Bifo / Futurability (iii): autonomía del General Intellect y universidades; la artista, la ingeniera y la economista

Imagen: “Félix (Guattari) et Bifo, 1978”. Fuente: http://anarquiacoronada.blogspot.com.es/2013/11/de-las-representaciones-las-tramas.

Extracto de Franco Berardi Bifo, 2017, Futurability. The Age of Impotence and the Horizon of Possibility, Verso, Londres Nueva York; pp. 210-213 & 218-221

Traducción y comentario de José Pérez de Lama / 14/04/2018

Un tercer fragmento del libro de Bifo, que ya habréis notado que me ha impresionado mucho. Pero ya voy a tener que parar porque en algún momento deberán traducirlo y no es plan… Si os queréis saltar mi pequeño rollo introductorio id directamente el siguiente título en negrita.

Estos pasajes son ya de casi el final del libro y me han gustado particularmente porque plantea finalmente el dilema entre sumisión y autonomía del conocimiento a/de los algoritmos y el código económico-capitalistas.

En la primera parte me gusta especialmente la reflexión sobre la autonomía del general intellect: sin autonomía del conocimiento – que en mi entorno (universitario) se declina como meritocracias, anecas, competición -, para Bifo, no hay más alternativa que la reproducción y ampliación del sistema-maraña actual. (Maraña,tangle en inglés, que no traduce demasiado bien, es el concepto que propone Bifo para describir hoy, lo que otros llamarían sistema, red o máquina). Según este punto de vista, las luchas y resistencias universitarias no son una cuestión menor o gremial sino un territorio clave para la definición del próximo futuro. “En la transformación neoliberal del proceso educativo – se encuentra el peligro definitivo de la desertificación del futuro de la humanidad.” – suena un poco milenarisita, tal vez. Aún así no deja de sorprenderme la mansedumbre con que la mayoría de mis compañeros universitarios se han adaptado a esta nueva ecología distópica… Hay tan pocos insumisos… Creo que aquí Bifo explica bien porque yo intento serlo (insumiso). Aunque creo que nadie me comprende. __ ¡Buaaaa…! Me parezco a alguno al que no me gustaría parecerme…

En la segunda parte, Bifo propone a modo de fábula tres figuras: artista, ingeniero y economista, que considera como las protagonistas en esta lucha por el control del saber colectivo – que como ha desarrollado previamente considera el elemento clave de las fuerzas de producción en lo que el llama semiocapitalismo: lo de ahora. En otros tiempos a estas figuras se las habría llamado “sujetos revolucionarios” – a las dos primeras… Los economistas, mis socios en este blog, salen mal parados en la fábula…

Como resumen, quizás, provisional: Bifo, como buen amigo de Guattari (ambos en la foto de arriba), sitúa la clave del conflicto frente a la dominación capitalista en los códigos/patrones (¿mentales? esa duda tengo…) que enmarcan y limitan nuestra interacción social y con el mundo. Esto de los códigos ocurre ahora más que nunca en el mundo de las redes y máquinas digitales: lo que en otros lugares aborda como gobierno algorítmico y automatización. La perspectiva de reescribir el código y apropiarse de las máquinas, – en un sentido amplio del término máquina -, le parece a Bifo actualmente… inconcebible. Aún así, la idea del libro es explicar que la posibilidad aún existe, está inscrita en nuestros presente, dice. Sería un trabajo que necesitaría de nuevas composiciones entre artistas-filósofos-científicos e ingenieros, necesitaría de la invención de un mundo que aún no existe, y que ahora no somos (aún) capaces de imaginar… 

“Lo inconcebible es el lado oscuro de la gigantesca vibración contemporánea…” [237] “La línea de fuga de lo inevitable es lo inconcebible: lo que somos actualmente incapaces de concebir, de imaginar y, por tanto, incapaces de ver.” [236]

A partir de aquí sigue la traducción del texto de Bifo sin comentarios:

1/ El sometimiento neoliberal del conocimiento. La meritocracia es el semillero de la precariedad [pp. 210-213]

