Reflexiones sobre fab labs y nuevo modelo productivo

Publicado en LABlog 30/11/2015

José Pérez de Lama

Notas escritas a partir de la mesa redonda “Tecnologías y nuevos modelos productivos”, que contó con la participación de Cesáreo González Álvarez, Fab Lab León; César García Sáez, Makespace Madrid y David Pello, fabLAB Asturias, LABoral, Gijón y la moderación del autor de estas líneas, en el marco del “WinterLAB. Encuentro sobre comunidad y uso crítico de la tecnología”, celebrado en noviembre de 2015 en LABoral, Gijón.

Promesas y realidad de la cultura fabber/maker
En medios políticos y sociales, y con motivo de la grave crisis que atravesamos, es un lugar común el de la necesidad de desarrollar un nuevo modelo productivo en el Estado Español que supere la excesiva dependencia de las últimas décadas respecto del “ladrillo”, – hundido tale vez para mucho tiempo, y para bien, tras la “burbuja” -, el turismo y, quizás habría que añadir, el sector financiero. Dos / tres áreas o aproximaciones son las que se mencionan habitualmente para el desarrollo de este “nuevo modelo productivo”: una la relacionada con el conocimiento y las tecnologías en general y a través de ellas la reconstrucción del sector industrial/productivo en torno a actividades con “mayor valor añadido”, otra la de las energías renovables y la ecología, y una tercera, finalmente, la de los cuidados (ésta última mencionada al menos por algunos sectores) [1].

En este contexto, creo, es en el que se sitúa uno de los principales motivos de interés por los fab labs. Existen, no obstante, dudas razonables sobre la posible aportación real a un cambio de modelo productivo, o sobre la forma que la virtual aportación de los fab labs pudiera tomar. Escribía hace poco para el encuentro LabMeetings celebrado en el Medialab Prado de Madrid el pasado octubre:

“La Tercera Revolución Digital: Recientemente he asistido a varias reuniones con nuevos equipos municipales en diferentes ciudades para hablar sobre el tema de los fab labs. Uno de los argumentos recurrentes es el de la llamada tercera revolución digital y su hipotética aportación al desarrollo de un nuevo modelo productivo, a la creación de empleo, etc. Este discurso, sin embargo, está en el límite de convertirse en lo que los estadounidenses llaman un shibboleth – una palabra o expresión de un partido, secta o creencia, generalmente considerada por otros vacía de significado real…”

Los antecedentes de la llamada “Segunda Revolución Digital” – la de la comunicación, Internet, los móviles, etc – y quizás también de la primera, la de los ordenadores, podrían hacernos ver que las esperanzas de que esta “Tercera Revolución” (Gershenfeld, 2005) tenga como resultado la proliferación de pequeñas empresas y de individuos productores – que se ganen la vida con este trabajo – quizás sean un poco ingenuas…

¿A qué nos referimos cuando hablamos de un nuevo modelo productivo?
Mientras que considero bastante claro que los fab labs y makerSpaces son excelentes herramientas para la educación y la formación – posiblemente en paralelo o más allá de las instituciones tradicionales de enseñanza – de trabajadores más capacitados en sectores económico-productivos relativamente emergentes, cada vez tengo más dudas de que por el actual camino los fab labs y espacios similares vayan a generar formas y relaciones de producción realmente nuevas. Como decía el profesor Carlos Bueno [2] en una reciente charla, hablar de un nuevo modelo productivo no sólo debería limitarse a hablar de nuevos sectores productivos – del “Qué” producimos -, sino además, también, del “Quién”, el “Cómo” y el “Para Quién”.

