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Epicuro: La amistad baila alrededor del mundo anunciando que despertemos para la felicidad


En la llamada Villa de los Papiros de Herculano, sepultada por la erupción del Vesubio el año 79 dC, se encontró, en el siglo XVIII, una biblioteca de la que laboriosamente se fueron recuperado más de 1.800 papiros [en la imagen un fragmento], que constituye una de las fuentes de los pocos textos epicúreos que nos han llegado desde la Antigüedad. Al menos las primeras de estas excavaciones fueron promovidas por Carlos III de España, quien también era rey de Nápoles. Ver algunos enlaces al respecto al final del post. Fuente de la imagen: Wikipedia.

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Notas de José Pérez de Lama

Este post son unas notas que he ido recogiendo últimamente sobre una máxima epicúrea que he encontrado  en varias situaciones diferentes . La máxima en cuestión, que como dice el título, plantea relaciona la amistad o philía, uno de los grandes principios del epicureísmo, con un despertar a  la felicidad en todo el mundo. Emillio Lledó, en particular, la interpreta como una propuesta de política cosmopolita, de una cosmopolítica que dirán más adelante Kant y mucho más recientemente Stengers, basada en la fraternidad [ver fragmento más abajo].

Tratando de pensar eso que contaba Lledó me encontré con lo que me han parecido algunas curiosidades filológicas que recojo sucintamente a continuación.

La máxima en cuestión procede del llamado Gnomologio Vaticano, documento del siglo XIV redescubierto en 1888 en la biblioteca del Vaticano. En inglés al Gnomologio se lo llama más sencillamente Vatican Sayings.

Con el libro X del Diógenes Laercio [Vida y opiniones de los filósofos eminentes] el Gnomologio constituye  la principal fuente original de texto atribuidos a Epicuro, lo cual es una de las cosas que me parecen interesantes: la práctica inexistencia de textos originales de un filósofo que tiene una extraordinaria influencia en la Modernidad [nota detallada sobre esto en los enlaces sugeridos al final del post]

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La máxima que quiero comentar entonces, que es la número 52 del Gnomologio vaticano:

En griego original [de: http://monadnock.net/epicurus/vatican-sayings.html ]:

ἡ φιλία περιχορεύει τὴν οἰκουμένην κηρύττουσα δὴ πᾶσιν ἡμῖν ἐγείρεσθαι ἐπὶ τὸν μακαρισμόν.

Podemos hacer una aproximación a la traducción de estos  seis términos:

_ philía: amistad, amor, simpatía

_ pericorevi: rodea, [corevi: baila]; se intuye la raíz de coreografía.

_ oikumene: ecumene, mundo habitado, mundo griego, y posteriormente romano… en el que se encuentra la raíz oikos, casa; que también tenemos en español en ecología y en economía… [Alicia García Ruiz @ClaudineLefeble, profesora de Filosofía de la Complutense y amiga de Twitter me sugiere la muy interesante etimología de oikeiôsis: ver enlaces]

_ kiritusá: proclamar, predicar, anunciar como un heraldo

_ egiresthai: tiene que ver con despertarse, levantarse con entusiasmo, levantar un edificio…

_ makarismón: bienaventura, bendición, felicidad

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La versión en inglés que acompaña al texto griego  aquí recogido es la siguiente:

Friendship dances around the world, announcing to each of us that we must awaken to happiness.

Translated by Peter Saint-Andre (2010).

Otras traducción al inglés:

Friendship dances around the world bidding us all to awaken to the recognition of happiness.

Fuente: http://epicurus.net/en/vatican.html

Y otra más:

Friendship dances through the world bidding us all to awaken to the recognition of happiness. [or to awaken and give thanks.]

Fuente: http://epicurism.github.io/epicurism.info/etexts/VS.html

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En español; una versión de Emilio Lledó [Filosofía para la felicidad, 2016, p. 21]:

La amistad sobrevuela el mundo entero convocándonos a todos para que despertemos en la felicidad.

