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Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones


Iván Illich con Paule Freire en Perú, década de 1972. Fuente: http://backpalm.blogspot.com/

Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones

Publicado en LABlog 26/10/2015

José Pérez de Lama

Este medio tocayo de Lenin y casi homónimo del personaje de Tolstói es una singular figura de la segunda mitad del siglo 20 cuyas reflexiones reaparecen una y otra vez en conversaciones y textos más o menos alternativos sobre tecnologías, urbanismo y críticas a la idea de desarrollo. Según cuentan sus biógrafos, nació en 1926 en Viena, aunque su familia, de origen judío, vivía en una isla de Dalmacia (posteriormente Yugoslavia, y actualmente Croacia), adonde fue trasladado el mismo año de su nacimiento. Los avatares de la guerra europea lo llevaron a estudiar primero ciencias y después teología en Italia, y a continuación a ordenarse como sacerdote católico. Tras hacerse defensor de la feligresía portorriqueña de Nueva York y dirigir una institución en Puerto Rico, se convirtió en un severo disidente de las políticas estadounidenses en Latinoamérica, dejó la Iglesia, y estableció un centro de estudios críticos de la teoría y las políticas del desarrollo en Cuernavaca, México (CIDOC). Consecuente con su propia crítica de las instituciones, disolvió este centro a los diez años de su creación (1976), repartiendo sus recursos entre grupos y entidades locales.

El pasado verano, en un doble movimiento serendípico, tras coincidir en un almuerzo con Ada Colau y su equipo en un pequeño restaurante cerca de la plaza de San Jaume en Barcelona, me encontré en una librería con una reedición del libro de Illich, La convivencialidad, – sobre el que ahora haré unos comentarios.

El propio Illich define el libro como un manifiesto o panfleto, haciendo apología del género (Hornedo, 2014: 18). El texto es algo desordenado y quizás reiterativo, y hoy, unos 40 años después de que fuera publicado, se lee como si estuviera escrito desde un lugar extraño – comparando la alquimia con la educación, preguntándose por la utilidad social de la medicina institucionalizada, cuestionando los automóviles y la movilidad, reflexionando sobre los tiempos en los que la energía disponible para los humanos era principalmente la generada por su propio cuerpo… Aún así, o precisamente por eso, los asuntos que plantea son tremendamente actuales. Los definiría como tecnopolítica, esa palabra tan de moda, que interpreto, no como el uso de twitter, facebook, google y herramientas varias para el activismo, como se tiende a hacer últimamente, sino en un sentido más general, como es el de las políticas tecnológicas y las implicaciones políticas de las tecnologías y de su implementación.
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Modelo de financiación universitaria, contabilidad y otras artes esotéricas

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Lincoln pixel values, fuente: http://openframeworks.cc/ofBook/images/image_processing_computer_vision/images/lincoln_pixel_values.png

Modelo de financiación universitaria, contabilidad y otras artes esotéricas

Por José Pérez de Lama

Formo parte del Consejo de Gobierno de la Universidad de Sevilla desde hace unos años – en representación del Personal Docente e Investigador laboral (el llamado sector B) y por elección de mis compañeros – elección que, por otra parte, aunque agradezco como un honor, no tengo nada claro si fue demasiado lúcida. Los miembros y miembras del Consejo de Gobierno, – salvo el equipo del Rector – últimamente denominado su Consejo de Dirección (¡oh!) -, a pesar del estupendo nombre y de un sugerente párrafo en el Estatuto de la universidad, en realidad gobernamos muy poco. Nuestra labor fundamental, por lo que he aprendido estos años, es asentir y refrendar con nuestros votos lo que el Rector de turno proponga, salvo que seas del sector B (profesores laborales) o del C estudiantes, que ocasionalmente protestamos o votamos en contra o nos abstenemos, asumiendo la labor adicional de ayudar a dar una imagen de democracia y pluralidad. Se imagina uno, que quizás otra labor de los miembros y miembras del CG, aunque no esté recogida en el Estatuto, sea la de negociar más o menos privadamente antes y después de las sesiones formales sus votos de apoyo.

Se aprende mucho en cualquier caso formando parte del CG: sobre el funcionamiento de nuestras instituciones, sobre la sociedad y las personas, – y aunque uno a veces se tome estas cosas “por la tremenda”, supongo que, con el paso de los años, el haber vivido estas experiencias constituirá un amable recuerdo.

Una de las cosas sobre las que he aprendido es sobre presupuestos y contabilidad, pasando de percibirlos con una cierta condescendencia desde mi posición de… ¿humanista-artista?, a reconocerlos como unas de las artes más avanzadas y esotéricas de la contemporaneidad. Sigue leyendo Modelo de financiación universitaria, contabilidad y otras artes esotéricas