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¿Es hora de la TMM? Es hora de rescatar a las personas

H. Zell,  conchas usadas como dinero en la Antigüedad; Palou Tello, Batu Islands, Indonesia. Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Shell_money
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¿Es hora de la TMM? Es hora de rescatar a las personas

Francisco Lechago

A modo de introducción

España, al igual que el resto del mundo, está sufriendo un drama y una calamidad sanitaria que no tiene precedentes desde hace por lo menos un siglo. Es una situación nueva que ha dejado perpleja a la sociedad en su conjunto, debido a que se han tenido que tomar medidas de confinamiento absoluto de la población, en un ambiente de angustia por el miedo a contagiarse del COVID_19, y todavía peor, por miedo a morir, e incluso, no poder acompañar a familiares enfermos y fallecidos.

No suficiente con el drama sanitario y psicológico en las personas, como no podría ser de otra forma, tenemos servido el drama económico de paralización casi absoluta de la economía, propiciado por el confinamiento en estado de alarma.

España, como es sabido, tiene una estructura socioeconómica muy débil que funciona “relativamente bien”, en épocas estables y de crecimiento económico, pero que es tremendamente vulnerable a cualquier alteración o shock, ya sea puramente económico, o excepcionalmente, como en este caso, de pandemia sanitaria.

A partir del 15 de marzo de este año 2020, una vez decretado el estado de alarma, y la consiguiente paralización de la economía, surgió como un torbellino el drama económico. Miles de personas que acababan contrato, pasan al paro, cientos de miles de autónomos dejan de trabajar y dejan de percibir ingresos, así como pymes y microempresas, que de la noche a la mañana tienen que enviar a sus empleados a casa por falta de ingresos.

¿Cuál es el porvenir económico, en este estado de confinamiento, de la gran mayoría de las personas que no son ni empresarios solventes, ni funcionarios, ni pensionistas? La economía, la sociedad, los diferentes agentes, ¿tienen capacidad para “rescatar” a estas personas? ¿Quién puede y debe dar cobertura y seguridad a estas personas? ¿De qué forma hacerlo?

En este post, intentaré contestar a estas cuestiones y veremos que muchas veces nos informan de manera equivocada, ya sea por ignorancia y/o intencionadamente, sobre estos asuntos.

Por último, adelantaré, ahora, mi posición respecto a los déficits públicos: Estoy rotundamente en contra de los déficits públicos. Los déficits públicos perjudican gravemente a las personas y son una aberración que ningún gobierno debería permitir.

Puede que esto provoque cierta perplejidad. Volveré sobre ello al final del
post.

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Parece imposible políticamente, en una democracia capitalista, organizar el gasto público a una escala lo suficientemente grande como para llevar a cabo el gran experimento que probaría lo correcto de mis argumentos, como no sea en las condiciones creadas por una guerra. ____ Keynes

Con la introducción anterior he querido dejar constancia de que hay un problema de vulnerabilidad severa, de asalariados precarios y no tan precarios, autónomos y pequeños empresarios. Dicho esto, no queda otra que ponerse manos a la obra para aliviar su situación a corto plazo, para garantizar unas perspectivas laborales a medio plazo y para salvar al conjunto de la economía en su totalidad (globalidad).

Antes de exponer quién y cómo debe de actuar activamente para atenuar los efectos negativos de esta emergencia, me gustaría hacer referencia a la reacción individual o colectiva de la sociedad en general, para ayudar, en las medidas de las posibilidades y de la conciencia de cada una/o. Numerosas personas, me consta, que han hecho donaciones a través de cuentas bancarias, a ONGs, Cruz Roja y entidades similares. A través de la red se ha enviado de manera generosa, tanto empresas como particulares, recursos de todo tipo, culturales, de ocio, de utilidad doméstica etc., para hacer más llevadero el
confinamiento (las consecuencias psicológicas y de patologías físicas, son en este momento un misterio).

A nadie escapa que el Estado, el sector Público, es el que puede y debe tomar las riendas para resolver, primero el drama sanitario y al mismo tiempo, el drama económico.

Por suerte o por desgracia, la economía está globalizada y las decisiones económicas de un país por parte de las autoridades estatales, no dependen exclusivamente de sus decisiones internas. En el caso de España, al pertenecer al espacio europeo, las ayudas económicas a la población dependen en gran medida de decisiones aprobadas en Bruselas, que aun suponiendo correctas, un arsenal de burocracia hace que cuando menos lleguen con retraso e ineficiencia.

¿Qué se debe hacer entonces?

Se deben tomar decisiones de política económica, que tienen un gran coste económico y esto se hace exclusivamente con voluntad política.

Con voluntad política no podemos tener en nuestra mano la luna, ni falta que nos hace, pero sí se puede rescatar a las personas. Llamo rescate a la acción de los poderes públicos encaminada a dignificar la vida de las personas y empresas más vulnerables.

Tarea de los poderes públicos será “inventariar” las situaciones de vulnerabilidad y pérdida de recursos de dichas personas y empresas. De este inventario saldrá una cifra (muy elevada, sí), la cual debe de ser transferida por el sector público a los afectados.

Y entonces es cuando “la gente seria con corbata” y la mayoría de los medios se ponen nerviosos:

  • Eso es una barbaridad de dinero
  • No hay Estado o gobierno que pueda pagar eso
  • ¿De dónde vamos a sacar el dinero?
  • EL déficit, y por tanto la deuda, se dispararía.
  • Europa no nos va a dejar; Europa tiene unas reglas.
  • No tenemos soberanía monetaria. El Banco Central Europeo es el que marca las pautas.
  • La prima de riesgo se dispararía.
  • Los mercados financieros darían la espalda a nuestro país y el IBEX tendría pérdidas millonarias y el desempleo aumentaría a dígitos jamás vistos.
  • España no puede trasladar a las generaciones futuras el coste de una deuda que es inasumible.
  • Se podrá gastar, exclusivamente, la cifra que permita que los indicadores de gasto público sean coherentes con nuestra economía.

