Fab labs y makers: cultivar otras subjetividades


Imagen: “Stakeholders” del ecosistema de la fabricación digital colaborativa. Pérez de Lama, 2019, revisión de otro diagrama (con Alejandro González) de 2010-2013. Pinchar en la imagen para verla ampliada.

¿Por qué alguien querría hacerse fabber o maker?

José Pérez de Lama

Nota previa: Lo que sigue es un apartado de un capítulo dedicado a la fabricación digital y la economía colaborativa que publiqué recientemente en el libro “Economía colaborativa… ¿De verdad?, editado por David Patiño, Charo Gómez-Álvarez y Juan J. Plaza . Este apartado presentaba una relación de los tipos de subjetividades que estimo se cultivan en los fab labs y maker spaces y que constituyen buena parte de su interés y atractivo. Piensa uno que estos rasgos subjetivos contrastan, aunque no siempre sea así, con los rasgos actualmente dominantes del individualismo, la competitividad, el consumismo, la recepción acrítica de las tecnologías, etc. __ Aprovecho para dedicarlo a mis compañer*s del Fab Lab Sevilla y la red global. __ El artículo original está firmado con César García Sáez, de MakerSpace Madrid, con quien tuve diversas conversaciones durante su preparación, que se sumaron a las que veníamos teniendo desde hace ya bastantes años. __ En el libro el texto va acompañado de imágenes y notas que no se han incorporado aquí. JPL

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Life wastes itself while we are preparing to live. (La vida se pierde mientras nos preparamos para vivir). Ralph Waldo Emerson

Entonces, si decimos que actualmente es más barato, – y lógicamente más cómodo -, comprar un mueble en Ikea que hacérselo uno mismo en el fab lab, ¿cuál es el interés del asunto? ¿Y por qué hay gente que prefiere hacer este tipo de cosas en un fab lab en vez de comprarlas ya hechas y más baratas? Lógicamente, cada uno de los fabbers o makers tendrá sus razones, pero podemos señalar algunas de las más destacadas y comunes, aunque en cada caso particular se tratará probablemente de una trama compleja de intereses diferentes. Ocurriendo, incluso, que los diferentes intereses de unos y otros no estén necesariamente alineados.

El placer de hacer
Una de las principales razones sería la del gusto o el placer de hacer, de hacer cosas materiales, – algo que Richard Sennet, por ejemplo, estudia en su libro The Craftsman (2008). En un mundo en el que el trabajo es cada vez más abstracto y nuestro relación con lo material cada vez más artificiosa la posibilidad de hacer cosas por uno mismo, cosas concretas y físicas, de aprender a hacerlas cada vez mejor, es algo que para muchas personas constituye una fuente de placer. Este es un sentimiento que no será extraño a artistas y artesanos, arquitectos, ingenieros, hackers, bricoleurs, etc.

La autonomía
Relacionado con lo anterior, esta posibilidad de hacer por nosotros mismos, el DIY (Do It Yourself) de las décadas de 1960-70, o con otros, el cada vez más famoso DIWO (Do It With Others) nos otorga un mayor sentido de autonomía y autosuficiencia, que contrastan con la sensación de dependencia de los sistemas globales que nos resulta difícil comprender y que en ocasiones parecen ir en detrimento de una buena vida. Dado que el mundo maker y fab lab no es uno de personas apartadas del mundo en una aldea remota sino de comunidades que comparten conocimientos y visiones a escala global, esta cuestión suele enunciarse como un proyecto de autosuficiencia conectada. Esta cuestión está estrechamente relacionada con la idea de convivencialidad que introducíamos anteriormente.

La sostenibilidad y la economía local
Para algunos, esta autosuficiencia tiene también que ver, y constituye un aspecto relevante para su trabajo en los fab labs, con la sostenibilidad. Producir en los fab labs, supone reducir el consumo energético derivado del transporte, característico de los sistemas globales de producción, así como de alimentar la economía local. Fabricarte tus propias máquinas, como veremos más adelante, también supone un elemento de sostenibilidad local. Dentro de este marco estarían las actividades de reparación, reutilización y reciclaje, propias del mundo hacker, que plantean alternativas a las prácticas corporativas de la obsolescencia programada. Los planteamientos de economía circular o incluso próximos a la permacultura constituyen un tema común entre muchos de los fab labs. Conviene señalar, no obstante, que aunque ésta sea una razón de importancia para muchos de los fabbers, aún queda mucho por hacer en cuanto a los materiales generalmente usados en los procesos de fabricación digital comunitaria y personal, que en buena medida siguen siendo cuestionables tanto desde un punto de vista ecológico como por su dependencia de las cadenas globales de producción.

