Lógica Mentirosa II

Escena de la película Tiempos Modernos. 1936. Dirigida y protagonizada por Charles Chaplin (en la imagen)

David Patiño Rodríguez

Os traigo la 2ª entrega de esta serie. Como en la primera indico ideas que el poder ha empleado para conseguir hacer pasar por aceptables, regulaciones que no habrían podido haber sido aceptadas de otro modo. El truco está en aprovechar una apariencia lógica o ampararse en situaciones no del todo ciertas. El objetivo es justificar el establecimiento de relaciones laborales que dejen totalmente desprotegidos a los trabajadores.

En esta ocasión analizo la idea de que eliminando los derechos laborales se incrementa la productividad. El razonamiento es más o menos así: si un trabajador tiene garantizado la estabilidad en el empleo, a través de una legislación que impida o dificulte los despidos, se apoltrona y su productividad cae. Por el contrario, si sabe que el empresario lo podrá despedir cuando desee, tendrá un fuerte incentivo a trabajar muy duro para elevar su productividad y que el empresario no tenga incentivos para despedirlo. El argumento da por hecho que los trabajadores tienen tendencia a la pereza y ha sido repetido hasta la saciedad, lo cual ha generado su interiorización. Hace unas semanas, uno de mis alumnos contó una anécdota en clase que resume perfectamente cómo ha operado la idea. El estudiante nos relató la situación de un familiar que tenía un contrato en precario en unos grandes almacenes especializados en vender material deportivo. Para conseguir la renovación del contrato, el protagonista de la historia y sus compañeros tenían que trabajar muy duro y supuestamente, el método daba buenos resultados. El ejemplo me hizo pensar porque incluye las claves fundamentales para desentrañar la falsedad del argumento.

Por supuesto que el ejemplo es totalmente lógico y todos lo vemos plausible. De hecho, es muy probable, debido al proceso de precarización que ha sufrido nuestro mercado laboral, que conozcamos situaciones similares. Como es tan lógico se han encargado de generalizar el razonamiento y de decirnos que el efecto va a ser el mismo en todos los sectores y empleos.

Sin embargo, si escarbamos la superficie, en seguida podemos encontrar dificultades para que se produzca esta generalización. El ejemplo que indicó mi estudiante se refería a un trabajo totalmente automatizado que consiste en colocar artículos en estanterías. Este trabajo posee la característica de que su productividad es fácilmente medible, situación que no se da en todos los trabajos. De hecho, los empleos que más valor añaden y por tanto, en los que pensamos cuando hablamos de prosperidad, no la poseen. Estos empleos se caracterizar porque precisan de una cualificación elevada, médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, economistas, … y un larguísimo etcétera. En todas estas actividades, los trabajadores no suelen responder a este tipo de incentivos. O es que, ¿alguien cree que por mucho que un médico tema que lo vayan a echar del trabajo, va a ser mejor médico? La productividad de un médico no es fácil de medir y menos a través de una medida simple y eso les ocurre también a los ingenieros, artistas o abogados. Podríamos pensar que un abogado que gane muchos juicios es productivo en su trabajo (aunque en realidad no tiene que ser necesariamente así), pero también podemos imaginarnos el caso extremo de un abogado que únicamente gane un juicio en su vida…y cambie el mundo, ¿cuál de los dos sería el más productivo? Desde luego la productividad agregada de una economía se relacionada con la actividad de este tipo de profesiones en los que los incentivos no funcionan bien…o más bien no funcionan de ninguna forma. Si tuviéramos una enfermedad grave elegiríamos sin dudar al Dr. House como médico, incluso sabiendo cómo nos va a tratar, y si fueron seguidores de la serie, recordarán que en una de las temporadas lo degradaron y le quitaron la jefatura del equipo. De un modo abiertamente incompatible con la forma convencional de pensar, su productividad se mantuvo inalterada y al final de los episodios realizaba un magnífico diagnóstico que permitía la curación de un enfermo que sin él, sin duda habría fallecido. Es una ficción, pero sin duda mucho más plausible que imaginar que la capacidad del Dr. House para conocer las dolencias de los enfermos se hubiera modificado por el tipo de contrato que tuviera.

