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El rechazo de la teoría del valor-trabajo por parte de Marx – según David Harvey

Figura 1: Diagrama de los ciclos de producción, (acumulación) y reproducción social, según David Harvey. Fuente: David Harvey, en el link que se indica más abajo.

El rechazo de la teoría del valor-trabajo por parte de Marx

David Harvey, 1 de marzo de 2018

Traducción del original en inglés disponible on line en:
http://davidharvey.org/2018/03/marxs-refusal-of-the-labour-theory-of-value-by-david-harvey/

Traducción de José Pérez de Lama, 08.2018

Comentario introductorio del traductor: un texto algo técnico, que me temo que no he comprendido del todo bien, pero que quizás por eso me ha intrigado mucho. Responde a juicio del traductor a  los actuales debates sobre creación de valor, trabajo y cambio tecnológico (la cuestión del “General Intellect”) y sobre la reproducción social… Y cuestiona lo que siempre había creído sobre el valor-trabajo en Marx, y que había aprendido estudiando al propio Harvey. 🙂

Harvey plantea, efectivamente, que Marx parte de la teoría del valor-trabajo de Ricardo, en primera instancia, dándole una mayor sistematización, para a continuación cuestionarla, pasando a plantear una nueva teoría del valor, más compleja, dinámica y dialéctica, en la que el valor sería el resultado de las interacciones de una red que trasciende el proceso de producción, y que incluiría, entre otras cuestiones, la innovación tecnológica y organizativa (el ámbito de la plusvalía relativa) y la reproducción social del trabajo (la capacidad adquisitiva de l*s trabajador*s, formas de vida, el estatus del ejército de reserva de trabajador*s…… Personalmente, tendré que pensar y profundizar más sobre el asunto, que en cualquier caso me parece de lo más interesante.

He añadido algún subtítulo al texto para, espero, facilitar su lectura. También una imagen/diagrama final. La presente es una traducción de trabajo.

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El rechazo de la teoría del valor-trabajo por parte de Marx

David Harvey

Es una creencia extendida el considerar que Marx adaptó la teoría del valor-trabajo (labour theory of value) de Ricardo como concepto fundamental de sus estudios sobre la acumulación capitalista. Dado que la teoría del valor-trabajo ha sido generalmente desacreditada, se suele afirmar con autoridad que las teorías de Marx no se sostienen. Pero en ningún lugar, de hecho, declara Marx su fidelidad a la teoría del valor-trabajo. Era una teoría de Ricardo, quien reconocía que era profundamente problemática aunque insistiera en que el valor constituía una cuestión crítica para el estudio de la economía política. En las pocas ocasiones en que Marx comenta directamente sobre este asunto, [1] se refiere a la “teoría del valor” y no a la teoría del valor-trabajo. Entonces, ¿cuál era la teoría del valor distintiva de Marx y cómo difiere de la teoría del valor-trabajo?

La respuesta (como es habitual) es complicada en sus detalles pero sus grandes líneas pueden ser reconstruidas a partir de la estructura del primer volumen del Capital. [2]

Marx empieza aquel trabajo examinando la apariencia superficial del valor de uso y el valor de cambio en el acto material del intercambio de mercancías y postula la existencia del valor (una relación inmaterial pero objetiva). Este valor es inicialmente considerado como una reflexión del trabajo social (abstracto) congelado en las mercancías (capítulo 1). En tanto que norma reguladora en el mercado, el valor puede existir, muestra Marx, sólo cuando el intercambio de mercancías se ha convertido en “un acto social normal.” Esta normalización depende de la existencia de las relaciones de propiedad privada, individuos jurídicos y mercados perfectamente competitivos (capítulo 2). Un mercado tal sólo puede funcionar con la emergencia de las formas monetarias (capítulo 3) que facilitan y lubrican las relaciones de intercambio de maneras eficientes, a la vez que ofrecen un vehículo conveniente para el almacenamiento de valor. El dinero, así, entra en el panorama como una representación material del valor. El valor no puede existir sin su representación. Entre los capítulos 4 y 6, Marx muestra que sólo en un sistema en el que la actividad económica tiene por finalidad y objeto la producción de mercancías el intercambio se convierte en un acto social necesario a la vez que normal. Es la circulación de dinero como capital (capítulo 5) la que consolida las condiciones para que la forma de valor distintiva del capital se convierta en norma reguladora. Pero la circulación de capital presupone la existencia previa del trabajo asalariado en tanto que mercancía que puede comprarse y venderse en el mercado (capítulo 6). El proceso a través del cual el trabajo se convirtió en esta mercancía antes de la emergencia del capitalismo es el objeto de la Parte 8 del Capital, que trata de la acumulación primitiva u original.

El concepto de capital como proceso – como valor en movimiento – basado en la compra de fuerza de trabajo y medios de producción está inextricablemente entretejido con la emergencia de la forma del valor. Una analogía simple aunque burda del argumento de Marx puede ser ésta: la vitalidad del cuerpo humano depende de la circulación de la sangre, que no tiene existencia fuera del cuerpo humano. Los dos fenómenos son mutuamente constitutivos. De manera parecida, la formación de valor no puede ser entendida fuera del proceso de circulación que la alberga. Lo que importa es la interdependencia mutua en el interior de la totalidad de la circulación de capital. En el caso del capital, sin embargo, el proceso aparece no solo como auto-reproductivo (cíclico) sino también como auto-expansivo (la forma espiral de la acumulación). Esto es así porque la busca de ganancia y plusvalía impulsa los intercambios de mercancías, que a su vez sostienen la forma de valor. De esta manera, el valor se convierte en una norma regulatoria embebida en la esfera del intercambio sólo en las condiciones de la acumulación de capital.

Aunque los pasos del argumento son complicados, Marx parece haber hecho poco más que sintetizar y formalizar la teoría del valor-trabajo de Ricardo embebiéndola en el conjunto de la circulación y acumulación según se presenta en la Figura 1 (presentada aquí al inicio del texto). La sofisticación y la elegancia del argumento han seducido a muchos de los seguidores de Marx haciéndoles pensar que éste era el final de la historia. Si esto fuera así, muchas de las críticas lanzadas en contra de la teoría del valor de Marx estarían justificadas. Pero éste no es el final. Es, de hecho, el principio. La esperanza de Ricardo era que la teoría del valor-trabajo pudiera ofrecer la base para entender la formación de precios. Es esta esperanza la que subsiguientes análisis han machacado implacable y correctamente. Marx entendió muy pronto que esto era una esperanza imposible, aunque frecuentemente intercambiaba en sus presentaciones (sospecho que por motivos tácticos) el uso de los términos valor y precio como si fuera aproximadamente la misma cosa. En otras instancias estudió las divergencias sistemáticas. En el Volumen 1, Marx reconoce que cosas como la conciencia, el honor o las tierras sin cultivar pueden tener un precio y sin embargo no tener valor. En el Volumen 3 del Capital, explora cómo la igualación en el mercado de la tasa de beneficio (rate of profit) conduciría a que las mercancías se intercambiaran no según su valor sino de acuerdo con los así-llamados “precios de producción.”