Otra variante de Lledó [El epicureísmo, 1999, p. 136]:

La amistad hace su ronda alrededor del mundo y, como un heraldo, nos convoca a todos a que nos despertemos para colaborar en la mutua felicidad.

La de Carlos García Gual [Filosofía para la felicidad, 2016, pp. 124-5]:

La amistad danza en torno a la tierra y, como un heraldo, anuncia a todos nosotros que despertemos para la felicidad.

La de Maite Larrauri [en La amistad según Epicuro, 2007, pp. 42-44]:

La amistad baila alrededor de la tierra habitada y, como un heraldo, nos anuncia a todos que despertemos para la felicidad.

El contexto en que la cita Larrauri es el siguiente:

La amistad baila alrededor de la tierra habitada — dice Epicuro, y nos anuncia a todos que podemos, gracias a ella, ser felices, como los dioses. La sociedad de los dioses es un modelo para la vida feliz: los dioses carecen de las preocupaciones de los débiles, no sufren por lo que indigna a la multitud, saben procurarse lo que les da placer, son sabios y cultivan una relación de amistad entre ellos que les permite ser felices. El individuo feliz vive “como un dios entre los hombres”.

A continuación se reproduce la cita completa [la que puse antes] acompañada de un dibujo de Max.

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Lledó por su parte la cita en El epicuréismo en el siguiente contexto, relacionada con la idea de fraternidad y cosmopolítica como decía [1999: 135-137]:

Por encima de esa política de la miseria, de se reparto de emblemas huecos, del cultivo de los deseos ni naturales no necesarios y sobre cuya costra, desgraciadamente pegada ya a la vida humana e incluso a la naturaleza que la rodea, construye la indigencia política su discurso de las múltiples semiverdades, la filosofía de Epicuro entrevé otro horizonte distinto de solidaridad. Quizás uno de los fragmentos más interesantes por su belleza y poa la originalidad ecuménico es aquel de la solidaridad universal: «La amistad hace su ronda alrededor del mundo y, como un heraldo, nos convoca a todos a que nos despertemos para colaborar en la mutua felicidad» (G.V. 52; la nota larga que comenta esta máxima y que no reproduzco aquí es bien interesante). Expansión del individuo en el dominio de la alteridad, la teoría del placer no sólo descubría un contraste adecuado en la comunicación [relación a través del lenguaje] y en el encuentro con los otros hombres, sino que era esta necesidad de comunicación la que hacía plenos la vida y el placer.

Pero todo ello requería, como se ha indicado [queda descontextualizado este aviso en nuestro fragmento], el reconocimiento de un decidido «realismo» que liberase a los insolidarios átomos [aquí, individuos aislados], capaces de sentir y de pensar, de todas sus confusiones y, en el mejor de los casos – como ocurre en la filosofía de Platón y Aristóteles –, de todas sus contradicciones. Esas contradicciones eran el resultado de no haber sabido o no haberse atrevido a radicalizar aquello aquello que es única y firme raíz de toda la existencia: la corporeidad, el «venerable cuerpo» – hierón soma. Este principio de realidad adquiere con el fragmento mencionado un espacio universal. Todo cuerpo es sagrado – aunque esté «dormido», gravitando sobre esl estrecho recinto de su egoísmo, de sus intereses, y acentuando el aspecto negativo de su «insociable sociabilidad».

Esa comunidad de hombres «despiertos» que descubren la común tarea de la fraternidad es, efectivamente, un proyecto que entonces debió parecer utópico, pero que después de veinte siglos se confirma como la única posibilidad de pervivencia y sentido […]

También la cita en su contribución al libro Filosofía para la felicidad [p. 21], pero me parece menos relevante para el presente comentario.

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Notas muy al margen

Esta historia, lo del «heraldo» en particular, me hizo acordarme de unas de mis novelas preferidas, de Kurt Vonnegut; — Timequake , — su última novela, de 1997.

