Sobre la brevedad en el hablar y el escribir (notas de Toni Morrison y Montaigne)

Imagen: La carga de la caballería roja es un cuadro del pintor Kazimir Malévich, realizado entre 1928 y 1932. Fuente: Wikipedia.

José Pérez de Lama

Desde hace un tiempo pensando sobre escribir de manera más breve y directa. Los amigos y lectores de este blog igual se sonreirán… Aquí algunas reflexiones sobre el asunto espigadas recientemente entre mis lecturas. Resulta curiosa la coincidencia en ciertas cosas de autores aparentemente tan alejados la una del otro: Toni Morrison, la escritora estadounidense afroamericana, premio Nobel, que murió recientemente; y Michel de Montaigne citando a clásicos varios.

* Sirva también de práctica de inglés al ir traducciones al español/castellano junto con mis fuentes en inglés (en azul).

________

Toni Morrison, de la entrevista en la Paris Review, de la serie The Art of Fiction (núm, 134, 1993)
https://www.theparisreview.org/interviews/1888/toni-morrison-the-art-of-fiction-no-134-toni-morrison

En Jazz (una de sus novelas), quería transmitir la sensación que transmite un músico —- que tiene más pero que no te lo va a dar. Es un ejercicio de contención, de retenerse —- no porque no esté ahí, o porque una lo haya agotado, sino por la riqueza, y porque puede hacerse otra vez. Este sentimiento de saber cuándo parar es algo aprendido y no siempre lo tuve. No fue, probablemente, hasta después de escribir Song of Solomon que llegué a sentir la suficiente seguridad como para experimentar lo que significaba ser frugal, ahorrativa, con las imágenes y las palabras y lo demás. Cuando escribía Jazz era muy consciente de que estaba tratando de fundir aquello que es planificado y artificial con la improvisación.

Me imaginaba a mí misma como el músico de jazz —- alguien que practica y practica para ser capaz de inventar y hacer que su arte parezca fácil y lleno de gracia. Siempre he sido consciente del aspecto construido del proceso de escribir, y de que el arte aparece como natural y elegante sólo como resultado de la práctica constante y del tener presente sus estructuras formales. Tienes que practicar la frugalidad para lograr esa cualidad lujosa, como de prodigalidad —- esa sensación de que tendrías de sobra para poderlo derrochar, de que te estás conteniendo —- sin estar realmente derrochando nada. No debería una sobre-gratificar, nunca debería una saciar. Siempre me ha parecido que esa peculiar sensación de hambre al final de una obra de arte —- un anhelo de más —- es verdaderamente muy, muy poderosa. Pero hay a la vez un cierto contento, al saber que en otro momento habrá en efecto más porque el artista seguirá inventando indefinidamente

With Jazz, I wanted to convey the sense that a musician conveys—that he has more but he’s not gonna give it to you. It’s an exercise in restraint, a holding back—not because it’s not there, or because one had exhausted it, but because of the riches, and because it can be done again. That sense of knowing when to stop is a learned thing and I didn’t always have it. It was probably not until after I wrote Song of Solomon that I got to feeling secure enough to experience what it meant to be thrifty with images and language and so on. I was very conscious in writing Jazz of trying to blend that which is contrived and artificial with improvisation.

I thought of myself as like the jazz musician—someone who practices and practices and practices in order to be able to invent and to make his art look effortless and graceful. I was always conscious of the constructed aspect of the writing process, and that art appears natural and elegant only as a result of constant practice and awareness of its formal structures. You must practice thrift in order to achieve that luxurious quality of wastefulness—that sense that you have enough to waste, that you are holding back—without actually wasting anything. You shouldn’t overgratify, you should never satiate. I’ve always felt that that peculiar sense of hunger at the end of a piece of art—a yearning for more—is really very, very powerful. But there is at the same time a kind of contentment, knowing that at some other time there will indeed be more because the artist is endlessly inventive.

