Hacemos la ciudad y la ciudad nos hace a nosotros…

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Junya Ishigami, 2012, Blending Environment, p. 66. Source: http://arpc167.epfl.ch/alice/WP_2012_SA/meystre/?attachment_id=10

Sobre la ciudad. Tratado de la metrópolis para el uso de las jóvenes generaciones
versión 1.0 / 24.12.214

Por José Pérez de Lama, aprendiz de maquinista guattariano. Dedicado provisionalmente a CH, y a mis estudiantes de 5º curso de este año 2014 con los que he trabajado algunos de los temas que aquí se plantean.

Es difícil construir una casa cuyos cimientos estén hechos de tristeza @missvenenno (Twitter), 2014

Introducción. Hacemos la ciudad y la ciudad nos hace a nosotros…

La ciudad, la metrópolis (que sería otra forma de llamar a la ciudad subrayando su modernidad o más precisamente su carácter contemporáneo o actual [1]), es para muchos de nosotros uno de los principales lugares a los que sentimos que pertenecemos. También sentimos que la ciudad, en cierta medida nos pertenece… Mi ciudad es Sevilla diremos muchos con orgullo cuando estamos fuera; soy de Madrid, de “Ca’i-Ca’i”. Aunque cada vez menos sea así, – debido a la creciente movilidad y también a las tecnologías de la información – la ciudad, el barrio son uno de los principales componentes con los que construimos nuestra identidad, o nuestra subjetividad [2]; que nos ayudan a construir quienes somos. Soy de Triana, o de la La Macarena; o mi barrio es El Porvenir, el Polígono San Pablo; El Cerro; o vivo en Pino Montano, en Valdezorras, en Sevilla Este… (barrios de Sevilla). Este aspecto de las ciudades que traigo aquí en primer lugar tendría que ver con las comunidades que se forman en los barrios, con formas características de vivir, con el tipo de vida que se ha ido desarrollando a lo largo de la historia o los años en estas zonas de la ciudad, con los estilos de vida de los vecinos, con la belleza o al menos el carácter o idiosincrasia de sus calles, plazas, parques, incluso de sus bares y comercios; y edificios públicos; de sus fiestas y ritos más o menos profanos; con los amigos de la calle o del colegio de la infancia y la juventud… Parecería indudable que el paso del tiempo, la historia incluso, – la vivida y la transmitida a través de múltiples vías -, tienen que ver con este hacerse juntos de los habitantes y de la ciudad.

Se dice que nosotros, o el Hombre hace la ciudad – o la arquitectura – y la ciudad – o la arquitectura – nos hace a nosotros – y quizás hay que señalar que esto se produce en un movimiento recurrente: nosotros hacemos la ciudad, la ciudad nos hace a nosotros, nosotros volvemos a modificar la ciudad, y así sucesivamente [3]. Habría que preguntarse de todas formas quién se supone que es éste “hombre” o este “nosotros”. Volveremos sobre esta pregunta un poco más adelante. Sólo, por esta razón de que las ciudades contribuyen a la construcción de quienes somos, individual y colectivamente, cabría que pensar que deberían ser, al menos en cierto grado, objeto de pensamiento y decisiones colectivas… Habría que señalar también que se dice que el Hombre hace la ciudad, pero no se dice que la hace la Mujer. Y ya sabemos, que habrá los que repliquen automáticamente que en castellano Hombre significa, etc, etc. Pero también habrá que volver sobre este asunto, e intentar pensar si es lo mismo que el hombre o la mujer seamos los que hagamos la ciudad.

Un aspecto no menor de la ciudad y de los barrios, además del anterior, es el de la ciudad como conjunto de edificios, infraestructuras y servicios que nos hacen posible la vida urbana (valga la redundancia), desde un punto de vista funcional, del uso o de la utilidad; que la hacen posible, que la hacen cómoda, que la hacen incluso grata, agradable; y podría ocurrir que, en ocasiones, incluso emocionante. Quizás sea éste el aspecto al que mayor importancia se da en el urbanismo oficial hecho por o con ayuntamientos y administraciones públicas.

