Algunas Posibilidades del Parlamento del 20D

lefebvre1973-720
Juan Gris, The Checkerboard, 1915. Art Institute of Chicago, Chicago, IL, USA
Fuente: http://www.juangris.org/The-Checkerboard.html

David Patiño

Las elecciones generales del 20D han deparado un Parlamento inédito en la última etapa democrática dado que ningún partido ha conseguido un mandato claro para gobernar. Mas al contrario, el Parlamento ha quedado fragmentado con cuatro fuerzas mayoritarias y un numeroso grupo de partidos, principalmente regionalistas más IU, con representación. A esto hay que sumar que la tercera fuerza política en términos de representación, Podemos, confluía formando parte de coaliciones en algunas CCAA. Es de suponer que debido a su peculiar composición y origen no siempre tengan el mismo criterio en todas y cada una de las ocasiones, y no forme un grupo tan homogéneo como los que hemos estado acostumbrados. Desde otro punto de vista, la Cámara ha quedado dividida en dos bloques, derecha e izquierda, de idéntico tamaño, aunque en términos de escaños, porque en número de votos, la izquierda ha obtenido muchos más. Por último, existe una mayoría clara, sobre el papel y con la salvedad que indicaré, de las fuerzas que se oponen a la estructura centralista que tiene actualmente el Estado. Este grupo se divide entre los grupos nacionalistas, especialmente catalanes, que proponen la independencia y los que proponen una reforma constitucional que lleve a una España mucho más descentralizada. Dentro de este grupo debemos considerar que el PSOE, a pesar de proponer desde hace tiempo un diseño federal para el estado, si bien sin concretar su configuración, tampoco parece un bloque homogéneo, al menos en esta cuestión.

Las novedades (y oportunidades) de este Parlamento son enormes. Es la primera vez en la que ningún partido tiene una mayoría clara de gobierno. De hecho, desde el principio dio la impresión de que el Partido Popular, que ostenta la minoría mayoritaria no va a poder formar gobierno y parece que las dos únicas opciones viables son un gobierno presidido por Pedro Sánchez o unas nuevas elecciones, de resultados también inciertos.

Desde mi punto de vista, los españoles han mostrado su deseo por una mayoría de progreso que realice cambios importantes en el país. No obstante, existen muchas más posibilidades, dado que posiblemente estemos ante la situación más parecida a unas cortes constituyentes que podamos tener. Y esto es así porque tanto la derecha como la izquierda han llegado divididas en bloques con poder real. El electorado ha enviado el mensaje de que la política de frentes debe finalizar y los partidos políticos tendrán que acostumbrarse a llegar a acuerdos entre ellos. Pero también creo que el electorado ha enviado el mensaje nítido de que es necesario cambiar el edificio institucional que se creó en el 78. Por un lado, una buena parte de la sociedad ha llevado al Parlamento la demanda de superación de la democracia de élites que ya lanzó en las calles el 15M hace 4 años y medio. Una parte importante de la sociedad española viene demandando un cambio radical en el sistema de toma de decisiones públicas para disponer de una democracia con sistemas de control que funcionen de verdad. Igualmente demandan que responda a las necesidades y preferencias de los individuos y el fin de la opacidad que está en el origen de la corrupción.

De otro lado, la composición parlamentaria también responde, en buena medida, a la necesidad acuciante y a la demanda mayoritaria de cambios fundamentales en la estructura orgánica y posiblemente en la naturaleza del Estado que permita superar, al menos durante un tiempo, las importantes tensiones territoriales.

Pienso que el actual Parlamento es idóneo para acometer el desarrollo de las más importantes, o quizás de todas, estas reformas imprescindibles. Sin ánimo de establecer una jerarquía, por la importancia capital de todas ellas, el desarrollo de la denominada “nueva política” podría avanzar en algunos de estos desarrollos.

Podría modificar un sistema electoral ideado originalmente para que la derecha gobernara con el 30% de los votos, infrarrepresentando a los sectores de población más dinámicos y progresistas. El PSOE ha pensado que también era beneficiario del sistema, y lo ha sido, a costa de marginar a IU y buena parte de su ideario, pero ahora ya no lo es y tiene incentivos para modificarlo. Por ley se puede modificar la elección del Congreso para que la norma sea una situación más parecida a la actual. En concreto, la Constitución posibilita elevar la proporcionalidad incrementando, por ejemplo, a 400 el número de diputados o reduciendo el límite de representación provincial a un único diputado, de los dos que tiene ahora. Igualmente permite establecer un sistema de listas abiertas. Esto último es importante porque los representantes rinden cuentas ante quiénes los eligen y en nuestro sistema, son los aparatos de los partidos y no los ciudadanos, quienes lo hacen. Todo ello fortalecería la función del Congreso como fiscalizador del ejecutivo. En la misma línea podría modificarse el reglamento de funcionamiento de la Cámara para por ejemplo, agilizar la creación de comisiones de investigación y que no puedan ser vetadas por una hipotética mayoría absoluta. El Senado, por el contrario, tiene una situación completamente diferente. Su composición viene determinada (bloqueada) en la Constitución, bloqueo que es posible que se ideara por el legislador constitucional para enfrentar posibles situaciones como la actual.

