Algunas notas sobre pragmatismo filosófico: cajas de herramientas, conocimiento situado, conversación democrática

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Imagen: John Dewey saludando a Leon Trotsky con motivo de los trabajos de la Comisión Dewey – aka “Comisión de investigación de los cargos hechos contra León Trotsky en los Juicios de Moscú” -, hacia 1936. Fuente: http://www.ips.org.ar/?p=2714

Algunas notas sobre pragmatismo filosófico: cajas de herramientas, conocimiento situado, conversación democrática

Por José Pérez de Lama

Estos últimos meses leí unos cuantos textos introductorios al llamado pragmatismo filosófico – una corriente de pensamiento característica de finales del siglo XIX y principios del XX, particularmente en los Estados Unidos de América. El interés por este asunto me vino de forma indirecta, a través de una primera aproximación al trabajo como educador de John Dewey (1859-1952) [Larrauri, 2012], quizás el exponente más destacado de esta “escuela filosófica” – junto con William James (1842-1910), Charles Peirce (1839-1914) y alguno más. Dewey es una referencia frecuentemente citada para el modelo de aprendizaje de los fab labs: el aprender haciendo, o más precisamente, el hacer y reflexionar sobre lo que se hace en ciclos recursivos como método de aprendizaje. También subraya Dewey que lo que hace posible el aprendizaje no es tanto el currículum como el ambiente, el entorno. Finalmente, quizás, en esta breve colección de pistas: que la escuela, o el espacio de aprendizaje, no debería ser una preparación para la vida, sino que tendría que formularse como la vida misma, tal vez en modo laboratorio – una cuestión que me resuena a tantos años de dar clase con mi amigo Antonio Sáseta. Como tengo poca memoria, escribo estas notas algo superficiales antes de que se me pase la primera impresión, que siempre me resulta de interés. [0]

Según la hipótesis de Louis Menand [2002], el pragmatismo surge como reacción a la Guerra Civil norteamericana (1861-65), con la intención de superar los valores absolutos y los dogmatismos asociados que la generaron. También con la intención de profundizar en las razones complejas que conducen a personas y sociedades a situaciones como la guerra, que según este grupo más bien difuso de pensadores nunca son tan sencillas y claras como pudieran parecer. No sólo nos conducimos mediante ideas, mediante la razón, sino más bien por una mezcla de motivos, de diferentes órdenes: racionales, afectivos, de creencias más o menos heredadas y de intereses varios, en cualquier caso de carácter histórico a la vez que situados, que conviene tratar de desvelar – en la medida en que sea posible. Dewey dirá que tienen que ver con “la experiencia”, término que usa de una manera nueva: por un lado alude a la inseparabilidad de cuerpo y mente, mundo material y mundo de la ideas. Por otro, es en cierto modo un sinónimo de cultura, en tanto que producción social, colectiva, histórico-evolutiva, en la que también son inseparables la cultura material y el mundo de las ideas – algo que reconozco posteriormente en la idea de ecología mental de Gregory Bateson, entre otras muchas instancias.

La conclusión provisional de los filósofos del pragmatismo, – era parte de su pensamiento que todas las teorías debían ser consideradas como provisionales -, fue que las verdades tienen un carácter social e histórico – algo que nos suena a Foucault, aunque sin su nihilismo. En segunda instancia, que dado este carácter, conviene tomarlas con prudencia. Pensar más bien sus efectos sobre la vida, sobre la sociedad, y valorarlas en consecuencia – más que tomarlas como dogmas o principios absolutos. Este planteamiento es el que hacía que Dewey prefiriera la denominación de instrumentalismo a la de pragmatismo para su filosofía: imaginando los conceptos y teorías como herramientas, provisionales, para lograr ciertos efectos que parecen preferibles.  En tercera instancia, concluían que esta prudencia era mejor servida por la democracia, en tanto que situación de diálogo social que reconoce que otros puntos de vista también tendrán su verdad, y en tanto que pluralismo y “percepción simpática” de los otros. En cuarto lugar, frente a la amenaza del relativismo, los experimentalistas – otro nombre usado por Dewey – defendían la inteligencia social como medio para hacer evolucionar – conceptos, teoría y – experiencia, tratando de mejorar las vidas concretas; – esta aproximación es denominada en ocasiones meliorismo, – que tal vez podría relacionarse con el reformismo.  Frente a las teorías absolutistas-esencialistas el instrumentalismo-pragmatismo no renuncia del todo a las verdades, aunque no deja de considerarlas provisionales y mejorables. Por último, los filósofos pragmáticos fueron defensores del experimentalismo o la experimentación: en la medida en que la razón hegemónica – término posterior -, las creencias o las verdades son provisionales y mejorables, es necesario, o por lo menos aconsejable, que las sociedades estén abiertas y estimulen la experimentación como medio de perfeccionamiento o de adaptación a las nuevas condiciones.

