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Personalidad colectiva compuesta por Teresa Duarte, David Patiño y José Pérez de Lama, amigos, profesores, activistas

Carta de apoyo a la Casa Invisible de Málaga, nov 2021

Captura de pantalla de la web del Diario Sur, fotografía de Ñito Salas de la manifestación de apoyo a la Invisible, en circunstancias similares a las de hoy, en 2018. Fuente de la captura: https://www.diariosur.es/malaga-capital/fotos-manifestacion-para-conservar-sede-casa-invisible-malaga-20180310164046-ga.html

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José Pérez de Lama

Llegan las noticias de una nueva amenaza de desalojo del centro social la Casa Invisible en Málaga. Compañer*s de allí envían la carta que sigue, y que reproduzco, además de para dar mi apoyo, por el interés sobresaliente que tiene el escrito, a mi juicio, como reflexión sobre la ciudad y el habitar.

La carta:

Carta de apoyo a la Casa Invisible, que afronta el cuarto intento de desalojo

Las arquitectas y arquitectos cuyo nombre aparece al final de este texto, manifestamos nuestro apoyo a la permanencia de la Casa Invisible, con ocasión de los hechos y reflexiones que a continuación se exponen.

El pasado mes de octubre el pleno del ayuntamiento de Málaga aprobó el desalojo de urgencia de la Casa Invisible, rompiendo unilateralmente el dialogo para reabrir el proceso de cesión en uso al proyecto actual al que se comprometieron en 2018, y rechazando el proyecto de rehabilitación integral por fases que se le propuso en 2016. Utilizando como excusa una ITE desfavorable que no obstante no genera nuevas medidas cautelares, pretenden desalojar con el fin de sacar a concurso la rehabilitación integral del edificio y su posterior cesión, sabiendo que será el criterio económico el que prevalezca sobre cualquier otra consideración.

La Casa Invisible, desde hace más de 14 años, en un proceso continuado de abajo a arriba, proporciona el ámbito, la logística, difusión, poder de convocatoria y agregación que contribuye al desarrollo de las potencias locales. Es un instrumento de desprecarización que acoge y promueve actividades que de otra manera no se darían en esta ciudad, iniciativas invisibilizadas en una ciudad tematizada y expuesta a los intereses de unos pocos. Con ello demuestra que la mediación mercantil no es imprescindible para la creación y sostenimiento de la cultura. Es un verdadero equipamiento del común, gestionado por sus propios usuarios, con una efectiva autonomía.

En este proyecto social y cultural es fundamental la dimensión arquitectónica y urbana. No se nos ocurre mejor modo de expresarlo que recordando a M. Heidegger cuando explica qué es el habitar y lo pone en relación sustancial con el construir, concluyendo que construimos en la medida que habitamos. Construimos en un proceso permanente de interacción con el espacio de habitación que es a su vez nuestro proceso personal de crecimiento en anhelos, obras y modos de estar en el mundo. Pero de un modo concreto: cuidando las cosas y criaturas que nos acompañan. Si reinventarnos es esencial en nuestro devenir humano y ese camino se realiza en un entorno físico y social, ¿por qué deberíamos relegar las decisiones sobre este proceso a los expertos?

El edificio fue construido en 1876 y necesita ser rehabilitado. El modo de actuación se ha ido gestando desde el año 2007, con la cooperación de numerosos profesionales, conscientes de su responsabilidad social. Ha tomado forma definitiva bajo la dirección de expertos solventes en el ámbito de la rehabilitación del patrimonio, con la colaboración de estudiantes y jóvenes titulados de la Escuela de Arquitectura de Málaga. Bajo la premisa de «máximo conocimiento-mínima intervención», y en una colaboración permanente con los habitantes/usuarios de la casa, han elaborado un plan de actuación para poner gradualmente al servicio de la ciudadanía los maravillosos espacios de este edificio sin necesidad de paralizar las actividades que acoge.

Este proyecto ejemplar, especialmente oportuno para el centro histórico de Málaga, se presentó al ayuntamiento en 2016, y por su rigor y validez contó en su día incluso con el apoyo de la Gerencia de Urbanismo de Málaga que no puso objeciones a su ejecución en fases, permitiendo el uso del resto del edificio y que la actividad de la Casa Invisible no sufriera interrupciones; además fue premiado en 2018 por el ministerio de Cultura por su innovación, cuidado de la sostenibilidad y participación de los usuarios.

El Proyecto de rehabilitación del edificio forma parte de una serie de requisitos jurídicos y técnicos acordados con el Ayuntamiento para la cesión del edificio en 2015 y 2018, que han sido cumplidos en su totalidad por la Casa Invisible, por lo que el desalojo debería ser paralizado, que el Ayuntamiento cumpla su parte de dicho acuerdo y que sean retomadas las negociaciones para la cesión de su uso, garantizando así la continuidad de la Casa Invisible.

Las 14 cosas que los políticos deberían saber sobre la emergencia climática

Selección y notas de José Pérez de Lama

Del libro de Mike Berners-Lee, There is No Planet B (2019-2021). A propósito de la «disonancia cognitiva» entre lo que se dice que es una emergencia y la tímida acción por parte de los políticos (véase la reciente COP26) y la indiferencia de tantos.

La nueva edición actualizada del libro de MBL se publicó a principios de 2021 con lo que se puede entender como unas reflexiones o recomendaciones previas a la COP26 que se celebró posteriormente (31/10/21 a 12/11/21).

Mike Berners-Lee es hermano más joven de Tim, el inventor de la WWW. Buscando algún libro para tratar de entender mejor el cambio climático topé con éste. Me atrajo, – aparte de por esto de ser hermano de Tim Berners-Lee, persona por la que siento gran respeto y admiración, por supuesto -, porque por la críticas y comentarios parecía un libro razonablemente ecuánime, con una aproximación científica a la vez que escrito para un público general. Mike Berners-Lee es investigador asociado y profesor del Instituto de Futuros Sociales de la Universidad de Lancashire (RU). Es autor de otros dos libros previos sobre cuestiones relacionadas. Este libro ha sido publicado por la Universidad de Cambridge. Y según interpreto es la persona que acuñó el lema «No tenemos un planeta B», asumida por diferentes movimientos sociales ecologistas.

La lectura que he hecho hasta ahora, – más o menos hasta la mitad del volumen -, me confirma que no ha sido mala elección. Ni es del sector «milenarista» (los que hacen llamadas al pánico y la desesperación, «todos vamos a morir», etc.) ni tampoco de los que quitan importancia al asunto, o piensan, ya sea por el lado «negacionista» o por el «negocionista» o del capitalismo verde. La actitud de Berners-Lee me resulta curiosa, y quizás sea parecida a la que yo estaba tratando de construir para mí mismo: todos los indicios científicos sugieren que el asunto es grave; la exacta gravedad no acabamos de conocerlo, pero es muy verosímil que sea una importante amenaza para la civilización como la conocemos – especialmente para los pobres  o los no súper-ricos-, para la biodiversidad, etc.; técnicamente sería viable resolver el asunto y hacer una transición a un sistema energético que solventara el asunto más crítico de las emisiones de CO2 y demás gases de efecto invernadero; pero las cosas que como sociedad global tendríamos que hacer no las estamos haciendo; y parece dudoso que vayan a hacerse con la velocidad que hace falta; aún así, no desespera sino que sigue trabajando, con aparente paciencia y serenidad, para ayudar a que puedan hacerse; y en última instancia, parece asumir, al menos en el libro, una actitud de curioso observador de la humanidad — podría decirse que una actitud spinoziana: ni condenar ni escandalizarse sino tratar de comprender.

Añado un segundo comentario al final. Comienza a continuación la traducción.

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Mike Berners-Lee, 2021, pp. 58-60 (traducción de JPL).

Las 14 cosas que los políticos deberían saber sobre la emergencia climática

Con el «deberían saber» quiero decir que quien no comprenda todas estas 14 cosas no es adecuado para tener un cargo político. En el Apéndice 1 desarrollo en mayor extensión cada uno de estos puntos [el autor se refiere a un apéndice del libro que no se recoge aquí].

(1) La ciencia actual nos dice que un aumento global de la temperatura de 2ºC parece muy arriesgado, pero que un aumento de 1.5ºC parece mucho menos arriesgado. Los Acuerdos de París lo afirmaron así. Todos los países significativos suscribieron aquellos acuerdos. Desde entonces Trump se retractó, pero todos los demás se han mantenido firmes.

(2) El aumento de temperatura que experimentamos es aproximadamente proporcional a la cantidad total de carbono que hemos quemado a lo largo de la historia. Esto nos da un presupuesto acumulativo de carbono que ya hemos consumido en su mayor parte.

(3) Las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el gas de efecto invernadero más importante, han crecido exponencialmente durante 160 años. Siempre hay subidas y bajadas de un año para otro, y hubo una pequeña reducción con la Gran Depresión y las guerras mundiales, seguidas por un rebote que puede ser explicado de diversas maneras. Pero esto es solo ruido frente a una tasa de crecimiento de un 1.8% anual notablemente estable .

(4) Aún no hemos hecho mella en la curva de crecimiento del carbono [la curva de emisiones de gases de efecto invernadero a los que llama de manera resumida «carbono»]. Incluso teniendo en consideración los datos más recientes, hay muy poca o ninguna evidencia de que la curva de carbono se haya visto siquiera afectada hasta la fecha por todas los acuerdos y acciones sobre cambio climático. ¡Glups! (Afrontar esta realidad nos da una posibilidad mucho mayor de tratar el problema. Esta cruda observación nos dice mucha del tipo de solución que tenemos que dar al problema).

(5) Al actual ritmo de emisiones el «presupuesto de carbono» que aún queda para limitar el aumentos de la temperatura global a 1.5ºC y 2ºC se reduce con rapidez — a pesar de algunas buenas noticias recientes procedentes de los modelizadores de carbono. Tal como están las cosas parece que superaremos el «presupuesto de carbono» estimado para el aumento de 1.5ºC en algún momento entre 2030 y 2040. [1]

(6) Se tarda mucho tiempo en poner el freno. Las temperaturas no dejarán de subir hasta que las emisiones netas sean igual a cero.

(7) Todo el combustible que se extrae del suelo acaba siendo quemado – siendo así, tiene que quedarse en el suelo.

(8) Debido a los efectos de rebote, que son frecuentemente ignorados, pasados por alto o no completamente entendidos, muchas de las acciones clave que mucha gente asume que habrían debido ser de ayuda, no han sido de ninguna ayuda – y por sí solas nunca ayudarán. Esto incluye prácticamente todas las nuevas tecnologías y mejoras de eficiencia.

(9) El crecimiento de las renovables, aún siendo esencial, no será suficiente para resolver el cambio climático. Precisamente por los efectos de rebote y el permanente apetito de energía de los humanos.

(10) Como consecuencia, necesitamos con urgencia un acuerdo global, que funcione, para  todo el combustible [fósil] se quede en el suelo. Las pequeñas acciones parciales son absorbidas al nivel del sistema global por parte de las empresas que trasladan las emisiones a sus proveedores en la cadena de abastecimiento, países de deslocalizan su carbono y la miríada de estrategias con las que se transfieren las emisiones a otras partes del sistema global.

(11) También necesitamos gestionar los otros gases de efecto invernadero [n.del.t: aquí el autor dirige a los lectores al capítulo1 del volumen en que trata esta cuestión].

(12) Extraer y quemar combustibles fósiles tiene que convertirse en algo demasiado caro, ilegal o ambas cosas — a menos que podáis pensar en otra alternativa de limitación global.

(13) Un acuerdo así [para dejar de extraer del suelo combustibles fósiles] tendrá que funcionar para tod*s. En teoría sería posible forzar a ciertas partes afectadas a aceptar un acuerdo que los mandara a la pobreza, pero solo será posible si se tratase de un acuerdo firmado por todo el mundo, que todo el mundo contribuyese a hacer que funcionara. No importa lo difícil que parezca, enfrentarse al desafío es un paso esencial para poderlo resolver.

(14) También tendremos que retirar carbono de la atmósfera – aunque no esté del todo claro que sepamos aún cómo hacerlo. Esto es simplemente así, debido al alto riesgo al que estamos ya expuestos por nuestra incapacidad de actuar hasta la fecha.

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Comentarios finales / provisionales

Berners-Lee comienza con calma y claridad, exponiendo datos científicos, valorando en cada caso los niveles de certeza que puede concederse a los diferentes datos. Tenemos un problema serio, pero que no se pierda la serenidad; conviene estudiarlo bien para dar con una solución viable y razonable… Y luego, en el capítulo 2 plantea este listado, que de pronto puede parecer bastante radical, yo pienso que lo es. Y dice, como ya vimos, que nadie debería tener responsabilidad política si no conoce bien lo que aquí plantea. Insiste en que no votemos a políticos que no lo sepan y y que no lo asuman. Yo personalmente, no lo tenía todo tan claro. Imagino que muy pocos políticos, ni de nuestro entorno ni de casi ninguno, lo tendrán. No sabe uno desde luego a qué atenerse. La famosa «disonancia cognitiva»… Hm.

