Sennett: reseña de “Building & Dwelling,” ¿una ética hacker para la ciudad?

Unas notas sobre Building and Dwelling (Construir y habitar) de Richard Sennett

José Pérez de Lama

R. Sennett, 2018, Building and Dwelling. Ethics for the City, Allen Lane Penguin

*

Completa este Construir y habitar la trilogía sobre craftsmanship y pragmatismo de Richard Sennet (previamente The Craftsman – El artesano – y Together. The Rituals, Pleasures and Politics of Cooperation). En el plan de la trilogía anunciado en el primer volumen, éste, siempre dedicado a la ciudad, iba a llamarse El extraño o El extranjero: The Stranger.

En su línea pragmatista Sennet continúa desarrollando su idea de construcción del mundo y las sociedades desde una perspectiva práctica, del hacer, aunque siempre acompañado del pensar sobre lo que se va haciendo. También de la construcción de la ciudad – material y social – como algo que se aprende practicándolo – en contraste con las teorías separadas de la realidad ya sean políticas o disciplinares.

El libro se lee con agrado e interés, aunque como los últimos de Sennett, a mi personalmente me resulta algo difuso o disperso. Sin duda está lleno de cosas muy interesantes, estupendas historias – por ejemplo, las anécdotas-reflexiones a partir de sus relaciones académico-profesionales con Jane Jacobs o Lewis Mumford, entre otros – y se reconocen algunos argumentos y preguntas centrales bien construidas, pero a veces me resulta que no acaba de abordar cuestiones críticas, en este caso sobre la producción de la ciudad, como puedan ser las relaciones de poder o las dinámicas capitalistas. Leyendo a Sennett uno pensaría que los problemas de las ciudades son más bien problemas de las prácticas, técnicos, aunque sean de técnica democrática y de convivencia, además de arquitectónico-urbanísticos y tecnológico-materiales, y no de conflictos de intereses, dominaciones y explotaciones de unos grupos sociales por parte de otros. Aún así, he aprendido mucho, y las preguntas que quedan en el aire me parecen de lo más pertinentes y actuales. Sennett, diría, puede calificarse como un liberal progresista, y seguramente haya mucho que aprender de estos planteamientos.

Quizás la cosa es que le faltan épica a drama a estos libros, o grandes certezas, como podrían ofrecer quizás los de Sassen, Harvey o Haraway, por citar algunas lecturas recientes. Pero tal vez sea ésta también parte de la aproximación a la realidad que propone Sennett… lo cual tampoco está mal.

Crooked, abierta y modesta

La introducción, como ocurre en los anteriores volúmenes, es excelente; en torno a tres términos con los que caracteriza la producción urbana que le interesa, (y a lo humano en general, entiendo): “crooked” (imperfecta, aunque literalmente signifique torcida), “abierta” y “modesta.” Se intuye fácilmente que frente a las grandes soluciones idealistas o ideológicas, defiende una mayor modestia y un carácter abierto a lo no previsto; aunque esto tendrán su matices, que ilustra, por ejemplo, con el debate entre las ideas y prácticas urbanísticas promovidas por Jacobs y Mumford.

Ville & cité

Si la idea de ciudad abierta (que incluiría en mi interpretación lo crooked-imperfecto y lo modesto) es la principal del libro, ésta se desarrolla en dos categorías, ville y cité, que otros llamarían urbs y civitas, la ciudad física de la edificación, los espacios públicos y las infraestructuras, y la ciudad en tanto que sus habitantes, formas de vida, instituciones, etc. Por un lado ambos, ville & cité se influencian mutuamente, aunque los desajustes o desfases entre ambos son lo que constituyen el argumento principal de Sennett, diría uno. Las relaciones entre una y otra no son lineales ni deterministas. En una parte bonita del libro el autor comenta el trabajo de sus tres urbanistas preferidos de mediados del siglo XIX: Hausmann (París), Cerdá (Barcelona) y Olmsted (Nueva York; Central Park) y expone cómo el urbanismo menos intencionalmente ciudadano entre éstos (en el sentido de cité y ville), el de Hausmann, dio lugar sin embargo, accidentalmente, por la manera en que los espacios fueron apropiados, a los lugares más vivos: las aceras y cafés del París decimonónico.

Ciudadanos urbanos competentes: ¿heteroglosia urbana?

