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«La historiografía de la arquitectura moderna» de Tournikiotis, comentarios

Imagen: Retratos de los historiadores de la arquitectura comentados en el libro de Tournikiotis, de izquierda a derecha y de arriba abajo, Pevsner, [falta Kaufmann], Giedion, Zevi, Benevolo, Hitchcock,  Banham, Collins & Tafuri. Fuente: La historiografía de la arquitectura, 2018, Reverte, Barcelona, pág. 2 … La ausencia de mujeres en esta lista de grandes historiadores hoy desde luego nos apabulla.

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Comentario de «La Historiografía de la arquitectura moderna», de Panayotis Tournikiotis
Edición actualizada de 2018 [trabajo original de 1988], Editorial Reverte, Barcelona

Comentario de José Pérez de Lama _ en construcción

Leí este libro … con más treinta años de retraso … hm … si es que puede decirse esto de la lectura de un libro de un cierto valor … Aunque en este caso, como se trataba de un debate de actualidad en su momento, quizás pueda decirse. Pero ocurre que quizás siga siendo de actualidad, más allá de lo filológico, aunque posiblemente por razones diferentes de las de finales de los 80, que en parte comentaré.

Se trata como su nombre indica de un texto en que se estudian las historias de la arquitectura del Movimiento Moderno. Eso del estudio de las diferentes historias, o de la historia de la Historia, sin entrar en grandes detalles, es una de las cosas a las que se llama «historiografía».

Es divertido que se tratara de la tesis doctoral que el autor hace a finales de la década de 1980, en París, teniendo como directora a Françoise Choay. Aquellos años, los mismos en que yo estudié la carrera, eran los años de la Posmodernidad de Jencks, León Krier, Michael Graves y compañía, y más en general de una dura crítica a la arquitectura y la ciudad del Movimiento Moderno – Movimiento Moderno, esta es mi manera de denominarlo, la de Pevsner, entre las diversas que existen.

Tournikiotis selecciona, estudia y compara lo que considera las ocho más importantes obras de historia de la arquitectura moderna, cuyos autores son, por orden de aparición, los alemanes, Pevsner, Kaufmann y Giedion, los italianos Zevi y Benevolo, el estadounidense Hitchcock, los ingleses Banham y Collins, y finalmente el italiano Tafuri. Las obras reseñadas y sus fechas de publicación, – en algún caso se comentará más de un libro – son, de nuevo por orden de aparición:

  • Nikolaus Pevsner, 1936, Pioneers of the Modern Movement from William Morris to Walter Gropius
  • Emil Kaufmann, 1933, Von Ledoux bis Le Corbusier: Ursprung und Entiwicklung der autonomen Architektur
  • Sigfried Giedion, 1941, Space, Time and Architecture: The Growth of a New Tradition
  • Bruno Zevi, 1950, Storia dell’architettura moderna (y otros tres libros más)
  • Leonardo Benevolo, 1960, Storia dell’architettura moderna
  • Henry-Russell Hitchcock, 1929, Modern Architecture; Romanticism and Reintegration [y otros dos más]
  • Reyner Banham, 1960, Theory and Design in the First Machine Age
  • Peter Collins, 1965, Changing Ideals in Modern Architecture
  • Manfredo Tafuri, 1968, Teorie e storia dell’architettura

El método elegido por Panayotis Tournikiotis resulta interesante para tratar de abarcar un tema tan amplio, aunque también hace que el estudio tenga bastantes limitaciones. El autor, en una cierta línea de aquellos años, usa un método que yo llamaría análisis estructuralista-semiótico de textos – los comentaristas suelen llamarlo método estructuralista, pero desde la perspectiva de hoy esta denominación me parece poco clara. Lo que el autor explica es que va a considerar los textos como entidades que han adquirido su propia autonomía y que por tanto es posible o interesante estudiar sin prestar demasiada atención al autor o al contexto. Como metodología para acotar un trabajo a hacer en dos o tres años puede parecer interesante. Y supongo que también se trata de no dejarse llevar a las primeras de cambio por prejuicios e ideas generales. Desde una perspectiva más general, sin embargo, lo veo como si el autor se hubiera impuesto la condición de correr 1.500 metros con los ojos tapados o algo del estilo. O como lo del libro sin la «e» de Perec. Una experimentación que pueda tener algo de interés, pero que nos dificulta, en el caso de Tournikiotis, una mejor comprensión del objeto de estudio.

