Virilio + Lotringer, Pure War (1983), reseña

Imagen de la guarda de la reedición de Pure War a los 25 años de la edición original, diseño de Marc Alary / Hedi El Kholti para Semiotext(e)

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Virilio + Lotringer: Pure War (1983), una reseña

Por José Pérez de Lama

Referencia completa: Paul Virilio & Silvère Lotringer, 2008, Pure War, Semiotext(e), South Pasadena

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Tal vez por la guerra en Ucrania. También por un texto al que ando dando vueltas sobre los paisajes de la violencia y el miedo, me puse a leer con seriedad este Pure War de Virilio y Lotringer, que tenía por la biblioteca, pero que hasta ahora solo me había atrevido a ojear. Los dos murieron recientemente (Virilio en 2018; Lotringer hace unos meses), y quizás también por eso sea un modesto un homenaje.

En el libro Lotringer, editor de Semitext(e) entrevista a Virilio. Se trata principalmente de las ideas de Virilio, eso creo. La primera edición de Pure War es de 1983, al final de la Guerra Fría, aún existía la URSS. Esta edición que celebraba los 25 años, incorpora varios materiales adicionales: un nuevo prólogo de Virilio; una nueva conversación (postscript) en 1997, titulada Infoguerra, y otro postscript de 2007 titulado Guerra contra las ciudades. Los cambios mundiales entre unas fechas y otras son muy significativos: disolución de la URSS, guerra del Golfo, ataque a las torres gemelas, y atentados varios en Madrid, París, Londres… guerra de Irak y guerra contra el terrorismo… Me centraré no obstante en este comentario en el texto / entrevista original de 1983 donde ya se plantean ideas e hipótesis bien intrigantes.

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La guerra precede a la economía. La principal tesis de Virilio es que la guerra precede a la economía. Para entender esto me acuerdo de Marx, que otorgaba a la economía, al menos para su tiempo, un carácter «infraestructural», que atribuía — al capitalismo industrial en cuanto modo y relaciones de producción — la condición de ser la base sobre la que se construían las sociedades y desde la que podían explicarse y entenderse. Para Virilio este papel correspondería a la guerra. Tal vez podríamos pensar que se tratase de la violencia, en otro sentido clásico, de la particular relación de los estados con la violencia (el famoso «monopolio»…). Esta es mi interpretación.

Esta idea de la «precedencia de la guerra», aunque Virilio no lo dice explícitamente, me hace pensar en la «acumulación originaria o primitiva» de Marx: los procesos de acumulación de riqueza previos al capitalismo propiamente dicho, que hicieron posible su transformación en capital para poder iniciar la circulación característica de la producción industrial a partir de los siglos XVIII y XIX. Acumulación originaria que autores como David Harvey vienen defendiendo recientemente que no es algo que ocurrió sólo en el origen del capitalismo, sino que es algo que ocurre de manera constante como condición para su continuidad — en las relaciones coloniales y poscoloniales, en la mercantilización de los bienes comunes, en la conversión en mercancía de aspectos de la vida social o cultural que no lo eran previamente…

Véase al final en las notas adicionales la cita «La guerra, la logística como el fenómeno general».

Pura guerra. Virilio escribe durante la Guerra Fría, obsesionado por la carrera nuclear y la política de la disuasión (deterrence en inglés). El armamento (nuclear) ha llegado a tener un potencial tan destructiva, de la especie, que aún no llegándose a usar, es el elemento de referencia geopolítica y social fundamental.  «La guerra» para él, esta Pure War, pura guerra, sería un estado que estaría caracterizado por «la logística», la preparación para la guerra, que para él dominaría las sociedades contemporáneas. Y sería por medio de la logística que la guerra se se convertiría en economía. Una guerra permanente, que aparenta ser paz, en la que la clase militar tendería a confundirse con las clases política y capitalista.

Otro modo de pensar. Resulta oportuno, pienso, hace un comentario sobre el estilo — o el método, tal vez — de Virilio. Cuenta a Lotringer [2008: 52-53]:

[PV] No creo en las explicaciones. Creo en la sugerencia, en la cualidad obvia de lo implícito. Siendo urbanista y arquitecto, estoy demasiado acostumbrado a construir sistemas claros, máquinas que funcionan bien. No creo en que la tarea de la escritura consista en lo mismo. No creo en el tipo de escritura «dos-más-dos-igual-a-cuatro» […]

[SL] Cuando se dice todo, nada queda. Su aproximación por contra es resueltamente telescópica. En el momento mismo en que engancha algo, lo deja ir, salta a un lado en lugar de saturar el área que ha estado tratando. Es toda una política de la escritura. No es un discurso de guerra organizado, incluso menos, un discurso sobre la guerra; es un discurso en guerra. Escribir en estado de emergencia.

