Internet…en todas las cosas

Fuente: Francisco Farias Jr / Jesucristo del Nuevo Milenio / PublicDomainPictures.net / CC0 Public Domain


David Patiño

 

En 2007 Ray Algar acuñó el término consumo colaborativo[1] creando una etiqueta y un mantra que se emplea en los discursos de cualquier político que se precie y que quiera aportar una nota de modernidad a su discurso. Igualmente se escriben multitud de informes y descripciones que diseccionan el fenómeno y lo abordan desde el punto de vista laboral, fiscal o medioambiental y desde luego desde el punto de vista tecnológico. Nuevas palabras y expresiones se han agregado a nuestro vocabulario cotidiano como tuitear, guglear o prosumidor para etiquetar multitud de fenómenos relacionados con internet o las nuevas tecnologías, expresión que sigue siendo empleada  con generalidad, a pesar de las décadas transcurridas desde la invención de  internet o los ordenadores personales. Este post pretende reflexionar sobre el significado del fenómeno tratando de describir sus principales implicaciones.

Lo primero que se debe destacar es que es un fenómeno ligado al desarrollo de las tecnologías de la información y sobre todo a internet. Estas innovaciones tecnológicas han producido al menos dos novedades: comunicaciones globales en tiempo real, entendiendo globales desde el punto de vista geográfico pero también desde una perspectiva social, y un abaratamiento en dinero pero también en tiempo, del procesado de cantidades de datos que tienden al infinito, lo cual ha propiciado un acceso generalizado al mismo. A esto podemos añadir aspectos concretos relacionados con los anteriores como la geolocalización, la impresión 3D, el internet de las cosas,…. El resultado ha sido un cambio profundo en la sociedad y en la economía  transformándola en la tan cacareada sociedad de la información. Es decir, el elemento clave de nuestro tiempo es una sociedad que únicamente crea e intercambia información a la que únicamente es necesario  añadir una proporción de materia prima para conseguir cualquier cosa. La producción y la transmisión de información lo es todo en nuestro mundo. Pero a la vez está mediatizada por las características peculiares de la información como mercancía intercambiada en mercados en los que existen los denominados “fallos del mercado”.

En esta nueva sociedad destaca el papel que tiene la confianza. La confianza siempre ha hecho que vayamos a comprar a un puesto de verduras en lugar de a otros y se lograba tras un tiempo de actividad productiva, posibilitando el éxito empresarial. En la sociedad de la información el acceso a la confianza es global y es posible acceder a la valoración de muchas más personas. Se ha abierto la puerta a poner en valor elementos que antes casi no eran comercializables. Esto es una realidad en sectores como la vivienda para alquilar, el transporte, las chapuzas, … Pero como Rachel Bootsman indica[2] ya existen foros digitales de profesionales especializados en los que la confianza reportada en internet tiene más valor que los diplomas de instituciones universitarias de élite.

Internet también está poniendo las bases para la creación de una sociedad de servicios que sustituya a nuestra actual sociedad de posesiones, al provocar una relación diferente con los bienes. Si somos propietarios podemos incrementar el uso de nuestros bienes permitiendo que los usen terceras personas durante el tiempo que tradicionalmente los dejábamos ociosos. También lo vendemos de manera general, cuando ya no nos hace falta a través de wallapop. Pero en realidad, alquilar el uso de un bien colectivo en lugar de adquirir su propiedad no es algo que no se hiciera ya. Básicamente es la situación que se produce cuando nos apuntamos a un gimnasio en lugar de comprar máquinas de hacer abdominales. Está por ver si la próxima generación dejará de comprar bienes duraderos, como los coches, de manera similar a como ya se hace en muchas grandes ciudades. Sundararajan apunta a que la novedad está en la extensión de la confianza a otros ámbitos en los que tradicionalmente no se hacía.

