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Comentario sobre El Estado Emprendedor de Mariana Mazzucato

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Cartelera original de la película de Charlie Chaplin de 1936 Modern Times. Fuente: DesconocidoMore or Less Bunk website, Dominio público, Enlace

David Patiño

He estado leyendo este libro, uno de los más comentados en los últimos años en el ámbito económico, y sin duda alguna su contenido merece tanta expectación. La tesis de Mazzucato es rompedora, valiente, pero a la vez coherente y documentada, lo cual lo hace de lectura imprescindible. De hecho, Mazzucato aporta ideas destacadas para armar ideológicamente a la izquierda tan huérfana de planteamientos de política económica que sus propuestas han acabado diluyéndose en el liberalismo thatcherista. La evolución de los partidos socialdemócratas les ha llevado a recetar el mismo menú de medidas liberalizadoras, tan crueles como inútiles, con la única diferencia de hacerlo con formas dulcificadas o empleando en ocasiones, expresiones de lamento al admitir su renuncia a controlar al capitalismo. Mazzucato nos enseña que las cosas son radicalmente diferentes y establece directrices para la actuación gubernamental. La fuerza de su planteamiento consiste en dar la vuelta el argumentario convencional superando la visión progresista según la cual el estado debe ser un apoyo para la iniciativa privada. En el Estado Emprendedor, el sector público se transforma en el elemento esencial que dinamiza la economía y es la verdadera fuente de la innovación tecnológica.

Mazzucato rompe en su libro con la mayoría de los estereotipos sobre la génesis de la innovación y la tecnología. En especial, acaba con la idea de que la iniciativa privada es la generadora de la innovación y el estado es una máquina burocrática y pesada que obstaculiza el desarrollo económico. La literatura económica, incluida la progresista, insta al estado a retirarse par favorecer que la iniciativa privada pueda desarrollarse. Según el pensamiento convencional, la iniciativa privada es capaz de conseguir un mayor desarrollo y por consiguiente una mayor prosperidad para todos y su capacidad para conseguirlo será mayor cuanto más libre esté de cortapisas, regulaciones e impuestos. La única función que tiene el estado, según este relato, es la de establecer las bases para que la iniciativa privada pueda desarrollar su actividad e intervenir, exclusivamente, en las situaciones en las que existan fallos de mercado que dificulten la innovación por parte de las empresas.

Frente a ese relato, la conclusión de El Estado Emprendedor es clara: el Estado lejos de ser un lastre para la innovación es su principal motor. Al contrario de lo que nos han publicitado hasta la saciedad, el Estado es el agente que asume los riesgos y el que ha dirigido el desarrollo de las principales tecnologías actuales. Los países que han desarrollado un sector público que ha asumido el papel de líder han conseguido crear las tecnologías que han revolucionado el mundo actual. Paradójicamente, EEUU que es el paladín del liberalismo, es el principal ejemplo de país poseedor de un sector público que ha sido el verdadero emprendedor, innovador y valiente, y ha desarrollado alguna de las principales tecnologías actuales, en concreto las de la información.

La condición para que se creen tecnologías innovadoras pasa por un Estado que adopte un papel activo pues la iniciativa privada no las desarrolla. El capital riesgo, en realidad, no asume riesgos. Las empresas de capital riesgo se limitan a entrar en las industrias cuando han superado las peores etapas, los famosos valles de la muerte, y esto solo es posible con el apoyo decidido y el liderazgo del estado. También se desmonta a los innovadores de garaje descritos como un mero cliché inventado, precisamente, para justificar el papel que adopta el sector privado en el proceso. La ideología del valor del accionista ha extendido la idea de que asumía el riesgo al no tener garantizado un beneficio, dando por hecho que el resto de agentes que participaban en el proceso innovador, contribuyentes y trabajadores, lo tenían garantizado. Paradójicamente, el protagonista de la innovación y del desarrollo de las industrias más productivas ha sido expulsado por la visión extendida de su falta de acierto a la hora de tomar decisiones y de invertir.

Para ilustrar su visión, Mazzucato dedica la mayor parte de su libro a describir el origen y desarrollo de los actuales sectores más dinámicos: tecnología de la información, industria farmacéutica y energías renovables. Todos ellos tienen en común el papel fundamental que ha jugado el estado en su desarrollo (o en la ausencia del mismo). Mazzucato estudia el caso de Apple, y en concreto, del iPhone y cómo todas las tecnologías que emplea fueron desarrolladas por diversas agencias gubernamentales norteamericanas. No se trata de negar el acierto de Apple para ponerlas en común, agruparlas y vender un producto que ha revolucionado el mundo con su diseño. El libro no trata de negar su acierto como empresa, sino mostrar que este producto no se habría realizado sin los desarrollos tecnológicos nacidos de la iniciativa pública. El sector público es el que apostó, de manera revolucionaria, por iniciativas que generaron las pantallas táctiles o la aplicación siri. Aunque no es únicamente Apple, empresas como Google y su famoso algoritmo se desarrollaron originalmente desde lo público que posibilitó su despegue.

Del mismo modo se analiza la industria farmacéutica en la que el sector público es el único agente que desarrolla principios activos innovadores. Por el contrario, la industria se enfoca en el desarrollo de variantes de los fármacos más populares. La experiencia de esta industria permite a Mazzucato explicar que los procesos tecnológicos no son lineales, y no pueden ser explicados únicamente desde la inversión en I+D. El comportamiento de la industria farmacéutica constituye un claro ejemplo de por qué no es así. Lo que habitualmente se contabiliza como gasto en I+D se corresponde, en su mayor parte, en variaciones comercializables de productos ya existentes y comprende gastos en marketing y comercialización, casi en su totalidad. Los procesos tecnológicos exitosos se generan en redes complejas, entramados en los que aparecen múltiples protagonistas, caracterizados generalmente, por estar liderados por el sector público, especialmente en las fases incipientes que no son nunca emprendidas por la iniciativa privadas. La innovación ocurre como parte de un proceso global, no como un proceso individual o incluso organizativo y precisa la construcción de ecosistemas colaborativos. El tipo de gobernanza empresarial lleva a las empresas a invertir desmesuradamente en desarrollos con retornos rápidos, totalmente incompatibles con el desarrollo lento y pausado de tecnologías rompedoras. Por el contrario, las agencias gubernamentales más osadas son las que desarrollan apuestas verdaderamente innovadoras y son capaces, por ejemplo, de poner en funcionamiento a empresas que no habrían tenido la demanda suficiente para desarrollar sus productos si no la hubiera creado el sector público o de crear mercados inexistentes y que no se habrían generado sin su iniciativa.

