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Datos comparativos «economía financiera» y «economía real»

Imagen: Comparación entre «activos financieros» y PIB, 1980-2010; fuente: Sahil Jai Dutta & Frances Thomson, 2018, Financierización: guía básica.

José Pérez de Lama

Tiene uno la idea de que en los últimos años la «economía financiera» se ha hecho mucho mayor que la «economía real». Pero luego cuando se trata de cuantificar esto nunca soy capaz de recordar el dato exacto. Estuve repasando y comparando algunas referencias, y como no se encuentra tan fácil y las comparaciones no resultan al final tan evidentes, pues me animé a dejar aquí las notas que tomé por si fueran de utilidad a alguien más.

Fuentes de referencia:

Sahil Jai Dutta & Frances Thomson, 2018, Financierización: guía básica, Fuhem Ecosocial, ATTAC España & TNI, disponible en: https://www.attac.es/wp-content/uploads/2019/06/Financierizacion-guia-basica.pdf | visitado 06/07/2019

Mariana Mazzucato, 2018, The Value of Everything. The Value of Everything- Making and Taking in the Global Economy, Allen Lane – Penguin Random House

Juan Torres López, 2013, ITF: Un impuesto imprescindible, en: http://www.juantorreslopez.com/itf-un-impuesto-imprescindible/ | visitado 06/07/2019

La cosa, y que me corrijan mis amigos más expertos, es que las comparaciones resultan siempre ser más orientativas que exactas. Raramente se comparan cosas iguales. Mientras que el PIB sería, teóricamente, la medición de la producción de valor de un cierto ámbito económico, los datos relativos a la economía financiera son por lo general de otro tipo. La combinación de varios de estos datos, no obstante, creo que sí que dan una buena idea de las dimensiones relativas de la «economía financiera» y la «normal»… Para empezar, lógicamente, habría también que tratar de definir mejor una y otra, algo que tampoco, me parece, se suele hacer, al menos en fuentes de consulta relativamente rápidas. Por ejemplo, según explica Mazzucato en The Value of Everything, desde los años 80-90, una parte de la economía financiera sí que se incluye en el PIB, por lo que se ve que las comparaciones son algo peculiares.

Los datos que he recopilado, entonces, siguen a continuación.

[*] Téngase en cuenta que los billones expresados a continuación son siempre billones europeos: 10 elevado a 12, equivalentes a trillones en la literatura estadounidense.

[1] Volumen global de los activos financieros en relación con el PIB

Dutta & Thomson, p. 2; gráfico 1 (reproducido al principio de este post).

En 2010 el volumen de los activos financieros (financial sector assets) a escala global era un 316% del volumen del PIB global; es decir era del orden de tres veces mayor.

En activos financieros Mazzucato (2018: 101) explica que se incluirían: crédito bancario (bankloans), acciones (equity), bonos y derivados.

En el gráfico en cuestión se muestra además el crecimiento del volumen total y relativo al PIB de los activos financieros entre 1980 y 2010.

[2] Volumen de las transacciones del mercado de divisas global en relación con las transacciones en bienes de servicios y PIB

Dutta & Thomson, pp. 4-5 & gráfico 3, p. 12; Torres López 2013

En 2017 el volumen total anual del comercio global de bienes y servicios ascendía a 17.88 billones de dólares USA, mientras que el volumen diario de las transacciones de divisas (una fracción de las transacciones fianancieras) era de 5.1 billones de dólares diarios.

En el gráfico 3 de la página de 12 de Dutta & Thomson estos datos se estiman de manera ligeramente diferente:

El volumen medio diario de las transacciones en el mercado de divisas en abril de 2013 ascendió a 5.3 billones de dólares USA, mientras que el volumen del comercio internacional en bienes y servicios (exportaciones) ascendió a 58.900 millones de dólares USA / día. La diferencia sin más datos puede estimarse del orden de 100 veces.

Juan Torres por su parte citando un informe del Banco Internacional de Pagos de 2013 daba los siguientes datos bastante coincidentes con los anteriores: “en el mercado de divisas circulaban diariamente en abril de 2013 unos cuatro billones de euros. Si aceptamos que hay unos 250 días al año en que se hacen estas operaciones resulta que su valor total anual sería de unos 1.000 billones de euros, es decir, 16,6 veces más que el PIB mundial.” El PIB mundial habría sido de 60,24 billones de euros.

