Archivo de la categoría: Economía

Los robber barons (según Hobsbawm) y sus – quizás – sucesores actuales

Imagen: G.W. & C.B. Colton & Co, 1882, Mapa del Atlantic & Pacific Railroad. Muestra rutas completadas, rutas en proceso y concesiones de tierras (land granst). Fuente: Wikipedia; https://en.wikipedia.org/wiki/Atlantic_and_Pacific_Railroad#/media/File:Atlantic_&_Pacific_Railroad_Map.jpg
____________

José Pérez de Lama, notas y traducción

Un pasaje de: Eric Hobsbawm, 1997 [1975], The Age of Capital (1848-1875), Abacus, Londres; (pp. 173-77).

Robber barons (barones ladrones es la traducción habitual al español), es un término usado habitualmente para denominar a los grandes capitalistas estadounidenses de la segunda mitad del siglo XIX. Este pasaje en Hobsbawm me llamó especialmente la atención en su peculiar libro (segunda entrega de la trilogía sobre la historia universal del siglo XIX). No entro demasiado a explicar mi adjetivo «peculiar». Digamos que es un libro interesante, pero irregular, y que adolece del problema casi inevitable que supone tratar de escribir una historia «universal», primero, y segundo, hacerlo desde la perspectiva de un país o una cultura concretas. El libro es muy interesante en cualquier caso; con algunas partes formidables a mi juicio, y una lectura bastante entretenida.

En cuanto a los robber barons. Hobsbawm se supone que es un historiador marxista – aunque a mi juicio en esta obra no se nota demasiado: quizás por tratar de escribir algo más «para todos los públicos». Aún así, titulándose el volumen, La Edad del Capital, por supuesto que presta atención al capitalismo y al trabajo y sus conflictos. Los robber barons fueron unos capitalistas, según se acepta generalmente, particularmente depredadores y despiadados. Lo explica un poco Hobsbawm en los párrafos a continuación. A pesar de eso, o por eso mismo, son algunos de los grandes nombres en la historia de los EEUU, — nombres que llegan con potencia hasta el presente –, en su economía, su política, sus instituciones culturales, sus universidades…

Leo estos días en la Wikipedia (en inglés) – no se acaba uno de dar cuenta de la maravilla que és – el origen del término:

“El término robber baron deriva de Raubritter (en alemán, caballeros ladrones), los señores medievales alemanes que cargaban tasas oficialmente ilegales (no autorizadas por el Sacro Imperio Romano) en los antiguos caminos que cruzaban sus tierras o tasas aún mayores a lo largo del (río) Rin.” Sigue leyendo Los robber barons (según Hobsbawm) y sus – quizás – sucesores actuales

¿Cómo afectan los sesgos psicológicos a la economía pública?

We_Can_Do_It!.jpg

Howard Miller, J (1942): We Can Do It!, cartel publicitario de Westinghouse, estrechamente relacionado con Rosie the Riveter, poster usado por  la War Production Co-ordinating CommitteeDesde una copia perteneciente al National Museum of American History, Smithsonian Institution. La modelo podría ser Geraldine Doyle (1924-2010) o Naomi Parker (1921-2018). Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Rosie_the_Riveter

David Patiño Rodríguez

Este post fue publicado originalmente en el  Blog de Fueros y Huevos del Diario Expansión el 15/10/2019

En las dos últimas décadas se ha asistido a la popularización de la Economía del Comportamiento hasta el punto de que el psicólogo Kahneman en 2002 y más recientemente, en 2017, el economista norteamericano, asesor de Obama, Richard Thaler; fueron galardonados con el premio Nobel. El enfoque se caracteriza por aplicar métodos y evidencias de otras ciencias sociales, como la sociología, la antropología y, sobre todo, la psicología. Con este instrumental ha dado explicaciones a fenómenos para los que la economía neoclásica convencional no tiene explicación o la que suministra es insatisfactoria. Su análisis se basa en el reconocimiento de que las limitaciones cognitivas de los individuos para entender la información económica y los sesgos psicológicos que poseen les llevan a adoptar frecuentemente decisiones que difícilmente pueden ser catalogadas como racionales. En general, más que contradecir a la economía neoclásica asume que las personas quebrantan sus supuestos de modo frecuente y cometen errores en su comportamiento, que pueden ser identificados. Los primeros desarrollos se basaron en el estudio de comportamientos disfuncionales como la adicción a las drogas o la obesidad, para extenderse al análisis de problemas económicos tradicionales tales como el ahorro, la inversión financiera o la oferta de trabajo. Más recientemente, se ha aplicado al estudio de las políticas económicas acuñándose la etiqueta Behavioural Public Economics, para referirse al estudio de sus efectos sobre el comportamiento y el bienestar.