Aunque el esquema no sea completamente literal, esta aproximación entre ville y cité se va alternando en el discurso de Sennett a lo largo del libro. Siguiendo con la lógica del craftsman, la propuesta más general es que ser un ciudadano o urbanita competente, habitando (y construyendo) la ciudad, se trata de algo que también tiene que ver con la práctica más que no la teoría, el saber o conocimiento encarnado (embodied knowledge), el conocimiento de los contextos y que se iría adquiriendo en el propio hacer y en el pensar sobre lo que se hace.

Los chavales en un barrio de Medellín y un vendedor en un mercadillo electrónico informal de Dehli son calificados por Sennet como street-smart, gente que sabe moverse en la calle, y se presentan como uno de los tipos o modelos de urbanitas competentes, al menos en ámbitos locales. Saben leer las señales del espacio urbano y los habitantes que son invisibles para turistas o foráneos, son capaces de interactuar con y gestionar a su favor la ambigüedad y lo imprevisible que caracterizan su mundo cotidiano.

Un interesante tema a este respecto es el que trae Sennett (p. 190): de la mano de Bakhtin y sus conceptos de lo dialógico y de heteroglosia:

Dialógica fue el término que [Bakhtin] acuñó en la década de 1930 para explicar las maneras en que el lenguaje está lleno de “contradicciones socio-ideológicas entre el presente y el pasado, entre diferentes épocas del pasado, entre diferentes grupos socio-ideológicos en el presente, entre tendencias, escuelas, círculos…”; cada voz está enmarcada por las otras voces a la vez que es consciente de ellas. A esta condición Bakhtin la llamó heteroglosia. Como la gente no es copia exacta una de otra, el habla está llena de malentendidos, ambigüedades, sugerencias no pretendidas y deseos no expresados; en términos de Kant, el lenguaje es imperfecto (crooked), particularmente entre extraños que no comparten las mismas referencias locales, el mismo conocimiento local. […]

Dialógica era una palabra complicada para alguien escribiendo en el Moscú de Stalin en los años 30, cuando la mínima señal de inconformismo ideológico podía llevar directo al gulag. La dialógica fue un desafío a esta dictadura del pensamiento en su contraste con la dialéctica, por lo menos con el razonamiento dialéctico santificado por la policía del pensamiento como materialismo dialéctico. La idea oficial sobre el lenguaje en la sociedad era que por vía del juego entre tesis y antítesis se llegaba a la síntesis que unificaba pensamiento y sentimiento; en este marco, todo el mundo está “en la misma página” – en una página que puede ser vigilada. En contraste [con la dialéctica estaliniana], las técnicas dialógicas de desplazamiento (displacement), perturbación (disruption) o inconclusión (inconclusiveness) establecen una comunidad de habla muy diferente – una en que la gente habla como vecinos en el sentido de Levinas [se conocen y respetan pero mantienen distancias y diferencias], nunca exactamente estando “en la misma página.” Una comunidad de habla que no puede ser vigilada o controlada. ___Hasta aquí la cita.

Esta actitud o capacidad de actuar en un medio dialógico, heteroglósico [?] en el que se hablan muchas “lenguas,” y en el que la ambigüedad, la diferencia y la apertura y convivencia de múltiples posibles son esenciales al medio es lo que Sennett parece defender en su idea de ciudad abierta. Lo opuesto sería un espacio sin ambigüedad, estrictamente ordenado, siempre previsible y en cierto modo terminado.

En un breve capítulo, titulado Tocqueville in Technopolis (pp.144 y sigs.), Sennet ejemplifica el caso con algunas ideas sobre la smart city. Un modelo, el dominante, sería aquel en el que todo está bajo control, en que los posibles comportamientos están codificados y teóricamente optimizados. Para Sennet este tipo de smart city tiene que ver con las interfaces user friendly y equívocamente llamadas transparentes de los smart phones; y estarían en contraste con la manera en que suelen funcionar el software o el hardware libre, que necesitan de una implicación mucho más activa y crítica de sus usuarios. El modelo alternativo que defiende Sennet sería otro en el que los datos, plataformas e infraestructuras faciliten la coordinación entre ciudadanos, la multiplicación de sus actividades y formas de vida; _ su autonomía conectada, diría uno. Sennett dedica otras páginas al GooglePlex – las oficinas de Google en Nueva York – como un ejemplo de ciudad cerrada, con una gran analogía al espacio de sus dispositivos. (Google, efectivamente, parece ser una de las bestias negras de Sennet, y eso me hace leerlo con simpatía.)