[3] Volumen de la banca en la sombra (Over-the-Counter banking)

La banca en la sombra sería la banca que opera al margen de la regulación oficial del mercado.

Dutta & Thomson, pp. 4-5:

En 2018, los activos financieros de la banca en la sombra se estimaban en 160 billones de dólares USA, de un total estimado de activos financieros globales de 340 billones de dólares USA. Los activos over the counter supondrían por tanto cerca de un 50% del total estimado de los activos financieros globales.

Mazzucato, 2018: 135

En 2014, el volumen del sector crediticio informal (informal lending sector) se estimaba en 80 billones de dólares USA, cantidad que se considera en torno a la cuarta parte del volumen de los activos del sistema financiero global; estimaciónésta del total que coincide a grandes rasgos con la anterior.

[4] Volumen de la deuda en relación al PIB

Dutta & Thomson, pp. 4-5:

En 2014 el volumen de la deuda global (supongo que pública + privada) ascendía a 199 billones de dólares USA, un 287% del PIB mundial (PIB según estos datos: 69.33 billones de dólares USA).

[5] Activos objeto de gestión financiera en relación al PIB (Assets under Financial Management) en EEUU y RU

Mazzucato, 2018: 143:

En 2015, en EEUU, 17 billones de dólares USA; en RU 5.7 billones de dólares USA, 3 veces el volumen del PIB de éste país.

 

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Economía y Felicidad: ¿Un Vínculo Olvidado?

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Fuente: Economía y Felicidad: La Paradoja de la Felicidad lavozdegalicia.es

 

 

Franciso Gómez García

Departamento de Economía e Historia Económica

Universidad de Sevilla

 

“El objetivo manifiesto de la investigación del Dr. Adam Smith es la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones. Sin embargo, hay otra investigación, quizás aún más interesante y que ocasionalmente se confunde con ésta; me refiero a la investigación de las causas que afectan la felicidad de las naciones”.

Malthus (1798)

El interés por investigar las causas que afectan a la felicidad, que se desprende de la cita de Malthus, ha sido y sigue siendo, hoy en día, motivo de estudio para numerosos científicos sociales en todo el mundo. Podría advertirse cierto grado de reproche hacia Adam Smith por haber indagado poco en el asunto de cómo y en qué condiciones se transforma la riqueza en felicidad. Sin embargo, como argumenta Pasinetti (2005), el propio Malthus y los demás economistas clásicos tuvieron que enfrentarse a la tarea de construir los fundamentos de una nueva ciencia; tarea que no habría podido llevarse a cabo de no haberse centrado en una variable como la riqueza, una materia más restringida que la felicidad pero susceptible de ser definida objetivamente.

Esta visión cambió en la segunda mitad del siglo XIX con los primeros economistas neoclásicos que, influenciados por el utilitarismo de Bentham, dejaron de ocuparse de un concepto objetivo como la riqueza para pasar a ocuparse de un concepto subjetivo como la felicidad, término que para los primeros neoclásicos cardinalistas era sinónimo de utilidad, bienestar o satisfacción. En la investigación actual, en Economía de la Felicidad, los términos anteriores (a los que habría que sumar el bienestar subjetivo y la satisfacción con la vida) suelen utilizarse como intercambiables (Bruni, 2007).

En definitiva, el advenimiento del análisis marginalista supuso que la ciencia económica pasara de ocuparse de la riqueza (un concepto objetivo), a ocuparse de la felicidad (un concepto subjetivo, de connotaciones psicológicas, conectado con la idea de la satisfacción de necesidades humanas). La Psicología había entrado de lleno en el análisis económico, aunque con el cambio de siglo (análisis ordinal de la utilidad de Pareto y lógica de la elección racional) sería de nuevo expulsada del ámbito económico –véase Edwards (2009)-. Habría que esperar hasta los años setenta del siglo XX para rescatarla.