En este momento, un escenario bastante verosímil – aunque no particularmente atractivo -, es que se produzcan fenómenos parecidos a los de Google, Facebook o Amazon – que en realidad ya están ocurriendo – (Anderson, 2012) – en los que grandes corporaciones – de nuevo Google, aunque también está apostando fuerte Autodesk o Stratasys -, monopolicen las mayor parte del negocio en torno a la fabricación personal/comunitaria, y que en este escenario los fabbers/makers juguemos el papel de los actuales usuarios de Google, Facebook, etc.: generar contenidos a cambio de servicios no retribuidos; – quizás en el mundo de los makers, a cambio de unos pequeños ingresos económicos por subir diseños a la red, o actuar en alguna parte marginal de la cadena de valor, por ejemplo, imprimiendo piezas diseñadas en otra parte destinadas a consumidores finales…

El antecedente de la mercantilización de Internet en 1990-2000
Los que vivieron las décadas de 1990 y 2000 implicados en aquellos años de “la revolución de Internet” recordarán como hubo un impasse en el que no llegaban a vislumbrarse los modelos de negocio de la web, que para muchos era sobre todo un espacio social de comunicación y organización de redes antes que otra cosa. En aquellos años se hablaba de producción distribuida, de fin de los modelos tradicionales de producción, de que cualquiera podría convertirse en un empresario de éxito, etc. Pero muy pronto, emergieron los nuevos gigantes – primero bondadosos, el Don’t Be Evil de Google, y luego quizás algo menos – léase la entrevista de Eric Schmidt con Julian Assange (Assange, 2014) – cuyo negocio según lo explican algunos estudiosos consiste en capturar de alguna manera el gigantesco volumen de la cooperación social, el valor creado en y por las redes globales, y ponerlo a trabajar a su servicio –  harnessing collaboration lo llamaron algunos (Tapscott, 2006). Y en la manera que se ha hecho, no ha sido sin la ayuda de capital – pues además de las legiones de programadores, parte importante del poder de Google, Facebook o Amazon radica en las multimillonarias infraestructuras para el almacenamiento y la gestión de los datos, procesados por ellos, pero producidos por las redes globales. El hype del Big Data y las Smart Cities parece, en muchos aspectos, un spin-off de este nuevo modelo productivo – éste sí que es nuevo seguramente. Alguna parte de estos desarrollos se basan además en la cultura Open Source, – de nuevo la colaboración puesta a producir.

La alternativa del software libre
Al otro lado, o en paralelo, continuamos teniendo la cultura o el movimiento del software libre, que utilizando medios muy similares cuando no iguales a los del Open Source, se propone unos fines muy diferentes. En torno a la figura catalizadora de Richard Stallman a mediados de la década de 1980 se inicia este movimiento [3] – máquina deseante me gusta llamarlo – que se propone desarrollar un entorno o ecosistema completo de software que califica como “libre”. Con sus conocidas cuatro leyes y la condición “copyleft” adicional Stallman estableció la bases para que las herramientas – digitales – con las que pensamos y desarrollamos nuestro trabajo sean propiedad de todos y de ninguno, sean una propiedad común. Con el software libre (FLOSS: Free Libre Open Source Software) la economía política de la producción de software se transforma en algo también verdaderamente nuevo; un nuevo modelo productivo, en el que las relaciones entre productores y usuarios (que difícilmente pueden llamarse “consumidores” en el caso del software) son muy diferentes al modelo tradicional, propietario – o capitalista -, y en el que la distribución de la riqueza producida en estos procesos tiende a ser mayor y más igualitaria. Además de garantizar una mayor seguridad de las herramientas con las que trabajamos, por ejemplo, frente a los virus o a las “puertas traseras” que según se viene demostrando otros productores disponen con sorprendente naturalidad en sus sistemas [4].

Según algunas estimaciones el impacto de la actividad económica directa relacionada con el software libre es del orden de un 4% del PIB de la Unión Europea (2010) [5]. En esta actividad los programadores usan como base para nuevos desarrollos el código (libre) desarrollado por otros – con la correspondiente reconocimiento -, adaptan programas a diferentes situaciones, se encargan del mantenimiento de sistemas y redes, etc. dando lugar a posibilidades de trabajo mucho menos centralizadas, haciendo posible la existencia de cooperativas y pequeñas empresas que necesitan poco capital para su funcionamiento. Por su parte, los usuarios pueden acceder al uso de herramientas seguras con poco o ningún coste, haciendo más viables sus actividades en sus propios ámbitos de trabajo, y contribuyendo al movimiento con la promoción y defensa del modelo, en ocasiones con el testeo o puesta a punto de los nuevos desarrollos, y finalmente como clientes de servicios y desarrollos específicos. Para las economías nacionales y locales – o para las administraciones públicas – optar por alternativas libres supone no depender de importaciones, a la vez que se promueve y apoya el empleo local de calidad.