En esta legislatura también se podría acometer una reforma constitucional que apuntalase y bloqueara el estado social y una democracia de elevada calidad. Su necesidad se ha visualizado claramente durante esta legislatura en la que hemos asistido a un debilitamiento de ambas, empleando muchas veces únicamente decretos. La dificultad en enorme porque el procedimiento para modificar lo que se conoce como núcleo duro de la Constitución se ideó, posiblemente, para que nunca pudiera ser empleado. Sin embargo, y paradójicamente, el artículo 168 que es el que regula este proceso, no se incluye en este núcleo duro, con lo que podría ser modificado por la misma vía que se empleó para reformar el artículo 135, para el que es necesario tres quintos de la cámara y la mayoría absoluta del Senado. Como hemos apuntado, es posible que el Senado se pensara para bloquear una situación esta situación. En cualquier caso, el Congreso puede y debe debatir las propuestas de reforma en un ejercicio que no será, ni mucho menos estéril. Más aún, es posible el empleo de un referéndum no vinculante, propuesto por Podemos y que ya usó Felipe González para decidir nuestra permanencia en la OTAN. Si este referéndum se consigue ganar, sería factible acometer los cambios.

Una ventaja de la composición del Congreso es que, al menos para estas dos grandes reformas, es perfectamente factible contar con elementos de la derecha, como Ciudadanos pero también con sectores del PP. De hecho, la experiencia previa en este país nos muestra que es muy necesario hacerlo.

Por otro lado, es imprescindible reformar el sistema de financiación autonómico que está caducado desde hace dos años. Esta reforma podría suponer un paso previo (o incluso simultáneo) al cambio de la estructura del Estado, que deberá acometerse constitucionalmente. La cuestión es más complicada ahora, si cabe, que en las anteriores reformas porque, por primera vez, el sistema no podrá incrementar sustancialmente sus fondos. Los incrementos procedían de transferencias verticales del nivel central al autonómico pero eso ahora no va ser posible por las restricciones presupuestarias y porque el nivel central se ha reducido a una dimensión que ya no permite transferir las cantidades que permitieron cerrar los acuerdos en el pasado, garantizando que ninguna CA empeorara en el nuevo sistema. Este mantenimiento del statu quo ha sido el responsable de que la distribución territorial de los fondos públicos aún siga siendo heredera, aunque ya crecidita, de la que había en el franquismo. Por primera vez será necesario diseñar un sistema en el que predominen las soluciones técnicas a los acuerdos políticos, considerando que la financiación de las autonomías ha sido responsable de buena parte de las tensiones de estos años y de muchos de los problemas. Deberemos pensar qué organización queremos tener y cómo financiarla. Ahora es el momento.

Evidentemente, entre las grandes reformas que es necesario acometer, habrá que diseñar, por fin, un sistema educativo adaptado al siglo XXI. El Parlamento es apropiado para conseguir el amplio consenso que posibilite el cambio de paradigma que permita superar, de una vez, la educación basada en conocimientos memorísticos y construir el sistema inclusivo que permita una reducción sustancial de la desigualdad.

Desde otro punto de vista, el gobierno que se forme, si finalmente los actores piensan en los intereses de los ciudadanos y no los particulares, será necesariamente un gobierno progresista, y como tal desarrollará las políticas de izquierda que son tan necesarias y urgentes. Estas decisiones no tendrán que acometerse por consenso, lo cual no significa que se vuelva a imponer los trágalas a los que nos han acostumbrado las mayorías absolutas (o cuasi) de los últimos 40 años. Que haya disensos en las recetas que se apliquen no significa que no se tengan en cuenta puntos de vista diferentes que hagan más razonables las leyes que se aprueben, pero tampoco significa que deban ser aceptadas unánimemente, pues como toda regulación, generará grupos que se opongan a ella legítimamente. Pero pensemos en el amplio abanico de necesidades sociales urgentes que es necesario acometer y que un gobierno progresista está en disposición de poner en marcha. El listado es enorme con la lucha contra la desigualdad, el paro y la pobreza como principales objetivos a conseguir. En esta agenda reformista habrá que empezar por una reforma laboral que permita un trabajo de calidad e impida los abusos a los que nos hemos acostumbrado y por la paralización de unos desahucios absurdos, injustos y totalmente ineficientes.

En definitiva, la legislatura que tenemos por delante es la de las oportunidades y esperemos que nuestros representantes tengan altura de miras para transformar en realidades las potencialidades que tanta esperanza han generado en amplios sectores sociales. Es posible transformar su democracia de élites en una democracia de todxs…hagámoslo…

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2 comentarios en “Algunas Posibilidades del Parlamento del 20D

  1. Muchas gracias, Jose. Si no nos diéramos cariño nosotrxs…
    Sí que lo tengo pensado, a ver qué nos deparan nuestros representantes y por fin, en esta generación somos capaces de crear una democracia plena. Seguimos hablando…

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