El tema de las pasiones alegres en los movimientos sociales pre-15M (y alguna cosa más)

Retrato de Baruch Spinoza de autor desconocido, hacia 1665. Fuente: Wikipedia.

 

José Pérez de Lama _ versión beta

Me pide un buen colega y amigo que le recuerde un poco sobre esto de las pasiones alegres. Ésta era una idea frecuente en los movimientos sociales de la primera década del siglo – y sí, aunque algunos no lo sepan, había potentes movimientos en aquellos años, que plantearon o reelaboraron la mayor parte de los temas que hoy son mainstream: de la precariedad a los conflictos de la digitalización, al feminismo al derecho a la ciudad a las migraciones a la globalización… En fin, batallitas aparte, esto de las pasiones alegres, recuerdo y serían quizás más personas, a Javier Toret hablando del asunto, entonces uno de los impulsores del Centro de Iniciativas 1.5 de Málaga, posteriormente Casa Invisible. El concepto o la idea de origen spinoziana, se enunciaba como que era necesario construir el movimiento y nuestras propias relaciones dentro de éste en torno a pasiones alegres, — y no a pasiones tristes como había llegado a ser propio de los movimientos y sobre todo de las organizaciones activistas y políticas precedentes.

En el discurso spinoziano las pasiones serían el resultado de los encuentros entre dos cuerpos – cuerpos en un sentido muy genérico – que se afectan mutuamente. Cuando esta afección o afecto genera alegría, tenemos pasiones alegres, y su resultado es el aumento de la potencia; potencia que para Spinoza es la capacidad efectiva de hacer cosas. Por el contrario, las pasiones tristes, nos restarían potencia, capacidad de hacer. El miedo, el odio, la ira, la envidia, serían afectos tristes. Un dictum spinoziano relacionado – evoco de memoria, no soy capaz de encontrarlo ahora – era que los gobernantes o los poderosos nos quieren tristes, y así ya derrotados e incapaces de hacer nada salvo dejarnos someter. Si le damos la vuelta, el entusiasmo, el amor, etc. aumentarán nuestra potencia, la capacidad de vivir y de hacer mundo.

«Nada puede salir de la tristeza», parece que decía Spinoza. Las formas de expresión de la protesta que se renovaron durante aquellos años experimentaban y representaban todo aquello: frente a las manifestaciones con sus pancartas, lemas y discursos finales de personajes de aparatos varios de los años precedentes, las marchas con camiones con dj-s, la música, las acciones más o menos sorprendentes, la invención constante de formas de expresión, el uso experimental de la comunicación y la apropiación de las tecnologías, la construcción de situaciones, las columnas de colores – verdes, rosas, negras… – en las marchas contra la globalización… Ayudaba, seguro, que eran años en que pasaban cosas nuevas, incluso de esperanza, de una cierta abundancia en nuestros entornos… La misma idea se intentaba poner en prácticas en las formas de organización y de vida. Luego vendrían las derrotas de la crisis y costó mantener las pasiones alegres en los movimientos… por lo menos a mí sí que me costó… Podría argumentarse que el movimiento en torno a Colau en Barcelona sería uno de los principales herederos de la experimentación de aquellos años – siendo muchos de los personajes aún implicados, – como la propia Ada -, resistentes y continuadores de la época previa. ____ El 15M sería un nuevo (micro)ciclo cuyas continuidades y diferencias con el precedente no me siento capaz de comentar, — y menos aquí.

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Si volvemos a Spinoza, las pasiones, alegres o tristes, serían algo que desde el punto de vista del qué hacer y del conocimiento nos ofrecen tan sólo una primera orientación. Sabemos que cuando comemos una manzana, salimos a hacer ejercicio, leemos un cierto tipo de libro o nos encontramos con tal persona, aquello nos hace sentir bien, aumenta nuestra alegría. A este tipo de conocimiento Spinoza lo llama percepción. Sabemos que ese algo que nos genera una pasión alegre nos conviene, pero no sabemos del todo bien por qué. Aquí es cuando dice que de la tristeza, de una pasión triste, no obtendremos mucho, salvo saber que es mejor tratar de evitar esos encuentros, —- pero una pasión alegre nos sugerirá tratar de descubrir por qué exactamente nos produce esa alegría, ese aumento de potencia.

