Ecología de las prácticas, un concepto de Isabelle Stengers

Fotografía histórica de la primera observación de un neutrino en una cámara de burbujas de hidrógeno, Sincrotrón Zero Gradient, 13 de noviembre de 1970: un neutrino invisible  choca con un protón, generando las huellas de las partículas resultantes de la colisión a la derecha de la imagen, el neutrino se transforma en mesón mu, la tercera traza es un mesón pi creado por la colisión.  Argonne National Laboratory. Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/File:FirstNeutrinoEventAnnotated.jpg

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Reseña de José Pérez de Lama

Continúo tirando del hilo Haraway-Bellacasa-Margulis… Las dos primeras, si mal no recuerdo, citan a Stengers como referencia principal; un nombre familiar por otra parte en el “mundo Latour”. Con formación como química y filósofa, su trabajo, éste que ahora comento al menos, se encuadra en los Estudios sobre Ciencias y Tecnologías (STS por su acrónimo en inglés), que tratan de estudiar las ciencias y las tecnologías como prácticas culturales, históricas, situadas – en contraste con la concepción moderna o tradicional que las interpretaba como ejercicio neutral que busca y encuentra progresivamente verdades absolutas – más o menos. Stengers también recurre al pensamiento de Deleuze-Guattari, lo que la hace atractiva para mí; y supongo que por esta razón será sospechosa para otros.

De momento leí The Science Wars, el primer libro de su compendio Cosmopolitics, tratando de aproximarme a su idea de ecología de las prácticas sobre la que leí y que captó mi atención en Matters of Care, el libro reciente de María Puig de la Bellacasa. [1]

La sensación empezando The Science Wars era la de entrar en medio de una conversación en marcha desde hace algún tiempo, y de la que no me enteraba de la mitad. Y efectivamente, después de mirar un poco por ahí, ése era el caso: las Science Wars fueron un episodio ocurrido en los años 90, importante para los STS y quizás menos para el resto del personal. Igual algunos recordaréis el caso Sokal, en el que un físico, el tal Sokal, escribió y logró que se aceptara y fuera publicado un artículo paródico de estilo deleuziano en una revista científica del entorno de los STS. Con esta acción pretendía demostrar que aquellos discursos carecían de sentido, y que ni siquiera los propios pretendidos especialistas eran capaces de entenderlos. [2]

El libro de Stengers, pues, responde a este debate desde la posición de las ciencias humanas. De manera muy resumida la cuestión que se plantea es la de la unidad ideal del conocimiento humano del mundo, habitualmente vinculado a la presunta superioridad de unas ciencias sobre otras – en concreto las físico-matemáticas sobre las humanas. Su propuesta es contraria a la de esta pretendida unidad. Lo que plantea en su lugar es la alternativa de una ecología de las prácticas, en las que las diferentes prácticas, cada una de ellas creadora de mundos diferentes, convivan en relaciones comparables a las de las especies que comparten un determinado ecosistema. Conviene reseñar no obstante la manera en que Stengers entiende las relaciones ecológicas: “La ecología no es una ciencia de funciones. Las poblaciones cuyos modos de coexistencia interrelacionada son descritos por la ecología no están completamente definidas por los roles respectivos que desempeñan en estas redes, de tal manera que pudiéramos deducir la identidad de cada una sobre la base de su rol. Este rol es por definición metaestable, esto es, que no está garantizado frente a posibles inestabilidades. Es un producto de bricolaje, sobre el que todo lo que podemos decir es que funciona más o menos, – y no de un cálculo cuya economía y lógica tuviera que ser revelada.”

El argumento no es demasiado evidente, entre otras cosas, por ir en contra del sentido común dominante. Se va construyendo con pequeños matices que no son fáciles de reproducir. Y puede, además, que yo no la haya entendido del todo. Pero en su desarrollo aparecen otras cosas que si me han interesado de forma más directa. Y al final del post volveré, en cualquier caso, para tratar de reforzar el anterior párrafo.

Trataré de aproximarme a tres de los conceptos principales planteados por Stengers, como son el de factish (contrapción de fact – hecho, como en hecho científico – y fetiche), el de ecología de las prácticas, y el de cosmopolíticas.

Factishes & ecología de las prácticas

Factish es un concepto de Bruno Latour que reelabora Stengers [2003: 19]. El neutrino, la partícula subatómica, – por cierto, muy querido por mi padre –, es el principal ejemplo de factish que discute. La idea de factish propone que los hechos científicos son realidades construidas, esto es, que tienen una componente de ficción – modelos, teorías refrendadas por procesos de experimentación -, pero que a pesar de esta componente de ficción, no dejan de tener una relevante dimensión de verdad, en la medida que explican el mundo de forma eficaz y de acuerdo con ciertas garantías, científicas. Stengers argumenta que este reconocimiento del valor de los factishes, inmanente a un momento o circunstancia histórica, es lo que diferenciaría un planteamiento constructivista de otro relativista. La posición que defiende la califica como de sofista no-relativista.

