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Carta de apoyo a la Casa Invisible de Málaga, nov 2021

Captura de pantalla de la web del Diario Sur, fotografía de Ñito Salas de la manifestación de apoyo a la Invisible, en circunstancias similares a las de hoy, en 2018. Fuente de la captura: https://www.diariosur.es/malaga-capital/fotos-manifestacion-para-conservar-sede-casa-invisible-malaga-20180310164046-ga.html

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José Pérez de Lama

Llegan las noticias de una nueva amenaza de desalojo del centro social la Casa Invisible en Málaga. Compañer*s de allí envían la carta que sigue, y que reproduzco, además de para dar mi apoyo, por el interés sobresaliente que tiene el escrito, a mi juicio, como reflexión sobre la ciudad y el habitar.

La carta:

Carta de apoyo a la Casa Invisible, que afronta el cuarto intento de desalojo

Las arquitectas y arquitectos cuyo nombre aparece al final de este texto, manifestamos nuestro apoyo a la permanencia de la Casa Invisible, con ocasión de los hechos y reflexiones que a continuación se exponen.

El pasado mes de octubre el pleno del ayuntamiento de Málaga aprobó el desalojo de urgencia de la Casa Invisible, rompiendo unilateralmente el dialogo para reabrir el proceso de cesión en uso al proyecto actual al que se comprometieron en 2018, y rechazando el proyecto de rehabilitación integral por fases que se le propuso en 2016. Utilizando como excusa una ITE desfavorable que no obstante no genera nuevas medidas cautelares, pretenden desalojar con el fin de sacar a concurso la rehabilitación integral del edificio y su posterior cesión, sabiendo que será el criterio económico el que prevalezca sobre cualquier otra consideración.

La Casa Invisible, desde hace más de 14 años, en un proceso continuado de abajo a arriba, proporciona el ámbito, la logística, difusión, poder de convocatoria y agregación que contribuye al desarrollo de las potencias locales. Es un instrumento de desprecarización que acoge y promueve actividades que de otra manera no se darían en esta ciudad, iniciativas invisibilizadas en una ciudad tematizada y expuesta a los intereses de unos pocos. Con ello demuestra que la mediación mercantil no es imprescindible para la creación y sostenimiento de la cultura. Es un verdadero equipamiento del común, gestionado por sus propios usuarios, con una efectiva autonomía.

En este proyecto social y cultural es fundamental la dimensión arquitectónica y urbana. No se nos ocurre mejor modo de expresarlo que recordando a M. Heidegger cuando explica qué es el habitar y lo pone en relación sustancial con el construir, concluyendo que construimos en la medida que habitamos. Construimos en un proceso permanente de interacción con el espacio de habitación que es a su vez nuestro proceso personal de crecimiento en anhelos, obras y modos de estar en el mundo. Pero de un modo concreto: cuidando las cosas y criaturas que nos acompañan. Si reinventarnos es esencial en nuestro devenir humano y ese camino se realiza en un entorno físico y social, ¿por qué deberíamos relegar las decisiones sobre este proceso a los expertos?

El edificio fue construido en 1876 y necesita ser rehabilitado. El modo de actuación se ha ido gestando desde el año 2007, con la cooperación de numerosos profesionales, conscientes de su responsabilidad social. Ha tomado forma definitiva bajo la dirección de expertos solventes en el ámbito de la rehabilitación del patrimonio, con la colaboración de estudiantes y jóvenes titulados de la Escuela de Arquitectura de Málaga. Bajo la premisa de «máximo conocimiento-mínima intervención», y en una colaboración permanente con los habitantes/usuarios de la casa, han elaborado un plan de actuación para poner gradualmente al servicio de la ciudadanía los maravillosos espacios de este edificio sin necesidad de paralizar las actividades que acoge.

Este proyecto ejemplar, especialmente oportuno para el centro histórico de Málaga, se presentó al ayuntamiento en 2016, y por su rigor y validez contó en su día incluso con el apoyo de la Gerencia de Urbanismo de Málaga que no puso objeciones a su ejecución en fases, permitiendo el uso del resto del edificio y que la actividad de la Casa Invisible no sufriera interrupciones; además fue premiado en 2018 por el ministerio de Cultura por su innovación, cuidado de la sostenibilidad y participación de los usuarios.

El Proyecto de rehabilitación del edificio forma parte de una serie de requisitos jurídicos y técnicos acordados con el Ayuntamiento para la cesión del edificio en 2015 y 2018, que han sido cumplidos en su totalidad por la Casa Invisible, por lo que el desalojo debería ser paralizado, que el Ayuntamiento cumpla su parte de dicho acuerdo y que sean retomadas las negociaciones para la cesión de su uso, garantizando así la continuidad de la Casa Invisible.

«La historiografía de la arquitectura moderna» de Tournikiotis, comentarios

Imagen: Retratos de los historiadores de la arquitectura comentados en el libro de Tournikiotis, de izquierda a derecha y de arriba abajo, Pevsner, [falta Kaufmann], Giedion, Zevi, Benevolo, Hitchcock,  Banham, Collins & Tafuri. Fuente: La historiografía de la arquitectura, 2018, Reverte, Barcelona, pág. 2 … La ausencia de mujeres en esta lista de grandes historiadores hoy desde luego nos apabulla.

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Comentario de «La Historiografía de la arquitectura moderna», de Panayotis Tournikiotis
Edición actualizada de 2018 [trabajo original de 1988], Editorial Reverte, Barcelona

Comentario de José Pérez de Lama _ en construcción

Leí este libro … con más treinta años de retraso … hm … si es que puede decirse esto de la lectura de un libro de un cierto valor … Aunque en este caso, como se trataba de un debate de actualidad en su momento, quizás pueda decirse. Pero ocurre que quizás siga siendo de actualidad, más allá de lo filológico, aunque posiblemente por razones diferentes de las de finales de los 80, que en parte comentaré.

Se trata como su nombre indica de un texto en que se estudian las historias de la arquitectura del Movimiento Moderno. Eso del estudio de las diferentes historias, o de la historia de la Historia, sin entrar en grandes detalles, es una de las cosas a las que se llama «historiografía».

Es divertido que se tratara de la tesis doctoral que el autor hace a finales de la década de 1980, en París, teniendo como directora a Françoise Choay. Aquellos años, los mismos en que yo estudié la carrera, eran los años de la Posmodernidad de Jencks, León Krier, Michael Graves y compañía, y más en general de una dura crítica a la arquitectura y la ciudad del Movimiento Moderno – Movimiento Moderno, esta es mi manera de denominarlo, la de Pevsner, entre las diversas que existen.

Tournikiotis selecciona, estudia y compara lo que considera las ocho más importantes obras de historia de la arquitectura moderna, cuyos autores son, por orden de aparición, los alemanes, Pevsner, Kaufmann y Giedion, los italianos Zevi y Benevolo, el estadounidense Hitchcock, los ingleses Banham y Collins, y finalmente el italiano Tafuri. Las obras reseñadas y sus fechas de publicación, – en algún caso se comentará más de un libro – son, de nuevo por orden de aparición:

  • Nikolaus Pevsner, 1936, Pioneers of the Modern Movement from William Morris to Walter Gropius
  • Emil Kaufmann, 1933, Von Ledoux bis Le Corbusier: Ursprung und Entiwicklung der autonomen Architektur
  • Sigfried Giedion, 1941, Space, Time and Architecture: The Growth of a New Tradition
  • Bruno Zevi, 1950, Storia dell’architettura moderna (y otros tres libros más)
  • Leonardo Benevolo, 1960, Storia dell’architettura moderna
  • Henry-Russell Hitchcock, 1929, Modern Architecture; Romanticism and Reintegration [y otros dos más]
  • Reyner Banham, 1960, Theory and Design in the First Machine Age
  • Peter Collins, 1965, Changing Ideals in Modern Architecture
  • Manfredo Tafuri, 1968, Teorie e storia dell’architettura

El método elegido por Panayotis Tournikiotis resulta interesante para tratar de abarcar un tema tan amplio, aunque también hace que el estudio tenga bastantes limitaciones. El autor, en una cierta línea de aquellos años, usa un método que yo llamaría análisis estructuralista-semiótico de textos – los comentaristas suelen llamarlo método estructuralista, pero desde la perspectiva de hoy esta denominación me parece poco clara. Lo que el autor explica es que va a considerar los textos como entidades que han adquirido su propia autonomía y que por tanto es posible o interesante estudiar sin prestar demasiada atención al autor o al contexto. Como metodología para acotar un trabajo a hacer en dos o tres años puede parecer interesante. Y supongo que también se trata de no dejarse llevar a las primeras de cambio por prejuicios e ideas generales. Desde una perspectiva más general, sin embargo, lo veo como si el autor se hubiera impuesto la condición de correr 1.500 metros con los ojos tapados o algo del estilo. O como lo del libro sin la «e» de Perec. Una experimentación que pueda tener algo de interés, pero que nos dificulta, en el caso de Tournikiotis, una mejor comprensión del objeto de estudio.

