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Comentario a ¿Quién quiso la Guerra Civil? de Ángel Viñas

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Francisco Franco y el general José Sanjurjo en Melilla en 1921. Fuente: El confidencial (21/7/2018), https://www.elconfidencial.com/espana/2018-07-21/sanjurjo-franco-exhumacion-abogados-valle-caidos_1595055/

David Patiño Rodríguez

Leí el último libro de Viñas (2019) que analiza cómo se organizó el complot contra la II República que propició la Guerra Civil y la Dictadura franquista. Aprovechando que se acaban de cumplir 83 años del golpe, he escrito algunos comentarios sobre la obra en los que destaco los aspectos que más me han llamado la atención y vierto algunas reflexiones que me ha sugerido su lectura.

El libro se desarrolla a partir de los famosos contratos que el autor presentó hace unos años en los que los monárquicos adquirían a una empresa italiana un montón de aviones último modelo totalmente equipados y una cantidad ingente de armas, todo ello a un coste desbaratado (que el autor cuantificó en unos 400 millones de euros actuales) y pagado a tocateja, lo cual nos hace una idea de la dimensión y la premeditación del complot.

La principal conclusión que me ha dejado la lectura es que avanza un paso más en el proceso de acabar con los mitos justificadores del franquismo que en mi generación habían adoptado, grosso modo, la siguiente forma: la II República fue un descontrol gestionado por inútiles que, si bien mantenían una apariencia democrática, sea por buenismo exacerbado, o por intereses, produjo el germen del inevitable desastre. Este determinismo del desastre ha gobernado las actuaciones políticas, sobre todo de la izquierda, en la etapa de la Constitución de 1978 alertando contra el ritmo de las reformas y sobre todo estableciendo límites materiales a las mismas (con la Iglesia hemos topado) para no volver a caer en los errores de los años 30.

La tesis de Viñas genera la sensación de que, lejos de ser inevitable, había pocas posibilidades de que la sublevación se produjera y si lo hizo fue, posiblemente, porque Calvo Sotelo, principalmente, trazó una estrategia inteligente y la puso en práctica de forma efectiva. Y llegado a este punto, es imposible no apenarse porque se desplegara tanta inteligencia para organizar el peor acontecimiento de la historia de España.

En los preparativos de la sublevación destacan varios protagonistas, pero también destaca que no se encuentre Franco entre ellos. Esta cuestión es también uno de los temas más llamativos del libro que cuenta, de modo muy efectivo, su aportación y cómo acabó siendo el Caudillo de España por la G. de Dios, proceso en el que el azar tuvo más importancia que sus méritos o arrojo. Los principales protagonistas de la historia fueron los monárquicos que desde el mismo 14 de abril, literalmente, intrigaron para acabar con el régimen republicano. Esta senda de acontecimientos parece indicar que el exrey más que dejar el país para evitar la guerra civil como alegó, en realidad lo hizo porque no contaba con apoyos suficientes para provocarla. No obstante, su entorno, por encargo suyo o por motu proprio, desde ese momento comienza la tarea de organizarla pues los monárquicos no organizaban una asonada decimonónica sino una guerra cruenta. En sus planes no estaba que fuera a durar 3 años, pues nunca imaginaron una resistencia tan fuerte como la que opuso la República, pero sí querían una guerra breve que permitiera eliminar físicamente a sus principales enemigos a la vez que invertía en terror.

Viñas también ha conseguido destapar aspectos desconocidos de la sublevación. Entre ellos, destaca la injerencia de la Italia fascista en una nación soberana extranjera como era la República Española. El hecho ya es suficientemente grave, pero además dicha injerencia fue continuada pues existe un acuerdo explícito para apoyar una revuelta que data de 1934 y que saltó a la luz ya en plena guerra. Viñas pone de manifiesto contactos anteriores incluso. Los acuerdos con los conspiradores se materializaron en diversas acciones como la formación de un grupo de milicianos carlistas, la financiación de Falange y sobre todo los contratos citados que se articularon a través de una empresa para esconder la participación gubernamental. La participación extranjera también es destacada desde la perspectiva española. Los monárquicos que emplean la etiqueta de “nacionales” desde el principio y que justificarán el golpe de estado con los argumentos patrióticos, estaban, ellos sí, vendiendo el país a una potencia extranjera que prestaba su apoyo guiada por sus intereses estratégicos en la forma de la alineación de la Nueva España con ella en el Mediterráneo. Viñas elocuentemente cita, de manera reiterada, la figura psicológica de la proyección para describir las acusaciones al gobierno por parte de los conspiradores, conscientes de que eran ellos los que vendían la patria a los intereses extranjeros.