La necesidad de expresarse y la emoción de la invención
Volviendo a la cuestión del craftsmanship y la agencia en la construcción del propio mundo, otro elemento atractivo para muchos del trabajo en los fab labs es la posibilidad de expresarse y desarrollar la creatividad. No sólo es relevante el placer de hacer cosas por uno mismo o en colaboración con otros, sino que también está el placer de expresarse e incluso de inventar. La cuestión de la expresión tendría que ver con la creación de objetos singulares, lo que inicialmente Gershenfeld llamaba la fabricación personalizada, ya sean diseños propios, o customizaciones, moddings o bricolages varios. El tema de la invención también es relevante: muchas de las personas que llegan a los fab labs, jóvenes o mayores, son inventores o proto-inventores que allí encuentran los medios materiales y el medio humano para poder desarrollar sus inventos. Esto estaría relacionado con la cuestión del prototipado, otra de las prácticas características de los fab labs: tener a disposición los recursos necesarios permite tanto realizar múltiples iteraciones de un diseño de partida, hasta alcanzar una solución adecuada como producir piezas funcionales que sirvan como proof-of-concept y que ulteriormente pueden continuar siendo desarrolladas en marcos más profesionales o industriales.

La innovación orientada a las empresas
Casi como una de las derivaciones principales de lo anterior, muchos fabbers o makers están interesados en el uso de este tipo de equipamientos como plataforma para el desarrollo de productos innovadores, en el sentido más de moda del término, que les sirvan como palanca para introducirse en el mundo del emprendimiento o dar el salto a una gran empresa del sector, ya sea en el entorno más o menos colaborativo, ya en el convencionalmente capitalista. Esta última variante supone una situación ambigua para los defensores del conocimiento libre y las prácticas colaborativas, aunque dada la precariedad del sector resulta comprensible que sea una situación más que frecuente.

Ganarse la vida. Generación de ecosistemas colaborativos
Por otra parte, es evidente que uno de los objetivos de la comunidad fab lab es generar una economía sostenible que sea extensión y complemento de la actividad que se desarrolla en los laboratorios. En este sentido muchos fabbers crean o participan en proyectos de carácter empresarial que de una u otra manera extienden los principios de colaboración y apertura. Uno de los efectos más destacados de lo que podríamos llamar la década maker ha sido efectivamente la creación de ecosistemas productivos y de consumo en torno a las actividades cultivadas en los fab labs: empresas que desarrollan o fabrican máquinas, componentes o fungibles, servicios comerciales a particulares o a empresas, servicios educativos o comunitarios, creación de plataformas de servicios relacionados, consultoría técnica en la materia a empresas como puedan ser estudios de Arquitectura, diseño y fabricación personalizada, producción cultural y artística, desarrollo de productos, etc. – ya sea como actividad principal, o como actividad complementaria que enriquece la oferta y añade valor en diversos tipos de actividad.

Apoyo a la investigación
En laboratorios como el Fab Lab Sevilla, que forma parte de la universidad, y más en particular de la Escuela de Arquitectura, muchos de los usuarios son investigadores a quienes los medios y la experiencia del taller les facilita la fabricación rápida y económica de elementos que necesitan en sus trabajos, y que antes resultaban mucho más costosos, además de burocráticamente difíciles de adquirir. Un inventario rápido de cosas recientemente realizadas en Sevilla incluiría probetas para ensayo de materiales, artefactos para medir la deformación de estructuras arquitectónicas, dispositivos con sensores térmicos para estudios bioclimáticos, maquetas para el estudio de edificios históricos o para el apoyo a la participación ciudadana en proyectos patrimoniales y planes urbanísticos y prototipos de estructuras plegables y complejas.

Otros espacios y formas de aprendizaje
Otra cuestión que caracteriza a las personas que se acercan a los fab labs es el interés por aprender en espacios y de maneras diferentes de las habituales. Efectivamente, muchas de las personas que llegan a los fab labs lo hacen buscando la manera de aprender cosas que aún no se aprenden en espacios convencionales, como pueda ser la impresión 3D, pero sobre todo lo hacen buscando aprenderlas de una forma diferente a las de la enseñanza reglada. En nuestra experiencia, no son raros los casos de personas que no han sido capaces de adaptarse a la formación reglada y que sin embargo en el fab lab acaban siendo brillantes. Por un lado se trata de un aprender-haciendo, diferente al de las escuelas y universidades habituales, donde se suele empezar por la teoría y la práctica ocupa normalmente un papel complementario o muy reducido. En los fab labs habitualmente no hay clases teóricas sino que si alguien quiere hacer algo, pregunta por alguna persona que sepa como hacerlo, busca en Internet, se pone a hacer pruebas y debugging4… También se trata habitualmente de un aprender dirigido por el propio interesado quien, por ejemplo, necesita arreglar algo que se le ha estropeado, o hacer un escaneado que ha oído por ahí que se hace en los fab labs y no sabe bien como hacerlo, etc. Se trata de un aprendizaje entre pares; aunque haya algunos que sepan más y otros menos; los fab labs se caracterizan porque todo el mundo está aprendiendo y enseñando a la vez; alguien puede llegar nuevo sin saber nada, pero pronto estará enseñando de forma natural a otro que llegará un poco más tarde; esto resulta, además, en que los procesos de trabajo, con la mayor frecuencia, se llevan a cabo colaborativamente. La colaboración sucede también porque en los fab labs, típicamente, se encontraran personas de muy diferente formación dispuestas a intercambiar sus conocimientos. El precedente mítico de este tipo de espacios es, cómo no, el Medialab de MIT fundando en la década en 1980, pero en nuestro estado existe otro más reciente que son los hacklabs, de gran importancia en el entorno de los movimientos sociales alrededor del final de siglo.