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Tengo que confesar, que aun siendo profesor de un área de conocimiento que incluye la historia de la arquitectura, sólo he leído uno de estos libros fundacionales, el Benevolo, que era nuestro libro de texto en la carrera. Mi justificación … que dentro del área, que ahora se llama «Composición Arquitectónica», soy más bien de la parte de Composición Arquitectónica que de la de Historia; que como buen hijo de la Posmodernidad de los 80 y 90, no me interesó excesivamente la arquitectura del Movimiento Moderno; que siempre me dediqué más al estudio del medio ambiente, de las tecnologías, de la contemporaneidad crítica y cosas así.

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La circunstancia de que como estudiante sólo hubiéramos tenido el Benevolo como libro de texto o de referencia para la historia de la arquitectura moderna, me sugiere el primer aspecto de interés del Tournikiotis. Nadie me contó entonces que la historia o la historiografía de la arquitectura del Movimiento Moderno era tan diversa, que en realidad era un campo de desacuerdos y conflictos … cuáles eran las diferentes posiciones en estos desacuerdos… Creo que habría estado bien para mi formación como joven arquitecto. Aunque quizás esta actitud que llamaría pluralista, que reconoce que existen diferentes perspectivas sobre las cosas, y que cada una de ellas tiene su interés y sus valores diferenciales, quizás esta actitud sea mucho más actual. Un libro excelente en este sentido, en el área de la economía, es del de Ha-Joon Chang (2014), Economics: The User’s Guide, que plantea la existencia de 9 escuelas económicas, cuyo pensamiento y prácticas, virtudes y defectos – a juicio de Chang, claro – intenta explicar en un breve volumen de carácter bastante divulgativo. Lógicamente hay que saber bastante para poder hacer algo como esto…

Esa sería entonces la primera cosa que me llamó la atención y me gustó del libro de Tournikiotis: no hay una sola historia de la arquitectura moderna, hay múltiples historias. Lo que quiere decir que las historias son construcciones hechas por los historiadores: hay una selección de los hechos relevantes, hay una narración que los entrelaza dándoles sentido, una cierta explicación de estos hechos y de sus relaciones, se extraen unas conclusiones para explicar el presente y en el caso de estos historiadores, para proyectar el futuro. Un lugar común, supongo, al menos para los historiadores, pero no tanto para el público más general. [1]

Me recordó una de mis anécdotas (o «batallitas») preferidas, que paso a contar. Hacia 2008 Francisco Jarauta me invitó a un seminario internacional en Santander, en el que estaba, entre otros importantes personajes, Irving Lavin,  de quien yo, ignorante, no había oído hablar hasta entonces. (El profesor Lavin muró en 2019, sirva este texto de modestísimo homenaje.) Irving Lavin era un experto internacional en Bernini, profesor en Princeton, colega y amigo del propio Jarauta desde hace años. Acompañándolos durante unos pocos días encontré un cierto parecido en las formas de sabiduría y erudición de aquellos amigos.[2] Lavin estaría en torno a los 80. Y a pesar de que yo sería el más joven o uno de los más jóvenes de aquella reunión, fue extraordinariamente amable conmigo. Pude charlar con él algunos días paseando por Santander, y se me quedó grabada en la memoria una historia que me contó. De joven, me contó, vivía en Saint Louis en el Medio Oeste estadounidense, hijo de una familia no particularmente intelectual. Pero alguna lectura le convenció profundamente de que quería aprender sobre ciertos temas filosóficos. Escribió a Russell en Cambridge, un monstruo intelectual en aquellos años, y se ve que le produjo buena impresión, porque le dijo que, si de verdad quería aprender de aquellas cosas, se fuera a estudiar con él a Inglaterra. De manera afortunada, contaba Lavin, consiguió una beca para irse a Cambridge y empezar a estudiar allí. Russell lo recibía una vez a la semana en su típica celda de don universitario inglés y le iba dirigiendo en su estudios, comentando lecturas y cosas así. Al terminar el año, sin embargo, Lavin se había decepcionado de sus estudios filosóficos y en la reunión de despedida con Russell se lo contó. Y le dijo que había decidido dedicarse a la historia. A la que Russell le respondió algo molesto: «¡Pero si la historia se la inventa uno!» __ Y Lavin me decía, que entonces, con ochenta y tantos años, todavía se acordaba de aquello y lo comprendía cada vez mejor… Mi explicación hoy: si tratamos de observar los hechos del pasado sin los prejuicios de las «narraciones oficiales» éstos se nos presentan como un caos desordenado, lleno de incógnitas. Si pensamos en cosas que pasaron ayer mismo, nos damos cuenta de lo difícil que es conocer todos sus detalles, entenderlos…

Pues algo de eso vemos en estas ocho historias de Tournikiotis. El pasado que se intenta estudiar es el mismo, los hechos, los actores … pero cada historiador propone matices grandes o pequeños en su selección de los hechos relevantes – arquitectos, obras… –, en sus definiciones de en qué consiste la arquitectura moderna, de cuáles eran sus orígenes y las razones de su emergencia, etc.

A este respecto me gusta esta cita de Bruno Latour (2007: 256-7):

To study [and to define the object of a discipline] is always to do politics in the sense that it collects or composes what the common world is made of. The delicate question is to decide what sort of collection and what sort of composition is needed […] taking into account and putting into order… (Estudiar [y definir el objeto de una disciplina] es siempre hacer política en el sentido de que se selecciona y compone aquello de lo que — se afirma que — está hecho el  mundo común. La delicada cuestión de qué tipo de colección y qué tipo de composición es la que se necesita […] tomar en consideración y poner en orden…)

La segunda cuestión que me llama la atención es el carácter marcadamente partidario o partisano de cada una de estas historias. Al menos en las descripciones de Tournikiotis, la mayoría de los autores aparecen como fanáticos de las ideas que defienden, que con frecuencia, desde nuestra escéptica perspectiva actual — al menos la mía — me parecen, como poco, exageradas. En el caso de los historiadores defensores de la Modernidad, por ejemplo, su rechazo casi infantil de las arquitecturas precedentes – y de las sociedades de las que formaban parte resulta hoy en el límite de lo caricaturesco. O la idea de que lo moderno suponía la superación de la historia, el fin de los estilos… Viendo lo catastróficas en tantos aspectos, para las ciudades y el territorio, por ejemplo, que fueron las décadas de la Modernidad, toda aquella fe religiosa en lo moderno y lo industrial hoy causan un cierto estupor. A la vez que nos hacen pensar en los actuales discursos, de nuevo mesiánicos y de fe ciega en la innovación y digitalización. Hm.

Insistiendo en esto, sorprende como todos o casi todos estos autores usaban la historia para defender ciertas opciones de su presente, para decir lo que estaba bien y lo que estaba mal, la arquitectura que debía hacerse, etc. Y también el futuro. Sin solución de continuidad las conclusiones que se obtenían de la historia se convertían en prescripción de lo que debía ser el el futuro. Y si pensamos en personajes como Giedion, Hitchcock, Zevi o Benevolo, se ve que lo lograron. Aunque como siempre, es difícil decir el grado de responsabilidad de estos autores en la construcción del mundo moderno. ¿Estaban realmente influyendo en lo que iba a pasar en el mundo? ¿O se limitaban a surfear la ola del Zeigeist, tratando de lograr así honores y encargos? ¿O servían a otros intereses – sociales, económicos, políticos… – más poderosos y complejos de manera más o menos consciente?