La Economía del Comportamiento ha definido tres amplias categorías de sesgos psicológicos que pueden provocar comportamientos alejados de los supuestos por la economía convencional: optimización imperfecta, autocontrol limitado y preferencias no convencionales. La optimización imperfecta implica que los individuos no adoptan, necesariamente, decisiones óptimas bien porque no los identifican, porque poseen capacidades limitadas para hacer cálculos mentales o deciden empleando puntos de referencia, por ejemplo, otorgando más relevancia de la que objetivamente tienen a eventos que han tenido lugar cerca de ellos en el espacio o en el tiempo. En cuanto a las preferencias no convencionales se ha constatado que los individuos lejos de ser egoístas se preocupan por el bienestar de los demás, por tomar decisiones justas y equitativas, responden con reciprocidad a los demás, sienten empatía, son patriotas, siguen normas sociales, están influidos por el contexto social en el que se desenvuelven o, como diríamos ahora, por el relato de los acontecimientos. El autocontrol limitado se manifiesta en la discrepancia entre las intenciones de los individuos y su comportamiento efectivo. Es decir, planean comportarse de una manera determinada, pero acaban haciéndolo de otra porque procrastinan, modifican sus elecciones en función de su estado emocional o pequeñas barreras le suponen impedimentos significativos a su acción (Patiño y Gómez-García, 2019).

Las premisas de la Economía del Comportamiento pueden ser útiles para la Economía Pública. La visión convencional supone que los individuos son los mejores garantes de sus propios intereses y saben elegir qué mejorará su bienestar, pero esto no está asegurado si tienen sesgos en sus comportamientos. Si el decisor político ignora dichos sesgos puede adoptar instrumentos de política económica equivocados. Además, justifica la intervención del gobierno en el mercado en supuestos distintos a los basados en los fallos del mercado tradicionales: si mucha gente tiene sesgos cognitivos o ausencia de autocontrol los individuos pueden no liberarse por sí mismos de sus errores de decisión y el papel del gobierno no debería limitarse al de estado mínimo. Si los individuos no optimizan, incluso en mercados que funcionan bien, puede haber posibilidades para obtener ganancias de bienestar si las acciones del gobierno ayudan a que los individuos mejoren sus decisiones individuales. De cara a diseñar actuaciones públicas, es fundamental conocer estos aspectos de manera detallada pues la diferencia entre la intención de los individuos y sus acciones puede variar en función de cambios muy pequeños en el contexto de su elección (Madrian and Shia, 2001). Igualmente, la Economía del Comportamiento plantea también soluciones de política económica novedosas o determina valoraciones diferentes de las que se aplican habitualmente. Por ejemplo, cuando se producen discrepancias entre el comportamiento deseado y el efectivo puede ser necesario algún nudge (Thaler and Sunstein, 2008) que empuje a los individuos a adoptar decisiones que estén en línea con sus propios intereses, en lo que se ha denominado paternalismo libertario. No obstante, esto abre la puerta a la arbitrariedad por lo que incluir esta perspectiva en el diseño de las políticas públicas requiere evaluar, sin género de duda, el grado en el que las utilidades experimentadas por los individuos difieren de las decisiones que adoptan.