Para Stengers, factishes y ecosistemas científicos se construyen mutuamente. Y aquí imagino yo instituciones como el CERN, la NASA o las escuelas y facultades de las diferentes disciplinas. O quizás también los complejos de Silicon Valley. Conjuntamente forman lo que, para mí algo ambiguamente, Stengers denomina ecología de las prácticasecology of practices. Ambiguamente, porque a veces me parece que se refiere a una práctica en concreto, la física subatómica, digamos, y otras, al conjunto de las prácticas o disciplinas en un cierto momento o circunstancia histórica.

Hasta aquí, al menos en uno de sus aspectos, el argumento me parece que tiene bastante relación con Dewey y los pragmatistas, con su visión del conocimiento provisional. También con la teoría de los paradigmas científicos de Kuhn – que es mencionada por la autora subrayando que “la originalidad de [su] concepto de paradigma fue mostrar cómo los miembros de una disciplina científica aprendían a reconocer problemas y a tratarlos” (cursiva de Stengers, 2003: 39). Esta es posiblemente una de sus principales aportaciones, subrayar la cuestión de las prácticas, – en contraste con las ideas -,  como materializadoras de mundos concretos: “[E]l tema de una ecología de las ideas tiene el defecto de confundir a los actores con seres que son autosuficientes, a quienes el mundo no expone a riesgos. Esto es por lo que culmina, bastante convencionalmente, en la expectativa de la conversión […] La ecología de las prácticas por su parte, tiene que afirmar aquello que diferencia práctica e idea: las prácticas no pueden, como no puede hacerlo ningún ser vivo, dirigirse a un mundo en silencio, el dócil sustrato de las convicciones y las interpretaciones; su modo de existencia es relacional y condicionado (constrained), no alucinado y visionario; su materialización no se refiere a una autoridad general de la que serían una traducción local, sino a un aquí y ahora que fabrican las prácticas mismas y que [a su vez] las hace posibles.” [2003: 40] [3]

Stengers, además, trata de profundizar en lo que creo que llama en algún momento topología de las prácticas: la definición de un interior y un exterior, las relaciones entre los elementos que las componen: requerimientos (o exigencias) que se imponen a los objetos de estudio, a los factishes, y obligaciones que tienen que asumir los miembros que las integran; también las fronteras y conflictos entre diferentes prácticas. Requerimientos y obligaciones serían los que garantizan la “verdad”, y confieren realidad y valor, dentro de una cierta práctica; exigencias y obligaciones, que interpreto que tendrían que ver con el método científico, la coherencia o el diálogo con la historia y el presente de la propia disciplina, la consistencia de los modelos teóricos, las técnicas, equipos y tipos de experimentación empleados, las metodologías, etc. Cosas que uno intenta poner en juego en su propia disciplina, por ejemplo, cuando participa en un tribunal de evaluación de un trabajo de tesis doctoral, o imagino, pues no es mi campo de trabajo, en la supervisión de un artículo científico en un área de conocimiento determinada.

Cosmopolíticas

En otro artículo consultado, Introductory Notes to an Ecology of Practices (2005/2013), Stengers me resulta algo más clara en sus explicaciones. La ecología de las prácticas sería una herramienta para pensar, dice, no tanto una descripción de lo que es actualmente. Se refiere aquí al conjunto de las múltiples prácticas. Una ecología de las prácticas contrastaría con la lucha por la supremacía de unas prácticas sobre otras, con la jerarquización y dominación de unas prácticas sobre otras. Stengers va desplegando diferentes argumentos, que muy sintéticamente asimilaría a la idea de multiplicación de singularidades de Guattari en Las tres ecologías. Cada práctica serían una forma de producir y estar en el mundo “una perspectiva que celebra la existencia de todo tipo de seres que  plantean específicamente la cuestión de lo que cuenta para su propia forma de vida […] todo aquello para lo que la existencia implica una apuesta, un riesgo, la creación de un punto de vista sobre qué, desde ese momento, se convertirá en su medio (milieu).” [2003: 37]

El texto concluye con un capítulo titulado La pregunta de lo que desconocemos – o sobre lo desconocido. “¿Cómo vamos a evitar el vicio preferido de nuestra tradición: el de construir un argumento conveniente que, como por accidente, tiene el poder de disimular o silenciar las preguntas que nos resultan incómodas de plantear?” [79]. A partir de aquí voy a recurrir extensivamente a citas del texto.