No deberíamos olvidarnos, finalmente, de la belleza. Pan y rosas que decía Emma Goldman. Todos habremos gozado de pasear por una bella calle, por un parque o jardín en primavera, en verano o en otoño, de de haber estado con amigos en alguna plaza, charlando viendo pasar la gente o el tiempo. Al menos entre los arquitectos, el poeta Baudelaire tiene la reputación de haber sido el primero en apreciar la belleza de la metrópolis moderna en el París de mediados del siglo XIX: los flaneurs anónimos, las multitudes de desconocidos, los encuentros pasajeros, los cafés y locales nocturnos, los escaparates, los periódicos, la velocidad, las máquinas… (Calasso, 2011). Seguimos aspirando, aunque cada vez esté más difícil, a la ciudad como obra de arte. Quizás hoy, después de Baudelaire, del cine o de Rem Koolhaas [4] ya no aspiremos a encontrar la artisticidad de la ciudad en sus edificios o sus paisajes, sino en la propia experiencia de la vida en la ciudad…

El derecho a la ciudad

El destacado geógrafo David Harvey define así el derecho a la ciudad [5]:

El derecho a la ciudad […] es mucho más que el derecho de los individuos o los grupos a acceder a los recursos que la ciudad encarna: es el derecho a cambiar y a reinventar la ciudad según el deseo en nuestros corazones… La libertad de hacernos y rehacernos a nosotros mismos y a nuestras ciudades es […] uno de los más preciosos si bien más descuidados de entre los derechos humanos. Quizás por esta razón intuitiva, la ciudad ha sido el foco a lo largo de la historia de un inmensa efusión de deseos utópicos de futuros más felices y tempos menos alienantes.

Vemos que Harvey habla de un derecho a la ciudad que va más allá del acceso a los recursos que la ciudad encarna – la vivienda, el espacio público, los lugares de trabajo y de ocio, los espacios verdes, la energía, el agua, la educación, la sanidad, etc. – recursos que aunque reconocidos, por ejemplo en la constitución española, no llegan a ser completamente satisfechos – vg la vivienda – sino que son objeto de permanente conflicto. Harvey como digo, con su enunciación del derecho a la ciudad, nos habla de un derecho de un alcance aún mayor, como es el derecho a producir y transformar la ciudad según el deseo de nuestros corazones; del de todos los habitantes de la ciudad.

Contradicción entre la ciudad capitalista y la ciudad de y para la gente

Porque… deberíamos preguntarnos, ¿según qué deseos, o según los deseos, aspiraciones y necesidades de quien se construyen y transforman las ciudades? Mucho intuiremos que habitualmente no son los deseos de los ciudadanos y ciudadanos o vecinas y vecinos medios los que determinan la manera en que se construye la ciudad, ya sean jóvenes, adultos, ancianos o niños. Y sin necesidad de una gran reflexión la mayoría intuirá que existe una posible contradicción entre nuestras ciudades, nuestras casas, nuestros espacios públicos y los servicios urbanos que los conectan entre sí y los hacen habitables, como medios para una vida buena, saludable y feliz, y la condición de la ciudad y de sus edificios como objeto de negocio de constructoras, inmobiliarias y entidades financieras. El asunto será patente para cualquiera que haya prestado un poco de atención al asunto si nos fijamos en el caso de la vivienda: en el área metropolitana de Sevilla, por ejemplo, tenemos decenas de miles de viviendas vacías mientras decenas de miles de personas carecen de vivienda adecuada falta referencia: jóvenes no tan jóvenes que tienen que seguir viviendo con sus padres…

Hilando un poco más fino, o profundizando un poco más, podemos señalar una contradicción o conflicto central en la ciudad contemporánea entre su doble condición de producto o mercancía fundamental de la economía capitalista, y de medio para la reproducción amplificada del sistema capitalista – en cuanto que infraestructura para la producción, en cuanto que mercado o espacio en el que se realiza el consumo y en cuanto que instrumento de control y reproducción social [6] -, y por otro su condición de entorno para el despliegue de la vida, en toda su complejidad, riqueza y, tal vez podríamos decir, autonomía respecto de la dominación del capital en (casi) todas las esferas de la vida [7].

