Makers y plataformas de enseñanza online en la España del coronavirus: dos modelos «tecnopolíticos» diferentes


Personal de un centro sanitario en Sevilla con las viseras protectoras fabricadas por la red de makers @3dprinters_Sev. Fotografía del sitio de Facebook de Miguel A. López, 25 de marzo de 2020

Makers y plataformas de enseñanza online en la España del coronavirus: dos modelos «tecnopolíticos» diferentes de los que quizás podamos aprender

Una crónica de urgencia

José Pérez de Lama & José Sánchez-Laulhé

1/ Makers

Hace dos días, David Cuartielles, uno de los iniciadores de Arduino y profesor en la Universidad de Malmoe, informaba en Tuiter que la comunidad maker organizada en red había producido más de 350.000 viseras de protección a lo largo de las dos últimas semanas, para ser distribuidas entre sanitarios y otras personas que las puedan necesitar. Las viseras se empezaron a producir y se siguen produciendo ante la falta de equipos de protección en los centros sanitarios y las dificultades para recurrir a los canales habituales de suministro por la alta demanda global en la actual situación de pandemia.

Según nos comentan algunas personas implicadas en tareas de coordinación en esta y otras redes, los datos que ofrecía Cuartielles son los de la red coronavirusmakers.org – pero hay otras redes diferentes, menores o locales, también produciendo por su cuenta. Tendremos que confirmar si Josef Prusa – otro de los gurús del hardware libre – está incluido en estos datos, es posible que no. En su web informa que llevan producidas decenas de miles en su sede en Praga. Y en Sevilla, por ejemplo, hay gente en la red coronavirus y otros, que quizás porque fueron de los primeros en organizarse localmente, a la hora de la distribución están coordinados en otra red, en torno al perfil @3dprinters_Sev, y a 25 de marzo estaban distribuyendo mil viseras diarias. Viendo algunos cuadros publicados, como el de la red en la Sierra Sur de Córdoba (según informa la Asociación Juvenil Camaleón Rojo de Puente Genil) parece que el número de productores de las más 350.000 viseras podrían ser del orden de 20-30.000 personas (la red coronavirus estima que cuenta con 15.000 participantes – C. González, 2020). Y de momento, toda esta gente está trabajando por amor al arte, es decir, pro tratar de ayudar a los sanitarios y a quien lo necesite, de contribuir junt*s a superar la pandemia. — Nos hace pensar en el retorno de la cultura del don de las primeras décadas de Internet. También hay numerosas donaciones de materiales por parte de empresas relacionadas, o simplemente de personas que quieren ayudar.

Prusa, por ejemplo, cuenta que han pasado de plantearse el problema a tener un diseño en producción y con aprobación inicial en un plazo de tres días. Me consta que en Sevilla, el modelo minimalista e híper-eficiente de Miguel Ángel López – el que estamos haciendo nosotros, con una máquinas montadas por nosotros mismos hace ya un par de años, y que también son diseño de Miguel Ángel López –,  también testeado con sanitarios y policía local, también fue desarrollado, puesto en producción y distribuido para su uso en muy pocos días. Y en realidad hay decenas de variaciones en cuanto al diseño – a veces piensa uno que tal vez demasiadas.

Las redes de makers en contacto a nivel global están con algunos otros proyectos. Quizás el más destacado el de respiradores artificiales, en el que hay actualmente 40 equipos trabajando (Forum AIRE, 30/03/2020)– en este caso con algo más de complejidad y exigencias técnicas; para las que según entiendo se están conformado equipos con makers, investigadores universitarios, ingenieros y sanitarios, entre otros especialistas (en el enlace a coronavirusmakers.org al final se puede ver info sobre esto).

