Archivo de la categoría: Literatura

Sobre la brevedad en el hablar y el escribir (notas de Toni Morrison y Montaigne)

Imagen: La carga de la caballería roja es un cuadro del pintor Kazimir Malévich, realizado entre 1928 y 1932. Fuente: Wikipedia.

José Pérez de Lama

Desde hace un tiempo pensando sobre escribir de manera más breve y directa. Los amigos y lectores de este blog igual se sonreirán… Aquí algunas reflexiones sobre el asunto espigadas recientemente entre mis lecturas. Resulta curiosa la coincidencia en ciertas cosas de autores aparentemente tan alejados la una del otro: Toni Morrison, la escritora estadounidense afroamericana, premio Nobel, que murió recientemente; y Michel de Montaigne citando a clásicos varios.

* Sirva también de práctica de inglés al ir traducciones al español/castellano junto con mis fuentes en inglés (en azul).

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Toni Morrison, de la entrevista en la Paris Review, de la serie The Art of Fiction (núm, 134, 1993)
https://www.theparisreview.org/interviews/1888/toni-morrison-the-art-of-fiction-no-134-toni-morrison

En Jazz (una de sus novelas), quería transmitir la sensación que transmite un músico —- que tiene más pero que no te lo va a dar. Es un ejercicio de contención, de retenerse —- no porque no esté ahí, o porque una lo haya agotado, sino por la riqueza, y porque puede hacerse otra vez. Este sentimiento de saber cuándo parar es algo aprendido y no siempre lo tuve. No fue, probablemente, hasta después de escribir Song of Solomon que llegué a sentir la suficiente seguridad como para experimentar lo que significaba ser frugal, ahorrativa, con las imágenes y las palabras y lo demás. Cuando escribía Jazz era muy consciente de que estaba tratando de fundir aquello que es planificado y artificial con la improvisación. Sigue leyendo Sobre la brevedad en el hablar y el escribir (notas de Toni Morrison y Montaigne)

Imaginando el futuro tras la catástrofe climática – William Gibson en “Peripheral”

Imagen: ¿No Future? Pegatina / sticker de 1977; diseño de james Reid / Sex Pistols; fuente: https://www.beatbooks.com/pages/books/37921/the-sex-pistols/no-future-maximum-penalty-5-sex-pistols-gummed-sticker-c-january-1977

“Ya le he contado del malestar y la confusión que producen el viajar en el tiempo.” H.G. Wells; epígrafe que encabeza la novela de W. Gibson.

Introducción y traducción de José Pérez de Lama

El próximo viernes 27 de septiembre hay convocatoria global – incluida Sevilla – para llamar la atención sobre el cambio climático. Con ese motivo, y también, porque me ha gustado mucho el libro, traduzco un capítulo de Peripheral, creo que la última novela de William Gibson (2014), en que se presenta un interesante y a mi juicio bastante verosímil escenario de catástrofe climática y de cómo podría ser mundo, más bien distópico, que surgiera después.

La novela, y trato de no hacer spoiler, va de viajes en el tiempo entre unas fechas próximas a las actuales y finales del siglo XXI; la acción se va configurando poco a poco hasta irse centrando en cómo los personajes del futuro tratan e evitar su propio presente… en fin… y más en particular en sus aspectos eco-tecno-sociales… El final… no cuento más, es más interesante que en los armagedones típicos de otras novelas del género…

En la escena que sigue están hablando dos de los personajes principales, por un lado Flynne Fisher, habitante de nuestro presente, más o menos, y Wilf Netherton, nativo del futuro, pero que está tele-tempo-presente en su pasado. Wilf está explicando a Flynne lo que llaman el Jackpot, la catástrofe climática. Jackpot, significa algo así como “cuponazo” o premio gordo de la lotería… típicamente en Gibson sugiere el espíritu de casino que parece qie nos está llevando por el camino del cambio climático.