Un proyecto crítico y emancipador de ciudad deberá hacer frente necesariamente a esta contradicción, sacando la producción de la ciudad de la esfera del capitalismo, o cuanto menos limitando radicalmente el papel de éste en este ámbito.

Tecnologías, redes y, ¿por fin, abundancia?

Escribía el filósofo y activista Félix Guattari, pocos años antes de su muerte (1989: 14):

Así, hacia donde quiera que uno mire encuentra esa misma paradoja lancinante: por un lado, el desarrollo continuo de nuevos medios técnico-científicos, susceptibles potencialmente de resolver las problemáticas ecológicas dominantes y el reequilibrio de las actividades socialmente útiles sobre la superficie del planeta y, por otro, la incapacidad de las fuerzas sociales organizadas y de las formaciones subjetivas constituidas de ampararse de estos medios para hacerlos operativos.

Su prosa, aunque tiene algunos seguidores como yo mismo, no es la mejor que haya leído, pero lo que dice es relevante. Ya hace 25 años señalaba Guattari que el desarrollo científico-técnico de nuestra civilización debería ser suficiente para acabar o al menos paliar de manera radical los problemas ecológicos y sociales a los que nos enfrentamos como sociedad planetaria; la destrucción del planeta, la alimentación, la sanidad, el alojamiento, la educación, etc. Es bien conocido bien conocido, por poner un ejemplo que la producción alimenticia global es en cantidad más que suficiente para alimentar a la población global, sin existir una necesidad racional de que muera por desnutrición un niño cada diez segundos en las zonas más pobres del planeta [8]. Con menor dramatismo relativo, actualmente estaríamos en disposición de una mejor distribución del trabajo y de los bienes [9]. La tecnologización y digitalización de los procesos de producción combinada con medidas como podría ser la Renta Básica Universal (RBU) o de Ciudadanía [10], darían lugar a un panorama económico, social y cultural radicalmente más equitativo y por otra parte creativo que el actual. Por contra, según señala Guattari, no son nuestras capacidades técnico-científicas como sociedad, sino que son nuestra incapacidad de organizarnos como socialmente y nuestras capacidad de darnos unos valores adecuados los que hacen que en un momento de la historia en el que disponemos de medios como nunca antes habían existido, no seamos capaces hasta ahora de organizarnos para hacerlos valer en beneficio del conjunto de la sociedad y del planeta y sus ecosistemas.

Si bien, esta circunstancia de la orientación racional y beneficiosa para la mayoría de la población de nuestros avances científicos y técnicos no es específica de la ciudad, estimo que las ciudades serán uno de los principales escenarios en donde se pongan en práctica las innovaciones en este campo, y donde se diriman los grandes conflictos. ¿Seremos capaces de poner las tecnologías al servicio de todos y todas? ¿O seguirán estando secuestradas por el capitalismo y las tecnocracias para la modulación artificial de la escasez como ocurre ahora, y en definitiva para su propio beneficio? Sin duda, no será un asunto trivial el del paso de una régimen más o menos general de escasez a uno de abundancia, más o menos moderada, pero no es disparatado pensar que se dan las circunstancias para que esta transición pudiera darse pronto, – a partir de mañana mismo, incluso -, en ámbitos como el de los bienes digitales (donde ya en realidad se da, por ejemplo, en el campo específico del sofware libre [11]), en el de la energía (renovables, según el modelo de la Tercera Revolución Industrial [12]), en el de buena parte de los bienes materiales, incluida posiblemente la Arquitectura (combinando los paradigmas de la fabricación digital [13] y la mímesis de los metabolismos naturales según plantea el movimiento Cradle-to-Cradle [14]), o en el del acceso a los ingresos para el consumo básico (con la Renta Básica Universal ya mencionada), entre otros.

A una cierta edad, uno ya no es tan ingenuo como para pensar que todo esto pueda lograrse (fácilmente). “No es faćil, mi amol.” Pero si bien no sabemos para que estamos aquí los humanos, tener estos proyectos como horizonte ayuda, un poco, a mantener a raya el nihilismo.

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Andrés Jaque / Oficina de Innovación Política @offpolin, 2010, Fray Foam House (instalación en la Bienal de Venecia). Fuente: http://andresjaque.net

Nuev@s arquitect@s, nuev@s urbanistas… ¿nuev@s ciudadan@s?