Desgraciadamente, este el pensamiento imperante en Europa, en el gobierno, en el IBEX, en los medios de comunicación, en think tanks, en universidades y por supuesto, en los bares. Pensamiento que tiene costes en vidas humanas (precariedad, enfermedad, marginación, desigualdad y pobreza). ¿Habremos aprendido alguna lección de la crisis de 2008?
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¿Qué cantidad de recursos y dinero habrá que transferir a los colectivos vulnerables para poder hacer esta grave crisis más llevadera y no dejar a nadie en la cuneta?

La respuesta a esta interrogante es bastante sencilla, habrá que transferir los recursos que permitan rescatar a dichos colectivos. Recuérdese la definición de rescate aludida anteriormente.

Si dejamos un rato aparcados a los colectivos que ven imposible realizar este rescate, sería el momento de dar unas ideas o nociones que nos permitan acercarnos a nuestro objetivo.

Las “soluciones” siempre son eminentemente ideológicas ya que cualquier propuesta de política económica tiene en cuenta los hechos reales y su posible solución en base a preferencias ideológicas donde entran en juego la visión que se tenga de la equidad, la igualdad, la justicia social, etc.

Aquí plantearé unas pinceladas basadas en la Teoría Monetaria Moderna (TMM) siendo consciente de que es una forma, entre muchas, de rescatar a las personas y de hacer política económica. Ya advierto, que no quiere decir que sea una teoría infalible, ni tenga fallos, ni en última instancia sea la mejor.

¿Por qué desde el punto de vista de la TMM no supone un problema gastar todo lo que sea necesario para rescatar a la gente? Porque los gobiernos no tienen restricciones a la hora de gastar ya que no dependen de los ingresos obtenidos mediante impuestos.

Y esto, ¿cómo puede ser?

El Estado es el monopolizador absoluto de emisión de moneda, puede emitir dinero de manera infinita, pero no hace falta imprimir billetes como se suele decir, basta con hacer una anotación contable añadiendo dígitos de forma electrónica. Esto no podría ser así en caso de que la moneda estuviera referenciada al oro como ocurría antes de 1971.El sistema actual es un sistema fiduciario cuyo único respaldo es el estado dándole legalidad.

Un economista progresista de la rama imperante (neokeynesiana), nos diría que efectivamente hay que rescatar a las personas pero que eso no sale gratis y tiene como contrapartida un futuro aumento de los impuestos para equilibrar un gasto público mayor. Es más, en un contexto como el español, que no tiene soberanía monetaria, hay que cuidar mucho los ingresos para tener un presupuesto equilibrado a lo largo del ciclo.

Una de las principales premisas de la TMM es que los impuestos no financian el gasto público. Para que la ciudadanía pueda pagar impuestos, previamente el sector público ha tenido que gastar en la moneda de la que se tiene el monopolio. ¿Para qué esperar a recibir algo que yo produzco (los euros) y luego hacer el gasto? Rápidamente y dándole una oportunidad a esta premisa, lo primero que se piensa es para qué sirven entonces los impuestos. O, dicho de otra forma, ¿la TMM necesita los impuestos o podría prescindir de ellos?

Efectivamente, para poder gastar no se necesita previamente ingresar por vía impositiva, no obstante, los impuestos juegan un papel necesario en la economía desde el punto de vista del equilibrio de precios, es decir son un regulador para que no se produzcan tensiones inflacionistas.[1] El Estado inunda de gasto al sector privado y es el propio Estado el que detrae parte de esa liquidez a la ciudadanía. Dicho de otra forma, los impuestos ayudan a evitar tensiones inflacionistas. Pero no sólo eso, los impuestos actúan como elemento redistribuidor de la renta entre la población, gravando de forma progresiva a los que más tienen. En este punto se podría debatir la efectividad de los sistemas impositivos desde el punto de vista equitativo, pero no es asunto en este post.

En este punto, podríamos hacernos la siguiente pregunta, ¿qué papel desempeñan los déficits públicos si consideramos estos como el exceso de gasto público respecto a los ingresos públicos?

Siguiendo el hilo de la TMM, ese déficit público son recursos adicionales que van
a parar al sector privado ya que el déficit de un sector (público) es superávit de
otro sector (privado).[2]

Un pequeño ejemplo servirá para visualizar esta idea: Supongamos que el sector público tiene en este momento el presupuesto equilibrado, es decir, gasto público es igual a ingresos públicos, y se decide hacer un gasto público adicional contratando mil sanitarios. Para simplificar, supongamos que dicho gasto público (que va a ser deficitario) se corresponde con el sueldo de esos sanitarios. ¿Qué se ha conseguido con este déficit público? Pues nada más y nada menos que un ahorro privado [3] equivalente,
que se materializa en empleo, en consumo y en pago de impuestos que retornan al sector público, es decir, el déficit publico ayuda a incrementar el PIB.

¿Es conveniente estar en un estado permanente de déficit público?

No parece una buena idea ya que como vemos, los déficits públicos “calientan” la economía y en un momento dado se pueden producir tensiones inflacionistas. “¡Vaya paradoja! Los defensores de la TMM preocupados por la inflación, cuando no tienen miedo ni escrúpulos de hacer funcionar a la máquina de hacer billetes”

¿Y qué ocurre con la deuda pública?