También destaca la estrategia de los monárquicos, auténticos protagonistas de la conspiración. Viñas describe una estrategia brillante y bien elaborada, que únicamente falló por dos circunstancias extraordinarias que descabezaron la sublevación. Calvo Sotelo esconde su participación en la trama italiana por su condición, desde las elecciones de la primavera del 36, de líder de facto de la derecha parlamentaria, pero no parece que haya dudas de que ideó la estrategia que finalmente derrocó la República aunque no tuviera el final que esperaba. Su propio asesinato, días antes del golpe, y sobre todo el accidente mortal del general Sanjurjo, que era el líder indiscutido de la conspiración, la descabeza y trastoca totalmente los planes monárquicos. Destaca que la estrategia electoral monárquica se limitaba a garantizar la presencia de sus líderes en el Parlamento conscientes de que sus posiciones nunca serían mayoritarias por lo que no tuvieron interés en gastar demasiado. Sin embargo, no faltaron fondos para financiar a los pistoleros de Falange para generar inestabilidad en la calle que luego permitían denunciar la incapacidad del gobierno para mantener su control. El asesinato de Calvo Sotelo se usó extensamente como justificación del golpe, incluso en la actualidad se sigue haciendo. Viñas indica que no modificó absolutamente nada en unas acciones planificadas desde hacía tiempo. La conspiración monárquica habría aguantado esta muerte, pero no pudo aguantar la muerte del bilaureado general que falleció el 20 de julio en un accidente provocado por la ineptitud y el afán de protagonismo del capitán Ansaldo, otro de los protagonistas de la conspiración. Con la documentación que se posee, no están muy claro los objetivos de los conspiradores por aglutinar a diferentes grupos con intereses contrapuestos, pero parece que los planes originales situaban a Sanjurjo como jefe de estado, al menos de forma temporal para reestablecer, en un momento posterior, la monarquía en la figura del exrey o de su hijo Juan. Calvo Sotelo ocuparía la presidencia del Gobierno en un Estado que tendría una estructura organizativa inspirada en la Italia fascista.

El relato del papel que jugó Franco en los preparativos es otra de las cuestiones que tiene mucho interés en el libro. Franco se implicó desde el principio, pero sus aspiraciones se limitaban a ser el gobernador del Protectorado del Norte de África. No hay dudas de que la cabeza de la sublevación era Sanjurjo que encargó su organización a Mola y tampoco las hay de que su autoridad moral fue aceptada por todos los conspiradores, civiles y militares, de manera unánime. La oportunidad para Franco surge con el descabezamiento de la sublevación por los fallecimientos de Calvo Sotelo y de Sanjurjo. Las muertes provocaron el desconcierto en Italia durante algunos días. Los monárquicos se movieron rápido entrevistándose con el propio Mussolini para asegurar que se enviaran los aviones contratados que ahora eran especialmente necesarios para que las tropas africanas pudieran llegar a la Península dado que la armada no se había sublevado. Y efectivamente los aviones llegaron, excepto un par de ellos que se accidentaron. Viñas cuenta la rocambolesca historia de uno de ellos que se acabó estrellando en el África francesa. Las autoridades galas interrogaron al piloto, que era militar, y se produjo el consiguiente escándalo diplomático y periodístico con negativa cínica por parte del gobierno italiano incluida. Por supuesto acabó en nada. A la vez, Franco realiza una afortunada gestión que consigue implicar a Hitler en el apoyo a la rebelión, por la que, a diferencia de Mussolini, nunca había estado interesado y posiblemente ni enterado. El paso de las tropas y las dificultades que encontró Mola en el frente norte encumbraron a Franco a la Jefatura del Gobierno del Estado en septiembre, nombramiento que se traslada a la gaceta en forma de Jefatura de Estado. Durante la guerra la prioridad de los grupos que habían apoyado el golpe fue derrotar al enemigo común y no se cuestionó la jefatura del Nuevo Estado y cuando terminó la contienda ya no fue posible modificar nada. Los monárquicos que habían organizado la sublevación fluctuaron entre las posiciones críticas de Sainz Rodríguez y Ansaldo y la colaboración entusiasta de Goicoechea que abandonó sus posiciones y fue premiado con el cargo de Gobernador del Banco de España. Viñas relata con detalle las vías a través de las que Franco se encargó, posteriormente, de reescribir la historia eliminando a Sanjurjo del relato, minimizando el papel de Mola, del que se encargó de hacer desaparecer sus papeles y encumbrándose como cerebro y jefe de la organización, desde el principio. Sin duda también llama la atención que la documentación de figuras del periodo tan imprescindibles como Alfonso XIII o el propio Franco y de buena parte de la actividad del ejército, hayan desaparecido o estén fuera del escrutinio público 80 años después.

En definitiva, ¿Quién quiso la guerra civil? da un giro importante al acontecimiento más importante de la historia del país de los últimos 200 años y sugiere que aún queda mucho por saber sobre el mismo. La guerra y posterior dictadura cortaron de raíz el progreso y las reformas estructurales que la sociedad española había empezado a acometer a través de un programa que un autor como Fontana ha calificado de moderado pero que a un grupo de aristócratas, financieros y militares les pareció lo suficientemente lesivo contra sus intereses como para iniciar una aventura que, era probable que provocaría una carnicería, como de hecho, sucedió. Como todas las obras de Viñas, llama la atención el celo tomado en la contrastación de cada una de las afirmaciones. Pero posiblemente, lo que más destaco es una afirmación que, a pesar de no ser la primera vez que hace el autor, a mí me llama especialmente la atención: lo que condenó a la II República española fue adelantarse en el tiempo. La democracia española tuvo que enfrentarse al fascismo antes que ninguna otra nación y Reino Unido, Francia y Estados Unidos, que deberían haber acudido a socorrerla, la dejaron a su suerte en una lucha totalmente desigual que no podía ganar. No podremos saber qué habría pasado en un universo paralelo en el que las cosas hubieran sucedido de otro modo, en España y en el resto del mundo, pero da que pensar y también provoca la reflexión visualizar el efecto que tiene el azar en nuestras vidas y en la evolución de los acontecimientos históricos.

Viñas, Ángel (2019), ¿Quién quiso la guerra civil?: Historia de una conspiración, Crítica, Barcelona

El Ángel de la Historia de Benjamin, explicado por Sennett

Imagen: Angelus Novus de Klee (derecha) y comentario de Benjamin en sus Tesis sobre la Historia; página de la tesis doctoral de Antonio Sáseta, 2012.