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Tengo que confesar, que aun siendo profesor de un área de conocimiento que incluye la historia de la arquitectura, sólo he leído uno de estos libros fundacionales, el Benevolo, que era nuestro libro de texto en la carrera. Mi justificación … que dentro del área, que ahora se llama «Composición Arquitectónica», soy más bien de la parte de Composición Arquitectónica que de la de Historia; que como buen hijo de la Posmodernidad de los 80 y 90, no me interesó excesivamente la arquitectura del Movimiento Moderno; que siempre me dediqué más al estudio del medio ambiente, de las tecnologías, de la contemporaneidad crítica y cosas así.

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La circunstancia de que como estudiante sólo hubiéramos tenido el Benevolo como libro de texto o de referencia para la historia de la arquitectura moderna, me sugiere el primer aspecto de interés del Tournikiotis. Nadie me contó entonces que la historia o la historiografía de la arquitectura del Movimiento Moderno era tan diversa, que en realidad era un campo de desacuerdos y conflictos … cuáles eran las diferentes posiciones en estos desacuerdos… Creo que habría estado bien para mi formación como joven arquitecto. Aunque quizás esta actitud que llamaría pluralista, que reconoce que existen diferentes perspectivas sobre las cosas, y que cada una de ellas tiene su interés y sus valores diferenciales, quizás esta actitud sea mucho más actual. Un libro excelente en este sentido, en el área de la economía, es del de Ha-Joon Chang (2014), Economics: The User’s Guide, que plantea la existencia de 9 escuelas económicas, cuyo pensamiento y prácticas, virtudes y defectos – a juicio de Chang, claro – intenta explicar en un breve volumen de carácter bastante divulgativo. Lógicamente hay que saber bastante para poder hacer algo como esto…

Esa sería entonces la primera cosa que me llamó la atención y me gustó del libro de Tournikiotis: no hay una sola historia de la arquitectura moderna, hay múltiples historias. Lo que quiere decir que las historias son construcciones hechas por los historiadores: hay una selección de los hechos relevantes, hay una narración que los entrelaza dándoles sentido, una cierta explicación de estos hechos y de sus relaciones, se extraen unas conclusiones para explicar el presente y en el caso de estos historiadores, para proyectar el futuro. Un lugar común, supongo, al menos para los historiadores, pero no tanto para el público más general. [1]