Quizás sea lioso el tema del tiempo en el texto que traduzco: hay fundamentalmente tres momentos que se deben tener en cuenta: el presente de Flynne, más o menos 2020 o 2025, el presente de Wilf (posterior al Jackpot, hacia 2090 o 2100, y el tiempo del Jackpot, la etapa más crítica de la catástrofe climática, que estimaría sobre 2050-60).

Referencia: William Gibson, 2014, Peripheral, Penguin; pp. 319-22

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El Jackpot

[…] Y entonces empezó a explicarle lo que llamaba el Jackpot.

Y lo primero de todo es que no había sido una sola cosa. Que fue algo multicausal, sin un comienzo en particular y sin un final. Más un clima que un acontecimiento, no como en las típicas historias apocalípticas en las que hay una gran catástrofe, después de la cual todo el mundo sale con armas […] o tras la que son devorados vivos por algo causado por la catástrofe. Nada parecido.

Fue algo androgénico, dijo, y ella sabía de [los programas de] Ciencia Loca y del National Geographic que significaba causado por la gente. No es que hubieran sabido lo que estaban haciendo, que lo hubieran hecho a posta, que hubieran querido crear los problemas, pero los causaron de todas maneras. Y fue en efecto el propio clima, el tiempo, debido a que había demasiado carbono, lo que impulsó muchas de las cosas. El que siempre fuera a peor y nunca a mejor, y que se considerase normal que fuera así, – algo que estaba pasando. Porque la gente en el pasado, que no tenía ni idea de cómo aquello funcionaba, se lo cargó todo, no fueron capaces de organizar cómo hacer algo, incluso cuando ya sabían que estaba pasando, y luego, ya, pues era demasiado tarde.

Así ahora, en su propio tiempo, dijo, se dirigían hacia algo desastrosamente malo —- androgénico, sistémico, complejo, más o menos lo que ella ya sabía, y se imaginaba que todo el mundo sabía, salvo la gente que aún decía que no estaba pasando, – una gente que de todas formas lo que estaba esperando era la Segunda Venida. Miró a través del césped plateado, que León había segado con la cortadora manual, la que tenía el marco de hierro fundido sujeto con una cable, las sombras de la luna, más allá de las tablas y el resto de un baño de pájaros hecho en hormigón que solían pretender que era el castillo del dragón, mientras que Wilf le contaba que aquello mató al 80 por ciento de todos los humanos, a lo largo de unos cuarenta años.

Y mientras lo escuchaba, se preguntaba a sí misma si tenía algún sentido, verdaderamente, que te contaran algo así. Algo que estaba en su pasado y en tu futuro.

¿Que hicieron, le preguntó, su primera pregunta desde que Wilf había empezado la historia, con todos los cuerpos?

Lo típico, dijo, porque no fue todo a la vez. Después, durante un tiempo, nada, y más más tarde los ensambladores. Los ensambladores, nanobots, llegaron más tarde. Los ensambladores hicieron además cosas como excavar y limpiar los ríos de Londres que se habían cegado, una vez que terminaron de limpiar los muertos tirados por todas partes. Habían hecho todo lo que ella había visto en su camino a Cheapside [n. del t: una excursión por el Londres del futuro que sucede previamente en la novela]. Habían construido la torre donde había visto a la mujer prepararse para la fiesta y luego ser asesinada, habían construido todas las otras torres de la retícula de lo que él llamaba los shards, y habían cuidado de todo aquello, en su propio tiempo – el de Wilf – tras el Jackpot.

Sentía que a Wilf le hacía daño hablar de aquello, pero adivinaba que ni él mismo sabía cuánto o cómo le dolía. Se daba cuenta de que no solía contar demasiado la historia, quizás nunca la había contado. Él dijo que gente como Ash habían convertido aquello en el centro de su vida. Se vestían de negro y llenaban sus cuerpos de marcas, pero era más por las otras especies, la otra gran extinción, que por el 80 por ciento [n. del t.: Ash, otro de los personajes de la novela, lleva tatuajes por todo el cuerpo con muchas de las especies desaparecidas en la última gran extinción].