Como contrapunto a los nuevos espacios de Google, Sennett rememora el legendario Medialab de MIT (y a unos de sus directores y amigo suyo, William Mitchell, por cierto uno de mis pensadores tecnológico-urbanos preferidos nota). Las páginas que dedica al Medialab como modelo de ciudad abierta, en tanto cité & ville, son de las más sugerentes del libro para mí, a pesar de que se trate de un tema conocido. Recuerda, como el libro en general, a los escritos de Stewart Brand (1994) sobre el asunto.

Volveremos al final sobre los ciudadanos competentes. Pasemos ahora por algunas de las ideas que el autor desarrolla sobre la ville.

5 formas abiertas

Resulta que Sennett – no lo sabía – no sólo es un reputado sociólogo sino que también ha ejercido como urban planner (urbanista, cabría decir en castellano, aunque más implicado en proyectos de diseño urbano a diferentes escalas y como asesor, que desarrollando planeamiento en el sentido más convencional del término en nuestro entorno).

El ideario, o más bien la caja de herramientas de Sennett, retoma conceptos y prácticas de viejos conocidos, de Aldo van Eyck, con sus célebres micro-parques urbanos en el Amsterdam de la posguerra, a un Rossi – que creo que no se menciona explícitamente, en cuanto a la dialéctica o dialógica de permanencia y continua transformación de la ciudad, pasando por Jacobs, Mumford, Kevin Lynch o el mencionado Stewart Brand – cuyo libro sobre arquitectura se llama apropiadamente – según sus planteamientos eco-evolutivo-cibernético-vernáculos, Cómo aprenden los edificios. Y que ocurre después de que son construidos. Otros autores/situaciones recurrentes en su discurso sobre la forma urbana son las intervenciones en Medellín con el alcalde Fajardo (décadas 2000-2010) o Jan Gehl – de quien me hablan mis estudiantes y algunos compañeros, pero a quien aún no tuve ocasión de estudiar. La cosa también resuena bastante al urbanismo de Barcelona de los últimos años – se menciona el experimento de la súper-manzanas del actual Ayuntamiento – que a su vez se inspiraba en los trabajos previos de Rueda y su Agencia de Ecología Urbana.

En esta reseña me limitaré a mencionar una parte más próxima a las recetas o estrategias que propone Sennett y que describe como 5 formas abiertas – 5 formas urbanas que promoverían la ciudad (sociedad) abierta. El asunto, por cierto, de la sociedad abierta conecta directamente con Popper según lo explica el autor. Aunque sea un poco reiterativo, la ciudad abierta estaría caracterizada por lo “complejo, ambiguo , incierto,” frente a modelos excesivamente “claros, y cerrados.”

Las cinco formas que Sennett explica con ejemplos y matizaciones serían:

  • Sincronicidad, espacios/lugares como los centros tradicionales, que sirven de soporte a múltiples actividades diferentes.
  • Puntuación, espacios/lugares que están marcados por hitos reconocibles, monumentales o mundanos, que confieren un cierto orden a la experiencia urbana y sirven de referencia – esto lo situaría bastante entre Lynch y Rossi… autores característicos de mis tiempos de estudiante. Hace aquí una divertida y explicativa analogía con los signos del lenguaje escrito: signo de exclamación; punto y coma, comillas.
  • Membranas porosas; que contrastarían con las fronteras cerradas, y que evocan ciertos límites en los ecosistemas.
  • Carácter incompleto: el contenedor (shell) y la forma tipo (type form). Aquí resuenan las ideas de Rossi por un lado, y su versión pop-norteamericana de Brand, de nuevo; en el tema shell ¿quizás incluso Venturi?  La idea de shell (literalmente concha o cáscara) sugiere contenedores cuyo uso interior está poco especificado, a la vez que quizás poco acabado, haciendo, alusión a la indiferencia al uso de Rossi que posibilita la adaptación en el tiempo de los edificios, o al loose-fit y los raw spaces de Brand, entre otras cuestiones. También podría pensarse en algunos temas de Koolhaas en su Delirious. La type form, es sin duda un tema rossiano, el uso del par tipología arquitectónica / morfología urbana que se sitúa entre la repetición y la diferencia, creando identidad o quizás conectando con las culturas locales, a la vez que posibilitan una cierta variabilidad, e invitan a la adaptación-transformación en un tiempo de velocidad media. Aunque no se menciona también nos recuerda a los patterns de mediana escala de Christopher Alexander, igualmente de las décadas de 1960-70.
  • Multiplicidad; dice Sennett que una cité compleja es más una mezcla que un compuesto. No hay un único modelo para la open city… se trataría de coordinar diferentes complejidades que se transforman más que reducirlas a una único estándar de eficiencia. El autor asocia a esta cuestión el concepto de seed-planning (planificación con semillas), que compara con el crecimiento de un jardín o huerto, en el que el agricultor u hortelano, planta cosas, pero está abierto, o más aún interesado, en que crezcan de maneras que no puede prever por completo.