Me recordó una de mis anécdotas (o «batallitas») preferidas, que paso a contar. Hacia 2008 Francisco Jarauta me invitó a un seminario internacional en Santander, en el que estaba, entre otros importantes personajes, Irving Lavin,  de quien yo, ignorante, no había oído hablar hasta entonces. (El profesor Lavin muró en 2019, sirva este texto de modestísimo homenaje.) Irving Lavin era un experto internacional en Bernini, profesor en Princeton, colega y amigo del propio Jarauta desde hace años. Acompañándolos durante unos pocos días encontré un cierto parecido en las formas de sabiduría y erudición de aquellos amigos.[2] Lavin estaría en torno a los 80. Y a pesar de que yo sería el más joven o uno de los más jóvenes de aquella reunión, fue extraordinariamente amable conmigo. Pude charlar con él algunos días paseando por Santander, y se me quedó grabada en la memoria una historia que me contó. De joven, me contó, vivía en Saint Louis en el Medio Oeste estadounidense, hijo de una familia no particularmente intelectual. Pero alguna lectura le convenció profundamente de que quería aprender sobre ciertos temas filosóficos. Escribió a Russell en Cambridge, un monstruo intelectual en aquellos años, y se ve que le produjo buena impresión, porque le dijo que, si de verdad quería aprender de aquellas cosas, se fuera a estudiar con él a Inglaterra. De manera afortunada, contaba Lavin, consiguió una beca para irse a Cambridge y empezar a estudiar allí. Russell lo recibía una vez a la semana en su típica celda de don universitario inglés y le iba dirigiendo en su estudios, comentando lecturas y cosas así. Al terminar el año, sin embargo, Lavin se había decepcionado de sus estudios filosóficos y en la reunión de despedida con Russell se lo contó. Y le dijo que había decidido dedicarse a la historia. A la que Russell le respondió algo molesto: «¡Pero si la historia se la inventa uno!» __ Y Lavin me decía, que entonces, con ochenta y tantos años, todavía se acordaba de aquello y lo comprendía cada vez mejor… Mi explicación hoy: si tratamos de observar los hechos del pasado sin los prejuicios de las «narraciones oficiales» éstos se nos presentan como un caos desordenado, lleno de incógnitas. Si pensamos en cosas que pasaron ayer mismo, nos damos cuenta de lo difícil que es conocer todos sus detalles, entenderlos…

Pues algo de eso vemos en estas ocho historias de Tournikiotis. El pasado que se intenta estudiar es el mismo, los hechos, los actores … pero cada historiador propone matices grandes o pequeños en su selección de los hechos relevantes – arquitectos, obras… –, en sus definiciones de en qué consiste la arquitectura moderna, de cuáles eran sus orígenes y las razones de su emergencia, etc.

A este respecto me gusta esta cita de Bruno Latour (2007: 256-7):

To study [and to define the object of a discipline] is always to do politics in the sense that it collects or composes what the common world is made of. The delicate question is to decide what sort of collection and what sort of composition is needed […] taking into account and putting into order… (Estudiar [y definir el objeto de una disciplina] es siempre hacer política en el sentido de que se selecciona y compone aquello de lo que — se afirma que — está hecho el  mundo común. La delicada cuestión de qué tipo de colección y qué tipo de composición es la que se necesita […] tomar en consideración y poner en orden…)

La segunda cuestión que me llama la atención es el carácter marcadamente partidario o partisano de cada una de estas historias. Al menos en las descripciones de Tournikiotis, la mayoría de los autores aparecen como fanáticos de las ideas que defienden, que con frecuencia, desde nuestra escéptica perspectiva actual — al menos la mía — me parecen, como poco, exageradas. En el caso de los historiadores defensores de la Modernidad, por ejemplo, su rechazo casi infantil de las arquitecturas precedentes – y de las sociedades de las que formaban parte resulta hoy en el límite de lo caricaturesco. O la idea de que lo moderno suponía la superación de la historia, el fin de los estilos… Viendo lo catastróficas en tantos aspectos, para las ciudades y el territorio, por ejemplo, que fueron las décadas de la Modernidad, toda aquella fe religiosa en lo moderno y lo industrial hoy causan un cierto estupor. A la vez que nos hacen pensar en los actuales discursos, de nuevo mesiánicos y de fe ciega en la innovación y digitalización. Hm.

Insistiendo en esto, sorprende como todos o casi todos estos autores usaban la historia para defender ciertas opciones de su presente, para decir lo que estaba bien y lo que estaba mal, la arquitectura que debía hacerse, etc. Y también el futuro. Sin solución de continuidad las conclusiones que se obtenían de la historia se convertían en prescripción de lo que debía ser el el futuro. Y si pensamos en personajes como Giedion, Hitchcock, Zevi o Benevolo, se ve que lo lograron. Aunque como siempre, es difícil decir el grado de responsabilidad de estos autores en la construcción del mundo moderno. ¿Estaban realmente influyendo en lo que iba a pasar en el mundo? ¿O se limitaban a surfear la ola del Zeigeist, tratando de lograr así honores y encargos? ¿O servían a otros intereses – sociales, económicos, políticos… – más poderosos y complejos de manera más o menos consciente?