En la economía real ortodoxa, la acumulación de déficits fiscales genera la necesidad de financiar dichos déficits con deuda pública. Dicha deuda será sostenible, siempre que se utilice para actividades de inversión, que hará crecer el PIB, y no para financiar gasto. Se suele decir que mientras los intereses de la deuda estén por debajo del crecimiento de la economía, no habrá problemas de sostenibilidad de la deuda. Cierta ortodoxia admite que el estado no funciona como una familia, por lo que podrá renovar a perpetuidad sus préstamos.

Alan Greenspan llegó a decir que” Estados Unidos puede pagar cualquier deuda que tenga, porque siempre puede imprimir dinero para hacerlo. Por eso, la probabilidad de default de Estados Unidos es nula.” [4]

La deuda pública es un elemento muy polémico y más a raíz de las consecuencias que trajo la gran recesión de 2008.Se llegó a plantear que se hiciera una auditoría de deuda pública, dado que una parte importante llegó a considerarse ilegítima.[5]

La TMM, por su parte, dice que la emisión de deuda no es estrictamente necesaria para un país con soberanía monetaria. Los déficits se podrían monetizar fácilmente con emisiones del banco central.

¿Y qué ocurre con los países como España que no tiene soberanía monetaria?

Las normas de la UE blindaron la actuación del BCE de tal forma que se le prohíbe financiar directamente los déficits de los Estados. Esto es así, porque se acabaría el negocio de la banca y los intermediarios financieros. La banca y los inversores financieros compran las emisiones de deuda de los tesoros públicos y el banco central puede comprar dicha deuda en el mercado secundario de tal forma que puede influir en el tipo de interés de referencia, pero nunca en la oferta monetaria. Resumiendo, se puede decir que la compra de deuda pública es un gran negocio para la banca. En España se ha estado dedicando una cantidad que ha sobrepasado los 30.000 millones de € anuales en intereses de la deuda.

En este contexto de situación de emergencia sanitaria donde van a hacer falta una enorme cantidad de recursos financieros públicos y donde el BCE ni está, ni se le espera, queda como mal menor la voluntad de emisión de “eurobonos”, que pretendería mutualizar las deudas del conjunto de los países de la Eurozona, pero que desgraciadamente tampoco llegará a buen puerto por la negativa de Países Bajos y Alemania.

Efectivamente, la MMT no es posible en un contexto de pertenencia a la UE donde el Banco de España no tiene autonomía en política monetaria, pero se hace necesario abrir los ojos del BCE y de la Unión Europea en su conjunto, instituciones que tienen armas suficientes para regar a sus miembros de financiación directa, es decir, dinero del BCE directamente a los gobiernos.

Dinero obtenido de la nada y sin ninguna implicación sobre el déficit y deuda de los estados miembros. Las pugnas entre “los dos bandos” europeos, los que “siempre cumplen” (Alemania, Países Bajos, Austria, etc.) y los “proscritos” (países del sur), para dar solución económica a la pandemia, están resultando tan decepcionantes como en la crisis anterior. No hay ánimo de mutualizar deudas, ni creando una estructura de eurobonos. La financiación directa a los países por el BCE se convierte en una auténtica utopía. ¿Por qué? Es un tema exclusivo de no tener voluntad política para solucionar los problemas de los europeos.

Como decía al principio de este post, efectivamente,

Estoy rotundamente en contra de los déficits públicos. Los déficits públicos perjudican gravemente a las personas y son una aberración que ningún gobierno debería permitir.

Estoy en contra de los déficits públicos en sanidad, en educación, en servicios sociales, en rentas vitales, en vivienda, en trabajo porque son los pilares de la implantación en el planeta de esos valores de libertad, igualdad y fraternidad, que son el núcleo de la Europa a la que queríamos aspirar, y nuestra mejor aportación a la lucha por los derechos de los oprimidos.[6]
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#notas

[1] Este punto es polémico ya que desde una posición postkeynesiana, políticas expansivas de demanda agregada a través del gasto público no producirían tensiones inflacionistas siempre y cuando la economía no se encuentre en el pleno empleo.

[2] La TMM ha incorporado un enfoque para analizar los déficits, el marco de “equilibrios sectoriales”, desarrollado por el fallecido economista británico Wynne Godley, lo que implica que los déficits del gobierno a menudo son necesarios para impulsar los ahorros en el sector privado.

[3] El volumen de ahorro de la economía vendrá determinado por la suma del déficit público, la inversión y las exportaciones netas.

[4] Véase, Torres López: “Economía para no dejarse engañar por los economistas” pág.158.

[5] Véase; “Qué hacemos con la deuda” Medialdea, Laborda y otros.

[6] Me he permitido el lujo de parafrasear al gran catedrático de economía David Anisi en “Reinventando el Estado de bienestar.”

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#paraSaberMás

Álvarez, I., Luengo F., Uxó J. “Fracturas y crisis en Europa” Clave Intelectual 2013

Anisi, David, “Trabajar con red” Alianza Editorial, 1988

Anisi, David, “Reinventando el estado de bienestar” Avilés, septiembre de 2005

Medialdea, B., Laborda, J. y otros, “Qué hacemos con la deuda” Akal,2013

Torres López, J. “Economía para no dejarse engañar por los economistas” Deusto 2016

Galbraith, J.K. “El dinero” Orbis ediciones 1983

Galbraith, J.K “Historia de la economía” Ariel 2012

Ha-Joon Chang, “Economía para el 99% de la población” Debate 2015

Lavoie, M. “La economía postkeynesiana” Icaria editorial 2005

Mosler W. “Los siete fraudes inocentes capitales de la política económica” Lola Books 2015

Randall Wray, L. “Teoría monetaria moderna” Lola Books 2015

Makers y plataformas de enseñanza online en la España del coronavirus: dos modelos «tecnopolíticos» diferentes