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Teoría del valor e innovación organizativa y tecnológica. Teoría del trabajo-valor

Pero el principal objeto de interés de Marx no era la formación de precios; él tenía una agenda diferente. Los capítulos 7 a 25 del Volumen 1 describen en intrincado detalle las consecuencias que tienen para los trabajadores y las trabajadoras [t1] el vivir y trabajar en un mundo gobernado por la ley del valor tal como es constituida por la generalización y normalización del intercambio en el mercado. Esta es la famosa transición, al final del capítulo 6, en la que Marx nos invita a abandonar la esfera de la circulación, “un verdadero edén de los derechos del hombre” en la que “gobiernan solas la Libertad, la Igualdad, la Propiedad y Bentham.” Y así nos sumergimos en “la morada escondida de la producción” en la que veremos “no sólo cómo produce el capital, sino también cómo el capital es producido.” Será sólo aquí, además, donde veremos cómo se forma el valor.

Las leyes coercitivas de la competición en el mercado fuerzan al capitalista individual a extender la jornada de trabajo lo máximo posible, amenazando la vida y el bienestar del trabajador en ausencia de fuerzas que la limiten tales como la legislación para acotar la duración de la jornada de trabajo (capítulo 10). En capítulos siguientes, estas mismas fuerzas coercitivas empujan al capital en busca de innovaciones tecnológicas y organizativas, para movilizar y apropiarse de las fuerzas inherentes a la cooperación entre trabajadores y a la división del trabajo, a diseñar maquinaria y sistemas de producción fabril, a movilizar las fuerzas de la educación, el conocimiento, la ciencia y la tecnología, todo en busca de la plusvalía relativa. El efecto agregado (capítulo 25) es el deterioro de la posición del trabajador, la creación de un ejército industrial de reserva, la imposición de condiciones de trabajo de miseria abyecta y desesperación entre las clases trabajadoras y la condena de mucha parte de los trabajadores a vivir en condiciones de reproducción social que son miserables en extremo.

Esto es a lo que Diane Elson, en su artículo seminal sobre el asunto, llama “la teoría del trabajo-valor” (value theory of labor), una teoría que se centra en las consecuencias del valor, funcionando como norma reguladora en el mercado, para los trabajadores que están condenados por su situación a trabajar para el capital. Estos capítulos también explican por qué Bertell Ollman considera que la teoría del valor de Marx es una teoría de la alienación del trabajo en la producción más que un fenómeno de mercado. [3]

Pero la productividad y la intensidad del trabajo están perpetuamente cambiando bajo las presiones de la competición en el mercado (tal como se describe en los capítulos posteriores del Capital). Esto significa que la formulación del valor en el primer capítulo del Capital es revolucionada por lo que viene después. El valor se convierte en una conectividad interna inestable y en permanente evolución (una relación interna o dialéctica) entre el valor según es definido en el mercado en el ámbito de la circulación y el valor en tanto que redefinido constantemente a través de las revoluciones en el ámbito de la producción. Anteriormente en los Grundrisse (pp. 690-711), Marx había especulado, en un famoso “fragmento sobre las máquinas,” que la incorporación del conocimiento humano en el capital fijo disolvería completamente el significado del valor a menos de que hubiera fuerzas o razones irresistibles que lo restaurasen. [4] En el Volumen 3 del Capital, Marx da mucha importancia al impacto de los cambios tecnológicos sobre el valor conduciendo a la tesis de los beneficios (rendimientos) decrecientes. La relación contradictoria entre el valor según es definido en el mercado y el valor reconstruido por las transformaciones en el proceso de trabajo es central en el pensamiento de Marx.

El cambio de productividad del trabajo, desde luego, es un aspecto fundamental en todas las formas de análisis económico. En el caso de Marx, sin embargo, no es la productividad física del trabajo enfatizada en la economía política clásica y neoclásica lo que cuenta. Lo que importa a Marx es la productividad del trabajo en relación con la producción de plusvalía. Esto sitúa la relación entre la busca de plusvalía relativa (a través de las innovaciones tecnológicas y organizativas) y los valores de mercado en el centro de la teoría del valor de Marx.

Una primera aproximación a la teoría del valor de Marx, concluyo, se centra en la unidad, constantemente cambiante y contradictoria, entre aquello que se refiere tradicionalmente como la teoría del valor-trabajo en la esfera del mercado (tal como se establece en los primeros seis capítulos del Capital) y la teoría del trabajo-valor en la esfera de la producción (según se analiza en los capítulos 7 al 25 del Capital).

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Teoría del valor y reproducción social

Pero los materiales presentados en el capítulo 25 del Capital sugieren que no es sólo la experiencia del proceso de trabajo lo que está en juego en la teoría del valor. Marx describe las condiciones de reproducción social de todos aquellos que han sido reducidos por el funcionamiento de la ley general de la acumulación de capital a formar parte del ejército industrial de reserva (el objeto del capítulo 25). Cita informes oficiales relativos a la salud pública en la Inglaterra rural (especialmente los de un cierto Dr. Hunter), así como otras informaciones sobre la vida diaria en Irlanda y Bélgica, junto con el estudio de Engels sobre La condición de la clase obrera inglesa en 1844. El consenso de todos estos informes es que las condiciones de la reproducción social para este segmento de la clase trabajadora eran peores que cualquier cosa oída bajo el feudalismo. Las aterradoras condiciones de alimentación, vivienda, educación, sobrepoblación, relaciones de género y perpetuo desplazamiento se veían exacerbadas por las políticas punitivas de asistencia social (notablemente las Poor Laws – Leyes del pobre – en Gran Bretaña). Se señala el dato angustioso de que la alimentación de los prisioneros en la cárcel era superior a la de los empobrecidos fuera de ésta (¡ay!, este sigue siendo el caso en los EEUU). Esto abre el camino hacia una importante extensión de la teoría del valor de Marx. Las consecuencias de la intensificación de la competición capitalista en el mercado (incluida la busca de la plusvalía relativa a través del cambio tecnológico) produce el deterioro de las condiciones de reproducción social de las clases trabajadoras (o segmentos significativos de ésta) si no se ponen en funcionamiento fuerzas compensatorias o políticas públicas que contrarresten estos efectos.

