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Fab labs y makers: cultivar otras subjetividades


Imagen: “Stakeholders” del ecosistema de la fabricación digital colaborativa. Pérez de Lama, 2019, revisión de otro diagrama (con Alejandro González) de 2010-2013. Pinchar en la imagen para verla ampliada.

¿Por qué alguien querría hacerse fabber o maker?

José Pérez de Lama

Nota previa: Lo que sigue es un apartado de un capítulo dedicado a la fabricación digital y la economía colaborativa que publiqué recientemente en el libro “Economía colaborativa… ¿De verdad?, editado por David Patiño, Charo Gómez-Álvarez y Juan J. Plaza . Este apartado presentaba una relación de los tipos de subjetividades que estimo se cultivan en los fab labs y maker spaces y que constituyen buena parte de su interés y atractivo. Piensa uno que estos rasgos subjetivos contrastan, aunque no siempre sea así, con los rasgos actualmente dominantes del individualismo, la competitividad, el consumismo, la recepción acrítica de las tecnologías, etc. __ Aprovecho para dedicarlo a mis compañer*s del Fab Lab Sevilla y la red global. __ El artículo original está firmado con César García Sáez, de MakerSpace Madrid, con quien tuve diversas conversaciones durante su preparación, que se sumaron a las que veníamos teniendo desde hace ya bastantes años. __ En el libro el texto va acompañado de imágenes y notas que no se han incorporado aquí. JPL

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Life wastes itself while we are preparing to live. (La vida se pierde mientras nos preparamos para vivir). Ralph Waldo Emerson

Entonces, si decimos que actualmente es más barato, – y lógicamente más cómodo -, comprar un mueble en Ikea que hacérselo uno mismo en el fab lab, ¿cuál es el interés del asunto? ¿Y por qué hay gente que prefiere hacer este tipo de cosas en un fab lab en vez de comprarlas ya hechas y más baratas? Lógicamente, cada uno de los fabbers o makers tendrá sus razones, pero podemos señalar algunas de las más destacadas y comunes, aunque en cada caso particular se tratará probablemente de una trama compleja de intereses diferentes. Ocurriendo, incluso, que los diferentes intereses de unos y otros no estén necesariamente alineados.

El placer de hacer
Una de las principales razones sería la del gusto o el placer de hacer, de hacer cosas materiales, – algo que Richard Sennet, por ejemplo, estudia en su libro The Craftsman (2008). En un mundo en el que el trabajo es cada vez más abstracto y nuestro relación con lo material cada vez más artificiosa la posibilidad de hacer cosas por uno mismo, cosas concretas y físicas, de aprender a hacerlas cada vez mejor, es algo que para muchas personas constituye una fuente de placer. Este es un sentimiento que no será extraño a artistas y artesanos, arquitectos, ingenieros, hackers, bricoleurs, etc.

La autonomía
Relacionado con lo anterior, esta posibilidad de hacer por nosotros mismos, el DIY (Do It Yourself) de las décadas de 1960-70, o con otros, el cada vez más famoso DIWO (Do It With Others) nos otorga un mayor sentido de autonomía y autosuficiencia, que contrastan con la sensación de dependencia de los sistemas globales que nos resulta difícil comprender y que en ocasiones parecen ir en detrimento de una buena vida. Dado que el mundo maker y fab lab no es uno de personas apartadas del mundo en una aldea remota sino de comunidades que comparten conocimientos y visiones a escala global, esta cuestión suele enunciarse como un proyecto de autosuficiencia conectada. Esta cuestión está estrechamente relacionada con la idea de convivencialidad que introducíamos anteriormente.