El consumo colaborativo abunda en las ciudades porque la gente quiere compartir estos usos[3]. Internet ha posibilitado extender el consumo comunitario a otros bienes. Las antenas de televisión se compartían tradicionalmente, pero se puede extender a generadores de energía eléctrica y a modernas copisterías que permitan el uso de impresoras 3D para hacerse muebles con materiales locales y baratos, principalmente desechos, a través de una serie de diseños colaborativos como hacen ya los fablabs[4]… Rifkin (2016) predice la muerte del capitalismo por su éxito. Según el autor, la base del capitalismo era la explotación de la eficiencia productiva. La actual sociedad ha podido alcanzar la perfecta eficiencia productiva perfecta y en esa situación es imposible conseguir mejoras tecnológicas que permitan reducir costes que es, según el autor, la base del capitalismo. Llegados a este punto se alcanza una situación de coste marginal nulo incompatible con la subsistencia de este sistema económico.

Esto ha propiciado importantes cambios en el resto de sectores que han afectado a las cosas que se hacen y la forma cómo se hacen. Por un lado, el término economía colaborativa se emplea de modo creciente para etiquetar lo que, en otros ámbitos se denomina economía de plataforma. Engloba transacciones, principalmente entre particulares, que se realizan a través de una plataforma digital que pone en contacto a oferentes y demandantes. Este tipo de intercambios ha existido siempre, pero el cambio en el ámbito en el que opera el intermediario ha cambiado de modo radical. La generalización del acceso a internet ha posibilitado que ofertas de particulares lleguen a potenciales interesados de cualquier parte del mundo. La desaparición del límite geográfico ha ampliado al infinito la demanda potencial que ahora sólo está limitada por el alcance de la plataforma.

No obstante, muchas de estas plataformas etiquetan su actuación de intermediación para esconder su verdadera naturaleza de prestadoras de servicios y así eludir la normativa. Tampoco en este caso nos encontramos con algo novedoso que no hayan hecho, por ejemplo, algunas empresas a través de subcontratas para eludir las condiciones establecidas por convenios colectivos o la administración externalizando servicios,  para hacer lo propio con las regulaciones administrativas. Cabify, Uber o Deliveroo representan ejemplos de este tipo de actuaciones y tendrán que ser los juzgados los que establezcan la frontera.

Otro aspecto que se ha destacado de la economía colaborativa ha sido su carácter de altruista y su capacidad para construir  las bases para una nueva forma de organizar la sociedad y la economía. De este modo, se han generalizado plataformas en las que la contraparte del intercambio no se produce en dinero, sino que adopta la forma de amistad o de intercambio cultural. Plataformas como CouchSurfing o las que organizan trueques o donaciones representan buenos ejemplos. Este tipo de plataformas constituyen una forma de voluntariado, similar, por ejemplo, a los tradicionales intercambios para aprender idiomas, pero introduciendo de nuevo, la novedad de la dimensión potencial que permite lograr internet. Si bien, en el ejemplo concreto de CouchSurfing, la dimensión que adquirió les llevó a abandonar la gratuidad, o por lo menos a intentarlo porque el malestar de sus usuarios no se lo está poniendo fácil.

En general, internet ha modificado toda actividad basada en la intermediación al posibilitar un contacto directo entre personas a gran escala. Este contacto directo ha permitido, en muchos casos, eliminar la necesidad de que exista intermediación de ningún tipo. Pero ha introducido también un aspecto novedoso, en el sentido de que ha permitido que ahora todo pueda ser entendido como una relación entre partes que precisa intermediación. Negocios como las agencias de viajes, los bancos de inversión, discográficas o editoriales entran dentro de la primera categoría. El periodismo es el mejor ejemplo para entender la situación llegando a la situación en la que los medios han sido sustituidos por twitter para seguir un acontecimiento en tiempo real a través de la información creada colaborativamente.