Podría decirse, o a mí así me lo parece, que se trata de cosas sencillas, algo viejas, e incluso ingenuas. Pero quizás esa sea también su virtud. Sennett no trata tanto de ser original, como de reunir cosas que le parecen más que razonables y que es posible compartir con gente no especialista, por ejemplo, los ciudadanos normales que van a habitar y desarrollar las ciudades a partir de las semillas plantadas por los urbanistas o promotores urbanos varios.

También me han parecido estas cinco estrategias – con algunas otras consideraciones propuestas por el autor en este mismo volumen – como un interesante manual para plantear un taller de proyectos de los que se hacen en mi Escuela, concretamente los que se dedican a la ciudad o el barrio.

¿Cosmopolitismo vs comunitarismo?

Los aspectos de corte más sociológico del libro de Sennett me resultan menos claros. Sin duda, porque si en los temas urbano-arquitectónicos me siento con gran familiaridad en los sociológicos me faltan bastantes referencias.

Aún así, me parece apreciar que de nuevo Sennett trabaja con la ambigüedad. En general aprecio un cierto escepticismo respecto de lo que podría llamarse “comunitarismo.” Su admiración y aprecio personal por Jacobs, por ejemplo, no impide que repetidamente señale las limitaciones de una aproximación en exceso “barriológica.” Desde esta perspectiva de acción y reflexión local y de escala reducida, para Sennett, es difícil acometer cambios que afecten a la sociedad en su conjunto, como puedan ser grandes intervenciones infraestructurales (una estrategia que que asocia a Mumford por oposición a Jacobs en su ilustración del asunto). Según su modelo “dialógico,” se tratará, interpreto, de combinar diferentes tipos de actuación: bottom-up, top-down, y posiblemente, middle-middle… o algo así; o micropolítica, macropolítica y mesopolítica, como leo últimamente.

El escepticismo que le atribuyo respecto del comunitarismo – en el que quizás incluiría el reciente interés por los urban commons, que cita sólo de pasada – es compatible con la multitud de referencias judías a las que recurre. Su experiencia con judío en ciudades como Chicago y en Nueva York a lo largo del siglo XX y principios del XXI supongo que tiene mucho que ver con su mirada urbana.

El título que planeaba dar al libro, The Stranger, creo que ayuda a entender esta cuestión. Sennet, según explicaba, quería dar este título a su obra sobre la ciudad, haciendo del extranjero/extraño el modelo ideal de urbanita contemporáneo. El stranger que con frecuencia es migrante, que observa con especial atención su nuevo medio, y actúa con una cierta discreción o prudencia, tratando de aprender todo el tiempo; está en casa después de un cierto tiempo, a la vez que sigue estando en un lugar que no es exactamente su casa: también lleva consigo una memoria propia a la que no renuncia o a la que no puede renunciar completamente para disolverse en la nueva sociedad.

Un ejemplo curioso, al que recurre en más de una ocasión como modelo de convivencia urbana, es el de una panadería en su barrio de Chicago (o Nueva York) a la que solía ir. Tras sucesivas encarnaciones, – negocio familiar, gran empresa automatizada -, finalmente deviene un negocio de escala media en el que diversos grupos étnicos colaboran con razonable armonía, pero sin llegar a fundirse como amigos o abstractamente iguales. A veces, estos diferentes grupos coincidían con el autor tras las jornada de trabajo en un bar próximo, donde compartían el espacio, alguna cerveza y quizás un partido de fútbol o baseball en la televisión, pero luego se separaban cada cual para volver a sus vidas privadas, presumiblemente bastante diferentes unas de otras. Como había desarrollado en el libro anterior, Together, lo que los unía principalmente era el bond of making, el lazo del hacer (juntos). En Together, sugería Sennett que con frecuencia es mucho más fácil construir un mundo en común haciendo juntos cosas concretas que discutiendo sobre principios o ideologías.