Mi conexión instantánea con Dewey, se debe a que muchos de los pensadores que me han interesado desde siempre, y algunos más recientemente, utilizan ideas muy similares, si no heredadas: Lewis Mumford (con su visión ecosistémica de territorio, tecnologías y sociedad), Deleuze y Guattari (con un discurso en tantos aspectos similar pero en un tono revolucionario en lugar de reformista); Foucault (con sus análisis históricos del saber y las disciplinas), Gregory Bateson (con sus circuitos cibernéticos y ecología de la mente), Donna Haraway (con el pensamiento situado), Bruno Latour (con sus estudios sobre la ciencia y las tecnologías como realidades socio-culturales, también situadas)…

Como sabemos, pragmático, se convirtió en un término con ciertas connotaciones peyorativas, asociadas a la falta de atención a principios o valores, más allá de los de la eficacia.  No obstante, éste era sólo un aspecto muy concreto del pensamiento del pragmatismo, que, casi de forma opuesta, trataba de considerar los efectos de las creencias, las tecnologías, las instituciones y las prácticas sociales en general, desde la prudencia, la atención a la complejidad y el pluralismo, a la vez que desde la predisposición al cambio y a la transformación social. Algunas dosis de pragmatismo filosófico nos vendrían muy bien en estos tiempos revueltos de crisis, memes y sectarismos más o menos esencialistas, o incluso del dominio de intereses más o menos particulares.

#notas

[0] De momento no he leído ninguna obra original de estos autores, salvo algún texto bastante menor de Dewey – lo que resulta un poco “imprerdonable” si uno se pone a escribir sobre estas cosas. No obstante, como atenuante, cabe decir que estos autores tienen una obra que parece algo dispersa, que su pensamiento parece construirse de manera fragmentaria, más que en un par de grandes obras que resuman su trabajo; y en el caso de Dewey, que fue autor de 33 libros a lo largo de su vida además de cientos de artículos y conferencias, por lo que no es fácil decidir por donde empezar. Si alguien me hace alguna sugerencia informada, no estaría de más…

#referencias

Maite Larrauri, Max, 2012, La educación según John Dewey, Tándem Ediciones, Valencia

Louis Menand, 2002 (edición original de 2001), The Metaphysical Club, Flamingo, Londres

Steven Fesmire, 2015, Dewey, Routledge, Nueva York, Abingdon

#otras referencias

Lewis Mumford, 2012 (edición original de 1934), Technics & Civilzation, University of Chicago Press, Chicago

Thorstein Veblen, 1994, (edición original de 1899), Theory of the Leisure Class, Penguin Classics, Nueva York, Londres

Iñaki Ábalos, 2000, A bigger splash: la casa del pragmatismo, en: I. Ábalos, 2000, La buena vida, Gustavo Gili, Barcelona, pp. 164-195

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2 comentarios en “Algunas notas sobre pragmatismo filosófico: cajas de herramientas, conocimiento situado, conversación democrática

  1. Querido Jose,

    No había leído sobre el pragmatismo filosófico ni sobre Dewey. Realmente interesante la reflexión que hace Dewey sobre el carácter provisional de las teorías y como la inteligencia social es la vía de mejora; reconozco que nunca hubiera relacionado este pensamiento con el pragmatismo.

    Abrazos.

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  2. Gracias por los comentarios T!! Sí, todo el mundo, incluidos los propios autores que la etiqueta es confusa… Imagino, sólo imagino, que estará relacionado con la afición de la academia estadounidense a clasificar y poner etiquetas… salud 😉

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