________

Montaigne, del Sobre la educación de los niños (de la versión inglesa: Michel de Montaigne, translation M. A. Screech, 2004 (1991), The Essays: A Selection, Penguin — On educating children; contrastada con la versión online en: https://www.gutenberg.org/files/3600/3600-h/3600-h.htm#link2HCH0025

Hay en Plutarco muchos discursos largos merecedores de ser leídos y estudiados con atención, ya que es, en mi opinión, de entre todos el más grande maestro en esa clase de escritura; pero hay miles de otros discursos que sólo ha tocado y mirado por encima, en los que sólo señala con su dedo para dirigir en qué dirección podríamos ir si quisiéramos, contentándose a sí mismo dando un fresco toque en el aspecto más interesante de la cuestión, en el que tendríamos que seguir a tientas para el resto. Como, por ejemplo, cuando dice – (en el Ensayo sobre la falsa vergüenza) – que los habitantes de Asia se convirtieron en vasallos de un único señor, por no haber sido capaces de pronunciar una sílaba, la sílaba «no». Y quizás fuera este escrito suyo el que diera materia y ocasión a La Boetie para escribir su Servidumbre voluntaria. Sólo viendo como elige una sencilla acción en la vida de un hombre, o una mera palabra que no parece significar siquiera eso, es en sí mismo todo un discurso. Es para nuestro perjuicio que los hombres de entendimiento afecten sin moderación tanta brevedad; no cabe duda de que su reputación salga así beneficiada, pero para nosotros es peor. Plutarco prefirió que aplaudiéramos su buen juicio a que elogiásemos su conocimiento, y mejor dejarnos con apetito de leer más, que hartos con lo que ya hayamos leído. Sabía muy bien que un hombre puede decir demasiado incluso acerca de los mejores asuntos, y que Alexandridas justamente había reprochado a aquel que hacía buenos discursos, aunque demasiado largos, a los éforos, cuando dijo: «¡Oh forastero!, hablas de las cosas que deberías hablar, pero no como deberías hacerlo». – (Plutarco, Apotegmas de los lacedemonios) –- Aquellos que tienen cuerpos delgados y escasos se forran con ropa; así aquellos que son pobres en contenido tratan de enmendarlo con las palabras.

There are in Plutarch many long discourses very worthy to be carefully read and observed, for he is, in my opinion, of all others the greatest master in that kind of writing; but there are a thousand others which he has only touched and glanced upon, where he only points with his finger to direct us which way we may go if we will, and contents himself sometimes with giving only one brisk hit in the nicest article of the question, whence we are to grope out the rest. As, for example, where he says’—[In the Essay on False Shame.]—that the inhabitants of Asia came to be vassals to one only, for not having been able to pronounce one syllable, which is No. Which saying of his gave perhaps matter and occasion to La Boetie to write his “Voluntary Servitude.” Only to see him pick out a light action in a man’s life, or a mere word that does not seem to amount even to that, is itself a whole discourse. ‘Tis to our prejudice that men of understanding should so immoderately affect brevity; no doubt their reputation is the better by it, but in the meantime we are the worse. Plutarch had rather we should applaud his judgment than commend his knowledge, and had rather leave us with an appetite to read more, than glutted with that we have already read. He knew very well, that a man may say too much even upon the best subjects, and that Alexandridas justly reproached him who made very good. but too long speeches to the Ephori, when he said: “O stranger! thou speakest the things thou shouldst speak, but not as thou shouldst speak them.”—[Plutarch, Apothegms of the Lacedamonians.]—Such as have lean and spare bodies stuff themselves out with clothes; so they who are defective in matter endeavour to make amends with words.

____

Y además, estas dos que tenían también marcadas:

Quae veritati operam dat oratio, incomposita sit et simplex.

Que el discurso que dice la verdad sea directo y sencillo. (Séneca, Epístola moral, XL, 4, – sobre el estilo adecuado para el filósofo)

Speech devoted to truth should be straightforward and plain.

Montaigne, translation M. A. Screech, 2004 (1991), The Essays: A Selection, Penguin — On educating children, p: 67

____

Al joven se le enseñará a no entrar en discusiones o disputas salvo cuando encuentre un oponente que sea digno de luchar con él – e incluso entonces se le enseñará a no emplear todas los recursos que pudieran ayudarle sino sólo los que le ayudasen más. Enséñesele un cierto refinamiento ordenando y seleccionado sus argumentos, con atención a su relevancia y, así, a la brevedad.

The boy will be taught not to get into a discussion or a quarrel except when he finds a sparring-partner worth wrestling with – and even then not to employ all holds which might help him but merely those which help him most. Teach him a certain refinement in sorting out and selecting his arguments, with an affection for relevance and so for brevity.

Montaigne, translation M. A. Screech, 2004 (1991), The Essays: A Selection, Penguin — On educating children, p: 48

*
*      *

Un comentario sobre “Sobre la brevedad en el hablar y el escribir (notas de Toni Morrison y Montaigne)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.