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Siguen a continuación algunos comentarios menores sobre varias cosas que me llamaron la atención de la lectura.

William Morris

Me llamó la atención la importancia que los pioneros – Pevsner & Zevi, por ejemplo – daban a William Morris. En el caso de Pevsner, lo señala incluso en el título de su libro principal como el primer pionero del Movimiento Moderno … su Red House de 1860… El estudio de Morris es una asignatura pendiente para mí. Por ahí tengo el «tomazo» de más de mil páginas de E.P. Thompson que se me hizo demasiado difícil. Durante la pandemia también me pude descargar y leer un poco, un estupendo catálogo de una exposición en la Fundación March (Fontán y Zozata, 2017). Me resulta curioso es que sin bien estos historiadores veían a Morris como un protomoderno, hoy más bien lo apreciamos como un crítico radical de la producción industrializada. Su reivindicación más reciente viene de ciertos sectores del mundo maker (véase Chardronnet 2014).

Veo, sí, que el único texto de Morris que cita Tournikiotis, The Art of the People, 1900 [1879, 1882], es un texto de carácter socialista en el que reivindica un arte útil y para todas las clases sociales, que suponga una cierta dimensión emancipatoria para la clase trabajadora. Muchos de los textos de Morris, incluido este citado por Tournikiotis, pueden leerse en: https://www.marxists.org/archive/morris/works/index.htm.

La producción de conferencias, artículos, libros, etc. de Morris es ingente y no fácil de navegar. Agradecería recomendaciones sobre cómo aproximarse al William Morris arquitecto y diseñador además del catálogo mencionado. Supongo, claro está, que podría empezar pasándome por la biblioteca y leyendo las páginas de Pevsner. Se me ocurre también que una primera aproximación a la actualidad del Morris inspirador de los primeros historiadores de la Modernidad podría ser un estupendo tema de «TFG» o «TFM», aunque habría que empezar desde luego por estudiar con un cierto rigor la bibliografía existente.

Arquitectura autónoma

Una expresión que me llamó la atención es ésta de la «arquitectura autónoma», que usa Kaufmann en el título de su obra reseñada por Tournikiotis y constituye uno de los conceptos principales de su interpretación de la arquitectura moderna. La expresión sería creación de Kaufmann según parece. Leo que se derivaría en primera instancia de la idea de «ética autónoma» de Immanuel Kant (Tournikiotis, 2017: 50). Uno de los aspectos más distintivos de Kaufmann, efectivamente, es que vincula los orígenes de la arquitectura moderna a la Ilustración. Esta ética autónoma kantiana, podemos aventurar, tendría que ver con el uso de la razón frente a la sumisión a la religión o la tradición, como sugiere en ¿Qué es la Ilustración? Propone allí la idea de que a través del uso de la razón «los hombres» debían emanciparse de aquellas tutelas que lo mantenían en un estado infantil. Según interpreto, Kaufmann parece aplicar estas ideas a la arquitectura al menos en un doble sentido. El primero sería la emancipación de la tradición compositiva barroca y de los estilos clásicos. El segundo sentido, en un cierto salto que a algunos nos puede parecer algo fantástico, sería el de la emergencia de una manera de componer basada en el uso de piezas arquitectónicas autónomas, algo que deducía del estudio de la obra del arquitecto revolucionario/ilustrado Ledoux y que oponía a las composiciones unitarias del Barroco. Esta práctica compositiva estaría vinculado con el racionalismo y el funcionalismo. [Nota provisional: este extremo tendría que revisarlo, porque la discusión de estos términos en los diferentes autores constituyen un cierto hilo a lo largo de todo el libro de Tournikiotis.]

Este debate de la autonomía de la arquitectura que se vincula a la creación de una disciplina moderna de la arquitectura, diferente del arte o de la ingeniería, se atribuye a Kaufmann (HTC 2016). Desde otra perspectiva, esta idea de autonomía nos diría que son los arquitectos aquellos cuya opinión, o cuyos criterios profesionales, son los que deben contar cuando se habla de arquitectura.

Sin entrar en excesivos detalles el que suscribe suele estar en bastante desacuerdo con los planteamientos más extremos de la autonomía de la arquitectura, pero considera que se trata de un debate de importancia. [3].

El asunto me hace pensar también en la lectura reciente del Nunca fuimos modernos de Latour, en que discute los mecanismos de la Modernidad precisamente para crear este tipo de autonomías de las ciencias y las técnicas para hacer posibles las grandes transformaciones que la caracterizaron, el Progreso acelerado, reduciendo las inercias y resistencias. (Véase entrada de 2021 en este mismo blog.)

Arquitectura orgánica

Sí que leí ya hace mucho, de estudiante, uno de los libros comentados de Bruno Zevi, no el principal seguido por Tournikiotis, sino uno de los complementarios, Saber ver la arquitectura [1948]. Allí y otros de sus libros Zevi propone la idea de «arquitectura orgánica» como su ideal de arquitectura. «Orgánica» como «autónoma» son dos de esas palabras cuya significación es de lo más vaporosa y polisémica. «Orgánica» hoy, algo pasada de moda. Ambas son el tipo de palabras que salen en el maravilloso Keywords. A vocabulary of culture and society de Raymond Williams. Lo consulto. No sale autónoma, pero sí que sale orgánica. Y como en los mejores casos, ha significado desde su introducción en inglés hacia el siglo XIII todo tipo de cosas, muchas de ellas contradictorias. En general tiene que ver con lo vivo y natural, en tanto que opuesto a lo mecánico, por otro lado, con las relaciones entre las partes y el todo…

Uno lo solía entender en arquitectura como el carácter de ciertas formas que asemejaban lo natural, como en ciertas etapas finales de la obra de Frank Lloyd Wright que también usaba el término. Más recientemente, leyendo el uso que Lewis Mumford hacía del adjetivo orgánico – en Technics and Civilization – lo asocié más a formas de organización armónicas, de un cierto grado de naturalidad, que en cierto modo podrían comparase con las de los ecosistemas, opuestas a las del mundo mecánico industrial…

La definición de Zevi que reproduce Tournikiotis:

La arquitectura orgánica es una actividad social, técnica y artística cuyo propósito es crear el marco para una civilización nueva y democrática; ésta concibe una arquitectura para el hombre, construida a escala humana, conforme a las necesidades intelectuales, psicológicas y contemporáneas del ser humano como miembro de la sociedad. La arquitectura orgánica es, pues, lo contrario de la arquitectura monumental, que se utilizó para crear la mitología del Estado. [Tournikiotis, 2018: 69]

Esta definición de Zevi y los comentarios que hace a continuación Tournikiotis me hacen pensar en dos cosas. La primera, que esta idea de orgánico no tiene nada que ver con la arquitectura que podríamos llamar biomórfica. Tournikiotis dice efectivamente que Zevi detestaba este tipo de formas. Y que este uso de orgánico sugiere más bien algo parecido a lo que significa la idea de «intelectual orgánico» de Antonio Gramsci – haciendo una consulta rápida sobre el asunto leo que serían intelectuales que «dicen formar parte orgánica, no autónoma, del pueblo cuyos intereses aspira[n] a representar» (Rojas, 2019).

La segunda, es que esta idea de «arquitectura orgánica» sería, al menos desde una cierta perspectiva, opuesta a la de «arquitectura autónoma» que acabamos de comentar.

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Tendré que volver a leer este Tournikiotis con una cuaderno de notas en mano, y me gustaría usarlo en el futuro como referencia principal para algún curso. En mi Escuela y en el plan de estudios actual la historia del Movimiento Moderno se estudia en primer año. Me preguntaba estos días cómo se podría plantear a estudiantes tan jóvenes esta multiplicidad de historias en relativa competencia. Y me acordaba de los colegas del grupo Rizoma hace ya años que hacían trampas a sus estudiantes de primero de Arquitectura en Granada para que no se creyeran nunca a pies juntillas lo que les contaran sus profesores…

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Notas

[1] Un interesante libro de múltiples historias en relativa competencia es el libro La Buena Vida (2000) del siempre brillante y en muchos aspectos vanguardista Iñaki Ábalos, en el que como es bien conocido presenta múltiples modernidades alternativas, en particular, en torno a la arquitectura de la casa.

