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¿Universidad on line? ¿Sin infraestructuras públicas y democráticas?


Imagen: Hardware de una servidora autónoma y feminista. Fuente: https://labekka.red/servidoras-feministas/
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¿Universidad on line? ¿Sin infraestructuras públicas y democráticas?

José Pérez de Lama

Con esto de la pandemia y el confinamiento se han reactivado diversos debates como son el de la digitalización de la vida, el trabajo… incluida su pretendida contrapartida de la creciente vigilancia permanente y ubicua. Y también el debate más particular de la enseñanza y el aprendizaje on line (en cuanto a éste me referiré aquí exclusivamente al ámbito universitario porque es en el que trabajo habitualmente).

Esto que empecé como una nota rápida se ha convertido en una cosa algo más larga. Está compuesta de dos partes; la primera sobre el capitalismo digital y las alternativas de colaborar con mayor o menos entusiasmo o de resistirse; la segunda, sobre la digitalización de la Universidad y las clases on line (al hilo de ciertas propuestas del ministro Castells), y la necesidad de construcción de infraestructuras de comunicación y gestión de la información públicas y democráticas

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1a parte: Todos vigilados y cuidados por «machines of loving grace»

Sobre el primero de los debates, el de la digitalización de la vida y del trabajo y de todo, Naomi Klein [ver referencia más abajo] escribía recientemente que durante estas semanas de pandemia las grandes tecnológicas han logrado revertir la percepción social que se venía haciendo cada vez más crítica – con casos como el de Cambridge Analytica, o el deterioro catastrófico de la esfera pública con las fake news, la crispación, etc, etc. Durante estas semanas han logrado presentarse como las salvadoras de la continuidad de la vida – con las videoconferencias para que hablen abuelas y nietos, la posibilidad de continuar – aunque precariamente dirán algunos – con las clases de las escuelas y con el teletrabajo, – y para muchos, también, con la posibilidad de seguir consumiendo vía Amazon y similares.

Muchas de estas cosas son formidables, por supuesto, pero para valorarlas sin que sea de una manera demasiado ingenua conviene contemplar la trayectoria de las últimas décadas de las empresas que nos prestan o venden estos servicios, el tipo de sociedades que generan, los agentes implicados, las relaciones de poder y económicas que están produciendo, y la vida en general que están contribuyendo a producir. Personalmente, cuando pienso que los que organizan estas máquinas de loving grace que supuestamente nos cuidan a la vez que nos vigilan, a los que nos entregamos entre el entusiasmo y la docilidad, son personajes que se mueven como Pedro por su casa entre el Pentágono, Wall Street y la Casa Blanca [ver los escritos de Klein, Morozov o Assange, por ejemplo], la cosa me da bastante «yuyu»… Algunas recomendaciones más adelante para profundizar en el asunto que aquí he enunciado tan superficialmente. Sigamos.

La tecnofilia bobita (¿o será más bien que los bobos somos nosotros?)

Uno de las controversias más encendidas – al menos para mí – es la que se centra en el desarrollo de una aplicación para teléfonos móviles que haga contact tracing – que se suele decir en inglés porque «rastreo de contactos» suena terrible – y que según sus promotores supondría una contribución definitiva para acabar con la pandemia. Las campañas en medios de comunicación y los argumentos precocinados repetidos por los afines han dado la impresión de que se lo tomaban muy en serio. A mí la cosa casi me ha costado la buena relación con un par de viejos amigos. El principal argumento es que así lo han hecho en China, Corea o Singapur y les ha funcionado, (aunque cuando se escarba sólo un poco se ve que las cosas no son exactamente así). El gobierno en particular, en primera instancia, lo promovía como la gran solución moderna – no nos acordamos de que la Modernidad era algo del siglo pasado, que se iba a hacer como parte de un consorcio europeo – ¡ah, Europa! – con un cierto liderazgo de Alemania y Suiza – ¡oh Alemania – oh Suiza! Esa gente seria — en ciertas versiones con la participación de una ingeniera española – de la que todos hablamos, Carmela Troncoso, como si fuera un personaje que todos conocíamos desde siempre – en otras versiones con la participación, que un día parece beatífica y otras infernal, de Apple y Guguel. No está de más recordar que Android (Guguel – 70.68% del mercado) y iOS (Apple – 28,79%) son los mega-oligopolistas globales de los sistemas operativos de la telefonía móvil, con 3.500 millones estimados de clientes distribuidos por todo el plantea.