El Estado Emprendedor también analiza la revolución de la energía verde, eólica y solar, y las razones por las que ha fracasado en algunos países y ha triunfado en otros, sobre todo en Alemania y China. En esta parte aparece fugazmente alguna mención a nuestro país, como ejemplo de los pobres resultados que han generado la política errática acometida de empezar-detener que no ha sido capaz de consolidar su industria. Esta situación también se ha producido en EEUU, país que retiró subsidios a la industria eólica y recortó el presupuesto de I+D, generando un estancamiento de la industria que emigró a Europa, y en especial a Alemania. Alemania y China han optado por realizar una apuesta decidida, a corto y largo plazo, por el sector de la energía solar y eólica y actualmente son los líderes tecnológicos indiscutibles. En concreto, en el caso de China, su banco de inversiones ha regado financieramente a las empresas del sector lo que ha propiciado una verdadera revolución tecnológica en muy pocos años.

El libro termina con una reflexión sobre la distribución de la renta generada por la innovación y cómo está desequilibrada totalmente a favor de las empresas. La situación está propiciada por el desequilibrio que existe entre riesgo y beneficio en la innovación. El riesgo se ha asumido de manera colectiva mientras que los beneficios se han distribuido de manera mucho menos colectiva. Las características del proceso innovador, en el que prima la verdadera incertidumbre, unos costes hundidos inevitables y una elevada intensidad de capital hacen que el sector privado huya de este tipo de actividad. El sector innovador se ha comportado de manera similar al financiero socializando riesgos y privatizando beneficios. Ello ha permitido a empresas como Apple han sido capaces de acaparar una proporción desmesuradamente grande del valor añadido por la tecnología que están explotando. El sector público no recibe buena parte de los frutos que ha propiciado ni de manera directa ni a través del sistema fiscal, diseñado para el capitalismo industrial e incapaz de gravar a las empresas del nuevo sistema productivo. Por tanto, se produce la paradoja de que el verdadero motor de la innovación sea el sector público, que los países que han hecho una verdadera apuesta por la innovación liderada por sus agencias gubernamentales han sido los motores del desarrollo tecnológico, pero a la vez, el conjunto de ideas que constituye la sabiduría convencional dificultan su actuación hasta el extremo de haberla cesado por completo en ocasiones. El resultado es la falta de sostenibilidad de un sistema de innovación que se basa en el gobierno, pero que no permite que éste reciba un sistema de recompensas adecuado. La reducción de la capacidad del estado para recaudar impuestos y para recibir una parte adecuada de los beneficios que propicia dificulta su capacidad para asumir riesgos adicionales.

La sostenibilidad del sistema de innovación precisa del desarrollo de mecanismos que posibiliten la rentabilización del riesgo asumido por el estado y que las empresas que están beneficiándose desmesuradamente de los desarrollos tecnológicos producidos por el sector público retornen una proporción razonable de los ingresos que están obteniendo. Ello implica un cambio radical de las políticas de innovación que no pueden seguir basándose en desgravaciones fiscales al I+D. Las décadas de inversión gubernamental para crear la base científica que ha propiciado el desarrollo de las TIC no ha generado un crecimiento “equitativo”. Es necesario diseñar formas que permitan distribuir los enormes beneficios que está generando este sector. Diseñar instituciones para que todos los agentes que asumen el riesgo del proceso innovador reciban una parte equilibrada del beneficio generado y revertir un sistema actual que es generador de desigualdad. Un primer paso debería ser incrementar la transparencia de la inversión del gobierno propiciando, por ejemplo, una participación privilegiada en las patentes generadas. Los préstamos o ayudas a la innovación deberían ser devueltos, en algún grado. Mazzucato aboga por emplear un esquema similar al de los préstamos a los estudiantes en el que se devuelve una vez que la empresa haya alcanzado un umbral mínimo de ingresos. El gobierno debería mantener la propiedad de parte de las empresas a las que apoya. Los bancos de inversión no se deberían limitar a financiar las inversiones que el sector privado no financia por su aversión al riesgo sino crear oportunidades para los productores. Por ejemplo, el banco de inversión chino financió con 3000 millones de dólares el mayor proyecto de energía eólica en Argentina, que utiliza turbinas chinas. Por último, se debe asegurar que se innova en cosas que necesitamos. En definitiva, estamos ante una guía imprescindible para diseñar un programa de política económica actual desde un enfoque progresista.

Mazzucato, M. (2014), El Estado Emprendedor, Mitos del sector público frente al privado, RBA, Barcelona.

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“Sí, nos podemos permitir todo lo que seamos capaces de hacer” – sobre la economía del dinero-bancario según Pettifor & Keynes


Anne Pettifor en conversación con J.M. Keynes, collage. Fuente de las imágenes: AP, https://www.annpettifor.com/ autora: Elena Moses; JMK: http://www.almamagazine.com/john-maynard-keynes-el-padre-de-la-criatura-10145

“Sí, nos podemos permitir todo lo que seamos capaces de hacer” – sobre la economía del dinero-bancario según Pettifor & Keynes

No se si sería hacia 2010 o 2012 en un momento en que la crisis pasaba en Esp por su momentos más duros, cuando me preguntaba – sentado en un bar con un colega – cómo era posible, si éramos las mismas personas, con los mismos conocimientos, incluso existiendo las mismas máquinas y equipos que hacía sólo un par de años, y por otra parte, estando allí la gente que tenía obviamente que comer, vivir, etc., cómo era posible que de pronto hubiésemos pasado de la euforia hiperactiva de la burbuja a estar en una situación en la que parecía que nada se podía hacer, en la que no había trabajo para los jóvenes y no tan jóvenes, las empresas cerraban a porrillo, no ya el futuro, sino que el presente parecía haberse clausurado…

