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Pararse a pensar___ pero es que no tenemos tiempo…


Imagen: techo de una de las salas de la torre en que se retiró Michel de Montaigne durante 10 años, — para leer, pensar y escribir sobre la vida y sobre los tiempos turbulentos que le tocaron vivir. En las vigas mandó inscribir máximas clásicas preferidas, con lo que el espacio era como una especie de cuaderno de ejercicios o de meditación por el que se podía deambular físicamente. Aunque supongo que si andas demasiado tiempo mirando al techo ¡te puedes caer fácilmente! Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Librairie_Montaigne2.jpg

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Pararse a pensar. Sobre la conveniencia de algo así como un «tiempo muerto» global

José Pérez de Lama

Para los que más o menos nos creemos lo del cambio climático y que creemos también, más en general, que el capitalismo nos lleva a todos – o a casi todos – por un camino de precarización de la vida y de violencia sobre tantas personas y cosas, la idea de «volver con urgencia a la normalidad» nos produce más espanto que entusiasmo.

Personalmente, estoy muy convencido de que lo que necesitaríamos más bien sería parar. Parar para tratar de pensar tranquilamente, para pensar y organizar cómo hacer que todo esto funcione de otra manera. O formulado de otra manera: si con los medios y recursos que tenemos como civilización podríamos estar haciéndolo mucho mejor ¿no deberíamos hacer algo diferente que seguir corriendo y corriendo, sin tempo para ninguna otra cosa?

Algo parecido a estos del COVID-19, pero que durase 7 o 10 años; saliendo a la calle y encontrándonos, eso sí. Como un «tiempo muerto» de algunos deportes, un time-out.

Una cita atribuida a Adorno que me gusta últimamente:

That something should be done is a belief held by everyone nowadays; what is found to be ‘problematic’ is when someone decides not to do anything for once, but to retreat from the dominant realm of practical activity in order to think about something essential.

Mencionada en Twitter por @samantharhill 9/1/2020 __ Diría en español, aproximadamente: «Que algo debe ser hecho es algo que creemos todos hoy en día [y lo escribiría en la década de 1960 quizás…]; lo que se suele considerar problemático es que alguien decida por una vez no hacer nada, y retirarse del ambiente dominante de la actividad práctica para pensar sobre algo esencial».

El célebre Michel de Montaigne, como es bastante conocido, se retiró a una torre de su castillo en donde estuvo estudiando y escribiendo durante unos diez años. Eran tiempos de violentas guerras de religión en Francia, y el prefirió apartarse de aquella. Dejó el parlamento en París donde tenía algún cargo y se refugió en su castillo alejado de la capital. Pensaba en aquel momento que iba a ser algo definitivo pero a los diez años volvió al mundo, incluso a la corte en París. Durante estos años escribió sus Ensayos, por los cuales pasó a la historia del pensamiento y de la literatura, como personalidad renacentista, entre el estoicismo y el epicureísmo…

Decía Montaigne, me contaba un amigo de por aquí, que [en la vida] «la cuestión no es quién llegará a la meta, sino quién efectuará las más bellas carreras». ¡Ese tipo de cosas se le debieron ocurrir al buen hombre encerrado en la torre tantos años!

En unas de mis novelas de ciencia ficción preferidas, River of Gods, de Ian McDonald (2004), el padre del protagonista que había levantado una de las principales empresas de energía (renovables) en India, decide hacia 2047 retirarse del mundo – según una práctica de la filosofía hindú. Leo para recordar en Wikipedia: «Sannyasa es una forma de ascetismo que está marcada por la renuncia a los deseos materiales, representada por un estado de desinterés y desapego de la vida material, y que tiene como propósito dedicarse a la vida espiritual, pacífica e inspirada por el amor».

En la novela, Vishram Ray, el hijo, cuya vida hasta entonces había transcurrido como aspirante a artista y vividor en Londres, tiene que volver a Mumbai para dirigir una de las mayores empresas del país, en un momento de revoluciones sociales, en el que se va desvelando que una IA más o menos encarnada en un programa de televisión tipo Ana Rosa o Juan Imedio está intentando hacerse con el poder en el país – muy actual todo, sí. Pero lo del padre que se retiraba a los 60 o 70 años para dedicarse a meditar, es algo que me vuelve a la mente una y otra vez. Ya decía Pessoa, que los libros suelen ser mucho más reales que la vida misma; o igual lo que decía era que lo eran para él. Lo que por lo menos podemos decir nosotros es que muchas veces se suele aprender más del mundo en los libros – incluso los de ficción – que estando todo el día en la calle de aquí para allá. En fin, uno que es algo escéptico de tanto dato; – aunque eso tendrá que quedar para otro día.
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Los decrecentistas – o los defensores del pos-crecimiento si queremos usar otro término – tienen – o tenemos claro – que es necesario dejar de producir, de correr, de aumentar la velocidad, si queremos que la catástrofe climática no llegue en las próximas décadas. Tendríamos que ir parando.