En contra de la idea y del proyecto, que se tilda de COVID1984app, hay un cierto abanico de posiciones, que va desde los defensores más o menos liberales de la privacidad, más específicamente centrados en la app, a los que mantenemos una posición crítica más amplia frente al excesivo dominino del capitalismo digital. Algunas de las principales líneas críticas podrían ser las siguientes:

* lo que Evgeny Morozov viene llamando el solucionismo tecnológico,
* lo que Shoshana Zuboff llama capitalismo de la vigilancia,
* lo que Franco Berardi Bifo llama semiocapitalismo,
* las críticas hechas por Mariana Mazzucato de la captura masiva de fondos públicos de los EEUU sobre la que se ha construido el poder de las big tech, (junto con otros grades agentes económicos como la finanzas o el sector médico-farmacéutico).

Por mi parte, y creo que por parte de todos estos autores citados, no se trataría de una posición tecnófoba – que algunos calificarían de neo-ludita — como de una posición tecnocrítica que cuestiona la excesiva dependencia del trabajo y la vida respecto de estas corporaciones capitalistas, y que defiende una mayor autonomía o soberanía tecnológica, tanto como país o sociedad, como a nivel personal. La idea es que podemos pensar más y tendríamos que hacerlo mucho mejor.

Una célebre frase de Kurt Vonnegut – célebre entre los vonnegutianos, claro – dice que «sólo porque sepamos leer y escribir y hacer un poco de matemáticas no significa que debamos conquistar el mundo». Pues algo así sería la idea con la big tech: sólo porque tengan magníficos productos y nos den excelentes servicios, no quiere decir que deban vigilarnos o dominar la política y la vida.

Nota adicional: El que una de las iniciativas más publicitadas por parte de nuestro presidente del gobierno, en lo que considera una de las líneas políticas prioritarias de su gobierno, la llamada «Transición Digital», haya sido el establecimiento de acuerdos con Amazon para alojar los datos públicos – «cloud service» lo llaman, eso sí –, denota, en el mejor de los casos, una preocupante «falta de norte». El que las responsabilidad de esta «Transición digital» esté adscrita a la Vicepresidencia Económica del gobierno que ostenta la Sra. Calviño, a quien se suele calificar de representante de la ortodoxia económica – es decir del social-neoliberalismo –, quizás sea más de preocupar, porque sugiere que cosas como la de Amazon no son desorientación sino todo lo contrario. Al final, como casi siempre, parece que los bobitos somos nosotros, y los listos ellos, pero por otras razones de las que se explican y quizás se suela creer.
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#referencias

Para componer una perspectiva crítica del asunto, para aquellos que os gusten los argumentos algo más elaborados, en los enlaces a continuación presento algunos de los artículos e intervenciones públicas que más me han interesado estos días. Aunque la clave para mí sea que no se trata de medir la eficacia relativa de una y otra posibilidad, o de hacer una cuenta de costes y beneficios, ni tampoco sobre ese concepto nuevo de la privacidad – sino que se trata de un debate que calificaría de filosofía política, que tendría que centrarse sobre la dignidad de lo humano, por ejemplo.

Naomi Klein, 08/05/2020, Screen New Deal, The Intercept: https://theintercept.com/2020/05/08/andrew-cuomo-eric-schmidt-coronavirus-tech-shock-doctrine/

Klein nos cuenta la situación desde Nueva York, donde el gobernador Cuomo parace que ha llegado a acuerdos con Eric Schmidt (ex-Guguel), Bill Gates y Michael Bloomberg para relanzar la economía sobre el capitalismo de la vigilancia (la killer app en uno de los los documentos internos del grupo) y con la justificación de la supremacía de los EEUU en la lucha con China por el control global.
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Shoshana Zuboff [vídeo, entrevista con Renata Ávila en Diem25 TV], 18/04/2020, COVID-1984 – Surveillance Capitalism, https://youtu.be/OoJ-yqO9A9Y