Es una historia bastante rocambolesca: ocurre un error cósmico y el tiempo retrocede 10 años, de 2001 a 1991. Y  durante los 10 años siguientes todo se repite exactamente igual, todo el mundo no tiene otro remedio que repetir lo mismo que ya había hecho, incluso los errores que saben que van a cometer,  actuando como autómatas o zombies… Una situación, por otra parte,  no tan extraña en realidad esto último de los zombies, — y esa es parte de la gracia de la historia.

Pero al cabo de 10 años vuelve el tiempo normal, sin avisar, y con él se supone que el «libre albedrío». Y la gente acostumbrada a ir como zombies tiene muchos accidentes, se produce un gran desconcierto y una gran desorientación,  etc.

Juega un papel fundamental en esta retorno a la nromalidad [del tiempo en este caso], un personaje querido de Vonegut, Kilgore Trout, escritor de ciencia ficción y vagabundo. Trout andaba por Nueva York aquellos días y casualmente se convierte en una especie de heraldo o ángel — en el griego de que procede ángel efectivamente significaba mensajero; siendo evángelos el que da una buena nueva, Y Trout, como una especie de ángel pasoliniano, da efectivamente la buena nueva de la vuelta a algunas de las primeras personas que se encuentra por el norte de Manhattan donde se encontraba él en el momento crítico . Y estas palabras que dice, para que entren en razón, a estas primeras personas con que se encuentra, se convierten en las palabras  que se repiten a unos y otros por todo el mundo para invitar a empezar una nueva vida planetaria. Unas palabras que eran [1997: 167]:

You were sick, but now you are well again, and there’s work to do!

Esto es: ¡Estabas enfermo, pero ahora ya estás bien de nuevo, y hay trabajo por hacer!

Vonnegut, un viejo socialista del Medio Oeste [de EEUU] tal como nos cuenta en otras ocasiones, hace coincidir esta historia [1991-2001] con la derechización de EEUU, con el período de Bush padre e hijo, tras el de Reagan, que le causaba tremendo enfado. Como murió en 2007 no sabemos que habría dicho ahora con DT… Pero sin duda habría sido divertido e interesante.

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Por otra parte, la historia de este ángel-mensajero bueno, encarnado en un viejo vagabundo escritor, me recordó también, como si fuera su reverso, la del ángel de la historia de Walter Benjamin y Paul Klee, que también comenté en un post en este blog hace algún tiempo.

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Referencias

Diógenes Laercio, traducción de 1792 de Josef Ortiz y Sánz, en web Universidad de Sevilla [Libro X sobre Epicuro] http://fama2.us.es/fde/losDiezLibrosDeDiogenesLaercioT2.pdf

Epicuro, Gnomologio Vaticano / Vatican Sayings, griego e inglés: http://monadnock.net/epicurus/vatican-sayings.html

Epicuro, [con introducciones de Carlos García Gual, Emilio Lledó & Pierre Hadot] -traducción de Carlos García Gual, 2016 [2013], Errata Naturae. Colección la Muchacha de Dos Cabezas, Madrid

Maite Larrauri & Max, 2007, La amistad según Epicuro, Tándem Edicions. Colección Filosofía para profanos,  Valencia

Emilio Lledó, 1999 [1995], El epicureísmo. Una sabiduría del cuerpo, del gozo y de la amistad, Círculo de Lectores, Barcelona

Kurt Vonnegut, 1998 [1997], Timequake, Vintage, Londres

Enlaces varios

Una explicación bastante clara e interesante sobre las  fuentes originales epicúreas, aquí, en la sección 1. Sources: https://plato.stanford.edu/entries/epicurus/

Oikeiosis: https://en.wikipedia.org/wiki/Oikei%C3%B4sis

Sobre la bastante fascinante historia de los papiros epicúreos de Herculano: https://en.wikipedia.org/wiki/Herculaneum_papyri

Sobre la Villa de los Papiros de Herculano: https://en.wikipedia.org/wiki/Villa_of_the_Papyri