Un segundo comentario, que no tiene que ver con el listado, sino con el desarrollo posterior del libro. El pretendido realismo con que aborda las  cuestiones parece hacerle asumir que los humanos seguiremos aumentando el consumo de energía al ritmo más o menos estable que venimos teniendo desde … los egipcios, ¡dice en algún momento! Pienso que en capítulos de la segunda parte en los que habla sobre crecimiento y población se matizarán estas cosas. Espero con curiosidad. En la hipótesis del crecimiento que desarrolla, se plantea que si se mantiene la actual tasa de uso creciente de energía, y si esta necesidad se resuelve mediante energía solar y sistemas fotovoltaicos que estima los más eficientes, para el año 2300 habría que cubrir toda la superficie terrestre del plantea con paneles solares para satisfacer la demanda  proyectada. Quiero pensar que es un ejercicio de reducción al absurdo y que más adelante planteará nuevas maneras de considerar el asunto. Ya veremos.

El último comentario. No se si habréis seguido el encuentro COP26. Al principio muchas noticias, y luego se disolvió en el siguiente tema de actualidad. Como si la cosa fuera una noticia más, que se yo, como la última astracanada del tertuliano de turno o el última declaración provocadora de la política de moda en Tuiter.  Yo intenté enterarme un poco. Por esto de los Extinction Diaries… Leí el acuerdo firmado por todos los países, y algunos comentarios por parte de gente que más o menos creo saber de qué van. Las valoraciones son muy moderadas. Si se comparan con estos puntos de Mike Berners-Lee se ve que se quedan bien cortas… Entre otras. Se ha celebrado que no se haya abandonado el objetivo del aumento de los 1.5ºC, que a pesar de que se firmara como tal en 2015 en París, como recordaba antes Berners-Lee en un momento dado parecía que se iba a abandonar. Aunque la declaración da a entender como más verosímil el objetivo de los 2ºC, a pesar de ser considerado por los expertos como mucho más arriesgado. __ Los análisis publicados en días antes, quizás desde la ONU, estimaban que con las medidas y planes actualmente asumidos vamos de camino de un aumento de 2.7ºC en 2050 (ver enlace al final). Los artículos concretas en que se dice esto son los siguientes [pendientes de traducción]:

[The Conference of the Parties serving as the meeting of the Parties to the Paris Agreement,] 20. Reaffirms the Paris Agreement temperature goal of holding the increase in the global average temperature to well below 2 °C above pre-industrial levels and pursuing efforts to limit the temperature increase to 1.5 °C above pre-industrial levels;

21. Recognizes that the impacts of climate change will be much lower at the temperature increase of 1.5 °C compared with 2 °C and resolves to pursue efforts to limit the temperature increase to 1.5 °C;

22. Recognizes that limiting global warming to 1.5 °C requires rapid, deep and sustained reductions in global greenhouse gas emissions, including reducing global carbon dioxide emissions by 45 per cent by 2030 relative to the 2010 level and to net zero around mid-century, as well as deep reductions in other greenhouse gases;

El otro asunto que se ha celebrado ha sido el de la incorporación en el acuerdo un punto sobre la necesidad de acabar con los subsidios al uso de combustibles fósiles; aunque en su formulación es poco más de la manifestación de una intención – que además fue rebajada a última hora por la oposición de la India: ¡siempre es bueno que haya un país pobre para echarle la culpa! El texto moderadamente celebrado, (el punto 36 de la declaración final – enlace al final)  o quizás la versión previa a la modificación solicitada por la India dice así:

[The Conference of the Parties serving as the meeting of the Parties to the Paris Agreement,] 36. Calls upon Parties to accelerate the development, deployment and dissemination of technologies, and the adoption of policies, to transition towards low-emission energy systems, including by rapidly scaling up the deployment of clean power generation and energy efficiency measures, including accelerating efforts towards the phase-out of unabated coal power and inefficient fossil fuel subsidies, recognizing the need for support towards a just transition.

Traducción [rápida, para enterarse bien uno mismo]: [La Conferencia de las Partes…] 36. Hace un llamamiento a las Partes (los países y sus gobiernos) para acelerar el desarrollo, la implementación y la difusión de tecnologías, y la adopción de políticas, para hacer la transición a sistemas energéticos de bajas emisiones, incluyendo el rápido crecimiento en la implementación de la generación de energía limpia y de medidas de eficiencia energética, incluyendo la aceleración de los esfuerzos hacia la eliminación progresiva de los subsidios ineficientes al uso tradicional del carbón y de los combustibles fósiles, reconociendo la necesidad del apoyo a una transición justa.

Pongo algunos enlaces al final de los materiales que consulté por si a alguien le interesara.

De momento, lo dejo aquí. Vale.

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Notas

[1] Como siempre se me olvidan estas cosas que se convierten en ready mades en los medios, revisé lo de los 1.5º y 2ºC e igual sirven a otras personas. En los Acuerdos de París, tomando en consideración los trabajos del IPCC de la ONU, se plantean los objetivos de limitar el aumento de la temperatura global para el año 2010 a 1.5ºC, que se considera que supondrá unos daños limitados y un segundo objetivo de limitarla para la misma fecha a 2ºC que se considera menos seguro. Para lograr el primer objetivo, las emisiones de CO2 y gases de efecto invernadero debería reducirse a cero (cero neto) para el 2050. Pero como dice Berners-Lee en estos puntos, estamos a 2021 y las emisiones siguen aumentando, habiéndose tan solo reducido la aceleración o tasas de incremento con que aumentan. Buena información sintética sobre esto, o eso me parece, aquí: Zeke Hausfather, 2018, New scenarios show how the world could limit warming to 1.5C in 2100, Carbon Brief: https://www.carbonbrief.org/new-scenarios-world-limit-warming-one-point-five-celsius-2100

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Referencia completa

Mike Berners-Lee, 2021, There Is No Planet B. A Handbook for the Make or Break Years. Updated Edition, Cambridge University Press, Cambridge

Algunos enlaces sobre la COP26

26/10/2021/ U.N. warns world set for 2.7C rise on today’s emissions pledges: https://www.reuters.com/business/cop/un-warns-world-set-27c-rise-todays-emissions-pledges-2021-10-26/

31/10/2021/ @ScottDuncanWX Imagen | The climate has changed a lot since the first Conference of the Parties (COP-1) meeting was held in Berlin, Germany Flag of Germany in March, 1995. https://twitter.com/ScottDuncanWX/status/1454772079019110401 | web del meteorólogo Scott Duncan: https://scottduncanwx.com/

* 12/11/2021/ Conference of the Parties serving as the meeting of the Parties to the Paris Agreement. Third session. Glasgow, 31 October to 12 November 2021, Glasgow Climate Pact (acuerdo final firmado por todos los países participante en la COP26), disponible en: https://unfccc.int/sites/default/files/resource/cma2021_L16_adv.pdf | visitado 24/11/2021

* 13/11/2021/ Ecologistas en Acción, El acuerdo final de la COP26 prorroga lo improrrogable, disponible en: https://www.ecologistasenaccion.org/184106/el-acuerdo-final-de-la-cop26-prorroga-lo-improrrogable/ | visitado 24/11/2021

15/11/2021/ Simon Lewis & Mark Maslin, Five things you need to know about the Glasgow Climate Pact, World Economic Forum con The Conversation, disponible en: https://www.weforum.org/agenda/2021/11/climate-change-cop-26-glasgow-climate-pact-explained-environment-un | visitado 24/11/2021

Cuerpo del verano, de Odysseas Elytis

Imagen: captura del vídeo AMA de Julie Gautier (2018) que puede verse en Youtube.

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Cuerpo del verano

Dedicado a Eugenia y Sylvia Melián. En recuerdo de Victoria Melián.

Selección y comentario de José Pérez de Lama

Hoy, por primera vez desde el año pasado, tuve algo de frío al salir de la ducha. Pensé: «¡Oh, se acabó el verano!». Este verano algo extendido de Sevilla. Suele hacerlo por estas fechas; de joven, eran los últimos baños en la playa, hasta el año siguiente.

El poema de Odysseas Elytis (Cuerpo del verano, 1943 – de su libro El sol primero), uno de mis preferidos desde hace años, trata de eso, del verano y de su vuelta cada año – al menos de momento, con esto del cambio climático ya no sabemos qué pueda pasar. Al releerlo hace poco, lo asocié con mis amigas Melián, el verano y la naturaleza en las costas gaditanas. Recuerdos de tiempos ya lejanos, pero aún muy presentes.

Reproduzco el poema en inglés, traducción del gran Edmund Keeley – también traductor de Cavafy – y a continuación una versión en español, que he hecho mezclando las de Moreno Jurado y Carandell, y alguna cosa más. Luego añado unas líneas de Gilles Deleuze y Claire Parnet que también leía estos días; para las francoparlantes, siento que sólo tengo la versión en español de esto último.

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Body of the Summer

A long time has passed since the last rain was heard
Above the ants and the lizards
Now the sun burns endlessly
The fruit paints the mouth
The pores in the earth open slowly
And beside the water that drips in syllables
A huge plant gaze into the eye of the sun.

Who is he that lies on the shores beyond
Stretched on his back, smoking silver-burnt olive leaves?
Cicadas grow warm in his ears
Ants are at work on his chest
Lizards slide in the grass of his armpits
And over the seaweed of his feet a wave rolls lightly
Sent by the little mermaid that sang:

“O body o summer, naked, burnt
Eaten away by oil and salt
Body of rock and shudder of the heart
Great ruffling wind in the osier hair
Beneath of basil above the curly pubic mound
Full of stars and pine needles
Body, deep vessel of the day!

“Soft rains come, violent hail
The land passes lashed in the claws of snow-storm
Which darkens in the depths with furious waves
This hills plunge into the dense udders of the clouds
And yet behind all this you laugh carefree
And find your deathless moment again
And the sun finds you again in the sandy shores
As the sky finds you again in your naked health.”

~ Odysseas Elytis, 1943, traducción de Edmund Keeley & Philip Sherrard

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Ahora en español.

Cuerpo del verano

Hace tiempo que oímos la última lluvia
sobre las hormigas y los lagartos.
Ahora, el cielo infinito se inflama.
Los frutos tiñen sus bocas.
Los poros de la tierra se abren lentamente
Y, junto al agua que gotea sílaba a sílaba,
Una enorme planta mira directamente al sol.

Quién es el que yace allí sobre las arenas,
Boca arriba, fumando las plateadas hojas del olivo.
Las cigarras se calienten en su oído.
Las hormigas trabajan en su pecho.
Los lagartos se deslizan sobre la hierba de su axila
Y por las algas de sus pies, pasa graciosa una ola,
Enviada por una sirenita que cantó:

«¡Oh cuerpo desnudo del verano, quemado,
Comido por el aceite y la sal,
Cuerpo de la roca y estremecimiento del corazón,
Gran revuelo de la cabellera de mimbre,
Aliento de albahaca en las rizadas ingles
Llenas de estrellas y agujas de pino,
Cuerpo profundo, bajel del día!

»Vienen lentas lluvias, impetuosos granizos,
Pasan las tierras azotadas por las uñas de la nieve
Que ennegrece en las profundidades, con las olas impetuosas
Las colinas se sumergen en las ubres espesas de las nubes.
Y, a pesar de todo, sonríes con despreocupación
Y encuentras de nuevo tu hora inmortal,
Como en la arena de la playa, te vuelve a encontrar el sol,
Como en tu salud desnuda, el cielo».

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La cita de Deleuze y Parnet (Diálogos, 2013 [1977]: 14-16); cuando la leí me hizo pensar en el cuerpo-geografía de Elytis:

[…] trato de explicar que las cosas, las personas, están compuestas de líneas muy diversas, y que no siempre saben sobre qué línea de sí mismos están, ni por dónde hacen pasar la línea que están trazando: en una palabra que en las personas hay toda una geografía, con líneas duras, líneas flexibles, líneas de fuga, etc. […] ¿Pero qué es exactamente un encuentro con alguien que se ama […] con ideas que nos invaden, con movimientos que nos conmueven, con sonidos que nos atraviesan? ¿Y cómo separar esas cosas? […] somos desiertos poblados de tribus, de faunas y de floras. Empleamos el tiempo en colocar esas tribus, en disponerlas de otra forma, en eliminar algunas, en hacer prosperar otras…

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Algunas referencias

El poema de Elytis en griego: Οδυσσέας Ελύτης – «Σώμα του καλοκαιριού» [Soma tu kalokieriú]: https://www.o-klooun.com/anadimosiefseis/odysseas-elytis-soma-tou-kalokairioy

La versión en inglés de Keeley y Sherrard procede de aquí: http://pgrnair.blogspot.com/2012/07/body-of-summer.html

La versión que atribuyo a José Antonio Moreno Jurado, profesor sevillano, procede de un cuaderno mecanografiado que me regaló Antonio Calvo Laula, y que había compuesto en 1992, Antología de poemas y cuentos para la exposición Andalucía y el Mediterráneo. En la exposición, que se montó en la alcazaba de Almería, los poemas y cuentos se escuchaban saliendo del fondo de uno de los aljibes, como en las historias de las Mil y una noches. La referencia completa de la traducción de Moreno Jurado es: El Sol Primero, Odysseas Elytis, trad. de J. A. Moreno Jurado, Sevilla, Ed. Dendrónoma, 1980.