Igual que hubo una especie de revolución tecnológica bottom up con indymedia y el ciclo de la antiglobalización, y luego otra con Tuiter y Facebook y el ciclo de las plazas o las primaveras; que uno sepa, esta podría ser la primera revolución social de productores digitales de «cosas materiales». Cierto que Arduino – la placa electrónica de Cuartielles y colegas – era una especie de revolución de este tipo, pero también  es cierto que era algo para aficionados, educadores, artistas y makers… Cierto, como se ve ahora por el número de gente que hay con impresoras 3D más o menos «caseras» o «comunitarias», que el mundo de los fab labs y los makers también fue una especie de pequeña revolución — y aquí habría que señalar en Esp, en el tema de las impresoras DIY-DIWO la importancia de iniciativas como la red CloneWars y por supuesto a nivel global la red RepRap. Pero esto de que decenas de miles de personas auto-organizadas equipadas con impresoras 3D – y los conocimientos asociados, una auténtica ecología (alternativa) de las prácticas que diría Stengers – estén cuestionando las supply chains globales en una crisis de proporciones planetarias, es, creemos, una cosa muy nueva. A alguonos que llevamos en este ya un tiempo, casi desde el principio, pues no puede sino emocionarnos.

Y además e emocionarnos, nos hace pensar que tendría que ser un modelo de producción y uso del conocimiento sobre el que tendríamos que reflexionar y pensar mucho más; no ya los aficionados y más o menos frikis, sino las instituciones. Valores como los de la autonomía tecnológica, la producción local, la sostenibilidad, el conocimiento distribuido, la convivencialidad, o la resiliencia (como escribe Cesáreo González en la fuente citada) nos parece que son de gran interés. Y aunque evidentemente, en esta ocasión, el tema de las viseras es bastante limitado, sí que sería relevante tratar de pensar a partir de aquí en modelos productivos de mayor arraigo local, más sostenibles y que hagan al país menos críticamente dependientes de las supply chains globales. Una visita a las instalaciones de Prusa en Praga resultan bien inspiradoras en este sentido (ver enlace al final). Las iniciativas y propuestas teóricas de la red Fab City son también una interesante línea de trabajo — que curiosamente coinciden en gran medida con las ideas que trabaja Ann Pettifor en relación con el Green New Deal (conocimiento global y producción local, 2020).

Interferencia tal vez inoportuna: Con el mayor cariño a algunas de nuestras autoridades que sabemos que tienen interés por el asunto, en nuestro caso en Sevilla, da un poco de reparo pensar que llevemos cinco o seis años hablando de montar un fab lab público – no ya una red de fab  labs o maker spaces en todos los centros educativos o algo del estilo — y que aún no hayamos logrado montar ni uno. [nota / extensión 1]

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2/ Enseñanza virtual y vídeo-conferencias

A la misma vez que esta intempestiva irrupción de los makers en el espacio público — hasta el presidente Sánchez en sus discursos televisivos habló un día de nosotras — estamos viendo estos días un caso de signo contrario, en el que la dependencia tecnológica o directamente el colonialismo tecnológico — o a lo peor, incluso cognitivo — resultan abrumadores. Me refiero en concreto a las plataformas de enseñanza virtual que agrupan diferentes herramientas, entre otras las de vídeo-conferencias que los universitarios y quizás también los escolares se están viendo obligados a usar, la mayor parte, de manera improvisada. La vida enclaustrada se está haciendo mucho más vivible y llevadera gracias a las múltiples herramientas “telemáticas.” ¡Hasta mi madre, poco aficionada a estas cosas,  daba hoy gracias a los teléfonos! Y aprecia uno un cierto entusiasmo por todas las cosas que podemos hacer a través de las redes, una especie de rendición agradecida a la tele-vida. Y en cambio, muy poca gente preguntándose que coste o que precio tiene y tendrá que todo esto lo hagamos a través de nuestros móviles y ordenadores y dispositivos varios, con herramientas y plataformas privativas o corporativas. Uno de nosotros, por el contrario, como es algo maniático, cada vez que recibe un archivo de «guguel-docs» – muchos de las propias redes de makers – suele enfadarse y gritar sólo en casa,  ¡ésta es la otra epidemia!

