Tinkerers, hackers y makers: los buenos mariachis

Notas agridulces sobre la evolución reciente y alternativas de futuro de la llamada por algunos tercera revolución digital, la fabricación digital… Digamos que el texto tiene una cierta intención polémica… Primera publicación en LABlog.

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Figura 1: Francis Picabia, 1916, La fille née sans mere. Fuente: http://handme.canalblog.com/archives/2010/06/23/18405000.html

Tinkerers, hackers y makers: los buenos mariachis

José Pérez de Lama 04.2015, para LABlog

Los fab labs tal como los entendemos actualmente inician su existencia hacia 2001-2002 cuando Neil Gershenfeld y sus colaboradores del Center for Bits and Atoms del MIT deciden crear un laboratorio equipado con diversas máquinas controladas por ordenador  (cortadora láser, fresadoras, impresoras 3D…) y un set de equipos para fabricar PCBs (Printed Circuit Boards) en un centro comunitario del Inner Boston. La iniciativa, como es ya bastante conocido, se basaba en un proyecto financiado por la NSA (National Science Foundation) para investigar el presente y el futuro de los procesos de fabricación digital [Gershenfeld, 2005]. Desde entonces, la Fab Lab Network ha proliferado de manera vírica; – Gershenfeld plantea una analogía con la ley de Moore sobre el desarrollo de los circuitos integrados: el número de labs se duplica cada año y medio. Según los últimos datos, en 2015 existen cerca de 500 fab labs distribuidos por los cinco continentes [Gershenfeld, 2015].

Durante esta década larga (2002-2015), emergió en paralelo el movimiento maker, posiblemente más próximo a la potente tradición estadounidense del DIY [0]. Podríamos describir el movimiento maker como un alter ego de la red Fab Lab, sin la dirección más o menos paternal del MIT. En primera instancia la revista Make del grupo O’Reilly cataliza esta otra versión de la llamada tercera revolución digital. Chris Anderson [2012], ex-Wired, podría ser otra referencia del mundo maker, como también, la empresa-comunidad Makerbot-Thingiverse, al menos en sus primeros años [1].

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Figura 2: Cartografía: ecosistemas-paradigmas alternativos de la fabricación digital desde la perspectiva de la arquitectura; Pérez de Lama, 2013

En 2013 produje esta cartografía del mundo de la fabricación digital [figura 2]. Aún habiéndola centrado en la producción arquitectónica, y teniendo ya un par de años de antigüedad la sigo considerando de interés. En ella identificaba cuatro polos: luxury-boutique, neo-industrial, Google-like-distributed y commons-flos [2]. La idea es que el futuro de estas nuevas tecnologías no está determinado, sino que más bien podría realizarse de una u otra forma en los que ahora se presentan como futuros virtualidades, – que no son necesariamente excluyentes entre sí. Como la vida, por suerte, nunca es como la esperamos – que decía el poeta Gil de Biedma – ¡lo que pase seguramente será algo que aún no somos capaces del todo de prever!

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Estos días ha tenido lugar la rueda de prensa de presentación de Fab 11, el encuentro anual de Fab Labs [3], que este verano tendrá lugar en el propio MIT (más precisamente entre MIT y Harvard). He tenido la fortuna de poder asistir a varios de estos encuentros, el primero de ellos en 2011, en Lima, cuando nos incorporamos oficialmente como Fab Lab Sevilla a la red; en 2013 en Yokohama, y el pasado año 2014, al Fab 10 Barcelona, en que se celebraba el décimo aniversario de estas conferencias anuales.

Mientras que las anteriores conferencias habían sido encuentros casi familiares, en las que todos nos conocíamos, comíamos y salíamos de fiesta juntos, la última en Barcelona supuso un cambio de escala radical. Y este cambio no sólo fue en el número de personas asistentes, que en Barcelona ascendió a miles de personas, sino también en el carácter del propio encuentro. Fab 10 tenía el carácter de una gran feria, en la que grandes empresas e instituciones, de pronto, parecían más importantes que los más o menos modestos fabbers que creíamos haber participado de manera sustantiva hasta la fecha. Entre las instituciones participantes estaban el World Bank, USAid, Chevron, Google, Nike, Airbus, Foster + Partners, Intel, Autodesk, el Ayuntamiento de Barcelona… [4]