La versión de Christian Carandell (2008?), procede de aquí: https://laflechanegra.wordpress.com/category/odysseas-elytis/page/2/

La página de Odisseas Elytis en Wikipedia en español: https://es.wikipedia.org/wiki/Odyss%C3%A9as_El%C3%BDtis

Paisajes ejemplares de Nomad Garden

Imagen del encuentro «Paisajes circulares» organizado por Nomad Garden, Sevilla, 09/10/2021. Los coloquios tuvieron lugar debajo en un enorme ficus… Fotografía de Manu Trillo, de la web de Nomad Garden: https://nomadgarden.gardenatlas.net/garden/jardin-acondicionado-1/post/29423?filter=5

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Edición y comentario José Pérez de Lama

Tuve la suerte de que mis amigos de Nomad Garden me invitaran hace unos días  a un encuentro de título «Paisajes circulares» [enlace a la convocatoria original en el pie de foto superior]. El texto de la convocatoria me gustó mucho y les pedí permiso para reproducirlo. Así lo hago. Al final añadiré unos comentarios.

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El texto de Nomad Garden:

Recientemente, la lectura del libro de Julia Watson Lo-TEK sobre la emergencia de paisajes ejemplares a través de interacciones sostenidas y beneficiosas de comunidades con su entorno nos había hecho repensar algunas de estas inquietudes y para abordarlas, nos gustaría traer a colación una cita de dicha autora al antropólogo Fikret Berkes donde se resume alguna de las cualidades que sostienen estos paisajes:

  1. El conocimiento exhaustivo de las plantas y paisajes por parte de las comunidades implicadas. (recursos)
  2. La gestión de los recursos a través de prácticas, herramientas y tecnologías accesibles y distribuidas que propician la diversidad y no la agotan. (prácticas)
  3. La aparición de instituciones de gobernanza singulares, distribuidas y flexibles que permiten la autocorrección del sistema. (instituciones)
  4. El afloramiento de manifestaciones artísticas, creencias y ritos destinados a transmitir y actualizar dichos vínculos en la comunidad. (ritos)

[…] nos parece que la belleza de esta secuencia surge de su capacidad de integrar o conectar parcelas hoy tan separadas como el conocimiento, la economía, la política o las artes en un horizonte común encaminado a sostener la diversidad de la vida.

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Comentarios

[1] A mí me llamó la atención la idea de pensar en cómo sería posible construir estos que Watson llama «paisajes ejemplares». ¿Ejemplares por qué o para qué?, preguntaba yo aquel día. Para mí tendrían que ser ejemplares en nuestro actual contexto de emergencia climática. Serían paisajes que nos permitirían cuidar del mundo, «nuestra casa común». Y esas cosas, que en ciertos lugares suenan un poco extravagantes.

[2] Me tocó moderar una mesa que se centraba en el punto segundo, el de «la gestión de los recursos a través de prácticas, herramientas y tecnologías accesibles y distribuidas que propician la diversidad y no la agotan». A mí aquello me hizo pensar, por un lado, en las «herramientas convivenciales» de Ivan Illich, y en las «tecnologías intermedias o apropiadas» de E.F. Schumacher. Por otro, en el software libre, por aquello de las «tecnologías accesibles, distribuidas, que propician la diversidad…»

[3] La descripción de los «paisajes ejemplares» me recordó a las típicas definiciones de los commons o «procomunes» en las que se plantea una triple composición: [1] un recurso o producción, [2] una comunidad que lo sostiene o produce, se beneficia de lo que sea, y que se autogobierna en esta gestión, y [3] un conjunto de normas que regulan estas relaciones entre recursos y comunidad. La definición que nos proponía Nomad Garden añadiría de manera sugerente un paisaje que es producido por esta actividad en un cierto medio, y unas prácticas culturales, artísticas, rituales que lo explican, narran, representan, celebran, festejan y que de esta forma contribuyen a la construcción ¿de la identidad? – o como prefiramos llamarlo – de esta composición de medio, técnicas y formación social. Yo quizás lo llamara ecología en el sentido batesoniano del término, o ecología de las prácticas en el stengeriano — no se si por hacerme el interesante 🙂

Vale.

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Referencias

E. F. Schumacher, 1973, Small is Beautiful, Economics as If People Mattered, disponible en: http://www.daastol.com/books/Schumacher%20%281973%29%20Small%20is%20Beautiful.pdf

Wikipedia, Appropriate technology, en: https://en.wikipedia.org/wiki/Appropriate_technology

En este mismo blog, entradas relacionadas:

Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones, 2018, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/07/06/revisitando-a-ivan-illich-convivencialidad-tecnologias-instituciones/

Ciclos: vida, ecosistemas, fiesta, capital, cibernética … y algunas ideas sobre “economía circular”, 2016, https://arquitecturacontable.wordpress.com/2016/04/22/ciclos-vida-ecosistemas-fiesta-capital-cibernetica-y-algunas-ideas-sobre-economia-circular/

Comentario sobre el concepto de praxis instituyente en “Común” de Laval y Dardot, 2016, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2016/04/17/comentario-sobre-el-concepto-de-praxis-instituyente-en-comun-de-laval-y-dardot/

Kundera: ser «moderno» hoy es estar con el statu quo

Milan Kundera, 2009 [edición original en francés de 2005] traducción de Beatriz de Moura, El telón. Ensayo en siete partes, Tusquets Editores, Barcelona; pp. 71-73

Selección y comentario de José Pérez de Lama

El Telón. Ensayo en siete partes es un libro de Milan Kundera en que cuenta sus ideas sobre la novela, y también un poco sobre literatura más en general, la cultura europea y más cosas. Estoy encantado con este libro. Lo he leído ya tres o cuatro veces.  Podría destacar muchas cosas. Una por ejemplo, es la idea que atribuye a Flaubert, de que el objeto de su obra, de sus novelas, era tratar de «llegar al alma de las cosas» (pp. 77-78) — aunque los caminos para llegar ahí sean bastante insospechados, añado yo.

El libro lo adquirí gracias a la recomendación de Nguyen Baraldi, me gusta mucho lo que escribe, lo sigo por Tuiter 🙂

Reproduzco aquí una sección que me parece hoy de gran actualidad, aunque en un contexto diferente. Lo que se plantea desde el título es más bien una pregunta y una problemática más que una afirmación incondicional, al menos por mi parte. Comentaré algo más al final.

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La modernidad antimoderna

«Hay que ser absolutamente moderno», escribió Arthur Rimbaud. Unos sesenta años más tarde Gombrowicz [1] no estaba tan seguro de eso fuera necesario. En Ferdydurke (publicado en Polonia en 1938), la familia Lejeune está dominada por la hija, una «colegiala moderna». A la chica le encanta llamar por teléfono; desprecia a los autores clásicos; cuando un señor llega de visita, «se limita a mirarlo y, mientras se mete entre los dientes un destornillador que sostiene en la mano derecha, le alarga la mano izquierda con total desenvoltura».

También su madre es moderna; es miembro del «comité para la protección de los recién nacidos»; milita contra la pena de muerte y a favor de la libertad de costumbres; «ostensiblemente, con aire desenvuelto, se dirige hacia el retrete», del que sale «más altiva de lo que ha entrado»; la modernidad se vuelve para ella indispensable como único «sustituto de la juventud».

¿Y su padre? Él también es moderno; no piensa nada, pero hace todo lo posible para gustar a su hija y su mujer.

Gombrowicz captó en Ferdydurke el giro fundamental que se produjo durante el siglo XX: hasta entonces, la humanidad se dividía en dos, los que defendían el statu quo y los que querían cambiarlo; ahora bien, la aceleración de la Historia tuvo consecuencias: mientras que, antaño, el hombre vivía en el mismo escenario de una sociedad que se transformaba lentamente, llegó el momento en que, de repente, empezó a sentir que la Historia se movía bajo sus pies, como una cinta transportadora: ¡el statu quo se ponía en movimiento! ¡De golpe, estar de acuerdo con el statu quo fue lo mismo que estar de acuerdo con la Historia que se mueve! ¡Al fin se pudo ser a la vez progresista y conformista, biempensante y rebelde!

Acusado de reaccionario por Sartre y los suyos, Camus dio la célebre réplica a los que «han colocado su sillón en el sentido de la Historia»; Camus vio acertadamente, sólo que no sabía que ese hermoso sillón tenía ruedas, y que desde hacía ya algún tiempo todo el mundo lo empujaba hacia delante, los colegiales modernos, sus madres, sus padres, así como miembros del comité para la protección de los recién nacidos y, por supuesto, todos los políticos que, mientras empujaban el sillón, volvían sus rostros sonrientes al público que corría tras ellos, y que también reía, a sabiendas de que sólo el que se alegra de ser moderno es auténticamente moderno.

Fue entonces cuando una parte de los herederos de Rimbaud comprendieron algo inaudito: hoy, la única modernidad digna de ese nombre es la modernidad antimoderna.
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Comentario

[1] Esta historia de finales de los años 30 en la que se cuenta que «ser moderno», estar a favor del cambio, de las innovaciones tecnológicas y sociales, se había convertido en «lo correcto», «lo políticamente correcto» diríamos quizás hoy, me ha recordado a nuestra relación actual con la digitalización. Y seguramente hace un par de décadas con la globalización.

Lo de la digitalización: con todo el mundo encantado haciéndose usuarios entusiastas de Guguel y MacOS, los gobiernos poniendo sus/nuestros datos en los servidores de Amazon haciendo como si eso fuera un gesto futurista, los usuarios de a pie renunciando felices a su privacidad e intimidad con sus Alexas, usando como gesto de distinción las plataformas digitales desde Uber a Amazon, las autoridades universitarias usando otro tipo de plataformas comerciales para alojar las redes y conocimientos de sus comunidades… Parafraseando a Gombrowicz, «¿Y el padre — pongan aquí a otras autoridades — qué dice? Él también es moderno; no piensa nada, pero hace todo lo posible para gustar a su hija y su mujer».

Este asunto me hace pensar en la defensa del patrimonio y la ecología. Desde al menos los 60, estas habrían sido dos instancias de resistencia a lo moderno, lo que se autodenomina «avanzado», al crecimiento, a la destrucción del mundo tal como lo conocíamos — hoy quizás a la innovación sin más criterio que su supuesto interés mercantil y la seducción de lo — ya cada vez menos — nuevo.

[2] Sobre esta necesidad de discernir entre las innovaciones y lo que es «bueno», o por lo menos conveniente, y lo que no lo sea tanto, me acuerdo de una afirmación que suele repetir Alba Rico — no es que sea un fan boy, pero lo veo sugerente cuando dice ser «revolucionario en lo económico, reformista en lo político y conservador en lo antropológico». La cosa sería que los paquetes de «a favor« o «en contra» ya no son perfectamente compactos e indivisibles. Tal vez deberíamos estar a favor de la autonomía o el aumento de la capacidad de hacer que nos permite, por ejemplo, el ordenador personal, pero no la dependencia de los gestores de la nube a la que nos fuerza un sistema operativo como el Android de nuestros móviles. O se puede estar a favor de la existencia del dinero y el crédito, por decir algo, pero no a favor del sistema financiero como un todo compacto y necesario. Hay que tratar de pensar, entender las grandes máquinas por las que tendemos a ser fagocitados, hay que tratar de hilar más fino. Pero para eso hace falta tiempo, para empezar. También que existan alternativas, y que los sistemas se puedan entender, lo que no interesa a sus gestores y beneficiarios … no creernos sin más la «propaganda» más o menos disfrazada de nuevas verdades o de conocimiento experto… Uno tiende a pensar que hay poco que hacer … pero por lo menos «rajaremos» un poco…

[3] A Kundera le encanta Gombrowicz. Pero también cita el Bouvard y Pécuchet de Flaubert, — (1881), en los mismos años de Rimbaud, que parece que iba en eso por detrás de Flaubert –, cuyo tema, seguramente interpretado de manera mucho más ácida, no es muy diferente: la asunción bobalicona y acrítica del progreso y su mitología, en su caso, 50 o 60 años antes que Gombrowicz — la cosa viene de lejos. Cito de memoria, creo que a Kundera, que cuenta también que uno de los grandes descubrimientos de Flaubert fue que el Progreso, el avance de las ciencias y técnicas, etc., no eliminaba la sottise, la necedad, sino que ambos, progreso y sottise, crecían en paralelo… Lo decía Flaubert, me limito a plantearlo como pregunta… Hm.