Podemos seguir profundizando en la relación entre los derechos de los trabajadores y su productividad, analizando el origen de la última. Sin duda algunos trabajadores, por cuestiones innatas, poseen una mayor capacidad que otros para desarrollar su trabajo. Digamos que en una profesión existe una productividad media y diferencias entre unos profesionales y otros que es probable que se distribuyan aleatoriamente. Los defensores de las ideas convencionales nos podrían indicar una forma por la que los incentivos y por tanto la reducción de derechos laborales, elevan la productividad. La argumentación vendría a ser que si bien los incentivos no pueden mejorar la capacidad de un médico en cuestión, si pueden elevar la productividad media de la profesión. En realidad, el argumento también es falso, pues la productividad es una cuestión que está más relacionada con los puestos de trabajo desempeñados que con las personas que los desarrollan.

Y este es el último aspecto que se debe considerar y para ello es necesario repasar la teoría del capital humano, que es la explicación ortodoxa del papel de la educación. Esta teoría viene a decirnos que los individuos pueden elevar su capacidad productiva a través de la formación. Las empresas sobornan a estos individuos con mayor capacidad productiva con unas mayores remuneraciones para atraerlos y que desarrollen esa productividad en su organización. Bajo esta lógica, parece claro que eliminar derechos laborales incentiva a que los individuos acumulen mayor cantidad de capital humano para no ser despedidos. El resultado es una continua elevación de su productividad. Además, si no lo hacen serían sustituidos por otros trabajadores que han hecho bien sus tareas y además, ellos serían los únicos responsables de haber perdido su puesto de trabajo.

Existen otras visiones de la economía laboral que no comparten, para nada, este enfoque. El aspecto que comparten es la consideración de la productividad como un fenómeno asociado a los puestos de trabajo y no a las personas. Es decir, los puestos de trabajo tienen asociados una productividad que puede ser desarrollada independientemente de quién los ocupe. Tal productividad está relacionada con la cantidad de capital que se maneja en ese puesto. Los empleos que posibilitan manejar una gran cantidad de capital están asociados a muy altos niveles de productividad (y en consecuencia salariales) y al contrario. Bajo esta consideración, la productividad tampoco puede responder a incentivos. El lector puede pensar en la profesión de médico cirujano, como un ejemplo de un puesto muy productivo para el que se necesita una fuerte formación. Es evidente que para ciertos puestos es imprescindible una cualificación específica y determinada pero también es cierto que la productividad de un médico cirujano, por mucha capacidad que tenga, depende de modo crucial del capital del que disponga para desarrollar su trabajo. Pero además, algún otro ejemplo puede ilustrar el grado en que esta visión crítica se ajusta a la realidad. Podemos pensar en un entrenador de fútbol de élite como Guardiola que es posiblemente uno de los mejores del mundo, y por tanto, con una productividad elevadísima. Sin embargo, su productividad ha estado y está asociada a un puesto de trabajo en el que maneja un capital futbolístico enorme. Podemos pensar que dos personas como la otra editora de este blog o yo mismo, no muy entendidos en fútbol, si entrenáramos al Barcelona o al Bayern, es posible que no consiguiéramos los éxitos que logra este grandísimo entrenador, pero no creo que nadie dude de que ambos equipos, incluso con nosotros de entrenadores, seguirían ganando muchos partidos. Y al contrario, si Guardiola tuvieran que entrenar a un equipo de una categoría amateur, por muy fantástico entrenador que sea y las mejoras, que sin duda, lograría en el juego de ese equipo, no lograría jamás ganar a un equipo, digamos, como el Manchester United.

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7 comentarios en “Lógica Mentirosa II

  1. Saludos Patiño! La productividad en sí misma parece una palabra o concepto algo ambiguo… Marx definía la productividad de la fuerza de trabajo como la ratio entre capital fijo y capital variable y de esta manera representa la capacidad de la fuerza de trabajo (capital variable) de transformar el capital fijo (medios de producción) en producto o mercancía. En su visión había dos formas de aumentar la productividad: con mejoras en el proceso de producción (cooperación, división del trabajo, gran industria…) y mediante las mejoras tecnológicas (de la maquinaria de producción). Como para Marx el único agente de creación de valor es la fuerza de trabajo, la productividad es un atributo de ésta.