La sostenibilidad y la economía local
Para algunos, esta autosuficiencia tiene también que ver, y constituye un aspecto relevante para su trabajo en los fab labs, con la sostenibilidad. Producir en los fab labs, supone reducir el consumo energético derivado del transporte, característico de los sistemas globales de producción, así como de alimentar la economía local. Fabricarte tus propias máquinas, como veremos más adelante, también supone un elemento de sostenibilidad local. Dentro de este marco estarían las actividades de reparación, reutilización y reciclaje, propias del mundo hacker, que plantean alternativas a las prácticas corporativas de la obsolescencia programada. Los planteamientos de economía circular o incluso próximos a la permacultura constituyen un tema común entre muchos de los fab labs. Conviene señalar, no obstante, que aunque ésta sea una razón de importancia para muchos de los fabbers, aún queda mucho por hacer en cuanto a los materiales generalmente usados en los procesos de fabricación digital comunitaria y personal, que en buena medida siguen siendo cuestionables tanto desde un punto de vista ecológico como por su dependencia de las cadenas globales de producción.

La necesidad de expresarse y la emoción de la invención
Volviendo a la cuestión del craftsmanship y la agencia en la construcción del propio mundo, otro elemento atractivo para muchos del trabajo en los fab labs es la posibilidad de expresarse y desarrollar la creatividad. No sólo es relevante el placer de hacer cosas por uno mismo o en colaboración con otros, sino que también está el placer de expresarse e incluso de inventar. La cuestión de la expresión tendría que ver con la creación de objetos singulares, lo que inicialmente Gershenfeld llamaba la fabricación personalizada, ya sean diseños propios, o customizaciones, moddings o bricolages varios. El tema de la invención también es relevante: muchas de las personas que llegan a los fab labs, jóvenes o mayores, son inventores o proto-inventores que allí encuentran los medios materiales y el medio humano para poder desarrollar sus inventos. Esto estaría relacionado con la cuestión del prototipado, otra de las prácticas características de los fab labs: tener a disposición los recursos necesarios permite tanto realizar múltiples iteraciones de un diseño de partida, hasta alcanzar una solución adecuada como producir piezas funcionales que sirvan como proof-of-concept y que ulteriormente pueden continuar siendo desarrolladas en marcos más profesionales o industriales.

La innovación orientada a las empresas
Casi como una de las derivaciones principales de lo anterior, muchos fabbers o makers están interesados en el uso de este tipo de equipamientos como plataforma para el desarrollo de productos innovadores, en el sentido más de moda del término, que les sirvan como palanca para introducirse en el mundo del emprendimiento o dar el salto a una gran empresa del sector, ya sea en el entorno más o menos colaborativo, ya en el convencionalmente capitalista. Esta última variante supone una situación ambigua para los defensores del conocimiento libre y las prácticas colaborativas, aunque dada la precariedad del sector resulta comprensible que sea una situación más que frecuente.

Ganarse la vida. Generación de ecosistemas colaborativos
Por otra parte, es evidente que uno de los objetivos de la comunidad fab lab es generar una economía sostenible que sea extensión y complemento de la actividad que se desarrolla en los laboratorios. En este sentido muchos fabbers crean o participan en proyectos de carácter empresarial que de una u otra manera extienden los principios de colaboración y apertura. Uno de los efectos más destacados de lo que podríamos llamar la década maker ha sido efectivamente la creación de ecosistemas productivos y de consumo en torno a las actividades cultivadas en los fab labs: empresas que desarrollan o fabrican máquinas, componentes o fungibles, servicios comerciales a particulares o a empresas, servicios educativos o comunitarios, creación de plataformas de servicios relacionados, consultoría técnica en la materia a empresas como puedan ser estudios de Arquitectura, diseño y fabricación personalizada, producción cultural y artística, desarrollo de productos, etc. – ya sea como actividad principal, o como actividad complementaria que enriquece la oferta y añade valor en diversos tipos de actividad.