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Siguen a continuación algunos comentarios menores sobre varias cosas que me llamaron la atención de la lectura.

William Morris

Me llamó la atención la importancia que los pioneros – Pevsner & Zevi, por ejemplo – daban a William Morris. En el caso de Pevsner, lo señala incluso en el título de su libro principal como el primer pionero del Movimiento Moderno … su Red House de 1860… El estudio de Morris es una asignatura pendiente para mí. Por ahí tengo el «tomazo» de más de mil páginas de E.P. Thompson que se me hizo demasiado difícil. Durante la pandemia también me pude descargar y leer un poco, un estupendo catálogo de una exposición en la Fundación March (Fontán y Zozata, 2017). Me resulta curioso es que sin bien estos historiadores veían a Morris como un protomoderno, hoy más bien lo apreciamos como un crítico radical de la producción industrializada. Su reivindicación más reciente viene de ciertos sectores del mundo maker (véase Chardronnet 2014).

Veo, sí, que el único texto de Morris que cita Tournikiotis, The Art of the People, 1900 [1879, 1882], es un texto de carácter socialista en el que reivindica un arte útil y para todas las clases sociales, que suponga una cierta dimensión emancipatoria para la clase trabajadora. Muchos de los textos de Morris, incluido este citado por Tournikiotis, pueden leerse en: https://www.marxists.org/archive/morris/works/index.htm.

La producción de conferencias, artículos, libros, etc. de Morris es ingente y no fácil de navegar. Agradecería recomendaciones sobre cómo aproximarse al William Morris arquitecto y diseñador además del catálogo mencionado. Supongo, claro está, que podría empezar pasándome por la biblioteca y leyendo las páginas de Pevsner. Se me ocurre también que una primera aproximación a la actualidad del Morris inspirador de los primeros historiadores de la Modernidad podría ser un estupendo tema de «TFG» o «TFM», aunque habría que empezar desde luego por estudiar con un cierto rigor la bibliografía existente.

Arquitectura autónoma

Una expresión que me llamó la atención es ésta de la «arquitectura autónoma», que usa Kaufmann en el título de su obra reseñada por Tournikiotis y constituye uno de los conceptos principales de su interpretación de la arquitectura moderna. La expresión sería creación de Kaufmann según parece. Leo que se derivaría en primera instancia de la idea de «ética autónoma» de Immanuel Kant (Tournikiotis, 2017: 50). Uno de los aspectos más distintivos de Kaufmann, efectivamente, es que vincula los orígenes de la arquitectura moderna a la Ilustración. Esta ética autónoma kantiana, podemos aventurar, tendría que ver con el uso de la razón frente a la sumisión a la religión o la tradición, como sugiere en ¿Qué es la Ilustración? Propone allí la idea de que a través del uso de la razón «los hombres» debían emanciparse de aquellas tutelas que lo mantenían en un estado infantil. Según interpreto, Kaufmann parece aplicar estas ideas a la arquitectura al menos en un doble sentido. El primero sería la emancipación de la tradición compositiva barroca y de los estilos clásicos. El segundo sentido, en un cierto salto que a algunos nos puede parecer algo fantástico, sería el de la emergencia de una manera de componer basada en el uso de piezas arquitectónicas autónomas, algo que deducía del estudio de la obra del arquitecto revolucionario/ilustrado Ledoux y que oponía a las composiciones unitarias del Barroco. Esta práctica compositiva estaría vinculado con el racionalismo y el funcionalismo. [Nota provisional: este extremo tendría que revisarlo, porque la discusión de estos términos en los diferentes autores constituyen un cierto hilo a lo largo de todo el libro de Tournikiotis.]

