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Economía y Felicidad: ¿Un Vínculo Olvidado?

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Fuente: Economía y Felicidad: La Paradoja de la Felicidad lavozdegalicia.es

 

 

Franciso Gómez García

Departamento de Economía e Historia Económica

Universidad de Sevilla

 

“El objetivo manifiesto de la investigación del Dr. Adam Smith es la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones. Sin embargo, hay otra investigación, quizás aún más interesante y que ocasionalmente se confunde con ésta; me refiero a la investigación de las causas que afectan la felicidad de las naciones”.

Malthus (1798)

El interés por investigar las causas que afectan a la felicidad, que se desprende de la cita de Malthus, ha sido y sigue siendo, hoy en día, motivo de estudio para numerosos científicos sociales en todo el mundo. Podría advertirse cierto grado de reproche hacia Adam Smith por haber indagado poco en el asunto de cómo y en qué condiciones se transforma la riqueza en felicidad. Sin embargo, como argumenta Pasinetti (2005), el propio Malthus y los demás economistas clásicos tuvieron que enfrentarse a la tarea de construir los fundamentos de una nueva ciencia; tarea que no habría podido llevarse a cabo de no haberse centrado en una variable como la riqueza, una materia más restringida que la felicidad pero susceptible de ser definida objetivamente.

Esta visión cambió en la segunda mitad del siglo XIX con los primeros economistas neoclásicos que, influenciados por el utilitarismo de Bentham, dejaron de ocuparse de un concepto objetivo como la riqueza para pasar a ocuparse de un concepto subjetivo como la felicidad, término que para los primeros neoclásicos cardinalistas era sinónimo de utilidad, bienestar o satisfacción. En la investigación actual, en Economía de la Felicidad, los términos anteriores (a los que habría que sumar el bienestar subjetivo y la satisfacción con la vida) suelen utilizarse como intercambiables (Bruni, 2007).

En definitiva, el advenimiento del análisis marginalista supuso que la ciencia económica pasara de ocuparse de la riqueza (un concepto objetivo), a ocuparse de la felicidad (un concepto subjetivo, de connotaciones psicológicas, conectado con la idea de la satisfacción de necesidades humanas). La Psicología había entrado de lleno en el análisis económico, aunque con el cambio de siglo (análisis ordinal de la utilidad de Pareto y lógica de la elección racional) sería de nuevo expulsada del ámbito económico –véase Edwards (2009)-. Habría que esperar hasta los años setenta del siglo XX para rescatarla.

La tardía incorporación de la ciencia económica en el ámbito de la felicidad, puede ser explicada por el rechazo de los economistas en lo referente al uso de variables subjetivas, o por la creencia de que la felicidad es imposible de medir.

El primer gran referente de lo que actualmente conocemos como Economía de la Felicidad, lo encontramos en un trabajo realizado por psicólogos, y no por economistas. Nos referimos al estudio de Brickman y Campbell (1971) acerca de la felicidad individual y colectiva, en el que llegan a la conclusión de que las mejoras en los ingresos y en la riqueza individual, no se traducen necesariamente en mejoras reales en el bienestar de las personas.

Estos resultados llamaron la atención del economista Richard Easterlin (1974). En su trabajo seminal encontró que en Estados Unidos el ingreso per cápita se había duplicado entre los años 1946 y 1970, mientras que la felicidad apenas había aumentado en dicho período. Además, dicho autor considera 19 países, tanto desarrollados como menos desarrollados, utilizando datos que provienen de 30 investigaciones diferentes.

Los hallazgos del estudio de Easterlin pueden resumirse en tres puntos:

  1. Cuando se trata de un país y un período dado en el tiempo, se encuentra una asociación clara (y positiva) entre la renta y la felicidad. Así, aquellos individuos que pertenecen a los estatus más altos son más felices, por término medio, que aquéllos que pertenecen a los estatus más bajos.
  2. Cuando se hacen comparaciones entre países, no está claro que los países más ricos en promedio sean, como cabría esperar, los países más felices en promedio.
  3. Al estudiar series temporales para el caso de los EE.UU., el autor encuentra (como acabamos de apuntar) que no está claro que los aumentos de renta en el tiempo se hayan correspondido con aumentos de la felicidad subjetiva.

Los resultados 2º y 3º pueden considerarse como contradictorios con el 1º. Esta contradicción es lo que en la literatura se conoce como Paradoja de Easterlin. Se había “redescubierto” la Economía de la Felicidad, como disciplina que estudia la felicidad con los instrumentos propios del análisis económico.