Personal de un centro sanitario en Sevilla con las viseras protectoras fabricadas por la red de makers @3dprinters_Sev. Fotografía del sitio de Facebook de Miguel A. López, 25 de marzo de 2020

Makers y plataformas de enseñanza online en la España del coronavirus: dos modelos «tecnopolíticos» diferentes de los que quizás podamos aprender

Una crónica de urgencia

José Pérez de Lama & José Sánchez-Laulhé

1/ Makers

Hace dos días, David Cuartielles, uno de los iniciadores de Arduino y profesor en la Universidad de Malmoe, informaba en Tuiter que la comunidad maker organizada en red había producido más de 350.000 viseras de protección a lo largo de las dos últimas semanas, para ser distribuidas entre sanitarios y otras personas que las puedan necesitar. Las viseras se empezaron a producir y se siguen produciendo ante la falta de equipos de protección en los centros sanitarios y las dificultades para recurrir a los canales habituales de suministro por la alta demanda global en la actual situación de pandemia.

Según nos comentan algunas personas implicadas en tareas de coordinación en esta y otras redes, los datos que ofrecía Cuartielles son los de la red coronavirusmakers.org – pero hay otras redes diferentes, menores o locales, también produciendo por su cuenta. Tendremos que confirmar si Josef Prusa – otro de los gurús del hardware libre – está incluido en estos datos, es posible que no. En su web informa que llevan producidas decenas de miles en su sede en Praga. Y en Sevilla, por ejemplo, hay gente en la red coronavirus y otros, que quizás porque fueron de los primeros en organizarse localmente, a la hora de la distribución están coordinados en otra red, en torno al perfil @3dprinters_Sev, y a 25 de marzo estaban distribuyendo mil viseras diarias. Viendo algunos cuadros publicados, como el de la red en la Sierra Sur de Córdoba (según informa la Asociación Juvenil Camaleón Rojo de Puente Genil) parece que el número de productores de las más 350.000 viseras podrían ser del orden de 20-30.000 personas (la red coronavirus estima que cuenta con 15.000 participantes – C. González, 2020). Y de momento, toda esta gente está trabajando por amor al arte, es decir, pro tratar de ayudar a los sanitarios y a quien lo necesite, de contribuir junt*s a superar la pandemia. — Nos hace pensar en el retorno de la cultura del don de las primeras décadas de Internet. También hay numerosas donaciones de materiales por parte de empresas relacionadas, o simplemente de personas que quieren ayudar. Sigue leyendo Makers y plataformas de enseñanza online en la España del coronavirus: dos modelos «tecnopolíticos» diferentes

Pettifor: Green New Deal y finanzas públicas – o cómo vamos a pagar por una transición energética justa

Green New Deal y finanzas públicas
o cómo vamos a pagar por una transición energética justa

Reseña del libro de Ann Pettifor, 2019, The Case for the Green New Deal, Verso, Londres

José Pérez de Lama / versión beta, revisado 15/03/20

Como otras veces, os dejo unas notas más o menos rápidas tras la lectura del libro, con las primeras impresiones; un libro que me gustaría que leyera mucha gente… entre otras cosas para poder comentarlo…

Aunque hice unas cuantas revisiones, me quedé con la sensación de que esta reseña ha resultado una de las más caóticas que he escrito… Le echaremos la culpa al desasosiego ocasionado por el Coronavirus. Jeje.. Queda el post por aquí, en cualquier caso, como unas notas de trabajo … que espero animen a algun*s a leer y comentar el libro … y/o a tratar de profundizar en el tema por otros medios.
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Pettifor: pensando en el asunto desde 2007

El libro de Ann Pettifor, en esta ocasión sobre el Green New Deal, tiene múltiples aspectos de interés. Uno, quizás el primero, es que Pettifor es una de las promotoras iniciales de este idea del Green New Deal: desde 2007; habiendo publicado con su equipo uno de los primeros documentos rigurosos sobre el asunto (The Green New Deal Group, 2008). No es alguien que se haya subido al carro porque se haya puesto recientemente de moda. Es una de las que lo han promovido desde el principio hasta llegar adonde ahora estamos. Sigue leyendo Pettifor: Green New Deal y finanzas públicas – o cómo vamos a pagar por una transición energética justa

Crítica de Harvey a los conceptos de capital humano y capital cultural

Imagen: David Harvey estos días (02.2020) impartiendo un nuevo curso on line sobre los Grundrisse de Marx. Fuente: http://davidharvey.org/2020/01/new-online-course-reading-marxs-grundrisse/

Harvey sobre capital humano y capital cultural…

Notas y traducción de JPL

Notas de introducción. Es relativamente común usar expresiones, y conceptos, tales como capital humano, capital cultural, capital social, capital ecológico, etc. Personalmente, me fastidia bastante, y quizás este fastidio lo haya aprendido con Harvey. Por supuesto, podemos usar las palabras y expresiones que queramos, y los conceptos significan algo distinto en cada sistema. El argumento en contra del uso de expresiones como capital humano, lo presenta a continuación Harvey, en este extracto de su libro Diecisiete contradicciones… (2014). Lógicamente depende de nuestra definición de capital – que pueden ser muchas cosas, pero que en Harvey-Marx es una cosa bastante concreta, aunque pueda ser definida de diferentes maneras. Sucintamente y en su forma más sencilla será para estos autores el dinero que se invierte en un proceso de producción que implica el empleo de trabajo asalariado y, por medio de éste, la generación de plusvalías; y cosas razonablemente asimilables a las anteriores. Algunos enlaces al final para ver más sobre esto…

Siguen unos párrafos de Harvey de 2014 donde critica el uso de los conceptos de capital humano y capital cultural. Los he traducido del original en inglés, aunque contrastando la traducción con la de J.M. Madariaga en Traficantes de Sueños, también del mismo año.