El ángel de la historia de Benjamin, explicado por Richard Sennet

Traducción y comentario de J. Pérez de Lama

Nunca fui demasiado aficionado a Benjamin, – quizás por los colegas que lo empezaron a citar con reverencia hace algunas décadas, que me daban algo de pereza… -; aunque sí que he leído algunas cosas, sin prestar excesiva atención – lo de la reproducción técnica, por cultura general, y cosas que aparecen aquí y allá. Tengo pendiente volver sobre las Pasajes, algunas de cuyas páginas sí que me dejaron bastante huella – la edición algo rocambolesca que salió en inglés hace unos años con materiales diversos de esta obra inacabada…

Lo del Ángel de la Historia lo había escuchado bastantes veces, pero nunca me había enterado del todo de dónde venía la fascinación por el asunto y qué era exactamente lo que se pretendía decir citándolo… Y por fin, leyendo a Sennet – el Building & Dwelling que ya reseñé por aquí,  encontré una explicación que me pareció del mayor interés a la que vez que bastante curiosa… que es la que reproduzco literalmente aquí (Sennett, 2017, pp. 117-119; traduzco del inglés):

[…] es éste un ensayo escrito por Walter Benjamin titulado Tesis sobre la filosofía de la historia, la aproximación de un escritor a los conflictos del crecimiento [urbano], las formas de nostalgia que han surgido a través de la destrucción creativa y las energías estimuladas por la actividad informal – todos estos temas inspirados por los viajes de Benjamin al Moscú en la década de 1920 durante los inicios del comunismo y en sus meditaciones sobre un cuadro.

En 1920, Paul Klee dibujó el Angelus Novus, una figura famélica, agonizante con los brazos extendidos hacia arriba. El escritor Gershom Scholem vio la pieza aquel mismo año, la compró y la colgó en su apartamento en Munich. Walter Benjamin la vio en casa de Scholem, se la compró y la mantuvo consigo hasta su suicidio en 1940. Justo antes de matarse intentando cruzar a España (en Portbou, en los Pirineos, convencido de que los Nazis lo detendrían inevitablemente), Benjamin le dio el Angelus Novus para que lo guardara, al escritor francés Georges Bataille, que lo escondió en un rincón oscuro de la Biblioteca Nacional. Unos años después de que terminara la II Guerra Mundial, el dibujo llegó a las manos de Theodor Adorno, que consiguió devolvérselo a Sholem, quien para entonces vivía en Jerusalén, cuya viuda lo donó finalmente al Museo de Israel en 1987.

Se trata entonces de un objeto con una historia turbulenta. Mientras que lo tuvo, Benjamin pensaba que su imaginario trataba de los problemas de la historia. Un pintor, por supuesto, estaría horrorizado de ser encasillado en una representación sin matices, pero el título de Klee indica que también él veía su imagen en un sentido similar. La figura torturada está suspendida sobre montones de piedras y objetos rotos; un naranja-amarillo enfermizo flota como una nube a través de la figura, empapando el cielo. Comentando la imagen de Klee, Benjamin comienza citando de un poema de su amigo Sholem (traducción de la traducción de Sennett):

Mi ala está lista para volar
Preferiría volverme
Pero tendría poca suerte
Permaneciendo en el tiempo mortal.

Benjamin escribe a continuación […]:

“El Ángel del la Historia debe tener un aspecto así. La cara de ese ángel está vuelta hacia el pasado. Dónde nosotros vemos la apariencia de una cadena de acontecimientos, él ve una única catástrofe, que sin cesar acumula bajo sus pies montañas de escombros. Le gustaría parar durante un momento, para despertar a los muertos y para recomponer lo que ha sido aplastado. Pero una tormenta que llega del Paraíso, se ha enredado en sus alas y es tan fuerte que el Ángel ya no las puede cerrar. La tormenta lo conduce irresistiblemente hacia el futuro, hacia el que da la espalda, mientras que la montaña de escombros delante suya crece hacia el cielo … Esta tormenta es lo que llamamos Progreso.”

Empujado hacia delante por el cambio, el Ángel de Klee mira hacia atrás. Pienso que es una imagen que surge de la propia experiencia de Benjamin en Moscú durante el verano de 1926-7. En una carta a Scholem, Benjamin escribía que la Revolución era “una fuerza que es difícil de controlar.” Y sin embargo, le parecía que los rusos echaban de menos la Edad de Plata previa a la Revolución: guardaban como tesoros viejas piezas de mobiliario, escondían los iconos, todavía obsesionados por el Zar y su familia asesinada. Aquel invierno todo el mundo tenía hambre y frío; mirar hacía atrás, al pasado no les iba a dar de comer ni a calentarlos […]

*

___ Hasta aquí Sennett. En el libro del que procede la traducción, el autor continúa un poco más con el comentario, pero quizá tenga menos interés fuera ya del contexto en que aparece el tema. ¡Saludos!

_____________

Ps/

[12.2019]

Algunas cosas que aprendí últimamente y que modifican o matizan lo escrito más arriba.

[1] Sobre la «tesis» de Benjamin; en algún sitio escribí que nunca había logrado acabar su tesis doctoral… Pero no es así. Por un lado, lo que no «aprobaron» a Benjamin fue una segunda tesis, «de habilitación» (Habilitationsschrift) – que era el trámite necesario para convertirse en profesor. — Las luchas de poder en la academia…– Se suele pensar que aquello le perjudicó bastante. El trabajo que presentó, se suele conocer por el nombre abreviado de “Trauerspiel” — que sugiere en una traducción bastante literal, juego de lágrimas o de penas; pero que significa exactamente teatro u obra de teatro (Spiel) de (Trauer) luto,  dolor o tristeza, o sea, tragedia. Trauer también puede significar llanto… El nombre tiene guasa, la verdad. El título completo era Ursprung des deutschen Trauerspiel (Origen del teatro trágico alemán).

