La experiencia de Arquitectura/Alicante ¿como referencia para la reforma universitaria? Un encuentro en Sevilla con J.M. Torres Nadal

Imagen: Lo/as participantes en la mesa de presentación del libro Arquitetcura in-dependiente en Sevilla en febrero de 2020 (en el post-acto, que como es habitual también dio su juego).
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La experiencia de Arquitectura/Alicante como referencia para la reforma universitaria. Un encuentro en Sevilla con J.M. Torres Nadal

José Pérez de Lama

El pasado día 6 “celebramos” en Sevilla – muy apropiado el verbo en esta ocasión – la presentación del libro de José María Torres Nadal y compañeros de la Escuela de Arquitectura de Alicante, titulado Arquitectura in-dependiente. El acto consistió en que varias colegas, Luz Fernández Valderrama, Paula V. Álvarez, Eva Morales y yo mismo, hicimos algunos comentarios y planteamos algunas preguntas que José María fue contestando mostrando diferentes partes del libro y supongo que añadiendo algunas cosas más. Parece que al público asistente le gustó bastante – aunque siendo amigos en su mayoría, quizás iban ya predispuestos. La cosa sucedió en el Colegio de Arquitectos de Sevilla, y con su patrocinio, y fue presentada y gestionada – incluso el post-acto – con ingenio y simpatía por el Vocal de Cultura del Colegio, Curro Gutiérrez Olivero.

Como éramos cuatro personas para comentar y preguntar, y sólo me llegó el libro en el propio acto, mis comentarios y preguntas los plantee más en torno a a mis experiencias en la Escuela de Arquitectura de Alicante –– y es que el libro trata de eso, de la historia de la Escuela, desde principios de los 80 hasta ahora – el tiempo que José María efectivamente ha estado allí, siendo su fundador y hasta su jubilación hace un par de años; — aunque en el libro se cuente más bien como una historia de ideas y experiencias, incluso aventuras diría uno, que una historia en su sentido más convencional.

Mis comentarios, muy al hilo de las lecturas de estos días, repasando a Deleuze y Guattari, además de como motivo de diálogo con Torres Nadal, también los veo apropiados como contribución para pensar nuestro futuro inmediato, ahora que se supone que vamos a plantear una reforma universitaria… Unas preguntas… o unas problematizaciones…

Son tres temas entrelazados: las sociedades de amigos (como en filosofía), las pasiones alegres (como condición para el conocimiento) y la experimentación (como alternativa a la reproducción y ampliación del estado de las cosas). Aquí los voy a elaborar un poquito mejor que lo hice en la mesa; – y es que mi madre me advirtió que no me fuese a enrollar… Y ya se sabe, siempre que sea posible, conviene hacer caso a las madres.

Como otras veces, he optado por escribir una nota rápida, en vez de tratar de hacer algo mucho más elaborado y que al final, pasado el entusiasmo del momento, que se quede sin publicar nada.
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[1] El tema de los amigos lo tomé de Deleuze-Guattari en ¿Qué es la filosofía?

Nota: en este punto se puede sustituir mentalmente filo-sofía por filo-arquitectura, sabiduría por arquitectura, conceptos por conceptos arquitectónicos o arquitecturas, etc.

Allí hablan de que la filosofía suele necesitar de personajes conceptuales que contribuyan a definir sus conceptos. «Amigos es un personaje de esta índole», que estaría asociado al origen griego de la filo-sofía: «las demás civilizaciones tenían Sabios, pero los griegos presentan a estos ‘amigos’ que no son meramente sabios más modestos. Son los griegos, al parecer, quienes ratificaron la muerte del Sabio y lo sustituyeron por los filósofos, los amigos de la Sabiduría, los que buscan la sabiduría, pero no la poseen formalmente. Pero no se trataría sencillamente de una diferencia de nivel, como en una gradación, entre el filósofo y el sabio […] Amigo de Platón, pero más aún amigo de la sabiduría, de la verdad, del concepto [¿de la arquitectura, quizás podríamos decir en nuestro caso? / …] El filósofo es un especialista en conceptos, y, a falta de conceptos. Sabe cuáles son inviables, arbitrarios o inconsistentes, cuáles no resisten ni un momento, y cuáles por el contrario están bien concebidos y ponen de manifiesto una creación, incluso perturbadora o peligrosa.»

»[…] Pues si el filósofo es el amigo o el amante del concepto, no es acaso porque lo pretende, empeñándose potencialmente en ello más que poseyéndolo de hecho?