Apoyo a la investigación
En laboratorios como el Fab Lab Sevilla, que forma parte de la universidad, y más en particular de la Escuela de Arquitectura, muchos de los usuarios son investigadores a quienes los medios y la experiencia del taller les facilita la fabricación rápida y económica de elementos que necesitan en sus trabajos, y que antes resultaban mucho más costosos, además de burocráticamente difíciles de adquirir. Un inventario rápido de cosas recientemente realizadas en Sevilla incluiría probetas para ensayo de materiales, artefactos para medir la deformación de estructuras arquitectónicas, dispositivos con sensores térmicos para estudios bioclimáticos, maquetas para el estudio de edificios históricos o para el apoyo a la participación ciudadana en proyectos patrimoniales y planes urbanísticos y prototipos de estructuras plegables y complejas.

Otros espacios y formas de aprendizaje
Otra cuestión que caracteriza a las personas que se acercan a los fab labs es el interés por aprender en espacios y de maneras diferentes de las habituales. Efectivamente, muchas de las personas que llegan a los fab labs lo hacen buscando la manera de aprender cosas que aún no se aprenden en espacios convencionales, como pueda ser la impresión 3D, pero sobre todo lo hacen buscando aprenderlas de una forma diferente a las de la enseñanza reglada. En nuestra experiencia, no son raros los casos de personas que no han sido capaces de adaptarse a la formación reglada y que sin embargo en el fab lab acaban siendo brillantes. Por un lado se trata de un aprender-haciendo, diferente al de las escuelas y universidades habituales, donde se suele empezar por la teoría y la práctica ocupa normalmente un papel complementario o muy reducido. En los fab labs habitualmente no hay clases teóricas sino que si alguien quiere hacer algo, pregunta por alguna persona que sepa como hacerlo, busca en Internet, se pone a hacer pruebas y debugging4… También se trata habitualmente de un aprender dirigido por el propio interesado quien, por ejemplo, necesita arreglar algo que se le ha estropeado, o hacer un escaneado que ha oído por ahí que se hace en los fab labs y no sabe bien como hacerlo, etc. Se trata de un aprendizaje entre pares; aunque haya algunos que sepan más y otros menos; los fab labs se caracterizan porque todo el mundo está aprendiendo y enseñando a la vez; alguien puede llegar nuevo sin saber nada, pero pronto estará enseñando de forma natural a otro que llegará un poco más tarde; esto resulta, además, en que los procesos de trabajo, con la mayor frecuencia, se llevan a cabo colaborativamente. La colaboración sucede también porque en los fab labs, típicamente, se encontraran personas de muy diferente formación dispuestas a intercambiar sus conocimientos. El precedente mítico de este tipo de espacios es, cómo no, el Medialab de MIT fundando en la década en 1980, pero en nuestro estado existe otro más reciente que son los hacklabs, de gran importancia en el entorno de los movimientos sociales alrededor del final de siglo.

Cultivar otro tipo de subjetividades
Aunque hayamos dicho que las jerarquías docente-discente son muy relativas en los fab labs, desde el punto de vista de sus responsables – técnicos, managers, directores… – y probablemente del de muchos de los fabbers, un importante aliciente es el de cultivar la producción de un tipo de subjetividad diferente de la convencional. Aunque ésta sea siempre una cuestión delicada, podría aventurarse que muchas de las personas que trabajan o forman parte de la comunidad fab lab, tienden a ser personas con una relación crítica y convivencial con las tecnologías, y por tanto con uno de los principales aspectos de la cultura contemporánea, que aspiran a un mayor grado de autonomía personal a la hora de resolver de manera práctica problemas técnicos, que están predispuestos a colaborar y compartir el conocimiento…

Comprender mejor el mundo actual
Cuando alguien que no es un especialista en la materia hace por primera vez una placa electrónica, aunque sea para encender un LED, – la estudia, la fresa, suelda los componentes, hace el habitual debugging, le carga el código… -, siente una satisfacción difícil de explicar. Siente, por lo menos la gente que conozco, que ese mundo del código, los algoritmos y el hardware que puede parecer mágico a los legos y que si embargo inunda nuestras vidas y que cada vez las controla más, es algo que se puede entender y en cuya producción puede uno participar convirtiéndose en un elemento más de nuestras vidas cotidianas. La sensación de que vivimos en un mundo cada vez más complejo, que se escapa de nuestro control, se modula notablemente, transformando a los fabbers de espectadores resignados y superados por los avances que nos llegan de la nube en potenciales sujetos activos y productivos de las nuevas realidades emergentes.