No hubo cometas chocando con la Tierra, nada que se pudiera realmente llamar una guerra nuclear. Solamente todo lo demás, enredado en el cambio climático: sequías, escasez de agua, cosechas perdidas, la desaparición de las abejas como ya casi ocurre hoy, el colapso de otras especies clave, hasta el último predador alfa desaparecido, los antibióticos haciendo incluso menos de la que ya hacían, enfermedades que nunca llegaron a ser la gran pandemia pero suficientemente grandes para ser acontecimientos históricos en sí mismas. Y todo aquello alrededor de la gente: cómo era la gente, cuánta gente había, cómo cambiaba las cosas simplemente estando allí.

Las sombras sobre el césped eran agujeros negros, sin fondo, o como si se hubiesen sido cubiertas con terciopelo, perfectamente lisas.

Pero la ciencia, dijo, había sido la carta imprevista, el giro. Con todo hundiéndose en una foso de mierda cada vez más profundo, la historia misma convertida en un matadero, la ciencia empezó a surgir aquí y allá. No de una sola vez, no como una única cosa heroica, pero empezaron a usarse fuentes de energía más limpias y baratas, maneras más eficaces de retirar el carbono del aire, nuevos fármacos que hacían lo que los antibióticos habían hecho anteriormente, nanotecnología que era algo más que pintura de coche que se auto-reparaba o patrones de camuflaje que se movían en una gorra. Formas de imprimir comida que para empezar desperdiciaban mucho menos comida real. Así que todo, aunque en general estuviera en un estado profundamente catastrófico, iba siendo iluminado progresivamente por lo nuevo, por cosas que llamaban la atención de la gente, a la vez que el resto seguía empeorando, en el foso cada vez más profundo. Un progreso acompañado por constante violencia, dijo, por inimaginables sufrimientos. Notó como pasaba por encima de este tiempo, saltando al futuro en que él mismo vivía, rápido, evitando describir lo peor de lo sucedido, de lo por suceder.

Flynne miró la Luna. Habría tenido ese mismo aspecto, imaginó, a lo largo de las décadas que Wilf le había esbozado.

Todo aquello, dijo, no había sido necesariamente tan malo para los muy ricos. Los más ricos se habían hecho aún más ricos, quedando menos para poseer lo que fuera que hubiese. Las constantes crisis habían supuesto constantes oportunidades. En el momento de catástrofe más profunda, con la población radicalmente reducida, los supervivientes se beneficiaron de menos carbono vertido en el sistema, y el que aún se producía era comido por esas torres que construyeron, que esa era la otra cosa que hacían las torres que Flynne había patrullado [n. del t.: episodio con el que comienza la novela, y en el que se inician los viajes en el tiempo], no sólo eran donde vivían los ricos. Y esto, para ellos, los supervivientes, fue como esquivar la bala.

“¿La bala era el ochenta por ciento, los que murieron?”

Asintió simplemente […] y siguió, con como Londres, que desde hacía tiempo ya era el hogar de todos los que eran amos del mundo y que no vivían en China, fue la primera en resurgir, sin haber llegado a caer nunca del todo.

“¿Y qué pasó entonces con China?”

[…] “Fueron los primeros en empezar,” dijo.

“¿En empezar con qué?”

“En empezar con cómo iba a funcionar el mundo tras el Jackpot. Esto es todavía, por lo menos en apariencia, una democracia. La mayoría de los supervivientes con poder, considerando el Jackpot, y sin duda su propia posición, no querían nada de esto. Es más, le echaban la culpa.”

“¿Quien manda entonces?”

“Oligarcas, corporaciones, neomonárquicos. Las monarquías hereditarias ofrecían unas convenientes estructuras familiares. Esencialmente feudales, de acuerdo con sus críticos. Tal como son.”

“¿El rey de Inglaterra?”