El auge de la Economía del Comportamiento ha impulsado la evaluación empírica de las políticas y la búsqueda de medidas que actúen sobre los sesgos cognitivos o los marcos mentales en los que los individuos adoptan sus decisiones que constituyan nudges efectivos para lograr los objetivos perseguidos. Especialmente se buscan intervenciones efectivas de bajo coste presupuestario. Es ya frecuente que las administraciones tributarias de numerosos países traten de elevar el cumplimiento fiscal a través de medidas que inciden en los aspectos no cognitivos que lo explican. En concreto, exploran medidas como el envío de cartas a los contribuyentes que inciden sobre distintos sesgos de su comportamiento cuantificando el grado de éxito en diferentes grupos de población. O también ha llevado a cuestionar las soluciones habituales que se han dado a los problemas tradicionales. Campbell et al. (2011), por ejemplo, han cuestionado la efectividad de la provisión de información obligatoria en presencia de externalidades si los consumidores no entienden dicha información, creen que no es relevante o no saben cómo acceder a ella o usarla. Este marco también se emplea en el diseño de impuestos o de incentivos fiscales y ha llevado a estudiar con detenimiento las opciones por defecto. Éstas, según la visión convencional, no deberían influir en las decisiones pero se ha constatado que conducen a resultados muy diferentes en ámbitos como la donación de órganos o la cantidad que los trabajadores aportan a planes de pensiones. Sesgos como la aversión a las pérdidas de los individuos o la preferencia por el statu quo explican muchas situaciones en las que se ralentizan en el tiempo la adopción de reformas o se obtienen resultados anómalos, por su inconsistencia con el comportamiento racional. Por ejemplo, el efecto del papel atrapamoscas de las finanzas locales sugiere que los fondos públicos se asignan en función al uso original que se les asignó y no en función a dónde sean más útiles o la ilusión de la deuda pública de Buchanan que hace que los individuos no la perciban como impuestos del futuro como predice la racionalidad de la equivalencia ricardiana o la tradicional ilusión fiscal que Puviani puso de relieve hace ya más de un siglo.

 

REFERENCIAS

Campbell J. Y., Jackson, H. E., Madrian, B. C. y Tufano, P (2011), “Consumer Financial Protection”, Journal of Economic Perspectives, 25(1): 91-114.

Madrian B. C. y Shea, D. F. (2001), “The Power of Suggestion: Inertia in 401(k) Participation and Saving Behavior”, Quarterly Journal of Economics, 116(4): 1149-1187.

Patiño, D. y Gómez-García, F. (2019), “Do Quasi-Hyperbolic Preferences Explain Academic Procrastination? An Empirical Evaluation”, Hacienda Pública Española, 230-(3/2019): 95-124.

Thaler, R. H. y Sunstein, C. (2008), Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness, Yale University Press, New Haven, CT.

Comentario sobre qué sería la dialéctica, según Marx y según Harvey

Imagen: Diagrama del economista K. Boulding, representando los flujos de energía y materia en relación con la economía y la biosfera [década de 1960¿?] — que representaría algunos aspectos de la visión del sistema económico como flujo metabólico permanente. Fuente: https://www.wikiwand.com/en/Kenneth_E._Boulding

José Pérez de Lama | nota introductoria y traducción

Sobre la dialéctica había leído como todo el mundo lo de la tesis, la antítesis y la síntesis, — y tengo que decir que siempre me sonaba un poco raro y artificioso, como demasiado idealista y alejado de la realidad…

El año pasado, por fin esta explicación de Harvey – y la verdad es que no tengo referencias para decir si es algo muy particular suyo o algo más general – me hizo entender mucho mejor por qué era interesante, y también, por qué era interesante precisamente para entender el Capital o la economía política de Marx. La cita es de un libro a mi juicio extraordinario, el último de Harvey, de 2017: Marx, Capital and the Madness of Economic Reason, que tras haberme leído casi todos los libros de Harvey de los últimos diez o quince años, diría que es la mejor síntesis de su propia interpretación del pensamiento económico de Marx.

Como estoy fuera de los circuitos especializados, no se bien cómo están siendo recibidas estas cosas nuevas de Harvey, aunque la verdad es que no me parece que haya demasiado debate sobre algunas de las cuestiones verdaderamente interesantes y diría que nuevas, y controversiales, que propone. La cita que sigue, sobre la dialéctica, es de uno de los capítulos más soprendentes e interesantes de este libro que menciono; el capítulo titulado, Anti-Value: The Theory of Devaluation — (Harvey, 2017, pp. 72-73; traducida por mí; con el inglés original a continuación).