Interpreto que Sennett defiende un cierto cosmopolitismo frío [?]. Propone algunas cosas como indiferencia a la diferencia, y recuerda la máxima kantiana de no desear para otros lo que no se desea para uno mismo, – explicando algo que no sabía, que se trata de una máxima que se encuentra en diversas culturas mucho más antiguas. Pensando estos días, se me ocurría, primero, que esa máxima se puede construir en positivo, especialmente cuando alguien es más bien privilegiado: desear para los otros, lo que uno tiene o de lo que disfruta y le parece bueno – por ejemplo la educación, la vivienda, el bienestar, el poder trabajar en cosas razonablemente gratificantes, el reconocimiento…; por otro, que se trata de un lema bastante contradictorio con la actual ética capitalista de la competición y el tratar de tener más o ser más importante que los demás – la invidious comparison que ya Veblen (1899!) señalaba como uno de los motores de nuestra civilización más reciente.

También recordaba un trabajo de Jencks (1996) de hace unos años, en los que elaboraba la idea de heterópolis – en aquel caso referida a Los Ángeles (California) -, que proponía como una ciudad cuyo aspecto definidor era el de la diferencia – en múltiples aspectos: ecológicos, de grupos sociales y culturales, formas de vida, sectores económicos… -, y en la que éstas – las diferencias – eran tanto uno de los motores principales de su riqueza como motivo de disfrute y orgullo por parte de sus habitantes. La versión clásica de Aristóteles que conviene recordar de vez en cuando es que “la ciudad está hecha de hombres diferentes.”

Otro de los ejemplos de ciudad abierta y cosmopolitismo frío propuestos por Sennett es, significativamente, la Kantstrasse de Berlín donde también vivió durante algún tiempo, mientras estaba convaleciente de un infarto y tenía que andar con la ayuda de muletas. En aquella calle comercial-residencial, relativamente modesta a la vez que variada en su fábrica y sus habitantes y su actividad, podía andar y sentarse solo en un café, quizás saludarse con algún vecino y conocido de vista sin necesidad de tener que pararse a charlar – a la vez que se sentía cómodo y seguro, casi como en casa.

Sociality, creo que es el término que Sennet propone para definir esta equilibrio entre convivir y hacer juntos, y mantener una ciertas distancias, y la imposibilidad de que todos los ciudadan*s sean buenos amigos en las metrópolis superpobladas, o simplemente grandes ciudades, de la actualidad (pp. 259-261). Esta forma de sociabilidad sería la necesaria en aquellas situaciones en las que la gente tiene que vivir juntos, en la misma ciudad, y en cierto modo cooperar, a pesar de que muchos de “sus intereses no puedan ser reconciliados,” que no pueda existir un consenso general. Recuperando el ejemplo de la panadería, éste “muestra una sociabilidad contenida que permite a la gente implicarse unos con otros, disponiéndolos a trabajar bien juntos, a pesar de que esta experiencia no los una de una manera más íntima. Se sienten orgullosos de su trabajo, lo que hace que tengan respeto por los otros trabajadores.”

Siguiendo con la cita: “Sociality denomina un sentimiento de fraternidad limitada con los otros que se basa en compartir una tarea impersonal. Esta fraternidad limitada surge cuando la gente está haciendo cosas juntos, más que estando juntos […] En la cité, la sociality es un contrapunto emocional a la impersonalidad [¿la anomia?]. La sociality no aparecía en el análisis de la vida metropolitana de Simmel, porque él estaba considerando a la gente estando un público, andando por la calle, sin tener relación productiva alguna los unos con los otros. La sociality aparece cuando los extraños están haciendo algo productivo, juntos…”

Ética urbana hacker…

Un comentario final. Otras de las mejores páginas del libro son las que el autor dedica al ángel de la historia de Benjamin / Klee (trataré de dedicar un post específico a estas notas; pp. 117-120). La interpretación de Sennett del texto que Benjamin escribió en Moscú durante los primeros años pos-revolucionarios tiene que ver con el dilema entre el progreso como máquina de destrucción de lo precedente y la nostalgia del mundo que queda arrasado.