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Notas

[1] Witold Gombrowicz (1904-1969), polaco que se exilió a Argentina, es uno de los novelistas preferidos de Kundera. Ferdydurke es una de sus más importantes novelas. La problemática de la novela y la cultura de los países pequeños, de una cierta subalternidad frente a las grandes culturas europeas, es uno de los temas que trata Kundera en el libro, a mi juicio con gran interés. No he leído a Gombrowicz aún, pero me resulta curioso que uno de mis mejores amigos de joven quería ser director de cine para filmar historias como las de Gombrowicz… Luego se hizo notario y ya no volvimos a hablar de aquello. Igual aún tengo algún libro de relatos de Gombrowicz que me pasó aquel amigo hace ya 30 o 40 años, y que — oh my dog! — me limité a hojear.

«La historiografía de la arquitectura moderna» de Tournikiotis, comentarios

Imagen: Retratos de los historiadores de la arquitectura comentados en el libro de Tournikiotis, de izquierda a derecha y de arriba abajo, Pevsner, [falta Kaufmann], Giedion, Zevi, Benevolo, Hitchcock,  Banham, Collins & Tafuri. Fuente: La historiografía de la arquitectura, 2018, Reverte, Barcelona, pág. 2 … La ausencia de mujeres en esta lista de grandes historiadores hoy desde luego nos apabulla.

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Comentario de «La Historiografía de la arquitectura moderna», de Panayotis Tournikiotis
Edición actualizada de 2018 [trabajo original de 1988], Editorial Reverte, Barcelona

Comentario de José Pérez de Lama _ en construcción

Leí este libro … con más treinta años de retraso … hm … si es que puede decirse esto de la lectura de un libro de un cierto valor … Aunque en este caso, como se trataba de un debate de actualidad en su momento, quizás pueda decirse. Pero ocurre que quizás siga siendo de actualidad, más allá de lo filológico, aunque posiblemente por razones diferentes de las de finales de los 80, que en parte comentaré.

Se trata como su nombre indica de un texto en que se estudian las historias de la arquitectura del Movimiento Moderno. Eso del estudio de las diferentes historias, o de la historia de la Historia, sin entrar en grandes detalles, es una de las cosas a las que se llama «historiografía».

Es divertido que se tratara de la tesis doctoral que el autor hace a finales de la década de 1980, en París, teniendo como directora a Françoise Choay. Aquellos años, los mismos en que yo estudié la carrera, eran los años de la Posmodernidad de Jencks, León Krier, Michael Graves y compañía, y más en general de una dura crítica a la arquitectura y la ciudad del Movimiento Moderno – Movimiento Moderno, esta es mi manera de denominarlo, la de Pevsner, entre las diversas que existen.

Tournikiotis selecciona, estudia y compara lo que considera las ocho más importantes obras de historia de la arquitectura moderna, cuyos autores son, por orden de aparición, los alemanes, Pevsner, Kaufmann y Giedion, los italianos Zevi y Benevolo, el estadounidense Hitchcock, los ingleses Banham y Collins, y finalmente el italiano Tafuri. Las obras reseñadas y sus fechas de publicación, – en algún caso se comentará más de un libro – son, de nuevo por orden de aparición:

  • Nikolaus Pevsner, 1936, Pioneers of the Modern Movement from William Morris to Walter Gropius
  • Emil Kaufmann, 1933, Von Ledoux bis Le Corbusier: Ursprung und Entiwicklung der autonomen Architektur
  • Sigfried Giedion, 1941, Space, Time and Architecture: The Growth of a New Tradition
  • Bruno Zevi, 1950, Storia dell’architettura moderna (y otros tres libros más)
  • Leonardo Benevolo, 1960, Storia dell’architettura moderna
  • Henry-Russell Hitchcock, 1929, Modern Architecture; Romanticism and Reintegration [y otros dos más]
  • Reyner Banham, 1960, Theory and Design in the First Machine Age
  • Peter Collins, 1965, Changing Ideals in Modern Architecture
  • Manfredo Tafuri, 1968, Teorie e storia dell’architettura

El método elegido por Panayotis Tournikiotis resulta interesante para tratar de abarcar un tema tan amplio, aunque también hace que el estudio tenga bastantes limitaciones. El autor, en una cierta línea de aquellos años, usa un método que yo llamaría análisis estructuralista-semiótico de textos – los comentaristas suelen llamarlo método estructuralista, pero desde la perspectiva de hoy esta denominación me parece poco clara. Lo que el autor explica es que va a considerar los textos como entidades que han adquirido su propia autonomía y que por tanto es posible o interesante estudiar sin prestar demasiada atención al autor o al contexto. Como metodología para acotar un trabajo a hacer en dos o tres años puede parecer interesante. Y supongo que también se trata de no dejarse llevar a las primeras de cambio por prejuicios e ideas generales. Desde una perspectiva más general, sin embargo, lo veo como si el autor se hubiera impuesto la condición de correr 1.500 metros con los ojos tapados o algo del estilo. O como lo del libro sin la «e» de Perec. Una experimentación que pueda tener algo de interés, pero que nos dificulta, en el caso de Tournikiotis, una mejor comprensión del objeto de estudio.

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Tengo que confesar, que aun siendo profesor de un área de conocimiento que incluye la historia de la arquitectura, sólo he leído uno de estos libros fundacionales, el Benevolo, que era nuestro libro de texto en la carrera. Mi justificación … que dentro del área, que ahora se llama «Composición Arquitectónica», soy más bien de la parte de Composición Arquitectónica que de la de Historia; que como buen hijo de la Posmodernidad de los 80 y 90, no me interesó excesivamente la arquitectura del Movimiento Moderno; que siempre me dediqué más al estudio del medio ambiente, de las tecnologías, de la contemporaneidad crítica y cosas así.

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La circunstancia de que como estudiante sólo hubiéramos tenido el Benevolo como libro de texto o de referencia para la historia de la arquitectura moderna, me sugiere el primer aspecto de interés del Tournikiotis. Nadie me contó entonces que la historia o la historiografía de la arquitectura del Movimiento Moderno era tan diversa, que en realidad era un campo de desacuerdos y conflictos … cuáles eran las diferentes posiciones en estos desacuerdos… Creo que habría estado bien para mi formación como joven arquitecto. Aunque quizás esta actitud que llamaría pluralista, que reconoce que existen diferentes perspectivas sobre las cosas, y que cada una de ellas tiene su interés y sus valores diferenciales, quizás esta actitud sea mucho más actual. Un libro excelente en este sentido, en el área de la economía, es del de Ha-Joon Chang (2014), Economics: The User’s Guide, que plantea la existencia de 9 escuelas económicas, cuyo pensamiento y prácticas, virtudes y defectos – a juicio de Chang, claro – intenta explicar en un breve volumen de carácter bastante divulgativo. Lógicamente hay que saber bastante para poder hacer algo como esto…

Esa sería entonces la primera cosa que me llamó la atención y me gustó del libro de Tournikiotis: no hay una sola historia de la arquitectura moderna, hay múltiples historias. Lo que quiere decir que las historias son construcciones hechas por los historiadores: hay una selección de los hechos relevantes, hay una narración que los entrelaza dándoles sentido, una cierta explicación de estos hechos y de sus relaciones, se extraen unas conclusiones para explicar el presente y en el caso de estos historiadores, para proyectar el futuro. Un lugar común, supongo, al menos para los historiadores, pero no tanto para el público más general. [1]

Me recordó una de mis anécdotas (o «batallitas») preferidas, que paso a contar. Hacia 2008 Francisco Jarauta me invitó a un seminario internacional en Santander, en el que estaba, entre otros importantes personajes, Irving Lavin,  de quien yo, ignorante, no había oído hablar hasta entonces. (El profesor Lavin muró en 2019, sirva este texto de modestísimo homenaje.) Irving Lavin era un experto internacional en Bernini, profesor en Princeton, colega y amigo del propio Jarauta desde hace años. Acompañándolos durante unos pocos días encontré un cierto parecido en las formas de sabiduría y erudición de aquellos amigos.[2] Lavin estaría en torno a los 80. Y a pesar de que yo sería el más joven o uno de los más jóvenes de aquella reunión, fue extraordinariamente amable conmigo. Pude charlar con él algunos días paseando por Santander, y se me quedó grabada en la memoria una historia que me contó. De joven, me contó, vivía en Saint Louis en el Medio Oeste estadounidense, hijo de una familia no particularmente intelectual. Pero alguna lectura le convenció profundamente de que quería aprender sobre ciertos temas filosóficos. Escribió a Russell en Cambridge, un monstruo intelectual en aquellos años, y se ve que le produjo buena impresión, porque le dijo que, si de verdad quería aprender de aquellas cosas, se fuera a estudiar con él a Inglaterra. De manera afortunada, contaba Lavin, consiguió una beca para irse a Cambridge y empezar a estudiar allí. Russell lo recibía una vez a la semana en su típica celda de don universitario inglés y le iba dirigiendo en su estudios, comentando lecturas y cosas así. Al terminar el año, sin embargo, Lavin se había decepcionado de sus estudios filosóficos y en la reunión de despedida con Russell se lo contó. Y le dijo que había decidido dedicarse a la historia. A la que Russell le respondió algo molesto: «¡Pero si la historia se la inventa uno!» __ Y Lavin me decía, que entonces, con ochenta y tantos años, todavía se acordaba de aquello y lo comprendía cada vez mejor… Mi explicación hoy: si tratamos de observar los hechos del pasado sin los prejuicios de las «narraciones oficiales» éstos se nos presentan como un caos desordenado, lleno de incógnitas. Si pensamos en cosas que pasaron ayer mismo, nos damos cuenta de lo difícil que es conocer todos sus detalles, entenderlos…

Pues algo de eso vemos en estas ocho historias de Tournikiotis. El pasado que se intenta estudiar es el mismo, los hechos, los actores … pero cada historiador propone matices grandes o pequeños en su selección de los hechos relevantes – arquitectos, obras… –, en sus definiciones de en qué consiste la arquitectura moderna, de cuáles eran sus orígenes y las razones de su emergencia, etc.

A este respecto me gusta esta cita de Bruno Latour (2007: 256-7):

To study [and to define the object of a discipline] is always to do politics in the sense that it collects or composes what the common world is made of. The delicate question is to decide what sort of collection and what sort of composition is needed […] taking into account and putting into order… (Estudiar [y definir el objeto de una disciplina] es siempre hacer política en el sentido de que se selecciona y compone aquello de lo que — se afirma que — está hecho el  mundo común. La delicada cuestión de qué tipo de colección y qué tipo de composición es la que se necesita […] tomar en consideración y poner en orden…)

La segunda cuestión que me llama la atención es el carácter marcadamente partidario o partisano de cada una de estas historias. Al menos en las descripciones de Tournikiotis, la mayoría de los autores aparecen como fanáticos de las ideas que defienden, que con frecuencia, desde nuestra escéptica perspectiva actual — al menos la mía — me parecen, como poco, exageradas. En el caso de los historiadores defensores de la Modernidad, por ejemplo, su rechazo casi infantil de las arquitecturas precedentes – y de las sociedades de las que formaban parte resulta hoy en el límite de lo caricaturesco. O la idea de que lo moderno suponía la superación de la historia, el fin de los estilos… Viendo lo catastróficas en tantos aspectos, para las ciudades y el territorio, por ejemplo, que fueron las décadas de la Modernidad, toda aquella fe religiosa en lo moderno y lo industrial hoy causan un cierto estupor. A la vez que nos hacen pensar en los actuales discursos, de nuevo mesiánicos y de fe ciega en la innovación y digitalización. Hm.

Insistiendo en esto, sorprende como todos o casi todos estos autores usaban la historia para defender ciertas opciones de su presente, para decir lo que estaba bien y lo que estaba mal, la arquitectura que debía hacerse, etc. Y también el futuro. Sin solución de continuidad las conclusiones que se obtenían de la historia se convertían en prescripción de lo que debía ser el el futuro. Y si pensamos en personajes como Giedion, Hitchcock, Zevi o Benevolo, se ve que lo lograron. Aunque como siempre, es difícil decir el grado de responsabilidad de estos autores en la construcción del mundo moderno. ¿Estaban realmente influyendo en lo que iba a pasar en el mundo? ¿O se limitaban a surfear la ola del Zeigeist, tratando de lograr así honores y encargos? ¿O servían a otros intereses – sociales, económicos, políticos… – más poderosos y complejos de manera más o menos consciente?

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Siguen a continuación algunos comentarios menores sobre varias cosas que me llamaron la atención de la lectura.

William Morris

Me llamó la atención la importancia que los pioneros – Pevsner & Zevi, por ejemplo – daban a William Morris. En el caso de Pevsner, lo señala incluso en el título de su libro principal como el primer pionero del Movimiento Moderno … su Red House de 1860… El estudio de Morris es una asignatura pendiente para mí. Por ahí tengo el «tomazo» de más de mil páginas de E.P. Thompson que se me hizo demasiado difícil. Durante la pandemia también me pude descargar y leer un poco, un estupendo catálogo de una exposición en la Fundación March (Fontán y Zozata, 2017). Me resulta curioso es que sin bien estos historiadores veían a Morris como un protomoderno, hoy más bien lo apreciamos como un crítico radical de la producción industrializada. Su reivindicación más reciente viene de ciertos sectores del mundo maker (véase Chardronnet 2014).