Cultivar otro tipo de subjetividades
Aunque hayamos dicho que las jerarquías docente-discente son muy relativas en los fab labs, desde el punto de vista de sus responsables – técnicos, managers, directores… – y probablemente del de muchos de los fabbers, un importante aliciente es el de cultivar la producción de un tipo de subjetividad diferente de la convencional. Aunque ésta sea siempre una cuestión delicada, podría aventurarse que muchas de las personas que trabajan o forman parte de la comunidad fab lab, tienden a ser personas con una relación crítica y convivencial con las tecnologías, y por tanto con uno de los principales aspectos de la cultura contemporánea, que aspiran a un mayor grado de autonomía personal a la hora de resolver de manera práctica problemas técnicos, que están predispuestos a colaborar y compartir el conocimiento…

Comprender mejor el mundo actual
Cuando alguien que no es un especialista en la materia hace por primera vez una placa electrónica, aunque sea para encender un LED, – la estudia, la fresa, suelda los componentes, hace el habitual debugging, le carga el código… -, siente una satisfacción difícil de explicar. Siente, por lo menos la gente que conozco, que ese mundo del código, los algoritmos y el hardware que puede parecer mágico a los legos y que si embargo inunda nuestras vidas y que cada vez las controla más, es algo que se puede entender y en cuya producción puede uno participar convirtiéndose en un elemento más de nuestras vidas cotidianas. La sensación de que vivimos en un mundo cada vez más complejo, que se escapa de nuestro control, se modula notablemente, transformando a los fabbers de espectadores resignados y superados por los avances que nos llegan de la nube en potenciales sujetos activos y productivos de las nuevas realidades emergentes.

Participar en la vanguardia del cambio tecnológico
Una expresión recurrente, atribuida al autor de ciencia ficción William Gibson, “El futuro ya está aquí, pero está distribuido de manera desigual.” Otro atractivo para mucho de los que participan en las comunidades maker, y quizás más especialmente en los fab labs, es efectivamente la de participar del futuro, de su construcción. Más o menos todo el mundo sabe que la impresión 3D y la fabricación digital supondrá importantes cambios, pero resulta mucho más interesante participar, aunque sea en una modesta medida en la construcción de estos cambios que asistir como espectador, ya sea curioso, ya impotente. Profundizaremos un poco más en esta cuestión en breve cuando tratemos el mapa de ruta de la Fab Lab Network.

Formar parte de una comunidad, de un movimiento
Este sentirse como persona activa en la interpretación crítica y la construcción del mundo contemporáneo, se produce además, no como individuos aislados, sino como parte de una comunidad de afines, una comunidad local, la de cada fab lab o grupo de makers, y una comunidad global, la red fab lab y el movimiento maker. Frente al aislamiento y la separación tan frecuentes hoy, los fab labs y las redes asociadas, son puntos de encuentro, no ya de avatares más o menos virtuales como los que coinciden en las redes sociales, sino también de cuerpos que hacen cosas, se equivocan, se ayudan unos a otros, comparten ideas, conocimientos, proyectos y recursos. Unas comunidades que a la vez forman parte de un movimiento, y con esto una cierta dirección, visiones más o menos compartidas, un posicionamiento activo en la sociedad, etc.

Cambiar o mejorar el mundo
Finalmente, en una mezcla de casi todos las cuestiones anteriores, muchos de los y las fabbers participan del movimiento porque piensan que están contribuyendo a cambiar el mundo, no ya sólo por lo que esperan que vayan a traer las nuevas tecnologías de una manera abstracta, sino por hacerlo compartiendo, de forma colaborativa, desarrollando herramientas y procesos que nos den mayor autonomía (conectada) y puedan dar lugar a una mayor democracia económica, un sistema productivo más sostenible, una vida más rica y creativa, etc. Esta manera de cambiar-producir oros mundos me gusta describirla, de manera algo más intelectual, como un trabajo de producción biopolítica, que podría desglosarse en la producción de otras subjetividades, la creación de otras relaciones sociales y la generación de otros entornos socio-técnicos.

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#notas

[1] Referencia: Rosario Gómez-Álvarez Díaz, David Patiño Rodríguez, Juan José Plaza Angulo, 2019, Economía colaborativa… ¿de verdad?, Ediciones Laborum, Murcia; mi artículo con César García Sáez: Comentarios sobre la fabricación digital distribuida – makers y fab labs – y economía colaborativa, pp. 79-139

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