“La City de Londres,” dijo. “Las confederaciones de la City. En alianza con gente como el padre de Lev. Con la ayuda de gente como Lowbeer” (n. del t: el padre de Lev: oligarca-cleptócrata de origen ruso; Lowbeer: una jefa del Scotland Yard ultratecnológico del futuro).

“¡El mundo está funny!” Se acordó de Lowbeer usando aquella expresión.

“Los klept,” dijo él sin entender a Flynne, “¡no tienen maldita la gracia!”

Una práctica de inglés avanzado: “Like all other writers, he met with disappointments” – un comentario sobre la Tristra-paedia de Walter Shandy

Imagen: John de la Casse, arzobispo de Benevento, héroe y modelo de Walter Shandy; pintura de Jacopo Pontormo, s XVI (fragmento). Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Giovanni_della_Casa

Like all other writers, he met with disappointments…

José Pérez de Lama

Estos días andaba recordando este capítulo del Tristram Shandy – en el que se introduce uno de mis temas preferidos de uno de mis libros preferidos: tras morir su primogénito, el padre de Tristram decide ponerse a escribir una Tristra-paedia – emulando a Jenofonte con el hijo de Ciro, por cierto – un compendio para dirigir la educación de Tristram, su segundo hijo y el único que le queda;—- siendo ya un hombre mayor: es su última oportunidad, piensa…

Ocurre que el padre tarda tanto con el asunto, «Como todos los escritores, se encontró con decepciones»—-y aquí aparece la historia de John de la Casse / Giovanni della Casa, (el de la imagen que me hizo gracia y me gustó), un sabio-humanista italiano que tardó 40 años en escribir una obra que finalmente resultó ser un pequeño librito—- tarda tanto el hidalgo Shandy, que su hijo va creciendo y superando las sucesivas edades a las que imaginamos que se dedican los episodios de la Tristra-paedia

Tras tres años y pico de trabajo Walter Shandy no ha llegado ni a la mitad de su obra, y mientras tanto tiene a su hijo lo ha tenido completamente olvidado – en lo concreto y material, claro. La suerte para el padre, y para Tristram, – hasta cierto punto -, es que un acontecimiento inesperado y que parecerrá de mayor importancia trastoca la vida familiar y Shandy padre se ve en la obligación de abandonar su gran proyecto literario… Pero eso ya es en el siguiente capítulo.

La historia tiene bastante guasa, también por supuesto la manera en que la cuenta Sterne,—- y esto del autor que no avanza con su libro, un libro que trata del mundo pero que escribe refugiado en su casa, resultará a algunos tremendamente familiar… :-/ Sigue leyendo Una práctica de inglés avanzado: “Like all other writers, he met with disappointments” – un comentario sobre la Tristra-paedia de Walter Shandy

Nabokov sobre lo concreto, la bondad y lo bueno


Imagen: Nabokov en 1968 haciendo como que cazaba mariposas, una de sus grandes aficiones, fotografía de Philippe Halsman; fuente: https://bibliotecaignoria.blogspot.com/2014/12/vladimir-nabokov-el-arte-de-la.html

Nabokov sobre lo concreto, la bondad y lo bueno
[notas de El arte de la literatura y el sentido común]

En recuerdo de Ángel Díaz Domínguez, que me metió en el club de los nabokovianos hace ya tanto tiempo…

Notas introductorias y traducción* de José Pérez de Lama

La traducción la he ido contrastando con la de F. Torres Oliver (1984) que puede verse, junto con el original en inglés en las referencias al final del post ___ por supuesto Nabokov es un gran maestro del lenguaje y es lo que deben leer los que se sientan más o menos cómodos con el inglés.

