Mujeres pensando y escribiendo: Zadie Smith y Donna Haraway

Imagen: Portadas de Swing Time, de Zadie Smith y Staying with the Trouble, de Donna Haraway, ambos publicados en 2016.

José Pérez de Lama

Estas y otras notas las escribo por varias razones; __ una de ellas: mi mala memoria: con la edad y con Internet cada vez va peor, y con estos posts me queda algún recuerdo. También por compartir cosas que me han gustado, y tratar de animar a los/as que pasen por el blog a leer y pensar juntos, aunque sea en la (des)conexión de las redes.

Entonces: estos días he podido leer Swing Time de Zadie Smith y estoy leyendo Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene de Donna Haraway. Seguramente no haya demasiada relación entre ambas lecturas, salvo que ambas me han gustado bastante, mucho. Relacionarlas es hacer oddkin (extraños parentescos), quizás, como escribe Haraway.

Mujeres y barrios populares en el Londres global

Empiezo por Zadie Smith. Sus novelas me atraen con intensidad, aunque a la vez me generan una vaga tristeza; seguramente no tan vaga. Smith escribe por lo general en un tono que parece bastante autobiográfico, por lo menos en sentido generacional-geográfico. Como será conocido por muchos, es una mujer de unos 40 años, mestiza jamaicana-anglo, y escribe sobre la vida de las minorías en los barrios populares de Londres. White Teeth, The Autograph Man… quizás sean sus novelas preferidas para mí. Sus personajes suelen ser afro-británicos, pero también de otros colores, jóvenes, perdidos en el mundo contemporáneo, en la vida precaria. También suelen paracer padres, y sobre todo madres. Vidas más bien vulgares, pocas ilusiones, conflictos de identidad inter-generacionales; y bastantes mujeres. Muy poco amor romántico. Más bien amistades, vida cotidiana. Todo suele acabar regular, o no acabar propiamente. Así descrito reconozco que suena bastante aburrido, costumbrismo, con una cierta perspectiva femenina y tal vez decolonial. Y sin embargo me engancho siempre, y me afectan bastante.

Una de las atracciones evidentes para mí es un cierta sensación de voyeurismo: el poder observar más o menos discretamente la vida de las clases populares no blancas en Londres, una de las grandes metrópolis globales; y más aún, el poder observar lo que sienten, piensan, como actúan estas mujeres para mi exóticas y misteriosamente atractivas: una especie de neo-orientalismo metropolitano, ¡qué le vamos a hacer! No parece un interés en principio demasiado literario-artístico…

Entonces ¿por qué me parecen literatura?

Entiendo que su obra se considera literatura, yo al menos así la considero. Y la pregunta que me hago es ¿por qué es literatura y no simple escritura? Aparte de mi experiencia como lector, – que debería ser lo más importante -, mi principal referencia en estas cuestiones es Vladimir Nabokov, quien decía que el arte trata de la vida, el amor y la muerte – creo que era así. También afinando un poco más, decía que los escritores(as) eran narradores, maestros o magos – y claro, a él lo que le gustaban eran los magos. Y esa magia tenía para él que ver con lo que llamaba sensuous thought – pensamiento sensual tal vez. Y viendo sus lecciones sobre literatura se deduce que este sensuous thought se produce de maneras y con recursos muy diferentes, siendo el argumento uno de las más secundarios, un recursos que sería más propio del narrador, un literato menor para Nabokov –- como el maestro. El estilo, la estructura o arquitectura de lo que se cuenta, las imágenes, las recurrencias, las palabras y sonidos, los juegos de sensaciones e ideas, las conexiones dentro y fuera del texto… ese tipo de cosas son las que Nabokov valora… Yo también, aunque a la vez también aprecie lo narrativo. Y lo didáctico.