»Pero además de la amigo de la sabiduría, el personaje de los amigos tiene al menos una segunda dimensión para Deleuze-Guattari que es el de la ciudad griega como sociedad de amigos:

»En este […] aspecto la filosofía parece algo griego y coincide con la aportación de las ciudades: haber formado sociedades de amigos o de iguales, pero también haber instaurado entre ellas y en cada una de ellas unas relaciones de rivalidad, oponiendo a unos pretendientes en todos los ámbitos, en el amor, los juegos, los tribunales, las magistraturas, la política, y hasta en el pensamiento, que no sólo encontrará su condición en el amigo sino en el pretendiente y en el rival […] La rivalidad de los hombres libres, un atletismo generalizado… (1991, pp. 8-10)

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¿No habría quizás demasiada necesidad de explicar lo anterior? Y a la vez se podría explicar e interpretar de muchas maneras, con énfasis incluso contradictorios. Destacaré alguna cuestión, entonces. La primera cuestión, la del amigo -la φιλία o filía – que no es un Sabio, y que no posee formalmente la sabiduría o el conocimiento, sino que es uno o una más entre los que la aman ola pretenden. Un posicionamiento muy diferente. La segunda es la de lo que los autores llaman «la ciudad», la sociedad de amigos-iguales, – en la que no hay una instancia o autoridad superior o trascendente que dice cual es la verdad, qué el lo bueno y lo malo: dioses o sacerdocios varios, ya sean divinos, burocráticos, mercantiles, estatales o de las metrópolis de turno.

Uno diría que el conocimiento se situaría entonces, por un lado, como una cuestión de producción o multiplicación de singularidades; y como una circunstancia que tiene que ver con lo concreto, lo situado y este atletismo generalizado, pero que tiene lugar-ocasión entre amigos-rivales – quizás podríamos decir que forman un cierto ecosistema-ciudad; atravesado por la amistad de la filo-sofía, o de la filo-arquitectura en nuestro caso… Deleuze-Guattari hablan de inmanencia frente a trascendencia…

Nota 2: Hoy, estos de los amigos sin duda habría que formularlo como amigos/as, amigues o como cada cual guste mejor.

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[2] El segundo tema que planteé fue el de las pasiones alegres; el de la necesidad de diseñar o construir una institución (en nuestro caso de aprendizaje e investigación) en torno a las pasiones alegres. Como quizás recordarán los lectores este es un tema spinoziano comentado por Deleuze, entre muchos otros. Se pueden ver algunos posts recientes en este mismo blog para refrescar el asunto [*]. Muy sintéticamente, la idea es que las pasiones alegres son aquellas que dan lugar en nosotros un aumento de la potencia de acción o de la fuerza de existir – mientras que las tristes dan lugar a una reducción de la potencia y la fuerza de existir. De las pasiones, sentimientos o afectos que nos pasan, percibimos la alegría o la tristeza, y sus sentimientos derivadas, pero no dejan de ser ideas inadecuadas: no entendemos bien o sólo lo hacemos de manera confusa por qué nos producen alegría – o tristeza. Maite Larrauri (2003) profundiza algo más y nos dice que sólo por medio de las pasiones alegres podemos llegar a tener ideas adecuadas, y esto sería un segundo modo de conocimiento que tendrían que ver con la razón y con entender las razones por las que encontrarnos con ciertos cuerpos – personas, cosas… – aumentan nuestra potencia. Para Spinoza esto tendría que ver de nuevo con la singularidad, y con lo que llaman las nociones comunes, la comprensión de las relaciones.

Este desvío relativo viene a cuento de que para Spinoza, sólo de las pasiones alegres se deriva la posibilidad de aprender, de convertir las pasiones en acciones, de organizarnos activamente en la construcción de una mayor potencia, y de un conocimiento más adecuado.

La idea en fin, entonces, sería la de construir, en nuestro caso, la universidad, no ya en torno a pasiones tristes o a situaciones conductistas de palo-zanahoria; que sin duda logran dar forma a las poblaciones, etc., pero en torno a una cierta tristeza o el menos mediocridad en las razones por las que nos movemos; las almas rotas que quieren los tiranos, dice Spinoza en alguna ocasión. Sino tratar de hacerlo en torno a la alegría. – una temporada que fui subdirector de Calidad de mi centro debido a algún tipo de cambalache administrativo, al principio pensé que aquello de la calidad tendría que ver con esta alegría spinoziana, la libertad, el bienestar, la salud y cosas así; – demasiado pronto descubrí, sin embargo, que era más bien otro esquema burocrático más; con sus dosis de buena intención, no lo dudo, pero muy alejado de un planteamiento spinozista.