La tardía incorporación de la ciencia económica en el ámbito de la felicidad, puede ser explicada por el rechazo de los economistas en lo referente al uso de variables subjetivas, o por la creencia de que la felicidad es imposible de medir.

El primer gran referente de lo que actualmente conocemos como Economía de la Felicidad, lo encontramos en un trabajo realizado por psicólogos, y no por economistas. Nos referimos al estudio de Brickman y Campbell (1971) acerca de la felicidad individual y colectiva, en el que llegan a la conclusión de que las mejoras en los ingresos y en la riqueza individual, no se traducen necesariamente en mejoras reales en el bienestar de las personas.

Estos resultados llamaron la atención del economista Richard Easterlin (1974). En su trabajo seminal encontró que en Estados Unidos el ingreso per cápita se había duplicado entre los años 1946 y 1970, mientras que la felicidad apenas había aumentado en dicho período. Además, dicho autor considera 19 países, tanto desarrollados como menos desarrollados, utilizando datos que provienen de 30 investigaciones diferentes.

Los hallazgos del estudio de Easterlin pueden resumirse en tres puntos:

  1. Cuando se trata de un país y un período dado en el tiempo, se encuentra una asociación clara (y positiva) entre la renta y la felicidad. Así, aquellos individuos que pertenecen a los estatus más altos son más felices, por término medio, que aquéllos que pertenecen a los estatus más bajos.
  2. Cuando se hacen comparaciones entre países, no está claro que los países más ricos en promedio sean, como cabría esperar, los países más felices en promedio.
  3. Al estudiar series temporales para el caso de los EE.UU., el autor encuentra (como acabamos de apuntar) que no está claro que los aumentos de renta en el tiempo se hayan correspondido con aumentos de la felicidad subjetiva.

Los resultados 2º y 3º pueden considerarse como contradictorios con el 1º. Esta contradicción es lo que en la literatura se conoce como Paradoja de Easterlin. Se había “redescubierto” la Economía de la Felicidad, como disciplina que estudia la felicidad con los instrumentos propios del análisis económico.

El interés por la medición de la felicidad y sus causas no se agotó con la finalización del siglo XX. Por el contrario, en las últimas décadas se ha redoblado dicho interés, tanto en el ámbito académico como en el político. A modo de ejemplo podemos hacer referencia a la publicación en septiembre de 2009 del Report by the Comisión on the Measurement of Economic Performance and Social Progress[1], documento que se conoce como informe Stiglitz. En su elaboración cooperaron 25 científicos sociales (cinco premios Nobel de Economía, entre ellos), cuya misión era elaborar datos estadísticos e indicadores capaces de medir adecuadamente el progreso económico y social (Stiglitz et al., 2009).

Los autores del informe sostienen que “las mediciones del bienestar, tanto objetivo como subjetivo (satisfacción con la vida) proporcionan informaciones esenciales sobre la calidad de vida” y, por lo tanto, “los institutos estadísticos deberían integrar en sus encuestas preguntas cuyo objetivo sea conocer la evaluación que cada uno hace de su vida, de sus experiencias y de sus prioridades” (Stiglitz et al., 2009: 15).

En definitiva, el conocimiento de las causas que promueven el bienestar subjetivo de los ciudadanos resulta de interés tanto a nivel individual como institucional. La Economía de la Felicidad, apoyándose en las respuestas que dan los individuos en las encuestas cuando se les pregunta acerca de su grado de satisfacción con la vida, buscan correlaciones y tratan de cuantificar la influencia que ejercen variables como la renta, el empleo, la salud, la educación, etc., en el bienestar subjetivo que declaran los ciudadanos. Por tanto, estamos ante una disciplina basada en la evidencia.

Así, en el Análisis Económico se ha retomado el estudio científico de la Felicidad. Estos estudios se centran en el concepto de Satisfacción con la Vida (se mide de 0 –completamente insatisfecho- a 10 –completamente satisfecho-). La pregunta concreta a la que se responde en las encuestas es la siguiente: “En general, ¿está usted satisfecho con su vida?”. Dicho término, como ya hemos comentado, es intercambiable con otros como Bienestar Subjetivo, Utilidad y la propia Felicidad. Evidentemente, hay matices diferenciadores cuyo análisis exceden el propósito de este post.