Participar en la vanguardia del cambio tecnológico
Una expresión recurrente, atribuida al autor de ciencia ficción William Gibson, “El futuro ya está aquí, pero está distribuido de manera desigual.” Otro atractivo para mucho de los que participan en las comunidades maker, y quizás más especialmente en los fab labs, es efectivamente la de participar del futuro, de su construcción. Más o menos todo el mundo sabe que la impresión 3D y la fabricación digital supondrá importantes cambios, pero resulta mucho más interesante participar, aunque sea en una modesta medida en la construcción de estos cambios que asistir como espectador, ya sea curioso, ya impotente. Profundizaremos un poco más en esta cuestión en breve cuando tratemos el mapa de ruta de la Fab Lab Network.

Formar parte de una comunidad, de un movimiento
Este sentirse como persona activa en la interpretación crítica y la construcción del mundo contemporáneo, se produce además, no como individuos aislados, sino como parte de una comunidad de afines, una comunidad local, la de cada fab lab o grupo de makers, y una comunidad global, la red fab lab y el movimiento maker. Frente al aislamiento y la separación tan frecuentes hoy, los fab labs y las redes asociadas, son puntos de encuentro, no ya de avatares más o menos virtuales como los que coinciden en las redes sociales, sino también de cuerpos que hacen cosas, se equivocan, se ayudan unos a otros, comparten ideas, conocimientos, proyectos y recursos. Unas comunidades que a la vez forman parte de un movimiento, y con esto una cierta dirección, visiones más o menos compartidas, un posicionamiento activo en la sociedad, etc.

Cambiar o mejorar el mundo
Finalmente, en una mezcla de casi todos las cuestiones anteriores, muchos de los y las fabbers participan del movimiento porque piensan que están contribuyendo a cambiar el mundo, no ya sólo por lo que esperan que vayan a traer las nuevas tecnologías de una manera abstracta, sino por hacerlo compartiendo, de forma colaborativa, desarrollando herramientas y procesos que nos den mayor autonomía (conectada) y puedan dar lugar a una mayor democracia económica, un sistema productivo más sostenible, una vida más rica y creativa, etc. Esta manera de cambiar-producir oros mundos me gusta describirla, de manera algo más intelectual, como un trabajo de producción biopolítica, que podría desglosarse en la producción de otras subjetividades, la creación de otras relaciones sociales y la generación de otros entornos socio-técnicos.

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#notas

[1] Referencia: Rosario Gómez-Álvarez Díaz, David Patiño Rodríguez, Juan José Plaza Angulo, 2019, Economía colaborativa… ¿de verdad?, Ediciones Laborum, Murcia; mi artículo con César García Sáez: Comentarios sobre la fabricación digital distribuida – makers y fab labs – y economía colaborativa, pp. 79-139

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Ecología de las prácticas, un concepto de Isabelle Stengers

Fotografía histórica de la primera observación de un neutrino en una cámara de burbujas de hidrógeno, Sincrotrón Zero Gradient, 13 de noviembre de 1970: un neutrino invisible  choca con un protón, generando las huellas de las partículas resultantes de la colisión a la derecha de la imagen, el neutrino se transforma en mesón mu, la tercera traza es un mesón pi creado por la colisión.  Argonne National Laboratory. Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/File:FirstNeutrinoEventAnnotated.jpg

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Reseña de José Pérez de Lama

Continúo tirando del hilo Haraway-Bellacasa-Margulis… Las dos primeras, si mal no recuerdo, citan a Stengers como referencia principal; un nombre familiar por otra parte en el “mundo Latour”. Con formación como química y filósofa, su trabajo, éste que ahora comento al menos, se encuadra en los Estudios sobre Ciencias y Tecnologías (STS por su acrónimo en inglés), que tratan de estudiar las ciencias y las tecnologías como prácticas culturales, históricas, situadas – en contraste con la concepción moderna o tradicional que las interpretaba como ejercicio neutral que busca y encuentra progresivamente verdades absolutas – más o menos. Stengers también recurre al pensamiento de Deleuze-Guattari, lo que la hace atractiva para mí; y supongo que por esta razón será sospechosa para otros.