Este debate de la autonomía de la arquitectura que se vincula a la creación de una disciplina moderna de la arquitectura, diferente del arte o de la ingeniería, se atribuye a Kaufmann (HTC 2016). Desde otra perspectiva, esta idea de autonomía nos diría que son los arquitectos aquellos cuya opinión, o cuyos criterios profesionales, son los que deben contar cuando se habla de arquitectura.

Sin entrar en excesivos detalles el que suscribe suele estar en bastante desacuerdo con los planteamientos más extremos de la autonomía de la arquitectura, pero considera que se trata de un debate de importancia. [3].

El asunto me hace pensar también en la lectura reciente del Nunca fuimos modernos de Latour, en que discute los mecanismos de la Modernidad precisamente para crear este tipo de autonomías de las ciencias y las técnicas para hacer posibles las grandes transformaciones que la caracterizaron, el Progreso acelerado, reduciendo las inercias y resistencias. (Véase entrada de 2021 en este mismo blog.)

Arquitectura orgánica

Sí que leí ya hace mucho, de estudiante, uno de los libros comentados de Bruno Zevi, no el principal seguido por Tournikiotis, sino uno de los complementarios, Saber ver la arquitectura [1948]. Allí y otros de sus libros Zevi propone la idea de «arquitectura orgánica» como su ideal de arquitectura. «Orgánica» como «autónoma» son dos de esas palabras cuya significación es de lo más vaporosa y polisémica. «Orgánica» hoy, algo pasada de moda. Ambas son el tipo de palabras que salen en el maravilloso Keywords. A vocabulary of culture and society de Raymond Williams. Lo consulto. No sale autónoma, pero sí que sale orgánica. Y como en los mejores casos, ha significado desde su introducción en inglés hacia el siglo XIII todo tipo de cosas, muchas de ellas contradictorias. En general tiene que ver con lo vivo y natural, en tanto que opuesto a lo mecánico, por otro lado, con las relaciones entre las partes y el todo…

Uno lo solía entender en arquitectura como el carácter de ciertas formas que asemejaban lo natural, como en ciertas etapas finales de la obra de Frank Lloyd Wright que también usaba el término. Más recientemente, leyendo el uso que Lewis Mumford hacía del adjetivo orgánico – en Technics and Civilization – lo asocié más a formas de organización armónicas, de un cierto grado de naturalidad, que en cierto modo podrían comparase con las de los ecosistemas, opuestas a las del mundo mecánico industrial…

La definición de Zevi que reproduce Tournikiotis:

La arquitectura orgánica es una actividad social, técnica y artística cuyo propósito es crear el marco para una civilización nueva y democrática; ésta concibe una arquitectura para el hombre, construida a escala humana, conforme a las necesidades intelectuales, psicológicas y contemporáneas del ser humano como miembro de la sociedad. La arquitectura orgánica es, pues, lo contrario de la arquitectura monumental, que se utilizó para crear la mitología del Estado. [Tournikiotis, 2018: 69]

Esta definición de Zevi y los comentarios que hace a continuación Tournikiotis me hacen pensar en dos cosas. La primera, que esta idea de orgánico no tiene nada que ver con la arquitectura que podríamos llamar biomórfica. Tournikiotis dice efectivamente que Zevi detestaba este tipo de formas. Y que este uso de orgánico sugiere más bien algo parecido a lo que significa la idea de «intelectual orgánico» de Antonio Gramsci – haciendo una consulta rápida sobre el asunto leo que serían intelectuales que «dicen formar parte orgánica, no autónoma, del pueblo cuyos intereses aspira[n] a representar» (Rojas, 2019).

La segunda, es que esta idea de «arquitectura orgánica» sería, al menos desde una cierta perspectiva, opuesta a la de «arquitectura autónoma» que acabamos de comentar.