______

Marx sabe muy bien, por supuesto, que «mientras que el trabajo vivo crea el valor, la circulación del capital es la que realiza el valor». La unidad entre producción y realización (*) que necesariamente prevalece es, sin embargo, una «unidad contradictoria». Y de ahí la advertencia al principio del Volumen I [del Capital]. Aunque las mercancías puedan estar enamoradas del dinero, «el camino del verdadero amor nunca resultó fácil». [La primera cita dentro de la cita «…» es de los Grundrisse, y la segunda, tan extraordinaria, del Volumen I del Capital).

Sería muy impropio de Marx el formular uno de sus conceptos clave sin que éste incorpore en su interior la posibilidad de su negación. En algunas lecturas de Marx, se atribuye mucha importancia a la influencia en su pensamiento de la ‘negación de la negación’ hegeliana. Y es cierto que no estaba en contra de «coquetear» (tal como él mismo lo expresaba) con las formulaciones de Hegel.

[Y ahora es cuando viene la explicación de la dialéctica:]

La mente burguesa, entonces como ahora, consideraba la dialéctica como un «escándalo» y una «abominación», escribió [Marx], porque la dialéctica «incluye en el entendimiento positivo de aquello que existe el reconocimiento simultáneo de su negación: su inevitable destrucción; porque reconoce que toda forma histórica es una realidad en estado de flujo, en movimiento, y, por tanto, capta también su carácter transitorio». [La cita dentro de la cita, de nuevo del Volumen I del Capital].

(*) Para los no familiarizados con la terminología quizá convenga señalar que la realización sería el nombre que Marx da a la venta en el mercado de la mercancía producida previamente.

______

[Original en inglés:]

[Marx] knows full well, of course, that ‘while living labour creates value, the circulation of capital realises value’. The unity that necessarily prevails between production and realisation is, however, a ‘contradictory unity’. Hence the warning shot at at the outset of Volume I. Commodities maybe in love with money but ‘the course of true love never did run smooth’. [This quote is from Volume I].

It would be very unlike Marx to formulate a key concept such as value without incorporating within it the possibility for its negation. In certain readings of Marx, much is made of the influence of Hegel’s ‘negation of the negation’ on his thinking. He was certainly not averse to ‘coquetting’ (as he put it) with Hegelian formulations.

The bourgeois mind, then as now, considered dialectics a ‘scandal’ and an ‘abomination’, he wrote, because dialectics ‘includes in its positive understanding of what exists a simultaneous recognition of its negation: its inevitable destruction; because it regards every historically developed form as being in fluid state, in motion, and therefore grasps its transient aspect as well’. [Quote again from Volume I].

________

#referencias

David Harvey, 2017, Marx, Capital and the Madness of Economic Reason, Profile Books, Nueva York

Esta segunda referencia a continuación es un comentario o apostilla que Harvey hace a Madness, en la que presenta una interpretación o quizás una extensión al presente de la teoría del valor de Marx que me parece sumamente atrevida y sorprendente:

David Harvey (traducción al esp), 2018, El rechazo de la teoría del valor-trabajo por parte de Marx, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/08/30/rechazo-teoria-del-valor-trabajo-marx-harvey/ Original en inglés: http://davidharvey.org/2018/03/marxs-refusal-of-the-labour-theory-of-value-by-david-harvey/

«Tecnopolíticas» más allá de Tuiter: ¿Alguien, además de las grandes corporaciones, piensa sobre políticas tecnocientíficas?

Imagen: TBL sobre el estado actual y el futuro de la Web, anunciando su propuesta de un “nuevo contrato – New Contract for the Web; tuit de la @webfoundation, 18/11/2019: https://twitter.com/webfoundation/status/1196387173961998336/
________

«Tecnopolíticas» más allá de Tuiter: ¿Alguien, además de las grandes corporaciones, piensa sobre políticas tecnocientíficas ?