De la misma manera que la teoría del valor-trabajo es fundacional para la aproximación al valor de Marx, también la “teoría del valor de la reproducción social” emerge como un importante foco de estudio. Esta es la perspectiva que abre Marx en las últimas secciones del capítulo 25 del Volumen 1 del Capital. Y este es el foco de atención de aquellas marxistas feministas que han trabajado asiduamente durante los últimos cuarenta años en la construcción de una teoría adecuada de la reproducción social. [5]

Marx (Capital, Volumen 1, p. 827) cita un informe oficial sobre las condiciones de vida de la mayoría de los trabajadores en Bélgica, que se ven forzados “a vivir más económicamente que los presos” en las cárceles. Estos trabajadores “recurren a medidas cuyos secretos solo son conocidos (por ellos mismos): reducen sus raciones diarias; substituyen el trigo por pan de centeno; comen menos carne, o incluso ninguna carne, e igual con la mantequilla o los condimentos; se tienen que conformar con una o dos habitaciones en las que la familia se apretuja, en las que los niños y niñas duermen juntos, a veces en el mismo colchón; ahorran en ropa, lavado y decencia; abandonan las diversiones del domingo; en resumen, se resignan a las más dolorosas privaciones. Una vez que se alcanza este límite extremo, la más mínima interrupción del trabajo, la enfermedad más leve, aumenta la miseria del trabajador y lo lleva al desastre total; las deudas se acumulan, la ropa y los muebles más necesarios son empeñados, y finalmente la familia pide que se la apunte en la lista de los pobres.” Si este es el típico resultado del funcionamiento de la ley capitalista de acumulación, existe entonces una profunda contradicción entre las condiciones en deterioro de la reproducción social y la necesidad del capital de perpetua expansión  del mercado. Tal como señala Marx en el Volumen 2 del Capital, la razón real de las crisis capitalistas radica en la supresión de salarios y en la reducción de la masa de la población al estado de pobres absolutos (pennyless). Si no hay mercado, no hay valor. Las contradicciones planteadas desde el punto de vista de la teoría de la reproducción social a los valores en tanto que generados en el mercado son múltiples. Si, por ejemplo, en el ejército de reserva no hay trabajadores sanos, educados, disciplinados y capacitados éste ya no puede cumplir con su función.

Las relaciones dialécticas entre procesos competitivos de mercado, producción de plusvalía y reproducción social emergen como elementos de la formación de valor mutuamente constitutivos a la vez que profundamente contradictorios. Un marco de análisis de este tipo ofrece una manera intrigante de preservar a nivel teórico las especificidades y diferencias de la teoría del valor sin abandonar el concepto general de que el capital perpetuamente se reconstruye a sí mismo a través de sus prácticas.

Otras posibles consideraciones

Deben considerarse, además, otras modificaciones, extensiones y elaboraciones de la teoría del valor. La tensa y contradictoria relación entre producción y realización (venta, consumo) se sostiene sobre el hecho de que el valor depende de la existencia de carencias (wants), necesidades y deseos respaldada por la capacidad de pagar por parte de una población de consumidores. Estas carencias, necesidades y deseos están profundamente embebidas en el mundo de la reproducción social. Sin éstas, tal como Marx señala en el primer capítulo del Capital, no existe valor alguno. Esto introduce en las discusión la idea de “no-valor” o “anti-valor.” También significa que la disminución de los salarios a casi nada será contraproductiva de cara a la realización en el mercado del valor y el plusvalor. Subir los salarios para asegurar el “consumo racional” desde el punto de vista del capital y colonizar la vida diaria como campo del consumismo son cuestiones cruciales para la teoría del valor.

Aún más, lo que ocurre cuando la presunción de competición perfecta deja su lugar al monopolio en general y a la competición monopolística inherente a la organización social del espacio de la circulación de capital plantea otro conjunto de problemas que tienen que ser resueltos en el marco del valor. He sugerido recientemente, siguiendo algunas formulaciones relevantes de Marx, que la aceptación convencional de la idea de una única expresión del valor debería ser remplazada por el reconocimiento de regímenes de valor distintivos según las regiones de la economía global.

La forma del valor de Marx, concluyo, no es un punto de apoyo fijo y estable sobre el que se apoya la turbulenta circulación del capital alrededor del mundo, sino una métrica inestable y constantemente cambiante, que se desplazada hacía aquí y hacia allá por el empuje de la anarquía de los mercados, por las revolucionarias transformaciones de las tecnologías y formas de organización, por el despliegue concreto de las prácticas de reproducción y, por las masivas transformaciones en las aspiraciones, necesidades y deseos de poblaciones completas expresadas en sus culturas de la vida cotidiana. Esto va mucho más allá de lo que Ricardo tenía en mente y va igualmente mucho más allá de la concepción del valor que se atribuye convencionalmente a Marx.

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*      *

Figura 2: Diagrama del framework de cambio propuesto por Harvey (2010 y otros) en su interpretación de Marx (El capital). En este marco se reconocen los elementos que plantea el autor al final del presente texto como componentes del ecosistema – o campo rizomático – en el que se genera el valor, o se generan diferentes valores. En este diagrama, concebido en otro contexto, el traductor añadió un séptimo componente que sería el de las prácticas espaciales.

#notas del traductor

[t1] A partir de esta primera mención de los trabajadores y las trabajadoras he optado por traducir workers, que carece de género, por trabajadores, – evitando a partir de aquí el “los/las” -, asumiendo que a partir de aquí trabajadores incluye también trabajadoras. He preferido no usar los sinónimos aproximados Trabajo o clase trabajadora como quizás podría haberse hecho: trabajadores/as, para mí, señala más específicamente los cuerpos e individuos frente a los más abstractos Trabajo (Labour) y clase, que sí que son usados por Marx y Harvey, aunque, en mi opinión, con matices diferentes de cuando escriben workers. | [backToText]

#notas del autor

[1] Véase “Notes on Adolph Wagner,” en Marx, K., Value: Studies by Marx (ed. A. Dragstedt), London: New Park Publications, 1976 | [backToText]í

[2] Mucho de lo que sigue deriva de Harvey, D., Marx, Capital and the Madness of Economic Reason, London, Profile Books; New York, Oxford University Press, 2017 | [backToText]

[3] Elson, D., “The Value Theory of Labour,” in Elson, D. (ed.) Value: the Representation of Labour in Capitalism, London, CSE Books, 1979; Ollman, B., Alienation, London, Cambridge University Press, 1971. | [backToText]

[4] El llamdo “fragmento sobre las máquinas” ha sido ampliamente debatido en años recientes. Véase, Carlo Vercellone, “From Formal Subsumption to General Intellect: Elements for a Marxist Reading of the Thesis of Cognitive Capitalism,” Historical Materialism15 (2007) 13–36. | [backToText]

[5] Véase la reciente revisión y colección en Bhattacharya, T., Social Reproduction Theory: Remapping Class, Recentering Oppression, London, Pluto Press, 2017. | [backToText]

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¿Por qué las empresas no contribuyen a la sociedad de acuerdo con sus capacidades económicas?(*)

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Lumpen (https://milapiz.es/viñeta/hacienda-somos-todos-vosotros)

 

Teresa Duarte

En el ámbito económico y político, y tomando fuerza tras el cambio de gobierno, existe una gran polémica en torno al impuesto de sociedades. Mientras que el actual ejecutivo aboga por un cambio de la Ley de Impuesto sobre Sociedades (LIS), inspirándose en el artículo 31 de la CE “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica” y estableciendo un tipo mínimo en torno al 15%, la CEOE sostiene que la subida “lastraría la competitividad de las empresas” [1]. Para que las y los ciudadanos de a pie nos formemos una idea informada sobre si las empresas pagan impuestos sobre sociedades de acuerdo con sus capacidades económicas, es necesario analizar cuál ha sido la evolución histórica reciente de la recaudación de este impuesto.

