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Lo Que Ha Podido Pasar

Yolanda Guirado, presentadora del programa «No nos moverán» de Castilla-La Mancha Televisión, durante su intervención del 8/10/14 refiriéndose al ébola

David Patiño (diseño de interiores)

Tras las presiones de una de las órdenes religiosa más ricas de España, y viendo las posibilidades de ponerse una medalla a lo “gobierno americano” rescatador de sus ciudadanos, el Gobierno opta por traer al primer religioso enfermo de ébola. Semanas después traen al segundo. Las dos operaciones son coordinadas con una total falta de preparación, por aficionados. Todo ello ha sido posible por una responsable última que tras tres años en el ministerio sigue sin tener conocimiento alguno de gestionar la salud pública, única función que en la práctica, tiene su ministerio. El asesoramiento técnico ha debido ser responsabilidad de algún médico pelota que sin formación alguna sobre el tema, desde el principio quitó hierro a la operación. El resultado ha sido tan frívolo como chapucero, como estamos viendo en los medios. Todo va bien, somos un país muy serio que repatría a sus enfermos (bueno, al menos a los religiosos, porque para rescatar al espeleólogo no se ha gastado ni un euroduro), hasta que salta el notición: una auxiliar de enfermería se había contagiado de la enfermedad. En ese momento cunde el pánico. En el gobierno se acojonan y empiezan a tomar conciencia del charco en el que se han metido. Las noticias empiezan a precipitarse y el caos en la cúpula de sanidad se hace patente, totalmente paralizado en la crisis sanitaria más importante que ha vivido España desde hace mucho.

La vicepresidenta debió indicarle al presidente que había que dar la cara. Hasta la fecha, en las diversas operaciones habían dejado fuera a la ministra porque sabían que cualquier comparecencia habría tenido un amplio seguimiento. Pero este momento es diferente, se precisa una comparecencia de primer nivel. No obstante, saben que cualquiera que comparezca está más que muerto políticamente, con lo que acuerdan ordenar a la ministra que comparezca. La presidencia esperaba un desastre, pero no de la magnitud que resultó ser. Tras la rueda de prensa, la poca confianza que quedaba se pierde y la sensación de desgobierno es total.

En medio del descontrol, se celebra una nueva reunión de presidencia y asesores más íntimos. Esta reunión tampoco discute cómo parar la enfermedad, esta cuestión se aborda en un segundo nivel político, posiblemente presidido por la Directora General a la que le dio la palabra la ministra cuando le preguntaron los periodistas. En la reunión de primer nivel se aborda el principal problema del gobierno, el virus político que no deja de extenderse. A algún asesor se le ocurre una posible solución, un sistema de dos diques de contención. Van a arrojar la responsabilidad de lo sucedido a los técnicos y en concreto a la sanitaria. El segundo dique de contención será el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid que va a ser el encargado de cargar contra la enfermera a la vez que insiste en vender la perfección del protocolo diseñado por las autoridades. La prensa “libre” será la encargada de difundir y amplificar la estrategia. La medida se aplica de manera progresiva hasta llegar en pocas horas a niveles de violencia verbal contra la pobre chica y después incluso contra el médico que la atendió.

El resultado de la operación de limpieza no puede ser más nefasto. Por un lado, a total ausencia de la menor autocrítica y la insistencia en proclamar las virtudes del protocolo provoca el pánico total en la población que ahora pasa a tener una total desconfianza. Por otro lado, la estrategia de criminalizar a la enfermera, provoca un fuerte sentimiento de solidaridad con ella e incrementa la indignación social. La operación sí ha tenido algo positivo para el gobierno, las presiones contra él se han reducido porque el segundo dique de contención, el consejero, está absorbiendo toda la indignación. No obstante, la estrategia es muy peligrosa, si apareciera otro caso de ébola las consecuencias posiblemente serían definitivas para el gobierno. Por otro lado, ya se ha generalizado la cantidad de fallos que existieron en el diseño del protocolo y en su aplicación. Se vuelve a convocar una tercera reunión de alto nivel y se acuerda cambiar de nuevo toda la estrategia. El Presidente acudirá a visitar a la enfermera tratándola con respeto y se cesará, en la práctica, a la ministra, pasando sus funciones, tanto políticas como técnicas, a la Vicepresidenta que constituye un comité de crisis. El acoso a la sanitaria pasará a un segundo plano, aunque no se eliminará para dar argumentos a los seguidores más entusiastas del partido. En ese momento y no antes, es en el que los asesores de salud pública pasan a informar al primer nivel de gobierno. Y en esas estamos en este momento.