Como es seguramente conocido para las lectoras (y lectores) de este blog, el éxito y la relevancia del software libre hizo que personas y comunidades – generalmente inconformes con el modelo económico dominante – pensarán en la extensión de este modelo a otros ámbitos de producción del hardware a la cocina, pasando por la edición o la educación – algunas veces con más éxito y otras con menos. El atractivo de esto a mi juicio, es el de explorar otra “economía política”- si por ésta entendemos algo que tiene que ver con las relaciones entre los diferentes agentes económicos que participan en los procesos de producción, y en la distribución de los beneficios producidos, y en definitiva de las relaciones de agencia y poder en la sociedad.

¿Una fabricación libre como en software libre?
Hacia 2002-2003, cuando comienza a emerger el paradigma de lo que entonces se llamaba fabricación personal, muchos, de inmediato, hicimos la conexión con el modelo del software libre. Ya no se trataría sólo de escribir y usar código, sino además, de poder fabricar los objetos que constituyen nuestros entornos – de los objetos cotidianos a los edificios – compartiendo conocimiento y código libre. Se trataba de saltar de vuelta del mundo de los bits al de los átomos…

10/15 años después esta ilusión no acaba de dar frutos más allá de los juegos de laboratorio o de carácter más bien artístico.

Muchos nos preguntamos ¿por qué no ha ocurrido nada parecido – de una relevancia significativa – a lo que ocurrió con el software libre en el ámbito de la fabricación? Sería aventurado tratar de plantear aquí una respuesta definitiva. Cuatro ideas, no obstante voy a plantear…

La primera: el software libre se construye sobre la herencia de una generación de experimentación social en cuestiones de autonomía, anti-autoritarismo, construcción de comunidades y cultura DIY – los hippies y post-hippies (Levy, 2010; Turner, 2008)– experiencia o vivencia colectiva de la que ahora parece que carecemos, a pesar de la ola de 15Ms y “Occupies” varios, más centrados en la cultura política propiamente dicha que en las tecnologías en el sentido convencional del término. La herencia de la cultura hacker parece que no está logrando asumir, aún, esta nuevo ciclo de innovación digital.

La segunda es que el sector corporativo cuenta con la inestimable experiencia de las sucesivas conquista para fines mercantiles, primero, durante las décadas de 1980 y 1990, del ecosistema de los ordenadores personales y los sistemas operativos asociados (Levy, 2010), y a continuación, a partir de 2000, de la WWW de Tim Berners Lee. Resulta difícil releer la narración de Levy de la invención en los primeros hacker clubs de los ordenadores personales, con las historias de empoderamiento personal, experimentación e ideales de cambiar el mundo, y no pensar en que estamos repitiendo hoy lo mismo en el ámbito de la fabricación digital.

La tercera idea es que las últimas décadas de creciente precarización de la vida, a la par que intensa promoción de la cultura de la auto-empresarialidad, han hecho que, por un lado, la gente no tenga tiempo para experimentar y dedicar su esfuerzo a la construcción de lo común, y por otra, que se haya convertido en un reflejo condicionado el tratar de vender en el mercado cualquier cosa que crean. Esto no era así en los primeros años del software libre, al menos entre amplias comunidades “militantes” de lo que se llama la autonomía digital. Mientras que Stallman o Berners Lee son figuras que pueden sonar de algo a los actuales estudiantes de informática, no me cabe duda de que Gates, Paige, Bryyn o Zuckerberg son los magnates-iconos-pop que a la inmensa mayoría les gustaría llegar a ser. La aproximación capitalista va ganando, antes que nada, en el campo del deseo.