Las explicaciones estaban ahí buscando un poco: la gente no podía o no se atrevía a gastar (aquello de la demanda agregada), las empresas habían dejado de invertir… En el caso del urbanismo y la arquitectura, mi gremio, con lo de la creación de la burbuja inmobiliaria artificiosa, – las hipotecas subprime – y su posterior explosión la cosa era más evidente. Pero ¿y lo demás? Aquello no dejaba de sorprenderme, ¿no seguimos teniendo las mismas manos y las mismas cabezas para trabajar?, ¿por qué de pronto ya no podemos seguir produciendo cosas para luego consumirlas como antes? ¿Por qué la economía no continuaba funcionando más o menos “normalmente”, aunque fuera con un 2 o un 5% menos de volumen/intensidad? Cualquiera puede vivir un 5% menos bien y no le pasa nada… me preguntaba…

Para tratar de comprender aquello estudié muchas cosas, y aprendí mucho – Marx, Harvey, Krugman, Galbraith, Varoufakis, Arrighi, Navarro, Torres, Sassen, Veblen, Lapavitsas… Felber, Bollier, Laval & Dardot, Graber… así como unas cuantas historias de la Economía… Aunque la llamada dismal science – la ciencia lúgubre o deprimente, la economía –, la heterodoxa incluso, lo del aparente poder omnímodo del capitalismo y su vocación de ocupar todos los ámbitos de la vida, no es algo que le haga a uno sentir demasiado bien (a menos, supongo, que tengas vocación de broker, empresario-de-uno-mismo o emprendedor-tiburón ultracompetitivo… – ¡que hay gente para todo!)

Y una década después de pronto me encuentro con Ann Pettifor, que enuncia, citando a Keynes, algo muy parecido a la pregunta aquella que yo me hacía: “Sí, nos podemos permitir, todo aquello que seamos capaces de hacer”. Y además, la argumentación de lo enunciado me parece del mayor interés. Y se centra en algo que diversos autores y personajes – Juan Torres, Christian Felber, Moreno Yagüe… – me habían invitado a sospechar desde hace tiempo: tiene que ver con el dinero como tecnología… Aquello de la tecnopolítica… Paso a tratar de explicarlo. Sigue leyendo “Sí, nos podemos permitir todo lo que seamos capaces de hacer” – sobre la economía del dinero-bancario según Pettifor & Keynes

Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones


Iván Illich con Paule Freire en Perú, década de 1972. Fuente: http://backpalm.blogspot.com/

Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones

Publicado en LABlog 26/10/2015

José Pérez de Lama

Este medio tocayo de Lenin y casi homónimo del personaje de Tolstói es una singular figura de la segunda mitad del siglo 20 cuyas reflexiones reaparecen una y otra vez en conversaciones y textos más o menos alternativos sobre tecnologías, urbanismo y críticas a la idea de desarrollo. Según cuentan sus biógrafos, nació en 1926 en Viena, aunque su familia, de origen judío, vivía en una isla de Dalmacia (posteriormente Yugoslavia, y actualmente Croacia), adonde fue trasladado el mismo año de su nacimiento. Los avatares de la guerra europea lo llevaron a estudiar primero ciencias y después teología en Italia, y a continuación a ordenarse como sacerdote católico. Tras hacerse defensor de la feligresía portorriqueña de Nueva York y dirigir una institución en Puerto Rico, se convirtió en un severo disidente de las políticas estadounidenses en Latinoamérica, dejó la Iglesia, y estableció un centro de estudios críticos de la teoría y las políticas del desarrollo en Cuernavaca, México (CIDOC). Consecuente con su propia crítica de las instituciones, disolvió este centro a los diez años de su creación (1976), repartiendo sus recursos entre grupos y entidades locales.

El pasado verano, en un doble movimiento serendípico, tras coincidir en un almuerzo con Ada Colau y su equipo en un pequeño restaurante cerca de la plaza de San Jaume en Barcelona, me encontré en una librería con una reedición del libro de Illich, La convivencialidad, – sobre el que ahora haré unos comentarios.

El propio Illich define el libro como un manifiesto o panfleto, haciendo apología del género (Hornedo, 2014: 18). El texto es algo desordenado y quizás reiterativo, y hoy, unos 40 años después de que fuera publicado, se lee como si estuviera escrito desde un lugar extraño – comparando la alquimia con la educación, preguntándose por la utilidad social de la medicina institucionalizada, cuestionando los automóviles y la movilidad, reflexionando sobre los tiempos en los que la energía disponible para los humanos era principalmente la generada por su propio cuerpo… Aún así, o precisamente por eso, los asuntos que plantea son tremendamente actuales. Los definiría como tecnopolítica, esa palabra tan de moda, que interpreto, no como el uso de twitter, facebook, google y herramientas varias para el activismo, como se tiende a hacer últimamente, sino en un sentido más general, como es el de las políticas tecnológicas y las implicaciones políticas de las tecnologías y de su implementación.
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Internet…en todas las cosas

Fuente: Francisco Farias Jr / Jesucristo del Nuevo Milenio / PublicDomainPictures.net / CC0 Public Domain


David Patiño

 

En 2007 Ray Algar acuñó el término consumo colaborativo[1] creando una etiqueta y un mantra que se emplea en los discursos de cualquier político que se precie y que quiera aportar una nota de modernidad a su discurso. Igualmente se escriben multitud de informes y descripciones que diseccionan el fenómeno y lo abordan desde el punto de vista laboral, fiscal o medioambiental y desde luego desde el punto de vista tecnológico. Nuevas palabras y expresiones se han agregado a nuestro vocabulario cotidiano como tuitear, guglear o prosumidor para etiquetar multitud de fenómenos relacionados con internet o las nuevas tecnologías, expresión que sigue siendo empleada  con generalidad, a pesar de las décadas transcurridas desde la invención de  internet o los ordenadores personales. Este post pretende reflexionar sobre el significado del fenómeno tratando de describir sus principales implicaciones.

Lo primero que se debe destacar es que es un fenómeno ligado al desarrollo de las tecnologías de la información y sobre todo a internet. Estas innovaciones tecnológicas han producido al menos dos novedades: comunicaciones globales en tiempo real, entendiendo globales desde el punto de vista geográfico pero también desde una perspectiva social, y un abaratamiento en dinero pero también en tiempo, del procesado de cantidades de datos que tienden al infinito, lo cual ha propiciado un acceso generalizado al mismo. A esto podemos añadir aspectos concretos relacionados con los anteriores como la geolocalización, la impresión 3D, el internet de las cosas,…. El resultado ha sido un cambio profundo en la sociedad y en la economía  transformándola en la tan cacareada sociedad de la información. Es decir, el elemento clave de nuestro tiempo es una sociedad que únicamente crea e intercambia información a la que únicamente es necesario  añadir una proporción de materia prima para conseguir cualquier cosa. La producción y la transmisión de información lo es todo en nuestro mundo. Pero a la vez está mediatizada por las características peculiares de la información como mercancía intercambiada en mercados en los que existen los denominados “fallos del mercado”.