Como curiosidad arquitectónica reproduzco un plano de 1908 de la Villa de los Papiros, en el que además de la planta de villa-domus romana bastante clásica con su secuencia de patios y jardines, se observan también los túneles o grutas que se hicieron para las primeras excavaciones. Los que hayáis estado en Los Ángeles [California] quizás hayáis visitada la reproducción de la villa en Malibú, construida en 1972-74 por J.P. Getty – hoy perteneciente a la Fundación Getty. Yo la visité una vez al menos, probablemente a finales de la década de 1980; —  un sitio extraño. Cuando fui, hace ya tanto tiempo, ignoraba esta historia de los papiros epicúreos. Cabe recordar que el jardín, como el de esta villa, es un lugar epicúreo por excelencia. Fuente de la imagen: https://herculaneum.uk/Maps/Plan%20Herculaneum%201883%20Villa%20Ercolanese%20dei%20Pisoni%20(dei%20Papyri)%20Comparetti%20De%20Petra%20tavXXIV%20in%20Waldstein%20.jpg

La república de los cuerpos de Epicuro — según Emilio Lledó

La república de los cuerpos de Epicuro —  según Emilio Lledó

Selección y comentario  previo de J. Pérez de Lama
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5. LA FELICIDAD Y LA DICHA NO LA PROPORCIONAN ni la cantidad de riquezas ni la dignidad de nuestras ocupaciones ni ciertos cargos y poderes, sino la ausencia de sufrimiento, la mansedumbre de nuestras pasiones y la disposición del alma a delimitar lo que es por naturaleza.

20. EL HOMBRE ES INFELIZ ya por temor, ya por el deseo ilimitado y vano. Quien a esto ponga brida puede procurarse la feliz sabiduría.

Acervo epicúreo, Fragmentos y testimonios escogidos

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Siguen unos párrafos de Emilio Lledó. La pregunta que me planteo estos días es si la forma de vida epicúrea, basada en limitar deseos vanos, así como reducir miedos y ansiedades, para llevar una vida serena y feliz, alejada entre otras cuestiones de las pasiones del poder o de la excesiva ambición de riquezas, etc., no será hoy en día una forma de contribuir a la buena marcha de la sociedad, — mejor que la de un excesivo activismo — o de la lucha constante por ocupar el poder o la competencia por imponer las propias ideas o simplemente por conseguir esto o lo otro o ser más que éste o aquél.

En primera instancia, y ese es el juicio habitual de la Historia, sería que es más bien una forma de vida irresponsable y egoísta. Pero hoy, cuando el campo de batalla, quizás el primero de todos, puede que sea el del  propio cuerpo y los propios deseos, me pregunto si la respuesta no es ya tan clara. Recuerda uno también lo que decían los atenienses, según cuenta Foucault, que el buen gobierno de uno mismo sería la condición necesaria para poder gobernar a los demás…

Esta parece ser la tesis en cierto modo de Emilio Lledó, — que hoy además nos hace pensar en el discurso de los cuidados, la vulnerabilidad, la precariedad de la vida… Aunque lo que queda de Epicuro y su escuela es enormemente parcial, Lledó también subraya la idea de amistad y de comunidades como elementos fundamentales de este pensamiento en su versión original, que complementarían la búsqueda más personal de la virtud. La amistad que hoy podríamos asimilar a la fraternidad / sororidad, — aquella hermana pobre de la tríada revolucionaria clásica, como suele comentar el querido Jarauta.

Y como decía también en algún post anterior, esta limitación del deseo y la ambición de dominar el mundo y la sociedad,  encaja también muy bien con lo que quizás sea el mayor problema — o como lo queramos llamar — del presente, esto es, el crecimiento ilimitado en un planeta, una biosfera, o una zona crítica, como la ha llamado estos día, Bruno Latour, que es limitada.

Por mi parte tampoco se trataría de decir que el epicureísmo tendría que sustituir a otras formas de contribuir a la sociedad o de hacer política, sino que tal vez diferentes caracteres o incluso diferentes etapas de la vida se correspondan mejor con diferentes actitudes o formas de vida.