De momento leí The Science Wars, el primer libro de su compendio Cosmopolitics, tratando de aproximarme a su idea de ecología de las prácticas sobre la que leí y que captó mi atención en Matters of Care, el libro reciente de María Puig de la Bellacasa. [1]

La sensación empezando The Science Wars era la de entrar en medio de una conversación en marcha desde hace algún tiempo, y de la que no me enteraba de la mitad. Y efectivamente, después de mirar un poco por ahí, ése era el caso: las Science Wars fueron un episodio ocurrido en los años 90, importante para los STS y quizás menos para el resto del personal. Igual algunos recordaréis el caso Sokal, en el que un físico, el tal Sokal, escribió y logró que se aceptara y fuera publicado un artículo paródico de estilo deleuziano en una revista científica del entorno de los STS. Con esta acción pretendía demostrar que aquellos discursos carecían de sentido, y que ni siquiera los propios pretendidos especialistas eran capaces de entenderlos. [2] Sigue leyendo Ecología de las prácticas, un concepto de Isabelle Stengers

Contribuciones a la construcción de una perspectiva eco-ética-estética de la ciudad: documentos de concurso de profesor Titular de Universidad


Imagen: Tecnologías convivenciales; prototipo portátil de fabricación (impresión 3D) alimentado por energía solar fotovoltaica. Entre otros aspectos de interés, la impresora, una p-minifab, es hardware libre desarrollado y construido por el propio equipo del Fab Lab Sevilla (Miguel A. López). En la foto estoy con Cristina P. estudiante interna que colabora con el Fab Lab desde hace ya unos años.

José Pérez de Lama

Casi como despedida bloguera del año subo aquí enlaces a los documentos que preparé para el concurso de profesor Titular de Universidad en el área de Composición Arquitectónica, en la Universidad de Sevilla, para un perfil centrado en la ciudad, tecnopolíticas, medio ambiente (y fabricación digital), que afortunadamente, como muchos sabréis, pude ganar. [0]

Por si alguien tiene curiosidad, y como posible herramienta para otros futuros concursantes. El documento sigue el guión de la convocatoria, aquí en una versión extendida con diversos apéndices. El guión propone los siguientes documentos:

1/ Proyecto docente e investigador

2/ Programa de docente de la(s) asignatura(s) recogidas en el perfil

3/ Curriculum vitae

Yo añadí en un cuarto apartado (volumen) adicional la bibliografía y las referencias usadas tanto para el proyecto docente e investigador como para los programas.

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Contenidos y no-contenidos

Tras asistir a un par de concursos similares, me quedé algo perplejo con la colonización subjetiva-institucional de la máquina de acreditación. Resumidamente, los compañeros mencionaban ante todo los artículos indexados, proyectos de investigación financiados, etc. etc. sin mencionar sus contenidos salvo los títulos en el mejor de los casos y las presuntas keywords repetidas una y otra vez. Todo esto ilustrado con gráficos cuantitativos, muy bonitos eso sí, en los que se mostraban como habían cumplido meticulosamente con todos los items que los organismos encargados de las acreditaciones exigen para acceder al tipo de plaza en cuestión. Algún amigo multi-archi-sexeniado que me acompañaba exclamaba: “¡Impresionante, qué consistencia, qué carrerón!” o algo similar.

