqueza lo que no ha permitido gravar las grandes fortunas de manera apreciable. Esto no ha sido consecuencia del fraude o de que los millonarios abrieran cuentas en paraísos fiscales. En realidad, los sistemas tributarios permiten gravar únicamente la parte de los ingresos que los propietarios de las grandes fortunas habrían consumido, lo que representa porcentajes relativamente pequeños. El resto se acumularía en sus holdings personales, con la consiguiente tendencia al crecimiento de los mismos. Incluso reestableciendo los tipos impositivos cuasi-confiscatorios que EEUU o el Reino Unido aplicaron a las rentas elevadas entre el final de la II Guer Mundial y 1980 solo se podrían gravar cantidades reducidas. Los ingresos generados por un patrimonio de, por ejemplo, 83.000 millones de euros al 6% sería de unos 5.000 millones de euros, lo cual debe ser difícil o más bien imposible de consumir, por lo que la mayor parte se acumulará incrementando dicho patrimonio. Datos como el tipo efectivo del 0,003% que Saez y Zucman (2019) han calculado que soportó Warren Buffett en el año 2015 son muy reveladores, en ese sentido.

Las carencias de la tributación basada en la renta no se han compensado con la tributación sobre los activos que se ha limitado a pocas figuras entre las que destaca el gravamen sobre los bienes inmuebles que ha mantenido su estructura desde su creación en el siglo XVIII. Se trata de un impuesto proporcional al que no le afecta la acumulación de propiedades en una misma persona. Frecuentemente, emplea valores catastrales que se alejan de los del mercado y se transforman en azarosos y no considera las deudas, que son más elevadas, proporcionalmente, en los contribuyentes con menor poder adquisitivo. El resultado es fuertemente regresivo. Desde luego, importar modelos aplicados en numerosos estados de los EEUU en los que la tributación se basa en estimaciones de los valores del mercado de las propiedades a partir de regresiones hedónicas, permitiría caminar hacia esquemas de tributación más razonables que los actuales, aunque presumiblemente seguirían siendo insuficientes. Por otro lado, el actual impuesto de patrimonio existente en pocos países grava únicamente a un número reducido de contribuyentes, cuenta con numerosas exenciones y se basa también en valores catastrales y fiscales más o menos arbitrarios.

Un impuesto progresivo sobre el patrimonio ampliaría la tributación a la totalidad de los activos propiedad de los individuos, en especial a los financieros, que conforman la mayor parte de las grandes fortunas pero que sin embargo, actualmente están prácticamente exentos de tributación. Se articularía a través de un borrador, similar al utilizado en el IRPF, que valoraría el conjunto de activos y pasivos del contribuyente, el cual podría modificarlo de modo razonado. Para que la administración tributaria dispusiera de la información necesaria para elaborarlo, habría que obligar a los bancos extranjeros a proporcionar informes completos sobre las cuentas, inversiones e ingresos mantenidos y percibidos por los contribuyentes. EEUU ha avanzado en esta línea con la Ley de cumplimiento tributario de cuentas extranjeras (FATCA en sus siglas en inglés) vigente desde 2013. Esta ley propició que Luxemburgo y Suiza cumplieran las obligaciones establecidas por el gobierno americano para evitar las sanciones previstas, lo cual prueba que la intencionalidad política permite crear las bases necesarias.

El resultado puede ser un impuesto que los ciudadanos, al menos los estadounidenses, parecen apreciar mayoritariamente y que es apoyado incluso por un grupo de millonarios con ilustres apellidos. El debate es apasionante e, independientemente de donde estemos dispuestos a llegar (veremos hasta donde lo hacen los norteamericanos), algunas de las cuestiones que plantea nos pueden permitir reflexionar para mejorar nuestras figuras tributarias actuales, lo que se atoja muy aconsejable.

Tres o cuatro comentarios sobre el tiempo y la vida: Epicuro, Borges, Cavafy…

Sobre el tiempo y la vida

Notas / selección de José Pérez de Lama

Se va uno haciendo mayor, también, claro, los familiares y amigos, y piensa o se fija más en estas cosas del paso del tiempo, la vida y demás.

Leyendo la, para algunos mítica, novela La vida instrucciones de uso de Perec (1978), en contraste con los comentarios y reseñas que leo por ahí, lo que más me ha llamado la atención es la descripción fría de cómo se van sucediendo inquilinos en un inmueble parisino: proyectos de vida, envejecimientos, muertes, muebles y decoraciones. Otro día igual comento lo que casi todos juzgan que es la historia principal del libro, la de los puzzles del Bartlebooth, en la que veo este mismo tema quizás de manera sobresaliente entre todas las otras historias.

Mientras tanto, comparto por aquí  tres o cuatro micro-lecturas sobre estos temas de las que he tomado notas durante los últimos días.

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NACEMOS UNA SOLA VEZ, pues dos veces no es posible, y no podemos vivir eternamente. Tú, sin embargo, aunque no eres dueño de tu mañana, sometes la dicha a dilación. Pero la vida se consume inútilmente en una espera y cada uno de nosotros muere sin haber gozado de la quietud.

Epicuro, Gnomologio vaticano, 14; traducción de Carlos García Gual

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Cuando Alonso Quijano descubre que nunca ha sido Don Quijote, que Don Quijote es una mera ilusión, y que está por morirse, la tristeza nos arrasa, y también a Cervantes.

@BorgesJorgeL, Tw 18/08/2020

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Very seldom

He is an old man. Worn out and stooped,
crippled by the years and by abuses,
walking slowly he crosses the narow street.
But once he goes inside his home to hide
his wretchness and his old age, he ponders
on the share of youth which still belongs to him.

Now, young men recite his own verses.
His visions past before their lively eyes.
Their healthy, sensuous minds,
their elegant, firm bodies,
are stirred by his manifestation of Beauty.

C.P. Cavfy (1863-1933), translation by Evangelos Sachperoglou | fuente: C.P. Cavafy __ @ccavafy Tw 08/07/2018

Traducción «de batalla»:  Raramente

Es un hombre viejo. Cansado y encorvado, / lisiado por los años y por los abusos, / andando despacio cruza la calle estrecha. Pero una vez que entra en su casa para esconder / su desdicha y sus años, pondera / la parte de juventud que aún le pertenece.

Ahora, hombres jóvenes recitan sus propios versos. / Sus visiones pasan por delante de sus ojos llenos de vida. / Sus mentes saludables y sensuales, sus cuerpos elegantes y firmes / son agitados por su manifestación de Belleza.

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Cuando yo era estudiante de Arquitectura, en la década de 1980, entre la gente guai de  la Escuela conocer a Cavafy era un must — ahora supongo que aquellas obligaciones literarias, que también incluían a Nabokov, por ejemplo, eran una mezcla de autores recuperados por la posmodernidad y novedades editoriales. Se mezclan cosas curiosas, por tanto, volviendo a leer en un par de cuentas de Twitter que sigo con gusto.

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La muerte es un viejo truco, y aún así a todo el mundo lo sorprende como algo nuevo.

Turgenev, en Padres e hijos (1862). Bazarov, el héroe un poco malaje de la novela, se lo dice a Anna Odintsova, amor frustrado que lo vela en su agonía __ citado por Nabokov, en su Curso de literatura rusa, (1980, p. 93). En la versión inglesa de Nabokov, mucho mejor que otras que salen en Internet es así: Death is an old trick, yet it strikes everyone as something new.