Arte y oficio de vivir. Éticas: ¿Qué hacer?


Imagen: Un ovni sobre la aldea gala de Astérix y Obélix, de la aventura ¡El cielo se nos cae encima!, fuente: http://diccionarioasterix.blogspot.com/2010/02/o.html

Arte y oficio de vivir. Éticas: ¿Qué hacer?

José Pérez de Lama

Iba deprisa-deprisa y se ve que se me pasó la crisis de los 50. Pero de pronto la crisis me ha caído encima, como si fuera lo del cielo de Obélix. (Aclaración para los que sois de otra generación: Obélix – el gran amigo Astérix, que se había caído de pequeñito en el caldero de poción mágica -, no tenía miedo a los romanos ni al César ni a nadie; sólo tenía miedo a que el cielo se le desplomara un día sobre la cabeza.)

Ética(s)

De pequeño, el autor de estas líneas, estudiaba en el colegio Filosofía -no me acabo de enterar si se sigue haciendo (aprovecho para enviar recuerdos a mi profesor el padre Arrenberg). Además de las clases, de las que no recuerdo salvo que siempre sacaba sobresaliente, leía las cosas de los adolescentes y pos-adolescentes de entonces: Ortega, Nietzsche, Proust, los nihilistas japoneses, el Ajoblanco… y más tarde Deleuze y Guattari, (la generación Beat, los situacionistas, cyberpunk de los 80-90, al subcomandante Marcos), y cosas así. También tuve una educación católica… Lo de la Ética, así con mayúsculas, como una parte de la Filosofía, siempre me parecía algo más bien rollo: el Bien y Mal, aunque en términos muy abstractos, de lo que se derivaban más o menos principios y reglas sobre la conducta y qué estaba bien y mal hacer.

En el fondo de la ética práctica que uno se va construyendo estaba por supuesto la cultura cristiano-católica, – participe uno más o menos activamente son muchos siglos de cultura -, lo del Cielo y el Infierno, había que ser bueno, justo… Por otro lado, la idea o intuición que siempre llamé nietscheana – aunque igual sea más bien moderna-prometeica – de hacer cosas heroicas, o por lo menos singulares, dejar huella en el mundo… Actor de tu propia historia y constructor de tu propio espacio, que decían los situacionistas… También, estaba la intuición de que había que disfrutar de la vida, conocer todo lo posible, tener muchas experiencias y aventuras, cuantas más mejor, amar mucho, vivir con emoción e intensidad, hacerlo artísticamente…

Mi vida hasta los 40 fue más o menos por ese camino, y no puedo decir que fuera mala, más bien estupenda; – aunque siempre me acompañó la melancolía, quiero pensar que como un rasgo de mi forma de ser, como el que es alto o tiene los ojos verdes, o tiene cierto talento haciendo esto o lo otro… (Lo de la melancolía) un rasgo que uno aprende incluso a apreciar.

¿Qué hacer? Una vida que merezca la pena ser vivida

Lo de arriba me parece ahora una filosofía de la vida de la juventud. Pasados ya los 50, redescubro el tema de la ética, leyendo aquí y allá: Spinoza, Foucault y las “tecnologías del yo”, Dewey, Haraway, Puig de la Bellacasa, Margulis… (indirectamente en la mitad de ello/as). La pregunta sobre la ética, no obstante, se ha centrado significativamente. La nueva pregunta de la ética es ¿Qué hacer?, como en la famosa obra de Lenin; aunque más precisamente, ¿Qué hacer con la propia vida? __ para que sea una vida que merezca la pena vivir, o en una formulación tal vez algo perversa, ¿Qué hacer para que cuando muera, – que es algo que uno no pensaba tanto hace unos años -, haya tenido una vida de la que sentirse satisfecho uno mismo? ¿de la que las personas queridas puedan sentirse “orgulloso/as”? ¿Fue un buen hombre?

Ocurre también, o al menos me ocurre a mí, que esa vida que merezca la pena ser vivida – como reza otro de los eslóganes de moda, – en este caso del feminismo-más-guay -, no sólo la puedo valorar como una vida individual, personal, sino que se sitúa en un mundo que nos parece en proceso de crisis catastrófica: ecológica, social, de migraciones, de cuidados, de crueldad y sordidez, de la memoria de barbarie… La culpa católica pero multiplicada y extendida a todo el planeta… “El cordero de Dios que quita(ba) el pecado del mundo” hoy tendría/tiene una tarea casi-infinita. Por supuesto, es absurdo pensar “esta culpa” como algo personal. Y, sin embargo, no deja de pesar, – al menos a algunos -, en cuanto que somos (parte de) esa Humanidad (y de más cosas: ¿los otros serves vivos?). A estas alturas, estaréis pensando que necesito un psico-o-esquizo-analista… Seguramente…

¿Arte y oficio de vivir?

Dos anécdotas finales, sobre estas preguntas sin solución. La primera, es con mi amigo Toret, entre otros, porque la cosa se convirtió en un ritornello o cuasi-estribillo. Durante los años más entusiastas del activismo, – para mi, la década antes del 15M -, nos decíamos para animarnos unos a otros, cuando las cosas iban bien y también cuando iban mal: “¡Vamos!”, – normalmente con un puño lanzado al aire… Pero luego-luego empezamos a decir a continuación: “¡Vamos, sí, vamossss! Pero, ¿adónde?”

La segunda anécdota, es un consejo o comentario de mi padre perdido por ahí: “La vida es un arte y un oficio.” Aunque no creo que lo de oficio fuera la palabra exacta, ese era el sentido que recuerdo, lo del art and craft en inglés.

De atrás para alante: un oficio, el craft, algo que se aprende, que tiene principios y reglas reconocibles, que se domina con la práctica y una cierta disciplina. En este oficio se me ocurren cosas como que hay que tener un cierto orden, construir hábitos saludables, tener paciencia y perseverancia, cuidar a los familiares y amigos, tener amigos, ser verdadero y realista, esforzarse por conocerse y amarse a uno mismo, no dejarse llevar por las emociones negativas o rendirse fácilmente ante las dificultades, adaptarse razonablemente a la sociedad y lo que nos toca en la vida, saber disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas, – y también de las excepcionales -, ser amable y respetuoso con los y las que nos rodean a la vez que ser asertivo, tener lo que se llamaba antes voluntad, vivir con una cierta austeridad y un cierto estoicismo… Más o menos de lo que se ocupaba antes lo que se llamaba educación. Hoy también el objeto de muchos libros de “auto-ayuda.”

La idea de esta afirmación, sin embargo, es que la parte de craft por si sola puede no ser suficiente… Y por aquí es por donde ando divagando. Guattari hablaba de un principio ético-estético… La vida de cada cual, al menos en algún grado, tiene que ser inventada (de ahí lo estético que Guattari usa como sinónimo de artístico, interpreto yo). Las reglas básicas no son suficientes, siempre habrá situaciones no previstas y nuevas; siempre habrá grises, y uno diría que todos nos pensamos-queremos singulares… Con algún amigo – amigo más “intelectual” que actual, porque sólo hemos coincidido en uno de los proliferantes encuentros de los últimos años – emergió la conceptualización de lo eco-ético-estético – tras una charla moralista que di en algún lugar. Yayo Herrero, la escuchaba estos días en un vídeo, desde el eco-feminismo, recordaba nuestra condición inevitable de ecodependencia e interdependiencia. Donna Haraway reflexiona sobre maneras de vivir con dignidad y belleza en un planeta dañado, en el Chthuluceno, una era por construir, más allá de, o quizás entre -, los imaginarios apocalípticos del armagedón climático y ecológico y las fantasías tecno-utopistas de Silicon Valley, el MIT y las economías circulares digitales. Haraway, y diría que también mi amigo-maestro Lafuente, defienden la reparación más bien modesta a la vez que no-inocente , el cuidado, la simpoiesis-simbiogénesis (el hacer y componerse con otros para hacer mundos habitables concretos, rendering-each-other-capable – haciéndonos capaces unos a otros), la ongoingness – que aún no logro traducir porque lo usa cada vez con nuevos matices -, y que podría ser la cualidad de aquello que está actualmente pasando, de aquello que devenimos-con-otros-y-con-el mundo-que-hacemos-en-ese-proceso. [Ando preparando algunos posts específicos sobre lo más reciente de Haraway.]

Finalmente, conozco y admiro a personas muy próximas y buenos amigos que viven con aparente ligereza, y que me parecen alegres y felices. Vidas, seguramente con muchas más dificultades que las que yo tengo en la mía, objetivamente tan confortable -, vidas que en mi juventud yo habría calificado de convencionales – lo que entonces tenía connotaciones no demasiado buenas para mí. Ver a estas personas que me parece felices, me hace preguntarme si son maestro/as (artesanos) de la vida o sabio/as spinoziano/as del arte de vivir; y querría aprender de ello/as. Supongo que son un poco las dos cosas: artesanos-artistas del vivir.

Y sí, pensar demasiado, es otro de los hábitos que para el oficio de vivir dicen que es poco recomendable. So long. Vale.

#algunasReferencias

Steven Fesmire, 2015, Dewey (Capítulo 4: Ethics Reconstructed), Routledge, Nueva York

Michel Foucault, 2005 (edición de F. Gros, F. Ewald, A. Fontana; traducción de H. Pons), La hermenéutica del sujeto. Curso en el College de France 1981-82, Akal, Madrid (sobre ética en la Antigüedad greco-romana)

Donna Haraway, 2016, Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene, Duke University Press, Durham

Yayo Herrero, 2018, Miradas ecofeministas para revertir la guerra contra la vida (conferencia, vídeo), Post-Arcadia 2, CENDEAC, Murcía, https://youtu.be/Zg2eEs5sIhI

Maite Larrauri, Max, 2003, La felicidad según Spinoza, Tándem Edicions, Valencia

Lynn Margulis & Dorion Sagan, 1995, What is Life?, University of California Press, Berkeley

María Puig de la Bellacasa, 2017, Matters of Care. Speculative Ethics in More Than Human Worlds, University of Minnesota Press, Minneapolis

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