En mi tesis doctoral también estudié un caso de múltiples narraciones e interpretaciones de los mismos hechos, podría decirse que en competencia. Fue el caso de la historia urbana de la ciudad de Los Ángeles, California, y las aproximaciones de Reyner Banham (1971), Mike Davis (1991) y Edward Soja (1996-2000). Particularmente, las historias de Banham y Davis presentaban dos caras radicalmente opuestas de la misma ciudad durante el mismo período histórico; para Banham un paraíso de la «Segunda Era de la Máquina» y para Davis uno de los lugares más oscuros del capitalismo estadounidense.

Aunque sin un carácter comparativo tan marcado, sino más bien con planteamientos más clásicamente históricos, otros libros que podrían funcionar así en cierto grado podrían ser del de Peter Hall (1988, Cities of Tomorrow. An Intellectual History of Urban Planning and Design in the Twentieth Century) o el de J.M. Montaner (1994-2014), Arquitectura y crítica). El de mi compañero en Sevilla, Carlos García Vázquez (2016), Teorías e historia de la ciudad contemporánea, que veo ahora que recuerda al título de Tafuri — múltiples teorías y una historia — lo tengo aún pendiente de lectura.

Por otra parte, un excelente artículo sobre el mismo tema que plantea Tournikiotis, con una metodología menos reductiva y con una cierta introducción del panorama en España, es el de Ángel Isak, 2011, La Historia de la Arquitectura del siglo XX modelos historiográficos, que puede descargarse aquí: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/31/29/03isac.pdf

[2] Como introducción a la figura de Irving Lavin véase su página en Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/Irving_Lavin_  Para hacerse una idea de su tipo de scholarship puede leerse un texto breve (2012) que me maravilló, en el volumen de homenaje a Jarauta por su jubilación que se recoge en las referencias a continuación.

[3] Además del sucinto pero interesante texto del HTC — History and Critical Thinking de la AA 2010-2016 — para una crítica de la idea de autonomía puede verse mi propio texto de 2019 «Sobre composición arquitectónica…».

Referencias

Ewen Chardronnet, 2014, Producción digital y economía de talleres, en: J. Pérez de Lama et al (eds.), 2014, Yes, We Are Open! Fabricación digital, tecnologías y cultura libres, Recolectores Urbanos RU Books, Málaga; pp. 145-151

Manuel Fontán del Junco & María Zozaya Álvarez, 2017, William Morris y compañía: el movimiento Arts & Crafts en Gran Bretaña, Fundación Juan March, Madrid – Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona

HCT / History and Critical Thinking. Masters Course at the Architectural Association London, 2010-2016, Emil Kaufmann: Inaugurator of a Disciplinary Discourse, en: http://hct.aaschool.ac.uk/emil-kaufmann-inagurator-of-a-disciplinary-discourse/

Bruno Latour, 2007 [edición original de 2005], Reassembling the Social. An Introduction to Acto-Network Theory, Oxford

Irving Lavin, 2012, Bernini and the Figura Serpentinata, en: Pablo Jarauta & Pedro Medina (eds.), 2018, Francisco Jarauta en las fronteras de Babel, Instituto Europeo de Design, Madrid, pp. 235-250

William Morris, 1919 [1882], Hopes and Fears for Art, en: https://www.marxists.org/archive/morris/works/1882/hopes/index.htm | accedido 03/10/2021

____, 1919 [1882; publicado como un capítulo del libro Hopes and Fears for Art, basado en una conferencia de 1879], The Art of the People, en: https://www.marxists.org/archive/morris/works/1882/hopes/chapters/chapter2.htm | accedido 03/10/2021

J. Pérez de Lama, 2019, Sobre Composición Arquitectónica. Pensar y hacer de otro modo: una aproximación eco-ética-estética, en: Selina Blasco, Lila Insúa (eds.), 2019, Exterioridades críticas. Comunidades de aprendizaje universitarias en Arte y Arquitectura y su incorporación a los relatos de la Modernidad y del presente, Brumaria, Madrid; pp. 105-138

____, 2021, Latour: algunos diagramas de «Nunca fuimos modernos», en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2021/08/18/latour-diagramas-nunca-fuimos-modernos/

Rafael Rojas, 2019, ¿Qué es un intelectual orgánico?, en:
https://www.letraslibres.com/mexico/politica/que-es-un-intelectual-organico | accedido 02/10/2021

Panayotis Tournikiotis, 2018 [tesis doctoral de 1988], La Historiografía de la arquitectura moderna», Editorial Reverte, Barcelona

Raymond Williams, 2014 [edición original 1976; revisada 1983, 1988], A Vocabulary of Culture and Society, Fourth Estate, Londres

Crítica del papa Francisco a los aires acondicionados – auténtico

Giotto, s XIII-XIV, San Francisco predicando a los pájaros, fresco en la Basílica de Asís. Fuente: https://www.gliscritti.it/blog/entry/4972
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Comentario y selección de José Pérez de Lama

Algunxs amigxs sabéis de mi manía con el asunto de los aparatos y sistemas de aire acondicionado, que es tanto personal, por los ruidos y el aire caliente de los vecinos, que impiden tratar de usar tu propia casa de manera bioclimática — abriendo las ventanas para ventilar enfriar la casa por las noches en verano — como de carácter más general, planetario, relacionado con las islas de calor urbanas y el consumo de energía, que como todos ya sabemos, o deberíamos saber, tenemos que reducir: todos los indicadores señalan que estamos en una emergencia climática.

En un curso en que estuve estos días, unos de los participantes — colegas arquitectos-artistas-filósofos — comentaron que andaban trabajando con la encíclica del papa Francisco sobre el cambio climático, de 2015. Me dieron curiosidad los comentarios de estos colegas y la busqué y me puse a leerla. Se titula «Laudatio Si. El cuidado de la casa común». Tiene ciento noventa y dos páginas. Francisco, dice al principio que se inspira en San Francisco de Asís, de quien ya tomó su nombre cuando lo hicieron papa. Se solía imaginar a San Francisco como un protohippy y un protoecologista por su amor a la Naturaleza y los animales. Laudatio si, alabado sea… era un expresión característica de San Francisco. El documento de momento está muy bien — llevo unas 45 leídas. Me sorprendió que se citen otros documentos de la Iglesia Católica que tratan del cambio climático ya en 2001… Y en fin, por lo que lo traigo aquí es porque al llegar al párrafo 55, está ordenado así, menciona la cuestión del aire acondicionado que se convirtió en una obsesión para mí. Y me hizo gracia, porque dos de los principales ruidosos usuarios de supersistemas de aire acondicionado de mi entorno son precisamente organizaciones religiosas católicas. A ver cómo se lo hago llegar para que tomen nota. Y mediten. Y dejen de poner los aires acondicionados como dicen, «como si no hubiera un mañana», que eso es efectivamente lo que puede pasar.

Reproduzco el párrafo entonces, forma parte de la sección VI titulada «La debilidad de las reacciones»:

55. Poco a poco algunos países pueden mostrar avances importantes, el desarrollo de controles más eficientes y una lucha más sincera contra la corrupción. Hay más sensibilidad ecológica en las poblaciones, aunque no alcanza para modificar los hábitos dañinos de consumo, que no parecen ceder sino que se amplían y desarrollan. Es lo que sucede, para dar sólo un sencillo ejemplo, con el creciente aumento del uso y de la intensidad de los acondicionadores de aire. Los mercados, procurando un beneficio inmediato, estimulan todavía más la demanda. Si alguien observara desde afuera la sociedad planetaria, se asombraría ante semejante comportamiento que a veces parece suicida.