En esta nueva sociedad destaca el papel que tiene la confianza. La confianza siempre ha hecho que vayamos a comprar a un puesto de verduras en lugar de a otros y se lograba tras un tiempo de actividad productiva, posibilitando el éxito empresarial. En la sociedad de la información el acceso a la confianza es global y es posible acceder a la valoración de muchas más personas. Se ha abierto la puerta a poner en valor elementos que antes casi no eran comercializables. Esto es una realidad en sectores como la vivienda para alquilar, el transporte, las chapuzas, … Pero como Rachel Bootsman indica[2] ya existen foros digitales de profesionales especializados en los que la confianza reportada en internet tiene más valor que los diplomas de instituciones universitarias de élite.

Internet también está poniendo las bases para la creación de una sociedad de servicios que sustituya a nuestra actual sociedad de posesiones, al provocar una relación diferente con los bienes. Si somos propietarios podemos incrementar el uso de nuestros bienes permitiendo que los usen terceras personas durante el tiempo que tradicionalmente los dejábamos ociosos. También lo vendemos de manera general, cuando ya no nos hace falta a través de wallapop. Pero en realidad, alquilar el uso de un bien colectivo en lugar de adquirir su propiedad no es algo que no se hiciera ya. Básicamente es la situación que se produce cuando nos apuntamos a un gimnasio en lugar de comprar máquinas de hacer abdominales. Está por ver si la próxima generación dejará de comprar bienes duraderos, como los coches, de manera similar a como ya se hace en muchas grandes ciudades. Sundararajan apunta a que la novedad está en la extensión de la confianza a otros ámbitos en los que tradicionalmente no se hacía.

El consumo colaborativo abunda en las ciudades porque la gente quiere compartir estos usos[3]. Internet ha posibilitado extender el consumo comunitario a otros bienes. Las antenas de televisión se compartían tradicionalmente, pero se puede extender a generadores de energía eléctrica y a modernas copisterías que permitan el uso de impresoras 3D para hacerse muebles con materiales locales y baratos, principalmente desechos, a través de una serie de diseños colaborativos como hacen ya los fablabs[4]… Rifkin (2016) predice la muerte del capitalismo por su éxito. Según el autor, la base del capitalismo era la explotación de la eficiencia productiva. La actual sociedad ha podido alcanzar la perfecta eficiencia productiva perfecta y en esa situación es imposible conseguir mejoras tecnológicas que permitan reducir costes que es, según el autor, la base del capitalismo. Llegados a este punto se alcanza una situación de coste marginal nulo incompatible con la subsistencia de este sistema económico.

Esto ha propiciado importantes cambios en el resto de sectores que han afectado a las cosas que se hacen y la forma cómo se hacen. Por un lado, el término economía colaborativa se emplea de modo creciente para etiquetar lo que, en otros ámbitos se denomina economía de plataforma. Engloba transacciones, principalmente entre particulares, que se realizan a través de una plataforma digital que pone en contacto a oferentes y demandantes. Este tipo de intercambios ha existido siempre, pero el cambio en el ámbito en el que opera el intermediario ha cambiado de modo radical. La generalización del acceso a internet ha posibilitado que ofertas de particulares lleguen a potenciales interesados de cualquier parte del mundo. La desaparición del límite geográfico ha ampliado al infinito la demanda potencial que ahora sólo está limitada por el alcance de la plataforma.

No obstante, muchas de estas plataformas etiquetan su actuación de intermediación para esconder su verdadera naturaleza de prestadoras de servicios y así eludir la normativa. Tampoco en este caso nos encontramos con algo novedoso que no hayan hecho, por ejemplo, algunas empresas a través de subcontratas para eludir las condiciones establecidas por convenios colectivos o la administración externalizando servicios,  para hacer lo propio con las regulaciones administrativas. Cabify, Uber o Deliveroo representan ejemplos de este tipo de actuaciones y tendrán que ser los juzgados los que establezcan la frontera.

Otro aspecto que se ha destacado de la economía colaborativa ha sido su carácter de altruista y su capacidad para construir  las bases para una nueva forma de organizar la sociedad y la economía. De este modo, se han generalizado plataformas en las que la contraparte del intercambio no se produce en dinero, sino que adopta la forma de amistad o de intercambio cultural. Plataformas como CouchSurfing o las que organizan trueques o donaciones representan buenos ejemplos. Este tipo de plataformas constituyen una forma de voluntariado, similar, por ejemplo, a los tradicionales intercambios para aprender idiomas, pero introduciendo de nuevo, la novedad de la dimensión potencial que permite lograr internet. Si bien, en el ejemplo concreto de CouchSurfing, la dimensión que adquirió les llevó a abandonar la gratuidad, o por lo menos a intentarlo porque el malestar de sus usuarios no se lo está poniendo fácil.

En general, internet ha modificado toda actividad basada en la intermediación al posibilitar un contacto directo entre personas a gran escala. Este contacto directo ha permitido, en muchos casos, eliminar la necesidad de que exista intermediación de ningún tipo. Pero ha introducido también un aspecto novedoso, en el sentido de que ha permitido que ahora todo pueda ser entendido como una relación entre partes que precisa intermediación. Negocios como las agencias de viajes, los bancos de inversión, discográficas o editoriales entran dentro de la primera categoría. El periodismo es el mejor ejemplo para entender la situación llegando a la situación en la que los medios han sido sustituidos por twitter para seguir un acontecimiento en tiempo real a través de la información creada colaborativamente.