Porque una cosa que hemos aprendido, al menos los que hemos querido prestar algo de atención durante las dos últimas décadas, es que la manera en que se ha conquistado el mundo digital – antes virtual – es ésta de la comodidad, la facilidad y seguro que también el cool. ¡Qué cool hacer videoconferencia con los amigos! ¡Qué guai poder escribir colaborativamente documentos y compartirlos! ¡ Qué guapo estar todo el día en Twitter viendo lo que pasa en el mundo en real time! Pero, ¡ay!, en este proceso de ir haciéndonos adictos a estas cosas más o menos maravillosas, las cuatro o cinco grandes se comieron – comprándolas a superándolas con súper-esteroides financieros – a todas las empresas pequeñas más o menos locales, los proyectos de software libre, las iniciativas públicas… y  han acabado por convertise en gateways casi ineludibles para hacer casi cualquier tipo de actividad en las redes (al menos lo son de momento).  Sistemáticamente, algunos tenemos que molestar a los buenos colegas o renunciar a participar en grupos diciéndoles que no uso «guguel-docs» o g-mail… Esos mismos también tratan de no tener tanta prisa como para dejar de ver cara a cara a los compañeros con los que trabajan, y, al revés, cada vez están más interesados en lo local y lo lento.  Y ahora estos días, lo que prefieren no usar – el «preferiría no hacerlo del bueno» de Bartleby, y esperemos no acabar como él – son las plataformas corporativas de nuestra universidad. Lo de las universidades resulta aún más doloroso que otras cosas, puesto que se supone que se dedican a producir sentido crítico, conocimiento y profesionales. ¿Cuántas escuelas de ingeniería informática y de ciencias de la educación habrá en España – una docena de escuelas de ingeniería informática, dos docenas de ciencias de la educación. ¡Y que no hayamos sido capaces de tener unas plataformas y unas herramientas de video-conferencia competitivas y públicas y made in Spain – y por qué no, también, libres. ____ ¿Que eso da igual como nos dicen en nuestra Universidad alguna vez que hemos preguntado? ¿Que no es importante? Pues a nosotros sigue sin parecernos así. Al contrario, nos parece algo decisivo. Imaginemos que habiendo una docena o una veintena de escuelas de Arquitectura en España, recurriéramos a una multinacional estadounidense o china cada vez que hubiera que hacer un edificio universitario o público importante… Sería bastante extraordinario. O lo mismo con los Ingenieros de Caminos. Dos gremios que conocemos razonablemente bien. Pero pareciera que en esto, como en tantas otras cosas, hubiéramos vuelto al tan criticado «¡Qué inventen ellos!», — aunque ahora, como siempre, tengamos por supuesto (nuevas) justificaciones; la globalización, la división global del trabajo, etc.

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3/ Conclusiones y propuestas provisionales

Una conclusión más que provisional; — o más bien propuesta sobre la que pensar, los que tengan o los que deberían hacerlo. Incluso el franquismo tuvo el CSIC para desarrollar sus políticas tecno-científicas estratégicas: obras hidráulicas, energía, agricultura, carreteras, construcción, etc. – que algunos estamos convencidos de que en buena parte contribuyeron al éxito relativo o por lo menos a la duración del régimen (Camprubí, 2017). ¿No sería ahora una buena ocasión para iniciar unas nuevas políticas y quizás unos organismos dedicados a su desarrollo en ámbitos tecno-científicos estratégicos. Algo pensamos que muy relacionado con lo que está proponiendo la economista Mariana Mazzucato (2014), por otra parte. Unos organismos diseñados – y dotados – con la clara intención de convertirse en lugares de referencia nacional, o mejor europea: en el campo del software y las redes como decíamos, en el de la energía y la transición energética-medioambiental, en el de la soberanía alimentaria, en el de la salud pública – por citar cuatro que hoy podrían contar con interés del público, y que contribuirían a reconstruir la posición y las relaciones de nuestro país en el ámbito global. Como decíamos aquí mismo no hace demasiado tiempo, países como Japón, Corea o China son buenos ejemplos de cómo un país puede pasar en unas pocas décadas de ser un lugar relativamente atrasado a uno tecno-científicamente muy avanzado: desde luego no por casualidad ni gracias exclusivamente a la mano invisible del mercado.