Veo, sí, que el único texto de Morris que cita Tournikiotis, The Art of the People, 1900 [1879, 1882], es un texto de carácter socialista en el que reivindica un arte útil y para todas las clases sociales, que suponga una cierta dimensión emancipatoria para la clase trabajadora. Muchos de los textos de Morris, incluido este citado por Tournikiotis, pueden leerse en: https://www.marxists.org/archive/morris/works/index.htm.

La producción de conferencias, artículos, libros, etc. de Morris es ingente y no fácil de navegar. Agradecería recomendaciones sobre cómo aproximarse al William Morris arquitecto y diseñador además del catálogo mencionado. Supongo, claro está, que podría empezar pasándome por la biblioteca y leyendo las páginas de Pevsner. Se me ocurre también que una primera aproximación a la actualidad del Morris inspirador de los primeros historiadores de la Modernidad podría ser un estupendo tema de «TFG» o «TFM», aunque habría que empezar desde luego por estudiar con un cierto rigor la bibliografía existente.

Arquitectura autónoma

Una expresión que me llamó la atención es ésta de la «arquitectura autónoma», que usa Kaufmann en el título de su obra reseñada por Tournikiotis y constituye uno de los conceptos principales de su interpretación de la arquitectura moderna. La expresión sería creación de Kaufmann según parece. Leo que se derivaría en primera instancia de la idea de «ética autónoma» de Immanuel Kant (Tournikiotis, 2017: 50). Uno de los aspectos más distintivos de Kaufmann, efectivamente, es que vincula los orígenes de la arquitectura moderna a la Ilustración. Esta ética autónoma kantiana, podemos aventurar, tendría que ver con el uso de la razón frente a la sumisión a la religión o la tradición, como sugiere en ¿Qué es la Ilustración? Propone allí la idea de que a través del uso de la razón «los hombres» debían emanciparse de aquellas tutelas que lo mantenían en un estado infantil. Según interpreto, Kaufmann parece aplicar estas ideas a la arquitectura al menos en un doble sentido. El primero sería la emancipación de la tradición compositiva barroca y de los estilos clásicos. El segundo sentido, en un cierto salto que a algunos nos puede parecer algo fantástico, sería el de la emergencia de una manera de componer basada en el uso de piezas arquitectónicas autónomas, algo que deducía del estudio de la obra del arquitecto revolucionario/ilustrado Ledoux y que oponía a las composiciones unitarias del Barroco. Esta práctica compositiva estaría vinculado con el racionalismo y el funcionalismo. [Nota provisional: este extremo tendría que revisarlo, porque la discusión de estos términos en los diferentes autores constituyen un cierto hilo a lo largo de todo el libro de Tournikiotis.]

Este debate de la autonomía de la arquitectura que se vincula a la creación de una disciplina moderna de la arquitectura, diferente del arte o de la ingeniería, se atribuye a Kaufmann (HTC 2016). Desde otra perspectiva, esta idea de autonomía nos diría que son los arquitectos aquellos cuya opinión, o cuyos criterios profesionales, son los que deben contar cuando se habla de arquitectura.

Sin entrar en excesivos detalles el que suscribe suele estar en bastante desacuerdo con los planteamientos más extremos de la autonomía de la arquitectura, pero considera que se trata de un debate de importancia. [3].

El asunto me hace pensar también en la lectura reciente del Nunca fuimos modernos de Latour, en que discute los mecanismos de la Modernidad precisamente para crear este tipo de autonomías de las ciencias y las técnicas para hacer posibles las grandes transformaciones que la caracterizaron, el Progreso acelerado, reduciendo las inercias y resistencias. (Véase entrada de 2021 en este mismo blog.)

Arquitectura orgánica

Sí que leí ya hace mucho, de estudiante, uno de los libros comentados de Bruno Zevi, no el principal seguido por Tournikiotis, sino uno de los complementarios, Saber ver la arquitectura [1948]. Allí y otros de sus libros Zevi propone la idea de «arquitectura orgánica» como su ideal de arquitectura. «Orgánica» como «autónoma» son dos de esas palabras cuya significación es de lo más vaporosa y polisémica. «Orgánica» hoy, algo pasada de moda. Ambas son el tipo de palabras que salen en el maravilloso Keywords. A vocabulary of culture and society de Raymond Williams. Lo consulto. No sale autónoma, pero sí que sale orgánica. Y como en los mejores casos, ha significado desde su introducción en inglés hacia el siglo XIII todo tipo de cosas, muchas de ellas contradictorias. En general tiene que ver con lo vivo y natural, en tanto que opuesto a lo mecánico, por otro lado, con las relaciones entre las partes y el todo…

Uno lo solía entender en arquitectura como el carácter de ciertas formas que asemejaban lo natural, como en ciertas etapas finales de la obra de Frank Lloyd Wright que también usaba el término. Más recientemente, leyendo el uso que Lewis Mumford hacía del adjetivo orgánico – en Technics and Civilization – lo asocié más a formas de organización armónicas, de un cierto grado de naturalidad, que en cierto modo podrían comparase con las de los ecosistemas, opuestas a las del mundo mecánico industrial…

La definición de Zevi que reproduce Tournikiotis:

La arquitectura orgánica es una actividad social, técnica y artística cuyo propósito es crear el marco para una civilización nueva y democrática; ésta concibe una arquitectura para el hombre, construida a escala humana, conforme a las necesidades intelectuales, psicológicas y contemporáneas del ser humano como miembro de la sociedad. La arquitectura orgánica es, pues, lo contrario de la arquitectura monumental, que se utilizó para crear la mitología del Estado. [Tournikiotis, 2018: 69]

Esta definición de Zevi y los comentarios que hace a continuación Tournikiotis me hacen pensar en dos cosas. La primera, que esta idea de orgánico no tiene nada que ver con la arquitectura que podríamos llamar biomórfica. Tournikiotis dice efectivamente que Zevi detestaba este tipo de formas. Y que este uso de orgánico sugiere más bien algo parecido a lo que significa la idea de «intelectual orgánico» de Antonio Gramsci – haciendo una consulta rápida sobre el asunto leo que serían intelectuales que «dicen formar parte orgánica, no autónoma, del pueblo cuyos intereses aspira[n] a representar» (Rojas, 2019).

La segunda, es que esta idea de «arquitectura orgánica» sería, al menos desde una cierta perspectiva, opuesta a la de «arquitectura autónoma» que acabamos de comentar.

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Tendré que volver a leer este Tournikiotis con una cuaderno de notas en mano, y me gustaría usarlo en el futuro como referencia principal para algún curso. En mi Escuela y en el plan de estudios actual la historia del Movimiento Moderno se estudia en primer año. Me preguntaba estos días cómo se podría plantear a estudiantes tan jóvenes esta multiplicidad de historias en relativa competencia. Y me acordaba de los colegas del grupo Rizoma hace ya años que hacían trampas a sus estudiantes de primero de Arquitectura en Granada para que no se creyeran nunca a pies juntillas lo que les contaran sus profesores…

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Notas

[1] Un interesante libro de múltiples historias en relativa competencia es el libro La Buena Vida (2000) del siempre brillante y en muchos aspectos vanguardista Iñaki Ábalos, en el que como es bien conocido presenta múltiples modernidades alternativas, en particular, en torno a la arquitectura de la casa.

En mi tesis doctoral también estudié un caso de múltiples narraciones e interpretaciones de los mismos hechos, podría decirse que en competencia. Fue el caso de la historia urbana de la ciudad de Los Ángeles, California, y las aproximaciones de Reyner Banham (1971), Mike Davis (1991) y Edward Soja (1996-2000). Particularmente, las historias de Banham y Davis presentaban dos caras radicalmente opuestas de la misma ciudad durante el mismo período histórico; para Banham un paraíso de la «Segunda Era de la Máquina» y para Davis uno de los lugares más oscuros del capitalismo estadounidense.

Aunque sin un carácter comparativo tan marcado, sino más bien con planteamientos más clásicamente históricos, otros libros que podrían funcionar así en cierto grado podrían ser del de Peter Hall (1988, Cities of Tomorrow. An Intellectual History of Urban Planning and Design in the Twentieth Century) o el de J.M. Montaner (1994-2014), Arquitectura y crítica). El de mi compañero en Sevilla, Carlos García Vázquez (2016), Teorías e historia de la ciudad contemporánea, que veo ahora que recuerda al título de Tafuri — múltiples teorías y una historia — lo tengo aún pendiente de lectura.

Por otra parte, un excelente artículo sobre el mismo tema que plantea Tournikiotis, con una metodología menos reductiva y con una cierta introducción del panorama en España, es el de Ángel Isak, 2011, La Historia de la Arquitectura del siglo XX modelos historiográficos, que puede descargarse aquí: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/31/29/03isac.pdf

[2] Como introducción a la figura de Irving Lavin véase su página en Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/Irving_Lavin_  Para hacerse una idea de su tipo de scholarship puede leerse un texto breve (2012) que me maravilló, en el volumen de homenaje a Jarauta por su jubilación que se recoge en las referencias a continuación.

[3] Además del sucinto pero interesante texto del HTC — History and Critical Thinking de la AA 2010-2016 — para una crítica de la idea de autonomía puede verse mi propio texto de 2019 «Sobre composición arquitectónica…».

Referencias

Ewen Chardronnet, 2014, Producción digital y economía de talleres, en: J. Pérez de Lama et al (eds.), 2014, Yes, We Are Open! Fabricación digital, tecnologías y cultura libres, Recolectores Urbanos RU Books, Málaga; pp. 145-151

Manuel Fontán del Junco & María Zozaya Álvarez, 2017, William Morris y compañía: el movimiento Arts & Crafts en Gran Bretaña, Fundación Juan March, Madrid – Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona

HCT / History and Critical Thinking. Masters Course at the Architectural Association London, 2010-2016, Emil Kaufmann: Inaugurator of a Disciplinary Discourse, en: http://hct.aaschool.ac.uk/emil-kaufmann-inagurator-of-a-disciplinary-discourse/

Bruno Latour, 2007 [edición original de 2005], Reassembling the Social. An Introduction to Acto-Network Theory, Oxford

Irving Lavin, 2012, Bernini and the Figura Serpentinata, en: Pablo Jarauta & Pedro Medina (eds.), 2018, Francisco Jarauta en las fronteras de Babel, Instituto Europeo de Design, Madrid, pp. 235-250

William Morris, 1919 [1882], Hopes and Fears for Art, en: https://www.marxists.org/archive/morris/works/1882/hopes/index.htm | accedido 03/10/2021

____, 1919 [1882; publicado como un capítulo del libro Hopes and Fears for Art, basado en una conferencia de 1879], The Art of the People, en: https://www.marxists.org/archive/morris/works/1882/hopes/chapters/chapter2.htm | accedido 03/10/2021

J. Pérez de Lama, 2019, Sobre Composición Arquitectónica. Pensar y hacer de otro modo: una aproximación eco-ética-estética, en: Selina Blasco, Lila Insúa (eds.), 2019, Exterioridades críticas. Comunidades de aprendizaje universitarias en Arte y Arquitectura y su incorporación a los relatos de la Modernidad y del presente, Brumaria, Madrid; pp. 105-138

____, 2021, Latour: algunos diagramas de «Nunca fuimos modernos», en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2021/08/18/latour-diagramas-nunca-fuimos-modernos/

Rafael Rojas, 2019, ¿Qué es un intelectual orgánico?, en:
https://www.letraslibres.com/mexico/politica/que-es-un-intelectual-organico | accedido 02/10/2021

Panayotis Tournikiotis, 2018 [tesis doctoral de 1988], La Historiografía de la arquitectura moderna», Editorial Reverte, Barcelona

Raymond Williams, 2014 [edición original 1976; revisada 1983, 1988], A Vocabulary of Culture and Society, Fourth Estate, Londres

Crítica del papa Francisco a los aires acondicionados – auténtico

Giotto, s XIII-XIV, San Francisco predicando a los pájaros, fresco en la Basílica de Asís. Fuente: https://www.gliscritti.it/blog/entry/4972
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Comentario y selección de José Pérez de Lama

Algunxs amigxs sabéis de mi manía con el asunto de los aparatos y sistemas de aire acondicionado, que es tanto personal, por los ruidos y el aire caliente de los vecinos, que impiden tratar de usar tu propia casa de manera bioclimática — abriendo las ventanas para ventilar enfriar la casa por las noches en verano — como de carácter más general, planetario, relacionado con las islas de calor urbanas y el consumo de energía, que como todos ya sabemos, o deberíamos saber, tenemos que reducir: todos los indicadores señalan que estamos en una emergencia climática.