El big data es otro de los fenómenos que está modificando radicalmente nuestra sociedad y que también se basa en el desarrollo de las tecnologías de la información, pues constituye la base del resto de fenómenos comentados que descansan en la creación y procesado de unos cuantos miles de millones de datos. Sin embargo, el bigdata tampoco es totalmente nuevo pues las compañías de seguros ya comercializaban los datos de sus clientes en el siglo XIX. Las innovaciones en el procesado de datos han extendido el uso de enormes bases de datos que ahora son accesibles a casi cualquier institución, e incluso a particulares, que además disponen de equipos y software capaz de gestionarlos. No obstante, la posibilidad potencial está limitada en la práctica al acceso a dichos datos. Frente a eso, las corporaciones GAFA[5] acceden a miles de millones de datos de sus usuarios y creando bases inmensas que constituyen su principal activo. El negocio consiste en obtener y explotar datos de nuestro comportamiento que se consiguen a través de diversas y novedosas vías. Estas grandes corporaciones se han aprovechado de economías de red casi ilimitadas y ahora lo dominan todo al proporcionar el marco en el que se produce buena parte de la comunicación actual. El resultado ha sido la elaboración de bases de muy difícil valoración, entre otras cosas por la falta de transparencia que envuelve la actividad de estas enormes corporaciones. El modelo de negocio genera inquietud dada la ausencia de regulación que no clarifica aspectos básicos como la jurisdicción responsable para realizar reclamaciones, la obligación de tributar, las posibilidades de mercadear con nuestros datos, los peligros para la privacidad o la apropiación de ese valor por parte de estas corporaciones. Actualmente se debate sobre los derechos de propiedad de estos datos e incluso Telefónica considerado que los GAFA se están apropiando de valor creado por otros actores y que el propietario de la infraestructura que posibilita el intercambio de información también debería tener participación, lo que recuerda a la necesidad de que tanto transportistas como usuarios de carreteras paguen impuestos para construirlas. La total deslocalización de un producto de masa totalmente inmaterial constituye un fenómeno completamente nuevo y una necesidad imperiosa de calificarlo jurídicamente como paso previo a ser regulado poniendo límites a algunos de los aspectos considerados. Además, el modelo de negocio adquiere una complejidad creciente. Podemos emplear la industria de extracción de petróleo como paralelismo para entenderlo. El petróleo era muy fácil de extraer a principio del siglo XX en Texas. La intensificación de la extracción ha llevado a que actualmente es necesario hacer prospecciones y excavaciones enormes. Del mismo modo, al principio era relativamente fácil adquirir datos de nuestro comportamiento, poco a poco las GAFA fueron acaparando la mayoría de los mismos y se creó la necesidad de buscar otras vías. Se crearon aplicaciones que nos engancharan al móvil el máximo tiempo posible como los Candy crash, las redes sociales,… En la actualidad, Amazon se plantea obtener datos de nuestra vida offline para lo que ha adquirido una cadena de supermercados con la pretensión de obtener nuestros hábitos de compra de todo tipo o los datos que envían sus drones de envío de paquetes[6]. De igual forma, el internet de las cosas que ya es una vía intensiva para generar multitud de datos. El debate está servido porque el poder de estas compañías les está permitiendo modificar los derechos de propiedad para apropiarse de esta información a costa de nuestra privacidad como muestra la polémica de la aspiradora robótica que mapea y vende los datos de la casa de los usuarios.

Internet también ha modificado el papel de los intermediarios es en el ámbito político y social. Ha facilitado la acción política directa y el debate, pero no ha eliminado la democracia representativa que no parece estar debilitada. No obstante, se ha reducido el coste de que los grupos latentes se transformen en grupos políticos activos, en términos de Olson, propiciando la aparición de movimientos de protesta e incluso revoluciones como la primavera árabe o el 15M. Si bien, se han producido dinámicas que no eran predecibles. Por un lado, buena parte de esa fuerte actividad pública y de protesta se ha desarrollado en un ámbito controlado por un actor privado, principalmente twitter, que puede suspender la actividad de sus usuarios o ser fácilmente controlado por la actividad gubernamental secuestrando o controlando, de manera férrea, los contenidos a los que se puede acceder, como hace China.

El proceso también ha propiciado que la política se vuelque, en modo creciente, hacia las redes sociales y está transformando a los medios tradicionales, prensa escrita y sobre todo televisión, en vías de información de sectores de población que no han sido capaces de acceder al mundo tecnológico. Además, se plantean dudas sobre los efectos que está teniendo el cambio en las relaciones sociales, la información y la política. Parece que los algoritmos en los que se basan los buscadores o youtube podrían primar el radicalismo y dirigir a páginas y blogs radicales cualquier tema en solo dos o tres clicks[7]. También tuvo mucha repercusión la rápida evolución de la inteligencia artificial de Microsoft que se volvió nazi y racista en un día[8], a partir de la simulación de los comportamientos humanos aprendidos en la red, o el papel que las RRSS tuvieron en la victoria de Trump, la amplia difusión de información mentirosa, etc.

La mayor innovación del desarrollo de la tecnología de la información es su incremento. Esa ingente creación de información puede ser un bien comunal que por otro lado, no es un bien público porque no es costoso producirla, dado que el proceso de crearla genera utilidad que puede servir de remuneración e incentivo. Es decir, el proceso genera un bien común con pocos costes de acceso y tendencia a que sean nulos. Wikipedia constituye un buen ejemplo de lo que queremos indicar. La satisfacción de aportar representa incentivo y remuneración suficiente. Linux también representa otro ejemplo. En ambos el coste de acceder a la información se limita a poseer los conocimientos suficientes que permitan usar tales recursos, pero incluso éstos, es posible que se reduzcan en el tiempo, a partir de aportaciones colaborativas que los hagan más accesibles y fáciles. Pero también es la información relevante para el buen funcionamiento de los mercados. En la sociedad de la información se dificulta que un restaurante estafe porque hay mucha más información que es aportada de modo voluntario por la gente, que se remunera por la satisfacción de reportar una crítica. De nuevo el límite (y la alarma) las aporta el marco en el que se hagan estas valoraciones que cuando se realizan en TripAdvisor se encuentran dentro un marco controlado por una empresa privada y, hasta ahora, casi sin regulación.