¿Cómo construimos una institución – o una sociedad, por otra parte –, al menos en cierto grado, en torno a las pasiones alegres? Me parece una buena pregunta…

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[3] Finalmente estuvo el tema de la experimentación, o al menos estaba en mis notas y en mi mente, aunque es posible que no llegara a desarrollarlo casi nada. A mi al menos, me hablan de la Escuela de Arquitectura de Alicante y pienso en experimentación. Aunque Deleuze-Guattari son un ejemplo concreto de experimentación permanente, como tema filosófico yo lo conozco mejor en el marco del pragmatismo clásico (fundamentalmente Dewey). La importancia de la experimentación estaría relacionada con la idea del carácter provisional y perfectible del conocimiento: lo que tenemos no es la verdad definitiva, tampoco es necesariamente lo adecuado a un tiempo actual y futuro que es y será diferente de los tiempos anteriores en que se conformaron los conocimientos heredados. Además, frente a la idea de que las instituciones -y la Universidad en particular – tengan entre sus funciones la de reproducir – incluso ampliar o extender – el mundo tal como lo conocemos, las condiciones y relaciones que lo conforman; desplazar el equilibrio en el mundo universitario hacia la experimentación supone resistirse u oponerse a esta reproducción, tratando de situar el énfasis en el planteamiento de alternativas; – en nuestra situación actual, por ejemplo, en el caso del cambio climático o los desequilibrios sociales o la precarización de la vida, a algunos nos parece muy importante.

Ocurre por supuesto que la experimentación que podríamos llamar radical ofrece pocas seguridades en cuanto a sus resultados. Por decirlo un poco en plan bruto: experimentación y resultadismo no se llevan demasiado bien. Lo cual encaja mal con los sistemas de puntuaciones, impactos cuantitativos, transferencias a los mercados y cosas del estilo, – cuantofrenia lo he llamado en ocasiones, para meterme con algún colega –, que desde hace algún tiempo cada vez dominan más la vida social; – aquello que Deleuze, por cerrar con quien habíamos empezado, vislumbró muy a principios de los 90 como nueva forma emergente de poder y organización de las sociedades y que llamó las sociedades de control (1991.2).

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Estas son algunas cosas que se me ocurrían al pensar en la Escuela de Arquitectura de Alicante y en José María Torres Nadal. Esta escuela, y alguna otra que he conocido, serían lugares en los que no sin contradicciones, por supuesto, funcionaban estos temas que aquí comento.

De cara a la posible reforma universitaria se plantean más como preguntas o problematizaciones. ¿Cómo se podrían trasladar estos principios, si es que se consideraran interesantes, de un entorno más o menos reducido a uno muchísimo más amplio? ¿Se trata de algo que depende más de las relaciones entre las personas concretas que de una organización normativa? ¿Lo que puede ser adecuado para una cierta situación institucional y humana puede que no lo sea para otras? Etc. Como uno no tiene que tomar decisiones ahora sobre esto, y no le ve demasiado sentido a desarrollar «soluciones» que luego se quedan habitualmente en un cajón, me permito el lujo de limitarme a plantear las preguntas. Aunque supongo que si tuviera que decidir en algún momento, lo haría como lo he hecho tantas veces, – tal vez con la ayuda de amigos – , pero sí que trataría de tener en consideración estas cuestiones que nos plantean los amigos de Alicante. ___ También puede pensarse que son temas relativamente viejos y que a muchos les serán familiares, en cualquier caso… Lo que es más singular, quizás, es que se lleven a la práctica de manera duradera y con un cierto carácter institucional…

Vale.

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#nota

[*] a) El tema de las pasiones alegres en los movimientos sociales pre-15M (y alguna cosa más), 10.2019; b) Spinoza-Deleuze sobre composición — cita & nota breve, 02.2020

#referencias

Gilles Deleuze, Félix Guattari, 1999 [1991], ¿Qué es la filosofía?, Anagrama, Barcelona

Gilles Deleuze, 1991.2, Posdata sobre la sociedad de control, disponible, por ejemplo, aquí: http://theomai.unq.edu.ar/conflictos_sociales/Deleuze_Postdata_sociedad_control.pdf | accedido 13/01/2020

Gilles Deleuze, 1986 [1970-81], Spinoza: filosofía práctica, Tusquets, Barcelona

Steven Fesmire, 2015, Dewey, Routledge, Nueva York

Maite Larrauri, Max, 2003, La felicidad según Spinoza, Tándem, Valencia

José María Torres Nadal, 2019, Arquitectura in-dependiente, Universidad de Alicante, Alicante

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