En el texto original aparecen diversas notas, entre otras a los textos de Becker y Bourdieu, que no se han incluido aquí. A partir de aquí y hasta el final sigue la cita de Harvey (2014, pp. 185-7).

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»La creación de una fuerza de trabajo altamente productiva dio lugar a lo que se llama la teoría del “capital humano”, que es una de las ideas económicas de amplia aceptación más extrañas que se pudiera imaginar. Tuvo su primera expresión en los escritos de Adam Smith, quien argumentaba que la adquisición de talentos productivos por parte de los trabajadores por medio de la «educación, el estudio o el aprendizaje, tendrá siempre un coste real, que supone un capital fijado – o fijo –, que, por decirlo así, se realiza en la persona. Estos talentos, en cuanto que forman parte de la fortuna de la persona, también lo serán de la sociedad a la que pertenece. La destreza mejorada [1] de un trabajador puede compararse con una máquina o un instrumento del oficio que facilita y abrevia el trabajo, y que, aunque suponga un cierto coste, lo recupera con un beneficio». La cuestión es, por supuesto, quién paga por la creación de estos talentos – trabajadores, estado, capital o alguna institución de la sociedad civil (como la Iglesia) – y quién recibe los beneficios (o profits – lucro – en el idioma de Smith).

»Por supuesto, es razonable esperar que el trabajo altamente cualificado y bien entrenado reciba una mayor remuneración que el trabajo no cualificado, pero esta expectativa es algo muy alejado de la idea de que un salario más alto sea una forma de ganancia que resulta de la inversión hecha por los trabajadores en su propia educación y habilidades (skills). El problema, como señaló Marx en su severa crítica de Adam Smith, es que el trabajador sólo puede realizar el mayor valor de sus habilidades trabajando para el capital bajo condiciones de explotación tales, que, al final, es el capital y no el trabajador el que se queda con los beneficios generados por la mayor productividad del trabajo.

»En tiempos recientes, por ejemplo, la productividad de los trabajadores ha aumentado notablemente mientras que la proporción de los resultados que ha correspondido al trabajo ha disminuido, no ha aumentado. En cualquier caso, si de verdad fuese capital lo que el trabajador poseyera en forma material, señalaba Marx, entonces él o ella tendrían el derecho de tumbarse y simplemente vivir del interés sin trabajar un solo día (el capital como relación de propiedad siempre tiene esta opción). Por lo que yo sé, el principal objetivo de la recuperación de la teoría del capital humano, de manos de Gary Becker en la década de 1960, por ejemplo, fue enterrar la importancia de las relaciones de clase entre capital y trabajo y hacer que pareciera como si todos fuéramos capitalistas que obtenemos diferentes tasas de beneficio sobre nuestro capital (humano o de otro tipo). Si los trabajadores estaban percibiendo salarios muy bajos, se podía argumentar que era simplemente la consecuencia de que los trabajadores ¡no habían invertido el suficiente esfuerzo en la construcción de su capital humano! Era, en resumen, su propia falta si estaban cobrando poco.

»Resulta así poco sorprendente que todas las principales instituciones del capital, desde los departamentos universitarios de Economía al Banco Mundial y el FMI, abrazasen de corazón estas ficciones teóricas, por razones ideológicas, que no, por supuesto, por sólidas razones intelectuales. Estas mismas instituciones han abrazado más recientemente y de manera similar la maravillosa ficción de que el sector informal de la reproducción social que domina en muchas ciudades del mundo en vías de desarrollo sea de hecho una bulliciosa masa de micro-empresas que tan sólo necesitan de unas dosis de micro-financiación (a tipos de interés usurarios, y que al final de la cadena acaban en el bolsillo de las grandes instituciones financieras) para poder convertirse en miembros perfectamente acreditados de la clase capitalista.

»Por exactamente las mismas razones, tengo profundas objeciones respecto de la caracterización que hace Bourdieu de las dotes (endowments) personales (que son sin duda de gran importancia en la vida social) como una forma de capital llamada «capital cultural».

»Mientras que resulta perfectamente adecuado enfatizar el papel de estas dotes como confirmación del estatus ocupado en nuestras sociedades y, así, en la reproducción de las distinciones de clase en el curso de la reproducción social, tratarlas como una forma de capital en el sentido que estamos usando aquí el término es mistificador, si no perverso.

»Sería decir que hay alguna forma de acumular riqueza e ingresos monetarios aprendiendo a apreciar a Scarlatti, si uno fuera francés, y a Snoop Dog, si fuera estadounidense.

»Donde si interviene la idea de capital cultural (pero no es eso lo que plantea Bourdieu) es en el branding y el marketing de bienes y lugares con el fin de generar rentas de monopolio (como en el caso de los buenos vinos y los destinos turísticos perfectos). Pero de lo que estamos tratando aquí es de la manufactura de símbolos de distinción que, en el caso de tener éxito, se conviertan en fuente permanente de rentas de monopolio y beneficio monetario. La diferenciación del producto para enfatizar que mi marca de pasta de dientes es única y especial ha sido siempre un modo de evitar el efecto nivelador del intercambio en el mercado. Quienes inventan el mundo simbólico que está detrás del branding de bienes y lugares – un trabajo manipulativo que está en el corazón de la publicidad contemporánea y de la industria turística – se convierten en agentes clave de la manipulación de los deseos humanos para la ganancia monetaria. Son, por supuesto, los capitalistas los que obtienen la ganancia monetaria y los que pagan por el branding de sus productos. Y en algunas instancias, ciertamente, no dudan en asociar a sus productos signos de clase y, más enfáticamente, seductoras imágenes de género. El capital sin duda usa este tipo de signos de distinción en sus prácticas y ofertas comerciales, pero esto no significa que la distinción sea una forma de capital, tal como propone Bourdieu, aunque con frecuencia pueda dar ocasión a rentas de monopolio si la distinción es única y original (como un cuadro de Picasso).