En este contexto de interacción entre ideas y hechos económicos, ha surgido con fuerza (viene para quedarse) la Economía de la Felicidad. Según esta subdisciplina (revolucionaria) del Análisis Económico: 1) La economía debe estar al servicio de las personas; 2) El dinero es un medio (nunca un fin); 3) La Economía puede aprender mucho de la Psicología y 4) Los datos de bienestar subjetivo son un complemento necesario a los datos objetivos. En este contexto, por ejemplo, se ha demostrado empíricamente que existe un umbral de la felicidad (aproximadamente 60.000 euros anuales por familia, según los Nobel de Economía D. Kahneman y A. Deaton); a partir del cual más dinero no da más felicidad (aunque es cierto que hay personas que no hartan ni con…). Contestando a la pregunta inicial planteada en este post, lo que los Nóbeles han unido que no lo separe el hombre.

 

Referencias

 Brickman, P., y Campbell, D. T. (1971): Hedonic relativism and planning the good society. En Adaptation-level theory, pp. 287-305.

  • Bruni, L. (2007): The “technology of happiness” and the tradition of economic science. En Handbook on the Economics of Happiness [Bruni y Porta (eds), 2007], cap. 2, pp. 24-52.
  • Easterlin, R.A. (1974). Does economic growth improve the human lot? Some empirical evidence. In P.A. Davis, M.W. Reder, (Eds.): Nations and households in economic growth (pp. 89-125) New York, Academic Press
  • Edwards, J.M. (2009): Joyful economists: remarks on the history of economics and psychology from the happiness studies perspective. Université Panthéon-Sorbonne, Paris.
  • Malthus, T.R. (1798): An Essay on the Principle of Population. Oxford: Oxford University
  • Pasinetti, L. (2005): Paradoxes of Happiness in Economics, en L. Bruni, P.L. Porta (comp.). Economics & Happiness. Oxford University
  • Stiglitz, J; Sen, A; Fitoussi, J.P. (2009). Report by the Commission on the Measurement of Economic Performance and Social Progress. stiglitz-sen-fitoussi.fr.

 

[1] En febrero de 2008, Nicolas Sarkozy solicitó a Joseph Stiglitz (Presidente), Amartya Sen (Consejero) y Jean Paul Fitoussi (Coordinador) que establecieran una comisión, que adoptó el nombre de Comisión sobre la Medición del Desarrollo Económico y del Progreso Social. Su misión era “determinar los límites del PIB como indicador de los resultados económicos y del progreso social, reexaminar los problemas relativos a la medición, identificar datos adicionales que podrían ser necesarios para obtener indicadores del progreso social más pertinentes, evaluar la viabilidad de nuevos instrumentos de medición y debatir sobre una presentación adecuada de datos estadísticos” (Stiglitz et al., 2009).

Reseña: Mezzadra y Neilson: sobre extracción, logística y finanzas


Imagen: Central de Abastos de la Ciudad de México; fuente: http://turismoculturalcm.blogspot.com/2016/01/hisoria-de-la-central-de-abasto-ciudad.html

Reseña: Mezzadra y Neilson: sobre extracción, logística y finanzas; soberanías, geografía, valor…

Sandro Mezzadra & Brett Neilson, 2019, The Politics of Operations. Excavating Contemporary Capitalism, Duke University Press, Durham & London

Notas de José Pérez de Lama __ 06/2019 >>versión beta

“Es una cuestión de realismo político reconocer que, hoy en día, el estado no es suficientemente poderoso para confrontar las formaciones establecidas y emergentes del capitalismo.” (Mezzardra & Neilson, 2019: 238)

Siguiendo con mi práctica de hacer un comentario de los libros que leo justo al acabarlos, para dejar constancia de la primera impresión que me causan, recojo aquí unas notas provisionales sobre el último de Sandro Mezzadra – con Brett Neilson -, The Politics of Operations (Las políticas de las operaciones. Excavando el capitalismo contemporáneo).