En marzo de 2018 el Financial Times publicó un artículo de investigación donde Rochelle Toplensky [2] mostraba que las cuotas efectivas medias del impuesto sobre los beneficios de las grandes empresas tecnológicas e industriales cayeron en los países de OCDE un 13% durante la crisis y que en el período post crisis la tendencia a la baja de las cuotas continuó, mientras que los gravámenes sobre el consumo y las rentas del trabajo aumentaron.

Veamos qué ha sucedido con la recaudación tributaria procedente del impuesto de sociedades en España desde 2000 hasta 2017.

Gráfico 1. Evolución de la recaudación del IS en millones de euros (2000-2017)

 Captura de pantalla 2018-08-20 a las 12.13.37

Fuente: AEAT, 2000-2017.

La representación gráfica de la recaudación del impuesto de sociedades nos muestra una tendencia creciente hasta el ejercicio 2007 cuando alcanzó su punto máximo ascendiendo a 45.000 millones de euros aproximadamente (véase la tabla 1). En el ejercicio 2008, la crisis financiera y económica afectó profundamente a la recaudación cayendo un 64% y manteniéndose la tendencia decreciente hasta el ejercicio 2010. A partir de 2011 y hasta 2014 su evolución fue desigual, comenzando la senda de crecimiento en el año 2015 hasta la actualidad. En 2017 la recaudación ha experimentado un leve crecimiento con respecto a ejercicios anteriores, alcanzando los 23.000 millones de euros, que supone la mitad de la recaudación máxima histórica lograda en 2007.

Tabla 1.  Recaudación del IS en millones de euros y porcentaje sobre la recaudación tributaria total

AÑO

Recaudación tributaria total (millones de euros) Recaudación tributaria sin IS (millones de euros) Recaudación IS (millones de euros)

% (IS/ Recaudación tributaria total)

2000

103.118 85.911 17.207 16,68

2001

109.308 92.093 17.215 15,74

2002

124.912 103.475 21.437

17,16

2003

130.176

108.256 21.920

16,83

2004

140.854

114.834 26.020

18,47

2005

160.705

128.210 32.495

20,22

2006

179.380

142.172 37.208

20,74

2007

200.676

155.853 44.823

22,33

2008

173.453

146.152 27.301

15,73

2009

144.023

123.835 20.188

14,02

2010

159.536

143.338 16.198

10,15

2011

161.760 145.149 16.611

10,26

2012

168.567

147.132 21.435

12,71

2013

168.847

148.902 19.945 11,81

2014

174.987

156.274 18.713

10,69

2015

182.009

161.360 20.649

11,35

2016

186.249

164.571 21.678

11,64

2017

193.951

170.808 23.143

11,93

Fuente: AEAT, 2000-2017.

En términos de porcentaje con relación a la recaudación tributaria total, el ejercicio que arroja el mayor porcentaje de recaudación procedente del impuesto sobre sociedades es también el de 2007 con un 22,3%, cayendo hasta el 10,2% en 2010.

Si analizamos la serie histórica (véase gráfico 2), llama la atención la recuperación de la recaudación total gracias al esfuerzo fiscal realizados por las familias (IRPF, IVA e impuestos especiales), llegando a alcanzar una recaudación récord en el ejercicio 2017 (línea verde), en cambio el esfuerzo fiscal de las empresas ha sido muy discreto, situándose en este último ejercicio en tan solo un 11,9% (línea morada).

Gráfico 2. Evolución de la recaudación tributaria segmentada por figuras tributarias  (2000-2017)

Captura de pantalla 2018-08-21 a las 17.34.03

Fuente: AEAT, 2000-2017.

Se podría creer que la caída y falta de recuperación de la recaudación se debe exclusivamente a los efectos de la crisis pero no es exactamente así. Hay otras razones. La primera es que, con la excusa de la crisis, se realizaron reformas para aliviar las cargas fiscales empresariales. En 2008 se iniciaron las reformas continuadas, coincidiendo con el estallido de la crisis, y suponiendo un total de 195 cambios en este impuesto. Al margen de la inseguridad jurídica que generó y la complejidad añadida, durante los años 2015, 2016 y 2017, las modificaciones legales han incidido de forma negativa en la recaudación de este impuesto.

La propia Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (2018) [3] ha puesto de relieve que la recaudación tributaria en porcentaje del PIB procedente del IS sin reformas fiscales hubiera sido significativamente mayor que la recaudación efectivamente obtenida tras las reformas llevadas a cabo por el Gobierno durante el período 2015-2017.

Tabla 2. Comparativa de la recaudación del IS con y sin reformas fiscales (2013-2017) en % PIB.

IS CON REFORMAS FISCALES (%PIB) IS SIN REFORMAS FISCALES (%PIB)
2013 1,9 1,9
2014 1,8 1,9
2015 1,9 2,4
2016 1,9 2,3
2017 2,3 2,5

  Fuente: AIReF

Gráfico 2. Representación de recaudación del IS con y sin reformas fiscales en % del PIB

Captura de pantalla 2018-08-20 a las 12.14.00

Fuente: AIReF

Los datos muestran, sin lugar a dudas, que las distintas reformas de la LIS llevadas a cabo durante el período más dramático de la crisis y post-crisis han tenido un efecto negativo sobre la recaudación tributaria, provocando que el hundimiento de dicha recaudación fuera mayor del esperado como consecuencia de crisis.

La segunda causa que explica el comportamiento de la recaudación del IS según los datos de la AEAT y que comparte De la Torre (2015) [4], es la evasión y elusión fiscal. Los grandes grupos empresariales han pasado a obtener sus beneficios en el extranjero a través de sus filiales, de tal modo que estas filiales pagan el IS en otros países (paraísos o guaridas fiscales) y cuando reparten dividendos a las matrices españolas, éstos quedan exentos en el IS. De esta forma legal y de otras no legales (a través de los precios de transferencia, por ejemplo) logran reducir significativamente sus cargas fiscales.