Zuboff presenta de manera rápida su teoría del capitalismo de la vigilancia y el giro de la economía digital tras el año 2001 – hasta entonces casi no existían los actuales gigantes. Pedir a un data-capitalista que no vigile es como pedir a una jirafa que tenga el cuello corto: algo contra-natura – es una de sus célebres frases.
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E. Morozov, 14/04/2020, The Guardian, The tech ‘solutions’ for coronavirus take the surveillance state to the next level, https://www.theguardian.com/commentisfree/2020/apr/15/tech-coronavirus-surveilance-state-digital-disrupt

Morozov elabora aquí su idea de solucionismo tecnológico aplicado a las Covid-1984-app. Llama así a la creencia interesada – y equivocada según él – de que todos los problemas sociales pueden resolverse con una app o similar; vg, en lugar de reforzar los sistemas epidemilógicos y santitarios nacionales, hagamos una app de contact tracing…
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Marta Peirano, 23/03/2020, Contra la seductora lógica del totalitarismo, https://www.eldiario.es/zonacritica/seductora-logica-totalitarismo_6_1009009141.html

Peirano plantea una de las primeras intervenciones del debate en Esp, analizando el caso chino, y su narración interesada y sesgada, en la que se basó inicialmente la promoción de la idea de las apps de seguimiento en España y Europa. Reconocida la brutalidad del estado policial digital chino, los promotores del asunto pasarona promover los desarrollos digitales de Corea y Singapur, incorporando otros sesgos diferentes para evitar la dificultad de comparación entre situaciones muy diferentes.
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Ignacio Ramonet, 25/04/2020, La Jornada México, La pandemia y el sistema mundo: https://www.jornada.com.mx/ultimas/mundo/2020/04/25/ante-lo-desconocido-la-pandemia-y-el-sistema-mundo-7878.html

El prestigioso Ramonet hace un análisis bastante extenso y de amplio alcance, del que recomendamos la sección que dedica el tema digital, donde analiza en mayor detalle de lo habitual lo que significaría un tipo de control social digital similar al de China, y la verdad es que a mí al menos me deja espantado. (Sería muy específicamente la sección titulada «Cibervigilancia sanitaria», aunque para situar mejor el contexto quizás convenga leer los secciones previas y la que la sigue, «El jabón y la máquina de coser», esta última en la que plantea que han sido más bien estas tecnologías tradicionales, junto con el confinamiento, también antiguo, las que están logrando parar la pandemia en Asia y aquí.

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Las siguientes artículos se centran en los aspectos más técnicos y más en particular en la cuestionable viabilidad y eficacia técnicas de las aplicaciones para redes de teléfonos celulares que se vienen debatiendo

Ross Anderson [University of Cambridge], 12/04/2020, Contact Tracing in the Real World: https://www.lightbluetouchpaper.org/2020/04/12/contact-tracing-in-the-real-world/
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Javier Sánchez / La paradoja de Jevons, 05/2020, El Salto, Riesgos e incertidumbres en las aplicaciones para el rastreo de contagios (partes I y II), https://www.elsaltodiario.com/paradoja-jevons-ciencia-poder/aplicaciones-de-rastreo-de-contagios-demasiados-riesgos-y-muchas-incertidumbres-sobre-su-efectividad-(parte-1-de-2) [en el momento de enlazarlo no funcionaba el enlace]
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Nadim Kobeissi @kapoera, 17/04/2020 con múltiples updates posteriores, An investigation Into PEPP-PT, https://nadim.computer/posts/2020-04-17-pepppt.html
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Sobre los requerimientos que debería cumplir una app como las que se viene proponiendo, de la respetada y relativamente liberal American Civil Liberties Union, y de uno de los colectivos de hackers más veteranos el Chaos Computer Club; son bastante parecidos. Las recomendaciones están muy bien, pero aposté con un par de amigos a que no habían agencia pública ni gran corporación que fuera a hacer un desarrollo así; como dice Zuboff, serían como girafas sin cuello…

ACLU White Paper – Principles for Technology Assisted Contact-Tracing [By Daniel Kahn GillmorApril 16, 2020] https://www.aclu.org/report/aclu-white-paper-principles-technology-assisted-contact-tracing

Chaos Computer Club, 06/04/2020, 10 requirements for the evaluation of “Contact Tracing” apps, https://www.ccc.de/en/updates/2020/contact-tracing-requirements

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Datos sobre market share de Android & iOS para 2020: https://gs.statcounter.com/os-market-share/mobile/worldwide