Este rechazo sucedió en 1925, y es una historia algo enrevesada. Se suele responsabilizar a su amigo,  o al menos compañero de la Escuela de Frankfurt (Institute for Social Research, cuando se trasladó a Nueva York), Max Horkheimer. Parece ser que Horkheimer trabajaba entonces de ayudante de otro profesor  Hans Cornelius, que delegó en él para hacer el informe sobre el trabajo de Benjamin. Horkheimer fue entonces el que hizo el informe negativo sobre el trabajo de Benjamin, que parece que no era fácil de entender… ¡Los amigos…! — escribe sobre esto, Colin Dickey en el enlace a continuación — y parece que en la biografía de Benjamin de Eiland y Jennings (2014) se explica en detalle el asunto. Quizás se pueda suponer que no fuera algo tan excepcional — al primer marido de Hanna Arendt, Günther Anders, si no entendí mal, le pasó algo parecido. Lo que pasa es que el reconocimiento posterior de Benjamin, así como su trágica muerte atrapado en Europa sin poder escapar de la guerra, nos deja bien a los que lo rechazaron…

Este percance académico de Benjamin, suele relacionarse con el rechazo por parte de Adorno para publicar en la revista que gestionaba el «trabajo sobre Baudelaire», que Benjamin tuvo que reescribir. Esto ocurrió algunos años después. El trabajo en la versión rechazada se publicó finalmente, si no entendí mal, en Iluminaciones, un volumen con una selección de obras de Benjamin, editado y publicado por Hanna Arendt algunos años después de su muerte (más de 20 años en realidad) – que aún tengo que leer algún día (sólo leí un par de piezas sueltas). Lo curioso, o no tanto, es que Adorno y Horkheimer eran de la misma edad que Benjamin, pero por los empleos que tenían en el Institut für Sozialforschung — Horkheimer era el director desde 1930, tenían bastante poder académico sobre Benjamin, que durante algunos de sus últimos años vivió de un estipendio (sueldo) que la pagaba el instituto — y que Horkheimer cortó en 1938. Más tarde, Horkheimer fue el que le obtuvo papeles varios y visas para salir de Fancia por Port Bou, aunque aquello acabara como sabemos. Parece que las relaciones de Benjamin con sus allegados y amigos siempre fueron complicadas (Dickey, 2014).

[2] El trabajo importante que no lograba acabar Benjamin, y que no acabó nunca fue el de los Pasajes, que citaba al principio del post, una obra que se hacía cada vez más extensa, aunque empezara como un proyecto de 50 páginas, — otro clásico –, sobre París y la modernidad, más o menos. Uno de los títulos de trabajo lo utiliza Harvey para su gran libro sobre París en el XIX, precisamente, París, capital de la Modernidad. Tengo que revisar el «libro gordo» de los Pasajes, pero creo que aquí también había algunos desacuerdos con los colegas de la Escuela de Frankfurt — no se citan sin embargo en los artículos que he leído estos días. (Lo dejo pendiente para más adelante).

Sí que leí estos días sobre la  historia dramática y rocambolesca del manuscrito de los Pasajes, parecida a la de la acuarela de Klee que cuenta Sennett y se recoge en el post original. En su permanente huida de los nazis, Benjamin dejó sus papeles de los Pasajes a su amigo George Bataille, que a su vez los escondió en la Biblioteca Nacional, de París, donde trabajaba. Tras la guerra parece ser que mandó algunos  de estos papeles a a Nueva York a Adorno, quien se había erigido en heredero intelectual de Benjamin, — ante el descontento de Arendt –. Y sin embargo, una parte importante se había quedado atrás y sólo fueron encontrados por Giorgio Agamben, aún en la Biblioteca, en la década de 1980. ¡!

Aquí más sobre lo contado en los dos puntos anteriores : Colin Dickey, 2014, Shoring Against the Ruins, Los Angeles Review of Books, https://lareviewofbooks.org/article/shoring-ruins/ | accessed 14/12/2019

[3] Las Tesis sobre la filosofía de la historia, que leo que es preferible llamar Sobre el concepto de Historia, de la que procede el fragmento sobre el ángel, de nuevo tienen una historia más que novelesca. Fue el último escrito de Benjamin. Son 20 tesis, cada una de un párrafo. Leo que hizo seis copias a mano; que envió a diferentes amigos; para que no se perdieran. La copia más conocida, la de Arendt, está escrita en el borde libre de páginas de periódicos recortados. Aunque en conjunto son bastante crípticas, parece que una cosa clara es que son una crítica del marxismo dialéctico de sus amigos Adorno y Horkheimer. La razón que adujo Adorno para rechazar la primera versión del trabajo sobre Baudelaire fue que no era suficientemente marxista-dialéctico. Algunos interpretan que el texto de Benjamin, entonces, era una especie de venganza intelectual contra sus amigos frankfurtianos — en aquel momento ya a salvo de la guerra en Nueva York.  La ironía es que Adorno fue el que finalmente editó la obra de Benjamin, incluso las tesis; Arendt hizo más tarde otra edición, porque pensaba que Adorno había retocado el texto de Benjamin… Para un lector profano los términos son tan especializados que se pierde uno un poco… La trágica sustitución de «materialismo dialéctico por «materialismo histórico … Para Arendt, o al menos para Dickey (ver enlace anterior) esta «corrección» básicamente subvertía la crítica de Benjamin… ¡Bo!