Mientras que el resto del sistema tributario español ha contribuido a la recuperación de la recaudación de forma constante y por tanto, su esfuerzo fiscal sostiene, fundamentalmente, el estado del bienestar español, el IS no lo ha hecho. La AEAT [5] concluye que en 2017 a pesar de la recuperación de los beneficios empresariales a niveles previos a la crisis, todavía queda muy lejos la cuantía de impuestos devengados.

Gráfico 3. Evolución de beneficios, base imponible e impuesto devengado empresarial.

Captura de pantalla 2018-08-21 a las 16.22.07

Fuente: AEAT, 2017.

La conclusión parece evidente. Mientras que el resto de los sujetos económicos han hecho un esfuerzo considerable durante la crisis y una vez que mejoró la situación económica, las empresas en general y las grandes compañías en particular, que son las que más beneficios obtienen, han reducido su contribución a las arcas públicas. Para ellas, la crisis es otra cosa diferente. El sacrificio compartido y la contribución en función de la capacidad de cada uno a mantener los bienes y servicios públicos de los que también se benefician no parece que sea asunto que les concierna. ¿Hasta cuándo?

 

Referencias

[1] http://www.expansion.com/economia/2018/07/17/5b4dca5de5fdea253f8b46b6.html

[2] https://www.cronista.com/financialtimes/Las-multinacionales-pagan-menos-impuestos-que-hace-una-decada-20180313-0009.html

[3] Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (2018): “Presentación ante la Comisión de Hacienda”. http://www.airef.es/documents/42901/768420/2018+05+09+Congreso+Memoria+y+plan+estrat%C3%A9gico+FINAL/19f7ad81-f106-48a0-9b8f-c6ce2de59803

[4] De la Torre Díaz, Francisco. (2015). “¿Hacienda somos todos?”. Editorial: Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.U, Barcelona.

[5] Agencia Tributaria (2017). “Informe Anual de Recaudación Tributaria. Año 2017”https://www.agenciatributaria.es/static_files/AEAT/Estudios/Estadisticas/Informes_Estadisticos/Informes_Anuales_de_Recaudacion_Tributaria/Ejercicio_2017/IART17.pdf

 

Nota

(*) Durante este año académico una estudiante del doble grado de ADE y Derecho, Granada Cordero Aguza, ha realizado su TFG en torno a la recaudación del impuesto de sociedades. Su resultado ha sido muy satisfactorio, sobresaliente. A raíz de este estudio surge la idea de escribir un post con carácter divulgativo en torno al IS pero cualquier responsabilidad sobre lo escrito es de la autora del post.

Comentario sobre El Estado Emprendedor de Mariana Mazzucato

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Cartelera original de la película de Charlie Chaplin de 1936 Modern Times. Fuente: DesconocidoMore or Less Bunk website, Dominio público, Enlace

David Patiño

He estado leyendo este libro, uno de los más comentados en los últimos años en el ámbito económico, y sin duda alguna su contenido merece tanta expectación. La tesis de Mazzucato es rompedora, valiente, pero a la vez coherente y documentada, lo cual lo hace de lectura imprescindible. De hecho, Mazzucato aporta ideas destacadas para armar ideológicamente a la izquierda tan huérfana de planteamientos de política económica que sus propuestas han acabado diluyéndose en el liberalismo thatcherista. La evolución de los partidos socialdemócratas les ha llevado a recetar el mismo menú de medidas liberalizadoras, tan crueles como inútiles, con la única diferencia de hacerlo con formas dulcificadas o empleando en ocasiones, expresiones de lamento al admitir su renuncia a controlar al capitalismo. Mazzucato nos enseña que las cosas son radicalmente diferentes y establece directrices para la actuación gubernamental. La fuerza de su planteamiento consiste en dar la vuelta el argumentario convencional superando la visión progresista según la cual el estado debe ser un apoyo para la iniciativa privada. En el Estado Emprendedor, el sector público se transforma en el elemento esencial que dinamiza la economía y es la verdadera fuente de la innovación tecnológica.

Mazzucato rompe en su libro con la mayoría de los estereotipos sobre la génesis de la innovación y la tecnología. En especial, acaba con la idea de que la iniciativa privada es la generadora de la innovación y el estado es una máquina burocrática y pesada que obstaculiza el desarrollo económico. La literatura económica, incluida la progresista, insta al estado a retirarse par favorecer que la iniciativa privada pueda desarrollarse. Según el pensamiento convencional, la iniciativa privada es capaz de conseguir un mayor desarrollo y por consiguiente una mayor prosperidad para todos y su capacidad para conseguirlo será mayor cuanto más libre esté de cortapisas, regulaciones e impuestos. La única función que tiene el estado, según este relato, es la de establecer las bases para que la iniciativa privada pueda desarrollar su actividad e intervenir, exclusivamente, en las situaciones en las que existan fallos de mercado que dificulten la innovación por parte de las empresas.

Frente a ese relato, la conclusión de El Estado Emprendedor es clara: el Estado lejos de ser un lastre para la innovación es su principal motor. Al contrario de lo que nos han publicitado hasta la saciedad, el Estado es el agente que asume los riesgos y el que ha dirigido el desarrollo de las principales tecnologías actuales. Los países que han desarrollado un sector público que ha asumido el papel de líder han conseguido crear las tecnologías que han revolucionado el mundo actual. Paradójicamente, EEUU que es el paladín del liberalismo, es el principal ejemplo de país poseedor de un sector público que ha sido el verdadero emprendedor, innovador y valiente, y ha desarrollado alguna de las principales tecnologías actuales, en concreto las de la información.

La condición para que se creen tecnologías innovadoras pasa por un Estado que adopte un papel activo pues la iniciativa privada no las desarrolla. El capital riesgo, en realidad, no asume riesgos. Las empresas de capital riesgo se limitan a entrar en las industrias cuando han superado las peores etapas, los famosos valles de la muerte, y esto solo es posible con el apoyo decidido y el liderazgo del estado. También se desmonta a los innovadores de garaje descritos como un mero cliché inventado, precisamente, para justificar el papel que adopta el sector privado en el proceso. La ideología del valor del accionista ha extendido la idea de que asumía el riesgo al no tener garantizado un beneficio, dando por hecho que el resto de agentes que participaban en el proceso innovador, contribuyentes y trabajadores, lo tenían garantizado. Paradójicamente, el protagonista de la innovación y del desarrollo de las industrias más productivas ha sido expulsado por la visión extendida de su falta de acierto a la hora de tomar decisiones y de invertir.