En un curso en que estuve estos días, unos de los participantes — colegas arquitectos-artistas-filósofos — comentaron que andaban trabajando con la encíclica del papa Francisco sobre el cambio climático, de 2015. Me dieron curiosidad los comentarios de estos colegas y la busqué y me puse a leerla. Se titula «Laudatio Si. El cuidado de la casa común». Tiene ciento noventa y dos páginas. Francisco, dice al principio que se inspira en San Francisco de Asís, de quien ya tomó su nombre cuando lo hicieron papa. Se solía imaginar a San Francisco como un protohippy y un protoecologista por su amor a la Naturaleza y los animales. Laudatio si, alabado sea… era un expresión característica de San Francisco. El documento de momento está muy bien — llevo unas 45 leídas. Me sorprendió que se citen otros documentos de la Iglesia Católica que tratan del cambio climático ya en 2001… Y en fin, por lo que lo traigo aquí es porque al llegar al párrafo 55, está ordenado así, menciona la cuestión del aire acondicionado que se convirtió en una obsesión para mí. Y me hizo gracia, porque dos de los principales ruidosos usuarios de supersistemas de aire acondicionado de mi entorno son precisamente organizaciones religiosas católicas. A ver cómo se lo hago llegar para que tomen nota. Y mediten. Y dejen de poner los aires acondicionados como dicen, «como si no hubiera un mañana», que eso es efectivamente lo que puede pasar.

Reproduzco el párrafo entonces, forma parte de la sección VI titulada «La debilidad de las reacciones»:

55. Poco a poco algunos países pueden mostrar avances importantes, el desarrollo de controles más eficientes y una lucha más sincera contra la corrupción. Hay más sensibilidad ecológica en las poblaciones, aunque no alcanza para modificar los hábitos dañinos de consumo, que no parecen ceder sino que se amplían y desarrollan. Es lo que sucede, para dar sólo un sencillo ejemplo, con el creciente aumento del uso y de la intensidad de los acondicionadores de aire. Los mercados, procurando un beneficio inmediato, estimulan todavía más la demanda. Si alguien observara desde afuera la sociedad planetaria, se asombraría ante semejante comportamiento que a veces parece suicida.

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La encíclica aquí:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

Algún comentario previo sobre los aires acondicionados, de cuando empezó la crisis del calor en los colegios, cuando fuimos quizás los primeros sobre la necesidad de resolverla con medios bioclimáticos más que con más aparatos de aire acondicionado:

https://arquitecturacontable.wordpress.com/2017/06/15/sobre-aire-acondicionado-calor-en-las-aulas-y-cambio-climatico/

Paisajes de la tristeza [y sus contrarios]

Imagen: Mural-pintada con un Fernando Pessoa anamórfico amenazado por los tecnócratas, o algo así… reivindicando los espacios de la Escuela de Arquitectura de Sevilla como lugares de expresión y experimentación, que hicimos algunos profesores y estudiantes en 1999 cuando trataron de prohibirnos montar instalaciones con los trabajos de curso en el hall, los pasillos…. La historia es más larga, claro, y algunos la recordarán aún.

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Selección y comentario de José Pérez de Lama

Este que sigue es un texto muy conocido, — y muy querido por mí, y seguro que por muchxs más–, de Gilles Deleuze y Claire Parnet, del libro Diálogos:

LA TRISTEZA, LOS AFECTOS TRISTES son todos aquellos que disminuyen nuestra potencia de obrar.

Y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en sus esclavos. El tirano, el cura, el ladrón de almas, necesitan persuadirnos de que la vida es dura y pesada. Los poderes tienen más necesidad de angustiarnos que de reprimirnos, o, como dice Virilio, de administrar y de organizar nuestros pequeños terrores íntimos. […]

No es fácil ser un «hombre» libre: huir de «la peste», organizar los encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los afectos que expresan o desarrollan un máximo de afirmación. Convertir el cuerpo en una fuerza que no se reduzca al organismo, convertir el pensamiento en una fuerza que no se reduzca a la conciencia.

Claire Parnet & Gilles Deleuze, 1980, Sobre Spinoza, Diálogos,  págs. 71-72, Pre-textos, Valencia. [Edición original: Flammarion, París, 1977.]

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A partir de este texto pensaba y me preguntaba si no existirán en nuestras ciudades «paisajes de la tristeza», que siguiendo a Deleuze-Parnet-Spinoza podríamos imaginar como los paisajes que reducen la potencia de obrar, de hacer. Leía por ahí también cosas sobre «los afectos como infraestructuras», entre otros, del traductor de Deleuze al inglés, Brian Massumi: plantea que ciertos afectos pudieran estar construidos como elementos a partir de los cuales se desarrolla la vida en un determinado entorno. Algo que me recuerda un poco a algunas cosas situacionistas… Y andaba relacionando estos hipotéticos paisajes de la tristeza con los «paisajes del miedo», incluso con los «paisajes de la violencia», o por otro nombre, recurrente en los últimos años, «paisajes de la necropolítica» (Mbembe; o E. Weizman cuando habla de que el urbanismo y la arquitectura pueden ser una «violencia lenta»).

Por otra parte, también me gustaría  cuestionar la idea spinoziana de la alegría como aquello que aumenta la potencia de obrar, que me parece un pensamiento demasiado de jóvenes, y que fácilmente podría caer en el hiperactivismo.  Tengo que pensar un poco sobre eso. Sí me resulta claro que la tristeza, o al menos ciertas formas de tristeza, reducen — o quizás incluso llegan a acabar con — nuestra potencia de hacer.

Y volviendo a los paisajes, se trataría de buscar y de producir lo contrario a estos paisajes de la tristeza. Ya os contaré cuando vaya avanzando. Tengo prometido un texto a mis amigos de Alicante sobre estas cosas. Y no debería tardar mucho. Seguramente no es nada nuevo, pero igual la perspectiva diferente nos permite ver mejor algunos aspectos.

«Lo visible está siempre en medio de lo invisible», y suele ser lo determinante [lo invisible] en la mayoría de las situaciones. Eso decía, más o menos, sin ninguna intención espiritualista, John Dewey.

Salud y aire.

Latour: algunos diagramas de «Nunca fuimos modernos»

Diagrama 1: Bruno Latour, 1993, We Have Never Been Modern, Fig. 1.1, p. 11
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Reseña con diagramas / José Pérez de Lama

Continuando una entrada previa del blog [ver referencias al final] presento a continuación unas notas sobre el libro de Bruno Latour We Have Never Been Modern [Nunca fuimos modernos – mi reseña es de la edición en inglés de 1993, editada por Harvard, algo modificada respecto de la edición francesa original de 1991]. Diría que este fue el primer libro por el que se conoció internacionalmente a Latour (nacido en 1947), más allá de su ámbito de origen, el de los Science and Technology Studies. Desde entonces ha escrito mucho, y según entiendo ha ido desarrollando lo que aquí presentaba – y también cambiando y añadiendo otras cosas. Para hacerse una idea de esta evolución, sus publicaciones y proyectos están bien documentados en su web, donde se puede descargar bastantes artículos [aquí la página con las referencias a las diferentes ediciones y múltiples traducciones de WHNBM: http://www.bruno-latour.fr/node/108.html%5D. El libro tiene en cualquier caso cerca de treinta años, por lo que muchas de las ideas que se enuncian como nuevas o provocadoras, al menos para los que estamos en estas cuestiones, son ya prácticamente lugares comunes – aunque no por eso dejen de ser valiosas, claro.

Tengo muchos amigos estudiosos de Latour. Estos días había una interesante conversación en «Tuiter» de amigos-expertos que sin duda sabrán mucho más que yo. Me aventuro, no obstante, a hacer estos comentarios, apoyándome en la experiencia de haber trabajado desde hace ya tiempo en esto de las redes materiales y mentales, de las que nosotros mismos somos parte y que muchos tomamos como configuración principal para la compresión del mundo y para su transformación. Mi aproximación –o nuestra, si incluyo mis años con hackitectura.net–, fue sin embargo desde otros marcos teóricos, que comentaré un poco más abajo. Con la lectura de Latour, aparte de conocer un poco mejor lo que dice un autor tan reconocido, lo que trato es de encontrar nuevos matices y enriquecer las aproximaciones al mundo de las redes, los ensamblajes, las máquinas, los dispositivos, los cyborgs o como prefiramos llamarlos– en tanto que realidades clave las transformaciones del mundo actual según ya decía.

Para conducir el comentario usaré una selección de los diagramas que se van sucediendo en el libro, que en general me gustan bastante por el carácter tan espacial con que describen las cosas — aunque como casi siempre, los arquitectos, podríamos imaginarlos más afinados o más atractivos visualmente.

[1] Naturaleza y Sociedad

En el primero de los diagramas, que aparece en el libro como «Figure 1.1 Purification and Translation» [la primera imagen, al inicio del post], se presenta la hipótesis principal del libro. La Modernidad habría explicado el mundo, y actuado en consecuencia, como si estuviese conformado, organizado, en dos polos excluyentes, el de la Naturaleza y el de la Cultura o la Sociedad. Latour multiplica los términos que asocia a uno y otros polo, entre otros: no-humanos y humanos, objetos y sujetos, ciencias y letras, palabras y cosas – sí, como en aquel libro –, saber y poder-política, y algunos más que me dejo atrás. Esta «primera dicotomía» según la expresa Latour constituiría la visión comúnmente aceptada del mundo moderno.

A veces estos pares se hacen menos claros. Pero yo que tuve un padre Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, creo lo entendí muy bien. Se trata de la capacidad moderna de separar lo que se consideran cuestiones, hechos, del ámbito de lo tecnocientífico, de lo objetivo, y otras que puedan ser del ámbito de lo moral o simplemente del mundo de los sentimientos, de lo subjetivo. Esta primera dicotomía también tendría que ver con la crítica clásica de la Posmodernidad a la definición de las disciplinas, de los conocimientos y prácticas, su pretendida rigurosa separación. En mi caso como arquitecto, en la Escuela se insiste en que un arquitecto se tiene que ocupar de la función, la construcción, la belleza. Pero cuando alguien llama la atención sobre las implicaciones sociales o económicas, y hasta hace muy poco, ecológicas, de la arquitectura en el sistema o contexto más amplio, etc., rápidamente aparece alguien con autoridad afirmando que «eso no es arquitectura» o que de eso no podemos ocuparnos; que o bien es un asunto político, o bien habrá  otros saberes o profesiones para eso. [Puede verse post en este mismo sobre Isabelle Stengers y su discusión sobre «el buen investigador» en que trata de asuntos muy parecidos.]

Al trabajo moderno que se produce para destilar el mundo en Naturaleza o Cultura/Sociedad, Latour lo llama «trabajo de purificación». Al principio me resultó algo mixtificadora esta denominación. Luego me fui dando cuenta de que tiene que ver con el deseo de pureza de los modernos, definir esencias, separar en categorías excluyentes y el consecuente rechazo de lo híbrido, lo contaminado, lo cambiante, etc. Lo de las «ideas claras y distintas» que decía el viejo filósofo.

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[2] Las redes, los híbridos

Siguiendo con el primer diagrama — la figura 1.1: está dividido en arriba y abajo por una línea horizontal a la que el autor llama la «segunda dicotomía». Lo que hay por debajo constituiría, me parece a mí, la principal aportación de Latour en este libro. Mientras que arriba hay un mundo de humanos y de cosas, puros, separados como decíamos en Naturaleza y Cultura, por debajo, se encontraría un [sub]mundo de híbridos o de redes – esos son los dos términos que usa el autor en el diagrama. Mientras que lo de arriba sería la representación moderna del mundo, todo ordenado y clasificado, con Naturaleza y Sociedad – con sus leyes científicas, sociales, psicológicas – como referentes, por debajo lo que pasa es bien distinto: humanos y cosas se componen unos con otros, y esa es en realidad, para Latour, la manera en que suceden las cosas, la manera en que se produce mundo. Aunque Latour parece contarlo como un descubrimiento suyo, se me viene a la cabeza el ejemplo de la fábrica según Marx, una composición de máquinas, sistemas organizativos, cuerpos, relaciones de producción… que producen un cierto mundo, unas ciertas relaciones sociales, unas ciertas subjetividades, etc. (véase un comentario sobre esto, por ejemplo, en Deleuze-Guattari, 1972).

Lo principal que obtengo de Latour, es precisamente ésto: lo que hace funcionar el mundo tal como lo hace, o los mundos, son estas redes-híbridos o «cuasi-objetos-cuasi-sujetos» –otro nombre que les da–, en la cual los objetos tiene agencia, son participantes que afectan de manera determinante lo que ocurre, lo que se puede hacer y lo que no. Un ejemplo recurrente, algo simple, para explicar este carácter de los objetos en tanto que participantes en la acción o «actantes» es el de la comparación entre clavar una puntilla con la mano desnuda, el hacerlo con un martillo o con una pistola de clavos: las maneras en que se produce la acción, e incluso los resultados, son notablemente diferentes.

Entonces, nos dice Latour, donde tenemos que fijarnos para comprender cómo funcionan las cosas no es en las ideas abstractas – que se corresponderían con ese mundo imaginado como oposición entre Naturaleza y Sociedad – sino en las redes más bien materiales y concretas que hacen que las cosas suceden tal como lo hacen. No se trata de explicar las cosas con grandes ideas abstractas como podrían ser el Humanismo, el Capitalismo o la Globalización, por citar tres, sino entendiendo como se producen concretamente en cada situación, los objetos técnicos, las prácticas, las normas, las — habitualmente intrincadas — relaciones y concatenaciones entre unos y otros. En otras obras posteriores, pero me parece que ilustra bien esta idea, Latour defiende la idea de «descripción densa» de los procesos frente a la aplicación o construcción de conceptos abstractos que pretenderían explicarlos (2007).