[PV] Trabajo en escalones — alguna gente se ha dado cuenta. Empiezo una frase, trabajo una idea, y cuando la considero suficientemente sugerente, salto un escalón a otra idea sin preocuparme del desarrollo. Los desarrollos son los episodios. Yo intento alcanzar la tendencia. La tendencia es el cambio de nivel.

[SL] Esto es algo hasta cierto punto nuevo en el campo de la escritura teórica.

[PV] Sí, absolutamente. En L’Esthétique de la disparition tuve la revelación de la importancia de la interrupción, del accidente, de las cosas que se paran para dejar de ser productivas. Es completamente diferente de lo que Gilles Deleuze hace en Mille Plateaux, Él progresa por arrebatos, mientras que yo manejo cortes y ausencias. El hecho de parar y decir, «vayamos a otro sitio» es muy importante para mí. Lo relaciono con cosas como la huelga. Lo esencial en una huelga es la ausencia.

[SL] Cada escalón es la interrupción del trabajo teórico. Para que otra cosa pueda suceder.

[PV] Para que otra cosa pueda suceder y para que pueda aparecer un espacio. La pretensión de rodear completamente una cuestión es absurda. No se le puede dar forma. Uno no debería intentar rodear completamente una cuestión. Sólo hay perspectivas sucesivas.

Se trata de una escritura muy alejada de lo que yo llamaría analítico, de una dialéctica en el sentido clásico, de un desarrollo racional  y lógico. Al menos en estos diálogos, lo describiría más bien como un estilo poético, carismático, profético, que aún así tiene un cierto efecto de verdad», o que al menos nos produce, me produce a mí de eso no tengo duda, una mezcla de intriga e inquietud. Supongo también que es parte de su atracción un poco oscura. A la razón más o menos científica de los discursos dominantes se opone este extraño hablar, «oracular» lo he llamado en otras ocasiones. Me recordaba un amigo recientemente los discursos de los años 60-70 sobre las tensiones entre significado y significante (tema lacaniano), la lucha contra lo que Guattari creo que llamaba la «dictadura del significante» que también reconocemos con facilidad en su escritura. Y en efecto, Virilio y Guattari trabajaban en un libro conjunto cuando éste último murió.

También hay algún parecido con los planteamientos de Benjamin y Adorno. Éste último planteaba la imposibilidad de llegar a una identidad, a una perfecta homología entre el mundo de las cosas y la vida y el de las ideas o conceptos, que tienen un carácter cualitativamente diferente.

Logística. Volvamos tras este comentario sobre el estilo del pensamiento viriliano a alguna de sus «no-explicaciones» sobre la logística:

[PV] Hay tres fases en el conocimiento militar. La fase táctica es la primera, puesto que se origina con las sociedades cazadoras. La táctica es el arte de la caza. La estrategia aparece junto con la política — la política en el sentido de la polis, la ciudad griega — el estratega que gobernaba la ciudad, la organización de un teatro de operaciones con murallas y todo el sistema militar-político de la ciudad tradicional. Por supuesto, las tácticas siguen existiendo, pero ahora hay, digamos, una supremacía que se da a la soberanía sobre las tácticas que además explica el desarrollo de las élites militares, particularmente del caballero, tanto del jinete romano como del caballero medieval que lo sucedió. Hacia la década de 1870, aparece de pronto la economía de la guerra. Lo apreciamos en los presupuestos ingleses y después franceses con el desarrollo de la artillería naval y el barco de guerra. Todo esto culmina, así lo hemos visto, en la sorpresa técnica de la Primera Guerra Mundial. Finalmente, tenemos la gran sorpresa, ya no técnica sino científica, una sorpresa de otro tipo: la aparición de la bomba nuclear. Ya no es un problema cuantitativo lo que sorprende a los estamentos militares, y así a los estados: ahora es un problema cualitativo: el arma definitiva. La logística toma el poder.

[SL] ¿Qué es lo que quiere decir exactamente, en este momento, con «logística».