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La encíclica aquí:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

Algún comentario previo sobre los aires acondicionados, de cuando empezó la crisis del calor en los colegios, cuando fuimos quizás los primeros sobre la necesidad de resolverla con medios bioclimáticos más que con más aparatos de aire acondicionado:

https://arquitecturacontable.wordpress.com/2017/06/15/sobre-aire-acondicionado-calor-en-las-aulas-y-cambio-climatico/

Paisajes de la tristeza [y sus contrarios]

Imagen: Mural-pintada con un Fernando Pessoa anamórfico amenazado por los tecnócratas, o algo así… reivindicando los espacios de la Escuela de Arquitectura de Sevilla como lugares de expresión y experimentación, que hicimos algunos profesores y estudiantes en 1999 cuando trataron de prohibirnos montar instalaciones con los trabajos de curso en el hall, los pasillos…. La historia es más larga, claro, y algunos la recordarán aún.

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Selección y comentario de José Pérez de Lama

Este que sigue es un texto muy conocido, — y muy querido por mí, y seguro que por muchxs más–, de Gilles Deleuze y Claire Parnet, del libro Diálogos:

LA TRISTEZA, LOS AFECTOS TRISTES son todos aquellos que disminuyen nuestra potencia de obrar.

Y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en sus esclavos. El tirano, el cura, el ladrón de almas, necesitan persuadirnos de que la vida es dura y pesada. Los poderes tienen más necesidad de angustiarnos que de reprimirnos, o, como dice Virilio, de administrar y de organizar nuestros pequeños terrores íntimos. […]

No es fácil ser un «hombre» libre: huir de «la peste», organizar los encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los afectos que expresan o desarrollan un máximo de afirmación. Convertir el cuerpo en una fuerza que no se reduzca al organismo, convertir el pensamiento en una fuerza que no se reduzca a la conciencia.

Claire Parnet & Gilles Deleuze, 1980, Sobre Spinoza, Diálogos,  págs. 71-72, Pre-textos, Valencia. [Edición original: Flammarion, París, 1977.]

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A partir de este texto pensaba y me preguntaba si no existirán en nuestras ciudades «paisajes de la tristeza», que siguiendo a Deleuze-Parnet-Spinoza podríamos imaginar como los paisajes que reducen la potencia de obrar, de hacer. Leía por ahí también cosas sobre «los afectos como infraestructuras», entre otros, del traductor de Deleuze al inglés, Brian Massumi: plantea que ciertos afectos pudieran estar construidos como elementos a partir de los cuales se desarrolla la vida en un determinado entorno. Algo que me recuerda un poco a algunas cosas situacionistas… Y andaba relacionando estos hipotéticos paisajes de la tristeza con los «paisajes del miedo», incluso con los «paisajes de la violencia», o por otro nombre, recurrente en los últimos años, «paisajes de la necropolítica» (Mbembe; o E. Weizman cuando habla de que el urbanismo y la arquitectura pueden ser una «violencia lenta»).

Por otra parte, también me gustaría  cuestionar la idea spinoziana de la alegría como aquello que aumenta la potencia de obrar, que me parece un pensamiento demasiado de jóvenes, y que fácilmente podría caer en el hiperactivismo.  Tengo que pensar un poco sobre eso. Sí me resulta claro que la tristeza, o al menos ciertas formas de tristeza, reducen — o quizás incluso llegan a acabar con — nuestra potencia de hacer.

Y volviendo a los paisajes, se trataría de buscar y de producir lo contrario a estos paisajes de la tristeza. Ya os contaré cuando vaya avanzando. Tengo prometido un texto a mis amigos de Alicante sobre estas cosas. Y no debería tardar mucho. Seguramente no es nada nuevo, pero igual la perspectiva diferente nos permite ver mejor algunos aspectos.

«Lo visible está siempre en medio de lo invisible», y suele ser lo determinante [lo invisible] en la mayoría de las situaciones. Eso decía, más o menos, sin ninguna intención espiritualista, John Dewey.

Salud y aire.

Los cuasi-objetos de Bruno Latour explicados por Izaskun Chinchilla

Imagen: Solar Powered Toilet de Caltech, 2020, premiado por la Fundación Gates. La heces son transformadas, con la mediación de energía solar y del sistema que se ve en la imagen, en agua limpia, fertilizantes para plantas e hidrógeno para ser usado para producción de energía con fuel-cells. Me pareció un cuasi-objeto muy latouriano. / https://www.caltech.edu/about/news/caltech-wins-toilet-challenge-23635 — Twitter screenshot 08/08/2021

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Los cuasi-objetos de Bruno Latour explicados por Izaskun Chinchilla

Selección y comentario de José Pérez de Lama

Izaskun Chinchilla, 2020, La ciudad de los cuidados. Salud, economía y medio ambiente, Los Libros de la Catarata, Madrid

Bruno Latour, 1993 [edición original en francés de 1991; traducido por Catherine Porter], We Have Never Been Modern, Harvard, Cambridge

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Reproduzco a continuación unos párrafos del libro de Izaskun Chinchilla que me hicieron volver a querer leer el Nunca fuimos modernos de Bruno Latour, que comentaré aquí próximamente.

El libro de Chinchilla, por otra parte, es un libro muy interesante — trataré de usarlo en mis clases sobre la ciudad –, que me parece efectivamente muy latouriano en su planteamiento: se propone construir esto que llama «ciudad de los cuidados» desde los objetos — o cuasi-objetos –, desde el diseño de espacios públicos concretos, — mediante el ingenio, el talento y el oficio de arquitecta combinados con prácticas de autonomía y de participación ciudadana. La primera parte del libro en que cuenta trabajos en la ciudad con niños y niñas en el marco de lo que se conoce en inglés como public engagement fue la que más me gustó.

* Otro día trataré de escribir sobre esto del public engagement, que me recordó a la extensão universitaria en Brasil, y que a mí juicio sería algo a pensar seriamente como una política que introdujera en vector de transformación en nuestras universidades.

Transcribo el texto bastante completo de esta sección del libro de Izaskun Chinchilla, sin limitarme estrictamente a las referencias a Latour. Chinchilla presenta aquí un ejemplo que ilustra su interpretación de Latour, que lo hace muy comprensible – me parece –, mientras que en el libro original de Latour hay pocos ejemplos y a veces cuesta imaginar del todo a qué se refiere. En otros posteriores de Latour, como en Reassembling the Social, sí que me parece que lo explica mejor, con mayor detalle. Sigue la transcripción del texto de Izaskun Chinchilla, entonces, con algún comentario.

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Izaskun Chinchilla, 2020, La ciudad de los cuidados. Capítulo 4: Los bolardos frente al mobiliario de piezas sueltas [pp. 104-107]

Los bolardos. Prohibiendo con objetos

[…] La protesta contra las leyes que limitan la libertad en la ciudad es habitual (recordemos el «prohibido prohibir» de 1968), pero se protesta mucho menos contra lo que [se] considera natural en la ciudades: lo que llamaremos «las prohibiciones embebidas en objetos». Los bolardos son una especie de prohibición encarnada en un objeto. A priori, le dicen al conductor de un vehículo: «No está permitido que aparques en esta acera». Pero el mensaje va más allá. Si sólo se buscaratransmitir este mensaje habría bastado con una línea amarilla sobre el pavimento. Los bolardos son más contundentes en la comunicación implícita. Dicen: «La institución que gobierna esta ciudad desconfía de que vayas a cumplir esta regla y ha dispuesto un sistema para que, en caso de la desobediencia, tu vehículo resulte dañado».

Pero lo bolardos no hablan sólo a quienes conducen vehículos. También lanzan contundentes mensajes a las y los peatones. Las personas mayores, después de haberse golpeado la pierna y haberse garantizado un ostentoso moratón, o las madres y padres que tratan de moverse por la ciudad con un carrito de bebé (no hablaremos de los carritos para las y los gemelos) también reciben un contundente mensaje. Algo así como: «Esta calle ha sido diseñada para mediar en un conflicto permanente y cruento entre el vehículo y las instituciones. Este conflicto tiene un rango de importancia mayor que tu propio confort. Los problemas que te pueda causar este objeto son daños colaterales de importancia menor». Los bolardos, como el resto de señales de tráfico […] perpetúan y afianzan un mensaje político demoledor: «La ciudad se planifica y gobierna atendiendo fundamentalmente al diálogo con el vehículo privado. Al peatón se le dedica una atención menor porque se estima que podrá adaptarse al paisaje urbano que resulte del diseño urbano realizado para los vehículos».