Sobre la autonomía universitaria

Uno esperaba que tras 10, 15, o 19 años en mi caso, de docencia e investigación los candidatos presentaran su pensamiento sobre las cuestiones objeto de la plaza, los trabajos realizados, argumentando su interés y relevancia en sí mismos, y no en virtud del reconocimiento hecho por el ya demasiado conocido dispositivo cuantitativo que nos hemos impuesto o nos han impuesto con la llegada del siglo XXI. Aquello de la autonomía de los universitarios para decidir que es lo relevante en su trabajo, qué problemas o cuestiones eligen tratar, por qué y cómo lo hacen, y que respuestas propias – o como parte de los ecosistemas de pensamiento, docencia e investigación – están tratando de dar. Así como lo que proyectan hacer en los próximos años en el caso de ganar las plazas objeto de concurso…

Eso es más o menos lo que traté de hacer yo, modestamente, y con las dudas de quien tiene todo conocimiento por tentativo y provisional. Empezando por un cierto diagnóstico de la Universidad actual y siguiendo por los problemas y cuestiones a los que me he dedicado y me quiero dedicar, y las cosas realizadas en este marco. Especialmente, considerando el estado de crisis-cambio que vivimos tanto en la Universidad, como en la sociedad y la ciudad – que en concreto era el objeto central del perfil de mi plaza.

Pensar, hacer y volver a pensar sobre lo que se hace

Como resumen algo grosero, lo que planteaba como posible descripción de mi trabajo de estos años y espero que de los que vienen, era la contribución a la construcción de una perspectiva eco-ética-estética [1] de la ciudad, el territorio y las sociedades contemporáneas, en las que las tecnologías (digitales) y el medio ambiente-ecología constituyen dos de sus vectores principales de  transformación y crisis – junto con el estudio del capitalismo contemporáneo, la reproducción social y los feminismos, las nuevas relaciones de poder y cosas así.

Un trabajo teórico en diálogo con el trabajo práctico, que en etapas sucesivas supuso trabajar en proyectos con el Seminario de Arquitectura Bioclimática (posteriormente de Arquitectura y Medio Ambiente) durante los 80 y principios de los 90, vivir en Los Ángeles entre finales de los 90 y principios de los 2000 para estudiar in situ y en primera persona la emergencia de la metrópolis posfordista y digital, los trabajos con hackitectura.net durante la década de 2000, a la vez que participaba activamente en los movimientos anti-globalización de este período, y la creación y trabajo en el Fab Lab Sevilla y la Fab Lab Network entre 2009 y la actualidad. Entre otras cosas.

Os dejo en el enlace a continuación los documentos, por si tuvierais curiosidad por ojearlos. Creo que tiene partes bastantes interesantes, y pocas palabras huecas; aunque así, de principio a fin, quizás no sea una lectura demasiado divertida. Cómo orientación para otros en situaciones similares, tampoco estoy seguro de que sea una buena guía. Posiblemente sea demasiado hteredoxo. No estoy seguro; aquí está en cualquier caso:
https://1984.lsi.us.es/wiki_nam_htca/index.php/Documentos_concurso_TU

¡Salud y buen año 2018!

#notas

[0] El concurso tuvo lugar los pasados días 22 al 24 de noviembre de 2017 y hace sólo unos días; el 21 de diciembre, día del solsticio de invierno por otra parte, tomé posesión formalmente de la nueva plaza. Algún mérito personal creo que tengo para haber ganado esta plaza, pero como en casi todos, o en todos los casos, los méritos suelen ser también y en buena medida sociales, de los ecosistemas-ecologías de los que uno forma parte, – y esa fue una de mis reflexiones en el concurso, que el trabajo de profesor-investigador trata de contribuir a hacer crecer o quizás a hacer más ricas, habitables y alegres – no es tan fácil elegir los adjetivos – las ecologías de las que participamos – y menos, de tratar de ser el más competitivo o más listo o más bad-ass que nadie. Los agradecimientos algo más extensos y detallados se recogen en uno de los documentos enlazados, en el CV, al final. Se atribuye a Newton el haber dicho que si había sido capaz de ver tan lejos era porque había podido subido a hombros de gigantes, refiriéndose a los sabios que le habían precedido. Quizás tendríamos que inventar una nueva versión de este dicho que mencione las ecologías mentales y materiales de las que formamos parte…

[1] Estoy agradecido a Abelardo Gil Fournier que calificó así, como eco-ético-estético, lo que yo estaba proponiendo en el debate tras una conferencia que impartí en Medialab Prado el pasado año, una adjetivación que adopté desde entonces.