De esta manera, la razones por las que muchos nos habíamos entusiasmado por el movimiento Fab Lab, parecidas a las que la leyenda cuenta que habían animado a los hackers creadores de los primeros PCs [Levy, 2010] y del software libre y open source [Himanen, 2002; Kelty, 2008], quedaban un poco cuestionadas… ¿Nos iban a ayudar las grandes multinacionales y entidades globales más o menos dudosas como USAid a construir la revolución digital que hiciera accesible a todos, de maneras mucho más democráticas que las hasta ahora conocidas, el conocimiento y los medios de producción para hacernos un poco más dueños de nuestras vidas? Es normal que algunos albergáramos un cierto escepticismo…

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Meses después, leyendo a Carlos Marx encontraba esta cita del economista clásico John Stuart Mill, – comentada por el propio Marx -, introduciendo el capítulo sobre las máquinas y la gran industria de El Capital:

«It is questionable, if all mechanical inventions yet made have lightened the day’s toil of any human being», – y añade Marx – Mill debiera haber dicho «of any human being not fed by other people’s labor». [Marx, 2007b, p. 79]

En realidad Marx, a pesar de hacer ya en 1867 una crítica muy afinada de las máquinas, parece sostener respecto de éstas una actitud mucho más ambivalente que la de J.S. Mill. No obstante, lo que me llamó específicamente la atención de estas páginas en relación con el actual momento de desarrollo de la fabricación digital fue otra cosa.

Marx hace una genealogía de la emergencia de lo que llama gran industria, partiendo de la industria artesanal de finales del siglo XVIII centrada en la cooperación, para pasar a la industria manufacturera de principios del XIX, que introduce máquinas pero se basa fundamentalmente en al división del trabajo (la que glosa Adam Smith), para llegar finalmente a la etapa de las máquinas propiamente y la gran industria. El paso a cada etapa sucesiva se hace basándose en los medios de la precedente, de manera que la gran industria dependía inicialmente de individuos con capacidades semiartísticas, entre la ciencia y la producción manual, que fueron los que inventaron, evolucionaron y construyeron las primeras máquinas.

La expansión de la industria ya mecanizada y la penetración de la maquinaria en nuevas ramas estuvo condicionada pura y simplemente por el crecimiento de una categoría de obreros que, por la índole semiartística de su trabajo, sólo podía aumentar paulatinamente y no de golpe. [Marx, 2007b, p. 94]

Sólo a raíz del desarrollo de ciclópeas máquinas empleadas para la construcción de barcos transoceánicos o ferrocarriles, que finalmente pudieron construirse mediante otras máquinas – máquinas que hacían máquinas – se produjo el despegue de definitivo de la gran industria – siempre según la interpretación de Marx.

Así, pues, la gran industria tenía que apoderarse de su medio de producción característico, de la máquina misma, y producir máquinas con máquinas. De esta suerte creó su base técnica adecuada y se alzó sobre sus propios pies. [p. 97]

En este momento según su propia expresión la producción puede superar la componente subjetiva que había tenido hasta entonces para hacerse completamente objetiva.

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Figura 3: Man Ray, 1924, Le Violon d’Ingres. Fuente: http://www.wikiart.org/en/man-ray/ingre-s-violin-1924

Lo que me inquietó, creo, fue la identificación de la índole semiartística del trabajo de los primeros tinkerers sobre la que se construyó luego la gran industria. Thomas Pynchon [Against the Day] o Bruce Sterling [The Difference Engine], por ejemplo, recrean literariamente estas figuras que resultan enormemente evocadoras. La comparación con los hackers, artesanos-artistas del código también resulta bastante inmediata. Significativamente, las escuelas de informática pasaron a llamarse de ingenería informática, según me explica algún compañero, precisamente para hacerse también más… objetivas [5].

Durante los días que pasé en Fab 10, ocurrió la casualidad de que leí algo sobre las SICAV que conecté con lo que allí sucedía. Los SICAV [6] son medios de inversión colectiva que deben reunir a un mínimo de 100 inversores, y que reciben un tratamiento fiscal muy ventajoso. Parece ser, según leía en la prensa, o quizás en twitter, que individuos con grandes fortunas buscan a otros 99 figurantes, para crear así un fondo controlados por ellos que se beneficia así del instrumento colectivo. En el argot a estos figurantes en la farsa financiera se los denomina mariachis.