Bruno Latour llama «cuasi-objetos» a estos objetos que afectan nuestra actuación, para distinguirlos de los objetos naturales [*] y hacer alusión a que son fruto de un largo proceso de diseño y fabricación donde el contenido social y su programa que busca un efecto sobre el colectivo han sido aspectos importantes en la toma de decisiones [Latour, 1993: 55]. Latour concede una importancia decisiva a este tipo de objetos en el entorno de convivencia y a su capacidad de persuasión implícita, y sostiene que estos cuasi-objetos son tan poderosos que configuran la sociedad mientras que las construcciones más políticas o científicas que forzaron su existencia permanecen invisibles. [1993: 53]

* Comentario: En We Have Never Been Modern Latour los llama inicialmente «cuasi-objetos-cuasi-sujetos» para expresar su carácter híbrido entre los objetos [la Naturaleza] y los sujetos [la Sociedad o la Cultura]. En el post que dedicaré al libro trataré de explicar algún detalle más sobre esto.

Volvamos a nuestros bolardos. Pensemos que antes de la colocación de los bolardos, un partido político presentara un proyecto de ley en el Parlamento donde se defendiera algo como: «En el espacio público se otorgará prioridad a la gestión de flujos del vehículo privado. Cuando ésta requiriese molestias importantes para el tránsito de peatones, se sacrificará el interés de éstos en favor de la buena gestión del tránsito vehicular». Esta ley sería objeto de un extenso debate y tendría pocas posibilidades de ser aprobada con esa redacción. Sin embargo, los bolardos invaden nuestras aceras y nos conforman como sociedad: nos hace aceptar, de facto, esa propuesta de ley, interiorizar que el vehículo tiene prioridad y el peatón tiene que resignarse. Incluso nos hace sentirnos con más derechos cuando conducimos que cuando caminamos. La presencia de objetos como los bolardos ha establecido la hegemonía del vehículo sobre el espacio común sin que nadie haya concitado un debate previo sobre ello, adaptando nuestras vidas y nuestra percepción de la ciudad a la ideología implícita que ostentan estos objetos.

Para Latour, estos efectos implícitos se han vuelto inmorales e «inconstitucionales» [*], ya que configuran nuestras vidas sin haber sido objeto de diálogo político. Es lógico que nos anime a reclamar: «Queremos una identificación meticulosa de los cuasi-objetos, que deje de hacerse extraoficialmente, que deje de hacerse por debajo de la mesa». Latour propone un «parlamento de las cosas» donde los equilibrios entre [¿en?] el espacio común se reconfiguren. Latour reclamaría que expertos independientes en movilidad, partidos políticos, asociaciones de vecinos, representantes de [personas] mayores y AMPA tuvieran que discutir el diseño de los bolardos y su normativa de colocación e incluso [su] sentido y conveniencia.

* Comentario: Esto de «inconstitucional», que quizás resulte algo pintoresco sin contexto, se debe a que Latour propone la idea de que en la Modernidad compartimos una «Constitución» que otorgaba lugares separados a la Ciencia y a la Política, a los objetos y los sujetos, y que ahora con la proliferación de lo que llama cuasi-objetos e híbridos ha dejado de funcionar. El uso del término Constitución sería similar al de «contrato social», algo más bien conceptual-ideal.

Latour, junto con otros autores como Michel Callon, sistematizó esta visión en lo que llamaron la Teoría del actor-red, donde se acepta que los agentes sociales son tanto humanos como no humanos (bolardos, semáforos, urnas de votar, vacunas), denominando a los primeros «actores» y a los segundos «actantes». [*] «Si limitamos lo que consideramos a acción a lo que hace un humano intencional y planificadamente resulta difícil ver como actúan un martillo, una cesta o una etiqueta». Sin dejar de afirmar que son los primeros, los humanos, los que siempre comienzan la acción, tenemos que tomar en consideración todo lo que afecta al desarrollo de la acción. [Volviendo al caso de los bolardos, l]as franjas resaltadas en el suelo hacen que los conductores reduzcan la velocidad, y deben ser consideradas, por tanto, como «actantes». La visión del mobiliario urbano bajo esta perspectiva cobra una nueva relevancia social y política que incide directamente en la filosofía de los cuidados.

* Comentario: A partir de aquí me he permitido editar un poco el texto original de IC para que se entienda con mayor claridad, en esta situación algo descontextualizada.

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Comentario final

El ejemplo de Izaskun Chinchilla a mi juicio nos permite entender mejor como los objetos y las construcciones y redes tecnológicas condicionan y limitan lo que podemos y no podemos hacer. Pienso en las plataformas digitales, por ejemplo, que se nos presentan como asuntos de eficacia o de entretenimiento y que, como explican Latour y Chinchilla, de manera más o menos velada incorporan dimensiones de mucha mayor complejidad y profundidad que afectan a nuestras formas de vida. A esto es a lo que venimos desde hace tiempo llamando «tecnopolíticas». En We Have Never Been Modern, Latour llega a decir en algún lugar que querer hacer ver y querer hablar de estas cuestiones en nuestras sociedades que siguen pensándose a sí mismas como modernas en ocasiones llega a parecer tabú.

Más sobre esto en un próximo post.

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Referencias

Izaskun Chinchilla, 2020, La ciudad de los cuidados. Salud, economía y medio ambiente, Los Libros de la Catarata, Madrid

Bruno Latour, 1993 [edición original en francés de 1991], We Have Never Been Modern, Harvard, Cambridge

__, 2007 [edición original de 2005], Reassembling the Social. An Introduction to Acto-Network Theory, Oxford

Ciudades para nuestras nietas: «El parque», relato sci-fi

 

Texto de Alejandro Jiménez Gómez – con la colaboración de Juan Manuel Cordero García, Pedro A. Guillén Fernández & Saúl Moguer Ayala. La imagen-collage digital también del mismo equipo.

Los autores escriben el relato como parte de su trabajo durante un curso en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, 2021, el segundo año de la pandemia. El título del curso era «Ciudades para nuestras nietas». La imagen de arriba, en el que se ponen en relación materiales de Foucault-Deleuze con la famosa pintura de Edawar Hopper, formaba también parte del trabajo de curso de los autores. Quizás no tenga tanta relación con el relato… ¿Quién sabe? El afuera, las soledades, la relaciones de saber-poder, la noche…

El equipo docente del curso lo formamos José Pérez de Lama con Jose Sánchez-Laulhé como asistente honorario. En el curso, como su titulo quizás sugiera, nos dedicamos a pensar y estudiar bastante colectivamente sobre las ciudades del futuro, tratando de componer cuestiones medioambientales, de cuidados, tecnopolíticas… No es la primera vez que ocurre, pero los estudiantes obtuvieron en su gran mayoría la calificación de sobresaliente. No fue un año fácil, pero nos pareció que entre todos habíamos logrado generar un espacio de pensamiento y encuentro que nos pareció de bastante valor. Nota introductoria de José Pérez de Lama

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Volvió a pasar la vista por el parque frente a él

El viejo Diamantino, que tantos recuerdos le había dejado. Atrás quedaban ya los vidrios rotos y el olor a gasoil. Él venía de un mundo distinto, donde la humanidad, el concepto que entonces tuvieran de tecnología y progreso, enfrentaba constantemente a la naturaleza, donde la economía era un incendio que todo lo devoraba.

Y, sin embargo, siempre habían estado allí las plantas y las aves, las mismas que aún cantaban. También había niños, claro, aunque su juego era algo distinto.
Uno de los chiquillos pasó a su lado, casi lo golpeó en la carrera. Saltó entre los neumáticos del tobogán y pasó rápidamente al tiovivo, donde otros dos le esperaban. La primera vuelta emitió un bostezo metálico, mientras el rotor iba convirtiendo ese entusiasmo en energía.