Para ilustrar su visión, Mazzucato dedica la mayor parte de su libro a describir el origen y desarrollo de los actuales sectores más dinámicos: tecnología de la información, industria farmacéutica y energías renovables. Todos ellos tienen en común el papel fundamental que ha jugado el estado en su desarrollo (o en la ausencia del mismo). Mazzucato estudia el caso de Apple, y en concreto, del iPhone y cómo todas las tecnologías que emplea fueron desarrolladas por diversas agencias gubernamentales norteamericanas. No se trata de negar el acierto de Apple para ponerlas en común, agruparlas y vender un producto que ha revolucionado el mundo con su diseño. El libro no trata de negar su acierto como empresa, sino mostrar que este producto no se habría realizado sin los desarrollos tecnológicos nacidos de la iniciativa pública. El sector público es el que apostó, de manera revolucionaria, por iniciativas que generaron las pantallas táctiles o la aplicación siri. Aunque no es únicamente Apple, empresas como Google y su famoso algoritmo se desarrollaron originalmente desde lo público que posibilitó su despegue.

Del mismo modo se analiza la industria farmacéutica en la que el sector público es el único agente que desarrolla principios activos innovadores. Por el contrario, la industria se enfoca en el desarrollo de variantes de los fármacos más populares. La experiencia de esta industria permite a Mazzucato explicar que los procesos tecnológicos no son lineales, y no pueden ser explicados únicamente desde la inversión en I+D. El comportamiento de la industria farmacéutica constituye un claro ejemplo de por qué no es así. Lo que habitualmente se contabiliza como gasto en I+D se corresponde, en su mayor parte, en variaciones comercializables de productos ya existentes y comprende gastos en marketing y comercialización, casi en su totalidad. Los procesos tecnológicos exitosos se generan en redes complejas, entramados en los que aparecen múltiples protagonistas, caracterizados generalmente, por estar liderados por el sector público, especialmente en las fases incipientes que no son nunca emprendidas por la iniciativa privadas. La innovación ocurre como parte de un proceso global, no como un proceso individual o incluso organizativo y precisa la construcción de ecosistemas colaborativos. El tipo de gobernanza empresarial lleva a las empresas a invertir desmesuradamente en desarrollos con retornos rápidos, totalmente incompatibles con el desarrollo lento y pausado de tecnologías rompedoras. Por el contrario, las agencias gubernamentales más osadas son las que desarrollan apuestas verdaderamente innovadoras y son capaces, por ejemplo, de poner en funcionamiento a empresas que no habrían tenido la demanda suficiente para desarrollar sus productos si no la hubiera creado el sector público o de crear mercados inexistentes y que no se habrían generado sin su iniciativa.

El Estado Emprendedor también analiza la revolución de la energía verde, eólica y solar, y las razones por las que ha fracasado en algunos países y ha triunfado en otros, sobre todo en Alemania y China. En esta parte aparece fugazmente alguna mención a nuestro país, como ejemplo de los pobres resultados que han generado la política errática acometida de empezar-detener que no ha sido capaz de consolidar su industria. Esta situación también se ha producido en EEUU, país que retiró subsidios a la industria eólica y recortó el presupuesto de I+D, generando un estancamiento de la industria que emigró a Europa, y en especial a Alemania. Alemania y China han optado por realizar una apuesta decidida, a corto y largo plazo, por el sector de la energía solar y eólica y actualmente son los líderes tecnológicos indiscutibles. En concreto, en el caso de China, su banco de inversiones ha regado financieramente a las empresas del sector lo que ha propiciado una verdadera revolución tecnológica en muy pocos años.

El libro termina con una reflexión sobre la distribución de la renta generada por la innovación y cómo está desequilibrada totalmente a favor de las empresas. La situación está propiciada por el desequilibrio que existe entre riesgo y beneficio en la innovación. El riesgo se ha asumido de manera colectiva mientras que los beneficios se han distribuido de manera mucho menos colectiva. Las características del proceso innovador, en el que prima la verdadera incertidumbre, unos costes hundidos inevitables y una elevada intensidad de capital hacen que el sector privado huya de este tipo de actividad. El sector innovador se ha comportado de manera similar al financiero socializando riesgos y privatizando beneficios. Ello ha permitido a empresas como Apple han sido capaces de acaparar una proporción desmesuradamente grande del valor añadido por la tecnología que están explotando. El sector público no recibe buena parte de los frutos que ha propiciado ni de manera directa ni a través del sistema fiscal, diseñado para el capitalismo industrial e incapaz de gravar a las empresas del nuevo sistema productivo. Por tanto, se produce la paradoja de que el verdadero motor de la innovación sea el sector público, que los países que han hecho una verdadera apuesta por la innovación liderada por sus agencias gubernamentales han sido los motores del desarrollo tecnológico, pero a la vez, el conjunto de ideas que constituye la sabiduría convencional dificultan su actuación hasta el extremo de haberla cesado por completo en ocasiones. El resultado es la falta de sostenibilidad de un sistema de innovación que se basa en el gobierno, pero que no permite que éste reciba un sistema de recompensas adecuado. La reducción de la capacidad del estado para recaudar impuestos y para recibir una parte adecuada de los beneficios que propicia dificulta su capacidad para asumir riesgos adicionales.

La sostenibilidad del sistema de innovación precisa del desarrollo de mecanismos que posibiliten la rentabilización del riesgo asumido por el estado y que las empresas que están beneficiándose desmesuradamente de los desarrollos tecnológicos producidos por el sector público retornen una proporción razonable de los ingresos que están obteniendo. Ello implica un cambio radical de las políticas de innovación que no pueden seguir basándose en desgravaciones fiscales al I+D. Las décadas de inversión gubernamental para crear la base científica que ha propiciado el desarrollo de las TIC no ha generado un crecimiento “equitativo”. Es necesario diseñar formas que permitan distribuir los enormes beneficios que está generando este sector. Diseñar instituciones para que todos los agentes que asumen el riesgo del proceso innovador reciban una parte equilibrada del beneficio generado y revertir un sistema actual que es generador de desigualdad. Un primer paso debería ser incrementar la transparencia de la inversión del gobierno propiciando, por ejemplo, una participación privilegiada en las patentes generadas. Los préstamos o ayudas a la innovación deberían ser devueltos, en algún grado. Mazzucato aboga por emplear un esquema similar al de los préstamos a los estudiantes en el que se devuelve una vez que la empresa haya alcanzado un umbral mínimo de ingresos. El gobierno debería mantener la propiedad de parte de las empresas a las que apoya. Los bancos de inversión no se deberían limitar a financiar las inversiones que el sector privado no financia por su aversión al riesgo sino crear oportunidades para los productores. Por ejemplo, el banco de inversión chino financió con 3000 millones de dólares el mayor proyecto de energía eólica en Argentina, que utiliza turbinas chinas. Por último, se debe asegurar que se innova en cosas que necesitamos. En definitiva, estamos ante una guía imprescindible para diseñar un programa de política económica actual desde un enfoque progresista.