Conozco a Sandro desde hace unos 15 años, como colega de Negri y su grupo de pensadores-activistas que, al menos durante algunos años, se llamaban Universidad Nómada. Sando, más o menos de mi generación, era dentro de aquel grupo la persona que más había pensado sobre migraciones – su libro Derecho de fuga (2005) era una referencia para la mayoría de la gente que formamos parte de Indymedia Estrecho, el proyecto en torno al cual nos conocimos, hacía 2004 o así. Este libro más reciente creo que supone un cierto desplazamiento de los intereses de Mezzadra. Coincidimos este año en Sevilla y después en Málaga, y me contó un poco, y me entraron ganas de leerlo en cuanto saliese. ¡Y aquí estoy con la lectura hecha! __ Trata, al menos en primera instancia, sobre las nuevas geografías del capitalismo – reciente, actual. Y de cómo en la producción de estas geografías encontramos claves importantes para entender qué está pasando en el mundo grande y en nuestros entornos más próximos, __ ya que como sabemos, ambas escalas están cada vez más estrechamente enmarañadas… Tangle (maraña) es un término que Mezzadra y Neilson usan en el libro, – quizás deudores de Bifo (2017) -, en lugar del más habitual redSigue leyendo Reseña: Mezzadra y Neilson: sobre extracción, logística y finanzas

¿Es necesario establecer impuestos sobre el uso de nuestros datos?

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Fuente: Fotograma de la película Matrix (1999), dirigida por Lana Wachowski y Lilly Wachoswki. Warners Bros.

 

David Patiño Rodríguez

Este post fue publicado originalmente en el blog De Fueros y Huevos del Diario Expansión el 16/4/2019

 

La irrupción de la economía digital ha provocado un shock sobre las bases que sustentaban la tributación establecidas hace un siglo y que han gozado de un amplio consenso internacional. Estas reglas permitían determinar la jurisdicción a la que correspondían los ingresos impositivos y descansaban en la sede física como elemento esencial. Los cambios profundos que se han generado en los procesos de producción las han dejado desfasadas rápidamente. Las empresas digitales producen y venden información que una vez creada intercambian a coste marginal nulo por lo que no precisan de establecimientos físicos para realizar su actividad en un país concreto.

La OCDE lleva bastantes años intentando establecer unas nuevas bases tributarias. La UE también intenta realizar su propia propuesta, pero no acaban de tener éxito. En el caso de esta última, sus propuestas fiscales deben adoptarse por unanimidad, que es una forma dulce de decir que todos los países tienen derecho de veto. El problema es que el impuesto de sociedades es fácilmente exportable y su incidencia bastante incierta en el caso de empresas multinacionales que desarrollan sus procesos de producción a lo largo de varios, o muchos, países por lo que lo ideal en una federación es su centralización. En España por ejemplo, no se ha descentralizado nunca a las comunidades de régimen común y en las únicas en las que se ha hecho, las forales, ha generado problemas. La naturaleza de la actividad posibilita que trasladen la obtención formal de sus beneficios prácticamente dónde quieran, como hacen las empresas GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon), entre otras. El resultado ha sido que los países en los que se genera la mayor parte de la actividad de estas empresas, Alemania, Francia o España, tienen interés en adoptar cambios en la situación actual, pero otros como Irlanda u Holanda, que se benefician de dicha situación, se oponen.

La Comisión Europea (CE) alega que estas empresas no están siendo gravadas adecuadamente (o en ocasiones no lo están siendo en forma alguna) y que la situación quiebra los principios de eficiencia y equidad. Dada la imposibilidad, al menos en el corto plazo, de establecer una solución definitiva que pasara por un impuesto de sociedades comunitario, la CE ha propuesto una transitoria articulada mediante impuestos nacionales que graven la actividad desarrollada por estas empresas en cada país. El gobierno español aprobó un proyecto de ley para crear un impuesto de este tipo en enero, adelantándose al grupo de países que incluye Alemania, Francia o el Reino Unido que también están interesados en establecerlo.

Se han indicado algunos problemas que puede generar un impuesto como éste. Por ejemplo, se argumenta la dificultad para delimitar el sector gravado. Que intente gravar un grupo concreto de empresas, más que una actividad o que al articularse a través de los ingresos brutos pueda dar lugar a situaciones de dobles imposiciones. Por otro lado, también se argumenta que dado que las empresas susceptibles de ser gravadas son estadounidenses, puede ahondar en la guerra comercial con este país.