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Veo que el texto que voy a reproducir parcialmente está bastante repetido por Internet. Aún así, me voy a dar el gusto de reproducirlo yo también, y de traducirlo, con la ayuda de las traducciones disponibles – como muchxs sabrán el lenguaje y el estilo de Nabokov son particularmente ricos y complejos. ___ ¿Por qué volví a Nabokov? Pues supongo que por casualidad como ocurre con tantas cosas. Porque asistí a una presentación de un libro de Juan Bonilla y acabamos hablando de Nabokov; porque ando atrancado con un texto mío, que me parece demasiado vulgar y aburrido, y recordé algunas cosas de Nabokov sobre el estilo y pensé que a lo mejor me ayudaban… Lo del estilo lo comentaré quizás más adelante. Lo de ahora corresponde a una charla recogida al final del su libro de Lectures on Literature – un libro que me encanta por otra parte, al que vuelvo de vez en cuando.

Lo que me llamó la atención de los pasajes que voy a reproducir es la conexión que hace aquí Nabokov  entre lo bueno – y la bondad, deja en est una cierta ambigüedad – y el detalle, lo concreto – por oposición a las generalizaciones y abstracciones. Creo que no es lo que suelen destacar los comentaristas… Frente a la tozudez de los hechos que nos muestran un mundo cada vez más horrible, decía Nabokov, lo concreto, el detalle nos permite ver lo contrario: la bondad de las personas, lo bueno del mundo… ___ algo que a mí me hace falta sin duda. La cosa me recordó a una conversación informal con Antonio Lafuente hace un par de años, a quien hablaba de lo devastador de las lecturas de Marx o – justo aquellos días – de Arrighi – de éste último sobre el capitalismo y la historia de sus alianzas con los poderes político-militares a lo largo de la historia. También a algunas conversaciones – con poco acuerdo – sobre la abstracción y lo concreto, en torno a la modernidad, la cultura algorítmica, la percepción y el arte con mi ex-estudiante Victoria del Rosal – a quien creo que gustarán estas ideas de Nabokov.

La conferencia, citada extensivamente, es bastante “divagadora”… La notas son un poco así – ¿contra la “dictadura del signficante” que decían algunos? … Aquí siguen pues.

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[Sobre la derrota del sentido común …] el segundo resultado es que la irracional creencia en la bondad del hombre* (a la que se oponen tan solemnemente esos caracteres ridículos y fraudulentos que llamamos Hechos) se convierte en algo más que la débil base de filosofías idealistas. Se convierte en una verdad sólida y iridiscente. Esto significa que la bondad se convierte en una parte central y tangible de nuestro propio mundo, un mundo que a primera vista parece difícil de identificar con el mundo moderno de los editores de periódicos y otros brillantes pesimistas, que te contarán que, dicho suavemente, es ilógico aplaudir la supremacía del bien en un tiempo [… ] de terror, estupidez y alambre de espino. […]

¿Qué significan exactamente estos irracionales patrones? [los que viene introduciendo el autor] Significan la supremacía del detalle sobre lo general, de la parte que está más viva que la totalidad, de la pequeña cosa que alguien observa y reconoce con un gesto amistoso del espíritu mientras que la muchedumbre a su alrededor es conducida por el sentido común hacia algún objetivo común. […] Recuerdo un chiste en que aparecía un deshollinador cayendo del tejado de un edificio alto mientras se percataba de que un anuncio tenía una palabra mal escrita y se preguntaba en su vuelo cabeza abajo por qué nadie se habría preocupado de corregirlo. En cierto sentido, todos estamos cayendo hacia nuestras muertes desde la alta historia de nuestros nacimientos hasta las planas losas del patio del cementerio, maravillándonos con una inmortal Alicia en el País de las Maravillas por los patrones de la pared que va pasando. Esta capacidad de maravillarse por minucias – olvidando el peligro inminente – estas digresiones del espíritu, estas notas al margen en el volumen de la vida son las más altas formas de consciencia y es en este infantilmente especulativo estado mental, tan diferente del sentido común y su lógica, que sabemos que el mundo es bueno.

[…] la bondad [¿el bien?] es algo irracionalmente concreto.