En este contexto que planteo, de transformación de los procesos de producción de la ciudad, lo que algunos denominan el software urbano (las políticas, la gestión, la organización, la recomposición de alianzas y herramientas, los protocolos, las prácticas inmateriales…) adquiere mayor importancia relativa respecto de lo que podríamos denominar hardware urbano (edificios, infraestructuras…) [15]. El caso de la vivienda puede ayudar a ilustrar esta afirmación. Más allá del diseño y la construcción de la vivienda y de su entorno inmediato, la vivienda moderna como modelo de acceso de una extensa masa de población al alojamiento es un producto jurídico, económico, fiscal, financiero, industrial y político, y si consideramos las redes y equipamientos a las que la vivienda está necesariamente conectada, también es un proyecto de ingeniería social, empresarial y socio-técnica que trasciende en mucho el trabajo concreto de los arquitectos y constructores en cuanto diseñadores, artistas y técnicos. Y no es difícil intuir que la generación de formas radicalmente alternativas de resolver el acceso a la vivienda en la situación actual de crisis, no pasa tanto por mejores o más bellos diseños – lo que sería el hardware de la vivienda – como por otro software y quizás otro netware en su proceso de producción.

Necesitaremos entonces profesionales o equipos profesionales con otro tipo de planteamientos y otro tipo de conocimientos, que sepan de políticas, de gestión, de energía, de metabolismo urbano, de redes, de economía, expertos en compartir conocimiento y en tecnologías digitales… Y si pensamos también en una producción más participativa de la ciudad y sus espacios muy probablemente necesitaremos también otro tipo de ciudadanos… Siempre que se habla de RBU, yo me imagino que el tiempo liberado del trabajo asalariado de muchas personas podrá ir derivándose poco a poco a este nuevo tipo de actividades. Algo así es lo que enunciaron los situacionistas cuando proponían una vida o una ciudad ideal en la que tod*s fuéramos actores de nuestra propia historia y constructores de nuestros propios espacios (en continua transformación, por cierto). Cuestiones como la moneda local complementaria o la banca pública, entre otras, también podrían incorporarse a esta manera de pensar la ciudad y los ecosistemas. Como dice Harvey: “La circulación de dinero y de capital deben ser consideradas como variables ecológicas con la misma importancia que la de la circulación del aire y el agua” (2006: 88).

Sobre el texto

Estos párrafos comienzan como un proyecto de panfleto que invite a la reflexión sobre temas urbanísticos orientado a las próximas elecciones municipales (mayo de 2015), a las que se presentarán previsiblemente nuevas formaciones políticas de carácter ciudadanista que aún no sabemos con certeza si se llamarán Podemos, Ganemos o Molemos – como proponía un humorista estos días. Aún no tengo del todo claro si será un texto de carácter divulgativo, esa era mi intención inicial, o algo más especializado. Me gustaría, no se si lo lograré, que fuera accesible y de agradable lectura para todo tipo de público, sin tener que caer en una excesiva simplificación de las ideas y argumentos. En estos momentos creo que no lo voy a lograr. Pero será cuestión de un poco de inspiración, y sobre todo de trabajo, y de tiempo, que quizás sea lo más escaso en las circunstancias actuales.

La segunda duda es si escribir un texto que tenga carácter de programa, con una lista de propuestas de medidas urbanísticas. O si escribir un texto más general y más abstracto, más “filosófico” o teórico. O si seré capaz de encontrar un término medio entre una y otra posibilidad, que incluya una serie de medidas concretas, prácticas, susceptibles de ser implementadas en el caso de que alguien las incorporara a su programa, a la vez que haya una explicación teórica para sostenerlas y explicar adecuadamente las razones de la hipotética bondad de lo que proponga.