Sobre dar clases en la Universidad – las clases de Deleuze según Maite Larrauri


Imagen: Deleuze en clase años 70 (*)

José Pérez de Lama

Dedicado a Wenceslao Machado de Oliveira Júnior y colegas, que me invitaron hace algunos años a hablar sobre Deleuze y Guattari, cartografías y arte. También a Antonio Sáseta, nuestro Sócrates-Deleuze particular.

Preparando estos días un concurso para la promoción en la Universidad tengo que escribir entre otras cosas un documento con mi Proyecto docente; y entre los contenidos más o menos formales (que a veces están en el límite de hacerse burocráticos en el sentido peyorativo del término), por suerte, uno se pone a recordar cosas como ésta que aquí reproduzco. No es que me crea Deleuze ni mucho menos, pero sí que es este mundo que evoca Maite Larrauri (más abajo) el que hizo que uno sintiera deseos de ser profesor, de dedicarse a la vida universitaria… Supongo que tienes que conocer y te tienen que gustar este tipo de emociones para pensar la universidad de una cierta manera. No es que la vida universitaria sea así cada día, pero sí está bien que algo de este orden sea uno de los horizontes a los que se aspira… supongo que conociéndose también a uno mismo y sus propias circunstancias y limitaciones, y el lugar en que está dentro del mundo más general del conocimiento y la historia…

La colección de libros de Maite Larrauri y Max, Filosofía para profanos, por otra parte, una maravilla, – una de mis preferidas de siempre. Entre otras cosas por su uso de un lenguaje sencillo, y unas ideas que se exponen con claridad, y nos invitan a profundizar en los autores que ella introduce, o quien sabe, a algunos locos a enamorarse de esos libros e historias… Sigue leyendo Sobre dar clases en la Universidad – las clases de Deleuze según Maite Larrauri

Entrevista sobre el Modelo de Financiación de las Universidades Públicas Andaluzas 2017-2021*

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Póster para la presentación del proyecto “Aplicaciones de visualización de datos y open data en la gestión de las universidades públicas andaluzas” en el Congreso Territorios Digitales celebrado en Granada en julio 2017.

Teresa Duarte

-En el texto trasladado en diciembre a las universidades por parte de la Consejería de Economía y Conocimiento se alude como punto clave a la necesidad de ”incrementar la autonomía de las universidades”, asegurando para ello una financiación básica estable. De nuevo, se retoma el compromiso de la Junta de aportar unas cantidades que equivalen al 1,05% del PIB (el 0,45% restante, las Universidades con recursos propios o captados).
De lo que no se habla en ningún momento es de una cifra base, tomando las referencias que se acuerden -con criterios objetivos, ya sea por alumno, por profesor, titulaciones, etc-. ¿Sería deseable fijarla? ¿A cuánto ascendería?

En realidad, sí se establece cuál será la cifra de partida, el montante del capítulo I y II del ejercicio inmediatamente anterior, es decir, el coste histórico. Los capítulos I y II contienen aquellas gastos necesarios para la universidad pueda “abrir las puertas cada día”, es decir, que son básicos para su funcionamiento.
Esta cifra tiene la ventaja de que es fácilmente observable pero no creo que sea la más adecuada para asegurar un buen funcionamiento de la universidad por una razón muy sencilla, las universidades públicas han sufrido importantes recortes durante el período de crisis de modo que esa cifra histórica es excepcionalmente baja y, por tanto, insuficientes. A mi juicio, hubiera sido deseable partir de una estimación de costes que asegurara el buen funcionamiento de las universidades públicas y no de una que claramente está por debajo de ese estándar básico. Sigue leyendo Entrevista sobre el Modelo de Financiación de las Universidades Públicas Andaluzas 2017-2021*