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#referencias

Vladimir Nabokov, 1980, The Art of Literature and Commonsense, en: VN, Lectures on Literature, Harcourt, San Diego, pp. 371-380

Referencias online:

Nabokov, V. (1984), Lecciones de literatura. Traducción de Francisco Torres Oliver. Bs.As., Emecé, en: https://www.scribd.com/document/52462712/Nabokov-El-arte-de-la-literatura-y-el-sentido-comun

También en: https://bibliotecaignoria.blogspot.com/2014/12/vladimir-nabokov-el-arte-de-la.html

En inglés: https://www.scribd.com/doc/24008084/The-Art-of-Literature-and-Commonsense

Escritura no es sino otro nombre para conversación __ Sterne

Shandy Hall (Coxwold, North Yorkshire), la casa de Laurence Sterne / Tristram Shandy. Podemos imaginar que fuera en esta parte trasera de la casa donde tiene lugar la conversación mencionada por Sterne en la cita de más abajo (*). Fuente: https://www.livingnorth.com/yorkshire/gardening/shandy-hall-uncovered

José Pérez de Lama

La primera vez que escuché esta idea fue en una lectura de tesis doctoral en Madrid en la que el joven y brillante sociólogo, Ignacio Farías, sugirió que un trabajo de ese tipo, un libro más en general, era como plantear una conversación con sus potenciales lectores. En ese sentido planteaba la necesidad de una cierta claridad y de explicar adecuadamente los principios y argumentos para poder efectivamente establecer “la conversación”.

Aquello me gustó bastante, y me gustó también encontrar algo bastante parecido en uno de mis libros preferidos, el Life and Opinions of Tristram Shandy, Gentleman, de Laurence Sterne, acerca del que he hecho recientemente algún otro comentario. La cita (Libro II, Capítulo XI) es la siguiente:

“La escritura, cuando está bien hecha, (como estarán seguros de que yo mismo pienso que está la mía) no es sino otro nombre para una conversación: Igual que nadie que sepa que está en buena compañía, se aventuraría de decirlo todo; así ningún autor, que entienda los correctos límites del decoro y la buena educación, podría presumir que fuera a pensarlo todo él: El respeto más auténtico que puedes ofrecer al entendimiento del lector, es el de repartir la cuestión en dos, amigablemente, y dejarle algo que imaginar, por turnos, igual que a uno mismo.” Sigue leyendo Escritura no es sino otro nombre para conversación __ Sterne

Tristram Shandy sobre el tiempo y la sucesión de ideas…


Frontispicio de una edición de 1762 de The Life and Opinions of Tristram Shandy, Gentleman, de Laurence Sterne. Los dos personajes entre el humo de tabaco al fondo de la imagen de Hogarth, son Walter y Toby Shandy en la sala (parlour) de Shandy Hall, donde transcurre la mayor parte de los 3 o 4 primeros libros de la obra… Fuente de la imagen: http://otago.ourheritage.ac.nz/items/show/10700

Unas notas sobre Tristram Shandy, la duración (nuestra percepción del paso tiempo) y la sucesión de ideas. Una curiosidad (¿sólo?) para aficionados

Por José Pérez de Lama

Algún tiempo haciendo filología amateur: leyendo el original de Tristram Shandy, el anticlásico de Laurence Sterne (1760…), una especie de Quijote del Empirismo y y la Ilustración —- y en paralelo la admirable y laboriosa traducción al español del ínclito Javier Marías (Alfaguara, 1978-2014).

El original está en un inglés del XVIII, que sin embargo suena bien contemporáneo, pero que aún así es de gran peculiaridad porque está lleno de pensamientos y diálogos entrecortados de los protagonistas, en los que se mezclan el humor, los dobles sentidos y las excentricidades. Por supuesto, se trata de un libro de culto – en el sentido inglés o  (norte)americano del término. Y para mí es un placer leerlo y releerlo, sin saber del todo bien por qué. Sigue leyendo Tristram Shandy sobre el tiempo y la sucesión de ideas…

Ishiguro: sobre lo fácil que es desperdiciar la propia vida

2 de las múltiples portadas de The Remains of the Day (Kazuo Ishiguro, 1989)

José Pérez de Lama

Leí en tuiter, – o quizás lo soñé porque ahora no lo encuentro – , una declaración de Kazúo Ishiguro con motivo de su premio Nobel en que decía algo así como que había escrito sobre lo fácil que es desperdiciar la propia vida. Y en parte intrigado por aquel tuit me releí su libro creo que más conocido, The Remains of the Day, que en mi primera lectura, hace un par de años, me había gustado, incluso conmovido.