El principal motivo para crear el gravamen se basa en que los titanes digitales podrían estar ofreciendo una satisfacción inadecuada por los datos que obtienen de sus usuarios lo que constituiría la principal vía de elusión fiscal para estas empresas. El modelo de negocio se articula a través de los denominados mercados bilaterales que ofrecen servicios a sus usuarios por los que pagan por acceso, tipo Netflix, o lo obtienen gratis, como Google o Facebook. Los usuarios, a cambio, entregan sus datos a estas empresas, bien directa y voluntariamente, o bien los obtienen a través de la huella digital que dejan cuando navegan. Las empresas construyen bases de datos que rentabilizan a través de publicidad dirigida, posibilitando la discriminación de precios y mediante el desarrollo de utilidades de Inteligencia Artificial (IA). En este sentido, se podría concebir a las empresas digitales como refinerías de datos que los extraen del capital humano del país, lo que puede ser concebido como un bien público y justificaría su gravamen. Teniendo en cuenta que la naturaleza de la actividad se basa en las economías de red que generan tendencias a constituir monopolios debido al fenómeno del ganador se lo lleva todo.

La cuantificación del valor de los datos es la cuestión más controvertida a la hora de establecer un juicio sobre esta propuesta de tributación y puede dar pistas sobre la dirección por la que debe transitar la regulación del sector. Las empresas del sector alegan que pagan suficientemente a sus usuarios mediante los servicios que les prestan, pero como indican Postner y Weyl (2018), se podrían estar aprovechando de su posición de monopsonio y obtener tales datos a cambio de servicios mucho menos valiosos.

Por un lado, las empresas digitales argumentan que el valor marginal de los datos es nulo y realizan un papel similar al que tienen en la estadística convencional en la que, alcanzado una cantidad suficiente, ya no aportan nada (Varian, 2014). Sin embargo, en el desarrollo de la IA podrían operar rendimientos marginales crecientes en los datos. La primera oleada de IA se basó en el desarrollo de máquinas basadas en reglas establecidas por ingenieros. Esta vía deparó algunos éxitos como el ordenador Deep Blue que derrotó a Kasparov al ajedrez, pero pronto se vio que no se podía ir más lejos. La generalización de internet de alta velocidad, los dispositivos y la capacidad de computación posibilitó cambiar el enfoque. A partir de entonces se basó en funciones probabilísticas que se iban ajustando gracias a cantidades ingentes de datos, cuya necesidad crece conforme se realizan actividades más sofisticadas, generalmente más valiosas. En este sentido, una foto etiquetada adicional podría tener valor creciente. Si bien su valor puede disminuir para un uso concreto, por ejemplo para desarrollar una aplicación que permita el reconocimiento de caras, puede mejorar otros servicios que aún están en fase más temprana como identificar otros detalles de la imagen. Pero además, a diferencia de la estadística convencional, el desarrollo de la IA necesita cálculos superprecisos de las variables. Los datos marginales pueden ser muy valiosos si permiten el ajuste imprescindible de los dispositivos. A la estadística convencional le interesa, por ejemplo, la renta media de una zona. Sin embargo, aunque Alexa (o una de sus aplicaciones) ya haya desarrollado la base para entender el lenguaje oral, si no es capaz de diferenciar el acento de Sevilla del de Madrid, el dispositivo puede ser inservible, de manera que los datos marginales pueden aportar un valor indispensable para la comercialización del producto. Esto ha llevado a autores como Arrieta-Ibarra et al (2018) a proponer que los datos deberían considerarse como trabajo desarrollado por los usuarios más que como un activo de las empresas.

El impuesto sobre los datos puede representar una forma de internalizar los verdaderos costes de las empresas digitales. Ello puede hacer que compitan en igualdad de condiciones y posibilitar que la sociedad participe en la explotación de un bien público puro de propiedad comunal. Incluso se puede concebir como un primer paso para posibilitar el funcionamiento adecuado del sector, especialmente el modo en que distribuye el valor que genera.