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Tendré que volver a leer este Tournikiotis con una cuaderno de notas en mano, y me gustaría usarlo en el futuro como referencia principal para algún curso. En mi Escuela y en el plan de estudios actual la historia del Movimiento Moderno se estudia en primer año. Me preguntaba estos días cómo se podría plantear a estudiantes tan jóvenes esta multiplicidad de historias en relativa competencia. Y me acordaba de los colegas del grupo Rizoma hace ya años que hacían trampas a sus estudiantes de primero de Arquitectura en Granada para que no se creyeran nunca a pies juntillas lo que les contaran sus profesores…

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Notas

[1] Un interesante libro de múltiples historias en relativa competencia es el libro La Buena Vida (2000) del siempre brillante y en muchos aspectos vanguardista Iñaki Ábalos, en el que como es bien conocido presenta múltiples modernidades alternativas, en particular, en torno a la arquitectura de la casa.

En mi tesis doctoral también estudié un caso de múltiples narraciones e interpretaciones de los mismos hechos, podría decirse que en competencia. Fue el caso de la historia urbana de la ciudad de Los Ángeles, California, y las aproximaciones de Reyner Banham (1971), Mike Davis (1991) y Edward Soja (1996-2000). Particularmente, las historias de Banham y Davis presentaban dos caras radicalmente opuestas de la misma ciudad durante el mismo período histórico; para Banham un paraíso de la «Segunda Era de la Máquina» y para Davis uno de los lugares más oscuros del capitalismo estadounidense.

Aunque sin un carácter comparativo tan marcado, sino más bien con planteamientos más clásicamente históricos, otros libros que podrían funcionar así en cierto grado podrían ser del de Peter Hall (1988, Cities of Tomorrow. An Intellectual History of Urban Planning and Design in the Twentieth Century) o el de J.M. Montaner (1994-2014), Arquitectura y crítica). El de mi compañero en Sevilla, Carlos García Vázquez (2016), Teorías e historia de la ciudad contemporánea, que veo ahora que recuerda al título de Tafuri — múltiples teorías y una historia — lo tengo aún pendiente de lectura.

Por otra parte, un excelente artículo sobre el mismo tema que plantea Tournikiotis, con una metodología menos reductiva y con una cierta introducción del panorama en España, es el de Ángel Isak, 2011, La Historia de la Arquitectura del siglo XX modelos historiográficos, que puede descargarse aquí: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/31/29/03isac.pdf

[2] Como introducción a la figura de Irving Lavin véase su página en Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/Irving_Lavin_  Para hacerse una idea de su tipo de scholarship puede leerse un texto breve (2012) que me maravilló, en el volumen de homenaje a Jarauta por su jubilación que se recoge en las referencias a continuación.

[3] Además del sucinto pero interesante texto del HTC — History and Critical Thinking de la AA 2010-2016 — para una crítica de la idea de autonomía puede verse mi propio texto de 2019 «Sobre composición arquitectónica…».

Referencias

Ewen Chardronnet, 2014, Producción digital y economía de talleres, en: J. Pérez de Lama et al (eds.), 2014, Yes, We Are Open! Fabricación digital, tecnologías y cultura libres, Recolectores Urbanos RU Books, Málaga; pp. 145-151

Manuel Fontán del Junco & María Zozaya Álvarez, 2017, William Morris y compañía: el movimiento Arts & Crafts en Gran Bretaña, Fundación Juan March, Madrid – Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona

HCT / History and Critical Thinking. Masters Course at the Architectural Association London, 2010-2016, Emil Kaufmann: Inaugurator of a Disciplinary Discourse, en: http://hct.aaschool.ac.uk/emil-kaufmann-inagurator-of-a-disciplinary-discourse/

Bruno Latour, 2007 [edición original de 2005], Reassembling the Social. An Introduction to Acto-Network Theory, Oxford

Irving Lavin, 2012, Bernini and the Figura Serpentinata, en: Pablo Jarauta & Pedro Medina (eds.), 2018, Francisco Jarauta en las fronteras de Babel, Instituto Europeo de Design, Madrid, pp. 235-250