Este dilema, o quizás paradoja, sirve a Sennett para avanzar hacia la conclusión de su libro discutiendo tres formas de intervención en las ciudades existentes, las tres bajo el título de la reparación (el horizonte del cambio climático y la resiliencia como zeitgeist del presente y el futuro urbano bastante presentes en el libro). – Esta centralidad de la reparación creo que puede ponerse en diálogo con uno de los textos sobre arquitectura/urbanismo que más me ha interesado este año, Maintenance and Care (Mantenimiento y cuidado) de Shannon Mattern (ver referencias). – Las tres formas planteadas por Sennett serían: restauración, remediación y reconfiguración – la última de las cuales me sirven para conectar su ética para la ciudad con la ética hacker (pp. 287-291).

La restauración sería la conservación o recuperación de formas antiguas tratando de que sean iguales a las originales. La analogía con la cultura (urbana y más allá) es la de la nostalgia e intento de recuperación de tiempos pasados. La remediación sería su reparación, con medios y materiales contemporáneos que no se tratan de ocultar, para mantener los usos o funcionalidades más o menos originales. En el caso del cambio climático, se trataría por ejemplo de construir muros y otros dispositivos para protegerse de la subida del nivel del mar en la ciudades. La reconfiguración, finalmente, sería la reparación en la que “el hecho de que un objeto se haya roto sirve como oportunidad para hacer un objeto diferente del original, diferente en cuanto a su forma y a su función.” Ésta última alternativa, que en el caso de la ciudad se basaría en reconfigurar el mundo existente, cité y ville a partir de la recomposición de sus fragmentos es la que Sennett considera más valiosa para abordar las grandes problemáticas sociales y ecológicas del futuro inmediato. A mí, esta idea de tomar los fragmentos de todo tipo de las ciudades rotas para reconfigurarlas, recomponerlas, de una manera nueva, – al estilo de las metamorfosis latinas -, me hizo pensar en lo que desde hace años, – Himanen, 2002, por ejemplo, lo contaba bien -, se viene llamando ética y práctica hacker. Al fin y al cabo, unas éticas y prácticas primas-hermanas del Pragmatismo.#

#principales_referencias

Stewart Brand, 2018, Pace Layering: How Complex Systems Learn and Keep Learning, en: https://jods.mitpress.mit.edu/pub/issue3-brand

____, 1994, How Buildings Learn. What Happens After They’re Built, Penguin Nueva York

Jane Jacobs, 1961, The Death and Life of Great American Cities

Charles Jencks, 1996, Hetero-architecture and the Los Angeles School, en: Allen Scott & Edward Soja [editores], 1996, The City. Los Angeles and Urban Theory at the End of the Twentieth Century,University of California Berkeley, Los Angeles

Shannon Mattern, 2018, Maintenance and Care. A working guide to the repair of rust, dust, cracks, and corrupted code in our cities, our homes, and our social relations, en: https://placesjournal.org/article/maintenance-and-care/

Mitchell, 2003, Me++. The Cyborg Self and the Networked City, The MIT Press, Cambridge

Lewis Mumford, 2012 (edición original de 1934), Technics & Civilization, University of Chicago Press, Chicago …

Aldo Rossi, 1966, La arquitectura de la ciudad

Richard Sennett, 2018, Building and Dwelling. Ethics for the City, Allen Lane Penguin, Londres

____, 2013, Together. The Rituals, Pleasures & Politics of Cooperation, Penguin, Londres

____, 2008, The Craftsman, Penguin, Londres

Reseña del Craftsman en este mismo blog, José Pérez de Lama, 2018, Sobre el oficio y el hacer-pensar, “The Craftsman” de Richard Sennett, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2018/11/11/the-craftsman-sennet/

Pekka Himanen, (prólogo de Linus Torvalds; epílogo de Manuel Castells), 2002, La ética del hacker y el espíritu de la era de la información, Destino, Barcelona

Thorstein Veblen, 1994 (edición original de 1899) The Theory of the Leisure Class, Penguin, Londres

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