 

REFERENCIAS

Arrieta-Ibarra, Imanol, Leonard Goff, Diego Jiménez-Hernández, Jaron Lanier, y E. Glen Weyl (2018), ”Should We Treat Data as Labor? Moving beyond “Free” ”, AEA Papers and Proceedings, 108: 38–42.DOI: 10.1257/pandp.20181003.

Postner, E. y Weyl, E.G. (2018), Mercados radicales, Antoni Bosch, Barcelona, 2019.

Varian, Hal R. (2014), “Beyond Big Data”, Business Economics, 49(1), 27-31

¿Alguien tiene idea del tipo de futuro socio-tecno-político hacia el que deberíamos tratar de dirigirnos? Algunos escenarios


Figura: Panel de control de escenarios socio-técnicos y políticos de futuro. Pérez de Lama, 2018.

Juego de los escenarios de futuro. La tecnología parece ser la respuesta, pero… ¿cuál era la pregunta?

José Pérez de Lama _ extracto de capítulo del autor en el libro colectivo Economía colaborativa… ¿de verdad?, editado por Charo Gómez-Álvarez, David Patiño Rodríguez et al, 2018.

Comentario introductorio: El capítulo en cuestión trata de las prácticas colaborativas y la fabricación digital. En esta parte de final, trata de ir un poco más allá del habitual blablaba de la innovación, intentando pensar qué tipo de usos de la fabricación digital (robótica, automatización…) nos interesa en relación con los futuros socio-económicos que podrían contribuir a promover… Recurriendo a un cierto lugar común, algunos párrafos antes se plantaba: “La tecnología parece ser la respuesta, pero… ¿cuál era la pregunta?”

Siendo la pregunta que estimamos que nos interesa más la de qué papel podría tener la fabricación digital colaborativa en una sociedad futura, cerraremos el presente texto con un último diagrama en el que se dibujan algunos posibles escenarios, sobre la matriz de las “4 Ps” propuesta por Dunne y Raby (2013). Esta matriz clasifica los escenarios de futuro en tres categorías principales: probable, plausible y posible, que los ordenaría de mayor o menor grado de probabilidad, valga la redundancia, desde nuestra actual perspectiva. A estas tres categorías, Dunne y Raby proponen añadir una cuarta, la de preferible, que se superpone a las anteriores, y que en esta ocasión dejaremos que sea trazada por los posibles lectores.

Los escenarios propuestos, lógicamente, no agotan todas las posibilidades de futuros imaginables, existiendo muchas posiciones intermedias entre ellos, y seguramente otros muchos que no se enuncian. Los efectivamente mostrados tienen un cierto carácter hiperbólico, según recomendaba Brand (1994) en un ejercicio parecido, para subrayar las diferencias y las tendencias que se proponen para discutir.

Comentario posterior: Noto ahora que no hacía referencia demasiado específica, en la descripción de escenarios, a la cuestión crecimiento/decrecimiento, y que la tendrán que hacer lxs lectorxs, quizás jugando con el slider del panel de control y viendo qué pasa… 😉 Sigue leyendo ¿Alguien tiene idea del tipo de futuro socio-tecno-político hacia el que deberíamos tratar de dirigirnos? Algunos escenarios

El debate sobre el valor – comentarios sobre el nuevo libro de Mariana Mazzucato

El debate sobre el valor – comentarios al hilo del nuevo libro de Mariana Mazzucato

José Pérez de Lama, versión beta

Reseña de: Mariana Mazzucatto, 2018, The Value of Everything- Making and Taking in the Global Economy, Allen Lane – Penguin Random House

Something is rotten in the theory of value.

Un libro sin duda muy interesante, de una de las grandes economistas globales ¿emergentes?, ¿de moda? -, que como se subraya en su portada recibió el premio Leontieff al Avance de las fronteras del pensamiento económico en su edición de 2018 [1] – es de suponer que por su anterior libro, El estado emprendedor, que también reseñamos en este blog hace unos meses (David Patiño, 2018).

