Sobre aire acondicionado, calor en las aulas y cambio climático


Hassan Fathy, década 1950, sección de edificio con sistema de ventilación natural, enfriamiento evaporativo (agua),  masa térmica y protección solar para el clima árido de Egipto.

Sobre aire acondicionado, calor en las aulas y cambio climático

José Pérez de Lama

Estos días, ante el calor extraordinario que está haciendo en el mes de junio en Sevilla (España), se ha montado una – en principio, bien intencionada – campaña para reivindicar que se tomen medidas para reducir el calor en las aulas de los colegios. Lo malo es, que como dice el refranero, el infierno está lleno de buenas intenciones – y conviene pensar un poco más sobre este asunto – como sobre tantos otros. Y sí, sí, este calor es un poco infernal…

La primera paradoja es que este extraordinario calor de junio podría estar relacionado con el calentamiento global y el cambio climático, y que uno de los principales agentes que lo producen es el C02 derivado del consumo energético basado en energías fósiles, y que el propio aire acondicionado convencional, – el normal, el típico del último tercio del siglo 20 -, supone en torno a un 25 y un 35% de este consumo a nivel global. (En la Universidad de Sevilla, por ejemplo, según hemos estudiado recientemente la climatización supone más del 70% del consumo total de energía – incluso estando casi cerrada durante el mes de agosto, el más caluroso del año; __ y el consumo energético a nivel planetario asociado a la edificación se sitúa en torno al 50-60% del total consumido en el planeta).

Entonces, sí que resulta paradójico y problemático, que usemos un “razonamiento” que recuerda a los de nuestro amado líder Mariano Rajoy: que como hace más calor debido al cambio climático, nos vamos a proteger de este calor poniendo más aire acondicionado, que a su vez hará que haga más calor, y que así tengamos que poner más aire acondicionado… amplificando el círculo nada virtuoso – feedback positivo creo que se llama la cosa – de deterioro del planeta… Homo sapiens que dicen que somos…

Es cierto que quizás esto pueda ser un conocimiento especializado… Pero a estas alturas ya no debiera serlo, y bueno, en cualquier caso para eso están (o estamos) los expertos, para explicarlo a los/as que aún no sepan de estas interrelaciones.

Las buenas noticias

La buena noticia, por otra parte, es que en nuestro clima, en Andalucía, usando los medios – arquitectónicos – adecuados, en realidad no necesitaríamos aire acondicionado. Es un hecho científico que con un diseño bioclimático adecuado las necesidades energéticas de los edificios de vivienda pueden cubrirse en un 80-90%, y el resto debería hacerse usando energías renovables – todas las cuales – viento, agua-evaporación, geotermia, biomasa, etc en última instancia proceden del sol que nos regala su energía de momento inagotable, que llega igual para tod*s y gratis – bueno, esto último es un decir…

No es por vender motos, pero ya en los años 80, siendo estudiante, y como parte de un equipo de la Universidad de Sevilla liderado por Jaime López de Asiaín, uno de los pioneros globales en este campo, hicimos una serie de viviendas y también de colegios, – en diferentes climas andaluces -, en los que demostramos con mediciones sistemáticas lo que afirmaba más arriba, y que los estudios teóricos termodinámicos y arquitectónicos proponían – aquello del célebre método científico. Uno de estos colegios está en Mairena del Aljarafe y quiero suponer que seguirá funcionando razonablemente bien.

En qué consiste esto que entonces se llamaba arquitectura bioclimática. Pues en realidad se parece a construir como lo hacía la arquitectura popular, (diferente como sabemos en las diferentes regiones climáticas y culturas, pero siempre, necesariamente, respondiendo al clima en que se produce ), pero incorporando recursos tecno-científicos contemporáneos allí donde suponen mejoras sobre los modos tradicionales. En realidad son cosas relativamente sencillas, que tienen que ver con la forma arquitectónica y los sistemas y elementos constructivos a emplear: elegir bien las orientaciones en relación con el sol y los vientos dominantes, modular las dimensiones de los espacios (por ejemplo techos altos con huecos en la parte alta para que pueda salir el calor), dotar los espacios de ventilación natural, diseñar adecuadamente el aislamiento y la masa térmica de los edificios (los muros gruesos de los edificios antiguos), elegir colores claros para fachadas si lo que se pretende evitar es el calor, disponer de protección solar para el verano, usar espacios intermedios como patios o pérgolas, usar la vegetación y el agua en estos espacios, etc. Cualquiera podrá imaginar que la forma urbana, de las calles y plazas, y el diseño de estos espacios públicos que rodean nuestros edificios también es relevante, aunque esto sea algo más difícil de modificar ___ otro de los trabajos relevantes que hicimos con el equipo de López de Asiaín – que se llamaba, por cierto, Seminario de Arquitectura Bioclimática y más tarde de Arquitectura y Medio Ambiente – fue el estudio bioclimático para el diseño de los espacios abiertos de la Expo de 1992, que formó parte de su Plan Director redactado allá por 1987 – y que contribuyó sustantivamente a lo que se conoció popularmente como “el microclima de la Expo”.