Cito (Dickey, 2014):

“On the list of corrections that Adorno sent Arendt, one clear variant stands out. Materialist is substituted for dialectic. This would constitute a significant philosophical difference. A dialectician would attend to the movement of history itself, whereas a historical materialist would attend to the materiality of history in order to reject the Marxist conception of fluid movement. The difference, in short, is the glaring difference between Adorno and Benjamin — the difference at the heart of their argument over Baudelaire. Adorno criticized Benjamin for not being dialectical enough, and Benjamin thought Adorno’s insistence on dialectics rejected materialism in favor of ideology. Benjamin was interested in looking at the images of the past, not the movement of the past as a whole. Looking through the various versions of the “Theses” this variant appears only once — in Dora Benjamin’s copy, which is presumably the version Gretel [Adorno] was typing from since she changed historical back to materialist.”

Si no he entendido mal los términos serían:

Entonces, según esto, entiendo que Benjamin defendía el «materialismo histórico» y criticaba el «historicismo dialéctico» por excesivamente ideológico; — lo comparaba nada más empezar con el célebre  «turco mecánico»; esto sería una crítica de Adorno. En fin, no sabe uno bien a qué atenerse…

Aquí más sobre la historia del último texto:

Samantha Rose Hill, 2019, Walter Benjamin’s Last Work, Los Angeles Review of Books, https://lareviewofbooks.org/article/walter-benjamins-last-work/ | accessed 14/12/2019

Y aquí el texto de Benjamin traducido al inglés, On the Concept of History — esta versión dice historical materialism, por lo que debe ser por cierto la versión de Adorno¿?

https://www.sfu.ca/~andrewf/CONCEPT2.html

También se encuentra on line traducido al español (Taurus, 1972) el trabajo sobre Baudelaire, aunque aún no sabría decir de que versión se trata exactamente de entre las que discuten Arendt y Adorno; — y leyéndola, sí que no sorprende que algún editor pudiera tener algunas dudas…

Imágenes del comentario

* Imagen: El turco mecánico que Benjamin compara con el materialismo histórico — o con el historicismo dialéctico — en la primera tesis del documento que venimos comentando; y que Amazon ha utilizado para algo, si no me equivoco:

* Detalle del texto en alemán sobre el ángel de la historia de Benjamin, en la edición mimeografiada de Adorno de 1942, — con la traducción de Arendt escrita a lápiz entre líneas. Hannah Arendt Collection at Stevenson Library, Bard College. Fotografía de Samantha Hill. Fuente: https://lareviewofbooks.org/article/walter-benjamins-last-work/

Por qué un colegio no puede llamarse Calvo Sotelo

Pepa Domínguez (2017), “Niños y niñas del colegio contra la violencia machista”, Fuente: Página de Facebook del AMPA del Colegio, https://www.facebook.com/AmpaCalvoSoteloSevilla/photos/a.147226489083820.1073741827.146385709167898/158088251330977/?type=3&theater

 

David Patiño Rodríguez

El día 30 de octubre tuvimos un tenso debate en el Consejo Escolar del Colegio Calvo Sotelo de Sevilla a raíz de una propuesta del AMPA para cambia el nombre por la posible ilegalidad del actual. En concreto, según al AMPA atenta contra la Ley de Memoria Histórica y la Ley de Memoria Democrática de Andalucía y por tanto, se debe cambiar cuanto antes para ajustarse a estas dos disposiciones. El Consejo Escolar rechazó a través de una votación secreta y sin dar un solo argumento dicha propuesta, sin valorar siquiera las razones planteadas por el AMPA y que se indican en el presente post por su interés, no solo para las personas relacionadas con el colegio.

El colegio se empezó a construir en el año 1935, en la II República licitándose bajo el nombre de Grupo Escolar Huerta de los Granados, porque comprendía dos edificios que se correspondían con los colegios de niños y niñas que se planificaron. El colegio se inauguró a principios del año 1937 con su actual nombre en honor al Protomártir de la Cruzada. Calvo Sotelo había sido asesinado días antes del golpe de estado y los golpistas fueron conscientes desde el principio que tenían que justificar su comportamiento y los juicios y asesinatos a los funcionarios y militares que se habían mantenido fieles a la legalidad y que habían cumplido sus cometidos. El asesinato de Calvo Sotelo se convirtió en la principal excusa para justificar su alzamiento contra la legalidad republicana y fue empleada extensamente durante la guerra.

El aprovechamiento propagandístico fue muy intensivo a lo largo de todo el régimen y especialmente al principio. En prácticamente todas las ciudades se rotularon plazas, calles e instituciones con honores a la figura del protomártir empleada para exaltar el régimen dictatorial. La hemeroteca de ABC permite hacernos una idea de la intensidad de este aprovechamiento. Por ejemplo, durante todo el año 1935, último completo en el que la República estuvo en paz y Calvo Sotelo era un destacado líder político, la búsqueda del término “Calvo Sotelo” genera 134 resultados. Por el contrario, la misma búsqueda produce 217 resultados para el año 1937, en el que ya había fallecido. Es decir, Calvo Sotelo muerto generaba muchas más noticias que vivo. La totalidad de estas noticas se corresponde con crónicas de las decenas de actos de homenaje que se realizaron los cuales tenían todos en común que la República era la que había asesinado directamente al político. Estos homenajes se sucedieron desde el principio de la sublevación como prueba que el 7 de agosto de 1936, el Ayuntamiento de Sevilla denominara plaza Calvo Sotelo la actual Puerta de Jerez “en memoria de un mártir de la Patria”. Entre las distinciones abundaron los cambios de nombres a colegios, como el reseñado el 9 de julio de 1938, “para la exaltación de las grandes figuras de nuestro glorioso Movimiento Nacional”. Para hacernos una idea clara de qué tipo de ceremonias se realizaron es representativa la que tuvo lugar en la Academia de Infantería de San Roque el 24 de mayo de 1938. En dicho acto, tal como indica literalmente ABC, tras la misa de rigor “se descubrieron grandes fotografías con la efigie de los generales Orgaz, Queipo de Llano y Mola, de José Antonio Primo de Rivera, Calvo Sotelo, Hitler y Mussolini”.