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2a parte: La universidad vaciada

El segundo de los debates al que aludo aquí es el de «la digitalización de la docencia universitaria». Como sabrá casi todo el mundo, el confinamiento obligó a que prácticamente de la noche a la mañana las clases tuvieran que pasarse a Internet. No es que antes lo digital no atravesase casi todas las actividades universitarias: correos, apuntes y materiales, calificaciones, uso de ordenadores y software, etc., etc. – yo mismo fui co-fundador y director del primer fab lab / laboratorio de fabricación digital en un centro universitario público español y entre mis muchas actividades digitales organicé e impartí una asignatura durante casi toda la década de 2000, muy singular si no única por su temática en el panorama universitario de los estudios de Arquitectura en España, titulada El yo cíborg y la ciudad red. Pero sin duda lo que que hayamos tenido la obligación de dejar de estar presentes con nuestros cuerpos y de compartir los mismos lugares… es una novedad importante. Y si hacer o recibir en streaming – organizado autónomamente – era algo emocionante en el año 2003 o 2004, tener hoy la obligación de asistir a una reunión de hang-out o blackboard-collaborate como parte de nuestro trabajo en una institución pública me parece una forma de sumisión bastante intolerable a la vez que un disparate.

Estos días el debate se ha animado aún más por unas declaraciones del ministro Castells en que ha dicho que todo esto es una buena noticia y que tendríamos que irnos acostumbrando a que las universidades en tiempos normales – sea lo que sea eso – preguntémosle a JG Ballard, DEP – cada vez más funcionen así. Castells, a quien he leído con interés, enunció ya en 1996-97 su diagnóstico del paso de casi todo lo relevante en nuestros tiempos – el poder, la economía, la cultura, las relaciones sociales… — de los antiguos espacios de los lugares a los – entonces nuevos — espacios de los flujos. Debe señalarse, no obstante, que ha llovido mucho desde entonces, y que no todo lo digital y fluido ha resultado ser tan bueno ni tan deseable como pensábamos que lo iba a ser hace casi 25 años – aunque por supuesto tampoco todo lo digital sea malo.

Estas declaraciones del ministro han tenido respuestas preocupadas y otras airadas como la del profesor de Filosofía de la Complutense, Carlos Fernández Liria. Liria, que titula su artículo «La Universidad vaciada», expresa a mi juicio muy bien el amplio descontento en las universidades públicas con la sustitución de lo que el autor llama la «universidad humboldtiana» por el modelo de las actuales universidades anglo-norteamericanas más conocidas, cada vez más mercantilizada. En la evocación de Fernández Liria, algunos dirían que algo hiperbólica o idealizada, mientras que la primera se centraría en «la búsqueda de la verdad» y más modestamente en la creación de unas condiciones más adecuadas para un cierto pensamiento y la (auto)formación como personas y ciudadanos, el segundo modelo representaría, cada vez más, un medio para la reproducción y ampliación del capitalismo, en su nueva variedad cognitiva, biopolítica, global, etc. Tengo que reconocer que siento mucha afinidad con la crítica de Fernández Liria en su artículo. Como también la tengo con lo que cuenta Isabelle Stengers en su librito Otra Ciencia es posible. Manifiesto por una desaceleración de las ciencias, en cierto modo próximos a los de Fernández Liria.

Sobre el tema de la digitalización, así más específicamente, mi opinión no es tan radical como la de Fernández Liria. Yo siempre he usado múltiples herramientas digitales, – aunque creo que haciéndolo sin demasiados aspavientos ni exageraciones. Y creo que mis colegas y yo las hemos usado porque considerábamos, no sólo que podía ser útiles en ciertas circunstancias, sino porque su conocimiento y hasta cierto punto su diseño y control constituían un aspecto fundamental del diseño y la construcción del mundo contemporáneo. Y ese es el mismo debate que se plantea ahora.

Y es por esta razón por la que veo preocupante, como ya señalaba hace una semanas en este blog, que la transición que propone Castells se haga a base de convertir las universidades públicas españolas, – con todos sus defectos, una de las más extraordinarias instituciones con las que aún contamos –, en una especie de extensión o apéndice de las corporaciones multinacionales tecnológicas.