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#notas

[1] Esta única nota para reseñar una cosa curiosa, medio filológica. En su libro Keywords, Raymond Williams explica como el término improvement, que hoy interpretamos en principio como mejora sin particulares connotaciones empieza a usarse en relación con las fincas rurales que se mejoraban para ponerlas en producción, incluyendo los cerramientos, y siendo un proceso estrechamente relacionado con los famosos enclosures del inicio de la revolución industrial. Me llamó la atención esta expresión de improved skills, destrezas mejoradas, de la cita de Adam Smith, y el posible paralelo con la historia de Williams.

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#referencias

David Harvey, 2014, Seventeen Contradictions and the End of Capitalism, Profile Books, Londres

Traducción: DH – traducción de J.M. Madariaga -, 2014, Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo, Traficantes de Sueños, Madrid

Harvey sobre qué es el capital, síntesis reciente, traducción — también en este blog: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2019/01/11/que-es-el-capital-segun-marx-david-harvey-2017/

 

Los robber barons (según Hobsbawm) y sus – quizás – sucesores actuales

Imagen: G.W. & C.B. Colton & Co, 1882, Mapa del Atlantic & Pacific Railroad. Muestra rutas completadas, rutas en proceso y concesiones de tierras (land granst). Fuente: Wikipedia; https://en.wikipedia.org/wiki/Atlantic_and_Pacific_Railroad#/media/File:Atlantic_&_Pacific_Railroad_Map.jpg
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José Pérez de Lama, notas y traducción

Un pasaje de: Eric Hobsbawm, 1997 [1975], The Age of Capital (1848-1875), Abacus, Londres; (pp. 173-77).

Robber barons (barones ladrones es la traducción habitual al español), es un término usado habitualmente para denominar a los grandes capitalistas estadounidenses de la segunda mitad del siglo XIX. Este pasaje en Hobsbawm me llamó especialmente la atención en su peculiar libro (segunda entrega de la trilogía sobre la historia universal del siglo XIX). No entro demasiado a explicar mi adjetivo «peculiar». Digamos que es un libro interesante, pero irregular, y que adolece del problema casi inevitable que supone tratar de escribir una historia «universal», primero, y segundo, hacerlo desde la perspectiva de un país o una cultura concretas. El libro es muy interesante en cualquier caso; con algunas partes formidables a mi juicio, y una lectura bastante entretenida.

En cuanto a los robber barons. Hobsbawm se supone que es un historiador marxista – aunque a mi juicio en esta obra no se nota demasiado: quizás por tratar de escribir algo más «para todos los públicos». Aún así, titulándose el volumen, La Edad del Capital, por supuesto que presta atención al capitalismo y al trabajo y sus conflictos. Los robber barons fueron unos capitalistas, según se acepta generalmente, particularmente depredadores y despiadados. Lo explica un poco Hobsbawm en los párrafos a continuación. A pesar de eso, o por eso mismo, son algunos de los grandes nombres en la historia de los EEUU, — nombres que llegan con potencia hasta el presente –, en su economía, su política, sus instituciones culturales, sus universidades…

Leo estos días en la Wikipedia (en inglés) – no se acaba uno de dar cuenta de la maravilla que és – el origen del término:

“El término robber baron deriva de Raubritter (en alemán, caballeros ladrones), los señores medievales alemanes que cargaban tasas oficialmente ilegales (no autorizadas por el Sacro Imperio Romano) en los antiguos caminos que cruzaban sus tierras o tasas aún mayores a lo largo del (río) Rin.” Sigue leyendo Los robber barons (según Hobsbawm) y sus – quizás – sucesores actuales

¿Cómo afectan los sesgos psicológicos a la economía pública?

We_Can_Do_It!.jpg

Howard Miller, J (1942): We Can Do It!, cartel publicitario de Westinghouse, estrechamente relacionado con Rosie the Riveter, poster usado por  la War Production Co-ordinating CommitteeDesde una copia perteneciente al National Museum of American History, Smithsonian Institution. La modelo podría ser Geraldine Doyle (1924-2010) o Naomi Parker (1921-2018). Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Rosie_the_Riveter

David Patiño Rodríguez

Este post fue publicado originalmente en el  Blog de Fueros y Huevos del Diario Expansión el 15/10/2019

En las dos últimas décadas se ha asistido a la popularización de la Economía del Comportamiento hasta el punto de que el psicólogo Kahneman en 2002 y más recientemente, en 2017, el economista norteamericano, asesor de Obama, Richard Thaler; fueron galardonados con el premio Nobel. El enfoque se caracteriza por aplicar métodos y evidencias de otras ciencias sociales, como la sociología, la antropología y, sobre todo, la psicología. Con este instrumental ha dado explicaciones a fenómenos para los que la economía neoclásica convencional no tiene explicación o la que suministra es insatisfactoria. Su análisis se basa en el reconocimiento de que las limitaciones cognitivas de los individuos para entender la información económica y los sesgos psicológicos que poseen les llevan a adoptar frecuentemente decisiones que difícilmente pueden ser catalogadas como racionales. En general, más que contradecir a la economía neoclásica asume que las personas quebrantan sus supuestos de modo frecuente y cometen errores en su comportamiento, que pueden ser identificados. Los primeros desarrollos se basaron en el estudio de comportamientos disfuncionales como la adicción a las drogas o la obesidad, para extenderse al análisis de problemas económicos tradicionales tales como el ahorro, la inversión financiera o la oferta de trabajo. Más recientemente, se ha aplicado al estudio de las políticas económicas acuñándose la etiqueta Behavioural Public Economics, para referirse al estudio de sus efectos sobre el comportamiento y el bienestar.