Si a esto unimos que José Calvo Sotelo no tenía relación directa alguna con Sevilla podemos llegar a la conclusión de que el colegio sevillano se llamó en honor a él únicamente como exaltación y justificación del golpe de estado y del régimen franquista que se estaba formando. Si no hubiera habido golpe de estado no se habría honrado a Calvo Sotelo con un colegio en Sevilla, ni por su actividad política ni por su asesinato, únicamente se hizo como acto de propaganda franquista.

Pero es que además, la actividad que desarrolló José Calvo Sotelo durante los últimos meses de su vida también es destacada y en concreto una parte de ella que ha sido descubierta recientemente. Calvo Sotelo era el líder del partido Renovación Española que defendía la restauración de la monarquía Alfonsina bajo un ideario ultraderechista contrario a la democracia liberal. Para entender los hechos, es necesario encuadrar históricamente los meses anteriores al golpe de estado y su asesinato. En febrero de 1936 se celebraron elecciones generales, y a pesar de que la derecha antiliberal[1] llegó con la expectativa de ganarlas e incluso hizo campaña por la mayoría absoluta, las perdió de manera clara, resultado vencedora una coalición de partidos burgueses progresistas y partidos obreros que se denominó Frente Popular. En esas circunstancias José Calvo Sotelo había terminado siendo líder oficioso de la oposición gracias a unos discursos incendiarios en los que llamaba a que el ejército se sublevara contra el régimen establecido[2].

En esa coyuntura política, los últimos descubrimientos de Ángel Viñas[3], nos han revelado que la actuación de Calvo Sotelo no se limitó a su actividad parlamentaria y por el contrario, fue un actor destacado de la conspiración, hasta su asesinato. Según el citado descubrimiento, Pedro Sainz Rodríguez que posteriormente sería ministro con Franco, siendo el número tres de Renovación Española, firmó 4 contratos el 1 de julio de 1936 en Roma con SIAI, una empresa aeronáutica italiana. En dicho acto se contrataba el suministro de 42 aviones de guerra, más de 10.000 bombas de 2 kilos, 2.000 bombas de 50 kilos, carburante, lubricante y metralletas, todo ello por un valor que en euros de hoy ascendió a 340 millones. Estos suministros tenían que ser entregados en el mes de julio, y de hecho, le llegaron a Franco al principio de la contienda. Quedan pocas dudas de que la operación había sido controlada por José Calvo Sotelo, que era el líder del partido. Tampoco se duda de que la operación contara con el asesoramiento de militares, dado el desconocimiento del material de guerra por parte de civiles. Los especialistas apuntan a Mola con el apoyo de Kindelán y el aval financiero de Juan March. Dado que el golpe militar fue el 18 de julio, los historiadores, en una línea de investigación que aún está más que abierta, han concluido que la fecha estuvo determinada por la llegada de los aviones que se le habían adquirido a Mussolini. Por otro lado, el tamaño de la operación hace pensar que estos contratos estuvieron negociándose durante semanas o incluso meses, por lo que muy posiblemente, el golpe de estado empezó a planearse recién confirmados los resultados electorales. Desde luego, la compra de 42 aviones, junto con otros documentos relacionados con la planificación del golpe, revela claramente que los conspiradores estaban planeando un conflicto armado. Tampoco parece que se estuviera planeando una guerra que durara casi tres años, como la que acabó sucediendo, pero desde luego, parece claro que el objetivo de la compra de esa cantidad de aviones último modelo y de armamento era generar, como indicaba Mola en sus planes originales, una “violencia extrema”. Y desde luego, estos hechos parecen dejar claro que el asesinato de Calvo Sotelo no precipitó unos acontecimientos que ya estaban más que acordados. Tampoco se puede decir que Calvo Sotelo no tuviera nada que ver con la sublevación y con la Guerra, pues parece claro que fue uno de los principales organizadores, a partir de una trama civil que se debería seguir investigando.

Por todas estas razones Calvo Sotelo no puede dar nombre a un colegio. No puede porque incumple dos leyes democráticas y en vigor. Tal como escuchamos tanto estos días, las leyes están para cumplirse y el colegio se denominó así para hacer apología de la dictadura franquista y para justificar el golpe de estado del 18 de julio de 1936, aprovechando su asesinato, por lo que incumple dicha normativa. Solo eso sería suficiente, pero es que además, Calvo Sotelo fue un destacado actor de aquel drama e intervino activamente en su planificación. Por todo ello, un colegio no puede llevar un nombre que está asociado a la guerra. Si se aceptan estas tesis, me imagino que los sectores más inmovilistas tendrán la tentación de salvar la situación llamando al colegio, por ejemplo, Presidente Calvo Sotelo, aprovechando al familiar. Este nombre cumpliría formalmente la ley, pero estaríamos ante un claro fraude de ley porque es evidente que si se el colegio se inaugurara ahora, la probabilidad de que se denominara de ese modo sería nula. De hacerse así, la única razón sería poder seguir denominando al colegio “Calvo Sotelo” y por tanto, Queipo de Llano continuaría siendo el que lo habría nombrado. En realidad, el legislador andaluz indicó su clara voluntad de que los andaluces sepamos la verdad de lo que pasó al establecer la novedosa obligación de que el golpe y la dictadura se estudie en los colegios. Es necesario que el colegio cambie de nombre de verdad para que los estudiantes les pregunten a sus maestros por qué se ha cambiado el nombre de su colegio o para que los padres y madres le hagan al director esa misma pregunta. En el caso del colegio Calvo Sotelo de Sevilla lo tenemos muy fácil, podemos recuperar el nombre que planeó la democracia de entonces y que la dictadura franquista nunca llegó a permitir.