Y sin embargo, el truco del propio sistema es que todos o la mayoría parece que dependemos de que no pare, incluso de que cada vez vaya más rápido que en eso consiste en buena parte lo de aumentar la producción / productividad.

Resulta de lo más verosímil que haciendo lo que estamos haciendo nos estamos cargando nuestro propio medio, sin el cual no podríamos existir. Y sin embargo, no podemos parar, porque nos quedamos parados, dejamos de tener ingresos, dejaríamos de poder tener techo, comida, etc.
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Zugzwang se llama algo así en ajedrez: vemos que si movemos nos perjudicará sin la menor duda, pero no tenemos más remedio que hacerlo porque es nuestro turno.

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La última entrada de esta divagación. Me acordé, me acuerdo bastante, de dos libros – ¡otra vez! Uno es La Muerte de Iván Ilich de León Tolstói, el otro El final del día de Kazúo Ishiguro. En ambos se plantea la cuestión de personas que han dedicado su vida a cumplir con sus obligaciones según la sociedad se las había hecho entender – en Tolstói de manera un poco banal, en Ishiguro con gran compromiso y devoción. Pero en ambos al final de sus días sus protagonistas, un alto funcionario y un mayordomo, como sabrán muchos, tienen bastantes razones para pensar que se han equivocado; que todo aquel correr, ser responsables, no dejar de cumplir con la tareas que creían que tenían que hacer – tal vez había sido una enorme equivocación. A estos caracteres de novela, nos dan a entender sus autores, más les habría valido pararse, preguntarse antes, pensar, probar otras cosas, cambiar de rumbo quizás. Aunque seguramente nunca tuvieron tiempo ni oportunidad. Los lectores no sentimos inquina contra ellos, sino quizás, supongo que dependerá de los casos, una cierta comprensión triste o incluso algo de simpatía. Porque está claro también que los personajes que cité, los novelescos, cada cual a su manera, Montaigne y Ray, se pudieron permitir ese lujo, que está al alcance de pocos.

Vale, pues eso — ¡todos a correr hacia la nueva normalidad! ¡Salud y aire!

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Ps/ Lo de pararse, por supuesto, tiene que ver con no ser cómplice de la máquina que reproduce y amplía lo que tenemos. Aunque a la vez exista la contradicción de que haya que consumir para que el capital siga circulando, y la economía siga funcionando, o que haya que seguir manteniendo los servicios públicos, que aún nos salvan de una situación que podría ser mucho peor como estamos viendo estos días; o en fin, porque hay que comer, alimentar a las familias y demás, seguir viviendo — porque lo que nos importa más es ahora y en los próximos años: en el largo plazo, como decía el bueno de Keynes, todos estaremos muertos. Benditos y bienaventurados los que no se enteran de nada de esto, que me parece que son la mayoría.

Este parar podría ser – no solo para pensar, que nunca se sabe si se nos ocurrirá algo valioso y viable o si nos pondremos medio de acuerdo — sino también para dedicarse a otras cosas que no contribuyan a la reproducción del sistema sino al contrario: quizás a construir mayor autonomía y sostenibilidad local, a cuidar de la familia, los amigos, de uno mismo o también el entorno…

Se me ocurre que el sentimiento  debe ser muy parecido si no el mismo del que inspira las decenas de semanas de huelga por el planeta de los adolescentes de todo el mundo — lo de Greta Thunberg de quien hablábamos todo el tiempo hace unos meses, pero cuya moda ¿parece que pasó? Igual también nos haría falta menos modas y veleidades apasionadas y una dedicación más rutinaria y aburrida a las tres o cuatro cosas importantes…

A mi me quedarán 15 o 30 años de vida. Me da curiosidad, hasta cierto punto ver qué pueda pasar. Esto de haber visto pasar el tiempo es una de las pocas cosas buenas de ser mayorcito… Aunque en principio la nota dominante de mi estado de ánimo – y no tanto por lo del COVID-19 que ya irá pasando, si no ahora, en unos pocos años -, sino por todo lo demás es más bien oscura y empañada — esto de empañado he aprendido últimamente que es un adjetivo bastante pessoano.

Una buena película es una película libre. Sobre capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

Imagen: John Cassavetes explicando cómo hacer una buena película; captura del vídeo Faire un bon film selon John Cassavetes de 1965. Curiosamente, sólo soy capaz de encontrarlo en la red social fb.