El interés por la medición de la felicidad y sus causas no se agotó con la finalización del siglo XX. Por el contrario, en las últimas décadas se ha redoblado dicho interés, tanto en el ámbito académico como en el político. A modo de ejemplo podemos hacer referencia a la publicación en septiembre de 2009 del Report by the Comisión on the Measurement of Economic Performance and Social Progress[1], documento que se conoce como informe Stiglitz. En su elaboración cooperaron 25 científicos sociales (cinco premios Nobel de Economía, entre ellos), cuya misión era elaborar datos estadísticos e indicadores capaces de medir adecuadamente el progreso económico y social (Stiglitz et al., 2009).

Los autores del informe sostienen que “las mediciones del bienestar, tanto objetivo como subjetivo (satisfacción con la vida) proporcionan informaciones esenciales sobre la calidad de vida” y, por lo tanto, “los institutos estadísticos deberían integrar en sus encuestas preguntas cuyo objetivo sea conocer la evaluación que cada uno hace de su vida, de sus experiencias y de sus prioridades” (Stiglitz et al., 2009: 15).

En definitiva, el conocimiento de las causas que promueven el bienestar subjetivo de los ciudadanos resulta de interés tanto a nivel individual como institucional. La Economía de la Felicidad, apoyándose en las respuestas que dan los individuos en las encuestas cuando se les pregunta acerca de su grado de satisfacción con la vida, buscan correlaciones y tratan de cuantificar la influencia que ejercen variables como la renta, el empleo, la salud, la educación, etc., en el bienestar subjetivo que declaran los ciudadanos. Por tanto, estamos ante una disciplina basada en la evidencia.

Así, en el Análisis Económico se ha retomado el estudio científico de la Felicidad. Estos estudios se centran en el concepto de Satisfacción con la Vida (se mide de 0 –completamente insatisfecho- a 10 –completamente satisfecho-). La pregunta concreta a la que se responde en las encuestas es la siguiente: “En general, ¿está usted satisfecho con su vida?”. Dicho término, como ya hemos comentado, es intercambiable con otros como Bienestar Subjetivo, Utilidad y la propia Felicidad. Evidentemente, hay matices diferenciadores cuyo análisis exceden el propósito de este post.

En este contexto de interacción entre ideas y hechos económicos, ha surgido con fuerza (viene para quedarse) la Economía de la Felicidad. Según esta subdisciplina (revolucionaria) del Análisis Económico: 1) La economía debe estar al servicio de las personas; 2) El dinero es un medio (nunca un fin); 3) La Economía puede aprender mucho de la Psicología y 4) Los datos de bienestar subjetivo son un complemento necesario a los datos objetivos. En este contexto, por ejemplo, se ha demostrado empíricamente que existe un umbral de la felicidad (aproximadamente 60.000 euros anuales por familia, según los Nobel de Economía D. Kahneman y A. Deaton); a partir del cual más dinero no da más felicidad (aunque es cierto que hay personas que no hartan ni con…). Contestando a la pregunta inicial planteada en este post, lo que los Nóbeles han unido que no lo separe el hombre.

 

Referencias

 Brickman, P., y Campbell, D. T. (1971): Hedonic relativism and planning the good society. En Adaptation-level theory, pp. 287-305.

  • Bruni, L. (2007): The “technology of happiness” and the tradition of economic science. En Handbook on the Economics of Happiness [Bruni y Porta (eds), 2007], cap. 2, pp. 24-52.
  • Easterlin, R.A. (1974). Does economic growth improve the human lot? Some empirical evidence. In P.A. Davis, M.W. Reder, (Eds.): Nations and households in economic growth (pp. 89-125) New York, Academic Press
  • Edwards, J.M. (2009): Joyful economists: remarks on the history of economics and psychology from the happiness studies perspective. Université Panthéon-Sorbonne, Paris.
  • Malthus, T.R. (1798): An Essay on the Principle of Population. Oxford: Oxford University
  • Pasinetti, L. (2005): Paradoxes of Happiness in Economics, en L. Bruni, P.L. Porta (comp.). Economics & Happiness. Oxford University
  • Stiglitz, J; Sen, A; Fitoussi, J.P. (2009). Report by the Commission on the Measurement of Economic Performance and Social Progress. stiglitz-sen-fitoussi.fr.

 

[1] En febrero de 2008, Nicolas Sarkozy solicitó a Joseph Stiglitz (Presidente), Amartya Sen (Consejero) y Jean Paul Fitoussi (Coordinador) que establecieran una comisión, que adoptó el nombre de Comisión sobre la Medición del Desarrollo Económico y del Progreso Social. Su misión era “determinar los límites del PIB como indicador de los resultados económicos y del progreso social, reexaminar los problemas relativos a la medición, identificar datos adicionales que podrían ser necesarios para obtener indicadores del progreso social más pertinentes, evaluar la viabilidad de nuevos instrumentos de medición y debatir sobre una presentación adecuada de datos estadísticos” (Stiglitz et al., 2009).