La última relación que quiero destacar son los efectos que la sociedad de la información pueda tener en el funcionamiento de los mercados. Los sectores más liberales creen que internet puede abrir las puertas a la autorregulación de los mercados pero la evolución de los mercados financieros no lleva a compartir este optimismo, pese a que había muchísima información. Es verdad que en estos mercados se intercambiaban productos muy difíciles de entender, pero es cierto también que por muy complicado que fuera el producto, el mercado podría haber generado información más que suficiente y no lo hizo. De hecho, existe literatura que explica por qué no lo ha hecho[9]. Troncoso indica que en realidad, la información no sólo ha generado consumidores más informados sino que ha propiciado que lo sea también la oferta. El uso del bigdata permite que las empresas tiendan a discriminar de manera perfecta los precios, al conocer características personales de los demandantes que les posibilitan dividir el mercado hasta niveles que antes era únicamente posible desde un punto de vista teórico. Sin embargo, puede ser que se esté generalizando una competencia monopolística extrema caracterizada por unos productos adaptados a las preferencias individuales de los demandantes y en la que la variedad de precios recogería estos monopolios individuales. Por último también se ha apuntado la posibilidad de que las empresas empleen algoritmos que les permitan colusionar de manera automática[10]. La UE alarmó sobre la posibilidad de que los algoritmos permitan vincular automáticamente los precios de las empresas a los de los competidores. El resultado serían situaciones en las que los mercados se comportan como monopolios, incluso en los que existiera un número destacado de oferentes.

 

Notas

[1] http://www.oxygen-consulting.co.uk/insights/collaborative-consumption/

[2]https://www.ted.com/talks/rachel_botsman_the_currency_of_the_new_economy_is_trust?language=es

[3] http://www.observatorio-empresas.vodafone.es/articulos/la-economia-colaborativa-tambien-es-util-para-la-administracion-publica/

[4] Imposible no acordarse del fantástico Fablab de la Universidad de Sevilla cuyo director es José Pérez de Lama (http://fablabsevilla.us.es/).

[5] Acrónimo de Google, Apple, Facebook y Amazon.

[6] http://www.eldiario.es/theguardian/Silicon-Valley-informacion-petroleo-llegar_0_679632156.html

[7] http://www.eldiario.es/theguardian/James-Damore-Google-radicalizacion-YouTube_0_675782932.html

[8] http://www.lavanguardia.com/tecnologia/internet/20160325/40672722377/inteligencia-artificial-microsoft-nazi.html

[9] http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=377134

[10] https://www.wsj.com/articles/eus-antitrust-chief-sounds-alarm-over-risk-of-automated-online-price-collusion-1489662298

Referencias

Rifkin, Jeremy (2016), La sociedad de coste marginal cero, Paidós, Barcelona. (Obra original publicada en 2014).

Segunda tertulia arquiContable: Con Juan Torres López: Economía para que no te engañen los economistas

Audios de la tertulia 29/03/2017 (grabación). Las intervenciones comienzan en 00.01.02:

[.ogg / Firefox, Chrome, Android]

[.mp3 / Mac]

Si no puedes recibir el audio es posible que tu navegador no esté soportado, usa una versión reciente de Firefox, Chrome, Explorer o Safari.

El hilo en Tuiter puede verse en el hashtag #IItac (con dos “Í”-es mayúsculas).

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Convocatoria:

El próximo miércoles 29 de marzo de 2017 tendremos, por fin, segunda edición de la “tertulia arquitectura contable”, en la que contaremos con la presencia de Juan Torres López.

La tertulia se centrará en los debates planteados por el nuevo libro de Juan Torres, que presentará una introducción, para dar paso a un diálogo con los/as presentes, y también, si todo sale bien, con los/as que quieren intervenir vía Tuiter. La tertulia será transmitida por streaming (audio).

Fecha: 29 de marzo de 2017
Hora: 19 a 21 horas
Lugar: Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Sevilla. Avda Ramón y Cajal, 1. 41018 Sevilla

Moderación: Teresa Duarte, David Patiño, José Pérez de Lama (#arquicontable)

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El streaming y la grabación se realizaron con tecnologías libres y servidores “autónomos”, con la producción de wwb sociedad coop. andaluza, y la ayuda del personal técnico de la FCEyE, a quienes agradecemos su amabilidad.

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Los árboles y el bosque y el horizonte: algunas notas sobre trabajo, buen vivir y capitalismo

Discutimos apasionadamente sobre pactos, partidos, políticos y a veces incluso programas con hipotéticas medidas legislativas y de gobierno… Pero me da la sensación de que a veces perdemos de vista cuales son las razones de fondo para este tratar de reorganizar la vida en común y el mundo… Siguen unas breves reflexiones sobre cuales podrían ser algunos de estas razones que, tal vez, no deberíamos dejar de perder de vista como referencia para orientar estos conflictos y debates… Y de camino establecer las pautas de la investigación y la innovación tecno-científica, social y política…

Google-Crabot
¿Un futuro robótico, pero para qué? Hmm… Imagen: En 2015 se publicó que el nuevo campus de Google, un proyecto en proceso de los estudios de Bjarke Ingels y Thomas Heatherwick, se construirá con la ayuda de sistemas robóticos – crabots los llaman – que facilitarán la construcción,  favoreciendo la precisión y la calidad de la puesta en obra… Fuente de la imagen: http://www.equipmentworld.com/a-team-of-robotic-cranes-or-crabots-will-help-google-build-its-new-hq/

José Pérez de Lama / 03/07.2016

The best we can do is to aim for “good-enough” worlds, where “good-enough” is always imperfect and under revision.

Anna Tsing, 2015. The Mushroom at the End of the World. On the Possibility of Life in Capitalist Ruins

Quizás se echan de menos reflexiones más sencillas sobre lo que necesitaría el mundo y lo que necesitaríamos sus habitantes y por qué no está bien lo que hay ahora. Algo así como el “pan-techo-trabajo” de las Marchas de la dignidad, o las 11 reivindicaciones del levantamiento zapatista de 1994 [0]… La gente escribe larguísimos y complejos libros sobre lo que pasa y qué habría que hacer. Parecería que hay que ser un tremendo intelectual simplemente para saber qué podríamos desear… Y por otra parte las discusiones y luchas apasionadas se centran en torno a soluciones muy precocinadas – comunismo, socialdemocracia, libre mercado… – o incluso en cosas mucho más concretas como la ley tal o la medida económica cual, olvidándonos de lo que serían quizás los objetivos en el fondo de todas estos debates.

Piensa uno a veces que igual la cosa tendría que ser mucho más sencilla. O por lo menos, que de vez en cuando habría que pararse un poco a mirar con detenimiento aquello por lo que luchamos o debatimos con tanta apasionada intensidad.