[PV] Logística es una palabra que la gente no entiende. Es un término que viene del Prix de Rome, logiste, «competidor», y que fue usado por Henri Jomini, el adversario teórico de Clausewitz. En su tratado sobre la guerra, Jomini tiene una largo capítulo que es el primero que aparece sobre logística, y es una indagación: ¿Qué es aquello que hace que ya no sea suficiente tener inteligencia-de-guerra — pongo mi batallón a la izquierda, cargo por la derecha, los sorprendo al amanecer, etc.? ¿Cómo es que los medios llegan a hacerse tan importantes? Jomini se da cuenta de son las guerras napoleónicas, ya guerras de masas, guerras técnicas, con artillería y el telégrafo de Chappe lo que aparece en aquellos tiempos. Entre esta ya sofisticada artillería y el telégrafo, tienes una situación — por supuesto que primitiva — pero que sin embargo representa bastante bien lo que se desarrollará más adelante en el campo audiovisual, con la artillería de largo alcance, y finalmente con los misiles. La logística ocurre en el tiempo de las guerras napoleónicas porque estas guerras sacaron a millones de hombres a las carreteras, y junto a ellos, los problemas de la subsistencia. Pero lo subsistencia no lo es todo: la logística no es solo la comida, también son las municiones y el transporte. Como dijo Abel Ferru, «El problema de las municiones corre en paralelo con el del transporte». Los camiones trayendo municiones y los proyectiles volantes trayendo muerte están emparejados en un sistema de vectores, de producción, transporte, ejecución. Ahí tenemos toda un tabla de flujos que es logística en sí misma. Para entender lo que es esta revolución logística a-nacional — Eisenhower — hay una declaración del Pentágono de 1945-50 que es extraordinaria: «La logística es el procedimiento según el cual el potencial de una nación se transfiere a sus fuerzas armadas, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra».

[SL] La revolución logística significa, en resumen, que el civil se ve discriminado frente a un tipo de cristalización de lo científico y lo militar […]

La tesis es que este dominio de la logística, que no define mucho mejor de lo que se hace en los párrafos precedentes, tal vez indirectamente en repetidas ocasiones, sería tanto lo que caracterizarían el estado de Pura Guerra, propio de la Guerra Fría, y menos de la actualidad, como el predominio de la guerra, de los militar sobre el estado, la economía, la sociedad, la ciudad…

Velocidad. Virilio propone una interesante serie en esta construcción, que sería la que relacionaría guerra-tecnologías-velocidad. La velocidad, la vitesse, es otro de los conceptos clave de Virilio. El dominio creciente de la velocidad, o más propiamente la aceleración, sería una de las manifestaciones de la guerra para Virilio. (La tecnología sería la que habilita esta velocidad creciente.) De ahí sus conocidas nociones de «dromología» y «dromoscopia». Dromología, de dromos, carrera en griega, estudio de la velocidad. Y dromoscopia, la visión de las cosas y el mundo en las condiciones actuales de aceleración permanente.

Véase al final en las notas adicionales «Sobre la tecnología».

Endocolonización. Otra idea interesante es lo que Virilio llama «endocolonización». El dominio de la guerra sobre la civilización, en particular, en la situación en que la disuasión es su aspecto fundamental,  da lugar, según Virilio, a un proceso de colonización de las poblaciones de los propios estados, una colonización interior. Como ya vimos que a Virilio no le gustan las explicaciones, tenemos que imaginar algo que por otra parte intuimos y resulta más que verosímil, la «logística» se aplica de diferentes maneras al control social de las poblaciones. El caso de Internet, que Virilio no tratará hasta los postcripts, resulta ilustrativo: su origen militar, y posteriormente sus aplicaciones dominantes relacionadas con la producción de subjetividad, el llamado capitalismo de la vigilancia y la captura de las beneficios de la cooperación social global.

Idolatría. Frente a la pretendida racionalidad que caracterizaría a las sociedades modernas, Virilio plantea que esta relación con la guerra, y el armamento nuclear en particular, donde se encuentra ciencia y guerra, se corresponden mejor con lo que solemos entender como idolatría. La ciencia en particular dejó de estar vinculada a unos fines prácticos, pasando a una situación en que ésta no reconoce ningún límite, una situación en que la finalidad de la ciencia sería la ciencia misma: la ciencia por la ciencia.