La cuarta idea, y aquí un poco de optimismo por fin, es que aún no haya transcurrido el tiempo suficiente, y que los ecosistemas para la fabricación digital libre/open source van a ser más complejos que los del software libre. Christopher Kelty (2008) ya nos explicaba con acierto que de ninguna manera aquello fue un fenómeno espontáneo, sino la articulación de múltiples grupos, ideas, prácticas y procesos – en conflicto con otras formas de hacer… Será imprescindible, por tanto, que algo de análoga complejidad pueda ir construyéndose en las próximas décadas si es que queremos que exista un ámbito de fabricación digital “libre”. Mi apuesta personal es por el enriquecimiento de dos tipos de ecosistemas/ecologías [6] complementarios: una la que entrelaza conocimiento/investigación, prácticas y procesos de socialización; la otro la que conecta las múltiples actividades que pueden ser atravesadas por las prácticas de fabricación digital: del diseño a la artesanía, de las industrias locales a los almacenes de materiales, de la moda a la arquitectura, del arte a la educación informal, de la producción de energías renovables a la economía circular, de las monedas sociales a…

Para las próximas navidades igual podéis pensar en algún regalito basado en código libre y made in fab labs. Nos vemos en el futuro…

#notas

[1] Vicenc Navarro, Juan Torres, 2014, Un proyecto económico para la gente, disponible en: https://web-podemos.s3.amazonaws.com/wordpress/wp-content/uploads/2014/11/DocumentoEconomicoNavarroTorres.pdf; pp. 37-38

[2] Carlos Bueno, 2015, Hacia un nuevo modelo productivo… ¿Qué modelo y cómo?, conferencia impartida en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura en el marco de la asignatura Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas 4

[3] The Free Software Foundation, What Is Free Software, en: http://www.gnu.org/philosophy/free-sw.html | accedido 22/11/2015

[4] Puede verse esta noticia reciente sobre móviles chinos que incorporaban “backdoors” por defecto http://www.theguardian.com/technology/2014/dec/18/chinese-android-phones-coolpad-hacker-backdoor aunque hacer un mínimo seguimiento de las peripecias de Julian Assange o Edward Snowden nos da una clara idea de la vulnerabilidad de los usuarios normales de dispositivos conectados a Internet frente a la alianza de estados con inclinaciones orwellianas y grandes empresas que se pliegan o colaboran activamente con ellos.

[5] Sobre el impacto económico directo del software libre: Definido en líneas generales, los servicios de software libre podrían alcanzar un 32% de participación en todos los servicios de información (TI) para el año 2010, mientras que el promedio de participación del software libre en la economía pudiera alcanzar el 4% del PIB europeo para el año 2010. El software libre constituye el 29% de la participación de todo el software que se desarrolla en empresas dentro de la Unión Europea (43% en EE.UU.) y proporciona el modelo natural para el desarrollo de software del sector secundario de software. Fuente: UNU-MERIT Holanda / Comisión Europea. Contrato ENTR/04/112,  2006, Estudio del impacto económico del software libre en la innovación y la competitividad en el sector europeo de las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones (TICs) | accedido en Internet 22/11/2015.

[6] Decir ecologías en lugar de ecosistemas es recordar a Gregory Bateson y su pensamiento sobre la unidad de mentes y ecosistemas en lo que llamaba ecologies of mind (2000). Desarrollar esto en detalle necesitaría de al menos otro texto como el presente, que espero poder hacer próximamente.

#referencias

Chris Anderson, 2012, Makers. The New Industrial Revolution, Random House Business Books, Nueva York, Londres

Julian Assange, 2014, Google Is Not What It Seems, disponible en: https://wikileaks.org/google-is-not-what-it-seems/ accedido 28/11/2015

Gregory Bateson, 2000 [edición original de 1972], Steps to an Ecology of Mind, The University of Chicago Press, Chicago & Londres

Neil Gershenfeld, 2005, Fab. The Coming Revolution on Your Desktop – From Personal Computers to Personal Fabrication, Basic Books, Nueva York

Christopher M. Kelty, 2008, Two Bits. The Cultural Significance of Free Software, Duke University Press, Durham and London

Steven Levy, 2010 [original edition 1984] , Hackers. Heroes of the Computer Revolution, O’Reilly, Sebastopol

Don Tapscott, Anthony Williams, 2006, Wikinomics. How Mass Collaboration Changes Everything, Penguin, Nueva York

Fred Turner, 2008 [edición original de 2006], From Counterculture to Cyberculture: Stewart Brand, the Whole Earth Network, and the Rise of Digital Utopianism, University of Chicago Press, Chicago

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