William Morris, 1919 [1882], Hopes and Fears for Art, en: https://www.marxists.org/archive/morris/works/1882/hopes/index.htm | accedido 03/10/2021

____, 1919 [1882; publicado como un capítulo del libro Hopes and Fears for Art, basado en una conferencia de 1879], The Art of the People, en: https://www.marxists.org/archive/morris/works/1882/hopes/chapters/chapter2.htm | accedido 03/10/2021

J. Pérez de Lama, 2019, Sobre Composición Arquitectónica. Pensar y hacer de otro modo: una aproximación eco-ética-estética, en: Selina Blasco, Lila Insúa (eds.), 2019, Exterioridades críticas. Comunidades de aprendizaje universitarias en Arte y Arquitectura y su incorporación a los relatos de la Modernidad y del presente, Brumaria, Madrid; pp. 105-138

____, 2021, Latour: algunos diagramas de «Nunca fuimos modernos», en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2021/08/18/latour-diagramas-nunca-fuimos-modernos/

Rafael Rojas, 2019, ¿Qué es un intelectual orgánico?, en:
https://www.letraslibres.com/mexico/politica/que-es-un-intelectual-organico | accedido 02/10/2021

Panayotis Tournikiotis, 2018 [tesis doctoral de 1988], La Historiografía de la arquitectura moderna», Editorial Reverte, Barcelona

Raymond Williams, 2014 [edición original 1976; revisada 1983, 1988], A Vocabulary of Culture and Society, Fourth Estate, Londres

Los robber barons (según Hobsbawm) y sus – quizás – sucesores actuales

Imagen: G.W. & C.B. Colton & Co, 1882, Mapa del Atlantic & Pacific Railroad. Muestra rutas completadas, rutas en proceso y concesiones de tierras (land granst). Fuente: Wikipedia; https://en.wikipedia.org/wiki/Atlantic_and_Pacific_Railroad#/media/File:Atlantic_&_Pacific_Railroad_Map.jpg
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José Pérez de Lama, notas y traducción

Un pasaje de: Eric Hobsbawm, 1997 [1975], The Age of Capital (1848-1875), Abacus, Londres; (pp. 173-77).

Robber barons (barones ladrones es la traducción habitual al español), es un término usado habitualmente para denominar a los grandes capitalistas estadounidenses de la segunda mitad del siglo XIX. Este pasaje en Hobsbawm me llamó especialmente la atención en su peculiar libro (segunda entrega de la trilogía sobre la historia universal del siglo XIX). No entro demasiado a explicar mi adjetivo «peculiar». Digamos que es un libro interesante, pero irregular, y que adolece del problema casi inevitable que supone tratar de escribir una historia «universal», primero, y segundo, hacerlo desde la perspectiva de un país o una cultura concretas. El libro es muy interesante en cualquier caso; con algunas partes formidables a mi juicio, y una lectura bastante entretenida.

En cuanto a los robber barons. Hobsbawm se supone que es un historiador marxista – aunque a mi juicio en esta obra no se nota demasiado: quizás por tratar de escribir algo más «para todos los públicos». Aún así, titulándose el volumen, La Edad del Capital, por supuesto que presta atención al capitalismo y al trabajo y sus conflictos. Los robber barons fueron unos capitalistas, según se acepta generalmente, particularmente depredadores y despiadados. Lo explica un poco Hobsbawm en los párrafos a continuación. A pesar de eso, o por eso mismo, son algunos de los grandes nombres en la historia de los EEUU, — nombres que llegan con potencia hasta el presente –, en su economía, su política, sus instituciones culturales, sus universidades…

Leo estos días en la Wikipedia (en inglés) – no se acaba uno de dar cuenta de la maravilla que és – el origen del término:

“El término robber baron deriva de Raubritter (en alemán, caballeros ladrones), los señores medievales alemanes que cargaban tasas oficialmente ilegales (no autorizadas por el Sacro Imperio Romano) en los antiguos caminos que cruzaban sus tierras o tasas aún mayores a lo largo del (río) Rin.” Seguir leyendo Los robber barons (según Hobsbawm) y sus – quizás – sucesores actuales