Sigue Lledó por no alargarlo demasiado ( de Sobre el epicureísmo *)

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Formas de vida parece que fueron las propuestas de los filósofos en ese largo período que, después de Aristóteles, ha dado en llamarse «helenismo» […]

Lledó cuenta como Platón y Aristóteles había dado la mayor importancia a la vida pública, política, para la que había que estudiar la realidad humana. La Política «el más arquitectónico y dominante de los saberes porque parece ser que los comprende a todos»… (Aristóteles, Ética a Nicómaco)

[p. 16] Epicuro entendió que era necesario arrancar de otros principios muy distintos para al educación de los guardianes, de los vigilantes y cuidadores del zoológico humano.

[…] intuyó que había que intensificar las relaciones con nosotros mismos antes de pensar en organizarnos como sociedad. Las grandes teorías de sus predecesores había olvidado un principio esencial de toda felicidad y, por supuesto, de toda sabiduría: el cuerpo humano y la mente que lo habitaba. Con respecto a la mente, tenía que estar libre de los terrores que, en buena parte, había incrustado en ella la religión. Una mente atemorizada es una mente infeliz y, al mismo tiempo, es, de alguna forma, creadora de infelicidad. Esta infelicidad y estos temores son principios destructores de la vida, de la alegría que debe inundar la existencia, y el sustentare en ellos es una de las grandes falsificaciones que han poblado la historia. Probablemente Epicuro está pensando en este problema cuando, en un chocante fragmento […]

[p. 17] nos dice: «Feliz tú que huyes, a velas desplegadas, de toda clase de paideia, de educación». Un educación que, en lugar de desarrollar la autarquía [autogobierno, autonomía] y la libertad, nos esclavizaba con la angustia de tradicionales mitologías – las telarañas, que diría Nietsche –, contradice su fundamental misión.

El cuerpo como elemento democratizador de la existencia

[p. 19] El dualismo y la teología platónica que establecían un mundo superior y distinto, al que había que tender incesantemente, un mundo de ideas ejemplares, modelo y fin de la existencia, quedaba reducido a una tarea mucho más modesta y, al parecer, más vulgar. Es posible que, en un estadio superior de nuestro desarrollo, nos apareciera ya otro horizonte, humano también, en el que acrecentar todas nuestras capacidades; pero antes había que plantear, con claridad, los límites de aquello que realmente somos, los límites y mensajes de nuestro cuerpo. Un pensamiento que se olvidase de nuestra débil pero imprescindible estructura carnal, de la delicada fábrica de nuestro cuerpo, estaba condenado a perderse en «vanas fantasías». Lo primero era aceptar esa peculiar condición de nuestro ser, y esto implicaba una verdadera democratización de la existencia. El cuerpo y nuestra condición carnal son el punto de partida para la reunión y convivencia con otros cuerpos, que arrastran cada uno la historia de su lucha por existir.

El cuerpo centro del demos

[p. 20] Nuestro cuerpo es pues el centro inicial del demos, de la colectividad de otros cuerpos, de otras existencias, indigentes también como la nuestra. [Aquí igual hoy entenderíamos mejor otros adjetivos como precarias o vulnerables…] Y precisamente porque, en sus estructuras esenciales, ese cuerpo es semejante a otros cuerpos, no cabe discriminación posible en los elementos sobre los que se levanta la vida. «La voz de la carne pide no tener hambre, ni sed, ni frío: pues quien consigue esto o confíe en conseguirlo, puede competir en felicidad con el mismo Zeus» […]. Un programa verdaderamente modesto, y en el que se reflejaba, sin embargo, la fraternidad de nuestros deseos con la necesidad de la existencia. No tener hambre, ni sed, ni frío constituía el fundamento de esa democratización del cuerpo humano, fundamento a su vez de la posible felicidad. Un programa modesto pero que, en su sencillez, albergaba los principios de la igualdad, los principios a los que nadie podía renunciar, y que nadie nos podía arrebatar.

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#referencias

La cita larga de Lledó es de Sobre el epicureísmo (2013), en: Epicuro, C. García Gual, E. Lledó, P. Hadot, Filosofía para la felicidad. Epicuro, Errata Naturae, Madrid; pp. 7-23

Las máximas epicúreas del principio proceden también del mismo volumen.