Los postscripts: 1983, 1997, 2007/8 son las fechas de los sucesivos textos recogidas en esta edición que se publica a los 25 años del primer Pure War. No comentaré sobre los comentarios posteriores, salvo decir que el ejercicio es interesante. Tratándose de tesis que algunos percibimos como de un carácter «profético» como decía, resulta curioso ver en qué cosas llevaba razón y en qué no. La actual guerra en Ucrania (2022), con la renovación de la amenaza nuclear, posiblemente da nueva relevancia al texto de 1983. El lenguaje, quizás también por los temas, que trata, más familiares, — la infoguerra, los ataques terroristas en las grandes capitales — también me resulta más comprensible.

Como cierre: considerando que en este libro lo que se  recogen son conversaciones — también en el Administration of Fear que leí hace un tiempo —  tendría sin duda que leer alguno de los textos escritos propiamente por Virilio para hacer una valoración menos parcial: Speed and Politics (1986), tal vez pueda ser una buena opción.

Vale.#

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Citas y comentarios adicionales

La guerra, la logística como el «fenómeno general» [2008: p. 20]

[SL] El fenómeno general no es la economía, es la guerra.

[PV] Llamémoslo logística, La logística es el principio de la economía de la guerra, que luego se convertirá simplemente en economía, hasta el punto de sustituir a la economía política.
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Militarización del espacio [2008: p. 18]

[SL] ¿Existe un espacio de la guerra?

[PV] El espacio militar es algo de lo que la gente no habla con demasiada frecuencia. Se encuentra en Clausewitz, pero realmente no se ha retomado desde entonces. La gente habla de la historia de la guerra, de los campos de batalla, de las muertes en la familia, pero nadie habla del espacio militar como la constitución de un espacio que tiene sus propias características. Mi trabajo se sitúa en el interior de este concepto. De pronto comprendí que la guerra era un espacio en sentido geométrico, incluso más que geométrico: cruzando Europa de norte a sur, de los refugios de las ciudades alemanas a la Línea Sigfrido, pasando por la Línea Maginot y la Muralla Atlántica, le hace a uno darse cuenta de la amplitud de la Guerra Total. Y de la misma manera se aprecia la dimensión mítica de la guerra extendiéndose no sólo a través de Europa, sino por todo el mundo. Los objetos, bunkers, refugios antiaéreos, bases submarinas, etc. son como puntos de referencia o monumentos a la naturaleza totalitaria de la guerra en el espacio y en el mito.

Comentario: Esta cita me hizo pensar en la expresión o el concepto «militarización del espacio» usado algunos años después por Mike Davis para tratar de explicar la configuración del espacio en Los Ángeles, California. Luego retomada, diría, por autores como Soja, Graham, Weizman y otros. Weizman en especial enfatiza su carácter de proyecto y de producción de un cierto mundo, que aprecio en la cita de Virilio – más que como «algo que ocurre» como uno lo había tendido a interpretar.

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Sobre la tecnología [2008: pp. 76-77]

[SL] ¿Es la tecnología, entonces, no tanto progreso como alienación?

[PV] Desde el siglo dieciocho –desde la Edad de la Ilustración, por usar la terminología bien conocida– hemos creído que la tecnología y la razón avanzaban de la mano hacia el progreso, hacia un «futuro glorioso», según se dice. No era necesario decir que encontraríamos la solución: a la enfermedad, la pobreza, la desigualdad. La encontramos, de acuerdo, pero era final, no óptima. Fue la solución del mundo terminando con una guerra nuclear, en la Guerra Total, en la exterminación y el genocidio. Entonces, mi intención es decir: No más ilusiones sobre la tecnología. No controlamos lo que producimos. Que sepamos cómo hacerlo no significa que sepamos qué estamos haciendo. Intentemos ser un poco más modestos e intentemos entender el enigma [riddle] de lo que producimos. Las invenciones, las creaciones de los científicos son enigmas que expanden el campo de lo desconocido, que expanden lo desconocido, por así decirlo. Y ahí tenemos una inversión. La inversión no es pesimista per se, es una inversión del principio. Ya no partimos de una idea positivista o negativista, partimos de una idea relativista. El problema es el siguiente: la tecnología es un enigma; así que empecemos a trabajar en el enigma y dejemos de trabajar sólo en la tecnología.
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[2008: p. 148]

[SL] La tecnología no es neutral.

[PV] No es neutral; es un continente negro.
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