La textura de la vida (precaria)

Zadie Smith tiene una gran capacidad narrativa, no me cabe duda, aunque lo paradójico es que pasen más bien pocas cosas en sus historias. Cosas más bien banales. Cosas que alguien podría contar como épicas y dramáticas, pero que ella cuenta en sus historias como banales, vacías. De lo que escribe para mí, más allá de las historias, es de la textura de la vida contemporánea. Con detalle casi entomológico describe lo que a mi me parecen paisajes de tristeza. Pero quizás lo que destaque sea la compasión con que lo hace. Soledad, falta de sentido, precariedad, vulnerabilidad, exclusión, felicidades efímeras, dudas, desengaños… y la vida que sigue a pesar de todo… un fondo de nihilismo. Me resulta difícil explicar por qué me atrae tanto, y por eso escribía estas líneas. Supongo que porque a pesar del relativo exotismo, escribe sobre la vida de todos(as). Y le hace a uno imaginar que más allá de la vida convencional podría haber algo más auténtico, aunque de eso no de muchas pistas. Un poco como Foucault, que algunos dicen que de lo que de verdad escribía sólo se encuentra en sus libros por omisión…

Las novelas tienen algo de arte en sí mismas, que no tienen otro tipo de libro. El esfuerzo por producir mundos, de hacer worlding como diría Haraway; – supongo que parte de lo que encuentra la gente en las hoy más populares series.

Una conferencia que Zadie Smith dio en la apertura del curso de la New School de Nueva York me hizo apreciarla aún más [0]. Una mujer y una artista especial.

Staying with the Trouble

El libro de Donna Haraway es bastante diferente: Staying with the Trouble podría decirse que trata también sobre la vida contemporánea, pero lo hace desde la perspectiva de la filosofía, la ecología, las tecnologías, la política, al arte y el feminismo. Uno de los nexos en común sería su preocupación con como vivir en un mundo precarizado y herido; recuperación, resistencia, staying with the trouble – en lugar de dedicarse a pensar utopías futuras -, making kin, becoming-with – componerse afectivamente con el mundo, con las máquinas, con otros seres vivos… – serían algunas de las pistas que nos propone…

De momento citaré un par de párrafos, para sugerir el mundo de pensamiento que nos plantea Haraway. Espero hacer más adelante otras reseñas o escritos más largos sobre el tema.

String figures

String figures es una de las metáforas principales que usa Haraway para describir los trabajos de relación que plantea. String figures serían las figuras que se hacen con hilos jugando con las manos, que según explica constituyen una práctica común en muchas culturas tradicionales. En la cultura angloamericana se llaman también cat’s cradle, el título de una de las mejores novelas de Kurt Vonnegut curiosamente. En español castellano parece que recibe diferentes nombres como jugar a las cunitas, la hamaca, al hilo, al cordel (http://www.cuadernointercultural.com/string-figures/). De momento lo dejo sin traducir.

“Las string figures son como historias; proponen y actualizan patrones para que los participantes los habiten, de alguna manera, en una tierra vulnerable y herida. Mis narraciones multiespecie tratan sobre la recuperación, en complejas historias que están llenas de murientes y vivientes (dying and living), que están tan llenas de finales, incluso de genocidios, como de principios. A la vista del históricamente implacable excedente (surplus) de sufrimiento  que padecen los anudamientos de especies compañeras (companion species), no estoy tan interesada en la reconciliación o en la restauración, sino que estoy profundamente comprometida con las más modestas posibilidades de la recuperación parcial y el poder sobrevivir juntos. Llamémoslo staying with the trouble (permanecer en las turbulencias, sobrevivir con los problemas [1]). Y así, busco historias reales que son también fabulaciones especulativas y realismos especulativos. Son historias en las que participantes de múltiples especies, enredados en traducciones parciales y fallidas a través de la diferencia, rehacen formas de vivir y morir adaptadas a florecimientos finitos aún posibles, a recuperaciones aún posibles.” [2016, p. 10]

Hay que decir que la prosa de Haraway es más bien rebuscada, o por lo menos, bastante idiosincrásica, __ especialmente si se compara con la de Smith de una sencillez admirable. No resulta fácil traducir lo que escribe. Ocurre con Haraway como por ejemplo con Deleuze y Guattari: aprender a leerla-comprenderla es casi como aprender a leer y escribir en un nuevo lenguaje de programación: sus palabras son especiales, muchas de ellas inventadas, incluso su sintaxis es diferente. Muchas de sus palabras son necesariamente nuevas porque presentan conceptos o metáforas nuevas o usadas de una manera diferente. Anna Tsing, colega de Haraway, llamaba la atención en una conferencia reciente, sobre la imaginación con que la profesora Haraway usa las palabras, para producir otros mundos y otras formas de conocimiento [2]. La autora caracteriza su propio trabajo de escritura como sf, que es acrónimo de science fiction (ciencia ficción), pero también de speculative fabulations, speculative feminism, string figures, y algunas cosas más. A mi personalmente, en ocasiones su lenguaje me resulta muy sugerente, haciéndome pensar efectivamente de una manera diferente; en otras, sin embargo, no me parece que funcione tan bien. Con el tiempo tal vez, algunas de sus expresiones y modismos se hagan más normales, como en parte ha ocurrido con Deleuze y Guattari o a Foucault, por mencionar a algunos autores preferidos.