Un comentario más esto de la autosuficiencia y la dependencia en el mundo globalizado. En el año 2001 pudimos tener dos conversaciones con Gustavo Esteva en México, para nosotros acontecimientos memorables que aún seguimos recordando. A Esteva podríamos considerarlo como uno de los herederos de Iván Illich. En aquellos años cuando hablamos con él era además asesor y compañero del movimiento zapatista. Nos puso un ejemplo que aún recordamos y que no dejamos de relacionar con lo que ahora tratamos de proponer. Había entonces allí una polémica sobre la transformación de amplias zonas del territorio zapatista para la producción de cierta variedad de café en alianza con corporaciones globales y dirigida a los mercados globales, que aunque se prometía muy rentable, contaba con la oposición de las comunidades locales. Esteva, de acuerdo con las comunidades, decía que no se trataba de estar en contra de la globalización, de sembrar el café en este caso, pero que era muy importante  tener antes razonablemente asegurada la autosuficiencia local. Y que sólo a partir de ahí, podía pensarse en dedicar al café y con las corporaciones globales parte del territorio, — aunque siempre teniendo cuidado de que las comunidades no se hicieran dependientes de aquello. Todos creo que podemos comprender la lógica de aquel razonamiento; especialmente ahora, cuando nuestros hospitales carecen de algo tan básico como los medios de protección para los sanitarios, que por esta carencia se están contagiando masivamente.

Vivimos en un mundo complejo, no cabe duda.  Y como decía el querido sabio, «Todo lo hermoso es tan difícil como raro» — o en la versión más popular cubana-caribeña, «no es fáci’ mi amol». Así que, de momento, ojalá que pase pronto esta pandemia. Salud y aire.

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#notas

[1] Esta nota un comentario es parte de la conversación sobre el asunto surgida del proceso de escritura de este post, que dejamos aquí de momento como extensión de lo que planteamos, y para archivo:

En el caso de Sevilla, habría que poner de relieve el papel particular del Fab Lab Sevilla como iniciativa madre de muchas que vinieron después y, por tanto, de gran parte de la comunidad que tan bien está respondiendo. Algunas intentamos seguir pensando comunitariamente, con mayor o menor éxito. Por ejemplo, en 2014 desde CommonFab/Ehcofab y junto al profesor de Anatomía de la Universidad de Sevilla, Jesús Ambrosiani, presentamos un trabajo experimental vinculando la impresión 3D y la Salud. Era una solución bastante concreta: a partir de los TACs los sanitarios podían obtener reconstrucciones 3D para realizar el diseño prequirúrgico. Sin embargo, como interfaz contaban con una pantalla plana lo que limitaba la experiencia y, en ocasiones, no les daba las respuestas buscadas para preparar una intervención. Tras una serie de iteraciones, encontramos un flujo válido de impresiones 3D con tecnologías de bajo coste. En lugar de cerrar ese conocimiento pensamos que la comunidad maker que ya tenía cierta entidad en la región podía beneficiarse- y con ello, aumentar el conocimiento en torno a estas tecnologías. Con la colaboración de la empresa Secmotic conseguimos unas ayudas europeas dentro del programa FABulous para realizar una beta de la posible app/web. Sin embargo, las ayudas FABulous decidieron que las ayudas a la impresión 3D se debían enfocar a proyectos relacionados con el sector creativo y nos dejaron fuera. Y pese al apoyo de algunas personas dentro del Servicio Andaluz de Salud, cuando presentamos este proyecto tampoco se entendió que lo que presentáramos no fuera un producto acabado de una empresa sino un servicio a construir junto a ellos. Puede que parte de la falta de éxito en aquel momento fuera por ciertas carencias propias en vender nuestro proyecto. Quizá faltaron las madrinas adecuadas. O simplemente que el momento actual puede producir resultados alternativos que en aquel momento no eran plausibles. Esperamos en cualquier caso que la experiencia acumulada- inevitable incluir aquí las iniciativas por un medialab en Sevilla- permita visualizar el valor de prolongar y dar recursos a las redes creadas.