Se encendió una pequeña bombilla a su derecha, una mera verificación de que el sistema funcionaba. No era como si hiciese falta, en cualquier caso: aquel día hacía un sol radiante, y los árboles fotovoltaicos bastaban para suplir las necesidades de la ciudad. Y si no, siempre estaba el pavimento.

Eso sí que se le antojaba imposible. Los suyos eran tiempos del coche y el sedentarismo. Del encierro. De pronto no sólo se promovía la actividad física, sino que eran esos mismos pasos los que alimentaban las ciudades. Esos juegos. Esa vida.

Incluso decían que podían extraer energía de las bacterias de la tierra, de limpiar el aire, aunque él no comprendía más allá del viento. Eran unos tiempos extraños los que le había tocado vivir.

Sí, todo era nuevo, diferente y, sin embargo, no cambiaría nada de aquello. Porque allí seguían estando su parque y sus aves, porque habían solucionado las crisis. Le sonrió a su nieta, mientras daba otra vuelta más.

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Unas notas sobre la iniciativa de la New European Bauhaus

Imagen de cabecera de la web de la New European Bauhaus, 2021/02/25. Fuente: https://europa.eu/new-european-bauhaus/index_en

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Unas notas sobre la iniciativa de la New European Bauhaus — con algunos antecedentes que quizás ayuden a entender escepticismos

José Pérez de Lama

Un poco de desahogo – aunque también hay algunas sugerencias. Espero que pueda ser una aportación a un debate que se dice se quiere pluralista.

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Se está hablando desde hace unos meses de esta iniciativa, una nueva escuela o red de escuelas de arquitectura europea o algo similar, relacionado con el Green Deal. La iniciativa viene directamente de la presidencia de la Comisión Europea. Aquí el mejor resumen reciente que he encontrado: https://europa.eu/new-european-bauhaus/about-initiative_en

En otras instancias se ha dicho que inicialmente habrá 5 primeros nodos del proyecto en Europa. Y en ciertos «mentideros» o «rumoródromos» se ha podido oír que quizás uno vaya a estar en Sevilla, España. Ya hubo al menos un acto en Sevilla sobre el proyecto, con la participación del alcalde Espadas.

Estas noticias me han generado, como creo que a la mayoría de los amigxs que vienen estando en estos ámbitos, desde la investigación, el trabajo o el activismo, sentimientos encontrados; los mixed feelings as they say in English, expresión que hoy me suena mejor tratándose de un proyecto europeo… Seguir leyendo Unas notas sobre la iniciativa de la New European Bauhaus

Algunos tipos de trabajos de edición & corrección de textos

Imagen: Página de uno de los manuscritos de las llamadas Tesis sobre la Filosofía de la Historia de Walter Benjamin – con su compleja peripecia de edición que duró más de 20 años, — y que quizás aún siga –, en la que intervienen el círculo de Adorno, por un lado, y Hannah Arendt, por otro… Fuente de la imagen y más sobre este asunto aquí: https://lareviewofbooks.org/article/walter-benjamins-last-work/ __ Photograph by Samantha Hill. Hannah Arendt Papers, Library of Congress, Washington, DC.

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Algunos tipos de trabajos de edición & corrección de textos

José Pérez de Lama

Con una cierta frecuencia leo en las introducciones de libros, especialmente de autores estadounidenses, cosas como «Muchas gracias a mi editor/a que me ha ayudado tanto para hacer este libro posible, – que ha hecho que sea mucho mejor de lo que era inicialmente» y cosas del estilo. Hacia el final de Timequake, una de las maravillosas «novelas de despedida» de Kurt Vonnegut hay una escena muy emotiva con una fiesta a la que acuden las personas más importantes de su vida, entre ellas dos de sus editores; – un tercero, el que le ayudó a encarrilar inicialmente su obra literaria, es recordado con cariño y agradecimiento en un capítulo anterior en que enumera todos sus amigos, familiares y conocidos que se habían suicidado — ¡vaya!

Habiendo publicado un par de libros míos-míos, y otros cuantos más como «editor-compilador-coordinador», me preguntaba cómo sería poder trabajar con un editor de éstos estilo norteamericano – yep, entre otras cosas, para un par de proyectos que tengo atrancados desde hace tiempo…

Hice la típica exploración en Internet para ver qué encontraba sobre el asunto, y a continuación recojo algunas cuestiones.

Conviene decir, en primer lugar, que hay diferentes tipos de trabajo de editor o editora según los sectores del mundo de las publicaciones, algunos bastante estructurados, como es el caso de la edición de periódicos y revistas. Otro campo con un cierto grado de estructuración propio es el de los artículos para las llamadas revistas científicas o académicas, quizás mejor – eso a lo que se dedican, como si no hubiera un mañana, los «académicos-Esp» desde hace quince o veinte años (quizás desde algún tiempo antes los del mundo angloestadounidense que lo han impuesto a todo el mundo [nota: tengo pendiente leer sobre la historia de cómo se ha impuesto esta forma de hacer/publicar las investigaciones hoy tan aplastantemente hegemónica. Sí que cero que está claro que es algo estrechamente vinculado a la WWW y al tratamiento de grandes bases de datos].

Lo que yo voy a tratar aquí serán las diferentes tareas de edición vinculadas a la publicación de libros que en inglés se llamarían de non-fiction, – supongo que se llamarán de «no ficción» en español, no he encontrado otra denominación que espero que la tenga. Uno anda pensando en libros entre la divulgación y lo científico y lo literario, relacionados con la ciudad, la arquitectura, la cultura contemporánea… Más o menos; por situar el asunto. Seguir leyendo Algunos tipos de trabajos de edición & corrección de textos

20 años pensando y experimentando sobre el mundo digital — catálogo de artículos de J. Pérez de Lama

Imagen: Medialab cyberpunk en Tánger, al lado de la antena que hacía la conexión wifi con la otra orilla en Tarifa, durante la primera convocatoria de Fadaiat, en 2004. Aparecen en la imagen, entre otros Jaume Nualart e Iván Pizarro que fueron en muy buena parte, junto con psand.net, los ingenieros responsables de la conexión. Foto de Indymedia Barcelona.

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Cita introductoria: Thinking, in Arendt’s sense, is not a process for evaluating information and argument, for being right or wrong, for judging oneself or others to be in truth or error. All of that is important, but not what Arendt had to say about the evil of thoughtlessness that I want to bring into the question… ____ Donna Haraway, 2016

Pensar, en el sentido de Arendt, no es un proceso de evaluar información y argumento, para estar en lo cierto o no, para juzgar si uno mismo o los demás están en la verdad o en el error. Todo eso es importante, pero no lo que Arendt tenía que decir sobre la maldad del no pensar que yo quiero traer [aquí] a colación…

José Pérez de Lama

Algunas notas de trabajo para la introducción

Hice esta recopilación, para visibilizar y, quizás, valorar mejor la labor de un par de décadas intentando pensar, haciendo teoría y práctica, sobre las maneras en que lo digital afectaba nuestras vidas, a la arquitectura y las ciudades; — sobre cómo tratar de dar forma a aquel «futuro que aterrizaba sobre nosotros» — como decíamos entonces — tomando prestada una expresión de Howard Rheingold [Smart Mobs, 2002]. Uno de los modestos placeres de hacerse mayor, es ver si ciertas intuiciones se verifican o no, poder ver qué ocurre con las propuestas, iniciativas y proyectos propios y ajenos, cómo se transforman, triunfan o fracasan, perduran o desaparecen… and so on.

La mayor parte de los escritos, según sugería Haraway en el epígrafe introductorio, y seguramente siguiendo a Deleuze y Guattari, no son científicos en el sentido algo pacato – y excluyente – de lo que se entiende hoy en día por este término, sino que son, diría uno, más bien artísticos o filosóficos, empeñados en contribuir a la producción de ciertos mundos, en tratar de inventar el presente y el futuro, más que en explicar las cosas tal como existen o tratar de predecir lo que ocurrirá… Trataban de contribuir a la producción de nuevos acontecimientos de lo real que decían Deleuze y Guattari… De hacer worlding como dice más recientemente Donna Haraway [Staying with the Trouble, 2016] retomando un concepto de A.N. Whitehead… Leyendo estos días los Diálogos de Gilles Deleuze y Claire Parnet, donde se prefiguran muchos temas de Mil Mesetas, he recordado muchas cosas olvidadas, que explican buena parte de nuestras, — o al menos de mis –, actitudes de finales de la década de 1990 y principios de los 2000.