En la segunda parte del siglo XX, la educación de masas otorgó una base real al principio teórico de la movilidad social. Los hijos de los proletarios pudieron acceder a la universidad y ejercer profesiones liberales. Esto ocurría por primera vez a gran escala, y no estaba destinado a durar para siempre. De hecho, al principio del nuevo siglo la movilidad social se está frenando al hacerse los salarios medios cada vez más bajos y menos capaces de pagar los gastos de la educación universitaria, a la vez que el sistema educativo está siendo objeto de un proceso de privatización. Más aún, está cambiando la naturaleza del sistema educativo: en el espíritu de la reforma neoliberal, ha dejado de ser el espacio de la integración de capacidades técnicas y cultura humanista. Esta siendo transformado en un espacio de mera adquisición de conocimiento especializado, un espacio en el que se cultivan el individualismo y la competición en detrimento de la solidaridad y la conciencia de la realidad.

Aquí – en la transformación neoliberal del proceso educativo – se encuentra el peligro definitivo de la desertificación del futuro de la humanidad. Si continúa la tendencia de separación de la formación técnica y la educación crítica, en la segunda generación no quedará rastro de autoconsciencia crítica autónoma en el cerebro social, el legado de la cultura moderna quedará reducido a vestigios para coleccionistas de antigüedades, y el general intellect habrá sido sometido para siempre.

La educación de masas no sólo fue la condición para la movilidad social bajo condiciones capitalistas, sino que también abrió la puerta hacia la emancipación de la clase trabajadora: el rechazo al trabajo se unió con el general intellect, y el resultado fue una situación dilemática cuyo resultado no era predecible. El movimiento de estudiantes del 68 puede verse como la primera insurrección del general intellect: la solidaridad entre estudiantes y trabajadoras no fue sólo una convergencia ideológica; también fue la alianza de dos sujetos sociales compartiendo una posibilidad común. Las trabajadoras industriales estaban luchando por la reducción del tiempo de trabajo, y las estudiantes eran las precursoras de la potencia intelectual del trabajo cognitivo, anunciando la posibilidad tecnológica de la total emancipación de la esclavitud del trabajo físico. Aquella alianza entre el rechazo al trabajo y la innovación tecnológica preparó el camino para la revolución digital y la sustitución del trabajo industrial por info-máquinas. Sin embargo, este proceso de emancipación fue interrumpido en las últimas décadas del siglo pasado, y redirigido hacia la forma financiera del semiocapital, con la manipulación del general intellect, – llevada a cabo por la contra-revolución -, para ponerlo en contra de la autonomía de las trabajadoras.

El incremento de la productividad, que podría haber establecido el camino hacia una reducción general del tiempo de trabajo, fue convertido en herramienta para una mayor explotación. Las limitaciones al número de horas de trabajo fueron eliminadas y el desempleo general aumentó como efecto del aumento de las horas de trabajo individual. El potencial del general intellect ha sido, por tanto, puesto en contra del bienestar de la población trabajadora.

Mientras que el trabajo cognitivo se convertía en la principal fuerza de valorización (de creación de valor), los poderes económicos trataron de someter a las cognitarias a la ideología del mérito, o meritocracia, en orden a destruir la solidaridad social de la fuerza intelectual.

Retribuyendo con dinero la primacía intelectual, el concepto de meritocracia actúa como un caballo de Troya de la ideología neoliberal. La meritocracia es el semillero de la precariedad, estimulando la competición: cuando los individuos se ven obligados a luchar por su supervivencia, las habilidades intelectuales y técnicas se reducen a herramientas para la confrontación económica. Cuando se rompe la solidaridad y la competición se convierte en regla, la investigación y el descubrimiento se disocian del placer y la solidaridad.

Desafortunadamente, de verdad, la meritocracia es también un estímulo para la ignorancia.

Cuando la evaluación del mérito es reconocida por la autoridad, y cuando los criterios de evaluación son fijados por aquellos que tienen poder, la que aprende se ve invitada a adoptar los criterios de evaluación que corresponden a los poderes existentes. La educación ha sido el factor más importante de la autonomía social. Si aceptamos la meritocracia, renunciamos a la autonomía del proceso de aprendizaje y aceptamos que la evaluación de nuestra formación está completamente en manos de otros.