José Pérez de Lama

La semana pasada, invitado por José Candón Mena, compañero de activismos digitales varios y profesor-investigador en la Universidad de Sevilla, presenté una ponencia en el congreso Move.net (https://congreso-move.net/programa-iii-congreso-move-net/) – ya en su tercera edición – sobre movimientos sociales y TICs.

Si bien los promotores del congreso, el grupo de investigación Compolíticas de la Universidad de Sevilla,  junto con otros destacados grupos de investigación en el área (Barcelona, Coímbra…), han venido usando la etiqueta de «tecnopolítica» bastante centrada en el uso de las redes sociales por parte de los movimientos sociales, mi contribución, aprovechando la amistad intelectual y de otro tipo que me une con estos colegas, es la de cuestionar este uso, considerando que pudiera contribuir a velar la relevancia mucho más general y extensa de las tecnologías en la conformación de nuestras sociedades.

El argumento lo presenté con tres proposiciones (propuestas a lectores u oyentes para su consideración según Dewey) que recojo a continuación. En el resto de la presentación, cuyo enlace para descargar se encuentra al final de este post, doy un poco de sustancia o cuerpo a las proposiciones, incluso alguna problematización.

Las tres proposiciones

1/ Tecnopolíticas y relaciones de poder

La «hipótesis tecnopolítica amplia» consiste en afirmar que aspectos de gran relevancia de las relaciones de poder que caracterizan las sociedades contemporáneas se producen por medio de los sistemas tecnológicos, (los cuales deben ser más precisamente descritos como sistemas sociotécnicos – Latour – que como puramente técnicos o tecnológicos).

Bajo una apariencia de neutralidad y de necesidad o eficiencia puramente técnicas, las tecnologías, y más específicamente las maneras en que éstas son implementadas, constituyen unas de las principales fuerzas que organizan la vida y la sociedad contemporáneas…

____

2/ Los sistemas tecnológicos como campo de crítica, conflicto y experimentación

Los sistemas tecnológicos o sociotécnicos tal como existen deberían ser objetos de estudio, pensamiento, crítica, experimentación, debate y conflicto social y político
* Ya lo son, por ejemplo, en el llamado campo de los STS (Science & Technology Studies), pero tendrían que ser considerados de manera más general…

____

3/ La necesidad de unas políticas criticas y pro-activas en el campo tecnológico

Serían necesarias unas políticas más críticas y pro-activas en estos campos: energía, datos, computación & redes, dinero-finanzas, farmacia… __ algo que quizás sólo exista actualmente y de manera algo peculiar con la reciente «moda» del Green New Deal y la llamada transición energética.

________

Enlace a la presentación

* Por supuesto, hay mucho que debatir y habría mucho más aún que desarrollar en este ámbito. La presentación (pdf) aporta más datos, pero la idea era más que nada tratar de abrir y darle algo de difusión ala problemática que se trata de plantar.

* La presentación incluye una bibliografía, que para los que me leen de vez en cuando será más o menos familiar.

Del fetichismo de la mercancía al fetichismo de la arquitectura

Imagen: Pasaje de París, hacia 1900; — Walter Benjamin escribió sobre estos pasajes en relación con el fetichismo de la mercancía. Fuente: http://passagesetgaleries.fr/histoire-des-passages/
______

Del fetichismo de la mercancía al fetichismo de la arquitectura

José Pérez de Lama / unas notas de trabajo

Si cualquier persona que quiere hacerse una casa o cualquier alcalde que quiere construir algo en su ciudad entre sus primeras preocupaciones tiene la de saber cuánto podría costarle y cómo lo financiaría, ¿cómo es posible que en los carreras de arquitectura, pero también en los libros y revistas preferidos por los arquitectos, estas cuestiones aparezcan como algo más bien secundario; o como algo de lo que se ocupa «alguien» que no se sabe del todo bien quien pueda ser, pero que no es el Arquitecto. Estoy seguro que esto parecerá bastante raro a los no-arquitectos…