Si para dar las clases y desarrollar los servicios propios de las universidades, para producir, guardar y distribuir el conocimiento y la investigación, para la producción y gestión del General Intellect que dicen algunos, pasamos a depender críticamente de plataformas digitales propiedad de empresas multinacionales sería algo así como encargar la seguridad militar o la gestión económica el país a una empresa privada. Y aunque no me cabe duda de que habrá gente a favor de este tipo de políticas, por mi parte estoy convencido de que son políticas que van en contra del carácter público y democrático de nuestras instituciones y en contra del interés y las necesidades a medio plazo de la ciudadanía en general. Es algo similar a la privatización de la sanidad o de ciertos aspectos de ésta, un debate bien de actualidad con esto de la pandemia.

Así, lo que me parece es que, si quisiéramos efectivamente hacer una transición digital en las universidades y también sería algo a pensar mucho más y mejor, nos encontraríamos en la obligación de construir y desarrollar infraestructuras propias, que sean públicas y democráticas. Y piensa uno ingenuamente que con el prestigio de Castells sería un proyecto que podría plantearse, paso a paso, a escala nacional y europea. Y en el que se tendría que movilizar el talento de las propias universidades, con centros como fuera en su día el CSIC y cosas así. En estas cosas son en la que piensa uno también cuando se habla de nuevos modelos productivos – no en poner centros de datos o de distribución de Amazon.

Infraestructuras y redes para la autonomía universitaria [tecnológica]

Benkler, autor del influyente libro titulado The Wealth of Networks (2006), proponía una eficaz clasificación de las infraestructuras digitales, que en su caso planteaba sería deseable que fueran de gestión y propiedad entre lo público y lo común: capa física (redes, hardware), capa lógica (software) y capa de contenidos. Me sigue pareciendo un buen esquema para pensar que necesitaría una sociedad para disponer de una autonomía tecnológica razonable.

Por su parte Negri y Hardt, en su libro de 2009, Commonwealth, planteaban un panorama que si bien se puede considerar en exceso ambicioso si que me parece que constituye una buena referencia para pensar. Lo llamaban programa político para una construcción radical de los comunes, y aunque no estemos probablemente para programas radicales, sí que estimo que nos puede servir como una referencia para la reflexión sobre la necesidad de infraestructuras, equipamientos y recursos públicos y del común como alternativa o contrapeso al dominio por parte del capitalismo cognitivo y la de la vigilancia. Decían (extracto):

Infraestructuras necesarias para la construcción de lo común, para ampliar la productividad de la cooperación social, para la producción de [otras] formas de vida y subjetividad…

[1] Acceso a infraestructuras físicas: agua, energía… comunicación, información…

[2] Infraestructura social intelectual: educación – herramientas lingüísticas, herramientas afectivas para construir relaciones, herramientas para pensar…

[3] Infraestructuras abiertas de información y cultura: capa física abierta, capa lógica abierta, capa de contenidos abiertos (aquí usa la clasificación de Benkler).

[4] Financiación de la investigación y de las infraestructuras correspondientes.

[5] Libertad de movimiento

[6] Libertad de tiempo

[7] Libertad de construir relaciones sociales e instituciones sociales autónomas

[8] Participación en el gobierno a todos los niveles como práctica y pedagogía para el autogobierno o la autonomía.

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Conclusión provisional

A pesar de lo que aquí escrito, uno sigue creyendo bastante en Castells, Pisarello (presidiendo la comisión correspondiente del Congreso) y equipo y tiene claro que las cosas son difíciles. También que es necesario no dejar de pensar; también que este campo que venimos llamando de las tecnopolíticas es un campo crítico para la definición del tiempo actual.

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#másEnlaces

El Tuit del ministro Castells enlazando su polémicas entrevistas (12/05/2020):

Carlos Fernández Liria, 15/05/2020, La Universida vaciada, https://www.cuartopoder.es/ideas/2020/05/15/la-universidad-vaciada-carlos-fernandez-liria/

La noticia del acuerdo del gobierno con Amazon para alojamiento de datos ha desaparecido de los buscadores o es muy difícil de encontrar. Aquí algunos enlaces sobre el tema:

https://www.publico.es/sociedad/libertades-publicas-subir-nube-servicio-publico-pone-datos-criticos-alcance-donald-trump.html

Uno de los tuits del presidente Sánchez sobre el asunto: