Sobre el oficio y el hacer-pensar, “The Craftsman” de Richard Sennett

Imagen: Matthias Pliessnig, actual, banco paramétrico de madera conformada. Fuente: http://www.matthias-studio.com/

Sobre el Craftsman de Richard Sennett

José Pérez de Lama

Mi amigo – y bastante maestro – FJ me recomendaba hace un tiempo leer a Sennett con mayor atención. En particular la trilogía que empieza con el Craftsman, sigue con Together y se cierra con Building and Dwelling – que se acaba de traducir recientemente al esp.
Me puse pues este verano a releer con cierto detenimiento el Craftsman. Luego me enredé con otras cosas y ahora escribo estas notas de memoria.

La primera vez lo leí “porque tocaba,” para estar al día, un poco deprisa, y desde la perspectiva de los makers y fabbers (los que animan y usan los fab labs) porque era en aquel entorno donde se estaba comentando. Me pareció interesante y sugerente pero algo vago (en el sentido de poco concreto). Esta segunda vez, ya no lo hice desde el prejuicio o perspectiva maker, sino desde una perspectiva más general. Y he descubierto muchas cosas interesantes.

Aunque breve, no es un libro fácil de resumir. Desarrolla varios hilos más o menos entretejidos, y no ofrece conclusiones demasiado claras. Aunque creo que entendí que eso es parte de la forma de pensar del autor, pragmatista (filosófico) según se reclama a sí mismo el autor. Según esta perspectiva, las verdades, al menos respecto de lo humano y lo social, son más bien precarias, se construyen socialmente, – en el diálogo entre los expertos y afectados – por ejemplo, cuando aparecen nuevos hechos de los que no pueden dar cuenta, cuando emergen nuevos afectados…

Pandora (y Hefesto): el potencial destructivo de lo tecno-científico

El primer tema que plantea Sennett en The Craftsman es lo que podríamos llamar el dilema o la dualidad Pandora-Hefesto de las tecnologías y las ciencias. Tremendamente actual en mi opinión en los escenarios digitales de control, robotización-automatización, inteligencia artificial, etc. Esto lo desarrolla principalmente en la introducción y en el capítulo final. Una de sus referencias es Hanna Arendt, que fue su profesora hacia los 60, y con respecto de la cual marca algunas diferencias. Pandora representaría el poder de destrucción de las ciencias y las tecnologías: los científicos que terminan construyendo la bomba atómica, – y algunos se arrepienten de haberlo hecho. Hoy, quizás, el caso de los nerds de Silicon Valley fascinados por sus plataformas y capacidad de captar y manipular datos, que están produciendo un mundo bien diferente del que soñaban ciertos pioneros idealistas de los 60. Frente a Pandora, Hefesto representaría al artesano, o al trabajador(a) que conoce bien su oficio, y que produce cosas que la gente necesita, trata de hacerlas bien, y deriva de eso un cierto sentido de la vida y una cierta felicidad. Hefesto, sin embargo, carece de la fascinación de Pandora: en la mitología es cojo y no tiene la gracia o la brillantez de otros dioses.

Para Arendt, al menos según lo explica Sennett, el hacer y el pensar serían dos momentos diferentes, que quizás corresponden a dos instancias sociales diferentes: los científicos inventan, o los técnicos hacen su trabajo y la sociedad en su dimensión política piensa, valora, establece limitaciones. De ahí que pudiera describir lo de Eichmann y los campos de concentración como banalidad del mal.

Sennett, propone sin embargo la figura del craftsman, y más particularmente su forma de trabajo y producción, su condición, craftsmanship, como una manera de ser-estar-hacer en la que acción-producción y pensamiento-juicio no están separados. Los capítulos centrales del libro, efectivamente, están destinados a estudiar el trabajo este personaje que denomina craftsman. La producción lenta del craftsman daría lugar, según Sennet, a un proceso en el que el hacer y el pensar sobre lo que se hace – que decía Dewey –no son momentos claramente diferenciados. También, la práctica del craftsman, al menos en su sentido tradicional, tiene una condición más social: un conocimiento más enraizado en las necesidades concretas y cotidianas, y una producción de este conocimiento más lenta y más colectiva, quizás. Estas circunstancias, en especial la no separación entre hacer materialmente y pensar posibilita para Sennett un juicio más responsable, y así una mayor posibilidad de limitar muchos de los posibles perjuicios derivados de lo producido, no fuera del proceso, en una instancia diferente, sino como parte del propio hacer. Desde luego, estimo que no lo plantea como una solución definitiva, sino casi como una conjetura que, no obstante, considero que resulta interesante.

Sennett caracteriza este fijarse en el hacer, en cómo hacemos las cosas, más que en las ideas como si fueran algo separado, como una perspectiva pragmatista – filosófica. esta mirada otorga entonces importancia a las herramientas que nos damos, infraestructuras, formas de organización, instituciones… Sennett lo explica así: “Escribo como parte de una larga tradición, precisamente la del pragmatismo norteamericano […] El pragmatismo ha tratado de unir la filosofía a las prácticas concretas de las artes y las ciencias, a la economía política […]; su carácter distintivo es el buscar las cuestiones filosóficas embebidas en la vida cotidiana. El estudio del oficio y la técnica es simplemente la continuación lógica de esta historia que se despliega.” (2008: 14)

Una aproximación que, por lo menos a mí, me resuena con lo que muchos venimos llamando perspectiva tecnopolítica.

Craftsman: conocimiento, habilidad, compromiso, placer en el hacer… libertad

El segundo tema, diría, es la caracterización misma del craftsman. En español-castellano se tradujo por artesano. Pero el propio autor, indica que no es una traducción fácil, ofreciendo los casos de los sinónimos francés y alemán que como el español no denotan lo mismo que el inglés. El craftsman (hombre o mujer) sería para Sennett aquel personaje que domina un oficio y que se complace en hacer aquello que produce, se complace en hacerlo bien, contribuyendo este trabajo a dar un cierto sentido a la vida del que lo hace y una cierta felicidad. En este tipo de trabajo existe una cierta dimensión de libertad: algunos de los ejemplos de Sennett son el artesano-artista o el músico. Pero no se limita a estos: puede ser un artesano más o menos tradicional, una científica, un hacker, un viticultor, un cuidador, un médico, un músico, un fabber, una profesora, una arquitecta… En mi vida cotidiana veo a mucha gente que hace su trabajo con oficio y aparente satisfacción, especialmente cuando sienten que son útiles a otros, lo dominan y saben que lo hacen bien: pienso en la última vez que fui a comprarme ropa,  que en principio parecería algo alejado de la idea de artesano. Sennett analiza el personaje en diferentes períodos históricos y expone como existen muchos condicionantes y limitaciones para esta forma de abordar el trabajo: la sumisión a estructuras productivas varias, las prisas, la rentabilidad o el mercado, la organización de su formación… En tiempos más recientes tendríamos incluso otra problemática quizás nueva como es la del uso de lo que Remedios Zafra ha llamado el entusiasmo para precarizar y explotar este trabajo dedicado, vocacional… Por otro lado, lo que Graeber ha llamado la proliferación de bullshit jobs…

(En realidad, un obstáculo fundamental al craftsmanship es el presentado hace ya tanto tiempo por Marx en su análisis de la construcción del proletariado y el papel de las máquinas: trabajadores que cada vez tienen que ser menos expertos artesanos y cada vez más nos convertimos en apéndices de las máquinas más o menos alienados: de la división radical del trabajo de Smith a los chain-workers de la posmodernidad… Lo que hoy también se llama deskilling.)

Sennett dedica algunas de sus mejores páginas en este libro a los procesos de aprendizaje, basados en el hacer, y como decía, en el pensar permanentemente sobre lo que se hace: cómo se hace, cómo puede hacerse mejor, – para quién y para qué se hace, quizás también. Un aprendizaje que se hace cuerpo, podría decirse, como en el caso del violinista, o el deportista, que exige por tanto de tiempo: en torno a las 10.000 horas es un número que se menciona habitualmente para llegar a ser un oficial, un buen músico o carpintero… o arquitecto; los 5-6-7 años que antiguamente había que dedicar a aprender un oficio, y hoy a hacer una carrera hasta el grado actual de máster. Un aprendizaje en el que los ciclos de prueba y error son fundamentales…

Otro tema que me llamó la atención, quizás por motivos personales, es el del papel de la obsesión. Un cierto grado de obsesión caracteriza según Sennett al buen craftsman: el deseo de dominar las técnicas, la pasión por lo que se hace… Pero a al vez la obsesión puede ser un gran enemigo: la pulsión irrefrenable por hacerlo cada vez mejor, por lograr la perfección, la incapacidad de parar… Estas dedicadas a la obsesión son otras páginas muy buenas del libro.

El(la) craftsman(woman) como modelo de ciudadano(a)

El tercer tema, el más complejo para mí, es la del craftsman como modelo de ciudadano. Aquí los argumentos son tal vez mucho menos evidentes. Y tal como lo recuerdo tendrían una doble vertiente. La primera tendría que ver con las facultades medias de la población y la excelencia. La gran mayoría de la población tiene la capacidad de desempeñar su oficio correctamente, como un craftsman, dadas la formación y las condiciones adecuadas; ya seamos profesores, investigadores, empleados de correos, cuidadores, carpinteros o músicos. A partir de la crítica de la idea de los test de IQ (Coeficiente Intelectual de moda en algún momento no demasiado lejano en los EEUU; o tal vez aún), Sennett señala que los que son superdotados en las cosas que mide este coeficiente, como los que son menos dotados, son una minoría muy exigua, – la famosa distribución normal -, y que las capacidades extraordinarias son de aplicación en situaciones muy singulares. Señala además, citando diferentes fuentes, que estas parametrizaciones no miden las capacidades relacionadas con el hacer, las capacidades que caracterizarían al craftsman, el hacer y valorar, entre otras, que construirían el mundo cotidiano, que determinan la experiencia, en mucho mayor grado las más abstractas que mide el IQ. El mundo, – las universidades, por ejemplo – propone se debería plantear entonces más centrado en estas capacidades y en su desarrollo. Para Sennett, el énfasis en la excelencia, al menos en algún aspecto, no sería sino una justificación del elitismo extendido a todos los ámbitos de lo social. En este sentido, la reivindicación del craftsman, del hombre y la mujer que hacen en virtud de la experiencia, sería una reivindicación del hombre y la mujer normales, frente a aquellos que dominan y se centran en el mundo de la inteligencia más abstracta.

En la segunda vertiente es en la que propone más concretamente al craftsman (y craftswoman) como modelo de ciudadano. De partida, argumenta Sennet el hombre (y la mujer) serían hacedores de ellos/as mismos, y este hacerse a uno mismo sería de nuevo una tarea más parecida a la del craftsman que a la del pensamiento abstracto radicalmente separado de la acción.

Extendiendo la idea, Sennett plantea que las instituciones y la convivencia se construirían efectivamente como se hace un producto artesano o como nos hacemos a nosotro/as mismo/as: haciendo y pensando sobre lo que se hace, con lentitud, aprendiendo también despacio, mediante procesos de prueba y error, jugando con (y en lo posible aprovechando de) la resistencia de la materia y los contextos, conjugando tradición e innovación, dialogando,… En breve acometeré la relectura del segundo volumen de la trilogía, Together, que si no he entendido mal se centra en estas cuestiones del hacer juntos y la colaboración.

Sennett lo expresa así: “Argumento, nada más y nada menos, que las capacidades que tienen nuestros cuerpos para dar forma a las cosas son las mismas capacidades que empleamos en nuestras relaciones sociales […] Una de las principales características del movimiento pragmatista ha sido el suponer la existencia de un continuo entre lo orgánico y lo social.  Mientras que algunos sociobiólogos han planteado que la genética dicta el comportamiento, pragmatistas como Hans Joas mantienen que la propia riqueza del propio cuerpo ofrece los materiales para una amplia posibilidad de acción creativa. El craftsmanship muestra el continuo entre lo orgánico y lo social puesto en acción.” (2008: 290). Siendo así, Sennett defiende un la construcción de lo común o político una artesanía o un oficio de la experiencia social, con “sus virtudes de la repetición y la revisiones lentas.” (p. 291)

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¿Qué pienso yo mismo de estos argumentos? Aún no lo se. Como dice mi padre, los he leído con gran interés y efectivamente me han dado que pensar.

La parte que se centra más específicamente en el craftsman, su forma de aprender y de hacer, y de sentir placer por lo que se hace, me resulta la más verosímil y atractiva. La pregunta y el argumento sobre Pandora y Hefesto me parece que aportan interesantes reflexiones, pero no me parece que proponga una solución demasiado clara ni practicable; – los planteamientos del proyecto digital del ayuntamiento de Barcelona y las propuestas económicas de Mazzucato me interesan en este sentido; se centran, pienso, en un papel activo de lo público hacia las ciencias y tecnologías, pero que no son incompatibles sino todo lo contrario con las hipótesis del craftsman. En cuanto a la identificación craftsman-ciudadano, me parece inspiradora aunque difícil; quizás para experimentar o seguir experimentado con ella en entornos pequeños. Se me ocurre que sugiere una especie de tecnocracia (por lo del hacer y el poner en primer plano ciertas técnicas), filosófica, democrática-dialogante y reflexiva… Pienso que Antonio Lafuente, por ejemplo, plantea cuestiones relacionadas cuando escribe sobre laboratorios ciudadanos en los que intervienen y colaboran expertos, afectados y otros. Se ven también experimentos interesantes en este sentido, aunque estén bastante tapados por el barullo mediático y de las luchas partidistas y las excesivamente marcadas por lo ideológico.

En fin, como siempre, para aquell*s que os interese el tema la lectura del libro será mucho mejor y más provechosa que estas notas.

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#referencias

Richard Sennett, 2008, The Craftsman, Penguin, Londres

____, 2013, Together. The Rituals, Pleasures & Politics of Cooperation, Penguin, Londres

____, 2018, Building and Dwelling. Ethics for the City, Allen Lane Penguin, Londres

Otras:

David Graeber, 2015, The Utopia of Rules. On Technology, STupidity, and the Secrte Joys of Bureaucracy, Melville House, Brooklyn

Antonio Lafuente & Andoni Alonso, 2014, Taller de prototipado. La hospitalidad como cultura y como tecnología, en: J. Pérez de Lama et al (eds.), 2017, Machines Loving Grace. Fabricación digital, arquitectura y buen vivir, Lugadero, Sevilla; pp. 32-37

Mariana Mazzucato, 2018, The Entrepreneurial State. Debunking Public vs Private Sector Myths, Penguin, Londres

Sobre el planteamiento de la Barcelona digital del “cambio”:
Evgeny Morozov & Francesca Bria, 2018, Rethinking the Smart CIty, Rosa Luxemburg Stifftung New York Office, disponible en: http://www.rosalux-nyc.org/wp-content/files_mf/morozovandbria_eng_final55.pdf

Remedios Zafra, 2017, El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital, Anagrama, Barcelona

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