*

El Proyecto Fin de Carrera presentado durante los años de la crisis en la Escuela de Arquitectura de Sevilla por el hoy arquitecto José Luis Carcela [1] abordaba este asunto. El tema propuesto por los profesores de aquel tribunal, ajenos quizás a estas cuestiones mundanas de los presupuestos y la viabilidad económico-financiera, consistía en el proyecto de una nueva Escuela de Arquitectura en Sevilla. La propuesta de Carcela, que sí era consciente de la burbuja y la pre-crisis porque tenía que ponerse a buscar encargos una vez que aprobara, fue la de dedicar el 80-90 por ciento de su trabajo al diseño de una plan económico-comercial para hacer real su proyecto; un plan que pasaba por vender el solar de la actual escuela ubicada en un lugar relativamente céntrico, montar una industria ganadera – de jamones ibéricos para más señas – en Zalamea la Real (Sierra de Huelva), su pueblo natal, con cuyos beneficios, finalmente, alquilar y acondicionar unos locales disponibles en el mercado, o quizás un barco amarrado en el muelle, — parte final del proyecto a la que dedicaba el 10 por ciento restante del trabajo. Por oposición al realismo cínico de Carcela cabría definir el «fetichismo de la arquitectura»; por analogía, obviamente, con la célebre idea del fetichismo de la mercancía propuesta por Marx.

*

En primera aproximación este fetichismo de la arquitectura podría definirse como la actitud de considerarla, la arquitectura, como un producto entre lo artístico y lo técnico, con una fuerte componente intelectual, y claramente separado de los aspectos concretos, sociales y económicas de su producción. En ocasiones la actitud puede rayar en un cierto misticismo, incluso. Sigue leyendo Del fetichismo de la mercancía al fetichismo de la arquitectura

Comentario Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización


Escena bobo con libro.

________

Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización

José Pérez de Lama, versión beta

Comentario de: Christophe Guilluy, 2019, No society. El fin de la clase media occidental, Taurus, Barcelona

Leí estos días No society, el libro de Guilluy, geógrafo (aunque también me parece sociólogo) francés que viene recibiendo una cierta atención en los medios por las tesis o hipótesis que se presentan en este volumen y en otro anterior. Éste, me ha parecido en efecto bastante interesante; aunque más en el análisis que propiamente en las conclusiones y propuestas.

El interés por Guilluy viene de lo que viene planteando para explicar el movimiento de los gilets jaunes en Francia y más en general lo que pueden llamarse populismos de derecha (Le Pen en Francia; que en este nuevo libro extiende a nuevos ámbitos: Trump en EEUU, el Brexit en RU, y algún comentario más puntual sobre Italia, Grecia, España o Cataluña).

Señalaré a continuación tres o cuatro ideas que me llamaron más la atención. Sigue leyendo Comentario Guilluy: populismos (de derechas), periferias e ideología de la metropolización

La tecnología al servicio de las administraciones tributarias

cartel_star_wars.jpg

Fuente: Cartel EEUU de ‘Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza’ https://www.ecartelera.com/peliculas/la-guerra-de-las-galaxias-episodio-4-una-nueva-esperanza/cartel/4248/

 

David Patiño Rodríguez

Este post fue publicado originalmente en el blog De Fueros y Huevos del diario Expansión el 2/7/2019

 

Los términos big data, análisis de datos, computación en la nube, app o plataformas están presente en nuestras vidas desde hace tiempo. Son frecuentes los titulares que informan sobre una aplicación de inteligencia artificial que consigue hacer alguna cosa prodigiosa. El sector de las empresas hace tiempo que percibió esas potencialidades y se ha volcado en su desarrollo. Aparentemente el sector público se ha quedado unos pasos por detrás, a pesar de que en algunos casos sólo es una apariencia. Si bien algunas administraciones se han quedado rezagadas en el uso de las tecnologías de los datos, otras han tomado la delantera y su utilización de manera intensiva es una realidad.

Las administraciones tributarias constituyen uno de los ámbitos en los que existe mayor potencialidad para hacer un uso eficiente de las tecnologías basadas en los datos. De hecho, las agencias tributarias de muchos países, entre los que destaca la española, están en la vanguardia del desarrollo de sus aplicaciones. No es casualidad dado que las agencias tributarias han gestionado millones de datos desde hace tiempo. La gestión que hacían de esa cantidad ingente de datos se basaba en los denominados datos estructurados, es decir, los que disponían de un formato determinado, basado en las hojas de cálculo, siempre desde una perspectiva de revisiones a posteriori, sobre todo en la lucha contra el fraude fiscal, basadas en costosas auditorias.

