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El derecho a la ciudad, Henri Lefebvre, 1968

Una traducción, en proceso, del texto mencionado con enorme frecuencia en los últimos años, pero que no es tan fácil de encontrar (aunque hay sin duda una excelente traducción de Mario Gaviria de los años 60). La traducción la hice del inglés (*), por lo que puede tener imprecisiones. Esta lectura / traducción la hice para preparar una mesa redonda sobre el tema del derecho a la ciudad, en la que participaré próximamente en Málaga, organizada por La Térmica y amigos de la Casa Invisible. Es muy sorprendente la actualidad del texto publicado hace ya casi 50 años…

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Henri Lefebvre con familares bañándose en el Mediterráneo, 1973 (foto de Mario Gaviria; fuente/soruce: http://societyandspace.com/reviews/reviews-archive/gordillo/)

Traducción del inglés de José Pérez de Lama… 23/01/2015 /  revisión 22/02/16

Pongo en cursiva pasajes que me parecen dudosos, así como algunas palabras del original en inglés que me parece pertinente mantener por si alguien las prefiere interpretar de otra manera… Entre corchetes aparecen las páginas en el documento original. El término «ouvre», como en la obra de un artista o autor, que resulta clave para Lefebvre, lo he mantenido en francés. He añadido unos subtítulos para ayudar, quizás, la lectura.

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Henri Lefebvre, 1968, El derecho a la ciudad

Ciudad y necesidades

[147] El pensamiento teórico tiene la obligación de redefinir las formas, funciones y estructuras de la ciudad (económicas, políticas, culturales, etc.), así como las necesidades sociales inherentes a la sociedad urbana. Hasta ahora, sólo han sido prospectadas aquellas necesidades individuales, motivadas por la llamada sociedad de consumo (una sociedad burocrática de consumo dirigido – managed consumption), siendo estas necesidades más bien manipuladas, que efectivamente conocidas y reconocidas. Las necesidades sociales tienen un fundamento antropológico. De manera opuesta y complementaria, incluyen la necesidad de seguridad y de apertura, la necesidad de certidumbre y de aventura, de organización del trabajo y de juego (play), la necesidad de lo predecible y de lo impredecible, de semejanza y de diferencia, de aislamiento y de encuentro, de intercambio y de inversiones, de independencia (incluso soledad) y de comunicación, de perspectivas inmediatas y de perspectivas a largo plazo. El ser humano tiene la necesidad de acumular energías y de gastarlas, incluso de derrocharlas jugando. Tiene la necesidad de ver, oír, tocar, saborear, y la necesidad de reunir estas percepciones en un “mundo”. A estas necesidades antropológicas que son elaboradas socialmente (esto es, a veces son separadas, otras reunidas, aquí comprimidas y allí hipertrofiadas), se pueden añadir otras necesidades específicas que no son satisfechas por aquellas infraestructuras comerciales y culturales que los urbanistas habitualmente consideran, incluso de manera parsimoniosa o avara: la necesidad de actividad creativa, de la obra personal – ouvre –(no sólo de productos y bienes materiales consumibles), o la necesidad de información y simbolismo, de lo imaginario y el juego. A través de estas necesidades especificadas vive y sobrevive un deseo fundamental, del cual el juego, la sexualidad, las prácticas físicas como el deporte, las prácticas creativas, el arte y el conocimiento son expresiones y momentos particulares, que pueden, más o menos, superar la división y fragmentación de la actividad humana. Finalmente, [148] la necesidad de la ciudad y la vida urbana sólo puede ser libremente expresada desde una perspectiva que aquí se trata de aclarar, y cuyo horizonte se trata de ampliar. ¿No serían estas necesidades urbanas específicas las de lugares (places) cualificados, lugares de simultaneidad y de encuentro, lugares en los que el intercambio no sea a través del valor de cambio, el comercio y el beneficio? ¿No habría también la necesidad de un tiempo para estos intercambios, para estos encuentros? Seguir leyendo El derecho a la ciudad, Henri Lefebvre, 1968