Mary Paley Marshall (Ufford-Inglaterra, 1850-1944)*

Mary Paley Marshall

Mary Paley Marshall con 77 años cuando recibió su doctorado honorario de la Universidad de Bristol en 1927 (https://sheroesofhistory.wordpress.com/2016/10/20/mary-paley-marshall/)

Teresa Duarte

Mary Paley es uno de tantos casos de mujeres de gran valía profesional, en este caso como economista, cuya carrera no solo quedó a medio camino sino prácticamente invisibilizada por la sombra de su marido, Alfred Marshall, quizá el más famoso de los economistas neoclásicos.

Mary nació en 1850 en Ufford, una villa próxima a Stamford, en Lincolnshire, a unas cuarenta millas al noroeste de Cambridge. Creció en una familia muy religiosa pues su padre, Thomas Paley, era clérigo evangélico y simeonita, es decir, de la rama más estricta y radical de esa iglesia, aunque algo singular: ya que la formó y animó para que fuera estudiante en Cambridge, algo completamente inusual y avanzado en su época. Con él y con su madre, Ann Judit Wormald, permaneció hasta los dieciocho años, cuando aprobó los exámenes superiores locales de Cambridge (Cambridge Higher Local Examinations for Women over Eighteen) con calificaciones excelentes. Gracias a ello, se le ofreció una beca para incorporarse a la Universidad de Cambridge bajo la tutela de Miss Clough, y en 1871 formó parte del grupo de las cinco primeras mujeres que entraron en esa prestigiosa institución y más concretamente en el Newnham College.

Mary superó sus estudios superiores en Cambridge con distinción (matrícula de honor) en 1874 y ella y Amy Bulley fueron las primeras mujeres que se presentaron al Tripos de Ciencias Morales[1]. Rita M. Tullberg (2000) señaló que los resultados de Mary Paley fueron asombrosos, incluso comparándolos con los obtenidos por estudiantes masculinos, algo que entonces no era del todo común pues en aquella época las mujeres y los hombres solían desarrollar currículos diferenciados y más livianos en el caso de las mujeres. Sigue leyendo Mary Paley Marshall (Ufford-Inglaterra, 1850-1944)*

Transferencia social e investigación en las universidades

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Rosa Parks en autobús, evocando su acto de desobediencia civil de 1955; fuente: http://www.greatblackheroes.com/civil-rights/rosa-parks

Por José Pérez de Lama

Escribía Félix Guattari en Las tres ecologías:

Así, hacia donde quiera que uno mire encuentra esa misma paradoja dolorosa: por un lado, el desarrollo continuo de medios tecno-científicos, potencialmente capaces de resolver los problemas ecológicos y sociales dominantes sobre la superficie del planeta y, por otro, la incapacidad de las fuerzas sociales organizadas y de las formaciones subjetivas constituidas de ampararse de esos medios para hacerlos operativos. (Guattari, 2000: 14)

Escribiendo a mediados de la década de 1980, Guattari nos recordaba que nuestro desarrollo tecno-científico era ya entonces suficiente para resolver los principales problemas del planeta y sus habitantes, que describía con una doble cara, ecológica y social, – pero que, sin embargo, de lo que carecemos es de la organización social y de la constitución subjetiva – valores, pensamiento, decisión común… – para hacer efectivos estos potenciales. Uno de los corolarios a esta cita que suelo mencionar tiene que ver con la investigación: sus objetivos deberían centrarse, al menos en igual medida que en los aspectos estrictamente tecnocientíficos, en sus implementaciones sociales y en la construcción de otras subjetividades, – de otros imaginarios tecnológicos. Sigue leyendo Transferencia social e investigación en las universidades