El reto que estas agencias avanzadas están asumiendo consiste en cambiar de forma radical la perspectiva para transformarse en organizaciones que adoptan sus decisiones a partir de los datos. Lo cual implica aprovechar fuentes de datos que no son exclusivamente estructuradas, es decir, la cantidad ingente de datos procedentes de correos electrónicos, acceso a páginas web, imágenes, documentos de texto, vídeos, audios, etc. Y emplear una perspectiva temporal en la relación con los usuarios o en la inspección fiscal que se basa en el tiempo real o incluso anticipando el futuro donde lo que impera es la automatización. Los ámbitos en los que se pueden aprovechar las tecnologías basados en los datos son múltiples y variados.

La lucha contra el fraude es el ámbito en el que se aprecia la utilidad de estas técnicas de manera más intuitiva y efectivamente es en el que, posiblemente, más han avanzado las agencias tributarias. La inteligencia artificial junto con la analítica de datos (data analytics) está permitiendo que las agencias tributarias puedan establecer perfiles de riesgo muy precisos aunando datos de diferentes administraciones y de fuentes externas a la administración. Con esta información se pueden trazar perfiles de individuos y empresas que permiten segmentar a los contribuyentes en grupos similares lo que permite establecer criterios para hacer predicciones sobre su comportamiento. Estos perfiles permiten automatizar los procesos de detección de fraude y los hacen de modo más rápido y mucho menos costoso. El análisis predictivo (predictic analytics) permite anticipar el comportamiento y compararlo de modo inmediato con contribuyentes similares para identificar tipos nuevos y desconocidos de fraudes con métodos que aprenden de manera automática (machine learning). Técnicas como el web scraping permiten obtener información útil de los sitios web que incluyen a los países en los que las grandes corporaciones actúan y obtienen beneficios que, en su caso, puedan ocultar o permiten complementar las bases de datos de los contribuyentes. Los análisis de redes permiten analizar y visualizar de manera intuitiva las relaciones entre personas, organizaciones, direcciones IP y otras entidades conectadas lo cual proporciona información que permite detectar redes de fraude, a menudo internacional, o prevenir que ocurran. Gestionando la cantidad ingente de datos, estructurados o no estructurados, se puede construir tendencias que se extienden hacia adelante y crear modelos detallados que detectan errores de manera inmediata. Tales modelos permiten automatizar buena parte de la actividad recaudadora y de gestión, reduciendo sus costes, pero también el de los contribuyentes.

Las tecnologías de los datos también permiten mejorar los procedimientos de búsqueda. El principal método de detección del fraude se ha basado (y en buena medida lo sigue haciendo) en auditorías que revisan, de manera retrospectiva, los registros fiscales buscando inconsistencias, errores o fraudes. Este proceso adolece de un elevado coste para las administraciones y genera rendimientos reducidos en términos de los ingresos que se recuperan. Los modelos de comportamiento a los que nos hemos referido detectan de modo automático infinidad de errores y fraudes, pero además, permiten desarrollar programas de auditorías aleatorias que posibilitan encontrar actuaciones fraudulentas que hasta hace poco eran imposibles de encontrar y que evitan los posibles sesgos que caracterizan la búsqueda del fraude en muchas ocasiones. En general, las agencias pasan de buscar una aguja en un pajar a buscar una aguja grande entre un grupo de agujas.

Buena parte del éxito que están consiguiendo algunas agencias tributarias es consecuencia del esfuerzo que han realizado para coordinarse entre sí. La OCDE aprobó en 2014 las Normas de Información Común (Common Reporting Standard) un estándar internacional para obtener y compartir datos relevantes para la imposición así como información financiera que ha propiciado que 90 países intercambien automáticamente datos, en un formato determinado, sobre residentes, activos, ingresos y otra información importante lo que permite a las agencias conocer el comportamiento de las corporaciones en el extranjero y las relaciones que se dan entre entidades que pagan impuestos en múltiples jurisdicciones. Todo ello ha permitido desarrollar bases de datos compartidas para luchar contra los paraísos fiscales o la elusión fiscal, aprovechando los múltiples acuerdos de doble imposición.