La Economía del Comportamiento ha definido tres amplias categorías de sesgos psicológicos que pueden provocar comportamientos alejados de los supuestos por la economía convencional: optimización imperfecta, autocontrol limitado y preferencias no convencionales. La optimización imperfecta implica que los individuos no adoptan, necesariamente, decisiones óptimas bien porque no los identifican, porque poseen capacidades limitadas para hacer cálculos mentales o deciden empleando puntos de referencia, por ejemplo, otorgando más relevancia de la que objetivamente tienen a eventos que han tenido lugar cerca de ellos en el espacio o en el tiempo. En cuanto a las preferencias no convencionales se ha constatado que los individuos lejos de ser egoístas se preocupan por el bienestar de los demás, por tomar decisiones justas y equitativas, responden con reciprocidad a los demás, sienten empatía, son patriotas, siguen normas sociales, están influidos por el contexto social en el que se desenvuelven o, como diríamos ahora, por el relato de los acontecimientos. El autocontrol limitado se manifiesta en la discrepancia entre las intenciones de los individuos y su comportamiento efectivo. Es decir, planean comportarse de una manera determinada, pero acaban haciéndolo de otra porque procrastinan, modifican sus elecciones en función de su estado emocional o pequeñas barreras le suponen impedimentos significativos a su acción (Patiño y Gómez-García, 2019).

Las premisas de la Economía del Comportamiento pueden ser útiles para la Economía Pública. La visión convencional supone que los individuos son los mejores garantes de sus propios intereses y saben elegir qué mejorará su bienestar, pero esto no está asegurado si tienen sesgos en sus comportamientos. Si el decisor político ignora dichos sesgos puede adoptar instrumentos de política económica equivocados. Además, justifica la intervención del gobierno en el mercado en supuestos distintos a los basados en los fallos del mercado tradicionales: si mucha gente tiene sesgos cognitivos o ausencia de autocontrol los individuos pueden no liberarse por sí mismos de sus errores de decisión y el papel del gobierno no debería limitarse al de estado mínimo. Si los individuos no optimizan, incluso en mercados que funcionan bien, puede haber posibilidades para obtener ganancias de bienestar si las acciones del gobierno ayudan a que los individuos mejoren sus decisiones individuales. De cara a diseñar actuaciones públicas, es fundamental conocer estos aspectos de manera detallada pues la diferencia entre la intención de los individuos y sus acciones puede variar en función de cambios muy pequeños en el contexto de su elección (Madrian and Shia, 2001). Igualmente, la Economía del Comportamiento plantea también soluciones de política económica novedosas o determina valoraciones diferentes de las que se aplican habitualmente. Por ejemplo, cuando se producen discrepancias entre el comportamiento deseado y el efectivo puede ser necesario algún nudge (Thaler and Sunstein, 2008) que empuje a los individuos a adoptar decisiones que estén en línea con sus propios intereses, en lo que se ha denominado paternalismo libertario. No obstante, esto abre la puerta a la arbitrariedad por lo que incluir esta perspectiva en el diseño de las políticas públicas requiere evaluar, sin género de duda, el grado en el que las utilidades experimentadas por los individuos difieren de las decisiones que adoptan.

El auge de la Economía del Comportamiento ha impulsado la evaluación empírica de las políticas y la búsqueda de medidas que actúen sobre los sesgos cognitivos o los marcos mentales en los que los individuos adoptan sus decisiones que constituyan nudges efectivos para lograr los objetivos perseguidos. Especialmente se buscan intervenciones efectivas de bajo coste presupuestario. Es ya frecuente que las administraciones tributarias de numerosos países traten de elevar el cumplimiento fiscal a través de medidas que inciden en los aspectos no cognitivos que lo explican. En concreto, exploran medidas como el envío de cartas a los contribuyentes que inciden sobre distintos sesgos de su comportamiento cuantificando el grado de éxito en diferentes grupos de población. O también ha llevado a cuestionar las soluciones habituales que se han dado a los problemas tradicionales. Campbell et al. (2011), por ejemplo, han cuestionado la efectividad de la provisión de información obligatoria en presencia de externalidades si los consumidores no entienden dicha información, creen que no es relevante o no saben cómo acceder a ella o usarla. Este marco también se emplea en el diseño de impuestos o de incentivos fiscales y ha llevado a estudiar con detenimiento las opciones por defecto. Éstas, según la visión convencional, no deberían influir en las decisiones pero se ha constatado que conducen a resultados muy diferentes en ámbitos como la donación de órganos o la cantidad que los trabajadores aportan a planes de pensiones. Sesgos como la aversión a las pérdidas de los individuos o la preferencia por el statu quo explican muchas situaciones en las que se ralentizan en el tiempo la adopción de reformas o se obtienen resultados anómalos, por su inconsistencia con el comportamiento racional. Por ejemplo, el efecto del papel atrapamoscas de las finanzas locales sugiere que los fondos públicos se asignan en función al uso original que se les asignó y no en función a dónde sean más útiles o la ilusión de la deuda pública de Buchanan que hace que los individuos no la perciban como impuestos del futuro como predice la racionalidad de la equivalencia ricardiana o la tradicional ilusión fiscal que Puviani puso de relieve hace ya más de un siglo.

 

REFERENCIAS

Campbell J. Y., Jackson, H. E., Madrian, B. C. y Tufano, P (2011), “Consumer Financial Protection”, Journal of Economic Perspectives, 25(1): 91-114.

