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William James: “A difference that makes a difference.”

William James, 1898, Philosophical Conceptions and Practical Results – University Chronicle, Volume 1 September 1898 No. 4 — An address delivered before the Philosophical Union, at Berkeley, August 26, 1898, by William James, M.D., LL.D., Professor of Psychology in Harvard University [24 págs]. Fuente: https://classes.matthewjbrown.net/teaching-files/american/James-PhilosophicalConceptions.pdf

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William James: “A difference that makes a difference.” [Una diferencia que determina una diferencia]

Selección y comentarios de José Pérez de Lama

[0] Desde hace un par de años intentando aprender sobre el pragmatismo filosófico clásico — Peirce, James & Dewey. Recojo aquí una cuestión relativamente anecdótica, — ¿o quizás no?

[1] Leí por primera vez, hacia 2003 o 2004, y utilicé con frecuencia la expresión que William Mitchell usaba en su libro Me++. The Cyborg Self and the Networked City: A bit is a difference that makes a difference — un bit es una diferencia que determina una diferencia; o una diferencia que produce una diferencia. Usaba Mitchell esta expresión para argumentar en aquellos años que lo que entonces se venía llamando virtual, era algo material y concreto, que no se limitaba a una dimensión imaginaria o simbólica como se tendía a pensar entonces. Un bit 1/0 determina que se realice una operación real, que se vea un pixel blanco o negro, se abra una puerta, se lance un torpedo, etc.

[2] Algo después, me pareció descubrir la procedencia de esta idea sobre la diferencia en Gregory Bateson, en su modelo de circuito cibernético, en el que la percepción era siempre cuestión de una diferencia: el organismo que percibe recibe y reconoce una diferencia de las señales que le llegan de su entorno. esta diferencia será la que active la emisión de posibles respuestas y en segunda instancia, cuando el ciclo mental se repita sucesivas veces, el aprendizaje, que sería equivalente a la creación de patrones mentales y hábitos de conducta en el modelo batesoniano [ver enlace al final]. Mitchell cita efectivamente a Bateson como una de sus principales referencia.

Tendría que ver cómo aparece la idea de diferencia en Claude Shannon, que fue quien conceptualizó propiamente la cuestión de los bits como diferencia, abierto-cerrado, uno-cero.

[3] Leo hace un par de años, que esta expresión, A difference that makes a difference, se la debemos en realidad a los pragmatistas, a Charles Peirce, primero, si no lo he entendido mal, y William James que la elabora y la sitúan como idea fundamental del pragmatismo. Lo leí hace tiempo, pero hace un par de semanas, di con la conferencia en la que James parece que lo empieza a difundir, — una conferencia de 1898 en Berkeley, California, adonde viajó en el verano de aquel año, — sin duda en los trenes transcontinentales entonces de relativamente reciente construcción.

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Transcribo a continuación, entonces, unos párrafos del excelente Dewey de Steven Fesmire; — de la introducción en la que sitúa la figura de John Dewey en su tiempo. Y después, reproduzco una parte de la conferencia de James de 1898, con su expresivo título, Philosophical Conceptions and Practical Results, — el pdf completo enlazado al final. Esta transcripción de momento en inglés; la iré traduciendo en los próximas semanas. O eso espero.

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Fesmire, 2015, pp. 2-3 [traducción de J. Pérez de Lama]

Los pragmatistas clásicos estadounidenses desestabilizaron la percepción popular de que, parafraseando a Henry David Thoreau, los filósofos son constructores de lujosos castillos conceptuales que en ningún punto llegar a tocar la Tierra. El lógico Peirce, interesado en los laboratorios inicio el pragmatismo 1878 como un medio para clarificar el significado general de los conceptos, trazando las consecuencias experimentales que los diferentes conceptos implicaban.