El big data es otro de los fenómenos que está modificando radicalmente nuestra sociedad y que también se basa en el desarrollo de las tecnologías de la información, pues constituye la base del resto de fenómenos comentados que descansan en la creación y procesado de unos cuantos miles de millones de datos. Sin embargo, el bigdata tampoco es totalmente nuevo pues las compañías de seguros ya comercializaban los datos de sus clientes en el siglo XIX. Las innovaciones en el procesado de datos han extendido el uso de enormes bases de datos que ahora son accesibles a casi cualquier institución, e incluso a particulares, que además disponen de equipos y software capaz de gestionarlos. No obstante, la posibilidad potencial está limitada en la práctica al acceso a dichos datos. Frente a eso, las corporaciones GAFA[5] acceden a miles de millones de datos de sus usuarios y creando bases inmensas que constituyen su principal activo. El negocio consiste en obtener y explotar datos de nuestro comportamiento que se consiguen a través de diversas y novedosas vías. Estas grandes corporaciones se han aprovechado de economías de red casi ilimitadas y ahora lo dominan todo al proporcionar el marco en el que se produce buena parte de la comunicación actual. El resultado ha sido la elaboración de bases de muy difícil valoración, entre otras cosas por la falta de transparencia que envuelve la actividad de estas enormes corporaciones. El modelo de negocio genera inquietud dada la ausencia de regulación que no clarifica aspectos básicos como la jurisdicción responsable para realizar reclamaciones, la obligación de tributar, las posibilidades de mercadear con nuestros datos, los peligros para la privacidad o la apropiación de ese valor por parte de estas corporaciones. Actualmente se debate sobre los derechos de propiedad de estos datos e incluso Telefónica considerado que los GAFA se están apropiando de valor creado por otros actores y que el propietario de la infraestructura que posibilita el intercambio de información también debería tener participación, lo que recuerda a la necesidad de que tanto transportistas como usuarios de carreteras paguen impuestos para construirlas. La total deslocalización de un producto de masa totalmente inmaterial constituye un fenómeno completamente nuevo y una necesidad imperiosa de calificarlo jurídicamente como paso previo a ser regulado poniendo límites a algunos de los aspectos considerados. Además, el modelo de negocio adquiere una complejidad creciente. Podemos emplear la industria de extracción de petróleo como paralelismo para entenderlo. El petróleo era muy fácil de extraer a principio del siglo XX en Texas. La intensificación de la extracción ha llevado a que actualmente es necesario hacer prospecciones y excavaciones enormes. Del mismo modo, al principio era relativamente fácil adquirir datos de nuestro comportamiento, poco a poco las GAFA fueron acaparando la mayoría de los mismos y se creó la necesidad de buscar otras vías. Se crearon aplicaciones que nos engancharan al móvil el máximo tiempo posible como los Candy crash, las redes sociales,… En la actualidad, Amazon se plantea obtener datos de nuestra vida offline para lo que ha adquirido una cadena de supermercados con la pretensión de obtener nuestros hábitos de compra de todo tipo o los datos que envían sus drones de envío de paquetes[6]. De igual forma, el internet de las cosas que ya es una vía intensiva para generar multitud de datos. El debate está servido porque el poder de estas compañías les está permitiendo modificar los derechos de propiedad para apropiarse de esta información a costa de nuestra privacidad como muestra la polémica de la aspiradora robótica que mapea y vende los datos de la casa de los usuarios.

Internet también ha modificado el papel de los intermediarios es en el ámbito político y social. Ha facilitado la acción política directa y el debate, pero no ha eliminado la democracia representativa que no parece estar debilitada. No obstante, se ha reducido el coste de que los grupos latentes se transformen en grupos políticos activos, en términos de Olson, propiciando la aparición de movimientos de protesta e incluso revoluciones como la primavera árabe o el 15M. Si bien, se han producido dinámicas que no eran predecibles. Por un lado, buena parte de esa fuerte actividad pública y de protesta se ha desarrollado en un ámbito controlado por un actor privado, principalmente twitter, que puede suspender la actividad de sus usuarios o ser fácilmente controlado por la actividad gubernamental secuestrando o controlando, de manera férrea, los contenidos a los que se puede acceder, como hace China.