Madrian B. C. y Shea, D. F. (2001), “The Power of Suggestion: Inertia in 401(k) Participation and Saving Behavior”, Quarterly Journal of Economics, 116(4): 1149-1187.

Patiño, D. y Gómez-García, F. (2019), “Do Quasi-Hyperbolic Preferences Explain Academic Procrastination? An Empirical Evaluation”, Hacienda Pública Española, 230-(3/2019): 95-124.

Thaler, R. H. y Sunstein, C. (2008), Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness, Yale University Press, New Haven, CT.

Comentario sobre qué sería la dialéctica, según Marx y según Harvey

Imagen: Diagrama del economista K. Boulding, representando los flujos de energía y materia en relación con la economía y la biosfera [década de 1960¿?] — que representaría algunos aspectos de la visión del sistema económico como flujo metabólico permanente. Fuente: https://www.wikiwand.com/en/Kenneth_E._Boulding

José Pérez de Lama | nota introductoria y traducción

Sobre la dialéctica había leído como todo el mundo lo de la tesis, la antítesis y la síntesis, — y tengo que decir que siempre me sonaba un poco raro y artificioso, como demasiado idealista y alejado de la realidad…

El año pasado, por fin esta explicación de Harvey – y la verdad es que no tengo referencias para decir si es algo muy particular suyo o algo más general – me hizo entender mucho mejor por qué era interesante, y también, por qué era interesante precisamente para entender el Capital o la economía política de Marx. La cita es de un libro a mi juicio extraordinario, el último de Harvey, de 2017: Marx, Capital and the Madness of Economic Reason, que tras haberme leído casi todos los libros de Harvey de los últimos diez o quince años, diría que es la mejor síntesis de su propia interpretación del pensamiento económico de Marx.

Como estoy fuera de los circuitos especializados, no se bien cómo están siendo recibidas estas cosas nuevas de Harvey, aunque la verdad es que no me parece que haya demasiado debate sobre algunas de las cuestiones verdaderamente interesantes y diría que nuevas, y controversiales, que propone. La cita que sigue, sobre la dialéctica, es de uno de los capítulos más soprendentes e interesantes de este libro que menciono; el capítulo titulado, Anti-Value: The Theory of Devaluation — (Harvey, 2017, pp. 72-73; traducida por mí; con el inglés original a continuación).

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Marx sabe muy bien, por supuesto, que «mientras que el trabajo vivo crea el valor, la circulación del capital es la que realiza el valor». La unidad entre producción y realización (*) que necesariamente prevalece es, sin embargo, una «unidad contradictoria». Y de ahí la advertencia al principio del Volumen I [del Capital]. Aunque las mercancías puedan estar enamoradas del dinero, «el camino del verdadero amor nunca resultó fácil». [La primera cita dentro de la cita «…» es de los Grundrisse, y la segunda, tan extraordinaria, del Volumen I del Capital).

Sería muy impropio de Marx el formular uno de sus conceptos clave sin que éste incorpore en su interior la posibilidad de su negación. En algunas lecturas de Marx, se atribuye mucha importancia a la influencia en su pensamiento de la ‘negación de la negación’ hegeliana. Y es cierto que no estaba en contra de «coquetear» (tal como él mismo lo expresaba) con las formulaciones de Hegel.

[Y ahora es cuando viene la explicación de la dialéctica:]

La mente burguesa, entonces como ahora, consideraba la dialéctica como un «escándalo» y una «abominación», escribió [Marx], porque la dialéctica «incluye en el entendimiento positivo de aquello que existe el reconocimiento simultáneo de su negación: su inevitable destrucción; porque reconoce que toda forma histórica es una realidad en estado de flujo, en movimiento, y, por tanto, capta también su carácter transitorio». [La cita dentro de la cita, de nuevo del Volumen I del Capital].

(*) Para los no familiarizados con la terminología quizá convenga señalar que la realización sería el nombre que Marx da a la venta en el mercado de la mercancía producida previamente.

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[Original en inglés:]

[Marx] knows full well, of course, that ‘while living labour creates value, the circulation of capital realises value’. The unity that necessarily prevails between production and realisation is, however, a ‘contradictory unity’. Hence the warning shot at at the outset of Volume I. Commodities maybe in love with money but ‘the course of true love never did run smooth’. [This quote is from Volume I].

It would be very unlike Marx to formulate a key concept such as value without incorporating within it the possibility for its negation. In certain readings of Marx, much is made of the influence of Hegel’s ‘negation of the negation’ on his thinking. He was certainly not averse to ‘coquetting’ (as he put it) with Hegelian formulations.

The bourgeois mind, then as now, considered dialectics a ‘scandal’ and an ‘abomination’, he wrote, because dialectics ‘includes in its positive understanding of what exists a simultaneous recognition of its negation: its inevitable destruction; because it regards every historically developed form as being in fluid state, in motion, and therefore grasps its transient aspect as well’. [Quote again from Volume I].

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#referencias

David Harvey, 2017, Marx, Capital and the Madness of Economic Reason, Profile Books, Nueva York

Esta segunda referencia a continuación es un comentario o apostilla que Harvey hace a Madness, en la que presenta una interpretación o quizás una extensión al presente de la teoría del valor de Marx que me parece sumamente atrevida y sorprendente:

David Harvey (traducción al esp), 2018, El rechazo de la teoría del valor-trabajo por parte de Marx, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/08/30/rechazo-teoria-del-valor-trabajo-marx-harvey/ Original en inglés: http://davidharvey.org/2018/03/marxs-refusal-of-the-labour-theory-of-value-by-david-harvey/