Sin embargo, la lucha contra el fraude fiscal no es la única utilidad que ofrecen las tecnologías basadas en los datos a las administraciones tributarias. También les permite mejorar la relación con los contribuyentes y ofrecerles mejores servicios que les faciliten el pago de impuestos y reduzcan la presión fiscal indirecta. Por un lado, las administraciones tributarias están transformando el pago de impuestos para que se integre en el medioambiente natural de los contribuyentes y aproveche la tecnología para facilitar los cumplimientos tributarios, permitir un acceso sencillo y fiable a sus datos, o a poder modificarlos, reducir sus costes de cumplimiento. El uso intensivo de aplicaciones multicanal para facilitar el pago de impuestos es ya una realidad, pero es posible avanzar en vías para resolver dudas de los contribuyentes, incluso en tiempo real, a través del uso, por ejemplo, de máquinas virtuales que operan de manera ininterrumpida. No obstante, se puede avanzar mucho más dado que los datos de los contribuyentes permiten entender sus motivaciones y de este modo adaptar los servicios a sus demandas y necesidades. De nuevo es posible, segmentar a los usuarios para predecir qué contribuyentes tienen más probabilidad de usar cada tipo de servicio o superar las barreras que puedan tener colectivos concretos para acceder a la información o a los servicios por su edad, niveles educativos u otras razones. Por otro lado, se puede pensar en adaptar la tributación a acontecimientos especiales que se sucedan en la vida de los contribuyentes, por ejemplo, fallecimientos o nacimientos de hijos. En definitiva, abrir la puerta a que la tributación se adapte perfectamente a las personas y sus tiempos y que grave su capacidad económica con exactitud no teniendo que aproximarla a partir de índices objetivos que deben ser simples por naturaleza.

Es verdad que este cambio de paradigma requiere que, sobre todo las empresas, deban adaptarse a nuevos requerimientos para, por ejemplo, presentar la información. Mecanismos como la factura electrónica permiten a las autoridades fiscales controlar mejor el ciclo del IVA y detectar fraudes pero exige que las empresas adopten mecanismos para emitir y recibir este tipo de facturas. Sin embargo, las empresas pueden ahorrar tiempo, eliminar errores, y mejorar y abaratar su gestión. En general, estos requerimientos pueden verse como una oportunidad para transformarse también en organizaciones que toman decisiones basadas en datos.

Por último, el potencial asociado a la tecnología de los datos puede aprovecharse para mejorar la presupuestación y las reformas fiscales. Los modelos que predicen el comportamiento de individuos y empresas pueden emplearse para hacer previsiones más precisas a nivel macro para elaborar presupuestos y anticipar los efectos de propuestas fiscales a través de simulaciones cada vez más precisas que permitan adoptar medidas de política fiscal más exitosas y transparentes.

Como vemos, las posibilidades para mejorar la gestión son sustanciales. No obstante, conseguir administraciones tributarias basadas en datos (data-driven tax administration) implica acometer cambios sustanciales que transcienden incluso a la estricta organización. Desde luego precisa de una intención política clara al más alto nivel que permitan realizar cambios importantes en el organigrama. Precisa de una importante inversión en infraestructuras, pero también para disponer del personal con la formación adecuada. Todo ello implica adoptar una visión global que permita unificar bases de datos para que, si no son confidenciales, puedan compartirse entre distintas agencias gubernamentales y evitar que los contribuyentes deban proporcionar la misma información en varias (o numerosas) ocasiones, como sufrimos con frecuencia los investigadores. Se deben adoptar cambios sustanciales en la gestión de los datos y en su recogida que generarán cambios en el modo que los contribuyentes suministran la información. Las mejoras en la gestión no son algo mágico que simplemente por conocer la utilidad que está generando en otros ámbitos permiten aplicarse de modo inmediato pero las posibilidades son inmensas y el camino se hace andando.