Como muchos sabrán, la novela, más bien breve, tratar de un mayordomo de una gran casa inglesa en el período previo y posterior a la Segunda Guerra Mundial. Este buen señor, Mr Stevens, – creo que no se llega a conocer su nombre de pila -, recuerda su vida a lo largo de un viaje en coche durante los años 50. Ya es mayor y reflexiona, sin que sea algo completamente explícito por su parte, sobre si tuvo una buena vida o no. El nudo de la reflexión para mí son sus cavilaciones sobre la dignidad, que, para él, sería la principal característica que definiría a un buen mayordomo; – como tal que es como se entiende a sí mismo. Lo del mayordomo, la primera vez que empecé a leerlo, me echó un poco para atrás, pero poco a poco se puede ir entendiendo que se trata de una persona como otra cualquiera, o como muchas otras: una persona que se identifica con su trabajo, un trabajo que supone ocupar una posición subalterna dentro de una empresa o institución que lo trasciende, y que quiere hacer este trabajo lo mejor posible, cumplir con esa responsabilidad dentro de la sociedad, que consagra su vida a eso. Como el que dice, soy arquitecto, soy profesor o soy militante de esto o lo otro. Todo esto se cuenta a través de descripciones de la vida cotidiana, de sus relaciones con los diferentes personas de este entorno, de sus conversaciones y sentimientos, y de las reflexiones retrospectivas sobro todo aquello. Se nos presenta como una vida, y eso posiblemente sea el valor literario de la obra. The Remains of the Day, lo que quedaba del día, era lo que hacía tras cumplir con su deber. ¿Por desgracia? eso sí que creo que lo conocemos much*s.

Su idea de dignidad en el cumplimiento de los deberes de su trabajo le supone renunciar a muchas cosas a las que mujeres y hombres suelen dar importancia: el amor, la expresión de los sentimientos, el tiempo libre, el tener unos fines personales propios más allá de los que se asuman como parte del papel de cada cual en la sociedad. El virtuosismo, discreto, en el ejercicio de su trabajo es también parte fundamental de la idea de dignidad Mr Stevens. Y aunque a veces duda de cosas que ocurren en la casa y de formas de hacer de su empleador, su relación con su Lord Darlington es ante todo de confianza, quizás no tanto en él mismo como persona, sino sobre todo en cuanto que encarnación de un cierto orden social y unos valores (eso sí, conservadores). Y en las ocasiones en que piensa que Darlington se equivoca o que sus cálculos a pesar de la buena voluntad no salieron bien, sus sentimientos siguen siendo de lealtad, una cierta indulgencia – cuasi-filial – y compasión. Una compasión que se va revelando también como compasión por sí mismo.

Posiblemente, todos estos sentimientos y emociones así imaginadas nos resulten hoy muy ajenos: desde la dignidad, a la confianza o la indulgencia. Y sin embargo, a la vez, la pregunta sobre qué significaría desperdiciar la vida que nos pueden sugerir, no deja de ser actual. Al menos a mí, me interpela de manera poderosa: tratar de hacer bien tu trabajo, participar con lealtad de las formaciones sociales e instituciones que nos habitan y habitamos, tratar de vivir con dignidad, – experimentando sobre qué pudiera esto significar -, encontrar equilibrios entre la existencia social y la existencia personal, llegar a saber si somos mayordomos o señores… o qué somos. Todo un arte tratar de responder a estas cosas; el arte de vivir.

Quizás… de momento convenga pensar, no ya, si uno está desperdiciando la vida, sino si está desperdiciando algo tan modesto como este sábado de otoño.

Vale.

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