Mazzucato, M. (2014), El Estado Emprendedor, Mitos del sector público frente al privado, RBA, Barcelona.

“Sí, nos podemos permitir todo lo que seamos capaces de hacer” – sobre la economía del dinero-bancario según Pettifor & Keynes


Anne Pettifor en conversación con J.M. Keynes, collage. Fuente de las imágenes: AP, https://www.annpettifor.com/ autora: Elena Moses; JMK: http://www.almamagazine.com/john-maynard-keynes-el-padre-de-la-criatura-10145

“Sí, nos podemos permitir todo lo que seamos capaces de hacer” – sobre la economía del dinero-bancario según Pettifor & Keynes

No se si sería hacia 2010 o 2012 en un momento en que la crisis pasaba en Esp por su momentos más duros, cuando me preguntaba – sentado en un bar con un colega – cómo era posible, si éramos las mismas personas, con los mismos conocimientos, incluso existiendo las mismas máquinas y equipos que hacía sólo un par de años, y por otra parte, estando allí la gente que tenía obviamente que comer, vivir, etc., cómo era posible que de pronto hubiésemos pasado de la euforia hiperactiva de la burbuja a estar en una situación en la que parecía que nada se podía hacer, en la que no había trabajo para los jóvenes y no tan jóvenes, las empresas cerraban a porrillo, no ya el futuro, sino que el presente parecía haberse clausurado…

Las explicaciones estaban ahí buscando un poco: la gente no podía o no se atrevía a gastar (aquello de la demanda agregada), las empresas habían dejado de invertir… En el caso del urbanismo y la arquitectura, mi gremio, con lo de la creación de la burbuja inmobiliaria artificiosa, – las hipotecas subprime – y su posterior explosión la cosa era más evidente. Pero ¿y lo demás? Aquello no dejaba de sorprenderme, ¿no seguimos teniendo las mismas manos y las mismas cabezas para trabajar?, ¿por qué de pronto ya no podemos seguir produciendo cosas para luego consumirlas como antes? ¿Por qué la economía no continuaba funcionando más o menos “normalmente”, aunque fuera con un 2 o un 5% menos de volumen/intensidad? Cualquiera puede vivir un 5% menos bien y no le pasa nada… me preguntaba…

Para tratar de comprender aquello estudié muchas cosas, y aprendí mucho – Marx, Harvey, Krugman, Galbraith, Varoufakis, Arrighi, Navarro, Torres, Sassen, Veblen, Lapavitsas… Felber, Bollier, Laval & Dardot, Graber… así como unas cuantas historias de la Economía… Aunque la llamada dismal science – la ciencia lúgubre o deprimente, la economía –, la heterodoxa incluso, lo del aparente poder omnímodo del capitalismo y su vocación de ocupar todos los ámbitos de la vida, no es algo que le haga a uno sentir demasiado bien (a menos, supongo, que tengas vocación de broker, empresario-de-uno-mismo o emprendedor-tiburón ultracompetitivo… – ¡que hay gente para todo!)

Y una década después de pronto me encuentro con Ann Pettifor, que enuncia, citando a Keynes, algo muy parecido a la pregunta aquella que yo me hacía: “Sí, nos podemos permitir, todo aquello que seamos capaces de hacer”. Y además, la argumentación de lo enunciado me parece del mayor interés. Y se centra en algo que diversos autores y personajes – Juan Torres, Christian Felber, Moreno Yagüe… – me habían invitado a sospechar desde hace tiempo: tiene que ver con el dinero como tecnología… Aquello de la tecnopolítica… Paso a tratar de explicarlo. Sigue leyendo “Sí, nos podemos permitir todo lo que seamos capaces de hacer” – sobre la economía del dinero-bancario según Pettifor & Keynes

Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones


Iván Illich con Paule Freire en Perú, década de 1972. Fuente: http://backpalm.blogspot.com/

Revisitando a Iván Illich: convivencialidad, tecnologías, instituciones

Publicado en LABlog 26/10/2015

José Pérez de Lama

Este medio tocayo de Lenin y casi homónimo del personaje de Tolstói es una singular figura de la segunda mitad del siglo 20 cuyas reflexiones reaparecen una y otra vez en conversaciones y textos más o menos alternativos sobre tecnologías, urbanismo y críticas a la idea de desarrollo. Según cuentan sus biógrafos, nació en 1926 en Viena, aunque su familia, de origen judío, vivía en una isla de Dalmacia (posteriormente Yugoslavia, y actualmente Croacia), adonde fue trasladado el mismo año de su nacimiento. Los avatares de la guerra europea lo llevaron a estudiar primero ciencias y después teología en Italia, y a continuación a ordenarse como sacerdote católico. Tras hacerse defensor de la feligresía portorriqueña de Nueva York y dirigir una institución en Puerto Rico, se convirtió en un severo disidente de las políticas estadounidenses en Latinoamérica, dejó la Iglesia, y estableció un centro de estudios críticos de la teoría y las políticas del desarrollo en Cuernavaca, México (CIDOC). Consecuente con su propia crítica de las instituciones, disolvió este centro a los diez años de su creación (1976), repartiendo sus recursos entre grupos y entidades locales.

El pasado verano, en un doble movimiento serendípico, tras coincidir en un almuerzo con Ada Colau y su equipo en un pequeño restaurante cerca de la plaza de San Jaume en Barcelona, me encontré en una librería con una reedición del libro de Illich, La convivencialidad, – sobre el que ahora haré unos comentarios.

El propio Illich define el libro como un manifiesto o panfleto, haciendo apología del género (Hornedo, 2014: 18). El texto es algo desordenado y quizás reiterativo, y hoy, unos 40 años después de que fuera publicado, se lee como si estuviera escrito desde un lugar extraño – comparando la alquimia con la educación, preguntándose por la utilidad social de la medicina institucionalizada, cuestionando los automóviles y la movilidad, reflexionando sobre los tiempos en los que la energía disponible para los humanos era principalmente la generada por su propio cuerpo… Aún así, o precisamente por eso, los asuntos que plantea son tremendamente actuales. Los definiría como tecnopolítica, esa palabra tan de moda, que interpreto, no como el uso de twitter, facebook, google y herramientas varias para el activismo, como se tiende a hacer últimamente, sino en un sentido más general, como es el de las políticas tecnológicas y las implicaciones políticas de las tecnologías y de su implementación.
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La demanda efectiva según Keynes (texto original, traducción anotada)


Imagen: Edición original de la General Theory of Employment, Interest and Money de J.M Keynes (1936): Fuente: http://www.peterharrington.co.uk/the-general-theory-of-employment-interest-and-money.html

Traducción y comentario de José Pérez de Lama

Mucha gente habla de Keynes, pero pocos parecen haberlo leído, en especial su obra principal, La Teoría general del empleo, el interés y el dinero. Por pura curiosidad ante una obra presuntamente tan importante, planteada como respuesta a la crisis de 1929, y que contribuyó a reformular la economía de la posguerra mundial, generadora de uno de los períodos más prósperos de la Historia (en Occidente), traté hace tiempo de leer algunas partes, sin entender casi nada. Más recientemente, la lectura de The Production of Money de Ann Pettifor, que se plantea como una reivindicación bastante didáctica del pensamiento de Keynes, me animó a volver a hacerlo. Y esta vez entendí bastante más.