A los trabajos que ocurren en esta parte baja del diagrama, Latour, de nuevo algo crípticamente para mí, lo llama «trabajos de traducción» – es de suponer que traducción entre los objetos y los humanos que componen las redes de híbridos; quizás la traducción que permiten esas composiciones entre heterogéneos. En otras ocasiones creo que también los llama «trabajos de mediación» – un término importante en la jerga latouriana: «mediar» aquí significa que aquello que «media» afecta el resultado — no es un elemento «transparente» o neutro en el proceso en cuestión. En español castellano, siguiendo a Latour, suelo diferenciar entre «mediante» o «por medio» y «a través», para denotar estas dos tipos de participación. Estos matices son muy pertinentes cuando intentamos pensar el papel de tecnologías digitales concretas en nuestra actividad.

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[3] Las relaciones entre Naturaleza-Sociedad e híbridos

Esto es otro aspecto singular, complementario del anterior, de la propuesta latouriana, al menos en este libro. Su discusión ocupa buena parte del volumen, y según Latour sería algo que diferenciaría a los modernos de los pre-modernos o de los no-modernos. Es en este sentido en el que enuncia –lo que uno lee como una cierta provocación– de que en realidad «nunca fuimos modernos». Entonces, según el autor, para los modernos la producción de híbridos habría sido una especie de operación secreta, no reconocida, clandestina dice en algún momento. Los modernos sólo habrían querido ver el mundo como formado por Naturaleza y Sociedad en tanto que realidades completamente separadas. Y la paradoja, sería, siempre según Latour, que éste no estar dispuesto a reconocer «oficialmente» la existencia y la relevancia de los híbridos es lo que hizo posible su proliferación, proliferación que sería característica de la Modernidad; la proliferación de las redes, de las grandes estructuras. Proliferación que caracterizaría las sociedades modernas frente a las pre-modernas, mucho más resistentes a los cambios, la innovación permanente, eso que se llamó Progreso.

Por tratar de proponer algunos ejemplos de híbridos: pensemos en la circulación de capital, los mercados financieros o los mercados en general, la vivienda o la producción de la energía – o estos días tan de actualidad –, todos ellos híbridos técnocosociales, diríamos ahora, que sin embargo, se siguen tratando de presentar como realidades puramente técnicas, pensemos en el caso de los mecanismos de fijación del precio de la electricidad que se comentan estos días  [en este caso serían de técnica económica en tanto que lo económico pretende explicarse como un espacio de lo técnico]. Ocurre que la crisis de lo moderno, para Latour, consistiría precisamente en que ya no es posible seguir ocultando estos híbridos, el carácter híbrido de estas realides… Y quizás por eso, treinta años después de la edición del libro, ya todos casi lo damos por supuesto: por ejemplo, que el mercado financiero es una realidad mixta, híbrida, que produce mundo, que produce precisamente Sociedad. Y que según Latour también produciría Naturaleza – más sobre esto en breve.

En algún momento del libro –tendría que recuperar la cita que ahora no encuentro– dice el autor que hablar de los híbridos llega a tener el carácter de un tabú. Me gustó muchísimo eso, sí. Basta ver cómo las diversas autoridades eluden considerar esta dimensión teconopolítica en la manera que promueven la llamada transición digital.

Más Latour: la proliferación de los híbridos tiene lugar a la luz del día, pero sin que se hable del asunto. Ocurre «por debajo de la mesa», lo que nos recuerda al over the counter del mundo financiero. Hay una rica variedad de procedimientos para mantener un velo sobre estas cosas… El argumento me recuerda en buena medida al de la sexualidad en el XIX según Foucault. En su Historia de la sexualidad proponía que en la era victoriana no es que la gente copulara menos, sino que lo que ocurría es que no se hablaba abiertamente de aquello. Y que ese no hablar del asunto le daba una presencia-ausencia y una potencia singular. El argumento es tan similar que me parece que funciona como una especie de doble elipsis; la de los modernos y la extraña elipsis del propio Foucault en el discurso de Latour – más sobre esto en los comentarios finales. Confirmo el significado de «elipsis» para la R.A.E. que dice: «Omisión intencionada de algún elemento del discurso para suscitar determinados efectos en el lector».

¿Y por qué los modernos habrían optado por esta extraña manera de organizar el mundo? La hipótesis de Latour es que éste no reconocer las redes de híbridos que producían el mundo, y en su lugar conducirse por el sistema más abstracto de Naturaleza y Sociedad, objetos y sujetos puros, era precisamente lo que permitía la transformación acelerada del mundo, la experimentación continua sin tener que tener en cuenta sus consecuencias más generales, el Progreso en fin. Se preguntaría uno si el avance arrollador del «capitalismo» – el otro compañero de Foucault en las elipsis, el otro innombrable, excluido del discurso en esta pieza de Latour. En un libro que trata sobre Modernidad y tecno-ciencia, intentando explorar sus relaciones con la sociedad y la cultura, el término capitalismo sólo aparece 3 veces hasta casi el final del libro. Hasta el punto de que parecería una especie de proyecto perec-iano – de Georges Perec – como el de aquella en que Perec escribió un libro entero sin usar la letra «e», la más frecuente en francés.

Volviendo una vez más al argumento de la invisibilidad de los híbridos. Se comprende bastante bien, con la explicación que da Latour sobre las sociedades pre-modernas. En éstas las relaciones entre híbridos, sociedad y naturaleza eran bien reconocidas, por lo que los cambios en las prácticas reales eran sometidos a una lenta reflexión: tendrá efectos negativos sobre nuestro medio natural, acabará con nuestra organización social tal como la conocemos, etc. [ver también, más abajo, el diagrama 5].
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[4] Híbridos y escala

Me limito a dejar apuntada una afirmación de Latour que me llamó la atención. Aparte de esta invisibilidad, la principal diferencia entre los híbridos modernos y los de las sociedades pre-modernas es la escala (scale). Las redes o híbridos modernos aspiran como sabemos a unas escalas o dimensiones nacionales, continentales, globales – mientras que los de las sociedades pre-modernas tenían por lo general un alcance mucho más local. Uno piensa que habrá otras diferencias, pero Latour lo deja ahí, quizás con la actitud un poco provocativa, por ejemplo, frente a las llamadas en aquellos años «grandes narraciones» que atraviesa el libro en su conjunto. –«grandes narraciones» que hablarían quizás de híbridos capitalistas o socialistas y cosas así.
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Diagrama 2: Bruno Latour, 1993, We Have Never Been Modern, Fig. 3.1, p. 51

Diagrama 3: Bruno Latour, 1993, We Have Never Been Modern, Fig. 3.4, p. 86

[5] Los ejes modernos y pre-modernos. El espacio del devenir

Del segundo y del tercer diagrama [Figure 3.1 Purification and mediation & Figure 3.4 The Modern Constitution and its practice] me limitaré a comentar el eje vertical, que Latour también llama el eje o la dimensión no-moderno, y el movimiento que se produce a lo largo de este eje, desde un estado inestable, de devenir [becoming], en la parte inferior, a un estado de estabilización o fijación, en la parte superior. En este eje vertical,  por debajo de su intersección con el eje horizontal indica Latour que se daría una condición de «existencia»; por encima una de «esencia».

Esto es que ocurre por debajo del eje moderno serían procesos de experimentación, y recombinación – algo parecido, se me ocurre, al estado «caosmótico», de orden inestable y cambiante, que decía Guattari. Los híbridos no tendrían una forma estable… Lo que ocurre por encima, correspondería a la fijación de ciertas modalidades de los híbridos, conceptualizados o comprendidos en esa parte superior como compuestos por entidades puras, claramente separadas, que estarán bien del lado de las cosas, bien del lado de los humanos – de la Naturaleza y las ciencias de un lado, o de la Sociedad, la cultura y la política del otro… En la figura 3.4 se representan la evolución de la máquina de vacío de Boyle, desde un dispositivo tecno-social en proceso de transformación — la propia máquina, los técnicos que participaban en los experimentos y fueron perfeccionando las prácticas, el público que asistía a las sesiones como productores de verdad…– hasta su «purificación» como un instrumento perfectamente definido como artefacto científico.

La cuestión es que ese estado de devenir, de experimentación, de recombinación entre los modernos, siempre según Latour, se haría de una forma proliferante, pero que cómo decíamos, a la vez, tiene una cierto carácter secreto, o al menos innombrable.

Podemos adelantar, que en sus conclusiones en este mismo libro, con lo que llama «Parlamento de las Cosas», y en trabajos posteriores, como el hecho para el ZKM con Peter Weibel, explícitamente titulado Making Things Public, su propuesta girará en torno a hacer visibles, debatibles y democráticos los procesos de producción de híbridos.

«La Constitución» que aparece en el título de la Figura 3.4 es como Latour llama al acuerdo tácito de la distribución entre Naturaleza-objetos, Sociedad-humanos e híbridos, y a las relaciones entre unos y otros, que venimos comentando. Como figura retórica o de pensamiento sería algo parecido al «contrato social» del que se habla en ciertas tradiciones de filosofía política, y al «contrato social» de su maestro o colega más veretano Michel Serres. (Ya lo había comentado en un post anterior, pero sirva como aclaración para los que no estén al tanto.)
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Diagrama 4: Bruno Latour, 1993, We Have Never Been Modern, Fig. 4.1, p. 95

[6] Partir de los híbridos para explicar la Naturaleza y la Sociedad, los objetos y los sujetos

Otra cuestión más del discurso de Latour, que se explicita en el cuarto diagrama [Figure 4.1 The principle of symmetry], tendría precisamente que ver con su propuesta de redistribución o recomposición –sorting, es uno de los términos que usa el autor con frecuencia– de las relaciones entre los tres componentes principales del diagrama, Naturaleza, Sociedad e híbridos (o redes): Naturaleza y Sociedad no serían realidades más o menos dadas a partir de las cuales explicaríamos el mundo, sino al contrario: sería a partir de los híbridos, las redes, a partir de los cuales explicaríamos la naturaleza y la sociedad, o los objetos y los sujetos. Los que sean estos pares, Naturaleza y Sociedad, objetos y sujetos, no estaría dado de partida, sino que serían, en cada situación, producto de los híbridos, de las redes.

Aquí, en esta idea de que objeto-y-sujeto, son productos de un proceso, más que datos a priori, me parece reconocer alguna semejanza con Whitehead, al quien espero dedicar algunas entradas del blog próximamente. También con Dewey.

naturaleza y sociedad (o cultura), como decía, tienen que ser explicados desde el estudio de los híbridos. Y se trataría, más precisamente, siempre según Latour, de «natur-culturas», pares de grandes sistemas conceptuales interdependientes — término que han adoptado, autoras como Donna Haraway o María Puig de la Bellacasa, que hemos comentando en este blog.

Tengo pendiente de lectura otro libro posterior de Latour, Poltics of Nature, en que entiendo que desarrolla más esta cuestión. Podemos aproximarla contrastando las ideas de naturaleza y cultura características del Progreso industrial moderno, y las de cualquier sociedad pre-moderna o las actualmente emergentes ligadas a la preocupación por la catástrofe ambiental o el decrecimiento.

En este mismo diagrama 4, se entiende también un nombre con que se autodenominaban hace unos años los participantes en esta línea de pensamiento, como era el de la «sociología simétrica». Viendo el diagrama creo que no es necesaria mucha explicación.
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[7] El último de los diagramas que aquí reproduzco, a continuación, estimo que presenta con claridad la que llamaba la hipótesis principal del libro que venimos comentando, contrastando diferentes nociones de los modernos [us / nosotros, según dice el diagrama] y los premodernos o no-modernos [them / ellos].

Diagrama 5: Bruno Latour, 1993, We Have Never Been Modern, Fig. 4.3, p. 102

[8] Comentarios finales

Como he ido sugiriendo, el aspecto que a mí particularmente me interesa de este Latour es su propuesta de fijarnos en lo que llama híbridos, cuasi-objetos-cuasi-sujetos o redes para desde ellos tratar de entender mejor cómo funciona el mundo. La singularidad de la conocida como escuela ANT [hormiga en inglés, por lo de trabajo de hormiga, pero a la vez Actor-Network Theory] sería su aproximación etnográfica, minuciosa y concreta al estudio de estos híbridos. Para mí sería como un nuevo empirismo nominalista, que en este segundo aspecto sostendría que todo lo que existe es particular, que rechazaría las grandes abstracciones. Para mí particularmente, de nuevo, que entiendo la mente en un sentido batesioniano o guattariano natural y material este empirismo me resulta de gran interés.