Un pasaje crucial en el proceso de sometimiento del conocimiento es el actual desmantelamiento del sistema de educación pública, la privatización de la Universidad y la resultante sumisión de la investigación a las reglas de funcionamiento de la economía financiera. Esto implica el principio de primacía epistémica de la razón económica que viola la autonomía de las instituciones de producción y transmisión de conocimiento. La característica definitoria de la universidad moderna era la autonomía del conocimiento (precisamente su autonomía respecto de la primacía de la teología). La imposición contemporánea de la primacía de la economía, no obstante, implica la cancelación de la autonomía del conocimiento. Identificar la economía como el criterio universal de evaluación, en efecto, ha restablecido una suerte de teología en la relación entre el aprendizaje y la verdad (absoluta) económica.

Al final del siglo XX, la crisis de la universidad quedó expuesta: el humanismo moderno se demostró incapaz de hacer frente a la Infosfera conectada. La institución universitaria, tal como la hemos conocido en la etapa moderna, resultó incapaz de adaptarse a la inteligencia conectada y el legado humanista se vio en la necesidad de una reforma.

La razón tecno-financiera ha tomado el mando de esta reforma. La clase dirigente neoliberal ha empobrecido la educación pública: desmantelada, precarizada y finalmente reemplazada por un sistema dirigido por el mercado que recombina habilidades y competencias fragmentarias cuyo significado escapa incluso a aquellas que las aprenden. Se celebra la innovación, pero ésta sólo es autorizada en el marco del dogma teológico del beneficio privado y el crecimiento infinito. […]

2/ Caracteres de la fábula del general intellect: el artista, la ingeniera y la economista

[pp. 218-221]

Llamaré artista, ingeniera y economista a los principales caracteres de la fábula del general intellect. Su historia constituye el corazón de la dinámica social de la vida intelectual.

El artista, como el científico puro, es el creador de nuevos conceptos y nuevos preceptos, abriendo nuevos horizontes de la experiencia social. El artista habla el lenguaje de la conjunción [1]: en la creación artística, la relación entre signo y significado no se fija convencionalmente sino que se desplaza pragmáticamente y es constantemente renegociada.

El ingeniero es el dominador de la tecnología, el intelectual que transforma los conceptos en proyectos, y los proyectos en algoritmos. El ingeniero habla el lenguaje de la conexión. En la ingeniería la relación entre signos y significado está inscrita convencionalmente. El ingeniero es el productor de máquinas, combinaciones técnicas de algoritmos y materia que funcionan de acuerdo con conceptos.

La tercera figura del general intellect contemporáneo es el economista, el falso científico y el verdadero tecnólogo cuyo deber es separar al artista y el ingeniero, manteniéndolos en sus tareas especializadas. […]

El economista es el enmarañador [entangler] del ingeniero. La ingeniería es una tecnología que proporciona el marco de las creaciones conceptuales del científico y el artista en forma de dispositivos técnicos para la organización de la vida social. En los tiempos modernos, la ingeniería ha sido sometida bajo el mando económico, y las potencias técnicas de las máquinas se han reducido unidimensionalmente a su determinación económica.

Cuando el ingeniero es controlado por el economista, produce máquinas sólo para el enmarañamiento del tiempo y la inteligencia humanos en interés de la maximización del beneficio, la acumulación de capital y la guerra.

Cuando el ingeniero interactúa con el artista, sus máquinas se destinan a la utilidad social y la reducción del tiempo de trabajo.

Cuando el ingeniero es controlado por el economista, su horizonte es el crecimiento económico, y su actividad se hace compatible con el código. Cuando se conecta con el artista, su horizonte es el infinito de la naturaleza y el lenguaje. […]

El problema es el siguiente: ¿Puede el conocimiento, realmente, ser desenmarañado del control semiótico del paradigma económico? ¿El economista ha sometido totalmente al ingeniero y capturado al artista? ¿O puede el ingeniero liberarse de la limitaciones económicas y volver a enmarcar (frame) la tecnología en acuerdo con las intuiciones más elevadas de la ciencia y el arte – de acuerdo con una sensibilidad compartida?

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*       *

#notas

[1] Veíamos en post anterior como Bifo llamaba conjunción a la composición que pasaba por los cuerpos, mientras que llamaba conexión a la que pasaba exclusivamente por las máquinas y el código.

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