La tercera duda, es si hacer un texto personal, escrito por un único autor – yo mismo – o si plantear un texto más colectivo, para incorporar diferentes visiones y para poder contar con expertos y expertas en los diferentes campos que quiero tratar – que pudieran desarrollar con mayor solvencia y profesionalidad lo que yo probablemente sólo pueda llegar a abocetar. Sobre este asunto ya hablé con Esteban de Manuel, compañero de la Universidad de Sevilla, y del grupo de trabajo sobre “modelo de ciudad” de Ganemos Sevilla, y tendremos que decidir que haremos finalmente. De momento, voy a intentar ir subiendo posts a (este) blog, #arquitecturacontable, para intentar establecer algo de feedback con amigos lectores.

El título de trabajo del proyecto, Tratado de la metrópolis para el uso de las jóvenes generaciones, es un homenaje-plagio algo atrevido al/del título del Tratado del saber vivir… de Raoul Vaneigem de 1967. Grande atrevimiento sin duda, pues se trata de uno de los libros más radicalmente revolucionarios, a mi juicio, de la segunda mitad del siglo 20. La idea que expresa el título por un lado tiene un planteamiento sincero. Mi experiencia como profesor universitario en el ámbito de la arquitectura me hace pensar que muchos de los jóvenes actuales tienen un pobre entendimiento del mundo en que vivimos, por un lado debido a la novedad de muchos aspectos de la realidad cuya interpretación aún no forma parte del sentido común – digitalización, biopolítica, capitalismo global y financiero… – y por otra por el propio fetichismo característico del capitalismo que tiende a velar tras la apariencia, otros aspectos más profundas que caracterizan los procesos de producción del mundo que habitamos y que nos habita. Por otro lado, la idea de que una persona de edad ya madura pueda escribir un tratado para el uso de las jóvenes generaciones, no carece de ironía, intencionada. Hace tiempo que dejé de vivir intensamente las malas calles que, eso sí, frecuenté durante décadas por diversos continentes, y cada vez más me siento como si fuera un extranjero en un país desconocido en el que más que dar consejos e indicaciones, lo que necesito es que me orienten. Aunque esa orientación cada vez más la busco en los libros o en Internet, y cada vez menos en la calle.

O sea, que escribo esto, con poca ambición. Para ordenar quizás algunas ideas, y ponerlas a disposición de otras personas. Y porque mi padre me sugiere de vez en cuando, “deberías escribir otra cosa. Aquello que escribiste de China estaba muy entretenido e interesante.”

#

Temas que querría, que intentaré, ir desarrollando:

* Commons of abundance; Guattari ciencias, tecnologías
* Gestión; transversalidad (renta básica…); hardware y software; participación…
* Producción biopolítica; sociedad de control, máquinas ecosóficas
* Ciudad y género, ciudad y reproducción social
* Vivienda y politica de suelo; caso Marinaleda, cesiones de uso; Uruguay, Suecia
* Metabolismo urbano, permacultura, sostenibilidad, cuidados urbanos
* Autosuficiencia conectada; uneven geographical development
* Ciudad productiva; producción flexible, riqueza de las redes; agricultura urbana
* Comunes urbanos

#notas

[1] Metrópolis originalmente era la ciudad madre o capital de un imperio colonial. Posteriormente se usa para describir la diferencia cualitativa de la ciudad pre-industrial con las grandes capitales industriales que surgen a partir del siglo XIX. Algunos autores, vg Edward Soja (1996) escriben hoy sobre la posmetrópolis que sería una formación urbana-regional-global propia de la sociedad red de finales del siglo XX y principios del XXI. En este texto, aunque estemos pensando en la posmetrópolis, continuaremos usando los términos ciudad y metrópolis, según queramos enfatizar más la condición tradicional de la urbano, ciudad, o una realidad más contemporánea y de un orden más territorial, metrópolis.

[2] Aunque es una cuestión para la que existen diferentes aproximaciones no uso habitualmente el concepto de identidad, prefiriendo usar el de subjetividad y producción de subjetividad, según lo define Félix Guattari, 1986. No obstante dado el carácter y el objetivo de este escrito no matizaré más sobre el asunto que por lo general suele ser de mi interés.

[3] Esta es una referencia frecuente que puede verse atribuida a W. Churchill, por ejemplo en Stewart Brand, 1994, p. 3, que es quien añade el carácter recurrente al asunto. A cita en inglés, hecha en 1924 en la Architetcural Association de Londres, según la refiere Brand es así: We make our buildings and afterwards they make us. They regulate the course of our lives.