El humanista e individualista [William] James reinterpretó el principio de Peirce para clarificar los conceptos, extendiéndolo al término “verdad,” lanzando el movimiento pragmatista con su ensayo de 1898 Philosophical Conceptions and Practical Results.[*]

El objetivo principal de James era el destacar la importancia práctica concreta de las diferentes creencias filosóficas. No estaba acotando el territorio [staking out, expresión que utiliza en el ensayo] de una posición familiares  o que devendría antecedente de los problemas para la la filosofía del lenguaje o la filosofía de la mente del siglo XX, como podrían ser problemas lingüísticos o cognitivos significativos [esto parece un comentario para los filósofos analíticos que a mí no me dice nada.] Insistía en que las preguntas filosóficas importantes son aquellas que suponen una diferencia en nuestras vidas, y por implicación que algunas preguntas característicamente filosóficas carecen de importancia.

En 1907 escribió en Pragmatism: “No puede haber una diferencia en un sitio que no determine una diferencia en otro sitio.” [There can be no difference anywhere that doesn’t make a difference elsewhere.”] — una diferencia en una verdad abstracta que no exprese en sí misma una diferencia en un hecho concreto y en la conducta consecuente de ese hecho, impuesta sobre alguien, de alguna manera, en algún lugar, en algún momento.”

[Comentario: veremos a continuación que esta misma cita la hace James en el texto de 1898 — según parece.]

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William James, 1898, Philosophical Conceptions and Practical Results, pp. 290-292 [con algún comentario]

I refer to Mr Charles S. Peirce, with whose very existence as a philosopher i dare say many of you are unaquainted. He is one of the most original of contemporary thinkers; – and the principle of practicalism – or pragmatism –, as he called it, when i first heard him enunciate it in Cambridge in the early ’70’s – is the clue or compass i by following which i find myself more and more confirmed in believing we may keep our feet upen the proper trail.

Peirce’s principle, as we may call it, maybe expressed in a variety of ways, all of them very simple. In the Popular Science Monthly, for January, 1878, he introduces it as follows: The soul and meaning of thought, he says, can never be made to direct itself towards anything but the production of belief, belief being the demicadence which closes a musical phrase in the symphony of our intellectual life.

[Comentario 1: esto del belief o creencia conecta con el empirismo inglés y en concreto con Hume, que pensaba que todo conocimiento tiene un cierto carácter de incertidumbre y provisionalidad y por eso lo llamaba creencia, aunque con un sentido científico-empirista del término].

[Comentario 2: demicadence: imagen o metáfora algo crítptica para mí; literalmente: (Mus.) An imperfect or half cadence, falling on the dominant instead of on the key note. – Podría ser como una conclusión provisional… vinculado al ritornelo, podría ser…].

[Comentario 3: No me resulta claro cuándo se cierra la cita de Peirce; si se cierra aquí o continúa.]

Thought in movement has thus for its only possible motive the attainment of thought at rest. But when our thought about an object has found its rest in belief, then our action on the subject can firmly and safely begin.

Beliefs, in short, are really rules for action, and the whole function of thinking is but one step in the production of habits of thought.

[Comentario: los patterns de Bateson; puede que también algo similar en Dewey.]

If there were any part of thought that made no difference in the thought’s practical consequences, then that part would be no proper element of the thought’s significance. Thus the same thought may be clad in different words: but if the different words suggest no different conduct, there are mere outer accretions, and have no part in the thought’s meaning. If, however, they determine conduct differently, they are essential elements of the significance. “Please open the door,” and “Veuillez ouvrir la porte,” in French, mean just the same thing; but “D–––n you, open the door,” although in English, means something very different. Thus to develop a thought’s meaning [291] we need only to determine what conduct is fitted to produce; that conduct it is fitted to produce; that conduct is for us its sole significance. And the tangible fact at the root of our thought-distinctions, however subtle, is that there is no one of them son fine as to consist in anything but a possible difference of practice. To attain perfect clearness in out thoughts of an object, then, we need only consider what effects of a conceivably practical kind the object may involve – what sensations we are to expect from it, and what reactions we must prepare. Our conceptions of these effects, then, is for us the whole of our conception of the object, so far as that conception has positive significance at all.