Por otro lado está el abismo entre los protocolos de la administración pública (en este caso en materia de salud) y el potencial de generar respuestas de la comunidad maker. Se deben generar unas respuestas intermedias (coyunturales) que está costando mucho construir. La casuística de los profesionales que son considerados esenciales es muy diversa y no todos necesitan material homologable. O al menos se puede jugar con permisos puntuales que no pasen por la alegalidad, e incluso la ilegalidad, de quien los asume. Ayer se hizo un encuentro entre proyectos de respiradores a nivel nacional, cuyo resumen a compartido la iniciativa AI.RE. Uno de los protocolos pedidos a los fabricantes de respiradores es que “las máquinas deberán ser fabricadas en las mismas instalaciones cada vez”. Entendiendo la lógica de las instituciones sanitarias, un mismo espacio controla la repetición de la acción respecto a un modelo validado- de ahí que ni hablar de mejoras-. La impresión 3D que no se realice en una única entidad, según este mismo protocolo, NO. Asumiendo las limitaciones de la impresión 3D, esta medida impide un control de versiones y un estudio de tolerancias que se ejerza de manera distribuido- en la época del blockchain-. Con ello también, que la producción se distribuya entre pares/comunidades. Se busca una producción controlada y, con ello, una gestión centralizada- nos quedará la duda de si más o menos relacionada a las necesidades reales. Valorando el papel de las empresas industriales en este punto, las administraciones públicas deberían encontrar las formas de combinarse con la potencia comunitaria mostrada generando foros y espacios físicos de experimentación donde se puedan encontrar makers, especialistas en procesos industriales, expertos en salud. Por ahora eso se está limitando a las grandes universidades- y sus grupos específicos de investigación-, empresas y laboratorios

#enlaces & referencias (orden alfabético)

Arduino: https://www.arduino.cc/

Fab City Global Initiative: https://fab.city/

Fab Lab network: https://fabfoundation.org/global-community/

Fab Lab Sevilla (ETS ARquitectura Universidad de Sevilla): https://fablabsevilla.us.es/

FORUM A.I.R.E. acta reunión día 30/03/2020: https://foro.coronavirusmakers.org/index.php?p=/discussion/724/20200330-resumen-de-conferencia-respiradores-con-agencia-del-medicamento/p1?new=1

Cesáreo González, 29/03/2020, Fab Lab León sobre fab labs y coronavirus, La comunidad ‘maker’ como vector de resiliencia en la pandemia del Covid-19:
https://www.ileon.com/actualidad/106633/la-comunidad-maker-como-vector-de-resiliencia-en-la-pandemia-del-covid-19

[Red] Clone Wars / RepRap: https://www.reprap.org/wiki/Proyecto_Clone_Wars

CoronvirusMakers: https://www.coronavirusmakers.org

Coronavirus-makers Sevilla – archivo con instrucciones y enlaces a archivos de impresión: https://docs.google.com/document/d/1ZGGPAnLHep-XhOIiMBEJYYkVxy3LLOOCDgDfDMIugrw/edit

[Sobre] Mariana Mazzucato y el estado emprendedor (2014) puede verse una reseña en este mismoblog: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/07/12/comentario-a-el-estado-emprendedor-de-mariana-mazzucato/

[Red global] Open Source COVID19 Medical Supplies (facebook) https://www.facebook.com/groups/opensourcecovid19medicalsupplies/

[Sobre] Ann Pettifor y el Green New Deal (2020) puede verse reseña en este mismo blog: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2020/03/14/pettifor-green-new-deal-y-finanzas-publicas/

Prusa: https://www.prusa3d.com/covid19/

Prusa, 2019, The Road to 100,000 Original Prusa 3D printers (uno de los vídeos de las instalaciones de Prusa en Praga): https://www.youtube.com/watch?v=xX3pDDi9PeU

Reprap: https://reprap.org/wiki/RepRap

Sicnova, Jaén, coordinación de diversos patrocinios, con cartografía de makers e impresoras en España: https://portal3dcovid19.es/

Smart Materials (donaciones de filamento impresión 3D a diferentes organizaciones y redes, desde Alcalá la Real, Jaén): https://www.smartmaterials3d.com/c/smart-materials-3d-contra-covid-19

#cuentas en Twitter

@dcuartielles

@3dprinters_Sev

@fablabsevilla

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