Por aquel entonces nos imaginábamos como parte de una contracultura y de un movimiento social, político dentro del cual escribir académicamente hubiera sido una vergüenza — la academia, ya sabemos, siempre estará al servicio de la reproducción y ampliación del mundo tal como existe. Lectores aquellos años del subcomandante Marcos o de Lipstick Traces de Greil Marcus, donde plantea que los tres movimientos artísticos más importantes del siglo XX habían sido Dadá, el situacionismo y el punk, haber tratado de hacer lo que hoy se llaman papers académicos habría sido una profunda vergüenza. Seguir leyendo 20 años pensando y experimentando sobre el mundo digital — catálogo de artículos de J. Pérez de Lama

Sobre la idea de caja de herramientas, y su aplicación en arquitectura

Imagen: Cubierta del libro de Santiago Cirugeda / Recetas urbanas, que usa este discurso de la cajas de herramientas, o recetas urbanas en su caso — 2004, Editorial Tenov, Barcelona.

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La idea de caja de herramientas en la teoría y la práctica de la Arquitectura

Notas de José Pérez de Lama

Planteamos este año a dos grupos de estudiantes de Arquitectura, como ejercicio de curso, construir una caja de herramientas de/para sus propios proyectos. Nos parecía algo que no necesitaba demasiada explicación. Y sin embargo parece haberles resultado, hasta ahora y a la mayoría, algo bastante incomprensible.

Para el personal que anduvo metido en cuestiones más o menos teóricas-culturales-filosóficas durante las décadas de 1990 y 2000, la idea de llamar caja de herramientas a un conjunto de conceptos o recursos  es algo bastante convencional, me parece. Las citas de Foucault o de Deleuze usando la expresión salen de inmediato en los buscadores; — por ejemplo, estas dos de Foucault:

Me gustaría que mis libros fueran una especie de caja de herramientas en la que la gente pueda rebuscar para encontrar una herramienta para usarla según le convenga cada cual en su propio campo […] Me gustaría que el pequeño volumen que quiero escribir sobre los sistemas disciplinarios fuera útil para un educador, un guardia, un magistrado, un objetor de conciencia. Yo no escribo para una audiencia; escribo para usuarios, no para lectores. (1974)

Todos mis libros son pequeñas cajas de herramientas. Si la gente los quiere utilizar, usar esta frase o aquella idea como si fuera un destornillador o unos alicates, para cortocircuitar, para desacreditar los sistemas de poder, incluyendo en última instancia aquellos de los que surgieron mis libros … tanto mejor. (1975) [ver referencias al final para la procedencia de ambas citas]

Los ejercicios propuestos, por otra parte, no lo ponen demasiado difícil, o eso pensábamos — luego veremos algo sobre las dificultades no previstas (punto [4]). Se proponía concretamente elegir una serie de casos (casos de estudio) que interesasen a los autores de los trabajos, y extraer de estos, alguno o algunos de los aspectos que les llamen la atención, y conceptualizarlos como herramientas, para así, poderlos usar en otras situaciones u otros contextos parecidos; — o para poder componerlos en otras configuraciones, también podría decirse.

Los profesores considerábamos que algo así se hacía, más o menos, habitualmente: vemos un proyecto o una obra que nos gusta e intentamos hacer una distribución parecida, darle una solución similar a la cubierta, usar una estrategia de captación de la iluminación natural o de la radiación solar análoga. Etc.

Tal vez para hacerlo más claro, lo que esperamos de los estudiantes habría que formularlo mejor como una caja de herramientas, materiales y componentes; o recursos. Como aún hay que acabar los ejercicios, quedará así formulado a partir de ahora.

Recojo aquí algunas notas adicionales sobre el asunto — que aprovecho para compartir más allá de la clase. Espero que algunas contribuyan a aclarar el asunto. Pero no se si otras tal vez lo enturbiarán más que aclararlo.

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[1] Herencia del pragmatismo estadounidense: las ideas tienen efectos prácticos

Posiblemente una fuente de esta idea de las «cajas de herramientas» para Deleuze y para Foucault venga de los pragmatistas estadounidenses.


Nota: Desde hace años tengo esta intuición en la que tendría que tratar de profundizar: que hay una gran influencia de los pensadores estadounidenses en Deleuze y Guattari. Estos días en Diálogos (Deleuze & Parnet, 1977) leía sobre el agradecimiento de Deleuze a Jean Wahl (1888-1974), experto en William James (1842-1910), y releía sobre su gran interés por la literatura estadounidenses. En algún sitio vi algo sobre las dificultades de Deleuze intentando explicar cosas de Whitehead (1861-1947) — era en algún sitio relacionado con Stengers, si no me equivoco. Guattari, en Las tres ecologías, basa dos de ellas en Bookchin (1921-2006) y Bateson (1904-1980). Leyendo a Dewey (por ejemplo, Experience and Nature, 1929), diría que se encuentran muchas cosas similares a las que luego Deleuze-Guattari enuncian de una manera quizás más audaz y literaria. Etc.


En una famosa ocasión, verano de 1898 en Berkeley, California, William James define el pragmatismo filosófico, — comentando a su vez  unos párrafos de Charles S. Peirce de 1878 –, tal que así:

Las cosas en que creemos [*], en resumen, son realmente reglas para la acción; y toda la función del pensar no es sino un paso en la producción de hábitos de acción. Si hubiera alguna parte de un pensamiento que no supusiera diferencia alguna en cuanto a las consecuencias prácticas de ese pensamiento, entonces, esa parte no sería una parte propiamente dicha de la significación [significance] del pensamiento en cuestión. Así, el mismo pensamiento puede vestirse con palabras distintas, pero si las diferentes palabras no sugieren diferentes conductas, serán meras acreciones superficiales, y no tendrán papel alguno en la signficación del pensamiento. Y sin embargo, si determinan las conductas diferentemente, serán partes esenciales de la significación. «Por favor, abre la puerta», y «Veuillez ouvrir la porte», en francés, significan exactamente lo mismo; pero «Maldito seas, abre la puerta», aunque en español, significa algo diferente. Así, para desarrollar la significación de un pensamiento tan sólo tenemos que determinar qué conducta es la que tendría que producir; esta conducta es para nosotros su única significación. Y el hecho tangible en la raíz de todas nuestra diferenciaciones en cuanto al pensamiento, por muy sutiles que sean, es que no hay ninguna tan fina como para que no consista en otra cosa que en una diferencia de la práctica. Para lograr la perfecta claridad en nuestro pensamiento sobre un objeto, entonces, tenemos que considerar qué efectos concebibles en el orden de lo práctico puede implicar, — qué sensaciones tenemos que esperar del objeto, y qué reacciones tenemos que preparar. Nuestra concepción de estos efectos será para nosotros, entonces, todo lo que constituya nuestra concepción del objeto, — en tanto en cuanto esta concepción tenga alguna significación positiva.

Éste es el principio de Peirce, el principio del pragmatismo. Yo pienso que debe ser formulado con mayor amplitud de lo que lo expresa el Mr. Peirce. La prueba definitiva para nosotros de lo que una verdad significa es, en efecto, la conducta que dicta o inspira. Pero inspira esa conducta porque primero anticipa [first foretells some particular turn] cierto giro a nuestra experiencia que invocará precisamente esa conducta de nosotros. Y para nuestros propósito de esta tarde preferiré expresar el principio de Peirce diciendo que el significado [meaning] efectivo de cualquier proposición filosófica puede siempre reducirse a una consecuencia particular, sobre nuestra futura experiencia práctica, ya sea activa o pasiva; siendo el punto clave que la experiencia sea particular [concreta], y no que tuviera que ser activa.

Hasta aquí la cita de James explicando y extendiendo a Peirce. Seguir leyendo Sobre la idea de caja de herramientas, y su aplicación en arquitectura