Spinoza, dice – según mis fuentes secundarias o terciarias – que este afecto no es algo que está en la otra cosa, – en la otra persona si hablásemos de amor o de amistad -, sino que es una cosa que está en la relación entre los dos cuerpos: «de ritmos y de olas, de movimientos coordinados», de composición. «Spinoza llama noción común a eso que vincula dos cuerpos […] sólo podremos formar nociones comunes a partir de una relación de conveniencia, esto es, a partir de la alegría» (Larrauri, 2003, p. 60). Lo de la relación de conveniencia suena mal, pero en el aparato conceptual de Spinoza pretende decir que ambos cuerpos se convienen, esto es, que se hacen sentir bien, se dan alegría mutuamente.

Tras la percepción asociada a afectos y pasiones, el segundo nivel de conocimiento sería el de la razón. La función de la razón sería la de tratar de comprender estas nociones comunes: el por qué exactamente una actividad o un cuerpo nos produce alegría. Ocurre que las pasiones son, como sugiere el término, pasivas, algo que nos pasa y sobre lo que tenemos poco control. También ocurre que por lo común suelen ser excesivas. La razón, entonces, en el sistema de Spinoza trataría de conocer por qué exactamente nos conviene la manzana o nos hace estar contentos compartir un tiempo con una amiga, y a partir de este conocimiento más adecuado poder organizar mejor nuestros encuentros, transformando las pasiones en afectos activos.

Cito a Larrauri de nuevo textualmente: «Spinoza piensa que puede haber una mutación del afecto pasivo en afecto activo, sin cambiar de naturaleza, sin transformarnos en ángeles, sin negarnos a nosotros mismos. Es algo que se puede conseguir si instalamos el conocimiento racional en nuestras vidas, esto es, el conocimiento de las relaciones, de las combinaciones concretas. Y sin duda, esas mutaciones son un anuncio de la felicidad».

El tercer y último modo de conocimiento, siempre para Spinoza, sería el de la intuición. La intuición, algo ya como de jugador súper-avanzado. Muy resumidamente consistiría en la capacidad de convertir cualquier experiencia, no sólo las asociadas a las pasiones alegres, en fuente de felicidad. La cosa suena difícil, pero es que a Spinoza lo que buscaba era poder experimentar el infinito gozo de existir y cosas así. El método que proponía para razón e intuición era el de la meditación, aunque en un sentido, diría uno, más estoico que budista, —- pero eso también tendrá que quedar para otra ocasión. Dominar este tercer nivel del conocimiento sería la sabiduría, que vendría a identificarse para Spinoza con la virtud y con la felicidad.

Spinoza, recuerda Larrauri, concluye así su Ética: «Todo lo que es hermoso es tan difícil como raro». Una afirmación de gran belleza, no cabe duda, pero con la que uno no sabe si estar de acuerdo o, como pensaba por ejemplo Montaigne, todo lo contrario…

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#notaAdicional

Releyendo a Larrauri también me gustó esto que transcribo a continuación [pp. 30-31] — para seguir pensando lo dejo aquí apuntado:

Spinoza […] analiza al ser humano siguiendo tres dimensiones.

En primer lugar, una dimensión cuantitativa o extensiva…

En segundo lugar, una dimensión relacional. Las partes extensivas que componen un cuerpo se organizan según relaciones características. Spinoza dice que son relaciones de movimiento y de reposo, de rapidez y de lentitud. Podríamos entenderlo como un ritmo particular que diferencia a unos individuos de otros…

En tercer lugar una dimensión cualitativa o intensiva. Un cuerpo es una parte de la naturaleza […] porque es una parte de la potencia total de la naturaleza, de ese infinito gozo de existir. Un cuerpo es un grado de esa potencia y en eso consiste la esencia de un individuo. Una esencia que se identifica con un grado de potencia es una esencia dinámica, que se mide por la cantidad de acciones de las que es capaz […] ____

Comentario: Imagina uno, aunque creo que Larrauri no lo explicita, ciertos paralelos entre estas tres dimensiones y los tres grados de conocimiento; en particular, que la parte de la razón y las nociones comunes puedan estar próximas a las dimensión relacional…

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#referencias

Aunque he tenido en mi mesilla de noche durante años la Ética (ordine geometrico demonstrata) de Spinoza – últimamente en un orden caseo la puse en alguna estantería, nunca conseguí leer demasiadas páginas y mis referencias son secundarias o terciarias, —- para lo escrito aquí, el libro de Maite Larrauri de su colección Filosofía para profanos que nunca me cansaré de recomendar:

Maite Larrauri & Max, 2003, La felicidad según Spinoza, Tandem Ediciones, Valencia

Otras lecturas:

Gilles Deleuze, 2009 [1981], Spinoza. Filosofía práctica, Tusquets, Barcelona

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