Y esta es la duda con la que sigo: ¿Si en esta nueva revolución digital la multitud entusiasta de makers y fabbers, – con su superproducción colectiva de gadgets, plataformas, etc. -, habremos finalmente hecho el papel de mariachis del capital? Por tratar de decirlo de una manera simpática. ¿O si por una vez, de verdad, pasará algo diferente, lograremos que las tecnologías, en contra de la opinión de John Stuart Mill, sirvan para aligerar las jornadas de trabajo, y mejorar nuestras vidas, en éstas, nuestras supuestas sociedades de la post-escasez? [7]. Habrá seguramente que intentarlo. Y por lo menos, mientras lo hacemos estaremos entretenidos; que igual de eso se trata.

Espero seguir con estos temas en próximas entregas, intentando aportar algunas perspectivas, quiero pensar, que más optimistas que la que he traído hoy. Vale.

#notas

[0] Sobre el origen común y paralelo de los movimientos DIY, de los primeros PCs y hacker puede leerse el sugerente libro de Fred Turner centrado en la figura de Sewart Brand [2008].

[1] En la opción commons-flos (Free Libre Open Source) es de destacar el proyecto RepRap (iniciado por Adrian Bowyer y colaboradores hacia 2007) y muchas otras iniciativas de Open Hardware-Software y comunidades de desarrollo, entre las que destaca Arduino (2005).

[2] Hago un comentario bastante detallado de los debates en torno al proyecto Makerbot y su transformación en una empresa más convencional que tuvieron lugar en 2012 en un texto titulado Fabrication Numerique et Culture Libre, un Devenir Mineur Plus? [2013].

[3] Puede consultarse la serie de conferencias anuales de la Fab Lab Network en http://fab.cba.mit.edu/about/faq/ – en la sección events.

[4] Véanse las webs del simposio y los premios de Fab 10: https://www.fab10.org/en/symposium, https://www.fab10.org/es/awards

[5] Un relato muy interesante de este proceso desde la perspectiva “ingenieril” puede leerse en: Brooks, 1995, The Mythical Man-Month.

[6] http://es.wikipedia.org/wiki/Sociedad_de_inversi%C3%B3n_de_capital_variable

[7] Jeremy Rifkin en su último libro [2014], sobre el que espero escribir en próximos posts, recupera de nuevo esta visión de una economía de la abundancia, enunciada periódicamente por personajes como J.M. Keynes o Murray Bookchin, – quien según entiendo, es el que crea esta nombre de las sociedades de la post-escasez.

#referencias

Ch.Anderson, 2012, Makers. The New Industrial Revolution, Random House Business Books, Nueva York, Londres

F.P. Brooks, 1995, The Mythical Man Month. Essays on Software Engineering, Anniversary Edition, Addison-Wesley Professional,

N. Gershenfeld et al, 2015, Fab 11 Making Impact Press Conference  https://youtu.be/oaAPUl32eHg, visitado 4/04/2015

N. Gershenfeld, 2005, Fab. The Coming Revolution on Your Desktop – From Personal Computers to Personal Fabrication, Basic Books, Nueva York

P. Himanen [prólogo de Linus Torvalds; epílogo de Manuel Castells], 2002 (edición original en inglés de 2001), La ética del hacker y el espíritu de la era de la información, Destino, Barcelona

Ch. M. Kelty, 2008, Two Bits. The Cultural Significance of Free Software, Duke University Press, Durham and London
S. Levy, 2010 [original edition 1984] , Hackers. Heroes of the Computer Revolution, O’Reilly, Sebastopol

K. Marx, 2007b (primera edición en alemán de 1867), El Capital Libro I Tomo II, Akal, Madrid

J. Pérez de Lama, 2013, Fabrication Numerique et Culture Libre, un Devenir Mineur Plus?, en: E. Chardronnet (editor), 2013, Artisans Numeriques, HYX-Access Cultures Electroniques, Orleans; pp. 39-76

T. Pynchon, 2007, Against the Day, Vintage, London

J. Rifkin, 2014, The Zero Marginal Cost Society: The Internet of Things, the Collaborative Commons, and the Eclipse of Capitalism, Palgrave MacMillan, New York

B. Sterling, W. Gibson, 2011, The Difference Engine. 20th Anniversary Edition, Ballantine Books Random House, New York

F. Turner, 2008 [edición original de 2006], From Counterculture to Cyberculture: Stewart Brand, the Whole Earth Network, and the Rise of Digital Utopianism, University of Chicago Press, Chicago

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