Como sugería la cita introductoria y también el título, el libro trata del valor (económico…) en la economía digital y global actual. La autora da cuerpo a lo largo del libro de forma rigurosa a la sospecha más o menos general de que algo no funciona del todo bien con cómo se considera el valor en nuestras economías. Los ejemplos de la extraña consideración del valor son múltiples, pero citemos para empezar algunos ejemplos: cuando el gasto en arreglar un desastre ecológico se considera como producción de valor (esto es, hace aumentar el PIB, o GDP en inglés); o cuando las actores económicos que obtienen mayores beneficios son, entre otros, los financieros, cuya contribución a la creación de valor – en la crisis, en la burbuja inmobiliaria, o cuando apuestan con sus productos financieros contra la recuperación de un país en crisis, como ocurriera con Grecia o España hace pocos años – resulta bastante inexplicable para la mayoría de la gente – (algo más detallado sobre esto más adelante). Sigue leyendo El debate sobre el valor – comentarios sobre el nuevo libro de Mariana Mazzucato

Nietos de Keynes. Buenas y malas noticias sobre la economía de la abundancia

Imagen: J.M. Keynes con la bailarina rusa Lydia Lopokova. Foto: Cortesía de Wiedenfeld & Nicolson. Fuente: Bloomberg Business

 

José Pérez de Lama / publicado en LABlog 01/06/2015

Las buenas noticias

En su último libro, The Zero Marginal Cost Society, Jeremy Rifkin, recuerda un texto escrito por J.M. Keynes en 1930 en el que preveía que, hacia el año 2030, si se daban unas ciertas condiciones en el desarrollo de la civilización, la generación de sus nietos no tendría ya que trabajar. El problema económico se habría acabado, habríamos entrado en lo que se viene llamando una economía de la abundancia; los asuntos económicos serían resuelto de manera profesional y rutinaria como si fuese la tarea de un dentista. El desarrollo técnico o tecnológico sería la clave principal para este logro. A pesar de que el trabajo no sería realmente necesario, Keynes planteaba que la mayoría de la población trabajase 3 horas al día / 15 a la semana para satisfacer la necesidad cultural, acunada durante siglos, de hacer cosas como forma de sentirnos útiles y valiosos – aquello del homo faber; también por las dificultades que imaginaba que tendríamos para saber llenar el tiempo sin el trabajo al que estamos tan acostumbrados.

El planteamiento de Keynes creo que no es demasiado extraño o raro. Paul Lafargue, uno de los yernos de Marx, que por cierto pasó algunos años de su vida en Madrid, ya había escrito un libro sobre este asunto del final del trabajo, publicado en 1880, y titulado El derecho a la pereza. Lo que a mi me resulta llamativo es que fuera Keynes el que lo plantease, probablemente el que fuera el economista más importante del siglo XX, un hombre estrechamente implicado en las realidades políticas y económicas de su tiempo, un hombre sin duda idealista, pero también muy pragmático.

El reciente debate sobre la renta básica universal (RBU) volvió a poner de actualidad este asunto de la relación entre ingresos y trabajo, aunque en la opinión pública el énfasis se situó más en la cuestión de la justicia social y la redistribución de la riqueza, que en la de la innovación tecnológica o el cambio civilizatorio tal como planteaba Keynes. Franco Berardi Bifo, esta misma semana en Sevilla, recordaba también al Rifkin de mediados de los 90 cuando éste empezaba a escribir sobre el final del trabajo (The End of Work, 1995). Para Bifo lo que Rifkin señalaba es que existía y existe la posibilidad de que efectivamente se acabe la necesidad de trabajar para ganarse la vida, para la mayor parte de la población. Aportaba el dato reciente de una entrevista, – 2014 -, con Larry Page y Sergey Brin, los patrones de Google, en la que éstos estimaban que su empresa sería capaz, actualmente, de automatizar el 45% del trabajo global. Bifo señalaba como principal obstáculo, sin embargo, que tenemos grabado en nuestro sistema neurológico, en nuestro firmware, la relación salarial como medio para obtener el dinero para poder vivir. Como sociedad no somos capaces de imaginarnos el que seamos capaces de organizarnos y sobrevivir más allá de la existencia de esta relación. Sigue leyendo Nietos de Keynes. Buenas y malas noticias sobre la economía de la abundancia