Somos o no somos mercancías? Las mercancías ficticias de Karl Polanyi

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Imagen: Karl Polanyi con su mujer Ilona Duczynska, en Kent, Reino Unido, 1939. (© Kari Polanyi Levitt). Fuente: https://www.thenation.com/article/karl-polanyi-in-our-times/

José Pérez de Lama

Ayer empecé la lectura de La gran transformación de Karl Polanyi (1944), citado con frecuencia por David Harvey y traducido el año pasado, quizás nuevamente, al castellano. Lo tenía en la lista de lectura desde hace tiempo, precisamente por Harvey, que lo cita por la crítica que Polanyi hace de la transformación del trabajo en mercancía en las sociedades dominadas por los mercados ___ creo que Polanyi no usa demasiado el término capitalismo – por lo menos hasta ahora – primeras 50 páginas – no lo ha usado.

Si uno ha leído El Capital de Marx – al menos el primer volumen – tiene claro que sí que somos mercancía – la fuerza de trabajo. Como sabrá cualquier aficionado, El Capital empieza precisamente por la mercancía (commodity en inglés; Ware en alemán), como elemento fundamental del capitalismo. Por eso siempre me sorprendió el eslogan del 15M de “No somos mercancía en manos de los banqueros”, que junto con otros como “Democracia Real Ya”, me alejaron un poco, por su ingenuidad aparente, de este movimiento – aunque ya se ve que fue un grave error de apreciación por mi parte, __ ya se sabe, esto de la sobreintelectualización suele hacer que nos equivoquemos con la mayor frecuencia …

La mercancía en Marx

Para Marx, un poco de memoria, una mercancía es algo que se produce para ser vendido por su valor de cambio (exchange value), que es diferente de su valor de uso (use value), y que conceptualmente también es diferente de su valor (value). Para Marx, la fuerza de trabajo no solamente es una mercancía, sino que es la mercancía clave del sistema, porque es precisamente la única capaz de generar valor (plusvalor, plusvalía, surplus value). Era en este sentido que el eslogan del 15M me parecía equivocado, o quizás es que lo que se pretendía enfatizar era la segunda parte “en manos de los banqueros”, y entonces sí que tendría que haber estado de acuerdo, aunque entendiéndolo más como deseo o proyecto que como la constatación de una supuesta realidad.

La teoría del valor trabajo, pieza central del pensamiento económico de Marx, se basa precisamente en la determinación del valor de una mercancía, que sería para él, el tiempo de trabajo social necesario para su producción: esto es el coste de las horas empleadas para producir la mercancía por parte de un trabajador con la habilidades medias para la tarea en cuestión. El valor de la mercancía-fuerza-de-trabajo, como tal mercancía, también se determina igual: el tiempo necesario para producir – o reproducir – esa fuerza de trabajo: en primera instancia, la comida, alojamiento, ropa, etc. para que el trabajador pueda volver al día siguiente a gastar 8 o 10 o las que fueran horas de trabajo, y en segunda instancia, el coste de la reproducción del trabajador mismo, esto es de la producción de los nuevos trabajadores, – los hijos de los trabajadores – lo que se suele denominar la reproducción social. Por aquí, como sabremos, precisamente es donde se produce una parte muy importante de la crítica feminista, tanto de Marx como del capitalismo.

La ganancia o el beneficio del industrial-capitalista se produce porque el capitalista paga las horas de la producción/reproducción de la fuerza de trabajo, pero, además, es capaz de extraer un tiempo de trabajo adicional de los trabajadores, que es el que genera la llamada plusvalía. La lucha de clases para Marx se define entonces como el conflicto entre dos clases por el reparto del valor producido. Como le gusta citar a Harvey, para Marx, cada clase tiene sus propias razones, y en estos casos sólo la fuerza es la que puede decidir… Un planteamiento “científico”, del orden del mundo newtoniano, que así formulado no supone valoración moral o ética, sino pura interacción de fuerzas en conflicto.

Mercancías ficticias en Polanyi

La originalidad de Polanyi consiste en decir que la tierra (naturaleza), el trabajo y el dinero no son, quizás como decía el 15M, sino mercancías ficticias. No han sido creadas para ser vendidas en el mercado, y por tanto su construcción como mercancías es problemática. Habría que señalar que Marx también las identifica como realidades o construcciones históricas, aunque a partir de este reconocimiento las asume en su construcción teórica como mercancías. Para Polanyi, entonces, lo problemático, sería que nunca podrán funcionar como puras mercancías sin generar graves disfunciones, en la relación entre sociedad y naturaleza, y en la vida de los propios hombres y mujeres. Por lo que he leído hasta ahora, este desajuste viene del intento de imponer una utopía sobre la vida social, la utopía de los mercados libres – que irónicamente consideraba en 1944 como una utopía obsoleta… Esta utopía supondría imaginar que la economía, los mercados funcionan de manera autónoma, como una realidad que es posible imaginar separada del medio en que se produce. Para Polanyi, por contra, la economía siempre estará integrada en (embedded) y subordinada a la sociedad, la religión (oh!) y la política… Y será entendiendo la economía, no como un entorno autónomo o privilegiado, sino como una función de la sociedad, la manera en que – para él, a través de la democracia – se deberían modular y gestionar las mercancías ficticias, o diciéndolo de otro modo, estas realidades, land, labor, money, que no son propiamente  tales mercancías – o que no deberían funcionar como tales.

Para Polanyi, entonces, y quizás por eso lo prologue Stiglitz en la edición que estoy leyendo, las alternativas serían sistemas que integren mercados, pero modulados por la democracia, para tener en cuenta que la economía es sólo una función de las sociedades, y que algunos de sus elementos fundamentales no pueden ser tratados como puras mercancías. Me preguntaba, entre otras cosas, cómo afecta este replanteamiento a la lucha de clases en su sentido marxiano o leninista, que ya no tendría el carácter de choque de fuerzas, sino otro diferente de un tono quizás moral o filosófico…

Ese parece ser el planteamiento, seguiré leyendo, y a lo mejor vuelvo con el asunto por aquí…

#referencias

David Harvey, 2014, Seventeen Contradictions and the End of Capitalism, Profile Books, London

Karl Marx, 2007 (edición original de 1867), El capital. Crítica de la economía política. Libro 1, Akal, Madrid

Karl Polanyi, 2001 (edición original de 1944), The Great Transformation. The Political and Economic Origins of Our Time, Beacon Press, Boston

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