El proceso también ha propiciado que la política se vuelque, en modo creciente, hacia las redes sociales y está transformando a los medios tradicionales, prensa escrita y sobre todo televisión, en vías de información de sectores de población que no han sido capaces de acceder al mundo tecnológico. Además, se plantean dudas sobre los efectos que está teniendo el cambio en las relaciones sociales, la información y la política. Parece que los algoritmos en los que se basan los buscadores o youtube podrían primar el radicalismo y dirigir a páginas y blogs radicales cualquier tema en solo dos o tres clicks[7]. También tuvo mucha repercusión la rápida evolución de la inteligencia artificial de Microsoft que se volvió nazi y racista en un día[8], a partir de la simulación de los comportamientos humanos aprendidos en la red, o el papel que las RRSS tuvieron en la victoria de Trump, la amplia difusión de información mentirosa, etc.

La mayor innovación del desarrollo de la tecnología de la información es su incremento. Esa ingente creación de información puede ser un bien comunal que por otro lado, no es un bien público porque no es costoso producirla, dado que el proceso de crearla genera utilidad que puede servir de remuneración e incentivo. Es decir, el proceso genera un bien común con pocos costes de acceso y tendencia a que sean nulos. Wikipedia constituye un buen ejemplo de lo que queremos indicar. La satisfacción de aportar representa incentivo y remuneración suficiente. Linux también representa otro ejemplo. En ambos el coste de acceder a la información se limita a poseer los conocimientos suficientes que permitan usar tales recursos, pero incluso éstos, es posible que se reduzcan en el tiempo, a partir de aportaciones colaborativas que los hagan más accesibles y fáciles. Pero también es la información relevante para el buen funcionamiento de los mercados. En la sociedad de la información se dificulta que un restaurante estafe porque hay mucha más información que es aportada de modo voluntario por la gente, que se remunera por la satisfacción de reportar una crítica. De nuevo el límite (y la alarma) las aporta el marco en el que se hagan estas valoraciones que cuando se realizan en TripAdvisor se encuentran dentro un marco controlado por una empresa privada y, hasta ahora, casi sin regulación.

La última relación que quiero destacar son los efectos que la sociedad de la información pueda tener en el funcionamiento de los mercados. Los sectores más liberales creen que internet puede abrir las puertas a la autorregulación de los mercados pero la evolución de los mercados financieros no lleva a compartir este optimismo, pese a que había muchísima información. Es verdad que en estos mercados se intercambiaban productos muy difíciles de entender, pero es cierto también que por muy complicado que fuera el producto, el mercado podría haber generado información más que suficiente y no lo hizo. De hecho, existe literatura que explica por qué no lo ha hecho[9]. Troncoso indica que en realidad, la información no sólo ha generado consumidores más informados sino que ha propiciado que lo sea también la oferta. El uso del bigdata permite que las empresas tiendan a discriminar de manera perfecta los precios, al conocer características personales de los demandantes que les posibilitan dividir el mercado hasta niveles que antes era únicamente posible desde un punto de vista teórico. Sin embargo, puede ser que se esté generalizando una competencia monopolística extrema caracterizada por unos productos adaptados a las preferencias individuales de los demandantes y en la que la variedad de precios recogería estos monopolios individuales. Por último también se ha apuntado la posibilidad de que las empresas empleen algoritmos que les permitan colusionar de manera automática[10]. La UE alarmó sobre la posibilidad de que los algoritmos permitan vincular automáticamente los precios de las empresas a los de los competidores. El resultado serían situaciones en las que los mercados se comportan como monopolios, incluso en los que existiera un número destacado de oferentes.

 

Notas

[1] http://www.oxygen-consulting.co.uk/insights/collaborative-consumption/

[2]https://www.ted.com/talks/rachel_botsman_the_currency_of_the_new_economy_is_trust?language=es

[3] http://www.observatorio-empresas.vodafone.es/articulos/la-economia-colaborativa-tambien-es-util-para-la-administracion-publica/

[4] Imposible no acordarse del fantástico Fablab de la Universidad de Sevilla cuyo director es José Pérez de Lama (http://fablabsevilla.us.es/).

[5] Acrónimo de Google, Apple, Facebook y Amazon.