Todo lo que podamos crear, nos lo podemos permitir

“What we can create, we can afford”

El libro de Pettifor me parece interesantísimo y espero poder comentarlo específicamente en próximos posts. Plantea que muy pocos comprendieron y aún menos comprenden actualmente lo que proponía Keynes: en su interpretación que en una economía en la que el dinero es creado por los bancos – economía bancaria que llama ella – “podemos permitirnos todo aquello que podamos hacer” – al parece palabras del propio Keynes. La clave estaría en la gestión del crédito según los criterios del bien general, y no su gestión en beneficio de las élites bancarias, financieras y políticas. El crédito, o dinero bancario así gestionado, debería dedicarse a inversiones que generen empleo e ingresos (para la población en su conjunto: salarios + beneficios empresariales)… Habrá que explicarlo más detalladamente… Pero el concepto keynesiano de demanda efectiva y su análisis constituyen la base de esta idea; __ que es introducida, en cuanto que elemento central de su teoría, en el capítulo tercero de la Teoría general, que me he entretenido en traducir; para comprenderla mejor en el proceso.

Llama la atención en general, la relativa oscuridad del texto de Keynes – a pesar de su fama como buen escritor. Según lo que cuenta en los primeros capítulos, trataba de dirigirse a los economistas académicos y profesionales – e hipotetiza uno que Keynes pensaría que era en ese campo donde se daba el verdadero debate sobre las políticas económicas que realmente se aplicaban – al menos en su tiempo; __ ¿una mezcla entre elitismo y pragmatismo, quizás? Y aún así este tercer capítulo dónde plantea sus principales hipótesis resulta bastante inteligible. He añadido títulos para los apartados, algunos comentarios míos (en azul) en las partes que me resultan menos claras o comprensibles – como aficionado – que espero puedan servir de ayuda a posible lectores, aficionados como yo. Igual la mejor estrategia de lectura, para aquell*s que os animéis a leerlo…, será la de saltarse los comentarios, salvo en los casos que haya algo que no se entienda del todo; y ver si en ese caso os fueran de ayuda. También incluyo algunos diagramas que he hecho para tratar de comprender mejor lo que se propone.  Finalmente, señalar que he tratado de poner el nombre original en inglés.  -al lado, entre paréntesis -, de cada término o concepto propuesto por JMK. ¡Va pues!

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The General Theory of Employment, Interest and Money. Capítulo 3. El principio de Demanda Efectiva

John Maynard Keynes (1936)

Fuente del original en inglés: https://www.marxists.org/reference/subject/economics/keynes/general-theory/ch03.htm

Sección I

Necesitamos, para empezar, algunos términos que se definirán más tarde con precisión. En un estado dado de la técnica, los recursos y los costes, el empleo por parte de un empresario (entrepreneur) de un volumen dado de trabajadores (labor) le supone dos tipos de gasto: primero, las cantidades que paga a los factores de producción (excluyendo lo que paga a otros empresarios) por los servicios que prestan, que llamaremos el coste de los factores (salarios * ) del empleo en cuestión; y segundo, las cantidades que paga a otros empresarios por lo que tiene que adquirir de éstos junto con el sacrificio en que incurre por el empleo de los equipamientos (equipments) en lugar de dejarlos en desuso, que llamaremos el coste de usuario del empleo en cuestión. [nota 1 del autor]
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Cartografiando controversias (urbanas), unas notas sobre la práctica latouriana


Imagen: Iconoclasistas, 2014, imagen del proceso de mapeo colectivo con La Tribu, radio y proyecto cultural comunitarios, Buenos Aires. Fuente: http://www.iconoclasistas.net/barrio-y-comunidad/

Cartografiando controversias (urbanas), unas notas sobre la práctica latouriana

José Pérez de Lama

* Notas un poco rápidas por necesidades docentes… pero que aún así aprovecho para compartir aquí.

Tengo algunos estudiantes (proto)investigando para sus Trabajos Fin de Grado (también en doctorado) sobre temas polémicos ciudadanos, entre otros la polémica sobre el proyecto de “rascacielos” en el puerto de Málaga. Hemos comentado sobre el método de cartografía de la controversia (mapping controversy) de Bruno Latour y colegas. Pongo unas breves notas que he repasado sobre el asunto.

Latour, originalmente en el campo de los Estudios de la Ciencias y la Tecnología (STS en inglés) planteó que el estudio de los procesos de controversia previos a la consolidación de lo que luego nos aparecen como hechos/verdades cuasi-irrefutables nos permitía entender cómo estos no era tanto verdades, hechos, matters of fact, como matters of concern (objetos de controversia podríamos decir un poco libremente), acerca de los cuales se había alcanzado un acuerdo provisional, más o menos consensuado, más o menos fruto de las relaciones de fuerzas puestas en juego para su definición (esta segunda parte quizás sea más mía que de Latour).

El espacio en que tienen lugar y en el que se resuelven (settle) estas controversias es el de una red o conjunto de redes de actores (que dan nombre a la escuela de la que Latour es miembro destacado, ANT: Actor-Network Theory, que a la vez significa hormiga…). Una red que, por mencionar sólo algunos cuestiones destacadas, 1) es más bien un espacio socio-técnico que convencionalmente político; 2) cuyos actores “no son sólo humanos o grupos de humanos sino también elementos naturales y biológicos, productos artísticos y tecnológicos, instituciones económicas y de otros tipo, artefactos científicos y técnicos, etc.” (Venturini, 2010), todo aquello que hace que las relaciones entre unos y otros y aquello que se produce, sean diferentes a como lo serían si no existieran; 3) los actores son a la vez todos aquellos que están concernidos y están afectados por la controversia y participan en ésta de diferentes modos; 4) finalmente, unas redes que no son estructuras superiores o preexistentes sino que se configuran en el despliegue de la propia controversia y/o los efectos de los objetos de ésta (Latour, 2007). Sigue leyendo Cartografiando controversias (urbanas), unas notas sobre la práctica latouriana