Geografía que se disuelve en el aire…

Me aventuro con algunas divagaciones, que seguramente están faltas de mayor  fundamento, sobre la abstracción y la voluntad de aniquilación del espacio y el tiempo en el capitalismo… Unas notas de trabajo…

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Variación sobre Josef Albers, 1970

José Pérez de Lama, aficionado a lecturas misceláneas

Todo lo sólido se disuelve en el aire, una de los memes más citados de Marx y Engels, del Manifiesto Comunista de 1848… [1] Otra referencia parecida o que a mí me resulta similar es la de la aspiración del capitalismo a la aniquilización del espacio y el tiempo, por la resistencia que  éstos, espacio y tiempo, oponen a la velocidad de la circulación de las mercancías y el capital –  esta segunda referencia citada con frecuencia por David Harvey, que la sitúa en uno de los textos económicos de Marx, los Grundrisse (en castellano, aunque no se suela nombrar así, Fundamentos).

Chicago, ca 1850. En uno de los libros más interesantes sobre urbanismo, ecología y tecnologías (historia ecosocial, quizás) que he leído, Chicago. Nature’s Metropolis, de William Cronon, aprendí que la abstracción es una de las extraordinarias habilidades y posiblemente condiciones de existencia del capitalismo. Marx lo aborda desde luego, con el trabajo abstracto, por ejemplo, – un trabajo genérico que representa los trabajos concretos unificándolos en el mercado -, y el dinero, también una representación abstracta del valor que permite medir y equiparar cosas cualitativamente diferentes… El crédito, las acciones…

Entre otras cuestiones, Cronon explica el inicio del mercado capitalista de cereales en Chicago, hacia mediados del siglo 19. Junto al comercio de carne y de madera, los cereales convirtieron lo que era una pequeña ciudad del oeste en una de las principales metrópolis del XIX, la gran despensa de la Costa Este norteamericana y de la propia Inglaterra. Cincinnati, de menor entidad, había sido conocida previamente como ·Porkopolis!, la capital del cerdo. En este proceso se destruyen los principales ecosistemas de la región: los bosques, la pradera, y de camino a sus habitantes, los pueblos nativos americanos (los indios) y los bisontes… incompatibles con la modernidad industrial y capitalista. Seguir leyendo Geografía que se disuelve en el aire…

Qué es el capital según Marx; para profanos

Marx-Engels-Forum#Marx-Engels-Monument
Flying Engels, Berlín hacia 1984; escultura de Ludwig Engelhardt; fortografía de Sibylle Bergemann | fuente: http://www.bpb.de/geschichte/deutsche-geschichte/ostzeit/55791/das-denkmal?show=image&k=9

Qué es el capital, según Marx -para profanos; con algún comentario que tal vez pueda ser de interés en la actualidad

Por José Pérez de Lama, aficionado a lecturas misceláneas

Tras impartir a mis estudiantes de Arquitectura una clase sobre “el dinero”, – estamos intentando explorar si se pueden relacionar diferentes tipos de dinero con diferentes tipo de comunidades y espacios urbanos -, y como se habían vertido diferentes críticas en el debate, un buen amigo economista me pide que le de mi versión del concepto de capital según Marx.

Parece que los economistas actuales lo han olvidado. Esta era la crítica que hacía David Harvey,  entre otros,  al economista de moda, – al menos hasta que se presentó el programa económico de Podemos -, Thomas Piketty [nota 1].

Yo soy un aficionado, – pero sí que me he leído un par de veces los primeros capítulos de El Capital, y algunos más – y he estudiado el libro y los vídeos de Harvey sobre el asunto [nota 2]. Con esta modesta preparación intentaré hacer una breve introducción sobre el tema – que me sirva también a mí, de camino, de recordatorio. Seguir leyendo Qué es el capital según Marx; para profanos