Notas:

[1] Esta etiqueta me parece la más acertada porque, a pesar de lo que siempre nos han dicho, existía una derecha republicana que aceptaba la II República y las reglas democráticas que había impuesto.

[2] Fuente: Diario de Sesiones del Congreso, 16 de junio de 1936 (p. 1385); citada en Preston (1972; p.113).

[3] Viñas, Ángel (2013): “La connivencia fascista con la conspiración y otros éxitos de la trama civil” en Sánchez Pérez, Francisco (editor), Los mitos del 18 de julio, Crítica, Barcelona.

Referencias:

Preston, Paul (1972): “Alfonsist Monarchism and the Coming of the Spanish Civil War”, Journal of Contemporary History, 7 (3-4), pp.89-114.

Viñas, Ángel (2013): “La connivencia fascista con la conspiración y otros éxitos de la trama civil” en Sánchez Pérez, Francisco (editor), Los mitos del 18 de julio, Crítica, Barcelona.

Contabilizar la Responsabilidad

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Imagen: Kalho, Frida. (1945). Sin esperanza [Pintura]. Ciudad de México, Museo Dolores Olmedo
Fuente: https://www.google.com/culturalinstitute/beta/asset/-/rgHBxF7ESC2qmQ?utm_source=google&utm_medium=kp&hl=es

David Patiño

Cuando los golpistas del 36 planificaban lo que hicieron eran conscientes de que tenían que lavarlo y se pusieron manos a la obra para justificar el golpe y la extrema violencia que emplearon como estrategia para hacer que triunfara. Tras el fracaso parcial del golpe y el estallido de la guerra las cosas se les fueron de las manos y entonces fueron mucho más conscientes de que era prioritario terminar con todo vestigio del estado democrático, incluido cualquier recuerdo de él, junto con todo lo que habían hecho. El resultado de décadas y décadas de intoxicación en colegios, noticiarios, prensa, literatura y cualquier medio ha sido que tres generaciones, incluyendo la actual, de españoles han estado con el cerebro totalmente lavado hasta el punto de que una novela, llevada a la televisión en forma de miniserie de éxito, frivoliza con un auténtico monstruo como Serrano Suñer al que no le tembló la mano de dejar morir a tantos miles de españoles en manos de sus admirados nazis.

Estas generaciones de españoles casi no han oído hablar de la II República ni del franquismo y lo único que han aprendido es que la Guerra Civil fue terrible porque las guerras civiles eran las más trágicas y porque “ambos bandos” fueron terribles y vengativos. Estos escasos conocimientos están en una nebulosa borrosa que mete todo en un totum revolutum de personajes muy malos y violentos y un régimen político fracasado cuyo final no podía ser otro que el que tuvo, olvidando el golpe, los enormes beneficios económicos que obtuvieron sus protagonistas y sobre todo diluyendo la responsabilidad de lo que pasó entre esos dos terribles bandos cuyos integrantes tenían escritos en los genes que tenían que matarse con saña entre ellos. Sigue leyendo Contabilizar la Responsabilidad

Mary Paley Marshall (Ufford-Inglaterra, 1850-1944)*

Mary Paley Marshall

Mary Paley Marshall con 77 años cuando recibió su doctorado honorario de la Universidad de Bristol en 1927 (https://sheroesofhistory.wordpress.com/2016/10/20/mary-paley-marshall/)

Teresa Duarte

Mary Paley es uno de tantos casos de mujeres de gran valía profesional, en este caso como economista, cuya carrera no solo quedó a medio camino sino prácticamente invisibilizada por la sombra de su marido, Alfred Marshall, quizá el más famoso de los economistas neoclásicos.

Mary nació en 1850 en Ufford, una villa próxima a Stamford, en Lincolnshire, a unas cuarenta millas al noroeste de Cambridge. Creció en una familia muy religiosa pues su padre, Thomas Paley, era clérigo evangélico y simeonita, es decir, de la rama más estricta y radical de esa iglesia, aunque algo singular: ya que la formó y animó para que fuera estudiante en Cambridge, algo completamente inusual y avanzado en su época. Con él y con su madre, Ann Judit Wormald, permaneció hasta los dieciocho años, cuando aprobó los exámenes superiores locales de Cambridge (Cambridge Higher Local Examinations for Women over Eighteen) con calificaciones excelentes. Gracias a ello, se le ofreció una beca para incorporarse a la Universidad de Cambridge bajo la tutela de Miss Clough, y en 1871 formó parte del grupo de las cinco primeras mujeres que entraron en esa prestigiosa institución y más concretamente en el Newnham College.

Mary superó sus estudios superiores en Cambridge con distinción (matrícula de honor) en 1874 y ella y Amy Bulley fueron las primeras mujeres que se presentaron al Tripos de Ciencias Morales[1]. Rita M. Tullberg (2000) señaló que los resultados de Mary Paley fueron asombrosos, incluso comparándolos con los obtenidos por estudiantes masculinos, algo que entonces no era del todo común pues en aquella época las mujeres y los hombres solían desarrollar currículos diferenciados y más livianos en el caso de las mujeres. Sigue leyendo Mary Paley Marshall (Ufford-Inglaterra, 1850-1944)*

Kropotkin, El apoyo mutuo. Un factor de evolución: ¿un corazón demasiado tierno?