Si tomamos como referencia el capitalismo en su forma actual como sistema que organiza el mundo, los problemas principales podrían ser bastante sencillos de identificar. Se me ocurre enunciarlos así: por un lado a nivel de la vida personal y social, tendríamos (0) que existe la necesidad de producir las cosas que nos hacen falta para vivir bien, producción en torno a la cual se organiza gran parte de la sociedad y (1) cómo se organiza el acceso a estas “cosas” que necesitamos, acceso que para la mayoría se produce a través del dinero obtenido como retribución del trabajo, __ el cual ocupa una gran parte de nuestras vidas, esfuerzo y preocupación. En otro nivel tal vez más general estaría (2) la cuestión del consumo de los recursos limitados del planeta, que nos lleva a deteriorar el propio entorno en el que vivimos, con la posibilidad de que acabemos más pronto que tarde por hacerlo inhabitable – para los humanos y para el resto de seres vivos con quienes compartimos la Tierra… Esta cuestión está ligada a la necesidad de crecimiento permanente del sistema socio-económico con que se viene resolviendo la producción de bienes desde hace aproximadamente 200-300 años, el sistema económico capitalista-industrial. [1]

El nudo del trabajo asalariado
Durante el siglo 20, pensadores tan poco sospechosos de radicalismo como Keynes o Galbraith – dos de los economistas implicados en los gobiernos más poderosos del mundo, – el primero en el Reino Unido entre 1915 y 1945, y el segundo en Estados Unidos entre 1940 y 1970 -, imaginaron un mundo en el que producción y trabajo llegarían a transformarse profundamente, para hacer la vida de la mayoría del planeta mucho más llevadera, incluso para que desde el punto de vista material tod*s tuviéramos asegurada una buena vida. Especialmente Galbraith, en The Affluent Society, reconocía que las sociedades avanzadas producían ya mucho más de lo que realmente se necesitaba para vivir bien – y que buena parte de las cosas que se seguían produciendo lo eran, ya no por necesidad, sino para mantener un sistema económico que no funciona sino mediante el continuo crecimiento.

Keynes y Galbraith pensaban que todo lo necesario para el buen vivir de toda la población se podría producir con la ayuda de las tecnologías, – la automatización, etc. – con mucho menos trabajo humano, y que en consecuencia cabía imaginar un mundo en el que todos tuviéramos, por un lado, acceso mucho más fácil a lo que necesitamos para un buen vivir, y por otro, que lo tendríamos trabajando mucho menos – 15 horas a la semana, especulaba Keynes -, y que así dispondríamos de mucho más tiempo para dedicar a actividades más libres que las del trabajado asalariado, relacionadas con la vida social, la experimentación, los cuidados, la cultura o las artes. Keynes se atrevía a sugerir, incluso, que en ese mundo futuro que imaginaba, la gente demasiado preocupada por ganar dinero o hacer negocios sería considerada con un cierto desdén.

Teóricamente, como vienen señalando muchos otros autores, – a mí como ya sabéis me gusta recordar a Félix Guattari –, esto ya debería ser posible hoy. Y en realidad hay una cierta parte de la población que vive así desde siempre: parte de las aristocracias, celebrities, rentistas, artistas, incluso cabría decir que los profesores universitarios que no se dejan llevar por el espejismo productivista… Aquí cabe señalar que frente a la idea de no trabajar, que a muchos plantea la duda de qué es lo que haría la gente, mi perspectiva es más bien la de William Morris: se trataría de recuperar un trabajo vivo autónomo, no esclavizante, no alienante, etc. a través del cual la gente pueda dar también un cierto sentido a su existencia.

Para mí, esto debería ser uno de los objetivos prioritarios de la investigación y la innovación, y no el desarrollo de nuevos productos que en realidad no se necesitan, de fármacos para hacer tolerable una vida que no nos hace felices o de nuevas armas para matar mejor, por citar tres ejemplos sin demasiada reflexión. Una investigación que tendrá que ver, entonces, tanto con cuestiones científico-técnicas – automatización, optimización de procesos, logística… – como seguramente con mayor importancia con cuestiones de organización social, innovación institucional, cooperación, comunicación, convivencialidad de los sistemas…

La cuestión ecológica
Sobre la tercera cuestión que señalaba, y que aún no he tratado, la de los recursos y la preservación de la vida en el planeta, se han hecho extraordinarios avances respecto de los tiempos de Keynes y Galbraith. Diría con bastante certidumbre que ya están planteadas las soluciones tecnológicas para que las actividades humanas sobre el planeta pudieran resolverse de manera que en lugar de seguir consumiendo recursos limitados y continuar con la degradación del planeta, nuestras actividades pudieran ser beneficiosas para el mundo. A este respecto, la imagen de McDonough y Braungart me parece muy ilustrativa: casas como árboles y ciudades como bosques. Para esto es necesario rediseñar la mayoría de materiales y procesos industriales, sustituir los combustibles fósiles por energías renovables, etc. Todo esto, que está en muchos aspectos en avanzado proceso de desarrollo, debería ser el otro gran objetivo de las sociedades, de nuevo, con un papel fundamental en la investigación y la innovación. [2]

Participar en la transformación del mundo en este sentido sería desde luego algo mucho más emocionante, que discutir si Pablo Iglesias debe o no ser el líder del partido de izquierdas, o si es el partido de los de abajo y no de la izquierda, o si el Partido Socialista Obrero Español es efectivamente socialista, obrero o incluso de izquierdas. Los obstáculos son grandes, y no hace falta siquiera comentarlos, pero estimo que no está mal tener estas ideas o deseos en nuestro horizonte…

#notas

[0] En el documento que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN, publicó acompañando el levantamiento de 1994, la llamada Primera Declaración de la Selva Lacandona, los zapatistas enunciaban sus “sencillas” reivindicaciones: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz. Puede verse aquí: http://www.nodo50.org/pchiapas/chiapas/documentos/selva.htm#marca1

[1] Una vez que producimos, como conjunto de los humanos, lo suficiente para vivir bien, la necesidad del crecimiento es en realidad mucho más arcana de lo que parece. Está inscrita en “las instrucciones de funcionamiento” de la máquina capitalista-financiera, pero muy bien podría no estarlo. Me aventuro a decir que se parece más al papel de Dios en la Edad Media que a una necesidad “real”. El debate planteado entre otros por los decrecentistas – Serge Latouche y compañía – va en esta línea.

[2] Cabe señalar que en el modelo optimista de McDonough y Braungart, que ahora viene caracterizándose como economía circular, la abundancia o superproducción ya no sería un problema, ya que las materias primas y auxiliares serían permanentemente reutilizadas o recicladas. Su modelo es el de la propia naturaleza…

#referencias

John K. Galbraith, 1999 (edición original de 1958), The Affluent Society, Penguin, Londres

Félix Guattari, 2000 (edición original en francés 1989), Las tres ecologías, Pre-Textos, Valencia

John Maynard Keynes, 1930, Economic Possibilities for our Grandchildren, en: J.M. Keynes, 1963, Essays in Persuasion, New York: W.W.Norton & Co., pp. 358-373; disponible online en: http://www.econ.yale.edu/smith/econ116a/keynes1.pdf

William McDonough, Michael Braungart, 2013, Upcycle. Beyond Sustainability – Designing for Abundance, North Point Press, Nueva York

Anna Tsing, 2015, The Mushroom at the End of the World. On the Possibility of Life in Capitalist Ruins, Princeton University Press, Princeton

Otros:
Nancy Caldwell Sorel, 1996, When JK Galbraith met JM Keynes, en: http://www.independent.co.uk/arts-entertainment/when-jk-galbraith-met-jm-keynes-1341178.html | accedido 03.07.2016

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OSCE-Day(s) 2016 Sevilla / 10 junio 2016 / programa preliminar

OSCEdaySevillaLogo

Documento de trabajo / actualizado 09/06/2016

El próximo viernes 10 de junio de 2016, de 10:00 a 14:00 h, celebraremos una jornada para incorporarnos al evento internacional OSCE-Days, Open Source Circular Economy Days [https://oscedays.org/ | https://oscedays.org/seville-2016/].

El evento tendrá lugar en espacio-RES (Avenida de la República Argentina 25, 9ª planta, Sevilla).

El programa preliminar es el siguiente:

9:30 a 10:00 / Recepción de asistentes

10:00 a 11:00 / Presentación y píldoras introductorias

  • Bienvenida: Carlos Lora, Lilian Weikert o Pablo García espacio-RES (por confirmar)
  • Guadalupe García, red OSCE / OSCE Days la red europea
  • David Pino, Director Innovación y Economía Social Ayto de Sevilla / Sevilla Circular en el marco de la economía social
  • María Pérez, UPO, patrona Fundación Economía Circular España / Economía circular
  • José Pérez de Lama, US, Fab Lab Sevilla / Tecnologías libres y open source
  • Ecove, Luis Morales (red de empresas e iniciativas verdes)

11:00 a 12:15 / Desayuno circular / networking

En esta sesión se presentarán brevemente los equipos de una docena de proyectos relacionados con la economía circular, que estarán presentes durante un desayuno informal (ecológico, km0) para explicar sus proyectos a los interesados y hacer conexiones entre sí. Participantes definitivos por confirmar en los próximos días. Entre otros están confirmando:

  • Som Energía (coopeartiva de energías renovables)
  • Guifi.net  Sevilla (redes libres de comunicación)
  • Coop57 (finanzas alternativas)
  • Daniel Melendro, La Medina Coop
  • p-minfab, Miguel A. López Navarro / Fab Lab Sevilla (plataforma impresoras 3D educativa)
  • OSPSD, Nacho Domínguez-Adame / radarq / Fab Lab Sevilla (plataforma diseño mobiliario urbano open source)
  • Homeless Nap Box, Antonio Figueroa, JM Viloca, JoseM Hernández; Antonio García y Javier Terrados, profs. (vivienda mínima portátil de fabricación digital)
  • El milagro de los peces, colectivo Verdes del Sur (acuaponía en Polígono Sur, Sevilla)
  • Impact 3D, José Manuel Debén (reciclaje de plástico para impresión 3D)
  • Proyecto Aura / Solar Decathlon, US (vivienda social sostenible / por confirmar)
  • María José Molina, Andaraje e Hipotenusa, UPO (sostenibilidad y makers)
  • Michelle Levorino, Resilient Design, Granada
  • Eco-Crowd Innovation, Beatriz Real (innovación para la sostenibilidad)
  • Ciclogreen, Gregorio M. Toral (movilidad sostenible)
  • Rodrigo Carrasco  (huertos urbanos y Arduino)

12:15 a 13:00 / Mesas de trabajo sobre retos OSCE en Sevilla

En esta sesión los asistentes trabajaremos en tres mesas centradas cada una de ellas en un reto relacionado con la economía circular. El plan es que los asistentes roten sucesivamente por las tres mesas (15 min). Cada una de ellas contará con un moderador que posibilite la continuidad y facilite la redacción de unas breves conclusiones. En paralelo se desarrollará un proceso de mapeo de los diferentes proyectos e iniciativas de economía circular en Sevilla. Los retos serán los siguientes:

  • Sevilla ciudad circular (moderación Lilian Weikert / La Plasita / espacio-RES)
  • Fab Labs verdes y circulares (moderación J. Pérez de Lama / Fab Lab – ETSA, Universidad Sevilla)
  • Modelos de negocio economía circular, verde y open source (moderación Luis Morales, Ecove.org)
  • Mapeo de iniciativas (reto transversal / facilitado por Pablo García @enreda)

13:00 a 13:25 / Plenario puesta en común

Moderación de la sesión a cargo de Rosario Gómez-Álvarez (FCEyE-US, Red de Economía del Bien Común)

  • Presentación de resultados mesas.
  • Síntesis de ideas, red, iniciativas, proyectos, recomendaciones sobre políticas públicas nodo OSCE Sevilla 2016/17.

13:30 a 14:00 / Clausura de la jornada

  • Clausura oficial del acto por parte de Carmen Castreño Lucas, Primera Teniente Alcalde, Economía, Comercio y Relaciones Institucionales, del Ayuntamiento de Sevilla y  Esperanza Caro Gómez, Directora General de Economía y Comercio del Ayuntamiento de Sevilla.
  • Foto de grupo

 

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2016_ciclos

Boceto de un nuevo diagrama en que se trata de mostrar un conjunto de ciclos más o menos acoplados a los dos ciclos de producción material (biológico y técnico) habitualmente descritos por la economía circular: dinero/capital, trabajo/vida, conocimiento/data…