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«Una buena película es una película libre». Sobre el capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

José Pérez de Lama

Estos días ando entre preocupado y enfadado por el debate – que algún periodista dice que ya no existe – sobre si queremos o no una aplicación de móviles que nos rastree cuando nos movemos por la ciudad, que recoja si nos hubiésemos contagiado o si ya nos hubiéramos curado, y que rastree con quién nos encontramos o nos cruzamos en el transporte público o el trabajo, intercambiando información automáticamente con otros usuarios, y quizás, en ocasiones dicen, también con alguna instancia centralizada del sistema, etc. – de momento en relación con el Coronavirus y la epidemia. Pero, ¿quién sabe para qué pensarán que sería razonable usar algo así en el futuro…? Sigue leyendo Una buena película es una película libre. Sobre capitalismo de la vigilancia en tiempos del Coronavirus

Sobre la brevedad en el hablar y el escribir (notas de Toni Morrison y Montaigne)

Imagen: La carga de la caballería roja es un cuadro del pintor Kazimir Malévich, realizado entre 1928 y 1932. Fuente: Wikipedia.

José Pérez de Lama

Desde hace un tiempo pensando sobre escribir de manera más breve y directa. Los amigos y lectores de este blog igual se sonreirán… Aquí algunas reflexiones sobre el asunto espigadas recientemente entre mis lecturas. Resulta curiosa la coincidencia en ciertas cosas de autores aparentemente tan alejados la una del otro: Toni Morrison, la escritora estadounidense afroamericana, premio Nobel, que murió recientemente; y Michel de Montaigne citando a clásicos varios.

* Sirva también de práctica de inglés al ir traducciones al español/castellano junto con mis fuentes en inglés (en azul).

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Toni Morrison, de la entrevista en la Paris Review, de la serie The Art of Fiction (núm, 134, 1993)
https://www.theparisreview.org/interviews/1888/toni-morrison-the-art-of-fiction-no-134-toni-morrison

En Jazz (una de sus novelas), quería transmitir la sensación que transmite un músico —- que tiene más pero que no te lo va a dar. Es un ejercicio de contención, de retenerse —- no porque no esté ahí, o porque una lo haya agotado, sino por la riqueza, y porque puede hacerse otra vez. Este sentimiento de saber cuándo parar es algo aprendido y no siempre lo tuve. No fue, probablemente, hasta después de escribir Song of Solomon que llegué a sentir la suficiente seguridad como para experimentar lo que significaba ser frugal, ahorrativa, con las imágenes y las palabras y lo demás. Cuando escribía Jazz era muy consciente de que estaba tratando de fundir aquello que es planificado y artificial con la improvisación. Sigue leyendo Sobre la brevedad en el hablar y el escribir (notas de Toni Morrison y Montaigne)

Montaigne y la educación de un hombre (quizás demasiado) libre

Imagen: La torre del castillo de Montaigne, —- en la que se refugió del mundo durante diez años para meditar, estudiar y escribir. Foto de Henry Salomé; fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Montaigne%27s_tower#/media/File:St_Michel_de_Montaigne_Tour01.jpg

José Pérez de Lama

Michel de Montaigne, uno de los grandes humanistas franceses, noble de provincias, coetáneo de Cervantes y Shakespeare; —- su gran obra, los Ensayos: una colección de textos bastante personales en los que recoge sus pensamientos sobre muchas y diferentes cosas, entre otras, sobre cómo debería ser la educación de un niño. Los Ensayos, y éste texto de Zweig sobre su autor que cito a continuación, son algunos de mis libros preferidos. Tengo ambos extensamente anotados, pero me limitaré aquí a algún comentario introductorio sucinto.

Sobre la educación (la institution en el original francés). Se trata de la educación de un hombre libre, de un noble o un príncipe. El texto de Montaigne suena por una parte  tremendamente ilustrado y moderno; y por otra me hace preguntarme por esta especie de falacia moderna de pensar que cada persona es señor (o señora) de sí mismo, capaz y responsable de determinar la propia vida, los propios juicios, etc. ___ Al menos desde Foucault, pero seguro que mucho antes, también sabemos que la educación es una forma de producir un determinado tipo de individuos, individuos que son “productivos” para el propio sistema que diría Foucault. Por lo que esta educación que nos propone Montaigne no deja de generarme dudas. A favor de Montaigne cabe decir que esta educación que él propone, basada en el uso de la razón frente a las diversas autoridades tradicionales – también él, un par de siglos antes de Kant, usa el sapere aude horaciano – parece sugerirnos que un hombre que se condujera por la razón se daría cuenta de que forma parte de una sociedad respecto de la que tiene importantes responsabilidades y a la que está comprometido con diversos deberes… Sigue leyendo Montaigne y la educación de un hombre (quizás demasiado) libre