Para plantear estas preguntas que se eluden en las formas de conocimiento y de vida dominantes Stengers proponía en 1997-2003 el concepto de cosmopolíticas [4], que parte, según explica, de una formulación de Kant: “El jus cosmopolitanum es asociado por Kant con el proyecto de paz perpetua correspondiente a un destino natural de la humanidad, en el sentido de una idea que demanda ser constantemente perseguida más que de un principio constitutivo que convertiría este destino en un objeto de conocimiento. La posible unión de toda la gente a través de ciertas leyes universales que implicaran el posible comercio entre ésta constituía para Kant una perspectiva razonablemente plausible […] Hoy tenemos razón para complejizar este punto de vista.” [2003: 79]

“Reclamar que el modo de existencia del neutrino es el de un factish, producto y productor de una práctica, existiendo a través de ésta y causando su existencia, sirve entonces como un primer paso para salir de la perspectiva kantiana, en la que la paz tiene que ser nuestra paz, en la que el comercio está limitado a bienes e ideas, en detrimento de los múltiples mundos creados por nuestros factishes y nuestros fetiches […] Esto no es una límite, un abandono o una abdicación de la razón sino una condición (constraint) que puede llevar a asumir la idea kantiana de un posible comercio entre las gentes de la Tierra, a través de la negación deliberada y activamente agnóstica de las leyes universales ante las que se supone que el comercio debe doblegarse para asegurar su naturaleza pacífica. El comercio, cuando es confundido con la ahora bien conocida idea de la libre circulación de bienes, no es nada más que un estado de guerra generalizado, la destrucción decidida de todo aquello que obstaculiza la circulación y que bloquea la ley de intercambio universal. La práctica del comercio, en el sentido ecológico del término, puede suspender las certezas de la guerra pero no puede cancelar el riesgo de la guerra. El desafío de lo desconocido cosmopolítico es dar resonancia a las obligaciones de esta práctica, para prevenir su desaparición en la norma de las ratios de equivalencia, y las ratios de fuerza que estas equivalencias siempre reflejan.” [82-83]

En Introductory Notes Stengers aborda esta cuestión final de manera aún más abrupta. “¿Por qué deberíamos tomar en serio prácticas que sabemos que ya están en proceso de ser destruidas por el capitalismo? Ésta es la igualdad [entre prácticas], en efecto, siendo la única diferencia entre ellas la existente entre las que ya han sido destruidas y las que aún sobreviven. La ecología de las prácticas es una herramienta no-neutral puesto que supone la decisión de no aceptar jamás la destrucción capitalista, una destrucción que supone una liberación, aunque sólo para ser ocupada por el Capitalismo mismo.” [2005: 185]

Conclusión provisional

De todo esto, lo que más me había interesado es la reflexión en torno a las prácticas – frente a las ideas – como definidoras de ecologías o ecosistemas. Lo que me invita a pensar es en la construcción de ecosistemas universitarios, sociales o políticos en torno a prácticas, según las define Stengers. Pensar también desde esta perspectiva de las prácticas/ecologías maneras más complejas de entender la universidad, el trabajo de los universitarios… Siento, más que otra cosa, que las destrucciones que plantea Stengers tienen que ver con las actuales políticas universitarias: la tiranía del productivismo y “la innovación”, los estándares, los rankings globales, los índices de impacto, las acreditaciones… Quizás. Seguramente tendría que hablar con alguien experto en Stengers para aclararme más. Seguiremos leyendo en cualquier caso. Vale.

#notas

[1] Puede verse un post de hace unos meses sobre este otro libro también en este blog: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2017/07/08/matters-of-care-asuntos-de-cuidados-de-carinos-de-sostenibilidad-de-la-vida-sobre-el-libro-de-maria-puig-de-la-bellacasa/

[2] Artículo en Wikipedia sobre las Science Wars: https://en.wikipedia.org/wiki/Science_wars

[3] Un tema que sería interesante pensar es la relación entre ecología de las prácticas y ecología de la mente de Bateson. Stengers habla de la ecología de las ideas, que sería otra cosa, y también menciona a Bateson, pero no establece, de momento ninguna relación explítica entre ambas. Sobre ecología de la mente puede verse otro post en este blog: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/01/01/forma-sustancia-y-diferencia-gregory-bateson/

[4] En el segundo texto comentado aquí, dice sin embargo que ya no está convencida de la bondad de ese nombre [2005: 192]

#referencias

Isabelle Stengers, 2003, traducción de R. Bononno [edición original en francés: 1997], Cosmopolitics I. The Science Wars, University of Minnesota Press, Minneapolis; disponible on line en: http://blog.wbkolleg.unibe.ch/wp-content/uploads/Stengers.pdf | accedido 19/02/2018

____, [2005], Introductory Notes on an Ecology of Practices. Cultural Studies Review, [S.l.], v. 11, n. 1, p. 183-196, aug. 2013. ISSN 1837-8692. Available at: <http://epress.lib.uts.edu.au/journals/index.php/csrj/article/view/3459&gt;. Date accessed: 19 feb. 2018. doi:http://dx.doi.org/10.5130/csr.v11i1.3459

Félix Guattari, 2000 [1989], Las tres ecologías, Pretextos, Valencia

Donna Haraway, 2016, Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene, Duke University Press, Durham

María Puig de la Bellacasa, 2017, Matters of Care. Speculative Ethics in More Than Human Worlds, University of Minnesota Press, Minneapolis

Además:

Steven Shaviro, 2005, Cosmopolitics (reseña), en: http://www.shaviro.com/Blog/?p=401 _ accedido 19/02/2018

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