Libido burocrática (y universidades)

1962_perkins_wells_kafka
Imagen: Orson Wells, 1962, El Proceso. Fuente: http://www.bandejadeplata.com

Por José Pérez de Lama

Hace unos días Kazys Varnelis, uno de los más destacados pensadores actuales sobre la ciudad y los territorios digitales, escribía el siguiente tuit (06/09/2016):

“Module descriptor” instead of “Course syllabus” … Just awful. Time to quit teaching entirely, it’s all a farce.

Más o menos: “Descriptor de módulo en lugar de programa de la asignatura… Simplemente horrible. Es hora de dejar de dar clases para siempre, es todo una farsa.”

Lo de la libido burocrática es de Deleuze y Guattari – creo que en el libro sobre Kafka -, en el que proponen como una pulsión cuasi-sexual, y desde luego relacionada con la dominación, la obsesión por imponer un orden y una supuesta racionalidad burocrática, y el placer más o menos oscuro de dejarse poseer por esta máquina.

David Graeber también publicó el año pasado un estupendo libro sobre la burocracia evocando, aunque no recuerdo si citando expresamente, a Deleuze y Guattari. El libro no es redondo, pero quizás por eso es por lo que resulta emocionante. Es un libro “cabreado”. El título dice mucho del espíritu: The Utopia of Rules: On Technology, Stupidity, and the Secret Joys of Bureaucracy.

Aunque no prestemos suficiente atención, esto de la burocratización de la vida universitaria, – vida que uno suponía que tendría que ver antes que nada con el conocimiento y el aprendizaje -, es para mi el principal medio de ataque a estas instituciones. Y desde luego no es la culpa de los compañeros, generalmente estupendos, del personal de administración y servicios, sino de otra cosa mucho más insidiosa, de cómo todo se va permeando de lo burocrático: los formularios, los procedimientos, las normalizaciones, por supuesto, las acreditaciones, sexenios, revisiones, etc, etc.

Frente a estos procedimientos, siempre he creído y sigo creyendo, que el conocimiento y el aprendizaje sólo suceden plenamente en libertad – como decía Freire -, implicando intensamente la propia vida… la alegría, la experimentación, la colaboración, el hacer, los errores incluso, como decía Dewey.

Sin duda existe una racionalidad convincente  – y seguro que en muchos casos buena intención -, cuando se establecen procedimientos para dar cuentas, para hacer transparentes las instituciones públicas, garantizar la igualdad de oportunidades y el uso racional de los recursos y todo lo demás; – pero el resultado de establecer un protocolo, un formulario, una solicitud, un proceso formal(ista) de programación y luego de evaluación para cada paso que damos, para cada solicitud, tiene como resultado que la vida se apaga y las pasiones universitarias que tendrían que ser alegres, se transforman en pasiones tristes – pasiones tristes que reconocemos porque son aquellas que reducen nuestra potencia, según decía Spinoza.

Y todo esto, sin entrar en otros fines a los que también contribuye toda esta burocratización – sobre los que también hay mucho que hablar.

Algo habrá que hacer.

 

 

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