This is the principle of Peirce, the principle of pragmatism. I think myself that it should be expressed more broadly than Mr. Peirce expresses it. The ultimate test for us of what truth means is indeed the conduct that it dictates or inspires. But is inspires that conduct because it first foretells some particular turn to our experience which shall call for just that conduct from us. And I should prefer for our purposes this evening to express Peirce’s principle by saying that the effective meaning of any philosophic proposition can always brought down to some particular consequence, in our future practical experience, whether active or passive; the point lying rather in the fact that the experience must be particular, that in the fact that it must be active.

[Comentario: esto de que la experiencia tiene que ser particular me llama la atención, aunque aún no se bien qué significa exactamente; tiene que ver sin duda con el empirisimo y la experiencia, valga la redundancia.]

To take in the importance of this principle, one must get accustomed to apply it to concrete cases. Such use as I am able to make of it convinces me that to be mindful of it in philosophical disputations tends wonderfully to smooth out misunderstandings and to bring peace. If it did nothing else, then, it would yield a valuable rule of method of discussion. So I shall devote the rest of this precious hour with you to its elucidation, because I sincerely think that if you once grasp it, it will shut your steps out from many an old flase opening, and head you in the true direction of the trail.

[Comentario: nueva alusión a la bonita metáfora del trail-blazing en la selva con que inicia la conferencia.]

[292] One of its first consequences is this. Suppose there are two different philosophical definitions, or propositions, or maxims, or what not, which seem to contradict each other, and about which men dispute. If, by supposing the truth of the one, you can forsee no conceivable practical consequence to anybody at any time or place, which is different from what you would foresee of you supposed the truth of the other, why then the difference between the two propositions is no difrerence, – it is only specious and verbal difference, unworthy of further contention. Both formulas mean radically the same thing, although they may say it in such different words. It is astonishing to see how many philosophical disputes collapse into insignificance the moment you subject them to this simple test.

There can be no difference which doesn’t make a difference – no difference of concrete fact, and of conduct consequent upon the fact, imposed on somebody, somehow, somewhere, and somewhen.

It is true that a certain shrinkage of values often seems to occur in our general formulas when we measure their meaning in this prosaic and practical way. They diminish. But the vastness that is merely based on vagueness is a false appearance of importance, and not a vastness worth retaining. The x‘s, y‘s, and z‘s always do shrivel, as I have heard a learned friend say, whenever at the end of our algebraic computation they change into so many plain a‘s, b‘s, and c‘s; – but the whole function of algebra is, after al, to get them into that more definite shape; and the whole function of philosophy ought to be to find out what definite difference it will make to you and me, at definite instants of our life, if this world-formula or that world-formula be the one which is true.

[Esta última sería una buena aproximación al objetivo que se plantea el pragmatismo filosófico: ayudarnos en la vida real, concreta – en lugar de construir los castillos conceptuales que tratan de explicar el ser, el mundo, etc. en términos asbtractos que con frecuencia acaban teniendo poca relación con las vidas reales de cada cual; o en el peor de los casos una relación perniciosa por su excesiva desconexión o idealismo.]

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Referencias

William James, 1898, Philosophical Conceptions and Practical Results – University Chronicle, Volume 1 September 1898 No. 4 — An address delivered before the Philosophical Union, at Berkeley, August 26, 1898, by William James, M.D., LL.D., Professor of Psychology in Harvard University [24 págs]. Fuente: https://classes.matthewjbrown.net/teaching-files/american/James-PhilosophicalConceptions.pdf

Steven Fesmire, 2015, Dewey, Routledge, Nueva York

Mitchell J. Mictell, 2003, Me++. The Cyborg Self and the Networked City, The MIT Press, Cambridge

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Sobre Gregory Bateson en este blog: JPL; 2018, Traducción de Forma, sustancia y diferencia, texto de Gregory Bateson sobre la ecología de la mente: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/01/01/forma-sustancia-y-diferencia-gregory-bateson/

Sobre Claude Shannon en este blog: JPL, 2018, Unas notas sobre Shannon, fundador de la era de la Información: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/11/30/shannon-fundador-era-de-la-informacion/