[4] De Rem Koolhaas sobre este asunto podría verse, por ejemplo, Delirious New York (1994), pero también los textos más breves Ciudad genérica y Espacio basura que se recogen en el volumen SMLXL (1995).

[5] David Harvey, 2014, p. 282. El texto original en inglés dice así: The right to the city […] is far more than the right of individual or group to access to the resources that the city embodies: it is a right to change and re-invent the city more to our heart’s desire… The freedom to make and remake ourselves and our cities is… one of the most precious yet neglected of our human rights. Perhaps for this intuitive reason, the city has been the focus throughout its history of an immense outpouring of utopian desires for happier futures and less alienating times.

[6] En este rúbrica del control social, deudora al menos en mi caso del pensamiento de Gilles Deleuze que la enuncia al revés, como sociedades de control (Deleuze, 1990), incluiremos de momento la compleja cuestión de la reproducción social de la fuerza de trabajo. Aquí sin duda debería mencionarse la teoría de Guy Debord en La Sociedad del espectáculo (1967), y a Michel Foucault, antecedente inmediato de Deleuze en esta cuestión espećifica, por ejemplo en Vigilar y Castigar (1975), pero también, más en general, en cuanto a su teoría del biopoder y la producción biopolítica, enunciada, entre otras ocasiones en .- Historia de la sexualidad. La voluntad de saber (1976).

[7] Entre la multiplicidad de posibles referencias sobre el tema podría citarse un texto relativamente breve de David Harvey titulado Notes towards a theory of uneven geographical development (2006).

[8] http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/06/130618_salud_mortalidad_infantil_estadistica_gtg

[9] Desde finales del siglo 19, estudiosos y teóricos como Paul Lafargue o John Maynard Keynes han defendido la aplicación de los avances tecnológicos para una mejor distribución de la jornada laboral. Autores más contemporáneos que reflexionan sobre esta cuestión son el propio Guattari (obra citada) o Jeremy Rifkin, 2011. Comenté sobre este asunto en un post anterior en este blog

[10] Sobre la Renta Básica Universal o de Ciudadanía, veánse, por ejemplo, los diversos trabajos de Daniel Raventós.

[11] Véase la referencia de M. Bauwens sobre la parte de la economía estadounidense producida en este marco. Ver en el post precedente; completar.

[12] Jeremy Rifkin, 2011, The Third Industrial Revolution.

[13] Véanse, por ejemplo, Neil Gershenfeld, 2012, How to Make Almost Anyhting. The Digital Fabrication Revolution y Vicente Guallart, 2012, La ciudad autosuficiente: Habitar en la sociedad de la información.

[14] William McDonough, Michael Braungart, 2002, Cradle to Cradle. Remaking the Way We Make Things.

[15] He oído esta categorización recientemente a Javier Burón Cuadrado en su intervención en el XXII Seminario de Arquitectura y Compromiso Social, “La vivienda que queremos”, dedicado a las políticas de vivienda que tuvo lugar en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla el 24 de noviembre de 2014. Anteriormente la había leído, más referido a software en sentido estricto, probablemente en Usman Haque y sin duda en Me++. The Cyborg Self and the Networked City de William Mitchell (2003).

#bibliografía

Stewart Brand, 1994, How Buildings Learn. What happens after they are built, Penguin, Nueva York

Roberto Calasso, 2011 [edición original en italiano de 2008], La Folie Baudelaire, Anagrama, Barcelona

Guy Debord, 1999 [prólogo, traducción y notas de José Luis Pardo; edición original en francés de 1967], La sociedad del espectáculo, Pre-Textos, Valencia

Gilles Deleuze 1999 [traducción José Luis Pardo; edición original en francés de 1990], Post-scriptum sobre las sociedades de control, en: Gilles Deleuze, 1999, Conversaciones, Pretextos, Valencia, pp: 277-281

Michel Foucault, 2004 [edición original en francés de 1975], Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, Siglo XXI, Madrid

.- , 2009 [edición original en francés de 1976], Historia de la sexualidad. 1. La voluntad de saber, Siglo XXI, Madrid