Retrato de Kropotkin en las primeras páginas de la reciente edición de El apoyo mutuo. Factor de evolución (2016, Pepitas de Calabaza, Logroño). Fuente imagen: @pepitaseditora

Por José Pérez de Lama

Ya hace unos días que leí este precioso libro de Kropotkin, que tuvo un cierto efecto sanador sobre mi ánimo, tan decaído desde hace tiempo. Llegué a su lectura, aparte de porque lo vi en el escaparate de La Fuga, Sevilla, – pequeña pausa para la publicidad -, porque lo había visto mencionar últimamente en diversos lugares. Recuerdo, uno en concreto, otro bello libro, Communal Luxuries, de Kristin Ross, una obra peculiar sobre La Comuna de París – con un gran título por otra parte.

Lo que decían Ross, y otros que ahora no recuerdo, siempre mencionándolo un poco de pasada, es que Kropotkin había sido un destacado científico, geógrafo y naturalista… y que además de su conocida fama como anarquista, había promovido una lectura alternativa de los principios de la evolución de Darwin: en lugar de enfatizar la lucha entre individuos y la supervivencia del más fuerte, como vienen haciendo desde el XIX los supuestos darwinistas oficiales, basándose en sus estudios en Siberia, una naturaleza con frecuencia tremendamente hostil a la vida, destacaba lo que llamó el apoyo mutuo como otro factor complementario de la evolución. Kropotkin era admirador de Darwin, y se consideraba a sí mismo darwinista, y explicaba que la cuestión del apoyo mutuo también se encontraba en su obra. Si me preguntaran cuál de las dos fuerzas o tendencias ha sido más importante en la evolución diría que ha sido la del apoyo mutuo, escribió el noble anarquista.

Un corazón demasiado tierno

Cita Carlos Varea en el epílogo a la reciente edición española que cuando Kropotkin murió, “sus colegas geógrafos británicos le despidieron  describiéndolo como un hombre de ‘singular y atractiva personalidad, naturaleza comprensiva, corazón cálido aunque quizás demasiado tierno, y con un amplio conocimiento de la literatura, la ciencia y el arte’.” La cita me hizo preguntarme en qué momento un corazón se considera demasiado tierno, porque de la lectura de esta obra lo que para mí destaca es una empatía extraordinaria por el mundo, los animales, y los hombres y mujeres, que yo fui asociando con este corazón “demasiado tierno”. Y esta ternura, quiero pensar, es una de las cosas que me hace apreciar tanto el libro. Sigue leyendo Kropotkin, El apoyo mutuo. Un factor de evolución: ¿un corazón demasiado tierno?

Lewis Mumford y tecnopolíticas: ¡todo estaba ya ahí!

Unas notas sobre Technics & Civilization de Lewis Mumford, publicado en 1930, donde, a juicio del autor de este post, se plantean con mucha claridad los problemas que hoy describimos bajo el rubro de tecnopolíticas… – Tantas cosas que están ya pensadas y que cada generación vuelve una y otra vez a redescubrir…

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Detalle de la portada de Técnica y civilización de Mumford en la edición de Alianza, 1994.

José Pérez de Lama

Estos últimos meses ando leyendo, y releyendo, pensamiento estadounidense de final del XIX y principios del XX sobre tecnologías, economía, sociedad, educación, y resulta que casi todo estaba ya ahí sobre el tema de las tecnopolíticas… :O ___ Veblen, Dewey, Mumford… y del otro lado del Atlántico pero coetáneo, Keynes _ grupo que podríamos conectar con autores posteriores como Bookchin y Bateson…

¿Qué es lo que “estaba ahí”? Pues muchas cosas que luego encuentro en mi querido Guattari, en Focault, en Latour, en Mitchell, en Haraway, en McKenzie Wark; (Langdon Winner, a quien aún tengo que estudiar, parece ser uno de los principales “herederos” actuales de Mumford en estos planteamientos). El caso de las afinidades entre Guattari y estos pensadores, es quizás el más sobresaliente, y hace que su pensamiento conjunto con Deleuze aparezca como la convergencia del pragmatismo estadounidense, con la tradición psicológica y filosófica europea; esta última posiblemente aportada por Deleuze – todo estos son sólo intuiciones – aunque el concepto de ecosofía, uno de los principales en el pensamiento último de Félix Guattari, sí que tiene deudas directas y explícitas con Bateson y Bookchin. Iván Illich, también citado muy explícitamente por Guattari, también anda por el entorno de este “club imaginario”.

Así de forma rápida, a media lectura de Technics & Civilization de Mumford (1930), destacaría la concepción de las tecnologías como sistemas sociotécnicos y territorializados – en los que los discursos, la subjetividad y la producción de individuos tienen un papel fundamental; por supuesto también, la condición política de estos sistemas-máquinas – política en el sentido de construcción de la vida en común y distribución de poder y agencia, así como de producción de territorios… De Dewey cabrían mencionarse muchas cosas, pero rápidamente, cito: la centralidad de su idea de mapa como herramienta fundamental de conocimiento, su idea de los conocimientos como caja de herramientas, su afirmación de que lo invisible de nuestra realidad es mucho más amplio que lo visible (relaciones, ideas, mentalidades, historia, etc), o su reivindicación de otras formas de conocimiento más allá, o más acá, de la razón, como las relativas al cuerpo, las emociones o los afectos… Sigue leyendo Lewis Mumford y tecnopolíticas: ¡todo estaba ya ahí!