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No creas todo lo que piensas… Hm¿!

Imagen: «Meme» que vengo viendo desde hace tiempo en Internet, cuyo autor o autora aún no pude averiguar — 2021.

No creas todo lo que piensas…

Notas de José Pérez de Lama / 2021
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Estas notas, me gustaría pensar que «ligeras», van dedicadas a mi padre, a quien siempre le preocupó la verdad – y que quizás por la sinceridad de aquella preocupación siempre se planteó la búsqueda con bastante humildad. Van para seis meses de su muerte y lo echo de menos. De muchas de las cosas que escribo aquí habría hablado con él. __ Siendo yo muy pequeño ya me dijo que los anuncios de la televisión no debía uno creéselos… En eso seguimos, lo que pasa es que cada vez me creo menos cosas… Ya se sabe, nunca es fácil dar con «la justa medida» – otro tema que interesaba a mi buen padre 🙂

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¿Quién osaría pretender aún hoy que su cólera sea verdaderamente suya,
cuando tantos se atreven a decirle cómo se siente, sabiéndolo mejor que él mismo?

~ Robert Musil, El hombre sin atributos, citado por Maurizio Lazzarato, 2010, «La máquina», en Brumaria núm 7. Arte, máquinas, trabajo inmaterial, 2006, pp. 91-06.

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La imagen que acompaña el texto, con el lema que le da título – «No creas todo lo que piensas» – reaparece por las redes cada cierto tiempo, como si fuera la gripe o algo así. Me llama poderosamente la atención. Porque uno, cada vez más, duda de lo que piensa, siente, desea… No acaba de saber si es suyo-suyo, o como sugiere Lazzarato, es un extraño y secreto injerto o contagio o algo así…
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De diferentes maneras esta idea, esta preocupación sobre el carácter «verdadero» de lo que pensamos, sentimos, deseamos, etc. está presente en el pensamiento, desde siempre – o al menos desde los orígenes de la Filosofía — orígenes que tendrían que ver con esto probablemente: cómo distinguimos lo verdadero de lo no verdadero… Se nos presenta con diferentes formulaciones: que las apariencias (fenómena) y la opinión (doxa) pueden ser engañosas. O que la verdadero, sea lo que sea, no es evidente. O que lo que debamos pensar y hacer es algo que hay que descubrir y que no podemos limitarnos a las intuiciones inmediatas, los saberes convencionales, o lo que nos cuentan los poderosos o los que quieren influir en nuestras acciones.
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Quizás lo singular de la contemporaneidad sea que no sólo los fenómenos y la opinión, externos a nosotros sean considerados susceptibles de ser engañosos, sino que lo que sentimos en el interior de nosotrxs mismxs, lo que en otros tiempos habríamos pensando como lo más íntimo del yo, podría también ser equívoco, falso, una especie de trampa o engaño: «No creas todo lo que piensas». La sospecha, incluso, de que lo que – como si fuéramos artistas románticos – percibimos como más auténtico en nosotros, nuestra «esencia» que dirán algunos, sea una especie de sucedáneo… nuestras inclinaciones, nuestros gustos, nuestros deseos… La sospecha de que no podemos confiar ni en nosotros mismos… ¿En qué o en quién podríamos entonces confiar? Oh my dog!
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Aunque si lo pensamos bien, esta desconfianza en el yo más íntimo – ya sea de nuestras «pasiones» en algunas tradiciones, ya de la «razón» en otras, tampoco es nada nuevo: es vieja-vieja. Paso a citar tan sólo algunos ejemplos que leí recientemente y me gustaron.

El caso de los estoicos, según aprendo en La ciudadela interior de Pierre Hadot – formidable libro. Explica Hadot que para los estoicos un elemento fundamental de la filosofía, quizás el principal, era saber cómo vivir. Y que esto se organizaba según tres «disciplinas»: la disciplina del juicio o de la representación, la disciplina del deseo y la disciplina de la acción. La máxima de Epicteto, el gran maestro estoico, nos ilustra sobre el contenido y el sentido de la disciplina del juicio: «Lo que nos turba no son las cosas sino nuestros juicios sobre las cosas». En cuanto al deseo, los estoicos tratan de limitarlo a aquello sobre lo que tenemos capacidad de influir.

El caso de los epicúreos. Esta «escuela» – término que etimológicamente está asociado a la idea de camino o vía, por cierto — tenía una elaborada teoría del deseo. Los deseos se clasificaban para los epicúreos en: 1) naturales y necesarios: comer y cosas así, pero también tener amigos, conversar… 2) naturales pero no necesarios: no tendríamos que prescindir de estos deseos, pero sí satisfacerlos, en el caso de que lo hiciéramos con prudencia o con buen juicio – sería el caso del amor romántico para los epicúreos, por ejemplo. 3) por último estaría el caso de los deseos no naturales y no necesarios; en esta categoría incluían los epicúreos cosas como la riqueza, el poder, la fama… Unas máximas epicúreas podrían sintetizar estas ideas y ayudar a situarlas en nuestro pequeño discurso:

«La riqueza acorde con la naturaleza está delimitada y es fácil de conseguir. Pero la de las vanas ambiciones se derrama al infinito». ~ Epicuro, Máximas capitales, 15

«El que presta atención a la naturaleza y no a las vanas opiniones es autosuficiente en cualquier circunstancia. Pues en relación a lo que por naturaleza es suficiente toda adquisición es riqueza, pero en relación a los deseos ilimitados la mayor riqueza es pobreza».

«La felicidad y la dicha no la proporcionan ni la cantidad de riquezas ni la dignidad de nuestras ocupaciones ni ciertos cargos y poderes, sino la ausencia de sufrimiento, la mansedumbre de nuestras pasiones y la disposición del alma a delimitar lo que es por naturaleza.»

Estas dos últimas forman parte del llamado Gnomologio Vaticano; en mi caso proceden del libro Filosofía para la felicidad, Fragmentos y testimonios escogidos, traducción de C. García Gual, máximas 5 y 6, pp. 75-92.

El caso de Michel Eyquem de Montaigne: otro autor al que leía recientemente: su ensayo De la soledad (c. 1580). Trata allí de la vida en soledad dedicada a la lectura, la meditación y la escritura y la búsqueda de la virtud en un sentido que sería composición de ideas estoicas y epicúreas. Como es bastante conocido Montaigne vivió durante diez años  como una especie de eremita o ermitaño laico, humanista… – Digresión: aunque siempre pensé que «eremos» – ἔρημος – significaba desierto leo ahora que significa más específicamente lugar separado, alejado, solitario… desierto, por tanto, en el sentido de que no hay nadie… http://etimologias.dechile.net/?ermita

Citaba Montaigne, muy en su línea, al clásico Horacio (Epístolas, I, xiv, 13):

In culpa est animus, qui se non effugit unquam.

La traducción al francés del propio Montaigne de la que derivo el castellano dice: Nostre mal nous tient en l’âme: or elle ne se peut eschapper à elle mesme: «Nuestro mal nos tiene en el alma: entonces, ésta no puede escapar de sí misma». «El mal» en este caso sería el asociado a la vida «en la corte».

Seguía Montaigne: «Por eso tenemos que recuperarla [el alma] y retirarla en sí misma. Esta es la verdadera soledad. Puede ser disfrutada en las ciudades y en las cortes de los reyes, pero más convenientemente, apartados» […]

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La novedad del tiempo más actual, quizás, sea la idea o incluso la consciencia de que en tanto que sujetos o personas o participantes de ciertas subjetividades somo producidos por las sociedades de las que formamos parte, mediante la educación, los hábitos, los medios de comunicación, el estar atravesados por las ideas y sentimientos dominantes de cada época y entornos sociales… Lo que sugerían Musil y Lazzarato en el epígrafe introductorio.

Leía estos días sobre Theodor Adorno, que escribía a mediados del siglo XX sobre las sociedades totalizantes – expresión que suena a «prima hermana« de la idea de totalitarismo, término que no se si debemos a Hannah Arendt o era anterior a ella –. Frente a estas sociedades totalizantes, Adorno proponía la idea contradictoria de autonomía, a la que en sus aspectos positivos – la autonomía como resistencia – accederíamos mediante una educación emancipadora, cuya misión sería la de «desarrollar una forma de reflexión crítica sobre uno mismo que aseguraría que los comportamientos ciegos del pasado – que Adorno representaba paradigmáticamente con el Tercer Reich y con Auschwitz – no pudieran repetirse». (O’Connor: 130). Esta formulación me llama poderosamente la atención hoy que vemos cómo están retornando por todo el planeta las pulsiones totalitarias o fascistas o como prefiramos llamarlas.

Félix Guattari sería otro autor querido que subraya la importancia de la «producción de subjetividad» como territorio crítico de conflicto. En un libro que un amigo me recomendó con entusiasmo encontré una expresión que me pareció afortunadísma: «la resistencia íntima». (Ese es el estupendo título — con el desarrollo no conecté tan rotundamente; igual tengo que intentarlo otra vez).
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Seguramente estoy mezclando cosas diferentes. Lo que me preocupa más específicamente es lo que decía la imagen: «No creas todo lo que piensas». ¿Qué creemos entonces de lo que pensamos? ¿Hasta qué punto podemos fiarnos de «nosotros mismos»? – El hecho de que a lo largo de mi vida haya creído con una cierta firmeza cosas que ahora me parecen bastante ingenuas, refuerza estas inquietudes. Quiere uno imaginar que eso habrá ocurrido a muchos, no sólo a mí…

Al final, entonces, ¿con qué me quedo? … Pues de momento, creo que con el «escepticismo moderado» de, por ejemplo, alguien como David Hume. Un escepticismo que trata de ser amable con los otros y con uno mismo. Parecerían cosas sin relación, — ¿verdades y afectos? –, pero hoy me parece que sí que tienen relación… Hablando de lecturas, Nabokov sugería hacerlas con “kindness to the author” – amabilidad con el autor… Spinoza por su parte escribía sobre  tratar de entender más que de condenar… Y luego estarían las diferencias, cuando no los abismos, entre el pensamiento y la acción y cómo interpretamos la acción – como decía un buen colega en Tuiter estos días…

Ahí andamos… Vale.

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#algunasReferencias

* Al recopilar la bibliografía mencionada me doy cuenta con un poco de espanto que son todos hombres… Igual tendría que plantear otra versión del asunto con mujeres… O no… :-O

Epicuro – con introducciones de Carlos García Gual, Emilio Lledó & Pierre Hadot; traducción de Carlos García Gual, 2016 [2013], Errata Naturae. Colección la Muchacha de Dos Cabezas, Madrid

Josep M. Esquirol, 2015, Resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad, Acantilado, Barcelona

Félix Guattari, 2000 [1989], Las tres ecologías, Pre-textos, Valencia

Pierre Hadot – con prólogo de Arnold I. Davidson; traducción de María Cuquerella, 2013 [1992], La ciudadela interior. Introducción las Meditaciones de Marco Aurelio, Alpha Depay, Barcelona

Maurizio Lazzarato, 2010, La máquina, en Brumaria núm 7. Arte, máquinas, trabajo inmaterial, 2006, pp. 91-96

Michel de Montaigne, c. 1580, Essais. Livre I, chapitre XXXIX, De la solitude, véase por ejemplo; https://artflsrv03.uchicago.edu/philologic4/montessaisvilley/navigate/1/3/40/

Brian O’Connor, 2013, Adorno, Routledge, Nueva York

Sobre la muerte: unos comentarios epicúreos

Imagen: Lámina botánica del pimiento — que tengo en mi huerto casero. Leo en Tuiter, de donde procede la imagen, que en el calendario de la Revolución Francesa hoy sería 27 de Vendimiario, día del pimiento. Fuente: https://twitter.com/Ererepublicaine/status/1317601312876359680 Igual la imagen no es la más adecuada; tal vez la cambie más adelante…

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Notas de José Pérez de Lama

Estos últimos meses, seguramente años, pensando bastante sobre la muerte: muchos personas de la familia cada vez más ancianos, algunos  que se han ido muriendo, — uno mismo cada vez más viejo –, y por supuesto la pandemia global. Hace un par de días tuvimos una de nuestras regulares conversaciones con Antonio Sáseta; — la dedicamos al tema de la muerte; resultó especialmente bonita e intensa.

Dos citas de las más preferidas de este período. Una de Maite Larrauri explicando la relación con la muerte de los epicúreos — a la muerte nos has de temer, es una de las máximas que componen el llamado tetrafarmakon epicúreo.

Escribe Larrauri:

«Sea cuando sea el momento de su muerte, la mayoría querría vivir algo más, como dicen casi todos, para poder hacer o culminar lo que todavía no han realizado. La filosofía, en cambio, nos enseña que las vidas, como los jardines, nunca pueden darse por acabadas y perfectas. Eso es lo que querían expresar las sabias palabras de un epicúreo como Montaigne: “que la muerte me encuentre plantando coles, pero no preocupándome de ella y aún menos de la imperfección de mi jardín”. El tiempo se terminará para todos nosotros, habremos quitado hierbas y habremos podado y plantado hasta donde hayan llegado nuestras fuerzas, la belleza de lo que habremos hecho se encontrará ya realizada y, aunque imperfecta, no aumentará con otra primavera.

»Si la naturaleza pudiera tomar la palabra — dice Lucrecio — nos diría que aun cuando viviéramos miles de años ella no podría añadir ningún nuevo placer a los que ya conocemos, y por lo tanto, lo único que podríamos obtener es una repetición de lo mismo. Por eso es importante no comportarnos como una vasija agujereada. Así siempre podremos sacar de dentro los bienes que no hemos dejado escapar, como hace Epicuro el día de su muerte. En la carta que dirige a Idomeneo, Epicuro le dice que en ese día en el que está agonizando puede echar mano del goce que le procura el recuerdo de las conversaciones filosóficas que mantuvieron ellos dos.»

Con lo que dice en el segundo de los párrafos estoy algo menos de acuerdo, aunque sí que me parece un buen motivo de meditación para la vejez, y para tratar de prepararnos para la vejez.

La segunda de las citas, es un poco más cínica. Viene de Turgenev vía Nabokov, y en realidad se atribuye a un «nihlista». Pero creo que podemos también considerarla, en cierto aspecto, como un pensamiento epicúreo. El que lo dice es uno de los protagonistas de la novela Padres e hijos. El personaje en cuestión, un joven médico, ha contraído una enfermedad contagiosa, y es consciente que va a morir en breve. Dice — en en la traducción al inglés de Nabokov, que me parece deslumbrante, y luego en mi intento de traducción:

«Death is an old trick, yet it strikes everyone as something new».

La muerte es un viejo truco, y sin embargo nos sorprende a todos como si fuera algo nuevo.

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Las citas son de:

Maite Larrauri & Max, 2007, La amistad según Epicuro, Tándem edicions, Valencia; pp: 47-48.

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Vladimir Nabokov, 1981, Lectures on Russian Literature, Harcourt, Orlando; p. 93

 

 

Pararse a pensar___ pero es que no tenemos tiempo…


Imagen: techo de una de las salas de la torre en que se retiró Michel de Montaigne durante 10 años, — para leer, pensar y escribir sobre la vida y sobre los tiempos turbulentos que le tocaron vivir. En las vigas mandó inscribir máximas clásicas preferidas, con lo que el espacio era como una especie de cuaderno de ejercicios o de meditación por el que se podía deambular físicamente. Aunque supongo que si andas demasiado tiempo mirando al techo ¡te puedes caer fácilmente! Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Librairie_Montaigne2.jpg

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Pararse a pensar. Sobre la conveniencia de algo así como un «tiempo muerto» global

José Pérez de Lama

Para los que más o menos nos creemos lo del cambio climático y que creemos también, más en general, que el capitalismo nos lleva a todos – o a casi todos – por un camino de precarización de la vida y de violencia sobre tantas personas y cosas, la idea de «volver con urgencia a la normalidad» nos produce más espanto que entusiasmo.

Personalmente, estoy muy convencido de que lo que necesitaríamos más bien sería parar. Parar para tratar de pensar tranquilamente, para pensar y organizar cómo hacer que todo esto funcione de otra manera. O formulado de otra manera: si con los medios y recursos que tenemos como civilización podríamos estar haciéndolo mucho mejor ¿no deberíamos hacer algo diferente que seguir corriendo y corriendo, sin tempo para ninguna otra cosa?

Algo parecido a estos del COVID-19, pero que durase 7 o 10 años; saliendo a la calle y encontrándonos, eso sí. Como un «tiempo muerto» de algunos deportes, un time-out.

Una cita atribuida a Adorno que me gusta últimamente:

That something should be done is a belief held by everyone nowadays; what is found to be ‘problematic’ is when someone decides not to do anything for once, but to retreat from the dominant realm of practical activity in order to think about something essential.

Mencionada en Twitter por @samantharhill 9/1/2020 __ Diría en español, aproximadamente: «Que algo debe ser hecho es algo que creemos todos hoy en día [y lo escribiría en la década de 1960 quizás…]; lo que se suele considerar problemático es que alguien decida por una vez no hacer nada, y retirarse del ambiente dominante de la actividad práctica para pensar sobre algo esencial».

El célebre Michel de Montaigne, como es bastante conocido, se retiró a una torre de su castillo en donde estuvo estudiando y escribiendo durante unos diez años. Eran tiempos de violentas guerras de religión en Francia, y el prefirió apartarse de aquella. Dejó el parlamento en París donde tenía algún cargo y se refugió en su castillo alejado de la capital. Pensaba en aquel momento que iba a ser algo definitivo pero a los diez años volvió al mundo, incluso a la corte en París. Durante estos años escribió sus Ensayos, por los cuales pasó a la historia del pensamiento y de la literatura, como personalidad renacentista, entre el estoicismo y el epicureísmo… Sigue leyendo Pararse a pensar___ pero es que no tenemos tiempo…

Una buena película es una película libre. Sobre capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

Imagen: John Cassavetes explicando cómo hacer una buena película; captura del vídeo Faire un bon film selon John Cassavetes de 1965. Curiosamente, sólo soy capaz de encontrarlo en la red social fb.

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«Una buena película es una película libre». Sobre el capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

José Pérez de Lama

Estos días ando entre preocupado y enfadado por el debate – que algún periodista dice que ya no existe – sobre si queremos o no una aplicación de móviles que nos rastree cuando nos movemos por la ciudad, que recoja si nos hubiésemos contagiado o si ya nos hubiéramos curado, y que rastree con quién nos encontramos o nos cruzamos en el transporte público o el trabajo, intercambiando información automáticamente con otros usuarios, y quizás, en ocasiones dicen, también con alguna instancia centralizada del sistema, etc. – de momento en relación con el Coronavirus y la epidemia. Pero, ¿quién sabe para qué pensarán que sería razonable usar algo así en el futuro…? Sigue leyendo Una buena película es una película libre. Sobre capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

Sobre la brevedad en el hablar y el escribir (notas de Toni Morrison y Montaigne)

Imagen: La carga de la caballería roja es un cuadro del pintor Kazimir Malévich, realizado entre 1928 y 1932. Fuente: Wikipedia.

José Pérez de Lama

Desde hace un tiempo pensando sobre escribir de manera más breve y directa. Los amigos y lectores de este blog igual se sonreirán… Aquí algunas reflexiones sobre el asunto espigadas recientemente entre mis lecturas. Resulta curiosa la coincidencia en ciertas cosas de autores aparentemente tan alejados la una del otro: Toni Morrison, la escritora estadounidense afroamericana, premio Nobel, que murió recientemente; y Michel de Montaigne citando a clásicos varios.

* Sirva también de práctica de inglés al ir traducciones al español/castellano junto con mis fuentes en inglés (en azul).

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Toni Morrison, de la entrevista en la Paris Review, de la serie The Art of Fiction (núm, 134, 1993)
https://www.theparisreview.org/interviews/1888/toni-morrison-the-art-of-fiction-no-134-toni-morrison

En Jazz (una de sus novelas), quería transmitir la sensación que transmite un músico —- que tiene más pero que no te lo va a dar. Es un ejercicio de contención, de retenerse —- no porque no esté ahí, o porque una lo haya agotado, sino por la riqueza, y porque puede hacerse otra vez. Este sentimiento de saber cuándo parar es algo aprendido y no siempre lo tuve. No fue, probablemente, hasta después de escribir Song of Solomon que llegué a sentir la suficiente seguridad como para experimentar lo que significaba ser frugal, ahorrativa, con las imágenes y las palabras y lo demás. Cuando escribía Jazz era muy consciente de que estaba tratando de fundir aquello que es planificado y artificial con la improvisación. Sigue leyendo Sobre la brevedad en el hablar y el escribir (notas de Toni Morrison y Montaigne)

Montaigne y la educación de un hombre (quizás demasiado) libre

Imagen: La torre del castillo de Montaigne, —- en la que se refugió del mundo durante diez años para meditar, estudiar y escribir. Foto de Henry Salomé; fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Montaigne%27s_tower#/media/File:St_Michel_de_Montaigne_Tour01.jpg

José Pérez de Lama

Michel de Montaigne, uno de los grandes humanistas franceses, noble de provincias, coetáneo de Cervantes y Shakespeare; —- su gran obra, los Ensayos: una colección de textos bastante personales en los que recoge sus pensamientos sobre muchas y diferentes cosas, entre otras, sobre cómo debería ser la educación de un niño. Los Ensayos, y éste texto de Zweig sobre su autor que cito a continuación, son algunos de mis libros preferidos. Tengo ambos extensamente anotados, pero me limitaré aquí a algún comentario introductorio sucinto.

Sobre la educación (la institution en el original francés). Se trata de la educación de un hombre libre, de un noble o un príncipe. El texto de Montaigne suena por una parte  tremendamente ilustrado y moderno; y por otra me hace preguntarme por esta especie de falacia moderna de pensar que cada persona es señor (o señora) de sí mismo, capaz y responsable de determinar la propia vida, los propios juicios, etc. ___ Al menos desde Foucault, pero seguro que mucho antes, también sabemos que la educación es una forma de producir un determinado tipo de individuos, individuos que son “productivos” para el propio sistema que diría Foucault. Por lo que esta educación que nos propone Montaigne no deja de generarme dudas. A favor de Montaigne cabe decir que esta educación que él propone, basada en el uso de la razón frente a las diversas autoridades tradicionales – también él, un par de siglos antes de Kant, usa el sapere aude horaciano – parece sugerirnos que un hombre que se condujera por la razón se daría cuenta de que forma parte de una sociedad respecto de la que tiene importantes responsabilidades y a la que está comprometido con diversos deberes… Sigue leyendo Montaigne y la educación de un hombre (quizás demasiado) libre