Neil Gershenfeld, 2012, How to Make Almost Anyhting. The Digital Fabrication Revolution, en http://www.foreignaffairs.com, Council on Foreign Relations, Inc.; accesible en: http://www.iaac.net/archivos/events/pdf/how-to-make-almost-anything-fo.pdf [academic use only]

Vicente Guallart, 2012, La ciudad autosuficiente: Habitar en la sociedad de la información, RBA, Barcelona

Félix Guattari, 2000 [traducción de J. Pérez y U. Larraceleta; edición original en francés de 1989], Las tres ecologías, Pre-textos, Valencia

David Harvey, 2014, Seventeen Contradictions and the End of Capitalism, Profile Books, London

David Harvey, 2006, Notes towards a theory of uneven geographical development, en: David Harvey, 2006, Spaces of Global Capitalism, Verso, Londres-Nueva York, pp: 69-116

Rem Koolhaas, Bruce MAU, 1995, S, M, L, XL, The Monacelli Press, New York

Rem Koolhaas, 1994, Delirious New York, The Monacelli Press, New York

William McDonough, Michael Braungart, 2002, Cradle to Cradle. Remaking the Way We Make Things, North Point Press, Nueva York

William Mitchell, 2003, Me++. The Cyborg Self and the Networked City, The MIT Press, Cambridge

Jeremy Rifkin, 2011, The Third Industrial Revolution. How Lateral Power is Transforming Energy, The Economy, and The World, Palgrave MacMillan, New York

Edward W. Soja, 1996, 1996, Los Angeles 1965–1992. From Crisis-Generated Restructuring to Restructuring-Generated Crisis, en: Edward Soja y Allen Scott (editores), 1996, The City. Los Angeles and Urban Theory at the End of the Twentieth Century, University of California, San Francisco; pp. 426-462

Raoul Vaneigem, 1998 [traducción de J. Urcanibia; edición original en francés de 1967], Tratado del sabver vivir para el uso de las jóvenes generaciones, Anagrama, Barcelona

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Un comentario en “Hacemos la ciudad y la ciudad nos hace a nosotros…

  1. Pego comentarios que ha hecho Antonio Sáseta en facebook:

    ¿poca ambición o excesiva prudencia?….de momento la ciudad está como mi casa cuando me mudé, patas arriba…..es necesario inmediatamente un plan de organización, transporte de basura, apertura de cajas, instalación, etc….empezando por medidas radicales para controlar los abusos del derecho de propiedad, por ejemplo, aplicando meticulosamente las normativas municipales sobre solares y viviendas vacías….deshaciendo nudos y aplicando las leyes actuales…..luego están los problemas de siempre: tráfico, basuras, salud, educación, contaminación, …..información como antídoto de la especulación…..yo empezaría a hacer un listado de problemas concretos y soluciones inmediatas, al estilo de Lerner o Gaviria…..cuando la casa esté bonita y todo el mundo cómodo, desmontamos el metrocentro, rehabilitamos la alameda y convertimos la torre pelli en un rascacielos de huertos hidropónicos…

    debajo del asfalto está la arena….son tus palabras

    ¿reformismo como primer paso?….de acuerdo, pero reformando de verdad para bien no empeorando las cosas como hacen los que se llaman reformistas…

    lo primero que hay que conseguir es rebajar sustancialmente el precio del suelo urbano….¿catastrazo?…¿nueva ley de tasación del suelo?….pero la gente tiene que ver cómo su alquiler o su cuota de hipoteca se divide por dos… podríase estudiar cómo convertir la metodología okupa en normativa municipal… y si no conseguimos okupar los pisos vacios los demolemos y los convertimos en jardines….públicos, desde luego…

    campañas de concienciación masiva….tele, anuncios, información en colegios, centros de barrio, etc…..sistemas muy sencillos de participación (opinión on-line, referendos, asambleas….) hay que poner en movimiento a todo el mundo para arreglar la ciudad….

    la edificabilidad debe concederse al que usa el suelo, al que lo habita, no al que se lo apropia…

    … necesitaríamos un texto donde se nos explicara la teoría y la práctica concreta para convertir la ciudad en la casa de la gente feliz… manual de usuario para arregladora de ciudad….

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