Chthuluceno

“Chthuluceno es una palabra simple [3]. Es un compuesto de dos raíces griegas (khthon y kainos) que juntas dan nombre a un tipo de tiempo-lugar para permanecer en las dificultades de vivir y morir en responsa-abilidad en un planeta dañado. Kainos significa ahora, un tiempo de comienzos, un tiempo actual (ongoing), para la frescura. Nada en kainos tiene que significar pasados, presentes o futuros convencionales. No hay nada en los comienzos de los tiempos que insista en borrar lo que vino antes, o, incluso, en borrar lo que venga después. Kainos puede estar lleno de herencias, de recuerdos, y lleno de cosas venideras, de cuidar lo que aún pueda ser. Escucho kainos en el sentido de una presencia actual y densa, con ramificaciones que infunden todo tipo de temporalidades y materialidades.”

“Los chthónicos (así los esribe Haraway, aunque probablemente en castellano debiera escribirse ctónicos) son seres de la tierra, antiguos y del último minuto. Imagino a los chthónicos como repletos de tentáculos, sensores, dedos, colas, patas de araña y pelo rebelde. Los chthónicos juegan y retozan en el humus multibicho (multicritter; _ critter que traduzco por bicho es otra de las palabras clave de Haraway en este libro) pero no tienen relaciones con el Homo que mira al cielo [4]. Los chthónicos son monstruos en el mejor sentido; demuestran, y ponen en práctica el sentido material de los procesos de la tierra y los bichos. También demuestra y ponen en práctica consecuencias. Los chthónicos no son seguros, no tienen relación con los ideólogos; no pertenecen a nadie; se retuercen y se deleitan de múltiples formas y con múltiples nombres en los aires, las aguas y lugares de la tierra. Hacen y deshacen; son hechos y deshechos. Son los que son. No es de extrañar que los grandes monoteísmos del mundo en sus formas religiosas y seculares hayan intentado una y otra vez exterminar a los chthónicos. Los escándalos de los tiempos llamados el Antropoceno y el Capitoloceno son las últimas y más peligrosas de estas extraordinarias fuerzas. Vivir-unos-con-otros y morir-unos-con-otros potentemente en el Chthuluceno puede ser una fiera respuesta a los dictados tanto del Anthropos como del Capital.” (2016: 2)

Thougthlessness / el no-pensamiento

“En esta renuncia al pensamiento reside el tipo particular de banalidad del mal que podría hacer real el desastre del Antropoceno, con sus genocidios y especicidios masivos. El desenlace, sin embargo, está aún en juego; ¡pensemos que tenemos (que hacerlo); tenemos que pensar! (think we must; we must think [5]) […] Arendt insistía en que el pensamiento era profundamente diferente de lo que podemos llamar conocimiento disciplinar o ciencia basada en la evidencia, o de la clasificación de verdad y creencia, hecho y opinión, bueno y malo. Pensar, en el sentido de Arendt, no es un proceso de evaluación de información y argumentos, de establecer si tenemos razón o estamos equivocados para juzgarnos a nosotros mismos o a otros como detentadores de la verdad o sujetos a error. Todo eso es importante, pero no era lo que Arendt tenía que decir sobre el mal del no-pensamiento – de la inconsciencia (thoughtlessness) –, que yo quiero cuestionar en relación con la conjunción geohistórica que se viene llamando Antropoceno.”