Por otra parte, esto de mirar las redes o los híbridos, que Latour parecía querer enunciar en 1991 como un hallazgo provocador, a mí me parece más bien un topos o un lugar común de nuestro tiempo. No en el sentido peyorativo moderno flaubertiano o nabokoviano de la idea de lugar común — las críticas de la sottise o el «filisteísmo», tan divertidas, de estos autores — sino en el sentido clásico de temas conocidos por la gente culta que cada autor trata de versionar o interpretar, generando así conjuntamente una cierta veta del pensamiento de una época. El tema de la vita beata para los humanismos, por ejemplo, que comentaba hace poco en otro post del blog.

Así, me parece y suelo citarlo de esas manera, que Latour con esta idea de los híbridos contribuye y dialogo con discursos parecidos sobre redes, máquinas, dispositivos, ensamblajes, ecosistemas, etc. y también con otros que tienen que ver con el proceso y el devenir y con el cuestionamiento de las ideas de sujeto y objeto clásicos.

Dejo aquí de momento estas notas, que serían un recordatorio más bien personal, pero que publico como vengo haciendo desde hace unos años, por si fueran de utilidad para otr*s.

Vale.

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Referencias

Bruno Latour [traducción de Catherine Porter], 1993 [1991], We Have Never Been Modern, Harvard University Press, Cambridge

____, 2004, Politics of Nature, How to Bring the Sciences into Democracy, Harvard University Press, Cambridge

____, 2007 [edición original de 2005], Reassembling the Social. An Introduction to Acto-Network Theory, Oxford

Bruno Latour & Peter Weibel (eds.), 2005, Making Things Public. Atmospheres of Democracy, ZKM Center for Art and Media Karlsruhe & MIT, Cambridge

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Fernando Broncano, 2021, El error de Latour, en: http://laberintodelaidentidad.blogspot.com/2021/08/el-error-de-latour.html

Gilles Deleuze and Félix Guattari, 1972, Balance-Sheet of Desiring-Machines, translated by Robert Hurley, Appendix to 2nd edition of Anti_Oedipe, Minuit, Paris; in: Félix Guattari, 2009, Chaosophy. Texts and Interviews 1972-1977, Semiotext(e), Los Angeles

Michel Foucault, 2009 [edición original en francés de 1976], Historia de la sexualidad. 1. La voluntad de saber, Siglo XXI, Madrid

Félix Guattari, 1995 [traducción de Paul Baines & Julian Pefanis; edición original en francés 1992], Chaosmosis. An ethico-aesthetic paradigm, Indiana University Press, Bloomingdale-Indianapolis

Georges Perec, 1969, La Disparition

A.N. Whitehead, 1967 [1933], Adventures of Ideas, The Free Press, Nueva York

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Algunos posts mencionados en el texto en este mismo blog:

2021, Los cuasi-objetos de Bruno Latour explicados por Izaskun Chinchilla: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2021/08/08/los-cuasi-objetos-latour-izaskun-chinchilla/

2021, «Tener madera de investigador», de Isabelle Stengers (2/3): el casto asceta y el sonámbulo fóbicos: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2021/07/24/tener-madera-de-investigador-stengers-2-asceta_sonambulo/

Los cuasi-objetos de Bruno Latour explicados por Izaskun Chinchilla

Imagen: Solar Powered Toilet de Caltech, 2020, premiado por la Fundación Gates. La heces son transformadas, con la mediación de energía solar y del sistema que se ve en la imagen, en agua limpia, fertilizantes para plantas e hidrógeno para ser usado para producción de energía con fuel-cells. Me pareció un cuasi-objeto muy latouriano. / https://www.caltech.edu/about/news/caltech-wins-toilet-challenge-23635 — Twitter screenshot 08/08/2021

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Los cuasi-objetos de Bruno Latour explicados por Izaskun Chinchilla

Selección y comentario de José Pérez de Lama

Izaskun Chinchilla, 2020, La ciudad de los cuidados. Salud, economía y medio ambiente, Los Libros de la Catarata, Madrid

Bruno Latour, 1993 [edición original en francés de 1991; traducido por Catherine Porter], We Have Never Been Modern, Harvard, Cambridge

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Reproduzco a continuación unos párrafos del libro de Izaskun Chinchilla que me hicieron volver a querer leer el Nunca fuimos modernos de Bruno Latour, que comentaré aquí próximamente.

El libro de Chinchilla, por otra parte, es un libro muy interesante — trataré de usarlo en mis clases sobre la ciudad –, que me parece efectivamente muy latouriano en su planteamiento: se propone construir esto que llama «ciudad de los cuidados» desde los objetos — o cuasi-objetos –, desde el diseño de espacios públicos concretos, — mediante el ingenio, el talento y el oficio de arquitecta combinados con prácticas de autonomía y de participación ciudadana. La primera parte del libro en que cuenta trabajos en la ciudad con niños y niñas en el marco de lo que se conoce en inglés como public engagement fue la que más me gustó.

* Otro día trataré de escribir sobre esto del public engagement, que me recordó a la extensão universitaria en Brasil, y que a mí juicio sería algo a pensar seriamente como una política que introdujera en vector de transformación en nuestras universidades.

Transcribo el texto bastante completo de esta sección del libro de Izaskun Chinchilla, sin limitarme estrictamente a las referencias a Latour. Chinchilla presenta aquí un ejemplo que ilustra su interpretación de Latour, que lo hace muy comprensible – me parece –, mientras que en el libro original de Latour hay pocos ejemplos y a veces cuesta imaginar del todo a qué se refiere. En otros posteriores de Latour, como en Reassembling the Social, sí que me parece que lo explica mejor, con mayor detalle. Sigue la transcripción del texto de Izaskun Chinchilla, entonces, con algún comentario.

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Izaskun Chinchilla, 2020, La ciudad de los cuidados. Capítulo 4: Los bolardos frente al mobiliario de piezas sueltas [pp. 104-107]

Los bolardos. Prohibiendo con objetos

[…] La protesta contra las leyes que limitan la libertad en la ciudad es habitual (recordemos el «prohibido prohibir» de 1968), pero se protesta mucho menos contra lo que [se] considera natural en la ciudades: lo que llamaremos «las prohibiciones embebidas en objetos». Los bolardos son una especie de prohibición encarnada en un objeto. A priori, le dicen al conductor de un vehículo: «No está permitido que aparques en esta acera». Pero el mensaje va más allá. Si sólo se buscaratransmitir este mensaje habría bastado con una línea amarilla sobre el pavimento. Los bolardos son más contundentes en la comunicación implícita. Dicen: «La institución que gobierna esta ciudad desconfía de que vayas a cumplir esta regla y ha dispuesto un sistema para que, en caso de la desobediencia, tu vehículo resulte dañado».

Pero lo bolardos no hablan sólo a quienes conducen vehículos. También lanzan contundentes mensajes a las y los peatones. Las personas mayores, después de haberse golpeado la pierna y haberse garantizado un ostentoso moratón, o las madres y padres que tratan de moverse por la ciudad con un carrito de bebé (no hablaremos de los carritos para las y los gemelos) también reciben un contundente mensaje. Algo así como: «Esta calle ha sido diseñada para mediar en un conflicto permanente y cruento entre el vehículo y las instituciones. Este conflicto tiene un rango de importancia mayor que tu propio confort. Los problemas que te pueda causar este objeto son daños colaterales de importancia menor». Los bolardos, como el resto de señales de tráfico […] perpetúan y afianzan un mensaje político demoledor: «La ciudad se planifica y gobierna atendiendo fundamentalmente al diálogo con el vehículo privado. Al peatón se le dedica una atención menor porque se estima que podrá adaptarse al paisaje urbano que resulte del diseño urbano realizado para los vehículos».

Bruno Latour llama «cuasi-objetos» a estos objetos que afectan nuestra actuación, para distinguirlos de los objetos naturales [*] y hacer alusión a que son fruto de un largo proceso de diseño y fabricación donde el contenido social y su programa que busca un efecto sobre el colectivo han sido aspectos importantes en la toma de decisiones [Latour, 1993: 55]. Latour concede una importancia decisiva a este tipo de objetos en el entorno de convivencia y a su capacidad de persuasión implícita, y sostiene que estos cuasi-objetos son tan poderosos que configuran la sociedad mientras que las construcciones más políticas o científicas que forzaron su existencia permanecen invisibles. [1993: 53]

* Comentario: En We Have Never Been Modern Latour los llama inicialmente «cuasi-objetos-cuasi-sujetos» para expresar su carácter híbrido entre los objetos [la Naturaleza] y los sujetos [la Sociedad o la Cultura]. En el post que dedicaré al libro trataré de explicar algún detalle más sobre esto.

Volvamos a nuestros bolardos. Pensemos que antes de la colocación de los bolardos, un partido político presentara un proyecto de ley en el Parlamento donde se defendiera algo como: «En el espacio público se otorgará prioridad a la gestión de flujos del vehículo privado. Cuando ésta requiriese molestias importantes para el tránsito de peatones, se sacrificará el interés de éstos en favor de la buena gestión del tránsito vehicular». Esta ley sería objeto de un extenso debate y tendría pocas posibilidades de ser aprobada con esa redacción. Sin embargo, los bolardos invaden nuestras aceras y nos conforman como sociedad: nos hace aceptar, de facto, esa propuesta de ley, interiorizar que el vehículo tiene prioridad y el peatón tiene que resignarse. Incluso nos hace sentirnos con más derechos cuando conducimos que cuando caminamos. La presencia de objetos como los bolardos ha establecido la hegemonía del vehículo sobre el espacio común sin que nadie haya concitado un debate previo sobre ello, adaptando nuestras vidas y nuestra percepción de la ciudad a la ideología implícita que ostentan estos objetos.

Para Latour, estos efectos implícitos se han vuelto inmorales e «inconstitucionales» [*], ya que configuran nuestras vidas sin haber sido objeto de diálogo político. Es lógico que nos anime a reclamar: «Queremos una identificación meticulosa de los cuasi-objetos, que deje de hacerse extraoficialmente, que deje de hacerse por debajo de la mesa». Latour propone un «parlamento de las cosas» donde los equilibrios entre [¿en?] el espacio común se reconfiguren. Latour reclamaría que expertos independientes en movilidad, partidos políticos, asociaciones de vecinos, representantes de [personas] mayores y AMPA tuvieran que discutir el diseño de los bolardos y su normativa de colocación e incluso [su] sentido y conveniencia.

* Comentario: Esto de «inconstitucional», que quizás resulte algo pintoresco sin contexto, se debe a que Latour propone la idea de que en la Modernidad compartimos una «Constitución» que otorgaba lugares separados a la Ciencia y a la Política, a los objetos y los sujetos, y que ahora con la proliferación de lo que llama cuasi-objetos e híbridos ha dejado de funcionar. El uso del término Constitución sería similar al de «contrato social», algo más bien conceptual-ideal.

Latour, junto con otros autores como Michel Callon, sistematizó esta visión en lo que llamaron la Teoría del actor-red, donde se acepta que los agentes sociales son tanto humanos como no humanos (bolardos, semáforos, urnas de votar, vacunas), denominando a los primeros «actores» y a los segundos «actantes». [*] «Si limitamos lo que consideramos a acción a lo que hace un humano intencional y planificadamente resulta difícil ver como actúan un martillo, una cesta o una etiqueta». Sin dejar de afirmar que son los primeros, los humanos, los que siempre comienzan la acción, tenemos que tomar en consideración todo lo que afecta al desarrollo de la acción. [Volviendo al caso de los bolardos, l]as franjas resaltadas en el suelo hacen que los conductores reduzcan la velocidad, y deben ser consideradas, por tanto, como «actantes». La visión del mobiliario urbano bajo esta perspectiva cobra una nueva relevancia social y política que incide directamente en la filosofía de los cuidados.

* Comentario: A partir de aquí me he permitido editar un poco el texto original de IC para que se entienda con mayor claridad, en esta situación algo descontextualizada.

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Comentario final

El ejemplo de Izaskun Chinchilla a mi juicio nos permite entender mejor como los objetos y las construcciones y redes tecnológicas condicionan y limitan lo que podemos y no podemos hacer. Pienso en las plataformas digitales, por ejemplo, que se nos presentan como asuntos de eficacia o de entretenimiento y que, como explican Latour y Chinchilla, de manera más o menos velada incorporan dimensiones de mucha mayor complejidad y profundidad que afectan a nuestras formas de vida. A esto es a lo que venimos desde hace tiempo llamando «tecnopolíticas». En We Have Never Been Modern, Latour llega a decir en algún lugar que querer hacer ver y querer hablar de estas cuestiones en nuestras sociedades que siguen pensándose a sí mismas como modernas en ocasiones llega a parecer tabú.

Más sobre esto en un próximo post.

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Referencias

Izaskun Chinchilla, 2020, La ciudad de los cuidados. Salud, economía y medio ambiente, Los Libros de la Catarata, Madrid

Bruno Latour, 1993 [edición original en francés de 1991], We Have Never Been Modern, Harvard, Cambridge

__, 2007 [edición original de 2005], Reassembling the Social. An Introduction to Acto-Network Theory, Oxford