Cabe decir que en Sevilla y en Andalucía, hoy hay muchos equipos de técnicos que saben hacer estas cosas, así como de científicos que continúan investigándolas.

Objetivos 2020/2030

Dos puntualizaciones adicionales por no alargarme demasiado. La primera es que nuestra querida España – Espain – como parte de la Unión Europea asumió los compromisos 2020 y 2030 en materia de energía y cambio climático, y que, entre otras cosas, esto supone producir el 20% de la energía que consumimos con renovables para 2020 (y el 27% para 2030) y mejorar igualmente un 20% la eficiencia energética para la citada fecha (un 27% para 2030). Estas mejoras en renovables y eficiencia energética serían suficientes para resolver el problema de los colegios sevillanos – y no olvidemos que éstos, los colegios, forman parte importante de nuestro país – entre otras cosas porque ahí es donde guardamos muchas horas al día nuestros niñ*s pensamos que para educarlos, niñ*s que serán los herederos y futuros responsables de nuestras ciudades y del planeta. Como argumentaba – o trataba de argumentar en otro post reciente, estas medidas relacionadas con ahorro energético y renovables, no son solo importantes por el cambio climático y tal, sino también por la generación de conocimiento experto y puestos de trabajos hacia un nuevo modelo productivo, y porque Espain se gasta en la importación de petróleo y gas una cantidad equivalente al total del valor de nuestras exportaciones. En fin que abordar así el asunto tendría múltiples e importantes aspectos positivos.

Siesta vs filosofía del aire acondicionado

La segunda puntualización: la dependencia del aire acondicionado tiene una indudable componente cultural, un poco de nuevo-rico, y hoy ya, de mal asimilada modernidad. Uno que tiene ya más de 50 años, fue al colegio y a la universidad sin aire acondicionado y ni siquiera fui consciente de aquello. Allí nadie se moría ni recuerdo ningún patatús ni nada del estilo – quizás sólo manos sudadas que se pegaban al papel en los exámenes de junio, pero es más una anécdota que otra cosa. Junio en realidad, no es ni siquiera verano astronómico hasta el día 21, y en julio y agosto los colegios y universidades tienen poca actividad u horarios de mañana. Yo en mi casa, hace años que no pongo el aire acondicionado – es cierto que es medio antigua… ¿Y qué hacemos cuando hace de verdad mucho calor, a finales de julio o mediados de agosto? Pues lo que yo hago es dormir la siesta, una de las sabias soluciones tradicionales al asunto del calor. La otra es irse algunos días de vacaciones al pueblo, o a la playa – aunque está claro que no todos podemos hacer eso. Porque esa es otra, la filosofía del aire acondicionado es anular las estaciones, hacer posible que trabajemos 8-10-14 horas al día en un lugar abstracto, en un tiempo abstracto convertido en mercancía, desconectado conceptualmente del planeta… aunque en realidad no tan desconectado, porque el calor que estamos extrayendo de los espacios habitables con nuestros aparatos de aire acondicionado, y algo más – por aquello de la segunda ley de la termodinámica __ disculpas por la pedantería -, lo estemos echando al espacio público, a la calle, como basura termodinámica… una forma de actuar tan típica de la modernidad industrial que es precisamente la que ahora tenemos la urgencia de cambiar. Y en la era de la automatización y el post-trabajo este tipo de cosas como la siesta o los horarios de trabajo son las que son interesantes pensar, y con las que será interesante experimentar.

¡Nos vemos en el futuro! Pero con siesta y yendo por la sombra…

ps/ Aunque la rehabilitación bioclimática (reducción de las necesidades energéticas) debiera siempre preceder a la producción de energía con renovables, para unos datos cuantitativos sobre el potencial del uso de la energía fotovoltaica en Sevilla en edificios educativos puede verse un post anterior en el que estudiábamos su posible aplicación en la Universidad de Sevilla. En este post pueden verse también datos más generales sobre energía y 2020/2030:

___, 2017, Ciencia ficción: transición energética en la Universidad de Sevilla, sostenibilidad, ahorro económico y nuevo modelo productivo, en: https://arquitecturacontable.wordpress.com/2017/03/14/ciencia-ficcion-transicion-energetica-en-la-universidad-de-sevilla-sostenibilidad-ahorro-economico-y-nuevo-modelo-productivo/

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