Arendt fue testigo en la persona de Eichmann no de un monstruo incomprensible, sino de algo mucho más pavoroso – lo que vio fue la inconsciencia, la falta de pensamiento (thoughlessness) más normal y corriente. Esto es, allí había un ser humano incapaz de hacerse presente a sí mismo aquello que estaba ausente, lo que no era él mismo, aquello que es el mundo es en su puro no-ser-uno-mismo y lo que pide estar presente de aquello que no es uno mismo. Allí había alguien que no podía ser un caminante (wayfarer), que no podía enredarse, que no podía seguir los rastros de los vivientes y murientes, que no podía cultivar la responsa-abilidad, que no podía hacer presente a sí mismo lo que estaba haciendo, no podía vivir en consecuencia o con consecuencia, que no podía compostarse. Importaba la función, importaba el deber, pero el mundo no importaba a Eichmann. El mundo no importa en el no-pensamiento ordinario. Los espacios vaciados se rellenan por completo con información y evaluaciones, determinando amigos y enemigos, atareándose sin parar con actvidades; la negatividad, el vaciado de esta positividad, desaparece, un asombroso abandono del pensamiento. Esta cualidad no era una falta o defecto emocional, una falta de compasión, aunque seguro que esto también era cierto en Eichmann, sino una más profunda rendición a lo que llamaría inmaterialidad, inconsecuencialidad, o, en el idioma de Arendt y también el mío, no-pensamiento. Eichmann estaba astralizado, exiliado del desorden, de la confusión (muddle) del pensamiento, estaba en la práctica del business as usual se tartara de lo que se tratara. Para Eichman y sus herederos – ¿nosotros? – no había manera de que el mundo pudiera convertise en un asunto de cuidados (a matter of care). El resultado fue la participación activa en un genocidio.” (2016: 36)

Simpoiesis

No comento nada sobre lo anterior; ne me parece que necesite de demasiada glosa. Para cerrar sólo plantear el concepto harawayano de simpoiesis, que de manera sencilla significa hacer con otros – en cierto modo como el DIWO / Do It With Others que se ha usado en otras ocasiones. Simpoiesis, sin embargo, concepto deudor de la bióloga Lynn Margulis, – también autora de la teoría de Gaia -, se enuncia específicamente en contraste con la famosa autopoiesis de Maturana y Varela (2016: 58). Lo que Haraway se propone poner en valor es la idea, o la realidad, de que ningún ente se produce a sí mismo solo, __ sino que siempre lo hace componiéndose con otros, junto con otros, en devenires-con (becoming-with), en procesos de worlding-with, haciendo-mundos-con, – en marcos-entornos que no están nunca cerrados ni limitados. Algo parecido a lo que decían Deleuze y Guattari; Haraway no está distante de ellos. Simpoiesis y el concepto hermano de simbiogénesis se contrastan con y cuestionan también el modelo presuntamente avanzado del individuo y su entorno de la cibernética batesoniana, la ecología y quizás incluso el urbanismo que podríamos llamar lefebvrista… Aquí lo dejo. Vale.

#notas

[0] Zadie Smith, New School Commencement Speech 2014, https://vimeo.com/96806361

[1] Mi colega Pablo de Soto en su tesis doctoral que tiene a Haraway como uno de sus referentes principales traduce staying with the trouble como viviendo con el problema, que es parte del título de la mencionada tesis: Antropoceno, Capitolceno, Chthulueno. Viviendo con el problema en Fukushima… Aunque habíamos estudiados muchos a la Haraway del Manifiesto Cyborg (1991), debo a Pablo mi interés renovado por esta nueva etapa del trabajo de la profesora de UC Santa Cruz.

[2] Anna Tsing, 2014, presentación de la conferencia de Donna Haraway, Anthropocene, Capitalocene, Chthulucene: Making String Figures with Biologies, Arts, Activisms, Aarhuis: https://www.youtube.com/watch?v=CHwZA9NGWg0

[3] Escucho en el vídeo de arriba que el empaquetamiento de consonantes chth se pronuncia más o menos como una z en castellano: https://youtu.be/CHwZA9NGWg0?t=10m39s

[4] Aunque no estoy seguro de que esté en la etimología, desde la Antigüedad grecolatina se describe al hombre en tanto que anthropos como el animal que mira al cielo. Esta es una de las metáforas centrales de Haraway en este libro, reivindicar en su lugar los critters, los bichos – entre los que incluye a los humanos -, las cosas, que miran y viven en la tierra – que suele escribir así, con minúsculas.

[5] La expresión think we must, must we think, que Haraway repite en el libro, recuerda el lema latino usado por Negri y Hardt hace unos años, sapere aude, aude sapere, esto es, atreverse a saber, saber atreverse.

#referencias

Zadie Smith, 2016, Swing Time, Hamish Hamilton – Penguin

Donna Haraway, 2016, Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene, Duke University Press, Durham

Vladimir Nabokov, 1982, Lectures on Literature, Harcourt, San Diego

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