[6] http://www.eldiario.es/theguardian/Silicon-Valley-informacion-petroleo-llegar_0_679632156.html

[7] http://www.eldiario.es/theguardian/James-Damore-Google-radicalizacion-YouTube_0_675782932.html

[8] http://www.lavanguardia.com/tecnologia/internet/20160325/40672722377/inteligencia-artificial-microsoft-nazi.html

[9] http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=377134

[10] https://www.wsj.com/articles/eus-antitrust-chief-sounds-alarm-over-risk-of-automated-online-price-collusion-1489662298

Referencias

Rifkin, Jeremy (2016), La sociedad de coste marginal cero, Paidós, Barcelona. (Obra original publicada en 2014).

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6 comentarios sobre “Internet…en todas las cosas

  1. Buen trabajo Patiño!! Mucho que comentar… Algún comentario rápido: los datos en cuanto bits no tiene masa en principio, pero sí consumen energía, bastante – hay diversas cuantificaciones que ahora no tengo a mano. En segunda instancia, necesariamente están en algún soporte material… y por eso GAFA son empresas que emplean enorme capital – entre otras cosas para sus centros de datos – que a veces, algunos, llaman “nube”…

    En otra línea, leía estos días una reseña del nuevo libro de Tim O’Reilly, uno de los gurús de la cultura digital, donde decía, “el valor no es creado por los “productores”, sino que múltiples “actores” en ecosistemas trabajan juntos para co-crear valor”. Hoy leía a Mazzucato en la misma línea… A ver si me cuentas sobre ella, y pensamos sobre esto de O’Reilly – la novedad quizás que lo diga alguien del “ecosistema SiliconValley”.

    Saludos 😉 jose *

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  2. Pues no tienes más que ampliar en esa parte. La idea era que fuera un capitulito de un libro para cumplir con los del proyecto te investigación en el que estoy…y por eso se ha ido a la extensión que se ha ido.
    Queda hablar de finanzas y monedas virtuales y sobre todo la fiscalidad, una parte que desarrolla Mazzucato y que parece que la UE ha empezado a tomar en serio: como hacer que las empresas que se aprovechan de esa investigación devuelvan lo aportado por el sector público y no sea una socialización de los riesgos y una privatización de los beneficios. Ya me cuentas (o escribes) los detalles técnicos y desarrollamos.
    Besos, David

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    1. Pues tendré que leerlo más despacio – ya sabes, a partir de diciembre! Quedar supongo que quedaría mucho 🙂 __ pero siempre hay que limitar las cosas de alguna manera. Para mí, lo relevante es cómo usar estas nuevas formas de producción (aunque a veces no sean tan nuevas) para generar una mejor distribución de la riqueza o el valor que se produce, o sí por el contrario, van a convertirse en una forma más afinada de extraer valor del trabajo y acumularlo por parte de la minoría que controla algún aspecto crítico de los ciclos de producción / acumulación, _ y supongo que también, el pensamiento sobre esto, que bien nos convenza de que todo el valor lo producen ciertos actores dentro de estas redes o por el contrario que se produce de manera más distribuida o ecosistémica. Ánimo y salud! _ Lo que se llamaría la economía política del asunto; quizás. 😉 jose pl

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    1. Espero que te haya gustado mi post. Me encanta Han, muchas gracias por el enlace. Me interesa mucho lo que Angus Deaton llama muertes por desesperación. Han habla de suicidios pero Deaton ha cuantificado, para los estadounidenses blancos sin estudios superiores el altísimo crecimiento que han experimentado las muertes por abuso de alcohol y drogas además de los suicidios. Esta idea de que el capitalismo moderno te hace competir contra ti mismo y, claro está, pierdes es la clave. Desde los años 60 del año pasado en el que la economía neoclásica se inventó la teoría del capital humano está presente. En ese momento acabó la lucha de clases porque terminó el trabajo, yo no éramos trabajadores, nos convertimos en capitalistas y los que éramos pobres simplemente es que habíamos invertido mal…o poco. Es genial, el resultado es justo, los austeros que han invertido en sí mismo ganan la tierra, los restantes pierden y por eso son pobres.
      Un saludo,
      David

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