    A lo que ocurre en el caso que describes arriba del vendedor o reponedor de material deportivo, Marx lo llamaba específicamente intensidad del trabajo. Con una misma organización del trabajo y con las mismas tecnologías (técnicas) unos trabajadores producen más y otros menos, al trabajar con mayor o menor intensidad. A mayor intensidad, mayor productividad, lógicamente. Bien es cierto que tanto la organización del trabajo como la maquinaria han avanzado habitualmente en la dirección de la intensificación del trabajo – como la película de Chaplin mostraba.

    Finalmente, el tema de bajar los salarios para aumentar la productividad. Bajar los salarios supone en primer lugar aumentar la cuota de explotación (plusvalía / salarios), – y sólo subsidiariamente significa aumentar la productividad, medida ésta, según decía, como el ratio entre el capital fijo y el capital variable. Permaneciendo el capital fijo constante (el coste de los medios de producción) y reduciéndose el capital variable (los salarios), el término “productividad” así calculado aumenta; pero la cosa parece un feo eufemismo… En realidad, en la abstracción que hace Marx para estudiar la productividad, él considera que el precio de la fuerza de trabajo se ajusta a su valor que está dado, para una cierto lugar, un cierto estado de desarrollo de la lucha de clases y un cierto nivel de desarrollo de la civilización. Pero claro esto era una abstracción que hacía para poder estudiar de una manera más clara el proceso y las relaciones de producción.

    No se si viene a cuento, pero ahí te lo dejo.

    Lo que está claro, diría, es que la creciente precarización social, y del trabajo en especial, está creando un malestar generalizado, que no puede ser bueno para casi nadie… Y que maltratando a las personas, éstas sólo trabajarán por la coacción de no poder comer o vivir con la mínima dignidad, o por engaño… Por muy razonable que pudiera ser desde una perspectiva económico-empresarial, debería resultar evidente – en mi opinión – que hay algo que no está bien, o que está muy mal… Pero, claro, ésta es la historia del capitalismo…

    Salud!

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    1. Como indiqué antes, hasta que no tengamos un sistema económico que no deshumanice a las personas, es imposible escaparnos de esta tendencia a la explotación. Pero particularmente, a mí lo que más me llama la atención es la Paradoja de Easterlin (http://es.wikipedia.org/wiki/Paradoja_de_Easterlin) basamos nuestro sistema en algo que, aparentemente no hace felices ni a los que triunfan en él. De chico, como todo el mundo en este país, era aficionado a ver Falcon Crest…y la verdad es que lo que siempre me llamó la atención de aquél culebrón era que ninguno era feliz, por más lujos que tenían y era aún más sorprendente que además, parecía del todo plausible…para reflexionar sobre qué queremos conseguir en esta vida

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  2. Otra manera de abordar la reducción general del valor de la fuerza de trabajo – – (los salarios a nivel micro y la parte correspondiente a los trabajadores a nivel macro)-, al fin y al cabo se trata de trabajar más intensamente, para producir más, por menos dinero y a cambio de menos contraprestaciones sociales, es que los trabajadores están pagando con una reducción general de su nivel de vida (eso es lo que representa el valor de la fuerza de trabajo) la devaluación general de la economía debida a la crisis…

    En el caso del stock inmobiliario parece más claro de ver.

    Hay una lucha (de clases) por un lado, y por otro entre las diferentes facciones del capital global, para ver quien “paga” esta devaluación. Así cuando se habla de aumentar la productividad para mejorar la competitividad de lo que se habla en realidad es de bajar la parte del trabajo en el conjunto de las rentas como una de las estrategias para que el capital que no puede escapar a otros lugares actualmente más rentables pueda seguir manteniendo sus niveles de acumulación, o por lo menos para minimizar sus pérdidas – haciendo que una mayor parte de los costes de la producción recaigan sobre el trabajo… directamente a través de la reducción de la renta (aumentando la ratio de explotación) e indirectamente a través de los recortes en servicios públicos (que funcionan como una renta o salario indirecto)… Y si además, los costes de reproducción social (sanidad, educación, movilidad, dependencia, deportes, etc.) pasan de ser una forma de renta indirecta del trabajo a otro espacio para la acumulación de capital pues está claro quien sigue cargando con la devaluación…

    Mirando el proceso de circulación de capital como una unidad orgánica se ven otras cosas que cuando se miran como momentos independientes las situaciones concretas de producción, acumulación o reproducción (del capital y de la fuerza de trabajo)…

    Seguramente mezclo cosas, pero el fondo de lo que planteo creo que no está muy descaminado…

    Saludos domingueros!

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